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EL LIBRO DE LOS SONETOS
EL LIBRO DE
LOS SONETOS
(ANTOLOGÍA POÉTICA)
Selección de 401 sonetos de los mejores autores
hispano - americanos. Clásicos y modernos. Desde
el Marqués de Santillana hasta nuestros dias.
líricos . místicos . SATÍRICOS Y
REBELDES
^*/. :
BUENOS AIRES
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A GUISA DE PROLOGO -iñl \.'^Q
Lector: la ordenación de las diferentes composiciones
insertas en el presente volumen, no obedece a pía»
alguno determinado. Tarea ardua la de su selección^
los compiladores se han concretado exclusivamente a
elegir aquellas que desde la adaptación del soneto a
nuestra lengua, han sido, son y serán dignos exponentes
del género que nos ocupa.
Pese a algunos espíritus timoratos no hemos vaci-
lado en darle un lugar en esta antología a autoreá
de valor preponderante dentro de la lírica rebelde y
que omitidos, hubieran implicado una falla de selec-
ción, dado el carácter de imparcialidad que deseába-
mos para nuestro trabajo.
Numerosos poetas de reconocida valía, no han te-
nido lugar en estas páginas; las múltiples causas que
obligaron a esta determinación, deben alejar nuestra
responsabilidad al compensarlas con valores que recién
se inician en el templo de las Musas, y que en época
no lejana afianzarán el baluarte del Parnaso Hispano-
Americano.
(1) — El soneto (de sonetto, derivado de suono) comen-
zó a divulgarse en Sicilia en la corte de Federico II,
allá por el año 1220. Corresponde al Petrarca la glo-
ria de haberlo generalizado y a Pedro Aretino la de
haber fijado su forma definitiva.
Consta el soneto de catorce versos, (endecasílabos
más comúnmente) o diecisiete versos si tiene estram-
bote (de «strabus», en latín popniar «strambus» cojx))
forma esta última a la que tan dados fueran Lope de
Vega, Que vedo y Cervantes. Se trata de iguales agru-
(1) — M. Sánchez de Enciso.
paciones de cuartetos y tercetos, cuya runa varia, será
dado ver en los ejemplos que se ofrecen en este libro.
La poesía moderna en su constante renovación, ha pro-
curado introducir reformas en su estructura, desligan-
do la rima entre ambos cuartetos; cultores del estilo
como Villaespesd y Carrére, lo han cimentado y hoy
son innumerables los poetas que adoptaron la misma
técnica.
Don Iñigo López de Mendoza, marqués de Santilla-
na fué el iniciador en España del soneto «al itálico
modo» aún contra la opinión de algunos eruditos, co-
mo don Ramón Pérez de Ayala, que atribuyen dicha
paternidad a don Juan Boscan. Investigadores tan es-
crupulosos como don Marcelino Menéndez y Pelayo y
J. Fitzmaurice-Kellj' no vacilan en concedérsela al pri-
mero.
No fué feliz Santillana en su intento de implantar
el género, con los 42 sonetos que escribiera. Más afor-
tunado, sobre las bases semi- derruidas que dejara aquél,
Boscan y más tarde Garcilaso de la Vega afianzaron
el endecasílabo en España.
Desde entonces son numerosos los que cultivaron el
soneto entre los que descuellan a más de los nombra-
dos: Lope de Vega; Fray Luís de León; los Argen-
sola; Góngola; Quevedo; etc. Atribúyensele al prime-
ro no menos de setecientos los que escribiera.
En la actualidad, Francisco Villaespesa, Salvador Rue-
da y Manuel Machado los han hecho una especialidad
de su talento.
La América española también ha contribuido y con-
tribuye con sus poetas a engrosar el caudal del Par-
naso de la lengua y entre los que se destacan con
caracteres propios: Arturo Capdevila; Leopoldo Lugo-
nes; José Santos Chocano; Felipe Sassone; etc., de
cuyo estro ofrecemos algunos ejemplos en esta Anto-
logía. De los ya fenecidos merecen citarse: Amado
Ñervo; Rubén Darío; Diego Fernández Espiro; Ricar-
do Jaimes Freiré; etc., cuyos sonetos son verdadera-
mente magistrales.
El espacio y el carácter del libro nos veda el tra-
zar una preceptiva o una historia del Soneto; vayan
las palabras que anteceden de introducción a nuestro
trabajo.
6
A LA MÚSICA
Lírico refinamiento, quintaesencia del ruido,
sutil sugeridora que el espíritu mece,
emoción fugitiva tan honda que parece
la expresión armoniosa de un silencio que ha sido.
Acequia cristalina de mágico sonido
es a veces cascada que tumultuosa crece,
entonces se diría que en ella se estremece
la suma dolorosa de todo lo sentido.
¡Arte maravilloso, tu ritmo incomparable
es un ave de ensueño tras de lo inalcanzable,
que extiende largamente su magnífico vuelo!
i Idioma de las cosas que no tienen palabras,
bordando filigranas en el espacio labras
escalas invisibles que nos llevan ai cielo!
Margarita Abella Caprile.
(Argentina . )— Contemporánea.
CUANDO ERA NUEVO EL MUNDO...
Cuando era nuevo el mundo y producía
gentes, como salvajes, indiscretas,
y el cielo dio furor a los poetas,
y el canto con que el vulgo los seguía;
fingieron Dios a Amor y que tenía
por armas, fuego, red, arco y saetas,
porque las fieras gentes no sujetas
se allanasen al trato y compañía.
Después, viniendo a más razón los hombres,
los que fueron más sabios y constantes
al Amor figuraron niño y ciego;
para mostrar que de él y de estos hombres
les viene por herencia a los amantes,
simpleza, ceguedad, desasosiego.
Hernando de Acuña.
(Español.)— 1522-1586.
A UNA FLOR
¿Cuando tu broche apena* se entreabría
para aspirar ia dicha y el contento,
te doblas ya y cansada y sin aliento,
te entregas al dolor y a ia agonía?
¿No ves, acaso, que esa sombra impía
que ennegrece el azul del firmamento
nube es tan sólo que ai soplar el viento^
te dejará de nuevo ver el día?
¡Resucita y levántate! Aún no llega
la hora de que en el fondo de tu broche
des cabida al pesar que te doblega.
Injusto para el sol es tu reproche,
que esa sombra que pasa y que te ciega,
es una sombra, pero aún no es la noche.
Manuel Acuña.
(Mexicano.)— 1849-187S..
A UN ARROYO
Cuando todo era flores tu camino,
cuando todo era pájaros tu ambiente,
cediendo de tu curso a la pendiente
todo era en ti fugaz y repentino.
Vino el invierno con sus nieblas, vino
el hielo que hoy estanca tu corriente,
y en situación tan triste y diferente
ni aún un pálido sol te da el destino.
Y así es la vida: en incesante vuelo
mientras que todo es ilusión, avanza
en sólo una hora cuanto mide un cielo;
y cuando el duelo asoma en lontananza
entonces como tú, cambiada en hielo
no puede reflejar ni la esperanza.
Manuel Acuña^
FUE NOVIO JUAN...
Fué novio Juan de la sin par María,
y en el largo trajín de sus amores,
todos fueron ensueños seductores
y proyectos de bienes y alegría.
Llegó el plazo, o mejor, el fausto día
como dan en nombrarle los autores,
de encadenar a entrambos amadores,
en etemal unión, la Vicaría.
¡Qué gran luna de miel! ¡Qué desatino
de amantes! Pero al mes quiso el demonio
que echaran cada cual por su camino;
y al preguntar por qué, me dijo Antonio:
— «Como el vinagre se engendró del vino
asi el amor se tuerce en matrimonio.»
Antonio Afán de Ribera,.
(Español.)
RIMA DE LAURELES
La palpitante pluma en el sombrero,
la señoril espada a la cintura,
en los ojos un rayo de bravura
y en el semblante un gesto aventurero;
cortés con los hidalgos, y altanero,
rindió galante culto a la hermosura
y, embriagado de amor, en noche oscura
ante mil rejas desnudó su acero.
Es el genio indomable de la raza
que, la espada sangrienta hasta la taza,
imprimiendo la mueca del espanto,
los mundos anchurosos recorría
aprisionando Reyes en Pavía
y sepultando imperios en Lepante.
Fernando Ahumada.
(Español.) — Contemporáneo.
EXPLOSIÓN
¡Si la vida es amor, bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
que no valen mil años de la idea
lo que un minuto azul del sentimiento.
Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡La vida brota como un mar violento
donde la mano del amor golpea!
Hoy, partió hacia la noche, triste, fría,
rotas las alas mi melancolía;
como una vieja mancha del dolor
en la sombra lejana se deslíe...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!
Delmira Agustifú.
(Uruguaya.)
HUMO Y CENIZA
Fumaba yo, tendido en mi butaca
cuando, al sopor de plácido mareo,
mis sueños de oro realizarse veo
del humo denso entre la niebla opaca.
Más ni la gloria mi ambición aplaca,
ni nada calma mi febril deseo
hasta que, envuelta por el aire, creo
verte mecida en vaporosa hamaca.
Corro hacia ti; mi corazón te evoca;
y, cuando el fuego de tu amor me hechiza
y van mis labios a sellar tu boca,
de ellos ¡ay! el cigarro se desliza
y sólo queda, de ilusión tan loca,
humo en el aire y, a mis pies... ceniza.
Pedro A. de Alarcón.
10 (Español.)— 1833-1891.
EL CIGARRO
Lío tabaco en un papel; agarro
Lumbre, y lo enciendo; arde, y a medida
Que arde, muere; muere, y enseguida
Tiro la punta, bárrenla, y... al carro.
Un alma envuelve Dios en frágil barro,
Y la enciende en la lumbre de la vida;
Chupa el tiempo, y resulta en la partida
Ün cadáver. El hombre es un cigarro.
La ceniza que cae, es su ventura;
El humo que se eleva, su esperanza;
Lo que arderá después... su loco anhelo.
Cigarro tras cigarro el tiempo apura;
Colilla tras colilla al hoyo lanza;
Pero el aroma... piérdese en el cielo!
Pedro A. de Alarcón.
UN MORISCO DE AHORA
Insomne y soñoliento; con bufanda
(recuerdo del turbante) en el estío;
ajeno su magnánimo desvío
del siglo a la ruidosa propaganda;
adversario pasivo del que manda,
y absoluto señor de su albedrío;
Sultán, en fin, sin éxtasis ni hastío,
de las mozuelas con que a vueltas anda...
Tal, en Madrid, el último almohada
pasa por el rosario de la vida
horas indiferentes grano a grano...
¿Qué quiere? Nada quiere. Sólo añade
tinieblas a una crónica perdida,
oculto bajo un nombre castellano.
Pedro A. de Alarcón.
11
¡ MADRE!
Navego solo en el confín desierto
de un mar fragoso de gigantes ondas,
con cielo gris, sin entrevisto puerto,
sin playas de oro, con brumosas frondas.
Lucha mi nave con vaivén incierto;
sola y sin rumbo entre tinieblas hondas...
mas el pavor de mi horizonte muerto
lo alumbra un astro de fulgentes blondas.
¡Mi mar: el mundo de maldad cubierto;
mi vida: el barco en sus furiosas ondas!
el astro aquel, que entre la bruma advierto,
siendo mi guía en las tinieblas hondas,
¡quién si no tú, que en mi cerebro yerto
brillas cual sol entre rojizas blondas!...
Claudio de Alas.
(Jorge Escobar üribe),
(Colombiano.)— 1886-1918.
LIBERTAD PERDIDA
Una sultana del remoto Oriente
vio en los bosques, un día que cazaba,
una llama que rápida esquivaba
de jauría fiera el aguzado diente.
Rendida, al fin, la reina no consiente
que la muerte le den, que ya esperaba,
y a su palacio la conduce esclava
donde la cuida tierna y diligente.
Si antes huraña, al cabo agradecida^
fué olvidando la llama la honda pena
con que lloró su libertad perdida.
Amor, que la existencia me envenena,
quiero que pase mi doliente vida
besando el hierro de fatal cadena.
Leopoldo Alas (Clarín).
12 (Español).— 1852-1901.
EN EL SALÓN DORADO...
En el salón dorado resplandece
«n tiesto lindo de soberbia china,
rica en gala y honor, flor peregrina
que al pasmo universal su dueño ofrece.
Y allá distante pobrecilla crece
en el prado que el sol claro ilumina,
entre la hierba inculta y tosca espina,
bella aunque humLde flor que el aire mece.
Laura, del sol regio que admiramos
en hora buena gocen ios primores,
pues suyos son sus opulentos araos.
Pero amemos al prado con sus flores,
si nuestro fué y entre ellas nos criamos,
gozando sus perfumes y colores.
Antonio Alcalá Galiano.
(Español). -1789-1865.
EN RAUDO REMOLINO...
En raudo remolino turbulento
vuela el polvo cual nube sofocante,
y el sol candente con su luz vibrante
quema los prados y enrarece el viento.
Corre el arroyo desangrado y leulo,
la tempestad rebrama amenazante,
las flores secas y su aroma errante
vuelan del aire al abrazado aliento.
La noche lleva entre sus sombras fuego,
pero viene la lluvia del rocío
e infiltra en ella celestial sosiego;
mas yo que hay tiempo que perdí la calma,
nunca hallaré la lluvia del estío
que apague el fuego que me abrasa el alma.
Antonio Alcalde Vallad::res.
(Español.)— Siglo XVm. 13
VENCIDOS
Como van al ajenjo los beodos
protestando su horror a los licores,
y al salón de jugar, los jugadores,
componiendo a su vicio mil apodos;
como van susurrando en graves modos,
las doradas abejas a las flores,
y al festin imperial de los errores
declamando pureza, vamos todos:
asi van los sublimes, los sagrados,
los heroicos, los grandes, los temidos,
con no sé qué furor de sus sentidos,
por despechos olímpicos lanzados...
con rumbos a la gloria... ¡y derrotados!
vencidos a la luz... ¡pero vencidos!
Alma fuerte.
(Pedro B. Palacios).
(Argentino.)— 1854-1917.
¡ MEDITAD !
Los pudientes, los preclaros, los dichosos,
los que dan el diapasón de los deberes,
no son hombres ¡ aunque sean ! son mujeres,
que gobiernan el jornal de sus esposos.
Y esos tristes artesanos dolorosos
que repugnan de sudor en los talleres^
vergonzantes, restringidos como seres
condenados al corral de los leprosos,
son ios hombres, los patriarcas, cuyos besos
fecundando ios pasivos materiales,
depositan en los cofres de los Cresos
la sagrada polución de los caudales.
¿Qué serían... qué será de tus progresos
cuando pierdan toda fé tus sementales?
Almafuerte.
14
LA REJA ANDALUZA
A través de la reja musulmana
que aderezan la yedra y los claveles;
dando asunto a los mágicos pinceles
aparece la típica ventana.
El sol que alumbra a la gentil mañana
halla en la reja a los amantes fieles,
y dorando del majo los caireles
un rostro femenil tiñe de grana.
Se quiebran en moriscos azulejos
del luminar gigante los reflejos
que roban al esmalte sus colores,
y los ojos de ardiente fantasía
▼en la reja en mi hermosa Andalucía
como el clásico altar de los amores.
Marqués de Almendar.
(Español.)
EN UN LIBRO DE CANTARES
Musa de las canciones populares,
mira este libro como claro espejo,
en el que tiene su mejor reflejo
las venturas del pueblo y los pesares.
Vive en cada cantar de estos cantares
de amor ya el dulce ya el amargo dejo,
la cuita, la sentencia o el consejo,
y aún la oración que sube a ios altares.
¡Escapad de estas páginas dormidas
romped las redes en que estáis cogidas,
mariposas de múltiples colores,
y en incesantes vuelos repetidos,
id a temblar los pechos, vuestros nidos,
y a temblar en las bocas, vuestras flores I
Serafín y Joaquín Alvarez Quintero,
(Españoles). — Contemporáneos.
GRAN TARJA
Plebe del pensamiento, erguida piebo
«n gracia de la casta o la fortuna,
¿dónde está tu labor? Desde la cuna
tan solo el hambre o el placer te mueye.
La ley del adelanto ¿qué te debe?
¿Cuál es tu gloria en el poder? Ninguna.
Despreciando el trabajo, a la Comuna
pábulo das en su argumento aleve.
Y esa chusma ignorante, maldecida,
es superior a ti, porque a su azada
elches el grano que tu vientre anida...
Hombres que nada hacéis, ni valéis nada,
sobre el papel manchoso de la vida
os quisiera borrar de una plumada.
Carlos G. Amézagm.
(Peruano.)— 1862-190S.
HARTO TIEMPO HE CALLADO , . .
Harto tiempo he callado; más no puedo.
Dardo mortal el corazón me hiere,
y, pues el moribundo hablarte quiere,
ye resignado a su mandato cedo.
Escúchalo, por Dios... quedo, muy quedo.
Ha de contarte el mal de que se muere;
acércate que el aire no se entere;
porque aún del aire mismo tengo miedo.
Pija tu vista en mí... con ella, trata
de dar valor al corazón cobarde
que ni aún sabe culpar a quien lo mata.
¿Lloras? Tiempo es aún... ¡Pueril alarde!
Esa lágrima ayer, mujer ingrata,
lo hubiera hecho vivir. I Hoy es ya tarde!
Gabriel AracelL
(Español.)
16
EL POETA BOHEMIO
Desencajado, la pupila inquieta,
y trémulo el andar, roto el vestido,
como en vagos ensueños abstraido,
del viejo bodegón salió el poeta.
¿Qué pena oculta, qué pasión secreta
clama en su pecho soledad y olvido?
¿Qué voz de indignación como un rugido
vibra en su labio y a los cielos reta?
Y maldijo los cantos de su lira,
y llamó la virtud un nombre vano,
humo la gloria y el amor mentira;
y al caer desplomado en las baldosas,
traía el aura del jardín cercano
fragancias de jazmines y de rosas.
Ismael Enrique Arciniegas.
(Colombiano.)— Contemporáneo.
ERRANTES (1)
Sigamos, gitana mía,
por el incierto sendero,
yo seré tu compañero
en la pena y alegría.
Con la loca sinfonía
de mi verso y tu pandero
ganaremos el dinero
para el pan de cada día.
Sigamos, gitana mía,
nuestra larga romería
tras incógnitas regiones...
Que unidos siempre los dos
habrá de otorgarnos Dios
sus divinas bendiciones.
Bafael G. Argilagos.
(Cubano. )— Contemporáneo.
{!) Sonetillo o soneto en versos octosílabos.
LA TEMPESTAD Y LA CALMA
Yo vi del rojo sol la luz serena
turbarse, y que en un punto desfallece
su alegre faz, y en tomo se obscurece
el aire con tiniebla de horror llena;
el austro proceloso airado suena,
crece su furia y la tormenta crece,
y en los hombros de A,llante se estremece
el alto Olimpo, y con espanto truena.
Mas luego vi romperse el negro velo
deshecho en agua, y a su luz primera
restituirse alegre el claro día;
y de nuevo esplendor ornado el cielo
miré, y dije: ¿quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía?
Juan de Arguij'o^
(Español.)— 1564-1628.
DEL TIEMPO
Mira con cuánta prisa se desvía
de nosotros el sol al mar vecino,
y aprovecha, Fernando, en tu camino
la luz pequeña de este breve día,
antes que en tenebrosa noche fría
pierdas la senda, y de buscarla el tino,
y aventurado en manos del Destino
vagues errando por incierta vía.
Hágante ajenos casos enseñado,
y el miserable fin de tantos pueda
con fuerte ejemplo apercibir tu olvido.
Larga carrera, plazo limitado
tienes, veloz el Tiempo corre, y queda
sólo el dolor de haberlo mal perdido.
Juan de Arguijo,
18
EL JUGADOR
Este sí que es el modo verdadero
De aprovechar el tiempo; esta sí es brava
Ocupación en la que ayer estaba
Con sus sentidos cinco, un hombre entero.
Decía yo, a la izquierda del banquero:
Caerán el as y el tres. No lo acertaba.
—Parece que la cosa no iniportaba —
jPues importó todito mi dinero'.
Y aún más, que mi palabra es muy segura,
Y sobre ella también quiso fiarme
El otro, que fiaba en su ventura.
Perdí; me sofoqué; y al retirarme
Me dio un aire, cogí una calentura,
Y no tuve después con qué curarme.
Juan B. Arriaza.
(Español.)— 1770-1837.
EL DESCONSUELO
Crecido con las lluvias de repente
rompe el río las márgenes que baña
e inundando sus aguas la campaña,
arrasa frutos, árboles y gente.
El pastor, que asustado y diligente
se subió, por librarse a la montaña,
ve desde allí el ganado y la cabana
envueltos en el rápido torrente.
Y aquel vivo dolor con que afligido
mira ahogadas las tímidas ovejas,
para siempre llorándose perdido,
no equivale a la angustia en que me dejas,
Silvia, cuando tu labio endurecido
responde con desdenes a mis quejas.
Juan B. Arriaza.
19
jAY CUANTAS VECES A TUS PIES!...
íAy, cuántas veces a tus pies postrado,
en lágrimas el rostro sumergido,
a tus divinos labios he pedido
un sí, cruel, que siempre me has negado!
Y pensando ya ver tu pecho helado
de mi tormento a compasión movido,
en vez del sí ¡ay dolor! he recibido
un no, que mi esperanza ha devorado.
Mas si mi llanto no es de algún provecho,
si contra mí tu indignación descarga,
y si una ley de aniquilarme has hecho,
quítame de una vez pena tan larga,
escóndeme un puñal en este pecho,
y no me des un no que tanto amarga.
Juan B. Arriaza.
LA GUARIDA DEL AMOR
Amor, como se vio desnudo y ciego,
pasando entre las gentes mü sonrojos,
pensó en buscar unos hermosos ojos
donde vivir oculto y con sosiego.
¡Ay Silvia! vio los tuyos, vio aquel fuego
que rinde a tu beldad tantos despojas,
y hallando satisfechos sus antojos
en ellos parte a rffiíiarse, luego.
¡Qué extraño es -^ • a tantos corazones
rendir, bien mío, los soberbios cuellos
y el yugo recibir que tú les pones!
Si a más de que esos ojos son tan bellos
está todo el amor con sus traiciones
haciéndonos la guerra dentro de ellos.
Juan B. Arriaza.
20
MANDATO
—Haga usted un soneto a una corista-
dice Francos, autor de El Señorito,
y yo en estos renglones me permito
probar que su candor salta a la vista.
A una chica del coro, amable y lista,
y que tenga además un buen palmito,
yo le baria con gusto un papelito
para halagar su presunción de artista.
Le haría un buen regalo por hermosa,
o una caricia, si ella la prefiere;
quieras que no, le haría la forzosa;
le haría hasta el amor... o lo que fuere;
le haría, en fin, ¡quién sabe! cualquier cosa.
¿Pero un soneto?... ¿Para qué lo quiere?
Vital Aza.
(Español.)— 1851-1912.
RETRATO A PLUMA
Me mandas, caprichosa Dorotea,
que te haga en un soneto tu retrato,
y pues no soy ni descortés, ni ingrato,
acepto gustosísimo tu idea.
No soy de los que dicen que eres fea.
¡Quien lo diga es un necio, un mentecato 1
Yo probaré, cumpliendo tu mandato,
que eres casi una Venus Citerea.
Voy a empezar... Con el deseo lucho
de hacer aquí un retrato tan completo
que no lo iguale el del pintor más ducho...
¡Manos, pues, a la obra! Yo prometo...
Pero otra vez será. ¡Lo siento mucho!
Me he distraído ¡y se acabó el soneto!
Vital Aza.
_ 21
AL CENSOR DE BUENOS AIRES
Señor censor; mi amigo, usted no sabe
en el berenjenal que se ha metido;
si nos lava la cara, es mal querido
de todo pensador discreto y grave;
si escribe la verdad, en cuanto cabe,
es de todo pedante aborrecido;
con que así, opino, que el mejor partido
es meterse en su casa bajo llave.
Y aunque digan algunos rodaballos
que es usted escaso de meollos,
no desperdicie el tiempo en impugnallos:
porque todos sabemos que hay criollos
que se ponen a hacer papel de gallos,
sin que puedan hacer papel de pollos.
Domingo de Azcuénaga.
(Argentino.)— Siglo XVIII.
CHRI STUS
Padre Nuestro, Padre, que tu sangre diste
por todos nosotros, míseros mortales:
¡cuántas peripecias...! tu cruzada triste
nos libró, Divino, de mayores males...
Dime, Poderoso: ¿crees nos redimiste
a los pecadores, de los capitales
míseros pecados...? ¿Para qué te fuiste
y nos has dejado faltos de ideales?
El martirio cura y la sangre lava.
De las tradiciones, en el alma esclava,
llevas las espinas... ¡pobre Corazón!
Tú nos diste un mundo. Nada te hemos dado
y a pesar de todo vengo contristado
a pedirte el lirio de tu bendición.
Paulino G. Báez.
22 (Cubano).
CALVARIO
Seis años ha que arrastro mi cadena,
siempre a esta vida inútil amarrado;
grande ha de ser por fuerza mi j>ecado
cuando es tan dura y tan tenaz mi pena.
De congoja y terror el alma llena,
vivo en densa tiniebla sepultado,
comprendiendo lo grave de mi estado,
pero no la razón de mi condena.
Considera que es triste, sí, muy triste
vivir sufriendo un día y otro día
bajo esta horrenda carga que me diste.
Apiádete, Señor, la angustia mía;
que tú en la cruz seis horas estu\dste^
y yo llevo seis años de agonía.
Federico Balart.
(Español.)— 1831-1905.
A MIS alegrías
No os busqué, me buscasteis y en mi pecho
apenas un momento os detuvisteis,
porque encontrar sin duda lo debisteis
para vuestro valer, recinto estrecho.
El corazón en lágrimas deshecho,
-desde que el bien a conocer le disteis,
no llora el mal que con huir le hicisteis
llora el que al acercaros le habéis hecho.
Avezado al dolor de aciagos días
ignoraba el placer de horas serenas,
vinisteis y tan sólo por ser mías
mostrasteis condiciones tan ajenas,
<iue tuve al disfrutar mis alegrías,
^en conocerlas mis mayores penas.
Joaquina G. Balmaseda.
23
LA RISA
Rasgó el Oriente su crespón sombrío^
bañóse el cielo con la luz primera,
y se vistió la alegre primavera
su túnica de gotas de rocío.
Lanzó de sí con pertinaz desvío
sus legiones de sombras la ladera,
cruzó cantando ei aura pasajera,
templó su lira de cristal el río.
Rodó en su carro el alba seductora,
sus ejes de oro reprimió indecisa,
y alzó la alondra su canción sonora.
El sol subió como b'gera brisa,
y al rojo beso que le dio la aurora,
batió las alas y nació la risa.
Enrique Banchs,
(Argentino. )— Contemporáneo^,
LAS RISAS
Francisco Rabelais ría ruidosamente
con los puños cerrados sobre el hígado, como
ríen las mesoneras. Pero ¡cuan sutilmente
corta de Maquiavelo su fino labio acromo!
La sonrisa de Hugo fué familiar y tierna:
algo de madre joven y algo de Carlomagno.
Y era la de León Trece — tan infantil y eterna —
de viejito sin dientes al pie de un roble magno.
Desde el lucero suave que apenas es sonrisa
fugitiva en la angélica boca de Monna Lisa,
hasta la de Edgard Poe, risa de calavera,
el alma que se asoma al jardín de las frases
como un volatinero, cambia tantos disfraces,
que siendo siempre virgen, a veces es ramera.
Enrique Banchs^
24
INVIERNO
Hacía mucho que las golondrinas
habíanme dejado solo... El viento,
flagelaba con ímpetu cruento
la arquitectura del boscaje en ruinas.
Se helaban las estatuas... Las vecinas
campanas, despertaron al convento
de su bruma claustral... El sufrimiento
se hundía en mi alma como un haz de espinas.
¿Dónde estabas?... Mis penas te llamaron...
Los sauces, fraternales, se inclinaron
con la piedad de un íntimo saludo.
Y en el mármol glacial del sueño mío
sollozaba un amor, todo desnudo,
como un niño muriéndose de frío...
Ernesto Mario Barreda.
(Argentino . )— Contemporáneo,
ELMALON
Por la enorme y desierta planicie del paisaje
los pájaros de presa prorrumpen su graznido,
y entre las humaredas del pajonal ardido
se descubre a lo lejos el horror del pillaje...
Con la lanza y la flecha, sobre el potro, un salvaje
todo desnudo, cruza lanzando su alarido:
¡y se inflaman los ojos del bronceado bandido
bajo la dura máscara de su feroz tatuaje!
Sobre la misteriosa llanura dilatada,
dando al viento la hirsuta cabellera crinada,
silbante y ululante se aleja como un dardo.
Y en la impetuosa fiebre de su avidez lasciva,
aprieta el cuerpo blanco de una mujer cautiva
con su terrible y áspera caricia de leopardo ! . . .
Ernesto Mario Barreda.
25
SANTIAGO RüSIÑOL
E^ pintando el poeta del ensueño.
Y es como un pincel su pluma alada:
su prosa y sus jardines son dorada
sentimentalidad. Son como el sueño
que repara y anima. Del cenceño
caballero inmortal, tiene la espada,
que es siempre por su brazo gobernada
del débil en favor y del pequeño.
Los clarines que anuncian la conquista
pregonen victoriosos que el artista
español, colocó sobre las metas
del Arte y la Belleza, los blasones
hechos de sol, coronas y pendones
de la corte imperial de los poetas.
Luís Bayón Herrera.
(Español. )— Contempyoráneo.
DON RAMÓN DEL VALLE INCLAN
Este gran don Ramón es de princesas
abate y confesor, y es en amores
el más perverso de los pvecadores
y el preferido de las satiresas.
Su palabra galante, sus promesas,
sus gestos blasonados, tentadores,
salieron victoriosos de pudores
de nubiles, matronas y profesas.
Yo le evoco con la capa, y en su mano
brillar veo el acero toledano
de una invicta tizona. O bien tendiendo
sobre el suelo la capa, que es hollada
por la maja del sol en la mirada
que cruzaba la calle sonriendo.
Luís Bayón Herrera^.
26
AL CÉFIRO
Céfiro dulce que vagando alado
entre las frescas purpurinas flores,
con blando beso robas sus olores
para extenderlos por el verde prado;
las quejas de mi afán y mi cuidado
lleva a la que al mirar mata de amores,
y dile que un alivio a mis dolores
dé y xin consuelo al ánimo angustiado.
Pero no vayas, no; que si la vieras
y tomando sus labios por claveles
el aroma gustar de ellos quisieras
cual con las otras flores hacer sueles,
aunque a mi mal el término pusieras
tendría de tu acción celos crueles.
Gustavo Adolfo Becquer.
(Español.)— 1816-1876.
EN Vía (1)
Galán, altivo y discreto
puso a tus pies el trovero,
como capa de torero
la gloria de su soneto.
A tus plantas mi respeto
de rendido caballero
pone el airón del sombrero
y la banda azul del peto.
Ante tu gracia y tu arte
cautivante y peregrino,
besa el polvo mi estandarte.
Y mientras pasas triunfal
van brotando en tu camino
las flores del madrigal ! . . .
Osear R. Belírán.
(Argentino.) — Contemporáneo.
(1) Bonetillo.
27
¡QUIEN RETIENE AL AMOR!...
Tanto es mi amor, por todos mis amores,
que en el jardín de la existencia mía
a verlas marchitarse día a día
preferí siempre deshojar sus flores.
Cuanto más encendidos sus colores
mueran en su triunfante lozanía
más triste que la muerte es la agonía
de un amor entre dudas y temores.
Triste fin de un amor, cuando engañoso
quiere fingir que a su pesar nos deja,
y más ofende, cuanto más piadoso.
¿Y qué logrará la importuna queja
del ofendido corazón celoso?
¡¡Quién retiene al amor... cuando se aleja!!
Jacinto Benavente.
(Español.) — Contemporáneo.
EL SONETO
Dante le dio su estro peregrino
la elevación pindárica y severa;
Petrarca, de los pájaros el trino,
los rumores del aura en primavera.
Tasso infundióle su ideal divino,
la épica nota de su trompa fiera;
y Olmedo, con su apostrofe al Destino
le hizo cruzar la constelada esfera.
Urna fué en la que Foseólo vertía
llanto del corazón despedazado,
al ver que Italia en opresión gemía.
Y fué también la cumbre de granito
donde, del rayo vengador armado,
Alfieri alzó de libertad el grito.
J. Benavídes p Valdivia.
(Peruano.)
RIO Y PERDONO
No soy como pensáis un derrotado
que luchó de la vida en la batalla,
soy, aunque el labio por modestia calla,
un héroe de la lucha retirado.
No hubiera mi valor intimidado
la horrible bomba que a los pies estalla,
ni dejé por pisar tanta canalla,
el campo de la lid abandonado.
Tengo la convicción de mi energía
y sé que sacudiendo mi abandono
en lides gigantescas vencería.
Hoy no sustento contra nadie encono,
tomé por baluarte la ironía
y así lo paso bien; río y perdono...
Juan Bautista Bernaheu.
LA HORA UNCIOSA
Vengo cansado y triste, buscando los divinos
remansos de tus ojos para lavar mi herida:
¡traigo en el pecho el sello sangriento de la Vida,
y en la sandalia el polvo de todos los caminos!
Pongo en tus manos castas el alma dolorida,
que ha menester de ingenuos ensueños cristalinos...
¡Y sean tus afectos los astros vespertinos,
ungiendo de dulzura la tarde de mi vida...!
Y así como sentiste, en horas invernales,
errantes golondrinas llamar a tus cristales,
en busca del amparo piadoso de tu seno;
¡hoy llegan mis amores, aves extraviadas,
para anidar al dulce calor de tus miradas,
ansiosas de un refugio: tu espíritu sereno...!
Enrique Bianchi.
(Uruguayo) . — Contemporáneo.
29
NOSTALGIA
¡Oh, vientos que pasáis barriendo el suelo
de la inmensa ciudad que el Sena baña!
¡Si es que a mi patria vais, os acompaña
de un proscrito infeliz el loco anhelo!
Cuando hasta ella lleguéis en vuestro vuelo
decid, por Dios, a mi querida España,
que el llanto del dolor mi vida empaña
al verme lejos de su hermoso cielo.
Decidla que me guarde mi tesoro;
la madre, cuya voz soñando escucho,
y la dulce mujer a quien adoro.
Y decidla también que si ahora lucho
con la nostalgia y desterrado lloro,
por el deUto fué de amarla mucho.
Vicente Blasco Ibáñez.
(Español.)
MIRADA RETROSPECTIVA
Al llegar a la página postrera
de la tragi-comedia de mi vida,
vuelvo la vista al punto de partida
con el dolor de quien ya nada espera.
¡Cuánta noble ambición que fué quimera!
¡Cuánta bella ilusión desvanecida!
¡ Sembrada está la senda recorrida
con las flores de aquella primavera!
Pero en esta hora lúgubre, sombría,
de severa verdad y desencanto,
de supremo dolor y de agonía,
es mi mayor pesar en mi quebranto,
no haber amado más, yo que creía,
yo que pensaba haber amado tanto.
Guillermo Blest Gana.
(Chileno.)— 1829-1904.
30
DORMIDA
Se ha quedado dormida en la ventana;
parece, de la luna a los fulgores,
la princesita que murió de amores
de una historia dulcísima y lejana.
Duerme, y en deslumbrante caravana
ven sus azules ojos soñadores
principes, duendes, genios, trovadores,
en el imperio azul de una mañana.
Se ha quedado dormida, y en su sueño
se puebla de astros su vivir pequeño;
y de un bosque encantado, acaso un hada
a un país de luz se la llevó con ella^
y la casó en el reino de una estrella
con el príncipe azul de una balada.
Hedor Pedro Blomberg.
(Argentino) — Contemporáneo.
SANGRE Y ARENA
El redondel. El pueblo que los tendidos llena.
Ríe el sol sevillano con sus cantares de oro
sobre el cuadro inquieto del gran circo sonoro:
el vino, el sol, la sangre, pintaron esta escena.
Hondo, mortal silencio. Un ronco clarín suena.
Un hombre, teatral, frágil, con trágico decoro.
Después, la visión roja... Y al embestir el toro,
el hombre, desgarrado, torciéndose en la arena.
El animal, inmóvil, contemplábale, fiero;
y al pintarse la muerte en la faz del torero
en su oro y su seda sonreía la iuz.
Y al cuajarse la sangre que su honda herida vierte,
la suprema tragedia de su grito de muerte
estremece las almas bajo el cielo andaluz.
Héctor Pedro Blomberg.
31
VIEJA pulpería
Oh miñosa pulpería solitaria, a cuya reja
solo viene hoy a embriagarse un anciano domador;
en la sombra del palenque cabecea una pareja
de alazanes, su cansancio, su vejez y su dolor.
El pulpero murió ha tiempo. Una negra ya muy vieja
aún despacha las ginebras tras el sucio mostrador;
junto al pozo un ovejero melancólico se queja,
y un buey viejo y ciego aún anda arrastrándose en redor.
Siempre se halla solitaria la ruinosa pulpería
que escuchó bajo sus sauces, en la gloria de otro día,
a los muertos y famosos payadores, y detrás
de su puerta vio los duelos legendarios de la daga...
Hoy tan sólo aquel viejo domador viene y se embriaga
y suspira por los días que ya no han de volver
Héctor Pedro Blomberg.
EL OMBU
Era la gloria del pago, aquel ombú carcomido;
un lancero de Lavalle grabó un nombre en un raigón,
y en su rugosa corteza un payador perseguido,
grabó a daga una paloma llevándose un corazón.
Las indiadas chamuscaron su ramaje florecido,
en las rojas madrugadas, a la vuelta de un malón,
y los gauchos melancólicos, en su marcha hacia el olvido,
a su sombra improvisaron su tristísima canción.
Las carretas y lab tropas a su pie se detenían;
los troperos fatigados bajo el beso se dormían
del sudeste, que aventaba las cenizas del fogón.
Viejo ombú... y aquella tarde tormentosa de Febrero,
fulminado por un rayo cayó muerto, y el pampero
con sus hojas amarillas se llevó su tradición.
Héctor Pedro Blomberg,
32
YO NI MANDAR NI SER MANDADO...
Yo, ni mandar ni ser mandado quiero.
Ni a ser humilde ni soberbio aspiro;
y cuando llegue el último suspiro
más quiero ser poltrón que lisonjero.
Yo soy de mis afectos consejero,
y de nada me quejo ni me admiro,
y aunque es tan breve puesto mi retiro,
más que en las ondas la bonanza espero.
Y en quien el viento corre más en popa,
y en el que su ambición le va estrechando
en mar y tierra en término de Europa,
un gigantón veréis en lustre y mando;
llegad más cerca y levantad la ropa,
veréis debajo un ganapán sudando.
Francisco de Borfa.
Príncipe de Esquilache.
(Español.)— 1581-1658.
AUN BIEN NO FUI SALIDO DE LA CUNA...
Aún bien no ful salido de la cuna,
ni del ama la leche hube dexado,
quando el amor me tuvo condenado
a ser de los que siguen su fortuna.
Dióme luego miserias de una en una,
por hacerme costumbre en su cuidado;
después en mí de un golpe ha descargado
quanto mal hay debaxo de la luna.
En dolor fui criado y fui nacido,
^ando de un triste paso en otro amargo,
tanto, que si hay más paso es de la muerte,
¡Oh corazón que siempre has padecido!
Dime: tan fuerte mal, ¿cómo es tan largo?
Y mal tan largo, di: ¿cómo es tan fuerte?
Juan Boscan.
(Español.)— 1495-1542.
33
COMO DESPUÉS DE TEMPESTUOSO DÍA...
Como después de tempestuoso día
la tarde clara suele ser sabrosa,
y después de la noche tenebrosa
el resplandor del sol placer envía;
así en su padecer el alma mía
con la tarde del bien es tan gozosa,
que se rehace en una hora que reposa
de todos los trabajos que tenia.
Mas este bien no suele ser barato;
mucho cuesta tan fuerte medicina,
y es lo peor que presto ha de pagarse.
Es reposar de un hombre que camina,
que a la sombra descansa un breve rato
para luego volver a más cansarse.
Juan Bosccat,
YA CANSO AL MUNDO Y VIVO TODAVÍA...
Ya canso al mundo, y vivo todavía; •
llevo tras de mí mis años arrastrando;
mis amigos de mí van murmurando;
yo ando ya escondiéndome del día.
La noche sigo; más mi fantasía
me está entre las tinieblas espantando;
la soledad doquiera voy buscando;
pero a las veces busco compañía.
Viene mi mal con tan cruda figura,
que el alma no le tiene el rostro firme;
quiere huir de tanta desventura.
Yo deseo también tras ella irme;
mas amor, la costumbre y la ventura
me salen, y me tienen al partirme.
Juan Boscén.
U
MOTIVO ALDEANO
i El campo tiene hoy profundidad extraña ! . . .
Por la virtud de un dulce, desconocido modo,
66 me ha metido dentro del alma, y siento todo
vibrar, bajo la augusta quietud de la montaña.
Muestra la iglesia, al fondo, su arquitectura huraña.
Despabilando al aire su olímpico acomodo,
cilba un rapaz y acucia sus vacas al recodo...
Él gallo de la ermita destella en la espadaña...
Albea entre las vides la cerca del molino...
Exaltan mozas trémulas la gracia del camino
y un buey, cabe los pámpanos jugosos, ramonea.,.
Por entre los maizales cruza una vieja: Juana.
(Arcaica en la belleza de su vestir de aldeana,
es ahora la ternura más viva de la aldea).
Xavier Bóveda.
(Español.) — Contemporáneo.
CANCIÓN A LA HUELGA GENERAL
Como un mar resonante la multitud avanza.
La multitud avanza flameando sus pendones;
parece que latieran todas las rebeliones
en el himno coreado que invoca una esperanza.
Como la vasta nube que augura los ciclones
pasa la omnipotente multitud que descansa;
y en el clamor unánime que a los ámbitos lanza
cunde el pavor siniestro de las revoluciones.
Energía perpetua creadora y destructora,
pasa la muchedumbre destructora y creadora,
con su fe, con su músculo, su himno, su bandera...
Y en tanto que el combate su fragor estremece
enmudecen las pampas, la ciudad enmudece
y hasta la vida misma enmudece y espera!
Mario Bravo. .
(Argentino.) — Contemporáneo.
35
LA ORDEÑADORA
El sol de madrugada con suave lumbre dortí
los florecidos campoü y el cerro del ponieutc,
un frescor de montañas perdura en el aaibienie
húmedo de rocío y apacible de aurora.
Camino del corral viene la ordeñadora
concretando su andar coa un ricmo indolente,
sencilla en su elegancia rústica y negligente,
garbosa en su manera liberal de señora.
Y se acurruca al lado de la vaca sumisa.
Merced al indiscreto desliz de la camisa
•e mira sus dos senos gravitar en ei sayo.
Y mientras ejecuta la temprana tarea,
el ternero impaciente balando se recrea
y el toro indiferente la mira de soslayo.
Alario Bravo.
LA BOCA DE LISAURA
No hay pastor que no alabe la hermosura,
dulce Lisaura, de tu boca breve,
que en ella pone amor el arco aleve
do el tiro de sus flechas asegura.
Quién compara su aliento al alba pura,
quién sus dientes al ampo de la nieve,
quién a la copa que ministro Hebe
de su blando reír la donosura.
¡Ay, simplecillos! Su mayor encanto
que a delicias sin fin plácido guia,
Cupido os cubre con espeso manto.
Yo lo callo y lo sé; que desde el dia
en que apacible serenó mi llanto,
candadí- fué su boca de la mía.
Manuel Bretón de los Herrevs.
(Español.)— 1796-1873.
36
A LA PEREZA
¡Qué dulce es una cama regalada!
i qué necio el que madruga con la aurora,
aunque las musas digan que enamora
oir cantar a un ave la alborada!
¡ Oh, qué lindo en poltrona regalada
reposar una hora y otra hora!
comer, holgar... ¡qué vida encantadora
sin ser da nadie y sin pensar en nada!
¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo
yo, tendido a lo largo, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo
rae arrastro bostezando y de tal modo
tu estúpida modorra a entrarme empieza,
que no acabo el soneto de pe... re... za.
Manuel Bretón de los Herreros.
LLEVÓME FEBO A SU PARNASO... (1)
Llevóme Febo a su Parnaso un dia,
y vi por el cristal de unos canceles
a Homero y a Virgilio con doseles
leyendo filosófica poesia.
Vi luego la importuna infantería
de poetas fantásticos noveles,
pidiendo por principios más laureles
que anima Dafnes y que Apolo cría.
Pedíle yo también por estudiante,
y díjome un bedel: Burguillos, quedo,
que no sois digno de laurel triunfante.
¿Por qué? le dije. Y respondió sin miedo
porque los lleva todos un tratante
para hacer escabeches en Laredo.
Tomé de Burguillos.
(Español.)— 1554-?
(O Algunos eruditos han crefdo halliir en e*te n mbre un pwurónimo de Lop*
de Vega; pero este mUmo deshace el error en la adverteDciA prelimÍBsr ^ue
pose a sus obras.
37
SOBRE EL PODER DEL TIEMPO
Todo lo muda el tiempo, Filis mía;
todo cede al rumor de sus guadañas;
ya transforma los valles en montañas,
ya pone campo donde mar había.
El muda en noche opaca el claro día,
en fábulas pueriles, las hazañas,
alcázares soberbios en cabanas,
y el juvenil ardor en vejez fría.
Doma el tiempo al caballo desbocado,
detiene el mar el viento enfurecido,
postra al león y rinde al bravo toro.
Sólo una cosa al tiempo denodado
ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
y es el constante amor con que te adoro.
José Cadalso.
(Español.)— 1741-1782.
A CUANTO SUSTO EL CIELO TE CONDENA...
¡A cuánto susto el cielo te condena,
oh género mortal, flaco y cuitado!
Se espantan unos en el mar salado,
y tiemblan otros cuando Jove truena.
Otros, si el eco del león resuena;
otros, cuando el magnate está irritado;
otros, cuando en la cárcel han pasado
días y noches tristes con cadena.
Yo sólo discurrí no temblaría
al trueno, ni al león, ni al poderoso,
ni a la prisión, ni a todo el orbe entero.
Más se engañó mi débil fantasía:
el rostro de mi Filis, desdeñoso,
me cubre de terror, temblando muero.
José Cadalso.
38
A UNAS FLORES
Estas que fueron pompa y alegría
-despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana
durmiendo en brazos de la noche fría.
Este matiz que al cielo desafía,
iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡Tanto se emprende en término de un día!
Al florecer las rosas madrugaron,
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.
Tales los hombres sus fortunas vieron:
en un día nacieron y espiraron;
que pasados los siglos, horas fueron.
Pedro Calderón de la Barca ^
(Español.)— 1600-1681.
LA CITA
Era de noche. Cándidas, flotantes,
las nubes discurrían por los cielos,
«alpicadoñ de estrellas, como velos
bordados de topacios y diamantes.
Los rayos de la luna, fulgurantes,
plateaban las lagunas y arroyuelos
que entre pliegues de verdes terciopelos
movían sus caudales murmurantes.
Crucé el jardín con paso cauteloso
hollando margaritas, que un quejido
exhalaban, heridas en su tallo.
Distinguí su vestido vagoroso,
me acerqué, me abrazó, lanzó un gemido...
porque al befarla yo... le pisé un callo.
Estanislao del Campo.
(Argentino.)— 1834-1880.
39
AMAR Y QUERER
A la infiel más infiel de las hermosaa
un hombre la quería y yo la amaba;
y ella a un tiempo a los dos nos encantaba
con la miel de sus frases engañosas.
Mientras él, con sus flores venenosas,
queriéndola, su aliento emponzoñaba,
yo de ella ante los pies, que idolatraba^
acabadas de abrir echaba rosas.
De su favor ya en vano el aire arrecia j
mintió a los dos y sufrirá el castigo
que uno la da por vil, y otro por necia.
No hallará paz con él, ni bien conmigo:
él, que sólo la quiso, la desprecia;
yo, que tanto la amaba, la maldigo.
Ramón de Campoamor.,
(Español.)-1817-1901.
LO QUE ES EL OLIMPO
¿Qué es el Olimpo? — Para el niño un juego
de pájaros, de músicas y flores.
— ¿Qué es para el joven? — Lupanar de amores,
eterna forma del Elíseo griego.
¿Qué es para el hombre? — Para el hombre ciegC'
es un templo de glorias y de honores,
y el viejo se lo fin^e en sus dolores
como un rincón de paz y de sosiego.
— Y el viejo ya senil ¿en qué convierte
del Olimpo la espléndida morada?
— En un no ser, que es menos que la muerte.
¡Así la infancia y la vejez helada
van cambiando el Olimpo de esta suerte
en flores, en amor, en paz, en nada!
Ramón de Campoamor^
LAVIRTÜD
Penélope es el tiempo, que hoy se afana
en destejer la vida ayer tejida;
ao hay en el mundo edad que un sol no mida,
ni hay un sol que resista algún mañana.
Sólo el tiempo en la extensión lejana
sobrenada de Sócrates la vida;
que es bella espuma la virtud, salida
del Océano de la vida humana.
Y es que de la virtud el santo anhelo
burla del tiempo la eternal victoria,
«obre cuanto hay mortal alzando el vuelo.
Por eso, como esencia de la gloria,
va cual perfume embalsamando el cielo,
«agrada eflorescencia de la historia.
Ramón de Campoamor.
SOÑÉ ANOCHE, MI BIEN, QUE ESTABA COJO...
Soñé anoche, mi bien, que estaba cojo,
que andaba con bastón y con muleta,
que era un manco con dejos de poeta,
y a más de pobre me faltaba un ojo;
que todos me miraban con enojo
por faltarme una mísera peseta;
que andaba de alpargata y camiseta
y que era liberal, si no era rojo.
Soñé que la amistad era mentira
y mentira el amor más suspirado;
que eran roncos los ecos de mi lira;
pero después de haberme despertado
te puedo asegurar, graciosa Elvira,
que la sola verdad fué lo soñado.
Ricardo Campusano,
(Colombiano.)
41
TUVE EN LA ADOLESCENCIA...
Tuve en la adolescencia la manía
de trazar en mis horas solitarias,
itinerarios de la fantasía
para viajes por tierras legendarias.
Con la inquietud del corazón por guía
términos eran de mis rutas varias:
El Coiro, Benarés, Alejandría...
silencios suspiradas de plegarias.
Del tiempo aquel de mi existencia vana
que fué como un papel garabateado
que el viento me robó por la ventana,
ya nada queda. . . Apenas si persiste
la memoria de un viaje imaginado
por un muchacho soñador y triste.
Luís Cañé.
(Argentino . )— Contemporáneo .
EL CALLAR ESTE AMOR...
El callar este amor ha enriquecido
tanto mi corazón en armonía,
que en claro manantial de poesía
su secreto dolor ha convertido.
Trocado en canción fácil el gemido,
la pena sin consuelo en alegría;
noche por dentro y por afuera día,
recuerda más cuanto aparenta olvido.
Mal herido de amor^ pero dichoso
con su tormento, su sonrisa ofrece
en tanto sangra por la oculta herida;
y fingiendo un destino venturoso,
solo es un canto lo que dar parece,
y, sin embargo, lo que da es mi vida.
Luís C<mé.
42
PASAN LAS HORAS DE LA TRISTE VIDA...
Pasan las horas de la triste vida,
y sigue el tiempo su veloz carrera;
nace la flor, de mayo mensajera,
y mustia yace a poco de nacida.
La esperanza más dulce y más querida
86 torna al punto en mágica quimera,
y la ilusión que nuestra dicha fuera,
la llora en breve el corazón perdida.
Todo cuanto en la vida se concibe,
glorias, penas, amores, desengaños,
todo muere tan pronto se percibe.
Sólo mi suegra, por causarme daños,
eternamente en mi morada vive,
viendo pasar impávida los años.
Carlos Cano.
(Español.)
ESTIGMA
Quiso Dios, siempre justo, alzar im día
al esclavo, y tocándole en ia frente,
la luz de la razón puso en su mente
y en su accionar la próvida energía.
A Cristo redentor dióle por guía;
por lábaro el derecho omnipotente:
y lábaro y caudillo juntamente,
perecieron del odio en la porfía.
Ahora también de su dolor al freno,
el desvalido sube su calvario
viendo a un lado a Nerón y en otro a Breno.
Y el sabio, el opulento, el empresario,
alzan la cruz sobre el trabajo ajeno,
poniendo en ella el INRI del salario.
Ricardo Cano.
(Español.) — Contemporáneo.43
VANIDAD
Grande es tu vanidad, pálida luna,
en la noche silente y placentera
cuando apareces en la azul esfera
mintiendo luz, pero sin luz alguna.
Como tú, más de un Zoilo sin fortuna,
pero osado y audaz, brilla y prospera,
una vez adalando a su manera
y otra vez porque a todos importuna.
Aunque el ejemplo te parezca extraño,
en el mundo y en ti, todo es engaño,
que es nuestra vida de la tuya copia.
Así los hombres vanidosos viven,
y olvidan que del sol la luz reciben
creyendo como tú, tener luz propia.
Gonzalo Cantó.
(Español.)
RISA DE TECLAS
Fué que yo con un gesto soberano,
una tarde estival en que moría
bajo un incendio el resplandor del día
estrofa musical puse en el piano.
Bien lo recuerdo. Con nerviosa mano
negras y blancas teclas oprimía;
y el trémulo teclado parecía
del estival crepúsculo un hermano.
En el vergel, orquesta de las flores,
la cascada plañía sus rumores
en una dulce confusión de notas.
Y yo en viejas derrotas cavilando,
fingía que en el piano iba arrancando
una irónica risa a mis derrotas...
Arturo Capdevila.
44 (Argentino. )— Contemporáneo.
UN APAGADO AROMA
Sala de baile. Danza de rápidas pareja».
La música exacerba males del corazón.
Hay un aroma vago, como de flores viejas:
un apagado aroma que flota en el salón.
•
Tú piensas una historia de besos y de rejas
con íntimo abandono, de espaldas al balcón;
y tj amador te dice, para agravar sus quejas,
como sus días, tristes de que no le ames, son.
Lo escuchas hondamente. Nada hablas. Se diría
que te hacen mucho daño la noche, la alegría,
las luces, los perfumes, las quejas dei galán.
Pero vencida quedas, forjando desvarios...
¿Qué harás, qué harás mañana con los recuerdos mios?
¡Románticos mis ojos que por llorar están!
Arturo Capdevila.
NUPCIAL
Con indecisa y temerosa mano
la novia aparta de la casta frente
el ramo de azahar desfalleciente
que blanco nimba su perfil pagano.
Y en medio de la noche, en el cercano
jardín susurra un céfiro impaciente
que trae con el eco de una fuente
la voluptuosa fiebre del verano.
Ya cierran la ventana. Claro lampo
de luna llena por las nubes vaga. »
Tiembla la noche en el rumor del campo.
Y del divino amor en los altares
a tiempo que la lámpara se apaga,
se mueren de pudor los azahares.
Arturo Capdevila.
45
ENSILLA SANCHO AMIGO...
(Soneto con estrambote)
Ensilla, Sancho amigo, a Rocinante,
dame la lanza y yelmo de Mambrino,
acomoda la alforja en el pollino,
y el bálsamo precioso pon delante.
Pues Dios me hizo caballero andante,
hoy desfacer im tuerto determino,
que face a una doncella un malandrino
jayán desaforado y cruel gigante.
Dice que fué su esclava esta doncella,
y miente. Pues sé yo que cuando él dice
ella deshizo a coces su cabeza;
a mí me toca, Sancho, ei defendella,
pues soy su caballero, y voto hice
de defender su virginal pureza.
Subió con ligereza,
y tomando su yelmo, escudo y lanza,
le siguió su escudero Sancho Panza.
J. Bernardo de Cárdenas.
(Español.)
¡OH! ROMPA YA EL SILENCIO...
¡Oh! rompa ya el silencio el dolor mío,
y salga deste pecho desatado;
que sufrir los rigores de callado
no cabe en lo que siento, aunque porfío.
De obedecerte, Anarda, desconfío,
muero de confusión desesperado;
ni quieres que sea tuyo mi cuidado,
ni dejas que yo tenga mi albedrío.
Mas ya tanto la pena me maltrata,
que vence al sufrimiento; ya no espero
vivir alegre; el llanto se desata,
y otra vez de la vida desespero;
pues si me quejo, tu rigor me mata,
y si callo mi mal, dos veces muero.
Carlos de Austria.
46 (Español.)— Siglo XVII.
LAS MUJERES Y EL SOL
Dice a una rubia el bardo enamorado:
«Eres hermosa como el sol, bien mío;
prisionero se encuentra mi albedrio
en tu cabello fúlgido y dorado.»
Y a la morena dice: «ídolo amado^
eres hermosa como el sol de estio;
en esos ojos de color sombrío
mi triste corazón está abrazado».
¿No os han hablado así, niñas hermosas?
¿Y os parecéis al sol en estas cosas?
Otro resuelva, que no yo, eí problema.
Pero diré, si acaso no importuna,
que os parecéis en ser, sin duda alguna,
el centro de atracción de mi sistema.
Constantino Carrasco.
(Peruano.)
AMOROSA
Parisina incitante de cabellos endrinos:
en las locuras todas me entregaré a soñar
si me brindas ajenjo de tus ojos divinos
y me abriga tu pecho, que arrulla como el mar.
¡Quiero beber el alma de tus mejores vinos!
Jno temas! Que mi boca no sabe profanar...
Acerca el rico vaso de tus labios rubinos,
y bajo el ancho cielo nos podremos amar.
¡Invade la campiña de mis flores quimeras!
Encontrarás perfume de remotas praderas
donde revienta el lirio frágil de la ilusión.
Y cuando nos sintamos heridos por el tedio,
a nuestro amor cansado le quedará el remedio
de volar. . . como el ave que huye del aquilón.
Enrique Carrasquilla Mallarino.
(Colombiano.) — Contemporáneo.
47
ATAVISMOS
En el espigar blondo de tu altiva cabeza,
en que dicen su misa los amores del sol,
Kostilina derrama su oportuna largueza;
y en tus labios acendra su tinta el caracol.
Otro tiempo has vivido en utopistas greyes.
De las tardes del Norte, bajo el lento arrebol,
tú fuiste algo de Laura... Y, por secretas leyet,
hoy lleva tu mirada todo el cielo español.
En tus gráciles manos de princesa neurótica
arden aún las fiebres de una leyenda erótica
que en tu donaire antiguo es callada y sutil.
Yo guardo un atavismo también: Fui noble tn Flande»,
Dux en Venecia, y — antes de ser Inca en los Andes —
trové gallardamente en la lengua d'Oil...
Enrique Carrasqu.lln Mallarino.
REGINA
Vos ignoráis, Señora y reina mía
que yo por vos, el cielo desdeñara,
que aunque os mostraseis de piedad avara
sin esperanza, amándoos seguiría.
Oue por siempre en mi pecho la alegría
viendo una vuestra lágrima expirara;
al gigante más fiero yo os hurtara
y a vuestro enojo, humilde, temblaría.
Mendigo de la luz de vuestros ojos
voy tras d? vos. Mas nunca os dará enojos
de mi insensato amor, queja menguada.
Porque a pesar de cuanto yo os adoro
llegar no asoiro a vos. Sólo os imploro
la limosna de amor de una mirada.
Emil'o Car rere.
(Español.) — Contemporáneo.
48
A MANON
Magas pupilas ^e oro, blanca mano monjil
<londe pintan lavS venas un lirio de ilusión,
eres toda de ensueño, de nardo y de marfil,
igual que una divina marquesa del Trianón.
Nada más versallesco que tu porte gentil,
blanca rosa de lis, oh, celeste Manon;
¿qué fuego hay en tu alma complicado y sutil
que da a tus ojos brujos tanta fascinación?
Quisiera en mi soneto tejer catorce flores;
para cantar tus ojos catorce ruiseñores,
<;atorce blancos cisnes para tu gentileza.
Para encender tus labios catorce abejas de or*
y catorce salterios que cantasen a coro
por la consagración de tu blanca belleza.
Emilio Carrera,
MI MEJOR TROFEO
Príncipe de ensueños y de galanía,
llevo mi poesía igual que un airón
mientras caen los oros triunfales del día
sobre mis harapos de glorioso hampón.
El ambiente ignaro de bellaquería
me da un noble gesto de renunciación
y apreso en las redes de mi poesía
la di> pn música de mi corazón.
No cortejo al vulgo que da los laureles;
sobre el ditirambo pongo mis rondeles;
mi gloria es que un día que yo no he de ver,
mi mejor soneto, mi único tesoro,
cuando yo esté muerto, como un ave de oro
cante en unos frescos labios de mujer.
Emilio Carrere.
49
EL CLAVEL
Fué al surgir de una duda insinuativa,
cuando hirió tu severa aristocracia,
como un simbolo rojo de mi audacia,
un clavel que tu mano no cultiva.
Quizás hubo una frase sugestiva,
o viera una intención tu perspicacia,
pues tu serenidad llena Je gracia
fingió una rebelión despreciativa...
Y, así, en tu vanidad, por la impaciente
condena de un orgullo intransigente,
mi rojo heraldo de amatorios credos
mereció por su símbolo atrevido,
como un apóstol o como un bandido,
la guillotina de tus nobles dedos.
Evaristo Carriego,
(Argentino.)— 1883- 1912^
REVELACIÓN
Lujosamente bella y exquisita,
con aire de gitana tentadora,
llegaste, adelantándote a la hora,
rodeada de misterios a la cita.
El salón reservado oyó la cuita
de una cálida noche pecadora,
y al amor de tu carne ofrendadora
reventaron las yemas de Afrodita.
Fué en esa breve noche de locuras,
propicia al Floreal de tus ternuras,
que, cual glóbulos de ansias pasionales,
tu sangre delictuosa de bohemia
infiltró en el cansancio de mi anemia
el ardor de los fuegos ideales.
Evaristo Carriego^
EL rubí de tu boca...
El rubí de tu boca me rindiera,
a no me haber tu bello pie rendido;
hubiéranme tus manos ya prendido,
£i preso tu cabello no me hubiera.
Los del cielo por arcos conociera,
si tus ojos no hubiera conocido;
fuera su Polo Norte mi sentido
si la luz de tus ojos no lo fuera.
Asi le plugo al cielo señalarte
que no ya sólo al Norte y arco bello
tus ojos venzan y ojos soberanos;
mas queriendo a ti mesma aventajarte,
tu pie la fuerza usurpa, y tu cabello
a tu boca, Amarili, y a tus manos.
Cristóbal del Castillejo.
(Español).— 1490-1556.
IRA
Yo perdono el ultraje recibido
cuando me tiende el enemigo un lazo.
Cuando se me hace dándome un abrazo,
no perdono jamás, y nunca olvido.
Me jurabas ser mía y has mentido
dejándome soñar en tu regazo.
I Esta queja es el último pedazo
del corazón que tanto te ha querido!
Aunque ocultes con flores tu falsía,
no volverá tu corazón travieso
a jugar con mis sueños, vida mía.
Viviré desgraciado, lo confieso,
pero lejos de ti... ¡Te mataría!...
¡Si en lugar de un puñal matara tin beso I
Ricardo J. Catar ineu.
(Eapmñol . )— Contemporáneo.
31
DIALOGO ENTRE BABIECA Y ROCINANTE
--¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
— Porque nunca se come y se trabaja.
— Pues ¿qué es de la cebada y da la paja?
— No me deja mi amo ni un bocado.
— Anda, señor, que estáis muy mal cria.lo,
pues vuestra lengua dj asno ai amo Uitraja.
— Asno se es da la cuna a la mortaja.
¿Queréislo vei ? Mirad. o enamorado.
— ¿Es necedad amar? — No es gran prudencia.
— Metafisico estáis. — Es que no como.
— Quejaos del escudero. — No es bas.an.c-
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
si el amo, escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante?
Miguel d .' Cervantes Sav^-^dra
^ (Español.) — 1547-1 Ki
UN VALENTÓN DE ESPÁTULA...
(Soneto con estramhoie)
Un valentón de espáiu.a y gregüescu,
que a la muerte mi» vidas sajrifica,
cansado del oficio da la pi-'a,
mas no del ejercicio picaresco;
retorciendo el mostacho soldadesco,
por ver que ya su bolsa le repica,
a un corrillo liego dj gante rica,
y en el nombre de Dios pidió refrcs <^
Den voacedes, por Dos, a mi pobre .;
les dice: Donde no, por ocho sanio ^
que haré lo que hacer suelo sin tardanza.
Más uno que a sacar la espada emuie/a,
con quién habla, le dijo: ¿el tiracantos
si limosna no alcanza,
qué es lo qua suele hacer en taí querella?
Respondió el bravonel: irme sin ella.
Miguel de Cervantes Saavedra.
S2
AL TÚMULO ELEVADO EN SEVILLA EN LAS
HONRAS FÚNEBRES DE FELIPE II
(Soneto con esirambote)
¡Vive Dios, que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!
Porque ¿ a quién no suspende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?
¡Por Jesucristo vivo! Cada pieza
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto dure un siglo, ¡oh gran Sevilla,
Roma triunfante en su mayor alteza!
Apostaré a que el ánima del muerto,
por gozar deste sitio, hoy ha dejado
el Cielo de que goza eternamente.
E^to oyó un valentón, y dijo: «Es cierto
lo que dice voacé, seor soldado:
y quien dijere lo contrario, miente»,
Y luego incontinente
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.
Miguel de Cervantes Saavedra.
DULCINEA
Esta que veis de rostro amondongado,
alta de pechos y ademán brioso,
es Dulcinea, reina del Toboso,
de quien fué el gran Quijote aficionado.
Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran wSierra Negra; y el famoso
campo de Montiel, hasta el herboso
llano de Aranjuez, a pie y cansado:
culpa de Rocinante. ¡Oh, dura estrella!
Que esta manchega dama, y este invicto
andante caballero, en tiernos años
ella dejó, muriendo, de ser bella,
y él, aunque queda en mármoles escrito,
no pudo huir de amor, iras y engaños.
Miguel de Cervantes Saavedra.
53
A UNA MORENA
Buscando con afán y con recelo
4ÍUS negros ojos y su dulce herida
pregunta a Dios el alma sorprendida:
«¿Por qué hiciste, Señor, azul el cielo?»
Forjándome en mis siglos de desvelo
la boca que me ofrece muerte y vida,
con ella, ni la muerte me intimida;
sin ella ¿qué más muerte que este anhelo?
Quisiera haber nacido mariposa
y tener a merced de mis antojos
abierta siempre el ala presurosa,
libar el néctar de tus labios rojos,
y en castigo de acción tan alevosa,
consumirme en la lumbre de tus ojos.
Carlos Coello.
(Español.)
AL MAR
Apacible, tranquilo, nada augura
íiereza y dolor en ti; todo convida,
como los brazos de mujer querida,
a gozar de tu plácida hermosura.
La playa lejos, la traición segura,
te alzas hasta abatir la nave erguida,
la besas, nuevo Judas, en la herida
y niegas a los muertos sepultura.
Tus ondas fingen el celeste manto
y secan las campiñas más hermosas
y de la sed hostigan el quebranto.
Amargas son tus ondas procelosas...
i No lo han de ser si tu alimento es llanto
de náufragos, de madres y de esposas!
Carlos Coello.
§4
I OH, CUAL TE ADORO!
¡Oh, cual te adoro! Con la luz del día
tu nombre invoco apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.
Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se concentra cuanto existe
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.
No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando tu amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento.
Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.
Carolina Coronado.
(Española.)— 1823-1911.
CREPÚSCULO
El sol a hundirse va: por la pradera
baja el pastor en pos de la majada,
con el gozo del alma en la mirada,
fija en su hogar, donde el amor le espera.
La tarde es dulce y bella; nada altera
la calma melancólica y sagrada:
parece que la tierra desolada
«orno el rayo de luz languideciera.
Pasa un instante mas: ya el sol se ha hundido,
ya de formas informes se ha cubierto
esa hermosa pradera tan galana...
i Triste es la soledad como un gemido!
i Oh, sol, vuelve a poblar este desierto!
¡Vuelve a llenarlo de tu luz mañana!
Martin Coronado.
(Argentino.)
55
A UNA ROSA
Rosa de octubre, como sangre roja,
que al rayo de la luna, embalsamada,
pasaste de la trenza de mi amada
ai corazón ardiente que hoy te aloja;
seca, muerta estás ya: hoja tras hoja,
"te has sentido marchita y angustiada,
y vas cumpliendo, ai resolverte eu nada,
de la vida la eterna paradoja.
Ella me dijo que mi amor acaso,
como tu aroma embriagador, muriera
«1 hundirse este sol en ei ocaso:
Tú has muerto, el sol ha huido en su carrera..,,
pero el amor inmenso en que me abraso
es inmortal: la eternidad lo espera.
Martín Coronada^
INTIMA
Arcángel de mi hogar, alma piadosa
para ei amor y la virtud nacida:
bajo tus alas trémulas mi vida
auroras tiene de zafir y rosa.
Pero lejos de ti, noche espantosa
solo ve mi mirada entristecida,
sin blanca luna que a evocar convida
las dulces horas de la edad dichosa.
¿Y tú me olvidarás? ¿No haorá un acento
siempre en tu corazón que a mí responda
en efluvios de casto sentimiento?
No es anhelo de loco desvarío;
mas si en tu pecho la pasión no es honda,
¡hazla que sufra como yo. Dios mío!
Teobaldo Díaz Carpancho^
(Peruano.)
56
A UN TACAÑO
Yo conozco un avaro tan canalla
que el aire escatimara muy contento;
no piensa por guardar su pensamiento,
o por guardar su voz, si piensa, calla.
Contra la ciencia misma de Dios falla,
y en los astros del rico firmamento
y en las olas del mar que impele el viento
ostentación y lujo inútil halla.
El menguado que todo lo cercena
y pasa días tristes, infelices,
sufriendo los tormentos del infierno,
¿cóm.o a ser mutiladas no condena
sus narices que son. más que narices,
deforme yuca o retorcido cuerno?
Manuel José Cortés.
(Boliviano.)
A VIVIR EMPEZAMOS CON SOLLOZOS...
A vivir empezamos con sollozos
hechos de moco y cara un almodrote;
entran luego el maestro y el azote
y nos aguan los años más preciosos.
Siguen los pensamientos amorosos
que nos traen mucho tiempo al estricote;
llega la edad viril; cesa ese trote
y el ansia da adquirir nos tiene ansiosos.
Sigue al fin la vejez impertinente,
flaca, débil, quejosa y abatida
y en ella el hombre, aún lo que vive siente.
Cógenos la pelona entrometida
y en el hoyo nos zampa eternamente
sin que hayamos gozado de la vida.
A. Crespo.
67
MUESTRA SE DEBE ESCOGER ANTES
EL MORIR, QUE EXPONERSE A LOS
ULTRAJES DE LA VEJEZ
Miró Celia una rosa, que en el prado
ostentaba feliz la pompa vana,
y con afeites de carmín y grana
bañaba alegre el rostro delicado;
y dijo: goza sin temor del Hado
el curso breve de tu edad lozana;
pues no podrá la muerte de mañana
quitarte lo que hubieres hoy gozado.
Y aunque llega la muerte presurosa,
y tu fragante vida se te aleja,
no sientas al morir tan bella y moza:
mira que la experiencia te aconseja,
que es fortuna morirte siendo hermosa,
y no ver el ultraje de ser vieja.
Sor Juana Inés de la Cruz.
' (Juana de Ashaje).
(Mexicana.)— 1651-1695.
A SU RETRATO
Este, que ves, engaño colorido,
que del arte ostentando los primores,
son falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido:
Este es quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y, venciendo del tiempo los rigores,
triunfar de la vejez y del olvido:
Es un vano artificio del cuidado;
es una flor al viento delicada;
es un resguardo inútil para el Hado;
Es una necia diligencia errada;
es un afán caduco; y bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
Sor Juana Inés de la Cruz.
J»
EN QUE SATISFACE UN RECELO CON LA
RETORICA DEL LLANTO
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus facciones vía,
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que impasible parecía;
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste;
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste,
con sombras necias, con indicios vanos:
pues ya en líquido humo viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
Sor Juana Inés de la Cruz.
ENSEÑA COMO UN SOLO EMPLEO EN AiMAR, ES
RAZÓN Y CONVENIENCIA
Fabio, en el ser de todos adoradas,
son todas las beldades ambiciosas;
porque tienen las Aras por ociosas,
si no las ven de víctimas colmadas.
Y así, si de uno sólo son amadas,
viven de la fortuna querellosas;
porque piensan que más que ser hermosas,
constituye Deidad el ser rogadas.
Mas yo soy en aquesto tan medida,
que en viendo a muchas mi atención zozobra;
y sólo quiero ser correspondida
de aquél que de mi amor réditos cobra;
porque es la sal del gusto el ser querida,
que daña lo que falta y lo que sobra.
Sor Juana Inés de la Cruz.
59
MI CARA
Esta cara impasible, yerta, umbría,
hasta ¡ay de mí! para la que amo helada,
sin fuego, sin pasión, sin luz, sin nada,
no creas que es ¡ ah, no! la cara mía.
Porque ésta, amigo, indiferente y fría
que traigo casi siempre, es estudiada...
Es cara artificial, enmascarada,
y, aqui para los dos, — ¡la hipocresía!
Y teniendo que ser todo apariencia,
disimulo, mentira, fingimiento,
y un astuto artificio en mi existencia,
por no poder obrar conforme siento
y me lo mandan Dios y mj conciencia,
tengo pues que mentir, amigo, — y j miento!
Claudio Mamerto Cuenca.
(Argentino . )— 18 1 2- 1852.
INÉS
E^n su próxima dicha embebecido,
delirante de amor Favonio espera
que se desnude Inés, y placentera
entre con él al lecho apetecido.
La ve soltar un lazo, y sorprendido
mira caer a sus pies la ancha cadera;
un resorte, y con él la cabellera,
y en pos do un otro, el muslo desprendido.
Queda el rostro divino: ¡oh! ¡qué blancura!
mas no, que es solimán... se pone prieto,
y... ¿qué saca después? ¡la dentadura!
El seno ¡ah! ¡se desprende con el peto!
¿Y qué resta por fin de su hermosura?
¡Oh engañosa beldad, — un esqueleto!
Claudio Mamerto Cuenca,
60
CAPITÁN DE LOS TERCIOS
Altivo porte de marcial presencia, ^
ceñudo rostro que temor inspira,
como si sobre ei hombre que le mira
pendiera de sus labios la sentencia.
De sus ojos desborda la insolencia
cuando en su torno la mirada gira,
y a su paso la gente se retira
con miedo de entablar una pendencia.
...Hizo la guerra en Fl andes; y asegura
el vulgo, de que en más de una aventura
de palaciega y complicada trama,
su tizona, de corte legendario,
s_- hundió has-ta el gavilán en ei contrario,
por lograr los favores de una dama.
Julián de Charras.
(Argentino.) — Contemporáneo.
ORO DE LEY
Era viejo, pero fuerte como tronco de quebracho;
fué de los que hicieron patria, a sable, Lnza y facón;
y recordaba sus tiempos desde cuando, muy muchacho,
se bautizó con el fuego de la primera invasión.
Después con Paz, con Lavalle, con Vilela y con el
[Chacho,
anduvo en las montoneras, siempre carne de cañón;
y de campaña en campaña, igual que ternero guacho,
fué rodando hasta los campos de Cepeda y de Pavón.
Yo lo conocí en su rancho, hecho de palmas y quinchos;
vivía junto a un arroyo, lo mismo que los carpinchos;
triste y solo, encariñado con sus patriadas de ayer.
Y aún conservo en mis recuerdos de niño su antigua
[estampa,
recia, como los ombúes centenarios de la Pampa,
noble, como aquellos gauchos idos para no volver.
Julián de Charras.
61
LOHENGRIN
Castillo que decoras la ribera,
Boscaje que decoras el castillo,
Paloma que estremeces el tomillo,
Onda que vas por la corriente fiera,
Espuma virginal, brisa ligera,
Aria del trovador, cantar sencillo,
Estrella que en ei agua hundes tu brillo,
Loreley de la verde cabellera;
Cisne de nieve, pájaro sagrado,
Esquife del celeste enamorado,
Barca del joven dios lirio del Rhin;
De las trompetas el vibrante coro
Anuncia el casco de diamanté y oro
Del bello caballero Lohengrín.
Rubén Darío.
(Nicaragüense.)— 1867-1917.
MARGARITA
¿Recuerdas que querías ser una Margarita
Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está,
cuando cenamos juntos, en la primera cita,
en una noche alegre que nunca volverá.
Tus labios escarlata de púrpura maldita
sorbían el champaña del fino baccarat;
tus dedos deshojaban la blanca margarita,
«Sí... no... sí... no...», \y sabías que te adoraba ya!
Después, ¡oh flor de Histeria!, llorabas y reías;
tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
tus risas, tus fragancias, tus quejas eran mía».
Y en una tarde triste de los más dulces días,
la muerte, la celosa, por ver si me querías,
¡como a una margarita de amor, te deshojó!
Rubén Dari9,
LA GITANILLA
Maravillosamente danzaba. Los diamantes
megros de sus pupilas vertían su destello;
era bello su rostro, era un rostro tan helio
como el de las gitanas de don Miguel Cervantea.
Ornábase con rojos claveles detonantes
la redondez oscura del casco del cabello,
y la cabeza firme sobre el bronce del cuello
tenía la patina de las horas errantes.
Las guitarras decían en sus cuerdas sonoras
Jas vagas aventuras y las errantes horas
volaban los fandangos, daba el clavel fragancia;
la gitana, embriagada de Jujuria y cariño,
sintió como caía dentro de su corpino
el bello luís de oro del artista de Francia.
Rubén Darío.
ATARDECER
Rompiendo los nublados de la cumbre
a «uyos pies el valle se dilata,
abre el sol su abanico de escarlata,
decoración de mágica techumbre.
El arroyo la cálida vislumbre
en su limpieza de cristal retrata,
y son las aguas fugitiva plata,
y son las nubes polvorienta herrumbre.
La tarde exalta el júbilo del día
y estalla en colosal policromía.
Quimérico país tórnase el cielo,
y allá, sobre las diáfanas campañas,
hacia el confín azul de las montañas
un cóndor solitario bate el vuelo.
Juan Carlos Dáualos.
(Argentino.) — Contemporáneo.
LA CRUZ Y LA ESPADA
Para domar al indio, en su cruzada,
España envía al rudo aventurero,
y tras él, con la cruz, el misionero
sigue el camino abierto por la espada.
Así realizan su triunfal jornada
la ardiente fe y el ímpetu guerrero,
los brazos de la cruz y el fuerte acero,
la oración y la sangre derramada...
Mas, en el pecho inerme dei vencido,
el odio sus antorchas ha encendido,
incubando frenéticos rencores;
y va, con los instintos de la fiera,
maldiciendo a sus bárbaros señores,
al cadalso y al potro y a la hoguera.
Leotioldo D'az.
(Argentino. )— Coní-eniporáneo.
JESÚS
El viejo paganismo dirigía
mirada ansiosa al porvenir distante
cuando Jesús, aurora fulgurante
en la noche del mundo am-inecía.
Amaba el infortunio. Se nutria
de paz y de verdad con fe gig[an'e,
y por los montes de fJudea errdntc,
nueva luz en las almas enccnd a
Humilla poderoso, al altanero
siembra la caridad en su camino,
abre su corazón al pordiosero
la viclima expiatoria del des'ino,
y mas grande que Sócrates severo,
expira bendiciendo a su asesino.
Leotioldo Díaz.
64
LO ETERNO
Cosas sin alma que os mostráis a ella
y la servís en muctiedumbre tanta,
temblad; la móvil hora no adelanta
sin imprimiros destructora huella.
De la materia, resistente y bella,
tomad lo que más dura y más encanta:
si sois piedra, sed mármol; si sois planta,
sed laurel; si sois llama, sed estrella.
Más no esperéis la eternidad: el lodo
se disuelve en la onda que lo crea.
Dios y la Idea, con diverso modo,
pueden sólo flotar en la marea
del objeto del ser: Dios sobre todo,
y sobre todo lo demás la Idea.
Salvador Díaz Mirón.
(Mexicano.)— 1853-1928.
LA PRIMERA LAGRIMA DE DON JUAN
El púgil caballero de corazón de fuego,
de rizos opulentos y apolínea estatura,
aquél que ahogó en caricias voluptuosas el fuego
de las vírgenes llenas de candor y hermosura;
perdida la firmeza de su físico griego
y la fina arrogancia de su esbelta figura,
fué a sentarse una noche de amoroso sosiego
frente a una joven dama, ni agraciada ni pura.
Don Juan, el temerario burlador de doncellas,
clavó en ella sus ojos de luz como centellas,
y largo instante, inmóvil, mirándola quedó.
Pero la dama al verle se levantó, impasible,
mientras por las mejillas de Don Juan, inflexible,
la lágrima primera de su vejez rodó.
Eugenio Díaz Romero.
65
(Argentino. )—Contemporáneo.
DEL TRIUNFO
¡Cuánto sufrí y qué solo! ni un amigo,
ni una mano leal, que se tendiera
en busca de la mía; ni siquiera
el placer de crearme un enemigo.
De mi angustia y dolor solo testigo,
de mi terrible vida compañera,
fué una pobre mujer, una... cualquiera
que hambre, pena y amor partió conmigo.
Y hoy, que mi triunfo asegurado se halla,
tú, amigo por el éxito ganado,
me dices que la arroje de mi lado,
que una mujer así denigra... ¡Calla!
Con ella he padecido y he triunfado.
El triunfo no autoriza a ser canalla.
Joaquín Dicenta.
(Español.)— 1860-1917.
DOS DE MAYO
¡Dos de Mayo!... ¡Qué espléndida victoria!
Cuando evoco el recuerdo de este día
mi espíritu se llena de alegría
y oigo en mi corazón tocar a gloria.
Con tu padre, un francés que a la memoria
de Napoleón profesa idolatría,
el mío a grandes voces discutía
en nombre de su España y de su historia.
Reñían, y nosotros, tras la espesa
cortina de un rosal llena de flores,
hablábamos. ¿De qué? No sé, Teresa.
Sólo sé que tus labios seductores
hicieron realidad una promesa.
¡Qué dos de Mayo, aquél de mis amores!
Joaquín Dicenta,
G9
«¿Me amas como a tu vida?», me dijiste.
Y yo te respondí: «Como a mi vida.»
Cuando tu alma, a tu oreja suspendida,
recogió mi respuesta, sonreiste.
«¿Me amas como a tu vida? — repetiste.—
Tómame, tuya soy, prenda querida.»
Y de orgullo o de amor desvanecida,
entre mis brazos trémulos caíste.
Hoy lloras, y la voz de tu despecho
traidor me llama. Con airado grito
jura tu labio que mentí aquel día.
Ni mentí, ni a culparme en ti hay derecho.
Te amo como a mi vida. ¿Es un delito
que la vida me canse, vida mía?
Joaquín Dicenta.
AMOR
El amor es la vida, y la vida es amor;
engendra la locura y abre paso al delirio;
purgatorio de goces y cielo de martirio;
su dolor es tan fuerte, que su dicha es dolor.
Va abriendo paraísos y cerrando ataúdes;
con puñales y flores hace ramos dorados...
Es el mayor pecado de todos los pecados,
y la virtud más grande de todas las virtudes.
El amor es perfume, y es néctar, y es veneno;
es camino de rosas y es camino de cieno;
es un rayo de luna besando un corazón...
Es débil como un niño, como un Hércules fuerte:
el amor es la flecha que nos causa la muerte,
y tiene el privilegio de la resurrección.
Joaquín Dicenta (Hijo).
(Español). — Contemporáneo.
67
A SUS OJOS
Miradme compasivos, ojos claros,
que por el vasto mar del amor mío
de mis deseos al gentil navio
providentes guiáis, como dos faros.
Si de vuestro mirar no sois avaros,
miradme siempre, que a vosotros fío
mi ventura; cuidad de mi albedrío,
que yo nada sé hacer, si no es amaros.
Yo gozaba en las noches estivales
descifrando los versos celestiales
que riman, misteriosas, las estrellas.
Desde que os vi, mis ojos, no las veo:
porque en vosotros, extasiado, leo
la palabra que nunca he visto en ellas.
Enrique Diez Cañedo.
(Fsf?.ñol.) — Contemporáneo.
AMOR... PROPIO
Nadie se da en amores por vencido;
es decir, no hay un ser tan desdichado
que una vez se declara derrotado
en las lides traidoras de Cupido.
Es el hombre, de suyo, presumido,
y es de sí mismo muy enamorado,
para ser tan sincero, tan honrado,
que pregone las luchas que ha perdido.
Yo que sé que en amor (por la experiencia
de cuando yo luché, que ya no lucho),
más que amor, amor propio se evidencia,
cotejo lo que sé con lo que escucho,
surge la duda, y saco en consecuencia
que en achaques de amor... se miente mucho.
F. Diez Gaviño.
(Cubano.)
68
DE COMO HAGO LOS DRAMAS
Escojo una pasión, tomo una idea,
un problema, un carácter. . . y lo infundo
cual densa dinamita, en lo profundo
de un personaje que mi mente crea.
La trama al personaje le rodea
de unos cuantos muñecos, que en el mundo,
o se revuelcan en el cieno inmundo,
o se calientan en la luz febea.
La mecha enciendo, el fuego se propaga;
el cartucho revienta sin remedio,
y el actor principal es quien lo paga.
Aunque a veces también en este asedio
que al arte pongo y que al instinto alaga
me coge la explosión de medio a medio.
José Echegarap.
(Español.)— 1833-1916.
EN EL CIRCO
Yo lucharé en el circo en que el romano
conquistaba con palmas los amores;
yo lucharé con todos mis dolores
y ganaré laureles con mi mano...
De pie, sobre la arena, sobrehumano,
altivo retaré a los luchadores,
y si les venzo ai fin, iré entre flores
a exigirte tu amor que es un tirano.
Y si caigo, al caer, mi postrer grito
será para llamarte tierno o rudo
y no para llamar al infinito...
¡Y cuando vengan por mis restos de hombre,
tu nombre se verá sobre mi escudo
y mi sangre también sobre tu nombre!
Octavio Espinoza.
(Peruano.)
BELLEZA CAUTIVA
Con altivez de reina tu hermosura
enseñas voluptuosa y arrogante;
ignorada Beatriz, tal vez un Dante
te canta su pasión y su ternura...
Praxiteles soñó con tu figura;
Rafael te buscaba delirante,
y Alfredo de Musset era tu amante,
porque eres poesía y escultura...
Cuando veas al fin lo que ambiciona
tu alma — la libertad abrirse paso, —
te alzarás como olímpica amazona;
y Judith de los ojos, sublevada,
a tu Holofernes matarás acaso
al golpe vengador de tu mirada. . .
Octavio Espinoza.
A UN RUISEÑOR
Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.
Teñido el cielo de amaranto y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.
Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío,
Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo suave en mis pesares
endulzará tu acento el labio mío.
José de Espronceda.
(Español.)— 1813-1842.
70
FRESCA, LOZANA, PURA Y OLOROSA...
Fresca, lozana, pura y olorosa,
gala y adorno del pensil florido,
gallarda puesta sobre el ramo erguido,
fragancia esparce la naciente rosa:
mas si el ardiente sol lumbre enojosa
vibra del can en llamas encendido,
el dulce aroma y el color perdido,
sus hojas lleva el aura presurosa.
Así brilló un momento mi ventura
en alas del amor, y hermosa nube
fingí tal vez de gloria y alegría,
mas ¡ ay ! que el bien trocóse en amargura
y deshojada por los aires sube
la dulce flor de la esperanza mía.
José de Espronceda.
AL AMOR DIVINO
Con vuestro amor, es sabio el ignorante;
6Ín \'uestro amor, es necio el más prudente;
con vuestro amor, se absuelve el delincuente;
sin vuestro amor, varía el más constante;
con vuestro amor, el rudo es elegante;
sin vuestro amor, culpable el inocente;
con vuestro amor, festivo el displicente;
sin vuestro amor, lo humilde es arrogante;
con vuestro amor, es claro el más oscuro;
sin vuestro amor, es nada al que más sobre;
con vuestro amor, es justo el más inicuo;
sin vuestro amor, es torpe lo más puro;
con vuestro amor, es rico el que es más pobre;
sin vuestro amor, es pobre ei que es más rico.
Baltasar Estazo,
(Español.)
71
LA SUEGRA
Engendro medioeval de mil Satanes,
hidra con más cabezas que Medusa,
fiera libre, debiendo estar reclusa
con panteras, arpias y alacranes.
Por ti tiemblan vulgares ganapanes
y hasta pierden su pobre mente obtusa;
por ti perennemente, ¡ bruja intrusa !,
blasfeman Pedros, Luises, Carlos, Juanes.
Te dio Natura, un día, señorío,
sobre tu augusto fruto; ¡mas no eterno!,
según discurro sosegado y frió;
que, a su turno, también te trajo un yerno
para lograr su fin. ¡ Oh monstruo impío,
de ti líbrenos Dios, no del Infierno!
Félix E. Etchego^en.
¡VEINTE AÑOS!
Todo te ofrenda un culto, niña mía;
todo en la Vida te tributa honores,
¡ensueños, juventud, belleza, amores
y músicas y arrullos y poesía!
¿A qué mis versos, pues? ¿A qué las flores,
del bohemio cantor? ¡Fuera ironía!
¡No, no quiero en tu cielo de alegría,
la sombra proyectar de mis dolores!
Sigue tu senda, pues, siempre sonriente,
con un halo de luz sobre tu frente,
que nunca han de ensombrar los desengaños,
y por el beso de la dicha ungida,
pasa, hermosa, cantando por la Vida,
la triunfante canción de tus veinte años!
Ángel Falco.
(Uruguayo.) — Contemporáneo.
72
SUPLICA
¡Ten franqueza una vez! ¿Por qué el engaño,
6Í tus ojos diciendo están que mientes?
Si nunca amor sentiste, si lo sientes,
¿a qué agregar la burla al desengaño?
Si he sido para ti, yo siempre extraño,
¡dímelo por piedad! pero no alientes,
con protestas que quieren ser ardientes,
este sueño imposible que es mi daño!
¡Si supieras mujer! ¡Te quiero tanto!
Mil veces me he propuesto aborrecerte,
mas siempre acaba mi furor en llanto!
Maldigo entonces de la impia suerte,
que me tiene a tus pies, como un encanto...
¡Y te odio, mas no dejo de quererte!
Ansel Falca.
ESCENA GRIEGA
Llenos de dulce laxitud dichosa,
por febriles deseos sacudida,
íbamos por la ruta bendecida,
al pie de la arboleda rumorosa.
Era la tarde, como nunca, hermosa:
tarde otoñal de Abril estremecida
por invisibles gérmenes de vida,
en la quietud de la extensión radiosa.
En silencio marchaba yo a tu lado,
cuando de pronto, por el dios turbado,
alcé el velo que cubre tu decoro.
Y, trémula, desnuda, palpitante,
sobre tu blanco cuerpo de bacante
tendió la tarde un regio manto de oro.
Elov Fariñxi Nuñez.
(Paraguayo.) — Contemporáneo.
7a
GOZO
¡Esto es vivir! Se azuló mi oriente,
el rosedal se engalanó de llores,
y en el altar del corazón se siente
la tierna oración de los amores.
La música de mirlos trovadores
iniciase en el limonar silente,
y el trío de argentados surtidores
gozosos, ebrios cantan en la fuente.
Ya no muero de sed. Todo el quebranto
se acabó en eí acabar del llanto,
cuando abriste tus generosos brazos;
Y, dando olvido a mi anterior tormento,
me llamaste al altar del sentimiento
donde hechiza el rosal de tus ojazos.
José Felice.
(Argentino. )— Contemporáneo.
ES LA MUERTE...
Es la muerte un efecto poderoso,
firme su proceder mal entendido,
amada de Mitrídates vencido,
temida de Pompeyo poderoso.
Es la muerte un antídoto dudoso
al veneno del mísero rendido,
que de propias desdichas sacudido,
libra en eterno sueño su reposo.
Puerto donde la nave, combatida
de la saña del mar contrario y fuerte,
piensa tener propicia la acogida.
Es un bien no estimado, de tal suerte,
que todo lo que vale nuestra vida
es porque tiene necesaria muerte.
Felipe IV, Rey de España.
(Español).— 1605-1665.
74
A UNA ROSA
«¡Vedla allí!... ¡Vedla allí, pura y lozana,
y respirad su esencia embriagadora!
¡Miradla, del vergel reina y señora,
meciéndose en su talio cuan ufana!
Abre su casto broche a la mañana,
tibio el rayo del sol sus hojas dora...
¿A quién esa belleza no enamora?
¡Oh rosa, de las flores soberana!»
Así un corto de vista repetía,
teniendo más de ciego que de vate,
hasta que uno, que ai paso le seguía,
admirado de tanto disparate,
le dijo destruyendo su alegría;
«¿Pero, hombre, no ve usted que es un tomate?»
Trinidad Fernández.
(Peruano.)— 1829-1873.
ANTE EL ESPEJO
Me preocupa ese hidalgo en quién saludo
al varón que obstinado en su quimera,
clavó, para no arriarla, la bandera
del más alto ideal que soñar pudo.
A flor de labio espíritu desnudo
condensa en cada amor la vida entera;
mas no humilla por lance la cimera,
ni rinde a vil propósito el escudo.
Mal enemigo; y, como amigo, hermano,
da siempre el corazón al dar la mano;
y de los propios ritmos al arrullo,
igualmente señor si lucha o ama,
solo admite una !ey: ¡la de su dama!
y un solo fallo acepta: jel de su orgullo!
J. L. Fernández de la Puente.
75
(Argentino.) — Contemporáneo.
ENSUEÑO GALANTE
Quisiera ser tu paje favorito,
para estrechar tus manos virginales
y convertir en flor de madrigales
tu corazón más duro que el granito.
En mi escudo llevar quisiera escrito
tu nombre, para envidia de rivales^
y el clavel de tus labios sensuales,
con un beso de amor, dejar marchito.
Romper lanzas quisiera en tus honores,
y alcanzar como precio tus favores,
liberando a mi amor de tus enojos;
y vencido tu orgullo despiadado,
quisiera verme siempre retratado
en los claros zafiros de tus ojos.
J. Fernández del Villar.
(Español.) — Contemporáneo.
ejecutaría de VERDADERA NOBLEZA
Si como tengo noble el padre, fuera
el verdugo de Málaga mi padre,
y Flora, Lamia o Tais fuera mi madre,
¿qué culpa en ser su hijo yo tuviera?
Si uno al nacer los padres eligiera,
sin tener al oído quién le ladre,
que al mismo rey le pese o que le cuadre,
no hay duda que por padre lo escogiera.
Pues si pudo nacer un sin ventura
el hijo del monarca y potentado,
¿de qué es su vanidad y su locura?
Sepa que solo es noble y es honrado
aquel que con verdades asegura
ser de sus mismas obras engendrado.
Nicolás Fernández de Moraiin,
76 (Español).— 1737-1780.
AMOR, TU QUE ME DISTE LOS OSADOS...
Amor, tú que me diste los osados
intentos y la mano dirigiste,
y en el candido seno la pusiste
de Dorisa, en parajes no tocados;
si miras tantos rayos, fulminados
de sus divinos ojos contra un triste,
dame el alivio, pues el daño hiciste,
o acaben ya mi vida y mis cuidados.
Apiádese mi bien. Dila que muero
del intenso dolor que me atormenta;
que si es tímido amor no es verdadero;
que no es la audacia en el cariño afrenta,
ni merece castigo tan severo
un infeliz, que ser dichoso intenta.
Nicolás Fernández de Moratin.
BOHEMIO
Nació para triunfar, y la victoria
desdeñó con estoica altanería.
Fué su existencia una ruidosa orgía,
y un largo sueño su perdida nistoria.
Nostálgico del arte y de la gloria,
cuyo sublime vértigo sentía,
deshojó con sarcástica alegría
el laurel prometido a su memoria.
Su noble corazón se hizo pedazos
al golpe rudo de su horrible suerte.
Y rotos ya los terrenales lazos
de su brillante juventud cansada,
hundiéndose en la noche de la muerte,
huyó del mundo y se perdió en la nada.
Diego Fernández Espiro.
(Argentino.)— ? -1912.
77
DON QUIJOTE
Encajado en la bélica armadura,
mallenido en menguado rocinante,
atraviesa la vida el arrogante
paladín de la humana desventura.
Amalgama du genio y de locura,
guerrero, trovador, sabio y amante,
en triunfo va del caballero andante
por todo el mundo la inmortal figura.
Se alzó como un espectro, de la nada,
sobre la noche de su edad somoría,
para abrir con los golpes de su espada
la huella de los siglos venideros,
y a través de los tiempos todavía
prosigue su matanza de carneros.
Diego Fernández Espiro.
DULCINEA
Fué una ficción. El alma generosa
del visionario caballero andante
le dio en los sueños de su fiebre amante
la forma de la carne esplendorosa.
Con su pasión la consagró famosa,
a su destino la ligó triunfante
y su temible espada justiciante
rindió a los píes de la bastarda diosa.
Panza el bellaco, infame pregonero,
descubre al mundo la genial falsía
de la noble creación del caballero.
Mas no puede destruir a Dulcinea
que engendra en su fantástica ironía
la sublime locura de la idea.
Diego Fernandez Espiro.
ÜN MEDICO
Naturalmente fué mal estudiante.
De Hipócrates prestado el juramento
6e vino a esta Ciudad lo más contento
bajo el brazo su titulo flamante.
Puso una grande chapa deslumbrante,
adoptó un aire grave de jumento,
e hizo un maravilloso casamiento
con la hija de un vasco rozagante.
Ahora, pasada ya la cuarentena,
rotundo abdomen, colosal cadena,
de arriba a abajo en riguroso negro,
está jugando un dominó imponente
con un rábula, un cura y un teniente...
Mientras espera que se muera el suegro.
Fernández Moreno.
(Argentino.) — Contemporáneo.
FRAILUCOS
Erase una barcaza de blando movimiento
que a Barcena llegaba buscando provisiones,
y eran cuatro frailucos de uñ cercano convento
de hábitos color tierra y torcidos cordones.
Bajan sus Reverencias echando bendiciones,
las gentes aldeanas son un puro comento...
¡Es una tarde alegre, tarde de vacaciones!
Las sayas y los hábitos son juguetes del viento.
Ya la barca está llena de saiado tocino,
de barriles obesos, de pellejos de vino,
ya se mueve pausada por las aguas añiles.
Las olas a mis pies se deshacen cantando...
Sobre la puente negra me he quedado pensando
cuáles son los frailucos y cuáles los barriles.
Fernández Moreno.
79
PRESENTIMIENTO
Nunca supe por qué me pareciste
siempre, una flor para vivir un dia.
Una estrella fugaz que alumbraría
én una noche solamente. Fuiste
mi buena amiga y de mi labio oíste
palabras de ternura y alegría;
y aunque tu boca amable se reía
siempre en tus ojos te encontraba triste.
Eras sólo de un ser, alma y esencia.
En ti fué la visión de una existencia
que murió sin morir, pues no vivía.
Y al cumplirse la ley severa y fuerte,
no pude sorprenderme con tu muerte
pues sin saber por qué, ya lo sabía.
Ovidio Fernández Ríos,
(Uruguayo.)
recíbame tu paz
<íDoy toda mi grandeza a cambio de un hermano,*
Yo vengo desde lejos buscándote. Sabía
de tu bondad muy grande, como grande tu amor
por todos los que sufren; y que tu alma sentía
la nostalgia de un alma que amara tu dolor.
Yo te llamaba Hermano, en mi tristeza. Un día
partí en tu busca — era la Primavera en flor —
Lloraba en mi camino, mientras que el Sol reía...
— ¡ Oh, buen Sol, muchas gracias, me hace bien tu calor!
¡Y hoy te encuentro! Recíbame tu paz, gloriosamente!
Dame muchos abrazos besándome en la frente,
y luego, yo te imploro, con amable merced,
haz un ánfora suave con tu divina mano,
y dame un poco de agua para beber, ¡Hermano!
— ¡Ay, gracias, muchas gracias! j Tenía tanta sed!
Ovidio Fernández Ríos,
80
EN EL BAÑO
Alegre y sola en el recodo blando
que forma entre' los árboles el río,
al fresco abrigo del ramaje umbrío
se está la niña de mi amor bañando.
Traviesa con las ondas jugueteando
el busto saca del remanso frío,
y ríe y salpica de glacial rocío
el blanco seno, de rubor temblando.
Al verla tan hermosa, entre el follaje
el viento apenas susurrando gira,
salta trinando el pájaro salvaje,
el sol más poco a poco se retira;
todo calla... y Amor, entre el ramaje,
a escondidas mirándola, suspira,
Manuel M. Flores.
(Mexicano.)— 1840-1885.
RESURRECCIONES
Algo se muere en mí todos los días:
la hora que se aleja me arrebata,
del tiempo en la insonora catarata,
salud, amor, ensueños y alegrías.
Al contemplar las ilusiones mías
pienso: «Yo no soy yo». ¿Por qué insensata,
la misma vida con su soplo mata
mi antiguo ser tras lentas agonías?
Soy un extraño ante mis propios ojos,
un nuevo soñador, un peregrino
que ayer pisaba flores y hoy... abrojos.
Y en tal instante es tai mi desconcierto,
que, ante mi muerte próxima, imagino
que muchas veces en la vida he muerto.
Julio Florez.
81
(Colombiano.)— 1869-1923.
LLEVA PASTOR LA JvL\NO...
Lleva, pastor, la mano más ligera
cuando el blanco vellón a la ovejilla
cortas avaro; que en su sangre brilla
teñida ásperamente la tijera.
Ella en tiernos balidos de tu fiera
codicia se lamenta; y la sencilla
fe te recuerda con que a ti se humilla,
aunque el prado sin ti pacer pudiera.
Si dices que del lobo la defiendes
y que su lana en recompensa tomas,
el vellón, no la oveja, se destruya.
Pues si a estilo de lobo tu la ofendes
y es menester que con su sangre comas,
¿Qué va a ganar en la defensa tuya?
Juan Pablo Fomer.
(Español.)— 1756-179a,-
LOS HOYUELOS DE LESBIA
Cruzaba el hijo de la ciprea diosa
solo y sin venda la florida umbría,
cuando al pie de un rosal vio que dormía
al blando son del mar, mi Lesbia hermosa:
y al ver, pasmado, que su faz graciosa
los reflejos del alba repetía,
tanto se deslumhró, que no sabía
si aquello era mejilla o era rosa.
Alargó el niño el dedo entre las flores
y en ambos lados le aplicó a la bella,
formando dos hoyuelos seductores...
¡Ay, que al verla reír, la dulce huella
del dedo del amor mata de amores!
i Feliz el que su boca estampe en ella!
Juan Nicasio Galleg(y.
(Español.)— 1777-1853.
93
LA MEMORIA DE JUDAS
Jesús de Nazareth: padre nuestro y abuelo
de las generaciones futuras es contigo
la luz omnipotente que atestigua tu celo,
y nos muestra las sombras de este mundo enemigo,
Jesús de Nazareth: bajo tu inmenso abrigo
florecen los jardines soñados del desvelo,
mientras la buena gente recolecta su trigo,
y el ruiseñor conversa con los astros del cielo.
Santificada sea tu gracia y también sea
de oriente al occidente la tierra de Judea,
que vio cruzar un día tu evangélica planta;
y si eres justo como es de grande tu amor
por todos los que sufren el destino, levanta
la calumnia que pesa sobre Judas, Señor!
Gustavo Garahallo.
(Argentino.) — Contemporáneo,
LA ABUELA
Su figura hierática de crepúsculo, adquiere
el aspecto divino que dan las postrimeras
bondades, como una magnolia que se muere
después de haber ungido noventa primaveras.
En sus pupilas lánguidas hay algo que sugiere
un tardío cansancio de palomas viajeras,
y al par que gesticula sus corteses maneras
asiste a misa para oir su miserere.
Cuando la nietecilla aguza sus enojos
tiritan como nervios los grandes anteojos
en su nariz huesuda de patricio romano;
Y mientras el otoño golpea los cristales,
se oyen entre sus sabios consejos habituales,
los rezongos del gato que duerme sobre el piano.
Gustavo Garabállo.
LA CITA A LA MADRUGADA
No hay pena, no hay dolor, hermosa mía,
que yo no arrostre por tus lindos ojos;
esclavo viviré de tus antojos
en teinto que a mi amor tu amor sonría.
Preso en tus dulces lazos noche y día,
bebiendo el néctar de tus labios rojos,
¿cómo sentir los pérfidos abrojos
que del mundo falaz cubren la vía?
¡Adorarte y no más! Este es mi oficio,
y no hay afecto ni pasión profana
que no venza mi amor en tu servicio.
¡Mas soy flaco mortal, hermosa Juana!
Pídeme de mi sangre el sacrificio,
y déjame dormir por la mañana.
Antonio García Gutiérrez.
(Español.)— 1813-1884.
AMOR SIN CELOS
Tengo aprensiones yo como cualquiera,
y tocante a caprichos, |no se diga!
El campo siempre verde me fatiga,
el cielo siempre azul me desespera.
Triste la luz del sol me pareciera
sin esa noche del dolor amiga,
y sin la pena que el placer mitiga,
"hasta la vida misma aborreciera.
Pues esos ojos tuyos, dueña mía,
que pueden afrentar a uno y ínil cielos,
causaron mi amoroso desvarío.
No hallé sombra en su luz, no hallé desvelos,
y mi ardiente pasión murió de frío;
que así muere eí amor cuando no hay celos.
Antonio García Gutiérrez.
84
DEUDAS Y DEUDOS
De la merced, señores, despedido,
pues que lo quiso así la suerte mía,
de mis deudos iré a la compañía
no poco de mis deudas oprimido.
Sin haber sido del Carmen, cxilpa ha sido
sobre el que se me dio hábito un día:
huélgome que es templada Andalucía,
ya que descalzo parto al patrio nido.
Mínimo, pues, si capellán indigno
del mayor rey monarca, al fin de cuanto
frisa el sol, lamen ambos océanos,
la fuerza obedeciendo del destino
el cuadragesimal voto en tus manos
desengañado haré corrector santo.
Luís de Góngora y Argote.
(EspañoJ.)— 1561-1627.
A LOS CELOS
¡Oh, niebla del estado más sereno,
furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida,
de verde prado en oloroso seno!
¡ Oh, entre néctar de amor mortal veneno,
que en vaso de cristal quitas la vida!
i oh, espada sobre mí de un pelo asida,
de la amorosa espuela duro freno!
¡Oh celo del favor verdugo eterno!
vuélvete al lugar triste donde estabas,
o al reino, si allá cabes, del espanto;
mas no cabrás allá, que pues ha tanto,
que comes de ti mesmo, y no te acabas,
mayor debes de ser que el mismo infierno.
Luís de Góngora p Argote.
85
LA DULCE BOCA QUE A GUSTAR CONVIDA...
La dulce boca que a gustar convida
OH humor entre perlas destilado
y a no envidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el Garzón de Ida,
amantes, no toquéis, si queréis vida,
porque entre un labio y otro colorado
Amor está de su veneno armado
cual entre flor y flor siempre escondida.
No os engañen las rosas que al aurora,
diréis que aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno.
Manzanas son de Túndalo y no rosas,
que después huyen del que incitan ora,
y sólo del Amor queda el veneno.
Luís de Góngora y Argote.
LAS TABLAS DEL BAXEL... (1)
Las tablas del baxel despedagadas
(signum naufragii pium et crudeie)
del templo sacro con le rotte vele
ficaron ñas paredes penduradas.
Del tiempo las injurias perdonadas
et Orionis vi nimbosae, stellae
recoglio le smarrite pecorele
ñas ribeiras do Betis espalhadas.
Volvere a ser pastor, pues marinero
quel Dio non vuoi, che col suo strale sprona
do Austro os assopros e do Oceam as goas;
haciendo al triste son aunque grosero,
di questa canna, gia selvaggia donna,
saudade a asferas, e aos penedos magoas.
Luís de Góngora y Argote.
(1) — Soneto cuatrilingüe que extractamos de la Gaceta
Literaria de Madrid en su número de homenaje al
ilustre poeta con motivo del III centenario de sa
muerte.
«S
A UN ORADOR SAGRADO
Botijo con bonete clerical,
que viertes la doctrina a borbollón,
falto de voz, de afectos, de emoción;
lleno de furia, ardor y odio fatal;
la cólera y despique por igual
dividen en dos partes tu sermón,
que, por tosco, punzante y sin razón
debieras predicárselo a un zarzal.
¿Qué prendas de orador en ti se ven?
Zazoso acento, gesto pastoril,
el metal de la voz cual de sartén;
tono uniforme cual de tamboril.
Para orador te faltan más de cien;
para arador te sobran más de mil.
Fray Diego González.
(Español.)— 1733-1794.
EL LUNAR
Ni el candor de tu rostro, que revela
que tu sensible corazón dormita,
ni tu mórbido seno que palpita,
ni tu inocente gracia que consuela;
ni tus brillantes ojos de gacela,
ni tu boca de grana, urna bendita
donde un beso parece que se agita
cual mariposa que volar anhela,
inspiran más al alma enamorada,
por tus encantos celestiales loca
y a tu yugo hace tiempo encadenada,
que ese lunar que a adoración provoca...,
¡pequeña, fugitiva pincelada
que el Amor quiso dar junto a tu boca!
Nicolás Augusto González.
(Ecuatoriano).
87
VOY A HACER UN SONETO...
Voy a hacer un soneto, porque ahora
de sonetos está la musa mía,
que hay quien muda dictamen cada día,
y mi musa lo muda cada hora.
No es mucho ser mudable, si es señora;
y yo, que la conozco la manía,
temo, si me descuido, que se ría
de mí, porque es un tanto burladora.
Pues que si rematado aquel cuarteto
Be le antoja una décima u octava,
no hay que acordarse más de tal soneto.
Mas loado sea Dios, que ya se acaba,
en añadiendo al último terceto
este verso, no más, que le faltaba.
Tomás José González Carvajal..
(Español.)— 1753-1834.
prosaísmo
Quedaban dos recuerdos... Altanero,
los arrojé en el fuego que aún ardía...
¡ Para memoria cruel de tu falsía,
me sobra con lo mucho que te quiero...!
Un manojo de versos, fué el primero
— tu traición hasta en verso me mentía —
y el otro la libreta en que solía
anotar nuestro gasto el carnicero . . .
Ambos presa del fuego a un tiempo fueron,
pero tus versos — poética inflamable —
im brevísimo instante sólo ardieron;
mientras que, ¡ oh triste realidad traidora !
la libreta, prosaica y deleznable,
tardó para quemarse... ¡un cuarto de hora!
José González Castillo.
(Argentino.)— Contemporáneo.
EL CHAMBERGO
Extraña adarga en la panoplia vieja,
yace olvidado el fanfarrón sombrero
junto a una espada de bruñido acero
que el claror de unas lámparas refleja.
Batió sus plumas junto a alguna reja,
la brisa helada del nevado Enero,
y ante un áureo chapín, un caballero
alfombró con su airón, cierta calleja.
¡Quién dirá al verle en la tranquila estancia,
bajo el prestigio de fulgentes luces,
qu€ fué cimera de la intemperancia,
y pendón de victoria en tantas brechas,
entre el estruendo de los arcabuces
y el agudo silbido de las flechas ! . . .
Juan González Olmedilla..
(Español.) — Contemporáneo. -
AL AMOR
Si eres un bien arrebatado al cielo
¿Por qué las dudas, el gemido, el llanto,
la desconfianza, el torcedor quebranto,
las turbias noches de febril desvelo?
Si eres un mal en el terrestre suelo
¿ Por qué los goces, la sonrisa, el canto,
las esperanzas, el glorioso encanto,
las visiones de paz y de consuelo?
Si eres nieve, ¿por qué tus vivas llamas?
Si eres llama, ¿por qué tu hielo inerte?
Si eres sombra, ¿por qué la luz derramas?
¿Por qué la sombra, si eres luz querida?
Si eres vida, ¿por qué me das la muerte?
Si eres muerte, ¿por qué me das la vida?
Manuel González Prada.
(Peruano.)
89
SELLO DEL FUERTE
De temple varonil, recio y gallardo,
pujante y temerario en la pelea,
así yo surjo cual brillante tea
en medio de este mundo ya bastardo.
Armé mi diestra con un fuerte dardo...
En mi siniestra un trapo rojo ondea,
y llevo como símbolo una Idea
que me cfa sello de rebelde bardo.
Jamás mi frente agacharé humillante
ni tenderé la mano limosnante
mientras tenga razón la mente mía.
Yo seré noble en la contienda ruda,
pero haré de mi pluma un arma aguda
dispuesto a combatir la hipocresía.
Fernando Gualtieri.
(Argentino.) — Contemporáneo.
LA GUITARRA
Hiere la lista mano con energía
las resonantes cuerdas de la guitarra
y de su oscuro seno brota bizarra
como hirviente cascada la melodía.
El cendal que a la negra melancolía
con oprimido lazo mi pecho amarra,
a su soberbio empuje su tul desgarra,
al abrevarme hidrópico en su armonía.
Ya pianissimo rueda, cristal luciente,
ya en galantes allegros juega bullente,
ya en gallardo crescendo muge y restalla,
hasta que en el delirio del entusiasmo,
como un sonoro beso de ardiente espasmo
la tónica vibrante su voz acalla.
Alejandro Guanes.
( Paraguayo . )— Contemporáneo.
^0
A SÜ BALCÓN
La estación de la luz formó tu ambiente
con suspiros de glaucas primaveras,
y tejieron tu sombra, las palmeras
que se cimbran gentiles a tu frente.
La Ofelia astral de la región luciente
te dio, en las noches de mi amor primeras,
el ropaje sutil de las quimeras
que exornaban mis sueños de creyente.
Mis trovas de pasión entre tus ramas
suspendieron el nido del deseo
en que anidara un corazón de llamas...
Y hoy, cuando al pie de tus cimientos canto,
I soy la queja, de un alma de Romeo
ascendiendo en la escala de mi llanto!
Ubaldo Ramón Guerra.
(Uruguayo.) — Contemporáneo.
PRIMAVERA
Ya vuelve la estación de los amores,
la que forma la música del nido,
y en los festones del jardin florido
es derroche de esencias y colores.
La que viste de vividos fulgores
en tu balcón, al temblador tejido,
y ofrece miel en el capullo herido
al enjambre de insectos zumbadores.
¡La que idolatras tú! La que derrama
el misterioso tinte que colora
la flor nativa de fulgente llama.
La que es orquesta entre la turba alada,
¡y arrebol diamantino de una aurora
en la tiniebla ideal de tu mirada!
Ubaldo Ramón Guerra.
91
PATRI CARISSIMO
Proteja tu recuerdo el flébil canto
que exhalo en estas rimas suspiradas;
pálidas hojas de flexible acanto
a una rota columna entrelazadas.
Hoy que el silencio en mi efusión quebranto,
del Edén a las cumbres sonrosadas,
filial ofrenda que sublima el llanto,
lleven mi voz las auras perfumadas.
Alúmbreme un destello de tu gloria,
óptimo Padre! y desde el cielo riega
mi huerto porque dé frutos mejores.
Mas ¡ay! que sumergido en tu memoria,
mi vida ya en su otoño se repliega
como rústica tienda de pastores.
Carlos Guido Spano.
(Argentino.)— 1827-1918v
PARA VER SI SUS OJOS...
Para ver si sus ojos eran cuales
la fama entre pastores extendía,
en una fuente los miraba un día
Dórida, y dice así, viéndolos tales:
«Ojos, cuya beldad entre mortales
hace inmortal la hermosura mía,
¿cuáles bienes el mundo perdería
que a los males que dais fueran iguales?
Tenía antes de os ver por atrevidos,
por locos temerarios los pastores
que se osaban llamar vuestros vencidos.
Mas ahora, viendo en vos tales primores,
por más locos los tengo y más perdidos
los que os vieron si no mueren de amores.»
Gutierre de Cetina.
92 (Español.)— 1520-1560.
EN UN OLMO VANDALIO ESCRIBIÓ UN DÍA...
En un olmo Vandalio escribió un dia,
do la corteza estaba menos dura,
el nombre y la ocasión de su tristura.
Después, mirando al cielo, así decía:
«Tanto crezcas ¡oh, bella planta mía!
que al más alto ciprés venzas de altura,
y tanta sea mayor la tu hermosura
cuanta, aquélla, de Dórida sería.
Crezcan, a par del olmo, en su grandeza,
las letras del amado y dulce nombre
y, en él, hagan perpetua su memoria
porque, los que vendrán, sepan que un hombre
levantó el pensamiento a tanta alteza
que es 3igno, al menos, de inmortal renombre.»
Gutierre de Cetina,
LOS HIJOS DE NADIE
El azar es un padre. Vive a modo
de esos pordioseritos, donde quiera:
en el embaldosado de la acera
de cualquier bulevar, codo con codo.
Paliducho y llorón, falto de todo,
di ayer con un recién nacido. Era
engendro de mujer, no ya de fiera
y estaba salpicado por el lodo.
¡Hijos: los de la sombra, los de nadie,
los que se tiran a la Cuna, haceos
como una gran costelación que irradie!
i No cedáis ni a los gritos ni a los palos,
porque tenéis — ya que nacisteis reos —
el supremo derecho de ser malos!
Federico A. Gutiérrez.
(Fag Libert.)
(Argentino.) — Contemporáneo.
93
HAY ÜN DEBER
¿Amas la vida? Entonces ¿por qué no luchas? jEaí
¡A vindicarla para dignificarnos, para
que nuestros pobres hijos no oficien en el ara
de tanto vicio malo, de tanta cosa fea!
Ser hombre es ser soldado y aquél que no lo sea
tampoco será hombre. Yo lucho, cara a cara
contra lo que me ofende: altar o cruz o tiara,
contra lo que me ahoga: ley o fundo o ralea.
Hay el deber sagrado de la lucha. ¡ Confío
no en mis amores, en mis odios! Por esto
ganó Satán un reino... ¡Que tal vez era el mío!
¡Ni la lid te acobarde ni la altura te asombre:
el amor es un gesto, el odio es otro gesto ! , . .
¡Y el más hermoso gesto de la vida es el hombre!
Federico A. Gutiérrez.
ME LEVANTO DESPUÉS DE MEDIODÍA...
Me levanto después de mediodía,
como cuando lo dicta mi deseo,
y después o me marcho de bureo,
o voy a visitar a mi Lucía.
No sé si por pereza o por manía
ni estudio historias ni novelas leo,
en cambio en los lugares de recree
se encuentra siempre la persona mía.
No pienso trabajar ni por asomo,
aunque dicen las gentes de mi trato
que nunca mi talento ha sido romo.
Dirá usted ai mirar este retrato
que soy un holgazán de tomo y lomo,
pues se equivoca usted; soy literato.
J. J. Herranz, Conde de Reparaz.
(Español.) — Contemporáneo.
DEL MAR LAS ONDAS QUEBRANTARSE VIA...
Del mar las ondas quebrantarse vía
en las desnudas peñas desde el puerto,
y en conflicto las naves, que el desierto
Bóreas bramando con furor batía.
Cuando gozoso de la suerte mía,
aunque afligido del naufragio cierto,
dije: no cortará del Ponto incierto
jamás mi nave la temida vía.
Mas ¡ay triste! que apenas se presenta
de mi fingido bien una esperanza,
cuando las velas tiendo sin recelo;
vuelo cual rayo, y súbita tormenta
me niega la salud y la bonanza,
y en negra sombra cubre todo el cielo-
Fernando de Herrera. (El Divino)^
(Español.)— 1534-1597.
COLOR DE SUEÑO
Anoche vino a mí, de terciopelo,
sangraba fuego de su herida abierta;
era su palidez de pobre muerta,
y sus náufragos ojos sin consuelo...
Sobre su mustia frente descubierta,
languidecía un fúnebre asfódelo.
Y un perro aullaba, en la amplitud de hielo,
al doble cuerno de una luna incierta...
Yacía el índice en su labio, fijo
como por gracia de hechicero encanto,
y luego que, movido por su llanto,
quién era, al fin, la interrogué, — me dijo:
— Ya ni siquiera me conoces, hijo,
I Si soy tu alma que ha sufrido tanto!...
Julio Herrera p Retssig.
(Uruguayo.)— 1873-1910.
95
EL ENOJO
Todo fué así: Sahumábase de lilas
y de heliotropo el viento en tu ventana;
la noche sonreía a tus pupilas,
como si fuera su mejor hermana...
Mi labio trémulo y tu rostro grana
tomaban apariencias intranquilas,
fingiendo, tú, mirar por la persiana,
y yo, soñar al son de las esquilas.
¡Vibró el chasquido de un adiós violento!...
Cimbraste a modo de una espada al viento;
y al punto en que iba a desflorar mi tema,
gallardamente, ea ritmo soberano,
desenvainada de su guante crema,
como una daga, me afrentó tu mano.
Julio Herrera y Reissig.
AMOR SÁDICO
Ya no te amaba, sin dejar por eso
de amar la sombra de tu amor distante.
Ya no te amaba, y sin embargo el beso
<ie la repulsa nos unió un instante...
Agrio placer y bárbaro embeleso
crispó mi faz, me demudó el semblante.
Ya no te amaba, y me turbé, no obstante,
como una virgen en un bosque espeso.
Y ya perdida para siempre, al verte
anochecer en el eterno luto,
— mudo el amor, el corazón inerte —
¡Huraño, atroz, inexorable, hirsuto...
Jamás viví como en aquella muerte,
nunca te amé como en aquel minuto!
Julio Herrera y Reissig.
96
EL JUEGO
Jugando al escondite, en dulce aparte,
niños o pájaros los dos, me acuerdo,
por gustar tu inquietud casi me pierdo,
y en cuanto a ti... problema era encontrarte...
Después, cuando el espíritu fué cuerdo,
burló mi amor tu afán en ocultarte...
Y al amarme a tu vez, en el recuerdo
de otra mujer me refugié con arte.
De nuevo, en la estación de la experiencia,
diste en buscarme, cuando yo en la ausencia,
suerte fatal, me disfracé de olvido...
Por fin, el juego ha terminado... Trunca
tu vida fué... Tan bien te has escondido,
que, vive Dios, no nos veremos nunca...
Julio Herrera y Reissig.
YO SOY CRUEL AMOR...
Yo soy, cruel amor, el que has traído
con vanas esperanzas engañado,
y quien había de haber escarmentado
ya en los propios males que ha sufrido.
Yo soy quién tus mentiras ha creído,
y aquel que por creellas ha llegado
a ser contigo el más desventurado
de cuantos tus banderas han seguido.
Pero si en todo el tiempo que viviere
tornare a tu poder, que en él me vea
muriendo por quien más aborreciere.
Y porque mi jurar más firme sea,
que si jamás, amor, yo te creyere,
quien causare mi mal, no me lo crea.
Diego Hurtado de Mendoza,
(Español.)— 1503-1675.
CATORCE VERSOS
Pedís, Reina, un soneto; ya le hago;
ya el primer verso y el segundo es hecho;
si el tercero me sale de provecho
con otro verso en un cuarteto os pago.
Si llego al quinto; ¡España! ¡Santiago!
¡Fuera! que entro en el sexto. ¡Si, buen pecho!
Si del séptimo salgo, gran derecho
tengo a salir lucido de este trago.
Ya tenemos a un cabo los cuartetos;
¿qué me decís, señora? ¿no ando bravo?
Mas sabe Dios si temo los tercetos.
Y si con bien este soneto acabo,
nunca en toda mi vida más sonetos;
¡ya deste, gloria a Dios, he visto el cabo!
Diego Hurtado de Mendoza.
CUAL LA MUJER DE LOT
Un perfume de amor me acompañaba.
Volvía hacia mi aldea, de la cita,
bajo la paz suprema e infinita
que el ocaso en el campo destilaba.
En mis labios ardientes aleteaba
la caricia final, pura y bendita,
y era como una alegre Sulamita
que a su lar, entre trigos, regresaba.
Y al llegar a un recodo del camino,
tras el cual queda oculto ya el molino,
el puente y la represa bullidora,
volví atrás la cabeza un breve instante
y bajo el tilo en flor ¡vi a mi amante
que besaba en la sien a una pastora!
Juana de Ibarbourou.
(Uruguaya.) — Contemporánea.
98
AMEMONOS
Bajo las alas rosa de este laurel florido
ámemenos. El viejo y eterno lampadario
de la luna, ha encendido su fulgor milenario
y este rincón de hierba tiene calor de nido.
Ámemenos. Acaso haya un fauno escondido
junto al tronco del dulce laurel hospitalario
y llore al encontrarse sin amor, solitario
mirando nuestro idilio frente al prado dormido.
Ámemenos. La noche clara, aromosa y mística
tiene no se qué dulzura cabalística.
Somos grandes y solos sobre el haz de los campos
Y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos
con estremecimientos breves como destellos
de vagas esmeraldas y extraños crisolampo».
Juana de Ibarbouram»
LA PROMESA
►Todo el oro del mundo parecía
diluido en la tarde luminosa!
Apenas un crepúsculo de rosa
la copa de los árboles tenía.
Un imprevisto amor, mi mano unía
a tu mano, morena y temblorosa.
¡Eramos Booz y Ruth ante la hermosa
era que circundaba la alquería!
— ¿Me amarás? — murmuraste. Lenta y grave
vibró en mis labios la promesa suave
de la dulce, la amante moabita.
Y fué como un ¡amén! en eae instante,
•1 toque de oración, que alzó vibrante
la rítmica campana de la ermita.
Juana de Iharhourou.
99
LEVANTÓME A LAS MIL...
Levantóme a las mil, como quién soy.
Me lavo. Que me vengan a afeitar,
traigan el chocolate; y a peinar.
Un libro... Ya leí... Basta por hoy.
Si me buscan, que digan que no estoy...
Polvos... Venga el vestido verdemar...
¿Si estará ya la misa en el altar?
¿Han puesto la berlina? Pues me voy.
Hice ya tres visitas. A comer...
Traigan barajas. Ya jugué. Perdí...
Pongan el tiro. Al campo; y a correr...
Ya doña Eulalia esperará por mí...
Dio la una. A cenar, y a recoger,
¿Y es éste un racional? — Dicen que sí.
Tomás de Iriarte.
(Español.)— 1750-1791.
A L^NA DAMA MUY ABRIGADA
En tiempo de la suave primavera
mediana es de tu escote la abertura;
entra el fogoso estío y con soltura
descubierto tu seno persevera;
llega del año la estación tercera
y ya se estrecha un poco la clausura;
el duro invierno sigue, y tú más dura
encubres, Fili, la garganta entera.
Reniego yo del temple madrileño
en que el invierno empieza tan temprano;
(suele probarme mal, que soy isleño);
y pues el socorrerme está en tu mano;
aunque es Noviembre, espero, hermoso dueño
me regale» un día de Verano.
Tomdis de Iriarie,
100
I FRESCA ARBOLEDA DEL JARDÍN SOMBRÍO!.
¡Fresca arboleda del jardín sombrío,
clara fuente, sonoras avecillas,
verde prado que esmaltas las orillas
del celebrado y anchuroso río!
¡ Grata aurora que viertes ya el rocío
por entre nubes rojas y amarillas,
bello horizonte de lejanas villas,
aura blanda que templas el estío!
¡O soledad! quién puede te posea:
que yo gozara en tu apacible seno
el placer que otros ánimos recrea;
si tu silencio y tu retiro ameno
más viva no ofrecieran a mi idea
la imagen de la ingrata por quien peno.
Tomás de Iriarte.
A MI PATRIA
Dos leones del desierto en las arenas,
de poderosos celos impelidos,
luchan lanzando de dolor bramidos
y roja espuma de sus fauces llenas.
Rizan, al estrecharse, las melenas,
y tras nube de polvo confundidos,
vellones dejan, al rodar, caídos,
tintos en sangre de sus rotas venas.
La noche allí los cubrirá lidiando...
Rugen aún... Cadáveres la aurora
sólo hallará sobre la pampa fría.
Delirante, sin fruto batallando,
el pueblo dividido se devora;
¡y son leones tus bandos, patria mía!
Jorge IsaacM. i
(Colombiano.)— 1837-1895.
101
OH RIQUEZA INFERNAL...
Oh riqueza infernal, oh idolatrada
mina de los mortales corazones,
cebo vil de apetitos y pasiones,
enemiga del hombre declarada.
Tú la austera virtud, tú la reglada
modestia santa de ínclitos varones
desterrastes a bárbaras regiones,
por quedar en la nuestra entronizada.
Por ti los vicios reinan, las costumbres,
manchadas da impresiones peregrinas,
el lustre pierden del candor primero;
y a la pérfida luz de tus vislumbres,
el poseer las prendas más divinas
importa menos que el tener dinero.
Frap Juan I ferian de A y ala. (1)
(Español.)— Siglo XVIII.
¡TODO MUERE!
Muere el ave gentil de raudo vuelo
que en el espacio se mantiene y gira:
muere el pez que en el seno azul respira;
muere el rico ambicioso con su anhelo;
muere el pobre, y su afán y su desvelo.
y morirán mis versos y mi lira...
¡Sólo en la muerte la igualdad se mira,
que a todos cubre con su negro velo!
Pero aunque todo muere, cosa extraña,
hay dos seres que, libres y seguros,
se encuentran hoy de la fatai guadaña,
causándome con ello mil apuros:
I mi suegra que me aburre y que me araña,
y un inglés a quien debo treinta duros!
José Jackson Vepán.
(Español.) — Contemporáneo.
(1)— Uno de los fundadores de la Real Academia Es-
pañola. (6de Julio de 1713.)
102
MEDIOEVALES
Villano, trovador, fraile o guerrero,
con hoz, breviario, bandolin o espada,
fuera hermoso vivir en la pasada
heroica edad de corazón de acero.
¡Fuera hermoso, en verdad! Si fraile austero
ver a Dios con extática mirada;
llevar por la esperanza constelada
y la fe, el alma, si infeliz perchero.
Si trovador, en el feudal castillo
cantar guerras y amor, al suave brillo
de los ojos de hermosa castellana:
combatir, si guerrero, noche y día,
asaltar, lanza en mano, una abadía,
o acuchillar la hueste musulmana.
Ricardo Jaimes Freiré,
(Boliviano.) '
LOS HÉROES
Por sanguinario ardor estremecido,
hundiendo en su corcel el acicate,
lanza el bárbaro en medio del combate
su pavoroso y lúgubre alarido.
Semidesnudo, sudoroso, herido,
de intenso gozo su cerebro late,
y con su escudo al enemigo abate
ya del espanto y del dolor vencido.
Surge de pronto claridad extraña,
y el horizonte tenebroso baña
un mar de fuego de purpúreas ondas,
y se destacan, entre lampos rojos,
los anchos pechos, los sangrientos ojos
y las hirsutas cabelleras blondas.
Ricardo Jaimes Freiré.
IOS
*Je meurs ou je m'attache»
Deja que empolve tu cabeza blonda
¡oh, mi amada, maligna y hechicera!
«eras, bajo la nivea cabellera,
una joven duquesa de la Fronda.
Inconstante y fugaz, como la onda^
te llevó tu capricho a mi ribera:
yo sentí florecer tu primavera
6obre mi pena, misteriosa y honda.
Y pues mi cielo tu sonrisa irisa,
haz que sus alas, en gentil sonrisa,
el ave roja de tus labios tienda...
Aunque después me hieran tus desvíos,
acuñaré en tu honor los versos míos,
con tu busto ducal y tu leyenda.
Ricardo Jaimes Freiré.
JUEZ QUE CULPAS ENORMES NO CORRIGES...
Juez, que culpas enormes no corriges,
y la virtud condenas y aborreces;
tú que en la agena dicha te entristeces
y el daño ageno por alivio eliges;
invidia, que traidoras almas riges,
y a tu pesar, si el ánimo embraveces,
ftl invidiado honoras y engrandeces,
y al invidioso con ahinco afliges;
hacer podrás de tu veneno empleo,
turbando el pecho que mis obras culpa,
que en mí no alberga de tu fuego indicio;
y otra mayor venganza no deseo
del que me invidia, que su propia culpa,
donde es castigo de sí mesmo el vicio.
Juan de Jáuregui y Aguilar.
(Español.)— 1570-1650.
104
JAMAS POR LARGA AUSENCIA...
Jamás por larga ausencia, amada Flora,
sentir podrá mi fe mudanza alguna,
bien que me engolfe y lleve la fortuna
por la remota mar hircana o mora.
Si en cada espuma que levanta agora,
brillando el agua al rayo de la luna,
naciesen Venus ciento, y cada una
fuese de un nuevo amor engendradora;
y éstos y aquéllas con igual denuedo
cuidasen aumentar el fuego mío,
ni se aumentara, ni mi fe creciera;
y aunque de acrecentalla desconfío,
▼ivo en eterno afán, porque no puedo
quereros tanto como yo quisiera.
Juan de Jáuregui y Aguilar.
VAMONOS A SOÑAR AL JARDÍN...
Vamonos a soñar al jardín solitario...
Allí, bajo el boscaje de laurel, las violetas
y las rosas perfuman un místico sagrario
hecho para las novias de los tristes poetas.
Ha nacido la luna, y su niveo sudario
inunda de tristeza las lejanas siluetas...
y al frescor de la brisa nocturna, el incensario
de la tierra embriaga las soledades quietas.
Vamonos a soñar bajo el tibio boscaje
de laurel; las guirnaldas dei argénteo ramaje
dejan ver lo infinito de los cielos profundos...
Enlazadas mis manos en tus manos de nardo,
estaremos la noche mirando el dulce y tardo
titilar somnoliente de los lejanos mundos.
Juan Ramón Jiménez.
(Español.) — Conteraporáne».
10$
MUJER CELESTE
Trocada en blanco toda la hermosura
con que ensombreces la naturaleza,
te elevaré a la clara fortaleza,
torre de mi ilusión y mi locura.
Allí, candida rosa, estrella pura,
me dejarás jugar con tu belleza...
Con cerrar bien los ojos, mi tristeza
reirá, pasado infiel de mi ventura.
Mi vivir duro así será el mal sueño
del breve día; en mi nocturno largo,
«era el mal sueño tu cruel olvido;
desnuda en lo ideal, seré tu dueño;
se derramará abril por mi letargo
y creeré que nunca has existido.
Juan Ramón Jiménez.
CORAZÓN ROTO
Creí que el pobre corazón ya estaba
compuesto para siempre. Me lo había
atado con las cuerdas de poesía
de mi lira alta y pura. Comenzaba
a florecer, por donde yo pasaba,
nueva y gentil, la primavera mía;
sueños de paz y cantos de alegría
la luz del sol en mi rincón entraba.
Entre las rosas, tú te apareciste,
como siempre reidora e inconstante,
salvando redes y tendiendo lazos...
El mirar noble se me puso triste,
y el mal atado corazón amante
se me quedó, otra vez, hecho pedazo».
Juan Ramón Jiménez.
10$
OFRENDA
Sobre una tumba dejo mi primer armonía:
consagro a una memoria mi lírica cosecha
y a modo de un sincero creyente debería
poner aquí una piedra y una cruz y una fecha.
He sido el jardinero de la Planta de un Día,
su recuerdo fragante me sostiene en la brecha
y deja en lo más hondo de mi melancolía
algo como la triste vibración de una endecha.
He sufrido. Y a veces, en dolor solitario
cuando nadie presencia su penoso calvario
mi corazón indómito una lágrima vierte;
y se abisma en el limbo de su vida precaria
y repite de hinojos su cristiana plegaria
y ruega por un alma que le quitó la muerte.
Luís María Jordán.
(Argentino.) — Contemporáneo,
A LA MAÑANA
Ven, ceiiida de rayos y de flores
la rósea frente, ¡oh plácida mañana!
Ven, ven, y ahuyenta con tu faz galana
la perezosa noche y sus horrores;
ven y vuelve a los cielos sus ardores,
su frescura a la tierra y su temprana
gloria a mi pecho en Ciori soberana;
en Clori, mi delicia y mis amores.
Ven, ven; que si piadosa me escucharea,
yo te alzaré un altar sobre ei florido
suelo, que honrare, Ciori, con su planta;
y en él después te ofrecerá a millares
las víctimas, mi pecho agradecido,
y ios devotos himnos mi garganta.
Gaspar Melchor de Jovellanos,
(Español.)— 1744-1815.
107
EN LA VELADA
Para ahuyentar mis lágrimas sombrías,
que el alma intenta reprimir en vano,
risueña avanzas al brillante piano
y evocas los recuerdos de otros días.
Traduces las sublimes melodías,
obra inmortal del genio soberano,
y a los conjuros de tu blanca mano
se llenan los espacios de armonías.
Escuchando sus ecos singulares
que vagan por los ámbitos perdidos,
63 disipan mis tétricos pesares,
y quedan mis potencias y sentidos
pendientes de tus lánguidos cantares,
en cascadas de perlas convertidos.
Plácido Langle Moya.
(Español.)
LA CASTELLANA
¡Noche de azul y nácar, noche fría!
ahí, en el marco de ojival ventana,
está la hermosa noble castellana
detrás de la discreta celosía...
Fija la vista ansiosa, por la vía
que a su castillo va... y escucha ufana
el eco de una cítara lejana
que lleva el viento en lánguida armonía...
Filtra sus rayos pálidos la luna
por entre el melancólico írondaje.
¡oh medioeval, fresca y galana!
Y bendice la dama su fortuna,
pues llega el trovador, y en homenaje
un beso da a la hermosa castellana...
Francisco de P. Lasso de la Vega,
108
(Español. )—Contemporáneo.
RENUNCIAMIENTO
Estas tardes frías de nublado ceño
escuchando el cierzo que mi puerta rasa,
siento un ansia viva de quedarme en casa,
con una indolencia de hastio nordeño.
Me echaría al lado de la roja brasa
y me haría el muerto para todo empveño,
oculto debajo de un ala del Sueño,
sin sentir los pasos del tiempo que pasa.
Y vería el fuego con fijeza triste,
para anestesiarme con mi descontento
contra lo que existe, por lo que no existe,
y olvidarlo todo, como cosa inerte:
mi ser, mi destino y el duro tormento
de toda la vida con toda la muerte.
Roberto Ledesma.
(Argentino) . — Contemporáneo.
MI SOL
Al descender sobre la mar tranquila,
que del cielo a los límites se encumbra,
media esfera dejando en la penumbra
como inmenso topacio el sol rutila.
Miróle audaz, y mi atención vacila
y un infierno de rayos me deslumhra;
cierro los ojos, y aún tenaz relumbra,
como un ojo de fuego, en mi pupila.
Miro, así, tu hermosura tentadora,
que, mi vista al herir, relampaguea
y me ofusca y me ciega... Luego en calma
los ojos al cerrar, deslumbradora
todavía tu imagen centellea,
como ««pléndido sol, aquí, en el alma.
Germán Leguia y Martínez.
(Peruano.)
108
AMOR CASI DE UN VUELO ME HA ENCUMBRADO...
Amor casi de un vuelo me ha encumbrado
adonde no llegó ni el pensamiento;
mas toda esta grandeza de contento
me turba y entristece este cuidado;
que temo que no venga derrocado
al sueio por faltarle fundamento;
que lo que en breve sube en alto asiento,
«uele desfallecer apresurado.
Mas luego me consuela y asegura
al ver que soy, señora ilustre, obra
de vuestra sola gracia, y en vos fío:
porque conservaréis vuestra hechura,
mis faltas supliréis con vuestra sobra,
y vuestro bien hará durable el mío.
Fray Luís de León.
(Español.)— 1537-1591.
CUANDO ME PARO A CONTEMPLAR MI VIDA...
•
Cuando me paro a contemplar mi vida
y echo los ojos con mi pensamiento
a ver los lasos miembros sin aliento
y la robusta edad enflaquecida,
y aquella juventud rica y florida
cual llama de candela en presto viento,
batida con tan recio movimiento
que a pique estuvo ya de ser perdida,
condeno de mi vida la tibieza
y el grande desconcierto en que he andado,
que a tal peligro puesto me tuvieron,
y con velocidad y ligereza
determino de huir de aqueste estado
do mis continuas culpas me tuvieron.
Frap Luís de León.
110
I OH, cortesía, oh dulce ACOGIMIENTO!...
¡Oh cortesía, oh dulce acogimiento,
oh celestial saber, oh gracia pura,
oh de valor dotado y de dulzura,
pecho real y honesto pensamiento!
¡Oh luces del amor querido asiento,
oh boca donde vive la hermosura,
oh habla suavísima, oh figura
angélica, oh mano, oh sabio acento!
Quién tiene en solo vos atesorado
su gozo y vida alegre y su consuelo,
6u bienaventurada y rica suerte:
cuando de vos se viere desterrado,
¡ay! ¿qué le quedará si no es recelo,
y noche y amargor y llanto y muerte?
Fray Luís de León.
A LAS EXEQUIAS DE LA REINA DOÑA ANA
(Soneto en eco)
Mucho a la Majestad Sagrada agrada
que atienda a quién está el cuidado dado,
que es el reino da acá pintado estado,
pues es al fin de la jornada, nada.
La silla real por afamada amada,
el más sublime al más pintado hado
se ve en sepulcro encarcelado helado,
6U gloria al fin por desechada echada.
El que ve lo que acá se adquiere, quiere,
y cuanto la mayor ventura tura,
tiene que a reina tal sotierra tierra,
y si el que ojos hoy tuviere, viere,
pondrá, ¡oh mundo!, en tu locura, cura,
pues el que fía en bien de tierra, yerra.
Fray Luís de Lean.
111
LA HORA DE LA MUERTE
Sacúdeme, Señor; haz que despierte
de esta vieja cordura empedernida.
Tome el alma tu cruz, mi alma nacida
para algo grande, peregrino y fuerte.
Dame, Señor, que en la locura acierte
pues fracasé con la razón por brida;
ya que no supe granjear la vida,
sepa a lo menos conquistar la muerte.
Muerte y vida, paciencia y heroísmo
son a la luz de lo inmortal, lo mismo,
y ambos, del corazón ejecutoria.
La locura es mi fe, no la prudencia.
Saber vivir, es arte de paciencia:
pero saber morir, ciencia de gloria.
Ricardo León.
(Español.) — Contemporáneo.
LA HORA mística
¡Toma mi corazón! A tu saeta
rindióse al cabo, en la batalla herido.
¡Mírale como está! ¡Cuan dolorido!
¡Bien declara. Señor, que es de poeta!
Sufrió el embate de la vida inquieta,
y en sangre, en polvo y en sudor transido,
como en la lid el militar vencido,
rindo la espada a tu merced sujeta.
¡Toma mi corazón! Puro, inocente,
vaso de gracia de tu dulce fuente,
cuando nací. Señor, tú me lo diste.
Mas yo, tan duro, codicioso y ciego
no lo supe guardar, y hoy te lo entrego
tarde y con daño, envilecido y triste.
Ricardo León»
ta
PLUMA POR PICOTA
Cuando mi padre, en mi niñez dorada,
cogia de su acero toledano
el fino puño en la robusta mano,
mano de Campeador, rubia y tostada,
¡con qué brío mi mano delicada,
mano de infante, el hierro castellano
le disputaba entonces! j cuan ufano
blandía yo la vencedora espada!
Todo aquello acabó como la espuma.
Ya no tengo más arma que una pluma
en la que el hierro paternal se embota;
negra picota en que por ruin alarde
vengo a poner mí juventud cooarde,
mi hogar en ruinas y mi espada rota.
Ricardo León.
ALCALÁ DE LOS ZEGRIES
Lector: este es el pueblo peregrino
que con su espada fatigó la tierra
y abrió surco en el mar; pueblo de guerra,
de casta mora y de blasón latino.
Leyó en los astros su caudal destino,
ganó la cumbre, traspasó la sierra
y aún forzó el alto término que cierra
de la humana ambición todo camino.
Pueblo orgulloso, apasionado y fuerte,
o batalla sin pulso y sin medida
o se abandona a la pereza inerte.
Nunca acertó a vivir: es un suicida
que, abrasado en las fiebres de la vida,
para saciar su sed, busca la muerte...
Ricardo León.
118
DIME, PADRE COMÚN, PUES ERES JUSTO...
«Dime, padre común, pues eres justo,
¿Por qué ha de permifir tu providencia
que, arrastrando prisiones la inocencia,
suba la fraude a tribunal augusto?»
«¿Quién da fuerzas al brazo que robusto
hace a tus leyes firme resistencia,
y que el celo que más las reverencia
gima a los pies del vencedor injusto?»
«Vemos que vibran victoriosas palmas
manos inicuas, la virtud gimiendo
del triunfo en el injusto regocijo.»
Esto decía yo, cuando riendo
celestial ninfa apareció y me dijo:
«¡Ciego! ¿Es la tierra el centro de las almas?»
Bartolomé Leonardo de Aigensola.
(Español).— 15C6-1631.
FABIO, PENSAR QUE EL PADRE...
Fabio, pensar que el Padre soberano
en esas rayas de la palma diestra
(que son arrugas de la piel) te muestra
los accidentes del discurso humano
es beber con el vulgo el error vano
de la ignorancia, su común maestra,
bien que confieso que la suerte nuestra,
mala o buena, la puso en nuestra mano.
Di, ¿quién te estorbará el ser rey, si vives
sin envidiar la suerte de los reyes,
tan contento y pacífico en la tuya,
que estén ociosas para ti sus leyes,
y cualquier novedad que el cielo influya
como cosa ordinaria la recibes?
Bartolomé Leonardo de Argensola,
114
NI OPINIÓN, CARLOS, NI ESPERANZA FUNDO.
Ni opinión, Carlos, ni esperanza fundo
en los aplausos que el favor derrama;
¿quién los aprueba o sus lisonjas ama,
por más que en bronce las escriba el mundo?
Si rotas por el tiempo vagabundo,
muere el hombre otra vez cuando su fama,
¿son más que esfuerzos de una débil llama,
que turbia cesa en el morir segundo?
Y si el no conocerse es el abismo
de todo error, y cunde sin mudanza
una vez en los ánimos impreso,
¿buscaré mi verdad en mi alabanza?
¿ Cuándo has visto volver con buen suceso,
a quien se busca fuera de si mismo?
Baríolomc Leonardo de Argcnsola.
YA EL ORO NATURAL CRESPES O EXTIENDAS.
Ya el oro natural crespes o extiendas,
o a componerlo con industria aspires:
lucir sus lazos o sus ondas mires,
cuando libre a tus damas lo encomiendas:
o ya, por nueva ley de amor, lo prendas
entre ricos diamantes y zafires,
o bajo hermosas plumas lo retires,
y el traje varonil fingir pretendas:
búscate Adonis, por su Venus antes,
por su Adonis te tiene ya la diosa;
y a entrambos los engañan tus cabellos:
mas yo en la misma duda milagrosa,
mientras se hallan en ti los dos amantes,
muero por ambos, y de celos de ellos.
Bartolomé Leonardo de Argensola,
115
YO OS QUIERO CONFESAR, DON JUAN, PRIMERO..
Yo os quiero confesar, don Juan, primero,
que aquel blanco y carmín de doña Elvira
no tiene de ella más, si bien se mira,
que el haberle costado su dinero.
Pero también que me confieses quiero,
que es tanta la beldad de su mentira,
que en vano a competir con ella aspira
belleza igual de rostro verdadero.
Mas ¿qué viucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así naturaleza?
Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo, ni es azul, i Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!
Lupercio Leonardo de Argensola.
(Español.)— 1563-1613.
ESTE PROLIJO Y TENEBROSO DÍA...
Esíe prolijo y tenebroso dia,
el cual con piedra negra noíar quiero,
memoria es dignamente del primero
de mi vida, si es vida aquesta mía.
Entonces lo lloraba en profesía,
y de su soledad tomando agüero,
en tan. o que viviere ya no espero
tener en él sucesos de alegría.
Odioso me será, y odioso sea
al cielo y a la tierra eternamente,
pues en él se me esconde Calatea.
Entre las noches lóbregas se cuente,
y en él ninguna acción jamás se vea
digna de que la fama la sustente.
Lupercio Leonardo de Argensola.
118
IMAGEN ESPANTOSA DE LA MUERTE...
Imagen espantosa de la muerte.
Sueño cruel, no turbes más mi pecho,
mostrándome cortado «1 nudo estrecho,
consuelo solo da mi adversa suerte.
Busca de algún tirano el muro fuerte,
de jüvSpe las paredes, de oro el techo;
o al rico avaro en el angosto lecho
haz que temblando con sudor despierte.
El uno vea el popular tumulto
romper con furia las herradas puertas,
o al sobornado siervo el hierro oculto.
El otro sus ricjuezas descubiertas
con llave falsa o con violento insulto;
y déjale al amor sus glorias ciertas.
Lupercio Leonardo de Argensola.
EL POETA Y EL VULGO
Al altanero y encumbrado pino
dijole un día la rastrera grama:
— ¿Por qué tan orgulloso alzas tu rama
cuando no alfombras como yo el camino?
Y él respondió: — Yo doy al peregrino
ftombra, cuando su luz el sol derrama,
y cobijo las flores cuando brama
el ronco y desatado torbellino.
Asi el vulgo al poeta gritó un día:
— ¿Por qué miráis indiferente al suelo?
¿Qué hacéis? ¿Quién sois? — Y el bardo respondía:
— Soy más que tú, porque tal vez recelo
que sólo de mi canto a la armonía
comprendes que hay un Dios y que hay un cielo.
Eusebio Lillo.
(Chileno.) — 1826-1900.
117
LA ENVIDIA
Dulce es a la codicia cuando alcanza
doblar el oro inútil, que ha escondido;
dulce al ainor, feliz o desvalido,
meditar ya el placer, ya la esperanza.
Dulce es también a la feroz venganza,
que no obedece al tiempo ni ai olvido,
los sedientos rencores que ha sufrido
apagar entre el fuego y la matanza.
A un bien aspira todo vicio humano;
teñida en sangre, la ambición impía
sueña en el mando y el laurel glorioso.
Solo tú, envidia horrenda, monstruo insano,
ni conoces ni esperas la alegría;
que, ¿dónde irás que no haya un venturoso?
Alberto Lista.
(Español.)— 1775-1845.
QUE IMPORTARA QUE EL AVARIENTO COBRE...
¿ Qué importará que el avariento cobre
oro a quintales, perlas ciento a ciento,
si la sed misma de que está sediento
le obliga siempre a que ruindades obre?
Más rico que ese rico es aquel pobre
que, de ambición y de codicia exento,
hace que lo que falta al avariento,
como no lo apetece, a si le sobre.
Las riquezas el uno desestima,
el propio engaño al otro lisonjea;
me agrada aquél cuanto éste me lastima.
Pues ¿quién será tan ciego, que no vea
que éste es siervo del oro, pues le estima,
y aquél señor de sí, pues no desea?
Eugenio Gerardo Lobo,
118 (Español.)— 1679-1750.
VUÉLVESE SOMBRA OSCURA...
Vuélvese sombra oscura el claro cielo,
eclipsa el limpio sol sus resplandores,
viste la luna pálidos horrores,
rásgase todo del santuario el velo.
El líquido raudal se torna en hielo,
mustias fallecen del jardín las flores,
medrosos callan cisnes, ruiseñores,
monstruos arroja de su centro el suelo.
El aire pavoroso da bramidos,
en sus quicios la tierra se estremece,
el mar sediento los peñascos sorbe.
Rómpense escollos, fieras dan rugidos;
¡Qué confusión! ¡Qué horror! O Dios padece,
o se acaba la máquina del orbe.
Eugenio Gerardo Lobo.
TRONCO DE VERDES RAMAS...
Tronco de verdes ramas, despojado,
que albergue en otra edad fuiste sombrío,
y estás hoy al rigor de Enero frío,
tanto más seco cuanto más mojado.
¡Dichoso tú, que en ese pobre estado
aún vives más feliz que yo en el mío!
¡Infeliz yo, que triste desconfio
poder ser, como tú, de otro envidiado!
Esa pompa que ahora está marchita,
por aquella estación florida espera,
que aviva flores, troncos resucita.
Forma el año su giro, y lisonjera
la primavera a todos os visita;
sólo para mi amor no hay primavera.
Eugenio Gerardo Lobo,
119
COMO EN LAS FLORES DEL JARDÍN AMENO...
Como en las flores del jardín amea»
oculto vive el áspid encerrado,
y en el pie que le pisa descuidado
6U diente clava, escupe su veneno;
así entre luces de esplendor sereno
vive, Marsia, tu amor disimulado,
de donde sale el rayo fulminado,
que produce las ansias en que peno.
Mi corazón, que en vano se defiend»
del rigor que en tus ojos se atesora,
mayor crueldad en ti probar pretende.
Vengativo es el áspid, tú traidora,
pues el áspid maltrata a quien le ofende,
y tú ofendes, j oh Marsia ! a quien te adora.
Eugenio Gerardo Lobo,
SOY ESPAÑOL
Luzco del mundo en la gentil pavana,
bajo el recio tahalí de mi tizona,
una cruz escarlata que os abona
mi abolengo de estirpe castellana.
Llevo en los hombros ferreruelo grana;
guío el mostacho a usanza borgoñona,
y mi blanca gorgnera se almidona
bajo mi crespa cabellera cana.
Tengo cien lanzas combatiendo en Flande»,
mil siervos en las faldas de los Andes,
calderas y pendón, horca y cuchillo,
un condado en la tierra montañesa,
un fraile confesor de la condesa,
diez corceles, cien pajes y un castillo.
Enrique López Alarcón.
(Español. )— Contemporáneo.
120
EL MADRIGAL DEL VENCIDO
Fui con don Sancho a Uclés, y he visto rot»
la flor de las leyendas castellanas;
y han chafado las armas mahometanas
la urdidumbre milanesa de mi cota.
Ni en Uclés fué tan dura mi derrota
como lo ha sido al pie de tus ventanas,
ni me arredran las lanzas africanas
como el desdén que en tus pupilas flota.
Yo he de ofrecerte de tu triunfo en prenda,
por si llego al rescate con la ofrenda,
y así en tributo acabará mi duelo,
sacarme el corazón del coselete,
pensarlo basta teñirme el guantelete
y engarzarlo a un joyel de tu mantelo.
Enrique López Alarcón,
AL oído
Déjame penetrar por este oído,
camino de mi bien el más derecho,
y, en el rincón más hondo de tu p>^cho,
deja que labre mi amoroso nido.
Feliz eternamente y escondido,
viviré de ocuparlo satisfecho...
¡De tantos mundos como Dios ha hech#,
este espacio no más a Dios le pido!
Ya no codicio fama dilatada,
bí el aplauso que sigue a la victoria,
ni la gloria de tantos codiciada...
Quitro cifrar mi fama en tu memoria;
quiero encontrar mi aplauso en tu mirada;
y en tus brazos de amo. toda mi gloria.
Adclardo López de Apala.
(Español.)— 1828-1879.
121
YO PERDONARA LA TRAICIÓN ARTERA...
Yo perdonara la traición artera,
huésped eterno de tu pecho ingrato,
si alguna vez en tu amoroso trato
me hubieras dicho una verdad siquiera.
i Yo perdonarte, inicua ! . . . Cuando adquiera
todos los bienes que te di insensato,
el ardor de mi candido arrebato,
el noble arranque de mi edad primera.
Pido al cielo que en cambio de tu calma
te dé mi pena, y que tu pecho herido
llore con sangre la perdida calma.
Mas ¡ay! en vano la venganza pido,
que estos males se sufren en el alma,
y tú, perversa, nunca la has tenido.
Adelardo López de Avala.
DICES QUE TU CONCIExNCIA...
Dices que tu conciencia te provoca
a decirme por fin lo sucedido;
que es verdad el recelo que he tenido
y con fulano me ofendiste loca.
¡Y me pides perdón! A mí me toca
el pedírtelo a ti, que injusto he sido,
porque nunca posible había creído
que una verdad saliera de tu boca.
¡ Y tú imaginas de dolor turbada,
que hoy mi desprecio con razón comienza,
cuando nunca te he visto tan honrada!
Mas no es extraño que el rubor te venza,
que el hacer algo bueno es humorada
que ha de costarte un poco de vergüenza.
Adelardo López de Ayala.
122
EL PICARO DE SIEMPRE
Humos tengo de rancia señoría
y el tronco soy da un árbol de nobleza,
al que arrancó la suerte la corteza
y el ansia de medrar la grosería.
Pulcro en dicción, el tonto a quien servía
ponderó mi donaire y agudeza,
mi frase justa, mi honda sutileza,
y mi dúctil y suave cortesía.
Maestresalas, lacayos, servidores
de escaleras abajo, dánme honores,
sólo el cristal, mofándose altanero,
me dice cuando paso ¡no lo creas!
nadie conseguirá que tú no seas
un hombre ruin, metido a caballero.
Leopoldo López de Saa,
(Español.) — Contemporáneo.
OLVIDARTE... JAMAS
Olvidarte... jamás; si tú imprudente
despreciaste mi amor, yo te perdono;
gigante lucho con el rudo encono
conque haces mofa de mi afán crecie^-o.
Hoy que ya mi dolor marca en la frente
las huellas de tu misero abandono,
en mi pecho por ti levanto un trono
más puro que la luz del sol naciente.
No te puedo olvidar; y si mañana
implacable la muerte me arrancase
del pecho esta pasión que crece pura,
quisiera que una flor cual tú galana
y puesta por tus manos, adornase
la piedra de mi humilde sepultura.
Emilio López Domínguez.
(Español.) — Contemporáneo.
123
¿QLE RESPLANDOR REMOTO?...
¿Qué resplaador remoto así te alumbra?
¿De dónde viene ese fulgor que baña
tu palidez de estampa en la penumbra
o que el ángel de la guarda te acompaña?
Cielo que no es el cielo azul celeste,
otro cielo más puro es el que miras.
Al contemplarte pienso que respira»
un musical ambiente que no es éste.
Tu ser, casi irreal, sensibiliza
el aire que circunda tu presencia
(aire como de sueño no soñado).
En tus silencios largos se eterniza
la callada inocencia
del ángel tutelar que va a tu lado.
Francisco Lófyez Merino.
(Argentino.)
VENUS VICTA
Pidiéndome la muerte, tus collar©*
desprendiste con trágica alegría,
y en su pompa fluvial la pedrería
se ensangrentó de púrpuras solares.
Sobre tus bizantinos alamares
gusté infinitamente tu agonía,
a la hora en que el crepúsculo surgía
como un vago jardín tras de los mares.
Cincelada por mi estro, fuiste bloque
sepulcral, en tu lecho de difunta;
y cuando por tu seno entró el estoque
con argucia feroz su hilo de hielo,
brotó un clavel bajo su fina punta
en tu negro jubón de terciopelo.
Leopoldo Lugones.
124 (Argentino.) — Contemporáneo.
EL PAÑUELO
Poco a poco, adquiriendo otra hermosura,
aquel ciclo infantil de primavera
6e puso negro, cual si lo invadiera
una sugestión lánguida y oscura.
Tenía algo de parque la espesura
del bosque, y en la pálida ribera,
padecia la tarde cual si fuera
algún ser fraternal en desventura.
Como las alas de un alción herido,
los remos de la barca sin consuelo
azotaron el piélago dormido.
Cayó la noche, y entre el mar y el cielo,
quedó por mucho tiempo suspendido
el silencioso adiós de tu pañuelo.
Leopoldo Lugones.
HOLOCAUSTO
Llenábanse de noche las montaíías,
y a la vera deJ bosque aparecía
la estridente carreta que volvía
de un viaje espectral por las campañas.
Compungíase ei viento entre las cañas,
y asumiendo la astral melancolía,
las horas prolongaban su agonía
paso a paso a través de tus pestañas.
La sombra pecadora a cuyo intenso
influjo, arde tu amor como el incienso
en apacible combustión de aromas,
miró desde los sauces lastimeros,
en mi alma un extravío de corderos
y en tu seno un degüello de palomas.
Leopoldo Lugones.
125
AMAPOLA
Con su saya de viejos brocateles
iba Clori sabrosa hacia las triilas,
y al verla entre las mieses amarillas
inflaban sus riñones los donceles.
Evocaban fandangos y rondeles
en las medias punzó sus pantorrillas,
y la sangre pintaba en sus mejillas
como una dehiscencia de claveles.
Sonó un beso... Los vahos del rastrojo
se fatigaban en la ardiente brisa;
y mientras Ciori con fingido enojo
sonreía, ajustando su camisa,
brotó un menudo pececito rojo
del trémulo coral de su sonrisa.
Leopoldo Lugones.
EL QUIJOTE
Con la crédula fe de los infantes
la humanidad por las edades vino,
glorias soñando en su inmortal destino
y quimeras grandiosas y brillantes.
Pero al fin en sus manos anhelantes,
rasgado el velo del ideal divino,
vio al mundo innoble, sórdido y mezquino;
y riendo de dolor surgió Cervantes.
Noble y altiva y a la par grotesca,
amasando la vida con su llanto,
alzó su ambigua estatua quijotesca...
Y del Manco doliente de Lepanto
la acerba carcajada gigantesca
oyen los siglos con secreto espanto...
Numa Pompilio Liona.
(Ecuatoriano.)— 1830-1907.
126
EL VALENTÓN
Es alto y fachendoso; tiene el rostro curtido
por las nieblas de Flandes y por el sol de Argel;
y en un mesón un día dejó muy mal herido
a un vizconde imprudente que osó mofarse de él.
En la ciudad murmuran que una muy noble dama
le ofrenda las fragantes flores de su pasión;
y en boca de las gentes circula un epigrama
que a tales amoríos compuso un poeta hampón.
Pero él ambula altivo; la mano en la tizona,
con el bigote erguido a usanza borgoñona,
despreciando a la chusma con un gesto ducal;
y tan sólo sonríen sus labios omniscentes
cuando dice en un corro de atónitos oyentes:
«...yo era entonces soldado de la Marina Real».
Juan José Llovet.
(Español) . — Contemporáneo.
DOÑA SOL
Su esposo, el muy hidalgo marqués de Valdeflores,
guerrea hace dos años bajo el cielo holandés,
y ella dando a poetas rufianes sus amores
respeta las ausencias del anciano marqués.
Los zapatos de un bravo chulo de mancebía,
hollaron las alfombras del camarín nupcial,
y lo más escogido de la truhanería
ha dormido en el viejo palacio señorial.
Y doña Sol sonríe, coqueta y atrayente,
cuando tras los cristales de su reja presiente
el chambergo abollado de un recio valentón;
y cuando se halla sola inclina la cabeza
y escribe, silenciosa, una carta que empieza:
«Esposo de mi alma y de mi corazón.»
Juan José Llovéis
127
ALFA Y OMEGA
Cabe la vida entera en un soneta
«mpezado con lánguido descuido,
y apenas iniciado ha transcurrido
la infancia, imagen del primer cuarteto.
Llega la juventud con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.
Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes, y, ansiosos, a mañana,
y asi el primer terceto malgastamos.
Y cuando en el terceto último entramo»
es para ver con experiencia vana
que se acaba el soneto... Y que nos vamos,
Manuel Machado.
(Español.) — Contemporáneo.
LA CORTE
El conde, orgullo y gloria, las damas galantea
y a ios nobles zahiere — madrigal y epigrama —
cuando un paje de lejos y por señas lo llama.
No lleva el paje escudo ni señorial librea.
— Venid — le dice quedo; — seguidme... ¡adonde sea!
Solo d;;ciros puedo que es hermosa la dama...
Mas a oscuras el sitio está donde se os llama,
y aún quiere que el camino desconocido os sea.
Duda un momento el conde, y recela, no en vano,
que siniestra emboscada aceche sus arrojos...
Ñlas, aferrando al cinto los dorados puñales,
al paje, que sonríe, resuelto da la mano...
Y el pajecillo rubio pone sobre sus ojos
un pañuelo bordado con las armas reales.
Manuel Machado.
128
LA PIEDRA FILOSOFAL
Cierto iluso alquimista en su demencia
buscando el transformar toscos metales
en fino oro, perdió con sus caudales
tiempo y salud, quedando en la indigencia.
Hallóse casualmente en la presencia
de otro, como él, afecto a pruebas tales,
mas que airoso mostraba en sus modales
holgura, robustez y complacencia.
— ¿Cómo es esto?, le dijo. ¿Has encontrado
la llave del secreto? — Ciertamente.
— ¿Me la podrás confiar? — Por de contado.
— ¿Y qué es aquello en fin? Di prontamente.
— No es más, repuso el otro por lo bajo,
que la honradez basada en el trabajo.
José Toribio Mansilla.
(Peruano.)
LA GLORIA
¡Oh, la gloria!, ¡la gloria! ¡Gran problema
que el nombre nunca descifrar podría!
De una ramera vil la nombradla
gloria da, como diera un buen sistema.
Gloria es buscar a la honradez emblema
con la torpe y falaz hipocresía:
gloria es lucir las galas que algún día
se arrebató del pueblo a la diadema.
La gloria verdadera no la encuentro:
se me escapa, resbala, y de repente
de un abismo tal vez me hailo en el centro.
La gloria suena en mi afligida mente;
mas si glorias queréis darme completas,
menos gloria, Señor, y... más pesetas.
Juan Toribio Mansilla.
120
LA lejanía
Cae la tarde... Quemadme en pebeteros
canela roja y sándalo oloroso;
tomadme el aire denso y especioso
con mirra y cinamomo en los braseros
Ardan en mi hosca intimidad los cueros
de los sillones grandes. Surja, ocioso
de algún rincón del hall esplendoroso
an negro de Numidia de ojos fieros.
Té de Ceylán en la fayenza roja
ponedme a hervir... Y abridme bien la puerta
y yo la vea, abierta, en los espejos...
A ver si logro, al fin, que se descoja
en este ornato, aparición incierta,
ta alma sutil, de la que estoy tan lejos...
Eduardo Marquina.
(Español.) — Contemporáneo.
CUANDO A SU DULCE OLVIDO...
Cuando a su dulce olvido me convida
la noche y en sus faldas me adormece,
entre el sueño la imagen me aparece
de aquella que fué sueño en esta vida.
Yo sin temor que su desdén lo impida
los brazos tiendo a! gusto que me ofrece,
mas ella ¡sombra al fin! se desvanece
y abrazo el aire donde está escondida.
Así burlado digo : « ¡ Ah falso engaño
de aquella ingrata que mi mal prociu'a.
Tente, aguarda, lisonja del tormento!»
Mas ella en tanto, entre la noche oscura
huye, corro tras ella... ¡Oh, caso extraño!
¿Qué pretendo alcanzar, pues sigo al viento?
Luís Martín de la Plaza.
i30 (Español.)— 1577-1635.
CUBIERTO ESTABA EL SOL...
Cubierto estaba el sol de un negro velo,
luchaba el viento con el mar hinchado
y él, en huecos peñascos quebrantado,
con blanca espuma salpicaba el cielo.
El ronco trueno amenazaba el suelo,
tocaba el rayo ai monte levantado,
y pardas nubes de granizo helado
el campo cobijaban con su hielo.
Mas luego que su clara luz mostraron
los bellos ojos que contento adoro,
y a quién el alba envidia los colores,
calmó el mar, calló el viento, se ausentaron
los truenos, pintó el sol las nubes de oro
vistióse el campo de olorosas flores.
Luís Martín de la Plaza.
LA CITA
Dejaste en el tibor de porcelana
el marchito bouquet y pensativa,
como una esclava de su amor cautiva,
te acercaste al cristal de tu ventana.
En un lago de ópalo y de grana
se fué ahogando la tarde y fugitiva,
como una inmensa lámpara votiva,
surgió la luna en la extensión lejana.
Un secreto rubor prendió sus dardos
en tu alma virginal, porque los nardos
de tus mejillas se tornaron rojos
cuando Sileno, heraldo mensajero,
vino a besar con su fulgor primero,
las húmedas turquesas de tus ojos.
Salvador Martínez /Alomia.
131
MIS PENAS
Pasa fugaz la alegre primavera,
rosas sembrando y coronando amores;
y el seco estío, deshojando flores,
haces apiña en la tostada era;
mas la estación a Baco lisonjera
torna a dar vida a campos y pastores;
y ya el invierno anuncia sus rigores,
al tibio sol menguando la carrera.
Yo una vez y otra vez vi en Mayo rosas,
y la mies ondear en el estío;
vi de otoño las frutas abundosas,
y el cielo estéril del invierno impío;
vuelan las estaciones presurosas...
¡Y sólo dura eterno el dolor mío!
Francisco Martínez de la Rosa.
(Español.)— 1789-1862.
LA CURVA QUE DEFINE TU ELEGANCIA...
La curva que define tu elegancia,
en una firme ondulación se apresta
cuando incendian las llamas de la puesta
de rojos resplandores ia distancia.
Sobre el carmín damasco de la estancia
se desangra el crepúsculo y asesta
la estocada de un haz bermejo en esta
visión de sombras que el espejo escancia.
Y entre el vivo fulgor de los metales
y el agrio chispear de los cristales
que reflejan los fuegos del ocaso,
tu figura quimérica se mueve,
en el granate del sofá de raso,
con una fría insinuación de nieve.
José Martínez Jerez.
132
(Español.) — Contemporáneo.
ADORACIÓN
¡Soy tuyo, todo tuyo! Ni un momento
lo que por ti, por otras he sentido,
y a tu solo recuerdo, el extinguido
calor del alma reanimado siento.
Tú infundes a mi espíritu su aliento
y cuando me hallo enfermo y abatido,
es tu candido amor el dulce nido
donde va a descansar mi pensamiento.
Por ti vivo, por ti la ardiente idea
que en mi cerebro bulle y se elaoora,
en mi frente y mis ojos centellea;
y hasta mi estrofa, rítmica y sonora,
cual raudal que entre flores serpentea,
besa tus plantas y tu sombra implora.
Domingo Martino.
(Argentino.)— 1859-1898.
NEVER MORE
Calmados los deseos, la juventud perdida,
la carne sosegada, tranquilo el corazón,
iba yo por el mundo buscando la escondida
senda que fué el encanto de Fray Luís de León.
Y de pronto viniste a perturbar mi vida,
a sacudir mis nervios con nueva crispación,
a dar otra vez brotes a la rama aterida,
ardores a la sangre y aliento a la ilusión.
Y ahora que ya te tengo, la angustia de no verte,
siempre el miedo constante y horrible de perderte,
penear que vas a irte y que no volverás.
Sentir dentro del ^echo esta duda que roe
y oir a todas horas aquel cuervo de Poe
que repite implacable: Nunca. Nunca... ¡Jamás!
Pedro Mata.
(Español.) — Contemporáneo.
133
NADA MAS
Negros los ojos, de mirar proíundo.
Roja la boca como abierta herida,
macizo el cuello, la cabeza erguida
y erguido el pecho de perfil rotundo.
Un corazón muy grande y un Jocund»
sentido del Amor y de la Vida,
y un alma que se abre estremecida
a los ensueños líricos del mundo.
No aapiro a nada más. Toda mi gloria
la cediera feliz si de mi historia
borrada del olvido en el secreto
sólo quedara este recuerdo grato:
a una mujer amé: he aquí ci retrato;
un soneto escribí: he aquí el soneto.
Pedro Mata.
LA NAVE ROMPIDA
Cubierta de lucidas banderolas,
la nave indiana el rumbo a España gira;
entra en el golfo, y proceloso mira
trepando el mar las naves españolas.
Allí, por escapar las vidas solas,
mas mira al cielo que al «amaina y Tira»,
y, últimamente, la esperanza espira
en competencias las montañas de ola».
Mas sirve de consuelo que se lanza
al dulce puerto por el golfo incierto
y que las gozas mientras no la alcanza;
pero ha sido en mi grave desconcierto,
la desdicha mayor de mi esperanza,
romper la nave sin salir del puerto!
Jaan de Matos Fragoso.
(Español.)-1630-1692
134
A N D A L U C IA
Mora y gitana en su mansión de flore»
bajo un cielo de rauda pedrería,
la reina del jolgorio y la armonía
yace, gallarda, provocando amores.
Huertos, zambras, mantillas, resplandore»,
patios, rejas y besos y alegría...
¡Toda la luz la tiene Andalucía,
marinera o serrana, en sus colores!
Tierra de sol, de aroma y panderetas
lira meridional con sus poetas
sonrisas del vivir con sus manólas...
Y en su cordaje de inmortal guitarra,
si ella ríe de amor también desgarra
todo el tul de las penas españolas.
José de Matar ana.
(Argentino.)— 188<-1917.
LOS OJOS NEGROS
Somos como un caliente paisaje al mediodía,
«omos como una selva fatídica y oscura,
fríos como una noche de invierno y de amargura,
• alegres, como un rayo de sol de Andalucía.
Somos diamantes negros que enciende en fantasía
de lumbre y de pasiones la juvenil locura:
besos de primavera si miran con ternura,
y trágicos puñales en la explosión bravia.
Hechos para las noches de amor bajo las parras
en una de esas cálidas huertas españolas
■donde hablan los claveles y lloran las guitarras,
somos los ojos negros, ios ojos fascinantes,
que Goya pinta en gráciles majas y manólas
y lucen las morenas gitanas de Cervantes.
José de Maturana.
135
LAS CASTILLAS
Son hermanas de amor; van de la mano
por la estepa del fondo levantino,
llevando en polvoriento pergamino
las memorias del mundo castellano.
Son dos hidalgas de un orgullo anciano
que, en los inermes yunques del destino,
firmes, batieron con afán contino
ia vieja cruz del abolengo hispano.
¿ Viven de ensueños ? ¿ Cantan añoranzas f
¿No hay un verde racimo de esj>eranzas
que allá en sus viñas desoladas brote?...
¡ Tal vez la voz del porvenir les grite,
cuando en bien de otros fueros resucite
con otra adarga olímpica el Quijote!
José de Maturtma.
LA FUGA LNÜTIL
Tímido corzo, de cruel acero .
el regalado pecho traspasado,
y el seno de la yerba emponzoñado,
por demás huye del veloz montero.
En vano busca el agua, y el ligero
cuerpo revuelve hacia el doliente lado:
cayó, y se agita, y lanza acongojado
la vida en un bramido lastimero.
Así, la flecha al corazón clavada :
huyó en vano la muerte, revolviendo
el ánima a mil partes dolorida:
crece el veneno, y de la sangre helada
se va el herido corazón cubriendo,
y el fin se llega de mi triste vida.
Juan Meléndez Valdés.
(Español.)— 1754-1817.
136
EL PENSAMIENTO
Cual suele abeja inquieta revolando
por florido pensil entre mil rosas,
hasta venir a bailar las már^ hermosas
andar con dulce trompa susurrando;
mas luego que las ve, con vuelo blando
baja y bate las alas vagarosas,
y en medio de sus venas olorosas
el delicado aroma está gozando;
así, mi bien, el pensamiento mío
con dichosa zozobra por hallarte
vagaba de amor libr j por el suelo :
pero te vi, rendíme, y mi albedrío,
abrasado en tu luz, goza al mirarte
gracias que envidia de tu rostro el cielo.
Juan Meléndez Valdés.
CRISTO EN LA GUERRA
Al cabo de los siglos, el Redentor volvía...
Y otra vez, desde el cálido nido de su garganta,
el ave religiosa de la palabra santa
alzó el místico vuelo bajo la luz del día.
Yo he visto al Buen Rabí peregrinar... Fulgía
el llanto en sus pupilas: su amargura era tanta.
Lo vi llegar, cansando la dolorida planta,
a los sangrientos campos donde la guerra ardía.
Detúvose, la absurda realidad contemplando...
Se le vio tembloroso, convulso, sollozando,
los lirios de sus manos llevar al corazón,
Y en la divina fuente de la palabra pura,
en su boca, que ungieron la gracia y la dulzura,
se oyó, viril y amarga, rugir la maldición.
Enrique Méndez Calzada.
(Argentino.)— Contemporáneo.
137
MAGDALENA
Blanca como pálida azucena,
la blor>da cabellera destrenzada,
de hinojos ante Cristo atribulada,
llorando está sus culpas Magdalena.
Tiembla, suspira, punzadora pena
se refleja en su lánguida mirada,
besa los pies del Salvador cuitada
y los unge con nardo y con verbena.
— Padre, Padre, la impura penitente
espera tu perdón en su quebranto;
toque tu diestra mi lasciva frente. —
Clama la pecadora con espanto,
y alzándola Jesús, dijo clemente:
— Te perdono, mujer, amaste tanto...
Laura Méndez de Cuenca.
(Mexicana.)— Cootemporán©a.
ACERVANTES
Si un dia, gran Cervantes, de improvisa
volvieses a estos reinos de Castilla,
no más que a ver de ingenios la polilla
que aquí y aUi patula sin permiso,
y vieras tanto sabio mondo y liso
de los sagrados tórculos mancilla,
no dejando sin quiebra una costilla
del patrio idioma que les fué sumiso:
aventares tus obras en pavesas
y liaciendo de tu ingenio cerbatana
dispararas tu sátira traviesa.
contra esta plebe inmunda galicana
o volvieras con bascas a la huesa
viendo injerta en francés la lengua hispana.
Julio Monreal Ximénez.
ISS (Español) . — Contemporájieo.
EN PURA PLATA
Un gato engarrafado en la nariz,
un hueso en la garganta de través,
un sembrado de callos en los pies
y una sarna perruna por barniz,
un dolor en las muelas de raíz,
un divieso, y sin fin otros después,
fieras bascas de un mes y de otro mes,
un dogal con carlanca en la cerviz;
un baño en cueros vivos de alquitrán,
sinapizmazo en parte no común,
sentirse en el ombligo un alacrán,
estar de un cocodrilo en mancomún,
y vivir cual murió San Seoastián,
ese es el matrimonio y más aún.
Julio Monreal Ximénez.
DESTINO
Tan es de incierta la ventura mía
y tan sin fe y errante, que no alcanza
a columbrar la pálida esperanza,
a cuyo halago vegetar ansia.
Ventura que se muere y que porña
por huir de la muerte la asechanza,
y procura alentar y así se lanza
renovando ante sí la lejanía.
No busco el mirto, ni el reír amado,
ni el cojín donde yazga adormilado
mi pobre cuerpo trémulo y sensible.
Busco el olvido en un rincón de asceta.
Mas ¡ay! que al alba vuelvo a ser poeta,
torturado de ensueño y de imposible.
Edmundo Montagne.
(Uruguayo.) — Contemporáneo.
199
PONGO A LOS REALES PIES...
Pongo a los reales pies de vuestra alteza,
princesa de hermosuras, el escudo
con que a las lides del amor acudo
por conquistar favores y nobleza.
Quién en riña probó mi fortaleza,
vencer mi arrojo, sin rival, no pudo:
jamás mi acero se miró desnudo
sin abonar su temple y mi fiereza.
Estoy a vuestros pies... Si a los cristales
de esas altas ventanas ojivales
llega el amor que os doy como corona,
recogedlo gentil, porque os envío
un ramo en flor con versos por rocío
mientras queda de guardia mi tizona.
José Montero.
(Español.)
SITUACIÓN NO ENVIDIABLE
Es triste mirar roto el pudibundo
sueño que al alma le prestaba encanto;
ver una madre que, anegada en llanto,
besa el labio del hijo moribundo;
sentir del corazón en lo profundo
de nuestra fe extinguirse el faro santo;
dudar de Dios y su piedad, en tanto
que por doquiera se oscurece el mundo.
Es muy triste morir apaleado;
tener el corazón de hierro o cobre;
ser manco, tuerto, tonto o jorobado;
no hallar mujer, aunque el amor nos sobre;
pero estar es más triste enamorado,
rico en proyectos, y en dineros pobre,
Ambrosio Montt,
140
(Chileno.)'
EL estío
Hermosa fuente que al vecino rio
sonora envias tu cristal undoso,
y tú, blanda cual sueño venturoso,
yerba empapada en matinal roció:
augusta soledad del bosque umbrío
que da y protege el álamo frondoso,
amparad de verano riguroso
al inocente y fiel rebaño mío.
Que ya el suelo feraz de la campiña
selló julio con planta abrasadora
y su verdura a marchitar empieza;
y alegre ve la pampeana viña
en sus yemas la savia bienechora
nuncio feliz de la otoñal riqueza.
José Joaquín de Mora.
(Español.)— 1784-1863.
LO QUE ME ATERRA
No me espanta el fragor de la batalla,
ni el empuje de ochenta batallones,
ni el ronco retumbar de cien cañones
vomitando torrentes de metralla.
Ni el incendio que todo lo avasalla
ni el bramar de los fieros aquilones,
ni el fulgor de diez mil exhalaciones,
ni ver que rompe el mar su fuerte valla.
Como ruge furiosa la tormenta
en una noche horrible por lo oscura,
mi valor se enardece y acrecienta;
nada en mi corazón pone pavura;
solo esto me anonada y amedrenta:
¡el verme cara a cara con un cura!
José Nakens.
(Español.)
141
EL GRILLO
Música porque sí, música vana
como la vana música del grillo,
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.
¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el esprnillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta miañana?
¡Qué bien suena la flauta de la rana!...
Pero no es son de flauta: es un platillo
de vibrante cristal de a do desgrana
gotas de agua sonora. — ¡Qué sencillo
es a quien tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!
Conrado Nale Roxlo.
(Argentino . )— Contemporáneo.
...SI TU ME DICES ¡VEN!
Si tú me dices ¡Ven!, lo dejo todo.
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada.
Pero dimelo fuerte, de tal modo,
que tu voz como toque de llamada,
^ibre hasta el más íntimo recodo
del ser; levanta el alma de su lado
y hiera el corazón como una espada.
Si tú me dices ¡Ven! todo lo dejo;
llegaré a tu santuario casi viejo
y al fulgor de la luz crepuscular;
mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome i Oh, Cristo! como un nardo,
de perfume sutil, ante tu altar.
Amado Ñervo.
142
(Mexicano.)— 1870-1919.
EL VIEJO SÁTIRO
En el tronco de sepia de una encina
que lujuriosa floración reviste,
un sátiro senil, débil y triste,
con gesto fatigado se reclina.
Ya murió para él la venusina
estación; Afrodita no le asiste
ni le quieren las ninfas... ya no existe
el placer, y la atrofia se avecina.
Sin estímulos ya, sin ilusiones,
apoya entre ios dedos los pitones,
encoge las pezuñas con marasmo;
entrecierra los ojos verde umbrío,
y pasa por su rostro de cabrío
el tedio de una vida sin espasmo.
Amado Ñervo.
GALARDÓN
El ejército enemigo destruyó la barbacana,
ya los fosos se colmaron de cadáveres rivales
y la inmensa catapulta, del estrago soberana,
lanza teas encendidas y granitos colosales.
Los custodios del castillo desesperan; sangre mana
de sus pechos a torrentes, sus heridas son mortales...
Mas asoma de improviso la soberbia castellana
tras la ojiva de una torre y así dice a sus leales:
— «Defensores, ¡sus! ¡a ellos! Heme juez de vuestro
al guerrero más osado, rey haré de mi belleza, [brío:
dueño haré de mis primicias, seré suya, será mío I ...»
Resurgió, cual por ensalmo, de los mozos la fiereza
y al fulgor del rojo incendio vióse huir con desvarío
las mesnadas agresoras, a través de la maleza.
Amado Ñervo.
143
LA NOVICIA
Entre los cantos del solemne rito,
la doncella, apartándose del ara,
se encamina a la puerta que separa
nuestra vida mortal de lo infinito.
A pocos pasos del umbral bendito
la comitiva se recoge y para,
y un mancebo, cubriéndose la cara
con la crispada mano, lanza un grito.
Aquella voz, sonando como un trueno
en la novicia misera, despierta
todas las ansias del amor terreno;
quiere rezar, pero a rezar no acierta,
y cruzando los brazos sobre el seno
cayó junto al umbral rígida y yerta.
Gaspar Núñez de Arce.
(Español.)— 1833-1903.
PROBLEMA
Quiero, dejando hipótesis a un lado,
una duda exponer, y es lo siguiente:
— ¿Por qué cruza la tierra el inocente,
de espinas o de sombras coronado?
¿ Por qué feliz y próspero, el malvado
alza orgulloso la atrevida frente?
¿Por qué Dios, que es el bien, mira y consiente
el eterno dominio del pecado?
¿Por qué, desde Caín, la humana raza,
sometida al dolor, con sangre traza
la historia de sus luchas giganteas?
Y si es ficción la gloria prometida,
si aquí empieza y acaba nuestra vida,
¿por qué implacable Dios, por qué nos creas?
Gaspar Núñez de Arce.
144
CENIZAS
Allá estaba el castillo de ilusiones;
alli la fuente, la glorieta, el banco;
y aquí pasaba el caminito blanco
por donde andaban nuestros corazones.
¿Te acuerdas? Todo esto era en la historia
de tu amor de promesas no cumplidas,
el paraíso ideal para dos vidas,
el verdadero cielo de la gloria.
Hoy, en las soledades del camino,
en verte nuevamente me alucino;
y hay, en el paisaje en que deslizas
tus suaves formas vagamente inciertas,
¡un cementerio de ilusiones muertas
y un viento que amontona las cenizas!
Cayetano Oreste.
(Argentino . )— Contemporáneo .
DESDE EL ALMA
Cuando gimió ese vals, era, tu mano,
al compás de las notas que arrancaba,
una paloma blanca que volaba
sobre el teclado místico del piano.
La imagen del Dolor, rompiendo en lloro,
surgiendo de sus íntimos retiros,
cubrió de quejas, besos y suspiros,
tus ojos brujos y tus rizos de oro.
i Cuánta amargura derramó tu mano
sobre el teclado místico del piano!
Pareciste saber que, en la honda calma,
te escuchaba quién lleva eternamente
una vaga ilusión sobre la frente
y un cadáver de amor dentro del alma!
Cayetano Oreste.
145
SENSACIÓN DE MADRUGADA EN EL TREN
Hoy la luna persiste y se viste
de un oro que el día le envía.
Alba equívoca. Yo no diría
lo que tiene de agudo y de triste.
Mi alma hace un alto eú el salto
que proyectan, esquivos los chivos
desde el gris de unos vagos olivos
sobre el cielo de tenue cobalto.
Y duele pasar sin saber
el secreto que en la hora indecisa
dice acaso, con risa, la brisa.
Ágil brisa del amanecer:
ni despiertas ni dejas dormir,
no consientes soñar ni vivir.
E:igenio D' Ors.
(Español. )— Contemporáneo.
FUEGO SAGRADO
¡Lámpara misteriosa, que encendida
en el alma gentil perpetuamente,
tornas en flor, aroma y rica fuente
la vibración inmensa de la vida!
Brilla pura, serena y escondida,
regando de ideal la humana mente,
y abrasa y funde en tu esplendor ardiente
toda la escoria que en el mundo anida.
Brilla en la lid, en el taller, en la onda
de alta armonía que el poeta crea;
en la verdad que el pensador revele:
y el corazón al corazón responda;
y toda actividad trascienda, y sea
flecha de amor que hacia lo eterno vuele!
Calixto Oyuela.
(Argentino.) — Contemporáneo.
146
MORIR liABEMUS
Ese pollo que ves en la cocina,
colgado de las patas y sin pluma;
ese vaso de vino con espuma
que te hace andar a ratos de bolina;
esa apretada y roja tagarnini
que menos arde cuanto más se fuma;
ese dolor de muelas que te abruma,
y esa baja de fondos que te arruina:
no son, como tú piensas, nimiedades,
ni caprichos tampoco de la suerte,
que otros suelen llamar casualidades.
Ejemplos son con que el 6eñor te advierte,
en !a forma que cumple sus bondades,
que todo es ilusión, menos ia muerte.
Manuel del Palacio.
(Español.)— 1832-1906.
EL PLEITO DEL MATRIMONIO
Es la mujer prisión en que nacemos
y a que desde el nacer nos condenamos;
unos por penitencia la buscamos:
otros por galardón la merecemos.
Abismo en que los débiles caemos,
puerto donde los justos nos salvamos,
Ídolo que de tierra fabricamos
y pronto en oro convertir queremos.
Ella del cielo del amor es luna,
inspira las letrillas y las odas,
sirve al capricho y manda en la fortuna.
¿Por fin a ser del gremio te acomodas?
Piénsalo bien; decídete por una...
¡Verás cómo después te gustan todas!
Manuel del Palacio.
141
AMOR OCULTO
Ya de mi amor la confesión sincera
oyeron tus calladas celosias,
y fué testigo de las ansias mías
la luna, de los tristes compañera.
Tu nombre dice el ave placentera
a quien visito yo todos los días,
y alegran mis soñadas alegrías
el valle, el monte, la comarca entera.
Sólo tú mi secreto no conoces,
por más que el alma con laiido ardiente,
sin yo quererlo, te lo diga a voces;
y acaso has de ignorarlo eternamente,
como las ondas de la mar veloces
la ofrenda ignoran que les da la fuente.
Manuel del PalacHo.
I' R A G 1 L I D A D
Me amabas, si ; pero con tal exceso
que, un día, al verme con Martín del brazo,
por darme a prisa un beso y un abrazo
cayó en los labios de Martín el beso.
Yo celoso, tú viva y él travieso,
le sorprendí dormido en tu regazo;
pero otro más feliz rompió ese lazo,
dándole a tu pasión nuevo embeleso.
Si así vive tu amor lo que un suspiro,
y tu ilusión se anuda o se desaca
al soplo del capricho y la fortuna,
eres como el espejo en que me m'ro
que, si bien las imágenes retrata,
refleja todas — ¡sin guardar ninguna!
Ricardo Palma.
(Peruano.)— 1833-1919.
148
TORPEDO
Hablaba un diputado en el Congreso,
de Lima, Quito, Bogotá o Santiago,
pues fiel memoria de lugares no hago
y nada importa el sitio del suceso.
— Si queréis gloria, libertad, progreso,
a Roma contemplad. Mirad qué estrago
causa el puñal de un Bruto dando en pago
de tiranía vil, muerte a un obeso.
¡ Y Roma se salvó ! — Mas un tunante
de aquellos que en la barra echan venablos
gritó, del aguardiente en los erutos:
— Esa es grilla, señor preopinante.
Si un bruto salvo a Roma ¿cómo diablos
no salvan a esta patria tantos brutos?
Ricardo Palma.
MUNDO QUIMÉRICO
Vi elevarse un altar a la virtud
y el crimen castigado por doquier;
vi i oh, prodigio! constancia en la mujer
y ciencia en la indolente juventud.
Honrada contemplé a la senectud
y en manos áz ios buenos el poder;
triunfante la justicia y el deber
levantado a magnífica altitud.
Arca abierta miré en la caridad
y proscrita la infamia de Caín;
fe en el amor, confianza en ía amistad,
patriotismo en la gente más ruin...
— Pero ¿en dónde vio usted tanto primor?
— En sueños queridísimo lector.
Ricardo Palma.
149
PARA El. ÁLBUM DE ROSA
¿VersoSj a oscuro trovador de América
pides desde la corte Napoleónica,
para un álbum feliz que ilustra armónica
tanta trova pindárica y homérica?
En situación me pones climatérica,
Rosa, porque no hay ya pildora tónica
que aliviar pueda la dolencia crónica
con que mi inspiración se ha hecho quimérica.
¿Cómo ser, pues, de tus cantores émulo?
Pero ¿negarme?... no... cojo mi báculo,
y a colocarme en tu álbum marcho trémulo,
pidiendo a Apolo que me dé su brújula
para ofrecerme en público espectáculo,
con un pobre soneto en rima esdrújula.
Felipe Pardo.
(Peruano.)— 1806-1868
EL ÁLBUM
Dice en cada hoja tu álbum, que eres bella...
(No soy voto en materia de pintura)
y que eres, para colmo de ventura,
de talento y saber fúlgida estrella.
¿Talento? sí; mas no del que descuella
en gobierno casero ni en • costura.
¿Saber? la virginal literatura
de Eugenio Sué, marcada con la huella.
Quema ese álbum, mujer, con que te esponjas,
donde, porque tu ruego no la hostigue,
la urbanidad estampa sus lisonjas.
Que jamás novio encontrarás tan bestia,
que en el álbum tu mérito investigue,
y no en tu corazón y tu modestia.
Felipe Pardo.
150
IGUALDAD SUPREMA
Allí van dos entierros diferentes:
uno lleva cortejo, cruz, carruajes,
y lleva clero con bordados trajes,
hermandad y estandartes relucientes.
El otro pasa aislado entre las gentes
no le rinden respetos ni homenajes:
no hay coches con vistosos atalajes
ni aún ataúd con franjas esplendentes.
Es el poema del orgullo humano:
más pronto cesa la reñida guerra
que alza en la sociedad su ruda mano,
pues luego que el sarcófago se cierra,
el polvo del monarca y del villano
se abrazan en el seno de la tierra.
Federico Parreño Ballesteros.
(Español.) — Contemporáneo.
HISTORIA DE UN BESO
Era un beso que andaba peregrino,
y muerto de una hurí por los pedazos,
la seguía a pesar de sus rechazos,
^buscando de sus formas el camino.
Pidió posada al seno alabastrino,
al rostro, al cuello y los redondos brazos,
¡y no la halló ni en los distantes lazos,
ni en los adornos de su busto fino!
Negáronle hasta el ínfimo hospedaje
que pidió, de un mendigo con la instancia,
siquiera en las orillas de su traje.
Y, al fin, cual picaflor, a la distancia
libaba en sus ardientes embelesos
la dulce flor de unos soñados besos.
Pedro Paz Soldán.
(Peruano.)- 1839-1894. 151
AMARGURAS
¿Quién no probó la hiél de un desengaño,
en la primera vez que soñó amores?
¿Quién el prado que Abril pobló de flores,
no vio lleno de nieve al fin del año?
Cada nuevo placer nos deja un daño;
cada esperanza nace entre temores;
y semejando un sol por sus fulgores,
cada nueva ilusión es un engaño.
Si este mundo no ofrece dicha alguna,
¿hay quién llame a vivir dichosa suerte,
y quién juzgue al nacer como fortuna?
¡Oh vida! ¡Nada temo por perderte!
Quién vino de las sombras a la cuna,
que a las sombras se vuelva por la muerte.
Juan de Dios Peza.
(Mexicano. )~1852-1911.
EN EL CLAUSTRO
Recorriendo ios claustros del Convento
que te guarda del mundo a ia mirada,
como una estrella fúlgida, velada
por la sombra glacial del firmamento;
te vi tan bella, que te dio al moinento
su admiración mi lira entusiasmada,
y te cantó en silencio una balada,
voz secreta de ocuitc sentimiento:
que eres la juventud y la hermosura,
la gracia y el candor: la poesía
tanto más bella cuanto en ti es tan pura;
y viéndote mi alma se flecía:
¡ Cuando rompa esta estrella su clausura
qué hermosa aurora alumbrará ese día!
M. Pimentel Coronel.
152
A MI AMADA EN SU DÍA
Adorada y hermosa prenda mía,
fin de mis penas, dueño a quien amantes
holocaustos ofrezco por instcrtes,
¿qué sacrificio haré por ti en tu dia?
Como estiio de toda poesía,
pudiera coronarte de diamantes
y ofrecerte zafiros y brillantes,
y en copas de oro el néctar de ambrosia;
pero no quiero hallarme confundido
entre la multitud que con orgullo
brindaron todo lo que no han cumplido,
porque nunca ofrecieron nada suyo :
yo tan sólo consagro a ti rendido
mi corazón que siempre será tuyo.
Plácido.
(Gabriel de la Concepción Valdés/^
(Cubano.)— 1808-1844.
A UNA INGRATA
Basta de amor: si un tiempo te quería
ya se acabó mi juvenil locura,
porque es, Celia, tu candida hermosura
como la nieve, deslumbrante y fría.
No encuentro en ti la extrema simpatía
que ansiosa mi alma contemplar procura,
ni en el silencio de la noche oscura,
ni a la espléndida faz del claro día.
Amar no quiero como tú me amas
sorda a mis ayes, insensible al ruego;
quiero de mirtos adornar con ramas
un corazón que me idolatre ciego;
quiero abrazar una mujer de llamas,
quiero besar una mujer de fuego.
Plácido.
15a
AL PARTIR
Refrenando el ardor de mi montura,
con igual fe que el Ingenioso Hidalgo,
de mi solar hidalgamente salgo,
alta la frente, y recia la apostura.
El sueño ruin de su menguada hartura,
dormita, preso a su cadena, el galgo.
Se abre el campo ante mí... Libre cabalgo,
caballero galán de la Aventura.
Plañe un viejo esquilón, y es la del alba.
El sol enciende la planicie calva
y los largos caminos polvorientos.
Dormida en el confín queda la aldea...
Y yo pienso en la hermosa Dulcinea
dueña y señora de mis pensamientos.
José María Platero.
(Español.)
AMOR Y PROSA
Te adoro como a Dios — dije a Gregoria —
y si te inflama esta pasión ingente,
yo juro que mi cántico ferviente,
como Dios hará eterna tu memoria.
Con luz del cielo escribiré tu historia
pondré bajo tu planta el sol ardiente,
la regia luna brillará en tu frente
y hasta en la gloria envidiarán tu gloria.
sus ojos picarones
en mí clavando, dijo con salero:
— Lindas son en verdad sus ilusiones;
pero, responda usted, señor coplero:
¿Con el sol y la luna y sus canciones
tendré casa, vestidos y puchero?
Antonio Plaza.
(Mexicano.)
154
DOLCE FARNIENTE
Feliz yo que tendido boca arriba,
sin amo, sin mujer, sin nada de eso,
ni me duelo de Job, ni envidio a Creso,
ni me importa que el diablo muera o viva.
Indiferente a lo que el docto escriba,
en holganza constante me esperezo^
y después de roncar, canto el bostezo,
y después de cantar, Morfeo me priva.
Aquella maldición que Adán nos trajo
de que al hombre le sude hasta su lomo;
para comer un poco de tasajo,
por una chanza del Señor la tomo;
pues si yo he de comer de mi trabajo,
entonces, ¡la verdad!... mejor no como.
Antonio Plaza.
NECEDAD EN FIAR LOS SECRETOS A OÍDOS
MUJERILES
Yerro es hacer ofensa al poderoso,
locura es ensalzar al arrogante,
cansancio es dar consejos al amante
y encomendar negocio al perezoso.
Dar crédito es error al cauteloso
y aún el buscar amigo semejante,
querer al que es humilde, ser gigante
y salir en campaña el temeroso.
Error es dar la hacienda en confianza,
y de lo que se escucha hacer desprecio
y tener con pobreza fantasía.
Error es en un hombre su alabanza,
mas sobre todo, sólo aquél es necio
que sus secretos de mujeres fia.
Francisco de Ouevedo p Villegas.
(Español.)— 1589-1645.
155
EL MAESTRO DE ESGRIMA
Maestro era de esgrima Campuzano,
de espada y daga diestro a maravilla,
rebanaba narices en Castilla,
y siempre le quedaba el brazo sano.
Quiso pasarse a Indias un verano
y riñó con Montalvo el de Sevilla,
cojo quedó de un pié de la rencilla,
tuerto de un ojo y manco de una mano.
Vínose, a recoger a aquesta ermita
con su palo en la mano y su rosario,
y su ballesta de matar pardales,
y con su Magdalena que le quita
mil canas, está hecho un San Hilario:
ved cómo nacen bienes de los maies.
Francisco de Quevedo y Villegíis,
AL TIEMPO
¡ Cómo de entre mis manos te resbalas !
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
que con callado pie todo lo igualas!
Feroz, de tierra el débil muro escalas,
en quién lozana juventud se fía,
mas ya mi corazón del postrer día
atiende al vuelo sin mirar las alas.
¡ Oh condición mortal ! i Oh dura suerte !
¡Que no puedo querer vivir mañana
sin la pensión de procurar mi muerte!
Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuan frágil es, cuan mísera, cuan vana.
Francisco de Quevedo y Villegas.
156
A UNA NARIZ
Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narigado.
Erase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anas fuera delito.
Francisco de Ouevedo y Villegas.
DEFINIENDO EL AMOR
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida, que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido, que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente al ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, este es tu abismo:
mirad cual amistad tendrá con nada.
El que en todo es contrario de sí mismo.
Francisco de Qucvedo y Villegas.
157
AL A M O R
¿Por qué. Amor, cuando espiro desarmado,
de mí te burlas? Llévate esa hermosa
doncella tan ardiente y tan graciosa
que por mi oscuro asilo has asomado.
En tiempo más feliz yo supe osado
extender mi palabra artificiosa
como una red, y en eíla, temblorosa,
más de una de tus aves he cazado.
Hoy de mí mis rivales hacen juego,
cobardes atacándome en gavilla,
y libre yo mi presa al aire entrego;
al inerme león el asno humilla...
Vuélveme, Amor, mi juventud, y luego
tú mismo a mis rivales acaudilla.
Ignacio Ramírez.
(Mexicano.)
LOS ANIMALES SON MADRUGADORES.. .
Los animales son madrugadores
(sencilla observaciór. que hace cualquiera),
gocen ellos del sol la luz primera
y del alba los pálidos fulgores.
Despiértense los pájaros cantores,
hijos de la florida primavera,
y vayan muy teinprano a la pradera
labriegos y gañanes y pastores.
El hombre culto, no; siempre a tal hora
dormido ocupe el lecho todavía,
disfrutando molicie seductora.
Yo sólo con placer madrugaría
por gozar los encantos de una aurora...
que es Aurora González y García.
Miguel Ramos Carrión
158 (Español).— 1847-1915.
DE GOYA
Tú debes ser, morena, de Sevilla,
bailar jotas al ritmo del pandero,
y ser la maja novia de un torero
que busque en el tendido tu mantilla.-
Debes mojar en rubia manzanilla
tu labio mentiroso y hechicero
y hacer ostentación de tu salero
entonando la alegre seguidilla.
Debes oir, si sales a tu reja,
el son de la guitarra que se queja
de desdén en su idioma de sollozos,
y terciado el mantón crujiente y rico
marchar sobre las capas que los mozos
extienden a tus pies en abanico.
Efrén Rebolledo.
EL SONETO
Heraldo de su fama y donosura
blasona el primer verso su llegada,
y aparece en la liza engalanada
el Soneto ajustado a su armadura.
El generoso ardor de su montura
contiene con la brida refrenada
y acariciando el pomo de su espada
en ios firmes estribos se asegura.
Bajo la luz del cielo esplendoroso
excita con la espuela a su fogoso
palafrén que lanza a la carrera,
y después de la lid muestra el \alido
justador la hermosura de un garrido
príncipe al levantarse la visera.
Efrén Rebolledo.
159
LA VEJEZ DEL SÁTIRO
Junto con los silvanos juguetones
animó las florestas sosegadas,
y enseñó a las sonoras enramadas
a repetir sus rústicas canciones.
A la sombra de verdes pabellones
desfloró pudorosas hamadriadas,
y corrió tras las ninfas asustadas
al par de los centauros garañones.
Hoy el soplo glacial de los inviernos
ha doblado las puntas de sus cuernos,
su flauta de carrizos está muda,
y lleno de pesares y congojas,
al mirar una náyade desnuda
suspira de impotencia entre las hojas.
Efren Rebolledo.
LLUVIA
¿Por qué la lluvia nos conmueve tanto,
si ella baja, con ritmo paralelo,
hoy también como ayer, da un mismo cielo,
con un mismo dolor y un mismo canto?
¿Será tal vez el sugestivo encanto
de que, por un fenómeno gemelo,
nosotros nos hallamos en su duelo
y ella se reconoce en nuestro llanto?
La lluvia trae algún recuerdo ausente
con la bruma del tiempo y la distancia.
Y es tal la evocación, que de repente
se nos figura, desde aquella estancia,
que hemos visto cruzar, en la corriente,
el barco de papel de nuestra infancia.
Horacio Rega Molina.
(Argentino . )— Contemporáneo.
160
LA HERMANA
En esta noche clara de verano
que en un sopor de fuego nos abrasa,
qué bien se está, bajo la luz escasa
del velador, junto al oscuro piano.
Todo esto es dulce, y por mi mente pasa
el deseo infantil de ser tu hermano,
y caminar, llevado de la mano,
por las habitaciones de la casa.
Tú me comprendes, rubia compañera,
y en tu sonrisa inmóvil y hechicera
adivino, con íntima ventura,
que no te has olvidado todavía
cuando en la infancia generosa y pura
yo era tu hermano y tú la hermana mía.
Horacio Rega Molina,
RUEGO
Amada de mis ojos, no es preciso,
para que en este mundo yo te cante,
que tu delicadeza se quebrante
en premio de mi amor, puro y sumiso.
Toma ejemplo en Beatriz, que si no quiso
rendirle en vida el corazón amante,
salió después a recibir al Dante
para llevarlo por el paraíso.
¿Cómo lograr tan inmortal deseo?
¡Fuera de mi canción, nada poseo,
y son tan pobre cosa las canciones!
Pero piensa que muchas horas bellas
que han ido a concluir en las estrellas
han comenzado en nuestros corazones.
Horacio Rega Molina.
161
COMO A SU PARECER...
Como a su j>arecer la bruja vuela,
y untada se encarama y precipita;
así un soldado, dentro una garita,
esto pensaba, haciendo centinela:
«No me falta manopla ni escarcela;
mañana soy alférez ¿quién lo quita?
y sirviendo a Felipe y Margarita,
embrazo, y tengo paje de rodela;
«vengo a ser general, corro la costa,
CL Chipre gano, príncipe me nombro,
y por rey me corono en Famagosta;
«reconozco al de España, al turco asombro.»
Con esto se acabó de hacer la posta,
y hallóse en cuerpo con la pica al hombro.
Andrés Rey de Artieda.
(Español.) — Siglo XVI.
líO ME MUEVE MI DIOS, PARA QUERERTE... (1)
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, mi Dios: muéveme, el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme las angustias de tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
porque, si cuanto espero no esp>erara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Fray Pedro de los Reyes.
(Español). -Siglo XVI
(1) Sin razones suficientes ha querido darse este so-
neto como original de Santa Teresa de Jesús.
nt
CELOS
Celos tengo de todo, vida mía:
del negro rizo que en tu frente ondea,
de la luz que en tus ojos centellea,
como en los cielos el fulgor del día.
De la vaga sonrisa de alegría
que entre tus labios de carmín serpea,
de la aurora esplendente que la idea
enciende en tu abrasada fantasía.
Del aire que embalsamas con tu aliento,
del oculto y lascivo pensamiento
que la fiebre en tus venas agiganta,
y hasta celos tendré de mi acerado
magnífico puñal, cuando clavado
lo mire hasta su cruz en tu garganta.
Arturo Reyes Aguilar.
(Español.)— 18o4-1913.
LA CAMELIA
OrguL'osa y feliz de su destino,
prendida en broche de diamante y oro,
ostentas nivea flor como tesoro
sobre tu casto seno alabastrino.
Al mirar el encanto peregrino
de tu faz y la flor, surge sonoro
clamor de admiración que forma a coro
corte que acecha tu triunfal camino.
Símbolo fiel de tus amables dones
es la flor que sus pétalos asoma
entre las nieves de tu seno en calma.
Mujer y flor cautivan corazones;
la reina del pensil no tiene aroma,
tú, diosa del amor, no tienes alma.
Pedro Riaño de la Iglesin.
(Español.)
1G3
A LOS CUARENTA Y CINCO AÑOS
¡Dos tercios de la vida ya han pasado!
Y, ¿qué fué, en tanto, para mi la vida?
Toda ilusión miré desvanecida
y el corazón quedóme desgarrado.
Amor y gloria en mi soñar dorado
ambicioné con ansia desmedida:
falaz fué amor; la gloria apetecida
la sed no hastió del pecho acongojado.
Horas de insomnio y fatigoso anhelo
me trae la noche tarda y perezosa,
y horas de lucha y de dolor el día...
¿Qué espero ya, infeliz? Oscuro velo
roba la luz a mi alma generosa
e incierta vaga la existencia mía.
José Amador de los Ríos.
(Español.)— 1818-1878.
LA OPINIÓN
La sien latiendo, turbia la mirada,
teñido el rostro de rubor sangriento,
la espléndida melena suelta al viento,
la vestidura al seno desgarrada;
ella me ciñe en lúbrica lazada,
trémulo el cuerpo, el labio macilento,
con honda sed bebiéndome el aliento,
en su boca mi boca aprisionada.
¡ Oh \ásión, que mis sueños envenenas
y en lava de volcán hinchas mis venas!
¿Quién eres, di, mujer, deidad o arpía?
— Soy la Opinión, tu esclava y tu tirana;
hoy, transida de amor, tu barragana;
ayer, tu dama infiel con befa impía.
A. de los Ríos y Rosas.
164 (Español.)— 1808-1873.
CAÑAS Y PLATITOS
«Sobre una mesa de pintado pino»
el vidrio de las limpias cañas brilla,
y en ellas la andaluza manzanilla
esparce el rico aroma del buen vino.
El montañés, astuto, pero íino,
sirve gratis sabrosa pescadilla,
jamón, queso, aceitunas de Sevilla...
y en tanto el anfitrión bebe sin tino.
Y el que pensó tomar sólo una caña,
el fondo del bolsillo se rebaña
y apura diez o doce hasta las heces,
ya sin saber si el vino es bueno o malo
ni ver que los platitos de regalo
se los van a cobrar cuarenta veces,
Manuel del Río y García.
(Español.)
D A N T O N
Con la cabeza erguida, bien erguida,
paseó su genio entre la turba huraña;
como un alud rodó por la montaña,
i y aplastó la montaña en su caída ! . . .
Su palabra profética y bruñida
la libertad cantó. ¡Nada la empaña!
Porque hasta el crimen la grandeza entraña
en la roja epopeya de su vida.
¡Audacia y más audacia! La meseta
del cadalso trepó. Era el atleta
que al morir, con un gesto soberano:
«¡Verdugo!... dijo con viril íiereza,
enseñarás al pueblo mi cabeza...
esa cabeza que aplastó un tirano ! »
Francisco Aníbal Riu.
(Argentino).
165
MUNDANA
Vive para el placer. Tan sólo evoca,
en sus largas y trémulas miradas,
un abismo de noches desmayadas
de los hambrientos besos de mi boca.
Siente el vaho del festín... Y se desfloca
la cabellera en rubias llamaradas;
mientras sueña en mis glorias consagradas
a su opulencia de bacante loca.
Vive para ei placer. Y en mi locura,
me siento como atado en su hermosura,
y aplaudo sus eróticas quimeras.
¡ Porque hay una expresión del Arte augusto
en la osada turgencia de su busto
y en la comba imperial de sus caderas ! . . .
Francisco Aníbal Riu.
LECTURAS
De la dichosa edad en los albores
amó a Perrault mi ingenua fantasía,
mago que en torno de mi sien tendía
gasas de luz y flecos de colores.
Del sol de adolescencia en los ardores
fué Lamartine mi cariñoso guía,
«Jocelín» propició, bajo la umbría
fronda vernal, mis ocios soñadores.
Luego el bronce hugoniano arma y escuda
al corazón que austeridad entraña.
Cuando avanzaba en mi heredad el frío,
amé a Cervantes. Sensación más ruda
busqué luego en Baizac... y hoy ¡cosa extraña!
vuelvo a Perrault, ¡me reconcentro y río!
José Enrique Rodó.
(Uruguayo.)-1872-19í6.
166
ANHELOS
Agua quisiera ser, iuz y alma mía,
que con su transparencia te brindara:
porque tu dulce boca rae gustara,
no apagara tu sed: la encendei-ía.
Viento quisiera ser; en noche umbría
callado hasta tu pecho penetrara,
y aspirar por tus labios me dejara,
y mi vida en la tuya infundiría.
luego quisiera ser para abrasarte
en un volcán de amor ¡ oh estatua inerte,
sorda a las quejas de quien supo amarte!
Y después, para siempre poseerte,
tierra quisiera ser y disputarte
celoso a la codicia de la muerte.
Francisco Rodríguez Marín.
(Español. ) — Contemporáneo.
NOCTURNO
Noche otoñal. Afuera el viento zumba
con un rumor extraño y desgarrante,
y en la nostalgia de tu amor distante,
pienso en ti y en mi madre y en la tumba.
Como algo que en la noche se derrumba,
mi corazón resuena palpitante,
y ante mi absorto espíritu de amante,
pasas como una sombra de ultratumba.
La luna aciaga desde el cielo vierte
sobre lo:;; campos una luz de muerte;
vuelan al viento de la noche, mustias,
las secas hojas que el otoño arranca,
y en aquel haz lunar de lumbre blanca,
pasan nuestras dos lívidas angustias.
Ricardo Rojas.
(Argentino. )— Contemporáneo .
lüT
LA VIDA ES SONETO
Hizo Lope de Vega im buen soneto
©in decir nada, de orden de Violante,
y asi es la vida, en el primer cuarteto
canta la juventud saliendo avante.
En la edad varonil, el hombre inquieto,
que lucha en pos del bien, rima incesante
pensando, iluso, conseguir su objeto,
y es una octava el porvenir orinante.
Llega la ancianidad, y el gran sujeto
de tanta inspiración surge triunfante:
íes la muerte que asoma en el terceto!
Da la vida el reflejo agonizante,
y el final de la estrofa es un secreto...
De la cuna al sepulcro es consonante.
José María Rojas Garrido.
(Colombiano).
LA MUJER
De quince a veinte es niña; buena moza
de veinte a veinticinco y por la cuenta,
buena mujer de veinte y cinco a treinta:
{dichoso aquel que en tal edad la goza!
De treinta a treinta y cinco no alboroza
pero puede pasar con «sal-pimienta»;
mas de los treinta y cinco a los cuarenta
cría niñas que labren su coroza.
Ya de cuarenta y cinco es bachillera,
habla gangoso y juega de vocablo,
de cincuenta cerrados da en santera;
y a los cincuenta y cinco hecno el retablo,
niña, moza, mujer, vieja, hechicera;
bruja y santera se la lleve el diablo.
Francisco de Rojas f> Zorrilla.
168 (Español.)— Í607-1672.
SONETO BALADI
¿Te acuerdas hermosa? Vibraba en la orqueste
la lenta caricia de un «valzer» de Hungría.
Rebelde y esquivo, la ansiada respuesta
«on artes pueriles, tu labio eludía.
Estaba en su hora más áurea la fiesta.
El blanco abanico bajaba y subía,
parecido a un ala de nieve interpuesta
entre tus desdenes y la cuita mía. . .
Temblando lo mismo que tiemblan las aves,
«asi convulsiva y el mirar inquieto,
¿ijiste de pronto con acentos graves: —
...jpero, no, señora; voy a ser discreto;
de lo que dijiste, bajo siete llaves
bajo siete llaves guardaré el secreto.
Belisario Roldan^
(Argentino.)
DEL AMOR
(Soneto sin verbos)
Media noche; una calleja
de antigua cepa moruna;
por todo farol, la luna
y Dios por toda «pareja».
Una ventana, una reja;
detrás de la reja... alguna^
y ante la ventana, una
canción trémula de queja...
Otro hombre; una maldición
en la callejuela sola;
un grito airado: ¡traición!;
en la sombra una pistola
y después... un borbollón
de la gran sangre española.
Belisario Roldan.
ROTO ESTA EL LAZO...
Roto está el lazo, y para siempre roto,
que tú apretaste con amante orgullo;
de la esperanza se agostó el capullo;
tu íácil corazón rompió su voto.
La torpe adulación, recio alboroto
en tu alma levantó con su murmullo;
sigue dormida a su falaz aiTuUo,
y no hallarás a tus desmanes coto.
Adiós, por siempre adiós, de mis amores
adorada ilusión, estrella mía,
ella te derribó con sus rigores.
¡Pobre mujer! No envidio su alma fría;
ni toda mi amargura y mis dolores
por su imprudente calma trocaría.
Julián Romea.
(Español.)— 1815-1870.
¡SANTA NATLTRALEZA!...
¡ Santa Naturaleza ! . . . yo, que un día,
prefiriendo mi daño a mi ventura,
dejé estos campos de feraz verdura,
por la ciudad donde el placer hastía,
vuelvo a ti arrepentido, amada mía,
como quien de los brazos de la impura
vil publicana se desprende y jura
seguir del bien por la desierta vía.
¿Qué vale cuanto adorna y finge el arte,
si árboles, flores, pájaros y fuentes
en ti la eterna juventud reparte,
y son tus pechos ios alzados montes;
tu embalsamado aliento los ambientes
y tus ojos los anchos horizontes?
Antonio Ros de Olano.
170 (Venezolano.)— 1808-1886.
ADAxN Y EVA
Del sol a los postreros resplandores,
desalentado y triste, y sin ventura,
cruza Adán por el árida llanura,
devorando en silencio sus dolores.
Al pasar los alegres ruiseñores,
se acuerda de su Edén con amargura,
y piensa sin cesar en su hermosura,
y en sus tranquilas fuentes y en sus flores.
Eva que mira su penar doliente,
le acompaña a llorar dando un gemido,
y amorosa le mira tristemente.
El entonces, la estrecha conmovido,
estampa un beso en su serena frente,
y hasta se olvida de su Edén perdido.
José Rosas.
(Mexicano.)!
SIN RUMBO
Lo mismo que dos astros luminosos
que cruzan por el cielo vespertino,
sin poder confundir ni su camino
ni el chispear de sus haces temblorosos,
¡vamos tú y yo, cansados y tediosos,
a merced de los vientos del destino,
con la nostalgia de un amor divino
en nuestros corazones dolorosos!
Pero como entrecruzan sus destellos,
alguna vez, en la extensión serena,
los astros de flamígeros cabellos,
¡se entrecruzan también con la mirada,
alguna vez, mis penas y tu pena,
mi alma febril y tu alma desolada!
Carlos Roxlo.
(Uruguayo.)
171
MADRIGAL
Soñé que me volví tu cabellera,
mas no una cabellera ensortijada,
sino, por un misterio, transformada
en los tallos de azul enredadera.
Recogida en tu frente cual cimera,
te formé una bellísima enramada,
y en t^^ompetas celestes dejé ornada
tu blanca sien de diosa primavera.
Desnudé mis vegetales brazos
para envolver tu cuerpo con cien lazos
y besar tus desnudas maravillas.
Me abrí como cohete en tu cabeza
y vestí tu magnífica belleza
con mil chorros de azules campanillas.
Salvador Rueda.
(Español). — Contemporáneo.
LA PANDERETA
Hizo Dios un magnífico pandero
que sirviese de caja a la alegría,
doró su cerco con la luz del día
y lo dejó entre lazos prisionero.
Hechas con placas de metal ligero
le intercaló sonajas a porfía,
y dio estrépito loco y armonía
al ronco parche de tirante cuero.
Lo echó a rodar en tomo del planeta,
y cruzó la sonante pandereta
por todas las naciones que el sol baña.
Fué perdiendo vigor cada segundo,
y ai acabar de recorrer el mundo,
besó la tierra y se paró en España.
Salvador Rueda.
m
AL VER LOS JAZMINES EN AMERICA
De Sevilla olorosos jazmineros:
¿os vinisteis detrás de mis pisadas
y os trajeron en vivas oleadas
las hélices cual ríos de luceros?
Dicen que al emprender sus derroteros
Colón hacia estas tierras ignoradas,
os puso como cifras consagradas
en el pomo inmortal de sus aceros.
Al trocar realidad sus esperanzas,
desgranó vuestra cálida semilla
en estas tropicales lontananzas.
¡Jazmineros divinos de Sevilla;
vinisteis en las puntas de las lanzas
de los héroes gloriosos de Castilla!
Salvador Rueda.
UNA BELLEZA
Si yo fuese escultor, de tu figura
la perfección humana copiaría,
que es de tu noble cuerpo la armonía
im viviente prodigio de escultura.
Si yo fuese pintor, en la hermosura
de tu color, a ver aprendería,
porque tu tez de rosa desafía
a todos los maestros en pintura.
Si músico yo fuese, de tu acento
la cadencia más rítmica que el viento,
grabara, en vez de notas, con estrellas.
Y si la lira espléndida pulsara,
¡oh divina mujer! te proclamara
como un resumen de las artes bellas,
Salvador Rueda.
17g
LA OPERA UNIVERSAL
Dios dijo a la paloma: — ¡ama y arrulla!,
al tierno ruiseñor: — ¡canta y gorjea!,
a la gallina: — ¡pon y cacarea!,
al gallo : — ¡ grita con ruidosa bulla !
Dijo al gato rapaz : — ¡ ronca y maulla !,
al caballo: — ¡relincha y corcobea!,
al toro lidiador: — ¡brama y comea!,
al furioso mastín: — ¡ladra y aúila!
Dio al asno, en fin, intercadencias graves
del hondo bajo y del sutil silbido,
a cuya voz me crispo y me espeluzno.
Por eso, entre el concierto de las aves
y de la tierra en el mundano ruido,
la nota que más se oye es el rebuzno.
Carlos Augusto Salaverry,
(Peruano).
EL HOMBRE VIEJO, CANO Y ACHACOSO...
El hombre viejo, cano y achacoso
y casado además con una hermosa,
robusta, sana, joven y graciosa
no tiene ni un momento de reposo.
Condenado en el mundo a hacer el oso
no se aparta un instante de su esposa,
encontrando motivo en cualquier cosa
para mostrarse el infeliz celoso.
Aprenda el viejo verde esta receta
si es que vivir tranquilo se propone:
no se case con joven ni coqueta,
porque de lo contrario ei tai se expone
a que, sin ser monarca ni poeta,
el mundo cualquier día lo corone.
J . F. San Martín y Agiiirre,
174
DOLOROSO RECUERDO
De dos hermanos que el rencor ahogaba
sangrienta vi la lucha cierto día,
mientras la madre, que infeliz gemía,
por separar sus armas se esforzaba.
Insensata, la turba les llamaba
lidiadores heroicos, y aplaudía;
pero la madre de pesar moría,
y su llanto de sangre derramaba.
Cayó el uno, por fin, desfalleciente;
muy digno el otro se creyó de gloria,
y hacia los cielos levantó la frente.
jAy! Algún día nos dirá la historia
que aquella madre en su dolor vehemente
la derrota maldijo y la victoria.
Ramón de Santixz^.
(Uruguayo.)
LEJOS DE VOS E CERCA DE CUIDADO...
Lejos de vos e cerca de cuidado,
pobre de gozo e rico de tristeza,
fallido de reposo e abastado
de mortal pena, congoja e graveza;
desnudo de esperanza e abrigado
de inmensa cuita, e visto d'aspereza,
la vida rae fuye mal mi grado,
la muerte me persigue sin pereza.
Ni son bastantes a satisfacer
la sed ardiente de mi gran deseo.
Tajo al presente, ni a me socorrer
la enferma Guadiana, nin lo creo;
solo Guadalquivir tiene poder
de me sanar e solo aquel deseo.
Marqués de Santillana.
Iñigo López de Mendoza.
(Español.)— 1398-1458.
17»
ADIÓS, DULCE ILUSIÓN...
¡Adiós, dulce ilusión, rica en colores!
¡Adiós, sueños hermosos de mi vida!
¡Adiós por siempre! jY vayan de partida
con vosotros mi bien y mis amores!
Deja tal vez el céfiro a las flores
un suspiro por tierna despedida,
cuando pasando la estación florida
lleva al cielo sus últimos olores.
El céfiro suave de esperanza
que dio a mi corazón vida y frescura,
¡ay de mí! ya pasó... ¡triste mudanzal
Que sólo me dejó de su dulzura
este que triste y amoroso lanza
mi corazón suspiro de ternura.
Miguel de los Sanios Aloarez.
(Español.)— 1845-1891.
NACE EL AMOR...
¡Nace el amor, y el pecho enamorado
le da en el corazón grata acogida,
y allí el amor y la mujer querida
albergue encuentran del amante al lado;
mas el pecho, hasta entonces sosegado,
pierde la paz, en au amorosa \dda,
que al punto que al placer amor convida,
llévale amor, recelos y cuidado;
ya pierde la esperanza el pecho tierno,
ya teme los rigores del olvido
del bien que adora con cariño eterno,
y entre amorosas dudas combatido,
trocado mira en nebuloso infierno
el camjK) €2nil del bienestar perdido!
Miguel de los Santos Alwxrez.
176
LA FRASE DE CORTES
El Rey del Sol, el hombre que vio a sus pies la Esfera,
enderezando al punto su testa coronada,
preguntó: — ¿quién detiene mi carroza?— Una espada
es menos penetrante que una pupiia fiera.
Vergonzante que un dia sus harapos zurciera
con un rayo de gloria, resistió la mirada;
y arrojó a las alturas una frase vaciada
en los épicos moldes de la Clásica Era.
Tal el Rey:— ¿Quién detiene mi carroza? — Aquel
se acercó respetuoso; y en lugar de [hombre
su nombre,
— ¡Quién te ha dado más tierras que tu padre!— le dijo:
Carlos V abrió entonces su carroza al instante;
y rogándole luego que pasara adelante,
lo sentó a su derecha, como Dios a sü Hijo.
José Santos Chocano.
(Peruano) . — Contemporáneo.
BLASÓN
Soy el cantor de América autóctono y salvaje:
mi lira tiene un alma, mi canto un idsal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con un vaivén pausado de hamaca tropical...
Cuando me siento Inca, le rindo vasallaje
al Sol, que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco ei Coloniaje,
parecen mis estrofas trompetas de cristal.
Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el León de oro;
y las dos castas fundo con épico fragor.
La sangre es española, e incaico es el latido;
¡y de no ser poeta, quizás yo hubiese sido
un blanco Aventurero o un indio Emperador!
José Santos Chocano.
177
LA NOCHE EN EL JARDÍN
La noche en el jardín, profundo el cielo,
y el argentado disco de la luna,
jugando con su luz en la laguna
y entre las negras ondas de tu pelo.
Una nube eficaz tendió su velo,
y Diana se ocultó tan oportuna,
que unimos nuestras bocas aespués de una
delirante ansiedad de bestia en celo.
¿Cuánto el beso duró? Fué la mañana...
Pálida se hizo tu mejilla grana
y aureoló la fatiga de morado.
tus ojos de satánicos ardores...
¡Y te erguíste triunfante entre las flores
bella y sabia de amor y de pecado!
Felipe Sassone.
( Peruano. )— Contemporáneo .
FUE EN UN JAPlDIN...
Fué en un jardín, en tálamo de flores,
bajo la media luz de media luna,
entre estatuas desnudas, ai son de un*
música de agua de los surtidores.
A mi ímpetu sensual cayó rendida
virgen en flor... El goce fué infinito.
Un sollozo, un suspiro, un beso, un grito...
y un olvido supremo de la vida.
Entre mis brazos retorcióse loca,
eonvulsionada en el espasmo ardiente.
¡De su sangre el sabor sentí en mi boca!
Y cuando, en caima ya, la dije — «Mía»,
noté entre las estatuas de la fuente
la cabeza de un fauno qu« reía.
Felipe SasMotm.
t78
EL SAUCE Y EL CIPRÉS
Cuando a las puertas de la noche umbría
Dejando el prado y la floresta amena,
La í^rde melancólica y serena
Su misterioso manto recogía;
Un macilento sauce se mecía
Por dar alivio a su constante pena,
Y en voz suave y de suspiros llena
Al son del viento murmui-ar se oía:
— «¡Triste nací! Mas en eí mundo moran
Seres felices que el penoso duelo
Y el llanto oculto, y la tristeza ignoran!»
Dijo, y sus ramas esparció en el suelo.
— «Dichosos ¡ay! los que en la tierra lloran»,
Le contestó un ciprés mirando al cielo.
José Selgas v Carrasco.
(Español.)— 1824-1882.
EL AMOR Y EL OLVIDO
Hija querida de la dulce aurora,
pura como sus tímidos fulgores,
entre infinitas y galanas flore«
una más bella acariciaba Flora.
Alzábase la flor encantadora,
y creciendo en bellísimos coloi^s,
mostraba su ternura a los favores
del solícito afán do su señora.
Flora halló ima mañana carcomido
«1 hermoso botón, y «n él escrita
la huella de uja gusano maldecido.
— «Tú oroQ la rosa del «mor bendita,
y ssd gusano ruin os «I olvido.»
Dij», y lloró «obro la flor Marchita.
Jmsé Selgas y Carrasco.
179
VAGABA POR EL BOSQUE...
Vagaba por el bosque Amor llorando,
perdido el tino como niño y ciego;
Silvia, compadecida y a mi ruego,
los brazos le tendió, pero callando.
El, conocerla procuró, tentando
rostro y cuello y al seno tocó luego,
que dócil Silvia se prestaba al juego,
mil ímpetus de risa sofocando.
Mas la divina mano que indecisa
entre las perfecciones vacilaba
de tal belleza, a tal examen puesta,
tropezó dos hoyuelos que la risa
en tomo de sus labios dibujaba,
y entonces dijo Amor: «Mi madre es ésta».
José Somoza.
(Espciñol.)
TU ROSTRO ERUBESCENTE...
Tu rostro erubescente de virgen margravesa,
tus formas estatuarias de sílfidc amorosa
y tus gloriosas manos de divinal diaolesa,
luciéronme tu esclavo, haciéndote mi diosa.
Eres mi diosa y quiero morir de tu belleza,
quiero morir mirando tu frente prodigiosa,
i Conviértete en cultrario e inmólame, princesa!
Para matarme tienes tu vista milagrosa.
Mas antes de que expire me das tus blancas manos
para poner en ellas mis besos pasionales.
Después los pajarülos (mis Úricos hermanos,
los pobres soñadores de mundos misteriales)
visitarán mi boca para libar ufanos
la miel que allí dejaran tus manos imperiales.
Pedro Sonderéger.
lao (Colombiano.) — Contemporáneo.
EN EL BAILE Y EN EL TEMPLO
En alegre festín, de dicha loca,
anoche te miré: su gala fuiste.
¡Qué bella y qué gentil resplandeciste!
Un nido de sonrisas fué tu ooca.
La frente hoy cubres con la negra toca,
el humilde percal tus formas viste;
lívido el labio, la mirada triste,
ya no a los goces del amor provoca.
¿Por qué te miro así? ¿Por qué hacia el templo
que es casa del Señor, hoy te encaminas,
semejante a figura de retablo?
En vez de darnos de piedad ejemplo,
pruebas, niña, que das (no lo imaginas)
los huesos al Señor, la carne ai diablo.
Francisco Sosa.
(Mexicano.)
EL ULTLMO AMIGO
A la luz de una vela lee el anciano
su querido Quijote, aquel testigo
de sus años alegres, y el amigo
de su vejez, más firme y más cercano.
Vuelve las hojas con temblorosa mano
que saca de los pliegues de su abrigo,
y al entrar juguetón por el postigo
retoza el aire en su cabello cano.
En la sumida boca, sin un diente,
una infantil sonrisa se remeda.
Inclina el viejo la rugosa frente...
Se le cierran los párpados... se queda
dormido... y por sus piernas, lentamente
la carcajada de los siglos rueda.
Climaco Soto Borda.
(Colombiano.) 181
EL GRAN SEMBRADOR
(Una noche helada y triste se extendió
£obre el mundo como un sudario fatídico
de muchas sombras y nieblas. El Gran As-
tro dormitaba en ios antros del Misterio;
en la losa del Olvido quizá muerto yacería
el gran padre de la Vida... Y otras som-
bras más oscuras, aún más frías, aún más
triíites, ae movían como inmundo gusanero
en los pútridos humores de la llaga de un
cadáver. Pero entonces, como un relámpa-
go presagiador de tormentas:)
De la torpe y hambrienta turbamulta
que nunca a comprender lo grande alcanza,
surgió un hom.bre-titán, y en lontananza
sangrienta apareció la aurora oculta.
Es el Gran Sembrador: el que en la inculta
tierra arroja puñados de esperanza;
el que a pesar de todo siempre avanza;
el que sirve de escarnio y se le insulta.
Es el Gran Sembrador, es el Vidente
que lleva cual bautismo de la altura,
un ósculo de sol sobre la frente
que agiganta en las sombras su figura
como si fuera encamr-3Íón viviente
de una soñada humanidad futura.
Alejandro Siix.
(Alejandro Maudet)
(Argentino.) — Contemporáneo.
íes
MODERNA
Yo danzaré en alfombra de verdura,
ten pronto ei riño en el cristal sonoro,
nos beberemos el licor de oro
celebrando ia noche y su frescura.
Yo danzaré, como la tierra, pura,
como la tierra, yo seré un tesoro,
y en darme pura no hallaré desdoro,
que darse es una forma de la Altura.
Yo danzaré para que todo olvides,
yo habré de darte la embriaguez que pidea
hasta que Venus pase por los cielos.
Empero, algo te será escondido,
que pagana de un siglo empobrecido
no dejaré caer todos los velos.
Alfonsina Stomi.
(Argentina.) — Contemporánea.
VUELVE A FINGIR
Te amé de noche y te adoré de día;
y amor mintiendo tus ardientes ojos,
en el ara fatal de tus antojos
quemé la flor de la existencia mía.
Hoy que el ala plegó mi fantasía,
de una pasión contemplo los despojos,
y aún pienso en ti, sin que me cause enojos,
el recuerdo cruel de tu falsía.
Jamás nuestros castísimos placeres
sepultará mi mente en el olvido,
ni tu nombre a mi pecho será extraño...
Pero vuelve a fingir; di que me quieres,
y buscaré otra vez tu amor mentido,
aunque me mate un nuevo desengaño.
Luís Taboada.
(Español.)— 1848-1906.
183
AUTORRETRATO
Brilla en mi faz, trigueña cual las granzas,
bigote borgoñón de negra guía...
Con un fieltro de plumas yo seria
un soldado del cuadro de «Las lanzas»...
Amigo soy de burlas y de chanzas,
que ¡ bien tonto será quien no se ría
en esta desdichada patria mía,
donde falta un Quijote y sobran «Panzas»!...
¡Mi espíritu es burlón, pero inflexible!...
j Odio al tirano que las leyes vicia ! . . .
¡ Por no llorar, rae río lo indecible ! . . .
¡Ya mi alma roban paz, calma y delicia
un ansia de que triunfe lo Imposible
y un anhelo, incumplido, de Justicia!...
Luis de Tapia.
(Español) . — Contemporáneo.
OIGA JUSEPA Y MIRE QUE YA PISA...
«Oiga, Jusepa, y mire que ya pisa
esta corte del Rey; cordura tenga;
mire que el mundo en murmurar se venga,
y el tiempo siempre sin hablar avisa.»
«Por esta santa y celestial divisa,
que de hablar con los príncipes se abstenga,
y aunque uno y otro duque a verla venga,
su marido no más, su honor y misa.»
Dijo Morales, y rezó su poco;
más la Jusepa le responde airada:
«¡Oh! lleve el diablo tanto ¡guarda el coco/»
«Mal haya yo, si fuere más honrada.»
Pero como ella es simple, y él es loco,
miró al soslayo, fuése^ y no hubo nada.
Juan de Tassis.
Conde de Villamediana.
184 (Español). -Siglo XVII.
BOHEMIA
Es verdad... Metafí'-ico y artista,
cabalgando en mis sueños juveniles,
vagué un tiempo a travOs de ios pensiles,
donde el mundo real no está a la visca.
Amé entonces — platónico optimista, —
ia mujer-perfección, de alma y perfiles,
y esculpí sobre diáfanos marfiles
la visión de mi espíiitu idealista.
Pero al irla a concluir, vi con tristeza
que era huérfana de alma, y que en sus dones
un negro fondo había do Impureza.
¡Y por eso, entre mil desolaciones,
hoy me siento a llorar sobre la huesa
donde el mundo enterró mis ilusiones!
Osear Tiberio.
(Argentino . )— Contemporáneo,
LA NUEVA INDUSTPxIA
¿Aprender un oficio?... — ¡Dios me libre!
¿Cargar un fardo?... — ¡Si soy noble, fino!...
¿Virtudes?... — ¿Yo Catón... ni Censorino?...
Antes un rayo en mi cabeza \ibre.
¿ Pagador ? ... ¿ General ? ... — Cuando equilibre
entradas con salidas... el Destino. —
¿De qué sirve a la patria este pollino
con semejantes prendas por calibre?
¡ Si no cuenta con ricas heredades ! . . .
¡Moro al agua! Será muy desdichado.
— Don Anselmo, no tenga usted saudades.
Al contrario, este pillo afortunado,
espléndido almacén de nulidades,
a la cámara entró de diputado.
Joaquín Tellez.
(Mexicano.)— Contemporáneo-
185
. A UNA FUENTE
En los cristales de la mansa fuente
pensé mirar la imagen de mi amada,
y mi boca, de amores abrasada,
la persiguió en la plácida corriente.
En sus diáfanas ondas, impaciente
posé mi amante labio, y engañada
el alma mira su ilusión dorada
perderse entre la linfa transparente.
¡Oh ingrata fuente, por mi mal querida,
j hallada en esta soledad hermosa!
¿Por qué no te mostraste condolida
de mi incesante pena lastimosa?
Porque eres ¡ay! espejo de la vida
y pérfida como ella, y engañosa.
Joaquín Tellez.
A UNA SEÑOIL\ QUE ME REGALO UNA PLUMA
DE ORO
No se remonta el águila altanera,
señora, hasta el etéreo firmamento
con plumas de oro: en la región del Tiento
lastre fatal su pesadumbre fuera.
El metal, que a tu rubia cabellera
envidioso prestara su ornamento,
mal de mi acalorado pensamiento
podrá seguir ia rápida carrera.
Así, pues, a quién busca en agria espuma
o en las ondas cavernas su renombre,
con codicioso afán, dale esa pluma:
dame a mí una sin gavilanes de oro,
mas con hechizo tal, que al ver tu nombre,
escriba por sí misma «Yo te adoro».
Mariano Roque de Togores.
Marqués de Molina.
(Español.)— 1812-188&.
¡CUANTAS VECES TE ME HAS ENGALANADO!...
¡ Cuántas veces te me has engalanado,
clara y amiga Noche! ¡Cuántas llena
de oscuridad y espanto, la serena
mansedumbre del cielo me has turbado!
Estrellas hay que saben mi cuidado,
y que se han regalado con mi pena:
que entre tanta beldad, la más ajena
de amor tiene su pecho enamorado.
Ellas saben amar, y saben ellas
que he contado su mal llorando el mío,
envuelto en los dobleces de tu manto.
Tú, con rail ojos, Noche, mis querellas
oye y esconde, pues mi amargo llanto
es fruto inútil, que al amor envío.
Francisco de la Torre.
(Español.)— Siglo XVII.
SALVE. SAGRADO Y CRISTALINO RIO...
Salve, sagrado y cristalino río,
de sauces y de cañas coronado,
de arenas de oro y de cristal ornado
y de crecientes con el llanto mío.
Salve, y dilata tu ancho poderío
por la orlea sabea, y el dorado
cerco de perlas: que el licor sagrado
enriquece tu eterno señorío,
Y así tus ninfas te detengan, cuando
pases por el estrecho deleitoso
de la concha de Venus amorosa;
que saques la cabeza serenando
este cerco de nubes espantoso,
en compañía de mi ninfa hermosa.
Francisco de la Torre.
187
ESTA ES, TIRSIS, LA FUENTE DO SOLÍA...
Esta es, Tirsis, la fuente do solía
contemplar su beldad mi Filis bella;
este el prado gentil, Tirsis, donde ella
su hermosa frente de su flor ceñía.
Aquí, Tirsis, la vi, cuando salía
dando la luz de una y otra estrella:
allí, Tirsis, me vido, y tras aquella
haya se me escondió, y así la vía.
En esta cueva de este monte amado
me dio la mano, y me ciñó la frente
de verde hiedra y de violetas tiernas.
AJ prado y haya y cueva y monte y fuente
y al cielo, desparciendo olor sagrado,
rindo por tanto bien gracias eternas.
Francisco de la Torre.
BELLA ES MI NINFA, SI LOS LAZOS DE ORO..
Bella es mi ninfa, si los lazos de oro
al apacible viento desordena:
bella, si de sus ojos enajena
el altivo desdén que siempre lloro;
bella, si con la luz que solo adoro
la tempestad del viento y mar serena;
bella, si a la dureza de mi pena
vuelve las gracias del celeste coro;
bella si mansa; bella, si terrible;
bella, si cruda; bella esquiva; y bella
si vuelve grave aquella luz del cielo;
cuya beldad humana y apacible,
ni se puede saber lo que es sin vella,
ni, vista, entenderá lo que es el suelo.
Francisco de la Torre.
188
A ELLA
¿A qué, si sabes que huye ia hermosura,
la dejas de gozar en la dichosa
edad en que los sueños da oro y rosa
olas llevan al alma de ventura?
Cuando ya la vejez, con mano dura,
a la ayer tersa faz torne rugosa,
del tiempo que perdiste desdeñosa,
inútil es que llores la premura.
Árbol es la mujer; el tiempo alado
róbale sin piedad sus dulces flores,
a pesar del ingenio y del cuidado.
Mas nada son del tiempo los rigores,
¡oh, Leocadia! si en fruto delicado
se trueca el florecer da ios amores.
Juan Anionio de Torre v Salvador.
(Español.)
consumí en la doctrina y agudeza...
Consumí en la doctrina y agudeza
de los libros gran parte de mi vida,
y he quedado peor: que está tupida
de ajenos desatinos mi cabeza.
Buscaba en los doctores mi rudeza
de cierta duda la mejor salida.
y halló mil opiniones sin medida,
pues uno el sí, y el otro el no me reza.
Más necio vengo a ser, más imprudente;
la razón natural está más ruda,
pues ya por sí no asiente ni consiente.
Antes pudo opinar; ya quedó muda.
¿Quién dirá la verdad? Dios solamente.
Y yo ¿qué haré? Morirme con la duda.
Diego de Torres y Villarroel.
(Español.)— 1693-1770. 189
ENGULLE EL PODEROSO RICA SOPA...
Engulle el poderoso rica sopa,
cuando a mí me contenta una zurrapa;
y siendo el mundo dilatado mapa,
le parece a su vicio estrecha copa.
Con bordada, sutil y blanda ropa
el barro humano diligente tapa;
y a mí me envuelve miserable capa
y un negro camisón de ruda estopa.
Ostenta a todos la gotosa tripa,
y puede ser el que mejor me sepa
a mí la sucia bota que a él su pipa.
De la humana miseria huyendo trepa;
pero, por más que puja, anda y ahipa,
todos somos racimos de una cejoa.
Diego de Torres p Villarroeh
POR HACERTE DICHOSA ME DESVELO...
Por hacerte dichosa me desvelo;
que no se truequen en angustia impía
de tu pecho la paz y la alegría,
tales mis votos son, tal es mi anhelo.
Por ti, mi único amor y mi consuelo,
sacrificara la existencia mía;
si pudiera, la noche en claro día
por ti cambiara, y este mundo en cielo...
La corona nupcial, en premio, aspiro
que me dejes poner sobre tus sienes:
dame el ansiado sí... ¡Por el delirio!
Sabes que cifro en él todos mis bienes...—
Así le dije yo, dando un suspiro,
y ella me contestó: — ¿Qué renta tienes?
José Trafano Mera.
(Ecuatoriano.)
190
EL TALLER
Sangra sobre los vidrios un sol en agonía.
La sombra en grandes manchas inunda los divanes.
Y en el taller estrecho donde el pintor se hastía,
galopan incorpóreas legiones de titanes.
Monótona y serena, la gran Melancolía
le finge perspectivas bordeadas de arrayanes
y, en el desmayo lento con que se muere el día,
naufragan incoloras bandadas de faisanes.
Desnuda la modelo, como una Venus griega,
desde la inhiesta cumbre de su impudor sonríe,
y en un lecho de sombra con languidez se entrega.
El sol, para dorarla, su última flecha arranca,
y corre la mirada de luz que se deslíe
como una pluma de oro sobre la carne blanca.
Manuel Ugarte.
(Argentino.) — Contemporáneo.
LA INTRUSA
Aprieta y tápeme tu abrazo;
que no me vea cuando llega y pasa
avisorando en torno de mi casa
por si prenderme puede con su lazo.
Deja que hunda mi frente en tu regazo
pues su mirada el corazón me arrasa
y si es la vida que me resta escasa
que no lo sepa, no, nada de plazo.
Engáñame; mis ojos con tus besos
cierra, tu corazón arrima al mío,
que sólo al recordarla hasta en los huesos
siento de la postrer congoja el frío;
así, igual que a un niño, sin excesos,
qu« ¿e ellos se aprovecha a su albedrío.
Miguel de Unamunm.
(Eapañoi.)— Contemporáne*.
191
A UNA GAZMOÑA
Coqueteas, hipócrita gazmoña,
con Cristo, a quien llamándote su sierva,
le tienes como a novio de reserva
por si el otro marrase. Ya bisoña
no eres en estas lides, la ponzoña
sabes sacar de la embrujada hierba
del amor y ponértela en conserva,
por si a su toque mocedad retoña.
Con todo tu recato y tu misterio
no andas sino detrás de matrimonio,
pero no espiritual y de salterio;
mas por mucho que al pobre San Antonio
le sobes con ofrenda y sahumerio
te tendrás que cargar con ei demonio.
Misuel de Unamuno.
EL PEREGRINO
Ved aquel peregrino de la vieja hopalanda;
el que luce una concha sobre el amplio sombrero;
el que dejó tizona y abandonó escudero,
y el que arrojó gorgnera y desciñó una banda.
Anda por penitencia, rezando mientras anda,
y en un bordón apóyase, él. que blandió un acero;
¡que en el disfraz se oculta un noble caballero
ido por sus pecados a donde Dios le manda!
Porque el alma de un cielo la esperanza acaricie,
el dejó de un palacio la envidiada molicie
y él dejó los favores de la diosa Fortima.
¡Ay! i Su historia maldita es un cuento de amores,
que nos habla de rejas y de aceros traidores
y de besos robados al claror de la luna!...
Ramón A. U/bano.
(Español.) — Contemporáneo.
192
hechicería
No sentí cuando entraste: estaba osciiro,
en la penumbra de un ocaso lento,
el parque antiguo de mi pensamiento
que ciñe la tristeza, cual un muro.
Te vi llegar a mí como un conjuro,
como el prodigio de un encantamiento,
como la dulce aparición de un cuento:
blanca de nieve y blonda de oro puro.
Un hálito de abril sopló en mi Otoño;
en cada fronda reventó un retoño;
en cada viejo nido, hubo canciones;
y, entre las sombras del jardín — errantes
luciérnagas — brillaron, como antes
de mi postrer dolor, las ilusiones.
Luís G. Urbina.
(Mexicano . )— Contemporáneo
LUCIÉRNAGA
I...Y me abandonarás! — Acaso en breve
vas a decirme: adiós. Joven y bella,
después de haber oído mi querella
te irás a donde la ilusión te lleve.
Y quedará en mi vida un rastro leve,
como en la noche el brillo de una estrella,
como en la cima del volcán la huella
del paso del viajero por la nieve.
Y tejerá la soledad su nido
de silencio en mi alma. Y el olvido
cubrirá mi memoria con su velo.
Y te estarás allí, como la reja
de una prisión, que entre las sombras, deja
ver un pedazo del azul del cielo.
Guillermo Valencia.
(Colombiano). 193
AMOR
Del tierno pecho aquel amor nacido,
que en él viviendo mis delicias era,
creció, quiso del pecho salir fuera,
pudo volar y abandonó su nido.
Y no logizando yo darle al olvido,
le busqué inútilmente por doquiera
y ya pensaba que en la cuarta esfera
se hubiese al centro de la luz hundido,
cuando tus ojos vi, señora mía,
y en ellos a mi amor con mi esperanza,
y Uamándolo a mí, tendí los brazos;
más él me desconoce, guerra impía
mueve en mi daño y flecha que me lanza
hacen mi pobre corazón pedazos.
Joan Valera.
(Español.)— 1827-1905.
SUPLICA
Sabes de mi pasado la leyenda
sentimental, lo torvo de mi sino;
se buena con el pobre peregrino
que quiere descansar bajo tu tienda.
Sé manojo de mirtos en la senda
que pobló de sarmientos el Destino,
el talismán virtuoso de Aladino
que de los maleficios me defienda.
¡Quiero tus tibias manos en las mías!
Haz que de mis pasadas alegrías
resuenen los sonoros cascabeles,
y llegarás a ser por tu clemencia
xin lucero de paz en mi conciencia
y una rosa inmortal en mis vergeles.
Luís Valera Hurtado.
(Venezolano.)
194
DON QUIJOTE
Mi Señor Don Quijote, del yelmo y la bacía,
recostado en la lanza, sobre tu Rocinante:
¡cuántas veces, he visto sobre la vida mía
tu arrogante figura de caballero andante ! ;
¡cuántas, tu seco rostro recortarse veía
en el fondo aguafuerte del Campo de Agramante,
mirando la impotencia del hierro de tu guante
desde las soledades de tu caballería!
Y, un día, tu silueta se perdió en la llanura;
el brazo derribado, la rienda a la ventura;
sobre el pecho de hierro, la mirada abatida...
¡En el perfil bohemio de mi cansancio viejo,
cual una mascarada, paseó tu cortejo
de irrisorias derrotas, las sendas de mi vida!
Eduardo de Valdivia.
EL JUGADOR
Sin Dios, porque lo oMda en su locura;
sin ley, porque atre\ddo, la vulnera;
sin hoa;ar, porque, infame, lo perdiera;
sin hijos, porque pan no les procura.
Sin salud, porque tiene calentura:
sin fe, porque del cielo desespera...
Tal es del jugador la verdadera
imponente, fatídica figura.
Vedle: llega al tapete; su atonía
en sorda agitación se torna luego;
late su corazón con furia impía;
el vértigo le invade, olas de fuego
azotan su cerebro... y todavía
con cavernosa voz, exclama: — 'c¡ Juego!»
Carlos Valverde Lope:
(Español.)
195
i OH DULCES PRENDAS POR MI xMAL
HALLADAS!...
¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en rai muerte conjuradas.
¿Quién me dixera, quando las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíais da ser en algiin día
con tan grave dolor representadas?
Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto al mal que me dexastes.
Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque descastes
verme morir entre memorias tristes.
Garcilaso de la Vega.
(Español.)— 1503-1536.
HERMOSAS NINFAS, QUE EN EL RIO METIDAS.
Hermosas Ninfas, que en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas,
y en colunas d¿ vidrio sostenidas;
agora estéis labrando embebecidas,
o tejiendo las telas delicadas;
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:
dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme
y no os detendréis mucho según ando:
que no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.
Garcilaso de la Vega.
196
SI QUEXAS Y LAMENTOS PUEDEN TANTO...
Si quexas y lamentos pueden tanto
que enfrenaron el curso dj los ríos,
y en los desiertos montes y sombríos
los árboles movieron con 6u canto;
si convirtieron a escuchar su llanto
los fieros tigres y peñascos fríos;
si, en fin, con menos casos que los míos
baxaron a los reynos del espanto,
¿por qué no ablandará mi trabajosa
vida, en miseria y lágrimas pasada,
un corazón conmigo endurecido?
Con más piedad debría ser escuchada
la voz del que se llora por perdido,
que la del que perdió y llora otra cosa.
Garcilaso de la Vega.
EL NOMBRE DE LAUFL4
Ese tronco que Abril de pompa viste
donde grabas tu nombre idolatrado,
Laura, veráslo pronto desnojaao,
que a la injuria del tiempo no resiste.
Vendrá Diciembre con su bruma triste
y cubrirá de escarcha el tronco helado,
soplará el aquilón, y desgajado
lo arrastrará, si con furor lo embiste.
Templo más digno que tu nombre lleve,
donde no hay cierzo que lo abata impío,
ni invierno que lo cubra con su nieve,
mi corazón será que te ame ciego,
Laura, los ojos vuelve; aquí en el mío
grabólo Amor con su buril de fuego.
Ventura de la Vega.
(Argentino. )— 1807-1865.
197
DESMAYARSE, ATREVERSE, ESTAR FURIOSO..
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
eatisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor, quién lo probó lo sabe.
Lope Félix de Vega Carpió.
(Español.)— 15G2-1635.
UN SONETO ME MAiNDA HACER VIOLANTE.
Un soneto me manda hacer Violante,
Y en mi vida me he visto en tal aprieto:
Catorce versos dicen que es soneto:
Burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
Y estoy a la mitad de otro cuarteto:
Mas si me veo en el primer terceto
No hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando
Y aún parece que entré con pié derecho,
Pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
Que estoy los trece versos acabando:
Contad si son catorce y está hecho.
Lope Félix de Vega Carpió.
198
PICO ATREVIDO UN ÁTOMO VIVIENTE...
Picó atrevido un átomo viviente
Los blancos pechos de Leonor hermosa,
Granate en perlas, arador en rosa,
Breve lunar de indivisible diente.
Ella dos puntas de marfil luciente
Con súbita inquietud bañó quejosa;
Y torciendo su vida bulliciosa.
En un castigo dos venganzas siente.
Al espirar la pulga, dijo : « ¡ Ay triste,
Por tan pequeño mal dolor tan fuerte!»
— «Oh pulga, dije yo, dichosa fuiste;
Deten el alma, y a Leonor advierte
Que me deje picar donde estuviste,
Y trocaré mi vida con tu muerte.»
Lope Félix de Vega Carpió.
DABA SUSTENTO A UN PAJARILLO UN DÍA...
Daba sustento a un pajarillo un día
Lucinda, y por los hierros del portillo
Fuésele de la jaula el pajarillo
Al libre viento en que vivir solía.
Con un suspiro a la ocasión tardía
Tendió la mano, y no pudiendo asillo,
Dijo (y de las mejillas amarillo
Volvió el clavel que entre su nieve ardía):
«¿Adonde vas? Por despreciar el nido,
Al peligro de ligas y de balas.
El dueño huyes que tu pico adora?»
Oyóla el pajarillo enternecido,
Y a la antigua prisión volvió las alas:
Que tanto puede una mujer que llora.
Lope Félix de Vega Carpie.
IW
LAZOS DE PLATA Y DE ESMERALDA RIZOS..
Lazos de plata y 3e esmeralda rizos
con la yerba y el agua forma un charco
haciéndole moldura y verde marco
lirios morados, blancos y pajizos;
donde también los ánades castizos
pardos y azules con la pompa en arco,
y palas de los pies parecen barco,
en una selva, habitación de erizos.
Hace en el agua el zéfiro inquieto
esponja de cristal la blanca espuma,
como que está diciendo algún secreLo;
en esta selva, en este charco en suma...
Pero por Dios que se acabó el soneto:
perdona, Fabio, que probé la pluma.
Lofye Félix de Vega Carpió.
ANUNCIACIÓN
Nuestro hogar es un sueño. La lámpara ilumina
tenuemente la alcoba. La larga noche empieza.
Yo leo dea
delante D'Amiunzio, y ella, arrodillada,
una arcaica Madona bizantina. reza
una azucena mustia en un gomil de China
inclina, deshojándose, su mística belleza,
y en el tic-tac del péndulo palpita con tristeza
el corazón del tiempo que ain cesar camina.
Me interroga, de pronto, con voz baja y doliente...
La levanto temblando y la beso en la frente...
Me estrecha entre sus brazos en locas convulsiones,
y nn nombre dulce y santo — toda rubor — exhala...
¡Fué entonces cuando, tímido bajo el candor del ala,
habló a su oído el -arcángel de las Anunciaciones!
Francisco Villaespesa.
(Español.) — Contemporáneo.
20$
SE5Í0RA, ALFXtRE A VUESTRO ALCÁZAR TORNO...
Señora, alegre a vuestro alcázar torno.
Entre las gemas de un joyel, mi mano
os ofrece un soneto culterar.o,
correcto y firme cuat labrado a torno.
Porta una rosa y un puñal, adorno
Tuestro y defensa de mi amor tirano.
—Sobre el áureo metal intenté en vano
cincelar vuestro heráldico contorno. —
Sólo una rosa y un puñal. La rosa
cortó mi amor con mano temblorosa
de los blancos rosales de los cielos.
Y el puñal cincelaron, en supremas
horas de angustias, mis voraces celos,
para ornar vuestro escote con sus gemas!
Francisco Villaespesa,
EN UN ÁLBUM
Con un ramo de veinte primaveras
tu alma perfumas y tu vida enfloras
y, alegres, en tu honor, tejen las horas
una danza oriental de bayaderas.
Hay en tu talle ritmos de palmeras
sueñan alhambras tus pupilas moras
y en la dulzura de tu acento, añoras
un destilar de miel de peteneras.
Por eso, al modo de Andalucía
para que pasen maravillas tantas
como homenaje de fervor sincero,
recamado de oro y pedrería
extiendo este soneto ante tus plantas
como una roja capa de lorero!...
Francisco Villaespesa.
101
CARMEN
Entre los encajes de alguna mantilla
contemplé en las sombras brillar tu mirada,
no sé si en un viejo patio de Sevilla
o en algún florido carmen de Granada.
Quizás fué soñando, mientras embriagada
el alma de coplas y de manzanilla,
junto a la guitarra se durmió, arrullada
por las vivas notas de una seguidilla.
Sólo sé, que bajo refulgentes cielos,
al pie de tus rejas mataron mis celos;
que por ti a los campos me lancé sin pena
y sangrientos crímenes cometió mi horda,
y hasta los jarales de Sierra Morena
te robé en la grupa de mi jaca torda.
Francisco Villaespesa.
POR ESAS SONRISAS...
i Por esas sonrisas que son cual cuchillos
que su filo esconden entre los rosales
de tus labios rojos como los corales
en que se desangran tus áureos zarcillos;
por esas miradas que son cual puñales
que entre las tinieblas ocultan sus brillos,
me veré en la Audiencia, cargado de grillos,
sentado al banquillo de los criminales!
Si a prisión me mandan, pediré a mis jueces
que mi cuerpo encierren en las lobregueces
de tus grandes ojos, y si es ley que muera,
por morir esclavo de tu amante yugo,
— ¡ Ahórcame en el palo — le diré al verdugo —
con los negros rizos de su cabellera!
Francisco Villaespesa.
^2
LA INGRATITUD
Una blanca paloma de Castilla
joven, muy joven, vino a mi morada:
era tan Unda, que muy pronto amada
fué de mi alma la candida avecilla.
Volar aún no podía; más sencflla,
en mi cariño al verse tan mimada,
se estaba en mi regazo reclinada
o en mis palmas picando la semilla.
Dé amor la di la explicación primera;
en las ramas de un mirto la hice nido,
y fué por ella mi pasión sincera.
Mas luego que su pluma hubo crecido,
dejóme en soledad... ¡En cual esfera
premio del bien la in^atitud no ha sido!
José Viques.
\ DESPIERTA!
Niña, cuando del alba los colores
tiñen los cielos de amaranto y grana,
y juguetona brisa la temprana
esencia roba de las frescas flores;
¿Por qué duermes mi bien? Si a los fulgores
del nuevo día, en la feliz mañana
despertaras, al pie de tu ventana
me vieras triste, suspirando amores.
¿Cuántas veces? No sé; mi mente ignora
las que de Oriente a la rosada puerta
pensando en ti me sorprendió la aurora.
Niña, cuando la luz tenue e incierta
del sol naciente tus cristales dora
¿por qué duermes aún? ¡Mi bien, despierta!
Hugo Wast.
(Gustavo Martínez Zuviria).
(Argentino). — Contemporáneo,
203
TIERRA FIRME
Como busca el piloto diestramente,
defendiendo su nave carcomida,
un abrigo en la costa apetecida
donde fijar del ancla el corvo diente;
así también del mundo en la corriente,
cansado de los mares de la vida,
busca en la paz de la mujer querida
puerto feliz el corazón ardiente.
¡Dichoso aquel que por bondad del cielo
encuentra en el regazo de una esposa
el arribo feliz de su ventura!
Playa de amor j de eternal consuelo:
¡para el bien de la vida, cuan hermosa 1
¡para el goce del alma, cuan segura!
Marcos Zapata.
(Español.) -1844-1913.
LA CIGARRA
Hija de Ceres, gala del verano,
despierta la cigarra, el ala tiende,
y alegre de vivir, rápida hiende
de vibradora luz tórrido océano.
Ya entre las ramas del sabino cano
el fatigado rebolar suspende,
o ya del cacto la ígnea flor se prende,
que, cual rico joyel, la ostenta ufano.
En el rubio trigal que azul esmalta
el aciano, do muestra su atavio
el ababol, que en púrpura resalta,
canta el epitalamio del estío,
del alma tierra la pasión exalta,
y muere ebria de aromas y rocío.
Rafael Zapas Enrique.
204 (Mexicema.)
LA ILUSIÓN
Soñé que la fortuna en lo eminente
del más brillante trono me ofrecía
el imperio dei orbe, y que ceñía
con diadema inmortal mi augusta frente.
Soñé que hasta el Ocaso desde Oriente
mi formidable nombre discurría,
y que del Septentrión al Mediodía
mi poder se adoraba humildemente.
De triunfantes despojos revestido,
soñé que de mi carro rubicundo
tiraba César con Pompeyo uncido.
Despertóme el estruendo furibundo,
fiolté la risa y dije en mi sentido:
«Asi pasan las glorias de este mundo.»
Manuel de Zequeira y Arango.
(Cubano.)— 1760-1046.
QUIERO MORIR EN PAZ...
Quiero morir en paz con mi conciencia,
fiin haber, en el vicio, encenagado
el apellido humilde, pero honrado,
que recibí como sagrada herencia.
Cuando se cumpla la mortal sentencia,
quiero estar de los míos rodeado,
valeroso y sereno, cual soldado
que luchó por el Arte y por la Ciencia.
Quiero morir en el Edén de España:
que, si no la riqueza y la fortuna,
le debo el dulce ambiente que me baña;
y que arrullan mi sueño, en La Laguna,
los pinos que coronan la montaña,
y el mar de Atlante que meció mi cuna.
Antonio Zerolo.
(Español.) — Contemporáneo.205
CORRIDA DE TOROS
Con el hirviente resoplido moja
el ronco toro la tostada arena,
la vista en el jinete, alta y serena,
ancho espacio buscando al asta roja.
Su arranque audaz a recibir se arroja,
pálida de valor, la faz morena,
e hincha en la frente la robusta vena,
el picador, a quien el tiempo enoja.
Duda la fiera; el español la llama:
sacude el toro la enastada frente,
la tierra escarba, sopla y desparrama;
le obliga el hombre; parte de repente,
y herido en la cerviz huyele y brama,
y en grito universal rompe la gente.
José Zorrilla.
(Español.)— 1817-1893.
BÓLIDOS .
El astro milenario, en agonía,
muere de sed y fiebre seculares;
el sol bebióle el agua de sus mares,
en sus huesos, la médula se enfría.
En dura contracción, su piel se estría,
se desgarran sus carnes, y, a millares,
goteando fugitivo^s luminares,
sus restos cruzan la extensión vacía.
Uno de ellos, cayendo en la envoltura
del globo nuestro, lo ha dejado herido,
le ha inyectado contagio de la altura.
Y el mundo nuestro morirá aterido,
y sus restos irán por sepultura,
a otros mundos quizá que aún no han nacido.
Juan Zorrilla de San Martin.
(Uruguaya.)
206
EN EL COLISEO DE ROMA
Entro en el circo, enorme calavera
llena de tierra, y musgo y mordeduras.
La noche, en agujeros y endiduras,
penetra, como en honda madriguera.
En el cielo, la luna brilla entera^
y llueve luz, que filtra en las honduras,
luz silenciosa, luz de sepulturas,
que en el cráneo insepulto reverbera.
Un hálito de siglos fenecidos
parece que en la luz se cristaliza
sobre el montón de escombros carcomidos;
y en el silencio aquel, que atemoriza,
una lechuza infiel, con sus ladridos,
la inmensa soledad escandaliza.
Juan Zorrilla de San Martün^
MI ÚNICO AMOR
Su mágica belleza seducía,
su angelical candor, enamoraba,
yo al punto que la vi, ya la adoraba,
porque en ella encontré la dicha mía.
Siempre a su lado el tiempo transcurría
veloz, y nuestra dicha continuaba,
porque si yo la amé, ella me amaba
con tal pasión que Dante envidiaría.
Pero la dicha es corta. Axioma cierto.
Así, al vernos feliz llegó la muerte,
y al mover su guadaña en rumbo incierto,
robó su alma, dejó su cuerpo inerte
y yo al verla morir hubiera muerto
para seguir los dos la misma suerte.
Benito Zurita Nieto.
(Español.) — Contemporáneo.
207
índice
A GUISA DE PROLOGO 5
ABELLA CAPRILE, Margarita.— A la música... 7
ACUÑA, Hernando de. — Cuando era nuevo el mun-
do , 7
ACUÑA, Manuel.— A una flor 8
— A un arroyo 8
AFÁN DE RIBERA, Antonio.— Fué novio Juan... 9
AHUMADA, Fernando. — Rima de laureles 9
AGUSTINI, Delmira. — Explosión 10
ALARCON, Pedro A. de. — Humo y ceniza 10
— El cigarro \. .., 11
— Un morisco de ahora 11
ALAS, Claudio de.— ¡Madre! 12
ALAS, Leopoldo. — Libertad perdida 12
ALCALÁ GALIANO, Antonio. — En el salón dora-
do 13
ALCALDE VALLADARES, Antonio.-En raudo
remolino 13
ALMAFUERTE.- Vencidos 14
— ¡Meditad! 14
ALMENDAR, Marqués de.— La reja andaluza ... 15
ALVAR EZ QUINTERO, S. y J.— En un libro de
cantares 15
AMEZAGA, Carlos G.— Gran tarja 16
ARACELI, Gabriel.— Harto tiempo he callado... 16
ARCINIEGAS, Ismael E.— El poeta bohemio ... 17
ARGILAGOS, Rafael G.— Errantes 17
ARGUIJO, Juan de. — La tempestad y la calma 18
— Del tiempo 18
ARRIAZA, Juan B.— El jugador 19
— El desconsuelo 19
— ¡ Ay, cuántas veces a tus pies ! 20
— La guarida del amor 20
AZA, Vital.— Mandato 21
— Retrato a pluma 21
AZCüENAGA, Domingo de. — El censor de Buenos
Aires 22
BAEZ, Paulino G.— Christus 22
BALART, Federico.— Calvario 2a
BALMASEDA, Joaquina G. — A mis alegrías ... 23
BANCHS, Enrique.— La risa 24
— Lels risas 24
BARREDA, Ernesto Mario.— Invierno 25
— El malón 25
BAYON HERRERA, Luís.— Santiago Rusiñol ... 26
— Don Ramón del Valle Inclán 28
BECQUER, Gustavo Adolfo.— El céfiro 27
BELTRAN, Osear R.— Envío 27
BENAVENTE, Jacinto.— ¡Ouién retiene el amor!... 28
BENAVIDES Y VALDIVIA, J.— El soneto 28
BERNABEU, Juan Bautista.— Río y perdono 29
BIANCHI, Enrique. — La hora unciosa 29
BLASCO IBAÑEZ, Vicente.— Nostalgia 30
BLEST GANA, Guillermo.— Mirada retrospectiva 30
BLOMBERG, Héctor Pedro.— Dormida 31
— Sangre y arena 31
— Vieja pulpería 32
—El ombú 32
BORJA, Francisco de. — Yo ni mandar ni ser man-
dado 33
BOSCAN, Juan.— Aún bien no fui salido de la
cuna 33
— Como después de tempestuoso día 34
— Ya canso al mundo y vivo todavía 34
BÓVEDA, Xavier.— Motivo aldeano 35
BRAVO, Mario. — Canción a la huelga general ... 35
— La ordeñadora 36
BRETÓN DE LOS HERREROS, M.— La boca de
Lisaura 36
— A la pereza 37
BÜRGUILLOS, Tomé de.— Llevóme Febo a su par-
naso 37
CADALSO, José.— Sobre el poder del tiempo ... 38
— A cuanto susto el cielo te condena 38
CALDERÓN DE LA BARCA, P.— A unas flores S9
CAMPO, Estanislao del.— La cita 39
CAMPOAMOR, Ramón de.— Amar y querer 40
— Lo que es el Olimpo 40
— La virtud 41
CAMPUSANO, Ricardo. — Soñé anoche, mi bien,
que estaba cojo 41
CAÑE, Luís. — Tuve en la adolescencia 42
— El callar este amor 42
CANO, Carlos. — Pasan las horas de la triste
vida '... 43
CANO, Ricardo.— Estigma 43
CANTO, Gonzalo.— Vanidad 44
CAPDEVILA, Arturo.- Risa de teclas 44
— Ün apagado aroma 45
— Nupcial 45
CÁRDENAS, J. Bernardo de. — Ensilla Sancho ami-
go 4G
CARLOS DE AUSTRIA.— ¡Oh! rompa ya el si-
lencio .^.. 46
CARRASCO, Constantino. — Las mujeres y el sol 47
CARRASQUILLA MALLARINO E.— Amorosa ... 47
— Atavismos 48
CARRERE, Emilia.— Regina 48
—A Manon 49
— Mi mejor trofeo 49
CARRIEGO, Evaristo.- El clavel 50
— Revelación \ 50
CASTILLEJO, Cristóbal de.— El rubí de tu bo-
ca 51
CATARINEU, Ricardo J.-Ira 51
CERVANTES SAAVEDRA, M. de.— Diálogo entre
Babieca y Rocinante 62
— Un valentón de espátula 52
— Las honras fúnebres de Felipe II 5S
— Dulcinea 53
COELLO, Carlos. — A una morena 54
— Al mar ,. 54
CORONADO, Carolina.— ¡ Oh, cual te adoro I ... 55
CORONADO, Martín.- Crepúsculo 55
— A una rosa 5S
CORPANCHO. Teobaldo Elias.— Intima 5€
CORTES, Manuel José. — A un tacaño 57
CRESPO, A. — A vivir empezamos 57
CRUZ, Sor Juana Inés de la. — Antes morir que la
vejez 58
— A su retrato 58
— Satisface un recelo con el llanto 59
— Un solo empleo en amar 59
CUENCA, Claudio Mamerto.— Mi cara 60
—Inés 60
CHARRAS, Julián de.— Capitán de los tercios... 61
— Oro de ley 61
DARÍO, Rubén.— Lohengrin 62
— Margarita 62
— La gitanilla 63
DAVALOS, Juan Carlos.— Atardecer 63
DÍAZ, Leopoldo, — La cruz y la espada 64
— Jesús 64
DÍAZ MIRÓN, Salvador.— Lo eterno 65
DÍAZ ROMERO, Eugenio. — La primera lágrima de
don Juan 65
DICENTA, Joaquín.— Del triunfo C6
— Dos de Mayo 66
-¿...? ... .; 67
DICENTA (hijo) Joaquín. — Amor 67
DIEZ CAÑEDO, Enrique. — A sus ojos C8
DIEZ GAVIÑO F.— Amor... propio C8
ECHEGARAY, José. — De cómo hago los dramas 69
ESPINOZA, Octavio.— En el circo C9
— Belleza cautiva 70
ESPRONCEDA, José de.— A un ruiseñor 70
— Fresca, lozana, pura y olorosa 71
ESTAZO, Bal asar.— Al amor divino 71
ETCHEGOYEN, Félix E.— La suegra 72
FALCO, Ángel.— ¡Veinte años! 72
— Súplica 73
FARIÑA NUÑEZ Eloy.— Escena griega 73
FELICE, José.— Gozo^Es la muerte
FELIPE CUARTO.— 74
74
FERNANDEZ, Trinidad.— A una rosa 75
FERNANDEZ DE LA PUENTE, J. L.— An:e el es-
pejo 75
FERNANDEZ DEL MLLAR, J.— Ensueño galante 76
FERNANDEZ DE MORATIN, Nicolás. — Ejecuto-
ria de verdadera nobleza 76
— Amor, tú que me diste los osados 77
FERNANDEZ ESPIRO, Diego. — Bohemio 77
—Don Quijote 78
—Dulcinea 78
FERNANDEZ MORENO.— Un médico 79
— Frailucos 79
FERNANDEZ RÍOS, Ovidio,— Presentimiento ... 80
— Recíbame tu paz 80
FLORES, Manuel M.— En el baño 81
FLOREZ, Julio.— Resurrecciones 81
FORNER, Juan Pablo. — Lleva pastor la mano... 82
GALLEGO, Juan Nicasio. — Los hoyuelos de Lesbia 82
GAR ABALLO, Gustavo. — La memoria de Judas... 83
—La abuela 83
garcía GUTIÉRREZ, Antonio. — La cita a la
madrugada 84
— Amor sin celos 84
GONGORA Y ARGOTE, Luís de.— Deudas y deu-
dos 85
— A los celos 85
— La dul^e bo2a que a gustar convida 88
— Las tablas del baxel 83
GONZÁLEZ, Fray Diego. — A im orador sagrado 87
GONZÁLEZ, Nicolás Augusto.— El lunar 87
GONZÁLEZ CARVAJAL, Tomás José.— Voy a ha-
cer un soneto 88
GONZÁLEZ CASTILLO, José.— Prosaísmo ^ 88
GONZÁLEZ OLMEDILLA, Juan.— El chambergo 89
GONZÁLEZ PRADA, Manuel.— Al amor 89
GUALTIERI, Fernando.- Sel'o del fuerte 90
GUANES, Alejandro. — La guitarra 90
GUERRA, Ubaldo Ramón.— A su balcón 91
— Primavera 91
GUIDO vSPANO, Carlos.- Patri Carissimo 92
GUTIERRE DE CETINA.— Para ver si sus ojos... 92
— En un olmo Vandalio escribió un día 93
GUTIÉRREZ, Federico A.— Los hijos de nadie ... 93
— Hay un deber 94
HERRANS, J. J. — Me levanto después de medio-
día 94
HERRERA, Fernando de.— Del mar las ondas que-
brantarse vía 95
HERRERA Y REISSIG, Julio.— Color de sueño ... 95
—El enojo 96
— Amer sádico ^.. 96
—El juego 97
HURTADO DE MENDOZA, Diego.— Yo soy cruel
amor ... 97
— Catorce versos 98
IBARBOÜROU, Juana de.— Cual la mujer de Lot 98
— Amémonos 99
— La promesa 99
IRIARTE, Tomás de. — Levantóme a las mil... 100
— A una dama muy abrigada 100
— ¡Fresca ai'boleda del jardin sombrío! 101
ISAACS, Jorge.— A mi patria 101
ITERL^N DE AYALA, Fray Juan.— Oh, riqueza
infernal 102
JACKSON VEYAN, José.— ¡Todo muere! 102
JAIMES FREIRÉ, Ricardo.— Medioevales 103
— Los héroes 103
— «Je meurs ou je m'attache» 104
JAUREGUI Y AGUILAR, Juan de.— Juez que cul-
pas enormes no corriges 104
— Jamás por larga ausencia 105
JIMÉNEZ, Juan Ramón. — Vamonos a soñar al jar-
dín 105
— Mujer celeste 103
— Corazón roto lOG
JORDÁN, Luís María.— Ofrenda 107
JOVELLANOS, Gaspar Melchor.— A la mañana 107
LANGLE MOYA, Plácido.— En la velada 108
LASSO DE LA VEGA, F. de P.— La castellana 108
LEDESMA, Roberto— Renunciamiento 109
LEGUIA Y MARTÍNEZ, Germ.án.— Mi sol 109
LEÓN, Fray Luís de. — Amor casi de un vuelo me
ha encumbrado 110
— Cuando me paro a contemplar mi vida 110
— ¡Oh, cortesía, oh dulce acogimiento! 111
— A las exequias de la reina doña Ana 111
LEÓN, Piicardo. — La hora de la muerte 112
— La hora mística 112
— Pluma por picota , 113
— Alcalá de los Zegríes 113
LEONARDO DE ARGENSOLA, Bartolomé.— Dime,
Padre común, pues eres justo 114
— Fabio, pensar que el padre 114
— Ni opinión, Carlos, ni esperanza fundo 115
— Ya el oro natural, crespes o extiendas 115
LEONARDO DE ARGENSOLA, Lupercio.— Yo os
quiero confesar, don Juan, primero 116
— Este prolijo y tenebroso dia 116
— Imagen espantosa de la muerte 117
LILLO, Ensebio. — El poeta y el vulgo 117
LISTA, Alberto,— La envidia 118
LOBO, Eugenio Gerardo. — Qué importa que el ava-
riento cobre 116
— Vuélvese sombra oscura 119
— Tronco de verdes ramas 11&
— Como en las flores del jardín ameno 120
LÓPEZ ALARCON, Enrique.— Soy español 120
— El madrigal del vencido 121
LÓPEZ DE AYALA, Adelardo.— Al oído 121
— Yo perdonara la traición artera 122
— Dices que tu conciencia 122
LÓPEZ DE SAA, Leopoldo. — El picaro de siempre. 123
LÓPEZ DO?vlINGlJEZ, Emüio. — Olvidarte... ja-
más 123
LÓPEZ MERINO, Francisco. — ¿ Qué resplandor
remoto ? 124
LUGONES, Leopoldo.— Venus victa 124
—El pañuelo 125
— Holocausto , ... 125
— Amapola 126
LLONA, Numa Pompüio.— El Quijote 126
LLOVET, Juan José.— El valentón 127
—Doña Sol 127
MACHADO, Manuel.— Alfa y Omega 128
— La corte 128
MANSILLA, José Toribio.— La piedra filosofal... 129
—La gloria 129
MARQUINA, Eduardo.— La lejanía 130
MARTIN DE LA PLAZA, Luís.— Cuando a su dul-
ce olvido ... 130
— Cubierto estaba el sol 131
MARTÍNEZ ALOMIA, Salvador.— La cita 131
MARTÍNEZ DE LA ROSA, Francisco.— Mis pena* 132
MARTÍNEZ JEREZ, José.— La curva que define
tu elegancia 132
MARTINTO, Domingo.— Adoración 133
MATA, Pedro. — Never more 13S
— Nada más 134
MATOS FRAGOSO, Juan de.— La nave rompida 134
MATURANA, José de.— Andalucía 135
— Los ojos negros 135
— Las Castillas 136
MELENDEZ VALDES, Juan.— La fuga inútil ... 136
— El pensamiento 137
MÉNDEZ CALZADA, Enrique.— Cristo en la gue-
rra 137
MÉNDEZ DE CUENCA, Laura.— Magdalena 13&
MONREAL XIMENEZ, Julio.— A Cervantes 138
— En pura plata 139
MONTAGNE, Edmundo.— Destino 139
MONTERO, José.- Pongo a los reales pies 140
MONTT, Ambrosio. — Situación no envidiable ... 140
MORA, José Joaquín de.— El estío 141
NAKENS, José. — Lo que me aterra 141
NALE ROXLO, Conrado.— El grillo 142
ÑERVO, Amado. — ...Si tú me dices ¡Ven! ... 142
— El viejo sátiro 143
—Galardón 143
NÜSEZ DE ARCE, Gaspar.— La novicia 144
— Problema 144
ORESTE, Cayetano. — Cenizas 145
— Desde el alma 145
ORS, Eugenio D'. — Sensación de madrugada en el
tren 146
OYUELA, Calixto.— Fuego sagrado 146
PALACIO, Manuel del.— Morir habemus 147
— El pleito del matrimonio 147
— Amor oculto 148
PALMA, Ricardo.— Fragilidad 148
—Torpedo 149
— Mundo quimérico 149
PARDO, Felipe.— Para el álbum de Rosa 150
—El álbum 150
PARRE^O BALLESTEROS, Federico. — Igualdad
suprema 151
PAZ SOLDÁN, Pedro.— Historia de un beso ... 151
PEZA, Juan de Dios. — Amarguras 152
PIMENTEL CORONEL, M.— En el claustro 152
PLACIDO.— A mi amada en su día 153
— A una ingrata 153
PLATERO, José María.— Al partir 154
PLAZA, Antonio. — Amor y prosa 154
— Dolce famiente 155
QUEVEDO Y VILLEGAS, F. de.— Necedad en fiar
los secretos 155
— El muestro de esgrima 156
— Al tiempo 156
— A una nariz 157
— Definiendo el amor 157
RAMÍREZ, Ignacio. — Al amor 158
RAMOS CARRION, Miguel.— Los animales son
madrugadores 158
REBOLLEDO, Efrén.-De Goya 159
— El soneto 159
— La vejez del sátiro ICO
REGA MOLINA, Horacio.— Lluvia IGO
— La hermana 161
— Ruego i,... 161
REY DE ARTIEDA, Andrés.— Como a su parecer... 162
REYES, Fray Pedro de los. — No me mueve mi
Dios, para quererte 162
REYES AGUILAR. Arturo.— Celos 165
RIAÑO DE la IGLESIA, Pedro.— La camelia ... 163
Ríos, José Amador de los. — A los cuarenta y cin-
co años 164
Ríos Y ROSAS, A. de los.— La opinión 164
RIO Y garcía, Manuel del.— Cañas y platitos... 165-
RIU, Francisco Aníbal. — Dantón 165
—Mundana 166
RODO, José Enrique. — Lecturas 16&
rodríguez MARÍN, Francisco.— Anhelos 1C7
ROJAS, Ricardo —Nocturno 167
ROJAS GARRIDO, José María.- La vida es so-
neto 168
ROJAS Y ZORRILLA, Francisco de.— La mujer 1G8
ROLDAN, Belisario.— Soneto baladí 169
—Del amor 169
ROMEA, Julián.— Roto está el lazo 170
ROS DE OLANO, Antonio.— ¡Santa naturaleza!... 170?
ROSAS, José.— Adán y Eva 17t
ROXLO, Carlos.— Sin rumbo 171
RUEDA, Salvador.— Madrigal 172
— La pandereta 172
— Al ver los jazmines en América 173
— Una belleza Í73
SALA\ ERRY, Carlos Augusto. — La ópera univer-
sal 174
SAN MARTIN Y AGUIRRE, J. F.— El hombre vie-
jo, cano y achacoso 174
SANTL4G0, Ramón de. — Doloroso recuerdo 175
SANTILLANA, Marqués de. — Lejos de vos e cerca
de cuidado 175
SANTOS ALVAREZ, Miguel de los.— Adiós, dulce
ilusión 176
— Nace el amor 176
SANTOS CHOCANO, José.— La frase de Cortés... 177
—Blasón 177
SASSONE, Felipe. — La noche en el jardín 178
— Fué en un jardín ...• 178
SELGAS Y CARRASCO, José.— El sauce y el ci-
prés 179
— El amor y el olvido 179
SOMOZA, José.— Vagaba por el bosque 180
SONDEREGUER, Pedro. — Tu rostro erubescente 180
SOSA, Francisco. — En el baile y en el templo ... 181
SOTO BORDA CLIMACO.— El último amigo ... 181
SUX, Alejandro. — El gran sembrador 182
STORNI, Alfonsina.— Moderna 183
TABOADA, Luis.— Vuelve a fingir 183
TAPL\, Luis de.— Autorretrato 184
TASSIS, Juan de. — Oiga Jusepa y mire que ya pisa 184
TIBERIO, Osear.— Bohemia 185
TELLEZ, Joaquín. — La nueva industria 185
—A una fuente 186
TOGORES, Mariano Roque de. — A una señora que
me regaló una pluma de oro 183
TORRE, Francisco de la. — ¡Cuántas veces te me
has engalanado! 187
— Salve, sagrado y cristalino río 187
— Esta es. Tirsi, la fuente do solía 188
— Bella es mi ninfa, si los lazos de oro 188
TORRE Y SALVADOR, J. A. de.— A Ella 189
TORRES Y VILLARROEL, Diego de.-Consumí
en la doctrina y agudeza 189
— Engulle el poderoso rica sopa 190
TRAJANO MERA, José.— Por hacerte dichosa me
desvelo 190
UGARTE, Manuel.— El taller 191
ÜNAMUNO, Miguel de.— La intrusa 191
— A una gazmoña ; 192
URBANO, Ramón A.— El peregrino 192
L'RBINA, Luís G.— Hechicería 193
VALENCIA, Guillermo. — Luciérnaga 193
VALERA, Juan.— Amor 194
VALERA HURTADO, Luís.— Súplica 194
VALDIVIA, Eduardo de.— Don Quijote 195
VALVERDE LÓPEZ, Carlos.— El jugador 195
VEGA, Garcilaso de la. — ¡Oh dulces prendas por
mi mal halladas! 196
— Hermosas ninfas, que en el río metidas 196
— Si quexas y lamentos pueden tanto 197
VEGA, Ventura de la. — El nombre de Laura ... 197
VEGA CARPIÓ, Lope F. de. — Desmayarse, atre-
verse, estar furioso 198
— Un soneto me manda hacer Violante 198
— Picó atrevido un átomo viviente 199
— Daba sustento a un pajarillo un día 199
— Lazos de plata y de esmeralda rizos 200
VILLAESPESA, Francisco.— Anunciación 200
— Señora, alegre a vuestro alcázar torno 201
—En un álbum 201
—Carmen 202
— Por esas sonrisas 202
VIQUES, José.— La ingratitud 203
WAST, Hugo.— ¡Despierta! 203
ZAPATA, Marcos.— Tierra firme 204
ZAYAS, Enrique Rafael. — La cigarra 204
ZEQUEIRA Y ARANGO, Manuel de.— La ilusión 205
ZEROLO, Antonio.— Quiero morir en paz 205
ZORRILLA, José.— Corrida de toros 206
ZORRILLA DE SAN MARTIN, José.— Bólidos... 206
—En el Coliseo de Roma 207
ZURITA NIETO, Benito.— Mi único amor 207
SELECCIÓN POÉTICA
(VERSOS PARA DECLAMACIÓN)
SUMARIO CORRESPONDIENTE AL N°. 22 DE LA
BcA. DE GRANDES OBRAS. PUBLICADO CON ESTE
TITULO. EN VENTA EN LOS KIOSKOS, LIBRERÍAS
O EN ESTA ADMINISTRACIÓN. PRECIO $ 0.50.
ACUÑA, Manuel. — Rasgo de buen humor.
ALAS, Claudio de. — Mientras anda la hora.
— Sinfonía negra.
ALMAFUERTE.— Mater dolorosa.
ALVAREZ QUINTERO.-La rosa.
AÑON Francisco. — El eco y el borracho.
AREVALO MARTÍNEZ, Rafael.— Sancho Panza con-
temporáneo.
ARNAULT, A. V.-La hoja.
AZA, Vital. — Misterios del corazón.
BARREDA, Ernesto Mario.— Trova.
— Balada de la bella gitana.
BARTRINA, José María.— Contra Darwin.
BECQUER, Adolfo Gustavo.— Rima.
BELLO, Andrés. — El hombre, el caballo y el toro.
BENEJAM, Juan. — El cañón y el arado.
BLANCO BELMONTE, M. R.— Plegaria por todos.
BLOMBERG, Héctor Pedro. — Romances de niñez.
— Marcha de circo.
BÓVEDA, Xavier. — Rancia hidalguía.
BURGHI, Juan.— Las fuentes del camino.
CAMINO, Miguel A.— Silbando.
— Señor Juez.
CAMPOAMOR, Ramón de.— Los progresos del amor.
CAÑE, Luís. — Romance.
CAPDEVILA, Arturo.— Pórtico de Melpómene.
— En camavaL
CARRERE, Emilio.— El conde de Viilamediana.
— Oración a la bohemia.
— Dogal de amor.
CARRIEGO, Evaristo.— En el umbral.
CASADO, Lozano. — Serenata árabe.
CASERO, Antonio. — El primer jornal.
— Qué vida más loca.
— De pantalón largo.
CAVESTANY, Juan Antonio.— La reja.
— Saludo a América.
COPEE, Francisco.— Afán de gloria.
— I'Ccuerdo de Dinamarca.
CORNEILLE, Pierre. — Estancias a la marquesa.
CHARRAS, Julián de.— La flor de la raza.
— Dijo el laúd.
CHOCANO, Santos José. — Café, tabaco y caña.
— Pandereta.
^El amor de los Andes.
— Tríptico cortesano.
— La quina y la coca.
DARÍO, Rubén.- Sonatina.
— Canto de esperanza.
— Los motivos del lobo.
DELGADO, Sinesio. — La celebridad.
— Tiple nueva.
DREW, Ar uro Samuel. — Fiesta galante.
FALCO, Ángel.— Mi yugo o mi pleitesía.
FELICE, José.— Espera.
FERNANDEZ RÍOS, Ovidio.-La indomable.
FERRAN, José María.— Recuerdos de un viejo.
FLORES, Manuel M.-Un beso nada más.
GABRIEL Y GALÁN, J. M.— Los pastores de mi abue-
lo.
— La ciega.
— La galana.
GAUTIER, Teófilo. — Sinfonía en blanco mayor.
GHIRALDO, Alberto.— La voz del desierto!
GONZÁLEZ DE ZABALA, Germán.-Canción.
GUALTIERI, Fernando.— Romance.
GUARDIOLA, Juan. — El corazón no envejece.
GUERRA JUNQUEIRO, A. M.-El mirlo.
GUIDO Y SPANO, Carlos.— Reconciliación.
HEINE, Enrique. — Cantar.
HERNÁNDEZ, José.— Los dos besos.
HERRERA Y REISSIG, Julio.— Ei juramento.
— La alcoba de la agonía.
HUGO, Víctor. — El gran libro.
LACH.\MBEAUD]E, Pierre.-El martillo.
LASSO DE LA VEGA, L.— Mi bandera roja.
— Antepasados ilustres: Tales.
LERMONTOV, Miguel.— La piedra.
LÓPEZ BARBADILLO, Joaquín.— Trova gitana.
LUGONES, Leopoldo. — Gaya ciencia.
— El buque.
^LAR0U1NA, Eduardo.— Trova.
— La hermana.
MARTÍNEZ JEREZ, José.-Flirt.
— Carmen.
MAIURANA, José de. — Romance de ausencia.
— Aromas de recuerdo.
^L\YORGA RIVAS, Luis.-Odor di fémina.
MENDIZABAL, I', de. — Las campanas de Castilla.
MISTRAL, Gabriela. — Caperucita roja.
MITRE, Bartolomé. — A una mujer.
NEGRI, Ada.— Fatalidad.
NERIA, Vicente. — Guaja.
ÑERVO, Amado.- ¡ Muerta !
— El metro de doce.
ORESTE, Cayetano. — Mi sombrero de alas anchas.
--Bajo las glicinas.
PALACIO, Manuel del. — El néctar de los dioses.
— No hay regla sin excepción.
PALMA, Ricardo. — Origen de las pulgas.
PEZA, Juan de Dios. — Reír llorando.
POE, Edgar Alian.- Las campanas.
PRUDHOMME, Sully.- El jarro quebrado.
RICHEPIN, Jean.— Por los golfos.
ROLDAN, Anlonio. — Pompadour.
ROLDAN, B-lisario.— Triunfal.
— La página blanca.
ROXLO, Carlos. — Nueva serenata.
RUEDA, Salvador.— Salamanca.
— Los mercaderes del templo.
SASSüNEj Felipe. — La canción del bohemio.
SILVA, José Asunción. — Nocturno.
SUX, Alejandro. — Elspaña en Montmartre.
TABOADA, Luís. — Como cambian los tiempas.
TRILÜSSA.— La guerra cara.
— El héroe de café.
UGARTE, Manuel. — Su{>erstición galante.
VALBUENA, Antonio de.— Soneto.
VARGAS VILA, J. M.— Despedida.
VÁZQUEZ DE SOLA, A.— Andalucía.
VEGA, Enrique de la. — El idioma universal.
VERLAINE, Paul.— Carta.
VILLAESPESA, Francisco.— Tu reja.
ZALDIVAR, Ignacio de. — Con la guitarra.
ZORRILLA, José.— Oriental.
BINDINGSEcr.OCT
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PQ 31 libro de los sonetos,
L5
708^ antología poética
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