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La Gran Aventura en El Bosque Arcoiris

Cuento infantil sobre una aventura en el bosque y amistad

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Edgar Gutierrez
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En un bosque muy especial, donde los árboles brillaban de

tantos colores, vivían muchos animalitos felices. Era el


Bosque Arcoíris, y todos los días eran como una fiesta. De
todos los animales, destacaba un grupo de amigos.
Luz Mariana, la zorrita roja, era valiente y siempre ayudaba
a los demás.
Gretel Melisa, la ardillita saltarina, cuidaba las semillas de
los árboles.
Andrea Yovana, una lechuza muy sabia, sabía leer las nubes
y hablar con el viento.
Astrid Guadalupe, la mariposa azul, ayudaba a las flores a
florecer más bonitas.
También vivía Héctor, un oso grandote que abrazaba fuerte
y siempre protegía a sus amigos.
Eder y Mateo, mapaches gemelos, eran los más traviesos
pero siempre decían chistes que hacían reír a todos.
Joseph y Mauricio, conejitos saltarines, también eran
gemelos y les encantaba hacer carreras por el prado.
Bruno, un erizo chiquito y curioso, amaba rodar cuesta
abajo riendo.
Arath, un ciervito tierno, inventaba juegos usando piedras y
hojas.
Nathaniel, la nutria juguetona, vivía en el río y hacía
burbujas de agua.
Axel, el lobito gris, cuidaba del bosque por las noches con
sus ojos brillantes.
Emiliano, un zorrito pequeño, siempre decía: “¿Y por qué?
¿Y por qué?”... todos lo querían mucho.
Una mañana, cuando todos despertaron, notaron que el
bosque estaba muy callado.
—Las flores están cerradas... —dijo Astrid preocupada.
—Y los peces ya no saltan en el río... —dijo Nathaniel.
Andrea Yovana voló alto y miró con sus ojitos brillantes.
—¡Hay basura en el bosque! Botellas, papeles y bolsas
están por todos lados.
Todos los animalitos se miraron. El Bosque Arcoíris estaba
triste, y ellos también.
—¡Tenemos que hacer algo! —dijo Luz Mariana.
Entonces Andrea propuso un plan:
—Si todos ayudamos, podremos salvar nuestro hogar.
Gretel Melisa corrió a buscar su costalito para juntar
semillas y basura.
Joseph y Mauricio comenzaron a recoger papeles
voladores.
Eder y Mateo hicieron una carrera para ver quién limpiaba
más rápido.
Bruno rodaba con un balde recogiendo latas.
Axel, aunque era de noche, se quedó despierto para cuidar
a los más pequeños.
Al siguiente día, Héctor cargaba ramas grandes que
estaban bloqueando el río.
Mientras trabajaban, Arath tuvo una gran idea.
—¿Y si hacemos un mural con piedras y hojas bonitas? Así
todos recordarán lo importante que es cuidar el bosque.
—¡Sí! —dijeron todos emocionados.
Juntaron piedritas de colores, ramitas, flores secas y hojas
caídas.
Entre todos hicieron un gran corazón en el suelo, y dentro
del corazón pusieron una palabra con ramitas:
“Amigos”
Emiliano lo miró con ojos brillantes.
—¿Y por qué hicimos eso?
—Porque el bosque es nuestro amigo —respondió Luz
Mariana—, y a los amigos se les cuida siempre.
Después de muchas horas trabajando juntos, el bosque
comenzó a cambiar.
El río volvió a correr claro y limpio.
Las flores se abrieron.
Los pájaros cantaron de nuevo.
¡Y un arcoíris apareció en el cielo!
Todos los animalitos se abrazaron felices.
—Hoy aprendimos algo importante —dijo Luz Mariana—:

Cuando nos ayudamos, respetamos la naturaleza y somos


buenos amigos, ¡todo es posible!
Y todos aplaudieron con sus patitas, pezuñas y alitas:
—¡Viva la amistad, la unidad y el Bosque Arcoíris!
Desde ese día, todos los animales cuidaban su hogar, y
cada vez que alguien preguntaba "¿por qué?", todos
respondían:
—¡Porque amamos nuestro bosque!

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