Sermón: Conocer a Dios se nota: amar o mentir
Texto: 1 Juan 4:7–12
Introducción
Hermanos, el cristianismo verdadero no se mide en emociones, en experiencias
espirituales ni en frases bonitas. Tampoco se mide en cuántos versículos citamos o qué
tan buena es nuestro conocimiento de Dios. La verdadera prueba está en algo más
visible, más práctico y, a la vez, más exigente: el amor.
El apóstol Juan nos dice sin rodeos: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios
es amor” (v.8). Esa es una sentencia definitiva. Si alguien profesa ser cristiano, pero no
ama, no importa qué tanto diga conocer a Dios, no lo conoce.
Hoy vamos a considerar este pasaje en tres movimientos claros:
1. La prueba irrefutable: el amor que nace de Dios.
2. La demostración suprema: la cruz que define el amor.
3. La consecuencia inevitable: una iglesia donde el amor madura.
I. La prueba irrefutable: el amor que nace de Dios (vv.7–8)
Leamos: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo
aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha
conocido a Dios; porque Dios es amor.”
Note que Juan comienza con un imperativo: “amémonos unos a otros”. El verbo está en
presente, es decir, se trata de un estilo de vida, no de un gesto ocasional. Amar no es un
acto aislado; es una práctica continua.
¿Y por qué debemos amar? Porque “el amor es de Dios”. El amor verdadero no nace
del temperamento, de la educación ni de la cultura; nace de Dios. Y Juan añade: “todo
aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios”. Aquí hay una conexión vital: el
amor es evidencia de nuevo nacimiento. Donde hay vida nueva, habrá amor.
Por contraste: “el que no ama, no ha conocido a Dios”. El verbo “conocer” (ginōskō)
implica una relación transformadora, no mera información. Juan no dice “no sabe de
Dios”, dice “no lo ha conocido”. La ausencia de amor no es un simple defecto moral;
es señal de que la persona nunca ha entrado en una relación real con Dios.
Aplicación: Usted puede cantar, orar, enseñar, servir… pero si no ama, no conoce a Dios.
Esa es la prueba irrefutable. Examínese: ¿se caracteriza su vida por amar a los hermanos
en Cristo? ¿O más bien por la crítica, el egoísmo y la indiferencia?
II. La demostración suprema: la cruz define el amor (vv.9–10)
Juan no deja que pensemos en el amor como algo subjetivo. Lo muestra en la historia:
“En esto se mostró el amor de Dios en nosotros: en que Dios envió a su Hijo
unigénito al mundo, para que vivamos por Él. En esto consiste el amor: no en
que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y
envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”
Observe que el amor verdadero no se define por nuestro esfuerzo, sino por la iniciativa
de Dios. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado primero. El amor
comienza en Dios. Él tomó la iniciativa, Él envió a su Hijo.
El término clave aquí es propiciación (hilasmos). ¿Qué significa? Que en la cruz, Jesús
satisfizo la justicia de Dios, cargó con nuestra culpa, llevó la ira santa que merecíamos, y
lo hizo por amor. Es un amor que no niega la justicia, sino que la cumple a través del
sacrificio perfecto de Cristo.
Aplicación: El estándar del amor cristiano no es lo que el mundo llama amor. El estándar
es la cruz. Amar significa sacrificarse por el bien del otro, aun a costa propia.
Pregúntese: ¿su amor hacia los demás refleja algo del amor de Cristo que se entregó en
la cruz?
III. La consecuencia inevitable: una iglesia donde el amor madura (vv.11–12)
Juan concluye: “Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros
amarnos unos a otros.” El “debemos” no es opcional. No se trata de un consejo, es
una obligación. El amor fraternal es la consecuencia lógica de haber recibido el amor de
Dios.
Y luego añade: “Nadie ha visto jamás a Dios; si nos amamos unos a otros, Dios
permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.”
Aquí está el punto: aunque nadie puede ver a Dios, el mundo puede ver a Dios reflejado
en la iglesia cuando los creyentes se aman. El amor entre los hermanos hace visible al
Dios invisible.
El verbo “se ha perfeccionado” significa que el amor alcanza su meta cuando se expresa
en la comunidad cristiana. El amor de Dios no fue dado para quedarse en palabras, sino
para cumplirse en hechos.
Aplicación: La credibilidad de nuestra iglesia depende del amor. No son las actividades,
no son los programas, no es la música, ni siquiera la solidez doctrinal en sí misma. Todo
eso sin amor es vacío. El mundo conocerá a Dios por la manera en que la iglesia ama.
________________________________________
Conclusión
El mensaje es claro y directo: el amor es la prueba del verdadero conocimiento de Dios.
• La prueba irrefutable: amar demuestra el nuevo nacimiento.
• La demostración suprema: la cruz define el amor.
• La consecuencia inevitable: una iglesia madura refleja el amor de Dios.
Hermanos, nadie puede excusarse. Si usted no ama, no conoce a Dios. Si usted ama
como Dios ha amado en Cristo, entonces hay evidencia de vida nueva.
Llamado final: No se engañe pensando que basta con confesar fe o conocer doctrina.
Vaya a la cruz, reciba el amor de Dios en Cristo y deje que ese amor transforme su vida.
Y entonces, ame. Ame a sus hermanos. Ame de manera práctica y sacrificial. Porque en
esto se nota quién verdaderamente conoce a Dios.