LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA *
1. La Constitución Regimini Ecclesiae universae, de 15 de agosto de
1967, se erige después del Concilio Vaticano II como Ia máxima referencia
en materia de reordenación de Ia Curia Romana.
Una simple lectura de su parte motiva induce estas consideraciones:
— Ia Curia Romana tiene una misión fundamental desde sus más remo-
tos orígenes: ser instrumento eficaz y dócil de consulta y ejecución de las
directrices fundamentales del R. Pontífice en el buen gobierno de Ia Iglesia.
— Ia Curia Romana, pequeño embrión en el praesbiterium Urbis de los
primeros siglos cristianos, se hace mayor de edad y se organiza cada vez con
mayor número de estamentos y oficios, sobre todo a partir de Ia reforma
tridentina, como eficaz instrumento de Ia misma y de Ia renovación cris-
tiana de Ia Iglesia.
— nunca Ia Curia Romana perdió su razón de instrumento al servicio
del gobierno supremo de Ia Iglesia y nunca, por esa misma razón de instru-
mento, olvidó Ia Iglesia Ia constante reforma de Ia misma en orden a lograr
el mejor servicio posible a Ia causa del Evangelio y de Ia salvación de las
almas. Varias fueron incluso las reformas de Ia Curia Romana en el siglo ac-
tual: recuérdese Ia Const. Sapienti consilio de Pío X, de 29 de junio de
1908; recepción acomodada de Ia misma al Código de Derecho canónico de
1917. Se puede afirmar que por esa constante renovación y por el trabajo y
misión de los diferentes dicasterios se han acrecentado en el mundo actual
«la autoridad de Ia Santa Sede», el prestigio de Ia Iglesia católica y Ia difu-
sión del nombre cristiano por todo el mundo '.
— ahora más que nunca se impone una constante reforma y adaptación
de Ia Curia Romana a las graves exigencias de los signos de los tiempos: Ia
aceleración impresionante de Ia vida humana en nuestro siglo; el cambio
rapidísimo que se opera en Ia sociedad que debe ser evangelizada; y Ia
misma condición de Ia Iglesia en constante búsqueda del lugar más apto y de
los medios más adecuados para el mejor cumplimiento de su misión evan-
gelizadora se hacen exigencia ineludible de renovación o, en caso contrario,
de muerte.
* SACRA ROMANA RoTA: Normae S. Romanae Rotae Tribunalis, AAS 74 (1982)
490-517.
1. Cfr. Const. Regimini Ecclesiae universae (AAS, 59 [1967] 885-928): «profecto
non minima ex parte eorum mérito (el personal de Ia Curia Romana) contigit ut aucto-
ritas apostolicae Sedis et EccIesiae Catholicae magis in dies augeretur et nomen
chrisdanum per hos fere LV annos proxime praeteritos in totum terrarum orbem,
praesertim in regionibus missionali opere excolendis, feliciter propagaretur».
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288 SANTIAGO PANIZO ORALLO
Todas estas consideraciones justifican el que toda Ia Curia Romana se
haya instalado en un estado de reforma, mutación y cambio: para hacer
de ella instrumento más limpio y eficaz de Ia misión de Ia propia Iglesia.
2. Una de las parcelas típicas de Ia actividad de Ia Curia Romana apa-
rece situada desde los primeros siglos cristianos - en Ia recta administración
de Ia Justicia. La Iglesia es ante todo caridad, pero Ia caridad nunca puede
convertirse en anarquía; y Ia Justicia en Ia Iglesia debe abrirse a Ia caridad
pero sin tolerar Ia anarquía de los falsos mesianismos y del subjetivismo del
carisma. La Justicia tiene un lugar en Ia Iglesia, pueblo de Dios y sociedad
de los bautizados en Cristo, haciéndose exigencia de su vitalidad: por eso
mismo ni se concibe Ia caridad sin Ia justicia ni Ia justicia sin Ia caridad:
son dos polos perennemente repeliéndose y perennemente atrayéndose.
Pues bien, Ia Justicia en Ia Iglesia tiene su expresión más cualificada y
típica en el S. Tribunal de Ia Rota Romana, institución modélica para los
demás Tribunales de Ia Iglesia y fuente inagotable de inspiración para Ios
mismos.
La administración de Ia Justicia en Ia Iglesia ha de ser testimonio de
salvación y no contratestimonio de Ia misma. Y a fe que puede ser esto úl-
timo como no se cuide con rigor Ia puesta al día de los Tribunales, Ia dota-
ción de medios a Ia altura de los tiempos, Ia selección de personal para los
mismos que conjugue su preparación técnica con un intenso sentido eclesial.
Es por ello, que Ia reforma del Tribunal de Ia S. Rota Romana no debe
pasar desapercibida como si de un formulismo puro y simple se tratara. La
administración de Ia Justicia en Ia Iglesia y su constante reforma para una
mejor justicia entran sin duda en Ia línea de Ia reforma general de Ia Curia
Romana, que el Concilio pretendiera 3.
2. «L'apôtre Paul avait posé Ie principe que les chrétiens qui avaient des différends
entre eux ne devaient pas aller devant Ie juge païen, mais trouver des arbitres au sein
de Ia communauté. A son avis, il suffisait même de prendre pour cet office "des gens
tenus pour rien dans l'Eglise" (1 Cor. 6, 4), puis qu'il s'agissait des "affaires de cette
vie". Puis, au III siècle, nous voyons que cette fonction est exercée par l'evéque
(EusEBio DE CESAREA: Historia Eclesiástica, VII, 30, 7, en Ia sinodal del Concilio de
Antioquia contra Pablo de Samosata), qui se trouve ainsi constitué juge habituel des
procès entre chrétiens avec ce que cela suppose de droit de regard sur leurs affaires»
(P. N A U T i N : L'évolution des ministères au Il et au Ul siècle, en "Revue de Droit
Canonique", tom. XXIII, nums. 1-4, 1973, pp. 48-49).
3. El Concilio Vaticano II, en el Decrelo Christus Domirnis, refiriéndose a los Di-
casterios de Ia Curia Romana marca su misión y Ia necesidad de su constante reforma,
cuando dice: «en el ejercicio de Ia potestad suprema, plena e inmediata sobre Ia Iglesia
universal, el R. Pontífice se vale de los Dicasterios de Ia Curia Romana, los cuales,
por tanto, cumplen su función en nombre y por autoridad del mismo Pontífice, para
bien de !as Iglesias y en servicio de los sagrados Pastores. Sin embargo, los Padres
del sacrosanto Concilio desean que estos Dicasterios. que han prestado ciertamente
ayuda excelente al R. Pontífice y a los Pastores de Ia Iglesia, scan sometidos a nueva
ordenación, acomodada a las necesidades de los tiempos, regiones y ritos, sena!ada-
mente en Io que se refiere a su número, nombre, competencia y modo peculiar de
proceder, y a Ia coordinación entre sí de los trabajos» (Cfr. Decreto Christus Dominus,
núm. 9).
Cumpliendo este deseo del Concilio, Ia Const. Regimini Ecclesiae universae, en su
misma parte motiva dice que «administrandae iustitiae ministerio opportunis le^ibus
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LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 289
Ejemplaridad modélica podrá deducirse sin duda al considerar a través
de las nuevas Normas el cuidado con que Ia Iglesia trata de compaginar Ia
seguridad en las resoluciones; Ia diligencia en Ia tramitación; y Ia presencia
de verdadero espíritu eclesial en las personas que asumen Ia función judi-
cial; y Ia armonía entre el bien común y público de Ia Iglesia y el principio
de que Ia salus animarum suprema lex est.
3. Las nuevas Normas de Ia Rota Romana
Con fecha de 28 de enero de 1982 ' entraron en vigor las Normae S. R.
Romanae Tribunalis. Sustituyen en buena parte las de 29 de junio de 1934 5
y las que el 25 de mayo de 1969 ofreció Ia Secretaría de Estado Vaticana de
forma provisional y ad experimentum acomodadas a Ia reforma de Ia Curia
Romana subsiguiente a Ia promulgación por Paulo VI de Ia Const. Regimini
Ecdesiae Universae6.
Decimos que se trata de normas nuevas en buena parte, ya que tanto
en las provisionales de 1969 como en las actuales de 1982 se mantiene in-
tacto hasta Ia entrada en vigor del nuevo Código de Derecho canónico el
ordo iudiciarius de Ia Rota; manteniéndose por tanto en vigor los arts. 59
al 185 inclusive de las Normas de 1934.
Ya en Ia parte dispositiva de Ia Const. Regimini Ecclesiae Universae
(art. 109) se establece que, permaneciendo en vigor los cc. 1.603, 1.604 y
1.605 del Código de Derecho Canónico, Ia competencia de Ia Rota Romana
en las causas de nulidad de matrimonio, llevadas legítimamente a Ia Sede
Apostólica, extenditur etiam ad causas inter partem catholicam et acatholi-
cam, vel inter partes acatholicas, sive ad latinum, sive ad orientales ritus
alterutra vel utraque pars baptizata pertineat, remissis tamen quaestionibus
doctrinalibus, Fidem attingentibus, Congregalioni pro Doctrina Fidei. En el
art. 110 de Ia misma Constitución se afirma que Ia Rota cuenta con su
propio estatuto normativo (suis regitur normis).
Estamos por tanto ante una reforma de dicho estatuto normativo y no
cabe duda alguna que ello constituye una ocasión preciosa para poder otear,
antes ya de Ia promulgación del nuevo Código de Derecho canónico, las lí-
neas maestras por las que habrá de discurrir en un futuro inmediato Ia ad-
ministración de Ia Justicia en Ia Iglesia.
prospicere statuimus, sive quod pertinet ad S. Romanam Rotam, cuius potestatem et
competentiam extendimus in omnes causas ad S. Sedem rite delatas seu deferendas
de nullitate matrimonü; sive quod spectat ad Signaturam Apostolicam, cui non modo
integrum confirmamus invigilandi munus itemque constituendi, necessitate postulante,
nova Tribunalia Regionalia vel Interregionalia, quemadmodum multis iam in regionibus
providentissime actum est; verum etiam novam addimus competentiam circa conten-
tiones ortas ex actu potestatis administrativae ecclesiasticae, firmis limitationibus suo
loco statutis» (Cfr. OcnoA : Leges Ecclesiae post Codiccm Iuris canonici editae, vol. III,
Romae, 1972, cols. 5226).
4. Cfr. AAS, vol. 74, 2 de abril de 1982, núm. 4, pp. 490-516.
5. Las Normas de Ia Rota del año 1934 pueden verse en J. PiNNA: Praxis iudicialis
canónica, Romae, 1966, Apéndice I, pp. 177-281.
6. Las Normas provisionales de 25 de mayo de 1967 pueden verse en OcHOA:
Leges Ecclesiae... cit., vol. IV, 3752.
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290 SANTIAGO PANIZO ORALLO
No estará de más, al tratar de hacer un análisis somero de las nuevas
Normas, marcar brevemente los pasos históricos más notables a través de
los cuales este sagrado Tribunal ha llegado desde sus nebulosos y más anti-
guos orígenes a constituirse en el Tribunal ordinario de Ia Santa Sede, como
se establece ya en el art. 1 de las indicadas Normas.
4. Breve referencia histórica
¿Cuándo y cómo nace Ia Rota Romana? He aquí un interrogante digno
de un profundo estudio, que nosotros no vamos a realizar porque excedería
las intenciones del presente trabajo; pero sí haremos un bosquejo breve que
nos permita entroncar Ia nueva normatividad con Ia tradición jurídica de
Ia Iglesia.
La primera afirmación que en este punto se deduce de los tratadistas en
Ia materia es que los orígenes de Ia Rota Romana son inciertos, aunque pa-
rece claro que los mismos deben situarse en las mismas fuentes de Ia Curia
Romana propiamente dicha '.
San Bernardo, en su tratado De consideratione, dedicado al Papa Euge-
nio III (1145-1153), habla de Ia multitud de asuntos, también judiciales, que
ocupan el tiempo del R. Pontífice, por exigencias naturales de Ia propia dig-
nidad primacial : id quidem in testimonium singularis Primatus tui. Le pre-
senta abrumado día y noche en Ia solución de los litigios, hasta el punto de
exclamar en una interpelación al mismo : tu quoque dic, quaeso, ubi unquam
sis liber, ubi tutus, ubi tuus? Ubique strepitus, ubique tumultus, ubique
iugum tuae servitutis te premit. Agitentur causas, sed sicut oportet, proclama
el Santo. Y Ie pide que seleccione : causa viduae intret ad te, causa pauperis
et eius qui non habet quod det; y precisa que «aliis alias multis poteris
committere terminandas»8.
En estas preciosas palabras de San Bernardo se vislumbran los orígenes
de Ia Curia de Justicia en Ia Santa Sede a través de esos auxiliares, a los
que deberá encomendar Ia solución de ciertos asuntos y que son elegidos o
admitidos por el propio Papa. Asimismo se patentiza cuál deberá ser el espí-
ritu de amor con que deba Ia Iglesia asomarse al campo árido de Ia adminis-
tración de Ia Justicia; y cómo, a las personas necesitadas, no sólo se les
debe administrar justicia gratuitamente, sino con las máximas garantías en
cuanto a técnica y actitudes.
Estas frases de San Bernardo las comenta Lega y en ellas quiere ver el
inicio de los Tribunales ordinarios de Ia Santa Sede : en initiiim et ratio com-
missionum pontificalium, vi quorum dumtaxat, usque ad nostra témpora, seu
7. En Ia Const. Regimini Ecclesiae universae, parte introductoria y motiva, se dice
que «paulatim etia, ut notum est, ex Officio quod ad expediendas Litteras Pontificias
pertinens, saeculo IV primum inchoatur, plura manarunt Officia; quibus accésit Audi-
torium, quod, saeculo XIII verum effectum Tribunal, a Ioanne XXII (1316-1334) per-
fectius est ordinatum» (Cfr. DEL R n : La Curia Romana, Lineamenti storico iuridici,
Roma, 1952, pp. 217 ss.).
8. SAN BERNARDO: De consideratione, lib. I, cap. III, num. 1 y cap. X, num. 13
en MiGNE, PL 182, col. 731, 740.
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LAS NUEVAS NORMAS DEI, TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 291
ad Legem Propriam, si excipias quandam particularem ordinationem Codicis
Gregoriani editi anno 1843 pro ditione pontificia civili, ccnisae deferebantur
ad cognitionem. Tribunalis S. Rotae. Quamobrem hisce in conditionibus, qui-
bus orta est et versatur Curia Romana ob primatum Papae in universum
orbem, reperitur origo et institutio sacri Tribunalis, quod proinde substan-
tialiter nedum ad tempora divi Bernardi, seu Eugenii IH, sed ad multi anti-
quiora tempora, immo veluti ad ipsa primordia Romani Pontificatus retra-
hendum est... sed nonnisi serius et maxime aetate Ioannis XXH, hodiernam
formam, nactus est hic S. Ordo. Y hablando de los orígenes de Ia Rota Ro-
mana distingue las raíces últimas del Tribunal, de sus orígenes próximos y
de su constitución precisa y normativa. Llega a decir que remota ratio et
origo est posita in ipsa R. Pontificis institutione, el cual, al tener que dirimir
controversias entre los fieles conforme a Io que indica San Pablo en Ia pri-
mera Carta a los Corintios (VI), pro toto orbe catholico, ha de actuar por sí
mismo o por medio de comisionados, que son el precedente remoto de los
actuales Auditores de Ia Rota Romana ".
Hace el mismo Lega excursión por las decretales pontificias, cn las que
pueden encontrarse vestigios más o menos expresos del Tribunal de Ia Rota:
— una Decretal del Papa Honorio HI (1216-1227): se trata de un caso
de apelación a Ia Santa Sede ; el Papa nombra Auditor para Ia misma a uno
de sus Capellanes : idem auditor sententiam praedictorum iudicum senten-
tialiter (iustitia exigente) cassavit. Nos igitur firmam et ratam habemus Ca-
pellani sententiam ".
-— muy trascendente en Ia historia del Tribunal deberá considerarse una
decretal anterior deI Papa Inocencio IH (año 1205). En dicha decretal se es-
tablece ya una regla general : aquella persona a Ia que se encomienda Ia ins-
trucción del proceso (cui committitur medium causae) hasta Ia sentencia
inclusive se Ie llama cognitor o executor o mejor aún auditor. Es importante
señalar que a dicho auditor no se Ie concede aun Ia facultad de definir Ia
causa, Io que vemos ocurre pocos años más tarde en los tiempos de Hono-
rio III y más aun de Gregorio IX ".
— el último paso en Ia ordenación del Tribunal de Ia Rota Io da el Papa
Juan XXII, por medio de Ia Const. Ratio iuris cxigit. En dicha Constitución
se da ordenación normativa a un Tribunal que ya anteriormente existía y
del que encontramos los rudimentos en las mencionadas Decretales. En di-
cha Constitución del año 1331 a los Auditores se les concede ya de modo
ordinario Ia potestad de definir las causas.
La figura del auditor se destaca ya en este tiempo como Ia persona, es-
9. LEGA: Prefacio al primer volumen de las S.R. Decisiones sivc scntentiae coram
Lega habitac (años 1909-1914), Romae, 1926, pp. 16-17.
10. Cfr. c. 13, X, I, 9.
11. Decretal de Inocencio III {c. 27, X, I, 29): «verum q u u m totam causam
committit alicui, vel principium aut finem ipsius, ab eo tanquam a iudice potest licite
provocari. Quum autem alicui medium tantum committit, ab ipso tanquam ab auditore
provocari non potest, nisi mandati fines excedat vel mérito sit suspectus». Cfr. también
Ia Decretal de Gregorio IX Constitutis (c. 12, X, I, 38).
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292 SANTIAGO PANIZO ORALLO
pecie de discípulo del Papa en Ia solución de los asuntos espirituales y sobre
todo en los contenciosos, puesto que los tales auditores ya en el Derecho
romano se designaban para el conocimiento de las causas (Cfr. D. 49.1, 6 y
26; C. 3 ley 3, § 1, tit. 24).
El Papa Juan XXII, en Ia su citada Const. Ratio iurís exigit, a los audi-
tores les llama capellcmi s. Palatii Apostolici et auditores causarum.
En Ia misma se establece por vez primera una ordenación del Tribunal;
a los auditores competía conocer de todas las causas llevadas al S. Pontífi-
ce '-. Son titulados Sacri Palatii Apostolici causarum auditores.
La misma Constitución de Juan XXII establece un ordo procedendi para
dichos auditores. Destacamos algunas de dichas normas procedimentales por
Io que puedan representar de actualidad y de acicate para Ia pronta y dili-
gente tramitación de las causas por los Tribunales de Ia Iglesia : Praelati
Auditores earundem causarum Palatii, sint in audiendis et decidendis causis
eis commissis et committendis, fortius sólito diligentes: suma diligencia se
reclama a los jueces en Ia administración de Ia Justicia en Ia Iglesia.
Incluso el Papa Juan XXII da más autonomía a Ia figura del auditor. No
considera ya necesaria una relación permanente del mismo con el Papa y
permitía que los auditores, en su propia sede extra consistorium, estando
ausente el Papa pero de eius mandato pronunciaran Ia sentencia. Sin embar-
go, para que tal independencia no fuera excesiva y una reglamentación es-
tricta pusiera freno a posibles arbitrariedades, dictó esa Constitución que es
Ia primera Norma propia del Tribunal. No crea, por tanto, Juan XXII el
Tribunal de Ia Rota, sino que, considerándolo ya existente con anterioridad,
Io ordena y regula.
El Papa Benedicto XII, en su const. Ad regimen, de 10 de enero de 1335,
segregó los Auditores de los restantes Capellanes pontificios y los consideró
verdaderos Oficiales en sentido técnico. En Avignon les asignó una sede es-
pecial, con dotación et plúteo ligneo rotulis instructum ut circumagi posset
et rotulis causarum sustineret: de esto parece haber tomado su nombre Ia
Rota ". El nombre evidentemente cuadraba al Tribunal ya que las causas
se atribuían por turno y los jueces se reunían y sentaban en círculo.
Como se puede apreciar, durante toda Ia Edad Media, Ia Rota fue un
celebérrimo Tribunal de Ia Iglesia; pero, al ser instituidas las Congregacio-
nes Romanas de Cardenales, con una actuación en Ia vía administrativa y
con mayor agilidad por tanto en Ia solución de los asuntos, perdió mucho
de su esplendor. De tal manera que a partir de 1870 ad merarn umbram re-
12. «Quare nos... cupientes ut in Apostólico Palatio, audientiae causarum ac in
personis ad examinationem et conscriptionem illarum pro tempore ordinatis habcatur
ordinatio limitata, congrua et salubris circa earumdem causarum Auditores, ipsorumque
Notarios scribentes in causis huiusmodi, suadentibus rationalibus causis, statuta et
ordinamenta... auctoritate apostólica edimus».
13. La palabra "Rota" aparece por primera vez en Ia colección de decisiones del
auditor Tomás Fastoli en 1336. En el Derecho pontificio aparece por primera vez en
Ia Const. Romani Pontificis de Martín V, en el año 1423. (Cfr. F. E. SciiNEiDER: Uber
den Ursprung und dic Bedeutung des Nomcns Rota als Bc>zeignimg für den obersten
papslichen Gerichtshof, en "Römische Quartalschr", 41, 1933, 29-44).
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LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 293
dacta |uerat, como dice Wernz-Vidal ". Se puede afirmar que Ia Rota mues-
tra un período de pleno silencio a partir de dicho año 1870.
Y ya fue el Papa Pío X el que reinstauró el Tribunal de Ia Rota en Ia
Iglesia por Ia Const. Sapienti consilio (29 de junio de 1908), a Ia que se unía
Ia Lex Propria del Tribunal en Ia que se sentaban como las bases generales
sobre el modo de juzgar en el mismo. Esa Lex Propria se determinaba y pre-
cisaba en cuanto al ordo procedendi por las Reglas que han de observarse
en los juicios, las cuales fueron promulgadas como ley de Ia Iglesia por el
mismo Papa el 26 de octubre de 1910 15 , a tenor de Ia Const. Promulgandi,
de 29 de septiembre de 1908.
Ambas leyes, más tarde, en el año 1934, fueron sustituidas por las Nor-
mae S. R. Tribunalis: por ellas se acomodó el estatuto normativo del Tribu-
nal de Ia Rota a los prescriptos del Código de Derecho canónico en materia
procesal.
Hay que añadir, finalmente, que el Código para Ia Iglesia Oriental, en
1949 (cc. 77-78) considera a Ia Rota Romana Tribunal ordinario también
para los orientales, aunque se requiere que las causas sean remitidas a Ia
Rota a través de Ia Congregación para Ia Iglesia oriental (c. 79).
5. La nueva ordenación del Tribunal de Ia Rota Romana
a) Estructura de las nuevas normas.
Constan las Normas de un Proemio; tres títulos dedicados el primero a
Ia constitución del Tribunal de Ia Rota; el segundo a Ia determinación de Ia
función (oficio) de los Auditores y demás personas adscritas al Tribunal y
el tercero, del ordo iudiciarius de Ia Rota. A dichas Normas se añade un
apéndice sobre Ia regulación del Estudio rotal y un Alegato con las faculta-
des extraordinarias del Sr. Decano de Ia Rota.
Se mantiene en realidad Ia misma estructura formal de las Normas de
1934. Incluso se puede hablar de identidad material en Io relativo al título III,
ya que por el art. 65 de las actuales Normas se mantiene Ia vigencia de di-
cho título, arts. 59-185, hasta que las mismas sean reformadas de acuerdo
con el nuevo Código de Derecho canónico w.
Destacaremos algunas novedades y peculiaridades de dicha estructura en
orden a mostrar en una visión breve todo el estatuto de dicho alto y sagrado
Tribunal. Exceptuaremos el cap. III al no hacerse ninguna innovación en el
ordo iudiciarius de Ia Rota respecto de las Normas antiguas 17.
14. WERNZ-ViDAL: Ius Canonicum, vol. VI: De processibus, Romae, 1927, p. 113.
15. AAS, II, 783-850.
16. Art. 65 : «applicentur Normae S. R. Tribunalis, editae anno 1934, tít. III, De
ordine iudiciario, art. 59-185, donec recognitae eaedem fuerint iuxta novum Codicem
Iuris Canonici».
17. En el Proemio de las nuevas Normas se alude a Ia Const. Regimini Ecclesiac
universae, como motor del cambio y reforma de las Congregaciones Romanas y también
de los Tribunales de Ia Santa Sede; se habla de que Ia reforma por el momento sólo
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294 SANTIAGO PANIZO ORALLO
b) La constitución del Tribunal de Ia Rota Romana: naturaleza y or-
ganización.
Se define, en el art. 1, Ia sagrada Rota Romana como un tribunal cole-
giado, que está formado por un determinado número de Auditores, cuya
elección está reservada al R. Pontífice y a los que preside el Decano, que es
primus inter pares.
La Rota es calificada en primer lugar de tribunal colegial, en el que las
resoluciones más típicas y representativas del proceso han de ser producidas
por el colegio de jueces (el Turno dentro del Tribunal o por Ia totalidad
del colegio si Ia causa ha de ser sustanciada videntibus ómnibus).
La colegialidad de los Tribunales es ante todo garantía de una mayor se-
guridad en Ia recta administración de Ia Justicia, porque evita Ia unilateral
visión de un solo juez en el Tribunal unipersonal.
La línea y exigencia de Ia colegialidad viene en el ordenamiento canónico
marcada por dos criterios que se conjugan : el criterio de Ia dificultad e im-
portancia de Ia causa por un lado (c. 1.576,2)'"; y el criterio de grado del
Tribunal por otro.
¿Tribunal unipersonal o colegiado? Estamos sin duda ante una debatida
cuestión en que los pros y los contras se reparten el terreno.
Fue J. Bentham el que con el interrogante de ¿cuántos jueces deben com-
poner un Tribunal?, se dedice por Ia unipersonalidad : en principio, en el
sistema de una publicidad absoluta, un solo juez basta; aún añadimos más:
que uno siempre es preferible a muchos. La unidad en judicatura es favo-
rable a todas las cualidades esenciales del juez ". La celeridad, se argumenta,
es el gran beneficio del sistema de unidad. La colegialidad, por el contrario,
presenta inconvenientes como el diluir Ia responsabilidad del juez; el iuez
único aparece más directamente ligado y condicionado por sus fallos en Ia
administración de Ia Justicia; en Ia colegialidad las censuras chocan contra
Ia indeterminación corporativa.
A pesar de estos reproches e inconvenientes, no se pueden negar sin em-
bargo las ventajas de Ia colegialidad judicial : representa una mayor erudi-
ción y una mejor garantía de acierto en Ia resolución ; evita los subjetivis-
mos y las visiones parciales o apasionadas de Ia realidad, las aberraciones
afecta en cuanto a Ia Rota a Ia constitución del T r i b u n a l y a las funciones de los dis-
tintos miembros del mismo, añadiéndose que «ut usque ad editionem novi Codicis
Iuris Canonici, quod spectat ad legem processualem propriam in Rota servandam,
articuli a 59 usque ad 185 inclusivo Normarum anno 1934 statutarum vim habere
pergerent».
18. En el ordenamiento procesal canónico no sólo se expresan determinadas causas
que deben ser conocidas por un Tribunal colegiado (c. 1.576, § 1) sino que en e; S 2
se faculta al Ordinario de lugar a encomendar «a un tribunal colegiado de tres o de
cinco jueces el conocimiento aun de otras causas que, atendidas las circunstancias de
tiempo, lugar, personas y materia del juicio parezcan más difíciles y de mayor im-
portancia».
19. J. BtNTHAM, cita en J i M É N E Z AsENjo: Organización judicial española, Madrid,
1952, pp. 106-108.
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LAS NUEVAS NORMAS DEI, TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 295
personales, los sectarismos ideológicos, Ia mala información e instrucción,
Ia ignorancia e impericia con frecuencia y hasta Ia mala fe o Ia parcialidad -a.
No es que tratemos de parangonar al juez único con el juez inicuo; pero se
ha dicho que el juez único es siempre un enigma y una preocupación, ya que
nada es más difícil o peligroso que formar criterio personal -1.
Es criterio histórico seguido en casi todos los ordenamientos el del juez
único en los grados inferiores de los tribunales y Ia colegiación, en los su-
periores. Es criterio aceptado por Ia Doctrina como se deduce de las con-
clusiones del Congreso Jurídico italiano de 1880. Es el sistema vigente en Ia
Iglesia en Ia que se mantiene por un lado el criterio objetivo de Ia naturaleza
de Ia causa y el criterio funcional del grado de los Tribunales como bases
de Ia opción por el tribunal unipersonal o colegiado (cfr. citado can. 1.576,
1-2).
El art. 1 de las Normae reasume el can. 1.598 del Código de Derecho
canónico. Es tribunal colegiado; formado por un determinado número de
jueces y presidido por un Decano que es meramente primus inter pares: es
decir, Ia preeminencia del mismo no es de orden estrictamente judicial (aun-
que podría dudarse de ello, si se tienen en cuenta las facultades extraordina-
rias concedidas al Decano de Ia Rota en Ia parte apendicular de las Normae,
entre las que se pueden destacar algunas de tanto fondo judicial como el
añadir nuevos capítulos al Dubio tratado en Ia primera instancia; dispensar
de las leyes canónicas de procedimiento y sanar los actos de los tribunales
inferiores, en los que dichas normas hubieran sido violadas; etc. —AAS,
LXXIV, 1982, pág. 516—). Pero, de todos modos, Ia autoridad del Decano
de Ia Rota se plantea fundamentalmente en línea administrativa y de Ia dis-
ciplina interna del Tribunal.
El Decano de Ia Rota Romana tiene categoría de Prelado Superior, como
señala el art. 2 de las nuevas Normas. Este artículo deriva del art. 2 del
Regolamento generale della Curia Romana'1: en Ia Rota Romana las fun-
ciones de Prelado Superior las ejerce el Decano y, cuando él se halla impe-
dido, el Auditor que Ie sigue inmediatamente en el orden del Tribunal.
Este planteamiento se recoge en las Normas provisionales de Ia Rota de
25 de mayo de 196923 al pie de Ia letra; añadiéndose tanto en estas Normas
como en el Regolamento generale una frase que está ausente de las nuevas
Normas: los asuntos extraordinarios se encomiendan al colegio en pleno 24 .
En cuanto a Ia sucesión en el cargo decanal y en el art. 4,2 de las Nuevas
Normas se perfila un modo automático de acceso: tanto en las Normas de
1934 como en las provisionales de 1969 el automatismo en Ia sucesión es
20. Cfr. JiMÉNEz AsENjo: Ob. cit., pp. 109-110.
21. J l M É N E Z A S E N J O : Ob, dt., p. 110.
22. Regolamento generale dc Ia Curia Romana, promulgado por Ia Secretaría de
Estado de S. Santidad el 22 de febrero de 1968 (cfr. AAS, 60 [1968] 129-176).
23. Las Normas internas del Tribunal de Ia Rota Romana fueron promulgadas
con carácter provisional el 25 de mayo de 1969 (cfr. OcnoA: Leges Ecclesiae..., IV,
5550 ss.).
24. «I provvedimenti straordinari sono demandati al Collegio degli Uditori».
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296 SANTIAGO PANIZO ORALLO
pleno ya que vacante Decanatu, in of{icium Deccmi ipso iure succedit gui
primam sedem post Decanum obtinet. Sin embargo, en las nuevas Normas
este sistema de sucesión automática en el cargo viene matizado por una
cláusula de excepción: nisi Summus Pontifex singulis in casibus aliter sta-
tuerit. La cláusula viene sin duda a potenciar Ia trascendencia del Decano
en el Tribunal de Ia Rota Romana.
El ojicio de Auditor del Tribunal
Dentro de Ia organización del Tribunal de Ia Rota Romana descuella,
sobre todos los demás, Ia función y el oficio de Auditor.
En primer lugar, se fijan las condiciones requeridas para ser Auditor con
las mismas palabras del art. 2 de las Normas de 1934: los Auditores deben
ser sacerdotes, de madura edad, doctores al menos in utroque jure y exi-
mios por Ia honradez de su vida, por su prudencia y por su competencia y
preparación jurídica.
En el art. 4,1 se determinan las normas de Ia precedencia entre los Audi-
tores: prevalece el criterio del nombramiento sobre todo Io demás; en su-
puestos de simultaneidad de nombramiento, los criterios que prevalecen son
el de Ia antigüedad en el sacerdocio ; y en caso de identidad en los dos ante-
riores criterios, prevalecerá Ia edad 25 .
Punto importante en las Normas es el relativo a Ia cesación por jubila-
ción de los Auditores. Tanto en las normas de 1934 como en las provisiona-
les de 1969 se fijan Ia jubilación y el cese en el cargo de Auditores al cum-
plirse Ia edad de 75 años. En estas nuevas Normas se añade una peculiaridad
importante: se concede a los Auditores Ia facultad discrecional de poder
renunciar a Ia función judicial a los 70 años; pero, en tal caso, no se les
entendería jubilados hasta los 75 M.
Es patente que Ia recta administración de Ia Justicia exige en Ia persona
del juez Ia concurrencia de suficientes fuerzas, tanto físicas, como morales,
espirituales y psíquicas. La administración de Ia Justicia es función en Ia que
debe emplearse toda Ia persona, dentro de una normalidad en todos esos ór-
denes: el vigor físico; una ética profesional acrisolada basada en Ia rectitud
de miras en orden a Ia prestación de un servicio necesario dentro de Ia so-
ciedad; Ia perspicacia del entendimiento y Ia entereza de una voluntad firme
en sostener frente a todo los sagrados fueros de Ia Justicia; y el equilibrio
psíquico que fundamente Ia madurez de Ia persona y Ie habilite para juzgar
no actos abstractos sin nombre ni firma, sino verdaderos actos humanos,
con toda su complejidad y teniendo en cuenta las circunstancias que con-
25. «Auditores post Decanum ordine sedent ratione antiquioris nominationis; et
in pari nominatione ratione antiquioris ordinationis ad sacerdotium; et in pari nomi-
natione et ordinatione praesbyterali, ratione aetatis».
26. «lidem, vix ac attigerint septuagessimum aetatis annum, emeriti evadunt et
a muñere iudicis cessant. Eis tamen septuaginta annorum aetatem adeptis iudicandi
muneri renuntiare fas erit sed ipsi emeriti non evadunt».
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LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 297
curren y que hacen tal acto propio de una persona concreta y no de otra,
aunque tenga parecido con el de ella27.
No tiene por todo ello nada de extraño que el ordenamiento de Ia Iglesia
ponga en manos del propio juez, que debe ser consciente de sus propias fuer-
zas y salud, el mantenerse en Ia función hasta los 75 años o el dejarla antes
de esa edad si percibe que no está en condiciones psico-físicas de cumplir
con su deber.
La jurisdicción y competencia del Tribunal
A su precisión y determinación concurren tres tipos de fuentes: el Có-
digo de Derecho canónico ; Ia Const. Regimini Ecclesiae universae ; y Ia pro-
pia Ley del Tribunal (art. 5).
En el Código de Derecho canónico, can. 1.598 y 1.599, el Tribunal de Ia
Rota es presentado como tribunal de apelación, que conoce en segundo
grado las causas juzgadas en primer grado por los Tribunales de cualesquie-
ra Ordinarios y llevadas a Ia Santa Sede en legítima apelación; y en última
instancia, las causas ya falladas en segunda o ulterior instancia por Ia misma
S. Rota o por otros tribunales y que no hayan pasado a ser cosa juzgada.
Pero el Tribunal de Ia Rota puede ser también tribunal de primera ins-
tancia para las causas que se enumeran en el can. 1.557,2 y todas aquellas
que el R. Pontífice hubiera avocado a su tribunal y encomendado a Ia Rota,
bien motu proprio o a petición de las partes. Este tipo de causas Ia misma
Rota las juzga en ulteriores instancias y en turnos sucesivos (can. 1.599).
La Constitución Regimini Ecclesiae universae, ya citada anteriormente,
al referirse a Ia necesidad de reforma de Ia administración de Ia Justicia en
Ia Iglesia y precisando Ia competencia de Ia sagrada Rota, dice : cuius po-
testatem seu competentiam extendimus in omnes causas al Sanctam Sedem
rite delatas vel deferendas de nullitate matrimoniin.
La misma Constitución, en su art. 109, dispone que, aun permaneciendo
en vigor los cc. 1.598, 1.599 y 1.557,2, Ia competencia de Ia Rota Romana en
las causas de nulidad de matrimonio llevadas legítimamente a Ia Santa Sede
se universaliza y se extiende también a las causas de nulidad entre una parte
católica y otra acatólica; o entre dos partes acatólicas sive ad latinum sive
ad orientales ritus alterutra vel utraque pars baptizata pertineat; mante-
niéndose sin embargo Ia competencia de Ia Congregación pro Doctrina Fidei
sobre todas las cuestiones doctrinales conexas con dichas causas.
En las nuevas Normas de Ia Rota no se precisa esta competencia como
Io hace Ia Constitución y como se recoge, casi en los mismos términos, en las
Normas provisionales de 196929.
27. Merecen ser analizados a propósito de las condiciones que debe poseer eI
juez eclesiástico las preciosas páginas del magnífico libro del Cardenal IuLLiEN: Juges
et avocats des tribunaux de l'Eglise, Roma, 1970; especialmente los capítulos III, V,
VI, VII, VIII, etc.
28. Cfr. OcHOA: Leges Ecclesiae..., cit., vol. III, col. 5226.
29. «Fermi restando i cann. 1.598, 1.599 e 1.557, 2, Ia competenza della Sacra
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298 SANTIAGO PANIZO ORALLO
Organización, distribución y nombramiento del restante personal de Ia Rota
Romana.
Tratan las nuevas Normas estas materias en los artículos 6 al 14.
Se destaca en primer lugar el oficio del promotor de Ia justicia con Ia
misión excelsa de Ia defensa del bien público en Ia Iglesia; el cual tendrá
un sustituto (art. 6). Se determinan en el mismo art. 6,2 las cualidades que
deben adornar a los mismos : sacerdotes ; doctores in utroque iure o a Ia
vez en Derecho canónico y civil; de edad madura; de buenas costumbres;
con experiencia de muchos años y práctica adquirida o en Ia misma Rota o
en otros tribunales eclesiásticos.
Respecto del sustituto, en las Normas provisionales de 1969 se determi-
naba Ia competencia del mismo : il quale si occupa precipuamente delle cause
dei fedeli di rito oriéntale (art. 5,1); añadiéndose que debía ser escogido
preferiblemente entre sacerdotes de rito oriental (art. 5,3). En las actuales
Normas no se alude siquiera a esa competencia exclusiva del Promotor de
Ia Justicia sustituto; y únicamente se mantiene por vía implícita al exigirse
que para el cargo de sustituto del Promotor sea elegido un sacerdote de rito
oriental. Se mantiene Ia necesidad (prae coeteris assumetur, dice el art. 6,2)
de que para dicho cargo sea designado un sacerdote de rito oriental.
En todo caso, tanto el Promotor como el Sustituto son designados direc-
tamente por el R. Pontífice a propuesta del colegio rotal (art. 13).
Se resalta en segundo lugar otra figura típica del ordenamiento procesal
canónico : el dejensor del vínculo. Su relieve es extraordinario en todos los
tribunales de Ia Iglesia y también en el de Ia Rota, cuando se tramitan de-
terminadas causas. Su misión es también Ia defensa del bien público en dos
parcelas concretas: las causas de nulidad de Ia ordenación sagrada y del
matrimonio. En las normas provisionales de 1969 se reducía Ia función del
defensor del vínculo tan sólo a las causas de nulidad de matrimonio (art. 6,1).
En estas nuevas Normas se vuelve a Ia determinación del can. 1856: se cons-
tituye Ia defensa del vínculo pro causis in quibus agitur de vinculo s. ordi-
nationis vel matrimonii. En el art. 7 de las nuevas Normas se expresa esta
misión con estas palabras : pro tuendis sacra ordinatione et matrimonio
stabiliter.
En Ia Rota Romana se regula Ia figura del defensor del vínculo en esta
perspectiva : número plural ya que dice que constituuntur Defensores vin-
culi, Io cual pone de relieve y es consecuencia de que hoy Ia mayor parte de
las causas tratadas por Ia Rota son causas de nulidad matrimonial; estabi-
lidad o interinidad del cargo: hay Defensores del vínculo constituidos està-
Romana Rota per tutte Ie cause di nullità di matrimonio, legitimamente deferite alla
Sede Apostolica, si estende anche alle cause in cui una parte è cattolica e l'altra acat-
tolica, oppure tutte e due acattoliche sia che ambedue od una sola appartenga al rito
latino od orientale, rimettendo però alla Sacra Congregazione per Ia Dottrina della
Fede tutte Ie questioni dottrinali che toccano Ia Fede, a tenore dei nn. 29 e 31 della
Costituzione Apostolica Regimini Ecclesiae universae».
Universidad Pontificia de Salamanca
LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 299
blemente y hay otros que únicamente son nominados como sustitutos ad
tempus del Defensor; deben reunir las cualidades ya conocidas con alguna
pequeña peculiaridad: sacerdotes; doctores en Derecho canónico; aboga-
dos rotales; de edad madura; de buenas costumbres; dotados de pruden-
cia y experiencia, así como de práctica en el Tribunal de Ia Rota o en otros
Tribunales Eclesiásticos.
El Promotor de justicia sustituto, al que competen sobre todo las cau-
sas de los fieles de rito oriental, puede también ser designado Defensor del
vínculo.
Incluso se perfila en las Normas Ia figura del Defensor «ad casum»:
animadversiones in singulis casibus exarandis, Decanus, ad instantiam De-
fensoris vinculi ex officio, committere potest deputato, qui sacerdos, laurea
doctorali in iure canonico et advocati rotalis diplomate exornatus (art. 7,4).
El nombramiento de los Defensores del vínculo y de sus sustitutos corres-
ponde al R. Pontífice (art. 13,1). Como acabamos de señalar, Ia designación
del Defensor «ad casum» corresponde al Decano, a instancia del Defensor
del vínculo oficial (art. 7,4).
En las Normas provisionales de 1969, respecto del Promotor de Justicia
sustituto, se establece que para las causas de los orientales puede asimismo
ser designado defensor del vínculo en las mismas y también en otras en que
no deba intervenir como Promotor de Ia Justicia. Es evidente que ambos
cargos son compatibles de ley ordinaria, a menos que en una causa se erija
en acusador público el Promotor de Ia Justicia, en cuyo caso habrían de ser
personas diferentes (art. 6,4). En las nuevas Normas se mantiene el criterio
y se establece que el Promotor iustitiae substitutus operam potissimum dat
in causis fidelium ritus orientalis: sive in istis sive in aliis idem, nisi interve-
nire debeat tamquam Promotor iustitiae, designari quoque poterit tamquam
vinculi defensor.
El Canciller y otros oficios del Tribunal. El art. 8 trata de Ia figura del
Canciller. DeI mismo se dice que ha de ser elegido entre los notarios; sus
cualidades han de ser casi las mismas de otros cargos ya analizados : sacer-
dote; doctor en Derecho canónico; abogado rotal; madura edad; experien-
cia de tribunales (art. 8).
En Io que atañe a su función y en el orden judicial notarii iura atque
munia servat.
En las Normas de 1932 Ia figura del Canciller aparece difuminada en Ia
más general del notario.
El Canciller es designado directamente por el Papa (art. 13).
Los notarios: se designan para llevar a cabo los distintos oficios de Ia
Cancillería. Han de ser también sacerdotes; doctores en Derecho canónico;
abogados rotales; y sobresalientes por su experiencia y por el conocimiento
de Ia práctica judicial (art. 9).
Entre los notarios se cumplen diversos oficios :
— uno es encargado de Ia biblioteca del tribunal.
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300 SANTIAGO PANIZO ORALLO
— otro se encarga de recoger los fundamentales asuntos de Ia Juris-
prudencia.
También aparece Ia figura del notario «ad casum», designado por el De-
cano, siempre que el número de las instrucciones o el conocimiento de una
lengua específica así Io exigiera. Pero han de ser en todo caso sacerdotes,
aun éstos elegidos «ad casum» (art. 9).
El archivero. Se instituye Ia figura para Ia custodia y conservación de las
causas pendientes. Ha de ser igualmente sacerdote y tener título de archive-
ro; al menos ha de ser doctor en Derecho canónico; ha de tener experien-
cia en esta función concreta.
Para el despacho de los asuntos administrativos se han de designar dos
ayudantes: un cajero y un contable; ambos, si no doctores, han de poseer
un título o diploma especial (art. 10).
Ayudantes de Ia Cancillería o escribientes. Serán elegidos quienes posean
el conocimiento de Ia lengua latina y sean diplomados en dactilografía; pue-
den ser clérigos o laicos según Ia necesidad.
No se requiere el diploma en dactilografía si el interesado es doctor en
una disciplina eclesiástica o civil; pero habrá de demostrar experimental-
mente antes de su nombramiento que posee Ia práctica de Ia dactilografía.
Personal subalterno: alguaciles y ujieres
Se trata de personas laicas (en las Normas provisionales de 1969 se esta-
blece un número de cuatro), cuya misión consiste en Ia custodia y Ia lim-
pieza del Tribunal. También son cursores con función de notificación de
actas judiciales (art. 12,1).
Este personal debe reunir las condiciones marcadas por Ia Ordinatio ge-
neralis Curiae Romanae, de 22 de febrero de 19683".
La función del mismo personal subalterno se precisa en el art. 36 de di-
cha Ordinatio generalis, cuando señala que il personale subalterno ha ü com-
pito di spedire e recapitare lettere e plichi; di custodire i locali; di curare Ia
pullizia prima che giungano gli Ufficiali e dopo Ia loro uscita; di svolgere
gli incarichi loro commissi dai Superiori, in favore del dicasterìo a cui ap-
30. El art. 8 de Ia "Ordinatio generalis Curiae Romanae" establece: «per Ia
assunzione degli Officiali minori sono necessari in seguenti requisiti: età non inferiore
ai 24 anni e non superiore ai 35; congedo illimitato per colui che è soggetto al servizio
militare; 2) sana costituzione fisica; 3) appartenenza a famiglia onesta e religiosa;
4) piena capacità giuridica; 5) immunità penale; 6) buona condotta religiosa, morale
e civile, attestata dal rispettivo Ordinario, o dal rispettivo parroco, se laici; 7) nulla
osta del rispettivo Ordinario, del Vicariato di Roma e dei dicasteri competenti, se
sacerdoti; 8) idoneità riportata nell'eventuale concorso; 9 adeguati titoli di studio,
e coiè; a) per i Minutanti ed equiparati: laurea in sacra Teologia o in Diritto Canonico,
o titolo universitario equivalente secondo Ie esigence dei vai Dicasteri. ... b) per gli
Addetti ed equiparati, laurea o diploma di specializzazione; per gli Archivisti, il diplo-
ma di archivista e diplomatica, di preferenza conseguito presso l'apposita Scuola
dell'Archivio Vaticano: per gli Addetti di Amministrazione, il diploma di ragioneria;
per i Tecnici, il relativo diploma rilasciato da competente Istituto; c) per gli Scrittori:
diploma di Dattilografia o di stenodattilografia».
Universidad Pontificia de Salamanca
LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 301
partengono. Sin duda este artículo de Ia Ordinatio generalis precisa más que
las nuevas Normas Ia función y misión de este personal subalterno.
De dicho personal subalterno, dos miembros tendrán Ia misión de cus-
todiar, ordenar y clasificar las actas impresas de las causas pendientes y los
fascículos (posiciones) de las causas terminadas y archivadas (art. 12).
Todo este personal subalterno, por Ia conexión que tiene con el oficio
de cursor, ha de tener estudios medios y permiso de conducir (art. 12,3).
La designación y nombramiento de este personal corresponde al Decano,
oído el colegio (art. 13,3).
Una idea cabe destacar, si queremos resumir en pocas palabras, alguna
conclusión del estudio de todos estos cargos; Ia gran preocupación de Ia
Iglesia para que todo el personal dc Ia Rota, desde el más elevado hasta sus
grados ínfimos posea una titulación que sea garantía de competencia técnica
y adecuada preparación para resolver normalmente las exigencias de cada
cargo. La administración de Ia Justicia en Ia Iglesia es una cosa muy seria
para ponerla en manos imperitas. Como señala Terencio, homine imperito
numquam quidquam iniustius '•" : es decir, constituiría una decidida ofensa
a Ia justicia Ia presencia en los Tribunales de Ia Iglesia, desde los jueces hasta
los cursores, de personas no preparadas técnicamente para un desarrollo nor-
mal de tan noble misión o faltas de Ia mínima deontologia profesional.
Precedencia
A esta materia se refiere el último artículo de esta primera parte de las
Normas, el 14: a los Oficiales mayores, se dice, les precede el Promotor de
Ia Justicia; en cuanto a los demás oficiales mayores y menores se ha de
tener en cuenta el art. 25 de Ia Ordinatio generalis: Ia precedenza fra gli
officiali maggiori e minori dello stesso Dicastero, se non è indicata nella ta-
bella organica, è determinata a parità di grado e di classe, dalla data di
appartenenza al grado o alla classe; a parità di tale data, dalla data di ordi-
nazione sacerdotale; e a parità di questa, dall'età.
6. La función del Auditor y de los restantes miembros del Tribunal de
Ia Rota Romana.
I. Referencias a Ia función de los Auditores.
Una vez nombrado, el Auditor habrá de prestar juramento a tenor del
art. 53,132. A partir de ese momento asume el oficio de juez y empieza a
disfrutar de los derechos y privilegios propios de los Auditores de Ia Rota
31. TERENCio: Adelphes, acto I, sc. II, v. 98.
32. «Singuli S. R. Auditores, post nominationem, antequam iudicis officium susci-
piant, coram universo Collegio, adstante unr ex Notariis S. Tribunalis, qui in acta
referet, iusiurandum dabunt de officio rite et fideliter implendo, atque de secreto
servando ad normam articuli praecedentis».
Universidad Pontificia de Salamanca
302 SANTIAGO PANIZO ORALLO
(art. 15,1). Este último artículo recoge a Ia letra el correspondiente artícu-
lo 12 de las Normas de 1934.
Inmediatamente pasan las Normas a tratar de las obligaciones de los
Auditores; y en primer lugar alude a Ia diligencia con que han de tramitarse
los procesos: al Decano corresponde, según prudencia, y teniendo en cuenta
los derechos de las partes, procurar que las causas se definan quarn citius
y en cuanto sea posible dentro del año a partir de Ia interposición de Ia ape-
lación (art. 15,2).
Ha de notarse que esta preocupación por Ia celeridad en Ia tramitación
de las causas no aparece ni en las Normas de 1934 ni en las provisionales
de 1969. Con esta llamada a Ia diligencia del juez no se hace otra cosa que
urgir el cumplimiento de Io que dispone el can. 1620 del Código de Derecho
canónico: «Procuren los jueces y los tribunales que todas las causas se con-
cluyan cuanto antes, aunque sin menosprecio de Ia justicia y que no se pro-
longuen más de dos años en el tribunal de primera instancia, ni más de uno
en el de segunda instancia».
Con ello sin duda también se está recordando Io que establece el M.P.
Causas matrimoniales, una de cuyas finalidades más visibles fue urgir Ia ra-
pidez en Ia tramitación: «la Iglesia desea evitar que Ia demasiada duración
de los juicios matrimoniales haga más grave aun Ia situación de muchos de
sus hijos».
La diligencia en el desempeño de Ia función judicial afecta sin duda a Ia
conciencia de los jueces; incluso me atrevería a decir que Ie afecta grave-
mente, de tal manera que una falta sistemática en este punto ha de conside-
rarse falta muy grave en el orden moral e incluso en el de Ia competencia
para el recto desempeño del cargo. Más aún, en este momento de Ia vida
de Ia Iglesia y de Ia sociedad, uno de los principales testimonios que pueden
dar al pueblo fiel los Tribunales de Ia Iglesia es éste de Ia celeridad en Ia
tramitación de las causas.
Me atrevería a decir aún más: no se puede olvidar que Ia falta de dili-
gencia de los Tribunales de Ia Iglesia está sirviendo de justificación a muchos
entre nuestros fieles para acudir a un divorcio que internamente no desean,
pero al que les conduce Ia terrible lentitud de algunos tribunales.
Sin duda nos hallamos en este punto y materia ante uno de los más gra-
ves deberes de los Tribunales de Ia Iglesia en el momento actual.
Designación de los Turnos y reuniones del personal del Tribunal de Ia Rota
Romana.
Una de las misiones del Decano se sitúa en el establecimiento de los Tur-
nos que han de juzgar las causas (art. 16). Y también en esta materia quere-
mos hacer algunas puntualizaciones.
Nuestro criterio es que Ia designación de los turnos que deben juzgar
las diferentes causas no puede quedar simplemente en una operación mate-
mática de rotación. Entendemos que en ello deben jugar diversos factores,
Universidad Pontificia de Salamanca
LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 303
entre otros, Ia naturaleza misma de Ia causa y Ia especialización de cada
Auditor. De ley ordinaria —y para evitar arbitrariedades posibles— debe se-
guirse el criterio de asignación de Ia causa a los diferentes Turnos del Tribu-
nal siguiendo un estricto orden cronológico de entrada. Con ello se evitan
suspicacias de favoritismos o mayores ventajas a determinadas causas. Pero
este criterio no puede ser inalterable y Ia misma recta administración de Ia
Justicia aconseja buscar Ia persona más especializada en materias que exi-
gen un alto grado de especialización. Es cosa que debieran tener en cuenta
algunos que critican por esto a los Tribunales eclesiásticos. La mejor demos-
tración se encuentra en Io que disponen las Normas de Ia Rota : ad Decanum
pertinet... statuere turnos causas iudicaturos (art. 16).
Asimismo, al Decano corresponde, en cuanto preside el Colegio rotal,
convocar a reunión no sólo al Colegio sino también a los restantes miembros
del Tribunal, siempre que los asuntos Io requieran; debe procurar ut omnes
s. Tríbunalis ministri suiim munus diligenter adimpleant y esto Io entende-
mos aplicable también en Io que atañe a Ia diligencia con que han de tra-
tarse las causas; y ha de reunir el colegio de Auditores de manera ordinaria
al comenzar el año judicial y de forma periódica hasta el final del mismo,
con una finalidad doble muy importante: una de orden administrativo: tra-
tar los asuntos ordinarios y de trámite del Tribunal; y otra, mucho más im-
portante, de orden jurídico-técnico: ad solvendas quaestiones iuridicas aut
disciplinares excitatas aut propositas ab ipsius CoUegii membrís (art. 16).
Reserva en Ia publicación de las sentencias
Dice el art. 21 : caveat ponens ne typis edi iubeat aut sinat sententias
Turni cui praefuit, ex quarum divulgatione scandala, odia, difíamationes, dis-
sidia in familiis aut alia huiusmodi gravia mala oriri possint.
La publicación de las sentencias, que en Ia Rota se realiza oficialmente
pasados diez años de su formulación, puede realizarse también con anterio-
ridad en revistas especializadas o trabajos del propio ponente o de estudiosos
que se sirven de las sentencias para disertaciones jurídicas sobre Ia materia.
Pero en todo caso, sobre todo, y omitiendo todo aquello que permita indi-
vidualizar a las personas afectadas por Ia sentencia, deberá evitarse que Ia
divulgación produzca alguno de los males anteriormente referidos.
Vigilancia del Ponente sobre Abogados y Procuradores (art. 22)
El Ponente ha de procurar que se mantengan en el cumplimiento estricto
de su misión.
La función del Letrado consiste en asesorar y defender a su cliente; pero
tal defensa tiene unos límites que forman parte de Ia ética profesional más
elemental.
Así, consideramos faltas de los Letrados, por ejemplo, preparar a los
clientes para que digan ante el tribunal, no Ia verdad, sino Io que les interesa
Universidad Pontificia de Salamanca
304 SANTIAGO PANIZO ORALLO
que digan para turbios propósitos de defensa"; interferir Ia recta y pronta
administración de Ia Justicia con sistemáticas y constantes causas inciden-
tales y cuestiones de apelabilidad, en las que a simple vista se aprecia un
ánimo de retardo; encizañar al cliente e indisponerlo contra el Tribunal;
difamar por sí o por persona interpuesta al mismo tribunal o en general a Ia
administración de Ia justicia en Ia Iglesia.
Estas y otras faltas de los Letrados, que transgreden Ia norma canónica
o las especiales del tribunal, pueden ser castigadas por el ponente, incluso
cargando las costas sobre el mismo Letrado, porque está abusando de sus
legítimos derechos de defensa. Y no podrá el Letrado repercutir esto sobre
el justiciable.
Observancia del gratuito patrocinio (art. 23)
El ponente debe cuidar ut gratuitum patrocinium in causa diligenter
exerceatur.
La Iglesia debe ser fácil en conceder este beneficio a los fieles : con ello
se hace accesible Ia administración de justicia a los más necesitados, darido
con ello muestras a Ia vez de caridad y de justicia.
El Ponente ha de vigilar por Ia recta observancia del gratuito patrocinio
en Ia causa : porque ocurre con frecuencia que Io que debe ser una ventaja
para el justiciable se convierte en perjuicio del mismo por Ia discriminación
de que puede ser objeto por parte del propio abogado designado de oficio
e incluso del tribunal. El tribunal debe procurar —y así se hace en los tri-
bunales que conocemos— que no haya discriminación alguna con estas cau-
sas llamadas «de pobres».
Y Ia vigilancia del ponente en esta materia debe también extenderse al
hecho, no infrecuente porque de ello tenemos experiencia personal, de que
el tribunal conceda al gratuito patrocinio y el Letrado y Procurador, a pesar
de ello, exijan del cliente una aportación económica determinada.
Es otro de los testimonios que debe dar Ia Iglesia en estos momentos y
en Ia parcela de Ia administración de Ia Justicia: poco exigente para con-
ceder el gratuito patrocinio y sumamente diligente para sustanciar este tipo
de causas.
33. «Quand un avocat a accepté de plaider une cause devant un tribunal ecclé-
siastique, il doit consacrer sa science et son expérience à aider Ie juge à préparar Ie
procès selon les règles de Ia procédure pour pouvoir ensuite lui-même préciser, prouver,
défendre Ia thèse de son client, parce que lui, avocat, homme de loi et de conscience,
il croit que cette thèse est Ia vérité, et qu'il a Ie devoir de Ia soutenir devant Ie juge.
L'evocat ne dégagera danc sa responsabilité qu'en exerçant son ministère pro rei
veritate. Malhereusement Ia chronique judiciaire du XX siècle apprend q'aujourdhui,
comme par Ie passé, des avocats transforment Ia science du Droit en "science lucratice"
et Ia profession d'avocat en profession commerciale au service d'intérêts sor<iides,
parce que Ie vieil aphorisme diabolique: nulla est causa quam bonus advocatus non
possit facere bonam est traduit ainsi: "Il n'y a ni bonnes ni mauvaises causes; mais
il n'y a que de bons aut de mauvais avocats". El pour ces "bons" avocats, toute cause
est bonne pourvu qu'elle paye». (A. JuLLiEN: Ob. cit., pp. 64-66).
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LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 305
II. Las funciones del Promotor de Ia Justicia y el Defensor del vínculo
(arts. 26-34).
a) El Promotor de justicia.
— debe intervenir en toda causa criminal y en las contenciosas en las
que venga afectado el bien público de Ia Iglesia; excepción de aquellas en
que Ia defensa del bien público se asigna al llamado Defensor del vínculo:
causas matrimoniales de nulidad y de vínculo de Ia ordenación sagrada (art.
26,1).
El Promotor de Ia justicia es el gestor nato del bien público de Ia Iglesia
ante los tribunales de Ia misma (art. 30). Su función es de las más honrosas
en el plano de Ia recta administración de Ia Justicia: porque el mismo se
enmarca en Ia importante distinción del bien privado y del bien público;
porque se orienta a evitar que el bien privado, defendible por Io general
personalmente por el sujeto afectado, oprima esa otra dimensión de Io hu-
mano que es Io público y social. Es por tanto defensor del bien público en
Io contencioso y acusador público en Io criminal.
— el ponente ha de procurar ut qiiamprimum harum causarum positiones
transmittantur promotori iustitiae (art. 26,2).
No podemos por menos de romper aquí una lanza a favor del ordena-
miento penal en Ia Iglesia. Se acusa a Ia Iglesia de que con ello está subvir-
tiendo el orden de Ia caridad, en el que debe desarrollarse fundamentalmente
su función. Pero Ia caridad entendemos que es perfectamente compatible con
Ia recta justicia y en el Evangelio, que es Ia carta magna del Cristianismo y
de Ia caridad, aparecen sobrados ejemplos de esa necesidad de Ia punición de
los delitos y actos gravemente desordenados.
Una verdadera indigestión de falso pastoralismo ; un claro irenismo en
Ia concepción de Ia misión de Ia Iglesia en el mundo; y un anti-juridicismo
propulsor de los carismas aun de los más anárquicos y subjetivos, han tra-
tado de ahogar esa potestad de Ia Iglesia en Io penal.
Por castigar al delincuente Ia Iglesia no deja de ser madre y madre buena,
sobre todo si, al punir, tiene en cuenta esas palabras de oro del can. 2.214:
dice el Concilio de Trento que deben acordarse los Obispos y demás Ordi-
narios de que son pastores y no verdugos y que conviene rijan a sus subditos
de tal forma que no se enseñoreen de ellos, sino que los amen como a hijos
y hermanos, y se esfuercen con exhortaciones y avisos en apartarlos del mal,
para no verse en Ia precisión de castigarlos con penas justas si llegan a delin-
quir; y si ocurriere que por Ia fragilidad humana llegaren éstos a delinquir
en algo, deben observar aquel precepto del Apóstol de razonar con ellos, de
rogarles encarecidamente, de reprenderlos con toda bondad y paciencia... mas
si por Ia gravedad del delito es necesario el castigo, es entonces cuando de-
ben hacer uso del rigor con mansedumbre, de Ia justicia con misericordia
y de Ia severidad con blandura, para que sin asperezas se conserve Ia disci-
plina, saludable y necesaria a los pueblos...
Los delincuentes deben ser castigados con justicia y a ello se ordena Ia
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306 SANTIAGO PANIZO ORALLO
función del Promotor de Ia Justicia en Io criminal. Pero su misión acusadora
tiene como cauces Ia justicia y Ia verdad : licet vero eius sit accusare et susti-
nere ex officio accusationem, id tamen praestare non debet, si censeat ac-
citsationem prorsus fundamento destitutam (art. 27,2).
En Io contencioso corresponde al Ponente juzgar cuándo en una causa
está en juego el bien público y cuándo no Io está, a menos que Ia interven-
ción del Promotor venga deducida evidentemente de Ia naturaleza misma
de una causa: v. gr., impedimentos matrimoniales; separación conyugal;
piadosas fundaciones, en cuanto a su existencia; derecho de patronato en
orden a defender sobre todo Ia libertad de Ia Iglesia (art. 29).
En todo caso, siempre que normativamente venga exigida Ia presencia
y actuación del Promotor, deberá aducir las razones o motivos en que basa
su postura de voto, pretensión u oposición (art. 32).
En materia de concesión de gratuito patrocinio, ha de ser oído el Promo-
tor; el cual podrá instar que dicha concesión sea revocada cuando proceda
(art. 33).
b) El Defensor del vínculo.
El cargo de defensor del vínculo se constituye en ministerio público en
determinados procesos: los de nulidad de matrimonio y los de nulidad del
vínculo de Ia ordenación sagrada. Así se deduce de los cc. 1.856; 1.968-1969;
1.986, 1.987 y de los arts. 70-72 y 220-221 de Ia Instr. Provida.
Su función consiste en Ia tuitio matrimonii (art. 35 de las Normas). Mé-
dium proprium defensoris vinculi est oppositio quae ipsi facienda est contra
eos qui petunt ut declaretur nullum matrimonium... Hanc positionem defen-
sor vínculi semper, aequa quidem ratione servare debet, como señala Ro-
berti ". Ha de oponerse activamente a Ia nulidad, como afirma el mismo
Roberti M.
De todos modos, el Defensor ha de oponerse aequa ratione : es decir,
ex gravi autem officio vinculum defendendi nullo modo sequitur defensorem
deberé aut posse uti i!legitimis mediis aut rationibus falsis, quia et ipse te-
netur recte cooperare ad administrationem iustitiae. Quare vinculi defenxori
non licet proponere subdolas vel captiosas interrogationes, facta exaggerare,
possibilia in probabilia vel certa permutare, creare absurdas contradictiones,
impugnare testimoniorum veritatem sine sufficienti ratione, pro lubitu exigere
ulteriores probationes quando iam adductae evidenter sufficiunt ad stabi-
liendam veritatem. Ipse enim debet quidem pro vinculo dimicare ea omnia
revelando quae vinculo favent, non autem uti falsis, ineptis aut irrationabili-
bus argumentis quia et ipse debet adlaborare cum coeteris vel etiam cum
promotore iustitiae, ad statuendam veritatem '*.
34. RoBERTi: Dc processibus, edic. 4.a, p. 312.
35. RoBERTi: Ob. cit., p. 313.
36. RoBERTi: Ob. cit., pp. 313-314.
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LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 307
Por Io cual se puede afirmar que el Defensor del vínculo ha de situarse
permanentemente en Ia línea de Ia defensa de Ia verdad. Con ello defenderá
más real y objetivamente el vínculo. Empeñarse en que sea verdadero Io que
es falso nunca puede considerarse misión en Ia Iglesia.
En esta línea el Proyecto de nuevo Código (c. 1.384) habla de que el De-
fensor tenetur proponendi et exponendi omnia quae rationabiliter adduci
possunt adversus nuUitatem vel solutionem.
A nuestro juicio se ha producido, también en Ia normativa eclesial, una
verdadera mutación en el contenido del múnus del Defensor. En el Código
su función consiste en oponerse a Ia nulidad: por eso el can. 1.968, n. 3
dispone que el Defensor debe escribir y alegar razones contra Ia nulidad del
matrimonio y pruebas en pro de kt validez. En cambio, Ia Norma VIII del
M. P. Causas matrimoniales (n. 2) dispone que el Defensor del vínculo pre-
sente sus observaciones, indicando si tiene algo que objetar o no a Ia deci-
sión de primer grado, favorable a Ia nulidad. La posibilidad de que nada
tenga que objetar está alterando Ia estructura jurídica de Ia figura. Creemos
que el instituto de Ia defensa del vínculo estaba exigiendo ser liberada de
su odioso negativismo, desde que el Papa Pío XII, en uno de sus discursos
a Ia Rota, sostuvo valientemente que todos los que intervienen en el proceso
canónico —por tanto también el Defensor— han de orientar su actuación
en un solo sentido : pro reí veritate 3~.
En cuanto al diseño que las Normas de Ia Rota ofrecen sobre el Defensor
del vínculo, las del año 1934, en su art. 35, dicen de él que matrimonium
tuetur cum officns et iuribus de quibus in Códice. Las provisionales de 1969,
en su art. 6, hablan de este oficio, como ordenado a Ia defensa del vínculo
matrimonial; en el art. 17,1 —refiriéndose en particular a las atribuciones y
deberes del Defensor del vínculo- se remite al Código de Derecho canónico
y a las Normas de 1934.
Las nuevas Normas se limitan a reproducir el texto de las de 1934.
Es decir, por un lado parece que se altera el contenido sustancial del ofi-
cio del Defensor (doctrina de Pío XII; M. P. Causas matrimoniales; y hasta
el mismo Proyecto de nuevo Código). Por otro lado, sin embargo, parece
como si Ia figura se mantuviera en su corte clásico, codicial, de defensa a
ultranza del vínculo (Normas actuales de Ia Rota, art. 36-37, en las que se
hace remisión al Código de 1917, al referirse a los derechos y obligaciones
del Defensor).
Nuestro criterio, viendo sobre todo Ia orientación del Proyecto de nuevo
Código, el M. P. Causas matrimoniales —normas en vigor y de mayor rango
que las Normas de Ia Rota— y Io que nos hace pensar el sentido común,
se sigue orientando hacia Ia idea de una verdadera modificación del «mu-
nus» en el sentido indicado.
37. Pfo X I I : Discurso a Ia Rota, de 1 de octubre de 1942 (AAS, 34 [1942] 338-343,
parte final, en Ia que presenta a los tribunales de Ia Iglesia aquella célebre máxima de
SANTO TOMÁS : unusquisque debet niti ad hoc quod dc rebus iudicet, secundum quod
sunt, "Summa Theol.", II-II, q. 60, art. 4 ad 2.
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308 SANTIAGO PANIZO ORALLO
III. Otras funciones.
Las Normas determinan Ia función, derechos y deberes del Canciller;
de los oficiales menores, sobre todo de los notarios; y del personal subalter-
no (arts. 39-51).
Dada Ia escasa importancia que, desde un punto de vista jurídico general,
representan estos institutos y cargos, no nos vamos a detener en un análisis
particularizado de los mismos.
No podemos, sin embargo, dejar de aludir en particular a una figura, Ia
del Notario, y a un punto concreto dentro de Ia misma : Ia trascendencia
de su presencia y firma para Ia validez de las actas.
En el Código aun vigente de Derecho canónico, en el can. 1.585, se es-
tablece que «en todo proceso debe intervenir un notario que desempeñe el
oficio de actuario; de tal modo que serán tenidas por nulas las actas que
no fueren escritas de su mano o al menos firmadas por él». Es decir, se san-
ciona expresamente con nulidad Ia falta de intervención del Notario en el
proceso canónico.
El art. 42 de las nuevas Normas reproduce casi por completo el texto
del antiguo art. 38 de las Normas de 1934 y por completo el texto del art. 20
de las Normas provisionales de 1969.
En el art. 42 de las actuales Normas y sobre el punto concreto, que ana-
lizamos, se dice únicamente que al Notario compete adesse instructionibus
processuum et oralibus discussionibus corcnn Turno pro tribunali sedente.
Por tanto, dentro del munus Notarii se inserta esa presencia en Ia instruc-
ción, pero ya no se hace referencia al Código de Derecho canónico ni a Ia
sanción de nulidad en caso de no presencia.
Quizá Ia clave de todo ello se encuentre en el Proyecto de nuevo Código
que en su can. 1.389 dice que cuilibet processui intersit notarius, adeo ut
nulla habeantur acta, si non fuerint ab eo vel saltem a iudice subscripta.
De Io que se deduce Ia no necesidad, al menos de Ia suscripción de las actas
por el notario, para Ia validez. Se robustece al aspecto notarial de Ia figura
del juez.
Consideramos que ésta es Ia interpretación deducible del Proyecto.
IV. Normas disciplinares.
Se contienen en los arts. 52-58 de las Normas actuales.
Se impone a todos los componentes del Tribunal, desde el más alto al
más bajo, Ia obligación de secreto profesional: en el juicio criminal, siempre;
pero también en el contencioso si ex revelatione alicuius actus praeiudicium
partibus obvenire possit (art. 52,1).
Pero sobre todo se impone con el máximo rigor (inviolabile secretiim) a
los Auditores el secreto sobre las discusiones que se tienen para dictar sen-
tencia, así como sobre los votos u opiniones ofrecidas (art. 52,2).
Con ésto no se hace otra cosa que recordar el prescripto del can. 1.623,2:
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LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 309
«Están perpetuamente obligados a guardar secreto inviolable acerca de Ia
discusión habida en el tribunal colegiado antes de pronunciar Ia sentencia,
Io mismo que acerca de los diferentes votos y opiniones allí emitidos».
Esto tiene particular aplicación en el ponente que no puede ni expresa ni
implícitamente mostrar a través de Ia redacción de Ia sentencia, que Ie com-
pete, cuál ha sido Ia opinión o el sentido del voto de los restantes compo-
nentes del Turno. Con menor énfasis postula también esta obligación de
máximo secreto el Proyecto de nuevo Código en el can. 1.407,2. En el art. 54
se determinan las sanciones derivadas de Ia violación de tal secreto : tenen-
tur de damnis et ad instantiam partis laesae vel etiam ex officio, Signaturae
Apostolicae iudicio, a Ssmo. confirmato, puniri possunt.
V. Procuradores y abogados.
Las Normas nuevas hacen en primer lugar una remisión de carácter gené-
rico a Ia Ordenación General de Ia Curia Romana.
En el Apéndice I, n. 2 se afirma que para Ia admisión de Procuradores y
Abogados de Ia Rota Romana se deberá atender a los correspondientes ar-
tículos de las Normas.
En el art. 60 de éstas se declara que los abogados propios y natos de Ia
Rota son los abogados consistoriales; teniendo este mismo carácter los Pro-
curadores del Palacio Apostólico.
Sin embargo, también se admiten otros, sacerdotes o seglares, que hayan
obtenido el doctorado en Derecho canónico en alguna Universidad o Facul-
tad aprobada por Ia S. Sede. Se les exige además ser titulados por el Colegio
rotal y haber recibido del mismo el correspondiente diploma ; debiendo
prestar juramento de muñere ex conscientia implendo.
Los Abogados y Procuradores, en las causas de Ia Rota, han de observar
tanto las leyes generales de Ia Iglesia como las particulares del Tribunal;
están obligados a llevar gratuitamente Ia asistencia de aquellos a quienes
el Tribunal les hubiere concedido beneficio de gratuito patrocinio (art. 62).
Y, añadimos, están obligados a cumplir en estos casos, con el mismo esmero
y diligencia con que actúan en las restantes causas de pago. Lo cual con
frecuencia no ocurre y de ello hay una larga experiencia en los tribunales
eclesiásticos.
Sanciones a los Letrados y Procuradores
Como añadido al prescripto del art. 22, anteriormente comentado, el
art. 63 insiste en que Letrados y Procuradores, que faltaren a su oficio, po-
drán recibir amonestación, multa pecuniaria, suspensión e incluso plena ex-
clusión por parte de Ia Rota Romana.
Entendemos —e insistimos en ello— que en este plano de faltas a su
oficio de Letrados y Procuradores se encuentran todos aquellos que por su
cuenta cobran en causas de gratuito patrocinio; que difaman al Tribunal o
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a sus miembros pública o privadamente, por sí o a través de intermediarios;
los que no se atienen a los aranceles del Tribunal en Ia percepción de sus
honorarios'*; los que violan Ia norma canónica y Ia justicia llevando frau-
dulentamente las causas fuera de su propio fuero y tribunal natural, etc.
Concretamente, en el can. 64 se manda que los Procuradores y Letrados
no han de admitir más honorarios que los determinados por el Tribunal. Y
entendemos que ello afecta a Ia justicia, con obligación en conciencia de
restitución, como si de un verdadero robo se tratase.
7. El «Ordo iudiciarius» en Ia Rota Romana.
Las nuevas Normas se remiten plenamente en esta materia a los arts. 59-
185 de las del año 1934; en espera de que las mismas sean acomodadas al
nuevo Código de Derecho canónico.
Por tanto, y al no establecerse por el momento novedad alguna, omitimos
toda referencia a dichas Normas.
8. El Estudio rotal.
Se contiene esta referencia y Ia ordenación del Estudio en un Apéndice
de las Normas.
Se comienza señalando Ia gran conveniencia de que quienes han de ac-
tuar en los procesos eclesiásticos hayan realizado los cursos del Estudio
rotal y recibido del mismo una «praxis» en orden a Ia recta formalización
de los procesos y a Ia recta administración de Ia Justicia.
La realización del trienio en el Estudio rotal es necesario para el título
de Procurador o Abogado rotal.
Se formula seguidamente una ordenación acomodada a las exigencias
del momento actual, en cuanto a las disciplinas del Estudio (deontologia ju-
dicial: Moral aplicada a los oficios del Tribunal; Jurisprudencia sobre las
distintas partes del Derecho canónico, sobre todo el matrimonial, penal, pro-
cesal y de causas de los Santos; prácticas judiciales y de Ia justicia admi-
nistrativa en Ia Iglesia) (Norma V).
En Ia última Norma (Ia XIII) se fija Io necesario para obtener el diploma
o título de abogado rotal: cumplir los tres años y superar los exámenes
anuales; ser admitido por el Decano a examen escrito ante el Colegio rotal;
superar dicho examen y prestar juramento ante el Colegio rotal o el Decano:
cumplido todo eso, diplómate Advocati Rotalis donatur et ad exercenda mu-
ñera Procuratoris et Advocati admittitur. Los docentes, asimismo, han de
emitir cada año, al término del mismo, informe acerca de Ia diligencia, asi-
duidad y méritos de cada alumno, asi como también deben emitir juicio so-
38. «Per gli onorari gli Avvocati devono stare alle tarife fissate ed aggiornate
ogni triennio dalla S. R. Rota», dice Ia Ordenación General de Ia Curia Romana,
Apéndice I, núm. 6.
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LAS NUEVAS NORMAS DEL TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA 311
bre si los consideran idóneos para seguir los cursos y acceder al diploma
(cfr. Norma XII).
Hemos realizado un breve bosquejo de los puntos más importantes que
encontramos en las nuevas Normas de Ia Rota Romana. Muchas otras cosas
podrían decirse que las limitaciones de espacio nos impiden.
Hemos buscado en todo ofrecer las Normas de Ia Rota como modelo
ejemplar para todos los tribunales eclesiásticos. Los Tribunales de Ia Iglesia
son parte de Ia misión de Ia misma en el mundo y deben erigirse en todo
momento en elemento e instrumento de evangelización del Pueblo de Dios.
La Iglesia, en sus más altas esferas, se cuida mucho del recto orden de
sus Tribunales.
Ojalá que en otras esferas no tan altas, pero trascendentes en Ia Iglesia,
como son las Diócesis, se cuidara del mismo modo sus tribunales. Sería cier-
tamente una labor pastoral de primer orden. En caso contrario y de persistir
esa plena despreocupación por los tribunales inferiores en muchas partes, el
daño que se puede procurar a Ia misión de Ia Iglesia es incalculable.
SANTIAGO PANIZO ORALLO
Auditor del Tribunal de Ia Rota de
Ia Nunciatura Apostólica en España
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