La renovación del socialismo español.
Alicia Martínez Rivas
DNI: 472020859L
Introducción
La renovación del socialismo español se produce entre 1974 y 1979,
entre el Congreso de Suresnes y el XXVIII Congreso. En esto hay un consenso
casi generalizado entre los autores, aunque habrá matices que iremos
explicando a lo largo del presente trabajo.
Para entender los pasos que se dieron en el socialismo español de aquel
momento se hace necesario explicar en primer lugar qué entendemos por
renovación y qué papel jugaron los distintos elementos existentes en él.
El Congreso de Suresnes supuso la sustitución de la ejecutiva socialista
en el exilio, encabezada por Rodolfo Llopis, por una nueva generación de
socialista liderada por Felipe González. La consideración de este hecho como
el inicio de la renovación socialista o no depende del punto de vista con el que
cada autor quiera considerar esta renovación.
No hay acuerdo al calificar este cambio como renovación o ruptura,
Abdón Mateos lo ha calificado como “la diversificación de la elite dirigente, la
consolidación de un liderazgo cohesionado y carismático, el aglutinamiento de
una pluralidad de contenidos ideológicos que consiguió neutralizar el especio
político de opciones centristas de corte socialdemócrata o social-liberal y de las
formaciones de la nueva izquierda, y por último la construcción de un moderno
aparato partidario, eficaz, pluralista y centralizado”1.
Para Carlos Martínez Cobo2 se trató del inicio del verdadero cambio o
renovación. Sin embargo la mayor parte de los autores utilizados para elaborar
este estado de la cuestión acerca de la renovación del socialismo español,
consideran que, si profundizamos en las medidas acordadas en aquel
congreso, el cambio no fue tal puesto que se mantuvieron las principales líneas
políticas del PSOE.
1
Mateos López, Abdón, “Una transición dentro de la transición. Auge, unidad y ‘conversión’ de
los socialistas”, en Javier Tusell Gómez; Álvaro Soto Carmona (eds.), Historia de la transición. Madrid,
Alianza, 1996, 233.
2
Martínez Cobo, C.: La segunda renovación socialista. Intrahistoria del PSOE. Ed. Plaza y Janés,
Barcelona, 1991.
Los sucesivos congresos, el de 1976 y 1979 (el de “ruptura” de
primavera de ese año y el de “renovación de otoño”) fueron perfilando más
claramente esa renovación socialista. Se pasó por ejemplo de definirse en
1974 y 1976 como un partido de carácter marxista, a eliminar ese postulado en
1979.
Lo que es incuestionable es que en apenas un lustro el PSOE consiguió
la legalización, se erigió como la principal fuerza de la oposición y clara
alternativa de poder durante los mandatos de UCD y finalmente obtuvo la
primera y más abultada mayoría absoluta de la Historia de España.
Los distintos autores consultados para elaborar este trabajo darán
debida cuenta de cómo se produjeron estos cambios, analizarán en
profundidad éstos y sus consecuencias.
El tema de este estado de la cuestión ha sido muy estudiado y podemos
encontrar muchas monografías dedicadas a la renovación del socialismo
español. Nosotros hemos querido centrar este estado de la cuestión en
artículos y obras menos extensas y quizá menos conocidas. No obstante el uso
de algunas de estas monografías será imprescindible para elaborar este
estudio.
El estado de la cuestión sobre la renovación del socialismo español será
abordado de manera cronológica atendiendo a los congresos citados, al inicio
del cambio generacional e ideológico producido en los años anteriores, así
como a sus consecuencias.
1. Antecedentes al Congreso de Suresnes.
La división interna del PSOE a finales de la década de los 60 y
comienzos de los 70 nos la explica perfectamente Abdón Mateos3. De una
parte estaba la división y distancia surgida entre las secciones políticas en el
exilio, entre los que habían luchado políticamente antes de la Segunda
República Española, y las nuevas generaciones, aquellas vinculadas más con
el futuro que con el pasado. De otra parte volvían a surgir los “miedos” a una
posible colaboración con los comunistas rechazada por la mayor parte de la
“familia socialista”. Este miedo se explicaba por la hegemonía que había ido
adquiriendo el PCE como principal grupo opositor al régimen.
A partir de 1970 los dirigentes internos pasaron a ser mayoritarios en el
seno de de la dirección socialista. A esto hubo que añadir un ascenso de la
llamada “segunda generación”, los que habían sido niños durante la guerra, es
decir, hubo una preeminencia de los que habían hecho posible la
clandestinidad tras la Guerra Civil sobre los que habían luchado en ella. En
palabras de Santos Juliá4 el PSOE de aquel momento “era otra cosa aunque la
memoria histórica de lo que había sido jugara algún papel”.
Esta segunda generación será clave en la renovación del socialismo.
Antonio García Santesmases5 también nos habla de estos momentos
definiendo de forma precisa a este grupo renovador procedente
fundamentalmente de Madrid, País Vasco y Andalucía. Estos militantes, junto
con los del exilio van a comenzar a dar pasos hacia la renovación a principios
de los 70. Santesmases recoge testimonios de personajes que posteriormente
serían clave como Felipe González en los que se da debida cuenta de las
pretensiones que se tenían: “[…] nosotros lo que queríamos fundamentalmente
3
Mateos, A: “El exilio y la política de la Transición. Una reflexión sobre la continuidad de la
izquierda parlamentaria”. Espacio, tiempo y forma, Serie V, Historia Contemporánea, t. 13, 2000, pp.
169-188.
4
Juliá, S.: Los socialistas en la política española. Luarna. Madrid, 2009.
5
García Santesmases, A.: Repensar la izquierda: evolución ideológica del socialismo en la España
actual. Antrhopos, Barcelona, 1993.
era buscar la identidad del partido en la nueva realidad española y proyectar al
partido a esa nueva realidad defendiendo el espacio político socialista”.
Quedan claras en estas palabras las intenciones del grupo renovador
que, frente al grupo en el exilio de preservar un partido intacto en sus
reivindicaciones y postulados políticos hasta la caída de la dictadura, defiende
adaptarse a las nuevas realidades que van surgiendo en España. Buscaban
una “tercera vía” alejada tanto del reformismo de tendencia socialdemócrata
como del comunismo burocrático.
Con respecto a la organización interna del partido, en estas fechas
también comenzó a reclamarse una mayor participación obrera, a través de
una dirección centralizada.
Una de las cuestiones que comenzará a plantearse a comienzos de la
década de los 70 y que terminará de perfilarse en los sucesivos congresos que
iremos analizando culminando definitivamente en 1978, fue la cuestión de la
unidad socialista. Básicamente el socialismo español estaba dividido en
grupos: los miembros del PSOE fieles al exilio (el posteriormente denominado
PSOE histórico), el Partido Socialista Popular vinculado a Tierno Galván, la
Federación de Partidos Socialistas, y en cuarto lugar el propio PSOE renovado.
2. El Congreso de Suresnes 1974.
Sobre este congreso, que para muchos fue el comienzo de la renovación
socialista, se ha escrito mucho. A las obras mencionadas en el epígrafe
anterior podríamos añadir el artículo de Ignacio Sotelo “El PSOE en la
Transición”, el estudio de Álvaro Díez Cárcamo titulado “El PSOE, de Suresnes
a la Democracia (1974-1982), o “PSOE en la Transición (1974-1979). Una
aproximación histórica” de Eduardo Villaverde Marruedo.
En todos estos estudios los autores coinciden en el cambio generacional
que supuso. La salida del grupo liderado por Rodolfo Llopis y la entrada del
llamado “grupo de Sevilla” encabezado por Felipe González fue un ejemplo
claro de esto. Este cambio generacional no fue sin embargo una renovación
propiamente dicha del socialismo puesto que los preceptos básicos no
cambiaron. Hablaremos a continuación de las claves de aquel congreso, no
obstante es interesante puntualizar aquí que Abdón Mateos no consideró aquel
cambio como una ruptura generacional. Argumenta el autor que más de la
mitad de la ejecutiva del PSOE y de la UGT había nacido antes de la Guerra
Civil6.
Así pues lo que se produjo en aquel congreso a nivel de organización
interna de PSOE fue un equilibrio generacional, y por tanto un equilibrio de
propuestas.
Los autores consultados coinciden en afirmar que la renovación no se
comenzó aquí, o al menos, no en un sentido de ruptura total con la política
llevada a cabo por el PSOE hasta entonces. Eduardo Villaverde explica
pormenorizadamente las resoluciones de aquel congreso7. La resolución
política salida del congreso seguía apostando por la transformación social del
país, y continuaba persiguiendo el objetivo de pasar de una sociedad capitalista
a una sociedad socialista.
Ignacio Sotelo, en el artículo citado al comienzo del epígrafe, ahonda un
poco más en esta idea y explica como la ruptura democrática como paso
anterior a la ruptura del capitalismo era, todavía en este momento, objetivo de
partido, es decir, no se aceptaría ninguna forma proveniente del régimen
franquista.
Además de esto se pedían los ya sabidos derechos laborales, la libertad
de presos políticos, la disolución de las instituciones represivas, etc.
Otro tema interesante en este momento fue la idea de ordenación
territorial que fue aprobada en el congreso como continuación de la que habían
venido defendiendo. Su idea era la creación de una “República Federal de las
Nacionalidades”. A propósito de esto, Abdón Mateos8 nos explica cómo hasta
1968 la política territorial del PSOE había sido centrista, es a partir de ese
momento cuando recuperan los postulados de 1918 que son los que se
seguirán defendiendo a partir del Congreso de Suresnes.
6
Mateos, A.: op. cit. p. 177
7
Villaverde Marruedo, E.: “PSOE en la Transición (1974-1982). Una aproximación histórica”.
Universidad de Alcalá de Henares. pp. 1-20
8
Mateos, A. op. cit. p. 185.
Así pues las ideas defendidas y aprobadas en este congreso no diferían
demasiado de la línea política que el PSOE venía desarrollando. Sin embargo
este congreso supondrá, no la renovación socialista en sí, pero sí el inicio de
ésta. Por un lado la ya mencionada incorporación de una generación posterior
a la que venía dirigiendo el PSOE: Felipe González como Secretario General,
Alfonso Guerra como encargado de prensa, José María Benegas al frente de
las Juventudes Socialistas, etc. Todos ellos jugarán un papel clave en los años
sucesivos. Se estaban sentando las bases de este cambio. Tal y como nos lo
explica Villarverde Marruedo9, prueba de esto serán algunas propuestas que se
enviaron desde organizaciones en el exilio y en el interior para este congreso.
Algunas eran de carácter revolucionario, como la creación de un Partido Obrero
Revolucionario, mientras que otras abogaban por abandonar el carácter
revolucionario con el objetivo de agrupar a un mayor número de personas, es
decir, cambiar el carácter revolucionario por el reformismo.
A medida que avancemos en el análisis de la renovación del socialismo
español iremos viendo como la discusión interna del PSOE girará en torno a
estos dos ejes.
El estudio citado al comienzo de este epígrafe de Álvaro Cárcamo hace
una interesante conclusión acerca de una de las consecuencias que tuvo este
congreso. Se trata de la repercusión que comenzó a tener el PSOE en revistas
y en la prensa presentándose a la opinión pública de manera abierta. A esto
ayudó, no solo la mayor permisibilidad del régimen, sino que los líderes del
partido surgidos en el congreso no llegaban a los 40 años, eran jóvenes y por
tanto con mayor capacidad de llegar a la población y de no suscitar recuerdos
de la Guerra Civil, y que la dirección del partido se asentase ya definitivamente
en España.
9
Villaverde Marruedo, E.: op. cit. p. 3
3. El Congreso XXVII. 1976.
Para analizar este congreso vamos a utilizar las mismas obras y
artículos que hemos utilizado para el estudio del de Suresnes puesto que se
trata de obras que abarcan todo el periodo de renovación del PSOE que
comenzó en 1974. Para unos acabó en 1979 y para otros lo hizo con la primera
victoria por mayoría absoluta del PSOE en 1982. En cualquier caso todas
analizan este congreso de 1976 como continuación de la renovación o cambio
iniciado en 1974.
Las circunstancias en las que se inscribió este congreso las describen
Sergio Gálvez Biesca y Gustavo Muñoz Barrutia en “Las contradicciones del
socialismo. Una aproximación a la historia política del PSOE en la Transición
(1972-1986). El 11 de junio de 1975 se creó la Plataforma de Convergencia
Democrática10 que, según los autores, supuso el fin del periodo de transición
para el PSOE que encabezará ésta y desde ella protagonizará las
negociaciones sobre la política antifranquista. Además de esto comenzaron a
abrirse sedes (todavía alegales). Todo ello fue configurando un nuevo espacio
de lucha antifranquista en el que el PSOE se presentaba como la única
organización capaz de llevar a cabo una verdadera política independiente y
unitaria.
El Congreso se celebró del 5 al 8 de diciembre de 1976 bajo el lema
“Socialismo es libertad”. La importancia de aquél estribó, no tanto en la
incorporación de modificaciones sustanciales en su programa político,
Villaverde Marruedo11 nos habla de las conferencias organizadas por el PSOE
ese mismo verano en las que Felipe González siguió definiendo al partido
como “de masas, democrático, federal, marxista, pluralista e internacionalista”,
sino en la repercusión mediática nacional e internacional que tuvo.
10
Organismo de oposición franquista formado por el PSOE, Movimiento Comunista, Izquierda
Democrática, Organización Revolucionario de Trabajadores, Unión Socialdemócrata Española,
democristianos y socialdemócratas.
11
Villaverde Marruedo, E. op. Cit., p. 5
A pesar de que el PSOE no era un partido legal en España aún, el
régimen “pasó por alto” la organización de aquel congreso. A él asistieron
importantes dirigentes socialistas internacionales como Mitterrand, Pietro
Nenni, o Willy Brandt.
La discusión central del congreso fue cómo había que aplicar el
marxismo. Hubo dos tendencias, la que defendía la heterodoxa del mismo, y la
que defendían una cierta flexibilidad ideológica que les permitiera acercarse a
un mayor número de población.
El acuerdo de un programa de mínimos quedó reflejado en el llamado
Programa de Transición. Entre los puntos más destacados estaría el que se
refiere a la implantación de un sistema de “socialismo autogestionario inédito
en todo el mundo” al cual se llegaría tras superar tres etapas: la transición a
una democracia formal, la formación de una sociedad dominada por los
trabajadores en libertad, y la última la eliminación de las clases sociales y la
sociedad autogestionada.
Se trataron otros puntos como la petición de elecciones libres, derecho
de asociación, organización territorial federal, poder judicial independientes,
poder legislativo en una sola cámara, etc. Para Villaverde Marruedo este
programa no era demasiado ambicioso, sino más bien clásico en comparación
con los postulados de la izquierda no revolucionaria del siglo XX12. Se trataba
entonces de una modernización de mensaje para poder así liderar las fuerzas
de izquierda.
En esta misma línea se encuentra Ignacio Sotelo13 al considerar que los
textos aprobados por este congreso ahondaban en la “ruptura del capitalismo”
sin considerar ya la previa “ruptura de la democracia”.
A pesar de este programa aceptado por todos, Gálvez y Muñoz14 ven
ciertas contradicciones ideológicas. Por una parte las actitudes políticas de las
12
Idem. p. 9
13
Sotelo, I: “El PSOE en la Transición”, Cuenta y Razón, nº 41, pp. 1-6.
14
Gálvez Biesca, S. y Muñoz Barrutia, g.: “Las contradicciones del socialismo: una aproximación a
la historia política del PSOE en la Transición (1972-1986). Comunicación presentada a las VI Jornadas de
Castilla-La Mancha sobre Investigación en Archivos: La Transición a la Democracia y Fuentes
Documentales. Guadalajara, 4-7 de noviembre, 2003, p. 7.
bases y de la elite del partido eran muy distintas, mientras unos negociaban y
conciliaban posturas con democracia cristiana, otros intentaban fomentar la
política de presión de masas. Además la necesidad de aglutinar a muchas
personas había hecho del partido un partido de masas y democrático, dando
entrada a ideologías muy distintas como por ejemplo los troskistas y
socialdemócratas que generaban fuertes debates internos.
4. 1979-1982. La renovación definitiva
De 1976 a 1979 hubo cambios significativos en el panorama político
español. Se habían legalizado los partidos políticos, en 1977 tuvieron lugar las
primeras elecciones democráticas desde 1936 en las que el PSOE se había
convertido en la segunda fuerza más votada con 18 escaños y cinco millones
de votos. Este hecho hizo que los líderes socialistas Felipe González y Alfonso
Guerra aumentaran considerablemente su popularidad.
En el ámbito interno el PSP de Tierno Galván en el PSOE en 1978, y el
1979 lo hicieron otras agrupaciones y partidos como la “federación de Partidos
Socialistas”.
Las Cortes de 1977 fueron constituyentes. Se consiguió aprobar el texto
constitucional después de más de un año de trabajo desde las elecciones de
junio de 1977, y fue sometido a referéndum el 6 de diciembre de 1978. Tanto el
PSOE como UCD votaron a favor del texto, mientras que el PNV se abstuvo.
La aprobación de la Constitucional supuso el fin del régimen de Franco, el fin
de un gobierno autoritario que daba paso a uno democrático.
Durante el debate constitucional el PSOE fue consiguiendo que se
aceptaran algunas de sus propuestas como la mayoría de edad, la abolición de
la pena de muerte, la condición de un Estado Aconfesional, una enseñanza
laica, etc. Otro de los temas importantes a tratar en aquellos debates era la
cuestión de la Monarquía, el PSOE se posicionó en contra y a favor de una
República, aunque matizando que aceptarían la solución final que saliese.
Tras las elecciones de 1979 el PSOE convoca su XVIII Congreso el 19
de mayo. Sotelo15 explica por qué ese congreso giró en torno a la definición del
15
Sotelo, I. op. Cit. P. 5
PSOE como partido marxista o no. La tensión derivada de esta discusión es
recogida y explicada por todos los autores consultados. Para Sotelo el que no
se hubiera producido la esperada “ruptura democrática” y que el PSOE se
hubiera convertido en la segunda fuerza política, vaciaban de contenido la idea
de “romper con el capitalismo” que aparecía ya en este momento como una
quimera.
Así la tensión vendrá de quienes siguen defendiendo una “ruptura del
capitalismo” que se declaran marxistas, y los no marxistas que creen que el
capitalismo ha dejado de ser superable.
Para Gálvez y Muñoz16 los nuevos contextos políticos ya citados hacían
incompatible actuar según sus principios políticos finales, sobre todo si se
querían ser, como se venía perfilando desde 1974, la fuerza central de la
izquierda. Además, prosiguen los autores, no habían posibilidad real de hacer
realidad el socialismo autogestionario que quedaba más en el ámbito de la
imaginación o el deseo. Los dirigentes entendieron rápidamente que el partido
debía adaptarse a la nueva realidad política, social y económica del país sino
quería acabar siendo un proyecto utópico vacío de contenido.
Los documentos llevados al congreso volvían a ser moderados, en línea
con el congreso de 1979. Sin embargo las medidas aprobadas nada tenían que
ver con esta moderación. La resolución especificaba que el partido “asumía el
programa máximo de 1879” y “toma el marxismo como enseñanza más
importante”. Asimismo propugnaba la transición al socialismo siguiendo un
método dialéctico combinado con la movilización popular y consideraba que si
las elecciones de 1977 habían sido un paso fundamental, la “ruptura
democrática” no se había agotado en su totalidad.
Esta resolución fue aprobada por un amplio margen, algo paradójico
porque contradecía la tesis de la ejecutiva que consideraba que el proceso de
“ruptura democrática” estaba ya cerrado.
Felipe González no estaba dispuesto a ser elegido de nuevo Secretario
General con una resolución que contradijera en tantos puntos a la que había
16
Gálvez Biesca, S. y Muñoz Barrutia, G.: op. Cit. p. 10.
formulado “su” Comité Federal, y en su discurso final dijo que “había que ser
socialista antes que marxista”. Lo que supuso esta renuncia lo explica muy bien
Villaverde Marruedo17. El autor lo califica de “acabose” puesto que los “críticos”,
los que habían propuesto aquella resolución, no esperaban, ni mucho menos,
aquel desenlace y no pudieron presentar ninguna candidatura al cargo de
Secretario General. Finalmente se llegó a la solución temporal de crear una
Comisión Gestora y convocar un congreso extraordinario en un breve espacio
de tiempo.
El 28 de septiembre comenzó el congreso extraordinario con dos
sectores enfrentados dentro del PSOE. Por un lado el denominado sector
“felipista”, y por otro el sector “crítico”. Una parte del sector crítico se mostraba
conciliador con los postulados de Felipe González, pero otra parte mostraba
abiertamente su rechazo a la posibilidad de que González fuera elegido de
nuevo Secretario General.
A pesar de estas tensiones, el congreso se desarrolló en un tono mucho
más calmado que el anterior. El Programa que se llevó siguió siendo de
izquierdas aunque mucho más moderado, en el que se definía al partido como
“de clase, de masas, democrático y federal” al tiempo que se especificaba que
“el PSOE además de ser un partido de masas, debe contar con una sólida
estructura de cuadros democráticamente elegidos y revocables”. También se
asumía el marxismo pero “como instrumento teórico”.
En estos extractos del programa se evidencia un cambio significativo, el
PSOE ya no era un partido de masas como lo había sido desde su nacimiento,
la masa elegía a los cuadros, pero éstos no eran la masa, sino personas bien
formadas y preparadas para poder formar parte de la vida democrática.
Por otro lado el término marxista desaparecía, y la Ejecutiva salida de
este congreso estuvo formada solo por personas cercanas a Felipe González.
Se consiguió además jerarquizar la organización para hacerla más efectiva y
clarificar el papel político que el partido debería realizar en la Historia de
España.
17
Villaverde Marruedo, op. Cit. p. 15
Todos los estudios citados en este trabajo coinciden en afirmar que esta
nueva estrategia del PSOE fue la que le permitió ganar con mayoría absoluta
las elecciones de 1982. Andrade Blanco18 define esta nueva estrategia del
partido como una “vía intermedia” en la que los ejes centrales del nuevo
discurso “pasaron a descansar en la propuesta socialmente aséptica de
modernizar las estructuras del país y consolidar la democracia en su sentido
liberal” sin pretender cambio mayores. El autor también resume cuáles fueron
los objetivos esenciales que pretendía alcanzar el PSOE: primacía de la
sociedad civil sobre la militar, vertebrar autonómicamente el país y fortalecer el
estado de bienestar. Unos objetivos éstos que renunciaban a los valores más
“arriesgados” de la socialdemocracia. Para llegar a esto durante los dos
congresos de 1979 hubo que elegir entre un partido socialista que aportara a
corto o medio plazo por un reformismo fuerte, o un partido con posibilidades de
llegar al poder. Se eligió lo segundo ayudados por la falta de dirección para
llevar a cabo lo primero, y por el fuerte carisma de Felipe González que tan
buenos resultados electorales había dado hasta el momento.
Ignacio Sotelo19, que en su artículo hace un somero pero esclarecedor
recorrido por los cambios del PSOE en la Transición, resume en una frase la
profundidad ideológica de los cambios adoptados por el Partido Socialista que
“al desprenderse de un modelo alternativo de sociedad, se convierte en una
alternativa real de gobierno”.
En la misma línea que los anteriores están las afirmaciones de Gálvez y
Muñoz20. El Programa Máximo aprobado en el segundo Congreso de 1979 no
era más que “un recuerdo patrimonial del partido”, mientras que su proyecto
político principal se basaba en la consolidación de la democracia, que
consagraba a su vez la economía de mercado, dándole una interpretación
socialmente avanzada. Para los autores este cambio ideológico posibilitó “la
conquista del poder”, objetivo central del partido.
18
Andrade Blanco, J.A.: “Cambio ideológico en tiempos de cambio político, la problemática
relación de la izquierda con su ideario durante la Transición”, Novísima, 2010, pp. 433-440.
19
Sotelo, I.: op. Cit. p. 6
20
Gálvez Biesca, S. y Muñoz Barrutia, G.: op. Cit. p. 12.
Díez Cárcamo21 explica cómo tras el abandono del marxismo el PSOE
ganó muchos apoyos. No solo los electorales, ya mencionados, también obtuvo
el apoyo de los medios de comunicación social. Estos apoyos le valieron a
Felipe González la vicepresidencia de la Internacional Socialista. De esto se
desprende que el viraje ideológico impulsado por González fue interpretado
positivamente no solo en el ámbito nacional español, sino en el ámbito
internacional.
Así un partido que había vivido en la clandestinidad, se convirtió en el
partido con más apoyo electoral de la historia presente de España.
A lo largo del año 1980 la situación política española fue complicándose
hasta llegar al intento de golpe de Estado de Tejero el 23 de febrero de 1981. El
vacío de poder tras la dimisión de Adolfo Suárez y, por consiguiente, la
debilidad de la democracia española, fueron las causas de aquel intento
golpista. El golpe fracasó y lo que se empezó a plantear fue fortalecer la
democracia a través de un pacto político entre UCD y el PSOE.
Otro frente era el de la permanencia o no de España en la OTAN. El
PSOE inició una campaña en la que rechazaba la permanencia de España,
pero tras un acuerdo con diferentes grupos políticos como CD o PNV, el
resultado fue positivo y Felipe González se comprometió a celebrar un
referéndum para que los españoles pudieran expresar su opinión respecto a
este asunto si llegaba al poder.
Estas cuestiones influyeron en el congreso XXIX del PSOE de 1981. Los
socialistas tenían clara la necesidad de llegar al poder para lo cual necesitaban
que una mayoría de la población se sintiera representada por su programa. El
programa salido del congreso era de reformismo radical, dejando a un lado
cualquier atisbo revolucionario. Tenía elementos propios de un programa
social-demócrata como el desarrollo del estado del bienestar o la distribución
de la riqueza, es decir, no buscaba un cambio de sistema, sino hacer reformas
dentro del ya existente.
21
Díez cárcamo, A.: “El PSOE, de Suresnes a la Democracia (1974-1982). Ciclo de Conferencias
Ateneo riojano: Visiones de nuestro tiempo, 2005.
El PSOE consiguió orientar su ideología y la estrategia a seguir ante las
elecciones que se presentaban, y cuyas aspiraciones estaban en la conquista y
estabilización de la democracia en España, junto con políticas de
modernización y reformas sociales. Con este programa consiguió el PSOE
ganar por amplia mayoría absoluta las elecciones de de 1982. Sin embargo
parte de ese éxito provino de la enorme cohesión interna que había logrado la
organización desde el XXIX congreso.
Por primera vez, desde su fundación en 1879 por Pablo Iglesias, el
PSOE gobernaba en solitario.
Conclusiones
El paso dado por el PSOE de definirse como un partido marxista en
1974, a reconocer y aceptar únicamente las enseñanzas marxistas en 1979,
puede parecer un cambio sin importancia. Sin embargo la importancia estriba
no tanto en el fondo, en la práctica una definición u otra no alteraba
sustancialmente la manera de hacer de la organización, sino en la forma. Se
trataba más bien de un lavado de imagen que les permitiera tener un mayor
apoyo social al desvincularse de conceptos que en la memoria colectiva aún
causaban miedo y desconfianza.
Los estudios consultados para elaborar este trabajo así lo desprenden,
al igual que tienen una valoración positiva de aquel cambio en cuanto al
crecimiento en apoyos sociales del PSOE, cuyos resultados quedaron
probados definitivamente en las elecciones de 1982. No obstante los estudios
tampoco dejan de lado las consecuencias que el PSOE pagó por este viraje
hacia la moderación ideológica, y es que lo cierto es que le supuso renunciar a
una parte importante de su ideología por la que habían luchado, con menos
intensidad en la clandestinidad que el PCE pero luchado al fin y al cabo,
durante todo el franquismo. Renunciaron a construir una sociedad alternativa.
Los estudios utilizados en este trabajo profundizan en esta renovación
del socialismo español. Unos inciden más en el estudio de las resoluciones
aprobadas en cada congreso, este es el caso de Villaverde Marruedo o de
Cárcamo, otros, sin embargo, analizan esos cambios ideológicos desde un
punto de vista social como el artículo de Gálvez y Muñoz. Con la selección de
estos y otros estudios para este trabajo, hemos intentado abordar todos los
elementos que influyeron en la renovación del socialismo español para dar así
una visión de conjunto tanto de las circunstancias ajenas al PSOE, como el
contexto político español e internacional del momento, como de las vicisitudes
en el seno del partido y las discusiones que de ellas se derivaron durante toda
la década de los 70.
Bibliografía.
- Andrade Blanco, J.A.: “Cambio ideológico en tiempos de cambio político, la
problemática relación de la izquierda con su ideario durante la Transición”,
Novísima, 2010, pp. 433-440.
- Díez cárcamo, A.: “El PSOE, de Suresnes a la Democracia (1974-1982).
Ciclo de Conferencias Ateneo riojano: Visiones de nuestro tiempo, 2005.
- Gálvez Biesca, S. y Muñoz Barrutia, g.: “Las contradicciones del socialismo:
una aproximación a la historia política del PSOE en la Transición (1972-1986).
Comunicación presentada a las VI Jornadas de Castilla-La Mancha sobre
Investigación en Archivos: La Transición a la Democracia y Fuentes
Documentales. Guadalajara, 4-7 de noviembre, 2003, p. 7.
- García Santesmases, A.: Repensar la izquierda: evolución ideológica del
socialismo en la España actual. Antrhopos, Barcelona, 1993.
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(eds.), Historia de la transición. Madrid, Alianza, 1996, 233.
- Id.: “El exilio y la política de la Transición. Una reflexión sobre la continuidad
de la izquierda parlamentaria”. Espacio, tiempo y forma, Serie V, Historia
Contemporánea, t. 13, 2000, pp. 169-188.
- Sotelo, I: “El PSOE en la Transición”, Cuenta y Razón, nº 41, pp. 1-6.
- Villaverde Marruedo, E.: “PSOE en la Transición (1974-1982). Una
aproximación histórica”. Universidad de Alcalá de Henares, 2006, pp. 1-20