El sitio pre-cerámico mejor estudiado por Robert Bell, Thomás Lynch (de los Estados
Unidos) y Gustavo Reinoso H. de Cuenca, es la cueva de Shobschi (Chobschi), situada
a unos 500 metros sobre el nivel del mar y en la base de una colina en el talud de la
quebrada Puente Seco del cantón de Sigsig, a corta distancia de Cuenca, capital de la
provincia del Azuay.
La cueva, de forma abovedada, tiene su entrada hacia el norte, con unos 12 metros de
frente, unos 8 de fondo, 9 m. de largo y una altura suficiente para permitir la estancia de
un hombre erguido, excepto en la parte posterior. El sitio fue habitado por grupos cuya
subsistencia dependía de actividades como la cacería y la recolección.
Al pie de una pequeña planicie, frente a la cueva, corre la quebrada, y en las alturas
hacia el sur existen algunas lagunas. Por desgracia los siempre buscadores de tesoros,
los “huaqueros”, han visitado también este sitio, según las tradiciones locales, el curaca
Duma, jefe cañari, debió haber enterrado su oro.
Ningún metal precioso se ha encontrado en la cueva, pero en cambio, ha sido posible
rescatar un valioso arsenal de su ocupación pre-cerámica, que, según dos fechas
radiocarbónicas, corresponde a 8480 más o menos 200 años antes del presente (nivel de
10 cm. bajo la superficie) y 10010 más o menos 430 años antes del presente.(a los 20
cm. de profundidad).
En Chobshi, la materia prima más común fue el horsteno; en cambio, la obsidiana y el
basalto son raros, pero existen otros motivos también para considerar a Chobshi como
diferente de El Inga y los sitios aledaños del mismo complejo.
Los instrumentos líticos sobre todo las puntas de proyectil, los buriles y los raspadores
de forma ovalada no se asemejan al conjunto de El Inga; se destacan las formas
triangulares y lanceoladas, y los raspadores planoconvexos son relativamente
abundantes.
Algunos sectores de la cueva, por suerte no perturbados por los excavadores
clandestinos, tuvieron una capa cultural hasta de 75 cm. de profundidad y en un lugar
hasta de algo más de 1.50 m. Gracias a estas circunstancias, la cueva conserva restos de
huesos, que revelan algo sobre el sustento de sus antiguos ocupantes. Algunos de los
huesos fueron usados para hacer implementos tales como puntas, leznas, pespunteadores
y otros similares.
Mientras que Chobshi no manifiesta, a simple vista, conexiones con las cuevas del
estrecho de Magallanes, si parece factible comparar sus puntas con vástago a las del
norte y centro de Perú, como por ejemplo Paiján, lo que significaría una edad
comparativa, a base de similitud morfológica, de unos 7000 – 8000 años antes de Cristo.
Los buriles son quizá comparables con los de Oquendo, pero de nuevo debemos
recordar que las tradiciones líticas no tienen cambios tan rápidos en las formas como
observamos posteriormente en estilos cerámicos.
La capa cultural es de muy poca profundidad, unos 25 cm., y a la intemperie.
Thomas Lynch y Susan Pollock pudieron, a base de sus excavaciones, determinar una
tipología de 46 artefactos líticos entre unifaciales, bifaciales, buriles, afiladores y astillas
o lascas, trabajo valioso que constituye el más detallado análisis, hasta la fecha, de un
complejo pre-cerámico andino del Ecuador. Con este amplio estudio, las primeras
interpretaciones han variado ligeramente, en el sentido de que si puede existir nexos con
el complejo El Inga, aunque la obsidiana sigue siendo muy escasa y faltan las puntas
“cola de pez”.
La estratigrafía que se pudo establecer, combinada con las dataciones y la variada
tipología de los instrumentos, colocan la cueva de Chobshi en un sitio predominante en
las investigaciones del pre-cerámico en el Ecuador.
CONTEXTO CULTURAL
Los restos de la fauna examinada junto con los artefactos descritos por Pollock son los
principales indicadores de la estrategia adaptativa representada en la Cueva de Chobsi.
Por lo menos desde este sitio, los cazadores de Chobshi parece que hubieran restringido
su atención a especies suramericanas modernas que no han sido subsecuentemente
domesticadas. Los enormes y extinguidos perezosos de tierra, mastodontes, caballos y
otros animales aparentemente estaban ya extinguidos. Aunque todavía no están
perfectamente conocidos los habitantes primigenios de Sur América, generalmente se
piensa que estuvieron especializados en la caza de grandes presas en lugar de cazadores
y recolectores ampliamente diversificados (Lynch 1976, 1978). Sea como fuere los
sudamericanos tempranos pronto comenzaron a orientar su adaptación más hacia los
recursos vegetales, particularmente en los Andes Centrales donde existe evidencia de
una agricultura postglacial temprana, y hacia una gran variedad de alimentos de origen
animal. La Cueva de Chobshi evidentemente representa un estadio temprano en este
proceso de diversificación y aporta nuevos datos en la riqueza de animales de presa
diponibles, aún fuera del hábitat alto y frío de los camélidos andinos.
El artefacto más claramente asociado con la tradición andina de caza y recolección es
aquella lanceolada y almohadillada o punta Ayampitín con cuyo nombre a veces se
reconoce este complejo cultural. Como estos artefactos son más bien generalizados e
indistintos, son muy difíciles de manejar tipológicamente pero están siempre presentes
en lo Andes Centrales durante el horizonte postglacial temprano.
Uno de los rasgos más raros de la industria de Chobshi es el número respetable de
implementos de hoja, especialmente raspadores. Esto no es usual en los Andes, ni
tampoco se espera donde la mayor parte de la materia prima es relativamente difícil de
trabajar – en contraste con la obsidiana del Norte del Ecuador.
LOS ARTEFACTOS LÍTICOS
(Susan Pollock)
La industria lítica de la cueva de Chobshi consiste de raspadores, barrenos,
machacadores, puntas de proyectil, cuchillos, buriles y muchas lascas retocadas.
Inmediatamente se descubre algunas características en la colección como un todo: la
poca destreza del artífice, la amplia variedad de la materia prima, el grado excesivo de
quebradura y el elevado número de fracturas del tipo “potlid”.
Un factor que debe tenerse presente cuando se consideran todas estas y otras
características de la colección, es que coleccionistas visitaron el yacimiento con
anterioridad a las excavaciones de 1972 y muchas de las piezas más elaboradas fueron
sin lugar a dudas recogidas. Me concentré en tipificar las piezas “más pobres” tales
como los raspadores, en lugar de poner énfasis en los tipos más elaborados osea la
puntas de proyectil o cuchillos, ya que las recolecciones previas habían afectado menos
a las primeras.
Hay por supuesto varias maneras de enfrentar la tarea de construir una tipología de
artefactos líticos. El análisis funcional, si es llevado a cabo apropiadamente, produce
una clasificación en la que los tipos se construyen sobre las bases del uso a las cuales
los artefactos fueron designados. Esto da como consecuencia tipos lo más cercanamente
posibles a aquellos que fabricantes de los utensilios reconocerían y por esta razón al
principio esta clasificación parece ser ideal. Sin embargo, hay un par de consideraciones
que disminuyen parcialmente el valor de este enfoque. La primera y la más concreta es
que un análisis funcional exacto puede a veces encontrarse frente a obstáculos
insuperables. Gracias a los primeros trabajos tales como los Semenov (1964), los
análisis de huellas microscópicas de uso es uno de los métodos principales que se usan
para determinar el uso al que fueron sometidos los artefactos. Sin embargo en cualquier
colección de artefactos líticos es muy posible solamente son pocos los artefactos, si
algunos, que muestren huellas microscópicas de uso. Aún donde dichas huellas sean
visibles, la interpretación que se haga de ellas no es absolutamente confiable. La
pendiente del ángulo del borde activo también es usada con frecuencia en los análisis
funcionales. En este caso no hay ausencia de la información disponible, pero
nuevamente la evaluación de la evidencia constituye un problema. El ángulo del borde
es sin lugar a dudas un factor determinante en el uso al cual fue asignado el artefacto.
Sin embargo inferencias de diferentes funciones de los tipos de artefactos basados en
diferencias de 1°- 2° en su ángulo de borde promedio son injustificadas, aún solo
considerando que mediciones exactas con mayor precisión que los 10° más cercanos
son dificultosos de obtener sino imposibles.
La segunda consideración con respecto al análisis funcional es que tal vez no sea
siempre lo mejor el tratar de clasificar artefactos de modo que los artífices lo hicieron.
Características que distinguirían a los artefactos a los ojos de un arqueólogo pudieron
haber no tenido ninguna importancia para los fabricantes, como Gould (1968:111)
señala en el caso de los Ngatatjara de Australia. Esto no significa que el análisis
morfológico deba ser por consiguiente “equivocado” o inútil. Ya que las tipologías en
realidad están diseñadas solo para clasificar convenientemente la información, a medida
que cumplan este rol no necesitan que se equiparen con la clasificación que el que
utiliza los artefactos lo haría.
La dificultad se origina sólo cuando se hacen inferencias que no son justificadas por los
métodos empleados. Entonces, por ejemplo, el término “cuchillo” puede que en muchas
ocasiones sea un nombre equivocado, ya que el artefacto en cuestión nunca haya sido
usado como cuchillo en la realidad.
La tierra dentro de la cueva es muy alcalina, 8.4 a 9.0 PH, por cuyo motivo no se ha
conservado polen de las plantas silvestres de la región, que pudieron haber sido de
utilidad para el hombre. En cambio se hallaron abundantes restos de la fauna que
aprovechó el hombre. En cambio se hallaron abundantes restos de la fauna que
aprovechó el hombre, como también numerosos utensilios por él fabricados.
Los artefactos líticos consisten en puntas de proyectil, raspadores, barrenos, cuchillos,
buriles, machacadores, lascas retocadas, un conjunto que revela poca maestría del
tallador, poca preselección de la materia prima y, como consecuencia, un número
excesivo de quebraduras.
Pollock, en su exhaustivo análisis, considera que las “huaquerías” probablemente han
causado la pérdida de gran parte del material más llamtivo, como, por ejemplo, las
puntas de proyectil, muy solicitadas por coleccionistas. Los artefactos se dividen en dos
grandes grupos, los unifaciales y luego los bifaciales. El primero abarca una gran
variedad de raspadores, instrumentos denticulados, grabadores e instrumentos cortantes;
el segundo: doce tipos de puntas de proyectil, además “los cuchillos”, taladros y unos
implementos que no fueron terminados. Finalmente observamos buriles, lascas
retocadas y afiladores. Ha una enorme variedad de materia prima, pero casi toda, con
excepción de la obsidiana, es poco apta para el trabajo que se propuso el tallador
ejecutar.
M
AP A
DE
UBICACIÓN DE LA CULTURA “CHOBSCHI”
FAUNA EN LA CUEVA DE CHOBSHI
A continuación exponemos la clasificación zoológica de los restos óseos encontrados en
las excavaciones de la cueva de Chobshi, Azuay, y el porcentaje relativo a base del
número mínimo de cada especie representada.
Nombre común Nombre Científico Núm. %
Conejo Sylvilagus brasiliensis 39 15
Oso Anteojero Tremarctos oranatus (?) 1 menos del 1
Paca Agouti cf., A. taczanowski 27 10
Perdiz Tinamidae cf., Nothocerus 2 1
Perro Canis cf., C. familiaris I menos del 1
Puercoespín Coendu cf., C, bicolor 4 2
Danta, tapir Tapirus cf,, T. pinchaque 2 1
Venado enano, Pudu Pudu mephistopheles 60 23
Venado de cola blanca Odocoileus virginianus 109 42
Raposa Didelphys albiventris 8 3
Las dos clases de venado, tanto en 90 y 7535 más o menos 295 años
número de animales como en carne radiocarbónicos antes del presente .
aprovechable, fueron las fuentes más
importantes de proteínas.
Mientras que algunos de estos animales
suelen ser objeto de caza incluso en
nuestros días, por lo menos hay uno de
ellos, la llamada danta (tapir), que tiene
su hábitat natural o ecólogo más bien en Fuente: ms. De La Arqueología de la
las zonas selváticas. Cueva Negra de Chobshi (Azuay) con
En el informe de Thomas F. Lynch y un análisis de los artefactos líticos, por
Thomas F. Lynch y Susan Pollock.
Susan Pollock consta que dos muestras de
huesos de venado fueron fachadas en el
Instituto Smithsoniano de Washington OLAF HOLM
con los resultados de 8615 más o menos
CUADRO DE FAUNA EN LA CUEVA DE CHOBSHI
ENTRADA DEL YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA CUEVA NEGRA DE
CHOBSHI (PROVINCIA DEL AZUAY)
PUNTAS DE PROYECTILES PRECEDENTES DE LA CUEVA DE CHOBSHI
OCÉANO GRUPO EDITORIAL S.A., (2001) ENCICLOPEDIA DEL
ECUADOR. España.
Porras P., (1987) MANUAL DE ARQUEOLOGÍA ECUATORIANA.
Ecuador: Centro de Investigación Arqueológica.
Holm O., (1981) MISCELÁNEA ANTROPOLÓGICA ECUATORIANA 1.
Ecuador: Museo del Banco Central..