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Eleana Margarete Roloff PDF

[1] El documento discute la importancia de lo lúdico en el proceso de enseñanza-aprendizaje en el aula. Lo lúdico permite la socialización, la observación de comportamientos y valores de los niños, además de facilitar el aprendizaje de una manera significativa y placentera. [2] Las actividades lúdicas deben ser adaptadas de acuerdo con la edad de los alumnos, transmitiendo contenido de forma apropiada para cada fase del desarrollo. [3] Lo lúdico ayuda a trabajar cuestiones comportamentales y emocionales.
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[1] El documento discute la importancia de lo lúdico en el proceso de enseñanza-aprendizaje en el aula. Lo lúdico permite la socialización, la observación de comportamientos y valores de los niños, además de facilitar el aprendizaje de una manera significativa y placentera. [2] Las actividades lúdicas deben ser adaptadas de acuerdo con la edad de los alumnos, transmitiendo contenido de forma apropiada para cada fase del desarrollo. [3] Lo lúdico ayuda a trabajar cuestiones comportamentales y emocionales.
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LA IMPORTANCIA DEL LÚDICO EN EL AULA

Eleana Margarete Roloff1

La palabra Lúdico viene del latín Ludus, que significa juego, diversión, broma.
escuela. Este jugar también se relaciona con la conducta de aquel que juega, que se divierte y se

diviértete. A su vez, la función educativa del juego permite el aprendizaje de


individuo: su saber, su conocimiento y su comprensión del mundo. En la historia de
nuestro desarrollo, sabemos que el ser humano ha recibido innumerables designaciones:
Homo Sapiens, porque posee como función el razonamiento para aprender y conocer el
mundo;Homo Faber, porque fabrica objetos e utensílios; e,Homo Ludensporque é
capaz de dedicarse a las actividades lúdicas, es decir, al juego. Se puede decir que el acto de
jugar es tan antiguo como la propia humanidad. Jugar es una actividad natural del ser
humano. A través del juego y del juguete, el mismo reproduce y recrea el mundo a su
vuelta.

El hombre, muchas veces, nace de un juego. Comienza un juego de seducción


El logo del embarazo aparece. Cuando nace, el bebé hace un juego de lágrimas y sonrisas.
para demostrar su incomodidad o felicidad, induciendo a la madre a satisfacer sus
instintos primarios, como hambre y sed. Durante todas las fases de la vida, el juego está
presente. El individuo está sujeto a las influencias del entorno en el que vive y en la relación
de causas e efeitos desenvolve, não apenas aquilo que possui no interior do seu ser, mas
también absorbe lo que está fuera. El niño vive en un mundo de experiencias y
mutaciones constantes, entre lo que aún es y lo que podrá llegar a ser. La escuela, la clase,
el profesor tiene un carácter de inmensa importancia en la formación de este nuevo mundo y,
todavía, en la recuperación de universos perdidos entre drogas y violencias. Lo lúdico en el aula
el aula es un ingrediente importante para la socialización, la observación de comportamientos y

valores.

El aprendizaje, en la perspectiva humanista de Carl R. Rogers (1983. p. 149-


167), dice que para la realización del valor propio es necesario estima y consideración positiva
en sí mismo. Estos sentimientos pueden y deben ser desarrollados y estimulados en
aula. La ludicidad entra en este espacio como integrador y facilitador del aprendizaje,
Pontificia Universidad Católica de Rio Grande del Sur – Rio Grande del Sur – Brasil.
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como un refuerzo positivo, que desarrolla procesos sociales de comunicación, expresión


y construcción de conocimiento; mejora la conducta y la autoestima; explora la
creatividad y, además, permite expresar angustias y pasiones, alegrías y tristezas,
agresividad y pasividad, capaz de aumentar la frecuencia de algo bueno. Con la
pasaje del tiempo, nos damos cuenta de que las personas dejan de jugar, o juegan solo
de vez en cuando, como si la diversión espontánea ya no formara parte de su mundo.
Pero quienes trabajan en educación saben: ya sea en la educación infantil, en la enseñanza

fundamental (series iniciales o finales), en la enseñanza de jóvenes y adultos, o en la


universidad, en cualquier espacio, siempre cabe una broma lúdica, un intervalo,
para olvidar la seriedad y aliviar la tensión, antes de comenzar una nueva jornada. No es
apenas en la infancia que podemos jugar a ser felices.

Lo lúdico puede traer a la clase un momento de felicidad, sea cual sea la etapa de
n nuestras vidas, añadiendo ligereza a la rutina escolar y haciendo que el alumno registre
mejor los enseñanzas que te llegan, de forma más significativa.

En la educación infantil, es importante que el profesor tenga el perfil para la práctica


de una pedagogía relacional, sirviendo como mediador del conocimiento, haciendo la
interacción del alumno con el medio, sirviendo de base para el aprendizaje. Se cree que
aprender es construcción, acción y toma de conciencia.

La epistemología del profesor (BECKER, 2001, p. 15-32) es casi totalmente


inconsciente, es subyacente al trabajo docente y puede manifestarse predominantemente
apriorista en algunos casos, predominantemente empirista en otros, o aún, como
una mezcla más o menos equilibrada de estas dos posiciones.

Así, este profesional no solo enseña, sino que aprende de sus alumnos. Las
aulas lúdicas deben transmitir los contenidos, combinarlos, posibilitando que el
aprendente perceba que no está solo jugando en clase, sino que está almacenando
conocimientos. No podemos optar por el vaciado del contenido: clases agradables,
despreocupadas, donde no se aprende nada. Durante estas actividades, el profesor puede tener
más detalladamente información sobre cada alumno y redirigir, si es necesario, su
práctica. A través de trabajos lúdicos en grupo, en el jardín de infancia o en la preescolar,
enseñamos a los estudiantes a compartir, dividir, interactuar, respetar los límites establecidos
para esa actividad. El profesor debe orientar las clases para que todos se manifiesten y
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produzcan de manera independiente según sus capacidades. En los primeros años escolares es muy

es importante dejar claro que cada sujeto es único, con diferentes construcciones lógicas y
significaciones. En este momento, en que el alumno entra en la etapa de las operaciones concretas,

Lo lúdico aliado al conocimiento es de fundamental importancia.

[...] en el proceso de educación también le corresponde al maestro un papel activo: el de


cortar, tallar y esculpir los elementos del medio, combinarlos por los más
varios modos para que ellos realicen la tarea que él, maestro, necesita.
De este modo, el proceso educativo ya se vuelve activamente trilateral: es activo el
alumno, es activo el maestro, es activo el medio creado entre ellos. (Baquero, 2000. p.
27)

¿Y por qué el profesor debe proceder así? Porque él comprende que el alumno
construirá algún conocimiento nuevo a partir de la problematización de sus acciones. El alumno
precisa actuar cognitivamente, asimilar lo que le resulte interesante, significativo; para que
el alumno responda las cuestiones provocadas por la acomodación de este material y, por último, si

realiza la reflexión, a partir de preguntas planteadas por los alumnos y por el profesor.

el hecho de que el juego sea un medio tan poderoso para el aprendizaje de las
niños, en todo lugar donde se puede transformarlo en iniciativa de
lectura u ortografía, se observa que los niños se enamoran de estas
ocupaciones antes consideradas aburridas. (WADSWORTH, 1977. p. 14-31)

Para que la clase sea significativa, lo lúdico es de extrema importancia, ya que el


El profesor, además de enseñar, aprende lo que su alumno ha construido hasta el momento.

condición necesaria para los próximos aprendizajes. La tendencia es de superación, desde


que el ambiente sea fecundo para el aprendizaje y que el maestro tenga noción de la

responsabilidad que esta búsqueda exige. Se estudia el pasado, se vive el presente, se busca
el futuro. A través de la ludicidad podemos hacer nuevas preguntas para viejas respuestas.

Vygotsky (BAQUERO.2000.p. 27) indica la relevancia de los juguetes para la


creación de la situación imaginaria. Las experiencias son extremadamente importantes en
nuestras vidas. Todo el acervo de juegos constituirá la base de datos de imágenes
utilizados en nuestras interacciones. Disponer de tales imágenes es de fundamental importancia para

la construcción del conocimiento y su socialización. Al jugar, el niño se mueve


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En busca de asociación y en la exploración de objetos se comunica con sus pares; si


expresa a través de múltiples lenguajes; descubre reglas y toma decisiones.

Los años pasan y los alumnos crecen. Cuando llegan al quinto año, alrededor de
dos diez u once años, en plena fase de la preadolescencia, la ludicidad también debe
pasar por una transformación. No basta con cantar, bailar, jugar solamente. Las clases
lúdicas deben ser dirigidas a las necesidades de los alumnos, buscando la
proximidad entre la escuela y el entorno en el que vive el aprendiz. En este período de
descubrimientos múltiples, es importante que el profesor esté atento a lo que sucede en
sala de aula y busque interactuar de forma positiva y conciliadora, a través de actividades
que transmitan el contenido y promuevan la socialización. Principalmente porque lo lúdico,
Jugar se vuelve más peligroso a esta edad, ya que los jóvenes comienzan a tener habilidades
motores más desarrollados y el “jugar impetuoso” pasa a formar parte de las clases, de
recreos, de los patios... Ellos buscan poner a prueba el cuerpo muchas veces, todo el tiempo.

Jugar puede ser visto como un recurso mediador en el proceso de enseñanza-


aprendizaje, haciéndolo más fácil. Jugar enriquece la dinámica de las relaciones
sociales en el aula. Posibilita un fortalecimiento de la relación entre el ser que enseña y
o ser que aprende.

Las aulas lúdicas deben estar bien elaboradas, con orientaciones definidas y
objetivos específicos. Si el profesor solo "juega" con estos alumnos, no transmitirá
contenido y posiblemente perderá el rumbo de la clase. La actividad intelectual no puede ser
separada del funcionamiento total del organismo. El cuerpo y el aprendizaje intelectual
forman parte de un todo, a través del cual el alumno irá a comprender el medio, intercambiar

información y adquirir experiencias. Los juegos en el aula deben servir como


orientación para posturas comportamentales, por ejemplo. Se juega enseñando valores y,
Después, se utiliza este momento más tranquilo para explicar el contenido que estudiaremos.
en esta clase y la relación de esto con el juego anterior. El alumno va relacionando,
montando esquemas, formando sus propios archivos, que a medida que se
se desarrollan, se vuelven más generalizados y más maduros.

Al alcanzar el octavo o noveno año de la educación básica (antes séptimo y


octavo grado), los alumnos cambian continuamente, física y emocionalmente, y el profesor
en contacto con ellos, también debe cambiar. Las clases lúdicas en la adolescencia pueden
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ayudar a trabajar cuestiones como depresión, agresión, frustración, aceptación y aprobación


pelo grupo. Las bromas pasan a ser consideradas “idiotas, cosa de niños” y
trabajar con ludicidad en la adolescencia es bastante crítico. ¿Cómo convencerlos de que
¿Qué juego determinado se adaptará como estímulo para un nuevo aprendizaje? En
medida en que el tiempo pasa, el alumno se vuelve increíblemente más complejo, más
desafiador, con un gran número de cuestiones por responder. Incluso podemos
pensar que a ellos ya no les gustan las actividades lúdicas, pero basta con tener persistencia en

alguna dinámica desafiante, para que primero se quejen, luego observen,


reclamen nuevamente, algunos comienzan a participar reclamando, y después de un tiempo la
la actividad ocurre. No con todos, está claro! Quejarse todo el tiempo es parte de
el adolescente que no se queja en clase está enfermo... La queja constante y la
inquietud hacen parte de la construcción y del madurez de los nuevos conceptos que
este alumno se está formando. En esta fase, se puede trabajar la ludicidad en clases de teatro,
por ejemplo, investigando piezas, autores, trabajando aspectos corporales, timidez,
oralidad, literatura, etc. Lo lúdico debe ser un componente importante en
interdisciplinariedad, principalmente cuando activa la motivación del estudiante.

Segundo Piaget (WADSWORTH, 1977, p. 14-31), la mayor fuente de motivación,


no que se refiere al desarrollo intelectual, es el desequilibrio. Este momento de
conflicto cognitivo, que ocurre entre las predicciones y el instante del aprendizaje, es
importante para el desarrollo del alumno. Cuando el profesor logra, a través de
una clase lúdica, desestabilizar a un aprendiz, le estará brindando la oportunidad de
buscar el equilibrio. Y el equilibrio es una condición por la que luchamos siempre.

En los últimos años de la educación primaria y secundaria, entre catorce y dieciocho años,
Los intereses de estos alumnos han cambiado bastante, pero la ludicidad sigue siendo importante
factor de construcción de conocimiento. El alumno necesita mediación e instrumentos.
Todo lo que ha sido construido por este individuo pasa por un proceso cuantitativo
y calificativo. Así, podemos buscar en la infancia algún juego, o una caída,
para explicar el MRU (movimiento rectilíneo uniforme), o quizás relacionarlo aún más,
materia de química con la cocina de casa, la comida favorita... Sigue siendo de
es de extrema importancia que la actividad lúdica sea significativa.

El alumno tiene que asociar experiencia y conocimiento. Este conocimiento tiene


qué ser tal a punto de que el sujeto se transforme y sea capaz de transformar su
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realidad, contribuir a los logros de la ciudadanía, la continuidad de los estudios y la


preparación para el trabajo, tan importante en esta fase de su vida. De la misma manera que
el cuerpo de este adolescente se adapta biológicamente al mundo, debemos conducir su
desarrollo intelectual para la globalización, que está dando un nuevo significado a
cosas tradicionales. El desarrollo de los medios de comunicación, la información
ofrecidas a este alumno, deben brindar un conocimiento lógico-temático,
construido a partir de pensar sobre las experiencias. Las clases lúdicas pueden ayudar a
construir saberes a partir de acciones e interacciones con los compañeros, porque corresponderán
siempre a nuevos descubrimientos, nuevas nociones. En las clases lúdicas, el profesor debe resaltar
que la diversión no es un aspecto predominante de la infancia, sino que es un factor
importancia del desarrollo humano.

La ludicidad puede ser utilizada para dejar a este alumno adolescente 'en estado de
alerta”, pronto para receber informações, e o professor deve dispor da convicção de que
eso es posible. Un profesor que no crea en la ludicidad como método de trabajo
puede perderse en el discurso, dificultando el acceso al conocimiento en lugar de facilitarlo
Al maestro no le corresponde solo despertar al aprendiz a través de juegos, sino
Ayudarlo a construir efectivamente sus conocimientos. El profesor debe usar la
la ludicidad como un factor importante de mediación e integración del alumno con la realidad; el
el alumno no aprende solo en la escuela. Si el contenido no se asimila, al menos en
parte, y no esté ligado a ninguna estructura cognitiva, caerá en el olvido, no tendrá
ninguna relevancia. O, según Cardoso (1977, p. 27): “El conocimiento no es
inmediato. La certeza es la conquista contra la duda, la certeza es el resultado del error
rectificado

El profesor debe incitar al alumno a pensar, crear situaciones para la interacción,


solicitar que él acompañe la construcción del conocimiento con una clase lúdica, sin embargo
o más cercana posible a su realidad, porque así será más fácil para este
estudiante identificar, investigar y resolver el problema. Puede parecer contradictorio, pero
es a través de lo lúdico (jugar) y de la realidad (razón) que el profesor puede construir
situaciones de problematización que serán desencadenadoras de conocimientos. Él no
puede elaborar respuestas para el alumno, pero debe colaborar para que esto suceda dentro
del sujeto aprendiente, creando un ambiente interactivo, de respeto mutuo y confianza,
donde toda duda es importante y ninguna pregunta es idiota. En clases lúdicas podemos
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trabajar cuestiones graves, como el acoso escolar (palabra del inglés que puede ser traducida por
"intimidar" o "amedrontar"), en cualquier serie. En medio de la clase, uno habla mal, el otro
llora y el resto se ríe. Incluso cuando parece una broma, la agresión es seria
(SANTOMAURO. 2010. p. 66-73). Esta es una gran oportunidad para inventar una
juego para tratar esta cuestión. Un juego que enseñe a mirar al otro,
que deje al otro hablar, que muestre los límites y los riesgos. Cuando el profesor es capaz de
reconocer los signos del acoso escolar, puede sondear y hacer un diagnóstico a través de estos

juegos, proponer lecturas, hablar con los involucrados. Pero, tal vez no toda la ludicidad
del mundo sea suficiente y el profesor tendrá que remitir el caso a otras instancias.

Las instituciones educativas aún han explorado muy poco el juego, considerando
que ya hace algún tiempo que las investigaciones relacionadas con el tema vienen atribuyendo valor

destacado lo lúdico como palanca de aprendizaje. Tenemos que acabar con este
concepto inútil, de que después de crecer no podemos jugar y disfrutar más
cada nueva situación para aprender algo. Y, si esto se puede hacer a través de
ludicidad, mejor aún. Lo que todo profesional de la educación debe saber es que los
Parámetros Curriculares Nacionales, que orientan la práctica pedagógica, también
apuntan a la formación de un nuevo profesional:

La formación de profesores se presenta, por lo tanto, como necesaria para que la


efectiva transformación de la enseñanza se realice. Esto implica revisión y actualización
dos currículos ofrecidos en la formación inicial del profesor y la implementación
de programas de formación continua que cumplan no solo la función de
suplir las deficiencias de la formación inicial, pero que se constituyan en espacios
privilegiados de investigación didáctica, orientada a la producción de nuevos
materiales, para el análisis y la reflexión sobre la práctica docente, para la
transposición didáctica de los resultados de investigaciones realizadas en la lingüística
en la educación en general. (Parámetros Curriculares Nacionales – Lengua
Portuguesa. p.66)

Todos nos recordamos de algún (a) profesor (a) que, en determinado momento
de nuestras vidas fue muy importante. Tal vez porque nos haya llamado la atención de
forma más austera, nos ha hecho repensar actitudes, nos ha orientado en trabajos
muy buenos, como aquellos de las ferias de ciencias, de los concursos de poesías o de los
testes de matemática.
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Pero el maestro que nadie olvidó es aquel que sabía hablar en serio, enseñaba de
forma responsable pero que, en las situaciones adecuadas, hacía bromas con el grupo. Aquella
que pegaba la pluma y pintaba caritas en la punta de los dedos de las dos manos y enseñaba a
contar hasta diez. Aquel que numeraba las hojas del cuaderno y hacía estrellitas en las líneas
para que pudiéramos escribir en el lugar correcto: una línea sí, otra no... una sí, otra
no... Aquel que usaba material comprado, caro, de buena calidad en las clases de arte.
Más que, utilizando la ludicidad, utilizaba material reciclable para montar juegos para la
clase y hablar sobre la importancia de la preservación del planeta en el que vivimos. Que, en
fiesta de primavera, utilizó periódicos y confeccionó con sus alumnos, en medio del campo
de fútbol del barrio, un hermoso desfile de moda, permitiendo que todos independientemente de
cualquier situación, jugaban a la felicidad.

Brincar no es perder tiempo, es ganarlo. Es triste tener niños sin escuela, pero
más triste es verlos en fila en salas sin aire, con ejercicios estériles, sin valor para
la formación humana”. (Carlos Drummond de Andrade).

Si ya hemos sido capaces de entender cuánto lo lúdico es importante en nuestras vidas,


porque continuamos resistiendo, volviéndonos tan serios, cerrados, no permitiendo que la
¿La broma hace que todo sea tan más fácil, accesible y significativo? Observa lo que un alumno
espera del maestro actual y del profesor del futuro: “Me gustaría tener en mi aula,
profesores que enseñen todos los contenidos de la manera en que la educación debe ser,
más que nunca olviden que soy un ser en formación y que jugar es parte de la
mi vida.

Referencias

BAQUERO, Ricardo. Vygotsky y el aprendizaje escolar. Porto Alegre: Artes Médicas,


2000.

BECKER, Fernando. Educación y construcción del conocimiento. Porto Alegre: Artmed,


2001.

CARDOSO, Miriam Limoeiro. Ideología del desarrollo. Río de Janeiro: Paz y


Terra, 1977.

BRASIL. MEC. SEF. Parámetros curriculares nacionales: tercer y cuarto ciclos del
ensino fundamental. Língua portuguesa. Brasília:MEC/SEF, 1988. p.66.
9

PERRENOUD, Philippe. Actuar en la urgencia, decidir en la incertidumbre. Porto Alegre: Artmed,


2001.

PIAGET, Jean. La psicología del niño. Río de Janeiro: Bertrand, 1988.

ROGERS, Carl Ransom. et al. En busca de la vida. São Paulo: Summus, 1983.

SANTOMAURO, Beatriz. Ciberacoso. Revista Nova Escola, São Paulo, año 25, n.
233. p. 66-73, abril, junio/julio 2010.

VASCONCELOS, Celso dos Santos.Construcción del conocimiento en el aula. São


Paulo: Libertad, 2002.

WADSWORTH, Barry. Inteligencia y afectividad en la teoría de Piaget. São Paulo:


Pioneira, 1977.

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