REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD BOLIVARIANA DE VENEZUELA
“HUGO CHÁVEZ FRÍAS” EJE “CARONI”
DIRECCION GENERAL SOCIO ACADEMICA
PROGRAMA DE FORMACIÓN DE ESTUDIOS JURÍDICOS
UNIDAD CURRICULAR: AMPARO CONSTITUCIONAL
SENTENCIA 01 DE FEBRERO DE 2000
SALA CONSTITUCIONAL
Profesor:
Estudiantes:
Ciudad Guayana, 12 de Mayo de 2019
SENTENCIA 01 DE FEBRERO DE 2000
SALA CONSTITUCIONAL
Magistrado-Ponente: Jesús Eduardo Cabrera
En fecha 17 de enero de 2000, los abogados JOSÉ AMADO MEJÍA BETANCOURT
Y JOSÉ SÁNCHEZ VILLAVICENCIO, titulares de las cédulas de identidad N°. 3.186.321
y 634.707, respectivamente, actuando en su propio nombre y asistidos por los abogados
Henrique Meier Echeverría y Efren José Cisneros Marcano, titulares de las cédulas de
identidad N°. 2.936.805 y 2.093.688 y, los ciudadanos José Luis Lobon López y José Luis
Lobon Azcona, titulares de las cédulas de identidad N°. 1.733.000 y 4.765.644, asistidos por
los abogados José Amando Mejía Betancourt, José Sánchez Villavicencio, Henrique Meier
Echeverría y Efrén José Cisneros Marcano, antes identificados, interpusieron acción de amparo
constitucional, de conformidad con lo previsto en los artículos 26 y 27 de la Constitución, y 2 y
5 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales en contra de
“los actos lesivos contenidos en: Primero: El acto dictado por el Fiscal Trigésimo Séptimo …
(omissis)… de fecha 3 de diciembre de 1999, contentivo de una Acusación contra los
accionantes y agraviados… Segundo: el acto dictado por el titular del Juzgado de Control
Vigésimo Sexto de Primera Instancia del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de
Caracas…. de fecha 12 de enero del año 2000, contentivo de un pronunciamiento donde se
admite totalmente la acusación presentada por el Ministerio Público…”, por medio de los
cuales se ordenó la apertura de un juicio en contra de los accionantes por la comisión del delito
de uso de documento falso en grado de continuidad, respecto a José Luis Lobon López y José
Luis Lobon Azcona y, como cómplices necesarios en la comisión de dicho delito en grado de
continuidad a los ciudadanos José Amando Mejía Betancourt y José Sánchez Villavicencio,
“siendo que los hechos que el Ministerio Público y el Juez Penal califican como hechos
punibles, fueron realizados por los accionantes y agraviados dentro de un proceso civil y
autorizados debidamente mediante auto expreso por el juez de la causa civil”.
Antecedentes y Fundamentos de la acción de amparo interpuesta
Narran los apoderados actores los hechos que dieron lugar a la interposición del
amparo, indicando a tal efecto las actuaciones que se produjeron por ante el Juzgado Noveno
de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Bancario con Competencia Nacional y Sede en la
ciudad de Caracas, la del Fiscal Trigésimo Séptimo del Ministerio Público y, la del juez de
Control Vigésimo Sexto de Primera Instancia del Circuito Judicial Penal del Área
Metropolitana de Caracas, las cuales son las siguientes:
1.- Actuaciones ante el Juzgado Noveno de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil,
Bancario con Competencia Nacional y Sede en la ciudad de Caracas.
Que el 30 de noviembre de 1994, fue admitida por el juzgado a quo la demanda por
cobro de bolívares intentada por los accionantes contra la Sociedad Mercantil Belfort Glass
C.A.. Señalan los apoderados actores que el documento fundamental de la demanda lo
constituyó un pagaré aceptado por la empresa Metal Belfort C.A., y avalado por la empresa
Belfort Glass C.A. de fecha 2 de noviembre de 1992, y cuya fecha de vencimiento era el 2 de
noviembre de 1993.
Que el 16 de mayo de 1995, fue reformada la demanda, incorporándose como
demandada a la empresa Metal Belfort C.A., quien era la aceptante del mencionado pagaré. La
anterior reforma fue admitida el 23 de mayo de 1995.
Que mediante diligencia de fecha 5 de junio de 1995, la parte agraviada consignó en el
expediente la certificación de un acto de la Junta Directiva de la empresa Belfort Glass C.A.
mediante la cual se autorizaba al ciudadano Roberto Di Campli para que en su carácter de
Vice-Presidente de tal empresa, suscribiera el aval para garantizar el pagaré.
Señalan los apoderados actores que es en torno a tal documento que ha surgido la
mayor controversia en el curso del proceso civil, ya que los representantes de la empresa
demandada han sostenido que la firma que aparece suscribiendo la certificación antes
mencionada, fue falsificada.
Una vez decididas varias incidencias producidas en el juicio, señalan los apoderados
actores que, el 4 de noviembre de 1999, la codemandada Belfort Glass C.A:, dio contestación
al fondo de la demanda alegando como cuestión previa de fondo la cosa juzgada, señalando
que “…la firma contenida en la certificación del acta de la Junta Directiva antes mencionada,
como del señor Gino Di Campli había sido falsificada y ello había sido declarado por el
Tribunal superior Quinto en lo Penal… en fecha 18 de diciembre de 1998 y que dicha decisión
había quedado firme el 8 de octubre de 1999”. Igualmente, en el escrito de contestación “…
desconoció formalmente en su contenido y firma la certificación…” antes aludida.
Indican los apoderados actores que, visto el desconocimiento de la certificación, de
conformidad con el artículo 445 del Código de Procedimiento Civil, sus representados
promovieron de manera formal la prueba de cotejo. De dicha prueba los representantes de la
empresa Belfort Glass se opusieron, y mediante auto de fecha 17 de noviembre de 1999, el
tribunal a quo consideró que la misma no era ilegal, ni impertinente, por lo cual la admitió.
Señalan igualmente que, contra dicho auto no fue interpuesto recurso alguno.
El 29 de noviembre de 1999, fue realizada la experticia y consignada en presencia de la
juez titular del tribunal de la causa.
Señalan los apoderados actores que, actualmente el juicio se encuentra en etapa de
evacuación de pruebas.
2. Actuaciones del Fiscal Trigésimo Séptimo del Ministerio Público.
Señalan los apoderados actores que, en ningún momento sus representados fueron
notificados o llamados a declarar en la fase de investigación que adelantó el Ministerio Público
“…el cual sólo se limitó a tener como fundamentos de la expresada acusación la denuncia del
señor Aldo Di Campli, las entrevistas sostenidas con esa misma persona y la prueba
documental que le fuera consignada conjuntamente con la denuncia…”, por lo cual les han sido
vulnerados los derechos constitucionales relativos al derecho a la defensa y al debido proceso.
3.- Actuaciones del Tribunal de Control Vigésimo Sexto de Primera Instancia del
Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas.
Estiman los apoderados actores que el Tribunal trató las excepciones de
inconstitucionalidad que habían sido propuestas en la audiencia preliminar de manera ligera,
por cuanto el único fundamento jurídico para motivar el rechazo a tales excepciones se basó en
la concordancia de la actuación del Ministerio Público con lo establecido en el artículo 309 del
Código Orgánico Procesal Penal.
Es por los hechos anteriormente narrados que los apoderados actores consideran
vulnerados los derechos constitucionales relativos a: derecho a la seguridad jurídica
(contemplado en los artículos 2 y 3 de la Constitución según consideran los apoderados
actores); derecho a la defensa (consagrado en el numeral 1 del artículo 49); al acceso a la
justicia y a la tutela judicial efectiva (artículo 26); y al debido proceso (artículo 49) que se
desglosa en los siguientes numerales del artículo que lo consagra: derecho a la presunción de
inocencia (numeral 2 del artículo 49); derecho a ser juzgado por sus jueces naturales (numeral
4 del artículo 49); y, derecho de que no puede haber delito ni hecho punible que no esté
previsto en la ley (numeral 6 del artículo 49). Asimismo, denuncia como conculcados el
principio constitucional de la independencia del poder judicial (artículo 254 de la
Constitución); el derecho al trabajo y al ejercicio de la libertad económica (artículos 87 y 112,
respectivamente); y, finalmente, el derecho a la protección del honor y la reputación (artículo
60); y en consecuencia, solicitan sea declarada con lugar la acción de amparo ejercida y se
restablezcan inmediatamente las situaciones jurídicas subjetivas infringidas, “así como el orden
público violado”, y en particular:
“PRIMERO: Sea declarado nulo de nulidad absoluta por
inconstitucionalidad y sin ningún efecto, el acto dictado por el Fiscal
Trigésimo Séptimo de Ministerio Público de la Circunscripción Judicial del
Área Metropolitana de Caracas (Encargado), ciudadano Carlos Luis Liendo
Angarita, en fecha 3 de diciembre de 1999, contentivo de una Acusación
contra los agraviados en este proceso de amparo;
SEGUNDO: Sea declarado nulo de nulidad absoluta por
inconstitucionalidad y sin ningún efecto el acto dictado por el titular del
juzgado de Control Vigésimo Sexto de Primera Instancia del Circuito
Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, ciudadana Frinee Saldivia
Terán, en fecha 12 de enero de año 2000. Contentivo de un pronunciamiento
donde se admite totalmente la acusación presentada por el Ministerio
Público en contra de los agraviados en este proceso de amparo;
TERCERO: Se le ordene al Ministerio Público, que se abstenga en lo
sucesivo de intentar una nueva acusación contra los agraviados de este
proceso de amparo, que se fundamente en calificar como hecho punible la
actuación de los agraviados en el juicio civil antes mencionado por cobro de
Bolívares se ventila en la jurisdicción mercantil”.
Además de la solicitud de amparo, piden -los apoderados actores- que esta Sala decrete
medida cautelar innominada, de conformidad con lo establecido en el parágrafo primero del
artículo 585 del Código de Procedimiento Civil, con el objeto de que, mientras dure el proceso
de amparo:
“PRIMERO: Se suspendan los actos lesivos aquí denunciados por
inconstitucionales y se suspenda toda medida dictada por la juez
agraviante en contra de los agraviados, y en consecuencia, se suspenda el
juicio penal en contra de los agraviados.
SEGUNDO: Igualmente solicitamos se ordene suspender el juicio
Mercantil que cursa por ante el Juzgado Noveno de Primera Instancia
Civil, Mercantil y Bancario con Competencia Nacional y Sede en la
Ciudad de Caracas, Expediente N°. 25.511…”
Establecido lo anterior pasa la Sala a puntualizar lo siguiente:
El Estado venezolano es, conforme a la vigente Constitución, un Estado de derecho y de
justicia, lo que se patentiza en que las formas quedan subordinadas a las cuestiones de fondo, y
no al revés (artículo 257 de la vigente Constitución).
Esto significa que en materia de cumplimiento de las normas constitucionales, quienes
piden su aplicación no necesitan ceñirse a formas estrictas y a un ritualismo inútil, tal como lo
denota el artículo 26 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Por lo tanto,
lo importante para quien accione un amparo es que su petición sea inteligible y pueda
precisarse qué quiere. Tan ello es así, que el amparo puede interponerse verbalmente, caso en
que lo alegado debe ser recogido en acta, lo que hace importante solo lo que se refiere a los
hechos esenciales.
Consecuencia de esta situación, es que lo que se pide como efecto de un amparo puede
no ser vinculante para el tribunal que conoce de la acción, ya que el proceso de amparo no se
rige netamente por el principio dispositivo, porque si bien es cierto que el Juez Constitucional
no puede comenzar de oficio un proceso de amparo ni puede modificar el tema decidendum, no
es menos cierto que como protector de la Constitución y de su aplicación en todos los ámbitos
de la vida del país, tal como se desprende de los artículos 3 y 334 de la vigente Constitución,
existe el interés constitucional de que quienes pidan la intervención del poder judicial en el
orden constitucional reciban efectivamente los beneficios constitucionales, sin desviaciones o
minimizaciones causadas por carencias o errores en el objeto de las peticiones, como tampoco
sin extralimitaciones provenientes del objeto de sus pretensiones, ya que de ser así el Juez
Constitucional estaría obrando contra el Estado de derecho y justicia que establece el artículo 2
de la Constitución vigente.
Consecuencia, a su vez de tal principio, que se enlaza con el postulado contenido en el
artículo 3 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el cual garantiza el
cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución, es que para
el juez del amparo lo importante son los hechos que constituyen las violaciones de derechos y
garantías constitucionales, antes que los pedimentos que realice el querellante.
Los derechos y garantías constitucionales no involucran directamente nulidades, ni
indemnizaciones, sino que otorgan situaciones jurídicas esenciales al ser humano: individual o
como ente social, por lo que no resulta vinculante para el Juez Constitucional lo que pida el
quejoso, sino la situación fáctica ocurrida en contravención a los derechos y garantías
constitucionales y los efectos que ella produce, que el actor trata que cesen y dejen de
perjudicarlo.
Esta siempre fue la idea de la Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, que la jurisprudencia a veces no entendió, ya que entre los requisitos para
intentar el amparo, el artículo 18 de la citada ley orgánica, no exige la determinación exacta del
objeto de la pretensión, como si lo hace el ordinal 4° del artículo 340 del Código
Procedimiento Civil para el juicio ordinario civil. Lo que exige el ordinal 4° del citado artículo
18 es que se exprese el derecho o garantía constitucional violado o amenazado de violación; lo
que se persigue, es que se restablezca la situación jurídica infringida o la que más se parezca a
ella, la cual puede ser señalada por el querellante, pero que en realidad queda a criterio del
tribunal determinarla.
De allí que el pedimento del querellante no vincula necesariamente al Juez del Amparo,
para quien lo importante es amparar el goce y ejercicio de los derechos y garantías
constitucionales.
El proceso de amparo no es, como se dijo, de naturaleza netamente dispositiva, y el
Juez del amparo es un tutor de la constitucionalidad, que para amparar a quienes se le infringen
sus derechos y garantías, no puede estar atado por las equivocaciones de los agraviados al
calificar el derecho o garantía violado, o la norma aplicable.
El Juez del amparo por aplicación del principio iura novit curia puede cambiar la
calificación jurídica de los hechos que hizo el accionante, y restaurar la situación jurídica que
se alega fue lesionada partiendo de premisas jurídicas diferentes a las señaladas en el amparo.
Esto significa que ante peticiones de nulidades, el Juez del amparo, que es un Juez que produce
cosas juzgadas formales, puede acudir a otra figura jurídica para restaurar la situación violada.
Por otra parte, debe declarar esta Sala que entre las garantías constitucionales que
acuerda el artículo 26 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se
encuentra el que la justicia sea transparente y sin formalismos, principio este último que se
repite en el artículo 257 de la vigente Carta Fundamental.
La justicia transparente que garantiza el texto constitucional, significa que las
decisiones de los jueces y de los operarios de la justicia, no deben generar dudas en quienes las
conozcan, sobre los motivos de las mismas.
El control judicial de la transparencia no puede ser interpretado en el sentido de que el
órgano contralor invada la autonomía de juzgar que tienen los jueces, pero si, partiendo del
caso concreto y en base a máximas de experiencia y reglas de lógica, analizar si la actitud de
los operarios de justicia refleja la voluntad de hacer justicia, ponderando el error inexcusable,
la ignorancia y hasta la calidad de los razonamientos del fallo, ya que todos ellos son elementos
que pueden incidir en un caso concreto sobre la transparencia de la justicia, la cual es un
concepto que se proyecta hacia la igualdad en que deben mantenerse a los litigantes, y la
confianza que en la justicia debe tener la colectividad.
Por lo que se trata de situaciones casuísticas ligadas a las razones de los actos y
sentencias judiciales, donde los errores que ellos pueden contener no puedan ser interpretados
como elementos de fraude procesal, terrorismo judicial o parcialidad; y en el caso que ello
sucediere, y tal como lo señala el numeral 8 del artículo 49 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, el perjudicado por tales errores u omisiones (falta de transparencia)
puede pedir el restablecimiento de la situación jurídica lesionada.
En el marco de estos principios pasa la Sala el analizar los hechos de la querella, los
cuales se pretenden probar en copias simples que se producen junto con el escrito de amparo.
La amplitud en las formalidades no puede significar que la prueba, máximo elemento de
convicción, pueda ser relajada o ignorada, y por ello considera esta Sala que si bien pueden
aceptarse copias de documentos auténticos que se acompañan a los escritos de amparo, los
originales o copias certificadas de dichos documentos deben ser presentados durante el proceso
de amparo y que ninguna medida cautelar, cuando los hechos se verifican con documentos,
puede decretarse fundada en documentos que carecen de autenticidad. Los instrumentos no
auténticos solo transmiten verosimilitud, la cual produce sus efectos en un proceso como el de
amparo, breve, sin formalidades y oral, lo que conduce a la inmediación en la recepción de las
pruebas. En el caso de autos, los accionantes alegan los hechos que se sintetizaron en la motiva
de este fallo, y los verifican con copias de documentos, que dada la naturaleza de urgencia del
amparo permite que dichas copias se tomen en cuenta solo para la admisión, sujetos a que en la
forma como luego se señala en este fallo, sean agregados a los autos los originales o las copias
certificadas.
Señalan los agraviados y conforme a los documentos acompañados luce verosímil, que
han ocurrido los siguientes hechos:
Que el Banco Exterior C.A, intentó mediante sus apoderados José Amando Mejías y
José Sánchez V., una acción por cobro de un pagaré contra Metal Belfort C.A. y Belfort Glass
C.A. la cual fue conocida por el Juzgado Noveno de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil
Bancario con Competencia Nacional y Sede en la ciudad de Caracas. La demanda fue
reformada y su admisión definitiva por el tribunal de la causa ocurrió el 23 de mayo de 1995.
Que la actora produjo como instrumento junto con la demanda, un pagaré y la copia de
un acta de Junta Directiva de Belfort Glass C.A. donde se autorizaba a una persona a avalar el
pagaré a nombre de dicha sociedad.
Que el codemandado Belfort Glass C.A., al contestar la demanda, el 4 de noviembre de
1999 adujo que el acta de Junta Directiva de Belfort Glass C.A. era falsa y en ese sentido
produjo una decisión fechada el 18 de diciembre de 1998 emanada de la Sala Nº 2 de la Corte
de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Area Metropolitana de Caracas, la cual había
quedado firme el 8 de octubre de 1999; procediendo además en dicho acto a desconocer
formalmente la firma que autorizaba el original de dicha acta.
Ante tal desconocimiento, totalmente innecesario al existir un fallo emanado de la
jurisdicción penal, que declaraba falso el instrumento como emanado de quien lo firmaba, el
juzgado de la causa (el citado Noveno Bancario), continuó sustanciando la controversia y se
instruyó ante el desconocimiento, todo lo relativo a la prueba de cotejo prevista en los artículos
444 y siguientes del Código de Procedimiento Civil, por lo que los actores de ese juicio
mercantil por medio de sus apoderados hoy accionantes, promovieron la prueba de cotejo
dentro de la incidencia de desconocimiento que permitió el Juez Bancario, a quien
correspondía dictar sentencia en la causa, lo que cargaba a las partes a actuar en ella, mientras
no se pronunciare el Juez Bancario sobre la definitiva.
Es de destacar que Belfort Glass C.A., había alegado previamente una cuestión previa
por existir una cuestión prejudicial, la cual declarada con lugar por mandato del artículo 355
del Código Procedimiento Civil, de todas maneras conducía el proceso a que se contestare la
demanda y se instruyere hasta el estado de sentencia, suspendiéndola allí hasta que se
resolviera la cuestión prejudicial, que fue resuelta antes de llegar a estado de sentencia, por lo
que el proceso civil culminaba en su instrucción.
Por el uso del citado documento (copia del acta de Junta Directiva), desconocida en el
proceso mercantil, el Fiscal del Ministerio Público Trigésimo Séptimo de la Circunscripción
Judicial del Area Metropolitana de Caracas, intentó acusación penal contra los querellantes con
fecha 3 de diciembre de 1999, sin citar, según alegan los actores, a los imputados en la
averiguación previa a la acusación, calificando el Fiscal la actitud de los querellantes de
delictual, por uso de documento falso en grado de continuidad, siendo víctima, según la
acusación, de dicho delito, tanto el Estado Venezolano como la compañía Belfort Glass C.A.
Advierte esta Sala, que al no imputársele a los querellantes la autoría de la falsedad,
sino el uso del documento, es a partir de la declaratoria de la falsedad del acta y de la
incorporación del fallo en la causa mercantil, el 4 de noviembre de 1999, cuando los
representantes de los actores del proceso mercantil y sus apoderados, pudieran considerarse
que conocían la falsedad del documento y sería a partir de esa fecha cuando tal vez su uso
podría ser penalizado, pero nunca antes; pero resulta, que de manera anómala Belfort Glass
C.A., quien aduce la falsedad al contestar la demanda, a su vez desconoce el documento
conforme al artículo 444 del Código Procedimiento Civil, y se genera automáticamente la
incidencia de desconocimiento que es conocida por el Juez Noveno de Primera Instancia en lo
Civil y Mercantil Bancario con Competencia Nacional con sede en Caracas, quien tenía que
continuar tramitando la causa, ya que la acción proveniente del pagaré y del aval aún no se
había decidido, por lo que debido a la actitud e instancia del propio beneficiario de la falsedad,
se abre una incidencia para discutir ante los Tribunales Civiles, donde las partes están
actuando, la cuestión de la autenticidad de la firma del Acta de Junta Directiva, a pesar que
quien insta la incidencia ha consignado cosa juzgada sobre la falsedad de la firma. Luego, no
luce en principio imputable a los actores, el que al obrar en el proceso, usaren en la incidencia
del desconocimiento los derechos que le correspondían.
Por ello resulta extraño que se interponga una acusación penal y se ordene además el
juicio penal, contra personas que están obrando en juicio legalmente, debido a que el propio
alegante de la falsedad del documento (acta) lo ha desconocido y se ha abierto la incidencia
relativa a dicho desconocimiento, surgiendo así un conflicto entre la actitud del Ministerio
Público y la realidad, cual es que a partir del 6 de noviembre de 1999, fecha en que se presentó
en autos la decisión de la Sala número 2 de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal
del Area Metropolitana de Caracas, fue cuando los querellantes podían conocer la falsedad del
documento, pero que debido al desconocimiento realizado por la misma parte beneficiada por
el fallo penal, el Tribunal Noveno Bancario recibió y sustanció la petición de cotejo dentro de
la incidencia que quedó abierta, por la actitud de la demandada: Belfort Glass C.A.
Encuentra esta Sala que por los hechos señalados podría estarse en presencia de un
conflicto en la forma como se ejerce la jurisdicción entre el Juez de Control que admitió la
acusación por una parte, y el Juez Bancario que siguió sustanciando el juicio donde cursaba el
documento falso cuestionado por la vía del desconocimiento, existiendo sobre unos mismos
hechos una controversia tácita producto de los hechos señalados y probados provisionalmente
con los documentos acompañados. Se está ante dos posiciones contrarias ante un mismo hecho;
es decir, ante dos formas antagónicas de la potestad de juzgar. Por una parte en un proceso
mercantil se adelanta por orden del juez un trámite procesal en el que intervienen los
querellantes y que debía llevarse adelante al no estar decidida esa causa, y por otra parte esa
actitud en principio legítima de las partes del juicio mercantil, es calificada por el Ministerio
Público y la jurisdicción penal como delictiva, limitándole las defensas a las partes en el
proceso civil.
Ante los mismos hechos, dos tribunales distintos, al ejercer la función jurisdiccional,
uno civil y otro penal mantienen posiciones diametralmente opuestas, para uno (el civil) la
actuación de los particulares es legítima, y por ello les da curso como desarrollo del proceso,
mientras que para otro (el penal), la actuación en el proceso civil de los actores es delictiva.
Surge así un conflicto que ninguno de los jueces plantea ante el Tribunal Superior en el
orden jerárquico, ni ante ningún Tribunal pero que si se observan sus consecuencias, no se trata
de una discusión sobre la competencia de ambos Tribunales, ni tampoco una controversia sobre
jurisdicción, aunque si es claro que hay una situación antagónica entre jueces, miembros de una
rama del Poder Público, cual es el Poder Judicial, y que afecta a los accionantes
La posibilidad que tiene esta Sala de dirimir el conflicto entre los jueces, en particular
uno como el planteado que sin ser netamente de competencia, sin embargo produce un
enfrentamiento dentro de un mismo poder, lo que lesiona las funciones propias de cada una de
las ramas del poder público, tal como lo dispone el artículo 136 de la vigente Constitución,
aunado a que los demandantes de la protección constitucional aducen que es ese conflicto, no
planteado formalmente, el que les causa la infracción a los derechos constitucionales
supuestamente lesionados, conducen a esta Sala a considerarse competente para conocer de un
amparo debido a la acción proveniente del conflicto entre jueces, que si bien no es cien por
ciento un problema de competencia, tampoco es un caso clásico de conflicto jurisdiccional, por
lo que puede considerarse que se trata de una controversia de orden constitucional entre
órganos del Poder Público, lo que es competencia de esta Sala dirimir de acuerdo al ordinal 9°
del artículo 336 de la vigente Constitución.
Por tanto podría estarse ante una violación de Principios Constitucionales atinentes a la
organización y competencias del poder público contemplado en el artículo 136 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que además infringe derechos y
garantías constitucionales de los particulares, los cuales se denuncian en la querella, de ser
cierta tal violación; siendo así la Sala, de declararse competente, tendría que decretar los
correctivos a la misma de acuerdo a la pretensión de los quejosos.
En el caso bajo análisis, surge en el plano de las vías de hecho, como se apuntó, un
conflicto entre el Juez de Control por una parte, y el Juez Noveno Bancario por otra, la cual
perjudica a los accionantes, quienes acuden ante esta Sala por medio de una de las vías posibles
para remediar su situación, cual es el amparo.
Además, también los querellantes se quejan de que la actitud de los operarios de la
justicia penal consiste en un terrorismo judicial, que se ve agravado al negarles en la fase de
investigación, el derecho de defensa que el Código Orgánico Procesal Penal les acuerda en los
artículos 122, ordinal 1°, y 127 que constituiría una violación del debido proceso en la fase de
la investigación penal.
Los hechos narrados y sus consecuencias, podrían empañar la transparencia que debe
imperar en la administración de justicia, ya que no esta claro cómo una parte que conoce la
falsedad de un documento durante el transcurso de un proceso, sobre el cual no existe en dicha
causa decisión alguna y donde además, su contraparte desconoce el documento falso, puede
incurrir en el delito de uso de documento falso al ejercer los derechos procesales que le
correspondían en el proceso aún no sentenciado. Igualmente, resulta extraño que el Ministerio
Público no haya oído a los imputados y que el Juez de Control ante la reclamación en ese
sentido, no haya tomado medidas, siendo el Juez de Control el garante de la constitucionalidad
a tenor de los artículos 60 y 517 del Código Orgánico Procesal Penal.
Al no estar incursa la petición de amparo en ninguna de las causales de inadmisibilidad
del artículo 6 de la Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías Constitucionales se
debe admitir este amparo, como luego se señala, para ser decidido conforme a los parámetros
procedimentales que se han declarado en este fallo, sin que las peticiones de los querellantes
sobre los efectos del amparo sean vinculantes para esta Sala en lo relativo al derecho a
declarase. Pero al admitirse este amparo, hay que proveerlo de un procedimiento que se adapte
al artículo 27 de la Constitución vigente.
Esta Sala además, afirma su competencia para conocer este amparo ya que una de las
causas de las supuestas violaciones constitucionales, es el conflicto entre los jueces, lo cual
como conflicto o como controversia entre ramas del Poder Público es del natural conocimiento
de esta Sala, conforme al ordinal 9° del artículo 336 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, por lo que el amparo fundado en las infracciones a derechos y
garantías constitucionales causadas por tal controversia, necesariamente también es
competencia de esta Sala.
Ahora bien, planteados así los hechos, es la actitud del Juez de Control Vigésimo Sexto
de Primera Instancia del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas quien al
calificar de delictual la supuesta actitud legítima de los actores y considerar que el Ministerio
Público no violó a ellos garantía alguna, es él quien causa la posible infracción, y por ello se
excluye al Ministerio Público del objeto de este amparo.
Procedimiento en el juicio de amparo constitucional
Por mandato del artículo 27 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, el procedimiento de la acción de amparo Constitucional será oral, público, breve,
gratuito y no sujeto a formalidades. Son las características de oralidad y ausencia de
formalidades que rigen estos procedimientos las que permiten que la autoridad judicial
restablezca inmediatamente, a la mayor brevedad, la situación jurídica infringida o la situación
que más se asemeje a ella.
La aplicación inmediata del artículo 27 de la vigente Constitución, conmina a la Sala a
adaptar el procedimiento de amparo establecido en la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos
y Garantías Constitucionales a las prescripciones del artículo 27 ejusdem.
Por otra parte, todo proceso jurisdiccional contencioso debe ceñirse al artículo 49 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que impone el debido proceso, el cual,
como lo señala dicho artículo, se aplicará sin discriminación a todas las actuaciones judiciales,
por lo que los elementos que conforman el debido proceso deben estar presentes en el
procedimiento de amparo, y por lo tanto las normas procesales contenidas en la Ley Orgánica
de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales deben igualmente adecuarse a las
prescripciones del citado artículo 49.
En consecuencia, el agraviante, tiene derecho a que se le oiga a fin de defenderse, lo
que involucra que se le notifique efectivamente de la solicitud de amparo; de disponer del
tiempo, así sea breve, para preparar su defensa; de la posibilidad, que tienen todas las partes, de
contradecir y controlar los medios de prueba ofrecidos por el promovente, y por esto el
procedimiento de las acciones de amparo deberá contener los elementos que conforman el
debido proceso.
Ante esas realidades que emanan de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, la Sala Constitucional, obrando dentro de la facultad que le otorga el artículo 335
ejusdem, de establecer interpretaciones sobre el contenido y alcance de las normas y principios
constitucionales, las cuales serán en materia de amparo vinculantes para los tribunales de la
República, interpreta los citados artículos 27 y 49 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, en relación con el procedimiento de amparo previsto en la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, distinguiendo si se trata de
amparos contra sentencias o de los otros amparos, excepto el cautelar, de la siguiente forma:
1.- Con relación a los amparos que no se interpongan contra sentencias, tal como lo
expresan los artículos 16 y 18 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, el proceso se iniciará por escrito o en forma oral conforme a lo señalado en
dichos artículos; pero el accionante además de los elementos prescritos en el citado artículo 18
deberá también señalar en su solicitud, oral o escrita, las pruebas que desea promover, siendo
esta una carga cuya omisión produce la preclusión de la oportunidad, no solo la de la oferta de
las pruebas omitidas, sino la de la producción de todos los instrumentos escritos, audiovisuales
o gráficos, con que cuenta para el momento de incoar la acción y que no promoviere y
presentare con su escrito o interposición oral; prefiriéndose entre los instrumentos a producir
los auténticos. El principio de libertad de medios regirá estos procedimientos, valorándose las
pruebas por la sana crítica, excepto la prueba instrumental que tendrá los valores establecidos
en los artículos 1359 y1360 del Código Civil para los documentos públicos y en el artículo
1363 del mismo Código para los documentos privados auténticos y otros que merezcan
autenticidad, entre ellos los documentos públicos administrativos.
Los Tribunales o la Sala Constitucional que conozcan de la solicitud de amparo, por
aplicación de los artículos de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, admitirán o no el amparo, ordenarán que se amplíen los hechos y las
pruebas, o se corrijan los defectos u omisiones de la solicitud, para lo cual se señalará un lapso,
también preclusivo. Todo ello conforme a los artículos 17 y 19 de la Ley Orgánica de Amparo
sobre Derechos y Garantías Constitucionales.
Admitida la acción, se ordenará la citación del presunto agraviante y la notificación del
Ministerio Público, para que concurran al tribunal a conocer el día en que se celebrará la
audiencia oral, la cual tendrá lugar, tanto en su fijación como para su práctica, dentro de las
noventa y seis (96) horas a partir de la última notificación efectuada. Para dar cumplimiento a
la brevedad y falta de formalidad, la notificación podrá ser practicada mediante boleta, o
comunicación telefónica, fax, telegrama, correo electrónico, o cualquier medio de
comunicación interpersonal, bien por el órgano jurisdiccional o bien por el Alguacil del mismo,
indicándose en la notificación la fecha de comparecencia del presunto agraviante y dejando el
secretario del órgano jurisdiccional, en autos, constancia detallada de haberse efectuado la
citación o notificación y de sus consecuencias.
En la fecha de la comparecencia que constituirá una audiencia oral y pública, las partes,
oralmente, propondrán sus alegatos y defensas ante la Sala Constitucional o el tribunal que
conozca de la causa en primera instancia, y esta o este decidirá si hay lugar a pruebas, caso en
que el presunto agraviante podrá ofrecer las que considere legales y pertinentes, ya que este es
el criterio que rige la admisibilidad de las pruebas. Los hechos esenciales para la defensa del
agraviante, así como los medios ofrecidos por él se recogerán en un acta, al igual que las
circunstancias del proceso.
La falta de comparecencia del presunto agraviante a la audiencia oral aquí señalada
producirá los efectos previstos en el artículo 23 de la Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos
y Garantías Constitucionales.
La falta de comparencia del presunto agraviado dará por terminado el procedimiento, a
menos que el Tribunal considere que los hechos alegados afectan el orden público, caso en que
podrá inquirir sobre los hechos alegados, en un lapso breve, ya que conforme al principio
general contenido en el artículo 11 del Código de Procedimiento Civil y el artículo 14 de la
Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías Constitucionales, en materia de orden
público el juez podrá tomar de oficio las providencias que creyere necesarias.
En caso de litis consorcios necesarios activos o pasivos, cualquiera de los litis consortes
que concurran a los actos, representará al consorcio.
El órgano jurisdiccional, en la misma audiencia, decretará cuáles son las pruebas
admisibles y necesarias, y ordenará, de ser admisibles, también en la misma audiencia, su
evacuación, que se realizará en ese mismo día, con inmediación del órgano en cumplimiento
del requisito de la oralidad o podrá diferir para el día inmediato posterior la evacuación de las
pruebas.
Debido al mandato constitucional de que el procedimiento de amparo no estará sujeto a
formalidades, los trámites como se desarrollarán las audiencias y la evacuación de las pruebas,
si fueran necesarias, las dictará en las audiencias el tribunal que conozca del amparo, siempre
manteniendo la igualdad entre las partes y el derecho de defensa. Todas las actuaciones serán
públicas, a menos que por protección a derechos civiles de rango constitucional, como el
comprendido en el artículo 60 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se
decida que los actos orales sean a puerta cerrada, pero siempre con inmediación del tribunal.
Una vez concluido el debate oral o las pruebas, el juez o el Tribunal en el mismo día
estudiará individualmente el expediente o deliberará (en los caso de los Tribunales colegiados)
y podrá:
a) decidir inmediatamente; en cuyo caso expondrá de forma oral los términos del dispositivo
del fallo; el cual deberá ser publicado íntegramente dentro de los cinco (5) días siguientes a
la audiencia en la cual se dictó la decisión correspondiente. El fallo lo comunicará el juez o
el presidente del Tribunal colegiado, pero la sentencia escrita la redactará el ponente o
quien el Presidente del Tribunal Colegiado decida.
El dispositivo del fallo surtirá los efectos previstos en el artículo 29 de la Ley Orgánica de
Amparo Sobre Derechos y Garantías Constitucionales, mientras que la sentencia se
adaptará a lo previsto en el artículo 32 ejusdem.
b) Diferir la audiencia por un lapso que en ningún momento será mayor de cuarenta y ocho
(48) horas, por estimar que es necesaria la presentación o evacuación de alguna prueba que
sea fundamental para decidir el caso, o a petición de alguna de las partes o del Ministerio
Público.
Contra la decisión dictada en primera instancia, podrá apelarse dentro de los tres (3)
días siguientes a la publicación del fallo, la cual se oirá en un sólo efecto a menos que se trate
del fallo dictado en un proceso que, por excepción, tenga una sola instancia. De no apelarse,
pero ser el fallo susceptible de consulta, deberá seguirse el procedimiento seguido en el artículo
35 de la Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías Constitucionales, esto es, que la
sentencia será consultada con el Tribunal Superior respectivo, al cual se le remitirá
inmediatamente el expediente, dejando copia de la decisión para la ejecución inmediata. Este
Tribunal decidirá en un lapso no mayor de treinta (30) días. La falta de decisión equivaldrá a
una denegación de justicia, a menos que por el volumen de consultas a decidir se haga
necesario prorrogar las decisiones conforma al orden de entrada de las consultas al Tribunal de
la segunda instancia.
Cuando se trate de causas que cursen ante tribunales cuyas decisiones serán conocidas
por otros jueces o por esta Sala, por la vía de la apelación o consulta, en cuanto a las pruebas
que se evacuen en las audiencias orales, se grabarán o registrarán las actuaciones, las cuales se
verterán en actas que permitan al juez de la Alzada conocer el devenir probatorio. Además, en
la audiencia ante el Tribunal que conozca en primera instancia en que se evacuen estas pruebas
de lo actuado, se levantará un acta que firmarán los intervinientes. El artículo 189 del Código
Procedimiento Civil regirá la confección de las actas, a menos que las partes soliciten que los
soportes de los actas se envíen al Tribunal Superior.
Los Jueces Constitucionales siempre podrán interrogar a las partes y a los
comparecientes.
2.- Cuando el amparo sea contra sentencias, las formalidades se simplificarán aún más y
por un medio de comunicación escrita que deberá anexarse al expediente de la causa donde se
emitió el fallo, inmediatamente a su recepción, se notificará al juez o encargado del Tribunal,
así como a las partes en su domicilio procesal, de la oportunidad en que habrá de realizarse la
audiencia oral, en la que ellos manifestarán sus razones y argumentos respecto a la acción. Los
amparos contra sentencias se intentarán con copia certificada del fallo objeto de la acción, a
menos que por la urgencia no pueda obtenerse a tiempo la copia certificada, caso en el cual se
admitirán las copias previstas en el artículo 429 del Código Procedimiento Civil, no obstante
en la audiencia oral deberá presentarse copia auténtica de la sentencia.
Las partes del juicio donde se dictó el fallo impugnado podrán hacerse partes, en el
proceso de amparo, antes y aún dentro de la audiencia pública, mas no después, sin necesidad
de probar su interés. Los terceros coadyuvantes deberán demostrar su interés legítimo y
directo para intervenir en los procesos de amparo de cualquier clase antes de la audiencia
pública.
La falta de comparecencia del Juez que dicte el fallo impugnado o de quien esté a cargo
del Tribunal, no significará aceptación de los hechos, y el órgano que conoce del amparo,
examinará la decisión impugnada.
DECISIÓN
Por las razones que se refieren en este fallo, siendo esta Sala competente, habiendo
cumplido los querellantes con las exigencias del artículo 18 de la Ley Orgánica de Amparo
Sobre Derechos y Garantías Constitucionales y no estando incursa la querella en las causas del
artículo 6 de la citada ley, esta Sala en nombre de la República y por autoridad de la ley,
ADMITE la acción de amparo y ordena la comparencia de la parte accionada, a fin que este
Tribunal fije la audiencia oral en los términos aquí señalados, siempre que dicha fecha no
coincida con un sábado, domingo o día feriado.
En consecuencia, líbrense boletas a ser entregadas en las oficinas a la ciudadana Frinee
Saldivia Terán, Juez del Juzgado de Control Vigesimosexto de Primera Instancia del Circuito
Judicial Penal del Area Metropolitana de Caracas. Igualmente notifíquese al Fiscal General de
la República, ciudadano Javier Elechiguerra, como director del órgano del Poder Ciudadano, a
fin que intervengan en la audiencia oral, esta última citación en base al artículo 3 de la Ley
Orgánica del Ministerio Público que considera al Ministerio Público como unidad indivisible.
Debido a la naturaleza de la denuncia, notifíquese al Inspector General de Tribunales,
ciudadano René Molina, de la existencia de este caso; y en esta oportunidad no considera la
Sala necesario notificar a la Defensora del Pueblo, lo que no implica que pueda hacerse en
otras causas.
Sobre las medidas preventivas solicitadas, se niegan al no constar los hechos en
documentos auténticos que por ser valor probatorio hagan presumir la existencia de los
mismos, siendo los documentos consignados por los querellantes, copia regulares, que solo
denotan la posibilidad o verosimilidad de que los hechos hubieren sucedido.
Debido a la naturaleza vinculante de este fallo, y no obstante que tal carácter lo
adquiere la anterior doctrina desde la fecha de publicación de esta sentencia por la Sala,
publíquese además en la Gaceta Oficial
Publíquese y regístrese. Emítase las boletas. Cúmplase lo ordenado.
Dada, firmada y sellada en el Salón de Audiencias de la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia, a los primer días del mes de febrero de dos mil (2000). Años:
189° de la Independencia y 140° de la Federación.
Quien suscribe, Magistrado HÉCTOR PEÑA TORRELLES, salva su voto por disentir de
sus colegas en el fallo que antecede, que admitió la acción de amparo interpuesta por los
abogados José Amando Mejía Betancourt y José Sánchez Villavicencio, actuando en su propio
nombre y asistidos por los abogados Henrique Meier Echeverría y Efren José Cisneros
Marcano, y, los ciudadanos José Luis Lobon López y José Luis Lobon Azcona, asistidos por
los abogados José Amando Mejía Betancourt, José Sánchez Villavicencio, Henrique Meier
Echeverría y Efren José Cisneros Marcano, en contra de “los actos lesivos contenidos en:
Primero: El acto dictado por el Fiscal Trigésimo Séptimo …(omissis)… de fecha 3 de
diciembre de 1999, contentivo de una Acusación contra los accionantes y agraviados…
Segundo: el acto dictado por el titular del Juzgado de Control Vigésimo Sexto de Primera
Instancia del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas…. de fecha 12 de
enero del año 2000, contentivo de un pronunciamiento donde se admite totalmente la
acusación presentada por el Ministerio Público…”, por medio de los cuales se ordenó la
apertura de un juicio en contra de los accionantes por la comisión del delito de uso de
documento falso en grado de continuidad, respecto a José Luis Lobon López y José Luis Lobon
Azcona y, como cómplices necesarios en la comisión de dicho delito en grado de continuidad a
los ciudadanos José Amando Mejía Betancourt y José Sánchez Villavicencio, “siendo que los
hechos que el Ministerio Público y el Juez Penal califican como hechos punibles, fueron
realizados por los accionantes y agraviados dentro de un proceso civil y autorizados
debidamente mediante auto expreso por el juez de la causa civil”.
Las razones en las cuales fundamento mi disidencia, son las siguientes:
1.- En la sentencia de esta Sala del 20 de enero del 2000, caso: Emery Mata Millán, se
estableció el fuero competencial en materia de amparo constitucional. De conformidad con lo
establecido en la referida sentencia, esta Sala Constitucional tiene competencia para conocer de
las acciones de amparo constitucional autónomo, contra las actuaciones de los sujetos
indicados en el artículo 8 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, lo cual en forma alguna, se corresponde con los sujetos presuntamente
agraviantes en el caso de autos (un Juez de Primera Instancia en lo Penal y un Fiscal del
Ministerio Público). De allí que la primera objeción que habría que hacer al fallo es haber
incumplido los parámetros establecidos en recientes decisiones de esta Sala, de las cuales me
aparte en el voto concurrente que presentara en esa oportunidad.
La mayoría sentenciadora ya había afirmado con anterioridad la competencia de la
Sala para conocer de los amparos interpuestos contra actuaciones de cualquier índole (sublegal,
legal o constitucional) de los más Altos funcionarios del Estado. Sin embargo, con la presente
decisión pareciera que el ámbito de esta Sala se amplía a cualquier otro funcionario del Estado
sin atender al rango de sus actuaciones
El precedente jurisprudencial sentado en el fallo del cual disiento desvirtúa en forma
flagrante la finalidad a la cual está llamada, por voluntad del Constituyente, esta Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Resulta alarmante que la mayoría
sentenciadora entienda a la jurisdicción constitucional como el foro idóneo para resolver
asuntos de poca relevancia, respecto a los cuales existen las instancias inferiores
correspondientes. Es bien sabido que la idea de la justicia constitucional en los Estados de
Derecho surge de la necesidad de dar protección a la Constitución frente a las arbitrariedades
del Poder Público, que atenten contra la preservación del orden jurídico y el respeto a los
derechos fundamentales del individuo. Las formas de protección de la Constitución acogidas
por los distintos ordenamientos se dividen en un control concreto o difuso y un control
abstracto o concentrado. En el primero de los casos, se permite a los distintos jueces ejercer
una porción de esta justicia constitucional en los casos particulares que les corresponde decidir;
y el segundo de los supuestos se deja en un órgano especializado, que sería el jerárca de la
jurisdicción constitucional, como contralor de la constitucionalidad de los actos dictados en
ejecución directa e inmediata de la Constitución o que tengan rango de Ley. A partir de allí se
ejerce la supremacía constitucional, que en unos casos se atribuye a una Corte o Tribunal
autónomo y en otros sistemas –como el caso de Venezuela- se inserta en el máximo organismo
jurisdiccional del país, no ya desde su resolución caso por caso, sino como órgano rector del
resto del sistema de justicia. En Venezuela, tanto el ordenamiento jurídico basado en la
Constitución de 1961, como en la Constitución recientemente aprobada por voluntad popular,
se han consagrado las dos formas de control constitucional, lo cual constituye una tendencia de
avanzada en la doctrina comparada. La nueva Constitución ha asumido este sistema mixto de
control constitucional pero ha dado un paso más al crear la Sala Constitucional, atribuyéndole
la tarea de ser el máximo intérprete de las normas y principios constitucionales y darle carácter
vinculante a sus interpretaciones. La importancia de la justicia constitucional en la nueva
Constitución se revela de forma expresa en su ubicación en el Texto Fundamental; en efecto, el
Constituyente de 1999, ha establecido de forma intencional las competencias de esta Sala en el
título de VIII denominado “DE LA PROTECCIÓN DE LA CONSTITUCIÓN”, en el cual se refleja la
alta responsabilidad que le ha sido conferida, dadas las competencias atribuidas en los artículos
335 y 336 de la misma.
Observa el disidente con preocupación que, los fines de la jurisdicción constitucional a
los que se ha hecho referencia precedentemente se diluyan por una mala interpretación en las
primeras decisiones de este nuevo órgano, las cuales han traído como consecuencia el arribo a
esta sede de asuntos que escapan de lo que normalmente se entendería que forma parte de sus
atribuciones esenciales. La apertura con que se han asumido competencias en materia de
amparo constitucional como si se tratara de un tribunal ordinario de instancia, podría revertirse
contra la función primordial atribuida por el Constituyente. Ya se observa el enorme volumen
de causas que en escaso tiempo de constituida esta Sala, han sido remitidas por los tribunales
superiores de la República y por el resto de las Salas de este Tribunal Supremo, quienes en
“acatamiento” a las interpretaciones vinculantes de la Sala Constitucional han enviado los
expedientes a esta Sala.
Al convertir al máximo órgano de la jurisdicción constitucional en una instancia más
de conocimiento de una materia como el amparo, de alta litigiosidad, se corre el inevitable
peligro de la avalancha de causas de este tipo, lo cual no sólo producirá el retraso en la
solución de éstos, sino que afectará sensiblemente a los recursos de elevada complejidad a
través de los cuales se aspira a la depuración del ordenamiento jurídico, y a la propia estructura
de la organización del Estado. De esta forma, se corre el riesgo de que la Sala Constitucional
en lugar de dar soluciones abstractas empiece a sufrir de los males que pretendió corregir el
Constituyente.
2.- Directamente relacionado con las consideraciones precedentes, observa el disidente
lo forzado que ha sido la determinación de la competencia de esta Sala para conocer del caso
concreto. En efecto, ante la evidencia de la incompetencia para conocer de un amparo
autónomo contra los sujetos presuntamente agraviantes (un Juez de Primera Instancia y un
Fiscal del Ministerio Público), la sentencia asume la competencia de la Sala cambiando la
calificación de las pretensiones del actor, interpretando que en el fondo existe un conflicto
entre órganos, asimilable a la competencia constitucional consagrada en el numeral 9 del
artículo 336 de la Constitución, que dispone:
“Artículo 336. Son atribuciones de la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia:
(…)
9. Dirimir las controversias constitucionales que se susciten entre cualesquiera
de los órganos del Poder Público”.
Señala al efecto la sentencia de la cual me aparto:
“(…) por los hechos señalados podría estarse en presencia de un conflicto en la forma
como se ejerce la jurisdicción entre el Juez de Control que admitió la acusación por una
parte, y el Juez Bancario que siguió sustanciando el juicio donde cursaba el documento
falso cuestionado por la vía del desconocimiento, existiendo sobre unos mismos hechos
una controversia tácita producto de los hechos señalados y probados provisionalmente
con los documentos acompañados.
(…)
Esta Sala además, afirma su competencia para conocer este amparo ya que una de las
causas de las supuestas violaciones constitucionales, es el conflicto entre los jueces, lo
cual como conflicto o como controversia entre ramas del Poder Público es del natural
conocimiento de esta Sala, conforme al numeral 9 del artículo 336 de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, por lo que el amparo fundado en las
infracciones a derechos y garantías constitucionales causadas por tal controversia,
necesariamente también es competencia de esta Sala”.
El disidente no comparte el razonamiento de la mayoría que entendió que la
competencia antes señalada posibilita a esta Sala a asumir el conocimiento y decisión de un
amparo constitucional contra un funcionario cualquiera del Estado. Por el contrario, considero
que no existe ninguna relación entre el aludido numeral 9 del artículo 336 y la acción de
amparo constitucional consagrada en el artículo 27 de la Constitución. Se han mezclado dos
instituciones jurídicas que en forma alguna podrían dar lugar a un mismo juicio.
Por lo que atañe al amparo constitucional, basta sólo recordar que éste es un medio de
protección de derechos constitucionales, cuyas pautas procesales (competencia, legitimación,
procedimiento, etc.) están delimitadas en su Ley Orgánica. Por su parte, el referido numeral 9
del artículo 336, atribuye competencia a la Sala Constitucional para decidir las controversias
de índole constitucional que se susciten entre los distintos órganos del Poder Público. Al
respecto, tanto la jurisprudencia patria como la experiencia del Derecho Comparado, es
pacífica en entender que esta competencia para resolver conflictos entre entes públicos está
referida a la solución de las controversias de índole político-territorial o relativas a las
competencias constitucionales entre los órganos previstos en la Constitución.
En tal sentido, el Catedrático español E. GARCÍA DE ENTERRÍA, en su obra “La
Constitución como norma y el Tribunal Constitucional” (Editorial Civitas, Madrid, 1985 pp.
149 y 150), al delimitar el objeto que constituye la competencia relativa a la resolución de los
conflictos constitucionales atribuidas al Tribunal Constitucional Español, señala:
“Aquí están, por una parte, los atañentes a la organización territorial del Estado, entre
éste y las Comunidades Autónomas o por éstas entre sí. Por otra parte, los conflictos
entre los principales órganos del Estado.
(…)
La justificación de esta competencia del Tribunal Constitucional parece clara: como
ha notado la doctrina alemana, todo conflicto entre órganos constitucionales (…) es, por
sí mismo, un conflicto constitucional, que pone en cuestión el sistema organizatorio que
la Constitución, como una de sus funciones básicas ha establecido. Por ello mismo, sólo
el Tribunal Constitucional, donde existe, puede ser órgano adecuado para la resolución
de estos conflictos, que afectan a la esencia misma de la Constitución, a la cuidadosa
distribución de poder y de correlativas competencias por ella operada.”
Por su parte, G. ZAGREBELSKY (“La giustizia costituzionale”, Editorial Il Mulino,
1989, p. 333) justifica la competencia dada a la Corte Constitucional Italiana, sobre la base de
la arquitectura organizativa compleja delineada en su Constitución, que califica de “pluralismo
istituzionale, el cual deriva de la clásica tripartición de los poderes de origen liberal, de lo cual
surge una pluralidad de órganos constitutivos de un gobierno central y de gobiernos regionales;
y de la pluralidad de sujetos constitutivos de la forma del Estado, todo lo cual garantiza un
modelo democrático participativo. Por esta razón se atribuye a la Corte Constitucional el
control de la repartición de los poderes entre los diversos órganos y sujetos constitucionales,
cuando los mismos entren en conflicto.
De allí que, la decisión que el Tribunal debe adoptar en estos casos tiende a la
solución de tales controversias, señalando –en la mayoría de los casos- a cuál de los órganos
corresponde un territorio o una competencia constitucionalmente establecida. Por tal razón, la
legitimación para interponer esta solicitud está restringida a los titulares de los órganos
susceptibles de entrar en conflicto; y en ningún caso ha sido concebida esta vía en la
jurisdicción constitucional para dirimir controversias intersubjetivas entre particulares, ni entre
éstos y los órganos públicos, para los cuales el ordenamiento jurídico ha establecido distintas
vías judiciales, dentro de las que se encuentra la acción de amparo.
Confunde el fallo la competencia para dirimir conflictos entre órganos del poder
público con la acción de amparo, partiendo de una errada interpretación de los antecedentes
que la jurisprudencia patria ha sentado de forma evolutiva a las distintas vías para dirimir
conflictos entre entes públicos. No es esta una competencia que haya nacido con la
Constitución de 1999, que pueda interpretarse como una norma que permita resolver cualquier
asunto donde esté involucrado uno o más entes del Estado. La Constitución de 1961 y la Ley
Orgánica de la Corte Suprema de Justicia contemplaban estas vías jurisdiccionales,
atribuyéndoselas a la Sala Político-Administrativa de la extinta Corte Suprema de Justicia,
distinguiéndose distintas modalidades de controversias, atendiendo en unos casos a los órganos
en conflicto y en otros casos al objeto de la controversia. La idea siempre fue lograr resolver
las dificultades en el cumplimiento de las competencias entre los distintos entes políticos u
órganos administrativos o la delimitación de los territorios entre los entes político territoriales.
Otra categoría de conflictos se suscitaba en materia de legitimidad de las autoridades cuando
existían varias que se atribuían una misma investidura.
La Constitución de 1999 dio un paso de avanzada al distinguir los conflictos de índole
constitucional de los conflictos administrativos, atribuyendo competencias a las Salas
Constitucional y Político-Administrativa respectivamente, atendiendo a la naturaleza de la
competencia de cada una de estas Salas. De esta forma, el sistema de competencias toma
coherencia ya que, para resolver conflictos constitucionales entre los entes públicos, es
necesario hacer una interpretación de la Constitución, a fin de determinar cuál de los órganos
en conflicto tiene atribuida una función y cuál estaría eventualmente usurpando funciones de
otros entes; en este casos se le otorgó la competencia a la Sala Constitucional. En el mismo
sentido, las controversias administrativas se producen con ocasión de la interpretación de las
normas de rango infraconstitucional, que por su naturaleza corresponde controlar a los órganos
de la jurisdicción contencioso-administrativa y el Constituyente se la ha atribuido a su más alto
Tribunal que es la Sala Político-Administrativa.
Por lo anterior, el Magistrado disidente se aparta del razonamiento del fallo que
permite atribuir competencia a esta Sala Constitucional para resolver un amparo constitucional
contra órganos públicos menores con fundamento en el numeral 9 del artículo 336 de la
Constitución. En tal sentido, considera que tal atribución fue conferida a esta Sala para: a)
Resolver controversias entre las entidades político territoriales (República, Estados, Territorios
Federales, Distrito Capital, Dependencias Federales y Municipios), derivados del sistema
federal y descentralizado de gobierno establecido en la Constitución; y b) Resolver las
controversias que surjan entre los demás órganos de los Poderes Públicos cuyas atribuciones
están previstas en la Constitución.
3.- Por lo que respecta al procedimiento para tramitar el amparo que se establece en el
fallo que antecede, observa quien disiente que en el mismo se han consagrado aspectos no
previstos en la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, lo cual,
lejos de ser una adaptación al artículo 27 de la Constitución vigente se convierte en un
procedimiento nuevo y distintos conservando algunos de las fases que establece la Ley,
violando de esta forma el principio de reserva legal en materia de procedimientos.
Quien suscribe está de acuerdo con el fallo por lo que se refiere a la necesaria
adaptación de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales a los
principios de oralidad e informalidad previstos en el citado artículo 27; sin embargo, considera
que el exceso de rigorismo que se ha plasmado en materia probatoria atenta justamente contra
la brevedad e informalidad del amparo, asimilándolo a un juicio ordinario civil. En este
aspecto, ha debido dejarse al juez que conozca del caso concreto la determinación de la
necesidad y forma de tramitación de la fase probatoria. En todo caso, considero que el presunto
agraviado deberá siempre probar sus alegatos, sin necesidad de que tenga que obligatoriamente
indicar en la interposición de la acción cuáles medios utilizará a tales fines; por lo que, se
atenta contra sus derechos constitucionales al fijarse la preclusión de la oportunidad para
promover pruebas prevista en el fallo, por cuanto se están limitando su derechos a la defensa y
a la tutela judicial efectiva mediante un mecanismo distinto al previsto en la Constitución.
En cuanto a otras particularidades de los medios probatorios, de los litisconsortes, y de
las formas de notificación, no había necesidad de establecer lineamientos al respecto, porque la
Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales permitía acudir de
forma supletoria a las normas procesales en vigor (artículo 48).
Observa con preocupación el disidente que en el procedimiento establecido se haya
consagrado una amplía gama de formas de notificación a los presuntos agraviantes, que además
de no estar previstas en el ordenamiento procesal vigente, atenta contraría el principio de
seguridad jurídica por cuanto en los casos de notificaciones vía teléfono, fax, correo
electrónico “o cualquier medio de notificación interpersonal”, no se ha establecido la forma en
que se dejará constancia en el expediente de que la notificación ha cumplido su finalidad, esto
es, poner en conocimiento del interesado de la admisión de un amparo interpuesto en su contra.
De otra parte, el disidente considera que no debe realizarse una fase oral en los
amparos contra decisiones judiciales. En este punto, la Sala Constitucional debió acoger el
razonamiento que la reiterada jurisprudencia sostuvo en este sentido. En efecto, los amparos
contra decisiones judiciales constituye una excepción al principio de la cosa juzgada, por lo
que se trata de un juicio de estricto derecho, donde no se analizarán las cuestiones de hecho del
juicio donde se produjo la decisión impugnada; además, la sentencia debe bastarse a sí misma,
y las infracciones de derechos constitucionales que puedan derivarse de la misma, no deberán
requerir de otras defensas. Es por esta razón que se interpretó acertadamente que el informe del
juez es meramente potestativo.
Finalmente, el disidente estima que, permitir a discreción del juez la alteración de los
principios constitucionales en materia procesal desarrollados por la Ley, lejos de proteger a la
Constitución, la convierte en un texto manejable con base en criterios de oportunidad o
conveniencia del aplicador judicial, que en definitiva causa inseguridad jurídica en un Estado
de Derecho, lo que se traduce en su desaparición.