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El informe del Comisionado Parlamentario aborda el aumento de mujeres encarceladas en Uruguay, muchas de las cuales tienen hijos a su cargo, destacando la necesidad de reformas en el sistema penitenciario para asegurar el desarrollo saludable de los niños y la reintegración social de las madres. Se presentan propuestas para implementar penas alternativas y mejorar las condiciones de vida en las instituciones, así como la importancia de considerar el interés superior del niño en las decisiones judiciales. A pesar de algunos avances, el informe subraya la falta de recursos y la necesidad de un cambio estructural en el sistema para abordar esta problemática de manera efectiva.

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El informe del Comisionado Parlamentario aborda el aumento de mujeres encarceladas en Uruguay, muchas de las cuales tienen hijos a su cargo, destacando la necesidad de reformas en el sistema penitenciario para asegurar el desarrollo saludable de los niños y la reintegración social de las madres. Se presentan propuestas para implementar penas alternativas y mejorar las condiciones de vida en las instituciones, así como la importancia de considerar el interés superior del niño en las decisiones judiciales. A pesar de algunos avances, el informe subraya la falta de recursos y la necesidad de un cambio estructural en el sistema para abordar esta problemática de manera efectiva.

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INFORME ESPECIAL DEL COMISIONADO PARLAMENTARIO

CASO A CASO Y PASO A PASO


Penas alternativas durante la ejecución penal
para mujeres con hijos e hijas a su cargo
Editado e impreso el Junio de 2025

2
INFORME ESPECIAL DEL COMISIONADO PARLAMENTARIO

CASO A CASO Y PASO A PASO


Penas alternativas durante la ejecución penal
para mujeres con hijos e hijas a su cargo

Actualmente hay 68 niños/as, la mayoría menores de dos años, que se crían


con sus madres imputadas de un delito, en instituciones penitenciarias. ¿Cómo
se puede reformar este mecanismo para que no se afecte el derecho del niño a
un sano desarrollo en sus primeros años de vida y a la vez sea eficiente para la
reintegración social de su madre? Este documento aporta nueva información y
propuestas sobre un tema que ha sido intensamente trabajado por la Oficina del
Comisionado Parlamentario, lo que se ha visto reflejado tanto en sistemáticas
visitas a las unidades de mujeres privadas de libertad como a las unidades y sec-
tores de mujeres con sus hijos e hijas. Esta cobertura sistemática ha dado lugar a
múltiples recomendaciones y a varios informes especiales. El tema también fue
motivo de planteos a las diversas bancadas parlamentarias, lo que en 2024 se
plasmó en dos modificaciones legales sobre las que aquí se da cuenta. Asimismo,
la OCP ha trabajado sobre el tema con operadores de justicia, organizaciones de
la sociedad civil y con la Institución Nacional de Derechos Humanos. También
se han realizado diversas acciones, ante situaciones concretas, en sede judicial.
Esperamos que todo esto sea un aporte más a un tema de alta relevancia para la
construcción de un sistema penitenciario que se base en normas jurídicas que
hagan realidad el fin socializador de la sanción penal

1.- Introducción

La prisionización femenina ha sido y sigue siendo de particular atención para la Oficina


del Comisionado Parlamentario (OCP), tanto por su crecimiento (en números absolutos y
relativos), por la población particularmente vulnerable que afecta y porque constituye un
fenómeno muy diferente que el de la prisión masculina, requiriendo una óptica particular
para comprenderla y brindarle respuestas acordes a sus necesidades reales.

Como se ha señalado en los informes anuales de la OCP, se observa un crecimiento sos-


tenido de la población privada de libertad en las últimas décadas, con algunos breves
períodos excepcionales de reducción. En lo que va del siglo, en promedio, la población ha
crecido aproximadamente casi el 6% anual. Tras la última y breve excepción de esta ten-
dencia en el 2018 (luego de los primeros meses de la implementación del nuevo Código de
Proceso Penal) la población ha crecido casi un 8% anual desde el 2020. Pero la población
de mujeres, en este mismo período ha aumentado en promedio un 18% anual. En el 2024,
la población privada de libertad aumentó un 6% respecto al 2023 y la de mujeres el 18%,
esto es: en el último año aumentó a un ritmo tres veces mayor. Este crecimiento diferencial
ha llevado a un aumento de la proporción de mujeres en el sistema penitenciario, que en

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 3
el 2019 representaba el 5% de la población y en el 2024 supera el 8%. Se trata además de
mujeres jóvenes. A principios de Junio de 2025 había 1.426 mujeres privadas de libertad,
con un promedio de edad de 34 años. El 38% (543) tenía menos de 30 años.

El aumento de mujeres en prisión en los últimos años ha traído consigo el crecimiento de


bebés, niños y niñas que conviven con sus madres en unidades penitenciarias. También se
ha expandido el impacto —poco visible— sobre más niños, niñas y adolescentes que deben
enfrentar la adversidad de tener una madre privada de libertad, lo que tiene consecuencias
sobre la socialización, la transmisión de valores y la crianza de los más chicos.

Como surge del diagnóstico realizado por el Proyecto Crisálidas 1 “Las mujeres privadas de
libertad en Uruguay tienen, en promedio, 2,65 hijos, superando ampliamente la media nacional
(1,88). El 90,6% son madres, y el 32% tiene cuatro hijos o más. La mayoría de sus hijos son me-
nores de edad (89,7%) y están al cuidado de familiares, principalmente abuelas y tías. Se estima
que unos 2.500 niños y adolescentes están en situación de vulnerabilidad social por esta causa.”
El mismo informe agrega “La maternidad temprana es frecuente: el 42,6% tuvo su primer hijo en
la adolescencia y el 47,1% entre los 18 y 24 años. Esta situación se vincula con el abandono esco-
lar, la precariedad laboral y la sobrecarga de cuidados, lo que agrava las condiciones de exclusión
social de estas mujeres.”

Hasta el 2022, la cantidad de mujeres privadas de libertad junto a sus hijos/as osciló entre
35 y 45, pero esta cifra comenzó a aumentar en el 2023 y particularmente en el 2024, año
en el que en el mes de Setiembre se alcanzó el máximo histórico, llegando a 72 mujeres
madres con hijos/as y 73 bebés y niños alojados en las distintas unidades penitenciarias
del país. En junio de 2025 había 65 mujeres que se alojaban en prisión con sus hijos/as,
llegando a 68 la cantidad de niños en ese mecanismo. Estas mujeres madres tienen un
promedio de edad de 29 años.

Este dato resulta impactante por sí mismo –más aún en un país de pocos nacimientos y
con una natalidad con clara tendencia a la baja- y es una cifra alta comparada con las esta-
dísticas de otros países. Por ejemplo en Argentina, si bien la población privada de libertad
es unas 7 veces mayor a la de Uruguay, la cantidad de mujeres privadas de libertad con
sus hijos/as es similar en términos absolutos (73 en el 2023)2. Lo mismo sucede respecto
a la gran mayoría de los países europeos, donde la cantidad de mujeres cumpliendo con-
dena con sus hijos/as es bastante menor en términos absolutos y relativos, con la excep-
ción de Turquía (CIDH, 2023)3.

Uno de los factores que pueden explicar esta diferencia es la reducción de esta población
observada en estos países tras la pandemia de COVID-19 en el 2021. A diferencia de Uru-
guay, tanto en Europa como en países como Argentina, Chile, Brasil y Colombia se definió
a las mujeres con hijos a su cargo y a las mujeres embarazadas como población con una

1 Disponible en: Diagnóstico-_Sobre-la-situación-actual-las-principales-problemáticas-y-necesidades-de-las-mujeres-privadas-de-liber-


[Link]
2 Dirección Nacional de Política Criminal en materia de justicia y legislación penal (varios autores). Niños y niñas que conviven con sus
madres privadas de libertad (2018-2022). [Link]
to_de_encierro_2018-[Link]
3 Council of Europe Annual Penal Statistics, SPACE I - 2023. [Link]

4
situación especial de riesgo, por lo que se llevaron adelante políticas para su desprisiona-
lización4, cuyos efectos continuaron en los años siguientes.

Observando los datos demográficos de Uruguay, cabe reflexionar cómo se da este aumento
de niños y niñas viviendo en el sistema penitenciario, mientras se da un descenso sostenido
en las tasas de natalidad en nuestro país. Una vez más invitamos a pensar qué medidas son
las necesarias para revertir este crecimiento sostenido de mujeres encarceladas y como con-
secuencia ineludible, el aumento de bebés, niños y niñas que cohabitan con ellas así como
la trascendencia (en el sentido de que va más allá de la persona que la reciba) de la pena im-
puesta que afecta a sus hijos e hijas, que continúan su vida en contextos familiares externos
o en sistemas de amparo de INAU tras el encarcelamiento de su referente.

A comienzos del año 2021, en el Informe especial y Recomendación de dispositivos de prisión


domiciliaria asistida para madres con hijos menores a su cargo (Primer documento), ya se vi-
sualizaban dificultades en la disponibilidad de cupos en las unidades destinadas a madres
con hijos a su cargo, por lo que se expresaba allí que existe una obligación del Estado en
atender el interés superior del niño y la rehabilitación de las mujeres, considerando que
deben tomarse “con urgencia las medidas administrativas e institucionales necesarias en el
Instituto Nacional de Rehabilitación, en articulación con los organismos sociales de infancia,
a los efectos de generar nuevos cupos con un programa de pequeñas unidades penitenciarias
especializadas en este cometido.”5

En el mismo documento se recomendó: “mientras existan casos puntuales pendientes de


atención, donde el interés superior del niño indique que debe estar en contacto con su madre
y no existiendo otras opciones de crianza, recomendamos muy amablemente a las autoridades
que les corresponda intervenir, tener presente la normativa internacional de derechos hu-
manos y su lectura concordante con las normas nacionales penitenciarias, tomar las medidas
necesarias para permitir cuando corresponda una prisión domiciliaria asistida, u otras mo-
dalidades o dispositivos, atendiendo caso a caso, según sus circunstancias y de acuerdo a
lo legalmente previsto, de manera que sin romper el binomio madre hijo/a que no encuentra
alternativa de crianza, la mujer con prisión preventiva o condena pueda recibir tratamiento
de rehabilitación y asistencia social en el ámbito no carcelario que se disponga, valorándose
siempre su situación personal y judicial.”

En estos años se han creado o ampliado espacios para la atención de mujeres privadas de
libertad que deben transitar al menos parte de su pena con sus hijos. En algunos casos, con
visibles mejoras, pese a la presión de la población creciente que tiende a desbordar la ca-
pacidad de respuesta. Cabe anotar que el INR continúa trabajando la temática con mucho
compromiso y proactividad a través del Programa de Atención a Mujeres con Hijos/as y
Gestantes y realizando un trabajo de articulación interinstitucional constante. Es importante
también anotar que se ha iniciado la construcción de un nuevo centro penitenciario para
mujeres, que será dentro de dos años una oportunidad de cambio en el sistema general.

4 CIDH - Mujeres Privadas de Libertad en las Américas (2023). [Link]


[Link]
5 [Link]
ciliaria_asistida_primer_documento_enero_2021.pdf

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 5
Sin embargo, tanto problemas pendientes como avances realizados, nos llevan a pensar que
es momento para pensar innovaciones en un sistema que estructuralmente, en cuanto a
diseño institucional, sigue siendo el mismo desde hace un buen tiempo.

2.- Contextualización

El aumento de población sostenido, al margen de los esfuerzos y acciones proactivas del


Instituto Nacional de Rehabilitación y desde varios ámbitos de la Administración, no ha
tenido un correlativo aumento de recursos, tanto para las inversiones como para los gastos
de funcionamiento (alimentación, peculio para los internos por trabajos realizados, ges-
tión, recursos administrativos, logísticos, entre otros), lo que estresa al sistema y aleja las
posibilidades de una buena convivencia, o sea de contextos de vida cotidiana adecuados y
con elementos pro sociales, preparatorios de una alentadora reinserción social. Más aún,
este crecimiento de población nos va colocando ante un sistema penitenciario imposible
de financiar por administración alguna: ya hoy está requiriendo cientos de nuevos funcio-
narios, construcciones, equipos, infraestructura, comunicaciones, insumos y gastos diarios.

Solo su reformulación, con cambios legales que fortalezcan las medidas alternativas y
afinen la dosimetría penal de varias figuras, con normas y acciones que favorezcan el
trabajo post penitenciario, que intensifiquen la intervención técnica dentro del sistema y
que reformen la institucionalidad de su administración, dotando de autonomía, recursos
y nueva estructura al Instituto Nacional de Rehabilitación, con articulación sustantiva con
los otros agentes efectores de políticas sociales, podrá llegarse a un sistema eficiente y
de un tamaño manejable ―técnica y presupuestalmente― que permita la rehabilitación
en mayores resultados y la posibilidad de ofrecer a la sociedad un descenso importante
de la reincidencia.

El dilema es el mismo que tuvieron buena parte de los países desarrollados, los que ante
las limitaciones del sistema de privación de libertad para generar rehabilitación, en muchos
casos fortalecieron sus redes sociales de protección comunitaria con servicios integrales
de asistencia a la familia y a los riesgos asociados a la vulnerabilidad y también impulsa-
ron un sistema de medidas alternativas con alta capacidad de contención y políticas post
penitenciarias amplias y con capacidad de seguimiento individual caso por caso. A la vez,
con un sistema penitenciario más chico, lograron más transparencia y eficiencia, o sea
protegieron los derechos humanos y bajaron los delitos, centrándose en los delitos violen-
tos, complejos, con penas larga y con mayor necesidad de control para la rehabilitación,
volcando en los centros penitenciarios una intervención técnica intensiva y variada, mu-
chas veces sostenida en intervenciones de la sociedad civil mediante acuerdos de trabajo
pautados por metas y resultados. Este movimiento fue acompañado con la generación
de nuevas políticas sociales en los territorios, apuntando ya no a la instalación de ofertas
generales de asistencia, sino al sostén de situaciones personales o familiares de alta vulne-
rabilidad, conectando con una red de ofertas y oportunidades las acciones preventivas, las
medidas alternativas a la prisión y los acompañamientos post penitenciarios.

6
Lo anterior se base en que en todos esos casos la metodología apunta a lo mismo: fortale-
cer o zurcir el tejido social, las familias y los proyectos de vida, brindando respuestas a pro-
blemas y carencias concretas (salud mental, capacitación laboral, desarrollo de habilidades
sociales, fortalecimiento de la crianza, maternidades y paternidades, redes de cuidados,
combate a las adicciones, espacios de socialización pro sociales).

En el siglo 21 el desafío ya no es solo mejorar las cárceles sino lograr dispositivos de san-
ción penal con mecanismos de rehabilitación más eficientes que las cárceles.

2.1.- El encarcelamiento femenino

La situación de las mujeres privadas de libertad que cohabitan con hijos e hijas se inscribe en
este dilema y es un área tan estratégica como sensible, porque refiere a mujeres que están
criando a sus hijos dentro de una institución total (cárcel), siendo eso, pese a las buenas con-
diciones que puedan existir para esos niños, una adversidad importante para los primeros me-
ses de vida por las limitaciones intrínsecas que tiene una convivencia institucional cerrada.6

Ejemplo de las dificultades y desafíos que enfrenta el sistema penitenciario al alojar bebés
niños y niñas, es el acceso a los centros educativos. Son constantes los esfuerzos realizados
por el INR y el PAMHI sin embargo se observan serias dificultades para dar una respuesta
acorde a las necesidades actuales. En la Unidad nº9, donde se trabaja de forma articulada
con INAU, dado el crecimiento de población del último tiempo y la falta de recursos que
acompañe, casi la mitad de los niños y niñas (19 en el mes junio de 2025) se encuentran a
la espera de poder ingresar a centros educativos.

La situación de las mujeres privadas de libertad con sus hijos tiene un elemento particular
que la vuelve inquietante: se trata en un alto porcentaje de mujeres que cometieron de-
litos vinculados a los estupefacientes, provenientes de contextos de alta vulnerabilidad y
teniendo ellas serias dificultades de inserción social y laboral previas a la cárcel. Además,
los relevamientos hechos muestran que son mujeres que en alta proporción sufrieron vio-
lencia de género en alguna o algunas etapas de su vida, situaciones de pobreza e incluso
muchas veces explotación sexual o realizaron tareas de riesgo para su salud e integridad
para solventarse a sí mismas o sostener a sus hijos.

En estos casos, aunque se mantenga el principio de que la violación de la ley requiere una
rendición de cuentas de la persona que lo realiza, la evidencia muestra que la privación de
libertad de estas mujeres con hijos, al menos en buena parte de los casos no es ni la mejor
ni la única alternativa posible para la misma.

Su retorno a la comunidad sin un trabajo integral, es posible que no alcance “la rehabilitación
esperada” y volvería a colocar a la persona vulnerable socio penalmente ante la cercanía o

6 Ver Irving Goffman, “Internados”. Las “instituciones totales”, hogares de amparo o infantiles, hospitales, cárceles y similares, aunque
necesarias cuando las formas grupales o familiares espontáneas, por diversos motivos, no logran sostener a las personas, son una
herramienta ortopédica de emergencia, necesaria en muchos casos, pero que debe usarse sabiendo que tiene múltiples riesgos y efectos
secundarios. La vida fuertemente regulada e institucionalizada, con espacios físicos acotados, con muchos controles formales y señales
visuales y auditivas negativas (alambrados, controles, contexto carcelario, sobrepoblación), pese a los especiales cuidados que se pon-
gan, tienen impacto sobre los niños.

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 7
inminencia de nuevas transgresiones como estrategia de supervivencia, por lo que son nece-
sarias redes de contención y asistencia fuertes que aseguren el cumplimiento de la sanción
penal con rehabilitación e integración social. Esto requiere innovación en políticas sociales,
creación de dispositivos “a medida” del contexto y la realidad de los diversos barrios y terri-
torios, y acciones capaces de sostener a las personas con alta vulnerabilidad y rodeadas de
contextos o asechanzas donde la transgresión legal se presenta como vía rápida de escape a
las penurias.

3.- Las normas: perspectiva de género e infancia.

La situación de las mujeres privadas de libertad y las características de especial relevancia


que tiene esta población específica dentro del sistema carcelario, y en particular la situa-
ción de bebés, niños y niñas que cohabitan con sus madres en prisión, ha sido un tema de
seguimiento de esta oficina7, y que nos ha impulsado a realizar distintas acciones para dar
visibilidad a sus necesidades, promover la especialización de la instituciones que conforman
el sistema penal ―tanto en el ámbito judicial como en el de la gestión y administración de las
penas privativas y no privativas de libertad―, así como el reconocimiento del rol activo en
las políticas públicas de los actores sociales de la sociedad civil que sin dudas son necesarios
para construir un modelo de atención e intervención que tenga la capacidad de responder a
las particularidades de esta población con variedad y riqueza de contenidos programáticos.

Tal como expusimos en el “Informe especial: prisión domiciliaria asistida para madres con
hijos a su cargo en el proceso penal” y como se define en la Guía elaborada por Naciones
Unidas (2019) la integración de la perspectiva de género en derechos humanos es el “proceso
de evaluación de las consecuencias para las mujeres y los hombres de cualquier actividad plani-
ficada, inclusive las leyes, políticas o programas, en todos los sectores y a todos los niveles. De
manera restrictiva se suele entender que la incorporación de la perspectiva de género designa
exclusivamente el monitoreo del respeto de los derechos humanos de las mujeres y la violencia
de género. Desde una perspectiva más amplia, la integración de la perspectiva de género en las
investigaciones en derechos humanos conlleva a examinar la dimensión de género que presen-
tan las violaciones de los derechos humanos y tener en cuenta la perspectiva de todos los indi-
viduos, incluidas las personas LGBTI, así como las consecuencias que provocan las violaciones
de los derechos humanos para todas las personas y poblaciones, pues dichas consecuencias
pueden ser distintas según el sexo y el género de cada uno/a”. (2019; 8). Esta integración de la
perspectiva de género es parte de la estrategia general de ONU para promover la igualdad de
género. La incorporación de esta perspectiva al análisis de las distintas ramas del derecho busca
poner de manifiesto cómo el quehacer jurídico incide en la afectación diferenciada a los distin-
tos grupos de población perpetuando o combatiendo la desigualdad en el goce de los derechos
entre varones y mujeres. En definitiva, el derecho puede encerrar múltiples formas de discrimi-
nación a pesar de presentarse como una disciplina objetiva y neutral. (Facio: 1999, 21-60)

7 En abril del 2017 se presentó el informe especial elaborado durante el año 2016 Informe especial sobre la creación de un Programa
Nacional de Atención a Mujeres privadas de libertad con hijos a su cargo, disponible en: [Link]
informes-al-parlamento?page=2

8
La perspectiva de género en el derecho permite observar el impacto de las normas y las prác-
ticas jurídicas y proponer estrategias legales para prevenir y erradicar las diferencias de trato
discriminatorio y evitar o atenuar los impactos negativos que pueda generar la aplicación des-
contextualizada de las normas. Por otra parte, las diferencias de género se integran con otras
formas de discriminación determinadas (etnia, contexto o clase social, sub cultura, entre otras
cuestiones) que también deben ser tenidas en cuenta al analizar la situación de las personas, en
este caso la de las madres recluidas con sus hijos e hijas.8

Si analizamos el comportamiento delictivo de las mujeres en nuestro país, observamos que


un alto porcentaje de las mismas se encuentra encarcelada por delitos de estupefacientes.
Según datos del INR de Marzo de 2022 este porcentaje era 43%. A principios de Junio de
2025, este porcentaje era 60%9. Y si consideramos solo las mujeres que conviven con sus
hijos/as en prisión, el 86% está por este tipo de delitos.

En este sentido entendemos que claramente es una expresión de un contexto socio-eco-


nómico y cultural que debe ser comprendido a cabalidad en sus diferentes dimensiones,
para así contemplar las necesidades de “tratamiento” que la persona debe recibir durante
la ejecución de la pena atendiendo a los cometidos de la norma tanto en el objeto de re-
educación como en la prevención del delito. Podemos preguntarnos: ¿Qué tratamiento
necesita una mujer jefa de familia que ha adoptado este tipo de delito como método de
sobrevivencia? ¿Qué otras opciones tendrá cuándo salga de la cárcel y cómo se puede
trabajar para incidir en esa situación? ¿Es sólo dentro de la unidad penitenciaria que debe
abordarse su necesidad de tratamiento, o las características por las que llegó allí nos seña-
lan que la necesidad de intervención es hacia ella pero también contemplando su entorno?
¿Qué otras carencias e incluso, qué formas de manipulación o explotación, como la sexual
o la trata, la fueron impulsando a cometer delitos o a integrarse a un red de tráfico?

Las respuestas son el inicio del camino de políticas sociales integrales, que tomen a la san-
ción penal como señal institucional de una frontera relacional que se rompió, pero que to-
men a la persona en su totalidad y realicen acciones en favor de su desarrollo humano, lo
único que a la postre puede evitar nuevas conductas negativas para sí misma o para terceros.

En Junio de 2023 el Informe especial de la OCP titulado “Cumplimiento de la privación


de libertad mediante el régimen de prisión domiciliaria, parámetros para su aplicación”10, que
refería a un proyecto de ley, presentó como objetivo analizar la situación del microtráfico
de drogas en las cárceles y la atención de las situaciones de especial vulnerabilidad social.

Allí se expresa respecto a la situación de mujeres gestantes y con hijos e hijas a cargo que
“La sensibilidad del legislador en el tema es notoria en el art. 228 de la ley 19.293, Código de
Proceso Penal, donde la situación de lactancia del hijo de la madre prevenida es particularmen-
te tenida en cuenta para la disposición de la prisión preventiva.” En ese entonces la norma

8 Informe disponible en: [Link]


prision_domiciliaria_asistida_para_madres_con_hijos.pdf
9 No contabilizamos en esa cifra a una decena de casos de mujeres con delitos vinculados a estupefacientes junto a otros delitos violen-
tos como homicidio, rapiña o lesiones.
10 [Link]
dad_social.pdf

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 9
admitía también para la ejecución de la condena, en los artículos 304 y 305 del Código de
Proceso Penal, las modalidades de aplazamiento y sustitución de la privación de libertad
en los establecimientos penitenciarios, ya que por remisión al art. 228 podría ser sustituida
por establecimientos adecuados, y entendemos que también por prisión domiciliaria (art.
288 bis). Es así que el legislador había previsto además de lo contemplado en el 304.1,
expresamente en el inciso segundo: “si las circunstancias excepcionales a que refiere el artí-
culo 228 de este Código se produjeren durante el proceso de ejecución” será competente el juez
letrado en materia de Ejecución y Vigilancia.

Cabe anotar que durante 2022 y 2023 la OCP realizó un intenso trabajo con todas las banca-
das legislativas a los efectos de promover un nuevo texto legal que permitiera en determina-
das circunstancias –biológicas, de enfermedad o sociales- aplicar medidas de sanción penal
diferentes a la cárcel. También para morigerar la pena de los casos de ingresos de micro can-
tidades de sustancias ilegales a los centros penitenciarios, que tenían un mínimo de 4 años,
figura que solía caer sobre mujeres jóvenes, con hijos a su cargo y con alta vulnerabilidad.

Es importante en este informe dejar constancia de ese logro, aunque la redacción final
introdujo algunas limitaciones sobre las cuales será pertinente volver a dialogar y trabajar.

Así, se concretaron dos cambios trascendentes, finalmente con amplia votación de to-
dos los partidos políticos, lo que también vino a mostrar que aún en estos temas de alta
sensibilidad política, es posible llegar a acuerdos interpartidarios que promuevan mejoras
consensuadas.

Una de ellas refiere a la Ley 20.212 de Rendición de Cuentas, donde se estableció una nueva
redacción para el art. 304 del Código del Proceso Penal, permitiendo que las circunstancias
excepcionales del art. 228 de ese Código (circunstancias especiales o familiares, gravidez
desde el quinto mes de embarazo o madres que estén amamantando durante el primer año
de lactancia, enfermedad con grave riesgo a la vida o salud, mayores de 70 años) se puedan
aplicar para aplazar o sustituir las penas de cárcel, lo que permite evitar el aplazamiento que
tiene como consecuencia el reintegro para finalizar la pena tiempo después sin que medie
una intervención lo que genera en definitiva un mayor riesgo para la persona. En la redac-
ción final, sin embargo, se limitó la aplicación para quienes sean reincidentes, reiterantes o
tengan penas mayores a los 24 meses, aspectos que requerirán nuevos diálogos y acciones.
11
Se trata de un límite que reduce significativamente su aplicación, principalmente teniendo
en cuenta el alto porcentaje de mujeres penadas por microtráfico, en tanto conforme a la
Ley de Estupefacientes las penas mínimas conllevan penitenciaria a excepción de la facultad
otorgada al Juez en el art. 37 bis que más adelante se detalla.

Se torna imprescindible crear una nueva redacción donde se sustituya el límite de 24 me-
ses de prisión ya que la pena mínima cuando la sustancia incautada es pasta base de cocaí-
na es mayor a ese tiempo, lo que posibilitaría una facultad a los magistrados: contemplar
estas circunstancias excepcionales, contribuyendo a la desprisionización (evitar la cárcel
como única medida de sanción penal) en general y en particular a la población de mujeres
y mujeres con hijos a su cargo.

11 Ver arts. 170, 174 y 175 de Ley 20.212.

10
Las acciones realizadas con todas las bancadas parlamentarias, permitieron alcanzar un
texto que morigeró la dosimetría penal de los casos donde se intentaba introducir peque-
ñas cantidades de sustancias ilegales a las cárceles, acción generalmente realizada por
mujeres, y que tenían una pena mínima de 4 años. La ley 20.212 en su art. 173, modificó el
Decreto Ley 14.294 (Ley de estupefacientes), permitiendo que según los casos, dado que
se estaba ante un delito tentado, el juez pudiera aplicar la normativa general de la tenta-
tiva y no la específica de los delitos de estupefacientes, que preveen la misma pena para
la acción tentada que para la consumada. En pocas palabras sencillas: el juez podrá ahora
valorar la situación y ante casos de micro tráfico la pena en lugar de tener un mínimo de 4
años podrá tener un guarismo menor, unos 16 meses.12

3.1.- Principios orientadores.

Tanto la búsqueda de nuevos textos legales como la tramitación de los procesos ante la admi-
nistración de justicia, donde se resuelven cuestiones que refieren a personas individuales pero
que también afectan a personas con quienes conviven y que están bajo su cuidado, están hoy
iluminada por textos internacionales y principios generales que apuntan a un abordaje integral de
los casos a resolución de la justicia o bajo sanción penal. Así, vale la pena repasar algunos de ellos.

Principio de no trascendencia de la pena

Deben evitarse daños colaterales que trascienden la pena de la mujer privada de libertad,
que pueden ser mayores que el daño provocado por el delito que inició el proceso, prin-
cipalmente cuando provocan efectos negativos de larga duración sobre sus hijos e hijas
durante la infancia y la adolescencia.

Interés Superior del niño

Conforme lo establece la Convención Internacional de los Derechos del Niño y el propio Có-
digo de la Niñez y Adolescencia de nuestro país, este interés también debe ser cuidado a la
hora de la ejecución penal, en tanto los niños/as son afectados por las decisiones que se toman
respecto de sus madres e inciden directamente en ellos como sujetos de derechos.

Las Observaciones del Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas han reiterado que
el interés superior es a la vez “un derecho”, “un principio” y “una norma de procedimiento”.

Derecho de los/as niños/as a no ser separados/as de sus referentes.

El mantenimiento de los lazos parentales o la separación del niño/a de su referente sig-


nificativo no puede depender de la existencia o no de cupos en el sistema penitenciario
sino de una evaluación detallada del vínculo y los cuidados recibidos por ese sujeto de
derechos cuya vida puede verse significativamente alterada por una decisión del Estado.

12 Ver art. 173 de la Ley 20.212 que agrega el art. 37 bis al Decreto Ley 14.294.

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 11
3.2.- Normas internacionales

Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) ratificado por Uruguay, en su


artículo 10 establece: “Toda persona privada de libertad será tratada humanamente y con
el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano”.

En su art.24 expresa: “Todo niño tiene derecho sin discriminación alguna por motivos de raza,
color, sexo, idioma, religión, origen nacional o social, posición económica o nacimiento a las
medidas de protección que su condición de menor requiere, tanto por parte de su familia como
de la sociedad y el Estado.”

Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la mujer


(CEDAW) establece el deber estatal de garantizar servicios apropiados a la mujer embara-
zada, antes, durante y después del parto, incluyendo la alimentación adecuada durante la
lactancia.

Convención de Belém do Pará (1994), tratado centrado en prevenir y sancionar la vio-


lencia contra la mujer, considera a la mujer embarazada como persona en situación de
vulnerabilidad.

Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales expresa en su Art.10.1:


“Se debe conceder a la familia, que es el elemento natural y fundamental de la sociedad, la
más amplia protección y asistencia posibles, especialmente para su constitución y mientras
sea responsable del cuidado y la educación de los hijos a su cargo(…)” y en el Art. 10.2: “Se
debe conceder especial protección a las madres durante un período de tiempo razonable
antes y después del parto (…)”

Convención Americana sobre derechos humanos estipula el derecho de niñas y niños a


medidas de protección por parte de su familia, la sociedad y el Estado.

Convención sobre los Derechos del niño (ley nacional No 16.137 del 28/9/1990 ) y el art.
12 del CNA postulan el derecho del niño/a a vivir con su padre y/o madre excepto en los
casos que la separación sea necesaria para el interés superior del propio niño/a, y estable-
ce su derecho a mantener contacto directo con ambos, y si está separado de uno de ellos
o de los dos, corresponde al Estado responsabilizarse en este aspecto, en el caso de que la
separación haya sido producida por acción del mismo.

La Asamblea General de las Naciones Unidas dispuso en 2010 las “Directrices sobre las
modalidades alternativas de cuidados de los niños” y en su art. 48 señaló: “Cuando el único
o principal cuidador del niño pueda quedar privado de libertad a causa de su ingreso en
prisión preventiva o de su condena a una pena de prisión, deberán dictarse en tales casos,
siempre que sea posible y teniendo en cuenta el interés superior del niño, medidas de li-
bertad provisional y penas no privativas de libertad”.

Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, “Reglas Man-
dela” también apuntan al tratamiento especializado del sistema penitenciario de las muje-
res y de las mujeres con hijos a cargo.

12
Reglas Bangkok aprobadas en 2011 con el voto de Uruguay, fuente de inspiración para
legislaciones nacionales y regionales y fuente de jurisprudencia e interpretación, ponen de
relieve: “al dictar sentencia o decidir medidas previas al juicio respecto de una mujer em-
barazada o de una persona que sea la fuente primaria o única de cuidados de un niño, se
debería dar preferencia a medidas no privativas de la libertad, de ser posible y apropiado e
imponer condenas que supongan privación de la libertad cuando se trate de delitos graves
o violentos”. (Reglas No2, 4, 49, 52, 57, 59, 64).

Reglas mínimas de las Naciones Unidas sobre las medidas no privativas de la libertad
(Reglas de Tokio) Adoptadas por la Asamblea General de la ONU en el año 1990. Estas
reglas contienen principios básicos para promover la aplicación de medidas no privativas
de libertad. Entre sus principios es de interés señalar las medidas posteriores a la senten-
cia: “Se pondrá a disposición de la autoridad competente una amplia serie de medidas
sustitutivas posteriores a la sentencia a fin de evitar la reclusión y prestar asistencia a los
delincuentes para su pronta reinserción social. 9.2 Podrán aplicarse medidas posteriores
a la sentencia como las siguientes a) Permisos y centros de transición; b) Liberación con
fines laborales o educativos; c) Distintas formas de libertad condicional; d) La remisión; e)
El indulto.” (Regla Nº 9).

3.3. Legislación nacional

Decreto ley 14.470 ART 29: “La reclusa con hijos menores de cuatro años podrá tenerlos
consigo en el establecimiento...” En casos especiales podrá extenderse hasta los ocho años.

Ley 19.513: Establece en su art. 8 que en los casos en que se produzca el procesamiento
con prisión de personas por presuntos delitos previstos en leyes de estupefacientes el Po-
der Judicial deberá comunicar la situación al MIDES y al INAU cuando estuvieren afecta-
dos derechos de terceros que mantengan vínculos familiares, afectivos o de dependencia
económica con los imputados.

El artículo 9 dispone: “El Ministerio de Desarrollo Social y el Instituto del Niño y Ado-
lescente del Uruguay deberán evaluar la asistencia a brindar a raíz de dicha privación de
libertad”.

Además, en el art. 10 apunta: “En caso de que fuera constatada la situación prevista en el
artículo precedente, el Ministerio de Desarrollo Social y el Instituto del Niño y Adolescente
del Uruguay deberán brindarle atención y seguimiento a los terceros afectados, integrán-
dolos a los planes sociales específicos, de acuerdo con sus respectivas competencias”.

La Ley 19.513, poco conocida y poco utilizada en la práctica, es una buena base para el
accionar conjunto del Poder Judicial y de los organismos de protección social, en particular
aquellos que funcionan en la órbita del Ministerio de Desarrollo Social, lo que podría ser
efectivizado con protocolos, guías de actuación y programas focalizados, los que se activa-
rían a partir de las situaciones que son judicializadas y que ameritan una plataforma social
de contención.

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 13
Ley Nº 17.823 (2004) Código de la Niñez y la Adolescencia

El Código de la Niñez y la Adolescencia apunta en su artículo 12 al “La vida familiar es el


ámbito adecuado para el mejor logro de la protección integral. Todo niño y adolescente
tiene derecho a vivir y crecer junto a su familia y a no ser separado de ella por razones eco-
nómicas. Sólo puede ser separado de su familia cuando, en su interés superior y en el curso
de un debido proceso, las autoridades determinen otra relación personal sustitutiva.”

4.- Penas alternativas a la prisión desde el enfoque de género

Actualmente observamos que la legislación no prevé criterios aplicables para todas las
mujeres gestantes, en etapa de lactancia y/o con hijos e hijas a cargo, que permitan y pro-
muevan el uso de penas alternativas (tal como la prisión domiciliaria) que estén orientados
en el principio de humanidad de la pena y en la trascendencia mínima de la misma.

Como señala Ana Vigna, en su informe sobre Maternidad, cárceles y medidas alternativas
a la privación de libertad “debe señalarse que las alternativas al encarcelamiento involucran
una amplia gama de respuestas, entre las que se encuentran la separación a la víctima, el tra-
bajo comunitario, la derivación a programas de tratamiento específico, la presentación ante
la autoridad y el arresto domiciliario, entre otras. En este sentido, a pesar de que a nivel de la
opinión pública el arresto domiciliario pueda ser visto como una medida penal “leve” o “benévo-
la”, en realidad se trata de una de las sanciones más duras dentro de un amplio espectro, en el
sentido de que involucra, de todos modos, la privación de libertad”.

Desde la OCP se trabajó en la realización de propuestas para la modificación de la nor-


mativa vigente atendiendo a las repercusiones que tuvo el aumento de las penas y en
particular las vinculadas a delitos de microtráfico y las restricciones en los mecanismos
de redención de pena y liberatorios, fundamentando dicha propuesta al analizar: “En
los últimos tiempos, los diversos operadores de justicia han visto que la masificación de la
circulación y consumo de sustancias ha tenido una penosa expresión en personas –en espe-
cial mujeres jóvenes y de gran vulnerabilidad social que ingresan sustancias prohibidas a las
cárceles dentro de su propio cuerpo con riesgo para su salud13 en cantidades muy pequeñas.
Esas sustancias suelen ser para su pareja, allegados o para comercializar, son expresión de
desesperadas estrategias de supervivencia en el mundo del micro tráfico. El resultado suele
ser finalmente el mismo: esa mujer termina privada de libertad, comprometiéndose la crianza
de sus hijos y su propio futuro, pues el propio monto de la pena –un mínimo de 4 años en la
normativa actual- la coloca en un espiral descendente de deterioro social, lo que seguramente
no fue la voluntad del legislador al concebir la norma.”14

13 En 2024, en expresión extrema de lo señalado, falleció una interna el día posterior a su formalización por un delito de suministro de
sustancias estupefacientes en grado de tentativa, siendo la causa de su muerte la intoxicación con sustancias por haberse roto el envol-
torio dentro de su cuerpo.
14 [Link]
dad_social.pdf

14
Cabe mencionar algunas de las recomendaciones expuestas en el Libro Blanco de re-
forma penitenciaria en Uruguay15 donde se propone “Habilitar la aplicación de medidas
alternativas a la privación de libertad a mujeres imputadas por delitos de drogas, principal-
mente en el caso de delitos leves, e incluir explícitamente entre las causales para acceder a
una prisión domiciliaria el período de embarazo y el de lactancia; Fortalecer la evaluación en
la fase presentencial, habilitando a los operadores del sistema de justicia a tomar decisiones
más informadas respecto de las necesidades y perfiles de la población; Se debe trabajar en la
capacitación y sensibilización de los operadores del sistema de justicia, así como en la confor-
mación de equipos interdisciplinarios, que permitan el conocimiento y uso más extendido de
las herramientas disponibles”.

En relación a la viabilidad de la aplicación de este tipo de medidas, en el Informe Anual


2021 la OCP presentó un estudio de los perfiles de las mujeres privadas de libertad con
sus hijos. Analizando la información de las mujeres alojadas en la Unidad Nº 9 en la ac-
tualidad observamos un perfil muy similar a aquel observado en el 2021 para las mujeres
privadas de libertad con sus hijos en el sistema penitenciario.

En Noviembre de 2024, en la Unidad 9, casi el 80% (31 mujeres) se encontraban en prisión


por un delito vinculado a las leyes de estupefacientes, el 10% (4) por rapiña y luego una por
homicidio, una por abuso sexual, una por atentado violento al pudor y una por lesiones graves.

GRÁFICO 1: Tipos de delito en la Unidad Nº 9 (Dic 2024)

Fuente: INR

El perfil de riesgo de reincidencia según las evaluaciones OASys del INR era en el 2024,
prácticamente igual al observado en el 2021. El 41% (16 mujeres) tenía riesgo bajo, el 53%
(21) tenía riesgo medio y solo el 5% (2) tenía riesgo alto de reincidencia. Respecto al riesgo
de daño hacia sí misma o a terceros, el 62% (24) tenía riesgo bajo de daño, el 38% (15)
tenía riesgo medio y no se observa ningún caso con riesgo alto.

15 Disponible en Libro Blanco de Refoma Penitenciaria (2024) (2).pdf

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 15
GRÁFICO 2: Niveles de Riesgo de Reincidencia en la Unidad 9 (Dic 2024)

Fuente: INR

GRÁFICO 3: Niveles de Riesgo de Daño Severos (conflictividad) en la Unidad Nº 9 (Dic 2024)

Fuente: INR

A principios de Mayo de 2025, la población en la Unidad 9 aumentó a 51 mujeres, superando


la cifra oficial de plazas (50)16. Casi el 69% (35 mujeres) se encuentran en prisión por un deli-
to vinculado a las leyes de estupefacientes, el 16% (8) por rapiña, el 8% (4) por hurto, una
por abuso sexual, una por estafa, una por lesiones graves y una por lesiones personales.
Como se vuelve a ver en estas cifras actualizadas, la gran mayoría de los delitos cometidos
por mujeres con hijos a su cargo no refieren a hechos violentos, por lo tanto su tipificación
señala en principio que son susceptibles de una sanción penal diversa a la cárcel, esto es con
mecanismos de control sí, pero en el marco de la asistencia y orientación social que permite
una prisión domiciliaria adecuada a los tiempos actuales.

16 Cabe aclarar que, desde mediados del 2023, el INR registra la cifra de 50 plazas en la Unidad 9 al habilitar las habitaciones de la planta
baja que representan plazas más estrechas que las del primer piso. Al tener todas las plazas llenas en la unidad se presentan importantes
desafíos operativos de funcionamiento, dado que el aumento de la población de mujeres con sus hijos/as no ha sido acompañado por
un aumento de recursos humanos y materiales.

16
A pesar que la población a la que hacemos referencia es parte del total de las mujeres que
se encuentran dentro del sistema con sus hijos e hijas, entendemos que es representati-
va de lo que sucede a nivel nacional no sólo por el número sino porque también trata de
mujeres de distintos departamentos del país. El dato respecto al riesgo de daños hacia
terceros resulta ilustrativo al reflexionar cuáles son los principales motivos por los que se
considera como opción su encarcelamiento. Teniendo presente que la amplia mayoría de
esas mujeres no son un riesgo para la sociedad sino expresión de situaciones de exclusión
y vulnerabilidad que no pudieron ser resueltas, creemos que es necesario tomar la sanción
penal, como una oportunidad para una intervención de protección e integración, que en
muchos casos debe poder trascender la privación de libertad y expresarse en otros meca-
nismos de rendición de cuentas por la transgresión realizada.

5.- Consideraciones finales

A. Si bien constatamos que el Instituto Nacional de Rehabilitación, a través del PAMHI


y del Departamento de Género y diversidad así como con apoyos de otros orga-
nismos, de organizaciones de la sociedad civil y de la comunidad, realiza un gran
esfuerzo para que los/as niños/as que están con sus madres en las unidades tengan
buenas condiciones (alimentación sana, espacios adecuados y salidas cuidadas a la
comunidad y a servicios educativos o de estimulación temprana), de todas maneras
se trata de instituciones totales, donde las condiciones que las mismas deben for-
zosamente tener –alambrados, controles, vigilancia policial, cercanía de otros pa-
bellones o celdarios, masividad, falta de intimidad etc.- son factores de adversidad
severa en esos primeros meses y años de vida en que el cerebro tiene una enorme
capacidad de absorción de estímulos que influirán en su vida

B. Tanto la normativa internacional ratificada por Uruguay como la normativa nacional


prevén la posibilidad de otorgar medidas alternativas a la prisión para las mujeres en
etapa de gestación, durante el primer año de lactancia materna y también para aque-
llas personas que tengan necesidad de atender circunstancias familiares o especiales
(artículo 228 y 304 de la ley 19.293). Esta posibilidad solo es viable en determinadas
condiciones acotadas legalmente que consideramos deben ser modificadas por ser ex-
cesivamente restrictivas y no poder aplicarse en un gran número de situaciones que
resultan de indispensable aplicación, cuando en estos casos es posible contar con la
valoración caso a caso de los operadores de justicia para resolver la situación específica.

C. Si bien la convivencia de los niños/as con sus madres durante el período de lactan-
cia y la primera infancia posibilita mantener el vínculo y forma parte de las accio-
nes del Estado en pos de proteger los derechos de los niños, el encarcelamiento
de las mujeres por delitos de microtráfico, puede tener efectos que trascienden el
sentido reeducativo y socializador de ese mecanismo de sanción penal. Las con-
secuencias de la privación de libertad afectan directamente a las personas que
dependen de ellas, tanto afectiva como materialmente, y debe ser abordada desde

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 17
una perspectiva de género que contemple el contexto socioeconómico y cultural,
compatibilizando la sanción penal con el fin resocializador de la pena.

D. Tanto el encarcelamiento de las mujeres en estas circunstancias como el cumpli-


miento de la pena en prisión domiciliaria requiere de una intervención a nivel fami-
liar y social de manera integral y por tanto multidisciplinaria e interinstitucional (Ley
19.513 arts. 8 al 10). Es necesaria la generación de información sobre las necesida-
des de estas familias y la creación de planes de intervención social que articule las
acciones del Estado para proteger los derechos de los/as niños/as al mismo tiempo
que generen posibilidades para realizar proyectos de vida que acompañen los pro-
cesos de integración social y el abandono del delito como medio de subsistencia.

E. Pensar en medidas no privativas de la libertad para delitos menores o en dispositivos de


“medio camino” según las causas judiciales que aúnen una cierta restricción de libertad
y programas intensivos de rehabilitación como el modelo de Centros de Integración
Social de España, no concebidas como meros mecanismos para evitar la cárcel sino
como dispositivos de sanción penal sólidos y con sentido. Esto podría reducir signifi-
cativamente estos costos sociales, además de reducir la población penitenciaria y con
la implentación de planes adecuados, contribuir en la reducción de la reincidencia y
quitar “mano de obra vulnerable” a las redes delictivas que se aprovechan de personas
desesperadas para circular sustancias ilegales. Empezar a avanzar con este enfoque en
particular con la población de mujeres privadas de libertad con sus hijos a cargo, puede
permitir avances e innovaciones capaces de ser luego ampliadas.

6.- Recomendaciones

1. Que el Poder Legislativo, mediante los acuerdos y consensos políticos pertinentes que
se logren, avance en una legislación que permita la implementación de un mecanismo
de prisión domiciliaria asistida, con los programas sociales que la sede judicial determi-
ne de manera de asegurar el cumplimiento de la pena y el tratamiento resocializador del
mismo, para mujeres con hijos a su cargo para determinados tipos de delitos.

2. Que los operadores de justicia en sus diversas funciones y roles, en cumplimiento de


las normas nacionales e internacionales vigentes, realicen todos los esfuerzos posi-
bles para aplicar los mecanismos alternativos a la prisión a las mujeres con hijos a
cargo, que hayan cometido delitos leves y que no revistan un riesgo para la sociedad.

3. Que los operadores de justicia, estudiando caso a caso, y valorando tanto la pena
impuesta como las posibilidades de reinserción, promuevan para los casos de to-
das las personas pero en particular mujeres con hijos directamente a cargo, la po-
sibilidad de aplicar un régimen de prisión domiciliaria asistida integralmente por
servicios sociales de protección que les permitan, aún en su marco de restricción a
la libertad ambulatoria, cuidar a sus hijos, acompañarlos en sus necesidad y activi-
dades en la comunidad y acceder a oportunidades de rehabilitación (capacitación,

18
educación, empleo) de manera que el tiempo de aplicación de esa sanción sea útil
para su posibilidad de elaborar un nuevo proyecto de vida.

4. Que en las situaciones en que las mujeres sean formalizadas por delitos de estupe-
facientes, se realice la comunicación a las instituciones a cargo de políticas sociales
competentes, en especial INAU y MIDES, tal como se establece en los artículos 8,
9 y 10 de la Ley 19.513, norma poco conocida y aplicada, a los efectos de coordinar
la ejecución de planes integrales de contención y asistencia en favor de su rehabili-
tación y de la crianza de niños, niñas y adolescentes.

5. Que a los efectos de analizar los alcances de un sistema de prisión domiciliaria asis-
tida integralmente con redes de protección social, la Dirección Nacional de Medidas
Alternativas (DINAMA), el Instituto Nacional de Rehabilitación como rector del sis-
tema de sanción penal convoquen la formación de un grupo de trabajo para formular
una guía de actuación para el desarrollo de nuevos dispositivos de asistencia social
para las medidas alternativas como las aquí señaladas y su conexión con la red de
políticas sociales estatales, sus referentes y nexos de sociedad civil.

6. Que se tomen las medidas necesarias para revisar la legislación vigente y se formulen
modificaciones normativas para hacer aplicable las penas alternativas a la prisión en
particular para las mujeres gestantes, en etapa de lactancia y con hijos e hijas a cargo.

7. Que se tomen las medidas administrativas necesarias para crear dispositivos de


casas cuidadas y seguras de medio camino para pequeños grupos de no más de 10
mujeres con hijos a su cargo, que permitan sustituir progresivamente los pabellones
de mujeres privadas de libertad con sus hijos, habitualmente ubicados en el contex-
to de instituciones penales de mayor tamaño y población.

8. Avanzar en la creación de Centros de Integración Social, inspirados en el modelo


español de reforma penitenciaria, para personas que tengan penas cortas o estén en
etapa avanzada del cumplimiento de su sanción penal, donde actuando como centro
de medio camino las personas pasen allí una parte del día, pernoctando o recibiendo
asistencia, y el resto del tiempo estén integrados a la comunidad ya sea atendiendo
sus familias o en actividades de capacitación, educativas o de atención de salud.

9. Que atendiendo la especificidad de la prisión femenina, el Instituto Nacional de


Rehabilitación cree en su estructura orgánica una sub dirección de mujeres priva-
das de libertad, de manera de asegurar una perspectiva de género y generaciones
integral, tanto en lo referido a la cobertura educativa y de rehabilitación como a los
aspectos edilicios, la vida cotidiana y las relaciones con la comunidad.

10. Que se tomen medidas para que en los casos en que no se puedan aplicar los me-
canismos de sanción penal con medidas de prisión domiciliaria asistida las unidades
para mujeres con hijos sean de pequeñas dimensiones, eficientes en sus programas
individualizados de tratamiento y con recursos para asegurar la asistencia de los
niños a servicios educativos o de otro tipo existentes en la comunidad y con una
adecuada atención social.

PENAS ALTERNATIVAS DURANTE LA EJECUCIÓN PENAL PARA MUJERES CON HIJOS E HIJAS A SU CARGO 19
NOTA:

Este documento se basa en el trabajo mancomunado y complementario


de todos los integrantes de la Oficina del Comisionado Parlamentario,
y muy en particular de los asesores que, durante varios años, vienen
cubriendo el área de mujeres privadas de libertad y el seguimiento
estadístico del mismo, recorriendo, pensando, mirando, escuchando y
escribiendo: Mariana Iglesias, Graciela Riephoff, Santiago Sosa,
Virginia Rivero, Meryem Ergul y Carolina Ortiz de Taranco.
También central ha sido el aporte del área Legales de la Oficina,
con los aportes especializados de Silvia Sturla, Alejandro Bonanni
y Sylvia Gari. También aportó mucho a la Oficina, mientras
estuvo en ella, Valentina Piquinela.

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