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Universidad de Buenos Aires Facultad de Psicología

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Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

Tesis de Licenciatura en Psicología

“Gordofobia, Pesocentrismo en el sistema de


salud y nuevas perspectivas de salud integral
centradas en la diversidad corporal”

Tesista: Lucia Adelardi Tutora:Mg. Vanesa Jeifetz


LU: 342302710 DNI:26.317.075
Mail: [email protected] Mail: [email protected]

Marzo 2022
Agradecimientos

Como dice Isaac Newton “Si he podido ver más allá, ha sido porque estoy parado
sobre los hombros de gigantes” . Mi agradecimiento es con todas las grandes mujeres
académicas y activistas que dan lucha por la justicia social porque me permitieron hacer
zoom out y ver la imagen completa. Gracias por su valentía, las admiro profundamente.
Especialmente a Lala Pasquinelli con sus intervenciones artísticas me cambiaron la vida,
la forma de pensarme junto con la hermosa manada de mujeres que nos juntamos los
Jueves a leer, reflexionar y debatir. A mi psicóloga Gabriela que creyó en mí desde el
primer día y con su constante dedicación y validación me enseñó que lo que tengo para
decir es importante y que vale la pena vivir mi verdad. A esta gran facultad que de a poco
fue creciendo en mi con los escritos de Débora Tajer, Alicia Stolkiner, Cristina Erausquin,
Graciela Morgade, Diana Maffia, Rita Segato, Michel Foucault, Judith Butler, Paul
Preciado. Cada materia que fui cursando me aportó una nueva perspectiva que me
permitió hacer el presente recorrido. Finalmente, gracias a mi familia, a Gabriel por llenar
mi vida de la paz que necesitaba para poder enfocarme en todo eso que me hace sentir
viva.

2
Índice
Agradecimientos................................................................................................................................. 2

1. Introducción ................................................................................................................................... 4

2. Marco Teórico ................................................................................................................................ 5


2.1 La definición de Salud .................................................................................................................. 5
2.2 Modelo Médico Hegemónico ........................................................................................................ 6
2.3 Índice de Masa Corporal ............................................................................................................... 8
2.4 Marcos normativos ...................................................................................................................... 10

3. Breve reseña histórica .................................................................................................................. 13

4. Objetivos....................................................................................................................................... 16

5. Metodología .................................................................................................................................. 17

6. Desarrollo ..................................................................................................................................... 18
6.1 Interseccionalidad y Perspectiva de Género ................................................................................ 18
6.2 Gordofobia, la “preocupación por la salud” y su diferencia con la violencia estética ................. 20
6.2.1 Estereotipos negativos asociados al peso ............................................................................. 21
6.2.2 La importancia de la representación y el mercado del deseo ............................................... 22
6.2.3 Acerca de la “preocupación por la salud” y la policía de los cuerpos .................................. 24
6.2.4 Violencia estética, privilegio delgado y vulneración de derechos ....................................... 26
6.2.5 ¿Qué es el Privilegio Delgado? ............................................................................................ 29
6.3 Perspectivas pesocentristas en el sistema de salud ...................................................................... 30
6.3.1 Problematización de las categorías “obesidad” y “sobrepeso” ............................................ 32
6.3.2 La diferencia entre vergüenza y culpa ................................................................................. 34
6.4 Rol del Psicólogo ........................................................................................................................ 36
6.4.1 El concepto de Autoestima Política ..................................................................................... 38
6.4.2 Acerca del Bullying ............................................................................................................. 39
6.4.3 Nuevas perspectivas para la Educación Sexual Integral ...................................................... 41

7. Conclusión .................................................................................................................................... 42

8. Referencias Bibliográficas ............................................................................................................ 45

3
1. Introducción

El presente trabajo de investigación corresponde a la Tesis de la Licenciatura en


Psicología de la Universidad de Buenos Aires, y se enmarca dentro del Área Social-
Comunitaria. El objetivo principal de este trabajo es estudiar el concepto de gordofobia y
la perspectiva pesocentrista en los profesionales de la salud, así como explorar nuevas
perspectivas de salud integral centradas en la diversidad corporal.

En las últimas décadas, los activismos gordos han señalado la importancia de


avanzar hacia nuevos paradigmas que no reduzcan a las personas al Índice de Masa
Corporal. Igualmente, numerosas investigaciones sobre el estigma por peso acompañan
estos reclamos para dar cuenta de los efectos negativos que tiene la discriminación sobre
las personas gordas.

La relevancia de esta problemática actual radica en varios aspectos. Según el


INADI (2021), la gordofobia es un tipo de discriminación profundamente compleja, pero
sobre todo absolutamente naturalizada por nuestra sociedad. En su Mapa Nacional de la
Discriminación del 2013, revelaron que las personas que experimentaron discriminación
por “obesidad y/o sobrepeso” se encontraban entre los cuatro primeros grupos
discriminados en la Argentina. Paralelamente de acuerdo a la Asociación de Lucha contra
la Bulimia y Anorexia (ALUBA) la Argentina es el segundo país del mundo con mayor
casos de trastornos de la alimentación, en donde el 70% de las mujeres no está conforme
con su cuerpo y el 60% quiere adelgazar. En este contexto, es imperioso como
profesionales de salud no ejercer prácticas patologizantes de las diversidades corporales
ya que esto significa una vulneración del derecho al acceso a salud de todas las personas.

Algunos interrogantes que guiaron la investigación fueron ¿Qué es la salud?¿Por


qué es importante que la salud sea integral? ¿De donde proviene la discriminación por
peso? ¿Qué sistemas reproducen y refuerzan los estereotipos negativos sobre los cuerpos
gordos? ¿Cómo podemos diferenciar la violencia que reciben los cuerpos gordos respecto
de la violencia machista de los estereotipos de belleza? ¿Por qué es importante la
representación de diversidades corporales y qué papel tienen en la reproducción de
estereotipos de belleza?¿Qué impacto tiene en la construcción de identidad en las

4
personas que no responden a los cánones hegemónicos de belleza? ¿De qué modos se
vulneran los derechos de las personas gordas? ¿Cual es nuestro rol como psicólogos frente
a casos de discriminación por peso? ¿Cómo pensar la gordofobia desde la educación
sexual integral?

Para iniciar el recorrido de la presente tesis, analizaremos a partir de los aportes


de Stolkiner (2012) la definición de la salud de la OMS para así, poder problematizar el
modelo unicausal (Vasco Uribe, 1987) y el peso modelo médico hegemónico (Menéndez,
2003) en la concepción de salud. Asimismo, examinaremos la historia de cómo se creó
el Índice de Masa Corporal, para luego avanzar hacia los marcos normativos vigentes y
una breve reseña histórica sobre los movimientos por la diversidad corporal.

2. Marco Teórico

2.1 La definición de Salud

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1948) define la salud como “Estado


de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de afecciones o
enfermedades” (p.1). Dicha enunciación es relevante debido a que la OMS es el máximo
organismo gubernamental a partir del cual muchos estados nacionales toman medidas de
políticas públicas sanitarias para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. En
este sentido, Stolkiner (2012) destaca que la definición es política en tanto da cuenta de
las condiciones históricas de la época. Esto es, el estado de bienestar o welfare states que
buscaban ligar la salud a la responsabilidad de los estados que mancomunadamente
debían promover su desarrollo. Además, plantea que es una definición positiva porque
rompe con el dualismo salud/enfermedad al no equiparar la salud a la ausencia de
enfermedad. Asimismo, señala que intervienen componentes sociales y psíquicos lo cual
abrió la puerta para que en 1978, la declaración de Alma-Ata la completara al
considerarla un derecho humano fundamental que requiere de la intervención de muchos
otros actos sociales.

Es importante destacar que la conceptualización de la salud que hace la OMS


también es progresiva respecto de las ideas hegemónicas que había en salud en ese
periodo en donde la enfermedad era exclusivamente un problema individual y biológico.

5
Así fue como quedó formulada la necesidad de definir el campo de los problemas en salud
desde la lógica de más de una disciplina porque está diciendo lo físico, lo psíquico y lo
social (Stolkiner, 2003)

Adicionalmente, varios autores que cuestionan la idea de la enfermedad como un


estado. Entre ellos Vasco Uribe (1987) desarrolla la importancia de pensar la salud como
un proceso complejo. Para esto se sirve del modelo inmunológico lo cual permite
problematizar el concepto de factor de riesgo como algo activo externo, para poder
concebirlo como algo pasivo que también puede ser endógeno y que en relación con otros
elementos podría devenir activo. Esto introduce un quiebre con el modelo de
unicausalidad externa para las enfermedades, en donde X produce Y, y donde la
enfermedad es considerada como pérdida de un estado original. Según Uribe este modelo
resulta ser inadecuado para establecer las razones por las cuales aparece una enfermedad
en determinado sitio, época o grupo étnico, geográfico o socioeconómico. Las
enfermedades no son estáticas ni en sus manifestaciones ni en sus determinaciones, es
decir, que los objetos a estudiar son procesos cambiantes en donde hay múltiples factores
que se relacionan entre sí, y no solo a nivel biológico o individual. (Stolkiner, 2003)

Es importante aclarar que a pesar de las distintas teorizaciones, la definición de la


OMS fue tomada como una definición teórica y consensual, en donde las prácticas de
atención de la enfermedad continúan siendo instauradas por lo que Menéndez denomina
como “modelo médico hegemónico”.

2.2 Modelo Médico Hegemónico

El Modelo Médico Hegemónico (MMH) es definido por Menéndez (2003) como


el conjunto de prácticas, saberes y teorías que son generados por la medicina científica.
Es hegemónico porque se adhiere a la racionalidad científica dominante y esto es utilizado
como criterio para excluir otras prácticas que también forma parte de las formas de
atención que utilizan las personas. Según Menéndez las características predominantes del
MMH son en primer lugar el biologicismo, la concepción evolucionista-positivista, la
ahistoricidad, asocialidad e individualismo para delimitar los objetos de estudio. De este
modo se centra en la enfermedad y desplaza los síntomas al sujeto transformando lo que

6
serían momentos del proceso salud/enfermedad en características intrínsecas de la
persona (Stolkiner, 2013)

A su vez el MMH está determinado por la mercantilización de la salud y la


medicalización de la vida cotidiana. Para comprender esto, es necesario introducir el
concepto de biopoder de Michael Foucault que lo define como “el conjunto de
mecanismos por medio de los cuales aquello que en la especie humana constituye rasgos
biológicos fundamentales podrá ser parte de una política, una estrategia política, una
estrategia general de poder” (Foucault, 2007 cómo citó Stolkiner y Ardila, 2012 p. 18).
Así podemos comprender que el término medicalización se utiliza para hacer referencia
a la concreción de la biopolítica en el campo de la salud, y se caracteriza por una tendencia
creciente a subordinar el discurso y la normatividad médico científico a todas las esferas
de la vida. Esto significa que toda una serie de episodios vitales que son parte de la vida
cotidiana, pasan a ser explicados y tratados como enfermedades. Este hecho se refuerza
por la mercantilización de la salud, que cierra un circuito virtuoso al colocar la vida como
objeto mercantil (Stolkiner et al., 2012)

Es así como el saber sobre el cuerpo queda del lado de “especialistas” o médicos
y eso establecería una asimétrica de poder. En efecto, Perrotta (2008) encuentra que el
saber médico se sostiene sobre la negación del saber popular que puede disponer quien
consulta. De hecho el término “paciente” remite a la pasividad y a la espera, por lo tanto
no parece incluir la posibilidad de que el sujeto aporte el saber sobre su cuerpo y su
padecer. La tendencia a objetivar, es decir no tener en cuenta la dimensión subjetiva
despoja a las personas de su singularidad, su saber y su humanidad. Más aún, contrarresta
con la concepción integral de la salud que aboga por sujetos de derecho. Estos conceptos
son fundamentales para explicar cómo la salud se transforma en un imperativo que pasa
por el control del cuerpo y de los hábitos. Stolkiner (2017) sostiene que la
biomedicalización supone esta internalización de la necesidad de autocontrol y vigilancia
por parte de los individuos mismos, no requiriendo necesariamente la intervención
médica. La medicina construye y difunde normas destinadas a su internalización como
auto disciplinamiento, y la salud se transforma así en la nueva moral de la época.

Al mismo tiempo, el biologicismo es uno de los rasgos estructurales del MMH.


Menéndez (2003) explica como existe una tendencia a subordinar o excluir los niveles
psicológicos y sociales de los padecimientos respecto de la dimensión biológica. Esto

7
tiene sentido teniendo en cuenta que el núcleo de formación profesional del médico extrae
sus principales explicaciones e intentos de curación de la investigación biológica,
bioquímica y genética. Como resultado, el biologicismo inherente a la ideología médica
es uno de los principales factores de exclusión de otros procesos que también son
relevantes como por ejemplo los factores histórico, sociales, culturales en el proceso de
salud enfermedad. Por esto es necesario problematizar los supuestos del MMH, ya que
dentro de los discursos biologicistas de racionalidad científica se encuentra el uso del
Índice de Masa Corporal como una supuesta medida objetiva sobre la salud. Para el MMH
la gordura no solo implica no ser bello, sino también ser poco saludable física y
mentalmente. La “obesidad” está asociada con una serie de estereotipos negativos sobre
los cuales se diagnostica y se da tratamiento. Existe una mirada patologizante sobre el
individuo que ignora lo colectivo del fenómeno de la discriminación por peso.

2.3 Índice de Masa Corporal

El índice de masa corporal (IMC) es una medida antropométrica universal que


define el carácter sano o enfermo de un cuerpo sin atender a edad, género, etnias,
composición corporal, origen geográfico, ni a otro factor (Moreno, 2018) Según el IMC
todas las personas que miden lo mismo, deberían pesar lo mismo. La fórmula consiste en
dividir el peso por la altura al cuadrado para determinar qué cuerpo entra dentro de los
parámetros de “bajo peso”, “normopeso”, “sobrepeso”, u “obesidad”. Algunos médicos
también lo utilizan para diferenciar lo que denominan “sobrepeso estético”.
Al tener en cuenta solamente la altura y el peso de quien es analizado, el IMC
también deja afuera también otros factores que son relevantes para determinar el estado
de salud de una persona. Por ejemplo, que porcentaje es músculo y cuanto es grasa, los
hábitos del pacientes, si hace ejercicio, etc. . Dentro de este marco, la nutricionista Jesica
Lavia (Cabaleiro, 2021) explica cómo una persona con alto nivel de entrenamiento y por
ello alto nivel de masa muscular puede tener un IMC que indique “obesidad”. Como así
también, una persona con “normopeso” puede tener aumentada grasa abdominal o
visceral que es considerada factor de riesgo para la salud física. Más aún, una persona
puede bajar 20 kilos en poco tiempo y tener un peso normativo. Es decir, hay personas
gordas que gozan de salud y pueden enfermar, como personas delgadas que gozan de
salud y también pueden desarrollar una enfermedad. Por esto, la nutricionista advierte
que los profesionales de la salud no pueden reducir a las personas solo a 2 datos
numéricos, aunque estos hayan funcionado como valores de referencia por décadas. Hay

8
muchos factores que determinan la salud de las personas, por esto es necesario cuestionar
la supuesta objetividad del IMC que propone el MMH.

Los aportes de la activista por la diversidad corporal Aubrey Gordon (2020)


permiten contextualizar los orígenes del IMC. Gordon explica que no fue creado por
profesionales de la salud, sino que fue desarrollado en 1830 por un sociólogo, astrónomo
y estadístico belga Lambert Adolphe Quetelet en la búsqueda del homme moyen, esto es
un hombre promedio idealizado. Para lo cual Quetelet toma las medidas de distintas
poblaciones europeas blancas a lo largo del tiempo buscando algún promedio universal,
que según sus teorizaciones tendría que ver con la perfección moral a la cual las
sociedades civilizadas deberían aspirar. Así es como Quetelet (1835) afirma que si el
hombre medio estuviera perfectamente determinado se podría considerar como modelo
de belleza, y al contrario todo aquello que se desvía del ideal, constituirá las deformidades
o enfermedades. Más aún, el autor sostiene que lo radicalmente diferente debería ser
considerado como una monstruosidad ya que lo consideraba como un estadio intermedio
entre lo humano y lo animal.

Es fundamental comprender cuál es el origen del IMC, para visibilizar como luego
el MMH toma esta medida no sólo para determinar qué cuerpos son sanos y cuales son
enfermos, sino además que fue implementado como modelo de belleza y valores morales.
Algunas teorizaciones permiten comprender el contexto de la época. La palabra eugenesia
que significa en griego “buen origen” fue acuñada por primera vez por Francis Galton en
1883 para designar todas aquellas prácticas que buscaban aumentar la calidad genética de
la especie humana. Galton pretendió basarse en las teorías de Darwin para plantear que
existen “razas superiores” que permitirían producir “hombres de clase alta”. A partir de
estas ideas es como surge el Estado biológico Nazi que promulgó la ley de prevención de
enfermedades hereditarias en donde se esterilizaban enfermos con retraso mental,
ceguera, sordera, esquizofrenia, trastorno bipolar, alcoholismo grave, etc. Siendo la
solución final la eliminación de lo que consideraban como razas subhumanas (Fariña,
2009)

Contemporáneo a estas líneas de pensamiento se encuentra el criminólogo y


médico italiano, Cesar Lombroso, que afirmaba que el crimen no era obra del homo
sapiens, sino el trabajo de una especie separada a la llamó homo criminalis. Esta se

9
caracterizaba por tener características físicas de primates y simios, que el atribuía
predominantemente a las personas de color. Según sus teorizaciones, se creía que era
posible identificar criminales solo basándose en el tamaño y la forma del cuerpo (Gordon,
2020) En la Argentina existe un caso emblemático que es el petiso orejudo, en donde
apoyado por estas teorías eugenésicas, decidieron amputar sus orejas para evitar que siga
cometiendo crímenes.

Durante siglos, el MMH formado por científicos blancos de Europa y América


establecían diagnósticos que marginaban especialmente a las mujeres, personas de color,
queer, personas trans, personas pobres, con discapacidad, ya que se creía que los hombres
blancos, europeos, heterosexuales, sin discapacidad, con privilegios de clase eran la
norma de lo que es considerado humano. En este contexto, es importante señalar que el
IMC que fue pensado para hombres blancos, no seria aplicable en mujeres, personas de
color, ni poblaciones latinoamericanas como la nuestra (Hales, 2015) Mas aun,
investigaciones señalan que existe un sesgo racial que puede resultar peligroso para
aquellos que se encuentran dentro de un IMC “saludable”, debido a que están en riesgo
desproporcionado de enfermedades cardiacas no diagnosticadas, diabetes y colesterol
(Firger, 2017)

En definitiva, el IMC no posee esa objetividad tan valiosa que han forjado las
ciencias exactas. Moreno (2018) explica cómo las ciencias, en particular las matemáticas,
han hecho de la construcción de ese ideal una forma de enmascarar políticas específicas
aplicadas a grupos humanos particulares. Es decir, detrás de esta supuesta neutralidad y
objetividad de las ciencias exactas encontramos el problema de ciertos saberes que se han
instituido sobre otros mediante jerarquías de valores de verdad. A su vez, también nota
que si el IMC tuviera en cuenta la intersección entre etnia, clase social, género, la
medición no podría ser utilizada debido a las infinitas variaciones.

2.4 Marcos normativos

El análisis teórico se realizó orientándose desde el enfoque de derechos que aporta


el marco normativo argentino.

10
En primer lugar, la Ley Nacional de Salud Mental nº 26. 657, que establece en la
reglamentación de su artículo 4 que las políticas públicas deben tener como objetivo el
acceso a la atención de las personas desde una perspectiva de salud integral. La ley plantea
que la salud mental es un proceso determinado por componentes, históricos, socio
económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento
implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos
humanos y sociales de toda persona.

En este sentido, la Ley Básica de Salud en CABA en su articulo Nº 4 también se


propone garantizar el derecho a la salud integral lo cual implica el respeto a la identidad,
cultura y personalidad de los sujetos, destacando en particular la antijuridicidad de
cualquier tipo de discriminación ya sea de orden económico, cultural, social, religioso,
racial, de sexo, ideológico, político, sindical, moral, de enfermedad, de genero o de
cualquier otro orden.

De igual modo, la Ley sobre Actos discriminatorios Nº 23.592 sancionada en 1988


adopta medidas para quienes impiden el pleno derecho y garantías fundamentales
reconocidos en la Constitución Nacional. Considera como discriminación a los actos u
omisiones por motivos tales como raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política
o gremial, sexo, posición económica, condiciones o caracteres físicos.

En la Ciudad Autónoma de Buenos aires también fue sancionada la Ley Contra la


Discriminación Nº 5.261 que incluye los motivos anteriores y agrega también la etnia,
orientación sexual, identidad de genero, edad, estado civil, trabajo u ocupación,
discapacidad, aspecto físico, lugar de residencia. En particular plantea que toda acción u
omisión que a través de patrones estereotipados, insultos, ridiculizaciones, humillaciones,
descalificaciones y/o mensajes que transmitan y/o reproduzcan dominación, desigualdad
y/o discriminación en las relaciones sociales, naturalice o propicie la segregación. Incluye
además conductas que tiendan a causar daño emocional o discriminación de autoestima,
que buscan degradar o estigmatizar debido a las perjuicios a la salud psicológica. De este
modo, entiende la discriminación como resultado de relaciones asimétricas y tratos
inequitativos relaciones con factores históricos, geográficos y sociales.

11
Por último, la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) sancionada en el 2006 se
inscribe en el marco de políticas públicas relacionadas con la inclusión, la equidad y el
ejercicio de derechos. Tiene como objetivo garantizar el derecho a recibir una educación
sexual integral a todos los alumnos del país que asisten a establecimientos públicos, de
gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacionales, provinciales y de la ciudad
autónoma de buenos aires. La ESI se organiza de acuerdo a 5 ejes con distintas temáticas:
el cuidado del cuerpo y la salud, valorar la afectividad, garantizar la equidad de género,
respetar la diversidad y ejercer nuestros derechos.

Respecto del eje cuidar el cuerpo y la salud, este comprende el reconocimiento


del cuerpo propio y el de los otros que no abarca sólo la dimensión biológica, el cuerpo y
la sexualidad en la escuela desde las distintas disciplinas, el rol de los adultos en el
cuidado y garantía de derechos, la reflexión crítica sobre los estereotipos de belleza, y la
promoción de la salud, la salud sexual y reproductiva y el autocuidado.

Por su parte, el eje de la valoración de la afectividad incluye el reconocimiento


de que las emociones y sentimientos están presentes en toda la interacción humana, la
expresión de emociones y sentimientos relacionados con la sexualidad, la promoción de
valores y actitudes relacionados con la solidaridad, el amor, el respeto a la intimidad
propia y ajena, el rechazo a toda violencia sexual y de género, el abordaje formativo de
los conflictos, y la promoción de la resolución de conflictos a través del diálogo
generando condiciones para que todos puedan expresar sus puntos de vista respetando las
diferencias.

La garantía de la equidad de género incorpora el reconocimiento de la perspectiva


de género y los estereotipos, la ampliación del horizonte cultural desde el cual cada
persona desarrolla su subjetividad, el reconocimiento de “lo normal” como sinónimo de
discriminación y sufrimiento.

El eje respetar la diversidad incluye el reconocimiento de las diferencias y


singularidades en una sociedad plural, problematizar la presunción de heterosexualidad,
la distinción entre diferencia y desigualdad y entre orientación sexual e identidad de
género, la construcción de identidades, la identidad de género y el rechazo a toda forma
de discriminación y propiciar aprendizajes basados en el respeto por la diversidad.

12
Finalmente, ejercer nuestros derechos comprende el enfoque de derechos
humanos vinculados con niñez y adultez, el respeto por les otros, el conocimiento sobre
el cuerpo, las prácticas de defensa de derechos, la expresión de sentimientos en relación
a la sexualidad, generación de las condiciones institucionales para el efectivo
cumplimento de los derechos de les niños y de los docentes, y el rol de educadores y
agentes del estado.

3. Breve reseña histórica

El activismo gordo viene luchando hace años por la despatologización de la


gordura. En Argentina existe el Colectivo de Gordos Activistas (CGA) que reivindica el
derecho a la no discriminación y al reconocimiento de sus identidades y cuerpos. Para
visibilizar esta problemática, retoman la definición de salud de la OMS que plantea que
la salud no es solo ausencia de enfermedad, sino que incluye la salud física, mental y
social (OMS, 1984). Como explica Laura Contrera (2016), una de sus principales
referentes, el colectivo se opone a la medicalización indefinida y al diagnóstico
compulsivo que obliga a las personas a encarnar un modelo ideal, independiente de los
factores que configuran cada cuerpo y sus trayectorias vitales.

En este sentido, también la activista y filósofa argentina Lux Moreno (2018)


sostiene que el activismo gordo es un modo de resistencia que denuncia que todos los
cuerpos merecen ser deseados, visibles y al mismo tiempo propone desmantelar el sistema
que jerarquiza los cuerpos delgados constituyendo un modelo de control social. Desde
esta perspectiva el gordo es alguien a incluir y no un problema a resolver. Actualmente
en la argentina promulgación de la Ley N° 26.396, sancionada por el Congreso de la
Nación, el 13 de agosto del 2008 declara la prevención de los trastornos alimentarios
como temas de interés nacional. Según la Ley los Trastornos alimentarios incluyen " a la
“obesidad”, a la bulimia y a la anorexia nerviosa, y a las demás enfermedades que la
reglamentación determine, relacionadas con inadecuadas formas de ingesta alimenticia".
En este punto, el CGA exige una reforma de ley ya que utiliza el IMC como forma de
clasificación para establecer que los cuerpos “obesos” sufren un trastorno de la conducta

13
alimentaria, sin tener en cuenta la multiplicidad de factores históricos, sociales y
económicos del sujeto.

Dentro del activismo gordo no se utiliza la palabra “obesidad” debido a que la


consideran patologizante porque trata a la gordura como una enfermedad. En cualquier
caso, la “obesidad”, según la OMS, no es una enfermedad sino un factor de riesgo para
algunas enfermedades, por eso también el activismo gordo sostiene que médicos y
psicólogos no deberían hacer un diagnóstico según el peso. En particular, denominar
como trastorno mental una característica física del individuo está más cercano a las teorías
eugenésicas que al entendimiento de la dimensión subjetiva y de la salud de manera
integral

Gracias a los reclamos de las activistas gordas, en el último encuentro nacional de


mujeres de la argentina en el 2017 se logró introducir una mesa de debate sobre la
gordofobia a la que asistieron más de 200 mujeres. Algunos ejemplos locales que
ayudaron a visibilizar la lucha por la despatologización de la gordura es la modelo Brenda
Mato creadora la agencia PLUS Model Argentina y es una de las primeras en incorporar
modelos de talla grande. Su activismo se caracteriza no solo por salir a las calles, sino
también por haber logrado impulsar la reglamentación de la Ley de Talles en Junio 2021,
a través de las masivas campañas en redes sociales.

Es fundamental señalar que el activismo en la argentina ha sido fuertemente


influenciado por un lado, por las investigaciones acerca de estereotipos negativos sobre
la gordura, también conocido como estigma por peso o discriminación por peso. Y por el
otro lado, por los movimientos internacionales que vienen denunciando hace décadas
impulsados también por la cantidad abrumadora de evidencia científica que respalda sus
reclamos.

Uno de los estudios más reconocidos fue realizado en el año 2019 por la
Universidad de Harvard que se denomina Implicit Association Test (IAT) o Pruebas de
Sesgo Implícito. El estudio pide a los participantes que miren distintas diapositivas en
donde van apareciendo muy rápidamente palabras e imágenes lo cual permite obtener
mediciones sobre aquellos sesgos presentes respecto de la raza, el género, la orientación
sexual, la discapacidad, el peso y otras características. El artículo publicado revisa los

14
resultados de más de 4 millones de personas en el transcurso de 9 años. Los investigadores
concluyen que el sesgo implícito estaba en declive en casi todas las categorías excepto el
sesgo de discriminación por peso, que fue el único que empeoro significativamente por
un 40% (Gordon, 2020)

Respecto de los activismos gordos internacionales, el movimiento Body Positive


o Positividad Corporal fue uno de los primeros en trabajar con la imagen corporal de las
personas gordas, poniendo especial foco en la aceptación, el autoestima y el amor propio.
El movimiento se hizo popular principalmente a través de campañas por redes sociales
en donde muchas mujeres empezaron a subir videos y fotos de cuerpos no hegemónicos
lo cual permitió cuestionar los estereotipos de belleza presentes tanto en redes, como en
medios de comunicación, revistas, películas y series. En este sentido el movimiento
constituye una espacio fértil para que muchas personas puedan problematizar los
estereotipos negativos asociados a la gordura, como así también para transmitir mensajes
de aliento y llegar a personas que aún no conocían la lucha del activismo gordo.

Sin embargo, el movimiento Body Positive ha recibido muchas críticas del


activismo gordo que manifiesta que es necesario problematizar la noción de “amor
propio”, ya que si bien logra visibilizar la problemática, significa una solución individual
para un problema colectivo. Como ocurre con las personas delgadas, las personas gordas
también pueden tener dificultades con la imagen corporal y el autoestima, pero las ultimas
se diferencian por la discriminación abrumadora que reciben y la dificultad para acceder
a conseguir un empleo, a recibir la atención medica que no este centrada en su peso o
simplemente usar servicio de transportes (Gordon, 2020)

Además como sostiene Nicolás Cuello (2018) la solución del Body Positive no se
trata más que de otra forma de silenciar románticamente el maltrato desigual que
experimentan algunos cuerpos más que otros. Esto es debido a que el movimiento esta
tan profundamente centrado en el cambio interno e individual que la conversación sobre
el privilegio blanco, y la discriminación no son tenidas en cuenta, dejando por fuera no
solo a las personas gordas, sino también con discapacidad, transgénico y no binaria,
personas de color, etc.

15
En este sentido también, el movimiento tampoco tiene en cuenta aquellos modos
en que el MMH opera sobre los cuerpos patologizandolos. De acuerdo a Moreno (2018)
la falta de reflexión crítica transforma al movimiento en una forma de activismo
parcialista que en el marco actual de consumo, no logra realmente desmontar las
condiciones de opresión sobre los cuerpos gordos ni su interseccionalidad y termina
obturando las posibilidades de hacer de cualquier cuerpo una corporalidad vivible. Por
todos estos motivos, desde el manifiesto colectivo del Día Mundial Contra la Gordofobia
(2022) manifiestan que el Body Positive no es suficiente para transformar la sociedad y
desmontar el profundo malestar de vivir en una cultura que recuerda a cada minuto que
la vida de las personas gordas están mal. Los activistas señalan que el amor propio puede
transformarse en un mandato imposible de afrontar individualmente.

Por esto es necesario pensar herramientas colectivas que tengan en cuenta la


realidad de las personas gordas y los cambios políticos necesarios para poder vivir una
vida libre de violencia, patologización y discriminación. Como resultado, los activistas
por la diversidad corporal prefieren abogar y utilizar el término Body Neutrality o
Neutralidad Corporal ya que alegan que los cuerpos deben ser valorados, pero no por su
belleza, sino por sus funciones vitales (Gordon, 2020) De esta manera se busca
contrarrestar la discriminación por peso con un modelo que se basa en la tolerancia y la
aceptación de que existen cuerpos gordos y que merecen respeto al igual que las personas
delgadas. Como así también, busca cesar la presión constante de la sociedad por convertir
cuerpos gordos en cuerpos delgados.

4. Objetivos

Objetivo general: Realizar una revisión bibliográfica sobre el fenómeno de la gordofobia


y la perspectiva pesocentrista en los profesionales de salud.

Objetivos específicos:
- Indagar acerca de las luchas por el activismo gordo.
- Problematizar el uso del Índice de Masa Corporal.
- Explorar investigaciones actuales acerca del estigma por peso y sus efectos bio-psico-
sociales.

16
- Analizar el discurso medico vinculado a una mirada pesocentrista alrededor de la
gordura.
- Diferenciar el paradigma del MMH respecto de la perspectiva de la Diversidad
Corporal.

5. Metodología

Esta investigación tiene como objetivo analizar desde una aproximación


cualitativa el fenómeno de la gordofobia y la perspectiva pesocentrista en los
profesionales de la salud, para explorar nuevas perspectivas de salud integral centradas
en la diversidad corporal. Como indica Sampieri (2010) la metodología cualitativa
implica un conjunto de prácticas interpretativas que buscan visibilizar problemáticas a
través de una serie de presentaciones, investigaciones, y análisis teóricos. Para esta
investigación se utilizó el método de revisión bibliográfica. Para ello, se usaron distintos
buscadores académicos como Google Scholar, SciELO y psycINFO utilizando palabras
clave en inglés y español como Estigma por peso (Weight Stigma), Gordofobia (Fat
Phobia), Discriminación por peso (Weight discrimination), Paradigma pesocentrista (
Weight-centered Health Paradigm), como así también las tesis publicadas en la Facultad
de Psicología. También se consultaron documentos del INADI sobre Gordofobia y
Discriminacion y el enfoque de derechos que aporta la normativa argentina: Ley de Salud
Mental Nº 26.657, Ley básica de salud en CABA Nº 153, Ley sobre Actos
discriminatorios Nº 23592, Ley contra la discriminación en CABA Nº 5261 y la Ley de
Educación Sexual Integral Nº 26150.

Los datos estadísticos provenientes de las investigaciones serán analizados bajo


la técnica de revisión de literatura. En este sentido, la investigación será exploratoria
porque plantea la necesidad de revisar los sistemas de discriminación y opresión sobre
las diversidades corporales, en particular los cuerpos gordos, tema aún poco estudiado en
nuestro país.

Por último, y no menos relevante, resulto pertinente para esta tesis explorar
también material bibliográfico elaborado por activistas gordos y distintas personas que

17
sufrieron discriminación para poder dar cuenta no solo de un punto de vista académico,
sino sobre el estigma por peso que viven en su vida cotidiana contado en primera persona.

6. Desarrollo

6.1 Interseccionalidad y Perspectiva de Género

Dos conceptos fundamentales que guiaron el análisis de la presente tesis fueron el


de interseccionalidad y la perspectiva de género. El concepto de Interseccionalidad fue
por primera vez acuñado por Kimberlee Scrensaw (1989) que la define como el estudio
de identidades sociales que se solapan o intersectan, y sus sistemas relacionados de
opresión, dominación o discriminación. La teoría explica que existen distintas categorías
sociales, culturales y biológicas como el género, la raza, la clase, la capacidad, la
orientación sexual, la religión, la casta, la edad, y otros ejes de identidad, los cuales
interactúan de formas múltiples y a menudo de forma simultánea. Por esto, para poder
entender del todo la identidad de una persona, es preciso tener en cuenta como las
opresiones se intersectan. En tal sentido, para Knudsen (2006) el racismo, el sexismo, el
capacitismo, la transfobia, la xenofobia son todos prejuicios basados en la intolerancia,
que no actúan de forma independiente, sino que se superponen, se interrelacionan y crean
un sistema de desigualdades.

Dentro de la lógica interseccional, podemos ubicar la perspectiva de género como


una forma de opresión cuya conceptualización tuvo origen en la Cuarta Conferencia sobre
la Mujer celebrada en Pekín en 1995 (Valdés, 2015) Así fue como los Estados se
comprometieron a garantizar a las mujeres el acceso equitativo a oportunidades sociales,
económicas, políticas, laborales, educativas, culturales y de salud. El género, en un
sentido amplio, se refiere a los roles socialmente construidos, comportamientos,
actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y
mujeres (Who, 2013). De este modo, desde la perspectiva de género se busca
desnaturalizar o deconstruir, desde el punto de vista teórico y desde las intervenciones
sociales, el carácter jerárquico atribuido a la relación entre los géneros. Como así también
mostrar que los modelos de varón o de mujer, y la idea de heterosexualidad obligatoria
son construcciones sociales que establecen formas de interrelación y especifican lo que

18
cada persona, debe y puede hacer, de acuerdo al lugar que la sociedad atribuye a su
género.

Tales soportes narrativos se configuran desde el soporte lógico que le proporciona


la episteme de lo mismo, como aquella categoría desde donde puede ser pensada la
diferencia de los géneros estructurada de forma jerárquica, atributiva, binaria (Fernández,
1993). Esta perspectiva permite deconstruir el lastre de la modernidad que se caracterizó
por una visión androcentrista donde lo humano es el hombre y lo femenino es concebido
como inferior, una esencia universal, atemporal que deniega la construcción
sociohistórica de la subjetividad. Desde la dimensión ética, Tajer (2018) introduce la
pregunta “¿Quién es el semejante para uno?”, para dar cuenta que existe un primer
momento donde se responde la pregunta por el campo del semejante, y luego hay un
segundo momento donde se definen las reglas de juego de lo que se puede hacer con el
que no es considerado semejante. Esto puede incluir desde la discriminación, la
vulneración de derechos, hasta atroces crímenes de guerra.

Este ha sido el modo que históricamente se establecieron jerarquías entre


determinadas diferencias que sitúan a unos humanos por encima de otros según sus
características. Piñeyro (2019) explica que la discriminación no existe porque
homosexuales y heterosexuales sean diferentes entre sí, sino porque la diferencia entre
ellos se basa en la jerarquía; es decir, se etiqueta una cualidad como inferior y la otra
como superior, y una queda por encima de la otra.

Esto es relevante para pensar a todas aquellas personas que no entran dentro de lo
que sociedad supone como normalidad. Stolkiner (2015) advierte en este sentido como
se ha construido una concepción abstracta de lo humano, en donde el sujeto es el
individuo capaz de ejercer la libertad por medio de la razón, cuya autonomía debe ser
resguardada junto con sus semejantes. Lo cual conlleva la posibilidad de exclusión
algunas formas humanas que no responden al modelo de occidental del varón, adulto,
blanco, burgués-propietario, heterosexual que gesto la idea. Esto también deja por fuera
a los locos, los privados de la razón ya que esto es necesario para el ejercicio de la libertad
junto con las mujeres, los niños, los pueblos colonizados y los diversos en general.

19
Fernández (1993) señala cómo con el capitalismo moderno se volvieron a definir
las prácticas que bajo una supuesta objetividad científica buscaban reemplazar el antiguo
saber empírico. Una de las consecuencias más notorias es la aparición de especialistas en
el ámbito público y sus instituciones académicas que van a delinear las formas de vivir,
de sufrir y de morir. Más aún, con autoridad social para interpretar a quienes no pueden
dar cuenta de sí mismos. Así es como establecen lo normal, lo patológico, lo femenino y
lo masculino. Pero también instituyen regímenes de verdad que legitiman el nuevo orden
social y se convierten en uno de sus productores de significación más importantes.

El poder de crear leyes también arma a los gobiernos con el poder para influir
sobre qué cuerpos aceptamos como “normales” y cuáles no, a través de la validación que
otorga la legalidad. Piñeyro (2019) afirma que puesto que los gobiernos ejercen la
autoridad y supervisan los sistemas, están en una posición única para dar forma a cómo
validamos y estratificamos los diferentes cuerpos. Son responsables de crear las leyes y
entidades que, o bien protegen los cuerpos, o bien los oprimen.

6.2 Gordofobia, la “preocupación por la salud” y su diferencia con la violencia


estética

Según el INADI (2021) la discriminación es el mecanismo mediante el cual se


jerarquizan personas o grupos de personas por alguna característica arbitraria a la que se
le atribuyen condiciones de superioridad (o inferioridad). Este mecanismo, construido
alrededor de las corporalidades, instala un modelo único, hegemónico, que funciona
como ordenador social. Este modelo hegemónico de normalidad es uno de los
dispositivos de poder más naturalizados de nuestra sociedad. Para Foucault (2014) el
biopoder funciona como un normalizador contemporáneo, por una lado, disciplina los
cuerpos pues opera diciendo lo que se puede hacer y decir, y por el otro, silencia o
invisibiliza aquello que para la sociedad no es valorado. En este sentido, el modelo
hegemónico opera como un entramado de poder que se expresa a través de las
instituciones, en los discursos, en los enunciados científicos e incide en las políticas. De
este modo aquellos cuerpos diversos de lo que la sociedad instaura como normal, son
objeto de discriminación, burlas, exclusión y vulneración de derechos.

Gordofobia es un termino utilizado para hacer referencia a la discriminación que


sufren las personas solo por el hecho de ser gordas (Piñeyro, 2019) y se utiliza tanto para

20
describir las actitudes, comportamientos individuales que ridiculizan, maltratan, burlan y
expresan estereotipos negativos acerca de los cuerpos gordos, como así también los
sistemas sociales y políticas institucionales que excluyen, patologizan y obstaculizan o
vulneran los derechos de las personas. Algunos sinónimos que se utilizan para dar cuenta
del fenómeno de la gordofobia son estigma por peso, sesgo anti-grasa, gordismo o
discriminación por peso.

Es importante destacar que si bien el término popularizado es gordofobia, el


fenómeno no tiene que ver con un miedo irracional, incontrolable e individual. Por el
contrario, se trata de verdaderos actos de discriminación que están naturalizados por
nuestra sociedad y por eso muchas académicas y activistas por la diversidad corporal
prefieren utilizar el termino gordo-odio.

Piñeyro (2019) explica que el odio es parte intrínseca de cualquier forma de


discriminación, pues toda discriminación surge del rechazo, el desprecio y la
inferiorización de la diferencia. En las sociedad occidentales, la gordura se presenta como
cualidad que es considerada como diferente o no normativa. Desde un enfoque
interseccional, Paul Campos (2004) encuentra que a medida que el racismo, el sexismo y
el clasismo comenzó a visibilizarse en las sociedades blancas y ricas, la gordofobia de
este modo ofreció un sustituto para permitir el desdén y la intolerancia hacia las personas
pobres y de color. Por su parte, el INADI (2021) explica que la gordura es motivo de
estigma social ya que atraviesa de modo determinante y transversal a todos los segmentos
etarios y socioeconómicos de la población, y afecta en mayor medida a las mujeres,
personas LGBTIQ+, personas con discapacidad, personas de color, indígenas, migrantes
y demás personas racializadas. La discriminación por peso incluye no solo acciones que
dañan directamente o provocan desventajas, sino que injustamente favorecen a un grupo
por sobre otro.

6.2.1 Estereotipos negativos asociados al peso


La gordofobia se expresa a través de estereotipos dañinos asociados a personas en
cuerpos más grandes. Algunas de las narrativas que forman parte de los estereotipos
asociados al peso incluyen por un lado, pensar la delgadez como un ideal, un logro de
vida, como una forma de vivir una vida plena y ser naturalmente saludable o moralmente
superior a los cuerpos. Y por el otro, pensar que la gordura es un fracaso moral, algo por

21
lo que avergonzarse, como algo desagradable que debe ser modificado, burlado, y en
particular un estereotipo se repite mucho: Creer que el gordo es gordo por “falta de
voluntad” (Gordon, 2020) Según plantea Colectivo Gordo Argentino (2021) la creencia
de que los gordos no hacen suficiente esfuerzo para adelgazar, como se ha intentado
reproducir desde distintos discursos inclusive en la televisión, suele ser motivo suficiente
para pensar que las personas gordas merecen ser rechazadas o castigadas socialmente.

Moreno (2018) describe cómo a partir de la modernidad el cuerpo aparece como


una máquina con causalidades específicas, en donde la voluntad funciona como aliada
del entendimiento para organizar la realidad. Así es como hemos interiorizado la idea de
que la voluntad es clave para modificar nuestros cuerpos en pos del ideal de salud, que
en nuestra época está fuertemente imbricado con el mandato de delgadez. Dicho
estereotipo no solo es reproducido por los medios de comunicación, sino también dentro
de los consultorios médicos. Está presente en la asimetría médico paciente propia del
MMH en donde el discurso de la falta de voluntad despoja a las personas al derecho básico
de ser expertos en sus propios cuerpos. De este modo, para muchos profesionales de la
salud, el éxito o fracaso de la dieta está directamente relacionada con la voluntad o falta
de voluntad del paciente. Esta es una de las formas a partir de las cuales se reproducen a
través de las prácticas médicas estereotipos negativos sobre la gordura, y que forma parte
de matriz de intersecciones que no sólo jerarquiza las experiencias de los cuerpos a través
del mandato de delgadez, sino que patologiza aquellos cuerpos gordos. Los cuerpos flacos
son considerados como “normales” o sanos, y los cuerpos gordos como enfermos, o
cuerpos que deben ser modificados para arribar a la delgadez.

6.2.2 La importancia de la representación y el mercado del deseo

Un factor clave que explica cómo se construyen socialmente estos mandatos tiene
que ver con los enunciados de los medios de comunicación: los titulares, los eslóganes de
las publicidades, los contenidos en redes sociales (Crotta, 2021) que conforman un
conjunto de representaciones sobre qué es ser gordo en esta sociedad. Cuando hablamos
de representación hacemos referencia a aquellas imágenes que nos llevan a pensar en
algo, a hacernos una idea de una cosa determinada. La repetición constante de una imagen
puede lograr que se alojen en nuestra mente ideas fijas sobre lo que ella representa y
generar que la próxima vez que veamos una imagen igual o parecida a esa pensemos en

22
la misma idea que ha ido transmitiendo en todas sus repeticiones (Piñeyro, 2019) Esta
repetición es bastante común dentro de este tipo de producción hollywoodense y alimenta
una única idea de enamorarse (monógama y romántica), un único tipo de amor
(heterosexual) y un solo tipo de cuerpo posible: blanco, cisgénero y delgado.

Las relaciones con nuestros cuerpos son herencias sociales, políticas y


económicas. Pero no siempre hemos visto los cuerpos gordos como menos valiosos.
Durante ciertos periodos de la historia humana, veíamos los cuerpos grandes no como
marcadores de pereza o de mala salud, sino como signos de una vida fácil, de bienestar y
riqueza. Las formas en las que hemos conseguido difundir información a escala masiva
durante el último siglo y medio son prueba del poder de los medios de comunicación. Los
seres humanos siempre han encontrado formas de transmitir mensajes en masa. Lo que
ha cambiado ha sido la velocidad y la distancia a la que viajan estos mensajes. Hemos
adoptado el adoctrinamiento de los medios de comunicación: un adoctrinamiento que
conecta nuestro valor y dignidad a nuestra apariencia y a nuestro yo externo (Piñeyro,
2019)

En esta misma línea, Baczko (1984) afirma que las representaciones colectivas
legitiman el poder de algunos grupos dominantes. En otras palabras, las representaciones
no sólo existen porque son impuestas por estos grupos de poder, sino que son legitimadas
por los dominados quienes pueden reproducir discursos sin hacer una revisión crítica de
los mismos.

Algunas representaciones acerca de las personas gordas es que son una “pandemia
a escala mundial”, tal como suelen ser retratadas por algunos medios. Moreno (2018)
explica que esta representación también es promovida por el bombardeo publicitario de
bienes de consumo que nos indican tanto los patrones de moda como qué se considera
saludable en cada época y qué debemos consumir para estar sanos. La relación que
subyace a esa “salud” regula gran parte de nuestra vida social y se articula con los
significantes belleza, delgadez y juventud. En las noticias los cuerpos gordos son
sedentarios, glotones o un número más en la cifra de la “obesidad mundial”. En redes
sociales muchas veces se ven las fotos del antes y el después, en donde el antes es siempre
un cuerpo a modificar. En el mundo del espectáculo, los cuerpos no hegemónicos suelen
ser el centro de la burla, la torpeza y el ridículo. Se repite sin cesar el mensaje de cuerpo
fallido, fracaso, que debe cambiar obligatoriamente para ser reconocido socialmente.

23
Así es como se construye la imagen del cuerpo delgado como ideal por encima de
otros cuerpos y que representa no solo belleza, sino estatus social, carácter y una forma
de acceder al privilegio social de ser reconocido. En este sentido, los mandatos de belleza
que se reproducen de forma sistemática también son una forma de violencia machista que
tiene consecuencias respecto del acceso que tienen las mujeres al mercado del deseo. Un
estudio de 1996 en el Journal of Applied Psychology analizó las actitudes que los
estudiantes tenían hacia hombres y mujeres gordos. Los participantes del estudio no
notaron diferencias entre las experiencias sexuales entre hombres gordos y flacos. Pero
respecto de las mujeres manifestaron que las mujeres gordas eran menos activas
sexualmente, hábiles, cálidas y receptivas, y la percibieron como menos propensa a
experimentar deseo y diversos comportamientos sexuales que una mujer más delgada.
Los participantes también vieron a las mujeres gordas como "menos atractivas
sexualmente, hábiles, cálidas y receptivas" que los hombres gordos. En tal sentido, la falta
de representación de los cuerpos gordos, también deja a las personas por afuera del
mercado del deseo. Dificultando también sus posibilidades para enamorarse o formar una
familia si así lo desean.

6.2.3 Acerca de la “preocupación por la salud” y la policía de los cuerpos


El colectivo gordo argentino explica que la gordofobia es una discriminación
estructural y sistemática: la podemos encontrar en toda la sociedad y funciona de forma
automática y sin ser cuestionada, ya que se piensa que atacar a las personas gordas o
exigirles que tengan otra forma corporal es lo “normal”. Este tipo de violencia legitimada
por la sociedad es percibida de forma abrumadora por las personas gordas y por parte de
todas las instituciones que necesita para vivir: La familia, el trabajo, la escuela, los
profesionales de la salud. Cabaleiro (2021) en su libro “Te lo digo por tu bien”, da cuenta
cómo las personas se sienten en la obligación moral de decir algo bajo la excusa que se
preocupan en su salud, pero como veremos las investigaciones actuales sugieren
exactamente lo contrario. Tanto los consejos de familia, como los comentarios anónimos
en redes sociales generan afectan negativamente la salud y producen sufrimiento en la
persona que los recibe.

Tracy Tlka (2014) investiga el impacto en la salud que produce el estigma por
peso, incluida la agresión directa, el estigma institucionalizado e incluso las
microagresiones aparentemente bien intencionadas y los halagos por descenso de peso

24
(Ej. “Que flaquita que estas”). Tlka encuentra que el estigma del peso esta relacionado
con el aumento de los riesgos para la salud que generalmente se atribuyen a la obesidad,
como la discapacidad funcional y la disminución de la salud autoevaluada, durante un
período de 10 años. La evidencia indica además que el estigma del peso está relacionado
con la presión arterial elevada, el trastorno por atracón, los síntomas bulímicos, la imagen
corporal negativa, la baja autoestima y la depresión en niños, adolescentes y adultos.

Contrariamente a la creencia popular, el flujo constante de comentarios y críticas


dirigidos a las personas gordas tiene consecuencias negativas, aun cuando las personas lo
hacen con buenas intenciones o porque están “preocupados por la salud”. Según afirma
Gordon (2020) los mensajes que buscan adelgazar a las personas gordas, ya sea por
vergüenza o preocupación, no solo no funcionan sino que son una forma de
discriminación que afecta la salud mental y física. Muchas veces la preocupación se
construye sobre la idea falsa de que las personas pueden modificar su cuerpo a elección,
responsabilizando a la persona por su “fracaso”, y sobre todo desestimando los
sentimientos, experiencias y necesidades de cada sujeto.

En el año 2009 el INADI comienza a elaborar el mapa nacional de discriminación


que releva a nivel nacional las percepciones y experiencias de discriminación en la
Argentina. En su estudio, notan que las categorías de “sobrepeso” y “obesidad” se
presentan como un tipo de discriminación en donde las personas se encontraban
identificadas y que es necesario problematizar. Además una de las denuncias que reciben
seguido es el hecho de que las obras sociales no admiten o niegan tratamientos a personas
que están por fuera del IMC “normal”. Dando cuenta así, como institucionalmente este
parámetro es utilizado con fines comerciales que lejos de abogar por la salud integral de
las personas, violan sistemáticamente el derecho del acceso a la salud.

Así vemos como la discriminación por peso no tiene que ver con una verdadera
preocupación por la salud, sino con un problema estructural complejo que tampoco se
puede reducir a una única variable biológica o individual. Freidman (2005) estudió la
salud mental de 93 personas gordas en un centro residencial de pérdida de peso,
centrándose en evaluar la depresión, la autoestima, la imagen corporal, los síntomas
psiquiátricos generales y cómo la salud mental se relaciona con las experiencias de los
pacientes con estigma por peso e internalización de las creencias gordo fóbicas. Los
consejos para bajar de peso también conocido como “trolleo de preocupación” -esto es

25
cuando te hacen recomendaciones “por tu salud”- fue experimentado abrumadoramente
por los participantes con el 97.9% experimentando comentarios desagradables de la
familia, el 89.1% informando comentarios inapropiados de los médicos, el 86%
informando que los seres queridos se avergonzaron de estar asociados con una persona
gorda y el 78.3% informando que otros habían hecho suposiciones negativas sobre ellos.
Mas aun, las creencias gordofobicas de los participantes predijeron significativamente los
síntomas de salud mental. Específicamente, los modelos de regresión representan
porciones sustanciales de la varianza en los resultados psicológicos, que van desde el 22%
en los síntomas psiquiátricos generales hasta el 13% en las puntuaciones de depresión.
Además, las actitudes gordofobicas predijeron de manera única los síntomas de salud
mental después de tener en cuenta las posibles diferencias de salud mental debido a la
edad, la edad de inicio, el sexo y el IMC.

Sin embargo, que es un cuerpo sano para la sociedad y que no lo es, no solo es
transmitido por profesionales de la salud, sino por la sociedad en su conjunto que funciona
como policía de los cuerpos. Como plantea (Moreno, 2018) la vigilancia constante es una
actividad que aprendimos a ejercer todos. Es decir, todos perciben que tienen la potestad
de predicar sobre los cuerpos, especialmente cuando estos están por fuera de los
estándares de normalidad. Así notamos que el mensaje del MMH que promociona hacer
ejercicio físico o cambiar la alimentación para solucionar el problema de la “obesidad” o
del “sobrepeso”, es reproducido desde los distintos sectores de la sociedad sin tener en
cuenta que esas soluciones individuales ignoran las numerosas investigaciones que
indican justamente lo contrario. Como así tampoco señalan la responsabilidad del estado
en promover políticas incluyentes, por ejemplo el acceso a alimentación variada para sus
poblaciones, y no solo para el sector que puede pagarlo.

6.2.4 Violencia estética, privilegio delgado y vulneración de derechos


La gordofobia y la violencia estética no son sinónimos, aunque sí es importante
identificar algunos puntos en común ya que esto nos permitirá visibilizar por un lado,
como los estereotipos de belleza son una forma de violencia machista sobre las mujeres,
y por otro, cuáles son las dificultades específicas que tienen las personas que viven en un
cuerpo gordo.

26
Desde una perspectiva de género sobre la imagen corporal, Nita Mary McKinley
postula que la insatisfacción con el cuerpo no tiene que ver con algo individual, sino con
una patología social, colectiva, sistémica (Yatche, 2021). La violencia estética se inicia
con el proceso de definición de manera arbitraria de modelos y patrones de belleza,
promocionados por los medios de comunicación y difusión masiva, la industria de la
moda, de la música y el mercado cosmético. Vivimos en una sociedad que establece la
belleza como elemento constitutivo de la identidad y valoración femenina.. Así muestran
cuerpos “perfectos”, los cuales no son más que cuerpos ficticios, irreales, concebidos
como ideal de lo que “debe ser”. Y donde las particularidades físicas de las mujeres son
denominadas “imperfecciones” a ser intervenidas y suprimidas, o en el menor de los casos
corregidas (Pineda, 2012) De hecho, en el diccionario de la RAE el ideal de belleza es
definido desde la filosofía platónica como un prototipo a la que tienden ciertas formas de
la realidad en continua búsqueda de la belleza en sí. La frase repetida “ponerse en forma”
remite a este imaginario de ideas platónicas, en donde sólo determinadas formas son
perfectas (Moreno, 2018)

Los estereotipos de belleza se configuran en nuestra sociedad de modo que sólo


merece ser visible y deseado aquellos cuerpos que se ajustan al mandato de delgadez. De
acuerdo a Moreno (2018) poseer belleza en nuestra cultura remite a tener un valor social,
y no cualquier valor: es tener el mérito de ser alguien deseable. Esta posibilidad de
reconocimiento no solo alberga la posibilidad de ser amado por otros, sino que
históricamente ha sido considerada como lo auténtico, lo que es considerado verdadero.
Al respecto Georges Vigarello (2011) señala que identificarse como gordo u obeso tiene
la particularidad de constituir una identidad quebrada, es decir, un cuerpo que no es
considerado socialmente válido.

Un estudio de la fundación argentina Bellamente sobre el impacto del uso de


Instagram en la imagen corporal durante el aislamiento social por el Covid-19 indica que
8 de cada 10 mujeres se sienten insatisfechas con su cuerpo, mientras que el 56%
considera que está “gorda o con exceso de peso”. Esa preocupación se acentuó durante la
cuarentena, cuando se duplicó la cantidad de horas de uso de Instagram. Por este motivo
es necesario hacer una diferenciación conceptual que permita comprender que si bien
muchas mujeres no sufren discriminación, si sufren violencia estética por el hecho de ser
mujeres. Es decir, hay una gran cantidad de mujeres que viven preocupadas por engordar,

27
pero para las personas que viven en cuerpos grandes esto no es una preocupación o un
miedo, sino una realidad que habitan. Es importante tener en cuenta que si bien la
gordofobia existe sin importar el genero, para las mujeres que viven en cuerpos mas
grandes sufren tanto la violencia estética como así también la discriminación por peso.

Por este motivo, desde hace unas cuantas décadas, los feminismos comenzaron a
incorporar los cánones o estereotipos de belleza dentro de los análisis y críticas al sistema
patriarcal, para ya en el siglo XXI considerarlo uno de los principales ejes de las
violencias machistas contra las mujeres (Piñeyro, 2019) Hay un concepto que se usa a
nivel mundial denominado “fat talk” (Nichter, 2000) que refiere a comentarios o críticas
que refuerzan los modelos de delgadez como sinónimo de belleza. Por ejemplo “estoy
hecha una vaca”, “no llego al verano”, como así también la gran cantidad de memes que
circularon durante la pandemia en donde parecía que la preocupación mayor era subir de
peso. Según Yatche (2021) está comprobado que mientras más escuchamos y
reproducimos esas frases, mayor es la insatisfacción corporal que sentimos. De cualquier
modo, si bien la violencia estética tiene puntos en común con la gordofobia, esta ultima
se diferencia radicalmente por a la discriminación abrumadora que reciben las personas
en cuerpos más grandes.

Un estudio del año 2012 en la revista Obesity pidió a los adultos gordos que
indicaran con qué frecuencia habían experimentado situaciones en donde fueron
discriminados por su peso, desde formas abiertas de gordofobia (discriminación laboral,
ataques físicos, comentarios desagradables) hasta formas más sutiles de estigma (otros
haciendo suposiciones negativas, comentarios inapropiados de los médicos, siendo
mirados, barreras físicas u obstáculos, o siendo evitados, excluidos, o ignorado). La
categoría mas puntuada fue "otros que hacen suposiciones negativas", que el 74% de las
mujeres y el 70% de los hombres informaron haber experimentado. Pero incluso la
categoría menor puntuada, ser atacado físicamente, fue una experiencia compartida por
el 10% de las mujeres y el 11% de los hombres. El estudio afirma que experimentar
estigma por peso se correlaciona positivamente con el IMC, lo cual sugiere que a medida
que aumenta el peso, se experimenta más estigma. También las personas que comenzaron
a hacer dieta más temprano en la vida informaron situaciones más estigmatizantes que las
personas que comenzaron a hacer dieta más tarde. Asimismo, la edad se asoció
negativamente con el estigma, lo que indica que las personas más jóvenes informaron

28
más estigma. El 79% por ciento de los encuestados informó que usaba la alimentación
como un mecanismo de afrontamiento, el 74% por ciento se aisló y el 41% por ciento
abandonó la situación o la evitó pedir ayuda en el futuro. Así vemos como la gordofobia
en lugar de motivar a las personas gordas a perder peso, llevo a las personas a mayor
aislamiento, evitación y menor posibilidad de conseguir ayuda profesional.

6.2.5 ¿Qué es el Privilegio Delgado?


El privilegio de la delgadez representa todas las ventajas sociales, económicas y
prácticas que una persona obtiene por ser delgada o tener un cuerpo relativamente más
pequeño. Como todas las formas de privilegio, la persona que lo tiene puede no darse
cuenta de que tiene alguna ventaja, porque simplemente es normal que, por ejemplo, no
tenga que pensar si entra en el asiento del avión, si consigue ropa de su talle o si puede
hacerse una tomografía porque la máquina fue diseñada para personas de su tamaño.
(Gordon, 2020)

Sara Ahmed (2012) describe al privilegio social como un mecanismo de ahorro


de energía, en tanto aquellos cuerpos “que caben” pueden entrar en una institución y
habitarla prácticamente sin esfuerzo, mientras quienes de alguna manera no cumplen con
las normas vigentes tienen que hacer una serie de esfuerzos adicionales que los llevan al
agotamiento. Es central señalar que la delgadez aparece entonces como un lugar de
privilegio dentro de las jerarquías corporales. El cuerpo tiene un valor identitario que nos
posiciona socialmente como visibles o invisibles según las normas sociales y culturales
que encarnemos (Moreno, 2018)

De este modo, la gordofobia se constituye como una forma de violencia


institucional que se encuentra naturalizada. El privilegio delgado significa vivir en un
mundo que fue construido y diseñado para un tipo de cuerpo dentro de IMC considerado
normal. Dentro de un hospital podemos pensar por ejemplo desde el tamaño de las sillas,
las camillas, las balanzas, las máquinas de tomografía hasta inclusive la dosis que se
administra de medicación en donde no se tiene en cuenta el peso. Un ejemplo ilustrativo
es el anticonceptivo de emergencia, que pierde su efectividad en aquellas personas cuyo
IMC están en el rango de “sobrepeso”. El mundo está diseñado para los cuerpos delgados.
También las tiendas de ropa que no tienen talla o aquellos que tienen refieren a los cuerpos
gordos como “talles especiales”. Basándonos en datos estadísticos llevados a cabo por la

29
fundación AnyBody Argentina (2017) sobre la imagen corporal es notable que de las
6386 respuestas registradas, el 68,32% plantea tener problemas para encontrar talle.

De la misma manera en las películas y series donde los gordos no ocupan


personajes principales, sino que son retratados como chistosos, ridículos y torpes o
asexuales. Esto también se ve reflejado en las escuelas donde niños y adolescentes sufren
bullying, y en lugar de responsabilizar al agresor por lo general se culpa a las personas
que reciben violencia por ser gordas.

De acuerdo investigaciones recientes la discriminación por peso también afecta la


igualdad de condiciones para conseguir empleo. Una encuesta de más de quinientos
gerentes de contratación probó sus actitudes hacia los empleados potenciales en función
del tamaño. Basándose únicamente en fotografías, el 21% describió a la mujer más gorda
que se les mostró cómo "perezosa" y "poco profesional" más que cualquier otro tamaño.
Solo el 18% por ciento dijo que tenía "potencial de liderazgo", y solo el 15% consideraría
contratarla. Otro estudio de la Universidad de Wharton encontró que la obesidad sirve
como un indicador de la baja competencia. La gente juzga que las personas obesas son
menos competentes, incluso cuando no es el caso (Lewobitz, 2015) La discriminación
por peso no solo afecta la capacidad de ser contratados, sino que también afecta el salario.
Según investigaciones recientes las mujeres que tienen “sobrepeso” ganan
significativamente menos que las mujeres delgadas (9000 USD menos en Estados unidos)
Por su parte los hombres aumentaron su salario cuanto mayor era su IMC (Aslop, 2016)

6.3 Perspectivas pesocentristas en el sistema de salud

El discurso sobre la salud que se centra predominantemente en el peso corporal se


conoce como el paradigma de salud centrado en el peso o perspectiva pesocentrista.
(O’Hara, 2018) Este enfoque implica reducir la enfermedad a una única causa en donde
bajar de peso sería la solución para todos los problemas de salud. Adicionalmente, hay
un reduccionismo de la supuesta enfermedad al sujeto (Stolkiner, 2012) lo cual significa
que la gordura en este caso se convierte en una característica intrínseca de la persona.
Como resultado, no se tiene en cuenta el saber que tiene el individuo sobre su cuerpo,
como así tampoco la historia de salud familiar o la posibilidad de hacer exámenes que
contradigan el paradigma y permitan arribar a un diagnóstico certero.

30
En 2019, Rebecca Hiles cuenta su historia de negligencia médica. Cuando era
adolescente, ella desarrolla neumonía y empieza a toser sangre. Frente a esto , los médicos
no solo le recetan un inhalador sino también le indican que tiene que bajar de peso. Su
enfermedad continuo empeorando, hasta provocarle incontinencia y vómitos. Como sus
análisis de sangre seguían dando valores normales, sus médicos insisten que la causa de
su enfermedad era su peso, y por lo tanto bajar de peso solucionaría toda su
sintomatología. La paciente tardó seis años en encontrar un médico que la derivará a un
neumólogo y poco después, una tomografía computarizada reveló un tumor maligno, lo
que llevó a una cirugía casi inmediata. Hiles perdió el pulmón izquierdo, "cuya mitad
inferior era negra, un pedazo de tejido muerto en descomposición" (Dusenbery, 2018).
Pronto se enteró de que un diagnóstico más temprano en una de sus innumerables citas
con el médico y visitas a la sala de emergencias podría haber salvado su pulmón, y que
un diagnóstico posterior podría haberle costado la vida.

Este ejemplo permite ilustrar cómo aun desde el MMH se sostiene la idea de que
la gordura es una enfermedad. La nutricionista mexicana Raquel Lobaton (2013) afirma
no existe ni una sola enfermedad que solo se presente en personas de cuerpo grande: “No
podemos decir que hay una relación causal entre el peso y ciertas enfermedades, si bien
puede ver una asociación. Pero la asociación en ciencia no es causalidad. Las personas
blancas tienen un riesgo significativamente mayor de padecer cáncer de piel pero no por
eso la piel blanca es una enfermedad” (Lobaton, 2013) Es interesante el planteo que hace,
porque permite pensar la noción de factor de riesgo como un elemento más, entre otros
factores a tener en cuenta.

Paradójicamente, si bien el MMH se caracteriza por la relación asimétrica entre el


médico y el paciente, Moreno (2018) explica cómo este modelo paternalista si resulta
suficiente para atribuirle la culpa a la persona por haberse llevado a sí mismo a esa
condición, como en el caso de Hiles. De este modo el concepto de salud funciona como
un instrumento para la violencia epistémica de ignorar la palabra de la persona que lleva
ese cuerpo. Moreno (2021) retoma los aportes de Foucault para explicar cómo la mirada
de la práctica médica se convirtió en una moral sobre los cuerpos. Es decir, la
medicalización se ha instalado en la sociedad, primero, como un instrumento para medir
las “regularidades” de las corporalidades mediante índices para diferenciar entre los
organismos “normales” y los otros, los “patológicos” o “enfermos”. A su vez, Georges

31
Canguilhem (2011), maestro de Foucault, señala la gravedad de estandarizar índices
fisiológicos porque esos valores implican una normalización de los cuerpos que no toma
en cuenta las variaciones individuales de las corporalidades. Por lo tanto la diversidad se
interpreta como un desvío frente a la norma.

En los últimos años, el paradigma pesocentrista presente en el sistema de salud ha


sido criticado. Una investigación señala cómo este modelo contribuye no solo al estigma
por peso, sino también a la reducción de la salud y el bienestar, produciendo una peor
calidad de vida (O’Hara, 2018). Por su parte, el INADI afirma que el enfoque
pesocentrista es una posición reduccionista debido a que concibe al peso como indicador
suficiente para clasificar los cuerpos y determinar si una persona está sana o enferma
(Mancuso, 2021).

Por este motivo, resulta relevante hacer lugar a paradigmas alternativos como los
que ofrece el activismo gordo, trans, queer, intersex, feminista y movimiento por la
diversidad funcional. Porque permiten comprender que el cuerpo sano y el cuerpo
enfermo como categorías que son construidas a partir de las relaciones de poder, disputas
por definir lo humano e intereses económicos, todo ello oculto bajo el manto de
“neutralidad” científica (Moreno, 2018)

6.3.1 Problematización de las categorías “obesidad” y “sobrepeso”


Siguiendo la definición de la OMS, la salud es un estado de completo bienestar
físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Esto
implica que la salud de una persona no puede ser evaluada a primera vista con la
presunción de que su tamaño o peso de por sí indican algún tipo de enfermedad.

Si bien la OMS (2021) define la “obesidad” y el “sobrepeso” como “una


acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud” (p.1),
o sea un factor de riesgo y no una enfermedad, en la práctica se continúa utilizando el
IMC para clasificar a las personas en términos de delgadez/gordura, salud/enfermedad,
lo cual refuerza y reproduce las prácticas y los discursos de odio hacia los cuerpos gordos.
Más aún es importante destacar que los resultados del IMC se han utilizado en varios
países para que las compañías aseguradoras y otros agentes del sistema médico-estético
puedan sacar mayor beneficio económico de las personas que han sido diagnosticadas

32
según el IMC con “sobrepeso” u “obesidad”. A modo de ejemplo, en 1998 el Instituto
Nacional de Salud de EEUU cambió los criterios de corte que definían cada categoría del
IMC, por lo que no solo de un día para otro 29 millones de personas fueron diagnosticadas
con “sobrepeso”, sino que además esto fue exclusivamente utilizado por las compañías
aseguradores para sacar mayor beneficio económico (Moreno, 2018)

Poder trascender la perspectiva pesocentrista implica comprender que una persona


que bajó de peso o se encuentra “flaca” no necesariamente se encontrará más sana, incluso
la delgadez puede deberse a alguna situación que afecte su salud (Mancuso, 2021)
Asimismo, es necesario problematizar las categorías de “obesidad” y “sobrepeso” que
responden a la clasificación del IMC. El termino “obeso” deriva del latín obesus que
significa “haberse comido grasa”, culpando inherentemente a las personas gordas por sus
cuerpos ya que implica erróneamente que un gran apetito seria la causa. El término
“sobrepeso” expresa que hay un peso objetivamente correcto para el cuerpo, por lo tanto
los cuerpos gordos significarían un desvió que debe corregirse porque no es saludable
(Gordon, 2020)

Moreno (2018) señala un artículo publicado por El Dr. Alberto Cormillot,


nutricionista y figura pública en donde este plantea que existe un “sobrepeso estético”. Si
el peso normal tiene un IMC de 18.5 a 23, el denomina “sobrepeso estético” a aquellos
valores que van desde 23 a 24,5. Sin embargo, el IMC desde el MMH hace referencia
únicamente a parámetros de salud. Así podemos notar como para los profesionales de la
salud el peso no tiene que ver exclusivamente con estar saludable, sino que los modelos
de belleza también inciden fuertemente en lo que cada cultura interpreta como “sano” o
“normal”.

Sin duda, el problema con el uso de las categorías de “sobrepeso” y “obesidad” es


la estigmatización que produce sobre los personas, ya que no solo lo utilizan los
profesionales de la salud sino también que este mensaje se manifiesta en políticas y
programas de salud pública y promoción de la salud centrados en la prevención de la
“obesidad” (O`Hara, 2018) Un publicado en el International Journal of Obesity (Puhl,
2012) evaluó las percepciones de las campañas públicas relacionadas con la “obesidad”.
Por un lado, los participantes respondieron negativamente a los mensajes con contenido
estigmatizante y mostraron menor adherencia para cumplir el tratamiento. Por el otro, los

33
mensajes que se percibieron más positivos y motivadores fueron aquellos que no
mencionaron la palabra “obesidad” en absoluto y en su lugar se centraron en hacer
cambios de comportamiento saludables sin referirse al peso corporal.

Por su parte la activista gorda Marilyn Wann (2009) advierte que el único
diagnóstico certero que podemos hacer respecto de un gordo es a nivel de prejuicios y
estereotipos tiene el observador. Explica que denominar a la gente “obesa” implica una
medicalización de la diversidad humana, porque trae como consecuencia buscar una cura
para dicha patología, lo cual a su vez lleva a generar actitudes y políticas de odio sobre
los cuerpos gordos.

6.3.2 La diferencia entre vergüenza y culpa


El concepto de vergüenza corporal (del inglés Body Shaming) se utiliza para hacer
referencia a todas aquellas acciones o comentarios de forma deliberada o involuntaria que
juzgan y avergüenzan a otras personas por el cuerpo que tienen. Es importante destacar
que por cuerpo no solo hacemos referencia al tamaño, sino que también comprende todas
aquellas intersecciones como la raza, el género, la edad, la talla, capacidad, orientación
sexual y una amplia de formas de existir que no obedecen el mandato de belleza
hegemónica.

En su charla de Ted, Brené Brown (2010) habla de la importancia para los seres
humanos de conectar con otros y define la vergüenza como el sentimiento o experiencia
intensamente doloroso de creer que somos imperfectos y por lo tanto indignos de amor y
de integración. En este punto hace una distinción entre la vergüenza y la culpa. Plantea
que la vergüenza es el miedo a la desconexión con el otro, es que haya algo en nosotros
que si la otra persona lo sabe o lo ve nos rechace, es la creencia de “soy malo”. En cambio,
la culpa es “He hecho algo mal”. La importancia de esta distinción radica en que si
hicimos algo malo lo podemos corregir, pero si tenemos la creencia de que hay algo malo
en nosotros, esto puede llegar a ser destructivo y difícil de poner en palabra ya que algo
de nuestra identidad está en juego.

Brown (2016) señala que los mensajes y expectativas que desatan la vergüenza
están organizadas de acuerdo con el género. Estos roles aprendidos funcionan como si
fueran una caja que cuando intentamos asomarnos o hacer algo por fuera de ese molde,

34
la vergüenza nos vuelve a poner en nuestro sitio. De mismo modo, Moreno (2018) plantea
que el control corporal no es una mera sensación, sino que alrededor de estos dispositivos
se configura como señalamos anteriormente la policía de los cuerpos que infunde pánico
a todo aquel que esté por fuera de las normas de lo que se considera saludable. Estos
modos de vigilancia está no solo compuesto por profesionales de la salud, sino también
por toda la sociedad que ha introyectado las normas sociales de lo normal y patológico, y
que señala a los cuerpos gordos que la forma de bajar de peso es haciendo dieta. No
obstante, las investigaciones disponibles indican que la vergüenza corporal conduce al
aumento de peso, y no a la pérdida del mismo. Las personas que internalizan los
estereotipos gordofobicos, incluida la creencia cultural generalizada de que las personas
gordas son categóricamente poco atractivas o desagradables, son más propensas a comer
en exceso (Puhl, 2007) Más aún, otro estudio publicado en 2018 en la revista Body
Image, encontró que cuanto más gorda era una mujer, más probable era que internalizara
el estigma anti-grasa, que albergará culpa y vergüenza sobre su propio cuerpo, y que
evitara la atención médica (Janell, 2018) Por este motivo, reducir la supuesta enfermedad
a una característica intrínseca de la persona tiene efectos en la salud mental. Más bien es
necesario correr el foco hacia los problemas sociales que perpetúan y reproducen la
patologización sobre las diversidades corporales.

También es interesante notar como la idea de “elección” se repite como chivo


expiatorio para discriminar no solo a los cuerpos gordos, sino también la discriminación
hacia todos aquellos grupos marginados históricamente. Algunos ejemplos podrían ser
las terapias de conversión a los homosexuales bajo el pensamiento de que “ellos eligieron
ser gays”. O así también, frente a un abuso sexual cuando se cuestiona que tenia puesto
la victima o la famosa frase “vos que hiciste para que te peguen”. Asimismo, con los
cuerpos gordos, culpar a la persona porque “elige estar gorda”, absuelve la
responsabilidad que supone trabajar para comprender que la violencia estructural se
sostiene con la complicidad de todos. En este sentido, es importante problematizar la idea
meritocrática que plantea que las personas son gordas por que tomaron “malas
decisiones” o delgadas por haber tomado “buenas decisiones”. No obstante, la
“obesidad” se entiende culturalmente como una condición con dos causas: comer
demasiado y moverse muy poco. Reconocer que la gordura no es un fracaso personal,
podría ser un primer paso para abogar por el trato digno hacia las personas gordas

35
(Gordon, 2020) Audre Lorde dijo: “No son nuestras diferencias lo que nos divide. Es
nuestra incapacidad de reconocer, aceptar y celebrar esas diferencias” (Taylor, 2021)

6.4 Rol del Psicólogo

Puhl (2013) a través de sus investigaciones da cuenta como las personas gordas
que internalizan la discriminación por peso tienen autoestima más baja, niveles más altos
de depresión y ansiedad, y empeoran la salud en general. Más aún, alerta sobre un
conglomerado de factores de riesgo como enfermedades cardiovasculares, diabetes y
accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, en sus investigaciones concluye que el
verdadero riesgo para la salud entonces no sería la gordura, sino experimentar
discriminación e internalizar el estigma.

Esto tiene sentido si pensamos los estereotipos hacia las personas con “sobrepeso”
u “obesidad” que señalamos anteriormente como la pereza, no tener voluntad, poca
inteligencia, falta de autodisciplina para cumplir tratamientos para perder peso (Puhl,
2001). Estos estereotipos son los que dan paso al estigma, los prejuicios y la
discriminación contra las personas obesas, que según reporta su investigaciones
provienen de en múltiples dominios de la vida, incluidos el lugar de trabajo, los centros
de atención medica, psicólogos, las instituciones educativas, los medios de comunicación
e incluso en las relaciones interpersonales cercanas.

A pesar de varias décadas de literatura que documenta el estigma del peso como
un problema social esta forma de estigma rara vez se cuestiona en la sociedad y sus
implicaciones para la salud pública han sido ignoradas. Peor aún, se suele culpar a las
personas con “obesidad” por su exceso de peso, en donde muchas veces se piensa que la
estigmatización es justificable y tal vez necesaria (Puhl, 2010) Es decir, el estigma por
peso se piensa como una herramienta útil para motivar a las personas con “obesidad” para
que adopten comportamientos de estilo de vida más saludables. Sin embargo, las
investigaciones presentes afirman que la “obesidad” es causada por la interacción entre
el medio ambiente, la genética y tiene poco ver con la pereza o la gula. Así pues, las
causas ambientales tienen un gran impacto en nuestro peso y eso incluye donde vivimos,

36
el acceso que tenemos a los alimentos, nuestro nivel de ingresos, el nivel de estrés
producidos por la discriminación y opresión del sistema (Kolata, 2016)

Por eso, para pensar cuál es el rol del psicólogo y de los profesionales de la salud
en general en relación a la discriminación por peso, es importante plantear como afirma
Contrera (2016) que la percepción social de la gordura y su calificación negativa no
pueden quedar reducidas a un problema personal íntimo, individual. Ser gordo y que eso
no avergüence de diferentes maneras no es una tarea personal a ser superada en soledad.

Sin embargo, en la practica los profesionales de la salud también han internalizado


estereotipos y juicios dañinos sobre las personas gordas. Pero a diferencia de las personas
que no trabajan en salud, los psicólogos, médicos, enfermeros y todos aquellos
diagnostican y tratan pacientes, están en posiciones de poder respecto del paciente y su
salud.

Phelan (2014) manifiesta que los médicos de atención primaria ven a la


“obesidad” como un problema de comportamiento en gran medida y comparten los
estereotipos negativos de la sociedad sobre las personas obesas. Según su investigación,
más del 50% de los médicos describieron a los pacientes gordos como "incómodos, poco
atractivos, feos e incumplidores" … "de voluntad débil, descuidados o perezosos".
Asimismo, el 74% de estudiantes de medicina exhibieron actitudes de discriminación por
peso que empeora en el transcurso de la escuela de medicina. Lo cual daría cuenta de un
sesgo biologicista del MMH en la formación del médico, que deja por fuera otras
variantes relevantes cruciales para pensar la salud de forma integral.

Como profesionales de la salud no podemos permanecer en silencio sobre el tema


del estigma del peso. Tomiyama (2018) asegura que las personas que informan haber
experimentado discriminación por peso tienen un 60% mayor de posibilidad de morir,
independientemente del IMC. Esto significa que la gordofobia y no la gordura en sí, puede
ser el mayor riesgo para la salud de las personas gordas. Así mismo, según las
investigaciones de Philippa (2011) encontraron que solo una conferencia sobre el estigma
del peso reduce significativamente el sesgo gordofobico de los estudiantes de psicología.
Otros estudios similares mostraron que solo un video de 17 minutos es suficiente para
que profesionales de la salud redujeron el sesgo implícito, aunque sus actitudes implícitas
permanecieran intactas (Judy, 2013 y Yasmin, 2013). Finalmente, un metaanálisis de
investigaciones encontró que si bien el sesgo por peso no puede ser erradicado por

37
completo, si conduce a pequeños a moderados cambios en la actitud que dado el estigma
que enfrentan los pacientes podría generar un gran impacto (Lee, 2014) De las evidencias
anteriores se desprende la idea de que es necesario participar en conversaciones sobre la
discriminación para reconocer y deconstruir aquellos discursos que juzgan y marginan a
las personas gordas, ya que de caso contrario se corre el riesgo de ser participantes activos
de perpetuar y expandir la gordofobia.

Desde un enfoque de derechos es posible concebir la dimensión subjetiva, en


donde el sujeto es un sujeto de derechos que porta saber sobre su proceso de salud, ya que
la misma está determinada por la cultura, por la sociedad, el momento histórico y las
experiencias de cada persona. El ejercicio profesional y de las prácticas deben ser
consistentes con el marco legal argentino que aboga por la no discriminación de los
pacientes. Esto incluye la no patologización de las diversidades, y en particular no
etiquetar a personas gordas como enfermas. El uso del IMC representa un obstáculo para
superar los estereotipos negativos acerca de la gordura. Todas las personas tienen derecho
a acceder a la salud con el mismo cuidado y respeto.

6.4.1 El concepto de Autoestima Política

La autoestima es un concepto fundamental de la subjetividad del ser humano, pero


su estudio en la psicología se ha hecho principalmente desde una perspectiva
individualista. Rutsztein (2002) sugiere que es necesario tener en cuenta los mandatos
mandatos de belleza que vienen desde principio del siglo XX y en donde el mandato de
delgadez se ha convertido en un símbolo de status y reconocimiento. Es durante la niñez
y la adolescencia que estos modelos interiorizados, especialmente en el caso de las
mujeres y suponen un factor de riesgo para el desarrollo de alteraciones de la imagen
corporal y para trastornos de la conducta alimentaria (Mora, 2008) En los últimos 20 años,
la incidencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) - anorexia nerviosa,
bulimia nerviosa y trastornos alimentarios no específicos - se incrementó de modo
notable. Este hecho se relaciona fundamentalmente con el fenómeno que se produjo en la
sociedad contemporánea, que se caracteriza por una tendencia hacia un modelo estético
de cuerpo delgado (Paredes, Nessier y Gonzalez, 2011)

Un estudio sobre el autoestima e imagen corporal de Nurea Ugarte (2021) indica


que el 99% de las encuestadas afirmó que se ha sentido disconforme alguna vez con su

38
apariencia física, siendo los 12 años la edad promedio en donde las mujeres señalan
haberse sentido disconformes por primera vez con su apariencia física. Adicionalmente,
frente a la pregunta ¿Cuál es la primera palabra que se te viene a la cabeza cuando te
miras al espejo? (Una palabra). Las palabras más recurrentes en las respuestas fueron
“Gorda” y “Fea”. Al 60,3% de las mujeres se les vienen palabras autoagresivas cuando
se miran al espejo, tales como “Cerda, asquerosa, deforme, demacrada, deteriorada,
imperfecta, incompleta, insuficiente, repudio, vaca, indeseable, decepción”.

Los resultados dan cuenta que no es posible seguir entendiendo la autoestima


como un proceso individual. Según afirma Ugarte (2021) la autoestima es un factor clave
en la construcción de la personalidad, por lo que no debemos seguir viéndola cómo una
característica aislada, sino más bien como un fenómeno colectivo, político. Desde su
investigación postula que la autoestima política implica un proceso de comprensión y
toma de conciencia mediante el cual se resignifica aquellos dispositivos de control y
subordinación en nuestra cultura que son utilizados para lucrar con las inseguridades. Por
eso para construir una autoestima sólida y crítica, es fundamental entender, según la
autora, que la autoestima también es un derecho para la dignidad. Esta resignificación se
logra a través de resistir propositivamente a la hegemonía de ser mujer impuesta por roles
y estereotipos de género. Graciela Morgade (2006) destaca la importancia de la
perspectiva de género para abordar la educación sexual en el ámbito educativo para
visibilizar las expectativas sociales, los estereotipos y desigualdades.

6.4.2 Acerca del Bullying


La psicóloga Alejandra Benz es una escritora, lesbiana y activista gorda organiza
acciones para visibilizar la temática y prevenir el bullying en las escuelas. Benz (2021)
plantea que la primera estrategia tiene que ver con despatologizar la gordura, y para eso
es necesario implementar una ESI transversal, interseccional que considere la diversidad
corporal. La psicóloga da cuenta como en las infancias es difícil para los niños expresar
el malestar cuando la persona es subjetivada como gorda ya que están convencidos que
su cuerpo es un error o algo a modificar. Como resultado, cuando ocurre el bullying los
niños reconocen que esta bien lo que el otro le está diciendo ya sean sus compañeros,
docentes o familiares, pues como vimos anteriormente no solo hay falta de representación

39
de los cuerpos gordos, sino que además hay repetición incesante del mandato de delgadez
como aquello saludable, digno y bello.

¿Es la pérdida de peso una solución al acoso escolar? El mensaje muchas veces es
“si no te gusta la violencia que recibes entonces deberías de bajar de peso”, pero esa es la
lógica del abuso, pensar que las personas provocan la violencia que reciben. Como si los
niños fueran culpables de su propio sufrimiento. Lo cual fundamentalmente absuelve la
responsabilidad institucional que permitiría identificar esto como un problema social y
no individual (Gordon, 2020). Como así también, imposibilita reflexionar acerca de las
creencias y prejuicios violentos que silencian y aíslan a los niños y adolescentes gordos.

Actualmente no hay investigaciones que ilustran que las dietas logren una pérdida
de peso a largo plazo. Por el contrario, la dieta constante puede dificultar la pérdida de
peso, ya que nuestros metabolismos se defienden, buscando la estasis de un cuerpo
familiar y más. (Gordon, 2020) Muchas veces las recomendaciones que se hacen a niños
y adolescentes son acciones que para una persona delgada se asocia con un posible
trastorno de conducta alimentario como por ejemplo contar calorías, hacer ayunos,
eliminar alimentos de la dieta, pesarse diariamente, hacer ejercicio de forma compulsivo,
etc. (Lobaton, 2021).

Fothergill (2016)) realizo un seguimiento por 6 años a los participantes de “The


Biggest Loser” (su versión argentina sería “Cuestión de Peso”) que pasaron 30 semanas
a dieta y ejercicio intensivo durante la emisión del programa. De todos los participantes
solamente 1 (uno) logró mantener un peso similar, los demás recuperaron la totalidad de
grasa corporal que habían perdido. Pero el descubrimiento fundamental fue respecto de
su metabolismo que pasó de 2608 calorías a 1950. Esto significa que su adaptación
metabólica desciende, provocando al cuerpo un daño irreparable. Los resultados de esta
investigación sugieren que no solo es improbable la pérdida a largo plazo, sino que la
dieta restrictiva para perder peso puede resultar peligrosa para la salud especialmente en
niños y adolescentes. En efecto, subir y bajar de peso de forma continua se encuentra
asociado con mayor riesgo de enfermedad cardiaca y paro respiratorio en mujeres y
mayor riesgo de muerte independiente del género (Montani, 2015) Otro meta estudio
confirma lo anteriormente dicho en donde analizaron 31 estudios de personas que se
sometieron a dietas, y llegaron a la conclusión de que la mayoría de las personas

40
recuperaron todo el peso, y más. La pérdida de peso sostenida se encontró solo en una
pequeña minoría de participantes, mientras que la recuperación completa se encontró en
la mayoría. De este modo llegaron al resultado de que las dietas no conducen a la pérdida
sostenida de peso o beneficios para la salud de la mayoría de las personas (Wolpert, 2007)
De igual manera, recientes investigaciones corroboran que no existe una sola forma
efectiva de perder peso a largo plazo (por más de cinco años), aún cuando la cultura
popular se esmera por hacernos creer lo contrario, lo cual afecta la salud mental de las
personas gordas que nunca alcanzan el “peso saludable” (Mann, 2017). Al mismo tiempo,
investigadores afirman que las dietas son un factor de riesgo para los trastornos de la
conducta alimentaria. Mientras más joven sea una persona cuando haga su primera dieta,
habrá mayor probabilidad de que desarrolle un TCA (Neumark-steiner, 2006).

De estos datos se desprende que la pérdida de peso a través de la dieta no solo no


es sostenible en el tiempo para la gran mayoría de personas, sino que además podría
acarrear consecuencias dañinas para la salud. Por lo tanto, la prescripción para perder
peso como un camino a la salud estaría relacionado con una mayor estigmatización. Los
datos sugieren que se necesita un enfoque diferente para fomentar la salud física y el
bienestar de los pacientes y las comunidades.

6.4.3 Nuevas perspectivas para la Educación Sexual Integral

La ley de Educación sexual Integral es un buen punto de partida para que los
estudiantes puedan pensar nuevas formas de habitar sus cuerpos pues ofrece recursos para
problematizar los modelos hegemónicos de belleza, los mensajes de los medios de
comunicación y los discursos biomédicos sobre las dietas (Crotta, 2021). Es necesario
cuestionar las formas de reproducción de ciertas violencias que se encuentran
invisibilizadas y que representan un riesgo para la salud.

Cuidar el cuerpo y la salud, uno de los ejes de la educación sexual integral, no


hace referencia solamente a la dimensión biologica sino también al reconocimiento de la
salud física y emocional. Mc Cormack (2021) afirma que un cuerpo hegemónico no es
saludable si no es feliz, si no tiene paz mental y se ve impelido a sostener la perfección,
la juventud, la ternura. Como así tampoco, una persona puede ser feliz cuando su
identidad es violentada, discriminada o invisibilizada.

41
En este sentido, la escuela no puede hacerse la desentendida en el análisis del
discurso de odio y su injerencia en el autoestima. Es necesario visibilizar y devolver la
voz a todos aquellos grupos que han sido silenciados a lo largo de la historia para que
todas los niños, adolescentes y adultos tengan su espacio. Para esto es necesario una ESI
que incluya la diversidad corporal, lo cual implica una perspectiva interseccional de las
injusticias sociales que atraviesa la identidad de cada persona. Esto significa
problematizar no solo los cuerpos gordos, sino todos aquellos que son diferentes permite
abrir paso a conversaciones sobre privilegio, poder, historia, cultura, dolor e injusticia.
Esto es fundamental para crear espacios educativos que no vulneren derechos, y en donde
no se menosprecie a los cuerpos según su raza, edad, talla, género, capacidad, orientación
sexual, religión, estado de salud mental o cualquier otro atributo. Como plantea (Taylor,
2021) desmantelar la vergüenza corporal es un proceso de desadoctrinamiento que
requiere que excavamos los pensamientos que tenemos internalizados respecto a los
cuerpos y expulsemos a las voces de la jerarquía, la vergüenza y los juicios de valor.
Subiendo el volumen a la singularidad de cada persona.

7. Conclusión

A modo de conclusión, resulta relevante destacar que a pesar de las numerosas


investigaciones que señalan que el estigma por peso puede ser perjudicial para la salud,
aun desde el MMH se continúa trabajando desde la perspectiva pesocentrista, haciendo
uso del Índice de Masa Corporal. Como hemos señalado, el IMC es una herramienta
imprecisa para medir la salud de una persona ya que implica un reduccionismo que no
tiene en cuenta la multiplicidad de factores involucrados en la salud de las personas.
Perpetua el estigma y la discriminación ya que sirve para jerarquizar, etiquetar y segregar
a las personas en categorías que se “desvían” del normopeso, como así también a mujeres,
personas no binarias, afrodescientes, indígenas, niños o cualquier persona que no
responda al parámetro de hombre cis blanco europeo. Más aún, se utiliza para negar a las
personas derechos humanos básicos, como el acceso a la salud y a no ser discriminados.

Por estos motivos, el IMC es un indicador no solo androcentrista, sino también


racista, clasista y eugenésico. Como plantea Stolkiner hay una necesidad de ser

42
indisciplinados frente a las disciplinas. Es necesario destacar el estigma de peso como un
problema de justicia social, que debe ser una prioridad para el campo de la salud pública.
Como afirma el manifiesto del día contra lucha gordofobia (2022) las personas gordas
merecen recibir atención e intención de tratamiento médico, y son muchas las personas
gordas que no piden ayuda a un médico o psicólogo porque ya han recibido múltiples
mensajes de que su peso es la única causa de su malestar.

Según lo expuesto, es necesario avanzar hacia un nuevo paradigma que no valore


el peso corporal como un requisito para la dignidad o respeto. Debido al estigma y la
discriminación, existe aún poca investigación sobre cómo mejorar la calidad de vida de
las personas gordas que vaya más allá de una recomendación de pérdida de peso. Por ello,
es preciso pensar espacios que permitan desplegar miradas no patologizantes sobre las
diversidades corporales. Para poder emanciparse de los mensajes sociales que violentan
y discriminan y a su vez, poder reconocer que las experiencias de discriminación son
especificas y no tienen que ver con problemas individuales, con falta de voluntad o
debilidad, sino mas bien, con discursos de odio que se imbrican en la vida cotidiana.
Como hemos visto, una de las formas más sutiles de aparición es la “preocupación por la
salud” que pone su carga moral sobre la persona y jerarquiza los cuerpos despreciando a
aquellos que difieren de la belleza hegemónica. Al contrario, la preocupación por la salud
tiene una forma amorosa, que es humilde, que acompaña a la persona en el camino que
le toque transitar (Hollowell, 2017).

En este sentido, consideramos en primer lugar, que si bien la ESI es un pilar


fundamental para acompañar de forma temprana estos procesos, actualmente no es
suficiente. La ESI promulgada en el 2006 se inscribe dentro de un marco de políticas
públicas relacionadas con la inclusión, la equidad y el ejercicio de los derechos que
buscan asegurar un abordaje integral de las dimensiones humanas, aún su implementación
no ha sido sistematizada de forma exitosa. Mas aún, su curricula no incluye una mirada
interseccional que permita visibilizar la discriminación hacia las diversidades corporales
en su conjunto. En este sentido, cabe señalar que el bullying engloba, entre otras formas
de discriminación, los ataques gordofóbicos contra las corporalidades gordas en las etapas
de la infancia y adolescencia. Como consecuencia se puede producir un menor
rendimiento escolar, baja autoestima, aislamiento, entre otros. Por ello es necesario,
visibilizar la importancia de que tanto niños, adolescentes y docentes tengan espacios

43
para hacer circular la palabra y reflexionar acerca de las distintas formas de
discriminación que afectan la intersección de identidades, y por lo tanto la sociedad en su
conjunto.

Adicionalmente, es preciso sostener una mirada crítica del MMH que desde una
mirada biologicista de la salud, ha legitimado la gordura como una epidemia, como una
enfermedad y un problema a intervenir. Desde una mirada contra hegemónica debemos
problematizar todos aquellos discursos que se presentan como bastión de objetividad ya
que se han establecido de forma arbitraria como una única verdad, en este caso el mandato
de delgadez. Todo ello estigmatiza a las personas que existen y que no responden y
obedecen a los mandatos culturales de turno, de cada momento socio-histórico.

Por todo lo antedicho, desde la psicología es necesario promover el respeto por la


diversidad corporal. Es nuestro rol generar condiciones de posibilidad para construir a
partir de cada singularidad nuevos horizontes que permitan salir de la lógica que
jerarquiza una singularidad por encima de la otra. En la medida que las diferencias sean
invisibilizadas o patologizadas, no habrá lugar para problematizar este enfoque y tomar
acción en contra de la discriminación y favor de los derechos de las personas. Cómo
tratamos a la diferencia, ya sea en la escuela, en el trabajo o dentro del consultorio puede
o bien reforzar las jerarquías basadas en el cuerpo o bien desarmarlas. Es fundamental
desmantelar la violencia psicológica y física, tanto estructural como sistemática que se
ejerce contra todos los cuerpos, en reconocimiento como afirma Costa (2019) de que la
diversidad somos todos.

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