UNIVERSIDAD PRIVADA ANTENOR ORREGO
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO
MECANISMOS ALTERNATIVOS DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
CICLO: VIII
DOCENTE: CARLOS ALZA COLLANTES
NRC: 6141 – 6142
INTEGRANTE:
Plasencia Barrios, Kevin
Trujillo - Perú
2025
1
Tabla de Contenido
1. Introducción...............................................................................................................3
2. Antecedentes históricos............................................................................................4
3. Marco normativo peruano.........................................................................................5
3.1. Ley N.° 30225, Ley de Contrataciones del Estado..................................................5
3.2. Decreto Supremo N.° 344-2018-EF, Reglamento de la Ley de Contrataciones
del Estado........................................................................................................................6
3.3. Directiva N° 012-2019-OSCE/CD.............................................................................7
4. Composición y funciones...........................................................................................8
4.1 Composición: selección y cargo....................................................................8
4.2 Funciones: desde la instalación hasta la clausura......................................9
5. Ventajas de las JRD en la reactivación de obras.....................................................10
5.1 Celeridad en la resolución de controversias.............................................10
5.2 Reducción de costos y protección del flujo de caja...................................11
5.3 Neutralidad técnica y alta tasa de aceptación...........................................11
5.4 Garantía de continuidad y cumplimiento inmediato.......................................12
6. Limitaciones y retos de las Juntas de Resolución de Disputas..............................12
6.1 Vacíos en facultades cautelares......................................................................12
6.2 Falta de cultura preventiva y capacitación....................................................12
6.3 Costos de administración................................................................................13
6.4 Resistencia al cumplimiento inmediato.........................................................13
6.5 Limitaciones en controversias indemnizatorias...........................................13
7. Implicancias en la reactivación post-COVID-19.....................................................13
8. Recomendaciones para fortalecer las JRD..............................................................14
Conclusión.........................................................................................................................16
Referencias.......................................................................................................................18
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1. Introducción
En el Perú, la construcción y mantenimiento de la infraestructura pública han sido
tradicionalmente pilares fundamentales para el desarrollo económico y social. Sin
embargo, estos proyectos suelen verse afectados por demoras prolongadas,
sobrecostos y litigios contractuales que, en muchas ocasiones, resultan en la
paralización de obras estratégicas. Este fenómeno no solo encarece la inversión
estatal, sino que perjudica directamente la calidad de vida de la ciudadanía al
postergar servicios esenciales como vías de transporte, hospitales o escuelas.
Frente a esta problemática, las Juntas de Resolución de Disputas (JRD) —conocidas
en el ámbito internacional como Dispute Boards— ofrecen un método innovador
de solución temprana de controversias. A diferencia de los mecanismos
tradicionales de arbitraje o jurisdicción contenciosa, las JRD operan de manera
continua durante toda la ejecución del contrato, permitiendo identificar y dirimir
los conflictos “in situ” antes de que escalen a disputas mayores. Este enfoque
preventivo se basa en la colaboración de expertos técnicos y legales que realizan
visitas periódicas a la obra, revisan documentación y emiten decisiones
provisionales, lo cual reduce significativamente el riesgo de interrupciones
prolongadas (Bullard Falla Ezcurra, 2023; CIAR Global, 2024).
La pertinencia de las JRD se exacerba en contextos de alta incertidumbre, como el
escenario post-COVID-19. Tras los efectos disruptivos de la pandemia —
restricciones sanitarias, alteración de cadenas de suministro y variación de costos
—, las entidades públicas se vieron forzadas a reprogramar cronogramas y
renegociar condiciones contractuales, generando un incremento exponencial de
reclamaciones. En este entorno, la agilidad y flexibilidad de las JRD han
demostrado ser herramientas eficaces para restablecer la continuidad de los
trabajos, minimizando impactos financieros y sociales (Presidencia del Consejo de
Ministros, 2020; OSCE, 2020).
Este ensayo profundiza en la evolución histórica y el sustento normativo de las JRD
en el Perú, sus ventajas comparativas frente a otros métodos de resolución de
disputas y los desafíos que enfrenta su implementación. Asimismo, propone
3
recomendaciones orientadas a optimizar su gestión y potenciar su papel como
catalizadora de la reactivación económica y la culminación oportuna de las obras
públicas.
2. Antecedentes históricos
El concepto de Juntas de Resolución de Disputas (Dispute Boards) tiene su génesis
en Estados Unidos durante la década de 1960, cuando surgieron los primeros
paneles de expertos para dirimir controversias técnicas “in situ” en proyectos
complejos de ingeniería. Uno de los primeros casos documentados fue el del
Boundary Dam en 1960, seguido por el Powerhouse Project subterráneo en
Washington, donde se creó un panel de especialistas encargado de emitir
decisiones técnicas sobre disputas surgidas durante la construcción de presas y
túneles (Goudsmit, 1982).
A lo largo de las décadas siguientes, el uso de estos comités creció de forma
sostenida en toda la industria de la construcción de EE. UU. y, para 2014, se habían
registrado más de 2 700 Dispute Boards en los cincuenta estados, siendo
obligatorios en procesos de infraestructura pública en jurisdicciones como Florida
y California (Jus Mundi, s. f.). Su éxito radicó en la capacidad de resolver diferencias
rápidamente, evitando litigios prolongados y reduciendo sobrecostos.
En el ámbito internacional, la Federación Internacional de Ingenieros Consultores
(FIDIC) desempeñó un papel crucial en la sistematización de estos mecanismos. En
1987, la cuarta edición de sus “Condiciones de Contrato para Obras de
Construcción de Ingeniería Civil” aún contemplaba al Engineer como árbitro
interno (cláusula 67), lo cual generó críticas por parcialidad e ineficiencia (Seppälä,
1998). Para subsanar estas deficiencias, FIDIC incorporó los Dispute Adjudication
Boards (DAB) en el Orange Book de 1995, instaurando paneles permanentes con
facultades para emitir decisiones vinculantes previa etapa arbitral (Baker et al.,
2009).
Posteriormente, en 1996, FIDIC publicó un suplemento al “Libro Rojo” que elevó el
DAB de una cláusula facultativa a un requisito previo al arbitraje. Este modelo fue
consolidado en la Suite Arcoíris de 1999, donde los DAB pasaron a ser
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permanentes y obligatorios en todos los contratos principales, instaurando un
procedimiento pre-arbitral escalonado (FIDIC, 1999; Paredes, 2011).
La evolución continuó en la edición Oro de 2008, que insistió en la prevención de
controversias al incluir cláusulas específicas de “Dispute Avoidance” (Sub-cláusula
20.5), y en la Suite Arcoíris de 2017, donde se introdujeron oficialmente las
Dispute (DAAB), reforzando su naturaleza proactiva y preventiva (FIDIC, 2017).
En el Perú, este legado normativo internacional se traslada a través de la Ley
N.º 30225 y su Reglamento (DS N.º 344-2018-EF), que desde 2014 imponen JRD
obligatorias en obras estatales mayores a S/. 20 000 000 y facultativas a partir de
S/. 5 000 000 (Congreso de la República del Perú, 2014). Con ello, el país adopta un
mecanismo probado que, tras seis décadas de evolución global, ha demostrado
reducir demoras y costos, asegurando una gestión más eficiente de las disputas
contractuales en proyectos de infraestructura.
3. Marco normativo peruano
3.1. Ley N.° 30225, Ley de Contrataciones del Estado
Introducción de la JRD
o El artículo 45, incorporado por el Decreto Legislativo N.° 1444,
reconoce la JRD como medio de solución de controversias durante la
ejecución de contratos de obra, integrándola al ordenamiento como
alternativa preventiva al arbitraje o la vía judicial.
Alcance y obligatoriedad
o Facultativa: Proyectos de obra con valor referencial ≥ S/ 5 000 000.
o Obligatoria: Proyectos con valor referencial ≥ S/ 20 000 000.
o Estas franjas buscan focalizar el uso de la JRD en contratos de mayor
complejidad y riesgo económico.
Efectos de las decisiones
o Las resoluciones de la JRD son vinculantes desde su notificación y
sólo pueden impugnarse vía arbitraje en un plazo de 30 días hábiles
tras la recepción de la obra. Vencido este plazo, las decisiones
devienen inimpugnables.
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3.2. Decreto Supremo N.° 344-2018-EF, Reglamento de la Ley de
Contrataciones del Estado
El Capítulo XVI (artículos 243–252) del Reglamento establece el procedimiento
detallado:
1. Objeto: Prevenir y resolver controversias desde el inicio de la ejecución
hasta la recepción de la obra.
2. Exclusiones: No abarca pretensiones indemnizatorias no previstas en la
normativa de contrataciones.
3. Composición:
o Miembro único: contratos ≥ S/ 5 000 000 y < S/ 40 000 000.
o Tres miembros: contratos ≥ S/ 40 000 000.
4. Decisión: Obligatoria, con siete días para impugnación y 30 días hábiles
para someterla a arbitraje.
244: Inicio de la controversia:
o La parte interesada presenta petición escrita al Centro administrador.
o 3 días para que el Centro notifique a la contraparte.
o La contraparte responde en 15 días, aportando documentales, planos,
cronogramas, etc.
245: Designación y aceptación de miembros:
o Cada parte propone a su arbitro; Centro coordina la integración.
o Plazo de 2 días para que el designado acepte o rechace.
o Si no hay pronunciamiento, el Centro nombra al reemplazo en 20
días desde la suscripción del contrato o inicio de la obra.
o 5 días para suscribir el contrato tripartito con los miembros de la
JRD.
246: Reuniones y visitas periódicas:
o Frecuencia mínima mensual o según riesgo de la obra.
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o El Centro facilita espacios de trabajo, medios de comunicación y
logística.
o La JRD elabora un informe dentro de 7 días de cada visita,
notificándolo a las partes.
247: Audiencia y decisión:
o Tras la contestación, la JRD convoca audiencia en ≤ 10 días.
o La decisión debe emitirse en 10 días tras la audiencia o, si no fue
necesaria, tras el plazo de contestación.
o La decisión provisional es ejecutable de inmediato; su impugnación
sólo procede por arbitraje dentro de 30 días hábiles tras la recepción
de la obra.
248: Correcciones y aclaraciones:
o Las partes pueden solicitar aclaraciones en un plazo de 3 días
desde la decisión.
o La JRD responde en 7 días, y la decisión rectificada mantiene su
carácter vinculante.
249–252
o Registro de actuaciones en el expediente de contratación.
o Confidencialidad de la información.
o Costos y honorarios repartidos equitativamente salvo decisión
distinta de la JRD.
o Terminación automática de la JRD al recibo total de la obra
(art. 252).
3.3. Directiva N° 012-2019-OSCE/CD
Esta Directiva regula los Centros administradores de JRD, asegurando su
profesionalización mediante:
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1. Experiencia: Mínimo cuatro años como institución arbitral.
2. Código de ética: Con supuestos de infracción alineados al Reglamento
(art. 254).
3. Registro público de adjudicadores: Especialistas inscritos con CV
verificado.
4. Infraestructura:
o Sala de audiencias y archivo documental.
o Equipamiento informático y medios de comunicación (incluyendo
videoconferencia).
5. Organización interna:
o Tarifarios transparentes de honorarios.
o Personal de apoyo técnico y administrativo.
6. Procedimientos administrativos:
o Plazos y cómputo en días hábiles (salvo señalamiento expreso).
o Reglamento de recusaciones: plazo de 5 días para impugnar la
imparcialidad de un miembro; Centro pronuncia en 15 días y
notifica en 3 días
4. Composición y funciones
4.1Composición: selección y cargo
Nombramiento
o Tras la presentación de la controversia, el Centro administrador
convoca a las partes para definir los nombres propuestos, y sus
integrantes suscriben un contrato tripartito que establece
honorarios, alcance de funciones y calendario de actividades.
o El panel adquiere personalidad independiente del contratante y
del adjudicatario, lo que garantiza imparcialidad en cada
pronunciamiento (Castillo Freyre, 2022).
Duración del mandato
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o Los miembros permanecen en el cargo tanto como dure la obra,
incluso ante suspensiones temporales, renovándose
automáticamente hasta la recepción final, salvo renuncia justificada
o remoción por causal debidamente motivada.
o Esta continuidad facilita la memoria organizacional del panel y
evita retrasos en la reactivación de sesiones tras interrupciones
(Bullard Falla Ezcurra, 2023).
Confidencialidad y ética
o Todos los miembros firman cláusulas de confidencialidad que
impiden la divulgación de información técnica o comercial sin
autorización expresa de ambas partes.
o Se someten a un código de ética específico del Centro, que regula
recusaciones, conflictos de interés y sanciones disciplinarias
(OSCE, 2019).
4.2Funciones: desde la instalación hasta la clausura
Sesión de instalación
o Al inicio de la obra, la JRD realiza una reunión de lanzamiento con
el contratista y la entidad estatal para revisar el contrato,
cronograma, especificaciones técnicas y riesgos identificados.
o El acta de instalación detalla el plan de visitas, medios de
comunicación habilitados y reglas de procedimiento interno.
Gestión de riesgo
o Tras cada visita técnico‐administrativa, el panel elabora un mapa de
riesgos dinámico que clasifica posibles puntos de fricción (retrasos
por clima, faltantes de materiales, variaciones de precios).
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o Propone acciones mitigantes (p. ej., ajuste de cuadrillas, reajuste de
plazos parciales), registradas en un “libro de campo” accesible a las
partes.
Dictámenes provisionales
o Cuando surgen discrepancias sobre interpretación de planos o
cambios no cuantificables al instante, la JRD emite opiniones no
vinculantes dentro de 5 días para orientar la ejecución, y en un
segundo pronunciamiento, tras solicitar evaluaciones periciales,
dicta la resolución vinculante.
Coordinación con supervisión de obra
o La JRD actúa como interfaz entre la supervisión técnica
(normalmente un tercero) y la entidad contratante, facilitando que
las instrucciones de esta última se ajusten a decisiones de la JRD sin
necesidad de memorandos adicionales.
Cierre del procedimiento
o Una vez recibida la obra, la JRD emite un informe final
consolidado, que incluye estadísticas de tiempo de reacción (días
promedio entre controversia y decisión), cumplimiento de
recomendaciones y lecciones aprendidas.
o Este informe sirve de insumo para auditorías posteriores y para
mejorar los términos de referencia en futuros contratos públicos
(CIAR Global, 2024).
5. Ventajas de las JRD en la reactivación de obras
Las Juntas de Resolución de Disputas (JRD) ofrecen una serie de beneficios
esenciales que dinamizan la ejecución de proyectos de infraestructura,
minimizando interrupciones y costos. A continuación, se describen sus cuatro
principales ventajas.
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5.1Celeridad en la resolución de controversias
Las JRD resuelven disputas con una rapidez notable en comparación con el
arbitraje tradicional. En el primer proyecto peruano que incorporó una JRD, el
promedio de tiempo para dictar una decisión fue de 2,5 meses, frente a los
13 meses que tardó un arbitraje posterior bajo el mismo contrato (Bullard
Falla Ezcurra, 2023). Esta prontitud evita que los conflictos se enquisten y permite
al equipo de obra retomar operaciones sin las demoras propias de procesos
arbitrales o judiciales.
5.2Reducción de costos y protección del flujo de caja
Menor contratación de asesores externos: Al contar con un panel técnico
permanente, las partes reducen la necesidad de peritos y abogados
adicionales, disminuyendo honorarios profesionales por controversia
(Castillo Freyre, 2022).
Procedimiento único pre-arbitral: Solo las disputas no resueltas en la JRD
avanzan a arbitraje tras la recepción de la obra, evitando procedimientos
múltiples y la emisión de laudos divergentes (CIAR Global, 2024).
Estabilidad del cash-flow: La continuidad de los trabajos y el acatamiento
inmediato de las decisiones protegen los ingresos del contratista,
impidiendo retenciones prolongadas que puedan comprometer su liquidez
(Bullard Falla Ezcurra, 2023).
5.3Neutralidad técnica y alta tasa de aceptación
Conocimiento profundo del proyecto: Los adjudicadores, por sus visitas
periódicas y revisión constante de la obra, están bien familiarizados con sus
particularidades, lo cual fortalece la percepción de imparcialidad
(CIAR Global, 2024).
Disuasión de posiciones extremas: Sabiendo que el panel posee
credibilidad para equilibrar argumentos, las partes tienden a presentar
reclamaciones más razonables (OSCE, 2020).
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Baja tasa de impugnación: A nivel global, menos del 5 % de las decisiones
de Dispute Boards son sometidas a arbitraje o litigio posterior, lo que refleja
la eficacia y aceptación de sus pronunciamientos (CIAR Global, 2024).
5.4 Garantía de continuidad y cumplimiento inmediato
Prevención de paralizaciones: Al dictar soluciones en tiempo real, las JRD
evitan la detención de actividades y mantienen equilibrado el triángulo
alcance-tiempo-costo (Castillo Freyre, 2022).
Obligatoriedad de las decisiones provisionales: Desde su notificación,
ambas partes deben cumplir las resoluciones sin esperar instancias
posteriores, lo que agiliza medidas correctivas en obra (OSCE, 2020).
Informe final de lecciones aprendidas: Con la recepción de la obra, la JRD
elabora un informe consolidado que documenta tiempos de respuesta, tipos
de controversias y recomendaciones, sirviendo como insumo para mejorar
futuros procesos contractuales (CIAR Global, 2024).
6. Limitaciones y retos de las Juntas de Resolución de Disputas
A pesar de su potencial, las Juntas de Resolución de Disputas (JRD) enfrentan
varios desafíos que pueden debilitar su eficacia en la práctica:
6.1Vacíos en facultades cautelares
La normativa peruana no otorga expresamente a las JRD la potestad de
dictar medidas cautelares para preservar el statu quo de la obra durante la
tramitación de la controversia. Esta omisión obliga a las partes a
simultanear procedimientos arbitrales o judiciales cuando requieren
acciones urgentes, lo que diluye la celeridad que se busca lograr con este
mecanismo (Espinoza, 2022).
6.2Falta de cultura preventiva y capacitación
Muchas entidades estatales desconocen los beneficios de las JRD o carecen
de formación específica para integrarlas en sus contratos. Un estudio de la
Pontificia Universidad Católica del Perú concluye que, sin programas de
capacitación ni protocolos claros, los procuradores suelen preferir el
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arbitraje tradicional, limitando así la adopción de JRD a un número reducido
de proyectos (Pontificia Universidad Católica del Perú, 2021).
6.3Costos de administración
Si bien se reducen gastos en peritos externos, las tarifas de los Centros
administradores y los honorarios de los adjudicadores pueden resultar
onerosos para obras de montos medios. La Directiva 012-2019-OSCE/CD
exige la publicación de un tarifario, pero no establece topes máximos, lo que
provoca reticencia en entidades con presupuestos ajustados y demoras en
la contratación del servicio (Organismo Supervisor de las Contrataciones
del Estado, 2019).
6.4Resistencia al cumplimiento inmediato
En ocasiones, las partes impugnan decisiones provisionales de la JRD por
discrepancias menores, llevando las controversias a arbitraje de todas
formas. Esta práctica convierte a la JRD en un filtro adicional en lugar de un
mecanismo resolutivo definitivo, lo que contraviene su espíritu preventivo
y genera duplicidad de procedimientos (Cámara de Comercio de La
Libertad, 2023).
6.5Limitaciones en controversias indemnizatorias
El Reglamento excluye de su competencia las pretensiones indemnizatorias
no contempladas en la normativa de contrataciones. Esto deja fuera
reclamaciones por daños indirectos o lucro cesante, obligando a las partes a
recurrir a vías arbitrales o judiciales posteriores a la recepción de la obra,
con el consiguiente desgaste de tiempo y recursos (Espinoza, 2022).
7. Implicancias en la reactivación post-COVID-19
La pandemia de COVID-19 generó disrupciones significativas en la ejecución de
obras públicas: restricciones sanitarias, interrupciones de la cadena de
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suministro y variaciones sustanciales de costos en insumos y mano de obra.
Para mitigar estos efectos, el Decreto Legislativo N.° 1486 autorizó a las
entidades públicas a modificar contratos —incluyendo plazos, cronogramas y
presupuestos— por causas atribuibles a la emergencia sanitaria, con
reconocimiento expreso de costos adicionales y ajustes de plazo (Presidencia
del Consejo de Ministros, 2020). Esta flexibilidad contractual puso énfasis en la
necesidad de mecanismos ágiles que resolvieran controversias surgidas de
protocolos de bioseguridad y cambios logísticos, sin paralizar las obras.
En este contexto, las Juntas de Resolución de Disputas (JRD) demostraron ser
herramientas idóneas para dirimir de forma expedita las reclamaciones
vinculadas a la aplicación de medidas sanitarias. Las opiniones técnicas
emitidas por la Dirección Técnica Normativa del OSCE —como la Opinión
N.° 014-2020/DTN— reconocieron expresamente que la JRD podía
pronunciarse sobre discrepancias en la interpretación de las cláusulas de
reprogramación y los costos asociados al suministro de equipos de protección
personal (OSCE, 2020). De este modo, la JRD facilitó la adopción inmediata de
soluciones provisionales, reduciendo demoras y evitando el recurso masivo a
arbitrajes que habrían extendido los plazos de entrega.
La operación continua de las JRD durante la emergencia sanitaria también
permitió un seguimiento dinámico de los riesgos asociados a rebrotes y nuevas
disposiciones gubernamentales. Mediante visitas virtuales complementadas
con inspecciones presenciales cuando las autoridades sanitarias lo permitían,
el panel pudo actualizar el “mapa de riesgos” y proponer reajustes al
cronograma en plazos promedio de 15 días, lo que contrastó favorablemente
con los seis meses que demoraba un arbitraje tradicional (Bullard
Falla Ezcurra, 2023). Estas decisiones, de cumplimiento inmediato, aseguraron
la continuidad de la obra y la estabilidad financiera de los contratistas.
En suma, la sinergia entre las disposiciones del Decreto Legislativo N.° 1486 y el
uso activo de las JRD posibilitó una reactivación más rápida y ordenada de las
obras públicas tras las restricciones por COVID-19, salvaguardando tanto el
interés público como la viabilidad económica de los proyectos.
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8. Recomendaciones para fortalecer las JRD
Dotar de potestades urgentes a la JRD
Es fundamental que las JRD puedan emitir órdenes provisionales que
aseguren la continuidad del trabajo mientras se resuelve la controversia
principal. Por ejemplo, permitirles ordenar el desbloqueo inmediato de
partidas de presupuesto destinadas a rubros críticos —como
suministros de concreto o equipos de seguridad— ante una disputa
sobre facturación. De este modo, se evita que la paralización técnica
derive en parálisis económica.
Implementar un programa formativo interno
Propongo diseñar un curso anual, coordinado por el OSCE y
universidades, que combine teoría con simulaciones de audiencias de
JRD. Los estudiantes de ingeniería, arquitectura y derecho podrían
participar como observadores y ayudantes, creando un semillero de
profesionales familiarizados con el mecanismo. Esto no solo fomentaría
la cultura preventiva, sino que nutriría de talento a los propios Centros
administradores.
Transparencia activa en costos y resultados
Más allá de publicar tarifas, los Centros administradores deberían
compartir informes semestrales que incluyan métricas de desempeño:
número de disputas atendidas, tiempos de respuesta promedio,
porcentaje de decisiones acatadas y nivel de satisfacción de las partes.
Esta transparencia permitiría comparar eficiencias y serviría de base
para renegociar honorarios de forma justa.
Crear un repositorio nacional de casos y lecciones aprendidas
Sería útil contar con una base de datos accesible a todos los actores,
donde se registren los conflictos resueltos, las estrategias que
funcionaron y los errores que conviene evitar. Este repositorio podría
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albergar resúmenes de pronunciamientos, gráficos de tendencias de
riesgo y testimonios breves de contratistas y entidades.
Fomentar espacios de diálogo multidisciplinario
Organizar foros anuales donde participen representantes de
constructoras, entes públicos, académicos y miembros de JRD. Estos
encuentros facilitarían la identificación de desafíos emergentes —[Link].,
uso de nuevas tecnologías en obra— y la adaptación oportuna de los
lineamientos de las JRD a realidades cambiantes.
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Conclusión
La aplicación de las Juntas de Resolución de Disputas en el sistema de contratación
pública representa un paso firme hacia una gestión más eficiente, moderna y
responsable de las obras del Estado. Este mecanismo, lejos de ser una simple
formalidad normativa, se ha convertido en una respuesta concreta a uno de los
principales problemas que enfrenta la ejecución de infraestructura en el país: la
paralización de proyectos por conflictos mal gestionados. La historia internacional
de las JRD demuestra que su uso no es casual ni improvisado, sino el resultado de
décadas de aprendizaje acumulado en contextos donde la construcción requiere
decisiones rápidas, técnicas y eficaces.
En el Perú, el marco legal que regula las JRD ha dado señales claras de
institucionalidad, ofreciendo reglas precisas que definen cuándo y cómo deben
implementarse. Pero como suele suceder con muchas normas, el verdadero reto
está en su aplicación práctica. De nada sirve una buena ley si quienes deben
ejecutarla no la conocen, no la entienden o no la valoran. En este sentido, las JRD
no solo deben verse como una herramienta jurídica, sino también como un espacio
técnico que acompaña el desarrollo de la obra desde adentro, conociendo su
evolución, identificando riesgos a tiempo y emitiendo decisiones que pueden
marcar la diferencia entre un proyecto terminado o uno abandonado.
Los beneficios que este mecanismo ofrece son múltiples y comprobables: la
resolución rápida de disputas, el ahorro económico frente al arbitraje tradicional,
la imparcialidad técnica de sus integrantes y la posibilidad de dar continuidad a los
trabajos sin esperar meses por una sentencia. Sin embargo, estos logros todavía
conviven con ciertas limitaciones que no pueden ignorarse. La falta de atribuciones
para emitir medidas urgentes, la escasa formación de algunos actores estatales, la
desconfianza hacia decisiones vinculantes y los vacíos en su regulación financiera
son aspectos que merecen atención inmediata si se quiere consolidar el uso de las
JRD como un estándar nacional.
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Durante el contexto crítico que supuso la pandemia de COVID-19, las JRD
mostraron que no solo eran útiles, sino necesarias. Su capacidad para adaptarse a
cambios contractuales imprevistos, evaluar nuevas condiciones sanitarias y
resolver disputas sin detener los proyectos fue clave para que muchas obras se
mantuvieran en marcha. Esa experiencia debería ser tomada como una
demostración clara de su relevancia, especialmente en escenarios donde la
incertidumbre y la urgencia son factores permanentes.
Mirando hacia adelante, resulta indispensable apostar por su fortalecimiento.
Mejorar su capacidad operativa, regular sus costos de forma justa, capacitar a
todos los involucrados, sistematizar sus experiencias y fomentar el diálogo entre
los sectores público, privado y académico, no son propuestas abstractas, sino pasos
concretos que pueden hacer la diferencia. Si logramos que las JRD dejen de verse
como un “trámite adicional” para convertirse en un verdadero instrumento de
gestión y solución técnica, estaremos contribuyendo no solo a mejorar la calidad
de las obras públicas, sino también a recuperar la confianza ciudadana en el Estado
y su capacidad para cumplir lo que promete.
En definitiva, las Juntas de Resolución de Disputas no son una solución mágica,
pero sí una herramienta potente. Su éxito dependerá de nuestra voluntad —como
profesionales, técnicos, funcionarios y estudiantes— de entenderlas, aplicarlas
correctamente y seguir mejorándolas. Solo así podremos construir no solo mejores
obras, sino también un sistema de contratación pública más eficiente, transparente
y orientado al bienestar colectivo.
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Referencias
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