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Platón Político

El texto es un comentario sobre 'El Político' de Platón, donde se analiza la concepción del filósofo sobre el gobernante ideal, quien debe dominar el arte de la política para actuar en beneficio de la comunidad. Platón establece una distinción entre el político verdadero, que busca el bien común, y el demagogo, que persigue intereses personales. A lo largo del diálogo, se discute la relación entre la política y la ley, sugiriendo que un gobernante sabio podría actuar más allá de las normas escritas en pos del bienestar de la polis.

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Platón Político

El texto es un comentario sobre 'El Político' de Platón, donde se analiza la concepción del filósofo sobre el gobernante ideal, quien debe dominar el arte de la política para actuar en beneficio de la comunidad. Platón establece una distinción entre el político verdadero, que busca el bien común, y el demagogo, que persigue intereses personales. A lo largo del diálogo, se discute la relación entre la política y la ley, sugiriendo que un gobernante sabio podría actuar más allá de las normas escritas en pos del bienestar de la polis.

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COMENTARIO DE TEXTO

NOTAS A “EL POLÍTICO” DE PLATÓN

El presente texto constituye un breve comentario a un fragmento de El Político de Platón, una de su


obras de filosofía política. El autor es universalmente considerado, en compañía de Aristóteles, el
más grande exponente de la filosofía griega. Seguidor de Sócrates, fue el fundador de la Academia
ateniense y un autor excepcionalmente prolífico. Entre sus muchas obras, y además de la citada La
República, podemos mencionar de gran influencia la Apología de Sócrates, Gorgias, El Banquete,
La República, Parménides, El Sofista, o Timeo.
Platón, cuyo verdadero nombre era Aristocles, nació en Egina o Egina el año 427 a.C. en el seno de
una familia aristocrática. Apuleyo menciona que ambos progenitores eran de origen igualmente
ilustre; su padre Aristón decía descender del rey Codro, y su madre Perictione estaba emparentada
con Solón el Sabio.
Este origen aristocrático ha sido señalado en múltiples ocasiones como la causa principal de las
simpatías antidemocráticas del filósofo1. Era pariente personal de Critias y Cármides, magistrados
que fueron parte del breve y oligárquico Gobierno de los Treinta (οἱ Τριάκοντα) que sustituyó a la
democracia ateniense tras la guerra del Peloponeso. No obstante, esto no le impidió criticar
duramente las acciones tiránicas cometidas durante dicho período.2
Según Aristóteles, Platón comenzó su actividad filosófica bajo la influencia del relativista Crátilo,
seguidor de Heráclito, para después convertirse en uno de los más fieles discípulos de Sócrates. Sin
embargo, durante la democracia su maestro sería juzgado y ejecutado bajo los cargos de corromper
a la juventud e intentar introducir nuevos dioses en la ciudad. Posiblemente la condena “del hombre
más justo de su tiempo” según el propio Platón, fue un punto de inflexión en su pensamiento
político, reafirmando una general desconfianza hacia las formas políticas democráticas.
Tras el juicio Platón huyó a Megara con Euclides y otros discípulos del sabio ateniense, visitando
durante un exilio de desconocida duración visitó Cirene, Egipto e Italia. En Italia probablemente
conoció la obra de eleáticos y pitagóricos, antes de visitar Sicilia en el 387 a.C. El conocimiento
exacto de lo sucedido en estos años aún se nos escapa, aunque la versión tradicional dice que fue
vendido como esclavo por Dionisio3, tirano de la isla, y rescatado en Egina por un filósofo
cirenaico.
En el 387 viajó por primera vez a Sicilia, a la poderosa ciudad de Siracusa, gobernada por el tirano
Dionisio; allí conoció a Dión, el cuñado de Dionisio, por quien se sintió poderosamente atraído y al
que transmitió las doctrinas socráticas acerca de la virtud y del placer. Según un relato tradicional,
al final de su visita, Platón habría sido vendido como esclavo por orden de Dionisio y rescatado por
el cirenaico Anníceris en Egina.
Tras su regreso a Atenas, el filósofo fundó la Academia, una institución destinada a la educación
rigurosa, inspirada en sus ideales de la búsqueda incesante de la verdad. En ella se realizaban,
además de clases de matemática y geometría, banquetes frecuentes donde los comensales
“disfrutaban de la compañía de los demás, por el solaz que les proporcionaban las discusiones
profundas” según el escritor Antígono de Caristo.
Esta predilección por el diálogo (διάλογος) se plasmará en la extensa obra de Platón, no como mero
capricho estilístico, sino como el género más apto para desarrollar su particular filosofía dialéctica.
1 Kraut, R., Cap 1, Versión digitalizada sin paginar.
2 Guthrie, vol.4, págs 22-23
3 Diógenes Larcio, págs 69-71
En la dialéctica, el pensamiento se abre paso a través de la intervención de los diferentes
participantes, permitiendo el contraste de las diferentes posiciones y el alumbramiento de una
racionalidad universal y compartida por todos.
Este género permite además a Platón enmascarar sus propias opiniones poniéndolas en boca de
terceras personas, por lo que resulta difícil establecer si las doctrinas que su obra parece sostener
son realmente las que tenía por ciertas. En la obra que nos ocupa, contrariamente a lo habitual, el
personaje que lleva el peso de la conversación no es Sócrates, sino el Extranjero de Elea.
“El Político” suele clasificarse como uno de los diálogos tardíos, o de vejez, de Platón. Se estima
que fue escrita inmediatamente entre el 366 y el 362 a.C.. Es por tanto, un escrito posterior a la
“República” y anterior que “Las Leyes”. En líneas generales continúa el pensamiento político
platónico desarrollado en a “La República”, aunque “El Político” es más breve y concreto. Los
protagonistas del diálogo son Sócrates, Teodoro de Cirene, y el mencionado Extranjero de Elea.
Una vez contextualizado, procederemos al análisis del fragmento. El objetivo declarado del diálogo
es definir aquello que caracteriza al hombre político. En nuestro fragmento, el extranjero de Elea
expone la tesis siguiente, crucial en la filosofía política platónica: es gobernante aquel que actúa
conforme al arte o disciplina de la política.
De la misma forma que un verdadero médico es aquel que domina la medicina, para conducir el
gobierno de una ciudad o comunidad, el verdadero político necesita dominar la política. En este
sentido, la política es una ciencia, técnica o disciplina (τέχνη), un ámbito del conocimiento.
Consideremos primero el significado de este término griego, aplicable tanto oficios prestigiosos
como a humildes artesanos.4 Designa a un arte que es cultivada de forma profesional por un número
reducido de miembros, que producen resultados valiosos para la comunidad, y que tiene naturaleza
racional.5 En este sentido, Platón encuentra semejanzas entre el gobernante digno de tal nombre y
un capitán de barco, un artesano o, como en el texto que nos ocupa, un médico.
Ahora bien ¿qué es lo que caracteriza a esa ciencia? El extranjero continúa con la analogía médica:
al igual que la medicina busca el bien del cuerpo, la política busca el bien de la ciudad. La política,
que puede entenderse como el cuidado de las cosas de la polis (279 a2), es también una ciencia o
arte que naciendo de un conocimiento teórico, produce la capacidad de dirigir y dar órdenes 6. En el
Gorgias, ya Platón defendía que artistas y arquitectos imprimen un orden o kosmos a los elementos
que pasan por sus manos7. Es decir, es una actividad intelectual y moral, que se ejerce en beneficio
del conjunto gobernados.
El buen médico ejerce su profesión correctamente cuando sana a su paciente. Puede afirmarse que
durante una operación dolorosa, el buen hacer de la medicina puede exigir inmovilizar al paciente y
tratarlo ignorando su resistencia. Lo fundamental, como se ha dicho, es estar en la posesión del arte.
Si aceptamos la analogía, aquel en posesión del saber político pudiera llegar a gobernar por la
fuerza, con destierros o ejecuciones, desobedeciendo las leyes escritas hasta entonces, si ésto es
necesario para el bien de la ciudad.8
Observamos aquí una notable continuidad con La República. En ésta se describe una forma de
gobierno innovadora y explícitamente utópica, una imagen ideal con el objetivo de que sirva de
modelo para la política mundana9. Parece que Platón concibe dos tipos de profesionales de la

4 Gómez Lobo, 340


5 Ídem, 341
6 Maffi, p.3
7 Platón, volumen 5, 242
8 Brown, versión digitalizada sin paginar.
9 Platón, 592 a-b
política10: el demagogo sofista que finge conocimiento pero busca sus intereses personales o de
facción11), y el político perfecto ideal, el Rey Filósofo, que aún no ha aparecido.

El primero busca el provecho personal y la satisfacción de sus placeres particulares, el segundo la


justicia y el bien de la polis. El éxito de un demagogo para consolidarse en el poder no es un
genuino éxito político, porque no contribuye al bien de su ciudad. El dominio de arte exige tanto un
conocimiento exhaustivo de los medios para ejercer el mando, como una orientación de los medios
hacia un fin decididamente moral.
Para profundizar en esta visión platónica, no parece del todo gratuito mencionar el papel reformista
de Solón, como un ejemplo, antecedente y posible inspirador de la filosofía política de nuestro
autor.12 A mediados del siglo VI, Atenas pasaba por una profunda crisis económica, política y social,
que amenazaba con desencadenar una guerra civil. Las clases más desfavorecidas sufrían de un
endeudamiento creciente, que podía abocarlas a la esclavitud como garantía de sus préstamos. Las
clases acomodadas, defendían egoístamente las leyes que les favorecían. En estas circunstancias,
Solón hizo el esfuerzo para actuar de mediador entre las facciones populares y oligárquicas, y
elaborar una nueva constitución13 política. Entre sus muchas medidas, redujo el interés de los
préstamos, realizó una reforma agraria, suprimió la esclavitud por deudas e introdujo la
participación ciudadana en la administración de Justicia. Su imparcialidad como legislador le llevó
a ganarse la antipatías en ambos bandos, pero consiguió mantener la paz social e introducir un
orden político nuevo y más estable. En palabras de Aristóteles, sus leyes consituyeron “un escudo
ante las ambiciones de los partidos, impidiendo a ninguna de las facciones conseguir una victoria
injusta”14.
En otro diálogos Platón clasificó las formas de gobierno en atención al número y riqueza de los
gobernantes: timocracia, oligarquía, democracia y tiranía.15 Estos criterios son precisamente los que
empleará Aristóteles en la Política para describir las seis formas posibles de gobierno. Pero aquí,
Platón parece rechazar estas taxonomías: lo relevante es si el gobernante está en posesión de su arte
específico, y no tanto si pertenece a una clase más o menos adinerada, si actúa con el
consentimiento de sus gobernados, o si lo hace conforme a una ley escrita.
Consideremos ahora este último aspecto, la idea de un gobernante ideal no restringido por la ley. El
respeto a la norma escrita era un aspecto muy relevante dentro de la cultura política de la Hélade; en
la tragedia Las Suplicantes señala Teseo: “Nada hay más enemigo de un Estado que el tirano. Pues
no existen leyes de la comunidad y domina sólo uno que tiene a la ley como cosa propia. Cuando
hay leyes escritas, la justicia se aplica imparcialmente, y el débil puede contestar al poderoso con
las mismas palabras si le insulta”. Según Herodoto, el rey persa Jerjes fue informado por un
consejero de que los griegos “Son libres, mas no completamente, porque ya tienen un amo, que es la
Ley (…) a la que temen, más aún de lo que tus súbditos te temen a ti”16.
Sin embargo, el Extranjero expone la siguiente crítica al apego griego por las leyes escritas. Siendo
el arte de la política un conocimiento que posee el político, no es presumible que pueda reducirse a
un conjunto estable de normas minuciosas, que el resto de los mortales puedan aplicar. Parece claro

10 Guthrie, vol 5, 198-199


11 Platón 303-b
12 Korab-Karpowicz. Versión digitalizada sin paginar
13 Empleamos aquí constitución en el sentido aristotélico: “Una constitución es el orden de una polis y de sus distintas
magistraturas, en particular de su magistratura suprema. La magistratura suprema es, en todas partes, el gobierno de
la polis; de hecho, el gobierno es la constitución misma” (Política. III, 6,1278b8-11).
14 Korab-Karpowicz.Versión digitalizada sin paginar
15 Ballén, 26
16 Herodoto VII,104
que un manual de navegación no es equivalente, sino inferior, a la maestría de un navegante
experimentado. Asimismo, la ley escrita no puede consignar la ciencia política; los gobernados son
excesivamente disímiles entre sí para que una regla concreta de los mismos frutos, y la actividad
humana es en sí móvil y compleja. . Más adelante se dirá que “no puede ser justo que lo que en
todas partes es uniforme lo que nunca es uniforme”17.
Sócrates parece resistirse a esta visión de una autoridad no restringida a un cuerpo legal. Por nuestra
parte, podríamos aplicar idénticas críticas dirigidas contra la ley escrita, a la idea del gobernante
perfecto. Porque si el gobierno de las cosas humanas fuera tan complejo y tan difícil que se resiste
a la codificación, ¿por qué suponer que una mente humana podría dominarla en solitario? Si tal
conocimiento puede adquirirse con precisión, parece que puede consignarse por escrito y con
detalle. Si no puede adquirirse, entonces no es posible que un solo hombre lo adquiera, y no parece
sensato entregarle un poder omnímodo y liberarle del yugo de las leyes.
Recapitulando lo anteriormente dicho: el político es el que gobierna a los hombres en sociedad,
estando en posesión de la recta ciencia, que le conduce a actuar de forma sabia y desinteresada en
favor de sus gobernados. De darse este individuo, de características casi divinas, sobrarían las leyes
y las asambleas.
Diríamos que Platón inicia su programa de gobierno con claras ambiciones utópicas, donde las
esperanzas puestas en el Rey Filósofo parecen exigir un régimen de poderes insólitos, indistinguible
de una tiranía “totalitaria” en el sentido moderno. Sin embargo, nuestro autor finalmente modera sus
posiciones, por razones que cabría encuadrar en una forma de realismo político. De la misma forma
que el rechazo hacia la democracia es evidente en La República, pero se modera notablemente en
las Leyes18, el Extranjero primero niega la necesidad de legislación, para concluir que el gobernante
no debe actuar ni contra la costumbre ni la ley escrita.19 La ausencia palmaria de aquellos
gobernantes juiciosos e incapaces de egoísmo lo reconduce, resignadamente, a las viejas
instituciones. Sólo el futuro, o los frutos de la educación por venir, podrán regalarnos el gobernante
prometido. Hasta entonces se hace forzoso diseñar un gobierno para hombres, y no para dioses.

BIBLIOGRAFÍA

1. Ballén Molina, Rafael., “Estudio sobre el Político de Platón” en Diálogos de saberes:


investigaciones y ciencias sociales, Nº. 22, 2005, págs. 13-32
2. Brown, Eric, "Plato's Ethics and Politics in The Republic", The Stanford Encyclopedia of
Philosophy (Fall 2017 Edition), Edward N. Zalta (ed.), Versión digitalizada disponible en
[https://plato.stanford.edu/archives/sum2021/entries/heraclitus]
3. Eurípides “Tragedias”. Vol. II, Biblioteca Clásica Gredos. Madrid, 2019
4. Guthrie, W.K.C. “Historia de la Filosofía griega”. Volumen 4. Gredos, Madrid, 1984
5. Guthrie, W.K.C. “Historia de la Filosofía griega”. Volumen 5. Gredos, Madrid, 1984
6. Herodoto, “Nueve Libros de Historia”, Cátedra, 2006

17 Platón, 294c
18 Kraut, R. Cap. 10, Versión digitalizada sin paginar.
19 Platón, 301a.
7. Gómez Lobo, A “Escritos políticos de Platón”, en Estudios Públicos, 51 (invierno 1993), p.
341.
8. Kraut, Richard, "Plato", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2022 Edition),
Edward N. Zalta (ed.), Versión digitalizada disponible en
[https://plato.stanford.edu/archives/spr2022/entries/plato/]
9. Laercio, Diógenes (traducción de Ortiz Sanz). “Vidas de los filósofos más ilustres”. Vol. 5,
Buenos Aires, Perlado, 1940. Versión digitalizada disponible en
[https://biblioteca.org.ar/libros/156933.pdf]
10. Maffi, Alberto, “Hombre regio, ciencia política y legislación en El Político de Platón”en Ivs
Fvgit, 22, 2019, pp. 167-190
11. Platón. Obras completas (traducción de Patricio de Azcárate). Medina y Navarro Editores,
Madrid, 1871.
12. Zamora Calvo J. M. “Castoriadis ante la tradición platónica. Algunas observaciones sobre
una lectura a contracorriente” en Las Torres de Lucca. Revista Internacional de Filosofía
Política, 9(16), 2020 , págs 45-64.
13. W. J. Korab-Karpowicz., “Plato: Political Philosophy”, Internet Encyclopedia of Philosophy,
Versión digitalizada disponible en [https://iep.utm.edu/platopol/]

ÁLVARO SALGADO RUIZ


DNI 71233947a

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