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LA BIOGRAFIA DE PEDRO SHIMOSE
Pedro Shimose
(Riberalta, 1940) Poeta, ensayista y narrador boliviano de la generación posterior al
surrealismo. Destacada voz de la lírica de vanguardia boliviana, la originalidad de la
obra de Pedro Shimose es el resultado de una intensa búsqueda individual que lo
llevó a transitar por diferentes preocupaciones temáticas y corrientes estéticas.
Pedro Shimose
Además de la poesía, cultivó la novela, la biografía y el ensayo, y ejerció de
periodista durante un tiempo; se desempeñó también como docente en la
Universidad Mayor de San Andrés (La Paz). Se inició tempranamente en la labor
literaria, que no abandonaría ya en ningún momento. Entre sus publicaciones
destacan Triludio tras el exilio (1961) y Sardonio (1967), donde emerge la sombra
de César Vallejo, en una suerte de humanismo atormentado cercano a fórmulas
dadaístas. Características que la evolución del poeta fue dejando atrás en vistas al
ejercicio de una lírica más comunicativa, cercana a la realidad hispanoamericana,
como fue el caso de su siguiente obra: Poemas para un pueblo (1968).
Después, en Quiero escribir pero me sale espuma (1972), el recurso a uno de los
versos de Poemas humanos de Vallejo refleja de nuevo la angustia de un
sentimiento encrespado de la poesía, en el que la patria boliviana resurge como un
referente doloroso. Este último título le valió el premio Casa de las Américas. Otras
obras posteriores fueron Caducidad del fuego (1975), Al pie de la
letra (1976), Reflexiones maquiavélicas (1980) y Bolero de caballería (1985).
Bajo el título de Poemas (1988) apareció una antología de su obra en Madrid, ciudad
en la que Shimose había fijado en 1971 su residencia habitual. Posteriormente se
publicaron Riberalta y otros poemas (1996) y No te lo vas a creer (2000). En 1999
recibió el Premio Nacional de Cultura en su país. Publicó además un libro de cuentos
titulado El Coco se llama Drilo (1976) y una Historia de la Literatura
Latinoamericana (1989), y dirigió el Diccionario de autores iberoamericanos (1982).
2.- EJEMPLOS DE CRONICAS, PERIODISTICA, LITERARIA Y HISTORICA
Ejemplos de crónicas periodísticas
1. La conquista de América y el fin del antiguo mundo precolombino
Durante casi 10.000 años vivieron distintos pueblos originarios de América sin siquiera
sospechar que existía un mundo entero más allá de sus costas, preocupados únicamente
por las tensiones que surgían entre unos y otros. Imperios enteros nacieron y cayeron,
civilizaciones se perdieron y poderosos monumentos se edificaron antes de que el
navegante genovés Cristóbal Colón cruzara por primera vez el océano Atlántico para
desembarcar en las costas del mar Caribe, un 12 de octubre de 1492.
Tres embarcaciones conformaban aquel primer viaje europeo a lo que llamaron las “Indias
occidentales”, creyendo que en efecto habían dado la vuelta al mundo e ido a parar a Asia.
En vez de eso, se encontraron un paraíso tropical poblado por pueblos foráneos a los que
bautizaron “indios” y con los que establecieron rápidamente una relación desigual de
intercambio: las maravillas naturales de aquel lugar misterioso no parecían muy
custodiadas por los amables taínos, y en la avariciosa mentalidad de los primeros
conquistadores, aquello les daba derecho a tomarlo todo.
Ver texto completo en: Crónica periodística sobre la conquista de América
1. La Segunda Guerra Mundial: seis años de conflicto que cambiaron la historia para
siempre
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue uno de los mayores conflictos de la historia
reciente de la humanidad y el más importante de todo el siglo XX. Estuvieron involucradas,
de un modo u otro, no solo las grandes potencias económicas y militares de la época, sino
también la mayor parte de las naciones del planeta, ya sea del bando de los Aliados
(EEUU, Reino Unido, Francia y la URSS) o del bando de las Potencias del Eje (Alemania,
Italia, Japón). Los seis años que duró esta “guerra total” transformó para siempre la
configuración política del planeta y dejó cicatrices que aún hoy, pasados casi 80 años de su
término, perduran en la memoria colectiva.
La Alemania nazi ya había dado muestras de su ambición territorial, expresada por el
propio Adolf Hitler en términos de lebensraum (“espacio vital”) en su libro Mi lucha (1925),
en el que había expuesto su plan político, social y militar para Alemania, y la necesidad de
esta última de hacerse con los territorios de las naciones del este de Europa. Con ello en
mente, el 23 de agosto de 1939 el régimen alemán firmó un pacto de no agresión con la
Unión Soviética de Stalin, en el que —saldría a la luz mucho después— se repartieron el
territorio polaco y pactaron una nueva frontera entre sus naciones.
1. La caída de las Torres Gemelas en Nueva York: el gran atentado terrorista que dio
inicio al siglo XXI
Culminaba el primer año propiamente dicho del siglo XXI aquel martes 11 de septiembre de
2001, sin que nadie en Nueva York ni en ningún lugar de Occidente sospechara siquiera
los eventos que tendrían lugar esa mañana. Eventos que parecen sacados de una película
de Hollywood, pero que causaron daños muy reales y muy emblemáticos en el corazón de
la urbe estadounidense: la destrucción de las Torres Gemelas del World Trade Center y de
todas sus estructuras aledañas.
Esa mañana, los pasajeros de cuatro vuelos distintos de
cuatro empresas aerotransportistas estadounidenses ocuparon los pequeños asientos en el
interior de sus aviones. El vuelo 11 de American Airlines despegó a las 8:00 am del
Aeropuerto Internacional Logan de Boston, con rumbo hacia la ciudad de Los Ángeles.
Llevaba 92 personas a bordo. Del mismo aeropuerto, pero quince minutos después, hizo lo
mismo el vuelo 175 de United Airlines, con igual destino pero con 65 personas a bordo.
Ambos aviones eran modelos Boeing 767, con una envergadura promedio de 47 metros y
una longitud de entre 40 y 60 metros.
Ejemplo de crónica literaria
“Una visita a la ciudad de Cortázar” por Miguel Ángel Perrura
Después de leer tanto a Cortázar, Buenos Aires se hace conocida. O al menos una especie
de Buenos Aires: afrancesada, de cafés, de librerías y pasajes, con toda la magia que este
autor argentino le imprimió desde el exilio.
Y es que Cortázar optó por la nacionalidad francesa en 1981, como una protesta por la
dictadura militar que asolaba a su país, del que había partido, enemistado con el
peronismo, décadas antes. Podría decirse que, despojado de la presencia real de su
ciudad, el autor de Rayuela procedió justamente a crearse su propia ciudad, a partir del
recuerdo, la añoranza y las lecturas. A ello se debe que sus personajes nunca hablaran
como la Buenos Aires contemporánea, a la que volvió en 1983 cuando volvió la
democracia, sino como aquella remota Buenos Aires que había dejado atrás cuando joven.
Para un lector de Cortázar como yo, español de nacimiento, Buenos Aires tenía esa aura
mágica y paradójica de la vida real. No es así, desde luego, o no exactamente así. La
capital argentina es, ciertamente, una ciudad encantadora, de cafés y pasajes, de librerías
y marquesinas.
Lo comprobé cuando la pisé por primera vez en 2016. Iba en unas brevísimas vacaciones,
por apenas tres días, pero tenía una misión secreta en mi interior: reconstruir la ciudad de
Cortázar a medida que la caminara. Quise pisar los mismos lugares que el cronopio, quise
tomar los mismos cafés que él tomara y mirar con sus ojos la calle, guiándome por su obra
maravillosa. Pero claro, no todo sale como uno se lo esperaría.
El tránsito entre el aeropuerto y la ciudad fue sombrío, a medianoche, a pesar de las luces
por doquier. Desde el avión había visto la ciudad como un retablo de luz, una cuadrícula
encendida que irrumpía en la negrura vasta pampeana. Podría haberme dormido durante la
mayor parte de trayecto, víctima del jet lag, de no ser porque corría el riesgo de despertar,
como el protagonista de “La noche boca arriba” en algún otro lugar, y perderme mi llegada
a la capital suramericana.
Bajé del taxi a las dos de la mañana. El hotel, ubicado en Callao y Santa Fe, lucía tranquilo
pero concurrido, como si nadie se enterase a pesar de la hora de que debía dormir. Una
ciudad alucinada, insomne, muy cónsona con la obra cortazariana, pródiga en desvelos. La
arquitectura a mi alrededor parecía arrancada de la Europa que había dejado en casa unas
doce horas atrás. Entré al hotel y me dispuse a dormir.
El primer día
Desperté con el ruido del tránsito a las diez de la mañana. Había perdido mis primeros
rayos de sol y debía apurarme si quería aprovechar los tenues días de invierno. Mi
itinerario riguroso comprendía el café Ouro Preto, donde dicen que Cortázar recibió una vez
un ramo de flores -no sé de cuáles- después de que participara de carambola en una
manifestación. Es un lindo relato contenido en Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires
por Cortázar de Diego Tomasi.
También pretendía visitar la librería norte, donde solían dejarle paquetes, ya que la dueña
era amiga personal del escritor. En vez de eso, salí a buscar un desayuno entre el
maremágnum de cafés con medialunas y dulces en que consiste la pastelería porteña. Al
final, después de caminar y elegir por más de una hora, me decidí a almorzar temprano,
para tener energías y caminar. Di con un restaurante peruano, verdaderas perlas
gastronómicas en la ciudad de las que nadie o pocos hablan, seguramente por tratarse de
un elemento foráneo. Y todos saben lo resistentes que son los argentinos con lo de afuera.
Lo siguiente fue comprar la SUBE y una Guía T, mapa de la ciudad, y dedicar más de una
hora a descifrarlo, antes de darme por vencido y tomar un taxi. Buenos Aires es un
laberinto perfectamente cuadriculado, no me extrañaba que en cualquier vuelta de esquina
pudiera tropezarme con la figura alta y desgarbada del cronopio, yendo o viniendo en
alguna misión secreta e imposible, como su Fantomas.
Finalmente conocí la librería y conocí el café. Me extrañó la ausencia de placas en su
nombre o de figuras de cartón que lo reprodujeran. Puedo decir que estuve un buen rato en
cada lugar, tomando café y revisando novedades, y nunca dejé de sentir su ausencia como
un fantasma compañero. ¿Dónde estás, Cortázar, que no te veo?
El segundo día
Una buena noche de sueño y unas horas de consultar en Internet me aclararon mucho más
el panorama. Plaza Cortázar surgió como un referente vago, tanto como el Café Cortázar,
repleto de fotografías y frases célebres de sus novelas. Ahí sí encontré a Cortázar, uno
recién tallado en el imaginario local, tan pródigo en Borges, Storni o Gardel. ¿Por qué no
hay más de Cortázar, me preguntaba, mientras deambulaba detrás de sus pistas
misteriosas? ¿Dónde estaban las estatuas y las calles con su nombre, los museos
dedicados a su memoria, su estatua de cera un tanto ridícula en el Café Tortoni cerca de la
Plaza de Mayo?
El tercer día
Después de un almuerzo prominente y carnívoro y de consultar a varios taxistas, lo
entendí: estaba buscando a Cortázar en el lugar equivocado. La Buenos Aires del cronopio
no era ésa, sino la que había soñado despierto y que estaba escrita en los varios libros en
mi valija. Allí estaba la ciudad que perseguía, como los sonámbulos, al mediodía.
Y cuando entendí eso, de golpe, supe que podía emprender el regreso.
Ejemplos de crónica histórica
1. Crónica de Don Álvaro de Luna, anónimo. Se estima que se publicó en 1545 y es una
crónica que se centra en contar la historia de un solo personaje, ya que narra la vida de
Don Álvaro de Luna, un hombre cercano al rey Juan II de Castilla.
2. Crónica de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel de Castilla y de
Aragón, de Hernando del Pulgar (1436-1492). El autor de esta obra es contemporáneo a
los hechos narrados y esta crónica se centra en contar los sucesos más importantes de
Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla.
3. Comentarios reales de los incas, de Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616). En esta
obra se narra la historia de la civilización incaica desde sus comienzos hasta la muerte de
Túpac Amaru I. Además, la crónica se centra en revalorizar la cultura de los incas a través
de la descripción de sus costumbres, su religión, su política, sus mitos y sus conocimientos.
3.-Investigar 5 autores de crónicas realizado en Bolivia
Adela Zamudio.
Adolfo Costa Du Rels.
Alcides Arguedas.
Alcira Cardona Torrico.
Alfonso del Granado.
Antonio Díaz Villamil.
Armando Chirveches.