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Tantas voces y solo una cabeza…la psicología como un piso

compartido

“¿Quién soy y si es así cuántos soy?” Se desconoce


Nadie es solo “una persona”, una personalidad única y coherente, siempre una
consigo mismo. Porque si fuéramos así, nuestros comportamientos coincidirían con
nuestros propósitos. Pero, en realidad no es así. Si se observa de manera más
profunda, se llega a ver, que todos nosotros tenemos diferentes partes de nuestra
personalidad, que aparecen en situaciones concretas.
Todos conocemos la experiencia en la cual nos sentimos en desacuerdo con nosotros
mismos. Puede ser que haya recibido una invitación de comida por parte de su jefe o
para una reunión familiar y aunque una parte vuestra tuviese miedo de una noche dura
y sin ganas, la otra parte piensa que no debería faltar. O saltas como un tigre hacía el
armario de la cocina donde están el chocolate y las papas. “Cálmate, que sino nunca
perderás peso. ¡No devores tanto!” Algo te riñe por dentro. Sin embargo, las sirenas
atrayentes en su cabeza son más fuertes:” ¡Va, esto me lo merezco después de un día
tan agotador! Una vez me puedo dar un capricho, ¿no? Y ya está la mano en la
caja/tarro de galletas.
En cada uno de nosotros vive un grupo de compañeros que comparte un piso, que
guían nuestra vida demasiadas veces sin que nos demos cuenta.
Estas partes internas son las causas de los cambios repentinos del estado de ánimo,
impulsos contradictorias y reacciones raros:” Si alguien me mira con una expresión
facial en concreto, me sentiría de repente como un niño tímido, tan pequeño con
gorro.” “No veo manera de controlarme, le grito a mi hija por tonterías pequeñas de
manera que incluso yo pienso que es demasiado cruel.” “A menudo he decidido
sentarme y hacer mi declaración de la renta. Pero luego me veo perdiendo horas en
Instagram.” A algunos de nosotros nos parece incluso que llevamos un enemigo en
nuestro interior que nos sabotea constantemente. Mi propio viaje para hacerme amigo
de mis compañeros comenzó hace unos veinte años. En aquella época, al principio de
mis treinta me sentía muchas veces, como si de alguna manera, estuviera
fundamentalmente equivocado o insuficiente. Aunque, visto desde afuera, muchas
cosas en mi vida parecía ir bien, sentía dentro de mi una persistente insatisfacción,
tensión y una carencia profunda que no me podía explicar a mí mismo ni ponerlo en
palabras. Después, ocurrieron dos cosas en sucesión, descubrí la meditación y me
encontré con un libro sobre partes internas de la personalidad.
Por el trabajo que he hecho con mis propias partes y el viaje de conciencia plena, he
llegado a un punto donde he encontrado mi libertad interna, alegría en la vida y
conexión, que nunca me pudiera haber imaginado. He pasado por cambios internas
que aún me dejan con boca abierta, aunque haya aprendido qué es lo que se requiere
para acompañar a personas en un viaje así, gracias a profesores, profesoras y una
sólida formación profesional. Ahora, yo misma formo parte del equipo en la formación
del Instituto IFS (modelo de los sistemas de la familia interna) en Múnich.
Escribo este libro por mi propio deseo profundo; y me gustaría añadir que las personas
pueden llegar a descubrir lo luminoso que puede llegar a ser en su profundidad. Yo
creo de todo mi corazón y sin ninguna duda que podemos hacer pasos hacía la
sanación y ligereza interior aunque nos sentemos atrapados y desperados. Hemos
sido creados justo por eso, para guiarnos por el viaje de la vida libremente, conectados
con un sentimiento de nuestro piso interno compartido con todas sus alegrías y
desafíos que trae consigo.
[…]

Yendo hacía la totalidad interna


Muchas personas sufren por nada, simplemente por pensar que deberían ser solo un
tipo de persona en concreto o porque solo algunas de sus partes de personalidad son
aceptables. Por eso, intentan suprimir pensamientos, sentimientos o perspectivas
contradictorias de otras partes.
El autor y poeta estadounidense Robert Blz denomina a la sombra según el sentido de
C.G Jung: “el saco largo que arrastramos detrás de nosotros”. Hasta la edad adulta
pasamos la vida decidiéndonos “qué partes nuestras meteríamos en el saco y la otra
parte de nuestra vida intentamos sacarlos otra vez”. Descubrir las partes suprimidas
dentro de nosotros e integrarlas en la personalidad entera significa completarse otra
vez a sí mismo. Ser conscientes de nuestras partes que solo habían acumulado polvo
en todo este rato nos hace sentir más relajados, ricos y vivos. Porque así, las otras
partes no se ven forzadas a quedar invisibles, ya que esto gasta mucha energía. Por
ejemplo, así existen personas que han empezado a suprimir partes de su personalidad
por creer que no podían sentir sentimientos o emociones como ira, rechazo o deseos.
Se sienten vergonzosos por partes de su propia vida íntima, simplemente por llegar a
creer que algo está mal o equivocado dentro de ellos si tienen estos sentimientos.
Pero, si demonizamos nuestros impulsos naturales como erótica, sensualidad o
capacidad de imposición y diferenciación nos cansaríamos demasiado. La ira es una
reacción natural y más si se sobrepasan límites. Cómo marcamos estos límites, de
una manera útil o perjudicial, ya sería otra cuestión. Además, los sentimientos
sexuales también pertenecen a todas las personas, independientemente de si o cómo
los hacemos realidad. Sin embargo, suprimir incluso este sentimiento siendo algo
natural de cada persona significa que nos faltarían poderes valiosos.

CAPÍTULO 6
Atrapado sí, pero roto no
“Trauma no es lo que les ha ocurrido. Trauma es lo que ocurre dentro de vosotros a
causa de lo que ha sucedido”.
El concepto Trauma se escucha demasiado hoy en día, pero se suele malinterpretar
con frecuencia. Por una parte, es hiper utilizado y se utiliza para todas las posibles
experiencias que sean percibidas como angustiante (de manera que incluso los
medios consideran que la final de un partido perdido es traumática). Y por otra parte,
domina la idea errónea que el trauma siempre está conectado con una experiencia
extrema. Esto resulta en que las personas que de verdad sufren de un trauma no
llegan a averiguarlo o no llegan a admitirlo, y tampoco aceptar ayuda. Porque lo que
les ha ocurrido no pertenece a la categoría típica de una experiencia de violencia u
horror.
A pesar de que muchos síntomas, para quienes sufrimos por consecuencias
traumáticas, son perturbadores y agobiantes, desde una perspectiva
neurobiológicamente orientada, son intentos comprensibles y plausibles del cuerpo y
la psique para resolver el problema. En otras palabras:
“Un trauma es una reacción normal hacía una situación anormal”
Desde este marco de comprensión, nos resultaría más fácil entender lo que sucede
dentro de nosotros, ordenarlo e iniciar cambios positivos y pasos de sanación.

La prevención y sanación requieren la comprensión de las


conexiones
Algunas cosas de este capítulo pueden sonar complejas o más difíciles que
otras partes del libro. Por favor, que esto no os pare de seguir leyendo.
Desde mi perspectiva, la educación sobre el tema del trauma es una tarea
para toda la sociedad y muy importante para todos. Según se estima, por lo
menos entre un 70 y 90 por ciento de nosotros, pasará por una experiencia
en la vida que sea potencialmente traumatizante, es decir, casi todos. Sin
embargo, esto no quiere decir que obligatoriamente surgirá un problema
continuo de cada experiencia traumática como el trastorno por estrés
postraumático, en breve conocido como TEPT. Una comprensión básica de
los factores de riesgo como los procesos fisiológicos combinados con un
conocimiento sobre prácticas razonables pueden ayudar y contribuir a que
no surja ningún trauma de las experiencias con un riesgo alto de
traumatizar. El conocimiento y la comprensión sobre traumatismo nos
apoyaría con el manejo con nosotros mismos y con la convivencia entre
otras personas, la mayoría de las cuales viven con las consecuencias de un
trauma, se trata de más personas que sabemos. El psiquiatra e investigador
de traumas reconocido a nivel mundial, Bessel van del Kolk habla en este
contexto sobre una epidemia oculta.
El trauma rara vez surge solo. Cuando más avance la comprensión científica
sobre el trauma, más visible/evidente se hace la cantidad de las
enfermedades físicas y los problemas psicológicas/mentales que sean
consecuencias directas o indirectas provocadas por el trauma. El riesgo de
que se desarrollen enfermedades crónicas, dolor o enfermedades
autoinmunes (como fibromialgia o el síndrome del colon irritado) a lo largo
de nuestra vida es muy elevado tal como la probabilidad de convertirse en
una víctima de violencia o que uno mismo sea violento. Además, con
frecuencia pueden aparecer dificultades en las relaciones, conductas
adictivas o tendencias suicidas. Del mismo modo, depresiones, los
trastornos de ansiedad, los trastornos alimentarios, las compulsiones o el
trastorno límite de la personalidad están vinculados (aunque no siempre)
con las experiencias del trauma, o mejor dicho pueden desarrollarse a partir
de las consecuencias. Y, el trauma se puede pasar de generación a
generación de manera que cada vez se agobien más y más personas.
Por eso, me gustaría dar un breve resumen en este capítulo sobre
experiencias traumatizantes y factores de riesgo de manera que pueda
transmitir esta información para ser comprendida fácilmente lo que pasa en
el cerebro y el cuerpo durante un trauma considerando nuestras partes
internas, y lo que nos ayuda salir de las consecuencias del trauma. Si
vivimos con el efecto incapacitante del trauma, no significa que estemos
rotos o destruidos sino que hemos quedado atrapados; a un nivel físico
dentro de una respuesta defensiva interrumpida y a nivel de partes en una
búsqueda desesperada por parte de partes dañadas y protectoras para
encontrar una salida.

Lo que pasa durante un trauma y lo que protege de


ello
Lo traumático es, citando a la psicoterapeuta Dagmar Kumbler: “todo lo que
sobrepasa gravemente las oportunidades de hacer frente de una persona a
un tiempo determinado dejándolo sin protección, consuelo y apoyo por
parte de otras personas, además de exponerlo a un punto insoportable de
ansiedad, dolor y pérdida de consciencia.” Por lo tanto, no son ciertas
experiencias que causan trauma sino que el peligro de un efecto
traumatizante aumenta:
 Cuando la persona es más joven,
 Cuanto menos sofisticado es su sistema nervioso (necesita un
sistema nervioso bien regulado para volver a sentir el sentimiento de
seguridad después de experiencias malas,
 Cuanto más vinculado este el trauma con personas familiares,
 Cuando el cuerpo se ataca directamente o se daña en su integridad,
 Cuantas más condiciones preexistentes haya o menos recursos
emocionales tenga la persona a disposición,
 Cuando menos empatía y apoyo reciba la persona y la duración de
estar solo en esta experiencia,
 Cuanto más daño psíquico reciba durante un tiempo largo
[…]

Las cuatro respuestas de supervivencia: fight, flight,


freeze, fawn
Hay más respuestas si se mira desde una perspectiva evolutiva que pueden
desplegar/implementar si nos vemos sometidos bajo mucho estrés o un
peligro masivo. Se han formado durante millones de años de nuestra
historia evolutiva y están diseñadas fundamentalmente para hacer frente a
situaciones físicamente amenazantes.
En el idioma inglés se habla de las cuatro efes: fight, flight, freeze, y fawn
(lucha, fuga, rigidez, sumisión). Las primeras dos, fight o flight, se
mencionan no solo en conexión con el trauma sino también porque las
respuestas de lucha y fuga entran en juego bajo estrés. La tercera freeze se
menciona menos, porque ponerse rígido o mejor dicho colapsar presenta
una estrategia de supervivencia razonable que es inherente a nosotros. En
el mundo animal esta estrategia se conoce como “fingir la muerte”: cuando
un antílope se escapa de un guepardo pero ve que ya no es posible
escaparse, de repente se desploma mientras corre. Se hunde en el suelo
como si no estuviera viva y si tiene suerte el guepardo (que no es carroñero
porque solo le interesan las presas vivas ) la deja en paz.
Pero, en verdad el concepto de “fingir la muerte” es un poco engañoso
porque suena como si el antílope se comportara a posta así o si tuviera una
decisión de fingir la muerte o no. Sin embargo, esto no es el caso. Porque
colapsar es una respuesta para sobrevivir que es causado automáticamente
por el SNA, es decir, por el sistema nervioso autónomo del antílope y a la
misma vez suprime las otras respuestas. Si se causa el “freeze-reflex”, es
decir, la respuesta de bloqueo en el sistema nervioso humano nos veremos
bloqueados por la ansiedad o miedo, sin poder reaccionar de alguna
manera. Defenderse o escaparse no sería viable aunque sea posible de
manera teorética para una víctima de violencia sexual. El sistema nervioso
ha cambiado a un modo de reacción que sirve para sobrevivir y lo hace
imposible, actuar de manera activa.
Si nuestro sistema nervioso llega a la conclusión de que estamos en peligro
y no tenemos ninguna salida gracias a los estímulos claves interiores o
exteriores, la condición de “freeze”, en otras palabras, la condición del
bloqueo puede transformarse en un estado apagado. En preparación para la
posible muerte inminente, todas la funciones corporales se detienen y se
liberan endorfinas que protegen contra el dolor. La naturaleza ve esta
condición como un programa de emergencia absoluta. Especialmente en
casos cuando cada vez colapsamos por violencia crónica, corporal o
emocional, el sistema nervioso solo no tiene la habilidad de sacarse a sí
mismo de esta condición. El cuarto modo de supervivencia también es
evolutivo y utilizado por el SNA sin nuestra decisión consciente: apaciguar el
atacante, cooperar, someterse. En los países de habla inglesa, este modo se
llama fawn (fawn=cervatillo, to fawn = menear la cola). Por lo tanto, es un
comportamiento o conducta de desescalada en el cual se trata de apaciguar
al atacante quizás distraerlo o indicarle que no representamos ninguna
amenaza. […]

Tantas voces en una sola cabeza… La psicología como un piso


compartido
“¿Quién soy y, si es así, cuántos somos?” La respuesta
sigue siendo un misterio.
Nadie es solo "una persona", una personalidad única, coherente y siempre en sintonía
consigo misma. Porque si fuera así, nuestras acciones coincidirían siempre con
nuestras intenciones. Pero, en la práctica, no es así. Si nos observamos más a fondo,
descubrimos que todos albergamos distintas partes internas que se activan en
situaciones específicas.
Todos conocemos esa sensación de estar en desacuerdo con nosotros mismos. Tal
vez recibiste una invitación para cenar con tu jefe o para una reunión familiar. Una
parte de ti se siente agotada y sin ganas, pero otra te dice que no deberías rechazarla.
O, de repente, te lanzas como un tigre al armario de la cocina donde están el
chocolate y las papas. Una voz interna te dice: “¡Cálmate! Así nunca vas a perder
peso. ¡No te lo comas todo!”. Pero otra voz, más seductora, responde: “¡Vamos,
después del día que tuve, me lo merezco! Solo por hoy, un caprichito no hace daño”. Y
ya tienes la mano dentro del tarro de galletas.
Dentro de cada uno de nosotros vive una especie de comunidad de compañeros que
comparten un piso: partes internas que guían nuestras decisiones más veces de las
que nos damos cuenta.
Estas partes internas son las responsables de los cambios de humor repentinos, los
impulsos contradictorios y esas reacciones que ni nosotros entendemos:
“Si alguien me mira con cierta expresión, de pronto me siento como un niño pequeño y
tímido, con gorrito y todo”.
“A veces le grito a mi hija por cosas mínimas, de una forma que incluso yo reconozco
como cruel”.
“O decido sentarme a hacer la declaración de la renta, y horas después sigo atrapada
en Instagram”.
Algunos sentimos incluso que llevamos dentro a un enemigo que nos sabotea
constantemente.
Mi propio viaje para conocer a estos compañeros empezó hace unos veinte años.
Tenía poco más de treinta y, aunque desde fuera mi vida parecía en orden, por dentro
me sentía equivocada, insuficiente. Había una insatisfacción persistente, una tensión
interna y una carencia profunda que no podía explicar con palabras. Entonces,
ocurrieron dos cosas casi al mismo tiempo: descubrí la meditación y llegó a mis manos
un libro sobre las partes internas de la personalidad.
Gracias al trabajo que he hecho conmigo misma y al camino de la conciencia plena,
llegué a encontrar una libertad interior, una alegría de vivir y una conexión que jamás
habría imaginado. Aún me sorprenden los cambios internos que he vivido. Y ahora,
gracias a la guía de grandes maestros y una formación profesional sólida, soy parte
del equipo de formación del Instituto IFS (Sistemas de la Familia Interna) en Múnich.
Escribo este libro desde un deseo profundo: que más personas descubran la luz que
puede emerger desde su propia profundidad. Creo, con todo mi corazón, que sí es
posible dar pasos hacia la sanación y la ligereza interior, incluso cuando nos sentimos
atrapados o desesperanzados. Hemos sido diseñados precisamente para eso: para
transitar la vida de forma libre, en conexión con este piso interno compartido, con
todas sus alegrías y desafíos.
Hacia la totalidad interior
Muchas personas sufren innecesariamente solo por creer que deberían ser de una
sola manera, o que solo algunas partes de sí mismas son aceptables. Por eso intentan
suprimir pensamientos, emociones o perspectivas internas que parecen
contradictorias.
El autor y poeta estadounidense Robert Bly, retomando el concepto de sombra de
C.G. Jung, describe este fenómeno como “el saco largo que arrastramos detrás de
nosotros”. A lo largo de la vida, decidimos qué partes de nosotros meter en ese saco, y
luego nos pasamos otra parte de la vida tratando de recuperarlas.
Redescubrir esas partes suprimidas e integrarlas nos permite sentirnos más
completos. Al tomar conciencia de ellas —esas partes que han acumulado polvo
durante años— nos sentimos más relajados, más vivos. Porque mantenerlas
escondidas nos roba muchísima energía.
Hay personas que han aprendido a suprimir sus emociones por creer que no deberían
sentir ira, rechazo o deseo. Se avergüenzan de aspectos íntimos de su vida porque
han interiorizado la idea de que algo está mal en ellos si experimentan ciertas
emociones. Pero si demonizamos impulsos naturales como la sensualidad, la
autoafirmación o incluso la ira, acabamos agotados. La ira, por ejemplo, es una
reacción natural cuando se cruzan nuestros límites. Lo importante es cómo la
expresamos: de forma útil o destructiva. Lo mismo ocurre con la sexualidad: es parte
de todos nosotros, independientemente de cómo —o si— la expresemos. Reprimir
estos aspectos naturales nos hace perder recursos valiosos.

Capítulo 6: Atrapados sí, pero no rotos


“El trauma no es lo que te pasó. Es lo que pasa dentro de ti como consecuencia de lo
que te pasó.”
Hoy se habla mucho de trauma, pero muchas veces se malinterpreta. Por un lado, el
término se usa de forma tan amplia que se etiqueta como traumático casi cualquier
evento desagradable —hasta la derrota en un partido de fútbol. Por otro lado, persiste
la idea equivocada de que el trauma solo se relaciona con eventos extremos. Eso
hace que muchas personas que realmente sufren las consecuencias de un trauma ni
siquiera lo reconozcan como tal, y mucho menos busquen ayuda.
Aunque sus síntomas pueden resultar profundamente angustiosos, desde un punto de
vista neurobiológico, el trauma es un intento del cuerpo y la psique de resolver un
problema. En otras palabras:
“El trauma es una reacción normal ante una situación anormal.”
Con esta comprensión, se nos abre una puerta para ordenar lo que sentimos,
entendernos y emprender un camino de sanación.
La sanación empieza con la comprensión
Este capítulo puede parecer más complejo, pero no dejes que eso te desanime.
Comprender el trauma es una tarea social y vital. Se estima que entre el 70% y el 90%
de nosotros viviremos al menos una experiencia potencialmente traumática. Eso no
significa que todas esas experiencias generen un trastorno como el TEPT (Trastorno
por Estrés Postraumático), pero sí que el conocimiento puede marcar una gran
diferencia.
El trauma puede afectar nuestras relaciones, provocar adicciones, depresión,
ansiedad, trastornos alimentarios y más. Y se puede transmitir de generación en
generación, como una epidemia invisible. Bessel van der Kolk, psiquiatra y referente
mundial en trauma, lo llama precisamente así: una epidemia oculta.
¿Qué ocurre durante un trauma?
Dagmar Kumbler define lo traumático como aquello que sobrepasa gravemente la
capacidad de afrontamiento de una persona, dejándola sin apoyo ni protección,
sometida a un dolor insoportable o al colapso.
La gravedad de un trauma aumenta cuando:
 Somos más jóvenes,
 Nuestro sistema nervioso aún no está desarrollado o está debilitado,
 El trauma es causado por personas cercanas,
 Hay daño físico directo,
 Faltan recursos emocionales,
 No hay apoyo, o la persona queda sola durante la experiencia,
 El sufrimiento es prolongado.
Las 4 respuestas de supervivencia: Fight, Flight, Freeze, Fawn
Nuestro sistema nervioso autónomo activa respuestas ancestrales para protegernos
del peligro: lucha, huida, bloqueo (freeze) o sumisión (fawn). Estas no son
elecciones conscientes, sino respuestas automáticas.
Por ejemplo, el “freeze” (bloqueo) es lo que ocurre cuando un antílope, al ver que no
puede escapar del guepardo, se desploma fingiendo estar muerto. No es una elección:
su sistema nervioso lo apaga. En humanos, este reflejo puede aparecer en situaciones
como la violencia sexual. La persona no puede defenderse ni huir, aunque
teóricamente sea posible: su cuerpo ha entrado en modo de supervivencia total.
El cuarto modo, “fawn”, es una estrategia para calmar al agresor: colaborar, mostrarse
sumiso, intentar agradar. Aunque se llame “fawn” (cervatillo), no es debilidad, sino un
mecanismo profundamente arraigado de preservación.

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