Oposiciones al Cuerpo de Profesores de ESO y Bachillerato
Lengua castellana y Literatura
TEMA 43: EL MESTER DE CLERECÍA. GONZALO DE BERCEO.
Bloque Literatura medieval
1. Introducción: acercamiento a la épica y a los cantares de gesta.
2. Justificación del tema y relación con el contenido escolar.
3. El Mester de Clerecía.
3.1. Contexto histórico y cultural.
3.2. Características.
3.3. Evolución histórica: siglos XIII y XIV.
4. Gonzalo de Berceo.
4.1. Vida y obras.
4.2. Los Milagros de Nuestra Señora.
5. Juan Ruiz, arcipreste de Hita.
5.1. Libro de Buen Amor.
6. Conclusión.
7. Bibliografía.
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1. Introducción.
Durante los siglos XIII y XIV asistimos al auge del Mester de Clerecía, inserto en la
tradición literaria culta. Una época que nos ha dejado dos autores de primer orden como
Gonzalo de Berceo y Juan Ruiz, cada uno con un estilo muy peculiar, que abordaremos
en este tema junto con la evolución de la Clerecía durante estos siglos.
2. Justificación del tema y referencia al contenido escolar.
El estudio de las fuentes de la literatura occidental en el currículo de Secundaria y
Bachillerato es de suma importancia para que los alumnos adquieran la competencia
lingüística y tomen conciencia de la expresión cultural que supone adentrarse en las
principales obras que sientan las bases de la cultura occidental. Es cuando los
discentes comienzan a desarrollar la adquisición del pensamiento abstracto, la
reflexión lingüística y el análisis del contexto histórico-social de las etapas de la
literatura. Para ello los alumnos necesitarán comprender la relación entre el hombre y
su época, la visión de la vida, los valores para establecer un diálogo interno con la vida
en la actualidad. Con ello se persigue ofrecer al alumnado las claves universales del
ser humano y hacerles reflexionar que somos el producto de nuestro tiempo.
3. El Mester de Clerecía.
En el siglo XIII surge el primer movimiento literario culto español: el Mester de Clerecía.
Será un tipo de poesía narrativa cultivada por clérigos, aunque entendiendo siempre
por tales no sólo a quienes lo eran propiamente, sino también a todo hombre culto y
letrado, que poseyera la educación latino-eclesiástica.
La sociedad medieval de aquel tiempo está muy jerarquizada, con una
organización piramidal de los estamentos: en la cÚSpide está el rey, y por debajo la
nobleza, el clero y el pueblo llano. En cuanto al contexto histórico de aquella época,
Europa estará enfrascada en las Cruzadas, con expediciones cristianas enviadas
para rescatar los santos lugares, mientras que en la península ibérica se vive el
proceso de Reconquista.
Los caballeros, lo mismo que los reyes, vivían entregados casi exclusivamente a los
negocios de la política y al oficio de las armas, y con frecuencia desconocían hasta los
rudimentos de la escritura; durante la Alta Edad Media, sobre todo, fueron
numerosos los monarcas que no supieron firmar. El “pueblo” por su parte,
entendiendo como tal incluso, en su más amplio sentido a la clase media o
burguesa, tardaría aÚn largo tiempo en incorporarse al mundo de la cultura literaria con
el nacimiento y desarrollo de las ciudades. El saber se refugia, pues, en los
monasterios y durante siglos es patrimonio esencial de los clérigos, de donde nace la
atribución de este carácter a quienes se entregan al estudio, aunque no fuese aquélla
su condición real: clerecía y saber se hacen sinónimos.
Estos “clérigos” letrados habían escrito hasta entonces sus obras en latín, pero
debido al uso creciente de la lengua romance y, por tanto, al hecho de que cada día
iba siendo menor el nÚmero de los que podían entender el idioma clásico,
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acabaron por descender al cultivo de la lengua popular con el propósito de
difundir entre las gentes el saber que atesoraban en sus bibliotecas.
3.1. Contexto histórico y cultural.
En el siglo XIII surge el primer movimiento literario culto español: el Mester de Clerecía.
Será un tipo de poesía narrativa cultivada por clérigos, aunque entendiendo siempre
por tales no sólo a quienes lo eran propiamente, sino también a todo hombre culto y
letrado, que poseyera la educación latino-eclesiástica.
La sociedad medieval de aquel tiempo está muy jerarquizada, con una
organización piramidal de los estamentos: en la cÚSpide está el rey, y por debajo la
nobleza, el clero y el pueblo llano. En cuanto al contexto histórico de aquella época,
Europa estará enfrascada en las Cruzadas, con expediciones cristianas enviadas
para rescatar los santos lugares, mientras que en la península ibérica se vive el
proceso de Reconquista.
Los caballeros, lo mismo que los reyes, vivían entregados casi exclusivamente a los
negocios de la política y al oficio de las armas, y con frecuencia desconocían hasta los
rudimentos de la escritura; durante la Alta Edad Media, sobre todo, fueron
numerosos los monarcas que no supieron firmar. El “pueblo” por su parte,
entendiendo como tal incluso, en su más amplio sentido a la clase media o
burguesa, tardaría aÚn largo tiempo en incorporarse al mundo de la cultura literaria con
el nacimiento y desarrollo de las ciudades. El saber se refugia, pues, en los
monasterios y durante siglos es patrimonio esencial de los clérigos, de donde nace la
atribución de este carácter a quienes se entregan al estudio, aunque no fuese aquélla
su condición real: clerecía y saber se hacen sinónimos.
Estos “clérigos” letrados habían escrito hasta entonces sus obras en latín, pero
debido al uso creciente de la lengua romance y, por tanto, al hecho de que cada día iba
siendo menor el nÚmero de los que podían entender el idioma clásico, acabaron
por descender al cultivo de la lengua popular con el propósito de difundir entre
las gentes el saber que atesoraban en sus bibliotecas.
3.2. Características.
Este tipo de poesía narrativa culta va a distinguirse por los siguientes rasgos métricos y
estilísticos, algunos de los cuales vienen definidos en la segunda estrofa del Libro de
Aleixandre:
- La métrica constituye uno de los elementos diferenciadores de la clerecía. La
estrofa elegida es la cuaderna vía: cuatro versos alejandrinos (14 sílabas)
monorrimos con rima consonante.
- Lenguaje culto y cuidado. En contraposición a la base tradicional de la juglaría,
el de clerecía bebe en las fuentes cultas latinas.
- Carácter didáctico. No se utiliza el arte por el arte, sino que tiene la pretensión de
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deleitar enseñando.
- Temática variada. El Mester de Clerecía va a abordar temas religiosos, ascéticos,
didácticos y hasta amorosos.
3.3. Evolución histórica: siglos XIII y XIV.
Cronológicamente, el Mester de Clerecía se prolongó desde mediados del siglo XIII
hasta finales del siglo XIV. Durante el primero de estos siglos se atuvo casi con absoluto
rigor a los moldes métricos anteriormente descritos, propuestos en el Libro de
Aleixandre. Pero a partir del siglo XIV, las composiciones empiezan a presentar
variaciones importantes:
- Mientras que en el siglo XIII hay mayor regularidad de la cuaderna vía, en el siglo
XIV se abre paso la heterogeneidad con la aparición de letrillas, pareados, trísticos.
- Las composiciones del siglo XIV introducen elementos líricos, en oposición a la
absoluta predominancia de lo narrativo del XIII.
- El didactismo, claro al principio, se va haciendo cada vez más ambiguo.
- La heterogeneidad de fuentes es mayor por momentos.
En el siglo XIII podemos señalar a Gonzalo de Berceo como el autor más destacado, que
desarrollaremos con amplitud en otro punto. Pero además de él, este siglo nos ha
dejado importantes obras anónimas:
- Libro de Aleixandre al que nos hemos referido antes, en el que se destacan detalles
de la vida de Alejandro Magno, paradigma del caballero perfecto: reÚne justicia y
valor en su persona. El poema contiene más de 10.000 versos, donde se incluyen
elementos fabulosos. El poema fue escrito para ser leído en la corte, por eso se da
una imagen positiva de la monarquía.
- Libro de Apolonio, cuya trama gira en torno a las aventuras del rey Apolonio, escrita
con intención moralizadora: el mal conlleva un castigo y la práctica del bien un
premio.
- Poema de Fernán González, donde asistimos a una curiosa unión entre la juglaría
y la clerecía, ya que aborda un tema épico escrito en cuaderna vía. Hay claro afán
propagandístico en torno al monasterio de San Pedro de Arlanza.
En el siglo XIV tenemos como obra más representativa el Libro de buen amor de Juan
Ruiz, Arcipreste de Hita, que desarrollaremos posteriormente con más profundidad. En
este siglo también dejaron una huella importante las siguientes obras:
- Rimado de Palacio, de López de Ayala. Es un cancionero de intención didáctico-
moral donde se dan consejos políticos para el buen funcionamiento del Gobierno.
López de Ayala proviene de una familia noble, con una buena cultura para su época.
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Además de la Biblia, conoce la obra de Tito Licio, Valerio Máximo y San Agustín,
que son sus fuentes documentales para escribir el Rimado.
- Libro de miseria de omne, del que brota un profundo pesimismo al hacer un
repaso sobre las mezquindades e infortunios de la vida. Se basa en el libro De
contemptu mundi de Inocencio III. Al final del libro, se recrean los terrores del juicio
final.
- Proverbios del rey Salomón, donde se insiste en la brevedad de la vida y en la
caracterización de la muerte como igualadora de todas las clases sociales. Su tono
es sobrio y austero, bebe de la influencia del Eclesiastés.
- Proverbios morales del rabino judío don Sem Tob, que representan la
introducción de la literatura sentenciosa. Sus fuentes son la literatura sapiencial
talMÚdica, bíblica y árabe. Sem Tob gozó de la protección del Pedro I, rey de
Castilla. En su obra, le recomienda a este monarca que sea activo antes que
excesivamente prudente.
4. Gonzalo de Berceo.
4.1. Vida y obras.
Gonzalo de Berceo es el primer poeta en lengua castellana con nombre conocido. Los
datos que manejamos de él nos los ha dejado escrito en sus propias composiciones.
Nace a finales del siglo XII en el pueblo del que toma su nombre, Berceo (La Rioja),
y estuvo vinculado al monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, que ya tenía
relevancia en aquella época.
El estudio detallado de su obra nos revela un autor que maneja con destreza la forma
poética de la cuaderna vía. La creación poética de Berceo es, sin embargo, de clara
orientación popular. Se trata de un autor que divulga y explica, con clara
intencionalidad catequística o propagandística. De esta forma, el poeta se erige en
intermediario entre la ciencia de los clérigos y el vulgo, que no tenía acceso a las
fuentes escritas. Berceo se aparta de los manuales de teología de la época (muy
teóricos y difíciles de comprender para el pueblo llano) y nos presenta una teología
básicamente existencial, de utilidad para el hombre medieval.
La obra de Berceo se divide en tres grandes bloques:
1. Obras marianas: Milagros de Nuestra Señora, Loores de Nuestra Señora, Duelo
de la Virgen.
2. Obras hagiográficas: Vida de San Millán de la Cogolla, Vida de Santo Domingo
de Silos, Vida de Santa Oria, Martirio de San Lorenzo.
3. Obras doctrinales: El sacrificio de la misa, Los signos del Juicio Final.
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A continuación, nos centraremos en su obra más conocida, Milagros de Nuestra
Señora, que nos servirá de guía para comprender la dimensión literaria de Berceo, su
concepción mariana y los rasgos estilísticos propios.
4.2. Los Milagros de Nuestra Señora.
Los Milagros de Nuestra Señora constituyen la más importante y extensa obra de
Berceo. Se compone de un total de veinticinco milagros. El objetivo de Berceo es
aumentar la devoción hacia la Virgen María, que aparece como abogada de los
hombres. La piedad mariana en Berceo entronca con una corriente muy poderosa en
la Edad Media: María, madre de JesÚS, tiene un acceso directo e inmediato a su hijo
y por consiguiente actúa intercediendo entre el ser humano y Dios; es la abogada
que defiende a sus fieles, la que socorre a los hombres en sus momentos de
necesidad. Su actitud materna la inclinan a ser benevolente con sus hijos y por ello
defiende y aboga por sus fieles, que según la fe cristiana son hijos suyos, ante JesÚS,
su hijo divino.
En esta obra se da cuenta de algunos de los milagros que se le atribuyen a la Virgen,
que alcanza niveles sorprendentes: salva del infierno a los pecaminosos y borrachos,
resucita a los que no murieron en paz para que puedan volver a fallecer en
cristiandad y salvarse, evita que un ladrón devoto sea ahorcado. Sin embargo, en el
fondo religioso de la Edad Media, AÚn queda un poso de fanatismo antijudaico. Los
judíos han de ser las Únicas víctimas del infierno: se les relaciona con la
hechicería y la profanación en una época en la que estaban constantemente bajo
sospecha. La misma Virgen reclama a sus fieles el castigo de unos sacrílegos de la
judería toledana.
Cada milagro se estructura segÚn el orden de los sermones: exordium, para llamar la
atención de los oyentes, narratio, donde se cuenta el milagro, y conclusión, con un
mensaje moral de modo explícito. Hay un gran componente alegórico: el romero
es el hombre y la romería, la vida; los prados representan a la Virgen; la verdura y
los árboles su virginidad y sus milagros.
En cuanto a los rasgos métricos y estilísticos, se sirve de la cuaderna vía, con muchas
rimas asonantes en los hemistiquios. Se vale de numerosos recursos estilísticos que
muestran la voluntad de estilo de Berceo: metonimias, metáforas, anáforas
intensificadoras, aliteraciones, hipérbatos. También se vale del sentido del humor con
algunas ironías para llegar mejor al creyente e involucrarlo emocionalmente, y emplea
ciertos rasgos que le procuran un aire popular, como son los diminutivos y las
exclamaciones. En un afán de rigurosidad, hace alusión a las Sagradas Escrituras
como la fuente a la que se remite
5. Juan Ruiz, arcipreste de Hita.
Es poco lo que se sabe sobre el autor del Libro de Buen Amor. Su nombre era Juan
Ruiz, vivió a mediados del siglo XIV y llegó a ocupar el cargo eclesiástico de arcipreste
de Hita (provincia de Guadalajara). Juan Ruiz va a pasar a la historia de la literatura
por haber creado una de las obras cumbres de la Edad Media, donde retrata de forma
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magistral la sociedad que bullía entonces, y creará el personaje mítico de
Trotaconventos, madre de todas las Celestinas que cundirían en la literatura
española.
Por como se expresa podemos deducir que nuestro arcipreste fue un hombre culto,
manejó un rico vocabulario, destacó por su audacia y fue un buen conocedor de las
pasiones humanas.
5.1. El Libro de Buen Amor.
El título de Libro de Buen Amor con el que lo conocemos hoy se lo dio Menéndez
Pidal, basándose en algunas estrofas del manuscrito. En su estructura, se trata de un
poema largo, de 1728 estrofas (más de 7.000 versos), donde se mezcla lo religioso
con lo profano, lo narrativo con lo lírico, y lo culto con lo popular. Esta miscelánea
relata en primera persona las aventuras amorosas y tragicómicas (siempre fallidas) de
Juan Ruiz, en un doble papel de autor y protagonista. La obra está dividida en tres
partes:
a) Preliminares:
- Oraciones a Dios.
- Prólogo en prosa donde el autor expone la intención de su libro.
- Gozos de Santa María.
- Disputa de los griegos y los romanos, y cómo todos los hombres por naturaleza
necesitan de la compañía de una mujer.
b) Cuerpo:
- Una narración en forma autobiográfica, compuesta por distintas aventuras
amorosas del protagonista, cuyo nombre y cargo coinciden con el autor.
- Historia de Don Melón y Doña Endrina en la que se narra la seducción de una
muchacha, concluyendo en matrimonio con el protagonista.
- Una serie de sátiras.
- Un relato alegórico y paradójico de la batalla de Don Carnal y Doña Cuaresma.
Confirma el universal sentimiento de pesar con que es acogida la llegada de este
periodo de abstinencia.
c) Postliminares:
- Una advertencia sobre cómo se han d entender sus libros.
- Composiciones a la Virgen.
Mucho se ha discutido sobre la intención del autor. Para Amador de los Ríos es un
libro moral contra el loco amor. Esta tesis también la apoya Mª Rosa Lida de Malkiel: el
libro se integraría en el mester de clerecía decadente del siglo XIV, y utilizaría un tipo
de didactismo moral que consistiría en predicar algo exponiendo justo lo contrario, lo
que no se debe hacer por propia experiencia. De este modo, el arcipreste
comprobaría en sus propias carnes que el loco amor nunca tiene un buen final: de
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hecho, todas las mujeres lo rechazan menos la monja Garoza, que muere. Las
mujeres sensatas y las que están en el camino correcto, pues, son las que rechazan
el amor vacuo.
Otros críticos no terminan de ver el didactismo en la obra, a la que juzgan desde otra
óptica bien distinta. Sánchez Albornoz tacha a Juan Ruiz de cínico por su falsa moral,
ya que el mensaje es un canto al amor carnal. Márquez Villanueva matiza esta postura,
aduciendo que el amor cortés, que es el buen amor, permitía escarceos físicos sin
llegar a la consumación.
Por Último, Jacques Joset establece una solución intermedia: es un libro propio de
la confusión del siglo XIV, cuando se produce una relajación de las costumbres:
presenta el conflicto entre las normas morales y el goce de vivir, riéndose tanto del
que se deja llevar por los arrebatos del loco amor como del obsesionado por seguir los
preceptos morales de la época.
Hay dos temas que recorren el Libro de Buen Amor, en una interesante
contraposición que son claves en el periplo de todo ser humano: el amor y la muerte.
Juan Ruiz nos recuerda con el propio ejemplo de su vida que hay que tener mesura y
no corresponder al amor pasional que siempre trastorna. Aunque no es
correspondido, el arcipreste nos está hablando de mujeres reales, y del proceso de
conquista amorosa como el motor de la vida.
La mujer medieval queda perfectamente retratada en un canon de belleza muy
concreto. Así, Doña Endrina y Doña Garoza responden al tópico de mujer rubia y de
piel blanca, bella y digna de ser amada. Por el contrario, las serranas responden al tipo
de mujeres agrestes y selváticas, casi animalizadas.
El otro gran tema, que es el de la muerte, aparece encarnado en una figura clave:
Trotaconventos. Estamos ante la primera alcahueta de la literatura española, la
que servirá de inspiración para el personaje universal de Celestina. Trotaconventos
nos aparece como una mujer madura, codiciosa y sabia tanto por el
conocimiento que tiene de la condición humana como por estar próxima a la
brujería. Juan Ruiz le dedica una elegía, resultando nuevamente innovador en el
terreno de la poesía fÚnebre, con pautas que servirán como modelo:
consideraciones generales, lamento de los supervivientes y alabanza del difunto. El
fallecimiento de Trotaconventos le sirve para hacer una reflexión moral de los siete
pecados capitales y de los tres enemigos del alma (mundo, demonio y carne), así
como las armas que debe usar un cristiano para combatirlas. La muerte es cruel
por ineludible: es inÚtil acumular bienes ajenos en la tierra. El arcipreste no disimula
su miedo y le pide a Dios prórrogas vitales, ya que la muerte supone la putrefacción del
cuerpo y, en consecuencia, el cese del deseo, motor de la vida.
De las críticas irónicas de Juan Manuel tampoco se libra la propia Iglesia. En concreto,
parodia la actitud de los clérigos de Talavera, que se niegan a abandonar sus
concubinas tal como manda el arzobispado.
En lo que respecta a la métrica, la mayoría de las estrofas (un 80%) están escritas en
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cuaderna vía. Rompe con la monotonía del alejandrino introduciendo versos de 16
sílabas con hemistiquios, introduciendo en ocasiones la asonancia, lo que da buena
prueba de la heterogeneidad de la clerecía del XIV. Emplea las formas fáticas
juglarescas y numerosos rasgos del habla popular: diminutivos y aumentativos,
hipérboles, refranes, exclamaciones, juramentos… etc.
Juan Ruiz, como es habitual en los escritores del Mester de Clerecía, acude a
numerosas fuentes al escribir su libro. Recoge la tradición eclesiástica de su tiempo,
especialmente los Salmos. De la literatura clásica toma el Ars Amandi del poeta
latino Ovidio. De la literatura árabe se nota una influencia de la obra El collar de la
paloma, de Ibn Hazm. SegÚn las tesis de Américo Castro, Juan Ruiz habría conocido
este tratado sobre el amor, del que pudo haber tomado la forma autobiográfica
amorosa y la alternancia entre lo narrativo y lo lírico.
El Libro de Buen Amor tiene una buena dosis de realismo. A diferencia de la literatura
culta anterior, esencialmente simbólica e idealista, en esta obra comienza a desvelarse
un interés por reflejar la vida cotidiana con minuciosas descripciones y uso de
expresiones coloquiales en los diálogos. La capacidad de captación de la realidad
del Arcipreste de Hita da al libro un carácter documental sobre la sociedad de su
tiempo. Por él conocemos las costumbres de la ciudad y del campo, los manjares que
degustaban, las golosinas que hacían las monjas y las costumbres de los clérigos.
6. Conclusión.
La literatura se retroalimenta, es una constante fuente de inspiración que no se agota.
En este sentido, El Libro de Buen Amor ejercerá una influencia sobre La Celestina,
como aprecia Menéndez Pelayo.
7. Bibliografía.
- PEDRAZA JIMÉNEZ, FELIPE Y RODRÍGUEZ CÁCERES, MILAGROS: Historia
esencial de la literatura española e hispanoamericana. Edaf, 2008.
- ALBORG, JUAN LUIS: Historia de la Literatura española. Tomo I, Gredos, 2002.
- BRENAN, GERALD: Historia de la Literatura española, Crítica, 2004.
- CANAVAGGIO, JEAN: Historia de la literatura española. La Edad Media. Ariel,
2008.