TERMINOLOGÍA.
TERMINOLOGÍA ONTOLÓGICA.
El nombre filosófico genérico para todo lo que es o puede ser, es el de ente.
En todo ente se pueden distinguir dos aspectos o momentos: su esencia
(quididad, ser así, esencia, naturaleza, forma de ser de las cosas), lo que es ; y su
existencia, que consiste en que el ente es.
La ontología busca dar respuesta a inquietudes que van más allá de lo
alcanzable en el mundo natural. Además de estar cerca de la metafísica, también
se codea con la teología. Una de las preguntas que se hace es: ¿Qué queremos
decir cuando afirmamos que algo “es”?
El término “ontología” viene del griego tou ontos logos, que significa
“estudio del ente” o “estudio de lo que existe”. De su origen etimológico se
deriva su campo de estudio, que es el estudio del ser como característica común a
todo lo que existe.
La ontología nació mezclada con la Metafísica. Aristóteles llamó ontología
a la filosofía primera, a la que también llamó metafísica. Sin embargo, y aunque
en su principio la metafísica estudió al ser en general, la ontología sufrió varias
transformaciones que le permitieron desarrollar su propio objeto de estudio.
La ontología busca dar respuesta a inquietudes que van más allá de lo
alcanzable en el mundo natural. Además de estar cerca de la metafísica, también
se codea con la teología. Una de las preguntas que se hace es: ¿Qué queremos
decir cuando afirmamos que algo “es”?
Problemas ontológicos
Los “problemas ontológicos” son los problemas que surgen al intentar definir
al ser y a la esencia de algo.
En todo caso, el problema ontológico más importante es la pregunta por
el ser. ¿Qué es el ser? ¿Qué es lo que hay? ¿Qué queremos decir cuando
decimos que algo es?
Al mismo tiempo, existen problemas ontológicos particulares, en los que la
ontología trabaja con otras disciplinas como la psicología y la epistemología.
Algunos de estos problemas son:
Los universales y los particulares. Este problema plantea cómo puede
haber características generales de las cosas que pueden ser ejemplificadas por
varios particulares. Por ejemplo, el color rojo, como característica universal de
algo, está en simultáneo en el tomate y la fresa, que son cosas particulares. Una
forma de responder es planteando que el universal «rojo» existe,
independientemente al particular.
Las entidades abstractas. Este problema afirma que existen dos tipos de
objetos: los concretos y los abstractos. La pregunta es cómo saber dónde está la
línea que separa la realidad abstracta de la concreta y, también, en qué momento
un objeto pasa a ser de uno u otro tipo.
Por ejemplo, cuando dos personas se aman, cómo pueden saber si el amor se
da en un gesto concreto o es una abstracción que describe lo que sienten.
La identidad. Este problema trabaja con la idea de persistencia: ¿en qué
sentido podemos afirmar que dos objetos, en distintos momentos, son el mismo
objeto? A esto se le llama “identidad diacrónica”.
La idea clave es la persistencia: aunque las cosas cambien, hay algo que
“permanece” y nos permite decir que se trata del mismo objeto o individuo a lo
largo del tiempo.
Dualismo mente-cuerpo. Este problema plantea la relación entre la mente
(o el alma) y la materia. ¿Son la misma entidad? ¿Se los puede separar o se los
debe considerar como entrelazados? Descartes (1596-1650), por ejemplo, habló
de dualismo para explicar la distinción entre lo material y lo mental.
El dilema de los agujeros. Este problema trabaja con la idea de un
agujero como un vacío en la materia, y se pregunta de qué están hechos los
agujeros. ¿Cómo pueden percibirse, si están compuestos de “nada”? ¿Cómo es
posible que hablemos de ellos como si fueran objetos comunes?
En resumen: los agujeros son ausencias convertidas en presencias
lingüísticas, y la pregunta es si realmente “existen” como cosas o solo existen
porque los nombramos.