Lengua y Literatura
2° año P.E.E
El canon literario
Canon literario: necesidad y polémica
El canon literario es una cuestión bien antigua, por más que
fuera el crítico estadounidense Harold Bloom quien la pusiera de
moda con su polémico libro El canon occidental (1995). El canon,
definible como la voluntad de seleccionar en un corpus
limitado a los mejores escritores y de relegar a los autores
incompetentes, responde asimismo, como sostiene Bloom
(1995, 25) a un criterio restrictivo, un repertorio limitado y
abarcable, ya que el que lee debe elegir, puesto que literalmente
no hay tiempo suficiente para leerlo todo, aunque uno no hiciera
otra cosa. Se trata pues de no consumir energías más que en
escritores de peso y en sus obras relevantes y en no sucumbir ante
el agobio aplastante de los libros no leídos, cuando, como dice en
un hermoso relato Iván Klima (1998, 103): «estos amigos, que
hemos acariciado alegremente con la mirada, se transforman en
enemigos que intentan enterrarnos bajo su peso.» Parece que no
hay duda entonces sobre la importancia de seleccionar las obras
para llegar a conocer y saborear las obras excelentes y para no ser
víctimas de las obras mediocres.
Pero son muchas las controversias que surgen en la definición
de la categoría del canon literario y variadas las preguntas que se
generan en torno a tal concepto: ¿quién o quiénes producen los
cánones?, ¿cómo se aplican?, ¿cuál es la forma de
subsistencia de los cánones o su caducidad?...
La mayor dificultad reside seguramente en establecer los
criterios para la elaboración del canon, cuál es la fórmula válida, si
es que existe, para acertar en la selección de los mejores. Se ha
repetido hasta la saciedad que el único criterio debiera ser la
excelencia estética de la obra, pero ésta no deja de ser una
consideración ambigua y de claro componente subjetivo.
El tema se complica más si cabe cuando se trata de elaborar y
proponer un canon literario escolar, un repertorio limitado y
accesible de aquellas obras que todos los niños y jóvenes debieran
conocer y disfrutar. Lo que la escuela debe seleccionar, incluso el
hecho mismo de si debe seleccionar un corpus cerrado de obras si
lo que persigue es promover la lectura, es un tema de compleja
discusión entre los docentes vinculado a la forma en que se enseña
literatura, ya sea su base principal historicista, humanista o estética,
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entre otras posibles tendencias, y a su impronta moralista,
pedagógica, psicológica, comunicativa, seguidista de la moda, etc.
Ha habido, a lo largo de la historia, y hasta época bien reciente,
una crítica doctrinaria y restrictiva sobre qué deben leer y no leer los
niños y, por el contrario, en la actualidad, existen posturas que
podríamos calificar de muy liberal radicales, como la que sostiene
Víctor Moreno, que rechaza la crítica de los adultos como supuesta
lectura privilegiada de los libros infantiles, propone que hablen los
niños y que sean ellos quienes de forma autónoma realicen reseñas
libres de lo que escriben los adultos para ellos (2003: 34).
Pero en general, los ensayos y tesis sobre la controvertida
cuestión en torno a la construcción de un canon literario escolar se
orientan mayoritariamente a la defensa de una crítica en la que se
apuesta por barajar a la vez diferentes criterios de selección. Entre
los más importantes: el modelo estético que brindan, su
significación en la historia de las letras, los valores que
transmiten, el tema que tratan y la identificación que posibilitan
con los lectores niños y adolescentes. En esta construcción, y en
la finalidad de la formación de lectores competentes, autónomos y
críticos, sin duda cobra gran relevancia para la elaboración del
canon escolar la capacidad de las obras para adecuarse a su nivel
de comprensión, así como la transmisión de un cierto número de
clásicos, un legado de lecturas canonizadas por la tradición
(Hermida y Cañón, 2002: 8-12).
En definitiva, los sucesivos debates e interrogantes sobre qué
es un buen libro los agrupa y dilucida Teresa Colomer en cuatro
grandes aspectos: la calidad literaria, los valores educativos, la
opinión y el gusto de los niños y jóvenes y el itinerario de
aprendizaje literario. Y concluye en destacar la importancia de la
tarea crítica, la validez y necesidad de la labor de selección para
seguir diciendo qué palabras y qué historias pueden ejercer mejor la
insustituible misión de la literatura y cuál es el camino adecuado
para ofrecérselas a la infancia (2002: 8-17).
Después de leer la información responder en el posteo de la
plataforma las siguientes consignas:
¿Cuál es el principal argumento que expone Harold Bloom
respecto a la necesidad de un canon literario?
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¿Qué postura sostiene Víctor Moreno respecto a la crítica
adulta sobre la literatura infantil?
Teresa Colomer organiza el debate sobre qué es un “buen
libro” en cuatro aspectos. ¿Cuál de ellos consideras que
resulta más determinante para la selección de obras en la
escuela? Fundamenta tu respuesta a partir del texto.
¿Qué implicancias puede tener para la formación de los
lectores el hecho de que los niños y jóvenes participen
activamente en la construcción del canon literario escolar?