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MARCEL MAUSS
Ensayo sobre el don
FORMA Y FUNCION DEL INTERCAMBIO
EN LAS SOCIEDADES ARCAICAS
conocimientoMarcel Mauss
Ensayo sobre el don
Forma y funcién del intercambio
en las sociedades arcaicas
Estudio preliminar y edicion
por Fernando Giobellina Brumana
‘Traducido por Julia Bucci© Katz Editores
Charlone 216
C1427BXF-Buenos Aires
Fernan Gonzalez, $9 Bajo A
28009 Madrid
[Link]
Titulo de le edicion original: Essai sur le don.
Forme at raison de l’échango dans les sociétés archaiques
© Presses Universitaires de France, 2007
Esta obra, publicada en el marco del Programa
de Ayada a la Publicacién Victoria Ocampo, ha recibido
el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia
y del Servicio de Cooperacién y Accién Cultural
de la Embajada de Francia en Argentina.
Cot ouvrage, publié dans le cadre du Programme d’Aide
4 la Publication Victoria Ocampo, bénéficie du soutien
du Ministare Francais des Affaires Etrangéres
et du Service de Cooperation et d’Action Culturelle
de l'Ambassade de France en Argentine.
ISBN Argentina: 978-987-1S66-10-5
ISBN Espafia: 978-84-96859-66-1
1. Ensayo francés. I. Giohellina Brumana, Fernando, prélog
IL, Titulo
CDD 844
El contenido intelectual de esta obra se encuentra
protegido por diversas leyes y tratados intarnacionalas
que prohiben la reproduccién integra o extractada,
realizada por cualquier procedimiento, que no cuente
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Indice
ESTUDIO PRELIMINAR
El don del ensayo, por Fernando Giobellina Brumana
Nota del editor
ENSAYO SOBRE EL DON
Introduccis
Epigrafe
Programa
Método empleado
Prestacién, Don y potlatch
[Link] DONES INTERCAMBIADOS
¥.LA OBLIGACION DE DEVOLVERLOS (POLINESIA,
1. Prestacidn total, bienes uterinos contra bienes
masculinos (Samoa)
2. El espiritu de la cosa dada (Maori)
3. Otros temas: la obligacién de dar,
la obligacion de recibir
4. Observaci6n. El presente hecho a los hombres
y el presente hecho a los dioses
, - bre la Limos
I, EXTENSION DEL SISTEMA, LIBERALIDAD.
HONOR, MONEDA
1. Reglas de la generosidad. Islas AndamanREE &
Be
BRE
eR
&
B
RREBBEE
B
B
2. Principios, razones e intensidad
de los intercambios de dones (Melanesia.
Nueva Caledonia
Trobriand
‘tras sociedades melanesias
3. Noroeste de América del Norte
EL honor y el crédito
Las tres obligaciones: dar, recibir, devolver
La fuerza de las cosas
LIL SUPERVIVENCIA DE ESTOS PRINCIPIOS EN LOS
1, Derecho personal y derecho real
(derecho romano muy antiguo)
Escolio
Otros derechos indoeuropeos
3. Derecho germanico (la prenda y el don)
2. Conclusiones de sociologia econémica
y de economia politica
3. Conclusion de sociologia general y de moral
Bibliografia
Material protegido por derechos de autorEstudio preliminar
El don del ensayo
Fernando Giobellina Brumana*
a Manolo Delgado
Amis de ocho décadas de su publicacién, el Ensayo sobre el don
se presenta como la mas visible de las obras, no sdlo de suautor,
Marcel Mauss, sino del conjunto de la Escucla encabezada por
su tio Emile Durkheim. Esa primacia no la obtuvo desde un
comienzo; por el contrario, la recepcién primera no fue dema-
siado propicia: s6lo unas pocas resefias, eso si calurosas, en La
Revue Philosophique, en L’Année Psychologique y en alguna otra
publicacion; ninguna de gran firma. Ademas, aquellos cuya pro-
duccion etnografica habia sido central para la composicion del
libro casi no se hicieron eco de su aparicién. Boas y Malinowski
enviaron respectivas cartas con los debidos agradecimientos,
pero solo el ultimo hizo referencia a la publicacion, una unica
referencia de muy escasa entidad, en nota a pie de pagina agre-
gada con el libro ya en prensa (Malinowski, 1926: 41; cf. Leach,
1974 [1957]: 308). Esa poca repercusi6n inicial quizds en parte se
debiese a que su tema —el origen del contrato, para abreviar—
acababa de ser abordado por un companero de Mauss, en la
* Fernando Giobellina Brumana es profesor de Antropologfa Social
en la Universidad de Cadiz. Ha hecho su trabajo de campo en el Brasil,
donde estudié cultos de posesion como el candomblé, la umbanda
y el catimb6, y tiene varios trabajos tedricos vinculados a la escuela
de L’Année Sociologique. Es autor de numerosos libros y articulos.8 | ENSAYD SOBRE EL 0ON
€poca mucho mas conocido por el publico, el escaso publico
que acompaniaba estas cuestiones, Georges Davy y su libro La
foi jurée;' el Ensayo... podia entonces parecer para la mayoria
una obra menos original de lo que ahora sabemos que era.
Hubo también reacciones adversas. Hubert, amigo intimo y
colaborador de Mauss, no le ocultaba -en carta, no en texto
publicado (Fournier, 1994: 524 y ss.)— las reservas que el libro le
provocaba: ademas de reparos estilisticos (“no es facil de leer”),
(“a menudo es bastante brumoso”), insuficiencias de informa-
cion y cuestiones que, se vera en su momento, son centrales en
el Ensayo...: la nocién de “prestaciones totales” y las considera-
ciones morales y politicas con que Mauss concluia su trabajo.
Firth (1929; cf. 1974 [1957]), alumno de Malinowski, ademds de
sehalar equivocos en la utilizacién de datos de Argoriautas del
Pacifico Occidental, refutaba la interpretacién que Mauss hacia
de hau; aqui intervenia una cuestién que veremos mis tarde,
por un lado, problemas de traduccién del término maori y, por
el otro, problemas del pasaje del cardcter binario que don y
contra-don mostraban entre los indios del noroeste de América
del Norte al cardcter polindmico que asume en la Melanesia.
El Ensayo... fue poco empleado por quienes tenian como
referente a Mauss; la mayoria, etndlogos 0 no, echaban mano
de otros trabajos suyos, aquellos que escribié sobre la magia,
sobre el sacrificio, sobre las clasificaciones. Encontramos, sin
embargo, que el texto fue punto de partida para trabajos de al
[Link] en el pequeno mundo erudito donde se movian ambos pensadores
todos sabian que el primero era quien habia comenzado con el estudio del
tema, la anticipacion del segundo fue tomada por algunos como una
usurpacion. Un par de resenas de miembros menores del grupo atacaron
al libro de Davy, que se quejaba epistolarmente de la injusticia de las criticas
(Besnard, 1985). Sin embargo, encontramos en el texto de Mauss multiples
citas de ese libro y de otros trabajos de Davy.ESTUDIO PRELIMINAR | 9
menos dos pensadores de gran relevancia: un helenista como
Gernet? (1981 [1948]) y un lingiiista como Benveniste (1966
[1948] ). En obras que daban una panordmica de la produccién
socioldégica de la época, el texto de Mauss tenia un lugar rele-
vante; es el caso de la mencién prolongada y elogiosa que hizo
Célestin Bouglé (1935); es también el del capitulo de Lévi-Strauss
(1947) sobre sociologia francesa en una visién global de la pro-
ducci6n sociolégica mundial dirigida por Georges Gurtvich.
Tal vez haya sido Georges Bataille, una figura de dificil clasifi-
caciOn, quien en un breve articulo de 1933 —“La notion de dé-
pense”, mas interés mostré por el trabajo de Mauss, aunque
fuese para darle una vuelta de tuerca y poner sobre la mesa no
ya los datos alli expucstos y la interpretacién que les daba su
autor, sino un nuevo sentido. Tal sentido partia de una lectura
muy parcial, si se quiere muy lejana de la visién de Mauss, pero
ponta el acento sobre una cuestin clave: el gasto improductivo
(lo que Bataille entendia por “dépense”). El hecho de que esta
tentativa se realizase desde una metafisica naturalista y que fuese
parte de una poética narcisista del mal (el texto final en el que el
articulo de Bataille se incorporaria anos mas tarde lleva el nom-
bre de La parte maldita...) es quizd la razon principal de que ese
camino se cerrase sin mayores consecuencias, de que no fuese
reconocido por los circulos académicos. Pero al desdefiar a Ba-
taille se acallaba una cuestién que, como se sostendrd en esta
Introduccién, puede ser vista como central en el sistema de dones:
el exceso, el despilfarro, el sacrificio sin sacralidad ni receptor.
En 1950, el Ensayo... se reimprimié como parte de una reco-
pilacion de textos de Mauss, Sociologia y antropologia; Claude
2 Maestro de Vernant, Vidal-Naquet y Detienne, cuya obra esta entre lo mas
logrado de la produccién en ciencias sociales y humanas francesas de la
segunda mitad del siglo xx, tal vez la herencia mds exitosa de Mauss.10 | ENSAYO SOBRE EL DON
Lévi-Strauss, en su larga y densa introduccién al volumen, colo-
caba este trabajo como su obra mis relevante, suposicion que se
ha convertido en formula canénica. No es de extrafiar que Lévi-
Strauss pensase asi; la base teérica sobre la que se yergue el enorme
edificio de sus Estructuras elementales del parentesco, publicado
un ano antes, era la prohibicidn del incesto y las regulaciones de
traspasos de mujeres entre unidades exogdmicas, es decir, la apli-
cacién a un campo particular del esquema del don.
Ese giro produjo una reevaluacién del lugar del Ensayo... en
la obra maussiana; ella misma se mostraba bajo una luz diferente;
ingresaba en una modernidad estructural no sdlo por mano de
Lévi-Strauss, sino también por obra de los antropélogos ingle-
ses, Ocurrié algo que quizds a Mauss no le hubicra gustado
demasiado: él mismo y su obra se convirtieron en objeto de
estudio; las miradas de los estudiosos se dirigian hacia él y no
ya hacia la realidad social concreta en que, como él tanto habfa
exhortado, debia centrarse la actividad cientifica.
Desde ese momento, escribieron sobre el Ensayo...los antro-
pOlogos mas destacados, Sahlins, Evans-Pritchard, Polanyi, Go-
delier, socidlogos como Bourdieu, filosofos como Lefort y
Merleau-Ponty. Y muchos, muchos mas. Buena parte de todos
estos abordajes proponen interpretaciones divergentes, tentati-
yas de absorberlo en corrientes tedricas contrapuestas:
Todo ocurre como si cada critico, victima de una inevitable
ilusion retrospectiva, encontrase en el Ensayo sobre el don la
confirmacién de su propia teoria socioldégica o hasta filosofica
3 La propia seleccion de los seis textos (en la tercera edicisn se agregs un séptimo,
el trabajo sobre los esquimales) tuvo ese efecto, buscado 0 no por los editores.
En la presentacion que Karady (1968: 0-111) hizo mucho mis tarde a las Obras
de Mauss, planteaba la cuestion del Mauss “construido” de esta manera.ESTUDIO PRELIMINER | 11
y el bosquejo desu propio método. Estructuralista para unos,
funcionalista para otros, fenomendlogo para unos terceros.
[eed
Todas las interpretaciones son contradictorias s6lo en la me-
dida en que aislan o hasta privilegian un romento del anali-
sis en detrimento de los otros (Dubar, 1969: 516 y 521; énfasis
del autor).
El hecho de que floreciesen tantas exégesis proviene de la propia
constitucion del Ensayo...: no era, no es, un texto de lectura
lineal y univoca; las interpretaciones divergentes, a poco que
cada estudioso del texto intentase una comprension més acabada
del mismo, eran includibles y ya forman parte de un cucrpo
comtn al que cada lectura agrega, para bien 0 para mal, una
nueva capa. Imposible por ficticia seria la tentativa de proponer
una experiencia virgen del original.
Ademias, esa misma pluralidad de lecturas, esa polisemia in-
salvable, parece insinuar que la obra esta como esperando atin
una revelacion desu significacion plena. Significacion plena que
no podia haber estado en la cabeza de su autor, quea menudo no
parecia consciente del alcance de sus hallazgos, nise puede esta-
blecer hoy de un plumazo, sino que debe atin ser construida en
una interlocucién quiza sin limites en el tiempo: no por nada,
se vera en su momento, de lo que el texto habla es de la existen-
cia misma de la sociabilidad, de la roca que la sustenta.
Es asi que estos ultimos tiempos no hay afio en el que no se
publiquen sobre él articulos y libros en diferentes lenguas. En fin,
el Ensayo... es mucho mas leido y discutido en la actualidad que
en las décadas que siguieron a su aparicién; se ha convertido en
una obra sobre la que una y otra vez los antropélogos vuelven.
Vuelven, volvemos, por distintas razones. Hay quien lo hace
para aniquilar in ovo una perspectiva etnolégica que escapa a12 | ENSAYO SOBRE EL DON
determinados esquemas; en pocas palabras, para mostrar como
Mauss se desbocaba y creaba monstruos ideales que nada te-
nian que ver con la realidad empirica. Hay, por el contrario,
quien lo hace —ése es el espiritu que anima esta Introduccién-
no tanto con el interés de los historiadores de las ideas, sino,
mas bien, para buscar entre sus pocas paginas elementos que
orienten -o quiz lo contrario, que des-orienten, que aparten
de veredas demasiado holladas-—la practica etnolégica de hoy
en dia,
Esta recurrencia cada vez mas activa es una de las muestras
de que el paradigma abierto por esa generacion de pensadores
franceses no esta agotado, que por el contrario oculta un pro-
grama desarrollado tan slo en parte. Es decir, que en él anidan
perspectivas, interrogantes e instrumentos conceptuales de los
que no podemos ni debemos desprendernos, de los que todavia
no hemos aprehendido toda su magnitud, de los que todavia no
hemos explotado todo su alcance, cuyo olvido o negligencia ha-
rian perder el norte de la aventura antropoldgica.
Hubo ademis en la obra de esos autores algo que en esta época
gris nos ha sido negado: el estado liminar de los grandes co-
mienzos, de los grandes descubrimientos, de las revoluciones,
un vigor manifiesto tanto en las iluminaciones que recortaron
nuevos objetos como en las sombras producidas por ese res-
plandor, las esferas de misterio, los agujeros negros, los territo-
trios conquistados pero sin explorar al margen de las grandes
avenidas abiertas y transitadas por los primeros pasos. Estado
liminar en el que la sociologia naciente no estaba sola; esa aven-
tura intelectual, hay que recordarlo, es coetanea de otras trans-
formaciones culturales excepcionales, de otros momentos limi-
nares: el surgimiento de la nueva fisica, del psicoanilisis, el
nacimiento del cine y de la radio, el giro radical de las formas
de representacién en todas las artes, todo ello enmarcado porESTUDIO PRELIMINAR | 13
enormes cambios sociales y politicos, los que desembocaron en
Ja Primera Guerra y en la Revolucion Rusa, los que derivaron
de estos acontecimientos.
“Imposible diferenciarme de los trabajos de una escuela. Si
hay personalidad, est4 ahogada en un impersonalismo volun-
tario”, decia Mauss al evaluar su trayectoria (1979 [1930]: 209).
Aproximarse a su figura y al Ensayo..., por lo tanto, hace preciso
una vision de conjunto primera, por breve que sea, de este mo-
vimiento intelectual al que se acostumbra designar con el nom-
bre de la publicacion que, iniciada en 1898, le sirvio de agluti-
nante y de escaparate, L’Année Sociologique.
1. ALLA A FINES DEL SIGLO XIX...
E] término “sociologia” habia sido forjado en la primera mitad
del siglo x1x por Auguste Comte dentro de su tentativa de fun-
dar un sistema de pensamiento positivo que superase la edad
metafisica de la historia de la humanidad; en la nueva etapa se
desarrollaria una serie predeterminada de ciencias que incluia,
como parte de una fisica orgdnica, una “fisica social” 0 socio-
logia. El neologismo prendid, pero slo como una fachada va-
cia que podia ser ocupada por contenidos muy dispares, en
general divagaciones sin rigor alguno; de tal manera, pronto se
convirtié en una denominaci6n sospechosa. La sociologia ad-
quirié mala fama.
1.1. El mundo de las ideas
s dos ultimas décadas del si14 | ENSAYO SOBRE EL DON
‘hallazgo verbal de Comte,* de convertir en ciencia real lo que
‘Couabasumepeidagemlammetaticing Ese corte epistemolégico
paso, ante todo, por dar un objeto ala ciencia que asi nacia: el
hecho social que, en esto consiste la absoluta novedad, es real, es
sustantivo, es irreductible. La sociologia naciente se erguia asi
contra toda pretensién de disolver los fenémenos de la sociedad
en bases naturales 0 en acontecimientos de psicologia individual,
negandoles existencia propia.
En términos operacionales, esto implicaba plantear que la s0-
; dicho de otra manera, que es
es sujetas a leyes, for-
mula escandalosa que les otorgaba entidad bastante como para
presentarse e imponerse a las subjetividades, a las voluntades
individuales, con la misma solidez que los hechos fisicos.
Formula escandalosa, también hay que decir, a ser usada con
cierta prudencia, virtud que Durkheim no siempre exhibia; asi
Jo muestra su tendencia a reificar la autonomia epistémica de
Jos acontecimientos sociales; lo nominal se volvia real, como
dirian los fildsofos. i
una Conciencia Colectiva, cuyo cardcter metafisico fue criticado
hasta por algunos de sus propios colaboradores.
4No sin alguna vacilacién respecto del vocablo, Antes de decantarse
por “sociologia”, habia cmpleado en sus primeros textos “ciencia social”
y “estadistica moral” (Lacroix, 1976: 213).
Material protegido por derechos dESTUDIO PRELIMINAR | 15
egg glgseSoRIDENERTROONEE Ts sige?
Investigacion concreta, estas dos almas del
Maestro, se proyectaba en sus seguidores, distinguiendo a los
portadores de uno u otro dnimo. Habia quienes —Gorges Davy,
Célestin Bouglé-, dedicados esencialmente a la ensefanza uni-
versitaria, divulgaban lo que, hasta por la propia formulacién
sistematica que la ensefianza exige, cada vez mds se convertia en
un sistema cerrado, Habia también quienes tenian como objetivo
el estudio de casos concretos, la aprehensién de realidades sin-
gulares; entre éstos, junto a Robert Hertz, Maurice Halbwachs
© Marcel Granet, estaba Marcel Mauss.
La gente que participé en L’Année Sociologique era un grupo
de jévenes con la preparacién profesional mas alta, la mayoria
formados como filésofos; un grupo menos cohesionado y una-
nime de lo que mas tarde se ha querido pensar,’ aunque, desde
un comienzo, hubo una actitud de equipo: reparto de esferas
de interés, redacci6n conjunta de estudios, resefias mutuas, ayu-
das para obtener puestos académicos. Mas que una homoge-
neidad doctrinal estricta, sin embargo, lo que los aglutinaba era
la pasion por el campo cientifico que estaban abriendo, pasion
que los llevé a mantener afio tras afio un ritmo de trabajo inu-
sitado: en la primera etapa de la publicacién —doce nuimeros-,
Durkheim habia redactado 498 resefias de libros, Mauss 464 y
Hubert 396; en el primer nimero dela segunda serie de la revista,
en el que aparecia F/ ensayo. .., Mauss publicé también alrededor
de cien resenas.
5 “El hecho de que [...] las reuniones del conjunto de colaboradores
hayan sido rarisimas indica desde ya que la integracién del grupo sin duda
fue menos fuerte de lo que generalmente se imagina. (...] El equipo
de colaboradores de L’Année no se constituye pues como un grupo de
interconocimiento, las relaciones sélo eran estrechas en el interior
de fracciones de ese conjunto” (Besnard, 1979: 13),16 | ENSAYO SOBRE EL DON
El caracter febril, maniaco, de esta labor editorial se refleja en
muchas cartas del Maestro a su sobrino y discipulo regaidndolo
con extremada acritud por no esforzarse mas aun en la tarea
comin; Mauss mismo —lo vemos también en su corresponden-
cia— sentia esta carga como una especie de pesadilla venenosa.
La guerra del ’14 corté este vértigo de la peor de las maneras;
una docena de integrantes del grupo murié, la mayoria en el
campo de batalla. El io jefe de Escuela lo hizo antes del fin
del conflict Nase quedatieca i Rian dealbacea grapallal
de Durkheim y Hertz, principalmente— ZO.
HERERO uasust ne SIMEON
ios trabajos.
Quedaba también como una suerte de cabeza de filas’ de algo
difuminado y que mostraba su desestructuracién operacional
en el hecho de que la segunda época de Année Sociologique,
que recién se concretaria seis anos después de la guerra, s6lo
tuviese un numero completo (en el que aparecia El ensayo...),
de que el segundo apareciese sin resenas bibliograficas -aquello
que habia definido a la revista original— y de que no hubiera un
tercero. Al mismo tiempo que la revista, tanto como publicacion
cuanto como grupo, zozobraba, Mauss se orienté mas y mas, y
con bastante éxito, a los aspectos institucionales destinados no
6 Reprimendas a las que se sumaban las motivadas por la forma de vida de
Mauss: spor qué no sentaba cabeza de una buena vez y se casaba? Mauss
daria este paso a la respetabilidad mucho después de la muerte de su tio,
cuando tenia mas de 50 afios.
7 Karady (1968: xt) interpreta este papel de Mauss en términos de aquello
que mejor lo definia y que le ha dado la dimensi6n que tiene para nosotros:
“es en razon de las incertidumbres de su conviccion doctrinal y de rechazo a
teorizar su experiencia cientifica por lo que Mauss, a quien sin embargo
todo situaba para ocupar la sucesién de Durkheim, jamais desempen la
figura efectiva de jefe de escuela’,ESTUDIO PRELININAR | 17
ya a una sociologia general, sino a la etnologia: la creacion del
Instituto de Etnologia, los cursos cuyo registro dio lugar al Ma-
nual de etnografia, la busqueda de recursos financieros para la
investigacién, la fundacién del Musée de /Homme. Esa espe-
cializacién, sin embargo, ocurrird un cuarto de siglo después
del momento inicial, del que atin hay que decir alguna cosa.
La nueva disciplina no s6lo se pretendia ciencia de su socie-
dad, sino de todas, de cualquiera; mas aun, se sumergia en las
formaciones arcaicas de las que los primeros etndégrafos traian
noticias para dar razon de ellas y para, analizando lo que apa-
recia como “formas elementales” de uno u otro fendmeno,
sacar a luz los mecanismos que también estaban en la base de
las formas complejas, las propias. La influencia evolucionista
que habia dominado el pensamiento antropoldgico decimo-
nonico, queda claro, estaba todavia activa, pero Durkheim,
aunque de manera contradictoria, daba las bases para romper
con ese modelo: ningtin rasgo de una sociedad puede com-
prenderse por su ubicacion en un esquema evolutivo hipotético,
sino por su interrelaci6n con el todo del que forma parte, por
su funci6n en él,
Esta convivencia en el seno de L’Année Sociologique de las que
mas tarde se instituirian como dos disciplinas auténomas, la
etnologia y la sociologia, no fue una coincidencia sin efectos,
sino el resorte que permitié tal constitucién: pudo haber una
real sociologia sdlo en la medida en que la sociedad propia lleg6
a ser vista como otra —es decir, con distancia, con objetividad-;
pudo haber una etnologia s6lo en la medida en que las socie-
dades otras llegaron a ser vistas como propias —es decir,con una
logica, con un sentido—*
8 Mauss, en una de sus primeras rescias, Ilegaba a Ja conclusion de que
en el estudio de los pueblos ajenos no podia dejarse de lado el conocimiento18 | ENSAYO SOBRE EL DON
Fue tras este sentido, tras los aparatos conceptuales, las repre-
sentaciones colectivas que habian hecho el mundo pensable y
practicable para los agentes sociales de las sociedades otras, esas
“Junas muertas, o pdlidas, u oscuras en el firmamento de la ra-
z6n” (Mauss, 1950 [1924]: 309), que algunos de los pioneros so-
ciolégicos dirigieron sus investigaciones. Se dedicaron asi a
desbrozar aquellas nociones que prenunciaban la idea de “causa”,
las de “tiempo” y “espacio”, la nocién de“todo”,la de“sustancia’,
la de “género’, la de “yo”.
La perspectiva que orientaba estos trabajos era la respuesta a
un problema filos6fico clasico, el origen delas categorias. La gente
de L’Année Sociologique, involucrada en la polémica dado que casi
todos sus miembros eran fildsofos profesionales, pretendia supe-
rar una oposicién entre las dos respuestas clasicas: por un lado,
ladel apriorismo, que supone que son anteriores a toda experien-
cia, eternas e inamovibles; por el otro, la del empirismo, que pos-
tula que provienen de la experiencia y, por lo tanto, son relativas
y mutables, Las categorias, ésta era su revolucionaria propuesta,
son al mismo tiempo absolutas y mutables, constructos sociales e
historicos —por lo tanto variables— que se presentan a los miem-
bros de cada cultura como incuestionables —por lo tanto absolu-
tas—. La cuestién trascendia la esfera filos6fica; en plena ortodoxia,
este mundo de ideas, de representaciones colectivas, era la base
misma de la sociedad, el esqueleto que permitia su existen:
La coexistencia en una sola disciplina del estudio de las so-
ciedades ajenas y del de la sociedad propia no duré mucho
tiempo. Un par de décadas mas tarde, las nuevas generaciones
urgidas de respuestas a su realidad inmediata tomaban como
del propio. “Esto implica claramente —comenta Dumont (1972 [1952]! 13)—
que esa través de nuestra propia cultura que podemos comprender a otra
y reciprocamente.”ESTUDIO FRELIMINAR | 19
reaccionaria esa mediaci6n a través de lo extrano y lejano.? Por
otro lado, la subordinacion a la ortodoxia de Durkheim hacia
correr el riesgo de que la etnologia sdlo fuese una cantera de la
que se extrajesen materiales destinados a sustentar las grandes
generalizaciones tedricas del padre fundador. La investigacion
etnoldgica exigia un espacio epistémico auténomo.
La sociologia durkheimiana, por su parte, mas que a la inves-
tigacion, dio lugar a la formulacién y a la difusion tedricas. La
diferencia ya mencionada entre investigadores y divulgadores
se torné asi en frontera disciplinaria. En cierta medida, esta
ruptura fue fruto del éxito social de la sociologia, que al ampliar
su alcance académico hasta llegar a los planes de estudio de la
ensehanza media, cada vez mis se conyertia en una doctrina
rigida y conservadora, cada vez se alejaba mas de sus comienzos
transformadores, cada vez se apartaba més de la produccién de
conocimientos. En un caso, el de la sociologia, se trataba de una
ciencia “hecha’, en el otro, el de la etnologia, de una ciencia “a
hacer” (cf. Heilbron, 1985: 221).
1.2. Los nichos institucionales
Una ciencia, cualquiera que sea, no consiste sdlo en un sistema
de ideas, es también un hecho de sociedad, una realidad politica
y administrativa, Toda ciencia requiere de un marco institucio-
nal que la sustente —ideal y materialmente-, que la establezca y
9 “El durkheimianismo se habia vuelto uno de los simbolos de todo lo
que se rechazaba como anticuado y corrompido” (Heilbron, 1985: 231).
A comienzos de los aitos treinta, una canci6n en boga entre los alumnos de
la Ecole Normale Supérieure ridiculizaba el exotismo de los durkheimianos:
“Veneremos al totem al gran Manitu, que el maestro Durkheim/ predicé
entre nosotros! tallado en un poste/ a la orilla del Bramaputra/ a nadic le
importa un pito/ entre los hindues” (cit. en ibid.:n. 95).20 | ENSAYO SOBRE FL DON
legitime como productora de conocimiento, como difusora de
sus principios y de sus resultados, como reproductora de los cua-
dros profesionales que la crean, la perfeccionan, la hacen publica;
marco institucional éste que debe encontrar asidero en el Estado
—y sus presupuestos, es decir, recursos materiales— al mismo
tiempo que obtener reconocimiento dela sociedad civil. Durkheim
fue desde un primer momento muy consciente de esto y elabor6
una estrategia de conquista de espacios que, si no alcanz6 todos
sus objetivos, fue lo bastante eficaz como para sobrevivir a la
pugna con sus detractores; mas aun hasta para sobrevivir a sus
detractores, que hoy no aparecen mas que en una arqueologia de
proyectos quebrados.
Estos contrincantes se agrupaban en dos lineas. La mas antigua
era la de los seguidores de Frédéric Le Play, un pensador catélico
surgido del aparato de funcionarios publicos ligados a la indus-
tria, cuyo origen practico lo habilité para apegarse en sus estudios
ala realidad concreta del trabajo fabril, por mas que lo animase
una filosofia reaccionaria: Salazar, el dictador portugués, y Pétain,
el presidente dela Francia colaboracionista, se sentian en sintonia
con sus ideas, El y sus seguidores publicaban a fines del siglo x1x
dos revistas, La Réforme sociale y La Science sociale,
La otra tendencia, cuya cabeza era René Worms, edité también
dos revistas, la Revue International de Sociologie y los Annales In-
ternationales de Sociologie. Estas publicaciones no tenian una linea
doctrinal definida y estaban abiertas a la contribucién de autores
muy diferentes —entre ellos, gente de la magnitud de Simmel o
Westermarck-, la mayoria pertenecientes a otras disciplinas: his-
toria, geografia, derecho, economia, antropologia, filosofia. El
propio Worms condensaba en si ese eclecticismo; con una vision
que sumaba el evolucionismo al organicismo —Ia visidn de la so-
ciedad como un ser vivo-, no tenia como propésito desarrollar
una doctrina, sino fomentar la realizacion de estudios monogra-ESTUDID PRELIMINAR | 24
ficos sobre todo tipo de tema, sin determinar prioridades en la
relevancia de las distintas cuestiones sociales,
Un colaborador muy asiduo en las publicaciones de Worms
fue Gabriel Tarde, el adversario mas senalado de Durkheim, con
gran reconocimiento académico —obtuvo lo que éste quiso pero
no consigui6, una plaza en el Collége de France-, ademas de la
magnifica acogida que sus numerosos libros recibieron del pti-
blico. La sociedad es un agregado de individuos —pensaba-,
construida por los lazos que éstos establecen entre ellos; es decir,
se situaba en las antipodas de la perspectiva durkheimiana de
una Sociedad que se impone como una realidad auténoma a
sus miembros, que de alguna manera los construye.
Frente a estas alternativas, cl logro de Durkheim fue
[...] realizar el verdadero milagro de acreditar en el campo
intelectual francés e internacional la idea de que la ciencia
social —disciplina en verdad embrionaria segun los cénones
de las ramas de estudio establecidas— existia plenamente, y
también de que no podia haber otra sociologia que la durkhei-
miana (Karady, 1979: 74).
Al naufragio de los competidores de Durkheim & Co. no fueron
ajenas las maniobras de éstos: una suerte de conspiracién de si-
lencio que hizo que, salvo Tarde, fuesen casi siempre ignorados
por las recensiones publicadas en L’Année Sociologique. Las estra-
tegias institucionales de unos y otros marcaron también una gran
diferencia: mientras que las demas escuelas sociolégicas derro-
charon esfuerzos en la creaci6n y el mantenimiento de organiza-
ciones (las sociétés savantes) de bajo nivel de profesionalizacién,
abiertas a un publico de aficionados —con, dato significativo, un
alto porcentaje de aristécratas y de sacerdotes catélicos— y a pu-
blicaciones eclécticas y de aire provinciano, el grupo de Durkheim22 | ENSAYO SOBRE EL DON
solo participé en polémicas de alto nivel en la Société Francaise
de Philosophie, la société savante més prestigiosa e influyente del
medio, al mismo tiempo que lograba que su revista fuese el re-
ferente francés para los colegas ingleses y norteamericanos.
Estos éxitos estratégicos, el sectarismo con que se alcanzaron,
tuvieron, sin embargo, un efecto negativo para el desarrollo futuro
del pensamiento social, efecto nunca revertido: el de dos grandes
desencuentros; por un lado, con los grandes tedricos de la socio-
logia alemana, Weber y Simmel,” y por otro lado, con un perso-
naje marginal pero de gran importancia, Arnold van Gennep.
Quizas esta segunda falta de interlocucién haya sido la mas
gravosa; imaginemos, nada cuesta, una linea que uniese el estu-
dio de los espacios intersticiales en los ritos de paso que él inau-
guré con los “aspectos oscuros de la humanidad” (Mauss dixit)
alos que Hertz se abocaba en su anilisis sobre la mano izquierda,
sobre la expiacidn de los pecados 0 sobre los ritos funerarios; ya
veremos en el propio Ensayo sobre el don un tercer elemento a
sumar a estos dos, el exceso, el despilfarro. Mas aun, imaginemos
-nada cuesta— que esa linea podria haber confluido con la labor
del College de Sociologie, donde Leiris, Bataille y Caillois tejie-
ron sus propios desencuentros. Pero eso es otra historia.
En su lucha por la institucionalizacién de la sociologia, Durk-
heim no partié de cero; gracias al designio del joven gobierno de
la II? Republica, como parte desu tentativa de reformar las viejas
estructuras universitarias, obtuvo su primer logro académico.
Logro humilde, en un comienzo, el de una plaza de profesor en
una universidad de provincias, la de Burdeos, de una asignatura
10 Sobre las relaciones entre el socislogo aleman y los franceses, véanse
Papilloud, 2004; Sagnol, 1987; Giilich, 1990. Una carta de Durkheim a Mauss
revela desde ya el escaso aprecio que sentia por Simmel: “En relaci6n a
‘Simmel, sabes el poco entusiasmo que me causa” (Durkheim, 1998: 59).ESTUDIO PRELIMINAR | 23
también marginal, la de pedagogia, cuyo dictado, sin embargo,
seria dedicado casi por completo a cuestiones sociol6gicas. No
pasé mucho tiempo, ademas, para que la catedra agregase a su
nombre el de “ciencias sociales’, la primera plaza que tendria esa
denominacién en la universidad francesa (Fournier, 2007: 289).
El reducto en el que los durkheimianos lograron entrar, desa-
rrollarse y prevalecer fue el de las facultades de Letras; por el con-
trario, las de Derecho eran mas bien terreno dominado por Gabriel
Tarde que, con sus cursos y escritos sobre criminologia, podia
atraer mas la atencion de los abogados. Hay, en el primer caso,
una paulatina disolucin del rechazo radical a “mezclar estudios
volcados sobre las altas civilizaciones y una disciplina volcada al
conocimiento de los ‘salvajes’ que, ademas, debia emprender un
camino empirico (la observacién directa) hasta entonces poco
admitido entre las practicas eruditas” (Karady, 1982: 21), Se produjo
entonces una suerte de fusién entre necesidad y virtud, una pa-
raddjica convergencia entre los intereses tedricos de los jovenes
fildsofos transmutados en socidlogos y la conservadora tradicion
erudita de Letras. En efecto, el hecho de que aquellos se interesa-
sen mas y mas en los fendmenos religiosos, “el aspecto considerado
(por la gente de letras) como el relativamente mis noble de las
civilizaciones arcaicas” (ibid.: n. 15), favorecié la integracion.
2, LA HORA DE MARCEL MAUSS
Tardo mucho, hemos visto, el Ensayo sobre el don en alcanzar la
importancia que hoy le reconocemos, Tardé mucho el propio
Mauss en llegar a ser nuestro Mauss, Su figura, en su tiempo,
quedaba oscurecida por la de algunos de sus companeros de
LAnneée Sociologique que, como Bouglé o Davy, tenian, por sus24 | ENSAYO SOBRE EL DON
publicaciones y sus cargos académicos, una visibilidad mucho
mayor. Mauss, a diferencia de éstos, no habia publicado libro al-
guno; ni siquiera el que aqui nos ocupa puede ser considerado tal,
ya que aparecié, como una monografia, en el primer numero de
la segunda serie de L’Année Sociologique.
Encontramos un signo de lo restringido que era el reconos
miento de Mauss en el menosprecio que, cuando a comienzos
de los anos treinta decidis establecerse en Francia, la Fundacion
Rockefeller mostr6 por el proyecto de creacion de un instituto
de investigaciones sociales que éste habia disenado, En una car-
ta de uno de los administradores se lee: “Parece perfectamente
claro que [Mauss] no es el hombre con quien podamos trabajar
para favorecer el desarrollo de las ciencias sociales” (cit. en Ma-
zon, 1985: 325). Un economista que no ha dejado mayor huella,
Charles Rist, competidor victorioso de Mauss por los favores de
la Fundacién, se permitia decir que “[Mauss] es esencialmente
un politico que no tiene una produccién propia” (ibid.). No
obstante, en las mismas fechas se le abrian las puertas del College
de France, la instancia académica mas acreditada del pais, una de
las tantas paradojas que envuelven al personaje.”
El prestigio de Mauss se jugaba en circulos minoritarios. Sus
cursos en la Ecole Pratique de Hautes Etudes y después en el
Institut de Ethnologie pocas veces contaron con mas de veinte
asistentes, pero en ese pequefio numero renovado periddica-
mente se encontraban quienes iban a ser algunas de las cabezas
mas brillantes de la etnologia francesa —Paulme, Leiris, Métraux,
n1 Aungue el logro era muy demorado: su candidatura habia sido una y otra
ver presentada durante mas de veinte anos. Por otro lado, sila Rockefeller
rechaz6 su proyecto —que no diferia mucho de la actual Maison des Sciences
deI'Homme, la Beole de Hautes Etudes en Sciences Sociales no dejé de
financiar por su intermedio diversas investigaciones etnograficas.
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