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E S 2do-Trime-2025

El documento aborda la interpretación de la profecía bíblica, destacando la importancia de un enfoque centrado en Cristo y el conflicto espiritual entre el bien y el mal. Se propone estudiar diversas imágenes y símbolos en las Escrituras para entender mejor las profecías, comenzando desde el Génesis hasta el Apocalipsis. El autor enfatiza que la correcta interpretación de la profecía requiere una disposición humilde y la guía del Espíritu Santo.

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E S 2do-Trime-2025

El documento aborda la interpretación de la profecía bíblica, destacando la importancia de un enfoque centrado en Cristo y el conflicto espiritual entre el bien y el mal. Se propone estudiar diversas imágenes y símbolos en las Escrituras para entender mejor las profecías, comenzando desde el Génesis hasta el Apocalipsis. El autor enfatiza que la correcta interpretación de la profecía requiere una disposición humilde y la guía del Espíritu Santo.

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ALUSIONES, IMÁGENES Y SÍMBOLOS:

CÓMO ESTUDIAR LA PROFECÍA BÍBLICA


CONTENIDO
Introducción ..............................................................................................2
1. Algunos principios de interpretación profética ................................... 7
Para el 5 de abril de 2025
2. El Génesis como fundamento ............................................................ 16
Para el 12 de abril de 2025
3. Imágenes tomadas del matrimonio ....................................................23
Para el 19 de abril de 2025
4. Las naciones: Primera parte ............................................................... 30
Para el 26 de abril de 2025
5. Las naciones: Segunda parte ...............................................................39
Para el 3 de mayo de 2025
6. Entendiendo el sacrificio ................................................................... 46
Para el 10 de mayo de 2025
7. Fundamentos de la profecía ................................................................55
Para el 17 de mayo de 2025
8. En los Salmos: Primera parte.............................................................. 62
Para el 24 de mayo de 2025
9. En los Salmos: Segunda parte ............................................................ 69
Para el 31 de mayo de 2025
10. Sobre quienes ha llegado el fin ............................................................78
Para el 7 de junio de 2025
11. Rut y Ester ............................................................................................87
Para el 14 de junio de 2025
12. Precursores......................................................................................... 94
Para el 21 de junio de 2025
13. Imágenes del fin ................................................................................ 103
Para el 28 de junio de 2025

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Texto y diagramación: Casa Editora Sudamericana
Ilustraciones: Con permiso de la Pacific Press Publishing Association
Impresión: USAMEX, INC
Derechos reservados
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Se prohíbe la reproducción total o parcial de este folleto sin el permiso de los editores.
Impreso en México
Printed in Mexico 1

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INTRODUCCIÓN

PRECURSORES DE LA PROFECÍA

D urante la Primera Guerra del Golfo (1991), un conocido escritor y orador


protestante estaba convencido de que el libro de Apocalipsis predecía
ese conflicto. Su argumento se basaba en el hecho de que algunos de los
helicópteros militares se parecían a las langostas descritas en Apocalipsis 9:
«Y cuando abrió el pozo del abismo, subió una humareda como el humo de un
gran horno, el cual oscureció el sol y el aire. Y del humo salieron langostas so-
bre la tierra, y se les dio poder como el que tienen los escorpiones de la tierra»
(Apoc. 9: 2, 3).
Esa no es precisamente la mejor manera de interpretar la profecía bíblica,
¿verdad? Sin embargo, este tipo de interpretaciones es bastante común. De
hecho, un flujo incesante de libros, artículos, videos y sitios web, todos ellos
dedicados a la profecía, han hecho desde hace décadas muchas predicciones,
incluso de fechas de acontecimientos finales, normalmente centrados en gue-
rras o agitaciones en el Cercano Oriente.
Es significativo que ninguna de esas predicciones se ha cumplido.
Los adventistas del séptimo día adoptamos un enfoque diferente de la pro-
fecía, cuyo centro es Cristo, no un punto geográfico en particular, como el Cer-
cano Oriente, o cualquier conflicto militar que se desarrolle allí. A diferencia
de ello, vemos las profecías a través de la lente del gran conflicto entre Cristo
y Satanás, una lucha espiritual mundial que alcanzará su clímax cuando el
pueblo de Dios, tanto de raíces judías como gentiles (ver Apoc. 12: 17; 14: 12), se
enfrente a la crisis final centrada en la adoración al Creador (ver Apoc. 14: 7), y
en oposición a la bestia y su imagen.
Un elemento clave para comprender estas profecías acerca de los últimos
días es Daniel 2, que contiene no solo el esbozo histórico de las profecías, sino
también la clave interpretativa para desentrañar su significado.
Daniel 2 describe cuatro imperios mundiales (Babilonia, Medopersia, Grecia
y Roma) seguidos por el establecimiento por parte de Dios de su reino eterno,
«que nunca jamás será destruido ni será entregado a otro pueblo; desmenuzará
y dará fin a todos esos reinos, y él permanecerá para siempre» (Dan. 2: 44). Las
profecías paralelas de Daniel 7 y 8 contienen este mismo esquema básico, el de
estos imperios terrenales que surgen y desaparecen hasta que el reino de Dios
se establece para siempre.
En Daniel 7, el ángel intérprete nos lo explica todo: «Estas cuatro grandes
bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. Después los santos del
Altísimo recibirán el reino y lo poseerán eternamente, por los siglos de los
siglos» (Dan. 7: 17, 18).
Cuatro imperios terrenales (Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma) se
mueven en una sucesión ininterrumpida a través de la historia hasta que, des-
pués de la segunda venida de Jesús, Dios establece su reino eterno.
2

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Por supuesto, todavía estamos aquí, en la época de
la división de Roma, el cuarto y último reino terrenal
antes del regreso de Cristo.
Con esta perspectiva histórica como base para en-
tender la profecía, este trimestre estudiaremos cómo in-
terpretar la profecía bíblica; concretamente, algunas de
las alusiones, historias, imágenes y metáforas que de-
velan la verdad profética y los acontecimientos finales.
Comenzaremos con el relato de la Creación regis-
trado en Génesis, por su importancia para entender no
solo la profecía, sino también lo que sigue, especial-
mente la Cruz y la muerte expiatoria de Jesús, y segui-
remos con la torre de Babel, el servicio del Santuario,
el libro de Salmos e incluso algunos matrimonios del
Antiguo Testamento. En todos ellos, y en muchos otros
lugares de las Escrituras, hay imágenes, símbolos y me-
táforas que, estudiados con oración y con la disposición
humilde a recibir instrucción del Espíritu Santo (ir a
la Biblia con un corazón rebelde es perder el tiempo),
hacen que las profecías relativas al final de los tiempos,
concretamente las de Apocalipsis, cobren vida.
Ciertamente, un trimestre no es suficiente para
empezar siquiera a estudiar todas las historias y las
imágenes que ayudan a desentrañar la verdad profética.
Quizá necesitemos toda la eternidad para ello. Hasta
entonces, estudiaremos tanto como podamos por la
gracia de Dios.

Shawn Boonstra es orador y director del ministerio La Voz de la


Profecía. Sus programas, conferencias y libros han sido fuente
de inspiración en todo el mundo a lo largo de los años.

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Todas las citas bíblicas cuya referencia no tenga aclaración han sido ex-
traídas de La Biblia, Nueva Reina-Valera 2000 Actualizada (NRV-2000), © 2020,
Sociedad Bíblica Emanuel. [Link]
Además, en esta obra se citan las siguientes versiones de la Biblia:
Biblia del peregrino (BP). © Ediciones Mensajero, 1996.
Nueva versión internacional (NVI). © Sociedad Bíblica Internacional, 1999.
Reina-Valera 1960® (RVR 1960). © Sociedades Bíblicas en América Latina,
1960.
La Biblia de las Américas® (LBLA®). © The Lockman Foundation, 1986, 1995,
1997. Usada con permiso. [Link]

La oficina de las Guías de Estudio de la Biblia para Adultos de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día prepara estas Guías de Estudio de la
Biblia. La preparación de las Guías está bajo la dirección general de la Comisión de Publicaciones de la Escuela Sabática, una subcomisión de la Junta Directiva de
la Asociación General (ADCOM) que publica las Guías de Estudio de la Biblia. La Guía publicada refleja la contribución de una comisión mundial de evaluación y la
aprobación de la Comisión de Publicaciones de la Escuela Sabática, y por ello no representa necesariamente la intención del autor.

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Lección 1: Para el 5 de abril de 2025

ALGUNOS PRINCIPIOS
DE INTERPRETACIÓN
PROFÉTICA
Sábado 29 de marzo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Jeremías 9: 23, 24; Salmo 139: 1–6;
Daniel 12: 4; Apocalipsis 22: 10; 2 Timoteo 3: 15–17; Hebreos 4: 12.

PARA MEMORIZAR:
«“Sino alábese en esto el que se haya de alabar: en entenderme y conocerme,
que yo soy el Señor, que actúo con bondad, justicia y rectitud; porque eso me
complace”, dice el Señor» (Jer. 9: 24).

C omo ocurre con casi todo lo demás en las Escrituras, los cristianos no
se ponen de acuerdo sobre la interpretación de las profecías bíblicas, lo
que lleva a muchos a pensar que no vale la pena tratar de comprenderlas.
Después de todo, si los cristianos luchan entre sí acerca de cada jota y tilde de
las profecías, ¿qué validez puede haber en ellas? Por desgracia, incluso muchos
creyentes consideran que algunos libros de la Biblia, como el Apocalipsis, son
incomprensibles y los evitan, pensando que estudiar la profecía provoca más
problemas que los que resuelve.
No siempre fue así. Durante los primeros 18 siglos de la historia cristiana,
la mayoría de los cristianos se sentían muy cómodos con la profecía bíblica y
había un sorprendente nivel de acuerdo acerca de cuáles eran sus mensajes
clave. Así es como Dios quería que fuera: «Les ruego hermanos, por el nombre de
nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa y que no haya entre
ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y
un mismo parecer» (1 Cor. 1: 10). Esta semana exploraremos algunos principios
que permiten una comprensión coherente y fiable de la profecía.
7

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Lección 1 | Domingo 30 de marzo

«EL QUE LEE, ENTIENDA»


Entra en cualquier librería cristiana y observa los títulos de la sección de
profecía bíblica. Rápidamente descubrirás que hay una variedad alucinante
de opiniones e interpretaciones, lo que tienta a pensar que nadie puede entender
documentos como el Apocalipsis. Por ejemplo, un autor dice que el anticristo no
es más que una metáfora; otro opina que aparecerá en el futuro; y aun otro, que
era una referencia a algo o alguien que existió en los días del Imperio Romano.
Como dijo cierto predicador: «La Biblia se parece a un instrumento musical con
el que cada cual interpreta la melodía que se le antoja».
Sin embargo, la Biblia no sugiere eso, sino que nos invita a leerla dando por
sentado que Dios no habla en vano y que podemos comprender lo que dice en
su Palabra.

Lee Mateo 24: 15; Apocalipsis 1: 3; Mateo 11: 25; y Jeremías 9: 23 y 24.
¿Qué sugieren estos textos sobre la intención de Dios de darse a conocer y
ser comprendido por nosotros?

Muchas universidades ofrecen cursos sobre «la Biblia como literatura».


Puede resultar asombroso para un creyente asistir a conferencias en las que
los disertantes abordan la Biblia como lo harían con la mitología pagana. La
idea de ese enfoque es que puede haber un núcleo de «verdad moral» en las
historias bíblicas, pero no algo a lo que uno deba ajustar su conducta. Para esos
disertantes, la idea de que la Escritura haya sido inspirada por Dios es ridícula.
En consecuencia, leen la Biblia, pero no oyen la voz de Dios que habla en sus
páginas. Otros llegan a conclusiones claramente contrarias al mensaje de las
Escrituras. Sin estar rendidos al Señor, y sin un corazón dispuesto a aprender la
verdad, quienes leen la Biblia probablemente no solo serán incapaces de percibir
su mensaje, sino también malinterpretarán el carácter amoroso y santo del Dios
revelado en sus páginas. Leer la Biblia sin las herramientas adecuadas o, más
importante aún, sin la actitud correcta bajo la conducción del Espíritu Santo
puede resultar perjudicial.
Alguien que no era conocido por su religiosidad estaba en cierta ocasión
leyendo la Biblia. Cuando le preguntaron con sorpresa qué hacía, respondió:
«Busco errores». ¿Por qué es esa una actitud equivocada al leer la Palabra de Dios?

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Lunes 31 de marzo | Lección 1

DIOS ES COMPRENSIBLE
Nada es tan frustrante como tener que comunicarse urgentemente en el ex-
tranjero, quizás en un centro médico o en una farmacia, sin dominar el idioma
local. Sabes qué tienes que decir, pero careces del vocabulario adecuado para
decirlo.
El problema de Dios para comunicarse con nosotros es otro. «Como es más
alto el cielo que la tierra, así son mis caminos más altos que sus caminos, y mis
pensamientos más que sus pensamientos» (Isa. 55: 9). El problema no es que
Dios carezca del vocabulario necesario para comunicarse con nosotros, sino
que nosotros carecemos del vocabulario y la capacidad intelectual necesarios
para comprenderlo plenamente.

¿Qué sugieren los siguientes pasajes sobre el entendimiento o inteli-


gencia de Dios en comparación con los nuestros?

Salmo 139: 1–6 _________________________________________________________

Salmo 147: 5 ___________________________________________________________

Romanos 11: 33 _______________________________________________________

1 Juan 3: 20 ___________________________________________________________

Nunca entenderemos plenamente la mente de Dios, pues él es infinito y om-


nisciente. En verdad, ni siquiera podemos entender todo acerca de la Creación.
¿Cómo podríamos entonces entender completamente al Creador?
Aunque nunca entenderemos todo, podemos comprender lo necesario para
nuestra salvación (ver 2 Tim. 3: 14, 15). Cuando los apóstoles explicaban el evan-
gelio a sus audiencias, se referían con frecuencia a la profecía cumplida, de lo
que podemos deducir que uno de los propósitos clave de la profecía es ilustrar
el Plan de Salvación. De hecho, y en última instancia, la profecía bíblica debe
conducirnos, de un modo u otro, a Jesús y a la promesa de salvación que él
ofrece a toda la humanidad.
El Señor, por quien fueron creadas todas las cosas (ver Col. 1: 16; Juan 1: 1-3),
descendió a esta Tierra y se ofreció como sacrificio en la Cruz por los pecados
de todos los seres humanos. Dios nos ama a todos por igual y desea que conoz-
camos lo que nos ofrece en Jesús. La profecía puede hacer precisamente eso: dar
a conocer su amoroso Plan de Salvación en favor de la humanidad.

Aunque hay mucho que no sabemos, ¿por qué es crucial enfocarnos en lo


que sí conocemos y actuar en consecuencia en lugar de obsesionarnos por
entender lo que no comprendemos?

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Lección 1 | Martes 1° de abril

«DANIEL, CIERRA LAS PALABRAS»


Lee Daniel 12: 4. ¿Qué orden dio el Señor a Daniel? (Comparar con Apoc.
22: 10).

No es raro oír a predicadores citar Daniel 12: 4 como predicción del auge del
conocimiento tecnológico y científico justo antes del advenimiento de Cristo.
Otros también lo utilizan para describir los avances en los viajes durante el
último siglo. Muchos de los libros de nuestra confesión religiosa han adoptado
este enfoque. Aunque pueden parecer interpretaciones razonables, el texto en
cuestión apunta a otro significado.
Lee nuevamente el pasaje. La instrucción del ángel a Daniel comienza con la
orden: «Cierra las palabras y sella el libro». El tema al que se refiere el texto es el
propio libro de Daniel. ¿Podría, entonces, ese conocimiento que aumentaría re-
pentinamente al final del tiempo referirse a la comprensión del libro de Daniel?
Esto distingue el libro de Daniel del Apocalipsis, en el sentido de que Juan
recibió la orden de no sellar su libro (Apoc. 22: 10). El Apocalipsis debía enten-
derse desde el principio, porque el tiempo estaba cerca. En cambio, Daniel se
entendería más claramente en un futuro lejano.
A lo largo de los siglos, muchos estudiosos cristianos intentaron explicar el
libro de Daniel, y algunos lograron grandes avances. Sin embargo, la compren-
sión de Daniel aumentó rápidamente tras el cumplimiento de la profecía de los
1.260 años, en 1798, cuando múltiples expositores de todo el mundo comenzaron
a llegar a la conclusión de que algo espectacular sucedería alrededor de 1843.
El más notable de ellos, sin embargo, fue William Miller, cuya predicación dio
inicio al gran movimiento adventista del siglo XIX e inició una cadena de acon-
tecimientos que darían origen a la iglesia remanente y a una clara comprensión
de los mensajes de los tres ángeles.
En otras palabras, el nacimiento de nuestro movimiento mundial es un
cumplimiento de la predicción de Daniel de que «el conocimiento aumentaría»
en «el tiempo del fin».
En contraste, y sin juzgar la salvación de las personas, piensa en la oscuridad
en que se encuentra gran parte de la cristiandad en cuanto a su comprensión de
la Biblia. Algo tan básico como el séptimo día (sábado) establecido en el Edén
es ignorado, incluso descartado, en favor del domingo, un día originado en el
paganismo romano. O pensemos en la absoluta ignorancia acerca de lo que la
Biblia en verdad enseña sobre la muerte, ya que la mayoría de los cristianos cree
en la idea pagana de que existe un alma que abandona el cuerpo en ocasión de
la muerte y que pasa inmediatamente a otra esfera de existencia, lo que para
algunos significa también el tormento eterno en un infierno ardiente.
En contraste con ello, los adventistas deberíamos estar muy agradecidos, y
ser humildes, por el conocimiento que tenemos acerca de la verdad.
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Miércoles 2 de abril | Lección 1

EL ESTUDIO DE LA PALABRA
Los adventistas del séptimo día debemos mucho a William Miller por su
comprensión de la profecía bíblica. Aunque dicha comprensión de pasajes clave,
como Daniel 8: 14, no era perfecta, su metodología fue importante pues allanó
el camino para el nacimiento de nuestro movimiento remanente de los últimos
días.

Lee Mateo 5: 18; 2 Timoteo 3: 15 al 17; y Lucas 24: 27. ¿Qué nos enseñan
estos versículos sobre cómo debemos estudiar y comprender las profecías
bíblicas?

En cierto modo, estudiar la Biblia es como armar un gran rompecabezas. Si


unimos solo dos o tres piezas, es casi imposible discernir la imagen completa.
Tal vez esas pocas piezas tengan que ver con la imagen de un caballo, lo que
podría conducir a la conclusión errónea de que el cuadro tiene que ver con esos
animales. Pero, unas cuantas piezas más contienen imágenes de una gallina y
una vaca. Tras ensamblar cientos de piezas, se cae finalmente en la cuenta de
que se ha estado trabajando en la imagen de un paisaje, que incluye una ciudad,
una granja y una cadena de montañas en la distancia.
Una de las principales formas erróneas de estudiar la Biblia consiste en
acercarse a ella como si se tratara de una colección dispersa de refranes o pro-
verbios que pueden ser utilizados para abordar cualquier situación. Algunos
recurren a la sencilla guía de estudio que aparece al principio de las Biblias
que ciertos grupos cristianos dejan en las habitaciones de los hoteles y en
las que aparecen versículos útiles acerca de una serie de temas. Dan así por
sentado que esos versículos representan la totalidad de la enseñanza bíblica
acerca de un tema determinado.
Desgraciadamente, adoptan el mismo enfoque con la profecía, al separar un
texto de su contexto y compararlo con los acontecimientos actuales en lugar de
hacerlo con el resto de la Biblia. Esto explica en parte el surgimiento constante
de libros sobre profecía que tienen que ser actualizados con frecuencia pues sus
predicciones acerca de qué ocurriría y cuándo no se cumplen.
Por eso es tan importante no limitarse a seleccionar algunos textos espe-
cíficos acerca de un tema, sino estudiar cuidadosamente todo lo que la Biblia
dice al respecto y tener en cuenta el contexto de cada pasaje. Es muy fácil sacar
un pasaje de su contexto y hacerle decir lo que uno desea.

¿Cuál ha sido tu experiencia al tratar con quienes utilizan solo ciertos tex-
tos para defender su punto de vista acerca del estado de los muertos o del
sábado? ¿Cuál es la mejor manera de responder ante esa forma errónea de
usar la Biblia?
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Lección 1 | Jueves 3 de abril

¿FIGURADO O LITERAL?
Una de las cuestiones clave que deben abordar los estudiosos de la profecía
es cómo determinar si el lenguaje de la Biblia debe ser interpretado de manera
literal o figurada. ¿Cómo decidir si el autor utilizó un lenguaje simbólico y qué
representa el símbolo en cuestión? La mejor manera de hacerlo es ver cómo se
ha utilizado esa figura o símbolo en toda la Biblia, no cómo se los utiliza actual-
mente. Por ejemplo, algunos consideran que el oso de Daniel 7 simboliza a Rusia,
pues ese animal es utilizado hoy a menudo como representación de esa nación.
Esa no es una manera sólida ni segura de interpretar el simbolismo profético.

Busca los siguientes textos y permite que la Biblia sea su propio expo-
sitor o intérprete; es decir, que defina sus propios términos. ¿Cuál es el
símbolo profético común a cada grupo de textos y qué representa según
la Biblia?

Daniel 7: 7; 7: 24; 8: 3 __________________________________________________

Apocalipsis 1: 16; Efesios 6: 17; Hebreos 4: 12 ___________________________

Apocalipsis 12: 1; 21: 2; Efesios 5: 31, 32; Jeremías 6: 2 ____________________

La incertidumbre acerca del simbolismo profético desaparece cuando se


permite que la Biblia defina sus propios términos. Por ejemplo, un cuerno puede
simbolizar un poder político o una nación, mientras una espada puede re-
presentar la Palabra de Dios y una mujer puede ser símbolo de la iglesia. Esto
demuestra claramente que la Biblia se explica a sí misma.
Lo que queda por responder, sin embargo, es por qué Dios se comunicó
mediante símbolos en lugar de hacerlo de manera directa, explícita. ¿Por qué,
por ejemplo, Pedro se refiere crípticamente a la ciudad de Roma como Babilonia
en 1 Pedro 5: 13?
Puede haber muchas razones por las que Dios eligiera comunicarse sim-
bólicamente en la profecía. Por ejemplo, si el Apocalipsis hubiera nombrado
claramente a Roma como la autora de tantos males, la persecución de la iglesia,
de por sí intensa, podría haber sido aún peor. Sean cuales fueren las razones,
podemos confiar en que Dios quiere que entendamos el significado de los sím-
bolos bíblicos.

Aunque algunos símbolos y profecías sigan resultando un misterio o un de-


safío, ¿cómo puede fortalecer nuestra fe el hecho de enfocarnos en lo que
sí entendemos?

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Viernes 4 de abril | Lección 1

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado «Una profecía significativa» en las páginas 317 a 341
del libro El conflicto de los siglos, de Elena G. de White.
«Los ministros y el pueblo declararon que las profecías de Daniel y del Apoca-
lipsis eran misterios incomprensibles. Pero Cristo había llamado la atención de
sus discípulos a las palabras del pro­feta Daniel relativas a los acontecimientos que
debían desarrollarse en tiempo de ellos, y les había dicho: “El que lee, entienda”. Y
la aseveración de que el Apocalipsis es un misterio que no se puede comprender
es rebatida por el título mismo del libro: “Revelación de Jesucristo, que Dios le
dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto [...]. Bien-
aventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las
cosas en ella escri­tas: porque el tiempo está cerca” (Apoc. 1: 1-3). [...]
»Ante semejante testimonio de la Inspiración, ¿cómo se atreven los hombres
a enseñar que el Apocalipsis es un misterio fuera del alcance de la inteligencia
humana? Es un misterio revelado, un libro abierto. El estudio del Apocalipsis nos
lleva a las profecías de Daniel, y ambos libros contienen enseñanzas de suma
importancia, dadas por Dios a los hombres, acerca de los acontecimientos que
han de desarrollarse al fin de la historia de este mundo.
»A Juan le fueron descubiertos cuadros de la experiencia de la iglesia que
resultaban de interés profundo y conmovedor. Vio las cir­cunstancias, los peli-
gros, las luchas y la liberación final del pueblo de Dios. Consigna los mensajes
finales que han de hacer madurar la mies de la tierra, ya sea en gavillas para
el granero celestial, o en manojos para los fuegos de la destrucción. Le fueron
revelados asun­tos de suma importancia, especialmente para la última iglesia,
con el objeto de que los que se volviesen del error a la verdad pudiesen ser ins-
truidos con respecto a los peligros y luchas que les esperaban. Nadie necesita
estar a oscuras en lo que concierne a lo que ha de acontecer en la tierra» (Elena
G. de White, El conflicto de los siglos, p. 340).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¿Cómo puede el estudio de las profecías aumentar tu fe? ¿Qué profecías –
algunas escritas hace miles de años acerca de acontecimientos que ocu-
rrirían siglos o milenios después– han contribuido a aumentar tu con-
fianza en la Biblia y, más importante aún, en el Dios que las inspiró? Por
ejemplo, ¿cómo ofrece Daniel 2 razones poderosas y lógicas para confiar
en que Dios existe y conoce el futuro?
2. ¿Cuáles son las mejores maneras de protegernos de interpretaciones
descabelladas y especulativas de las profecías, a veces incluso por parte
de personas que están dentro de nuestra iglesia?
3. ¿Por qué debemos poner en práctica el consejo de Pablo: «Sometan todo a
prueba y retengan lo bueno» (1 Tes. 5: 21)?

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Lección 2: Para el 12 de abril de 2025

EL GÉNESIS COMO
FUNDAMENTO
Sábado 5 de abril

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 40: 7, 8; Génesis 22: 1–13;
Juan 3: 16; Apocalipsis 5: 5–10; 1 Corintios 15: 15–19; Apocalipsis 12: 1–9.

PARA MEMORIZAR:
«Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: “¡Este es el Cor-
dero de Dios, que quita el pecado del mundo!”» (Juan 1: 29).

U no de los principales problemas de algunas interpretaciones modernas de


la profecía bíblica es que no reconocen que las raíces de esta se encuentran
en la revelación previa del Antiguo Testamento. En el caso del Apocalipsis,
por ejemplo, Juan da por sentado que su público original conoce el Antiguo Testa-
mento y, en consecuencia, utiliza conceptos que son familiares para su audiencia.
Aunque es útil buscar en toda la Biblia los pasajes relacionados con el texto
que se estudia en Apocalipsis, hay documentos bíblicos más relevantes que otros
y fundamentales para entender mejor el libro. Esto es especialmente cierto en el
caso del Génesis, que expone el camino por el que nuestro mundo descendió al
caos del pecado. Casi todos los conceptos clave mencionados en el Apocalipsis
aparecen de alguna forma en los primeros capítulos de la Biblia.
Esta semana estudiaremos algunos grandes conceptos que constituyen el
núcleo del Apocalipsis. Comprender los fundamentos bíblicos del Apocalipsis
permite al estudiante ver innumerables matices en el texto, cada uno de los
cuales puede aportar importantes lecciones acerca de la naturaleza de la hu-
manidad, de Dios y del conflicto que se libra en nuestro universo y, por lo tanto,
también en nuestra vida.
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Domingo 6 de abril | Lección 2

EL PRINCIPIO DE LA PRIMERA MENCIÓN


La mayoría de los programas académicos comienza con un curso general
que cubre principios amplios y básicos que formarán la base para el estudio
posterior a medida que se profundiza en el tema. Del mismo modo, cuando se
lee toda la Biblia, se descubre rápidamente que Dios también tiene un curso
general de estudio contenido en el libro de Génesis, donde introduce ideas que
serán examinadas más detalladamente en el resto de la Biblia.
En términos generales, la primera vez que se menciona un concepto o sím-
bolo en la Biblia, sobre todo si esto ocurre en los primeros capítulos de Génesis,
se establece allí una comprensión general de ese concepto para ayudarnos a
entender cómo se utiliza más adelante.
Algunos estudiosos de la Biblia se refieren a esto como «la ley de la primera
mención», aunque sería más apropiado etiquetarla como un principio (o un
patrón), pues no es férrea y hay muchas excepciones a esa regla. El patrón que
parece emerger del estudio general de la Biblia y de la profecía bíblica es que Dios
instruye gradual y progresivamente a sus hijos entregándoles información a lo
largo del tiempo y a partir de un concepto básico que es ampliado numerosas
veces a lo largo de los años o incluso de los siglos.

Lee Isaías 40: 7 y 8; Malaquías 3: 6; y Hebreos 13: 8. ¿Qué principio pue-


des deducir de estos textos para anclar en él tu estudio de las profecías?

Gran parte del mundo moderno habla de «veracidad», no de «verdad», pues


supone que la «verdad» es algo que puede cambiar con el tiempo. En algunos
casos, el concepto mismo de «verdad» es visto con suspicacia.
Sin embargo, cuando Dios establece la verdad no cambia de opinión. Una
vez que comienza a enseñar la verdad a su pueblo, podemos contar con que las
sucesivas repeticiones del mismo principio o tema bíblico no cambian de signi-
ficado, sino que, por el contrario, arrojan más luz acerca de ese significado. Por lo
tanto, al estudiar la profecía, tiene mucho sentido comprender adecuadamente
el libro de Génesis, donde se explican por primera vez muchos conceptos clave
que luego servirán al explorar el resto de la Biblia.

¿Por qué es tan importante que no permitamos que nada ni nadie, por con-
vincente o lógico que sea, debilite nuestra fe en la Biblia y en las verdades
infalibles que enseña? ¿De qué maneras, incluso sutiles, puede producirse
este debilitamiento?

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Lección 2 | Lunes 7 de abril

LA COMPRENSIÓN DEL AMOR DE DIOS


El hecho de haber heredado una naturaleza pecaminosa significa, entre
otras cosas, que nuestra percepción del universo está contaminada por nuestras
propensiones al egoísmo y el orgullo. Vemos el mundo desde nuestra óptica
limitada y no desde la perspectiva omnisciente de Dios. Quizá ningún concepto
haya sido tan distorsionado por la pecaminosidad humana como el del amor. La
cultura popular tiende a promover una comprensión del amor que se centra en
la realización personal y no en el bienestar de los demás. Este enfoque egocén-
trico del tema hace que nos resulte difícil percibir cómo Dios entiende el amor.
Comprender la naturaleza del amor es una clave importante para entender
la profecía bíblica. Uno de los temas cruciales del Gran Conflicto es la distor-
sión en la comprensión humana del carácter de Dios. En tal sentido, Elena G.
de White concluye su libro El conflicto de los siglos con las siguientes palabras:
«El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni peca­dores. Todo el
universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en
toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento
por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible
hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran
en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor» (El conflicto
de los siglos, p. 657).

Lee Génesis 22: 1 al 13. El amor es mencionado por primera vez en Génesis
22: 2. ¿Qué nos enseña esta historia acerca de la naturaleza del amor divino?

Además de la primera mención de un concepto en la Biblia, puede ser útil


encontrar la primera referencia a ese mismo concepto en determinados libros,
especialmente en los Evangelios. La primera referencia al amor en los Evangelios
se encuentra en Mateo 3: 17; Marcos 1: 11; Lucas 3: 22 y Juan 3: 16 respectivamente.
La primera mención del amor en el Evangelio de Juan (Juan 3: 16) es particu-
larmente esclarecedora, pues parece aludir a la historia de Isaac sobre el altar.
La fe de Abraham en Dios era tal que confió en que Dios podría resucitar a su
hijo si llevaba a cabo el sacrificio (Heb. 11: 19). Esto ilustró el amor de Dios por
la humanidad, ya que él nos amó hasta el punto de dar a su Hijo unigénito (ver
Gén. 22: 2, 12, 16), tras lo cual lo resucitó de entre los muertos. El sacrificio de
Cristo en la Cruz revela el tipo de amor abnegado que Dios siente por nosotros.

¿Cómo podemos manifestar a los demás el amor abnegado que Dios siente
por nosotros? ¿Por qué es ese tipo de amor tan importante para nosotros?

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Martes 8 de abril | Lección 2

LA PREGUNTA DE ISAAC:
¿DÓNDE ESTÁ EL CORDERO?
La primera mención bíblica de un cordero aparece en Génesis 22; es decir,
en la misma historia que menciona por primera vez el amor. El cordero es
uno de los símbolos más recurrentes del Apocalipsis, donde Jesús es llamado
«Cordero» más de veinte veces. En una de las escenas más impactantes del
libro, la visita de Juan a la sala del Trono de Dios en los capítulos 4 y 5, el
Cordero desempeña el papel central.

Lee Génesis 22: 7 y 8; Éxodo 12: 3 al 13; y Apocalipsis 5: 5 al 10. ¿Cómo


nos ayuda la historia del casi sacrificio de Isaac a entender el uso simbóli-
co de los corderos? ¿Cómo se relaciona esta historia con lo que Juan ve en
Apocalipsis 5?

La primera mención de un cordero en la Biblia aparece en la pregunta de


Isaac: «¿Dónde está el cordero?» (Gén. 22: 7). Curiosamente, el resto de la Biblia
responde esa pregunta con lujo de detalles. Los otros 38 libros del Antiguo
Testamento conducen al lector por un camino en el que la pregunta de Isaac es
respondida progresivamente con más y más detalles, desde los rituales de la
Pascua hasta el primer trabajo de David y en adelante. Toda la historia bíblica
está salpicada de innumerables profecías mesiánicas que anticipan la respuesta
a la pregunta de Isaac. Luego, en el Nuevo Testamento, la pregunta es respondida
cuando Jesús aparece en persona, ministra entre su pueblo y entrega finalmente
su vida como sacrificio en la Cruz.
Veamos la primera mención de un cordero en el Evangelio de Juan (Juan
1: 29-34). Daría la impresión de que Juan el Bautista estuviera respondiendo la
pregunta de Isaac en un escenario que no podría ser más apropiado. Los peca-
dores se arrepienten y se sumergen en el agua del bautismo, que simboliza la
muerte del pecador y el comienzo de una nueva vida. En este contexto, Jesús, el
Cordero de Dios, aparece súbitamente y, según el relato de Mateo, los cielos se
abren para anunciarlo: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mat.
3: 17). En el caso de Abraham e Isaac, la voz del Ángel del Señor anuncia también
desde el cielo la solución divina para su problema (Gén. 22: 11-14).
Cuando se entretejen todos los hilos, queda claro que Jesús, el Cordero de
Dios, es nuestro Sustituto. Eso arroja mucha luz sobre nuestra comprensión del
Cordero inmolado en la visión de Juan del Trono en Apocalipsis.

¿Por qué es fundamental para nuestra salvación saber que Jesús es nuestro
Sustituto? ¿Qué esperanza tendríamos sin él como Sustituto, especialmente
en ocasión del Juicio?

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Lección 2 | Miércoles 9 de abril

LA MUERTE
Quizás el aspecto más cruel de vivir en un mundo separado de su Creador sea
la forma en que la muerte acecha en el trasfondo de cada vida, lista para atacar
en cualquier momento. Es la «paga del pecado», la consecuencia de habernos
desconectado de nuestro Creador, la única Fuente de vida del universo. Como
tal, el pecado desempeña un papel fundamental en la profecía bíblica, tanto
por su realidad como, lo que es aún más importante, por su solución, que solo
se encuentra en Jesús, en su muerte y su resurrección.
Tanto la primera mención de la muerte en la Biblia como su primera apa-
rición arrojan mucha luz sobre este tema fundamental de la profecía, ya que
nos ayudan a comprender la gravedad del problema del pecado y aportan im-
portantes herramientas para entender la solución divina para este problema.

Lee Génesis 2: 15 al 17; 4: 8 al 15; 1 Corintios 15: 15 al 19; y Apocalipsis 1: 18.


¿Qué nos dicen estos pasajes (que incluyen la primera mención y aparición
de la muerte) acerca de por qué mueren los seres humanos? ¿Cómo ve Dios
la muerte y cuál es la solución divina para el problema?

A menudo decimos que «la muerte es parte de la vida». Eso no es así. La


muerte es lo contrario de la vida, la pérdida de esta, un intruso que nunca debió
formar parte de nuestra experiencia aquí. Aunque nos hayamos acostumbrado
a la muerte, nuestros corazones siguen protestando enérgicamente cuando nos
encontramos con ella, como si la humanidad toda aún se diera cuenta de que
hay algo fundamentalmente erróneo en ella. Por muy dolorosa que la muerte
resulte en general, hay casos en los que parece más trágica aún, como cuando
muere un niño. En general, esperamos que los padres precedan a sus hijos en
la muerte, y hemos llegado a aceptar esto como el orden normal de las cosas.
Sin embargo, la primera muerte registrada en las Escrituras va en contra de esa
norma aceptada. Antes de que Adán y Eva pasaran por la muerte, experimen-
taron la tragedia de esta cuando Abel, su hijo justo, fue asesinado por Caín, su
malvado hermano. Esa fue sin duda una muerte particularmente injusta.
Piensa en Jesús, el justo asesinado por el injusto, como en el caso de Abel.
¿Qué muerte pudo ser más injusta que la de Cristo? ¿Qué otros paralelismos
podríamos encontrar entre la muerte de Abel y la de Cristo en la Cruz? ¿Cómo
puede ayudarnos la naturaleza de la muerte de Abel a entender por qué Jesús
tiene «las llaves de la muerte y del sepulcro» y lo que Dios nos ofrece en él?

Si el problema de la muerte no fuera resuelto, ¿por qué sería nuestra vida


inútil y sin sentido en última instancia? ¿Qué nos enseña este hecho acerca
de cuán agradecidos debemos estar por lo que Jesús hizo por nosotros?

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Jueves 10 de abril | Lección 2

LA SERPIENTE
La adoración es un tema clave en Apocalipsis. El autor y promotor de los
falsos sistemas de culto es identificado como «el dragón» (Apoc. 13: 2-4), y la
descripción de este querubín caído como una serpiente no es casual, sino que
nos remite claramente al Jardín del Edén, donde una serpiente persuadió a Adán
y a Eva para que lo siguieran en su rebelión contra el Creador.

Compara Génesis 3: 1 al 5 con Apocalipsis 12: 1 al 9. ¿Cuáles son algunos


de los temas comunes a ambos relatos? ¿Cómo nos ayudan los detalles re-
gistrados en Génesis acerca de la serpiente a entender algunos de los temas
que condujeron a la guerra celestial previa mencionada en Apocalipsis?

Hay dos relatos bíblicos en los que Satanás hace descarriar al mundo en-
tero. Uno de ellos se encuentra en Génesis y tuvo lugar cuando solo existían
dos personas. El otro está en Apocalipsis 12 y 13, donde Satanás es identificado
como quien «engaña a todo el mundo» (Apoc. 12: 9) y otorga poder a la bestia
que sube del mar para que «toda la tierra» se maraville y la siga (Apoc. 13: 2, 3).
Uno de los temas de la profecía bíblica es la naturaleza inmutable del Gran
Conflicto. El carácter y la Palabra de Dios no cambian, como tampoco lo hacen
las ambiciones del Diablo.
Afortunadamente, puesto que la naturaleza del Gran Conflicto no cambia, y
debido a que tenemos puntos de referencia claros en las profecías, los cristianos
podemos evaluar las tendencias y reconocer dónde se encuentran las trampas
espirituales. Dios siempre será quien es, al igual que el Diablo. Satanás puede
usar mil disfraces, pero milenios de historia humana caída y el escenario profé-
tico descrito en el Apocalipsis demuestran que nunca se desvía de la estrategia
que utilizó en el Edén. Dios nos ha prometido sabiduría y discernimiento (Sant.
1: 5). Contamos además con la infalible guía de las Escrituras. En vista de todo
ello, no necesitamos ser víctimas de los engaños del Diablo, aunque, desgracia-
damente, muchos lo han sido y la mayoría lo será.

Piensa en cómo cambian la cultura y las normas sociales con el tiempo. Lo


que antes era aceptable se convierte en inaceptable, y viceversa. Dado que
los temas subyacentes y los actores del Gran Conflicto no cambian, ¿qué
debería tener en cuenta un cristiano al examinar el cambiante panorama
cultural? Por ejemplo, ¿dónde se pueden encontrar en la cultura actual las
mentiras originales del diablo: «No morirán» y «serán como Dios»?

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Lección 2 | Viernes 11 de abril

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado «El Apocalipsis» en las páginas 431 a 440 del libro
Los hechos de los apóstoles, de Elena G. de White.
Muchas religiones mundiales tienen que ver simplemente con ideas y mitos
inverificables, pero la religión cristiana está firmemente anclada en hechos
históricos. La Biblia es el registro de la interacción de Dios con la humanidad a
lo largo de la historia. Por tanto, al estudiar miles de años de tales encuentros,
podemos aprender mucho sobre el inmutable carácter de Dios.
A veces, sin embargo, los cristianos se sienten cansados de escuchar siempre
los mismos temas. Por ejemplo, puede que pensemos que ya conocemos nuestro
mensaje profético distintivo y que no hay nada nuevo que podamos aprender
al respecto.
El hecho de que nuestro mensaje sea invariable y coherente no significa
que sea simplista o poco desafiante. Por el contrario, cuando se estudia la in-
formación proveniente de un Dios infinito, se cae pronto en la cuenta de que
sus temas son inagotables.
Según Elena G. de White, uno de los propósitos con que fue escrito el Apo-
calipsis fue afirmar a la iglesia cristiana en su mensaje histórico relevante para
todos los tiempos. «Algunos de los obreros más jóvenes [entre los cristianos del
primer siglo] [...] se habían cansado de las verdades tan a menudo repetidas. En
su deseo de algo novedoso y sorprendente, intentaron introducir nuevas fases
de doctrina» (Los hechos de los apóstoles, p. 432). En ese sentido, Apocalipsis no
es solo un libro acerca del futuro, sino también acerca del pasado, ya que está
destinado a mantenernos firmes en nuestra fe histórica para que no cedamos
al prurito de la búsqueda de originalidad.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Las Escrituras nunca dejan de aportar nueva información y nuevos cono-
cimientos. ¿Cómo podemos mantener el equilibrio entre el deseo de crecer
constantemente en nuestra comprensión de la Revelación y la importan-
cia de permanecer anclados en las verdades que ya nos han sido reveladas?
2. ¿Cómo debe responder la iglesia a las nuevas interpretaciones de la pro-
fecía? Aunque sabemos que siempre hay más que aprender, ¿cómo po-
demos discernir si la nueva luz es esencial, solo una moda pasajera o
incluso un error?
3. Durante la Segunda Guerra Mundial, un marinero que agonizaba en el
Pacífico dijo al médico que lo atendía: «Soy huérfano, ¿quién se acordará
de mí cuando muera?» El médico respondió: «Yo siempre me acordaré de
ti». Por bien intencionadas que fueran las palabras de aquel médico, él
también habría de morir tarde o temprano, al igual que el recuerdo del
marinero huérfano. ¿Cómo nos ayuda este relato a percibir la futilidad e
insignificancia de la vida humana si la muerte tiene la última palabra?

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Lección 3: Para el 19 de abril de 2025

IMÁGENES TOMADAS
DEL MATRIMONIO
Sábado 12 de abril

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 2: 23–25; Efesios 5: 29–32;


Ezequiel 16: 4–14; Apocalipsis 18: 1–4; Génesis 24: 1–4; Apocalipsis 19: 1–9.

PARA MEMORIZAR:
«Y él me dijo: “Escribe: ‘¡Bienaventurados los llamados a la cena de bodas del Cor-
dero!’”. Además me dijo: “Estas son palabras verdaderas de Dios”» (Apoc. 19: 9).

L a Biblia contiene muchas historias de amor que revelan poderosamente


diversos aspectos de la salvación y del amor de Dios hacia su pueblo. El
matrimonio, la más íntima de las relaciones, es una escuela en la que, si
participamos de ella de acuerdo con el modelo original de Dios, podemos des-
cubrir profundas lecciones acerca de su amor por nosotros, de nuestra relación
con él y de lo que ha hecho para redimirnos.
Las ideas modernas acerca del amor y del matrimonio han distorsionado
nuestra capacidad de apreciar lo que Dios intenta enseñarnos por medio de la
unión matrimonial. Aunque la pecaminosidad humana ha pervertido enor-
memente el matrimonio, este sigue siendo un poderoso medio para enseñar la
verdad, incluso la verdad profética. Además de promover la dicha humana, el
matrimonio debería ser una escuela en la que aprendamos profundas lecciones
acerca de nosotros mismos y de nuestra relación con Dios.
Esta semana veremos lo que la Palabra de Dios dice acerca del matrimonio
y analizaremos ejemplos de matrimonios bíblicos adecuados e inadecuados.
Estos nos ayudarán a comprender cómo se relaciona Dios con su pueblo, incluso
cuando este lo decepciona. Además, aprenderemos algunas lecciones acerca de
su amor que nos servirán para entender mejor los eventos de los últimos días.
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Lección 3 | Domingo 13 de abril

UNA CARNE
Pocas metáforas bíblicas subrayan tanto la intimidad de la relación que Dios
anhela tener con la humanidad como la del matrimonio. Esta metáfora se utiliza
con tanta frecuencia en la narración bíblica, y aparece de forma tan señalada en
el Apocalipsis, que es imperativo que los estudiantes de la Biblia comprendan
lo que Dios quiere decir cuando la utiliza en la Palabra.

Lee Génesis 2: 23 al 25 y Efesios 5: 29 al 32. ¿Cómo refleja el matrimonio


humano el vínculo de Cristo con la humanidad?

En una ocasión en que Jesús se dirigía a los fariseos, citó el relato de Génesis
acerca del matrimonio de Adán y Eva, ante lo cual los fariseos preguntaron lo
siguiente: «Entonces, ¿por qué Moisés mandó dar carta de divorcio y despedirla
[a la esposa repudiada por su marido]?» (Mat. 19: 7).
Moisés era considerado como un profeta fundador de la nación. Imagina lo
que significaba cuestionar al Autor de la institución matrimonial enfrentándolo
con su propio profeta. Como de costumbre, los fariseos intentaban así demostrar
que las enseñanzas de Jesús contradecían las Escrituras.
El matrimonio fiel y para toda la vida fue el ideal establecido por Dios al
crear al ser humano. Por desgracia, la humanidad caída arruinó este preciado
don de Dios.
Tal vez no sea una coincidencia que, dada la importancia que las Escrituras
asignan al matrimonio, este haya sido siempre objeto de ataques implaca-
bles. Junto con el sábado, el matrimonio es uno de los dos dones que se nos
concedieron en el Edén, y ambos pretendían demostrar el deseo de Dios de
mantener una relación íntima con el ser humano.
El matrimonio, la unión íntima de dos personas imperfectas, siempre
será motivo de tensión. A su vez, el matrimonio entre la iglesia y Cristo es la
unión entre un Salvador perfecto y una esposa muy imperfecta. Sin embargo,
es posible aprender acerca del amor de Dios a partir de lo que representa un
buen matrimonio.

He aquí tres principios para el matrimonio. En primer lugar, perdona a tu cón-


yuge aunque no lo merezca, así como Cristo nos perdona aunque no lo merezca-
mos. Segundo, acepta a tu cónyuge a pesar de sus defectos, así como Cristo nos
acepta a pesar de los nuestros. Tercero, valora a tu cónyuge más que a ti mismo,
así como Cristo nos valoró más que a sí mismo. ¿De qué manera podrían estos
tres principios basados en el evangelio ayudarnos no solo a entender cómo se
relaciona Dios con nosotros, sino también a fortalecer cualquier matrimonio?

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Lunes 14 de abril | Lección 3

LA NOVIA HERMOSA
Ezequiel 16 presenta una imagen asombrosa de la consideración de Dios
hacia su pueblo. La nación de Israel es descrita allí como una bebé abandonada
en un campo para que muriera. Dios, representado como un caminante, la
recoge, la lleva a su casa, la higieniza, la protege y la sustenta durante años y,
cuando se ha vuelto una mujer, se casa con ella. Es una poderosa imagen de una
unión matrimonial insólita.

Lee Ezequiel 16: 4 al 14. ¿Qué nos enseñan los detalles de la exaltación
de esta novia acerca de las intenciones de Dios hacia nosotros?

Dios dijo a Israel, su esposa figurada, que bajo su cuidado llegó a ser «her-
moseada en extremo» (Eze. 16: 13). Cuando Dios la encontró por primera vez,
nadie la consideró hermosa; era una niña desechada y abandonada para que
muriera. Pero, a medida que Dios se ocupaba de ella, se hacía cada vez más
hermosa, hasta que se convirtió en el tema de conversación del mundo. Esto
fue particularmente cierto en el tiempo de los primeros reyes hebreos, bajo
David y Salomón. La reina de Sabá incluso hizo un viaje especial para ver por sí
misma el esplendor de Israel.
Sin embargo, la belleza de Israel era un don de Dios. Era hermosa y atraía
la atención de las naciones precisamente porque era su esposa. Dios dice que
su belleza era «perfecta» así como también el esplendor que Dios le había
otorgado (Eze. 16: 14).
Este es un tema recurrente en la Biblia: La esposa de Dios es hermosa no
por mérito propio, sino porque Dios la ha hecho objeto de su favor. De manera
similar, los creyentes somos hermosos a los ojos del Cielo no por algo que
hayamos hecho, sino por el favor de Dios, por la salvación de la que él nos
ha hecho objeto. Somos hermosos porque estamos cubiertos de su justicia,
la «justicia de Dios» mismo (2 Cor. 5: 21).
Todo estaba bien hasta el siguiente versículo de Ezequiel 16: «Pero con-
fiaste en tu hermosura, te prostituiste a causa de tu renombre y derramaste
tus fornicaciones a cuantos pasaron, para ser de ellos» (Eze. 16: 15).
Fuimos creados para reflejar la bondad y la gloria de Dios. No obstante,
cuando las criaturas de Dios empiezan a creer que su hermosura es propia,
esa belleza se desvanece y comienzan los problemas.

¿Cuáles son los peligros de confiar en nuestra propia «hermosura»? ¿Cómo


podríamos pensar que hay algo en nosotros que nos convierte en merito-
rios ante Dios o nos hace merecedores de su amor? ¿Cómo podemos res-
guardarnos del orgullo espiritual?

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Lección 3 | Martes 15 de abril

LA ESPOSA RAMERA DE OSEAS


La petición que Dios hizo al profeta Oseas es tal vez una de las más ex-
trañas que jamás se hayan hecho a uno de sus siervos: que se casara con
una mujer promiscua. Dios estaba utilizando a Oseas para ayudarnos a com-
prender, desde la perspectiva divina, el dolor que le provoca el pecado y la
rebelión de los seres humanos. Dios había elegido con amor a una esposa,
Israel, pero esta lo engañó una y otra vez. Pese a ello y sorprendentemente,
él la aceptó de vuelta y la restauró.

Compara Oseas 1: 2 y 3: 1 con Apocalipsis 17: 1 y 2 y 18: 1 al 4. ¿Qué tipo de


prostitución es mencionada aquí? ¿Qué lecciones puede aprender la iglesia
cristiana de la historia de Oseas? ¿De qué manera ha repetido la iglesia los
pecados del Israel del Antiguo Testamento?

La Biblia revela que los errores del Israel del Antiguo Testamento serían
repetidos en gran medida por la iglesia cristiana. El pueblo que había hecho
pacto con Dios se descarrió antes del Exilio al adoptar las prácticas idólatras
de las naciones paganas vecinas. «Preocupado por la creciente tensión dentro
de la iglesia sobre las ideas de Arrio, Constantino convocó e intervino en el
Concilio de Nicea» (Christopher A. Hall, «How Arianism Almost Won», Christian
History Magazine 85 [2004]). El pueblo de Dios se alejó de su relación con él para
encontrar en otros las presuntas soluciones a sus problemas.
A la luz de las palabras elegidas por Dios en el mensaje de Ezequiel, no solo
estaba señalando lo que su pueblo había hecho mal, sino también cómo se
sentía él a causa de ello. Quienes han sido traicionados por un cónyuge pueden
comprender los sentimientos de devastación que nuestra infidelidad a Cristo
produce en los atrios celestiales. Quizá lo más asombroso de la historia de Oseas
sea cuán lejos llegó para redimir a su esposa descarriada.
Resulta notorio que el llamado final de Dios a salir de Babilonia está dirigido
a su propio pueblo, no a extraños. Él lo conoce íntimamente y lo ama. Y, mientras
el mundo se dirige presuroso hacia su peor hora, Dios sigue ofreciéndonos la
redención, que le costó su propia sangre. Más que ninguna otra cosa, la cruz de
Cristo debería ser para nosotros la mayor demostración de cuán fervientemente
desea el Señor salvar a su pueblo descarriado.

¿De qué maneras puede hoy cualquier iglesia, incluso la nuestra, fornicar
espiritualmente?

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Miércoles 16 de abril | Lección 3

ISAAC Y REBECA
Cuando Abraham ya era anciano y pensaba sin duda en las promesas que
Dios le había hecho acerca de su posteridad (ver Gén. 15: 5), encomendó a su
criado de mayor edad y confianza una tarea solemne.

Lee Génesis 24: 1 al 4. ¿Por qué era tan importante para Abraham que
su hijo no se casara con una de «las hijas de los cananeos» (Gén. 24: 3)?

Por muy exclusivista que pudiera parecer su admonición, la cuestión para


Abraham era espiritual, no étnica; era teológica, no nacional. Abraham conocía
muy bien la degeneración moral de las prácticas religiosas cananeas, además
de su culto a dioses falsos, y sabía lo fácil que sería para su hijo caer en esas
prácticas si se casaba con una cananea.
De hecho, la historia de gran parte del antiguo Israel, e incluso de la iglesia
cristiana a lo largo de los siglos, ha sido una en la que el pueblo de Dios, que
debía dar testimonio acerca del Dios verdadero ante el mundo, quedó atrapado
en este y se contaminó con sus falsas enseñanzas y creencias religiosas. Quizás
el gran ejemplo de esta triste realidad haya sido la introducción del domingo, el día
pagano de culto dedicado al Sol, en lugar del día bíblico de adoración, el séptimo
día semanal, o sábado, una realidad que jugará un papel prominente en los
últimos tiempos.

Lee Génesis 24: 57 al 67. ¿Qué lecciones podemos aprender acerca de


Cristo y su iglesia a partir de algunos detalles de esta historia, como el
hecho de que Rebeca era una pariente lejana de Isaac?

No cabe duda de que estamos emparentados con nuestro Creador, ya que


fuimos hechos a su imagen y semejanza. Hemos sido separados de él por el pe-
cado; sin embargo, todavía se nos considera la esposa adecuada para él, aunque
nuestras decisiones equivocadas pueden hacer que el matrimonio sea innece-
sariamente turbulento.

Dios ama a su esposa; es decir, a nosotros, más que nosotros a él. ¿Qué de-
cisiones podemos y debemos tomar cada día para fortalecer nuestro amor
hacia Dios? Al mismo tiempo, ¿qué decisiones disminuirían nuestro amor hacia él?

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Lección 3 | Jueves 17 de abril

LA RAMERA ES JUZGADA
Lee Apocalipsis 19: 1 al 9. En ese texto se celebran dos cosas simultá-
neamente: el fin de la ramera y las bodas de Cristo con su esposa. ¿Cómo
es posible que ambos acontecimientos sean en realidad y al mismo tiempo
demostraciones del carácter justo y amoroso de Dios?

La infidelidad tiene un precio muy doloroso. Las consecuencias se extienden


a la vida de los hijos y de otras personas. Incluso el más paciente de los cónyuges
agraviados puede llegar a descubrir que hay un punto de no retorno más allá del
cual la unión matrimonial ya no puede ser restaurada. Cuando nuestro mundo
llegue a un punto en el que los corazones se hayan endurecido tanto que ya no
haya lugar para el arrepentimiento, no tendrá sentido continuar la historia y
prolongar el sufrimiento producido por el pecado desenfrenado. Aunque hay
pesar por los perdidos, quienes han sufrido bajo la dispensación del pecado
pueden celebrar que finalmente ha terminado y que la Tierra es restaurada de
acuerdo con el designio original de Dios. Esta vez no habrá un alejamiento
de Dios, porque hemos aprendido dolorosamente que Dios tenía razón acerca de
la devastación resultante de separarnos de él.

Lee Apocalipsis 21: 1 al 4. ¿Qué significa aquí la imagen del matrimonio


y por qué está llena de esperanza y promesa? ¿Cuál es nuestra seguridad
respecto a la esperanza presentada en estos versículos?

«El matrimonio, unión para toda la vida, es símbolo de la unión de Cristo


con su iglesia. El espíritu que Cristo manifiesta hacia su iglesia es el mismo
espíritu que debe reinar entre los esposos» (Elena G. de White, Testimonios
para la iglesia, t. 7, p. 48).
Cristo sufrió un dolor inimaginable cuando el género humano lo rechazó
y entregó a otros dioses el afecto que solo él merece. Aun así se entregó por
nosotros y pagó en sí mismo por nuestras infidelidades y adulterios para
que, si nos arrepentimos y nos apartamos de ellos, vivamos para siempre
conforme a su promesa.

Lee 1 Pedro 1: 18 y 19. ¿Qué seguridad nos dan estos versículos acerca del
feliz desenlace descrito en Apocalipsis 21: 1 al 4?

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Viernes 18 de abril | Lección 3

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee Juan 2: 1 al 11; Mateo 22: 1 al 14; 2 Corintios 11: 1 al 5; y Mateo 25: 1 al 13.
Al notar cuánta información contiene la Biblia para ayudarnos a comprender
la profecía, puede resultar tentador aplicarla en exceso. A lo largo de los siglos,
algunos cristianos han enfatizado el simbolismo y las imágenes presentes en
los relatos bíblicos hasta el punto de que prácticamente empiezan a tratar la
narración histórica como si se tratara de un mito. Aunque existen diversos ni-
veles o estratos de significado en casi todas las Escrituras, debemos recordar que
Dios utiliza a menudo acontecimientos reales que implican a personas reales
y los utiliza para instruirnos acerca de sus interacciones futuras con la iglesia.
Por ejemplo, aunque las bodas de Caná pueden aportar vislumbres útiles
acerca de la metáfora del matrimonio utilizada en la profecía, las bodas fueron
un acontecimiento literal.
«La palabra de Cristo proporcionó una amplia provisión para la fiesta. Así
de abundante es la provisión de su gracia para borrar las iniquidades de los
hombres, y para renovar y sostener el alma» (Elena G. de White, El Deseado
de todas las gentes, p. 127).
Elena G. de White añade al respecto: «“No hará nada el Señor Jehová, sin
que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Aunque “las cosas secretas
pertenecen a Jehová nuestro Dios, [...] las reveladas son para nosotros y para
nuestros hijos por siempre” (Amós 3: 7; Deut. 29: 29). Dios nos ha dado estas
cosas, y su bendición acompañará al estudio reverente, con oración, de las
escrituras proféticas» (El Deseado de todas las gentes, p. 206).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Lee Juan 2: 1 al 11. Hay muchos elementos en el Evangelio de Juan que
prefiguran la futura obra de Cristo, y los comentaristas han notado la
forma deliberada en que Juan hace avanzar a sus lectores hasta la Cruz.
¿Qué aspectos del carácter de Cristo y de su futuro reino se muestran en
este relato? ¿Qué nos enseña acerca del Plan de Salvación o sobre la fiesta
de bodas que se ha prometido al Hijo de Dios?
2. ¿Qué nos enseña la parábola de las diez vírgenes acerca de los eventos de
los últimos días? ¿Es significativo que el novio se retrase? ¿Qué lecciones
podría enseñar esta parábola acerca de nuestra relación individual con
Cristo a diferencia de cómo nos relacionamos corporativamente como
iglesia con él?
3. Piensa en las falsas prácticas que se han introducido en el cristianismo.
Además de la obvia, el domingo en oposición al sábado bíblico, ¿qué otras
creencias falsas han entrado? ¿Cómo han llegado a infiltrarse y qué po-
demos hacer, no solo para protegernos, sino también para ayudar a otros
a verlas tal como son realmente? ¿De qué maneras el mensaje de los tres
ángeles intenta precisamente esto: ayudar a las personas a reconocer las
creencias erróneas que han ingresado en la fe?
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Lección 4: Para el 26 de abril de 2025

LAS NACIONES
- PRIMERA PARTE
Sábado 19 de abril

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 10: 1-12; Génesis 12: 1–9;
1 Samuel 8: 4–18; Mateo 20: 25–28; Apocalipsis 18: 1–4.

PARA MEMORIZAR:
«Y le fue dado dominio, y gloria y reino; y todos los pueblos, naciones y len-
guas le sirvieron. Su dominio es eterno, que nunca pasará, y su reino nunca
será destruido» (Dan. 7: 14).

E l Apocalipsis presenta las soluciones de Dios para nuestro mundo caído. En


los últimos capítulos se restablece el acceso al Árbol de la Vida, se levanta la
maldición y somos readmitidos en la presencia de Dios. En cierto modo, el
Apocalipsis es el libro de Génesis al revés, por lo que Génesis sigue siendo una
clave importante para entender cómo se originaron los problemas del mundo.
Uno de los temas clave tanto en Daniel como en Apocalipsis es el gobierno
del mundo, una sucesión de intentos humanos de controlar un planeta que per-
tenece legítimamente a Dios y al que, cuando este horrible episodio de pecado
y rebelión termine para siempre, él volverá a gobernar con justicia.
El largo proceso que conduce a ese momento abarca miles de años de in-
tentos humanos de gobernar el mundo por sus propios medios. Incluso los
sistemas con los ideales más elevados han fracasado trágicamente. Gran parte
de la triste historia de la humanidad a lo largo de los siglos no es más que el
relato de la tragedia que estos sistemas fallidos han traído sobre la humanidad.
Más aún, todo empeorará hasta que se establezca finalmente el «reino eterno»
de Dios (Dan. 7: 27).

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Domingo 20 de abril | Lección 4

NIMROD Y NÍNIVE
El Edén fue creado como el hogar ideal para los seres humanos. Cuando
entró el pecado, Dios no tuvo más remedio que sacar a la humanidad del Jardín
e impedirle el acceso al Árbol de la Vida, al menos temporalmente.
Fuera del Jardín, los humanos debían trabajar arduamente para subsistir. La
vida se hizo más difícil, ya que tuvimos que convivir con el dolor y conseguir el
sustento con el sudor de nuestra frente (Gén. 3: 16-19). Nuestros primeros padres
confiaron en que el Rey legítimo les proveería un camino de regreso al Jardín,
y llevaron sacrificios a la entrada del Edén en fiel anticipación de la redención
que Dios ofreció desde el principio al mundo caído.
«El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después que el
hombre fuera expulsado de sus agradables senderos [...]. Allí iban Adán y sus
hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya
transgresión los había arrojado del Edén. Cuando la ola de iniquidad cubrió al
mundo, y la maldad de los hombres trajo su destrucción por medio del diluvio,
la mano que había plantado el Edén lo quitó de la tierra. Pero en la restitución
final, cuando haya “un cielo nuevo, y una tierra nueva” (Apoc. 21: 1), será res-
taurado y más gloriosamente embellecido que al principio» (Elena G. de White,
Patriarcas y profetas, p. 41).
Otros, sin embargo, buscaron «soluciones» humanas para los nuevos pro-
blemas, y así nacieron las ciudades-estado con la intención de disfrutar de una
vida más fácil y, tal vez, de recuperar lo que se perdió en el Edén.

Lee Génesis 10: 1 al 12. La Biblia presenta aquí a una serie de actores
políticos clave que aparecen luego en el resto de la Biblia, incluidos Nínive
y Babilonia. En vista de lo que sabemos acerca del papel de esas ciudades
gracias al registro bíblico posterior, ¿qué podemos deducir del texto leído?

Algunos han llegado a la conclusión de que Nimrod fue un héroe noble, muy
parecido a los personajes de la mitología pagana. Sin embargo, cuando la Biblia
lo describe como «poderoso en la tierra» y «vigoroso cazador ante el Señor», no
se trata de un cumplido. Nimrod es grande en su propia opinión y está «ante»
el Señor en el sentido de que desafía a Dios. Lo que vemos en estos textos es la
propagación de la rebelión contra Dios, una rebelión que existirá hasta que sea
erradicada para siempre.

¿Por qué el pecado de la rebelión contra Dios es más sutil de lo que percibi-
mos? ¿Cómo podemos resguardarnos de este rasgo tan humano?

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Lección 4 | Lunes 21 de abril

EL LLAMADO DE ABRAHAM
Génesis 10 dice que la humanidad se dividió en tierras, lenguas, familias y
«naciones» (Gén. 10: 5; ver también Apoc. 14: 6). La palabra que se tradujo allí
como «naciones» es goyim, que también designa a los gentiles, o paganos.
Casi inmediatamente después de la introducción de este concepto, Dios
llamó a Abraham a salir de una de esas naciones para diferenciarse de ellas y
de lo que representaban.

Lee Génesis 12: 1 al 9. ¿Por qué llamó Dios a Abram (más tarde Abraham)
a abandonar su nación de origen?

La intención de Dios era utilizar a Abraham para establecer una nación que
contrastara con los reinos humanos. No debían tener otro rey que Dios mismo.
El pueblo debía ejemplificar lo que sucedería si la raza humana regresaba a su
Creador. Israel fue establecido con el propósito de que fuera una bendición para
«todas las familias de la tierra» (Gén. 12: 3). Dios había derramado sobre ellos luz
y privilegios que no se habían visto en el mundo desde, quizás, antes del Diluvio.

Lee Deuteronomio 4: 5 al 9. ¿Qué estaba diciendo el Señor a los hijos


de Abraham, a la nación que se había convertido en el cumplimiento de la
promesa hecha por Dios al patriarca?

El plan de Dios no era que solo un individuo diera testimonio en su entorno,


sino que toda una nación obrara unida y, en cooperación con Dios, reflejara la
gloria de su carácter ante el mundo. Nota, además, que las «normas y preceptos»
que Dios les había comunicado no eran lo que los hacía tan especiales, sino
su fidelidad a esas normas y preceptos, como resultado de lo cual las demás
naciones exclamarían: «¡Qué pueblo sabio y entendido, qué nación grande es
esta!» (Deut. 4: 6). Por maravillosas que fueran las verdades dadas al pueblo, el
hecho de que no vivieran de acuerdo con ellas y las desobedecieran acarrearía
maldiciones en lugar de bendiciones, y muerte en lugar de vida.

¿Cómo se aplica hoy a nosotros, los adventistas, el mismo principio, a saber,


que es necesario obedecer la verdad además de conocerla?

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Martes 22 de abril | Lección 4

RECIBIÓ LO QUE PIDIÓ


Según lo establecido originalmente por Dios, Israel no habría de tener un
monarca humano como las otras naciones. Con el tiempo, sin embargo, la fe de
Israel flaqueó y anhelaron ser como «las naciones» paganas.

Lee 1 Samuel 8: 4 al 18. ¿Por qué los ancianos o líderes querían un rey?
¿De qué manera podemos caer en tentaciones similares?

Es importante notar que el hecho de que pidieran un rey implicaba rechazar


a Dios como su gobernante. Según lo establecido, la nación debía responder
directamente al Creador, y su relación con él se ponía de manifiesto, entre otras
cosas, por medio del Santuario y sus servicios. Al solicitar un rey, traerían sobre
sí los mismos padecimientos que experimentaban los reinos paganos: reclu-
tamiento militar para las guerras del rey, confiscación de bienes, impuestos y
otros males. Descubrirían que los poderosos tienden a gobernar para su propio
beneficio, no benévolamente, como Dios.
Además, el nuevo arreglo sería permanente. Se daría a Israel lo que pidiera,
pero cuando se diera cuenta de que se había equivocado, el nuevo sistema de
gobierno seguiría en pie. «En ese día clamarán a mí a causa del rey que habrán
elegido, pero el Señor no los oirá» (1 Sam. 8: 18).
Dios conoce la debilidad de su pueblo y predijo desde el principio que Israel
pediría un rey humano. Así lo hicieron, y gran parte de la historia sagrada es el
relato de las consecuencias de esa decisión.
Lee Deuteronomio 17: 14 al 20. Nota que Dios no dice: «Les daré un rey»,
sino que es su pueblo quien quiere uno. Dios estableció medidas de protección
para cuidar a su pueblo de algunos de los males asociados con los gobiernos
humanos. Sin embargo, como lo demuestra la historia de la nación y sus reyes,
esas medidas a menudo fueron ignoradas.
Basta con mirar la historia de Israel después de que decidió tener un monarca
para ver cuán penosos fueron los resultados para ellos bajo sus reyes. Aunque
algunos de estos fueron mejores que otros, incluso los «buenos» hicieron lo malo
(piensa en David y Betsabé). En muchos casos, la nación vivió bajo el gobierno
de un rey tras otro que hizo «lo malo a los ojos del Señor» (ver 1 Rey. 11: 6; 15: 26;
16: 30; 2 Rey. 3: 2, etc.).
Hoy como ayer, todos los gobiernos humanos tienen algo en común: peca-
dores gobiernan a pecadores. En vista de ello, no debería sorprendernos que las
cosas no resulten bien.

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Lección 4 | Miércoles 23 de abril

LOS GOBERNANTES DE LOS GENTILES


La manera en que Dios se relacionó con Israel ilustra cómo se relacionó con
la iglesia cristiana. De hecho, los errores de Israel sirvieron en muchos aspectos
para prefigurar los errores de la iglesia. Lejos de poder afirmar que somos es-
piritualmente superiores al antiguo Israel, los cristianos hemos sido hasta hoy
muy susceptibles a ceder a las mismas tentaciones.

Lee Mateo 20: 25 al 28. ¿Contra qué error advirtió Jesús a sus discípulos
al establecer la obra de la iglesia cristiana?

Israel pidió un rey humano, petición que condujo a la caída moral de la


nación. Los reyes se volvieron progresivamente más malvados hasta que Dios
permitió que los babilonios llevaran cautivo a su pueblo como una forma de
corregir su rumbo.
Algo similar ocurrió en la historia de la iglesia cristiana. Aunque no debían
estructurarse como una nación pagana, cuando Constantino llegó al poder y
profesó ser cristiano, los creyentes se sintieron aliviados, pues la persecución
había terminado. Eso fue una bendición, pero la iglesia luego pensó que podría
aprovechar el poder del emperador para su propio beneficio. Algunas impor-
tantes discusiones irrumpieron entre los cristianos del cuarto siglo. Cuando la
iglesia vio que no podría resolverlas, le permitió al emperador que intervenga.
Gradualmente, el obispo cristiano de la ciudad de Roma adquirió mayor prota-
gonismo, aunque antes era un obispo superior entre iguales. El Estado comenzó
a intervenir en asuntos religiosos, y una vez que el Estado tuvo un pie puesto
dentro de la Iglesia, las cosas fueron de mal en peor.
Al igual que el antiguo Israel, muchos de los capítulos más oscuros de la
historia cristiana son el resultado directo del compromiso de la iglesia con el
mundo. Así como Israel se volvió hacia la adoración de ídolos y sus reyes se
corrompieron por su apetito de poder hasta el punto de sacrificar niños a los
ídolos, la iglesia adoptó gradualmente muchos de los medios y métodos de un
imperio pagano hasta el punto de que muchos creyentes fieles fueron martiri-
zados porque eran percibidos como amenazas para la Iglesia-Estado.

Dentro de tu cultura y en tu sociedad, ¿cómo pueden estas mismas tenta-


ciones poner en peligro la integridad de tu fe?

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Jueves 24 de abril | Lección 4

UNA LUZ PARA LOS GENTILES


Dios estableció la nación de Israel para salvar al mundo, no para condenarlo.
La mayoría de nosotros nos sentimos condenados cuando somos confrontados
por el comportamiento justo de alguien; así que la existencia de Israel también
sirvió para resaltar el pecado y el egoísmo de las naciones vecinas. Los creyentes
que viven en armonía con Dios resaltan el carácter justo de él y motivan así a
otros a reflexionar. Idealmente, la vida de quienes «guardan los mandamientos
de Dios» (Apoc. 14: 12) debería ilustrar el carácter divino.
Si los israelitas hubieran actuado como debían y hubieran hecho lo que se
les había indicado, las naciones paganas se habrían acercado a ellos de manera
pacífica y deseosas de saber más acerca de ellos y de su Dios. Trágicamente,
como demostró el cautiverio en Babilonia, estas naciones vinieron a ellos en
son de guerra.
El máximo exponente del carácter de Dios fue Jesús, el único ser humano
que ha revelado a la perfección cómo es Dios. Pero su ejemplo perfecto, que
ciertamente produjo convicción en los corazones, tenía la intención de ser una
invitación (ver Juan 3: 16-21).
El propósito divino para el establecimiento de la nación de Israel fue el
mismo que para la iglesia: él anhela que su pueblo atraiga a los pecadores a
Cristo. El llamado del mensaje de los tres ángeles proclamado por su iglesia no
se dirige a unos pocos elegidos, sino a «toda nación y tribu, lengua y pueblo»
(Apoc. 14: 6). Apocalipsis 18: 1 predice que toda la Tierra será iluminada con la
gloria de Dios antes del regreso de Cristo.

¿Qué nos enseñan los siguientes pasajes acerca del papel que Dios quiere
que su pueblo cumpla en el mundo? ¿Cómo podemos aplicar estos princi-
pios a nosotros mismos?

(a) Números 14: 17-21 _________________________________________________

(b) Isaías 42: 6; 49: 6; 60: 3 ____________________________________________

(c) Apocalipsis 18: 1-4 _________________________________________________

Lee nuevamente en Apocalipsis 18: 1 al 4 el llamado de Dios a su pueblo


para que salga de Babilonia. ¿Cómo sucederá eso? En otras palabras, ¿cómo
podemos nosotros, como iglesia que no está en Babilonia, ser utilizados por
Dios para llamar a su pueblo que todavía está en ella?

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Lección 4 | Viernes 25 de abril

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR


Lee Isaías 44: 24 a 45: 13.
«Poco a poco, primero solapadamente y a hurtadillas, y luego más abierta-
mente, a medida que aumentaba su fuerza y ganaba el control de las mentes
de los hombres, “el misterio de la iniquidad” hizo progresar su obra engañosa
y blasfema. De un modo casi imperceptible las costumbres del paga­nismo
penetraron en la iglesia cristiana. El espíritu de transigencia y conformidad
fue coartado por algún tiempo por las terribles per­secuciones que sufriera la
iglesia bajo el régimen del paganismo. Pero cuando la persecución cesó, y el
cristianismo entró en las cor­tes y palacios, la iglesia dejó a un lado la humilde
sencillez de Cristo y de sus apóstoles por la pompa y el orgullo de los sacerdotes
y gobernantes paganos, y sustituyó los requerimientos de Dios por las teorías
y tradiciones de los hombres.
»La conversión nominal de Constantino, a principios del siglo cuarto,
causó gran regocijo; y el mundo, disfrazado con capa de rectitud, se introdujo
en la iglesia. Desde entonces la obra de corrupción progresó rápidamente. El
paganismo que parecía haber sido vencido, vino a ser el vencedor. Su espíritu
dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y supers­t iciones se incorpo-
raron a la fe y al culto de los que profesaban ser discípulos de Cristo» (Elena
G. de White, El conflicto de los siglos, pp. 47, 48).
En línea con la pregunta que aparece al final del miércoles, ¿no corremos
todos el peligro, sobre todo cuanto más tiempo estemos aquí, de cambiar «la
humilde sencillez de Cristo y de sus apóstoles» por la pompa, el poder, los
elogios y las tentaciones del mundo? Si pensamos que no es así, nos enga-
ñamos a nosotros mismos.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Cuando Dios envió a su pueblo al exilio en Babilonia, fue para ellos un
momento especialmente doloroso. Abraham había sido llamado a salir
de Caldea para establecer el pueblo del pacto como luz para el mundo,
y ahora este pueblo era llevado allí en cadenas. Durante su cautiverio,
Dios mostró a Israel lo que podría haber ocurrido si hubieran sido fie-
les. Nabucodonosor, el gobernante de un sistema totalmente opuesto a
Dios, terminó acercándose a Cristo (Dan. 4). Al final del cautiverio en
Babilonia, Dios levantó a un rey persa para que sirviera como tipo o re-
presentación de Cristo, libertara a su pueblo de Babilonia y lo devolviera
a la Tierra Prometida. Aunque Ciro no era israelita, Dios lo eligió para
mostrar al mundo el plan de salvación al permitir que el pueblo del pacto
regresara a Jerusalén. ¿Qué lecciones podemos aprender acerca de cómo
ve Dios a la humanidad a partir del hecho de que usó a personas que no
formaban parte de su pueblo para lograr sus objetivos?
2. Puede que no estemos en Babilonia, pero ¿cuánto de ella puede haber en
nosotros? ¿Cómo podemos detectar este problema y corregirlo?
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Lección 5: Para el 3 de mayo de 2025

LAS NACIONES
- SEGUNDA PARTE
Sábado 26 de abril

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 2: 9-17; Daniel 2: 31-35; Isaías
17: 12, 13; Daniel 7: 1-3; Romanos 3: 10-19; Apocalipsis 12: 15, 16; Apocalipsis
10: 1-11.

PARA MEMORIZAR:
«Estén quietos, y conozcan que Yo Soy Dios. Exaltado seré entre las na-
ciones, enaltecido seré en la tierra» (Sal. 46: 10).

A lo largo de los siglos, algunas personas han sostenido que Dios deseaba que
la humanidad cayera en pecado y muriera, lo que finalmente lo llevaría,
en la persona de Jesús, a la Cruz. Después de todo, ¿qué mejor forma tenía
Dios de demostrar la profundidad de su amor por la humanidad que muriendo en
la cruz por ellos? En resumen, según este razonamiento, Dios necesitaba que la
humanidad cayera.
Esa es una postura horrible y miserable. Nunca fue la intención de Dios que
Satanás o la humanidad cayeran. La rebelión de Satanás, y luego de la humanidad,
fue una tragedia de inmensas consecuencias. Si nuestros primeros padres no
hubiesen pecado, habríamos mantenido una comunión plena y gozosa con Dios.
Esta semana seguiremos examinando los problemas causados por la Caída y por
el deseo humano de establecer gobiernos terrenales en lugar del divino. Estos temas
son poderosamente presentados en el libro de Daniel, donde se muestra que Dios
estaba en lo cierto cuando advirtió a su pueblo acerca de lo que sucedería cuando se
apartaran de él y eligieran monarcas terrenales en su lugar. Eso fue exactamente lo
que obtuvieron: monarcas terrenales en lugar de Dios y pecadores enseñoreándose
de pecadores, algo que nunca fue una buena combinación.
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Lección 5 | Domingo 27 de abril

EL PRIMER MANDAMIENTO
El Jardín del Edén era un aula para el primer pueblo de Dios, un lugar donde
su interacción con la Creación les enseñaría sin cesar a ellos y a su descendencia
más acerca del Creador. «La santa pareja eran no solo hijos bajo el cuidado pa-
ternal de Dios, sino también estudiantes que recibían instrucción de parte del
omnisciente Creador. [...] Los misterios del universo visible, “las maravillas del que
es perfecto en sabiduría” (Job 37: 16), les suministraban una fuente inagotable
de instrucción y placer», señaló Elena G. de White (Patriarcas y profetas, p. 30).

Lee Génesis 2: 9 al 17. ¿Cuál fue el primer mandato que Dios dio a la
humanidad y por qué era tan importante?

No comer del árbol de la ciencia del bien y del mal porque morirían, aquí se
presenta la codicia

El verbo hebreo tsavah («mandar») aparece por primera en la Biblia como


parte de la orden dada por Dios a los seres humanos de no comer del árbol del
conocimiento del bien y del mal (Gén. 2: 16, 17). ¿Cómo es posible que el conoci-
miento esté prohibido? ¿No es siempre útil experimentar y saber más?
Según las Escrituras, no: Dios pretendía educar a su pueblo cabalmente y
evitarle el sufrimiento que algunos conocimientos le causarían a largo plazo,
como lo que sucedería más tarde cuando el pueblo eligió gobernarse a sí mismo
en lugar de someterse al gobierno del Señor.
Milenios después, cuando Israel pidió un rey, el Señor expuso las consecuen-
cias de ello (como descubrimos la semana pasada) e informó a su pueblo que la
decisión de alejarse de su gobierno directo duraría hasta el fin de los tiempos.
A medida que los reyes de Israel se volvieron cada vez más malvados, el
pueblo del Pacto se volvió tan mundano y alejado del propósito Dios que él les
dio aún más de lo que querían: un gobierno pagano.
Acercarse al libro de Daniel con este trasfondo en mente puede ser escla-
recedor. La sucesión de los imperios descrita en las visiones del libro es más
que un reproche dirigido a «las naciones» paganas. Es también una amonesta-
ción dirigida a Israel por su negativa a obedecer sus mandamientos (mitswot,
en hebreo, derivado de tsavah; ver Gén. 2: 16). Los siglos de sometimiento en
lugar de la libertad de la que el pueblo de Dios disfrutó originalmente en Edén
se convertirían en una nueva aula donde los corazones dispuestos podrían
observar el sorprendente contraste existente entre los reinos de este mundo y
el Reino de Dios.

Reflexiona sobre los tipos de conocimiento que, incluso hoy, sería mejor no
tener. ¿Cómo nos ayuda esto a entender el mandato divino dado a Adán y a
Eva en el Edén en relación con el árbol del conocimiento del bien y del mal?

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Lunes 28 de abril | Lección 5

DANIEL 2
Dios presentó las descripciones más convincentes acerca de la relación entre
su pueblo y los reinos de este mundo durante el cautiverio en Babilonia y por
medio del profeta Daniel. Su pueblo ya no era autónomo y ahora cosecharía las
consecuencias de sus elecciones. ¿Aprenderían, al menos, de ellas?

Lee Daniel 2: 31 al 35, donde se ofrece una visión panorámica de la his-


toria del mundo hasta el fin de los tiempos. ¿Qué importantes verdades
podemos aprender de esta asombrosa profecía?
Dios va a poner fin a todo lo malo y establecerá su reino para
siempre.

A finales del siglo XIX, muchas personas mostraban una renovada confianza
en el progreso humano. La Exposición Universal de París (1900), por ejemplo,
fue una notable exhibición de optimismo acerca del futuro. Seguramente, con
todos esos avances tecnológicos y científicos, muchos de los peores problemas
de la humanidad llegarían a su fin. A medida que la humanidad se adentraba en
el siglo XX, cundía entre muchos pensadores el optimismo de que los ideales de
la Ilustración (como la perfectibilidad humana y el poder de la razón) marcarían
el comienzo de una nueva y maravillosa era para la humanidad.
Sin embargo, la Primera Guerra Mundial acabó rápidamente con esos sueños,
mientras que a finales del siglo XX habíamos perdido más de 200 millones de
personas a causa de la guerra. Puede que hayamos avanzado tecnológicamente,
pero no moralmente. Parafraseando al Dr. Martin Luther King Jr., tenemos mi-
siles hábilmente teledirigidos, pero hombres sin ningún tipo de dirección. Una
combinación sin duda aterradora.
Muchos estudiosos de la profecía han notado que los metales de la imagen
de Daniel 2 siguen un patrón de devaluación progresiva, que va de lo más valioso
a lo de menos valor: el oro deja su lugar a la plata, esta al bronce y este al hierro,
hasta terminar en una mezcla de hierro y arcilla.
Charles Darwin, Karl Marx y otros pensadores del siglo XIX intentaron con-
vencernos de que la humanidad progresa constantemente, que estamos evolu-
cionando biológica y socialmente. Y, aunque en algunos aspectos la existencia
humana ha mejorado (al menos en el ámbito físico), ¿quién puede vislumbrar un
futuro de paz, seguridad y prosperidad en vista de cómo está siendo gobernado
el mundo en la actualidad?

Jesús advirtió: «Oirán guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No se alar-


men. Esto tiene que suceder, pero aún no es el fin. Porque se levantará
nación contra nación y reino contra reino. Y habrá pestes, hambres y te-
rremotos en diversos lugares» (Mat. 24: 6, 7). A pesar de esta advertencia,
¿cómo debería confortarnos el hecho de haber sido advertidos de antema-
no acerca de estos eventos?
La devaluación de los metales de la estatua, significa la decadencia de la
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humanidad, el deterioro moral de las naciones, demuestra la ausencia de Dios en
los gobernantes.

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Lección 5 | Martes 29 de abril

DANIEL 7
El sueño de Daniel 2 fue presentado a un rey babilonio. La visión de Daniel
7, en cambio, fue mostrada a un profeta hebreo, miembro del pueblo que hizo
pacto con Dios.
A Daniel se le muestra el mismo tema que a Nabucodonosor, pero desde una
perspectiva diferente. En lugar de una estatua, ve una serie de naciones que
surgen del mar como resultado del viento que agita las aguas. Estas naciones
estaban en un permanente estado de lucha que provocaba un constante cambio
de poder entre ellas. Textos como Salmo 65: 5 al 8, Isaías 17: 12 y 13, y Jeremías
46: 7 y 8 utilizan la analogía de las inundaciones y las olas para describir la
agitación existente entre las naciones.
Por el contrario, la Tierra Prometida permaneció, al menos durante un
tiempo, como una isla de paz y seguridad en medio de un mar de reinos paganos,
como una nación santa establecida sobre los sólidos cimientos del gobierno de
Dios en contraste con las convulsionadas naciones que la rodeaban.

Lee Daniel 7: 1 al 3. Hay mucho movimiento en esta escena. ¿Qué lec-


ciones podemos extraer de estas imágenes, como la de la primera bestia
que emerge del mar?

Daniel observa el caos de las luchas paganas desde la orilla, cuando de


repente las bestias empiezan a aparecer en la tierra, ¡en el territorio del pueblo
de Dios! Los problemas de los gentiles se habían convertido en los problemas
de su pueblo. Este había elegido vivir como los paganos, así que ahora viviría
entre ellos y bajo su dominio. A partir de la dominación babilónica, el pueblo
del pacto nunca volvió a disfrutar de una autonomía completa o duradera.
En el caso del Israel espiritual, esta pérdida de autonomía persistirá hasta el
fin de los tiempos, cuando Cristo vuelva a ocupar su legítimo lugar como nuestro
Rey. En la época del Nuevo Testamento y en los siglos siguientes, el pueblo de
Dios continuó sufriendo bajo el dominio del Imperio Romano y, luego, por las
persecuciones del cuerno pequeño, sucesor de la Roma pagana.
Aunque algunas naciones fueron mejores que otras, y algunas épocas han
sido más pacíficas que otras, la historia general de las naciones, los pueblos
y los imperios ha consistido simplemente en ir de una tragedia a otra, de un
opresor a otro, todo generalmente en nombre de las mejores intenciones para
los habitantes de cada nación. Qué contraste con el gobierno que Dios tenía
pensado para su pueblo si este lo hubiese elegido como su Rey.

¿Cómo ayuda Romanos 3: 10 al 19 a explicar gran parte de lo que ocurre en


el mundo? ¿Cómo muestra el versículo 19 por qué necesitamos tan desespe-
radamente el evangelio en nuestra vida?

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Miércoles 30 de abril | Lección 5

ENTRE LA TIERRA Y EL MAR


Las imágenes de la tierra y el mar que aparecen en la Biblia, especialmente
en las profecías, pueden ser muy instructivas. Consideremos, por ejemplo, el
uso simbólico de la tierra y el mar cuando aparecen juntos en la profecía bíblica.
«Simbólicamente, cuando se yuxtaponen la tierra y el mar, la tierra suele
representar el mundo ordenado, o incluso la tierra de Israel, mientras que el mar
se refiere a las naciones gentiles que la amenazan, igual que el mar amenaza
la tierra» (Beatrice S. Neall, «Los santos sellados y la tribulación», en Simposio
sobre Apocalipsis, ed. por Frank B. Holbrook [IADPA, 2010], t. 1, p. 308).
Según esta línea de pensamiento, la tierra es un lugar de estabilidad basado
en el gobierno de Dios, mientras que el mar representa la agitación y la inesta-
bilidad de las naciones establecidas sobre el fundamento del orgullo humano.

Lee Apocalipsis 12: 15 y 16, y Apocalipsis 13: 1 y 11, sobre la base de la


idea anterior. Observa la vinculación existente entre el agua y la tierra.
¿Cómo se utilizan ambos símbolos y qué pueden enseñarnos acerca de
cómo entender la profecía?

Observa que el dragón utiliza el agua para perseguir a la mujer (la iglesia).
Como hemos visto, el agua suele simbolizar en la profecía a los gobiernos mun-
danos, así como también la agitación y el caos que a menudo los acompañan.
Esto significa que Satanás usó a las masas empujadas por sus líderes para per-
seguir al pueblo de Dios a lo largo de gran parte de la historia de la iglesia.
Además, los adventistas del séptimo día hemos entendido que Apocalipsis
12: 16 se refiere a la migración de los creyentes perseguidos en Europa al Nuevo
Mundo. Si nuestra interpretación de la tierra y el mar es correcta, ¿qué dice esto
acerca de la fundación de los Estados Unidos de Norteamérica?
¿Podríamos considerar a «la tierra» de manera semejante a la «Tierra Prome-
tida» de la época del Antiguo Testamento; es decir, como un lugar reservado para
el pueblo de Dios? ¿Podría ser esta la razón por la que la bestia terrestre parece
primero un cordero? Aunque Estados Unidos nunca ha sido «el nuevo Israel»,
como algunos de sus fundadores lo veían, durante mucho tiempo ha sido una
tierra de libertad religiosa para millones de creyentes oprimidos provenientes
de otras partes del mundo. Por desgracia, esta bestia semejante a un cordero
hablará un día «como un dragón» (Apoc. 13: 11). Estados Unidos, durante tanto
tiempo un faro de libertad religiosa para los perseguidos, ¡se convertirá en el
perseguidor religioso dominante! Este es otro ejemplo de lo que sucede cuando
la humanidad elige gobernarse a sí misma en lugar de ser gobernada por Dios.

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Lección 5 | Jueves 1° de mayo

PROFETIZAR DE NUEVO
La iglesia remanente nació en el Nuevo Mundo, precisamente donde hallaron
refugio quienes buscaban libertad religiosa durante los siglos XVII y XVIII. Dados
los antiguos obstáculos religiosos y políticos que existían en otras latitudes, es poco
probable que este movimiento hubiera surgido con la misma rapidez o fuerza en
otro lugar como lo hizo en la nueva tierra que se convirtió en los Estados Unidos.

Lee Apocalipsis 10: 1 al 11, donde se describe el nacimiento de este mo-


vimiento. Busca en ese texto algunos de los elementos que hemos estu-
diado, como «las naciones», la tierra y el mar. Con la debida cautela para
no introducir en el pasaje ideas que no se encuentran en él, ¿qué mensajes
encuentras allí?

El ángel clama a gran voz, como lo hacen los tres ángeles de Apocalipsis
14 y el ángel de Apocalipsis 18. Se trata de un momento crucial de la historia,
cuando el mundo está en peligro. Es entonces cuando se establece la obra de
la iglesia remanente en beneficio de «muchos pueblos y naciones, lenguas y
reyes» (Apoc. 10: 11).
El ángel sostiene un «librito», probablemente el libro de Daniel (ver Dan.
12: 4), que se abre por primera vez después de muchas generaciones. El ángel
tiene un pie sobre el mar y otro sobre la tierra. Esto podría hacer referencia al
hecho de que el mensaje abarca todo el globo, tanto el Viejo Mundo como el
Nuevo. También podría ser una referencia a la idea de que este mensaje es para
todas las naciones, para quienes viven en la tierra y quienes viven en el «mar»
gentil, o pagano.
El mundo será por fin iluminado con la gloria de Dios, y los mensajes finales
de Apocalipsis 14 serán llevados a todos. Al igual que en el caso del Israel de an-
taño, nuestro mandato como iglesia es predicar el evangelio «en todo el mundo,
por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin» (Mat. 24: 14).
Dios está encaminando la historia humana hacia su gran conclusión: el fin
de los imperios humanos y la entronización permanente de Cristo. Lee Daniel 2:
34, 35, 44 y 45. La Biblia deja perfectamente claro, sin ninguna ambigüedad, que
todos estos reinos mundanos serán erradicados sin que quede rastro alguno de
ellos ni de sus horribles legados, y que serán reemplazados por el reino eterno
de Dios, donde el pecado, el sufrimiento, la enfermedad, el mal y la muerte no
volverán a surgir.

Observa la exactitud con que las profecías de Daniel 2 y 7 predijeron el


surgimiento y la caída de todos estos imperios mundiales. ¿Por qué esa
exactitud, asombrosa si pensamos en la época en que se escribió Daniel,
debería ayudarnos a confiar en la promesa del reino final y eterno de Dios?

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Viernes 2 de mayo | Lección 5

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado «La torre de Babel» en las páginas 97 a 102 del libro
Patriarcas y profetas, de Elena G. de White.
«“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera
tierra habían pasado”(Apoc. 21: 1). El fuego que consume a los impíos purifica
la tierra. Desaparece todo rastro de la maldición. Ningún infierno que arda
eternamente recordará a los redimidos las terribles consecuencias del pecado.
»Solo queda un recuerdo: nuestro Redentor llevará siempre las señales de
su crucifixión. En su cabeza herida, en su costado, en sus manos y en sus pies
se ven las únicas huellas de la obra cruel efectua­da por el pecado. El profeta,
al contemplar a Cristo en su gloria, dice: “Su resplandor es como la luz. Rayos
brillantes salen de su mano; allí está escondido su poder” (Hab. 3: 4). En sus
manos, y su costado heridos, de donde manó el torrente carmesí que reconcilió
al hom­bre con Dios, allí está la gloria del Salvador, “allí está escondido su poder”.
“Poderoso para salvar” por el sacrificio de la redención, fue por consiguiente
fuerte para ejecutar la justicia para con aque­llos que despreciaron la miseri-
cordia de Dios. Y las marcas de su humillación son su mayor honor; a través de
las edades eternas, las llagas del Calvario proclamarán su alabanza y declararán
su poder» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, pp. 653-654).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Finalmente, todos los logros terrenales, no importa cuán grandiosos,
asombrosos y gloriosos sean, se convertirán en polvo para siempre. Eso
incluye cualquier cosa terrenal que hayas logrado. ¿Por qué es importan-
te tener siempre presente esta perspectiva? ¿Cómo debería ella ayudarte
a mantener claras tus prioridades?
2. Examina detenidamente la bestia marina de Apocalipsis 13: 1 al 10.
¿Cómo refleja esta bestia las consecuencias naturales de la mentalidad
de Babel? Representa la suma de todas las naciones humanas, desde Ba-
bilonia hasta el poder del cuerno pequeño. ¿Qué rasgos de estos impe-
rios has observado que han perdurado a lo largo del tiempo? Por ejem-
plo, ¿cómo refleja hoy el mundo los valores distintivos de Babilonia o de
Roma?
3. ¿Cómo podemos los adventistas lograr el equilibrio entre seguir al Señor
y obedecer las leyes de la nación donde vivimos? ¿Qué sucede cuando
obedecer a uno implica desobedecer al otro?

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Lección 6: Para el 10 de mayo de 2025

ENTENDIENDO
EL SACRIFICIO
Sábado 3 de mayo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 1: 2-15; Hebreos 10: 3-10;
Éxodo 12: 1-11; 1 Corintios 5: 7; Hageo 2: 7-9; Isaías 6: 1-5; Apocalipsis 4: 7-11.

PARA MEMORIZAR:
«Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: “Digno eres de tomar el libro y de
abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido
para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación”» (Apoc. 5: 9, RVR 1960).

C uando Jesús vino a él, Juan el Bautista declaró: «¡Este es el Cordero de


Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1: 29). Esa era una referencia
inequívoca a los sacrificios que simbolizaban la muerte sustitutoria de
Cristo en favor de la humanidad.
El tema del sacrificio animal recorre toda la Biblia como un hilo escarlata
y desempeña un papel central en la gran escena del trono de Dios de Apoca-
lipsis 4 y 5. El hecho de que Jesús sea simbolizado como un cordero inmolado
en esta escena crucial (Apoc. 5: 6) es una clave importante para comprender
todo el episodio profético.
Esta semana veremos algunos temas relacionados con el sacrificio y que
forman parte de nuestra comprensión de Jesús, el Cordero inmolado, el claro
protagonista de la escena de la sala del Trono. Él es reconocido como el único
digno, lo que destaca la obra del Señor, prefigurada por el sistema sacrificial
del Santuario terrenal, como un Dios de amor infinito que estuvo dispuesto
al sacrificio supremo, un acto del que nosotros y las demás inteligencias del
universo nos maravillaremos por la eternidad.
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Domingo 4 de mayo | Lección 6

¿SACRIFICIOS INÚTILES?
Contrastar dos ideas puede resultar muy instructivo. Por ejemplo, se puede
aprender mucho acerca de la perspectiva bíblica del sacrificio al observar los
momentos en los que Dios rechazó los sacrificios de su pueblo.

Compara Isaías 1: 2 al 15 con Isaías 56: 6 y 7, y Salmo 51: 17. ¿Qué lecciones
importantes enseñan estos textos acerca del sacrificio?
Los sacrificios del pueblo de Israel fueron rechazados por Dios porque era
un pueblo rebelde, que no obedecía sus mandamientos. Ya que Dios
pedía que los sacrificios se tenían que hacer con un corazón humilde.

Este trágico episodio de la historia de Israel no fue la primera ocasión en que


Dios rechazó un sacrificio. Algo similar ocurrió cerca del comienzo de la historia
de la salvación, cuando el sacrificio de Abel fue aprobado y aceptado por Dios a
diferencia del de Caín. Ese incidente nos brinda la oportunidad de contrastar los
sacrificios que son aceptables con los que no lo son (ver Gén. 4: 3-7; Heb. 11: 4).
En tiempos de Isaías, Israel cumplía con las prácticas religiosas de manera
superficial, marcando casillas como si fueran tareas mínimas para apaciguar a
Dios, mientras vivían a su antojo. Sus sacrificios estaban centrados en sí mismos,
igual que los de Caín, y no reflejaban una actitud de entrega y sumisión a Dios.
Ese es el mismo espíritu de autosuficiencia que anima a los reinos de este
mundo. Caín vivía a su antojo mientras ofrecía a Dios rituales vacíos realizados
bajo sus propios términos. Es razonable pensar que veía a Dios como un obs-
táculo para seguir su propio camino, aunque lo temía lo suficiente como para
cumplir con lo mínimo requerido.
Por el contrario, Abel ofreció un cordero, el sacrificio que Dios había pedido,
el que representaba la promesa que Dios había hecho de un Mesías venidero
(Gén. 3: 15) y señalaba hacia el acto salvador de Cristo en el Calvario.
«Abel comprendía los grandes principios de la redención. Veía que era pe-
cador, y que el pecado y su pena de muerte se interponían entre su alma y la
comunión con Dios. Trajo la víctima inmolada, la vida sacrificada, y así reco-
noció las demandas de la ley que había sido quebrantada. En la sangre derramada
contempló el futuro sacrificio, a Cristo muriendo en la cruz del Calvario; y al
confiar en la expiación que iba a realizarse allí, obtuvo testimonio de que era
justo, y de que su ofrenda había sido aceptada» (Elena G. de White, Patriarcas
y profetas, pp. 52, 53).

¡Qué importante es protegernos de simplemente cumplir con los rituales


religiosos sin un verdadero compromiso con Dios! ¿Cómo podemos experi-
mentar lo que significa depender totalmente de la muerte de Jesús como
nuestra única esperanza de salvación?

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Lección 6 | Lunes 5 de mayo

SANGRE DE TOROS Y DE MACHOS CABRÍOS


Algunos han criticado la idea del sacrificio como algo cruel e injusto. Sin
embargo, ese es precisamente el punto. La muerte de Cristo fue cruel e injusta.
El inocente murió en lugar de los culpables. Eso era lo necesario para resolver
el problema del pecado. Y esa muerte, la de Cristo, era lo que señalaban todos
los sacrificios crueles e injustos de animales inocentes.

Lee Hebreos 10: 3 al 10. ¿Qué nos enseña este pasaje acerca de los sacri-
ficios que el pueblo de Dios ofrecía en la época del Antiguo Testamento?
Si esos sacrificios no podían realmente salvar a los pecadores, ¿cuál era
entonces su propósito?
Por medio de los sacrificios depositaban su fe y confianza en Dios. Todo
ello apuntaba al Cordero de Dios que un día sería inmolado en la Cruz para
nuestra redención.
Los corderos y otros animales sacrificados eran meros símbolos que apun-
taban hacia el sacrificio expiatorio del Cordero de Dios. Eran actos de fe que
daban a los pecadores la oportunidad concreta de expresar su confianza en la
obra del Mesías venidero. A menudo nos referimos a esta clase de representa-
ciones sacrificiales como «tipos», o modelos ilustrativos, que encontraron su
cumplimiento cuando fueron reemplazados por su correspondiente «antitipo»;
es decir, por la realidad que ellos anunciaban o representaban anticipadamente.
Algunos incluso han descrito esos sacrificios como «miniprofecías» acerca de
la muerte de Jesús en la Cruz.
Los rituales asociados al sacrificio se parecían a la compra de un pasaje para
realizar un viaje. Cuando se compra un pasaje de tren, de autobús o de avión,
no se recibe inmediatamente el viaje por el que se ha pagado. En su lugar, uno
recibe un billete o tarjeta de embarque, un símbolo o promesa del viaje que hará.
Uno puede sentarse sobre ese trozo de papel, pero eso no lo llevará a ningún
lugar. No obstante, cuando la persona está ya dentro del medio de transporte
y comienza el viaje, ha recibido aquello por lo que pagó. El pasaje, el trozo de
papel, deja entonces de ser necesario.
Lo mismo ocurría con los animales sacrificados. Desempeñaban un papel
importante, pero una vez realizado el verdadero sacrificio, el de Cristo en la Cruz,
dejaron de tener sentido, algo que resultó evidente cuando el velo que separaba
el Lugar Santo del Lugar Santísimo del Santuario terrenal se rasgó al morir Jesús.
«Entonces el velo del templo se rasgó en dos, desde arriba hacia abajo» (Mar. 15:
38). El sistema de sacrificios, el Templo y todo lo demás señalaban a la muerte
de Jesús en la Cruz. Una vez que Jesús cumplió su misión en la Cruz y resucitó
victorioso, los tipos o representaciones se volvieron innecesarios.

Piensa en cuán grave es el pecado, al punto de que solo la muerte de Jesús,


el Verbo encarnado (ver Juan 1: 1-3, 14), podía expiarlo. ¿Qué nos dice esto
acerca de cuál debe ser nuestra actitud hacia el pecado?

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Martes 6 de mayo | Lección 6

EL CORDERO DE LA PASCUA
El libro de Apocalipsis se refiere a Jesús como «el Cordero» casi treinta veces.
El pueblo de Dios ha utilizado corderos como símbolos del Mesías venidero
desde el inicio mismo del Plan de Redención. Abel ofreció «de los primerizos
de sus ovejas» (Gén. 4: 4), y antes de que Israel partiera de Egipto hacia la Tierra
Prometida se le ordenó que redimiera a cada persona o animal primogénito
sacrificando en su lugar un cordero de un año (Éxo. 12: 5).

Lee Éxodo 12: 1 al 11; Isaías 53: 7 y 8; 1 Corintios 5: 7; y Apocalipsis 5: 6.


¿Qué nos enseñan estos textos acerca de Jesús como sacrificio pascual?
¿Qué significa eso para cada uno de nosotros?

Jesús era el cordero pascual, ya que era sin mancha alguna, es decir, sin
pecado, solo su sacrificio era aceptado por Dios.

Años después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, Pedro


reflexionó acerca de lo sucedido y escribió: «Sepan que han sido rescatados
de la vana conducta que recibieron de sus padres, no con cosas corruptibles,
como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero
sin mancha ni defecto» (1 Ped. 1: 18, 19).
Jesús fue el único ser humano cuya vida resultó aceptable a los ojos de
un Dios santo. Todos los demás hemos pecado, y la manera pecaminosa en
que vivimos representa una mentira acerca de la naturaleza y el carácter de
nuestro Hacedor.
Jesús, sin embargo, se convirtió en el «postrer Adán» (1 Cor. 15: 45). Donde
nosotros habíamos fracasado, él vivió perfectamente. En su humanidad, él era
todo lo que la raza humana debía ser. Reflejaba perfectamente la gloria de Dios.
«El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Juan 14: 9).
Jesús fue crucificado durante la celebración de la Pascua, lo que demuestra
aún más que es el Cordero antitípico. Paralelamente, los israelitas recibieron
la orden de escoger un cordero para la Pascua y «guardarlo» o «cuidarlo» (NVI)
durante los días previos al sacrificio (Éxo. 12: 5, 6). Cuando el sumo sacerdote in-
terrogó a Jesús acerca de sus enseñanzas, el Señor hizo referencia al hecho de que
él mismo había estado expuesto en el Templo para que todo el mundo lo viera.
De hecho, en Juan 18: 19 y 20 afirmó que exponía «públicamente» su doctrina.
Su vida, sus obras, sus enseñanzas, todo revelaba quién era realmente. Él es el
Cordero sin mancha, la expresión más poderosa de la justicia y la gloria de Dios.

¿Cómo podemos reflejar mejor el carácter perfecto de Jesús en nuestra vida?

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Lección 6 | Miércoles 7 de mayo

JESÚS EN EL TEMPLO
Hay tensión en toda la historia de la Salvación. Dios desea restaurar la co-
munión que una vez disfrutamos con él y anhela acercarse a nosotros, pero
llevar a los pecadores a su presencia los destruiría. «Tú no eres un Dios que se
complace en la maldad. El malo no habitará junto a ti», escribe David (Sal. 5: 4).
Al mismo tiempo, David también dice: «Pero yo, por la riqueza de tu constante
amor, entraré en tu casa. Con reverencia adoraré en tu santo templo» (Sal. 5: 7).

Lee Hageo 2: 7 al 9. Mientras se construía el segundo Templo, el profeta


Hageo comunicó la asombrosa promesa de que el nuevo Templo sería más
glorioso que el anterior. ¿Qué significaba esa profecía?

Cuando Salomón dedicó el primer Templo, la gloria (kabod) de Dios que


había acompañado a los hijos de Israel en su camino a Canaán llenó el Templo,
por lo que los sacerdotes no pudieron permanecer allí para completar su labor
(1 Rey. 8: 10, 11). Cuando se dedicó el segundo Templo, no estaba en él el Arca del
Pacto, que representaba el Trono de Dios, pues Jeremías la había escondido. La
presencia literal de Dios no llenó el Templo esta vez. Fue desgarrador. ¿Cómo
se haría realidad la promesa registrada por Hageo? Fue en el segundo Templo
donde Jesús, la encarnación de Dios, apareció en persona, en carne y hueso.
Dios mismo había salido de detrás del velo para convertirse en uno de nosotros
y unirse a nosotros en este mundo arruinado por el pecado. Puesto que el Hijo
de Dios era ahora el Hijo del Hombre, podíamos ver su rostro, oír su voz y ser
testigos, por ejemplo, de cuando curó con su toque a un leproso impuro (Mat. 8:
3). En lugar de acercarnos a él, Dios se acercó personalmente a nosotros cuando
descendió en la persona de Jesús y vino a nuestro encuentro. No es, pues, de
extrañar que la Biblia dijera de Jesús: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y lo llamarán Emanuel, que significa: “Dios con nosotros”» (Mat. 1: 23). Piensa
en lo que esto significa, que el Creador del cosmos haya estado dispuesto no
solo a vivir entre nosotros, sino a morir por nosotros.

La Cruz es la mayor manifestación del amor de Dios. ¿De qué otras maneras
podemos ver y experimentar la realidad del amor de Dios?

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Jueves 8 de mayo | Lección 6

TÚ CREASTE TODAS LAS COSAS


Los profetas estuvieron en pocas ocasiones suficientemente cerca de Dios en
visión como para que se les permitiera ver el Trono de Dios. Ezequiel lo vio por
encima del firmamento (Eze. 1: 26); Isaías visitó el templo del Cielo (Isa. 6: 1). A
su vez, Juan fue escoltado hasta allí en visión y registró una de las descripciones
más explícitas que tenemos del Trono de Dios (Apoc. 4; 5). Los tipos propios del
servicio del Santuario en el Antiguo Testamento indicaban que solo había un
camino por el que la humanidad podía entrar en la presencia de Dios: la sangre
de Cristo (ver, por ejemplo, Lev. 16: 2, 14).

Lee Isaías 6: 1 al 5 y Apocalipsis 4: 2 al 11. ¿Qué elementos de estas dos


visiones son similares? Presta atención al orden de los acontecimientos:
¿Qué tema se presenta primero? ¿Qué viene después? ¿Qué verdad acerca
de Dios es subrayada en estas visiones?

En cada una de estas visiones de la sala del Trono, lo primero que sucede
es que los seres celestiales destacan la santidad de Dios. En la visión de Isaías,
la escena es impresionante: el Templo se llenó de humo y «los quiciales de las
puertas se estremecieron» mientras los serafines proclamaban la santidad
de Dios. En la visión de Juan, los querubines hacen la misma declaración:
«Santo, santo, santo». Cada profeta presenció una deslumbrante escena acerca
de la gloria de Dios.
Se nos muestra luego la reacción del profeta ante la escena. Isaías exclama
que es un hombre de labios impuros (Isa. 6: 5), mientras que Juan llora porque se
enfrenta a la trágica verdad de que no se puede encontrar a nadie digno (Apoc. 5: 4).
Cuando somos confrontados directamente con la santidad de Dios, comenzamos
a comprender nuestra verdadera condición: somos totalmente indignos y necesi-
tamos a Cristo como Redentor.
Satanás ha lanzado muchas acusaciones contra Dios, argumentando que
es arbitrario, egoísta y severo, pero aun un breve momento en la sala del Trono
de Dios pone al descubierto las mentiras de Satanás. Al ver a Cristo como es en
realidad, «el Cordero que fue inmolado» (Apoc. 5: 12, RVR 1960), vemos también
al Padre tal cual es. Cuán reconfortante es saber que al contemplar a Jesús des-
cubrimos cómo es el Padre (Juan 14: 9). Pero, la mayor revelación de cómo es el
Padre se aprecia en la muerte de Jesús por nosotros en la Cruz.
La Cruz, por lo tanto, debería mostrarnos dos cosas: que Dios nos ama al
punto de sacrificarse por nosotros, y que nuestra condición como pecadores
es tan grave y desesperada que solo mediante la Cruz podemos ser salvados.

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Lección 6 | Viernes 9 de mayo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Las Escrituras dejan claro que Cristo es el único que puede asegurar
nuestra salvación. Su vida fue la única sin pecado, el único ejemplo de una
vida que satisfizo perfectamente la gloria del Padre. Él es el Cordero de Dios
sin mancha y ahora está a la cabeza de la raza humana como nuestra segu-
ridad eterna. Al mismo tiempo, cargó con nuestra culpa, satisfaciendo así
el juicio que es la respuesta de Dios a la maldad. Cuando Juan presencia la
increíble escena de los seres celestiales reunidos en torno al Trono de Dios,
se le dice que deje de llorar porque «el León de la tribu de Judá [...] ha vencido»
(Apoc. 5: 5).
Reflexiona también sobre lo grave que es el pecado y lo profundamente
corrompida que está la humanidad, al punto de que solo la muerte de Jesús,
Dios mismo, podía resolver el problema del pecado. De haber existido alguna
otra manera de salvarnos, no cabe duda de que Dios la habría empleado.
«La quebrantada Ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el uni-
verso solamente existía uno que podía satisfacer sus exigencias en lugar del
hombre. Puesto que la Ley divina es tan sagrada como Dios mismo, solo uno
igual a Dios podría expiar su transgresión. Ninguno sino Cristo podía salvar
al hombre de la maldición de la Ley, y colocarlo otra vez en armonía con el
Cielo. Cristo cargaría con la culpa y la vergüenza del pecado, que era algo tan
abominable a los ojos de Dios que iba a separar al Padre de su Hijo. Cristo
descendería a la profundidad de la desgracia para rescatar a la raza caída»
(Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 43, 44).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Juan ve a Jesús entrar en la sala del Trono como un cordero «inmola-
do» (RVR 1960). Apocalipsis 13: 8 dice que Jesús fue «inmolado» (RVR
1960) desde la fundación del mundo. ¿Qué nos enseña acerca de Dios el
hecho de que el Plan de Salvación ya estaba en marcha antes de que lo
necesitáramos?
2. Muchos ateos creen que estamos solos en un universo frío e indiferente.
En cambio, la Biblia no solo habla de Dios, sino también de que amó tan-
to al mundo que descendió a él e incluso murió por él. ¿Hasta qué punto
debemos ver el mundo y nuestro lugar en él de manera diferente de como
lo ven quienes no creen en Dios? En otras palabras, ¿cómo debería influir
la realidad de la Cruz en todo lo que hacemos?
3. ¿Por qué fueron la vida, la muerte y la resurrección de Cristo el único me-
dio para salvar a la humanidad? Además, ¿qué nos dice el enorme costo
de este sacrificio sobre la gravedad del pecado?

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Lección 7: Para el 17 de mayo de 2025

FUNDAMENTOS
DE LA PROFECÍA
Sábado 10 de mayo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 6: 6-8; Génesis 3: 21-24; Eze-
quiel 1: 4-14: Apocalipsis 4: 1-11; Números 2: 3-25; Isaías 14: 12-14.

PARA MEMORIZAR:
«Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de
nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”» (Isa. 6: 8).

E l derecho de Dios a gobernar el universo se basa en su posición como Crea-


dor de todas las cosas (Apoc. 4: 11) y también en su carácter. Al descubrir
el carácter justo de Dios, comenzamos a entender cómo y por qué los seres
humanos pecadores carecemos de su gloria (Rom. 3: 23).
Esta semana nos adentraremos más en la visión de la sala del Trono y con-
sideraremos cómo se relaciona la humanidad con un Dios santo, y cómo el
sacrificio de Cristo nos restaura y nos acerca al Trono. Dios planea restaurarnos
no solo como individuos, sino también como humanidad, para que volvamos
a revelar su gloria al resto de la Creación. La Biblia contiene importantes pistas
que ayudan a entender y apreciar el elevado llamado que Dios nos ha extendido
a los pecadores perdonados y redimidos.
La rebelión humana llegará para siempre a su fin y, más que eso, el carácter
amoroso y abnegado de Dios brillará incluso con mayor intensidad que en su
diseño original para la humanidad. Aunque Dios nunca quiso que la humanidad
cayera, a través de la Cruz ha revelado su amor de una manera extraordinaria.

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Lección 7 | Domingo 11 de mayo

«AQUÍ ESTOY, ENVÍAME A MÍ»


Hace años, una iglesia decidió renovar un antiguo sótano a fin de que sir-
viera como un espacio para la confraternización. Una de las primeras cosas
que hicieron fue instalar nuevas luces, con la esperanza de que el lugar luciera
mejor. Sin embargo, la nueva iluminación le daba peor aspecto, pues revelaba
las imperfecciones que antes pasaban inadvertidas.
La asombrosa visión que Isaías tuvo del Trono de Dios lo hizo dolorosamente
consciente de sus defectos: «¡Ay de mí, que soy muerto! Porque soy hombre de
labios impuros, que vivo entre un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto
al Rey, al Señor Todopoderoso», se lamentó (Isa. 6: 5). Sentiríamos lo mismo si
estuviéramos de pronto ante el Señor. Su luz es suficientemente intensa como
para disipar todas nuestras excusas. En su presencia, sentimos que estamos
perdidos. Isaías recibió la sorpresa más grande de su vida.

Lee Isaías 6: 6 al 8. El profeta sabía que el pecado significa nuestra ruina


y que su resultado es la muerte, pero en lugar de abandonarnos a las conse-
cuencias de la transgresión, nuestro amoroso Dios nos acerca a él. ¿Cómo
terminó ese encuentro de Isaías con Dios y por qué es eso importante?
Isaías fue perdonado y purificado. Y fue entonces que aceptó el llamado de
Dios.

Isaías fue purificado de su pecado cuando un serafín tomó un carbón del


altar y tocó con él la boca del profeta. Probablemente se trataba del altar
del incienso, donde se intercedía por el pueblo de Dios (ver Apoc. 8: 3, 4). Sus
pecados habían sido perdonados y ahora se lo consideraba apto para estar en
la presencia de Dios; pero, además, se le había encomendado que representara
a Dios ante el mundo.
Curiosamente, la palabra serafín significa «el que arde». Observa la des-
cripción que hace Jesús del ministerio de Juan el Bautista en Juan 5: 35: «Juan
era una antorcha que ardía y alumbraba. Y ustedes quisieron recrearse por un
momento a su luz». Aunque Juan mismo era un pecador necesitado de gracia y
salvación, su ministerio señalaba al Único que podía traer gracia y salvación.
Jesús vino como la representación perfecta de la gloria del Padre, y Dios
envió a un profeta, un pecador, a realizar una tarea similar a la de uno de los
serafines del Cielo.

Solo cuando Isaías supo que su pecado había sido limpiado, dijo: «¡Aquí
estoy! Envíame a mí». ¿Cómo puede cada uno de nosotros, tras ser expiados
nuestros pecados por la sangre de Jesús, responder como Isaías?

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Lunes 12 de mayo | Lección 7

LOS DOS QUERUBINES


Tan pronto como nuestros primeros padres fueron expulsados del Edén, Dios
ofreció la esperanza del Mesías (Gén. 3: 15). Estableció entonces un poderoso
símbolo a las puertas del Edén: dos querubines con una destellante luz entre
ellos. No debe perderse de vista el hecho de que esta escena se asemeja al Arca
del Pacto, símbolo del Trono de Dios (Éxo. 25: 18).

Lee Génesis 3: 22 al 24. ¿Qué tarea se encomendó a los querubines y


por qué?

Cuidar la entrada al huerto del Edén, para que el hombre no tuviera acceso
al fruto del árbol de la vida

Si bien es cierto que los querubines tenían la responsabilidad de impedir


que los pecadores accedieran al Árbol de la Vida (Gén. 3: 22), también eran un
símbolo de esperanza, de la promesa de que un día los seres humanos volverían
al Paraíso. «El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después
que el hombre fuera expulsado de sus agradables senderos (véase Gén. 4: 16).
Durante mucho tiempo después, se le permitió a la raza caída contemplar de
lejos el hogar de la inocencia, cuya entrada estaba vedada por los vigilantes án-
geles. En la puerta del paraíso, custodiada por querubines, se revelaba la gloria
divina. Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de
obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del Edén. […] Pero
en la restitución final, cuando haya “un cielo nuevo, y una tierra nueva” (Apoc.
21: 1), será restaurado y más gloriosamente embellecido que al principio» (Elena
G. de White, Patriarcas y profetas, p. 41).
Génesis 3: 24 es también interesante en otro sentido: la palabra hebrea
traducida allí como «puso» (shakan) es la misma que designa el Tabernáculo,
o Santuario (ver Éxo. 25: 9; Núm. 3: 26), donde Dios moraba (shakan) con su
pueblo. Aunque el sustantivo shekinah (derivado de shakan), como designación
de la presencia de Dios, no aparece en la Biblia, la raíz del término designa el
Santuario (la morada de Dios con su pueblo) y aparece en Génesis 3: 24: «Dios
puso (heb. shakan) querubines al oriente del Jardín del Edén».
La Biblia asocia a los querubines con la presencia de Dios (ver 1 Crón. 13: 6;
Sal. 80: 1; Isa. 37: 16), en particular con su Trono, el lugar donde es proclamado
su nombre. En tal sentido, los 24 ancianos que están ante el Trono de Dios en
Apocalipsis 4 y 5 lo alaban y reconocen su derecho a gobernar como Creador
de todas las cosas (Apoc. 4: 11). Esto puede ayudarnos a entender la escena de
la sala del Trono y nuestro papel como pecadores perdonados en relación con
nuestro Hacedor.

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Lección 7 | Martes 13 de mayo

COMO CARBONES ENCENDIDOS


Los querubines, ya sea como seres vivientes (Eze. 10: 8) o como símbolos
hechos de oro (Éxo. 25: 18), aparecen a lo largo de todo el Antiguo Testamento.
A menudo se los representa junto al Trono de Dios, desde donde la gloria de él
se irradia al universo. Los querubines también están bordados en la cortina
que está delante del Lugar Santísimo (Éxo. 26: 1). En el libro de Salmos, el poder
supremo de Dios sobre la Creación es representado poéticamente mediante la
imagen de querubines que transportan a Dios en el aire (Sal. 18: 10). Dios ordenó
que el Arca del Pacto estuviera coronada por dos querubines de oro macizo con
sus alas extendidas hacia adelante y uno frente al otro (Éxo. 25: 18-20).

Lee Ezequiel 1: 4 al 14. ¿Qué similitudes ves entre este pasaje y las esce-
nas representadas en Isaías 6: 1 al 6 y Apocalipsis 4: 1 al 11?

Ezequiel se encuentra ante un impresionante despliegue del poder de Dios.


Se trata de una escena que coincide con la difícil situación en la que se encon-
traba el pueblo de Dios en ese momento. El pueblo elegido no estaba en la Tierra
Prometida, sino en el cautiverio, en Babilonia. Mientras Ezequiel analiza la
escena que se le presenta, mira hacia arriba, y ve el Trono de Dios por encima
de todo.
Obsérvense las importantes similitudes con otras visiones del «Trono». Los
seres vivientes que ve Ezequiel tienen los mismos rostros que los de la visión
de Juan: cara de león, de águila, de buey y de hombre.
Las misteriosas criaturas de cuatro caras no son nombradas específicamente
en la descripción inicial de Ezequiel, pero más tarde, en otra escena de la sala
del Trono (ver Eze. 10: 1-21), se los llama «querubines». También encontramos en
la escena los carbones encendidos de la visión de Isaías acerca de los serafines.
Los rostros de estos son iguales a los de los seres vivientes mencionados en la
visión de Juan.
Siempre que vemos el Trono de Dios, ya sea en el Arca del Pacto, que sirvió
como lugar de encuentro de Dios con Moisés (Éxo. 25: 22), o en las impresio-
nantes visiones de los profetas, los querubines aparecen allí y están íntima-
mente ligados al Trono de Dios. Todas las criaturas de Dios fueron diseñadas
para reflejar su gloria, tanto los seres humanos, hechos a su imagen, como los
seres angélicos, que están junto a su glorioso Trono.

«Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso» (Apoc. 4: 8). ¿Cómo te


ves en comparación con la santidad de la que Ezequiel es testigo aquí? ¿Qué
te dice tu respuesta acerca de tu necesidad del evangelio?

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Miércoles 14 de mayo | Lección 7

DIOS ENTRE SU PUEBLO


En el desierto, la presencia de Dios en la nube guiaba a su pueblo durante
su viaje a la Tierra Prometida y hacía que se detuvieran en el lugar indicado por
él y levantaran allí el Tabernáculo, alrededor del cual las tribus acampaban
distribuyéndose a razón de tres por cada lado. Dios descendía entonces y se
instalaba en el Lugar Santísimo, en medio de su pueblo.

Había una tribu principal en cada uno de los cuatro lados del Tabernáculo.
Según Números 2, ¿cuáles eran las cuatro tribus principales?
Judá
Números 2: 3 (este): ___________________________________________________
Rubén
Números 2: 10 (sur): ___________________________________________________
Efraín
Números 2: 18 (oeste): __________________________________________________

Dan
Números 2: 25 (norte): __________________________________________________

Nota que cada una de esas cuatro tribus enarbolaba su propio «estan-
darte», o bandera especial, para identificarse. Aunque las Escrituras no son
explícitas en cuanto a lo que había en cada bandera, existe una tradición
interesante (basada en las características descritas en Gén. 49 y Deut. 33)
que asigna una cara a cada una de esas tribus: «Según la tradición rabínica,
el estandarte de Judá tenía la figura de un león; el de Rubén, la de un rostro
humano; el de Efraín, la figura de un buey; y el de Dan, la de un águila; de
modo que las cuatro criaturas vivientes descritas por Ezequiel estaban repre-
sentadas en estos cuatro estandartes» (Carl Friedrich Keil y Franz Delitzsch,
Commentary on the Old Testament [Peabody: Hendrickson, 2011], t. 1, p. 660).
Es posible leer demasiado en la tradición, pero sigue siendo interesante
comparar esta con la descripción bíblica de la Nueva Jerusalén, ya que hay
puertas que representan a tres tribus en cada uno de los cuatro lados de la
ciudad (Apoc. 21: 12, 13).
Las descripciones del campamento de Israel y de la Nueva Jerusalén su-
brayan un hecho crucial: Dios pretende acercar a la humanidad a su Trono.
Apocalipsis nos enseña que «su templo es el Señor Dios Todopoderoso y el
Cordero» (Apoc. 21: 22).

Aunque ciertamente no estamos en el campamento de Israel, ¿cómo pode-


mos acercarnos a la presencia de Dios?

Dios está entre su pueblo, el nos conoce, sabe nuestras necesidades y


todo cuanto nos acontece. El nunca nos abandona

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Lección 7 | Jueves 15 de mayo

LA CAÍDA DE LUCIFER
Resulta difícil entender que Lucifer ocupara una vez el puesto de querubín
protector, una posición exaltada junto al Trono de Dios. Seguramente su exis-
tencia habría ayudado a revelar la gloria de Dios al universo. En lugar de eso,
comenzó a anhelar la gloria para sí, no para su Creador; o, para ser más precisos,
empezó a imaginar que no se le estaba dando la consideración que merecía.

Lee Ezequiel 28: 11 al 17 e Isaías 14: 12 al 14. ¿Qué provocó la caída de


Lucifer? Compara estos pasajes con Apocalipsis 14: 1 al 12. ¿Cómo influye
el contraste entre la caída de Lucifer y la elevada posición de la humanidad
en Cristo en tu comprensión de lo que ocurre en Apocalipsis 14?

Satanás quiso ser semejante a Dios, quería la gloria y la honra


para el.

Observa cómo Lucifer fue expulsado del Monte Santo mientras que los redi-
midos están en el monte Sion con el Cordero de Dios. Se dice que Lucifer estuvo
en el Edén; la humanidad también estuvo allí una vez, pero en contraste con el
destino de Satanás, ella está siendo restaurada por medio de Cristo para volver
al paraíso (ver Apoc. 22: 1-3).
En este contexto, la siguiente cita de Elena G. de White es muy instructiva:
«Las va­cantes que se produjeron en el cielo por la caída de Sa­ta­nás y sus ángeles
serán llena­das por los redi­mi­dos del Señor» (La verdad acerca de los ángeles, p. 53).
Los redimidos estarán en el Cielo solamente gracias al evangelio. De hecho,
el tema de la Redención se encuentra representado de una manera gráfica en la
sala del Trono descrita en Apocalipsis 4 y 5. Por ejemplo, los ángeles exclaman:
«Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado,
y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y
nación» (Apoc. 5: 9, RVR 1960). ¡Qué imagen del evangelio! La muerte de Jesús
hizo posible la redención de la humanidad.
Observa también cómo refleja el lenguaje allí usado el mensaje del primer
ángel, en el que se nos llama a predicar «el evangelio eterno [...] a los que habitan
en la tierra, a toda nación y tribu, lengua y pueblo» (Apoc. 14: 6). Qué poderosa
representación de lo que Cristo ha hecho por el mundo. No hay un solo ser
humano en la historia de la Tierra por quien Cristo no haya muerto. Los seres
humanos solo necesitan conocerlo y aceptarlo.

¿Cuál es nuestro papel como iglesia y como individuos en la tarea de dar a


conocer a las personas lo que Cristo ha hecho por ellas?

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Viernes 16 de mayo | Lección 7

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado «El fin del Conflicto», en el libro El conflicto de los
siglos (pp. 643-657), de Elena G. de White.
Satanás, quien fue una vez un querubín protector, trató de destruir la con-
fianza en el Trono de Dios. Dios ha permitido que los ángeles caídos continúen
en su rebelión para mostrar al universo las profundidades de la maldad resul-
tante de la autoexaltación. Y, aunque Satanás logró engañar a la humanidad para
que se le uniera en su guerra contra Dios, Cristo lo derrotó completamente en
la Cruz, asegurando un lugar para la humanidad donde una vez estuvieron los
ángeles que cayeron. A través de su fe en Cristo, los pecadores rechazan pública-
mente las mentiras y engaños de Satanás. El escenario final es, en cierto modo,
una revelación aún mayor de la bondad y el amor de Dios que la que existía antes
de la caída de Lucifer. Aunque Dios nunca quiso que existiera el mal y este es una
tragedia de consecuencias eternas, cuando todo haya terminado, la bondad y el
amor de Dios se revelarán como no lo habrían hecho si no hubiera surgido el mal.
Cristo «echa una mirada hacia los redimidos, transformados a su propia
imagen, y cuyos corazones llevan el sello perfecto de lo divino y cuyas caras
reflejan la semejanza de su Rey. Contempla en ellos el resultado de las angus-
tias de su alma, y está satisfecho. Luego, con voz que llega hasta las multitudes
reunidas de los justos y de los impíos, exclama: “¡Contemplad el rescate de
mi sangre! Por estos sufrí, por estos morí, para que pudiesen permane­cer en
mi presencia a través de las edades eternas”. Y de entre los revestidos con
túnicas blancas en torno del trono, asciende el canto de alabanza: “El Cordero
que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la
fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Apoc. 5: 12)» (Elena G. de White,
El conflicto de los siglos, p. 651).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¡Imagina lo que significaría estar ante Dios con cada error cometido,
cada defecto de carácter, cada acto indebido, cada pensamiento inco-
rrecto, cada motivo inaceptable totalmente expuesto ante él! ¿Qué mere-
cerías justa y legítimamente? ¿Cuál es entonces tu única esperanza? ¿Por
qué necesitamos desesperadamente «la justicia de Dios, por medio de
Jesucristo, por la fe, para todos los que creen en él» (Rom. 3: 22) cubrién-
donos ahora y especialmente en el Juicio, cuando más la necesitamos?
En resumen, ¿por qué necesitamos el evangelio?
2. Juan el Bautista, como hemos visto, desempeñó el papel de un serafín:
una lámpara ardiente y brillante (ver Juan 5: 35). Fue, por supuesto, el
precursor de Cristo, y quien anunció la primera aparición del Mesías. ¿De
qué manera el pueblo de Dios de los últimos días desempeña un papel
profético similar?

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Lección 8: Para el 24 de mayo de 2025

EN LOS SALMOS
- PRIMERA PARTE
Sábado 17 de mayo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 9: 11-15; Salmo 122; Salmo
15; Salmo 24; Éxodo 33: 18-23; Salmo 5; Salmo 51: 7-15.

PARA MEMORIZAR:
«Entonces miré y vi al Cordero de pie sobre el monte Sion, y con él ciento
cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre del Cordero y el nombre de su
Padre escrito en sus frentes» (Apoc. 14: 1).

C omo adventistas del séptimo día, estamos acostumbrados a buscar los


símbolos del Apocalipsis en el Antiguo Testamento para entender qué
representan. Una fuente de información particularmente provechosa
es el libro de Salmos, la colección de poesía sagrada que explora numerosas
experiencias humanas e interacciones posibles con Dios: desde el abatimiento
por el pecado y el sufrimiento hasta la alegría desbordante en su presencia y
sus reiteradas promesas de perdón y salvación.
Una lectura atenta de los Salmos aporta detalles que dan vida al libro de
Apocalipsis, especialmente el capítulo 14, donde se describe la obra final de la
iglesia remanente de Dios en la Tierra. Se ha encomendado al pueblo de Dios
de los últimos días la misma misión que al antiguo Israel: ser luz para las na-
ciones y presentar el último llamado misericordioso a todos los pueblos para
que adoren y obedezcan a su Creador.
Algunos detalles contenidos en el libro de Salmos, el himnario de Dios,
pueden mostrarnos nuevas formas de entender y apreciar nuestro papel en los
momentos finales de la historia de la Tierra.

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Domingo 18 de mayo | Lección 8

NUESTRO SUMO SACERDOTE


Cuando Moisés supervisó la construcción del Tabernáculo, no se le per-
mitió utilizar cualquier diseño, sino el modelo que Dios le mostró: «Y cuida de
hacer todo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte» (Éxo. 25:
40). Descubrimos, en el libro de Hebreos, que el modelo utilizado era el de una
realidad superior, el Santuario celestial.

Lee Hebreos 9: 11 al 15 acerca de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote


en el Santuario celestial. ¿Qué nos enseña esto acerca de lo que él hace por
nosotros?

ministra por nosotros, poniendo a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio
expiatorio. Él intercede por nosotros ante el Padre y participa en el juicio, haciendo posible
que, por medio de su sangre, podamos entrar en la presencia de Dios.

El Santuario terrenal prefiguraba a Jesús con asombrosa minuciosidad, desde


el sacerdote y las ofrendas hasta el mobiliario y otros detalles de diseño. Todo
ello hablaba de Jesús.
El libro de Apocalipsis abunda en imágenes del Santuario. Encontramos allí
el candelabro en los versículos iniciales, el Arca del Pacto mencionada explí-
citamente en el capítulo 11: 19 y otras numerosas alusiones al Templo. Si no se
conoce el Santuario del Antiguo Testamento, es imposible comprender lo que
Juan quiere decir con la descripción de sus visiones. Las experiencias de Israel,
dice Pablo, «les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos
a nosotros, que vivimos en estos tiempos finales» (1 Cor. 10: 11, RV95).
Podemos aprender mucho a partir de los detalles del Templo. El libro de
Salmos contiene un componente importante en tal sentido, ya que muestra
cómo interactuaba el pueblo de Dios con él mediante el Templo y sus servicios.
Allí vemos también cómo se relacionaba David con el Santuario y cuál era la
respuesta del pueblo de Dios a lo que el Mesías haría por ellos. Además de esos
modelos que nos ayudan a entender mejor el ministerio de Jesús, las experien-
cias de quienes comprendieron lo que Dios enseñaba por medio del Santuario
contienen valiosas lecciones para nosotros y para nuestra relación con Dios.

Lee el Salmo 122. Aunque no podemos ir literalmente a esa «casa del Se-
ñor» (ya no está allí y no tendría sentido construir otra en la Tierra), ¿qué
elementos contiene este salmo que nos animan en relación con lo que Cris-
to hizo por nosotros? Observa los temas de la paz, la seguridad, la alabanza
y el juicio.

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Lección 8 | Lunes 19 de mayo

EN EL MONTE SION
En Apocalipsis 14 encontramos al pueblo de Dios de pie sobre el monte Sion.
Este se encontraba al oeste de lo que hoy se conoce como la Ciudad Vieja en
Jerusalén y era considerado la sede del Trono de Dios o de su presencia entre su
pueblo. Con el tiempo, el monte Moria, donde estaba el Templo, llegó también
a ser identificado como el monte Sion.
En otras palabras, esta importante descripción del remanente de Dios de
los últimos días se presenta en el lenguaje característico del Santuario, como
la mayoría de las escenas clave de Apocalipsis. Gracias al Cordero, el pueblo de
Dios está en el Monte Santo.

Lee los Salmos 15 y 24, donde David hace una pregunta de suma impor-
tancia: «¿Quién residirá en tu santo monte?» Compara su respuesta con la
descripción que hace Apocalipsis 14: 1 al 5 del pueblo de Dios que está en
Sion. ¿Qué paralelismos encuentras? ¿Cómo puede uno unirse a este grupo?
¿Qué significado tiene el hecho de que el nombre del Padre esté escrito en
sus frentes? (Apoc. 14: 1).

Si hacemos la voluntad de Dios y reflejamos su carácter, podemos ser parte de ese grupo, no
por méritos propios, sino que es porque Jesús ya venció y a través de el podemos estar
delante del trono de la gracia.

La descripción de aquellos a quienes se permite estar en la presencia de Dios


según los Salmos 15 y 24 representa una tarea bastante difícil de cumplir para los
simples pecadores. ¿Quién de nosotros puede decir honestamente que siempre
ha caminado rectamente o que siempre ha dicho la verdad (Sal. 15: 2)? Ninguno
de nosotros puede decir que «no caerá jamás» (Sal. 15: 5). La Biblia enseña que
si decimos que nunca hemos pecado la verdad no está en nosotros (1 Juan 1: 8).
La única conclusión posible a la que podemos llegar es que el Cordero es quien
nos permite estar de pie sobre el monte Sion. Aunque el Cordero no es mencio-
nado en esos dos salmos de David, aparece en la descripción de Apocalipsis 14.
Da la impresión de que Apocalipsis 14 respondiera a la pregunta de David. Ahora
que el Cordero de Dios ocupa su lugar legítimo en el monte Sion, en el Santuario,
nosotros también podemos estar allí en virtud de su perfecta justicia acredi-
tada a nosotros por la fe. Podemos tener la «plena seguridad para entrar en el
santuario, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es,
de su carne» (Heb. 10: 19, 20). Sin su sangre, no habría esperanza para nosotros.

Piensa en todas las promesas bíblicas de victoria sobre el pecado. ¿Por qué,
aun con esas promesas, seguimos sin estar a la altura del ejemplo perfecto
que Jesús nos ha dado y por qué necesitamos su vida perfecta como susti-
tuto nuestro?

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Martes 20 de mayo | Lección 8

LA LEY EN NUESTROS CORAZONES


El remanente reunido en Sion tiene un nombre escrito en la frente: el del
Padre y del Cordero. Puesto que Jesús es la imagen misma del Padre, es dudoso
que se trate de dos nombres diferentes. En las Escrituras, un «nombre» no re-
presenta una simple designación con la que las personas se dirigen unas a otras,
sino el carácter. Aún hoy, en muchas culturas se dice que una persona tiene un
«buen nombre» cuando los demás opinan bien de su carácter.

Lee Éxodo 33: 18 al 23; Éxodo 34: 1 al 7; y Salmo 119: 55. Cuando Moisés
pidió ver la gloria de Dios, ¿cuál fue la respuesta divina? ¿Qué ocurrió luego,
cuando Dios proclamó su nombre ante Moisés (Éxo. 34: 5-8)?

Algunos imaginan adecuadamente la gloria de Dios como una luz ence-


guecedora e inaccesible. No obstante, la gloria divina es más que una simple
exhibición visual. Su gloria es su carácter. Lo mismo ocurre con el nombre de
Dios, que también representa su carácter.
Cuando la Biblia dice que los integrantes del Remanente tienen el nombre
de Dios escrito en sus frentes, no se refiere a una inscripción literal, sino al ca-
rácter divino presente en la mente, en el corazón. La vida de ellos refleja el amor
y el carácter de Dios como resultado de haber sido atraídos a Dios y de amarlo
a causa de quién es y de lo que ha hecho por ellos.
Cuán interesante es también el hecho de que cuando Dios se describe a sí
mismo ante Moisés, lo hace en el contexto de entregarle otra copia de los Diez
Mandamientos, una transcripción de su carácter. Del mismo modo, quienes
tienen el «nombre» de Dios en sus frentes en Apocalipsis 14 son los que «guardan
los mandamientos de Dios». Nota lo que dice Hebreos: «Este es el pacto que
haré con ellos, después de esos días –dice el Señor–: Pondré mis leyes en sus
corazones y las grabaré en sus mentes. Y nunca más me acordaré de sus pecados
y transgresiones» (Heb. 10: 16, 17). ¡Qué maravillosa definición del evangelio!
Aunque la Ley de Dios se refleja en nuestra vida, todavía necesitamos que nues-
tros pecados no sean recordados «nunca más».
El nombre de Dios es su carácter. Su ley moral es un trasunto de su carácter.
Y aquellos que se reúnen en el monte santo de Dios en los últimos días están im-
buidos de un amor por Dios que se pone de manifiesto en la obediencia a su Ley.

Si somos salvos por la fe y no por la Ley, ¿cuál es entonces la importancia de


la Ley de Dios? (Ver 1 Juan 5: 3).

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Lección 8 | Miércoles 21 de mayo

SALMO 5
Lee Salmo 5, donde David traza agudos contrastes entre los perdidos
y quienes han sido redimidos. Compara el contenido de este salmo con
el lenguaje de Apocalipsis 14: 1 al 12. ¿Qué similitudes encuentras y cómo
influye esto en tu comprensión de lo que significa formar parte del movi-
miento remanente de los últimos días creado por Dios?

Nota que David insiste en que el mal «no habitará» con Dios (Sal. 5: 4). El
objetivo del Tabernáculo era que Dios pudiera habitar entre su pueblo, algo que
Dios también pretende en el caso del reino de Cristo (ver Apoc. 21: 3). Quienes
quieran acercarse al Trono de Dios deben ser redimidos.
También es digno de mención que Salmo 5: 7 describe un acto de adoración,
que es la cuestión central en juego en el Gran Conflicto. Apocalipsis 13 menciona
cinco veces la «adoración», y los mensajes de los tres ángeles llaman al mundo
a adorar «al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas». David
dice: «Adoraré hacia el templo de tu santidad en tu temor» (Sal. 5: 7, RVA), y el
mensaje del Remanente hace el siguiente llamado al mundo: «¡Teman a Dios y
denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio!» (Apoc. 14: 7).
Observa también que «no se halló engaño» en las bocas de los redimidos
(Apoc. 14: 5), pues son veraces, y sus palabras y sus acciones reflejan el carácter
justo de Dios. Según David, «no hay sinceridad» en la boca de los malvados
(Sal. 5: 9).
La escena que Juan presenta en esta parte clave del Apocalipsis es asombrosa:
simples pecadores han sido rescatados de la muerte y tienen el privilegio de
estar en la presencia de Dios. No han ganado ese derecho, sino que les ha sido
concedido porque el Cordero de Dios, el justo Hijo del Hombre, está allí con
ellos. Fueron perdonados, están redimidos y ya no tienen que cargar con su
propia culpa (comparar con Sal. 5: 10), porque el Cordero de Dios la ha llevado
por ellos (comparar con Isa. 53: 12 y 2 Cor. 5: 21).
Cuando el nombre de Dios ha sido escrito en el corazón, es difícil permanecer
en silencio. El pueblo de Dios hace un último ofrecimiento de misericordia a
«gran voz» (Apoc. 14: 7). «Pero alégrense todos los que en ti confían; den siempre
voces de júbilo, porque tú los defiendes. En ti se regocijen los que aman tu
nombre» (Sal. 5: 11).

Imagina que estás ante un Dios santo y perfecto en ocasión del Juicio y con
todos tus hechos expuestos ante él. ¿Qué te dice esta perspectiva acerca de
tu necesidad de la justicia de Cristo?

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Jueves 22 de mayo | Lección 8

ENSEÑA A LOS TRANSGRESORES TU CAMINO


Después de que el Señor apareció a Isaías en la escena de la sala del Trono
de Isaías 6: 1 al 8, y después de que se le dijo que su culpa había sido quitada y
su pecado perdonado, respondió al llamado de Dios diciendo: «Aquí estoy, en-
víame a mí» (Isa. 6: 8). Cuando supo que había sido limpiado por Dios, y a pesar
de conocer sus faltas, estuvo dispuesto a trabajar para el Señor.
¿No ocurre lo mismo con nosotros? ¿Cómo podemos proclamar la salvación
a otros si nosotros mismos no la hemos experimentado? La salvación puede ser
nuestra por la fe en Jesús y por lo que él ha hecho por nosotros.

Lee Salmo 51: 7 al 15. ¿Qué promete hacer David después de haber sido
perdonado y limpiado de su pecado?

Ser llamado a la presencia de Dios es, en última instancia, ser enviado al


mundo con una misión. En su sabiduría, Dios ha comisionado a los redimidos
para servir como su vocero principal en favor de un mundo caído. El impacto
de su pueblo en la Tierra se hará sentir poderosamente en algún momento.
Apocalipsis 18: 1 dice que su llamado final dirigido al planeta caído iluminará
el mundo entero.
«Tan pronto como uno acude a Cristo nace en el corazón un vivo deseo de
dar a conocer a los demás cuán precioso amigo ha encontrado en el Señor Jesús.
La verdad salvadora y santificadora no puede permanecer confinada en el co-
razón. Si estamos revestidos de la justicia de Cristo y rebosamos de gozo por la
presencia de su Espíritu, no podremos quedarnos callados. Si hemos probado y
visto que el Señor es bueno, tendremos algo que decir a los demás. Como Felipe
cuando encontró al Salvador, invitaremos a otros a que se acerquen a él» (Elena
G. de White, El camino a Cristo, pp. 115, 116).
Los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14 se basan en el «evangelio
eterno» (Apoc. 14: 6). Esto significa que, aun antes de la exhortación a adorar a
aquel «que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas» (Apoc. 14:
7), del anuncio de la caída de Babilonia (Apoc. 14: 8) y de la advertencia contra la
adoración «a la bestia y a su imagen» (Apoc. 14: 9), se proclama el fundamento
del evangelio: la salvación en Jesús. Las advertencias y los mensajes de los tres
ángeles no son otra cosa que la esperanza y la confianza que los voceros de esos
mensajes tienen en Jesús y en lo que ha hecho por ellos. Fuera del «evangelio
eterno», realmente no tenemos nada de valor que decir al mundo.

Medita en el hecho de que, incluso antes del inicio de la proclamación de


los mensajes de los tres ángeles, se nos señala el «evangelio eterno». ¿Qué
nos dice esto acerca de cuán fundamental es esta verdad para todo lo que
creemos?
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Lección 8 | Viernes 23 de mayo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


«Los salmos de David pasan por toda la gama de la experiencia humana,
desde las profundidades del sentimiento de culpabilidad y condenación de sí
hasta la fe más sublime y la más exaltada comunión con Dios. La historia de
su vida muestra que el pecado no puede traer sino vergüenza y aflicción, pero
que el amor de Dios y su misericordia pueden alcanzar hasta las más hondas
profundidades; que la fe elevará el alma arrepentida hasta hacerle compartir la
adopción de los hijos de Dios. De todas las promesas que contiene su Palabra,
es uno de los testimonios más poderosos en favor de la fidelidad, la justicia y
la misericordia del pacto de Dios.[...]
»“Juré a David mi siervo, diciendo […]. Mi mano estará siempre con él; mi
brazo también lo fortalecerá. […] Mi fidelidad y mi misericordia estarán con él
y en mi nombre será exaltado su poder. Asimismo pondré su mano sobre el
mar y sobre los ríos su diestra. Él clamará a mí, diciendo: ‘Mi padre eres tú, mi
Dios, y la roca de mi salvación’. Yo también lo pondré por primogénito, el más
excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le aseguraré mi misericordia y mi
pacto será firme con él. Estableceré su descendencia para siempre y su trono
como los días de los cielos” (Sal. 89: 3, 21-29)» (Elena G. de White, Patriarcas y
profetas, pp. 745, 746).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. La humanidad ha fracasado miserablemente en cuanto a cumplir su par-
te en los pactos hechos con Dios. A pesar de algunos grandes errores, Da-
vid, el «hombre según el corazón de Dios», fue utilizado poderosamente
para comunicarnos los términos de nuestra salvación. ¿En qué sentido
David prefigura a Jesús, quien sí fue perfectamente fiel al pacto de Dios
en nuestro favor? ¿Por qué lo que Jesús hizo por nosotros es nuestra úni-
ca esperanza?
2. ¿Qué pasajes de los Salmos han sido especialmente útiles o significati-
vos para ti por reflejar el tipo de experiencias que has vivido?
3. ¿Por qué los Salmos se refieren con tanta frecuencia al Templo? ¿Qué po-
demos aprender del amor que David sentía por el Santuario? ¿Cómo pue-
de esto ayudarnos a apreciar lo que Jesús significa para nosotros como
nuestro Sumo Sacerdote celestial, «que además está a la diestra de Dios e
intercede por nosotros» (Rom. 8: 34)? ¿Por qué, incluso como redimidos,
necesitamos que Cristo interceda por nosotros en el Cielo?
4. Sobre la base de la cita anterior de Elena G. de White, ¿cuál ha sido tu
experiencia? Es decir, ¿cómo ha elevado Dios tu «alma arrepentida para
participar de la adopción de los hijos de Dios» después de la «vergüenza
y la aflicción» del pecado?

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Lección 9: Para el 31 de mayo de 2025

EN LOS SALMOS
- SEGUNDA PARTE
Sábado 24 de mayo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 46; Jeremías 4: 23-26; Salmo
47: 1-4; 1 Tesalonicenses 4: 13-17; Salmo 75; Apocalipsis 14: 6-12.

PARA MEMORIZAR:
«Dios, alábente los pueblos, todos los pueblos te alaben. Alégrense y gó-
cense las naciones, porque juzgarás a los pueblos con equidad, y guiarás a
las naciones en la tierra» (Sal. 67: 3, 4).

A l pensar en los acontecimientos finales, tendemos a centrarnos en las


bestias y los poderes descritos en Apocalipsis, que tienen sin duda un
papel importante. De lo contrario, Dios no los habría incluido en la Biblia
para que entendiéramos qué representan (ver Apoc. 1: 3). Sin embargo, la profecía
también trata temas clave relacionados con el pecado, el sufrimiento, el juicio, la
lucha entre el bien y el mal, la justicia, la injusticia, la persecución y mucho más.
Los Salmos también tratan estos temas con gran profundidad y exploran las
emociones humanas: desde el oscuro abatimiento hasta la alegría desbordante.
Vemos allí a Israel preparándose para la batalla contra las fuerzas de las tinieblas.
Leemos acerca de personas que luchan con la pregunta de por qué Dios no se en-
frenta al mal de forma más directa e inmediata, una pregunta que sin duda todos
nos hemos hecho alguna vez. Se nos dirige al Santuario en busca de respuestas,
y también se apela repetidamente a la condición de Dios como Creador. ¿No son
estas cuestiones y preguntas las mismas con las que también nosotros luchamos
en nuestro contexto actual? Claro que sí. Por eso seguiremos estudiando y apren-
diendo acerca de estas verdades cruciales contenidas en los Salmos.
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Lección 9 | Domingo 25 de mayo

«NUESTRO PRONTO AUXILIO


EN LAS TRIBULACIONES»
Lee Salmo 46. ¿Qué mensaje de esperanza podemos extraer de esto en
medio de la confusión actual y de lo que sabemos que ocurrirá en la tierra
en los últimos días a medida que el Gran Conflicto se desarrolla aquí?

El Salmo 46 parece tocar un tema que encontramos en el libro de Hebreos:


el de algo mejor. Jesús es mejor que el sumo sacerdote terrenal, su sacrificio es
mejor que todos los sacrificios de animales, y el Santuario celestial es mejor que
los tipos o prefiguraciones simbólicas que existían en la Tierra.
Sin embargo, este salmo adopta un enfoque diferente. El autor no está sim-
plemente contrastando cosas buenas con otras que son mejores, sino contras-
tando un mundo en rebelión y las terribles consecuencias resultantes de ello
con la promesa de las cosas mejores que Dios está preparando para nosotros.
De hecho, este salmo está lleno de esperanza y de la promesa de que, incluso
en medio de la desolación, las pruebas, el sufrimiento y las guerras a las que nos
enfrentamos, en última instancia debemos atender el consejo divino: «Estén
quietos, y conozcan que Yo Soy Dios» (Sal. 46: 10), y descansar en la seguridad
de que un día todo esto terminará y que Dios será exaltado «entre las naciones,
enaltecido [...] en la tierra» (Sal. 46: 10).
Nota también lo que está escrito aquí: «Por eso no temeremos, aunque la tierra
sea removida, aunque se traspasen los montes al corazón del mar» (Sal. 46: 2).
Es inevitable que vengan a la mente las escenas que tendrán lugar en ocasión
de la Segunda Venida: «El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla, y
todo monte y toda isla fueron removidos de su lugar» (Apoc. 6: 14), y también lo
siguiente: «Esperando y apresurándose para la venida del día de Dios, en el cual
los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso
calor» (2 Ped. 3: 12; LBLA). Nuestro mundo actual y sus males característicos
no durarán para siempre. Lo que vendrá después supera nuestra capacidad de
comprender. Por ahora, sin embargo, solo tenemos que soportar, perseverando
en la fe y aferrándonos a la revelación de Dios que tenemos, especialmente la
que fue hecha por Jesús en la Cruz.

Por muy mal que vayan las cosas en este mundo (y sabemos que empeora-
rán), ¿qué esperanza deberías extraer de tu conocimiento de la bondad, el
poder y el carácter de Dios (piensa en la Cruz)?

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Lunes 26 de mayo | Lección 9

ESPERANZA EN MEDIO DE LA CONFUSIÓN


Gran parte del lenguaje del libro de los Salmos es simbólico, metafórico,
pero cuando se trata del que apunta al restablecimiento definitivo de nuestro
planeta, hay pocas razones para creer que es meramente figurado. El Salmo
46 nos recuerda que nuestro planeta se verá profundamente afectado por el
regreso de Cristo. Pero no se trata apenas de las rocas y los océanos, sino que
el gran clímax de la historia de la Tierra significará el colapso de los reinos
mundanos, de los miserables sistemas de gobierno humano que han causado
tanto sufrimiento durante milenios.
Todos estos poderes, así como el mal y el sufrimiento que han provocado a
la humanidad, dejarán por fin de existir.

Lee Jeremías 4: 23 al 26. ¿Qué nos dice esto acerca del destino de este
mundo, al menos hasta que haya «un cielo nuevo y una tierra nueva»
(Apoc. 21: 1)?

La profecía bíblica revela lo que ocurrirá a este mundo. Por ejemplo, la visión
de Daniel 7 muestra un mar tempestuoso del cual surgen naciones. Los vientos de
la contienda y la guerra soplan sobre el mar pagano o gentil (la tierra), dando
origen a un reino mundano tras otro, ninguno de los cuales puede resolver los
problemas que acosan a la humanidad. Los líderes mundanos en los que nos
atrevemos a confiar son casi siempre tan pecadores y egoístas como el resto
de nosotros.
Ninguno de los reinos mostrados a Daniel resultó ser un hogar seguro para
el pueblo de Dios, aun cuando algunos fueron mejores que otros. No obstante,
sabemos que nuestra ciudadanía se encuentra en el Reino de Dios (Fil. 3: 20) y
que muy por encima del caos de este planeta hay un Trono inamovible (ver Eze.
1: 26). Jesús enseñó que el mundo se sumirá en un desorden cada vez más pro-
fundo a medida que nos acerquemos al momento del regreso de Cristo (Mat. 24),
pero podemos resistir aferrados a la fe, independientemente de la condición de
nuestro planeta, porque sabemos que Dios no ha perdido el control y que cum-
plirá sus promesas: «Braman las naciones, titubean los reinos; alza él su voz y
se derrite la tierra. ¡El Señor Todopoderoso está con nosotros! Nuestro refugio
es el Dios de Jacob» (Sal. 46: 6, 7). Las cosas no irán bien a corto plazo, pero sí en
última instancia gracias a Jesús.

Nuestro mundo parece caótico y fuera de control. Sin embargo, ¿cómo de-
bería ayudarnos la profecía de Daniel 7, por ejemplo, a ver que, en última
instancia, todo saldrá bien si permanecemos fieles?

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Lección 9 | Martes 27 de mayo

BAJO SUS PIES


Lee Salmo 47: 1 al 4. ¿Qué dice el salmista acerca del lugar que nos espera
en el reino de Cristo?

A largo plazo, el futuro es brillante. Hasta entonces, la humanidad ha


cedido el dominio del planeta a Lucifer, por eso cuando Satanás apareció en
el concilio celestial registrado en el libro de Job se jactó de que esta Tierra
le pertenecía. «¿De dónde vienes?», le preguntó Dios. «De rodear la tierra y
andar por ella», respondió (Job 1: 7).
Satanás estaba declarándola su propiedad; el hecho de poner el pie en un
lugar era en la antigüedad una manera de representar el derecho a la posesión.
«Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho, porque a ti te la daré», dijo
Dios a Abraham (Gén. 13: 17).

Compara 1 Tesalonicenses 4: 13 al 17 con Zacarías 14: 4 y presta atención


a lo que dice este último pasaje acerca de los pies de Cristo. ¿Qué diferencia
encuentras entre esos pasajes y qué enseñan acerca de estos dos aspectos
diferentes, pero relacionados, de la soberanía final de Cristo sobre este
mundo?

Elena G. de White escribió lo siguiente acerca de lo que Cristo hará al final


del Milenio: «Cristo baja sobre el Monte de los Olivos, de donde ascendió después
de su resurrección, y donde los ángeles repitieron la pro­mesa de su regreso. El
profeta dice: “Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos”. “En aquel día se
afirmarán sus pies sobre el Monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén,
al orien­te. El Monte de los Olivos, se partirá por la mitad [...] formando un valle
muy grande”. “Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será
único, y único será su nombre” (Zac. 14: 5, 4, 9). La nueva Jerusalén, descen-
diendo del cielo en su des­lumbrante esplendor, se asienta en el lugar purificado
y preparado para recibirla, y Cristo, su pueblo y los ángeles, entran en la santa
ciudad» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 644).

Nota la esperanza que se nos ha dado en Jesús. Piensa en lo que significa-


ría la vida si todo terminara para siempre con la muerte. Todo sería inútil,
¿verdad?

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Miércoles 28 de mayo | Lección 9

VINO Y SANGRE
Lee Salmo 75, Mateo 26: 26 al 29 y Apocalipsis 14: 9 al 12. ¿Qué revela el
Salmo 75 sobre algunas de las cuestiones que están en juego en el Juicio, y
cómo nos ayudan los otros textos a entender estas cuestiones?

Se cree que este salmo fue cantado tras la milagrosa aniquilación del ejército
de Senaquerib (2 Crón. 32; 2 Rey. 19), una historia que parece apuntar a la des-
trucción final de los malvados en Apocalipsis 20. El pueblo de Dios está dentro
de la Ciudad Santa con su Rey justo cuando los ejércitos del mal los rodean y
son destruidos por Dios mismo.
Una de las cosas que Dios corrige en ocasión del Juicio es la apropiación
indebida del poder que ha tenido lugar en nuestro mundo. Los seres humanos
caídos ya no viven para los demás ni para la gloria de Dios, sino para sí mismos.
Hoy experimentamos en muchos sentidos las consecuencias de haber elegido
creer que no hay sentido ni norma moral objetiva en el universo. El filósofo
Friedrich Nietzsche insistía en que debemos crear nuestro propio sentido y que
debemos pretender que el universo existe para nuestro beneficio. En efecto,
cada individuo se comporta hoy como si fuera un dios.
¿Cómo le fue a Nietzsche con esta filosofía? No muy bien. Perdió la razón
y se desplomó en una calle de Italia tras intentar impedir que un hombre gol-
peara a un caballo. Luego pasó los siguientes once años de su vida en un estado
semicatatónico antes de su muerte, en 1900.
Independientemente de la gravedad de los problemas existentes, se nos re-
cuerda que los creyentes debemos vivir con esperanza y no imaginar el futuro
sobre la base de los acontecimientos actuales. Es fácil desesperarse cuando
vemos que los pilares de la civilización son erosionados constantemente por
los impíos, o por aquellos cuya visión de Dios no se encuentra en la Biblia.
Actualmente vivimos en un período en el que los valores morales –incluso
cosas tan básicas como el género humano, la distinción entre el hombre y
la mujer– han sido atacados, al menos en algunas partes del mundo. Ciertos
tipos de inmoralidad, cosas de las que mucha gente se habría avergonzado
de hablar incluso en privado, son ahora alabadas y aplaudidas públicamente.
Así de mal están las cosas.

Aunque debemos poner de nuestra parte para intentar mejorar la vida de


los demás, ¿por qué siempre es importante recordar que será necesaria la
destrucción total de este mundo actual y su recreación sobrenatural para
que todo sea restaurado?

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Lección 9 | Jueves 29 de mayo

PARA QUE SE CONOZCA TU SALVACIÓN


Lee el Salmo 67. ¿De qué manera este himno de alabanza te ayuda a
comprender el papel del pueblo de Dios en Apocalipsis 14: 6 al 12?

Ingenieros del Instituto de Tecnología de Massachusetts, EE. UU., han creado


un nuevo revestimiento negro que hace casi invisibles los objetos pintados con
él. Logrado a partir de nanotubos, es muchas veces más oscuro que cualquier
material negro fabricado anteriormente. Este nuevo material puede absorber
el 99,99 % de toda la luz visible. Ni siquiera la luz más brillante consigue hacer
visibles los objetos cubiertos con este revestimiento.
El Salmo 67 comienza con un llamamiento a Dios para que «haga resplan-
decer su rostro sobre nosotros. Para que sea conocido en la tierra tu camino»
(Sal. 67: 1, 2). Mediante su plan de salvación, Dios ha provisto un camino para
que los pecadores sean readmitidos en su presencia sin ser destruidos por su
gloria; e incluso ahora, en esta vida, la Cruz de Cristo hace posible que el rostro
de Dios brille sobre nosotros.
Pero, hay más. Dios quiere que reflejemos su luz al resto del mundo. Esta
fue la tarea encomendada a Israel. El Templo debía ser una casa de oración para
todas las naciones: «Yo los llevaré a mi santo monte y los alegraré en mi casa de
oración. Sus holocaustos y sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi
casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» (Isa. 56: 7).
En este salmo, David apela a Dios para que «sea conocido en la tierra tu
camino, en todas las naciones tu salvación» (Sal. 67: 2). Desgraciadamente, el
pueblo de Dios ha fracasado a menudo en esta tarea. La historia de Israel
en el Antiguo Testamento contiene algunos capítulos oscuros, al igual que la
historia de la iglesia cristiana en los últimos dos milenios, como si hubiéramos
pintado nuestros corazones con una sustancia ultraoscura y nos contentáramos
con absorber la luz de Dios sin reflejarla.
A veces consideramos al pueblo remanente de los últimos días como si
se tratara de una sala de embarque exclusiva para pasajeros espirituales fre-
cuentes, mientras nos conformamos con que el resto del mundo permanezca
en la ruidosa e incómoda sala de embarque común, sin estar preparados para
el viaje que les espera. Sin embargo, la iglesia remanente de Apocalipsis 14 no
se contenta con permanecer en Sion con Cristo y disfrutar allí de su presencia.
Por el contrario, sus integrantes vuelan sobre la faz de la Tierra mientras instan
al mundo a unirse a ellos en el monte santo de Dios.

¿Qué obligaciones deberíamos sentir como iglesia y como individuos en


cuanto a enseñar a los demás las verdades que tanto amamos?

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Viernes 30 de mayo | Lección 9

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee Salmo 133, Hechos 1: 4 al 9 y Apocalipsis 5: 4 al 7.
«Durante la era patriarcal, la influencia del Espíritu Santo se había revelado a
menudo en forma muy notable, pero nunca en su plenitud. Ahora, en obediencia
a la palabra del Salvador, los discípulos ofrecieron sus súplicas por este don, y en
el Cielo Cristo añadió su intercesión. Reclamó el don del Espíritu, para poderlo
derramar sobre su pueblo» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 31).
Los discípulos recibieron la comisión de dar testimonio de Cristo «hasta lo
último de la tierra» (Hech. 1: 8), una obra que anunciaría el regreso de Cristo
(Mat. 24: 14). Nosotros debemos continuar lo que ellos empezaron.
Cuando Cristo nos dijo que lleváramos el evangelio al mundo, no nos dejó
solos para que descubriéramos cómo hacerlo. El trabajo es dirigido desde el
Santuario del Cielo. Nuestro trabajo está indisolublemente fusionado con Cristo:
él nos guía y nos da poder. Esta es su obra, no la nuestra. Por eso se nos pide
que sigamos su dirección. Ese era el caso también con Israel: Dios les pidió
que siguieran sus instrucciones e hizo luego que ocurriera lo imposible. El
Espíritu ya está actuando en los corazones de nuestros prójimos y se nos pide
que estemos allí cuando llegue el momento de la decisión, para que podamos
invitarlos a unirse al pueblo de Dios cuando esté con el Cordero sobre el monte
Sion. No necesitamos inventar nuevos medios y métodos, pues nunca hemos
estado a cargo de la obra.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Aún hay muchas personas no alcanzadas, aunque los mensajes de los
tres ángeles han llegado a todo el mundo. Dialoguen como clase acerca
de cómo puede nuestra iglesia realizar mejor la tarea para la que Cristo
nos está usando. ¿Cómo podemos aprender a no desesperarnos por el
hecho de que aún hay tanta gente que no ha oído hablar de las verdades
cruciales para los últimos días?
2. Juan es testigo, en Apocalipsis 5, de cómo el rollo sellado es entregado al
Cordero porque es digno. Cuando el Cordero abre los sellos del rollo en
Apocalipsis 6, vemos claramente predicha la historia de la iglesia cris-
tiana desde la época del Nuevo Testamento hasta el final de los tiempos.
¿Qué lecciones podemos aprender de esta descripción acerca de cómo se
propone Dios terminar la obra?
3. ¿Qué acontecimientos actuales podrían conducir fácilmente a lo que sa-
bemos que se avecina en Apocalipsis 13 y 14? ¿Qué obstáculos quedan
aún por delante?

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Lección 10: Para el 7 de junio de 2025

«LOS QUE HAN LLEGADO


AL FIN DEL TIEMPO»
Sábado 31 de mayo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Apocalipsis 6: 12-17; Mateo 24: 36-
44; Génesis 6: 1-8; 2 Pedro 2: 4-11; Génesis 18: 17-32; Daniel 7: 9, 10.

PARA MEMORIZAR:
«Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos
a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo. Así, el que piensa estar
firme, mire que no caiga» (1 Cor. 10: 11, 12).

L a Biblia abunda en relatos acerca del pueblo de Dios que apuntan a aconteci-
mientos futuros y contienen claves para entender la «verdad presente». De
hecho, algunos de esos relatos prefiguran acontecimientos de los últimos
días con sorprendente detalle y proveen una base más amplia para entender
con claridad las profecías de Daniel y Apocalipsis.
Sin anular la libertad de conciencia de cada persona, Dios puede guiar per-
fectamente los acontecimientos que ocurrirán en los últimos días para que
sucedan tal como él se los reveló a los profetas. La relación entre los eventos
finales y algunas importantes historias bíblicas es obvia, pues el Nuevo Testa-
mento se refiere a ellas al describir los eventos de los últimos días. Tal es el caso
de la destrucción de Sodoma y Gomorra, el Diluvio, etc. Otros relatos bíblicos
requieren ser estudiados cuidadosamente para extraer de ellos las verdades que
nos han sido reveladas en la Palabra de Dios.
Durante las próximas dos semanas examinaremos una serie de relatos clave
que abordan la Segunda Venida, el Juicio Investigador, la crisis final y otros
temas. Como resultado de ese estudio, veremos que Cristo está en el centro de
todo y debe ser el objetivo final de todo empeño por comprender las profecías.
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Domingo 1° de junio | Lección 10

LA IRA DEL CORDERO


Lee Apocalipsis 6: 12 al 17. Considera los detalles de la respuesta de estas
personas ante el desarrollo repentino de los acontecimientos finales. ¿Qué
notas en su respuesta?
Sorpresa y miedo ante los acontecimientos del fin del mundo, tanto que piden a los montes
que caigan sobre ellos y se esconden de la presencia del Cordero.

Es interesante notar que los perdidos no exclaman: «¿Qué es esto?» o «¿quién


está detrás de esto?». Parecen entender lo que ocurre. Se refieren a Jesús como «el
Cordero», lo que requiere conocer algo acerca de la historia de Cristo como Redentor.
También parecen ser conscientes de que «ha llegado el gran día de su ira» y que se
encuentran en una situación desesperada: «¿Quién podrá quedar en pie?»
Antes del fin, el evangelio es llevado a todas las naciones (Mat. 24: 14) y los
mensajes de los tres ángeles son comunicados a todo el mundo. Sin embargo,
habrá personas que serán sorprendidas, no por falta de información, sino por
su negativa a creer y obedecer. Esta será la razón por la que se perderán.

Lee Mateo 24: 36 al 44. ¿Qué lecciones Jesús nos invita a aprender de la
historia de Noé?
Debemos estar preparados, hoy en día tenemos la luz que necesitamos, y Dios
constantemente nos hace el llamado a la salvación. Lo que tenemos que hacer es cumplir su
voluntad y esparcir el evangelio.

Jesús señala la historia del Diluvio para advertirnos que su segunda venida
será una sorpresa para muchos. Al igual que la Segunda Venida, el Diluvio
no sorprendió al mundo por falta de información. Noé predicó durante 120
años a un mundo que se negaba a creer. Se les dijo lo que iba a suceder. Sim-
plemente, no quisieron creer.
A su vez, muchas personas aseguran que el largo tiempo transcurrido im-
plica que las profecías no son dignas de crédito. Pedro cita en tal sentido la
historia del Diluvio cuando dice que, «ante todo, sepan que en los últimos días
vendrán burladores, quienes, sarcásticos, andarán según sus bajos deseos y
dirán: “¿Dónde está la promesa de su venida? Desde que los padres durmieron,
todas las cosas permanecen como desde el principio de la creación”» (2 Ped. 3:
3, 4). Este sentimiento irá en aumento a medida que pase el tiempo.

En el caso de quienes mueran antes del regreso de Cristo, la Segunda Ve-


nida (o la tercera, si mueren sin aceptar a Jesús como su Salvador) ocurrirá
apenas un instante después de haber cerrado sus ojos. Por otra parte, la
vida transcurre muy velozmente. ¿Cómo pueden ayudarnos esas realidades
a afrontar la «demora»?

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Lección 10 | Lunes 2 de junio

LA EVANGELIZACIÓN DE NOÉ
Pedro nos recuerda que muchos no estarán preparados para el regreso
de Cristo porque «intencionalmente ignoran» (2 Ped. 3: 5) lo que ocurrió
en ocasión del Diluvio. En la actualidad, aunque un asombroso número de
culturas, desde los antiguos griegos hasta los mayas, registran la historia de
un diluvio global y devastador, la narración bíblica acerca del Diluvio es una
de las más ridiculizadas. Como se predijo, el mundo está poniendo a un lado
el relato bíblico del Diluvio como si se tratara de un mito, sin importar cuán
clara y explícitamente se lo describe en el Antiguo Testamento y cuántas
veces se hace referencia a él en el Nuevo Testamento.

Jesús dijo, en Mateo 24: 37 al 39, que la situación mundial se parecería


a la de «los días de Noé». Compara este pasaje con Génesis 6: 1 al 8. ¿Cuáles
fueron las condiciones morales que condujeron al Diluvio? ¿Qué paralelis-
mos existen entre la época de Noé y la nuestra?

Un estudio cuidadoso de la Escritura revela otra lección importante para el


pueblo remanente de Dios de los últimos días. Hebreos 11: 7 dice que Noé «con
santa reverencia construyó el arca para salvar a su familia. Por su fe condenó
al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que viene por la fe».
Imagina lo que significó para Noé predicar durante más de un siglo y que
solo su familia entrara en el arca. Si él hubiera sido un evangelista moderno,
nos sentiríamos tentados a pensar que fracasó.
Afortunadamente, muchos lugares del mundo son en este momento muy
receptivos a los mensajes de los tres ángeles. Como resultado, muchos están co-
nociendo al Señor. Todavía no hemos llegado al punto en que no haya resultados,
aunque se nos ha dicho que se acerca el momento en que «habrá terminado el
tiempo de gra­cia, y será cerrada la puerta de la misericordia. Así que las palabras:
“Las que estaban preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta”, nos
conducen a través del ministerio final del Salvador, hasta el momento en que
quedará terminada la gran obra de la sal­vación del hombre» (Elena G. de White,
El conflicto de los siglos, p. 424).
Hasta entonces, tenemos una obra que hacer como iglesia.

¿Cómo podemos aprender a no desanimarnos si nuestros esfuerzos perso-


nales de evangelización no parecen dar mucho fruto por el momento? ¿Por
qué debemos seguir esforzándonos? (Ver Juan 4: 35-37).

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Martes 3 de junio | Lección 10

LA HISTORIA DE SODOMA Y GOMORRA


Hay otra historia clave del Antiguo Testamento a la que Pedro hace refe-
rencia al describir los acontecimientos de los últimos días: la destrucción de
Sodoma y Gomorra. Las ciudades de la llanura se han hecho legendarias por
su maldad y se convirtieron en el primer ejemplo de poblaciones destruidas
por el fuego del Cielo.

Lee 2 Pedro 2: 4 al 11, Judas 5 al 8 y Ezequiel 16: 46 al 50, y pon atención


a todos los detalles. ¿Cuáles fueron las condiciones morales que desembo-
caron en la destrucción de estas ciudades y qué paralelismos existen con
la condición actual del mundo?

La advertencia dada a través del relato de Sodoma y Gomorra a quienes viven


en la Tierra en estos últimos días es clara: finalmente, los malvados también
serán destruidos por el fuego, como se describe con tanta claridad en Apoca-
lipsis 20. El pecado es notablemente engañoso, en el sentido de que nos impide
percibir la condición de nuestro propio corazón y hace que nuestras transgre-
siones nos parezcan aceptables, a diferencia de las de los demás. En el mismo
capítulo donde Dios habla de cuánto ha amado a su pueblo, también le advierte
que, aunque este no cometió los mismos pecados que Sodoma, se ha vuelto más
perverso que ella (Eze. 16: 47).
Israel había estado «fornicando» (ver Eze. 16: 41); es decir, cometiendo adul-
terio espiritual. Imagina la sorpresa del pueblo de Dios cuando sus integrantes
escucharon que eran más malvados que gente famosa por su maldad.
Esto no es una novedad acerca del antiguo Israel ni de la humanidad. En
Romanos 1: 18 al 32, Pablo presenta una larga lista de faltas humanas que podría
haberse escrito sobre la base de las noticias actuales. La descripción que hace
Pablo del pecado de los gentiles, o paganos, no pretendía que los judíos se sin-
tieran superiores, sino que el pueblo de Dios comprendiera por fin la gravedad
de sus propios pecados. Natán hizo lo mismo cuando habló con David: le contó
la historia de un hombre rico que robó el único cordero que tenía un hombre
pobre. Esta historia «encendió el furor de David» (2 Sam. 12: 5) pues la injusticia
descrita era obvia. Aun así, fue necesaria la declaración de Natán: «¡Tú eres ese
hombre!» (2 Sam. 12: 7) para que David se viera reflejado en la historia.
Es importante recordar que la Biblia no se dirige principalmente al mundo
exterior, sino al propio pueblo de Dios. La descripción de los atroces pecados
de otros en Apocalipsis 13 o 17 es una advertencia de que nosotros también
podemos caer en la misma trampa.

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Lección 10 | Miércoles 4 de junio

EL JUEZ DE TODA LA TIERRA


La Biblia registra una curiosa historia que tiene lugar en las llanuras de
Mamre justo antes de la destrucción de Sodoma. En ese relato, Dios se aparece
a Abraham acompañado por dos ángeles. Cuando el patriarca los ve, invita a
los visitantes celestiales a una comida, y en ese momento Dios promete que
Abraham y Sara tendrán un hijo del cual descendería el Mesías. Jesús, en efecto,
procedía del linaje de Abraham (comparar con Gál. 3: 16). A continuación, el
relato pasa repentinamente al asunto de las ciudades malvadas de la llanura.

Lee Génesis 18: 17 al 32. ¿Qué enseñan estos versículos acerca del carácter
de Dios y de cómo piensa hacer frente al mal existente en nuestro planeta?

Dios no nos debe una explicación, pero decide no ocultar sus motivos y sus
planes a la humanidad. En tal sentido, el profeta Amós dice: «Nada hace Dios, el
Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas» (Amós 3: 7).
Antes de destruir Sodoma y Gomorra, Dios informa a Abraham lo que está
a punto de suceder, aquello de lo que este será pronto testigo.
Dios se queda con Abraham mientras los dos ángeles se dirigen a la ciudad
malvada para llamar a los que harán caso de su advertencia. Lo mismo puede
decirse de los ángeles proféticos que exhortan en los últimos días a quienes son
parte del pueblo de Dios a salir de Babilonia (Apoc. 14: 6-12; 18: 1-4). Mientras se
proclama la última advertencia, Dios discute con Abraham lo que está a punto
de suceder y se somete de buen grado a las preguntas del patriarca.
«Lejos de ti hacer eso, que hagas morir al justo con el impío, y que el justo sea
tratado como el impío. Nunca hagas tal cosa. El Juez de toda la tierra, ¿no hará
lo que es justo?», pregunta Abraham (Gén. 18: 25). Abraham no solo examinaba
el caso de Sodoma, sino también el carácter de Dios. Del mismo modo, antes de
que llegue el fin del mal y de los malvados, Dios abre los libros del cielo (Apoc.
20: 4, 11-15) y nos permite acceder a la evidencia antes de hacer descender fuego
sobre la Tierra. Es decir, tendremos mil años para obtener respuesta a muchas
preguntas que ahora tenemos.

Antes de ejecutar su juicio final sobre los perdidos, el Señor nos dará mil
años para entender por qué lo hará. ¿Qué nos dice esto acerca de su carác-
ter y de cuán dispuesto está al escrutinio de sus acciones por parte de los
seres creados que dependen totalmente de él para existir y que no tienen
ningún derecho inherente a conocer estas cosas?

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Jueves 5 de junio | Lección 10

EL JUICIO PREVIO AL ADVENIMIENTO


La descripción del Juicio que se encuentra en Daniel 7 nos permite ver detrás
del velo, una oportunidad impresionante de observar cómo actúa Dios para
resolver el problema del pecado y para redimir a quienes desean vivir en una
relación de pacto con él.

Lee la descripción del Juicio Investigador que se ofrece en Daniel 7: 9,


10, 13, 14, 22, 26 y 27. ¿Cuál es el objetivo principal del Juicio? ¿Cuál es el
veredicto emitido al final del proceso? ¿Qué nos dice esto acerca del Plan
de Salvación?

No cabe duda de que la humanidad es juzgada por Dios. Eclesiastés 12: 14


asegura que «Dios traerá toda obra a juicio», y Pablo nos recuerda que «todos
hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo» (Rom. 14: 10). Dios no necesita
registros para saber quién se salvará o se perderá, pero los ángeles, que han es-
tado examinando el Plan de Salvación todo el tiempo (1 Ped. 1: 12), naturalmente
tienen preguntas. Ellos fueron testigos de la rebelión de Satanás, vieron a un
tercio de sus compañeros expulsados del Cielo (Apoc. 12: 4, 9) y ahora Dios nos
trae ante él. Dios abre los libros y permite que los santos vean lo que hay en ellos.
La historia de la súplica de Abraham por Sodoma y Gomorra, un tipo o
prefiguración del Juicio, aporta una importante vislumbre acerca de este. Los
pecados de Sodoma obviamente fueron investigados, ya que Dios menciona
que la maldad de la ciudad era tan notoria que el clamor contra ella era grande
(Gén. 18: 20). Pero no solo Sodoma y Gomorra fueron investigadas antes de su
destrucción. Dios también permitió que Abraham evaluara si la decisión divina
de destruir a los malvados era justa.
Quien aparece en medio del juicio celestial en Daniel 7 es Jesús, «un Hijo de
Hombre» (Dan. 7: 13, ver también Mat. 20: 28), cuya aparición es la única razón
por la que este juicio es «hecho en favor de los santos del Altísimo» (Dan. 7: 22).
Solo su perfecta justicia hace que su pueblo salga airoso del Juicio.

Imagina que todos tus secretos estén expuestos ante nuestro santo Dios
en ocasión del Juicio. ¿Cuál es tu única esperanza en ese momento? (ver el
contenido del viernes).

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Lección 10 | Viernes 6 de junio

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee las páginas 100 y 101 del capítulo titulado «El Diluvio» en el libro Pa-
triarcas y profetas, de Elena G. de White.
«El sumo sacerdote no puede defenderse a sí mismo ni a su pueblo de las
acusaciones de Satanás. No sostiene que Israel esté libre de culpas. En sus an-
drajos sucios, que simbolizan los pecados del pueblo, que él lleva como su
representante, está delante del ángel, confesando su culpa, aunque señalando
su arrepentimiento y humillación y fiando en la misericordia de un Redentor
que perdona el pecado. Con fe se aferra a las promesas de Dios. [...]
»Las acusaciones de Satanás contra quienes buscan al Señor no son provo-
cadas por el desagrado que le causen sus pecados. El carácter deficiente de ellos
le causa regocijo porque sabe que solo si violan la ley de Dios él puede domi-
narlos. Sus acusaciones provienen únicamente de su enemistad hacia Cristo.
Por el plan de salvación, Jesús está quebrantando el dominio de Satanás sobre
la familia humana y rescatando almas de su poder. [...]
»El hombre no puede por sí mismo hacer frente a estas acusaciones del ene-
migo. Con sus ropas manchadas de pecado, confiesa su culpabilidad ante Dios.
Pero Jesús, nuestro Abogado, presenta una súplica eficaz en favor de todos los
que mediante el arrepentimiento y la fe le han confiado la guarda de sus almas.
Intercede por su causa y vence a su acusador con los poderosos argumentos del
Calvario. Su perfecta obediencia a la ley de Dios le ha dado toda potestad en el
cielo y en la tierra, y él solicita a su Padre misericordia y reconciliación para
el hombre culpable» (Elena G. de White, Profetas y reyes, pp. 390-392).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Jesús dijo a sus discípulos que debían permanecer en el mundo sin per-
tenecer a este (ver Juan 15: 19; 17: 14-16). ¿Cómo equilibramos nuestra
responsabilidad de alcanzar al mundo con la necesidad de mantenernos
«sin mancha» de él (Sant. 1: 27)?
2. ¿Qué nos enseña el ministerio público de Noé antes del Diluvio acerca de
cómo funciona el Gran Conflicto? ¿De qué manera desempeñamos hoy
el mismo papel?
3. Antes de consumir a los impíos con fuego del Cielo (como hizo con So-
doma), Dios los resucita y permite que Satanás trabaje con ellos por un
corto tiempo (Apoc. 20: 7-9). ¿Qué razones se te ocurren para que este sea
un último paso necesario antes de que Dios termine con el mal?
4. Al considerar las historias que estudiamos esta semana, ¿qué adver-
tencias encuentras para tu propia vida? ¿Qué te enseñan estas historias
acerca de tu esperanza en Cristo?

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Lección 11: Para el 14 de junio de 2025

RUT Y ESTER
Sábado 7 de junio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Rut 1: 1-5; Rut 2: 5-20; Job 1: 6-11;
Mateo 4: 8, 9; Ester 3: 1-14; Apocalipsis 12: 14-17.

PARA MEMORIZAR:
«Cuando él vio a la reina Ester en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos, y el
rey le extendió el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces Ester se acercó
y tocó la punta del cetro» (Est. 5: 2).

E sta semana continuaremos explorando historias que prefiguran aconteci-


mientos de los últimos días. Al utilizar acontecimientos y personas de la
vida real, Dios nos ayuda a ver las cosas desde su perspectiva y a entender
cómo interpretar las profecías registradas luego, que tienen el propósito de
fortalecer nuestra fe.
Nuestra atención se centra en dos mujeres importantes cuyas historias han
tocado los corazones de innumerables generaciones: Rut y Ester. Rut es una
viuda desposeída que encuentra la esperanza tras conocer al bondadoso Booz,
su pariente redentor. Su matrimonio se ha convertido en una de las historias de
amor favoritas de los cristianos por la forma en que refleja el amor de Cristo por
nosotros. La otra historia se refiere a una joven que vive en un país extranjero,
donde se entera de un complot para destruir a su pueblo, encontrándose ines-
peradamente en el centro del drama que se desarrolla para salvarlo.
En la profecía, una mujer simboliza al pueblo de Dios y arroja mucha luz
acerca de cómo considera él a su pueblo. Veamos los relatos bíblicos de estas
dos mujeres, cuyas circunstancias han quedado inmortalizadas en la Palabra
de Dios, y tratemos de extraer las lecciones contenidas en sus experiencias.

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Lección 11 | Domingo 8 de junio

HAMBRE EN LA «CASA DEL PAN»


Los críticos de la fe cristiana han señalado a menudo la brutal realidad de
vivir en este mundo como prueba de que: (a) Dios no existe, (b) es impotente
para impedir que ocurran cosas malas o (c) no le importa que suframos. Sin
embargo, muchas de las historias de la Biblia proveen abundantes evidencias
de que ninguna de estas suposiciones es correcta. Es cierto que Dios permite
que la humanidad coseche las consecuencias de la rebelión contra él, pero está
siempre presente y activo en la historia humana para la resolución final del
pecado y el sufrimiento, aunque sin coartar la libertad humana. La historia de
Rut es un ejemplo de ello.

Lee Rut 1: 1 al 5. ¿Cuáles fueron las penurias que cayeron sobre Noemí
y Rut, y qué las causó? ¿Cómo refleja esto la situación a la que se enfrenta
ahora toda la humanidad?

El enunciado inicial de esta historia resulta paradójico: Hubo una hambruna


que afectó a Belén, una ciudad cuyo nombre significa «casa del pan [o del ali-
mento]». La abundancia caracterizaba al Edén, donde Dios dijo a Adán y a Eva:
«Puedes comer de todo árbol del huerto» (Gén. 2: 16). La humanidad comenzó su
existencia en medio de la abundancia, bajo el cuidado de un Creador generoso,
pero su papel de administradores de la Creación se convirtió luego en la escla-
vitud del pecado. «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas
a la tierra de donde fuiste tomado», dijo Dios a Adán (Gén. 3: 19).
Al igual que Noemí, hemos sido desposeídos de la herencia que Dios ori-
ginalmente dispuso que tuviéramos, y nuestra vida se ha convertido en una
penuria. El Edén fue un regalo, pero no incondicional. Los humanos eran libres
de rebelarse, pero eso significaría que tendrían que asumir la responsabilidad
de su propio bienestar. Originalmente, debíamos controlar o ejercer dominio
sobre la Creación con la bendición de Dios, pero ahora nos enfrentamos a la
tarea de controlar un mundo caído. Los seres humanos egoístas que compiten
por los escasos recursos provocan mucho dolor y sufrimiento.
La tragedia es indecible. La tierra sigue produciendo en abundancia, lo que
es un poderoso testimonio del amor de Dios, pero la codicia humana y los es-
tragos del pecado hacen que el mundo parezca someternos más a nosotros que
nosotros a él. Un día, sin embargo, todo esto terminará.

Incluso después de seis mil años de pecado y muerte, ¿cómo sigue revelan-
do la Tierra las maravillas del amor y el poder creador de Dios?

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Lunes 9 de junio | Lección 11

RUT Y BOOZ
Noemí pidió que cambiaran su nombre por el de Mara («amargura», en he-
breo), a causa de la amargura que le había sobrevenido (ver Rut 1: 20). La relación
con nuestro Creador ha quedado irremediablemente dañada por el pecado, lo
que nos ha sumido en la pobreza espiritual. Nuestras perspectivas son sombrías
y nos pasamos la vida espigando lo que podemos de los rincones del sembrado,
viviendo de las migajas de alegría que aún pueden encontrarse en un mundo
malogrado. Pero todo cambia cuando descubrimos que Dios no nos ha olvidado.

Lee Rut 2: 5 al 20. ¿Por qué es el momento allí narrado tan crucial dentro
del relato? ¿Por qué fue el descubrimiento que hizo Noemí de la identidad
de su benefactor una noticia tan buena?

Noemí no podía tomar posesión de las tierras de su marido Elimelec sin


obtener ayuda de la familia de este. Por tanto, espera que Rut pueda casarse
con un pariente cercano de su difunto marido y tener un hijo en nombre de
Elimelec. Dios había hecho provisión en Israel para que las personas pudieran
recuperar su herencia en la Tierra Prometida: era necesario un pariente cercano
que redimiera la herencia de Elimelec. Booz no era solo un granjero amable; era
un pariente de Elimelec que podía redimir la tierra.
El descubrimiento de que Booz no solo era bondadoso y generoso, sino tam-
bién un pariente fue la mejor noticia posible, pues significaba que la pobreza en
que vivían estas dos mujeres no tenía por qué durar para siempre.
Los cristianos han entendido desde hace mucho tiempo que Booz es un tipo
de Cristo, no solo nuestro Creador, sino también quien eligió convertirse en
nuestro Pariente; es decir, en un ser humano real, de carne y hueso. Esta es una
de las razones por las que vez tras vez se llamó a sí mismo «el Hijo del hombre»
(Mat. 12: 8; Mar. 8: 31; Luc. 22: 22; Juan 3: 14).
Demasiada gente asocia a Dios con la dureza y piensan que quizá nos deje
entrar en el Cielo si logramos marcar todas las casillas correctas en un cues-
tionario moral, pero que, aun así, lo hará a regañadientes. La imagen de Cristo
revelada en la persona de Booz desplaza por completo esas nociones erróneas.
Dios no solo se fija en nosotros a pesar de nuestra profunda indigencia espiritual,
sino que también nos quiere como su esposa.

Trata de comprender que el Creador no solo se convirtió en parte de su pro-


pia Creación, sino que también murió por ella. ¿Cómo debería influir esta
asombrosa verdad en nuestra propia existencia?

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Lección 11 | Martes 10 de junio

BOOZ COMO REDENTOR


Booz se enamora profundamente de Rut y desea casarse con ella, pero existe
un obstáculo importante para ello: hay un pariente más cercano que también
tiene derecho a ella y a la tierra. Si consideramos a Booz como un tipo de Cristo,
esta situación puede revelar una cuestión que está en juego en el Gran Conflicto.
Cristo nos ama, pero hay un «pariente más cercano» que también reclama de-
rechos sobre nosotros: Satanás.

¿Qué revelan los siguientes pasajes acerca de la pretensión de Satanás


respecto de la humanidad? (Job 1: 6-11; Mat. 4: 8, 9; Jud. 1: 9; Luc. 22: 31).

Cuando Satanás apareció en el concilio celestial, dijo a Dios que venía «de
rodear la tierra y andar por ella» (Job 1: 7), y cuando Dios le preguntó si se había
fijado en el justo Job, Satanás lo reclamó como uno de los suyos, sugiriendo que
el corazón de Job no pertenecía realmente a Dios. Es decir, que Job solo seguía
a Dios por conveniencia. Según Satanás, Job dejaría de ser leal a Dios si el Señor
dejaba de ser benévolo con él.
El libro de Judas contiene una breve referencia a una historia muy conocida
en Israel, según la cual Moisés resucitó después de haber sido sepultado por
Dios mismo (Deut. 34: 6). Aunque no tenemos todos los detalles, la disputa
por el cuerpo de Moisés da a entender que Satanás estaba reclamando algún
derecho sobre él.
«Por primera vez Cristo iba a dar vida a uno de los muertos. Cuando el Prín-
cipe de la vida y los ángeles resplandecientes se aproximaron a la tumba, Satanás
temió perder su hegemonía. Con sus ángeles malos, se aprestó a disputar la in-
vasión del territorio que reclamaba como suyo. Se jactó de que el siervo de Dios
había llegado a ser su prisionero. Declaró que ni siquiera Moisés había podido
guardar la ley de Dios; que se había atribuido la gloria que pertenecía a Jehová
–es decir que había cometido el mismo pecado que hiciera desterrar a Sa-
tanás del cielo–, y por su transgresión había caído bajo el dominio de Satanás»
(Elena G. de White, Profetas y reyes, pp. 454, 455). Cristo refutó la afirmación de
Satanás, y Moisés fue resucitado (ver Mat. 17: 3).
En Rut 4: 1 al 12, Booz viaja hasta el portal de Belén, la ciudad donde Cristo
vino al mundo como nuestro Pariente cercano. Los ancianos se reúnen y fi-
nalmente se intercambia una sandalia (símbolo de pertenencia, o propiedad).
La puerta de un pueblo era el lugar donde se decidían los casos. Por lo tanto,
la escena de Belén es un tipo o representación del Juicio Celestial, ya que refleja
la escena del juicio registrada en Daniel 7: 13, 14, 22, 26 y 27. No debemos pasar
por alto un aspecto crucial del Juicio, y es que este se realiza «en favor de los
santos», pero solo porque Cristo pagó el precio por nosotros, así como Booz lo
pagó por Rut para que fuera su esposa.

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Miércoles 11 de junio | Lección 11

AMÁN Y SATÁN
La historia de Ester incluye a Amán, un personaje ávido de poder, y a quien
se había otorgado un elevado grado de prominencia en el imperio, por encima
de todos los demás príncipes (Est. 3: 1).
En Ezequiel 28: 11 al 15 e Isaías 14: 12 al 15 se encuentran algunos paralelos
entre Lucifer y Amán, un malvado enemigo de Dios y de su pueblo. Las inten-
ciones generales de Satanás se ponen de manifiesto en la historia de la tentación
de Cristo, en la que lleva a Jesús a un lugar elevado para mostrarle los reinos
del mundo (Mat. 4: 8-11). Cristo, como hemos visto, vino a redimir al mundo y
a reclamarlo como suyo, y lo hizo como uno de nosotros. Jesús es el Pariente
redentor y, por supuesto, el precio que pagó para redimir al mundo fue muy alto.
Vemos en Apocalipsis que el ansia de poder y adoración por parte de Satanás
conduce a este mundo a su crisis final. Sus engaños logran que la humanidad,
excepto unos pocos, se maraville y adore a la bestia (Apoc. 13: 3, 4). Entonces
recurre a la fuerza contra los pocos renuentes a ello.
Amán se da cuenta de que Mardoqueo, uno de los elegidos de Dios, no re-
conocía lo que aquel consideraba su derecho, ya que no se arrodillaba ni se
humillaba ante él. Por lo tanto, «se llenó de ira» (Est. 3: 5, 6) y se empeñó en
borrar a todo el pueblo de Mardoqueo de la faz de la Tierra.

Lee Ester 3: 1 al 14, Apocalipsis 12: 14 al 17 y Apocalipsis 13: 15. ¿Qué


paralelismos encuentras entre estos pasajes? ¿En qué se parecen la des-
cripción que hace Juan de la iglesia remanente de Dios y la que hace Amán
del pueblo de Dios?

El Diablo ha reclamado este mundo, pero la presencia de personas que per-


manecen leales a Dios, que guardan sus mandamientos, refuta su pretensión
de supremacía total.
«Una vez que el sábado llegue a ser el punto especial de controversia en
toda la cristiandad, y las autoridades religiosas y civiles se unan para imponer
la observancia del domingo, la negativa persistente, por parte de una pequeña
minoría, de ceder a la exigencia popular, la convertirá en objeto de execración
universal» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 601).

Piensa en las «pequeñas» cosas que ponen a prueba tu fe en este momento.


Si cedes o haces concesiones en estas «pequeñas» pruebas, ¿qué harás en
la hora de la gran prueba?

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Lección 11 | Jueves 12 de junio

PARA ESTA HORA


Existe una desafortunada tendencia entre algunos cristianos a detenerse
en los momentos oscuros descritos en la profecía bíblica. Se avecinan tiempos
difíciles, y el estudio de la profecía podría desacertadamente centrarse en el
temor y en las dificultades en lugar de hacerlo en la resolución divina de los
problemas de la humanidad. Aunque Dios no oculta el futuro y es honesto
acerca de los eventos que ocurrirán entre el presente y el fin del Gran Conflicto,
es importante siempre leer la historia hasta su conclusión.
En el patrón general que sigue la profecía bíblica, Dios muestra las con-
secuencias desastrosas de la rebelión humana, pero luego nos da esperanza.
Algunos han contemplado las predicciones de una crisis final, el «tiempo de
angustia de Jacob», con temor y temblor. Sin duda, los últimos momentos no
serán fáciles para el pueblo de Dios. Pero, así como la predicción de tiempos
difíciles es fiable, también lo es la promesa de liberación.
En Apocalipsis 12, el Diablo persigue con furia a la esposa de Cristo, pero
Dios interviene para salvarla. La historia de Ester también incluye a una her-
mosa reina que desempeña un papel central en el drama, y a la que Dios utiliza
poderosamente para salvar a su pueblo.

Lee Ester 4: 13 y 14; 5: 1 al 3; y 9: 20 al 28. ¿Qué lecciones podemos ex-


traer de estos pasajes en relación con nuestra difícil situación en el mundo
actual?

Dios levantó a su iglesia remanente para un momento específico de la


historia. Después de que los 1.260 días de la Edad Oscura llegaron a su fin,
Dios sacó a su novia del lugar seguro donde la había resguardado (comparar
con Apoc. 12: 14) para que comunicara su mensaje final de misericordia al
mundo: el mensaje de los tres ángeles. Al igual que Ester, estamos aquí «para
esta hora» (Est. 4: 14).
Ester descubrió que no estaba sola frente a la persecución de Amán contra
su pueblo, ya que contó con el favor del rey, y su pueblo fue finalmente libe-
rado. Nosotros tampoco estamos solos al entrar en los últimos momentos
de la historia de la Tierra: el Rey está de nuestro lado y el pueblo de Dios
también será liberado.

Todo resultó bien para el pueblo de Dios en el caso de la historia de Ester,


pero no siempre es así, al menos a corto plazo. ¿Por qué debemos tener
siempre una visión a largo plazo de las cosas para mantener viva nuestra
esperanza en Cristo?

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Viernes 13 de junio | Lección 11

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado «El primer rey de Israel» en las páginas 591 a 603 del
libro Patriarcas y profetas, de Elena G. de White.
«Satanás despertará indignación contra la minoría que se niega a aceptar
las costumbres y las tradiciones populares. Hombres encumbrados y célebres
se unirán con los inicuos y los viles para concertarse contra el pueblo de Dios.
Las riquezas, el genio y la educación se combinarán para cubrirlo de desprecio.
Gobernantes, ministros y miembros de la iglesia, llenos de un espíritu perse-
guidor, conspirarán contra ellos. De viva voz y por la pluma, mediante jactancias,
amenazas y el ridículo, procurarán destruir su fe. Por calumnias y apelando
a la ira, algunos despertarán las pasiones del pueblo. No pudiendo presentar
un “Así dicen las Escrituras” contra los que defienden el día de reposo bíblico,
recurrirán a decretos opresivos para suplir la falta. A fin de obtener popularidad
y apoyo, los legisladores cederán a la demanda por leyes dominicales. Pero los
que temen a Dios no pueden aceptar una institución que viola un precepto del
Decálogo. En este campo de batalla se peleará el último gran conflicto en la
controversia entre la verdad y el error. Y no se nos deja en la duda en cuanto al
resultado. Hoy, como en los días de Ester y Mardoqueo, el Señor vindicará su
verdad y a su pueblo» (Elena G. de White, Profetas y reyes, p. 405).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¿Por qué permite Dios que su pueblo afronte tiempos difíciles?
2. ¿Cómo puede prepararse el creyente para cualquier dificultad que pueda
surgir en relación con su lealtad a Cristo? ¿Dónde encuentras esperanza
en medio de las circunstancias difíciles?
3. ¿Por qué tenemos la tendencia a detenernos en los eventos sombríos
anunciados en la profecía y permitir que eclipsen el panorama más
amplio y luminoso de sus buenas noticias?
4. Una amiga acude a ti después de leer el Apocalipsis y te confiesa que le
parece aterrador. ¿Qué enfoque utilizarías para ayudarla a comprender-
lo mejor y a tener paz?
5. Alguien dice: «No creo que Dios me ame, pues he hecho cosas muy ma-
las». ¿Qué le responderías? ¿Cómo influyen las historias de Rut y Ester
en tu perspectiva?

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Lección 12: Para el 21 de junio de 2025

PRECURSORES
Sábado 14 de junio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Daniel 2: 31-45; Daniel 3: 1-12, 17,
18; Apocalipsis 13: 11-17; Romanos 1: 18-25; Hechos 12: 1-17; Mateo 12: 9-14.

PARA MEMORIZAR:
«Porque no nos ha dado Dios espíritu de timidez, sino de poder, de amor y
de dominio propio» (2 Tim. 1: 7).

E sta semana estudiaremos otras dos historias bíblicas que prefiguran los
acontecimientos de los últimos días con gran detalle.
En primer lugar, examinaremos el relato de Sadrac, Mesac y Abednego,
que contiene alusiones evidentes al capítulo 13 de Apocalipsis. Veremos luego
la historia de los apóstoles y la experiencia de los primeros cristianos para
comprender lo que nos queda aún por delante hasta el regreso de Cristo.
Ambos ejemplos, el de los tres jóvenes hebreos y el de la iglesia apostólica,
ponen de relieve un valor extraordinario y contienen claves para disfrutar de
paz espiritual aun en las circunstancias más difíciles.
Jesús dijo una y otra vez cosas como «no temas» y «¿por qué están tur-
bados y suben esos pensamientos a su corazón?». Es importante recordar
que el centro de la profecía es Cristo y que debemos por ello ser capaces
de escuchar ese mismo mensaje del Señor en las escenas proféticas de los
momentos finales de la Tierra. Como dijo a sus discípulos: «No se turbe su
corazón. Ustedes creen en Dios, crean también en mí» (Juan 14: 1).
En otras palabras, aunque los eventos de los últimos días serán difíciles
para quienes decidan permanecer fieles a Dios, debemos verlos con espe-
ranza, no con temor.

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Domingo 15 de junio | Lección 12

DANIEL 2 Y EL ENFOQUE HISTORICISTA


DE LA PROFECÍA
La profecía que aparece en Daniel 2 es una de las más poderosas de toda la
Escritura. Casi seis siglos antes de Cristo, el profeta expone la historia del mundo
desde la época de Babilonia y a través de Medopersia, Grecia y Roma hasta la
fragmentación de esta en lo que son hoy las naciones europeas.
De hecho, la profecía dijo de estas naciones europeas que «se mezclarán
por medio de casamientos pero no se unirán el uno con el otro, así como el
hierro no se mezcla con la arcilla» (Dan. 2: 43). Esta predicción se ha cumplido
asombrosamente. Es decir, a pesar de todo tipo de alianzas matrimoniales entre
estas naciones, siguen divididas.
Por ejemplo, la monarquía británica se llama Casa de Windsor, un nombre
inglés. Sin embargo, esa designación es relativamente reciente, ya que data de
1917. Antes de eso, la familia se llamaba Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, un
nombre claramente alemán, pues muchos miembros de la realeza británica, al
mezclarse «por medio de casamientos», eran parientes consanguíneos de los
alemanes. Sin embargo, esos lazos de sangre no bastaron para mantenerlos
alejados de la guerra, ya que durante la Primera Guerra Mundial y en un intento
de desvincularse de sus odiados enemigos, cambiaron su nombre por el de
Casa de Windsor.

Lee Daniel 2: 31 al 45. ¿Cuál fue el sueño de Nabucodonosor y cómo lo


interpretó Daniel?

Todas las profecías apocalípticas de Daniel siguen la base establecida en


Daniel 2. Es decir, la secuencia de un imperio mundial tras otro hasta que Dios
establece su reino eterno (ver Dan. 2: 44; 7: 13, 14). En otras palabras, esas pro-
fecías anunciaban una serie ininterrumpida de imperios desde la antigüedad
hasta el fin de la historia, incluyendo nuestros días. Este enfoque o interpreta-
ción historicista de las profecías surge de los textos mismos y es crucial para
comprender los acontecimientos de los últimos días, particularmente los des-
critos en Apocalipsis.

¿Cómo demuestra Daniel 2 que Dios no solo conoce el futuro sino también
tiene, en última instancia, el control de este?

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Lección 12 | Lunes 16 de junio

LA ADORACIÓN DE LA IMAGEN
La atención que Nabucodonosor prestó a Daniel y a su Dios en un principio,
cuando estaba aún impresionado por lo que se le reveló (ver Dan. 2, especial-
mente los versículos 46-48), no duró mucho.

Lee Daniel 3: 1 al 12. ¿Qué implica el hecho de que la estatua fuera solo
de oro y que el rey exigiera que se la adorara?

El rey subrayó su desafío al mensaje de Dios construyendo una estatua que


estaba hecha solo de oro. ¿Cuál era el mensaje? Que Babilonia nunca caería
y que Nabucodonosor siempre sería rey. Quienquiera que se atreviera a desa-
fiar esa idea sería ejecutado. Esto sirve como un poderoso recordatorio de que
nuestro deseo humano de autodeterminación puede cegarnos e impedir
que aceptemos la verdad acerca de cómo se desarrollará el Gran Conflicto.
En algunos aspectos, Nabucodonosor muestra características similares a
las de Lucifer, ya que era ambicioso, engreído y tan orgulloso que se atrevió
a rebelarse abiertamente contra la autoridad de Dios. En otros aspectos, por
supuesto, hay marcadas diferencias. Nabucodonosor aceptó finalmente al Dios
verdadero y es probable que lo encontremos en el Reino que tanto desafió.

Lee en Daniel 3: 17 y 18 las desafiantes palabras dirigidas por los tres


jóvenes hebreos al rey. ¿Qué nos enseña esto?

Piensa en lo fácil que habría sido para estos tres jóvenes buscar una excusa
para evitar esta peligrosa situación. ¿No sería acaso una muestra de fanatismo
dejarse quemar vivos por no ofrecer una simple reverencia? ¿No podrían haber
fingido, inclinándose para ajustar su calzado mientras oraban a Dios? ¿Valía real-
mente la pena lo que les esperaba? Pensaban obviamente que sí, aunque lo que
dijeron mostraba que eran conscientes de que era muy probable que morirían.

¿Cómo podemos evitar las racionalizaciones que comprometen nuestra fe?


¿Qué dice el siguiente texto acerca de una tentación similar: «El que es fiel
en lo muy poco también en lo más será fiel; y el que en lo muy poco es in-
justo también en lo más será injusto» (Luc. 16: 10)?

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Martes 17 de junio | Lección 12

OTRA IMAGEN Y LA ORDEN DE ADORARLA


Hace tiempo que los estudiosos de la Biblia ven la conexión entre Daniel 3 y lo
que Apocalipsis enseña acerca de los eventos finales. Efectivamente, la orden de
«adorar la imagen» o morir (Dan. 3: 15) refleja lo que el Apocalipsis enseña acerca
de la orden de rendir culto a una imagen so pena de muerte. «Se le permitió
infundir aliento a la imagen de la primera bestia, para que la imagen pudiera
hablar y dar muerte a todo el que no adore a la imagen de la bestia» (Apoc. 13: 15).

Lee Apocalipsis 13: 11 al 17; 14: 9, 11 y 12; 16: 2; 19: 20; y 20: 4. ¿Qué con-
traste hay aquí que implica un conflicto entre los mandamientos de Dios
y los del hombre?

La adoración a imágenes (la bestia), y la observancia del 4° mandamiento (el sábado)

El pueblo de Dios está llamado a adorar «al que hizo el cielo y la tierra, el
mar y las fuentes de las aguas», es decir, al Creador, en contraposición con la bestia
y su imagen. Los tres jóvenes hebreos se negaron, ante una amenaza similar, a
adorar a otro que no fuera el Dios Creador. Por lo tanto, por diferentes que sean
las circunstancias entre la orden de adorar la imagen en la llanura de Dura en
oposición al Creador y lo que sucederá en todo el mundo con el llamado a rendir
culto a la imagen de la bestia y no al Creador, el principio es el mismo.

Lee Romanos 1: 18 al 25 (observa el vínculo existente entre Romanos 1: 18


y Apocalipsis 14: 9 y 10 acerca de «la ira de Dios»). En vista de ello, ¿de qué
manera la adoración de la imagen de la bestia es solo otra manifestación
del mismo principio en juego, el de quién debe ser objeto de la lealtad de
los seres humanos?

Adorar no significa única o necesariamente inclinarse ante una imagen


y ofrecerle incienso. Adoramos aquello a lo que en última instancia somos
leales. Cuando consideramos quién es nuestro Dios Creador y lo que ha hecho
por nosotros al redimirnos por medio de Jesús, nos damos cuenta de que es el
único que merece ser adorado. Todo lo demás es idolatría. Tal vez esto ayuda a
comprender las severas palabras de Jesús: «El que no está conmigo, está contra
mí; y el que conmigo no recoge, desparrama» (Mat. 12: 30). Los acontecimientos
finales van a ser simplemente una manifestación dramática de esta verdad.

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Lección 12 | Miércoles 18 de junio

LA PERSECUCIÓN A LA IGLESIA PRIMITIVA


Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento contienen ejem-
plos de precursores de los acontecimientos finales. La vida no fue fácil para
los cristianos del primer siglo. Primero fueron odiados por muchos de sus
propios correligionarios, quienes los consideraban una amenaza para la fe
de Moisés. También se enfrentaron a la ira del pagano Imperio Romano. «Los
poderes de la Tierra y del infierno se coligaron contra Cristo en la persona de
sus seguidores. El paganismo previó que, de triunfar el evangelio, sus templos
y sus altares serían derribados; por lo tanto, reunió sus fuerzas para destruir
el cristianismo. Se encendieron los fuegos de la persecución» (Elena G. de
White, El conflicto de los siglos, p. 43).
El libro de Hechos registra una historia que ilustra poderosamente lo
que el pueblo de Dios puede esperar a medida que nos dirigimos hacia el
escenario descrito en Apocalipsis 13.

Lee Hechos 12: 1 al 19. ¿Qué elementos de esta historia podrían prefi-
gurar los acontecimientos de los últimos días?

Santiago había sido decapitado y Pedro habría de ser el siguiente, pues existía
la pena de muerte contra los cristianos. Quizás uno de los aspectos más notables
de esta historia sea el hecho de que Pedro dormía tan profundamente, durante
la que debería haber sido para él la peor noche de su vida, que el ángel tuvo que
golpearlo para que despertara.
Pedro fue milagrosamente puesto en libertad y se dirigió a una reunión de
creyentes que, paradójicamente, dudaban de que hubiera sido liberado aunque
estaban orando por ello. La Biblia dice que quedaron atónitos, lo que nos llama
a reflexionar acerca de cuántas veces oramos sin confiar demasiado en que
Dios nos responderá.
Algunos creyentes se salvaron durante aquella persecución, mientras que
otros fueron asesinados. A medida que nos acercamos al final de los tiempos,
sucederá lo mismo. Incluso Pedro, aunque fue librado en esa ocasión, murió fi-
nalmente por su fe. Jesús mismo le anunció cómo moriría: «Te aseguro: “Cuando
eras más joven, te ceñías e ibas a donde querías. Pero cuando seas anciano,
extenderás tus manos y otro te ceñirá, y te llevará a donde no quieras”. Dijo esto
para dar a entender de qué muerte había de glorificar a Dios. Dicho esto, añadió:
“Sígueme”» (Juan 21: 18, 19).

Tras anunciar a Pedro cómo moriría, Jesús le dijo: «Sígueme». ¿Qué debería
decirnos esto acerca de por qué ni siquiera el riesgo de la muerte debería
impedirnos seguir al Señor?

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Jueves 19 de junio | Lección 12

LA MARCA DE LA BESTIA
Puesto que ciertos acontecimientos finales –como el decreto de muerte y la
imposición de la marca de la bestia– aún no han sucedido a pesar del paso del
tiempo, algunos han expresado dudas e incluso escepticismo acerca de nuestra
interpretación de los eventos finales, incluyendo el papel central del sábado y
del domingo en la etapa final del Conflicto.
El libro de Apocalipsis es claro: adoramos al Creador o a la bestia y a su
imagen. Y, dado que el séptimo día, el sábado semanal, es desde el Edén mismo la
señal de Dios como Creador (ver Gén. 2: 1-3), no debería sorprender que el sábado
ocupe un lugar central en la adoración al Creador. Además, no es coincidencia
que el poder representado por la bestia del mar sea el mismo que afirma haber
cambiado el mandamiento que ordena observar el sábado como día de adora-
ción al Creador por el domingo, lo cual no es autorizado por la Biblia. Con estos
antecedentes en mente, la idea de que el sábado y el domingo intervendrán en
la cuestión de la adoración, ya sea al Creador (ver Apoc. 14: 6, 7) o a la bestia,
tiene mucho sentido. Además, tenemos en el Nuevo Testamento un precursor
acerca de la cuestión del sábado, o séptimo día, como día de adoración en con-
traposición con la ley humana.

Lee Mateo 12: 9 al 14 y Juan 5: 1 al 16. ¿Por qué quisieron los líderes re-
ligiosos matar a Jesús?

En Mateo 12: 9 al 13, ¿cómo respondieron los líderes religiosos cuando Jesús
sanó en sábado al hombre que tenía una mano seca? «Pero los fariseos salieron
y conspiraron contra Jesús para matarlo» (Mat. 12: 14). ¿Matar a alguien a causa
del sábado? En Juan 5: 1 al 16, después de otra curación milagrosa realizada en
el séptimo día, los líderes «perseguían a Jesús, y procuraban matarlo, porque
hacía estas cosas en sábado» (Juan 5: 16).
¿Muerte por causa de la tradición humana? Nada en la Biblia prohibía sanar
en sábado, así como tampoco ningún texto establece el domingo en lugar del
sábado como día de reposo. Aunque la cuestión específica allí descrita no es la
misma que en los acontecimientos finales, se parece bastante: la ley humana
en oposición a la de Dios. En ambos casos, la ley cuestionada tiene que ver con
el sábado bíblico.

¿Morir por guardar uno de los mandamientos de Dios? ¿Qué excusa podrías
considerar «razonable» para transigir?

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Lección 12 | Viernes 20 de junio

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado «La liberación del pueblo de Dios» en las páginas 619
a 633 del libro El conflicto de los siglos, de Elena G. de White.
«En todos los tiempos Dios se valió de santos ángeles para soco­rrer y librar
a su pueblo. Los seres celestiales tomaron parte activa en los asuntos de los
hombres. Aparecieron con vestiduras que relucían como el rayo; vinieron
como hombres con atuendo de caminantes. Hubo casos en que aparecieron
ángeles en forma humana a los siervos de Dios. Descansaron bajo los robles
al mediodía como si hubiesen estado cansados. Aceptaron la hospita­lidad en
hogares humanos. Sirvieron de guías a viajeros extravia­dos. Con sus propias
manos encendieron el fuego del altar. Abrieron las puertas de las cárceles y
libertaron a los siervos del Señor. Vestidos de la armadura celestial, vinieron
para quitar la piedra del sepulcro del Salvador.
«A menudo suele haber ángeles en forma humana en las asam­bleas de
los justos, y visitan también las de los impíos, como lo hicieron en Sodoma,
para tomar nota de sus actos y para determi­nar si excedieron los límites de la
paciencia de Dios. El Señor se complace en la misericordia; y por causa de
los pocos que le sirven verdaderamente, mitiga las calamidades y prolonga el
estado de tranquilidad de las multitudes. Los que pecan contra Dios no se dan
cuenta de que deben la vida a los pocos fieles a quienes les gusta ridiculizar
y oprimir» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, pp. 614-615).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Lee 2 Timoteo 1: 7. Analiza los aspectos de la profecía que más te han
preocupado. ¿Cómo podemos librarnos del temor y encontrar el mensaje
de esperanza de Dios aun en medio de las profecías que se refieren a la
persecución por causa de la fe?
2. Aunque en este momento puede ser difícil ver cómo el sábado y el domin-
go podrían convertirse en el epicentro de los acontecimientos finales,
nota cuán rápidamente puede cambiar el mundo. ¿Qué debería enseñar-
nos esto acerca de no basar nuestra fe en los acontecimientos actuales,
que pueden cambiar en un instante, sino solo en la Palabra de Dios?
3. Piensa en Daniel 2 (e incluso en Dan. 7). Todos los imperios surgieron y
desaparecieron exactamente como fue predicho. Desde nuestra perspec-
tiva actual, solo queda un reino por aparecer. ¿Cuál es y por qué podemos
estar seguros de que surgirá así como fue anunciado?

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Lección 13: Para el 28 de junio de 2025

IMÁGENES DEL FIN


Sábado 21 de junio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 12: 38-42; Jonás 3: 5-10;
Apocalipsis 18: 4; Daniel 5: 1-31; Apocalipsis 16: 12-19; 2 Crónicas 36: 22, 23.

PARA MEMORIZAR:
«Y él respondió: “Soy hebreo, y venero al Señor, Dios de los cielos, que hizo
la tierra y el mar”» (Jon. 1: 9).

E sta semana daremos nuestra última mirada a los relatos que nos ayudan a
comprender los acontecimientos de los últimos días. Esta vez analizaremos
la misión de Jonás a Nínive, la caída de Babilonia y el ascenso de Ciro, el rey
persa que liberó al pueblo de Dios y le permitió regresar a la Tierra Prometida.
Al igual que los demás relatos que hemos examinado, estas crónicas his-
tóricas han sido muy significativas para todas las generaciones. Pero también
tienen especial relevancia para las últimas, las que viven antes del regreso de
Cristo. Es decir, podemos extraer de estos relatos históricos diversos elementos
útiles para comprender mejor lo que llamamos «verdad presente».
Al mismo tiempo, necesitamos tener en cuenta algo importante acerca de
estos relatos que parecen prefigurar eventos de los últimos días: debemos cen-
trarnos en los temas generales y las alusiones, y no tratar de analizar cada detalle
hasta el punto de caer en interpretaciones proféticas absurdas. Al igual que en
las parábolas de Jesús, debemos buscar los puntos y las enseñanzas principales
sin tratar de descubrir significados ocultos en cada detalle. En síntesis, debemos
descubrir las líneas generales, los principios, y extraer de ellos los elementos
relevantes para los últimos días.

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Lección 13 | Domingo 22 de junio

EL PROFETA RENUENTE
Aunque breve, la historia de Jonás (ver Jon. 1-4) tiene un impacto signifi-
cativo. Muchos creyentes se han visto reflejados en este profeta renuente. Su
historia también contiene notables alusiones a acontecimientos futuros.

Lee Mateo 12: 38 al 42. ¿A qué partes de la historia de Jonás se refiere


Jesús cuando se dirige a los escribas y los fariseos? ¿Qué lecciones acerca
del Juicio hay en su declaración?

Jesús declaró que era mayor que Jonás. Sabía que el hecho de venir a este
mundo significaría la Cruz, y aun así vino a «buscar y a salvar lo que se había
perdido» (Luc. 19: 10). Jonás pasó tres días en el gran pez a causa de sus propios
pecados, pero Jesús pasó tres días en la tumba a causa de los nuestros. Eso era
lo que hacía falta para salvar a los perdidos.
Jonás no quería ir a Nínive, lo cual es muy comprensible desde una pers-
pectiva humana, ya que los asirios eran conocidos por su brutalidad. Los mu-
rales asirios están repletos de escenas de una crueldad inusitada. Los pueblos
conquistados por ellos eran masacrados de maneras sádicas. ¿Quién querría ir
a predicarles acerca del arrepentimiento?
Hay un momento importante en la historia de Jonás que puede señalar hacia
el movimiento remanente de los últimos días. Cuando preguntan a Jonás quién
es, él responde: «Soy hebreo, y venero al Señor, Dios de los cielos, que hizo la
tierra y el mar», una declaración muy semejante al mensaje del primer ángel
(Jon. 1: 9; Apoc. 14: 7). Su énfasis en el Señor como aquel «que hizo la tierra y el
mar» señala a Dios como el Creador. Este hecho es fundamental para entender
por qué debemos adorarlo, y la adoración es un tema central en los eventos de
los últimos días.
Al mismo tiempo, también se nos ha encomendado predicar un mensaje
potencialmente impopular en la Babilonia espiritual. Decir «¡Salgan de ella,
pueblo mío!» (Apoc. 18: 4) equivale a llamar al mundo al arrepentimiento, algo
que la mayoría no recibe con agrado, por muy amable que sea el mensajero.
¿Quién de nosotros no ha recibido respuestas negativas o incluso hostiles como
resultado de su testificación? Ello es simplemente parte de la tarea.

¿Cuánto hay de Jonás en ti? ¿Cómo puedes superar esa actitud equivocada?

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Lunes 23 de junio | Lección 13

UNA OBRA DE ARREPENTIMIENTO


Jonás tenía un mensaje inequívoco para el pueblo de Nínive: «Jonás entró
en la ciudad y caminó un día pregonando: “De aquí a cuarenta días Nínive
será destruida”» (Jon. 3: 4). El lugar estaba condenado. Después de todo, ¿no
era ese un mensaje directo de un profeta del Señor? Sin embargo, ¿qué ocurrió
con Nínive?

Lee Jonás 3: 5 al 10. ¿Por qué no se cumplió esta profecía?

Toda la ciudad se arrepintió y la destrucción anunciada no se llevó a


cabo, al menos por un tiempo. «Se evitó su condenación; el Dios de Israel
fue exaltado y honrado en todo el mundo pagano, y su ley fue reverenciada.
Nínive no debía caer sino hasta muchos años más tarde, presa de las naciones
circundantes, porque se olvidó de Dios y manifestó un orgullo jactancioso»
(Elena G. de White, Profetas y reyes, p. 183).
¿Podemos esperar que algo así ocurra en los últimos días como resultado
del mensaje final dirigido al mundo caído? Sí y no. Muchos prestarán atención
al llamado: «Y oí otra voz del cielo que decía: “¡Salgan de ella, pueblo mío, para
que no participen de sus pecados y no reciban de sus plagas!”» (Apoc. 18: 4).
Habrá personas en todo el mundo que se pondrán de pie y guardarán «los man-
damientos de Dios y la fe de Jesús» en desafío a la bestia (Apoc. 14: 12). Estas per-
sonas, como las de Nínive, se librarán del juicio que sobrevendrá a los perdidos.
Algunas profecías, como la de que Nínive sería destruida, son condicionales.
La ciudad sería destruida si el pueblo no se apartaba de su maldad (ver Jer. 18:
6-10). Sin embargo, otras profecías se cumplirán independientemente de la
respuesta humana. Por ejemplo, las profecías mesiánicas acerca de la primera
y la segunda venidas de Cristo, la marca de la bestia, el derramamiento de las
plagas y la persecución al final del tiempo no son eventos condicionales. No
obstante, nuestras acciones y las decisiones que tomemos determinarán de qué
lado estaremos cuando se desarrollen los acontecimientos finales predichos
por los profetas.

¿Qué decisiones estás tomando ahora que podrían determinar cuáles toma-
rás cuando llegue el momento de decidir entre adorar a Dios o a la imagen
de la bestia?

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Lección 13 | Martes 24 de junio

LA FIESTA DE BELSASAR
Después de que la ciudad de Nínive fue humillada en el año 612 a. C. por un
ejército que incluía a medos y babilonios (dirigidos por el padre de Nabucodo-
nosor), Babilonia experimentó un renacimiento como no se había visto desde
los días de Hammurabi, su gran legislador. Bajo Nabucodonosor, quien ahora
estaba libre del problema de las incursiones asirias, la ciudad de Babilonia creció
en riqueza e influencia hasta el punto de que las naciones vecinas no tuvieron
más remedio que someterse a ella. Era la reina del mundo del antiguo cercano
oriente, y las naciones que deseaban prosperar se declararon leales a ella.
Por su parte, y hasta donde sabemos, Nabucodonosor aceptó que el Dios de
Daniel era el legítimo soberano de todas las naciones (Dan. 4: 34-37). El siguiente
relato que aparece en el libro de Daniel es el de Belsasar, príncipe heredero y
corregente del reino de Babilonia.

Lee Daniel 5: 1 al 31. ¿Qué importantes mensajes espirituales podemos


extraer de este relato? ¿Qué hizo tropezar a Belsasar?

Quizá la parte más triste y trágica de este relato se encuentre en Daniel 5: 22.
Después de relatar al rey la caída y la restauración de Nabucodonosor, Daniel le
dice: «Y tú, su hijo Belsasar, sabiendo todo esto, no has humillado tu corazón».
Es decir, aunque tuvo la oportunidad de conocer la verdad, prefirió ignorar los
hechos y siguió el mismo curso de acción que acarreó tantos problemas a su
predecesor.
Como Nabucodonosor al erigir la estatua de oro, Belsasar desafió abier-
tamente lo que el Dios de Daniel había predicho. El uso profano que hizo de
los vasos del templo de Jerusalén era probablemente una manera de subrayar
el hecho de que Babilonia había conquistado a los judíos y ahora poseía los
artículos religiosos pertenecientes a su Dios. Es decir, que todavía tenían su-
premacía sobre el Dios que había predicho su desaparición.
Fue un completo desafío, a pesar de que Belsasar tenía sobrada evidencia y
pleno conocimiento de los hechos. Su problema no era la falta de información
o conocimiento, sino la dureza de su corazón. En los últimos días, cuando la
crisis final se desate sobre el mundo, las personas también tendrán la oportu-
nidad de conocer la verdad. Lo que determinará su decisión, como en el caso
de Belsasar, será su corazón.

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Miércoles 25 de junio | Lección 13

EL SECAMIENTO DEL ÉUFRATES


Uno de los puntos fuertes de Babilonia era el río Éufrates, que fluía bajo
sus murallas y proveía a la ciudad de un suministro ilimitado de agua. Pero
ese resultó ser a la vez su punto débil. Nitocris, una antigua reina babilónica,
había realizado obras a lo largo del río con el fin de convertirlo en una ruta de
acceso a la ciudad. Durante el proceso, desvió el río hacia un pantano para que
los obreros pudieran trabajar con comodidad. Ciro se dio cuenta de que podía
hacer lo mismo y disminuyó el nivel del Éufrates lo suficiente como para que
sus tropas pudieran penetrar en la ciudad por debajo de la muralla. Una vez
traspuestas las murallas, descubrió que los muros defensivos que bordeaban el
río a lo largo de la ciudad estaban desguarnecidos, y conquistó la ciudad en una
sola noche. El antiguo historiador griego Heródoto dice que «quienes vivían en
el centro de Babilonia no tenían idea de que los suburbios habían caído, pues
era una época de fiesta y todos estaban entregados a la danza y los placeres»
(Herodotus, The Histories, trad. por Tom Holland [Nueva York: Penguin, 2015],
p. 94). No cabe duda de que se trata de la fiesta descrita en Daniel 5.

Lee Daniel 5: 18 al 31 y Apocalipsis 16: 12 al 19. ¿Qué paralelismos en-


cuentras entre algunas de las plagas del Apocalipsis y la historia de la caída
de Babilonia?

Al explicar cómo discernir las señales de los tiempos, Jesús advirtió a sus
discípulos: «Velen, pues, porque no saben a qué hora ha de venir su Señor. Sin
embargo, sepan esto: Si el padre de la familia supiere a qué hora el ladrón había
de venir, velaría y no dejaría asaltar su casa» (Mat. 24: 42, 43). Al igual que en
la caída de Babilonia, la repentina aparición de Cristo tomará por sorpresa a la
Babilonia moderna. Sin embargo, no tiene por qué ser así, ya que se nos ha
dado amplia evidencia acerca de la pronta venida de Jesús en una multitud de
detalladas profecías.
El mundo no será sorprendido por no conocer el anuncio divino, sino por
no haber creído en él.

Lee Apocalipsis 16: 15. Aun en medio de estas advertencias acerca del fin
de los tiempos, ¿qué mensaje típico del evangelio se encuentra allí? ¿Qué
significa «no andar desnudo»?

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Lección 13 | Jueves 26 de junio

CIRO, EL UNGIDO
Cuando Ciro conquistó la ciudad de Babilonia y concluyó el cautiverio
del pueblo de Dios, los persas les permitieron volver a la Tierra Prometida
y reconstruir el Templo. Bajo Ciro, el Imperio Persa se convirtió en el más
grande de la historia, formando lo que el historiador Tom Holland llama «el
mayor conglomerado de territorios que el mundo hubiera conocido» (Tom
Holland, Dominion: The Making of the Western Mind [Nueva York: Basic Books,
2019], p. 25, kindle edition). Como era costumbre entre los persas, Ciro fue
llamado «el gran rey», o «rey de reyes».
Ciro prefigura lo que sucederá cuando Cristo regrese para buscar a su pueblo.
Él es el Rey que viene del este (comparar con Mat. 24: 27), para guerrear contra
Babilonia y liberar a su pueblo a fin de que este quede finalmente libre de ella
y vuelva a la Tierra Prometida (ver Apoc. 19: 11-16). Por eso Dios se refiere a Ciro
como «su ungido» (Isa. 45: 1). Este famoso persa no solo liberó al pueblo de
Dios, sino también su campaña contra Babilonia es un tipo o prefiguración de
la segunda venida de Cristo.

Lee 2 Crónicas 36: 22 y 23. ¿En qué se parecen la historia de Ciro y la de


Nabucodonosor? ¿En qué difieren? ¿Cuál es la importancia del decreto?
¿Cómo influyó en la primera venida de Jesús siglos más tarde?

Malaquías es hoy el último libro del Antiguo Testamento, pero, de acuerdo


con el orden original del canon hebreo, este terminaba originalmente con la
declaración de Ciro en 2 Crónicas 36: 22 y 23, después de la cual comienza el
Nuevo Testamento con el relato de Mateo acerca del nacimiento de Cristo,
el Ciro antitípico. Ciro decretó la reconstrucción del Templo terrenal, pero
Jesús inauguraría su ministerio en el Santuario celestial, que conduciría a
su regreso y a nuestra liberación.
Ciro no era una representación perfecta de Cristo. Ningún tipo o prefigura-
ción se alinea perfectamente con el antitipo, con la realidad representada, razón
por la cual no debemos leer demasiado en cada pequeño detalle. Sin embargo,
Ciro funciona en líneas generales como un tipo del Salvador.
Cuán fascinante es que Dios utilizara a un rey pagano de una manera tan
marcada para hacer su voluntad. A pesar de las apariencias, ¿cómo podemos
aprender a confiar en que Dios ciertamente dirigirá los acontecimientos finales
según han sido profetizados?

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Viernes 27 de junio | Lección 13

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado «El vigía invisible» en las páginas 349 a 359 del libro
Profetas y reyes, de Elena G. de White.
«A cada nación que subió al escenario de acción se le permitió ocupar su
lugar en la tierra, para que pudiera determinarse si iba a cumplir los propó-
sitos del Vigilante y Santo. La profecía describió el nacimiento y el progreso
de los grandes imperios mundiales: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma.
Con cada uno de ellos, al igual que con las naciones de menos fortaleza, la
historia se repitió. Cada uno tuvo su tiempo de prueba; cada uno fracasó, su
gloria se desvaneció y desapareció su poder.
»Aunque las naciones rechazaron los principios divinos y con ello labraron
su propia ruina, un propósito divino predominante ha estado obrando mani-
fiestamente a través de los siglos» (Elena G. de White, Profetas y reyes, p. 356).
En Jeremías 18, el profeta observa a un alfarero mientras este da forma a lo
que está creando. Es esta imagen, la de un alfarero que moldea su arcilla, la que
Dios utiliza para explicar el principio de condicionalidad en la profecía bíblica.
Para asegurarse de que lo entendemos, el Señor dice por medio de Jeremías: «En
un instante puedo hablar contra una nación o un reino para arrancar, derribar
y destruir. Pero si esa nación se convierte de su maldad, yo también desistiré
del mal que había pensado hacerle, y en un instante hablaré de esa nación o ese
reino para edificar y plantar. Pero si hace lo malo ante mis ojos, y desoye mi voz,
desistiré del bien que había determinado hacerle» (Jer. 18: 7-10).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Piensa en la afirmación de Jesús de que el Juicio será menos severo para
Nínive que para el pueblo de Dios que se había desviado de la verdad
(ver Mat. 12: 39-42). ¿Qué lección puede extraer la iglesia de Dios de esta
advertencia?
2. Nota la afirmación de Elena G. de White de que «la historia se repitió»
con cada imperio sucesivo (Elena G. de White, Profetas y reyes, p. 392).
¿Qué tienen en común todos los imperios enumerados en la profecía?
¿De qué manera siguieron el mismo derrotero profético? ¿Cómo va tam-
bién nuestro mundo actual en pos de ellos?

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