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COLEGIO REGINA MUNDI

VIACRUCIS VIVIENTE

CLAUDIA Y PILATO

Pilato: ¡Ah! ¿Eres tú, Claudia? ¿A qué debo la fortuna de verte tan temprano? ¡Estas
conmovida… pálida! ¿Qué tienes?

Claudia: ¡Ah, Poncio! He tenido un sueño horrible, espantoso. Pero lo más particular, lo más
extraño es que he soñado despierta.

Pilato: Claudia mía, tus palabras me admiran; te ruego pues te expliques.

Claudia: ¿Conoces tu a Jesús Nazareno?

Poncio: ¡Ah! Si, ese galileo que recorre las tribus curando enfermos, ese hombre extraordinario
que predica una ley nueva. Pero ¿Qué tiene que ver ese hombre con tu sueño, con tu sobresalto?

Claudia: Pues bien, Jesús ha sido apresado esta noche por tus soldados, y jamás hombre alguno
se ha visto tan cruelmente maltratado.

Poncio: ¿Cómo sabes tu eso? ¿Has salido de la ciudadela?

Claudia: No; ya te he dicho un sueño horrible.

Pilato se sonrío

Claudia: ¡Dudas de la realidad de mis sueños?

Pilato: No creo en los sueños querida Claudia.

Primera estación: Jesús es llevado ante Pilato y condenado a muerte.

Pilato: Desecha vanos temores, tú lo has dicho todo eso no es otra cosa que un sueño; pero si
ese sueño fuera realidad, te juro que yo defenderé a Jesús, siempre que Jesús no haya
conspirado contra Tiberio, mi señor.

Apenas Poncio Pilato acababa de decir estas palabras, cuando Cayo Appio, un centurión de la
guardia pretoriana entró en el camarín.

Pilato: ¿Qué ocurre Cayo?

Cayo: Señor, los sacerdotes te traen un reo para que le juzgues.

Claudia: Ese que viene es Jesús Nazareno; mi sueño era una revelación.

Pueblo: Que salga el gobernador, que sentencie al galileo. Muerte al embaucador, la cruz para
el falso profeta. ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!

Pilato: Cayo, abre todas las puertas del palacio. ¡Que entren esas hienas! Pueblo que vienes a
interrumpir el dulce sueño de la mañana a tu juez ¿Qué quiere?

Pueblo: ¡Justicia! La cruz para Jesús Nazareno.

Pilato: Siempre castigan a sus presos antes de juzgarlo.

Sumo sacerdote 1: Gobernador. (interrumpe Pilato)


Pilato: ¿De qué delitos acusáis a este hombre? Pero os prevengo que no quiero que habléis
todos a la vez. Que tome uno de vosotros la palabra, y lo demás que guarden silencio.

Sumo sacerdote 1: Es un malhechor, un conspirador, un blasfemo. Si no fuera un criminal no te


lo hubiéramos traído.

Pilato: Si ese hombre peco contra sus leyes, juzgadle vosotros. ¿Qué tiene que ver Roma con
vuestras cuestiones religiosas? Juzgadle, juzgadle vosotros.

Sumo sacerdote 2: La pena de muerte, bien lo sabes, Pilato, os la habéis reservado vosotros
como derecho de conquista. Nosotros no podemos sentenciar a Jesús, y su delito merece la
muerte.

Pilato: Pues bien, acusadle de crímenes que merezcan la cruz; estoy dispuesto a oíros, hablad.

Sumo sacerdote 1: Pilato, con lo que te hemos dicho de sobras tienes para sentenciar a Jesús.
Ha violado nuestro sábado. Ha enseñado doctrinas engañosas.

Pilato: Pero no es este el profeta que aclamaron en Jerusalén hace cinco días. Y ahora quieren
matarlo. ¿Puede alguien explicarme esta locura?

Pueblo: Hechicero, embaucador. ¡Crucifícale!

Sumo sacerdote2: Excelencia el mayor crimen de este hombre es que se ha convertido en jefe
de una secta numerosa y peligrosa. Se proclama el mesías, el rey de los judíos.

Pueblo: Nuestro rey es César Tiberio y solo a él le rendimos acatamiento, nuestro rey es César
Tiberio y solo a él le rendimos acatamiento.

Pilato: Tráiganlo aquí. (Pausa mientras llevan a Jesús) ¿Eres tú el Rey de los judíos?

Jesús: ¿Eso lo preguntas tú, por tu cuenta o porque otros te han dicho eso de mí?

Pilato: ¿Por qué preguntaría yo eso? ¿Soy yo acaso judío? los sumos sacerdotes y tú pueblo te
han entregado a mí. ¿Qué has hecho para que desean tu muerte con tanto empeño? ¿Eres rey?

Jesús: Mi reino no es de este mundo, si mi reino fuera de este mundo tendría gente a mi servicio
que pelearían para que yo no fuera entregado a ustedes.

Pilato: ¿Así que tú eres Rey?

Jesús: Tú lo has dicho: yo soy Rey, yo para eso nací y para eso he venido al mundo, para dar
testimonio de la verdad, todo el que es de la verdad escucha mi voz.

Pilato: ¡La verdad! ¿Qué verdad es esa de la que me hablas?

Pilato: Pueblo, he interrogado al prisionero y no encuentro en él culpa alguna. (Bulla) Tenemos


a un famoso asesino (pausa sacan a Barrabás) ¡Barrabás!

Pilato: ¿A quién de los dos hombres quieren que le suelte? ¿A Barrabás el prisionero o a Jesús
llamado El Mesías?

Sumo sacerdote 1: Ese no es el Mesías es un impostor un blasfemo. Deje libre a barrabás.

Pueblo: Sí a Barrabás, libéranos, suelta a Barrabás

Pilato: ¿Y qué hago con Jesús llamado El Mesías?


Sumo sacerdote 2: Crucifícalo

Pueblo: Crucifícalo, maldito hechicero, que muera. Al Gólgota, crucifícalo

Pilato: Pero ¿qué mal ha hecho? Lo voy a castigar y lo dejaré libre. Llévenselo.

Los soldados llevan a Jesús a azotarlo, después del castigo se burlan y dicen:

Soldado 1: (le ponen la corona de espina) Majestad un bello rosal. (Burlas)

Soldado 2: (le colocan una vara) Mírenlo el rey de los gusanos, salve el rey gusano.

Soldado 3: (le colocan un mato rojo) Venimos a presentarle nuestros respetos, un jefe para
nuestra compañía.

Lo regresan a Pilato.

Pilato: ¡Vedle israelitas! ¡Ecce Homo! Hasta la figura de hombre ha perdido. ¿Qué les importa
viva o muera?

Pueblo: Que lo crucifiquen, crucifícalo.

Pilato: No basta con esto. Lléveselo ustedes y crucifíquenlo, pues sí yo no encuentro culpen él.
Además, como voy a crucificar a su rey.

Sumo sacerdote 2: No tenemos más rey que el César. Debe crucificarlo

Pueblo: Qué muere el desgraciado impostor, hechicero, el brujo de Nazaret.

Sumo sacerdote 1: Nosotros tenemos una ley y según esa ley debe morir, porque se hace llamar
hijo de Dios.

(Pilato interroga a Jesús por segunda vez)

Pilato: Tengo el poder para crucificarte o para dejarte libre.

Jesús: No tienes más poder sobre mí que el que se te ha dado de lo alto. Por eso el que me ha
entregado a ti tiene mayor pecado.

Sumo sacerdote 2: Sí lo deja libre no es amigo del César, cualquiera que se hace Rey es enemigo
del emperador.

Pueblo: crucifícalo, que muera

Claudia: Pilato no te ensucies las manos con la sangre de este hombre.

Pilato: (Manda a traer agua, se lava las manos) Son ustedes lo que quieren crucificarlo no yo.
Háganlo ustedes. Tomo al cielo por testigo que soy inocente de la sangre de este hombre.

Sumo sacerdote 1: Nosotros cargamos con la responsabilidad, caiga su sangre sobre la


generación presente y sobre los hijos de nuestros hijos.

Pilato: (Llama a un soldado y le dice) has lo que quieran.

Segunda estación: Jesús carga con la cruz.

Los soldados traen la cruz de Jesús y los palos de los ladrones


Soldado 1: Tú, ya que eres hijo de Dios, leva solo la carga, y haz un milagro para que no te sea
pesada.

Soldado 2: Todo listo alteza, en marcha.

Tercera estación: Jesús cae por primera vez

Golpean a Jesús, lo van ofendiendo.

Pueblo: Muerte al falso profeta. Embaucador, blasfemo. Crucifícalo, crucifícalo.

Cuarta estación: Jesús se encuentra con su madre.

Soldado 1: Galilea, toma (le lanza los clavos a María) ahí tienes el presente de muerte que te
hace tu hijo, el profeta de Nazaret.

María: ¡Hijo del alma mía! ¿Qué te han hecho hijo mío?

Jesús: ¡Salud, Flor de amargura! ¡salud, Estrella purísima de la mañana! ¡salud, Madre mía!

Soldado 2: Apártate mujer, dejad que continue la marcha.

Quinta estación: Jesús es ayudado por Cirineo

Soldado a caballo: Están ciegos, es que no ven que ya no puede seguir. Ayúdenlo.

Soldado: ¡Tú!, ¡si tú, ven acá!

Simón: ¿Qué quieres de mí

Soldado: Este criminal no puede llevar su cruz solo. ¡Tú le ayudaras! En marcha.

Simón: No puedo, no es asunto mío. Pídeselo a otro.

Mujer: ¡Ayúdalo! Es un hombre santo.

Soldado: obedece, muévete.

Simón: Esta bien, pero recuerden que soy inocente, obligado a cargar la cruz de un condenado.
(se dirige a los niños) quédense aquí, espérenme.

Sexta estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús.

Los soldados maltratan a la gente que quiere acercarse a Jesús.

Verónica: Señor mío Jesús, permite que esta humilde pecadora limpie tu divino rostro, con este
lienzo tejido por sus manos. (Le seca el rostro)

Jesús: Dios te lo pague, mujer caritativa. Mira ahora lo que te dejo en el lienzo.

Soldado: ¿Quién te crees tu? Vete de aquí. Que gente ésta.

Mujer: Que alguien pare esto.

Verónica: Mirad, mirad milagro; es un milagro.

Séptima estación: Jesús Cae por segunda vez

Soldado: Anda embaucador, camina. (Lo empujan y Jesús cae)


Simón: ¡Basta, basta! Déjenlo en paz. (Se burlan los soldados) si no paran no cargare esa cruz ni
un poco más. Me importa un bledo lo que hagan conmigo. (burla de los soldados)

Soldado: Esta bien, esta bien. Sigamos no tenemos todo el día. Vámonos.

Octava estación: Jesús se encuentra a las mujeres piadosas de Jerusalén.

Las mujeres lloran y se lamentas

Mujeres: Señor Jesús, piedad Señor.

Jesús: Hijas de Jerusalén, no lloréis sobre mí; llorad sobre vosotras y sobre vuestros hijos.

Novena estación: Jesús cae por tercera vez.

Los soldados golpean fuerte a Jesús hasta derribarlo.

Simón: Ya falta poco, ya casi llegamos.

Soldado: Vete. Ya puedes irte. ¡Vamos vete! (pero Simón no se movía)

Jesús: Vete Simón, que pronto nos veremos en el reino de mi Padre.

Soldado: ya puedes levantarte (pausa) levántese su majestad. ¿No te puedes levantar?

Soldado: No tenemos todo el día, vamos muévete. Estamos listos.

Decima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.

Rompen sus vestiduras que las tenía encarnadas en la piel.

Soldado: creo que esta vestidura no debemos rasgarla. Sería conveniente sacarla entera y
vender a alguno de los fanáticos que creen que este hombre es el Mesías.

Soldado: Dices bien; despelléjenosle, pues la tiene pegada al cuerpo.

Decima primera estación: Jesús es clavado en la cruz

(María se acerca a Jesús mientras estaba en el suelo)

María: Sobre la afrentosa cumbre donde mueren los malhechores, sobre la tierra donde arrojan
a los perros, desnudo te hallo a ti, Jesús Mío. ¿Qué daño hiciste Tú a los hombres, Lirio del valle,
Flor de pureza, ¿para que el hombre te maltrate de este modo? Hijo, hijo, hijo del alma mía.

Jesús es clavado en la cruz (María lanzaba gritos de dolor y desesperación), y a la par a los dos
ladrones que venían con Él, uno a la derecha y el otro a la izquierda.

Jesús: Padre, Padre, perdónalos. Padre, Padre mío, mi Dios no aben, no saben

Ladrón malo (Gestas): Si eres hijo de Dios, ¿Por qué no te salvas a ti mismo? Demuéstranos que
eres quien dices.

Sumo sacerdote: Dijiste que podrías destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días y sin
embargo, no puedes bajar de esa cruz. Si Él es el Mesías yo digo que baje de la cruz para que
podamos ver y creer.

Jesús: Padre, perdónalos no saben lo que hacen.


Ladrón bueno (Dimas): Escucha está rezando por ustedes; nosotros nos merecemos esto,
Gestas, pero Él no. Yo he pecado y mi castigo es justo. Serías justo si me condenaras, solo te pido
Señor que te acuerdes de mi cuando entres en tu reino.

Jesús: En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.

Se burla Gestas. Los soldados se juegan la túnica.

Decima segunda estación: Jesús muere en la cruz.

María se acerca a Jesús con Juan.

Jesús: Tengo sed. (Soldado con una caña le da vinagre) Todo esta cumplido.

María: (Le da un beso a la cruz) Crane de mi carne, corazón de mi corazón. Hijo mío déjame
morir contigo.

Jesús: Mujer ahí tienes a tu hijo. Hijo ahí tienes a tu Madre.

Gestas: No queda nadie, nadie Jesús.

Jesús: ¡Elí! ¡Elí! Lamma Sabacthani. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Padre,
en tus manos; encomiendo mi espíritu. (Diciendo esto último Jesús exhala su último aliento y
muere en la cruz)

Los soldados les quiebran las rodillas a los ladrones.

Soldado: ¡Nazareno! ¡Nazareno! Por fin has muerto, sin que yo vea uno de tus milagros; y mi
lanza será testigo de eso.

Decima tercera estación: Jesús es bajado de la cruz

Jesús es bajado de la cruz y colocado en los brazos de su madre; y también son bajado los
ladrones que crucificaron a la par de Él.

Decima cuarta estación: Jesús es colocado en el sepulcro.

Antes de depositar el precioso tesoro en la última morada, María imprimió en la frente de su


Hijo el amoroso beso de despedida.

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