INTRODUCCIÓN
Cultura de Paz
¿Crees que es posible convivir con respeto y sin violencia a pesar de las
diferencias que pueda haber entre las personas? La respuesta es sí, y no solo a
nivel individual, sino también en la convivencia social y entre los Estados a través
de una cultura para la paz.
En el año de 1998, mediante la Resolución A/52/13, la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) definió la cultura de paz como:
“… serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y
previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los
problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos
y las naciones”.
Un año después, en 1999, la Declaración y el Programa de Acción sobre una
Cultura de Paz estableció 8 ámbitos de acción con el objetivo de fomentar la
participación activa por parte de actores a nivel local, nacional e internacional:
1. Promover una cultura de paz por medio de la
educación
2. Promover el desarrollo económico y sostenible
3. Promover el respeto de todos los derechos
humanos
4. Garantizar la igualdad entre mujeres y hombres
5. Promover la participación democrática
6. Promover la comprensión, la tolerancia y la
solidaridad
7. Apoyar la comunicación participativa y la libre
circulación de información y conocimientos
8. Promover la paz y la seguridad internacionales
La cultura de paz implica transformar las formas de convivencia, generando
relaciones basadas en la igualdad, el respeto, el aprecio, la tolerancia, la empatía y
la dignidad, todo ello en respeto de los derechos humanos (SEIEM, s.f.).
Educación para la Paz
Como hemos visto, la educación es una herramienta fundamental para transitar
hacia una cultura de paz. Esto permite desarrollar habilidades como el análisis y
la resolución de conflictos, el fortalecimiento del diálogo, la práctica de la
noviolencia, el consenso y la negociación.
Según Ospina (citado en Perales y Schmelkes, 2024), la educación para la paz es:
“…una propuesta ético-política permanente e integral que promueve la
autonomía y emancipación de personas, pueblos y colectivos, capaces de
participar crítica y democráticamente en los diversos procesos de
transformación social orientados a la construcción de sociedades más justas e
igualitarias, como aspectos indispensables para una paz sostenible”.
En este sentido, educar para la paz es educar en y para el conflicto, convivir con
las diferencias y erradicar la violencia como forma de solución. Nos compromete
como personas a erradicar la violencia directa como un modelo de solución.