Crisis Asmática
DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN POR SEVERIDAD
Una crisis asmática ocurre cuando los síntomas del asma empeoran, haciendo que los
niños tengan resuello, emitan "pitos" al respirar, tengan tos o falta de aliento. Las crisis
asmáticas pueden ocurrir incluso aunque el asma esté bien controlada.
Las crisis asmáticas también reciben el nombre de "ataques de asma" o
"exacerbaciones".
EVALUACIÓN DE LA GRAVEDAD
Existen diferentes sistemas de triaje de cinco niveles de gravedad. Algunos de los más
empleados es la escala canadiense (Pediatric Canadian Triage and Acuity Scale,
PaedCTAS) que incluye el Triángulo de Evaluación Pediátrico (TEP) como el primer
paso en la valoración del estado fisiológico del paciente. En la práctica clínica, los niños
con crisis asmática presentan generalmente un TEP alterado a expensas del componente
respiratorio (dificultad respiratoria). La afectación de la apariencia (fallo respiratorio)
y/o la circulación (fallo cardiorrespiratorio) es menos frecuente e indica mayor
gravedad. Los niveles de gravedad para un niño con crisis asmática, según la escala
PaedCTAS, son:
Nivel I: resucitación. Fallo cardiorrespiratorio: atención médica (AM) inmediata.
Nivel II: emergencia. Fallo respiratorio: demora máxima de AM 15 minutos.
Nivel III: dificultad respiratoria. Demora máxima de AM 30 minutos.
Nivel IV: estable. Síntomas respiratorios (tos, sibilancias, etc.) en ausencia de dificultad
respiratoria. Demora máxima de AM 1-2 horas.
SIGNOS DE ALARMA Y EVALUACIÓN CLÍNICA
Los síntomas pueden aparecer de manera progresiva o abrupta y suelen presentarse en
pacientes con diagnóstico ya conocido de asma, pero también pueden ser la forma de
inicio de dicha enfermedad.
Los síntomas característicos del asma son:
Sibilancias
Tos
Dificultad respiratoria
CASOS SEVEROS
Alteración del estado de conciencia
Deja de comer.
SO2 menor al 92%
Bradicardia
Taquicardia (120-160)
Ausencia de sibilancia (silencio auscultatorio)
PEF (flujo respiratorio máximo) menor al 60% de lo esperado después del inicio
del manejo
EVALUACIÓN CLÍNICA:
1. Triángulo de Evaluación Pediátrica (TEP): Evalúa la apariencia, la
respiración y la circulación del niño. Un TEP alterado, especialmente en el
componente respiratorio, indica gravedad.
2. Oximetría de pulso: Mide la saturación de oxígeno en sangre, indicando si hay
falta de oxígeno.
3. Frecuencia respiratoria y cardíaca: Se evalúa el ritmo y la velocidad de la
respiración y el corazón.
4. Escalas de gravedad: El Pulmonary Score (PS) es una herramienta útil para
valorar la gravedad de la crisis y predecir la respuesta al tratamiento.
5. Examen físico: Se auscultan los pulmones en busca de sibilancias, roncus o
crepitantes.
6. Uso de músculos accesorios: Se observa si el niño utiliza los músculos del
cuello y el abdomen para respirar.
7. Estado de conciencia: Se evalúa el nivel de alerta y la capacidad para
responder.
TRATAMIENTO INICIAL: SALBUTAMOL, CORTICOIDES, OXÍGENO,
HIDRATACIÓN
SALBUTAMOL
El salbutamol en una crisis asmática se administra preferentemente mediante
inhaladores presurizados con cámara espaciadora (MDI), ya que esta forma es tan
efectiva como la nebulización, con menor aparición de efectos secundarios y mayor
coste-eficiencia. La dosis estándar en este dispositivo es de 4 pulsaciones (80 μg), y se
recomienda realizar de dos a tres dosis sucesivas en todas las edades para lograr una
mejoría rápida de los síntomas y la función respiratoria, además de disminuir la tasa de
hospitalización.
La administración de salbutamol por nebulización se indica si el peso del paciente es
mayor a 20 kg, con dosis de 500 μg, o menor a 20 kg, con dosis de 250 μg, en función
de la gravedad.
CORTICOIDES
El uso precoz de corticoides es esencial en el manejo de la crisis asmática, ya que en
urgencias es fundamental para reducir la inflamación de las vías aéreas y potenciar la
efectividad de los broncodilatadores. Se recomienda utilizarlos de manera precoz en
crisis moderadas y graves, así como en aquellas leves que no responden inicialmente al
tratamiento con broncodilatadores.
El uso de corticoides sistémicos puede realizarse en diferentes formas, incluyendo
dexametasona por vía oral o prednisona/prednisolona en ciclos cortos de 3 a 5 días. La
administración temprana ayuda a disminuir la duración y severidad de la crisis, prevenir
recaídas y reducir el número de dosis de broncodilatadores necesarias.
OXIGENO
Se recomienda durante la estabilización de pacientes inestables, en crisis graves y en
aquellas moderadas con gran trabajo respiratorio y/o hipoxemia. El objetivo es mantener
SatO₂ ≥ 92%. Se debe administrar humidificado, con el dispositivo más cómodo para el
paciente (cánulas nasales, mascarilla facial) y a la menor concentración que mantenga
una SatO₂ adecuada.
HIDRATACIÓN
En el manejo de la crisis asmática en urgencias, la hidratación tiene un papel importante
en la estabilidad del paciente, especialmente en casos de trabajo respiratorio intenso y
deshidratación secundaria a la dificultad para alimentarse o por aumento del gasto de
líquidos en la vía aérea. Sin embargo, no se menciona la hidratación como una terapia
activa específica para reducir la broncoconstricción, sino como una medida de apoyo
para mantener el equilibrio hídrico y facilitar la respiración.
Se recomienda administrar oxígeno humidificado y mantener una postura cómoda para
optimizar la ventilación. La hidratación, en este contexto, se realiza generalmente con
líquidos intravenosos o por vía oral, según la condición clínica del paciente, con el
objetivo de evitar deshidratación que pueda complicar la recuperación y facilitar el
proceso respiratorio.
PREVENCIÓN DE FUTURAS CRISIS (EDUCACIÓN, ADHERENCIA AL
TRATAMIENTO, PLAN DE ACCIÓN)
La prevención de futuras crisis asmáticas en pediatría se centra en varias estrategias
clave, destacando la educación, la adherencia al tratamiento y la implementación de un
plan de acción individualizado. Estas acciones incluyen:
1. Educación y Confirmación de Técnica Inhalatoria: Aprovechar las visitas de
seguimiento para revisar y reforzar la técnica inhalatoria con la familia, lo cual
es crucial para asegurar una correcta administración de los medicamentos.
2. Información Empática y Recomendaciones: Explicar claramente los signos de
dificultad respiratoria para facilitar una detección temprana y promover un
manejo adecuado en domicilio. Se recomienda también ofrecer información por
escrito y dedicar tiempo a responder dudas, fortaleciendo la confianza y la
adherencia al tratamiento.
4. Plan de Acción Personalizado: Establecer y comunicar claramente un plan de
acción que indique qué hacer en diferentes niveles de gravedad de los síntomas,
incluyendo cuándo acudir a urgencias. Este plan debe ser elaborado en conjunto
con el pediatra y adaptado a las necesidades del niño.
5. Seguimiento Regular: Programar controles periódicos con el pediatra para
revisar la situación clínica, ajustar tratamientos y reforzar las medidas
preventivas, con el objetivo de mantener un buen control de la enfermedad y
reducir las hospitalizaciones o visitas de urgencia.
Estas estrategias buscan no solo reducir la frecuencia y severidad de las crisis, sino
también mejorar la calidad de vida del niño y su familia mediante una gestión activa y
preventiva de la enfermedad.