¿Qué es liderar?
En definitiva, el liderazgo busca mejorar las prácticas educativas, elevar los estándares e indagar
sobre los mejores desempeños, explorando nuevos caminos de acción, posibilitando nuevas
comprensiones e incitando los circuitos más profundos de aprendizaje. Incorpora como filosofía el
aprender a lo largo de toda la vida. Implica diseño, formación y estar al servicio del proyecto, por lo
que tiene capacidad de prestar atención al cambio o de poner el énfasis en el cambio y no en la
continuidad lineal. Se involucra en la reconstrucción constante del sentido. También liderazgo es la
capacidad de retomar la práctica, lo cotidiano, y unirla con la visión de futuro. Es recuperar lo simbólico,
lo correcto, lo que queremos lograr. Permite pasar de las denominadas teorías declaradas a las teorías
en uso que actualizan el desempeño, reinterpretan lo cotidiano, encarnando a su vez el mediano y el
largo plazo. Aprender a pensar en términos de cultura y no de estructura formal puede resultar raro,
hasta que lleguemos a arraigar nuevos enfoques en la cultura de trabajo escolar; por ello el problema
no es administrar el cambio sino liderarlo y darle sustento en una buena gestión escolar. Se vincula
con la capacidad de concebir procesos de sensibilización y convocatoria a trabajar en colaboración
con otros –además del aporte individual— en el logro de los fines y los valores generalmente
sepultados en el laberinto de las prácticas cotidianas. Desde el papel del liderazgo, los directivos
promueven la comunicación y el sentido de los objetivos que, en el futuro inmediato, en el mediano y
en el largo plazo se tratan de lograr. Las afirmaciones que venimos realizando redefinen la razón de
ser y la misión del equipo de dirección de las escuelas, ya que lo primordial parece relacionarse con
las dinámicas de los procesos de aprendizaje de los integrantes de la institución, por lo que, a su tarea
de tomar decisiones y atender los problemas, se les suma –en estos tiempos de evolución de la
profesión docente– de la escuela para afrontar nuevas maneras de encarar los obstáculos. En este
sentido, los equipos directivos requieren de espacios de formación y reflexión para ampliar su
comprensión sistemática sobre lo que ocurre –o no- en la escuela. Los directivos lideran movilizando
una visión de futuro compartida de aquello que se intenta lograr juntos, articulando una búsqueda
conjunta de los integrantes de la organización ante los desafíos juntos, no visiones que deslumbren y
paralicen al conjunto de aprender para enseñar. Visiones de futuro que iluminen el tránsito a
emprender juntos, no visiones que paralicen al conjunto participante. Visto desde otro ángulo, el
liderazgo del que es responsable el equipo de dirección de escuela e inspirado en una visión de futuro
compartida apunta a generar comprensión, mayor sentido de pertenencia, una favorable certidumbre
sobre el desafío a encarar en lo educativo y esto facilita la participación y un mayor compromiso de los
docentes. Compromiso basado en un mayor clima de confianza, de consulta, clima de exploración,
clima de trabajo donde es posible pedir ayuda y habilitar lo que no se sabe resolver. Y esta cultura de
trabajo abre la posibilidad de ampliar las respuestas, de ampliar la libertad de acción, así como la
responsabilidad por la realización de acciones más reflexivas y conscientes en la búsqueda de influir
políticamente en la vida de los estudiantes.
“El liderazgo de las escuelas no es simplemente una ciencia aplicada. Implica más que la posesión y
aplicación de una serie de conocimientos, habilidades o predisposiciones para ser reflexivo o
colaborativo. Supone tanto ‘hacer las cosas correctas´ como ‘hacer las cosas correctamente’. Implica
una combinación de corazón, cabeza y manos” (Day, May y Whitaker, 2002, p. 101). En este sentido,
los directivos son agentes vitales en la re-creación de las condiciones que posibiliten mejoras e
innovaciones, y básicamente en la transformación de la cultura de trabajo de la escuela hacia culturas
más colaborativas. Sintetizando: liderar es una manera de pilotear la turbulencia, el giro de la historia
y su impacto en las escuelas. Es una aptitud clave para la dirección de escuelas. Constituye una
manera de colaborar a entender y desarrollar su potencial creativo propio y de los demás. Ofrece una
fuente de recursos para encontrar soluciones innovadoras para problemas difíciles. Además, provee
un medio para dar a la gente la capacidad de confiar en sí misma y de encontrar nuevas funciones en
un mundo caracterizado por el flujo y el cambio. La cuestión fundamental consiste en desarrollar
capacidades para la imaginación y la creación en la práctica y, en ese camino desarrollar nuevas
aptitudes centrales para maniobrar las demandas de un mundo turbulento. Es aprender a desarrollar
nuevas formas de pensar acerca de sí mismo y de su organización, explorando modos creativos de
poner en movimiento el cambio, percibiendo una nueva visión de la institución, de manera tal de lograr
la flexibilidad y la innovación. El liderazgo –desde este presente– siembra futuro, indagando qué tiene
que cambiar y qué puede permanecer. Crea confianza para emprender el rumbo, da la oportunidad de
orientar en colectivo ese rumbo, multiplica los lenguajes para llegar a todos, comunica ideas y prácticas
en búsqueda de mejora, apunta al desarrollo profesional que ninguna escuela puede desdeñar
creando las condiciones y los climas para brindar la oportunidad de generar el mejor clima de trabajo
y aprendizaje.