El Imperio Blanco
El Imperio Blanco
En un lugar del mar hay una isla nombrada como “Isla de los escombros blancos y el polvo rojo”.
En ese lugar todo lo que queda son las ruinas de lo que fue una vez un “Imperio”. El llamado
“Imperio Blanco” fue destruido en un solo día, dejando sepultada su “extraña” civilización. Todo
por lo cual sus “mujeres” lucharon durante siglos se perdió, pero por primera vez el mar se abrió
dando paso a la libertad. La isla sobre la cual se erigió este imperio estaba sellada herméticamente
y separada del resto del mundo, solo algunos viajeros del mar y “seres muy raros” lograron hacer
estancia en ella y documentar algunas de sus “extrañas tradiciones”.
—Los hombres visten y actúan como “señoritas”, las mujeres visten y actúan como “hombres”—
El “Imperio Blanco” era un Matriarcado donde las hembras eran como las abejas laboriosas y los
machos como los zánganos. Los papeles estaban completamente invertidos. Los viajeros recién
llegados del mundo exterior no entendían como podía funcionar tal administración, ¿Qué sentido
tenía tratar a los hombres como “señoritas” mientras que las mujeres que daban a luz, mantenían
la guardia vigilante? ¿No era eso irracional, naturalmente hablando? Sin embargo, después de
hospedarse en la isla unos días, los viajeros descubrían sus “oscuros” secretos y las razones por las
cuales debían abandonar el lugar lo antes posible.
La isla estaba rodeada por una “extraña” atmósfera que descendía y se tornaba en forma de una
bruma roja. Esto fue lo que los viajeros catalogaron como “el gran enemigo” de esta sociedad
invertida y a la vez la fuente de su poder, del poder de las mujeres que no podía ser dominado por
los hombres. Todos los regimientos de la isla estaban basados en el “comportamiento” de esta
“extraña” neblina, habían marcados horarios y horas pico, aun así era difícil pronosticar el
surgimiento de este “fenómeno”. Realmente, era una niebla asesina capaz de aniquilar los huesos
desde adentro, romper la carne y comprimir todo el cuerpo hasta explotarlo. Las escenas de la
acción de este fenómeno eran devastadoras a los ojos de los viajeros, quienes normalmente no
eran advertidos.
Sus gritos llenaban las noches junto al ladrido de los perros, los perros eran muy comunes en la
isla, por las noches ladraban las jaurías y eso era considerado bueno. Los perros no eran
alcanzados por la bruma. Los que gritaban eran quienes no habían sido alcanzados por ella, los
otros ya no podían gritar ni moverse, solo esperar a que sus cuerpos se rompieran en pedazos,
ante este panorama, los viajeros tocaban muchas puertas con gritos de desesperación, pero nadie
las abría y empujarlas era imposible. La hospitalidad hacia los extranjeros, era una cualidad
indeseada.
De hecho, la razón por la cual no los mataban desde un principio, era porque sabían que
eventualmente morirían o se lanzarían al mar en una balsa después de volverse locos por todo lo
que sus ojos pudieran ver.
En la mañana, después de rasparse la garganta de tanto gritar, con los ojos bien abiertos sin haber
podido bajar la guardia un solo momento y con los pies cojos y arrastrándolos por las losas y
escalinatas de la ciudad superpuesta en forma de pendientes, ellos esperarían ver a los perros
comiéndose los cadáveres, arrastrando los trozos, una pierna, una mano, pero no había nada
como eso, las losas de las calles permanecían limpias y blancas, impecables como las admiraron
antes de entender sus secretos.
Solos y llorando tirados en la calle, se secarían un rato hasta volverse locos, incapaces de
comprender este nuevo mundo. La mayoría de los viajeros de alta mar creían en los dioses y sobre
todo en Poseidón, estaban familiarizados con las invocaciones, no eran excépticos hacia lo
fantástico pese a que probablemente casi ninguno haya experimentado algo extraordinario, sin
embargo cuando se está en el mar, cualquier hecho benevolente de las mareas puede sentirse
milagroso como un regalo de los dioses. Los viajeros y navegantes siempre sueñan en secreto
encontrarse islas míticas y llenas de tesoros, esta a primera vista con sus estructuras blancas
erigidas en capas parecía una de ellas.
En el preciso momento en que pusieron sus pies sobre tierra supieron que había algo mal. Esos
“seres” de vestimenta rara, que se movían libremente y con resaltada agilidad por los espacios
blancos de lo que parecía una “ciudad” central, eran seres de pechos colgantes, o sea, a sus ojos
eran mujeres, la ropa que usaban estaba entallada a sus cuerpos lo cual eran una rareza para estos
viajeros y navegantes que usaban túnicas y sayuelas con sandalias.
Los “seres”, en cambio, calzaban algo que cubría sus pies hasta la rodilla y los había en tres
colores: blanco, negro y marrón. “Ellos” no sabían que este tipo de calzado se llamaba “botas”
pero solo con verlos entendieron que eran mucho más útiles que los que tenían. La agilidad de los
pedazos de tela pegados a los muslos de las mujeres también llamó su atención. La parte de arriba
también les resultó interesante además de “indescifrable” al ser el prototipo de una camisa blanca
abotonada al frente pero amarrada con un chal negro o rojo a la cintura, debajo, los “pantalones”
podían ser marrones, negros o carmesí.
Esta vestimenta “astuta” les parecía impresionante. Por otro lado el objeto en forma de “bastión”
que portaban les resultaba “gracioso” Siempre había sido conocido que las mujeres tenían poco
fuerza, era evidente al ojo humano. “Estas” ni siquiera tenían músculos definidos como las
afamadas amazonas. ¿A quién se atreverían a golpear? Quizás solamente eran muy ágiles para ser
alcanzadas de manera fácil ¿Acaso era ese su punto fuerte? ¿Dónde estaban los hombres de la
isla? Se preguntaron todos “ellos” en algún momento antes de avanzar hacia esta civilización,
antes de avanzar a la “tragedia” encerrada en esta civilización.
A parte de este “bastión” también llevaban otro artefacto que parecía un “minibastión”, pero este
era “curvo” a sus ojos, más bien parecía doblado. No era un boomerang como ya conocían, era
algo negro, que definitivamente no era madera ni a primera vista un metal que conocieran.
¿Entonces que era? Debían conocer las armas de sus “posibles enemigos”. El uso de esta escapaba
a su imaginación, porque de ser un objeto para golpear a otros, era demasiado corto y tosco, pese
a que se veía duro.
Sin embargo lo que más les sorprendió, fue un artefacto que se movía por sí solo y echaba aire,
esto si era realmente inédito para ellos, no parecía un ser vivo de ninguna manera, pero en su
percepción del mundo, solo los seres vivos podían moverse de esa manera ¿Qué era lo que
estaban viendo sus ojos? ¿Era algo especial creado por los dioses? ¿Era esta isla un lugar más
cercano al Olimpo y a la gracia divina?
Maravillados, intentaron acercarse en “son de paz” pero al hacerlo solo encontraron resistencia.
Estas mujeres eran de carácter duro y frío, les golpearon con los bastiones y les ahuyentaron como
perros, pero no les hicieron nada más. Desconcertados solo les quedaba caminar por las calles
blancas en busca de puestos de comercio donde pudieran intercambiar objetos de valor por
comida y provisiones, también con la esperanza de encontrar individuos menos austeros, de
preferencia si eran hombres. Pues por su cabeza solo pasaba un pensamiento: “Esas mujeres están
locas”
—No conocen los códigos ni de la moral ni del honor. Entre ellas misma actúan como en un nido
de serpientes y se muerden las colas.
Aunque en las calles veían varios puestos de comercio con lo que claramente eran sandías,
pepinos y otras aparentes frutas de aspecto muy extraño. Ninguna mujer quiso aceptar su
intercambio, enseguida levantaban el bastión, los viajeros se sorprendían de sí mismos al permitir
que estas féminas les intimidaran, pero no tenían el valor de contratacar ya que todo les resultaba
muy extraño y difícil de creer. ¿Qué tan fuerte podía pelear una mujer contra ellos? A eso no le
temían, pero estas mujeres controlaban una isla entera, no había hombres a la vista o no ser que
su nivel de control sobre las féminas fuera sorprendente y ellos permanecieran dentro de las
estructuras blancas mientras estas patrullaban las calles y hacían los trabajos forzosos, lo cual no
parecía ser el caso. Más bien los viajeros temían que estas mujeres tuvieran la protección divina
de cualquier diosa o dios. ¿De lo contrario como podrían vivir tan a sueltas sin temor a los raptos y
violaciones? Si quiera parecía haber hombres en la isla.
Podían tener la protección de cualquiera de estas diosas. Y ellos simplemente eran intrusos.
Después de ser rebatidos, lo único que les quedaba era caminar hacia los más alto donde por
lógica deberían residir los “dirigentes”. Estos hombres no tenían ninguna palabra femenina para
una mujer en el poder más que “reina o emperatriz” pero la sociedad era tan rara a sus ojos que
no creían que estos nombres fueran correctos para dirigirse al alto mando. Si el “alto mando”
resultaba ser un hombre, entonces se sentirían muy satisfechos. Sin embargo tampoco pudieron
subir como querían, fueron golpeados de nuevos. Llenos de ira e indignación a este punto más de
uno arremetería contra las mujeres, entonces ellas sacarían el raro “minibastión” y les apuntarían.
Ellos verían que en la parte de adelante este tiene un hueco.
Pensarían y luego caerían heridos de muerte por esta rara arma de largo alcance.
Los que observaban tal espectáculo rápidamente caían de rodillas y ponían sus manos en forma de
rezos—Piedad—clamaban al cielo, pues más que comprobado estaba por ellos que estas mujeres
no tenían misericordia, no eran capaces ni de la más mínima hospitalidad.
—Que molesto—hablaban algunas mujeres al ver los cuerpos frente a ellas, al parecer no estaban
acostumbradas a recoger cadáveres.
Respondió una mujer una vez como si fueran las palabras más normales entre amigas, mientras
que a su frente los demás hombres permanecían arrodillados y congelados por el impacto de tan
deshumanizadas acciones. Muchos de estos hombres se quedaban ahí esperando su pronta
muerte pero estas tan solo volvían a sus posiciones de resguardo. Ellos con el tiempo se
levantaban y vagaban por las calles, siendo más consientes de muchas otras rarezas y diferencias.
También se daban cuentan que mientras no le hablaran a ninguna mujer, ninguna les golpearía,
simplemente les dejarían pasar siéndoles totalmente indiferentes.
Resulta que no habían mujeres rubias, lo que veían raro al ser esta isla cerca de las tierras Itálicas y
griegas. Tampoco habían mujeres de pelo y piel tostado provenientes del sur. Todas eran blancas,
sus pelos alternando entre el negro y los castaños, sus ojos en cambio si eran muy variados en
colores, azules, verdes, marrones, avellana, grises. Algunas mujeres llevaban máscaras blancas,
estas caminaban con más dignidad como si fuera símbolo de alto rango. A veces si tenían suerte,
los viajeros podían observar a primer momento lo que a sus ojos parecía una “doncella o señorita
tradicional”. Entonces pensaban que al fin encontraban a una “mujer decente” en esta isla. Lo
único raro en el aspecto de estas señoritas era su pelo “poco natural” pues sus hebras eran
blancas, grises, plateadas o marfil. También usaban cintas en la frente de esos colores y sus
vestimentas eran igual de raras solo que estos si se podían catalogar como vestidos o túnicas.
Tal polarización social entre las “mujeres” les llevaba a los viajeros ciertos minutos de
comprensión. Un grupo les parecía muy deseable y el otro era extremadamente reactivo. Las
“pequeñas doncellas” ya que ninguna al parecer medía más de un 1.60, incluso llevaban flores en
sus cintas y vestimentas, eran “adorablemente” femeninas a sus ojos. ¿Qué marcaba entre el
grupo de estas “señoritas” y las otras? Las mujeres de vestimenta “rara” a sus ojos, no se veían
mayores, así que no era una cuestión de edad. Muchos viajeros morían sin saber la “diferencia”.
Los viajeros que en general lograban arribar a la isla eran muy pocos. Esto solo se producía debido
a pequeños e indeseables fallos en la barrera que protegía a la isla. No se esperaba a que ninguno
sobreviviera y ninguna mujer se compadecía de ellos por su “apariencia detestable”. Ante las
mujeres parecían “grotescos” con sus barbas, mandíbulas anchas, pechos, piernas y brazos llenos
de vellos. Algo a lo que las mujeres de la isla no estaban adaptadas a ver. Sus voces y formas de
dirigirse a ellas eran demasiado “brutas” aunque fuesen las más “pacíficas” que estos hombres
hubiesen podido encontrar. Totalmente inaceptables, sobre todo porque los hombres por
naturaleza tienen una forma desconsiderada de pronunciarse. Estas mujeres no tolerarían la más
mínima indiscreción hacia su persona, como un tono más alto de voz que no provenga de una
superiora. Sin embargo también hubieron hombres de “voces amables”, “miradas pícaras” y
aspecto “elegante” que pese a tener todo su cuerpo velludo suscitaron simpatía al ojo de muchas
mujeres.
—Llévame contigo, puedo ser muy útil, puedo, puedo ser un esclavo—hablaban los pícaros viendo
como muchos de sus compañeros “indeseables” fueron apaleados.
—Tampoco podemos “adoptar” a un “llegado del mar”, o nuestra isla podría empezar a podrirse.
Vuestra “sangre” es impura.
—¿Impura?
—En sí, los hombres tienen más dificultad para “limpiar” su sangre, pero alguien llegado desde
afuera está incluso más desconectado de lo divino.
—¿Los dioses? ¿Ustedes en esta isla tienen contacto con los dioses?
Las mujeres refugiaban a estos hombres en sus casas y les advertían que no podían salir ni abrir la
puerta pese a los gritos que podrían escuchar en las noches, mientras, ellas se encargarían de
buscar un bote que pudiera guiarlos hasta la salida de la isla. En las casas, ellos encontrarían
muchos objetos raros, como uno de esos artefactos que tenían las mujeres y se movían solos, pero
mucho más grandes. También había una “extensión blanca” y prolija donde se podía embarrar un
líquido negro, esto era parecido al papiro, pero definitivamente mucho, mucho mejor. Unas
piedras grandes amarillentas y color miel que les quemaron ligeramente la piel al tocarlas, los
objetos que se movían parecían estar conectados a estas, por eso se movían.
—Oh, por los dioses si tan solo lograra llevarme una de estas.
También todos los muebles hechos de madera eran increíblemente prolijos, los metales, lúcidos y
sin impurezas, lisos, no había relieve al tacto de los dedos, una maravilla. Las casas también
estaban llenas de plantas, aunque para la mayoría de los hombres esto era un detalle menor.
Anotaban las rarezas en sus diarios de marinos, hacían pequeños dibujos simbólicos, recordando
todo lo que debían contar cuando salieran de la isla.
Algunos viajeros se sintieron tan maravillados por este “nuevo mundo” que fue su deseo mortal
permanecer allí para siempre. Pero este deseo no podía cumplirse de ninguna manera. Incluso la
mujer más cautivada los enviaría de vuelta o se iría con ellos, sin embargo, al salir de la isla
cualquiera de estas mujeres olvidarían los conocimientos “místicos” y “divinos” que habían
adquirido dentro de ella, esto para conservarlos en “secreto” y alejados del mundo. Sin embargo
cualquier mujer que podía irse a la ligera con uno de estos viajeros a empezar una nueva vida era
definitivamente una mujer de rango menor o sin importancia ¿Qué tanto podría saber entonces?
Los viajeros antes de irse pretendían hacer el máximo de preguntas posibles.
Al hacer esta pregunta ellos esperaban escuchar como respuesta que “La Dalia” era la “Reina”,
“Dirigente”, “Gobernante”, “Emperatriz”, pero lo que todos escucharon fue.
—Entonces “La Dalia” no es como tú ni como yo, o sea, no tiene forma humana, podría ser como
una luz..
—No, la Dalia tiene forma de una mujer humana, pero su forma es más perfecta que la nuestra.
—Por encima.
Los hombres aun más intrigados desearían conocer a “La Dalia”, pero al igual que una audiencia
con el Emperador, sentirían inmenso pavor. Aunque las mujeres les advertían que no salieran,
después de todo eran hombres, no forma que obedecieran una simple orden por más de
determinada cantidad de tiempo. Volvían a recorrer las calles blancas, hurgando en los comercios
para ver las “manualidades” locales, notaban que a las mujeres les gustaba mucho un metal muy
luminoso, sus vasijas estaban hechas de este metal y no de barro ni arcilla. De hecho, casi nada era
de arcilla, después del metal lo que predominaba era la madera. Las frutas en los puestos eran
muy verdes, no habían colores “maduros”, solo frutas que por fuera eran marrón y por dentro una
masa colorada, rojo como el caqui, la cual se veía muy jugosa y apetitosa. Cual su labia claro que
podrían conseguir un pedazo de esta fruta y degustar su maravilla. Mientras se paseaban por estos
comercios podrían encontrarse con algunos de sus compañeros de viajes. Los verían en su mayoría
tirados en el suelo después de colapsar por el intenso nerviosismo al que pudieron estar expuestos
sus cuerpos por la noche. A otros los encontrarían sentados en el suelo, con sus piernas muy
cansadas por correr todo la noche como para ir al mar y ver si quedaba algo de los barcos en
donde arribaron a la costa. Estos tendrían los ojos muy abiertos, temblarían y dirían incoherencias.
—La, la, La, ¡La ira de los Dioses!—“gritarían” los otros casi sin voz, pero solo se escucharían como
el pequeño chillido de un gato bebé.
El “fenómeno” no se provocaba necesariamente por las noches y esto era una verdad cotidiana
que sabían las mujeres en su día a día, pero como los misticismos extranjeros repetían tanto: “no
salgas de noche”, “no salgas de noche’ pensaban que solo en la noche se aparecía este demonio
siendo provocado por los dioses oscuros, seres como Cronos o el vacío mismo de donde contaban
las leyendas que se originó el universo. Entonces por el día, era lógico pensar que estarían
protegidos bajo la influencia purificadora del Dios Sol, pero no era así, al menos no del todo. Era
una realidad, que la bruma tenía dificultad para manifestarse con la plena incidencia de los rayos
solares, pero bastaba la simple sombra de un árbol, o de una casa para que ocurriera, esto sin
contar, que a veces, bajo del mismo sol aparecía. Era una locura.
De hecho en la isla había un dicho: “No busquen predecir la bruma, no busquen predecir el caos,
entonces serán más felices”.
Pero ¿Quién podría decirles a los hombres que fueran felices? Este era un lujo que solo se podían
dar las mujeres en la isla.
Los viajeros “acogidos” investigarían mucho estas situaciones, ampliarían sus visiones con la
esperanza de recopilar la información más detallada sobre esta cultura en el menor tiempo
posible. Sus ojos también estarían muy pegados a las “señoritas”, a diferencia de las mujeres a las
que había seducido su labia, estas les hacían rechazo total, no eran capaces ni de emitir un leve
sonido grosero, como solían hacer las mujeres cuando se dirigían a ellas los hombres “grotescos”.
En cambio eran “silenciosas” y con sus vestimentas y cabellos de colores claros parecerían divinas
sacerdotisas. Muchos hombres llegaron a la conclusión de que la diferencia entre estas “señoritas”
y las mujeres estaba en el sacerdocio, claro, unas eran servidores públicos y civiles y las otras eran
“servidores divinos”.
Sin embargo, los que tuvieron la oportunidad de quedarse en una casa donde habitara una de
estas “señoritas” pronto descubrirían que la verdad no era otra más que:
Para entonces ya algunos se habrían “tocado” pensado en “ellas”, entonces no les hubiera
importado lanzarse a la bruma del asco.
—Qué crueles son estas mujeres al degradar a los hombres así, los han privado de su “hombría”,
no hay ningún sentido en que “ellos” actúen de esta manera. ¿Son una especie de perros? ¿Son su
circo? ¿Por qué ninguno mide más de 1:65? ¿Por qué sus cabellos están desteñidos?.
—Definitivamente están muy hermosos—pudo haber agregado uno, entonces todos los demás
hombres lo mirarían con extrañeza—Pero definitivamente no debería ser así—corregiría después
antes de ser apedreado por sus propios compañeros.
También notaron que todo lo que usaban estas “señoritas” a parte de flores, tenía patrones de
caracol terrestre o conchas de mar. La palabra ideal para referirse a ello sería: caracola. Forma de
caracola, un extraño símbolo que se repetía por toda la isla y del cual ellos no se olvidaron
preguntar.
—La “Caracola” simboliza la eternidad, tanto en el mar como en la tierra, muestran el flujo de la
vida y del mundo. El mar es como la eternidad, si te dejas llevar por sus olas, pueden llevarte al
“Inicio”. Ahí donde se formula todo, ahí donde todo adquiere forma por primera vez. Solo ahí
puedes sentir la verdadera libertad: Somos hijos del Mar, la existencia se originó en él.
—¿Entonces por qué las mujeres no lo usan? ¿Por qué solo los hombres lo hacen?
—“La Dalia” dijo que así estaba bien, además, si los utilizamos en algunas ocasiones: Ceremonias.
¿Podría ser que en los hombres este era un “objeto vano” y en las mujeres un “símbolo sagrado”
al que solo se recurría en ocasiones especiales? Si eso era así entonces mostraba lo ignorantes que
eran los hombres en esta sociedad.
“Todos conocen la verdad, pero casi todos la usan mal. No es solo conocer, también es saber
donde va cada una de sus partes”.
Los hombres de la isla al parecer conocían los significados de las caracolas, pero no eran partícipes
de las ceremonias más sagradas donde seguro eran explicados sus mayores secretos a
profundidad. Solo las mujeres podían adquirir esos méritos, como una Orden de sus tierras, donde
eran las mujeres quienes no podían pertenecer, por ser consideradas incultas o insuficientemente
inteligentes para entender los planteamientos. Por primera vez estos viajeros “hombres” sentirían
un fuerte sentimiento de exclusión.
¿Tal vez serían más amables con las mujeres de sus tierras al regresar? La palabra ni siquiera era
amable, porque más bien era una cuestión de respetar la inteligencia de las mujeres. ¿Serían
capaces de compartir los secretos aprendidos durante sus viajes con ellas? ¿Tratar de ampliar sus
horizontes para que vieran que en otra parte del mundo existía un tipo diferente de mujer o
quizás era bastante inconveniente darles el poder del conocimiento?
Las opiniones respecto a esto fueron muy divididas, pero sabían que cualquiera que se atreviera a
pregonar la verdad descubierta solo sería visto como un loco, al igual que las mujeres de mayores
visiones sobre la vida y sus cuerpos eran consideradas locas o brujas.
Sin embargo los hombres no tenían tanto tiempo como quisieran para pensar en los raros matices
de esta sociedad. En sus mentes la bruma siempre acechaba y se volvía en el terror de sus
corazones. Más que los papeles invertidos entre hombres y mujeres, esa terrorífica niebla merecía
mucho más líneas en sus cuadernos. Y respecto a sus cuadernos ahora que habían descubierto el
blanco y más prolijo papel de la isla, además de la tinta, tenían mayor facilidad para plasmar
palabras y oraciones, incluso los dibujos eran mejores.
Quisieron saber el secreto del papel, pero las mujeres se lo callaron. Quisieron saber más secretos
pero al parecer muchas de ellas los desconocían a profundidad. Notaron que muchas mujeres no
tenían como interés el conocimiento tecnológico. ¿Quién en sus facultades tiene ante sí tantas
“maravillas” y desconoce su producción? Solo alguien que definitivamente no necesita encargarse
de ello. ¿Entonces quien se encargaba de la producción de la mayoría de los artefactos en la isla?
—¿Qué?
¿Entonces cómo pueden ser degradados a un segundo lugar siendo capaces de hacer tales
maravillas?
Mientras más tiempo pasaron los viajeros en la isla, más escenas pudieron ver con respecto a la
bruma, entonces entendieron muchas cosas. Las mujeres no eran asesinadas por la bruma,
mientras que los hombres explotaban como sapos. Una mujer podría obtener algunas heridas
internas si no se retiraba a tiempo, pero definitivamente su carne no se regaría por el piso, incluso
después sanaría mucho más rápido de lo que podría hacerlo un hombre de la isla. ¿Por qué era
esto? Había dejado fascinados a los viajeros. Sin embargo cuando volvieron a preguntar las
mujeres dijeron: No lo sabemos.
Esos “sueños fugaces blancos” quedarían para siempre en su memoria. Esa pesadilla “rojo” quería
seguro en más de una pesadilla. Algunos habían logrado enamorar a más de una mujer, así que no
solo una los acompañó al mundo exterior, pero descubrieron que con el tiempo estas mujeres
perdían muchos de sus recuerdos de la isla, para ser específicos, los más importantes. Entonces
solo quedaban las notas en los cuadernos blancos para registrar todo lo que habían vivido.
No era suficiente para convencer a nadie. En realidad esos cuadernos difícilmente llegarían a
dominio público. Entonces ¿Cómo podría llegar el mundo a conocer un día sobre la existencia del
Imperio Blanco? ¿Cómo supieron que en la “Isla de escombros blancos y polvo rojo antes había un
imperio? Es verdad que hay muchas toneladas de escombros como para ser solo unas
construcciones pasajeras hechas por náufragos, además que ese “polvo” rojo es muy raro. Ningún
alquimista atraído por la historia de la isla pudo entender su composición ni sus usos. Pero todos
creyeron que fue lo que derrumbó al imperio. Así que llevaron varias muestras para su estudio,
aun pensando en el riesgo de que este también podría colapsar las embarcaciones.
Todo lo que el mundo supo sobre el “Imperio Blanco” lo supo después de su caída. Solo entonces
esos “extraños cuadernos” que habían sido olvidados entre generaciones cobraron sentido. Y se
volvieron muy valiosos económicamente hablando. Muchos “alquimistas” pagarían por ellos
considerables sumas. Sin embargo nada sería tan cotizado por estos hombres de la magia de los
metales como hablar personalmente con un “Blanco”. Un “Blanco” era la denominación que se le
dio en el mundo de la magia y los alquimistas, a esas personas que había abandonado el imperio
antes de su colapso y podían usar una clase magia misteriosa y límpida que ningún otro
practicante podía. Entre estos “Blancos” no habían mujeres, solo algunos de los “hombres” que
antiguamente fueron criados como “señoritas”. Estos vivieron en ignorancia y nunca pudieron
pronunciar una palabra respecto a su condición, sin embargo un día las cosas comenzaron a
cambiar para ellos. Alguien les inculcó ideas sobre el mundo exterior y sobre lo que realmente
“podían hacer los hombres” allá afuera. Cosas “grandiosas” que resonaron más en su espíritu que
las tareas cotidianas designadas. En sus mentes se comenzó a labrar un nuevo pensamiento y en
sus corazones un nuevo sentimiento. Entonces cuando “otra persona” alertó sobre lo que se
avecinaba, supieron que era el momento de tomar acción, siendo guiados por quien luego
considerarían “El Gran Genio”.
Él les enseñaría la salida de la isla y les mostraría su verdadera importancia en el mundo. Para que
nadie pudiera esclavizarlos nunca más. Este “Gran Genio” también fue muy buscado por los
alquimistas, pero según rumoraban las leyendas, después de guiar a los hombres hasta la costa
más cercana, emprendió una travesía rumbo mar adentro y se perdió entre las olas a la vista de
todos quienes hubieran deseado conservar a su salvador para que los guiara un poco más en este
nuevo mundo. ¿Cómo se llamaba este Genio? Los blancos nunca lo dijeron ya que también se
rumoraba que el “Gran Genio” odiaba su nombre ya que parecía el nombre de un perro, pero
tampoco querían que se perdiera, así que de seguro lo escribieron por algún lugar.
Cuando tuvieron sus conversaciones con Alquimistas, los “Blancos” también mencionaron mucho
a un “Avisante”, recalcaron que su papel fue tan importante como el del “Gran Genio” pero la
diferencia era que este no se había ido con ellos.
—¿Ustedes creen que esta mujer logró abandonar la isla antes del colapso?
—¿Entonces murió?
—No lo sabemos, pero definitivamente después de lo que “hizo”, “La Dalia” debió de haberla
matado desgarrándole el vientre.
Los “Blancos” siempre se mostraron renuentes a dar información de más sobre los secretos más
profundos del “Imperio” así que nunca mencionaron textualmente las palabras de dicho aviso.
—Sí
Los “Blancos” nunca entendían el asombro de los Alquimistas por ese hecho.
—¿Qué imagináis ustedes con respecto a un ser divino? La figura humana es el diseño divino por
excelencia, “La Dalia” por supuesto tenía una forma humana solo que este era “más perfecta”. Ella
tuvo un hijo, quien definitivamente también sería perfecto de no ser porque nació siendo
“hombre”.
—¿Eso les decían? ¿Qué ustedes eran imperfectos porque nacieron siendo hombres?
—Mn
—No lo sabemos.
—Veo
—Ella era una de sus “guardias”, no se saben los detalles…solo que obtuvo ese puesto porque
habían ciertos rumores sobre ella.
—¿Rumores?
—¿No?
—En la isla, los hombres no teníamos “apellido”, pero ella y su hermana eran hijas de un hombre
llamado: Ernest Blanc. “La Dalia” era bastante condescendiente con ella y con su hermana, ya que
ninguna se adaptó correctamente a las estructuras de la isla.
—No, Ernest Blanc fue el único hombre así que fue acogido por “La Dalia”, a la isla llegaron en
ocasiones viajeros y náufragos pero estos eran asesinados o enviados de vuelta al mar, jamás
ninguno fue acogido.
—No, no lo sé.
—Sobre Dean, por cierto se me olvidaba ¿Cómo se llamaba el hijo de “La Dalia”
—Fiore
—Sobre Dean ¿Ella era amiga del “Gran Genio”? ¿Se conocían?
—No lo sé, el “Gran Genio” originalmente era la pareja de la hermana de Dean, pero esta se fue de
la isla, entonces Dean tuvo que hacerse cargo de él, sabes, en la isla, nosotros los hombre no
podíamos andar solos ni vivir solos, pasábamos de nuestras madres a nuestras esposas y en caso
de quedarnos sin esposa, o nos casaban con alguna mujer cercana o se hacían cargo de nosotros
las “funcionarias”. Como Dean era la hermana y no había conseguido una pareja le tocó asumir esa
responsabilidad, ninguno de los dos estaba feliz.
—Puede ser, pero también puede ser que simplemente quisiera conseguir un “mejor estatus” y
escapar de sus “responsabilidades”. Ella nunca fue alguien “centrado” o “disciplinado”, tal vez solo
vio la oportunidad y la aprovechó, definitivamente no era alguien “recto”, las otras mujeres se
molestaban con ella continuamente por su descaro.
—¿Descaro?
—Era del tipo que le dejaría todo el trabajo a sus compañeras e iría a vagar o retozar por ahí,
incluso en su turno de vigilancia nocturna se quedaría dormida poniendo en riesgo a las demás y
hasta su propia vida.
—¿Por la bruma?
—Sí
—Si ella era así ¿Cómo “La Dalia” la puso a cuidar a su hijo?
—Sinceramente nadie entendió eso, todos lo atribuyeron a su “anormalidad” por gustarle las
mujeres, también fueron muchas las quejas que se enviaron sobre ella, quizás “La Dalia” solo la
mantuvo vigilada, después de todo seguía siendo la hija de ese extraño hombre. En cualquier caso
era mejor que cualquier otra mujer a la que le gustaran los hombres.
—Mn
—Ella no nos amaban, no querían que fuéramos libres. Tenían un inmenso orgullo por lo divino, no
querían renunciar a su “semilla”, una promesa de comunión con la Magnanidad, y por supuesto,
algo que solo las mujeres podían lograr. Nosotros los hombres solo podíamos obtener algo de eso,
sirviéndoles devotamente, teniendo hijas que conseguirían llegar a ella en nuestro nombre, no
entendíamos nuestra importancia, el papel que cumplíamos en el mundo era dictado por alguien
más, alguien diferente.
—Fue el “Gran Genio” el que les enseñó esa importancia y les mostró el mundo.
—Sí, para entender el mundo, siempre hay que mirar al cielo y no a la cúpula que han puesto
sobre tu cabeza. La verdad es buena para todos por igual, no beneficia a un único grupo, no
excluye a nadie. Él nos enseñó a ser observadores, entender los principios básicos que se cumplen
en todas las cosas. Entonces podemos deducir la verdad por nosotros mismos, y verificar cuando
algo no encaja con el resto. Esta forma de ver el mundo es muy liberadora. Él lo nombró, Análisis.
—No lo podemos entender, ellas se guiaban por algo que simplemente nosotros no podemos
entender, pero si algo sabemos ahora es que hombres y mujeres somos completamente distintos
y que un mundo de mujeres no es bueno para los hombres, como un mundo de hombres no es
bueno para las mujeres.
—Esos escombros han sido más que revisados, ahí no hay nada.
—Por supuesto
Las entrevistas realmente no consiguieron extraer información “sustanciosa”. Los “Blancos” nunca
pudieron pertenecer a la élite de la isla, nunca pudieron conocer a profundidad sus secretos.
Tampoco supieron como cayó el “Imperio”. A no ser que a los alquimistas les interesara saber más
acerca de tareas domésticas como cocinar o coser, lo mejor era parar la entrevista. Hubieron
muchos entrevistados, todos tenían la misma línea y ninguno la cruzó, habían secretos que
estaban de acuerdo en que no debían ser revelados.
Tal ves tiraron las notas que habían tomado con tanto esmero sobre la isla a un lado. Después de
que una estatua se erigiera en la plaza central, no se supo mucho más. La estatua era una
representación del “Gran” Genio. Todos los hombres querían saber quien era el “salvador” del que
se hablaba en esa historia tan popular acerca de una “isla” dominada por mujeres, cosa muy
divertida para los hombres. Fue aun más divertido ver la estatura que tenía este ya no hombre
sino “hombrecillo”.
—¿Acaso no habéis tenido suficiente material para hacer más grande la estatua?
—¡¿1,50?!
Incluso si tenía fama de haber salvado a los hombres ¿Cómo podía ser recordado un hombre tan
pequeño? Quizás uno que otro pasante apoyaría su codo en la cabeza de la estatua, tal vez su
codo se volvería inteligente. Los “Blancos” sabían que todos podían subestimar al “Gran Genio” de
todos modos, no esperaban que nadie lo entendiera. Así que siguieron siendo ese grupo cerrado y
“hermético” a la espera de los “tiempos de la verdad”, mientras “analizarían” cada pedazo de
mundo.
Volviendo a la “Isla de los escombros blancos y el polvo rojo”, es difícil saber lo acontecido según
anécdotas del exterior, lo mejor es siempre conocer la verdad a través de los ojos de quien
realmente la vio.
Capítulo Uno:
Mirar al mar le recuerda inevitablemente a uno lo
que es ser libre.
El sonido de las gaviotas en la costa, el agua recogiéndose y el sol siendo un cuadro en el
atardecer. El viento no es frío ni caliente, uno se fija en lo que hay “más allá”, se imagina perderse
en el horizonte y volverse uno con él.
¿Qué es la libertad?
Esa sensación que brota de adentro y busca comunión con algo cuando ve la inmensidad, ya sea
del cielo o del mar.
Cuando Dean era niña, la libertad para ella era ese hombre con el que paseaba junto a la costa, su
padre: Ernest Blanc, él le hablaba de “mundos” de “pensamientos”, lo que él hablaba no se
parecía a nada que podría escuchar de alguien más, pero ese “hombre “ se perdió en la lejanía del
mar. Un día simplemente supo que se había ido.
—Va a regresar ¿Verdad?—le preguntó entonces a su madre quien aun seguía viva.
—No.
La madre de Dean, era una mujer lisiada incapaz de caminar bien por sus medios, permanecía todo
el día sentada en un mueble o acostada en la cama. Tanto su padre como su madre eran un
hombre y una mujer muy “raros” en la isla. Su padre vestía como las mujeres y su madre hacía
tareas que le correspondían a los hombres. Desde joven ella nunca pudo hacer los difíciles
entrenamientos que le correspondía así que le asignaron la “Torre de las Campanas” como
vivienda. También conocida como “Torre del Reloj” ya que marca las horas pico en la isla. Después
de un tiempo ni siquiera podía caminar como para subir a tocarlas. Así que asignaron a Ernest
Blanc. Aunque rompía con lo convencional este hombre no solía salir mucho, cuando lo hacía solo
iba a caminar a la costa donde sus pies podían tocar el agua. Al igual que los demás hombres el
temía a la bruma y curiosamente era uno de los pocos que sabían del “secreto” del mar. Con el
tiempo se enamoró de la madre de Dean, así que tuvieron 2 hijos, el máximo número de hijos
posibles para una pareja en la isla.
La Natalidad era muy controlada y no solo por cuestiones poblacionales, sino porque se había
descubierto a través de los siglos que cuando en la isla se sobrepasaba cierto número de personas
el fenómeno se volvía más letal y abundante.
Tuvieron dos hembras, así que todas las mujeres felicitaron a la madre de Dean. En el fondo
pensaban: “Que bueno, la pobre ¿Qué hubiera pasado si a parte de todo también le tocara cargar
con dos hijos varones”.
También se sorprendieron porque un hombre “extranjero” había tenido “hijas”. Los hombres
nacidos en la isla, siempre tenían hijas hembras, por lo que cada cierto tiempo se tenía que
recurrir a los “hombres extranjeros” para inseminar una nueva prole de varones. Con el padre de
Dean no había sido así. Él igualmente había tenido hijas, lo cual no se esperaba.
Dean creció en la que ella llamó “Torre del Árbol” , por el gran árbol que echaba sombra en su
ventana. Desde pequeña vio a su padre escribir innumerables cosas en el papel, algunas de esas
cosas permanecieron guardadas en los lugares que conocía muy bien, así que fue una manera de
mantener a su padre consigo. Al igual que él quería “saber pensar” sobre muchas cosas.
La imagen más factible que tenía de su padre era la de alguien absorto en sus pensamientos. ¿Qué
era lo que se le pasaba por la cabeza? Hasta los 12 años no entendió lo magnífico que era
reflexionar sobre el mundo. Antes, cualquier pregunta intensa le daba dolor de cabeza, era como
si hubiese una barrera. Eso fue hasta los 12 , después su mente pareció ampliarse. Cuando era
niña, a los 6 años, ella y sus compañeras escogieron una “semilla”, esta semilla simbolizaba el
“camino de vida”.
—Se dice que sin excepción, la planta que nacerá de esta semilla escogida, representa las
fortalezas y debilidades que tendrán a lo largo de su vida humana, tendrán que apoyarse en sus
fortalezas y corregir sus debilidades para conseguir la “Divinidad”—les dijo su maestra.
Dean observó su semilla, al final cuando la plantó dio como resultado un árbol similar al que
estaba plantado al lado de su casa, por lo que pensó que tal vez su “camino de vida” era
permanecer siempre en la “Torre de las Campanas” bautizada como “Torre del Árbol” por ella.
Este árbol era uno de esos cuyas hojas se usaban para hacer papel, a parte de dar sombra no había
mucho más, el árbol que pintaría cualquier niño en su infancia solo que sin las manzanas. “Quizás
soy muy simple, solo soy un pensador” Dado que las hojas del árbol son buenas para hacer el
papel, y el papel es bueno para plasmar pensamientos esta fue la conclusión a la que llegó.
Su hermana 2 años mayor, llamada “Marina” debido a la hermosa relación de su padre con el Mar.
Había plantado un rosal de rosas rojas. Algo extravagante y exótico, muy parecido a ella. Como su
planta era un árbol se demoraría en crecer, mientras, el rosal de su hermana echaba flores a cada
rato. —Creo que lo tuyo fue avaricia, por eso elegiste una semilla tan grande—le decía su hermana
cuando supo el significado de esa palabra. Mientras más la ve Dean, más se le parece a una rosa,
sobre todo a una espinosa que si bien no raja pieles, ahínca, así son las palabras de su hermana.
Pero ella realmente tenía razón, su obsesión hacia el pensamiento es realmente una avaricia de
entender todo a su alrededor. Eso es realmente avariciar mucha información.
Dean ya no es una niña, ni siquiera una adolescente, tiene 24 años, como una adulta ya debería
estar perfectamente integrada a la sociedad, en especial porque esta no es nada cambiante, se ha
mantenido siendo la misma durante siglos al punto de que cada individuo para los 8 años ya
debería saberse todo los dictámenes sociales, pero por algunas y en realidad “muchas” razones,
Dean es un individuo “indeseable”, nada inquietante pero si estresante para algunas funcionarias,
sobre todo para Lydia quien se hizo cargo de ella y su hermana tras la muerte de su madre.
—No fuiste al turno de las 6:00 de la mañana. Tienes 24 años, si hubieras cumplido correctamente
con los turnos estos 4 años no tendrías que volver a hacer un turno de las 6:00 de la mañana en la
vida, ¿Realmente no quieres ascender de rango?
—Ya te dije muchas veces que solo espero cuidar la “Torre del Reloj” adecuadamente. No me
interesa subir de rango.
—Dean ¿Te estás escuchando? Cuando seas mayor serás como una ostra enterrada en la arena y
no como una…
—¿Caracola en la eternidad? Mamá Lydia, hay más formas de obtener ese honor que la vigilancia
de los fenómenos.
La mayor aspiración de cualquier mujer nacida en la isla a través de los siglos, es “poner” su
caracola en la eternidad. Este ritual se hace dignamente en vida, cuando la mujer llega a la vejez,
“La Dalia” cruza con ella hacia “La eternidad” y esta pone su caracol en la arena blanca del tiempo,
luego regresa y ya sabe que tiene su espacio en el mundo divino después de su muerte. Si la mujer
muere antes de su vejez, indica que su “caracola de nacimiento” era mala, o como se le conoce
popularmente en la isla: Sus huesos estaban coercidos, no merecía la eternidad. Muchas cosas
pueden cambiar en el cuerpo humano, pero los huesos siempre tendrán la misma forma. Al nacer
a cada bebé se le entrega una caracola, la caracola es elegida por “La Dalia” al azar, a veces tiene
un pedazo roto, a veces es totalmente perfecta. Es completamente al azar. Esta debe guardarse
cuidadosamente, perderla simboliza perder el destino, romperla es romper la divinidad, y que sea
rota por otro o por desventura, significa: No Merecer. Morir joven o perder la caracola es una
salida del camino divino. “La Dalia” suele decir que siempre habrá una próxima oportunidad, pero
para ello debe haber un renacimiento, cuando el vidrio se rompe es imposible repararlo, hay que
disolverlo en fuego y volver a crear su forma.
Entre las mujeres que llegan a poner su caracola con orgullo, las de rango “estrella” no solo son
llevadas a poner la caracola en la arena, sino que “La Dalia” las lleva a otro lugar, donde cuando
vuelven su vida se alarga 300 años. Cada siglo son muy pocas mujeres las que logran conseguir
este rango. Pertenecen al “altar ritual” de “La Dalia” y son llamadas “Las Divinidades”. Sin duda el
mayor honor. Para ello, hacer méritos y méritos, además de esperar siempre haber nacido con
unos buenos huesos. (Un buen destino).
—¡Mamá!
Lydia suspira con los brazos cruzados. No es una mujer mayor, tiene 40 años, su apariencia es muy
buena para su edad. Casi siempre tiene su pelo atado en una cola alta, su pelo es negro azabache.
Su ojos son oscuros y serios cada vez que habla con Dean últimamente.
—¿En serio te da miedo la bruma? ¿Qué puede hacerte? Ni que fueras un hombre. Si sigues así
tampoco te casarás ni tendrás hijos.
—¿Ellas quienes?
Por la noche es normal caminar sobre los tejados, de hecho su material impide que se filtren los
ruidos. A parte del ladrido de los perros, el murmullo de las hojas y el sonido siempre presente del
mar, no hay más en el ambiente. La bruma es silenciosa, pero puede sentirse su formación antes
de que aparezca, esta es una habilidad que solo tienen las mujeres, y Dean ha descubierto que
puede predecir si en una noche se topará con formaciones o no según su nivel de nerviosismo al
empezarla.
Para la noche siempre usa su traje más oscuro y ata su pelo en una cola.
—Solo un momento.
—No es como si fueras a hacer algo realmente, solo vas por ahí a perder tu tiempo—habló
maliciosamente una de ellas.
—¡Oye tú!
“¡¿Qué?!”
Estas mujeres usualmente son molestas pero hoy están siendo realmente molestas. Dean está tan
sorprendida con la pregunta que en un momento olió mal.
“Ups”
—¿Entonces es un sí o un no?
—Parece que no es así, si le gustáramos no nos insultaría—habla una de las mujeres, tiene una voz
suave y melodiosa.
—¡Esperen! ¡Esperen! Párense ahí, ¿Qué les hace creer que si me gustaran las mujeres me
gustarían ustedes?
Dean piensa, los hombres siempre le han parecido lindos ¿Cómo puede alguien pensar que le
gustan las mujeres?
—¿Entonces por qué siempre nos miras de manera sospechosa, nuestras partes traseras y
nuestras partes delanteras?
“¿Sospechosa?”
—¿Envidia?
El grupo de mujeres mira el cuerpo de Dean, a decir verdad no hay mucho que mostrar ni adelante
ni atrás, pero aun así se niegan a aceptar que esa es la razón. Al final cuando la deciden soltar lo
hacen en el “Paso Rojo”. La zona de mayor incidencia del fenómeno, tanto así que ha sido pintada
del mismo color de su nombre.
—No te queremos cerca, nos sentimos acosadas por ti, vigila aquí tu sola
Dean no dirá nada más respecto a eso, pero para una sola persona vigilar el “Paso Rojo” es muy
peligroso. Pueden aparecer 2, 3 ¡Hasta 4 brumas a la vez! Es como ser comprimido por 4 paredes.
Desde que pone un pie en la zona su cuerpo de inunda de nervios. Sabe que por lo menos
aparecerá una bruma en ese lugar. Cuando una mujer se topa con una tiene varias opciones, la
primera es activar su “ventilador”, un objeto circular del tamaño de la palma de la mano que se
mueve por sí solo, este echa aire a gran potencia y funciona para dispersarla solo si sigue siendo
aun pequeña.
La segunda es tomar su “bastión” que echa gas negro y que la disuelve cuando ya ha alcanzado un
tamaño considerable, la proporción del gas es igual a la proporción de reducción en la bruma.
Y la 3ra y más peligrosa, utilizar sus propios cuerpos para dispersar la bruma, esta no es una
opción que cualquiera pueda tomar, solo las altas funcionarias tienen permitido hacerlo. La 4ta
cosa que se podría hacer es disparar, pero es totalmente inútil, a parte de no hacerle nada a la
bruma, podría lastimar a una persona que se encuentre tras ella, no es fácil mirar a través de
tantas capaz de rojo. A veces la bruma es ligera, pero a veces es muy espesa.
Dean tiene todo lo necesario para reaccionar, sin embargo sus piernas tiemblan, Lydia cree que
ella le tiene un terrible miedo a las brumas, pero no es así. No es a la bruma a lo que teme, sino a
la carne ¡Y no a cualquier carne! De echo, podría considerarse a sí misma una bestia carnívora de
la isla. Ha visto a varios animales ser destruidos desde adentro por la bruma y eso no le ha creado
gran conmoción, el problema es cuando la bruma “devuelve” pedazos de carne, ¡Su apariencia es
horrorosa! La cosa más “desquiciante” que Dean ha podido ver en su vida. No es carne podrida, ni
emite un hedor repugnante, la carne ni siquiera es aplastada o magullada, simplemente las partes
rojas se cuartan en trozos blancos, algunos se hunden en pequeños huecos consecutivos, existen
todo tipo de formas, con huecos más pequeños, o huecos más abarcadores de las partes blancas
en la carne, cuanto más divisiones más frenética se pone la respiración de Dean, siente que su
carne puede ahuecarse de igual manera ¡¿Así es como se ve la carne de alguien que ha sufrido por
la bruma!?
Es una especie de fobia que ha desarrollado hacia esos pequeños huecos o puntos blancos. No
puede verlos en lo más mínimo o su respiración se pondrá pesada. Lo peor es cuando se imagina
cuantas combinaciones horrorosas habrá de eso, los puntos blancos, las divisiones, es una locura
que es peor que artimañas en su estómago, como una cosquilla fría e indeseada.
Huyendo de sus turnos y responsabilidades hace que los demás la vean como alguien
despreocupado. Sin embargo no se atreve a echarle la culpa de su vagancia a la fobia con la carne,
realmente no le gusta el trabajo. Ninguna forma de trabajo específicamente, su afición para la
“Torre de las Campanas” es más bien su afición por “no laboral”. Esto desde que descubrió que los
horarios y las rutinas de vigilancia, así como otros “eventos” le impiden hacer lo que le gusta, o sea
“Nada”. Cuando a alguien se le acusa de no estar haciendo “nada” realmente está haciendo algo
¡Está “nadando” en sus pensamientos! Para que Dean pueda considerarse alguien trabajador
entonces pensar debería ser un trabajo. Pensar y hacer confabulaciones extrañas y absurdas.
También analizar ciertos símbolos e imágenes que su padre dejó guardados en la “Torre de las
Campanas”. Pero para hacer lo que quiere en paz tendría que esperar por lo menos 20 años hasta
que pueda retirarse de sus obligaciones. Mientras hay horarios y formaciones complicadas a las
que asistir sí o sí.
Mientras camina por la calle roja, sus piernas siguen temblando y lo peor es que los perros no
parar de ladrar.
—¡Ahí está!
Saca rápido el ventilador, sin embargo, del pequeño remolino rojo comienza a salir carne.
—¡Ah!
Cuando Dean ve está a más de 5 metros de la bruma. Tiene que volver, no puede dejar eso así.
Vuelve y solo con ver los enormes trozos de carnes llenos de puntos ¿Negros?
—…
Y otro trozo de carne con pequeños puntos blancos en las divisiones de carne rojo. Una terrible
inquietud se apodera de ella, sus manos tiemblan.
Sus manos siguen temblando, sostiene el ventilador, pero este ya es inútil. La bruma se hace más
grande, más trozos siguen cayendo. Dean tiene una resistencia, sabe que no puede irse sin hacer
algo.
Piensa, pero la verdad es que se ha portado muy mal con sus compañeras en las ocasiones en las
que han coincidido dejándoles todo el trabajo. No hay manera de que no la acusen si algo sale mal
en estas situaciones.
—¡Me voy!
—¡¿Pero qué.…?!
Es optimista de su parte pensar que el balde de agua se lo arrojó Marina, pero es aun más
optimista para ella pensar que está dormida en una cama, ni siquiera en el suelo…está atada a un
poste.
“¿Qué?”
Después de correr por segunda vez su corazón se agitó tanto que tuvo que sentarse a descansar
bajo un árbol, sin embargo al cerrar sus ojos para enfocarse en su respiración terminó por
quedarse dormida. Sus horarios de sueño son poco regulares. Al mirar a la persona que le echó el
balde de agua se da cuenta que está en serio problemas por si no lo había notado al verse atada al
poste.
Al lado de Lydia hay dos “Máscaras Blancas”, dos funcionarias de uno de los más altos rangos, son
las encargadas de ajusticiar a los “criminales”. En sí son Jueces e imponen sentencias: SEVERAS.
—Yo…
—¡Silencio!—la voz retumba en toda la plaza, si, porque también la han atado a un poste en la
plaza más pública, para que lo vea cualquier pasante.
Dean mira a los alrededores, lamenta que haya “caras tan lindas” mirándoles. Son algunos
hombres que pasan. Deben ser por la menos las 9:00 de la mañana para que estén afuera.
Siempre le han parecido tan lindos con su vestimenta, sus trajes pelos y trajes claros, las cintas de
su frente y las flores.
“¡Es Mildred!”
Dean se pone a temblar, había visto a esta mujer pegarle a las demás con una fusta solo por
equivocarse en una “sagrada oración” y no fue precisamente una sola vez que les pegó, cuando
Mildred agarra la fusta no se detiene hasta por lo menos 50 golpes.
“No hay fusta” sin embargo al estar atada al poste ya sabe que su situación es complicada.
—Dejaste la ZONA ROJA sin un ojo vigilante y te fuiste a dormir ¿Tienes agallas?
Dean ve los ojos algo separados de la mujer y no puede evitar pensar que se parecen a los de un
pez.
—No…
—Sabes que las única zona que no puede quedarse sin vigilancia es la zona roja, no naciste ayer
¿Verdad?
—¿Ah sí?
—Lydia nos dijo que le temes a la bruma, pero aun así ¡Tenías que avisarle a tus compañeras! O
buscar a alguien del alto mando. La bruma de ayer se hizo enorme, no suele pasar, pero que mala
suerte que fue en tu turno, de no ser así no estarías atada al poste.
—¿Lo “Otro?”
—¡Ah! ¡Eso!...
—¡Silencio! Todas ellas lloraron esta mañana, al saber que dejaste tu turno sin vigilancia, ellas
dijeron que ninguna te acompañó porque se sentían más acosadas por ti que por la bruma.
—¡Eso no es…
Al escuchar esa pregunta Lydia tose dos veces, su cara está baja, Dean entiende que la ha
avergonzado terriblemente. Lo peor es que todos en la plaza pública tienen los ojos sobre ella.
—¿Si digo que sí, me dejarán en paz?
“Si admito que me gustan las mujeres, ninguna querrá hacer turno conmigo, entonces podré dejar
de trabajar y quedarme en paz en casa”
—Sí, me gustan.
Habla decidida. La otra Máscara Blanca anota algo en un cuaderno y le hace señas a Mildred.
—Lo sentimos Lydia, esto es más complicado de lo que parece, también sus compañeras hablaron
mal de su desempeño. No es la primera vez que se queda dormida.
Piensa Dean casi durmiéndose otra vez, la plaza está en una zona alta del nivel del mar y la brisa
de la marea le mueve el cabello. Sin querer bosteza.
Chilla Mildred
“Es como, es como…un Pez Asesino” piensa Dean somnolienta al ver su expresión.
—Hablaremos con el ALTO MANDO y la reubicaremos a un lugar donde ya no sea una espina de
pez clavada en el pie.
—Bien—habla Lydia cuya mano sostiene su mentón y aun mira con vergüenza—Infórmeme lo
antes posible de la reubicación.
Las Juezas anotan un par de cosas más en el cuaderno. Dean intenta no quedarse dormida en su
presencia. Aún ve al paso de los hombres murmurar. “¿Qué estarán pensando?” “Oh, mira a ella
no le gustamos, ¡Claro que no! ¡Me encantan!”
Bosteza.
Después de un rato de discutir cosas entre ellas las Juezas se van. El castigo de Dean por su
descuido es permanecer toda la mañana atada al poste, así todo el mundo sabe que no cumplió
con su DEBER, que tiene una mancha, que es una vergüenza y sobre todo de sus “Preferencias”
debido a que ataron un collar con almejas al poste por encima de su cabeza.
“Ahora si abro un puesto de almejas nadie me comprará, peor, nadie me querrá vender almejas”
—Lydia…
Pff
—Mn—asiente Dean y su cabeza cae a la velocidad de un rayo para intentar seguir durmiendo
pese a que está mojada y el sol le da en la cara. Después de un breve tiempo la posición se hace
insoportable, levanta el rostro y mira a lo lejos, desde la Plaza Pública se pueden observar lugares
de abajo, entre ellos un mirador. Respira tranquila observándolo. No hay nada más que hacer,
salvo esperar y disfrutar de la vista. Repentinamente una silueta blanca se aparece a su vista, el
blanco en la vestimenta no es nada sorprendente, sin embargo este es tan blanco que parece
reflejar al sol. “Eso es MUY blanco” piensa Dean. Esta silueta porta una túnica de solapas anchas,
es un atuendo de hombre, también los cabellos blancos salen a rebosar. “¿Un hombre solo en un
lugar apartado?” “ ¿No le tiene miedo a la bruma?” “ Aunque lo estoy viendo, en este momento si
aparece un fenómeno no puedo hacer nada”
—Oye….—su voz sale débil, aun tiene sueño. “No quiero presenciar una tragedia, pero…” Dean
mira a los alrededores.
“¡Este chico! ¿Qué está haciendo en este mal momento?” Dean vuelve a bostezar. “El sol es muy
fuerte, ya deben ser las once” “Adorable chico” piensa Dean “Si tienes compasión por los
espectadores te pido que salgas de ahí” “No es nada agradable estar obligado a ver un horrible
espectáculo”
Dean se fija hipnóticamente en los movimientos de la túnica blanca al aire. “Es un blanco
realmente hermoso, pulcro, límpido…” Dean suspira con calma. De repente siente que nada malo
va a pasarle a la silueta. “Ese blanco tal parece un purificador divino ¿Cómo podría atraer la mala
suerte de quien lo porta?” contempla con calma hasta que la silueta se acerca peligrosamente al
muro.
“¡¿Qué?!”
Dean tiene que mirar muy bien para procesar lo que está viendo. “No puede ser ¡Él mismo está
buscando su final!” la distancia del muro del mirador al suelo es suficiente como para matar a una
persona. “Y uno preocupándose”
Repite.
“Bueno” piensa Dean “No es como si pueda hacerle caso al hombre que me abandonó”
“Pero”
Dean se queda mirando la silueta blanca parada en el muro con los brazos abiertos en una cruz tal
cual paloma a punto de despegar. Por un momento se imagina que puede salir volando. La
culminación de una vida no es algo que no haya visto. A Menudo la poca precaución se cobra una
vida en las noches. Sin embargo siente algo diferente al observar la silueta, quisiera correr hacia
ella y atraparla.
“Pero”
Está dispuesta a dejarla caer frente a sus ojos solo para respetar su decisión de morir. La piel se le
eriza, sus sentidos se sensibilizan, la brisa toma su piel, escucha el mar y huele la sal tomando
conciencia plenamente de ellos.
Dean cierra los ojos. El sol de las once de la mañana es fuerte. ¿Quién elige morir en el sol de las
once de la mañana? Dean abre los ojos. “Por favor no lo hagas” suplica en su mente. La silueta
blanca cierra sus alas y despega sus pies del muro para ponerlos de nuevo en un lugar más seguro.
Dean suspira.
La silueta blanca se sienta en el muro y a la vista se Dean parece contemplar el mar “Un momento
de reflexión ¿Eh?” “Es bueno” “Es bueno” “Así evitas hacer locuras precipitadas” “Porque me
temo que ni la reflexión es capaz de evitar que hagamos locuras”.
La silueta blanca pasa varios minutos sentada en el muro, sin embargo Dean solo siente calma.
Está convencida de que este hombre simplemente no lo hará.
“No lo va a hacer”
Al ver a la silueta blanca marcharse con el grupo de mujeres, siente profundo alivio.
Unos segundos después llega una mujer a su lado, trae unos cangrejos envueltos en papel y los
degusta sin ninguna vergüenza de chuparse los dedos. El olor hace a Dean salivar. No sabe quien
es la mujer y sobre todo no sabe por qué le pone esos cangrejos tan cerca cuando claramente no
le brindará.
—Que bueno que sigues aquí, la cola de los cangrejos se hizo interminable, en vez de ir para
adelante iba para atrás.
“¡Danaan!”