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Pemas 1-3-10

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ANTES 23

SENTIDO DE SU AUSENCIA 23
LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES 24
DESTRUCCIONES 24
POEMA 24
SILENCIOS 25

DE EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA


EL SUEÑO DE LA MUERTE… 25
RESCATE 26
EL HERMOSO DELIRIO 26
EN UN OTOÑO ANTIGUO 27
CAMINOS DEL ESPEJO 27
UN SUEÑO DONDE EL SILENCIO ES DE ORO 28
CANTORA NOCTURNA 28
VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN… 29
LINTERNA SORDA 29

DE EL INFIERNO MUSICAL
PIEDRA FUNDAMENTAL 29
OJOS PRIMITIVOS 32
EL DESEO DE LA PALABRA 33
LA PALABRA DEL DESEO 34
EN UN EJEMPLAR… 35
L’OBSCURITÉ DES EAUX 35
LA MÁSCARA Y EL POEMA 35
SIGNOS 36
NOMBRES Y FIGURAS 36

3
LA MÁSCARA Y EL POEMA:
BREVE NOTA SOBRE LA POESÍA
DE ALEJANDRA PIZARNIK

Uno es el nombre, Alejandra Pizarnik, conocido en el


ámbito de la lengua española. Otro, el conjunto de
una obra dispersa, publicada en breves volúmenes
que nunca se reeditaron. La poesía de Alejandra Pi-
zarnik es la secreta posesión de unos cuantos lectores
que supieron ver en ella una de las voces más perso-
nales de la poesía escrita en nuestra lengua. Por cierto,
entre esos lectores devotos estuvo Alfonso Reyes, a
quien Alejandra Pizarnik envió un ejemplar dedicado
de La última inocencia.
Alejandra Pizarnik casi no tuvo biografía. Los da-
tos más importantes de su vida están en sus libros.
Nació en Buenos Aires, Argentina, en el año de 1939.
En la Facultad de Filosofía y Letras inició la carrera
de filosofía, en el año de 1954. Después optó por el
estudio de las letras, que abandonó también. Se in-
teresó por la pintura e hizo estudios con Juan Batlle
Planas. Vivió en París durante cuatro años. Allí pro-
fundizó en la lectura de Lautréamont, Artaud y los
surrealistas. Su vida estuvo marcada por un exilio
interno. Había en Alejandra una fragilidad que la po-
nía en riesgo de sucumbir ante los embates de una
feroz realidad. Su poesía es la búsqueda de una iden-
tidad, de una afirmación que le concediera sentido al
caos existencial en que se debatía.
Dos grandes poetas de nuestro continente nos seña-
laron la importancia de su poesía: Octavio Paz y En-
rique Molina. Octavio Paz dejó constancia de su
interés por Alejandra Pizarnik al prologar el libro
Árbol de Diana. Paz describe el árbol de Diana desde
el punto de vista de la química, la botánica, la mito-
logía, la heráldica y la física. Químicamente, la poesía
de Pizarnik es una “cristalización verbal por amalga-
ma de insomnio pasional y lucidez meridiana en una
disolución de realidad sometida a las más altas tem-
peraturas. El producto no contiene una sola partícula

4
de mentira”. Los poemas de Pizarnik son breves, de
una concentración que calcina a la realidad y a la
palabra. Esa intensidad de nombrar, de borrarse tras
el poema, de desnudarse ante el lenguaje, entusiasmó
a Enrique Molina que dijo: (Alejandra) “sale indemne
de esas acechanzas que consisten en abrir las puertas
del poema a notaciones de mero valor informativo,
destinadas a recrear un latido o un instante, en el sen-
tido en que entiendo la poesía, como una transmuta-
ción de una realidad inmediata y circunstancial a un
plano de revelación”.
La cualidad más notable de los versos de Alejandra
Pizarnik es la tensión a la que somete las palabras,
esa tensión deriva de una intensidad poética queman-
te. Lucidez para mirar dentro de sí misma, lucidez
para advertir los signos de un mundo amenazante,
lucidez para elegir la palabra exacta y su contorno.
La poesía es una máscara que nos defiende, nos pres-
ta identidad y nos revela el lado oscuro de la vida. El
poema es un espejo, la única vía de acceso al mundo
interior: Y qué es lo que vas a decir/ voy a decir sola-
mente algo/ y qué es lo que vas a hacer/ voy a ocultar-
me en el lenguaje/ y por qué/ tengo miedo. Para
Pizarnik el lenguaje tiene una doble función: es reve-
lación pero también es ocultamiento. La máscara y el
poema. El mundo sensible de Pizarnik participa de un
agudo conflicto: los elementos de la realidad son inasi-
bles. El poema sólo rescata algunos fragmentos que
expresan un yo fragmentado. Quizá por ello Alejan-
dra Pizarnik buscó la concentración, elaborar con
esencias los símbolos que expresaran su drama per-
sonal. En una ocasión comentó sobre su “método”
para escribir poemas: “cada día son más breves mis
poemas: pequeños fuegos para quien anduvo perdida
en los extraños (...). Me concentro mucho tiempo en
un sólo poema. Y lo hago de una manera que recuer-
da, tal vez, el gesto de los artistas plásticos: adhiero
la hoja de papel a un muro y la contemplo: cambio
palabras, suprimo versos. A veces al suprimir una pa-
labra imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su
nombre. Entonces a la espera de la palabra deseada,

5
hago en su vacío un dibujo que la alude. Y este dibujo
es como un llamado ritual”. A veces ese vacío es la
mención de un silencio. El poema también está hecho
de silencio. La alusión sólo dibuja el perfil de lo que se
nombra. El deseo de la palabra se realiza desde la so-
ledad: poseer la palabra para desentrañar lo que somos.
En el otro polo, la palabra del deseo cimenta su vi-
sión del mundo. El terror, el miedo, la muerte, son
enfrentados con una fragilidad que al final hará su-
cumbir a la autora. Acaso para ella haya sido insalva-
ble la distancia entre la realidad y la palabra. En la
batalla desiciva de su drama interior se impuso la
victoria de la muerte, una obsesión que recorre toda
su poesía. En una ocasión Alejandra Pizarnik escri-
bió: La muerte siempre al lado./ Escucho su decir./
Sólo me oigo. Versos que se complementan con los
siguientes: alguna vez/ alguna vez/ me iré sin que-
darme/ me iré como quien se va. El 25 de septiembre
de 1972 dejó de existir Alejandra Pizarnik. Se quitó
la vida, es decir, se suicidó: mariposa atravesada por
el alfiler incandescente de la realidad y el deseo.

MIGUEL ÁNGEL FLORES

NOTA: Alejandra Pizarnik escribió los siguientes libros de


poemas: La tierra más lejana. Buenos Aires, Ediciones
Botella al mar, 1955; La última inocencia. Buenos Aires,
Ediciones poesía, 1956; Las aventuras perdidas. (1958)
[no hay datos sobre su pie de imprenta]; Árbol de Diana.
Buenos Aires, Sur, 1962; Los trabajos y las noches. Bue-
nos Aires, Sudamericana, 1965; Extracción de la piedra
de la locura. Buenos Aires, Sudamericana, 1968; Nombres
y figuras. Barcelona, Ediciones La Esquina, 1969; El in-
fierno musical. Buenos Aires, Siglo XXI, 1971. La edito-
rial Sudamericana ha anunciado su intención de publicar
la obra completa de Alejandra Pizarnik. Si consideramos
la pésima distribución de la editorial y sus altos costos de
producción y distribución, no es difícil inferir que el libro
tendrá una circulación muy reducida y no será una gran

6
contribución al conocimiento de la poesía de Alejandra
Pizarnik en México. Este Material de Lectura sólo quiere
ser una aproximación al mundo poético de Alejandra
Pizarnik y lo anima el propósito de difundir un conjunto
representativo de su obra.

7
DE LA ÚLTIMA INOCENCIA

LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir
en cuerpo y alma
partir

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir

He de partir

Pero arremete ¡viajera!

SOLAMENTE

ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida

8
A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

a Clara Silva

Ese instante que no se olvida


Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
Perdidas en el canto de los helados campanarios

Ampáralo niña ciega de alma


Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir

Pero ese instante sudoroso de nada


Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

BALADA DE LA PIEDRA QUE LLORA

a Josefina Gómez Errázuriz

la muerte se muere de risa pero la vida


se muere de llanto pero la muerte pero la vida
pero nada nada nada

9
NOCHE

Quol, taujours? Entre mol sans cesse


et le bonheur!
G. de Nerval

Tal vez esta noche no es noche,


debe ser un sol horrendo, o
lo otro, o cualquier cosa…
¡Qué sé yo! ¡Faltan palabras,
falta candor, falta poesía
cuando la sangre llora y llora!

¡Pudiera ser tan feliz esta noche!


Si sólo me fuera dado palpar
las sombras, oír pasos,
decir “buenas noches” a cualquiera
que pasease a su perro,
miraría la luna, dijera su
extraña lactescencia, tropezaría
con piedras al azar, como se hace.

Pero hay algo que rompe la piel,


una ciega furia
que corre por mis venas.
¡Quiero salir! Cancerbero del alma:
¡Deja, déjame traspasar tu sonrisa!

¡Pudiera ser tan feliz esta noche!


Aún quedan ensueños rezagados.
¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces!
¡Y mis pocos años! ¿Por qué no?
La muerte está lejana. No me mira.
¡Tanta vida Señor!
¿Para qué tanta vida?

SUEÑO

Estallará la isla del recuerdo


La vida será un acto de candor

10

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