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Tova Sender - Iniciación A La Cábala

La Cábala es la enseñanza mística del Judaísmo, que alcanzó su apogeo en el siglo XIII con el Libro Zohar, y ha evolucionado a lo largo de los siglos, adaptándose a las necesidades espirituales del pueblo judío. Se caracteriza por su enfoque en la interpretación del texto bíblico a través de cuatro niveles: Pshat, Remez, Drash y Sod, y utiliza la Guematría para revelar conexiones ocultas entre palabras y conceptos. Tradicionalmente, el estudio de la Cábala está reservado para hombres mayores de cuarenta años, debido a la profundidad y los riesgos asociados con su comprensión.
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Tova Sender - Iniciación A La Cábala

La Cábala es la enseñanza mística del Judaísmo, que alcanzó su apogeo en el siglo XIII con el Libro Zohar, y ha evolucionado a lo largo de los siglos, adaptándose a las necesidades espirituales del pueblo judío. Se caracteriza por su enfoque en la interpretación del texto bíblico a través de cuatro niveles: Pshat, Remez, Drash y Sod, y utiliza la Guematría para revelar conexiones ocultas entre palabras y conceptos. Tradicionalmente, el estudio de la Cábala está reservado para hombres mayores de cuarenta años, debido a la profundidad y los riesgos asociados con su comprensión.
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Iniciación

a la Cábala

Tova Sender
Dedico este trabajo a la bendita
memoria de mi abuelo, el
profesor Yaakov Rowner, quien
me enseñó la escritura hebrea
cuando yo, a los siete años de
edad, no podía comprender que
este alfabeto constituía la
codificación simbólica de todos
los misterios del universo, de la
naturaleza, del hombre...
Introducción
La Cábala es la enseñanza mística del Judaísmo. El
movimiento alcanzó su clímax en el siglo XIII, en España,
con la divulgación del Libro Zohar, pero, en realidad, data
de una época muy anterior.

En sus diversas fases a través de los siglos, este


movimiento asumió características un tanto variadas, de
acuerdo con las necesidades psicológicas espirituales del
pueblo judío en cada época de su desarrollo histórico.

Aunque al principio se reservó estrictamente a pequeños


grupos selectos, con exigencias muy rígidas respecto de
ciertos atributos morales, ya está de trazos fisionómicos de
sus participantes, la Cábala se volvió, después de mil años,
tan popular que la importancia del Zohar llegó a igualarse,
en santidad, a la de la Torá y a la del Talmud.

Presiones externas como las persecuciones religiosas,


sociales y políticas, determinaban estas variaciones entre
las fases del misticismo judío.

Además de esta alternancia entre lo esotérico y lo popular,


hay también una variación en sus objetivos de acuerdo con
la época, de tal forma que, a lo largo de su historia, relata
en documentos literarios en los últimos veinte siglos, la
Cábala vio a sus adeptos trabajando individualmente por
su evolución espiritual, durante la noche, solitariamente,
secretamente, después de días de privaciones físicas,
ayunos y aislamiento, y los vio también, muchos siglos más
tarde, en un trabajo de masas, Cuándo todo el grupo
pretendía, a través de la alegría, del canto y del baile, y no
más del ascetismo, contribuir a la evolución del medio
ambiente y a elevar el propio universo hacia un punto más
cercano a su fuente.

Cada fase del misticismo judío conoció también un centro


de interés diferente, como objeto de estudio y
especulación.

Un énfasis bastante significativo es atribuido al texto


bíblico, ya que este es considerado por los cabalistas la
revelación de todos los secretos del universo, de los
mundos superiores e inferiores, y de los atributos divinos,
en su aspecto inmanente y creador.

Esta revelación es asumida sólo por algunos cuya


comprensión ya traspasó el nivel físico. La gran mayoría
percibe apenas el sentido literal del texto, que en verdad
no pasa de ser un ropaje de la realidad suprema, en
lenguaje humano.

La palabra “Cábala” significa “recibimiento”, y también es


denominada CHEN, que se traduce como “gracia”. Este
término está formado por las iniciales de CHOCHMÁ
NISTERET (“Ciencia Oculta”).
La época precisa de su aparición es desconocida, y desde
luego existen varias opiniones al respecto. Para algunos,
la Cábala existió antes que el mundo, y fue Transmitida a
los seres angelicales por la propia Divinidad, y estos la
enseñaron a Adán. Otros sostienen que la Cábala tiene la
edad del mundo, tal como lo conocemos, y hay
insinuaciones bíblicas según las cuales los patriarcas Enoc
y Abraham eran cabalistas. El libro de Samuel menciona
una escuela de profetas, lo que puede haber sido un grupo
dedicado a los estudios ocultos, ejercicios de expansión de
la conciencia y de evolución espiritual.

Desde una perspectiva más moderna, se considera el inicio


del movimiento a partir de sus primeros registros, ya que
antes de esto, es imposible avalarlo. La literatura mística
judía Data de hace dos mil años, aproximadamente, con
estilo y contenido variados a lo largo de este periodo, de
acuerdo con las características del movimiento en cada
época.

Esta literatura se fue volviendo cada vez más popular y


comprensible para todo aquel que se aproximaba a ella; si
bien inicialmente, estos textos eran herméticos y oscuros,
muchas veces fueron parcialmente censurados y
destruidos, lo que dificulta aún más la comprensión de los
fragmentos sueltos, frecuentemente de autores
desconocidos, que se preservaron atribuyendo la autoría
de sus escritos a hombres notables.

El estudio de la Cábala es, tradicionalmente, permitido sólo


a los hombres con una edad superior a los cuarenta años,
ya que esta enseñanza y exige el conocimiento previo de
las Sagradas Escrituras y sus comentarios, lo que
presupone varios años de estudio y dedicación. Además,
la comprensión mística exige del iniciado un cierto
equilibrio emocional, así como un compromiso con la vida
mundana, a través del vínculo con la familia, y también de
la responsabilidad con una ocupación regular, para que no
se desinterés y por el mundo físico y se pierda en los
atrayentes caminos del conocimiento oculto la Creación.
Una persona sin preparación para tal rumbo estaría
expuesta a serios riesgos físicos y emocionales, lo que
llevó a los cabalistas tradicionales a restringir la divulgación
de la ciencia oculta sólo a personas preparadas y maduras.

El contacto prematuro con la Cábala puede ocasionar una


interpretación falsa o deformada de su verdadero objetivo,
y de esta desfiguración se sirven individuos
inescrupulosos.

Con frecuencia el término “Cábala” es utilizado


inadecuadamente, asociándose a prácticas extrañas y
condenables. Es necesario hacer una corrección en el uso
de este término, considerando que la Cábala representa un
pensamiento, y no una práctica. Un pensamiento puro, y no
una práctica abominable.
Pardes
Los cuatro niveles de
interpretación del texto bíblico

El texto bíblico da margen a varios niveles de comprensión


e interpretación, siendo más usual clasificar los
gradualmente en cuatro, del sentido exterior hasta el más
interior.

Éstos son:
Pshat
Remez
Drash
Sod

Se nota que las letras iniciales de estos cuatro términos de


Clasificación forman la palabra PARDES (considerando
que en hebreo no ha letras vocales, se translitera de esta
forma, que significa “vergel”, en referencia a la
especulación mística, o Paraíso.

PSHAT es el sentido literal, la comprensión superficial y


externa del relato bíblico.
El énfasis recae sobre la trama y los personajes.
Frecuentemente, este nivel de interpretación da al texto
una apariencia contradictoria, pero esta impresión es falsa,
como juzgar la esencia de un hombre por sus trajes, o la
calidad de un vino por el recipiente que lo contiene.

REMEZ significa “insinuación”. Es el sentido alegórico del


texto, cuando el argumento no es ya el objetivo mayor de
la lectura, pero si lo que este revela, en un nivel más
abstracto. Así, cuando Abraham abandona su tierra natal
en dirección a la tierra de Canaán, esta jornada rebasa el
acto físico (sin abandonar esta interpretación), y
ejemplariza la evolución espiritual del patriarca en dirección
a la voluntad Divina.

DRASH es la “enseñanza”. Como en el caso de Remez, se


conserva la interpretación literal, pero el relato indica un
procedimiento, ya sea ético o religioso. A través del relato
bíblico, el hombre deduce lo que es deseable o indeseable
para la Divinidad, lo que es correcto o incorrecto en las
relaciones humanas. Drash es el método utilizado por los
líderes espirituales en la orientación del pueblo.

Finalmente, SOD, que significa “secreto”. Así como el


sentido literal es el traje de la Torá, el sentido oculto es el
alma más íntima de la Torá. El texto bíblico contiene en su
relato, que se conserva aún en el nivel más profundo de la
interpretación, la revelación de todos los secretos del
universo, de toda la Creación, visible invisible, de los
mundos creados y del mundo surgido y de sus habitantes.
Esta revelación no es accesible a muchos.
La idea de la cuádruple interpretación del texto bíblico data
del siglo XIII. Hay algunas referencias a este tema en
fuentes diferentes, pero simultáneas, como aquella que
compara la Torá con una nuez, inspirada en el Cantar de
los Cantares, en el versículo: “Yo entré en el jardín de las
nueces”, refiriéndose al rey Salomón en el “paraíso” de la
especulación mística, y también por el hecho de que la
nuez sea formada por una cáscara externa y un corazón
interno, con dos capas finas entre una y otro.

Para citar un ejemplo bastante simple de este método de


interpretación, el conocido relato de la esclavitud en Egipto
es comparable al estado del alma confinada al cuerpo
físico, a veces nostálgica de su origen, la Tierra Prometida,
y ansiando su liberación y retorno, pero también apegada
de manera censurable a las “ollas de carne” de Egipto, los
placeres pasajeros de este mundo.

En esta misma línea de interpretación, el Génesis es la


descripción del descenso del alma al cuerpo denso, y el
Éxodo, el retorno a su origen.
GUEMATRÍA
Utilizada como método de penetración en Sod, la
Guematría ocupa un lugar bastante significativo dentro del
movimiento cabalístico, y han sido objeto de muchos
estudios, habiendo inspirado inclusive la Creación de la
moderna Numerología, en un intento de adaptarla al
alfabeto occidental.

La Guematría consiste en la obtención del valor numérico


de las palabras, considerando que a cada letra del alfabeto
hebreo corresponde un número, de tal forma que las nueve
primeras letras se asocian a las nueve unidades, a las
nueve letras siguiente se asocian las nueve decenas, y a
las cuatro letras restantes se asocian las cuatro primeras
centenas.

La representación numérica a través de las letras hebreas


es utilizada hasta hoy y, por el sistema de yuxtaposición,
como en los guarismos romanos, es posible transformar en
letras cualquier número, aún con valor superior a
cuatrocientos.

La Guematría consiste en el proceso inverso, o sea, en la


conversión de las letras en valores correspondientes, lo
que posibilita obtener el total de una palabra, o de una
frase.
El objetivo de este método es llegar a la esencia de la
palabra, a la revelación de grandes misterios ocultos en el
lenguaje, a través de la comparación de palabras con
diferentes significados, pero con igual valor numérico.
Cuando dos o más palabras o dos o más frases suman el
mismo total, es posible encontrar entre ellas una conexión,
de tal forma que una explique a la otra, aunque se refieran
a situaciones aparentemente diversas, pues en realidad su
origen es el mismo, así como su significado primordial.

Este método de conversación, la Guematría, evolucionó


basado en la concepción judía de qué la palabra está
dotada de poder creador, y de que el hebreo fue el idioma
utilizado por la Divinidad en el acto de la Creación.

De acuerdo con tal concepción, el lenguaje no es un mero


vehículo de comunicación, sino que encierra en su sentido
abstracto la llave de la comprensión de los secretos más
íntimos de la Emanación Divina y de toda la Creación.

Curiosamente, es posible probar la afirmación de que el


hebreo es un idioma perfecto, con la constatación de la
correspondencia exacta del valor numérico de la palabra
con su significado.

Por ejemplo, la palabra SHANAH (año) suma un total de


355 (número de días en el año lunar), y la palabra
correspondiente a embarazo, HERAYON, un total de 271
(nueve meses lunares).

Estos son ejemplos muy simples, frente a los elaborados


ejercicios de comparaciones entre versículos bíblicos,
cuando uno aclara al otro, de una manera muchas veces
inesperada.

Es al mismo tiempo agradable y sorprendente constatar la


coherencia entre el lenguaje y la perfección matemática.

Sin profundizar mucho en el método, pero con la finalidad


de ilustrar la afirmación anterior, es interesante observar
las siguientes “ecuaciones”:

Padre + madre = Hijo, visto que AV (3) +


EM (41) = IeLeD (44).

Dios = Naturaleza, pues ELoHIM (86) =


HaTeVA (86).

Luz = Misterio, pues OR (207) = RaZ (207).

Un poco más elaborada es la ecuación:


YHVH ELoHel ISRaEL (Dios) = MoSHeH
RaBelNU (Moisés, nuestro Maestro) = 613
(total de preceptos de la Torá), lo que
significa que Dios de Israel (613) transmitió
a Moisés, nuestro Maestro (613), los
mandamientos de la Torá, que también
acaban con un total de 613.

A partir de esto, siguiendo el mismo sistema, es posible


extrapolar hacia niveles más elaborados de comparación y,
a través de los resultados, obtener nuevas informaciones,
más profundas y abstractas.
Cuando el lenguaje asume tal importancia, traspasando
mucho el sentido concreto y usual, él mismo se aplica a las
letras del alfabeto hebreo. En este nivel, la letra representa
un principio generador de energía y pierde su objetivo
meramente lingüístico.
El Sefer Ietzirá y el Zohar
La valorización de la letra como fuente poderosa y creadora
fue registrada por primera vez en un pequeño libro
metafísico y antiquísimo, en realidad el primer texto
especulativo escrito en idioma hebreo, que se titula SEFER
IETZIRÁ, que contiene apenas seis capítulos.

De autor desconocido, el Sefer Ietzirá, que se traduce “El


libro de la Creación”, consiste en un texto bastante oscuro
sobre el proceso de la creación del mundo. Según los
especialistas, data de una época situada entre los siglos III
y VI, o hasta un poco antes, de acuerdo con algunos que
afirman que el libro ya era conocido en el siglo II.

Pon una mención al patriarca Abraham en el último párrafo


del libro, este fue considerado durante mucho tiempo como
el autor del Sefer Ietzirá, que por este motivo también es
conocido con el nombre OTIOT DEAVRAHAM AVINU (“El
alfabeto del patriarca Abraham”).

Posteriormente, su autoría fue atribuida al rabino Akiva,


que vivió en Israel en el siglo II, hipótesis que parece más
plausible que la anterior.

De cualquier manera, la autoría del Sefer Ietzirá constituye


hasta hoy un misterio.
El tema del Sefer Ietzirá son los “treinta y dos caminos de
la Sabiduría”, a través de los cualess la Divinidad creó el
universo. Los treinta y dos caminos son una referencia a
los diez números primordiales y a las veintidós letras del
alfabeto hebreo.

Los diez números primordiales son denominados aquí por


primera vez SEFIROT (literalmente se traduce “conteo”,
pero con el tiempo el término adquirió un sentido
aproximado a “esferas” o “emanaciones”, y el Sefer Ietzirá
establece la siguiente correlación:

1. Uno el espíritu del Dios vivo la voz, el soplo y el


habla.
2. El aire emanado del espíritu, con el cual Él talló y
esculpió las veintidós letras.
3. El agua que brota del aire.
4. El fuego surgido del agua, con el cual Él talló y
esculpió el Trono de la Gloria y los seres celestiales.
5. La altura, dirigiéndola hacia la cima.
6. La profundidad, dirigiéndola hacia abajo.
7. El oriente, hacia Su frente.
8. El occidente, detrás de Sí.
9. El sur, hacia Su derecha.
10. El norte, hacia Su izquierda.

El comentario respecto de las letras en el Sefer Ietzirá es


muy rico en detalles, y ocupa la mayor parte del libro, que
corresponde a los cinco últimos capítulos, ya que el
relacionado con los números se concentra en el primero.

El libro reafirma que, a través de las veintidós letras, la


Divinidad formó toda la Creación y, potencialmente, todo lo
que está por ser creado.

A través de las letras, Él fijó 231 portones, esto es, cada


letra combinada con todas las otras, sumando un total de
231 combinaciones posibles, que son los portones de
salida del poder creador, con el cual Él transformó lo
inexistente en existente.

Luego, después de la clasificación de las veintidós letras


en tres categorías, el texto habla sobre la correspondencia
de cada letra con los elementos formados por su
intermediación, a nivel de espacio, tiempo y anatomía
humana.

Para hacer más comprensible esta parte, he aquí un


ejemplo transcrito del Sefer Ietzirá:

“Dios dejó la letra ‫ה‬ predominar en el habla, la coreó,


combinó una con otra, y formó con ellas: Aries en el mundo,
el mes de Nisán en el año, y la pierna derecha en la criatura
humana.

‫ג‬
Él dejó que la letra predominara en la sabiduría, la coreó,
combinó una con otra, y formó con ellas: la Luna en el
mundo, el primer día en el año (el domingo), y el ojo
derecho en la criatura humana”.
Y así mismo, con todas las letras.

Además de estas correspondencias, hay una clasificación


de las letras en tres grupos, distribuidos así:

- Tres letras madres ( ‫א מ ש‬ ), representando en el


espacio, tres de los cuatro elementos: el aire, el agua y
el fuego; en el tiempo: el calor, el frío y la humedad; en
la criatura humana: la cabeza, el vientre y el cuerpo.

- Siete de letras dobles (‫ב ג ד כ פ ר ת‬ )


que, fonéticamente, pueden ser articuladas con
pronunciación fuerte o débil (como B y V, P y F),
dependiendo de su posición en la palabra,
representando en el espacio los siete planetas
conocidos en la época; en el tiempo, los siete días de la
semana; en la criatura humana, los siete orificios en el
rostro, con la finalidad de comunicarse con el medio.
Las siete letras dobles representan también siete
virtudes y sus opuestos: la sabiduría, la riqueza, la
fertilidad, la vida, el mando, la paz y la belleza, en
oposición a: la necedad, la pobreza, la esterilidad, la
muerte, la dependencia, la guerra y la fealdad.

- 12 letras simples (‫ח ט י ל נ ס ע צ ק‬


‫)ה ו ז‬, representando las 12 constelaciones en el
espacio, los 12 meses del año y, en la criatura humana:
los dos brazos, las dos piernas, los dos riñones, la
vesícula, el intestino, el hígado, el esófago, el estómago
y el bazo.
Estas letras también son las responsables de las doce
actividades físicas y sensoriales del cuerpo humano: el
habla, el pensamiento, la locomoción, la visión, la
audición, el trabajo, el acto sexual, el olfato, el sueño, la
ira, la deglución y la risa.

El Sefer Ietzirá concluye con un párrafo muy curioso y


oscuro que dice:

“Cuando el patriarca Abraham comprendió, contempló y


observó, también talló, esculpió y logró. Entonces el Señor
del universo se le reveló, y lo llamó querido”.

¿Qué comprendió Abraham? Probablemente, los secretos


de la Creación.

¿Qué logró él de extraordinario, al punto de que el Señor


lo llamó “mi querido”?

En la interpretación de algunos cabalistas, el patriarca


Abraham logró crear, lo que se ve reforzado por el relato
bíblico que describe la partida del patriarca de Harán en
dirección a Canaán.

“Abraham llevó a su mujer Sara y a Lot, hijo de su hermano,


y a todas las riquezas que habían adquirido, y a todas las
almas que habían hecho en Harán, y salieron en dirección
a la tierra de Canaán, hasta que llegaron a la tierra de
Canaán”.

En la interpretación más usual, “todas las almas que habían


hecho en Harán”, se refiere a aquellas personas que se
adhirieron al ideal monoteísta de Abraham y lo
acompañaron en su jornada.

En la opinión más radical de algunos cabalistas, este


pasaje bíblico confirma su interpretación del último párrafo
del Sefer Ietzirá “Abraham habría logrado realizar el acto
supremo de la creación”.

La tradición recomienda que no se realice el estudio del


Sefer Ietzirá aisladamente, sino que dos o tres personas se
ocupen de él.

Al último párrafo del Sefer Ietzirá, al que le fue atribuido un


poder extraordinario, y al que, según algunos cabalistas, la
profunda comprensión del libro posibilitaba la creación
teúrgica de un ser vivo, según cuenta el antiguo midrash:

“Cuando Dios creó el mundo, primero creó al Sefer Ietzirá,


miró en él y ahí sí creó el mundo. Cuando completo Su
obra, lo colocó dentro de la Torá y la mostró a Abraham,
que sin embargo no entendió nada. Entonces sonó una voz
celestial y dijo: ¿Estás realmente tratando de comparar tu
conocimiento con el mío? Pues en esto no puedes
entender nada solo. Después Abraham fui a buscar a Eber
y Schem, y meditaron sobre esto por tres años, hasta que
supieron cómo crear un mundo. Y así, tanto Rava como el
rabino Zera se ocuparon del Sefer Ietzirá y un becerro les
fue creado, y Jeremías y Ben Sira también se ocuparon de
él por tres años, y un hombre les fue creado”.
Éste es también el origen de la figura legendario del Gólem,
siglos más tarde, que por sí solo es materia suficiente para
todo un capítulo.

La valorización de la letra y la concepción cabalística exige


la extrema perfección y la transcripción de los textos
sagrados, ya que estos, y su grafía y pronunciación
correctas, emiten una vibración constructiva y armónica.

Como algunas consonantes son muy parecidas en su


grafía, el riesgo es mayor y la atención, redoblada.

‫)ד‬, que corresponde a la letra D, se


Por ejemplo, dalet (

confunde con reish (‫)ר‬, con el sonido de R. Si, por


equivocación, reish sustituye a dalet en la oración “Shmá
Israel (cuya traducción es: “¡Oye, Israel! “¡El Señor es
nuestro Dios, el señor es UNO!”), el sentido se modificará
radicalmente, pues echad significa “uno”, y acher significa
“otro”. Esta formulación equívoca (“¡El Señor es nuestro
Dios, el señor es otro!”), además de constituir una
blasfemia imperdonable, podría energéticamente,
desequilibrar el universo.

La perfección y la integridad de los textos de la liturgia y de


la literatura canónica son de tal importancia que esta
responsabilidad es concedida sólo a personas muy
entrenadas.

Algunos cabalistas advierten también sobre ciertas


experiencias teúrgicas basadas en el Sefer Ietzirá y en la
combinación de las letras, ya que, en el libro, cada letra
corresponde a un órgano del cuerpo humano, y la
manipulación precoz, sin preparación o malintencionada de
estos poderes, podría lesionar de manera irreversible el
órgano relacionado con la letra utilizada inadecuadamente.

El Sefer Ietzirá y el Zohar constituyen auténticos tratados


de la Cábala.

El Zohar, supuestamente escrito a finales del siglo XIII por


Moisés de León, durante algunos incluso atribuido a
Shimon Bar Iochai, que vivió en Galilea, ocupación romana,
en el siglo II.

Tradicionalmente, Shimon Bar Iochai sigue siendo


señalado como el autor del Zohar y, aún en las ediciones
más recientes, su nombre es indicado como tal, a pesar de
que Gershom Scholem, el gran investigador
contemporáneo el movimiento místico judío, afirma que
Moisés de León se ocultó tras ese nombre al escribir su
obra mayor.

Al contrario del Sefer Ietzirá, el Zohar consiste en una


literatura bastante extensa.

En su mayor parte, trata de la interpretación oculta el texto


bíblico, revelando por su intermedio sus concepciones
teosóficas, así como los misterios del alma y su destino, la
constitución del universo, la jerarquía de los mundos y de
sus habitantes, de las Sefirot, que aquí adquieren un
sentido de la representación de los atributos divinos, entre
muchos otros temas, de naturaleza teosófica, filosófica o
metafísica.
Escrito originalmente en arameo, el Zohar, como ya se
mencionó anteriormente, ocupó durante siglos una
posición muy valorada, sobre todo entre las comunidades
judías sefarditas (orientales), generalmente más sensibles
el misticismo.

La importancia dada a estas dos obras (el Sefer Ietzirá y el


Zohar) de ninguna forma pretende subestimar una vasta
literatura en el transcurrir de los últimos dos mil años,
desde los primeros escritos herméticos y oscuros,
conocidos como Heichalot (la literatura de los atrios
celestiales), que contienen relatos de experiencias
personales de la ascensión a los planos superiores, hasta
la bellísima colección de cuentos hassídicos, reunidos y
reescritos por Martín Buber. Estos registros constituyen
ventanas abiertas en dirección al movimiento místico judío
y resaltan su elevado valor literario.
Los cuatro mundos
El versículo 7 del libro de Isaías, capítulo 43 (“…todos
aquellos que invocan Mi Nombre, Yo los creé, Yo los formé,
Yo los hice, …”), sugiere para la interpretación cabalista la
existencia de cuatro mundos, quien realidad son cuatro
planos de conciencia, o cuatro niveles de densidad, y
jerárquicamente retroceden, en el proceso de la Creación,
y evolucionan, en el proceso de retorno a la fuente.

Éstos son los cuatro mundos de la Cábala, con sus


denominaciones inspiradas en aquel versículo:

1. Olam HaAtzilut (el mundo de la Emanación)


2. Olam HaBriá (el mundo de la Creación)
3. Olam HaIetzirá (el mundo de la Formación)
4. Olam HaAssiá (el mundo de la Acción o Producción)

El Olam HaAtzilut es el mundo de la Emanación Divina,


donde no hay nada más que el reflejo de los diez atributos
divinos y los diez nombres de Dios, cada cual relacionado
a un atributo.

El Olam HaBriá, el mundo de la Creación, habitado por


seres angelicales, es la idea original de la Creación, el
potencial, la simiente de todo lo que existe. El Olam HaBriá
es el plano de la Creación preconcebida, donde todo existe
ya, y en donde incluso la mayor genialidad ya se encuentra
en potencia.

El Olam HaIetzirá, el mundo de la Formación, habitado por


huestes angelicales, es el mundo planetario, donde la idea
adquiere forma, compuesta de materia astral, y donde la
separación ya se distingue en elementos relativamente
independientes.

Es en este plano que sucede la separación de los aspectos


femenino y masculino, lo que explica el doble relato de la
creación del hombre, el primero en el Génesis 1-27, y el
segundo en Génesis 2-7.

En el primer relato, “Y creó Dios al hombre a su imagen, lo


creó a imagen de Dios, y los creó masculino y femenino”,
el verbo utilizado es “crear”, refiriéndose al Olam HaBriá, el
mundo de la Creación, y el hombre preconcebido, a la
semejanza de Dios.

En el segundo relato, donde se lee “El Señor Dios formó,


pues, al hombre del barro de la tierra, e inspiró en su rostro
un soplo de vida…”, el verbo utilizado es “formar”, lo que lo
sitúa en el Olam HaIetzirá, el mundo de la Formación,
donde el ser adquiere forma y una cierta materialidad,
todavía sutil, y donde nada es ya andrógeno.

Finalmente, el Olam HaAssiá, el mundo de la Acción o de


la Producción, es el mundo físico y sensorial, la Creación
en su mayor grado de materialidad, los reinos mineral,
vegetal y animal, donde el hombre habita desde la Caída,
cuando perdió el derecho a su hábitat original, para el cual
fue creado (el Olam HaIetzirá), donde recibió un cuerpo
denso sobre su cuerpo astral original, y donde debe
trabajar por la recuperación de su lugar evolutivo anterior
y, además de eso, por la evolución y restauración de toda
la Creación a su estado original, a la unidad y al retorno a
la fuente.

Otra clasificación bastante usual de los cuatro mundos es


aquella que define al Olam HaAtzilut como el mundo de la
Emanación, y a los otros tres como los mundos de la
separación, lo que alude al aspecto doble de la Divinidad,
al mismo tiempo inmanente y trascendental. Se entiende
por aspecto doble no una doble divinidad (lo qué sería
totalmente herético e inadmisible en el Judaísmo), pero sí
el reconocimiento de un aspecto completamente
incomprensible e indefinible de la Divinidad, inexpresable
en el limitado vocabulario humano, ya que este aspecto
trascendental de la Divinidad no es comparable ninguna
creación o criatura, y no hay ni de cerca una remota o
metafórica analogía que se le pueda comparar.

Por otro lado, hay un pequeño aspecto de la Divinidad, no


revelado totalmente a través de Su poder creador e
inmanente, comprensible sólo a través de los diez atributos
divinos revelados en la Creación, identificables en el texto
bíblico.

Ese aspecto parcialmente identificable del Creador está


lejos de referirse a Su esencia, pero sí al reflejo de Su luz,
que en su caso es la emanación de la fuente, y no la propia
fuente. Esto significa que la comprensión humana puede,
en la mejor de las posibilidades, cuando está muy
evolucionada y abstracta, vislumbrar una centella del
reflejo de la emanación de la luz Divina, de un pequeño
aspecto de la Divinidad, que es Su poder creador.

Éste vislumbre es representado por el Olam HaAtzilut, el


mundo de la Emanación, que consiste, conforme ya
mencionamos anteriormente, en los diez atributos del
aspecto creador de la Divinidad, como diez matices de una
misma luz.

El nivel superior de este mundo es impenetrable, hasta


para el más elevado o profundo lugar de la conciencia de
un místico en éxtasis.

Sin embargo, los tres mundos de la Creación – Briá, Ietzirá


y Assiá – pueden ser observados por el místico
contemplativo, en niveles especiales de conciencia en
éxtasis, lo que hace del hombre una criatura superior, ya
que los seres angelicales están confinados a los mundos
superiores, mientras los vegetales y los animales están
confinados a los mundos inferiores, reservándose apenas
al hombre el derecho de percepción de todos los mundos.

Esa incursión en los mundos y planos celestiales es muy


peligrosa para personas desequilibradas y sin preparación,
según ilustra la clásica narrativa de los cuatro que entraron
en Pardes (terreno de la especulación mística): Ben Azai,
Ben Zoma, Elisha Ben Avuiá y el rabino Akiva. Ben Azai
miró en la dirección de la Shechiná y murió. Ben Zoma miró
y enloqueció. Elisha Ben Avuiá perdió la religión. El rabino
Akiva no sufrió nada (Haguigá 14 b).
La práctica de la contemplación de los mundos superiores
es el tema de la primera fase del misticismo judío el que se
tenga noticia. Inspirados en el primer capítulo del libro de
Ezequiel, que describe la visión de este profeta, del
Carruaje que transporta el Trono de la Gloria, los místicos
de los primeros siglos de la era actual se dedicaron a
ejercicios contemplativos y meditativos que les permitieran
visualizar los mundos celestiales, el Carruaje (MERCAVÁ,
en hebreo), el Trono de la Gloria y los seres, muchas veces
hostiles, que corresponden a las diversas órdenes
angelicales.

A pesar de sugerir esa jornada una ascensión, los


visionarios y exploradores de los planos celestiales eran
llamados IORDEI MERCAVÁ (“los que descienden al
Carruaje”), probablemente aludiendo a la interiorización
más profunda dentro del propio Yo, de acuerdo con la
concepción de qué el hombre es el microcosmos,
correspondiendo exactamente a la vida cósmica, en escala
menor, y que cuanto más distante en el espacio, más
próximo en el hombre, y cuanto más exterior en el universo,
más interior en la conciencia humana.

Usualmente, los cuatro planos son concebidos de forma


superpuesta los unos a los otros verticalmente y del mismo
modo se interpretan, pero eso no significa,
necesariamente, una posición geográfica, pues en la
realidad los planos son simultáneos, ocupando el mismo
espacio, y lo que se desvía es el foco de la conciencia.

Para que la jornada transcurra satisfactoriamente y sin


riesgos, es necesario que el místico esté muy bien
engranado en la vida física, con sus responsabilidades y
horarios, a fin de que tenga un estímulo para retornar, ya
que para el Judaísmo, la materia no es despreciable o
condenable, pues es Creación Divina y, a pesar de ser la
más distante y la más diferenciada de la fuente, es donde
el hombre debe realizar el trabajo de unificación y
restauración de los mundos.

Esto quiere decir que es una persona desajustada no podrá


emprender la jornada mística, para que el mundo superior
no sea un refugio del mundo físico, cuando en realidad el
objetivo es que sea su complemento, su ornato, su salón
más noble e iluminado.
Las diez Sefirot
El término Sefirot, mencionado por primera vez en el Sefer
Ietzirá, designando los diez números primordiales de los
treinta y dos caminos de la sabiduría, evolucionó y amplió
enormemente su significado, y aproximadamente diez
siglos más tarde, en el Zohar, asume la designación de los
diez atributos divinos, extraídos del texto bíblico.

La idea debe ser explicada, ya que la trascendencia de la


Divinidad no admite calificaciones, pues no hay nada que
le sea análogo, por mayor que se la abstracción del
pensamiento humano, o por más elaborado que sea el
lenguaje.

Todo conocimiento se vuelve muy pequeño y limitado ante


la incapacidad humana de comprender la Divinidad, de tal
forma que la más remota e incomprensible Concepción de
Dios es AIN, que se traduce como “nada”.

Éste AIN no representa la negación de la existencia, si no


la afirmación de que ningún término del vocabulario
humano puede definir tal abstracción.

Esta idea excluye toda relación con el tiempo y el espacio.


La NADA no está en ningún lugar ni tiempo. No existe y no
está. Ninguna acción o adjetivo le pueden ser atribuidos.
AIN es lo no manifiesto, la Existencia Negativa. AIN,
simplemente, Es.

EIN SOF (literalmente, Sin Fin, Infinito) es una concepción


ligeramente más definida de AIN. Difiere de la primera
únicamente en cuanto presupone la idea del tiempo y
espacio, por la inclusión del término SOF (“fin”). Constituye
también una idea de Existencia Negativa.

EIN SOF OR (literalmente, Luz Infinita) se aproxima un


paso más en dirección al desvelo humano, por la inclusión
del término OR (“luz”). A pesar de eso, EIN SOF OR
permanece incomprensible y constituye el tercer velo de
Existencia Negativa.

A partir de ahí, la conciencia humana comienza percibir,


aunque en un plano bastante abstracto, un ínfimo aspecto
de la Divinidad, Su aspecto creador, a través de Su
manifestación. En la Creación, No Manifestado se vuelve
Manifiesto, concebido por la criatura, únicamente por los
atributos que les son conferidos en el texto del Antiguo
Testamento.
Estos atributos, el número de diez, nombran las diez Sefirot
que son:

1. KETER – Corona
2. CHOCHMÁ – Sabiduría
3. BINÁ – Comprensión
4. CHESED – Misericordia
5. GUEVURÁ – Valentía
6. TIFERET – Belleza
7. NETZACH – Victoria
8. HOD – Gloria
9. IESOD – Fundamento
10. MALCHUT – Reino

Las diez Sefirot son representadas por un diagrama


denominado “El Árbol de la Vida” (figura 1).

Los trazos de unión entre las Sefirot, en número de


veintidós, de conformidad con el número de letras del
alfabeto hebreo, constituyen las vías a través de las cuales
fluye la luz infinita y la fuerza creadora. Es la imagen de
recipientes que, después de estar llenos, derraman el
exceso hacia los recipientes inferiores, y así
sucesivamente.

A pesar de estar diferenciadas en sus características, las


diez Sefirot constituyen una unidad, como diez matices de
la misma luz.

Es posible interpretar el contenido del Árbol de la Vida bajo


varios criterios: el vertical, el horizontal, el descendente y
el ascendente.
En el sentido vertical, las Sefirot forman tres pilares: un pilar
central, uno a la izquierda y el otro la derecha.

El pilar de la derecha es denominado Pilar de la


Misericordia (AMUDA DEIEMINA), formado por las Sefirot
Chochmá, Chesed y Netzach. El pilar de la izquierda,
formado por las Sefirot Biná, Guevurá y Hod, es el Pilar de
la Severidad (AMUDA DESMOLA). El pilar central es el
Pilar del Equilibrio (AMUDA DEMETZIUTA), formado por
las Sefirot Keter, Tiferet, Iesod y Malchut.

Esta clasificación atribuye al lado derecho la propiedad de


la fuente del bien, y al lado izquierdo, de la fuente del mal,
que resulta de la hipertrofia de Guevurá.

El Pilar de la Misericordia es considerado activo, masculino


y positivo, y el Pilar de la Severidad, pasivo, femenino
negativo. Esta clasificación es genérica, visto que cada
Sefirá es considerada pasiva en relación aquella que la
precede y activa en relación a aquella que la sigue.

El Pilar del Equilibrio es el camino ideal de actuación, el


camino del medio, la conciliación de los opuestos.

En el sentido horizontal, la observación se detiene


principalmente en las líneas Chochmá–Biná, Chesed-
Guevurá y Netzach-Hod.

Chochmá y Biná son equilibradas por Daat


(“Conocimiento”), que en el diagrama corresponde al
círculo menor y constituye una Sefirá imaginaria, ausente
en el Árbol de la Vida, pero utilizada por fuerza de la
necesidad para suavizar las Sefirot Chochmá y Biná.

Chesed y Guevurá son equilibradas por Tiferet, Netzach y


Hod por Iesod, que representa el término medio entre la
emoción (Netzach) y la razón (Hod).

Keter la primera Sefirá, concentra la fuerza y la luz en su


estado más sutil, que fluye hacia las demás, y Malchut, la
décima Sefirá, constituye el receptáculo final que concentra
la fuerza creadora, ahora en su estado más denso y
residual. Malchut es el reflejo de Keter, en un plano inferior.

En el sentido descendente, el Árbol de la Vida constituye el


trayecto a través del cual el poder creador actuó en el acto
de la Creación. Es la transformación de AIN (“Nada”) en
ANI (“Yo”), cuando lo No Manifestado se vuelve Manifiesto.
Se nota que AIN y ANI contienen las mismas letras, y el
intercambio entre ellas, según el método cabalístico
“Temurá”, causó, resultó o sucedió simultáneamente al
proceso de la involucración del poder creador (figura 2).

Para una mejor comprensión de esta idea, las Sefirot


pueden ser representadas por tres triángulos, siendo el
superior ascendente los inferiores, descendentes.

El triángulo ascendente recibe luz y fuerza de lo Alto y


corresponde a Olam HaAtzilut (mundo de la Emanación. Es
el triángulo espiritual.
Los triángulos descendentes, respectivamente, el creativo
o intelectual y el formativo o emocional, absorben las
influencias superiores, metabolizándolas y conduciéndolas
en dirección al mundo físico, y corresponden, el primero, a
Olam HaBriá, y el segundo a Olam HaIetzirá (figura 3).
En el sentido ascendente, el Árbol de la Vida constituye el
camino evolutivo, que conduce la criatura al Creador, a la
unidad original (figura 4).

Este trayecto de evolución puede ser realizado por el


hombre voluntariamente y de forma consciente mientras
logra grados cada vez más elevados de conciencia, desde
el más elemental y sensorial en Malchut, hasta la
revelación suprema en Chochmá.

Estos niveles de conciencia están relacionados con el


discernimiento de los cuatro planos de existencia, de tal
forma que, a través del autoconocimiento, el hombre pueda
penetrar y circular en los mundos superiores, recibir
influencias de ellos y ejercer influencia en ellos a través de
sus actos, aún en los más mundanos.

Considerando el Árbol de la Vida una escalera para la


ascensión espiritual, y clasificándolo en cuatro niveles de
discernimiento, Malchut se refiere a la conciencia de Ego,
cuando el hombre reconoce únicamente su inclusión con la
rutina y con sus necesidades más inmediatas.

Iesod se refiere a la conciencia del Yo, cuando este hombre


actúa en un ámbito más amplio, cuando pasa a darse
cuenta del plano de la emoción, de la imaginación y de los
sueños, siendo capaz de zafarse de las amarras del mundo
físico y, de esa forma, conocerse a sí mismo en su esencia.

Tiferet corresponde a la conciencia cósmica, cuando el


hombre comprende su existencia como célula insustituible
del Gran Organismo y se da cuenta del hilo mágico que une
a toda la Creación en único todo, en el cual la separación
no existe y él mismo se identifica y se confunde con el
Cosmos.

A partir de Daat, la Sefirá imaginaria, que constituye el


apoyo sobre el abismo entre los triángulos inferiores y el
triángulo superior, el hombre penetra en el dominio de la
Conciencia Divina y, en este grado de evolución, queda
vulnerable a la propia Providencia, y no sólo esto, sino que
puede comprender sus designios y someterse a ellos. En
este nivel el hombre también es alcanzado por la
iluminación profética, y por la revelación de los más íntimos
secretos de la realidad invisible e intangible, pero jamás la
comprensión de la Divinidad.

Las Sefirot en el Árbol de la Vida corresponden a los


diversos sectores de vida del ser humano, de tal forma que
cada Sefirá impulsa y activa determinado sector.

De una manera aproximada, se puede establecer la


siguiente correlación:

1. Keter – espiritualidad
2. Chochmá – conocimientos renovación, capacidad
para crear
3. Biná – conocimiento y tradición, capacidad para
comprender
4. Chesed – benevolencia y complacencia
5. Guevurá – severidad, agresividad y resistencia
6. Tiferet – vitalidad, energía e iniciativa
7. Netzach – emoción, placeres y creatividad
8. Hod – razón, estudios y comunicación
9. Iesod – sueños, psiquismo e imaginación
10. Malchut – necesidades inmediatas

En el hombre integrado, todas las Sefirot son activadas, de


tal forma que ningún sector del de su vida resulte
perjudicado en favor de otro, lo que provocaría un
desequilibrio en algún plano.

El hombre integrado actúa conciliando a los opuestos del


Árbol de la Vida, que se completan de manera armoniosa,
en vez de anularse mutuamente.

De esa conciliación resulta una actitud equilibrada ante la


vida, donde razón y emoción (Hod y Netzach), severidad y
benevolencia (Guevurá y Chesed), tradición y renovación
(Biná y Chochmá), materialidad y espiritualidad (Malchut y
Keter) están presentes siempre, en dosis controladas,
reaccionando recíprocamente.
Las Sefirot en los
Cuatro mundos
El diagrama del Árbol de la Vida es concebible en cada uno
de los cuatro mundos de la Cábala. En Atzilut, las Sefirot
constituyen la primera emanación EIN SOF OR,
concentrándose en Keter y, enseguida, huyendo en orden
descendente hacia las Sefirot siguientes.

En ese nivel, a las diez Sefirot les son atribuidos diez


Nombres Divinos, de acuerdo con las características de
cada Sefirá, de forma que, siempre que determinado
Nombre es pronunciado, vibran la Sefirá correspondiente.

He aquí la relación de las diez Sefirot en Atzilut y los diez


Nombres.

1. Keter – EHIEH
2. Chochmá – IHWH
3. Biná – ELOHIM
4. Chesed – EL
5. Guevurá – IAH
6. Tiferet – IHWH ELOHIM
7. Netzach – IHWH TZVAOT
8. Hod – ELOHIM TZVAOT
9. Iesod – EL CHAI SHADAI
10. Malchut – ADONAI
En Briá, las Sefirot son gobernadas por arcángeles, de
acuerdo con la siguiente relación:

1. Keter – METRATRON
2. Chochmá – RAZIEL
3. Biná – ZAFKIEL
4. Chesed – ZADKIEL
5. Guevurá – SAMAEL
6. Tiferet – MIGUEL
7. Netzach – HANIEL
8. Hod – RAFAEL
9. Iesod – GABRIEL
10. Malchut – SANDALFON

En Ietzirá, las Sefirot reciben influencias de las huestes


angelicales y de vibraciones planetarias, de acuerdo con
las relaciones siguientes:

1. Keter – CHAIOT HAKODESH


2. Chochmá – OFANIM
3. Biná – ARELIM
4. Chesed – CHASHMALIM
5. Guevurá – SERAFIN
6. Tiferet – MALACHIM
7. Netzach – ELOHIM
8. Hod –BNEI ELOHIM
9. Iesod – QUERUBIN
10. Malchut – ISHIM
1. Keter – PRIMEROS REMOLINOS
2. Chochmá – EL ZODIACO
3. Biná – SATURNO
4. Chesed – JÚPITER
5. Guevurá – MARTE
6. Tiferet – SOL
7. Netzach – VENUS
8. Hod –MERCURIO
9. Iesod – LUNA
10. Malchut – TIERRA

Hoy, en el descubrimiento de los planetas Urano, Neptuno


y Plutón, se acostumbra asociar a Urano con Chochmá, a
Neptuno con Keter, y a Plutón con Daat.

Este hecho es curioso, pues esta asociación es


perfectamente viable y adecuada, considerando la similitud
entre las características de esas Sefirot y las de los
planetas recién descubiertos, en términos de influencias
planetarias, lo que refuerza el principio cabalístico de la
unicidad en la Creación, de que todo está en todo y
contiene todo, y que la separación es sólo una impresión
sensorial y temporal.

En Assiá, el Árbol de la Vida es comparable al cuerpo


humano, a sus miembros y órganos vitales, de acuerdo con
la siguiente correlación:

Keter – cabeza
Chochmá, Chesed y Netzach – lado derecho del
cuerpo
Biná, Guevurá y Hod – lado izquierdo del cuerpo
Tiferet – corazón
Iesod – órganos reproductores
Malchut – pies

Algunas sociedades esotéricas relativamente recientes


acostumbran atribuir también colores, piedras y metales a
las diez Sefirot, y orientan la activación de cada Sefirá a
través de la utilización de estos recursos.
La relación entre los
cuatro mundos

Las Sefirot en los cuatro mundos, que indican el proceso


doble de involución/ evolución, dispuestas en un diagrama
convencional, denota su polivalencia, así como su valor
relativo, de acuerdo con determinado criterio o punto de
vista, lo que es bastante estimulante. En otras palabras,
eso significa, en términos de valores, que nada es
absolutamente bueno o malo, superior o inferior, activo o
pasivo, positivo o negativo, que todo depende de una
relación de intercambio, de una determinada posición en el
espacio, o de un determinado instante en el tiempo.

Eso ocurre porque los cuatro planos se hallan


relacionados, no son independientes unos de otros, pero la
concepción superior de uno de ellos corresponde al inferior
de aquel plano inmediatamente arriba.

Así, cada plano es teóricamente dividido en dos, y cada


mitad puede ser concebida bajo dos aspectos o puntos de
vista, mientras algunas Sefirot pueden ser concebidas
hasta bajo tres aspectos, de tal forma que Keter es también
Tiferet y Malchut.
¿Como así? Keter en Ietzirá es Tiferet en Briá y Malchut en
Atzilut. Keter en Assiá es Tiferet en Ietzirá y Malchut en
Briá, así con todas las Sefirot.

En realidad, la localización de las Sefirot en el Árbol de la


Vida y en el diagrama de los cuatro mundos, representa
estados o niveles de conciencia.

Localizar o nombrar una Sefirá en una determinada


posición es una cuestión de evaluación personal, en los
casos subjetivos. En los casos objetivos, determinada
Sefirá en su posición es concebida en el contexto del plano
mencionado en un determinado momento.

En otras palabras, un hombre, en un nivel de conciencia


atribuido a una cierta Sefirá en algún plano, se encuentra
en estado superior en relación a un plano inferior, o en
estado inferior en relación a un plano superior.

Visualizando el diagrama, esta idea se vuelve más


comprensible (figura 5).
El trabajo de unificación

El hombre consciente y espiritualizado trabaja por su


evolución, al mismo tiempo que promueve influencias
benéficas en los planos superiores.

Este proceso se realiza a través del pensamiento, de tal


forma que los pensamientos positivos generan vibraciones
positivas en su medio y, consecuentemente, las influencias
benéficas en los planos invisibles, y los pensamientos
negativos emiten vibraciones negativas en este plano, y
desequilibrio en los planos superiores.

Tal es el poder de los pensamientos espontáneos. El


hombre común se permite producir cualquier tipo de
pensamiento, creyendo que este no sobrepasa los límites
de su mente, pero en realidad un mal pensamiento produce
efectos de grandes proporciones, principalmente si es
insistente, o es compartido por varias personas.

Por otro lado, aquel hombre cuya mente forja sólo


pensamientos positivos actúa benéficamente sobre toda la
Creación, y mayor será el beneficio cuanta sea la fuerza
del pensamiento positivo de una persona, o de cuantos
participen de él.
Si así sucede en relación al pensamiento espontáneo, tanto
mayor será el poder del pensamiento dirigido.

El cabalista cuya tarea es la de promover la unificación de


los planos de la existencia, trabaja en ese sentido, a través
del pensamiento dirigido.

Este proceso mental consiste en dedicar cada acción, por


más rutinaria, profana o aparentemente insignificante que
sea, a alguna causa mayor.

De esa forma, cada acto humano se vuelve un verdadero


ritual, cuando es dirigido a alguna causa que le sea
análoga.

Para citar un ejemplo bastante elemental, el acto rutinario


de limpiar el polvo del piso o de los muebles puede, a través
del pensamiento dirigido, ser dedicado a la eliminación de
impurezas (fuerzas malignas) en el plano etéreo.

Siguiendo la misma línea de raciocinio, y trabajando por


analogías, el acto sexual se vuelve un signo de gran
importancia, ya que, desde el más bajo plano de existencia,
promueve la más elevada unión, las bodas místicas
(ZIVUGÁ KADISHÁ), la fusión del KADOSH BARUCH HU
con su SHECHINÁ. Esto es, el aspecto trascendental de
Dios con su aspecto inmanente y exiliado en la Creación.

Este proceso explica el conocido relato del Hassid que fue


a visitar a su rabino, con la intención de ver como el viejo
sabio ataba los cordones de sus zapatos.
Si cada pequeño acto físico corresponde a un suceso de la
naturaleza superior y cósmica, y si el hombre tiene
conciencia de esa correspondencia y de la simultaneidad
entre las fuerzas activas en los diversos planos, en
intercambio constante, interfiriendo unos sobre otros, se da
la unificación de los mundos, donde toda la Creación se
armoniza, en un importante paso en dirección a la
restauración y al retorno.

La responsabilidad del hombre, entonces, sobrepasa los


límites de su vida particular, extendiéndose al destino y
toda la humanidad, de tal forma que cada ser humano
constituye una pieza de un gigantesco móvil, donde
cualquier movimiento estimula y agita toda la estructura.
El alma

El alma humana se divide en cinco niveles, de acuerdo con


su grado de pureza. Son ellos, los que se relacionan a
continuación, del nivel más vulgar al más útil.

1. NEFESH
2. RUACH
3. NESHAMÁ
4. CHAIÁ
5. IECHIDÁ

NEFESH, RUACH y NESHAMÁ pertenecen al plano


personal, mientras que CHAIÁ e IECHIDÁ son del plano
más allá del personal.

Nefesh es la vitalidad, el soplo de la vida, el nivel del alma


que permite la actividad simultánea y coordinada del
cuerpo físico, y a él está íntimamente unida; abandonarlo
significa la muerte.

Nefesh corresponde, en el hombre, a Olam HaAssiá en la


Creación, y circula sólo en este plano físico, junto al cuerpo.

Ruach es el nivel del alma relacionado con las emociones.


No está directamente unido al cuerpo físico, pero sí a
Nefesh. Esto le da una cierta independencia, y Ruach
puede abandonar el cuerpo, en estados oníricos o
contemplativos, trayendo impresiones de Olam HaIetzirá,
pues Ruach corresponde al plano de la Formación o astral,
y en el circula, aunque la gran mayoría no tenga conciencia
de eso.

Neshamá, el nivel sutilísimo del alma, es la verdadera


esencia del hombre. Es independiente del cuerpo y se
apoya en Ruach, activándolo.

Neshamá es responsable por el grado más elevado del


discernimiento en el hombre, tanto intelectual como
espiritual, y circula en Olam HaBriá, el mundo de la
Creación y de este plano de las ideas puede tomar grandes
revelaciones.

Neshamá es la centella Divina en el hombre. Toda


creatividad humana de carácter genial, sea en el terreno de
la ciencia, del arte o de la filosofía, así como las grandes
revelaciones de orden profético, provienen de los impulsos
de Neshamá que, por su naturaleza espiritual, se eleva a
altos niveles de comprensión y proporciona al hombre una
posibilidad de sintonía e identificación con el todo, aunque
la mayoría de los casos, inconscientemente.

El Zohar compara brillantemente el alma humana graduada


en los tres niveles con la llama de una vela. La parte inferior
de la llama está unida al pabilo, y es de coloración más
oscura. Así como el pabilo sirve de apoyo a la parte oscura
de la llama, que representa Nefesh unida al cuerpo, la
llama oscura sirve de apoyo a la llama blanca, que es
Ruach.

Así como Ruach, que puede circular independientemente


del cuerpo físico, la llama blanca y superior es libre, y se
mueve en todas las direcciones.

Arriba de la llama blanca hay una luminosidad, un halo de


luz envolviendo toda la llama, que es como Neshamá en el
hombre.

Mientras las llama se eleva e ilumina todo alrededor, la vela


se va consumiendo, hasta desaparecer, y libera aquella
luminosidad.

Tal es el destino de Neshamá, después de la muerte del


cuerpo físico. Asciende a su plano, junto a aquellos que le
son semejantes.

Nefesh, Ruach y Neshamá se manifiestan en el hombre en


épocas diferentes. Nefesh en la hora del nacimiento, como
soplo de vida; Ruach se manifiesta como comunicación,
pero no la comunicación pasiva de Nefesh, basada en las
sensaciones, sino la comunicación activa, basada en los
sentimientos, emociones y deseos. Neshamá se identifica
como discernimiento en la fase de la pubertad.

Nefesh – Sensaciones
Ruach – Comunicación
Neshamá – Discernimiento
El cabalista, en el trabajo de unificación de los mundos,
promueve simultáneamente la unificación de los tres
niveles de su alma, por analogía.

Chaiá e Iechidá son los niveles más elevados del alma.


Circulan en los planos espirituales y contienen la esencia
de la individualidad del hombre, aquella que se preserva y
se acumula a través de las múltiples encarnaciones,
despreciando las características temporales de la
personalidad.
La doctrina de Isaac Luria
Tzimtzum, Shevirat Hakelim,
Tikun y Guilgul

Después de la expulsión de los judíos de España, en 1492,


el centro del misticismo judío se trasladó a Safed, en
Galilea.

El movimiento, a partir de entonces, buscó una explicación


para el eterno y sufrido exilio judío.

El rabino esquenazi y Itzchack (el ARI, el Sagrado León de


Safed), líder del movimiento, creó entonces la teoría del
TZIMTZUM (“contracción”), totalmente renovadora y
opuesta a la doctrina de la emanación, según la cual la
Creación es una exteriorización de Dios.

En la doctrina del Tzimtzum, el proceso de creación es


precedido por una contracción de Dios: su retiro de un
punto, para ceder lugar a la Creación, en un gesto de amor.

Éste es el símbolo del exilio. El exilio divino, representado


en el plano físico por el exilio del pueblo judío.

En realidad, observando la naturaleza, el movimiento de


contracción anticipa otros procesos de vida, como el
nacimiento (contracción uterina), la respiración (inspiración
y expiración) y la circulación (sístole y diástole), para citar
algunos ejemplos, lo que refuerza la idea del Tzimtzum e
insinúa que, después de su retiro de un punto, la Divinidad
habría tenido que expandirse, envolviendo y cubriendo
toda la Creación.

El Tzimtzum es considerado un acto de renuncia por parte


de la Divinidad, en favor del hombre por amor al hombre.
Es un exilio voluntario, autoimpuesto. Por analogía, el fin
del exilio del pueblo judío anunciará la Redención.

Otra teoría de Isaac Luria (el ARI), también referente al


exilio, es la “Rotura de los Vasos” (SHEVIRAT HAKELIM).

Según Luria, en el proceso de la Creación sucedió una falla


inevitable. En el espacio liberado por el Tzimtzum penetró
la luz Divina, huyendo con todo su esplendor espiritual.
Esta luz espiritual debía concentrarse en diez recipientes,
a semejanza de las diez Sefirot. Los siete recipientes
inferiores no soportaron el flujo de la luz Divina y no fueron
capaces de contenerla, lo que provocó un accidente nivel
cósmico, llamado por Luria “La Rotura de los Vasos”. Los
cascos de estos recipientes se dispersaron y cayeron en
los mundos inferiores, llevando consigo centellas de luz.
Centellas de luz Divina están regadas por toda la Creación,
aún en la inmundicia y el barro, esperando por su
redención.

La expectativa de redención da origen a una tercera teoría


de Isaac Luria, el TIKUN.
De acuerdo con esta doctrina, una tarea del hombre es
restaurar el orden cósmico y restablecer el estado original
de la unidad absoluta.

Tikun significa “restauración”, y consiste en elevar centellas


exiliadas de luz Divina hacia su fuente, y redimirlas.

Sólo el hombre puede recogerlas, y muchas veces lo hará


a través de un gran pesar, y frecuentemente estará
elevando centellas, aún sin tener conciencia de eso.

El Tikun idealizado por Luria representa la ira mesiánica y


el fin del exilio.

Luria también trató el tema de la reencarnación, hasta


entonces nada claro en el misticismo judío.

De acuerdo con el ARI, todas las almas provienen de un


alma única y universal, de tal forma que cada hombre
contiene en sí mismo una parte del otro y tiene proyectada
en el otro una parte propia.

Al redimirse, el hombre redime también su parte en el otro,


y viceversa.

La idea del alma universal explica el fenómeno de la


empatía, que consiste en la capacidad que algunas
personas poseen para sentir lo que el otro siente, y de
percibir a través de la óptica del otro.

El GUILGUL, la transmigración del alma, también un


símbolo del exilio, se da porque tiene la finalidad del
perfeccionamiento, hasta que por medio de la perfección el
alma pueda liberarse del ciclo de la reencarnación y
regresar a su origen.

Por medio de la reencarnación el alma podrá corregir


errores de las vidas anteriores, retornando en forma de
hombre, animal, vegetal o mineral, según la gravedad de
las transgresiones que cometió en la vida anterior.

Respecto al mismo tema, surgió también la idea de IBUR,


que consiste en la posibilidad de que un ser humano reciba
el apoyo de un alma perfecta y superior, que es identifica
con los mismos intereses de aquel ser y espontáneamente
se adhiere a él, para auxiliarlo en su evolución. Existe la
posibilidad de que una persona sea ayudada por varias
almas semejantes en sus características originales.

Isaac Luria, el Santo ARI, vivió entre los años 1534 y 1572
en Safed, Alta Galilea, en las proximidades de Merón,
donde se encontraba la tumba del rabino Shimn Bar Iochai,
considerado por muchos el autor del Zohar.
La Cábala práctica.

Lo que supuestamente fue el objetivo mayor de la Cábala


proliferó en realidad en un determinado periodo de la
historia del misticismo judío, que tuvo inicio en el siglo XII
– el Hassidismo alemán – liderado por los tres HASSIDEI
ASHKENAZ: Shmuel Hassid, Ieudá Hassid y Elazar de
Worms.

Esta fase se caracterizó por su orientación moral, vuelta


hacia el ascetismo.

La utilización de ciertos recursos externos, con la finalidad


de salvar una vida o una comunidad, era muy común en
ese periodo y hay instrucciones escritas de cómo hacerlo.

La autoría del SEFER RAZIEL, un manual que contiene


instrucciones para la confección de amuletos, es atribuida
por muchos a Elazar de Worms. Este también escribió un
comentario al Sefer Ietzirá, con instrucciones para la
hechura de un Gólem.

El Gólem es un ser imaginario de forma humana, cuya


creación mágica es atribuida al hombre por la leyenda. Este
ser estaría dotado de vitalidad, pero no del habla, ya que el
habla está asociada a un nivel superior del alma, que
solamente Dios puede conceder.

En el periodo del Hassidismo alemán, la creación del


Gólem hacía parte de un ritual de iniciación, con la única
finalidad de demostrar la capacidad demiúrgica del
adepto.

Esta creación constituía un fin en sí mismo. El Gólem no


podía ser utilizado para ningún propósito y tampoco podía
sobrevivir al tiempo del ritual y de éxtasis del adepto.

Según instrucciones de Elazar de Worms, dos o tres


adeptos participaban del ritual, que consistía en moldear
una figura semejante a la humana, una mezcla de tierra
virgen y agua corriente. Sobre esta figura, se recitaban las
231 combinaciones del Sefer Ietzirá, después de lo cual el
Gólem adquiría vitalidad. Enseguida, se volvían a recitar
las 231 combinaciones en orden inverso, y el Gólem perdía
la vitalidad, de tal forma que, entre su creación y su
destrucción, el Gólem no podía existir; eso significa que su
existencia era limitada al estado contemplativo del adepto.

Hay otras referencias que contienen instrucciones para la


creación del Gólem, pero poco difieren entre sí.

Siglos más tarde, la leyenda del Gólem adquirió entre los


judíos europeos una utilidad práctica, pues esta criatura
asumió, en la fantasía popular, una existencia autónoma,
más allá de los límites del ritual místico.
Así, hay una serie de relatos sobre el Gólem que sirve
como criado para servicios más pesados, hasta que se
vuelve una amenaza, pues crecía cada día, y tenía que ser
destruido cuando su dueño le alcanzara la frente, sobre la
cual, en el acto de la creación, fue grabada la palabra
EMET (“verdad”). Para destruirlo bastaba borrar la primera
letra, el EMET se volvía MET (“muerto”), y el Gólem se
desmoronaba, volviendo al polvo.

Ningún relato sin embargo se iguala en belleza y emoción


al del Gólem de Praga, creado en 1580 por el MAHARAL,
el rabino Iehudá Leib, y destruido por él diez años después,
en 1590. Tal creación popular, resultado de las mentes de
los judíos oprimidos por persecuciones y calumnias acerca
de un crimen ritual, constituía un consuelo para su dolor,
una esperanza de defensa contra el enemigo.

De acuerdo con este relato, el Gólem fue creado por el


MAHARAL con el objeto de resplandecer y denunciar a los
bandidos que acusaban a los judíos de crimen ritual contra
los niños cristianos.

Este relato fantástico fue recientemente publicado por Elie


Wiesel en su magnífico libro El Gólem, con detalles sobre
la creación, actividad comunitaria y la destrucción de
Yossel, el mudo, el presunto bedel de la sinagoga, “mudo
de nacimiento, que llegó no se sabe de dónde”.

Por Cábala práctica si entiende la utilización de medios


externos para obtener determinado beneficio, que siempre
está relacionado con la salvación de una vida o de una
comunidad, y no con la manipulación de elementos para
obtener un beneficio material y personal, como muchos
creen, dentro de la desfiguración del término.

La lectura de los Salmos constituye un recurso utilizado por


los judíos en tiempos de peligro, desde la antigüedad hasta
nuestros días.

Es bastante divulgada la historia del anciano que


acostumbraba recitar los Salmos diariamente, durante
años. Mientras vivió, su aldea jamás fue asolada por
bandas de malhechores y asaltantes, mientras que judíos
de todas las ciudades eran asaltados y asesinados
frecuentemente por los bandidos. Después de muerte del
anciano, la desgracia se abatió también sobre su aldea.

También fueron confeccionados talismanes que contenían


combinaciones con el Nombre de Dios para aliviar
parturientas y enfermos.

Aún en relación a la Cábala práctica, existió la figura de


BAAL SHEM, título dado a los hombres capaces de realizar
prodigios, como la curación de enfermos, por medio del
conocimiento de los poderes de los Nombres de Dios y sus
combinaciones.
La Cábala profética

Abraham Abulafia (1240-1292), notable cabalista español,


investigó el fenómeno de la profecía y escribió
CHOCHMAT HATZERUF (“la ciencia de la combinación de
las letras”).

Según Abulafia, la profecía proviene del contacto de la


inteligencia personal con la inteligencia cósmica, que llena
todo el espacio y que envuelve toda la Creación, mucho
más presente y actuante de lo que se pueda suponer.

Sin embargo, el alma humana no soportaría tal influjo, si


sus defensas no fueran naturales, bloqueos que impiden la
limitada comprensión humana de discernir la inteligencia
superior, suprema e ilimitada, que contiene todas las
informaciones de todos los tiempos, donde la
simultaneidad de ideas y sucesos anula cualquier
posibilidad de medida del tiempo en el criterio lineal de
pasado, presente y futuro.

Abulafia se refiere a estos bloqueos como “nudos” que atan


el alma. Para desatarla sin riesgos, es necesario entrar en
estado contemplativo, vaciar la mente de cualquier forma o
idea, por medio de la observación de alguna cosa sin
sentido propio, para evitar que la mente entre en proceso
de asociaciones en cadena.

Abulafia sugiere como objeto de contemplación las letras


hebreas. Su método consiste en la escritura aleatoria de
las letras, sin la menor preocupación de que formen algún
sentido; al contrario, deben formar combinaciones
incomprensibles, y por medio de esa actividad libre la
mente se abstrae y, en ese estado de éxtasis, recibe el
influjo de la inteligencia cósmica.

Este estado especial de conciencia proporciona al adepto


una experiencia singular y notable, como los relatos de
experiencias personales de este género.

El capítulo sobre Abraham Abulafia en el libro de Gershom


Scholem, la Mística Judía, contiene algunas referencias
antiquísimas de esa experiencia, con riqueza de detalles
en un lenguaje bastante claro.
El Hassidismo polaco

Esta fase de misticismo judío tuvo su comienzo en el siglo


VIII, en Polonia. Su líder, Israel Ben Eliécer, conocido como
BAAL SHEM TOV (BESHT), figura notable y carismática,
revolucionó el Judaísmo tradicional, introduciendo nuevos
elementos en la vida religiosa del pueblo.

El santo, hasta entonces condicionado al ideal de sabio,


conocedor de las Escrituras y de sus comentarios,
siguiendo con rigor la elaboradísima liturgia, se convirtió,
en el movimiento hassídico, en un hombre simple, que creó
su propio camino hacia Dios a través de la alegría y del
entusiasmo, con libertad para dirigir sus oraciones al
Altísimo por medio de su limitado y popular vocabulario,
oraciones personales repletas de emoción y autenticidad.

Las figuras centrales del movimiento hassídico era el


TZADIK y el HASSID, el primero un gran líder y orientador,
ejemplo y consuelo para el grupo de sus seguidores y
admiradores, los hassidim. Cada Tzadik reunía a su
alrededor a sus hassidim, sobre los cuales ejercía un
liderazgo irrestricto, extensivo a todos los sectores de la
vida, de los más espirituales a los más mundanos.
La renovación del Hassidismo en la mentalidad religiosa y
mística consiste en su tendencia panteísta, considerada
herética y peligrosa por el Judaísmo tradicional.

El movimiento propiciaba también alguna forma de


comunicación del hombre con Dios, a través del Tzadik, y
resaltaba el valor místico del entusiasmo y de la alegría
excesiva, de la inocente infantilidad, en el amor a Dios.

El Hassidismo polaco, de cierta forma, “humanizó” a Dios,


involucrándolo en el mundo, en los más rutinarios dramas
de las personas, al mismo tiempo que “divinizó” al hombre,
en la figura del Tzadik, aquel santo cuya misericordia podía
consolar a los sufridos y encontrar soluciones para sus
angustias.

Estoy movimiento de naturaleza ética, renovó también lo


concerniente a la divulgación de sus ideales morales y
religiosos, a través de cuentos y leyendas sobre los
grandes rabinos, y líderes del movimiento en cada
generación, los hombres santos cuyos actos eran
exaltados en forma de leyenda y folklore. Estos cuentos
constituyen un tesoro literario inestimable, reunidos por
Martín Buber en su libro Historias del Rabino.

El movimiento hassídico encontró fuerte oposición entre los


representantes del Judaísmo tradicional, los llamados
MITNAGDIM. Esta oposición no era dirigida propiamente
contra el misticismo, pero si contra la divulgación del
movimiento a nivel popular, lo que consideraban un gran
riesgo, pues temían una interpretación errónea y los
principios místicos y cabalísticos.
Tal resistencia se basó en una amarga experiencia
histórica, surgida de la desfiguración, en el movimiento
pseudomesiánico dirigido por Shabatai Tzvi, en el siglo
XVII, que arrastró verdaderas masas judías a la
conversión.

El antagonismo entre los hassidim y los mitnagdim llegó a


tales extremos en una guerra social y religiosa, que
amenazó la propia unidad del pueblo judío.

El Hassidismo polaco inspiró la creación del movimiento


CHABAD (nombre formado por las iniciales de Chochmá,
Biná y Daat – las Sefirot relativas a los tres géneros del
conocimiento), fundado por Shneiur Zalman de Ladi, que
registró en el TANYA los principios de su doctrina,
publicado por primera vez en 1796. Este movimiento se
mantiene hasta hoy, representando una de las tendencias
del misticismo judío contemporáneo, liderado por
Lubavitsher Rebe.
Conclusión

Para concluir este breve esbozo, a continuación, se hace un pequeño


relato sobre la experiencia mística personal, que conduce al
autoconocimiento, al conocimiento del universo, a la comprensión del
compromiso del hombre y del todo, en una relación continua de
influencias recíprocas, y de la responsabilidad de ser Hombre.
La torre

En lo alto de la montaña se erguía la torre. Era difícil el


acceso a la montaña, pero más difícil era la escalera de
acceso al mirador de la torre. En su interior, la escalinata
en ángulos rectos y sucesivos y en cada vacío de los
peldaños, ventanas talladas en las paredes de piedra
desnuda, cruda y árida. Una torre de piedra, antigua como
el mundo, tal vez construida por la propia naturaleza, en los
días de la Creación. Los escalones irregulares, también de
piedra, quebrados no por el uso, sino por el tiempo. La
subida era larga y monótona, y faltaba el aire. En un
determinado nivel, la escalera estaba bloqueada por una
barrera de piedras superpuestas, como provocada por una
avalancha en tiempos remotos, para impedir el paso a los
visitantes indeseables. Sólo un pequeño tragaluz entre las
piedras indicaba que la subida proseguía. Muchos llegaban
hasta la barrera. Por los escalones angulares, de acuerdo
con las cuatro paredes internas de la torre, las personas
subían y bajaban, fatigadas. Pocos se aventuraban a
penetrar la estrecha tronera, y donde brotaba un tenue hilo
de agua. Había una fuente en la piedra. El riesgo de
atravesar hacia el otro lado era grande. Era indispensable
encoger el cuerpo y dominar la respiración, para penetrar
la senda.
El otro lado era un misterio. Había allí una gran verdad. Lo
alto de la torre, el saber supremo, la corona, por encima de
todas las otras manifestaciones.

La torre constituía un misterio insondable. Hasta


mencionarla era peligroso. El poder instituido podría
arruinarse con las visitas a la torre, especialmente si ellas
se hacían populares, por cuanto se hermanarían con la
herejía. A pesar de eso, en los medios más secretos, se
comentaba sobre la torre en toda su imponencia, sobre la
subida lenta y penosa por sus pisos, de los obstáculos que
se imponían a los atrevidos visitantes, de la llegada a la
cúspide que compensaba todo, de la visión gloriosa y de
ofuscación, en el último de los niveles.

Cierto niño, huérfano y sin recursos, que prestaba


pequeños servicios en la casa de aquellos que describían
esta dolorosa jornada, oía y meditaba si algún día le sería
concedida la bendición de vislumbrar la torre. Esta
esperanza arrulló aquellos tiempos difíciles de prueba. El
niño aprendió a transformar la amargura en alegría. Se
aislaba en el bosque, en sus horas libres, y si incorporaba
a él, se volvía parte del bosque.

El pequeño crecía, soñando con la torre y sus misterios.


Estos misterios, imaginaba, seguro que encerrarían todos
los secretos del universo, y por ese motivo el poder
instituido hacía de la torre una gran profanación, y todo
aquel que se aproximara a ella sería desterrado de la
comunidad.
El joven meditaba mucho, sobre cómo y cuándo podría
partir hacia lo que consideraba una misión. Conocer la torre
de cerca, descifrar sus misterios y divulgar la verdad. Sabía
que muchos perecían en el camino, debido a los
obstáculos, a la accidentada subida. Otros enloquecían.
Los que sobrevivían a la tentativa eran asesinados
colectivamente por sus opositores, en las grandes
persecuciones. Debía prepararse para la jornada, tal vez
durante varios años. En ese tiempo, se dedicó a las
criaturas, amándolas y curándolas de sus angustias. Se
introdujo en la naturaleza, sintiéndose el propio universo.
Se abstrajo, alzó vuelo, sobrevoló en el éter, se sumergió
en la nada. Así sintió que llegaba el momento de la primera
visita a la torre.

Desde el comienzo, no intentó transponer aquel obstáculo


de piedras. Le bastó, entonces, la sensación de subir por
los peldaños de los primeros pisos. De tiempo en tiempo, y
siempre que se encontraba preparado para recomenzar,
repetía el trayecto hasta la barrera.

Después de algunos años que vieron al muchacho


convertirse en hombre, volvió a la torre, y notó en ella un
cambio. La subida por los peldaños parecía más fácil, y no
encontró la barrera. A través de las ventanas talladas en la
piedra, la mirada confundía. No llegó a la cima, pero logró
avistarla por una de las ventanas. Si quisiera podía
continuar subiendo, pues no había ningún obstáculo
impidiendo el paso. Empero, al avistar la cúspide a través
de la hendidura, fue impelido a bajar. No se sabía aún
merecedor de llegar al mirador en forma de corona, la
corona el saber supremo, el origen del mundo o el final de
los tiempos.

Al retornar, años después, llegó a lo alto de la torre, y no


recordó cómo subió. Le pareció, durante el trayecto, que no
había suelo bajo sus pies.

Lo que vio era inenarrable. El eslabón de todas las criaturas


como el Infinito. Toda la Creación unida por un lazo mágico,
el superior obrando en el inferior, el inferior alterando el
superior.

Por entonces contaba treinta y seis años, y le fue dado


degustar y contemplar la belleza de la Creación. A partir de
esta iluminación, comenzó a divulgar todo lo que le fue
revelado.

Este hombre, al ascender a la corona de la sublime


sabiduría, trajo un nuevo aliento a todos los que creen en
la torre, que hasta hoy se mantiene en su altivez, abrigando
a los hijos dilectos y desafiando a las nuevas generaciones
para enfrentar el recorrido a su esencia.
La letra de la Creación
1. ALEF ( ‫א‬ )
Antes de la Creación del mundo, las letras se
encontraban ocultas, y el Santo, Bendito Sea, las
contemplaba haciendo de ellas sus delicias. En la
época de la Creación, todas vinieron a presentarse
ante ÉL, pero en orden inverso. La letra Alef
permaneció donde estaba, y no se presentó. El Santo,
Bendito Sea, dijo: “¿Alef, Alef, por qué no te presentas
ante Mí, como todas las otras letras?”; y ella le
respondió: “Señor del Universo, me di cuenta de que
todas vinieron inútilmente a Tu Presencia. ¿Por qué,
entonces, habría yo de hacerlo? Vi también cómo fue
bendecida la letra Bet, y entiendo que no pretendes
retirar la bendición que concediste a uno de Tus siervos
para ofrecerla a otro”. El Santo, Bendito Sea, dijo
entonces: “¡Oh Alef, Alef! Si es verdad que me serví de
la letra Bet para realizar la Creación del mundo,
también es que serás tú la primera de todas las letras,
no habrá unidad sino en ti. Serás la base de todos los
cálculos y de todos los hechos que suceden en el
mundo y en ninguna parte se podrá encontrar la
unidad, si no en Ti”.

2. BET ( ‫ב‬ )
Inicial de la palabra BARUCH (Bendito), de la cual nos
servimos para bendecir al Señor del Universo, Bet fue
escogida para hacer la base de la obra de la Creación.
Ella inicia el libro del Génesis con la palabra
BERESHIT (En el principio).
3. GUIMEL ( ) ‫ג‬
El nombre de la letra Gimel tiene como significado
“socorrer”. El Señor del Universo no quiso utilizarla en
la creación del mundo para que pudiera permanecer al
lado de Dalet y estar siempre lista para ayudar a los
pobres del mundo. En efecto, las letras de Dalet forman
en hebreo la palabra “pobreza”.

4. DALET ( ) ‫ד‬
La letra Dalet designa al pobre, así como Guimel
designa al bienhechor que lo ayuda. El Señor del
Universo reunió estas dos letras y dijo: “Permaneceréis
una al lado de la otra, para que una alimente a la otra”.

5. HE ( ‫ה‬ )
La letra He no fue utilizada el comienzo de la creación
del mundo, pues ya figuraba en el Tetragrama sagrado.

6. VAV ( )‫ו‬
Así como He, la letra Vav hace parte del Tetragrama
sagrado. Dijo el Señor del Universo: “Es suficiente para
ti y para tu compañera figurar en Mi Nombre, constituir
el misterio encerrado en Él y haber sido grabadas y
marcadas en Él. Por este motivo, no me serviré de
vosotras para la obra de la Creación del mundo”.
7. ZAIN ( )‫ז‬
Inicial de la palabra ZACHOR (recuerda), que inicia el
precepto relativo al reposo sabático: “Recuerda
santificar el día Sábado”, la letra Zain no se incluyó en
la creación del mundo en razón a su formato,
semejante a un puñal de guerra.

8. CHET ( ‫ח‬ )
El Señor del Universo no utilizó la letra Chet en la
creación del mundo porque ella forma, junto con la letra
siguiente del alfabeto sagrado, Tet, la palabra
“pecado”. Por esto, también se haya ausente en los
nombres de las doce tribus de Israel.

9. TET ( ‫ט‬ )
Como inicial de la palabra TOV (bueno), uno de los
atributos del Todopoderoso, la letra Tet fue eliminada
de la Creación del mundo, pues el Bien que ella
representa se encuentra encerrado, guardado en ella.
Así está escrito: “Grande es Tu Bondad, que Tú
reservaste para los que Te temen”. Por estar reservado
el bien al mundo futuro, la letra Tet no tuvo lugar en la
creación del mundo.
10. YOD ( )‫י‬
Inicial del Tetragrama YHWH (Yahveh), la letra Yod fue
eliminada de la creación del mundo por el Señor del
Universo, pues: “Es suficiente para ti estar grabada y
marcada en Mí Mismo, y ser el punto de partida de toda
Mi voluntad. No te convendría, pues, ser suprimida de
Mi Nombre”.

11. CAF ( )‫כ‬


La letra Caf fue eliminada de la creación del mundo
porque forma, junto con Mem y Lamed la palabra
MELECH (Rey), y el mundo necesita de un Rey. Pero
en la letra Caf insistió: “Señor de los mundos, te
serviste de mí para realizar la creación del mundo,
pues soy también la inicial de la palabra que manifiesta
Tu Gloria (Cavod). El Santo, Bendito Sea, dijo a la letra
Caf: “¡Oh Caf, Caf! ¿Por qué insistes en permanecer
aquí? Eres también inicial de la palabra CALAH, que
significa exterminio. Retorna, pues, a tu trono y
permanece el lugar”.

12. LAMED ( ) ‫ל‬


La letra Lamed fue eliminada de la creación del mundo
por el Señor del Universo pues ella forma, junto con
Mem y Caf, la palabra MELECH (Rey). “Por este
motivo, no puedo servirme de ti ni de tus compañeras
para realizar la creación del mundo, no convendría al
mundo quedar sin un Rey”, dijo el Santo, Bendito Sea.
13. MEM ( ‫מ‬ )
Como inicial de la palabra MELECH (Rey), esta letra
fue eliminada de la creación del mundo por el Señor del
Universo, y retornó a su lugar con las ya mencionadas.

14. NUN ( )‫נ‬


Como primera letra de la palabra NOFLIM (los que
tumbaron), la letra Nun fue eliminada de la creación del
mundo y fue a “apoyarse” (samech) sobre Samech.

15. SAMECH ( ‫ס‬ )


Durante la creación del mundo, la letra Samech se
presentó delante del Santo, Bendito Sea, y dijo: “Soy la
inicial de la palabra SAMECH (del verbo apoyar,
sustentar)”. Entonces el Señor de los mundos rechazó
la letra Samech, diciendo: “Exactamente por este
motivo deberás permanecer en tu lugar, pues si te
apartas para servirme, ¿qué ocurrirá con aquellos que
están a un paso de la caída?”.

‫ע‬
16. AIN ( )
Inicial de la palabra ANAVAH (modestia), la letra Ain
fue apartada de la creación del mundo porque también
inicia la palabra AVON (falta, delito).

17. PE ( ‫פ‬ )
Inicial de la palabra PEDUT (liberación), pero también
la primera letra de la palabra PESHA (crimen), la letra
Pe fue rechazada por el Señor del Universo en la obra
de la creación del mundo.
‫צ‬
18. TZADI ( )
Como inicial de la palabra TZADIK (Justo), la letra
Tzadi fue rechazada durante la creación del mundo
para “permanecer oculta y no dar lugar al error”.

19. KOF ( ‫ק‬ )


La letra Kof no se atrevió a presentarse ante el Señor
del Universo. Ella sabía que la letra Shin fue rechazada
por formar, junto con ella y con Resh, la palabra
SHEKER (mentira).

20. RESH ( )‫ר‬


Así como Kof, Resh no se atrevió a presentarse ante el
Señor del Universo, por estar incluida en la palabra
SHEKER (mentira).

21. SHIN ( ‫ש‬ )


Inicial del nombre divino SHADAI. Se presentó ante el
Señor durante la creación del mundo, pero fue
rechazada por iniciar la palabra SHEKER (mentira).

22. TAV ( ‫ת‬ )


El Zohar dice que, durante la creación del mundo,
estando aún ocultas todas las letras, vinieron a
presentarse ante el Santo, Bendito Sea. En primer
lugar, avanzó la letra Tav, siguiendo un orden inverso,
y mencionó su cualidad de letra final de la palabra
EMET (verdad). “En efecto, es digna”, dijo el Santo,
Bendito Sea, “pero no es conveniente que Me sirva de
ti, ya que estás destinada para que seas puesta al
frente de los hombres fieles que observan la Ley, de
Alef hasta Tav, y también porque estás involucrada con
la muerte, pues es la letra final de la palabra MAVET
(muerte).
Principios
cabalísticos
El rabino Shimon dice: “El mundo inferior fue hecho a la
imagen del mundo superior. El inferior no es sino el reflejo
del superior, para que la unidad sea perfecta”.

El rabino Moshé Cordovero, discípulo del rabino al


Alkabetz, dice: “Él es toda la realidad, pero toda la realidad
no es Él.

El rabino Yossef dice: “Para que se produzcan las acciones


de lo alto, es necesario comenzar por un movimiento aquí
abajo”.

El rabino Nachman de Bratzlav dice: “Cada hombre lleva


consigo en la claridad de su rostro la circunferencia de su
propio paraíso”.

El rabino Shimon dice: “Quien toca un alma y logra


recuperarla es considerado como su creador”.

El jefe de la Academia dice: “Dichosa la suerte de aquel


que se humilla en este mundo, porque lo que se humilla
será elevado y lo que se eleva será humillado.

El rabino Shimon dice: “No es la acción la que genera


recompensa los hombres, sino la intención que la
determinó.
El rabino Yehuda dice: “El nombre influye sobre toda la vida
del hombre”.

El rabino Shimon dice: “Así como el hombre es castigado


por pronunciar una mala palabra, también lo es por una
buena palabra que tuvo oportunidad de pronunciar, y no lo
hizo”.

El rabino Chia dice: “Todo reside en el lenguaje”.

La tradición enseña que sólo un ángel no debe cumplir dos


misiones.

El rabino Shimon dice: “Todos los tesoros del Rey Supremo


son guardados por una sola llave”.

Esté escrito en el libro de los Misterios Cabalísticos: “El


mundo que habitamos está invertido en relación al mundo
en el que el alma se eleva.

El rabino Chia dice: “Todo aquello que un ser humano


puede aprender en este mundo ya es conocido por su
alma, antes de descender a él”.

El rabino Eleazar dice: “Los sabios son mayores que los


profetas, pues el espíritu Santo no afecta a los profetas sino
de vez en cuando, pero Él no se aparta jamás de los sabios,
a los cuales reveló todo cuanto ocurre en el mundo superior
y en el inferior”.

El rabino Berachia dice: “Antes de ser creado el mundo, la


Mente suprema emitió una gran luz. Pero esta luz era
demasiado brillante para hacer soportada. Por este motivo,
el Santo, Bendito Sea, no otorgó al mundo sino una
séptima parte, dejando las seis restantes para los Justos y
que el mundo futuro”.

El rabino Eleazar dice: “Hay dos mundos. Uno de ellos es


oculto y el otro revelado. Pero, en realidad, estos dos
mundos forman uno solo”.

El rabino Shimon dice: “Es prohibido intentar realizar


cualquier obra sin esfuerzo, pues una obra cuya realización
no cuesta nada no será inspirada por el Espíritu Santo y Él
no velará sobre ella”.

El rabino Yossef dice: “Para un hombre que nunca entró en


una calle de curtidores, si encuentra allí a su bienamada,
el hedor de las curtiembres se transforma en delicado
perfume”.

El rabino Eleazar dice: “Cuando se produce un


acontecimiento en el mundo, los hombres creen que tal
acontecimiento durará para siempre, pero en un guiñar de
ojos del Santo, Bendito Sea, la rueda se mueve y
sobreviene otro acontecimiento, diametralmente opuesto al
primero”.

El rabino Yossef dice: “En todas sus acciones, el hombre


debe proceder como siervo y como hijo”.

El rabino Shimon dice: “Cuando llegue la era mesiánica,


hasta los niños conocerán los misterios de la Sabiduría.
Entonces, nuestros misterios serán divulgados al mundo
entero, según está escrito: …para que todos invoque el
Nombre de YHWH y Lo adoren con un solo corazón”.

(Extractado del Libro de los Principios Cabalísticos, Pirkei


Mekubalim. A.-D. Grad)
Este trabajo es el resultado de años de
investigación que realicé en el campo de
la espiritualidad, cuando el misticismo
era aún considerado ocultismo, y el
prejuicio promovía la intolerancia y la
incomprensión. Mi origen judío y mi
naturaleza mística, me condujeron al
estudio de la Cábala, favorecido por el
conocimiento del idioma hebreo, que
posibilitó que tuvieron contacto
directo con las fuentes originales.
Iniciación a la Cábala cierra una fase de
mi búsqueda, pero el estudio continúa,
porque no hay límites para la
comprensión humana. Agradezco a todos
aquellos que, de alguna manera, me
instruyeron en el arte de ser una
autodidacta.

TOVA SENDER
Iniciación a la Cábala es una obra introductoria a los
fundamentos de la enseñanza cabalística que revela los
principales textos secretos de la Cábala. El Sefer Ietzirá (Libro
de la Creación), que es conocido por mencionar las diez Sefirot,
o los diez números primordiales de los treinta y dos caminos de
la sabiduría, sintetizando así la esencia de la preocupación
cabalística por las letras y los números. El libro también
menciona la doctrina de Isaac Luria, el Hassidismo polaco y los
cuatro mundos de la Cábala. Finalmente, se relata una
experiencia mística personal a partir de los conocimientos
cabalísticos.

Otros títulos de la Colección Iniciación Nueva Era

− Iniciación al Candomblé
− Iniciación a la Magia de los Cristales
− Iniciación al Tarot
− Iniciación a la Magia
− Iniciación al Islam y al Sufismo

Los libros de la Colección Iniciación Nueva Era pretenden


presentar los diversos caminos mágicos para que el iniciado
aprenda a abrir sendas a través de la iluminación del texto
explicado. La revelación de la esencia de los conocimientos
ocultos puede rescatar la naturaleza místico-espiritual del ser
humano, que vive un periodo de transición en el límite de una
Nueva Era.

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