Hieronymus Bosch, a quien en España se conoce como El Bosco,
trabajó a finales del siglo XV y principios del XVI.
Fue un artista muy original, autor de escenas moralizantes de gran fantasía,
que se encuentran más cerca de la mentalidad medieval que del Renacimiento.
Esto no quiere decir que no fuera un hombre de su tiempo.
Su pintura tuvo mucho éxito y fue muy imitada,
incluso sabemos que se falsificó desde fecha muy temprana.
El Bosco nos recuerda una idea importante que quiero comentar.
Nuestra manera de ordenar el arte es artificial.
La rama de las Humanidades que conocemos como Historia del Arte,
no es un mero resumen o un reflejo perfecto de hechos que acontecieron,
es una teoría,
una interpretación de esos hechos que nos sirve para explicarlos.
La pintura del Bosco encaja con dificultad en una Historia del Arte que busca lo
que cada
artista y cada época tienen de novedoso.
El Bosco no fue un pintor moderno para su tiempo, pero fue un agitador, un artista
original que
influyó mucho en sus contemporáneos.
Además, su creatividad hace de él uno de los pintores más interesantes de toda la
Historia del Arte.
El Bosco nació en Hertogenbosh, en los Países Bajos, hacia 1450.
Se casó con una mujer adinerada y no tuvo hijos. Quizás esto le facilitó ser un
artista muy original.
La fantasía de los cuadros de El Bosco nos puede llevar a pensar que fue un pintor
esotérico
y marginal, pero no es el caso.
Importantes cortesanos y aristócratas de la época coleccionaron sus obras. Los
estudios del arte de El Bosco se centran
principalmente en interpretar sus complejas imágenes y eso haremos también
nosotros.
Sus imágenes se inspiran en la Teología y el Arte medieval, en cuentos y refranes
de la
cultura popular de su tiempo y en su propia imaginación.
En pantalla está su cuadro más famoso, El jardín de las delicias.
Es un cuadro grande: mide poco más de dos metros de alto y casi cuatro de ancho.
Lo pintó hacia el año 1500.
El cuadro tiene tres partes, es un tríptico.
Este formato era común en cuadros para iglesias, pero no en obras de gran tamaño
para particulares.
Cuando las alas laterales se cierran, muestran una imagen general del mundo.
Cuando se abren, aparece lo que vemos aquí.
A la izquierda está el paraíso terrenal, con la creación de Adán y Eva.
En el centro se ve un mundo habitado por jóvenes.
A la derecha vemos el infierno.
Lo que nos ofrece la imagen es una idea muy pesimista y paranoica de la vida.
Los hombres fueron creados libres de pecado, a imagen y semejanza de Dios,
pero la presencia inevitable del mal les llevó al caos.
El objetivo de este cuadro es mostrarnos nuestro comportamiento pecaminoso
y sus consecuencias,
y recordarnos que el mal y el demonio son omnipresentes.
Miremos el cuadro con más detalle:
en la escena de la izquierda vemos que los rasgos de Dios nos recuerdan a Cristo,
y los pies de Adán, cruzados el uno sobre el otro,
recuerdan los pies de Cristo en la cruz.
El artista busca plantar en nuestra mente la idea de que la fe en Cristo es
la forma de evitar las consecuencias del pecado y del mal.
Algo más arriba vemos una fuente de color rosa,
en la abertura circular que hay en su base vemos un búho,
es un ave de la noche, de la oscuridad.
Incluso en el paraíso, vuelve su mirada maliciosa hacia el mundo.
A la derecha una roca tiene rasgos humanos:
este tipo de imagen influyó en los pintores surrealistas de principios del siglo
XX.
La imagen central es muy diferente de los cuadros que venimos viendo en este curso,
ni el tamaño de las figuras, ni la perspectiva, ni la composición,
nos dicen dónde se encuentra lo más importante del cuadro.
El asunto de esta escena probablemente sea el comportamiento pecaminoso de los
hombres y mujeres,
a quienes guían sus pasiones y su lujuria,
pero las interpretaciones de la obra de El Bosco difieren mucho. Para algunos
historiadores aquí vemos algo muy diferente:
una imagen de la vida en la tierra, como pudo haber sido de no existir el pecado
original.
En la época de El Bosco había afición por descifrar textos e imágenes enigmáticas.
Es probable que él crease sus cuadros con la idea
de que su interpretación fuese difícil.
Cerca del centro de la imagen,
vemos una piscina redonda llena de mujeres desnudas.
Unas son negras, otras rubias y de cabello largo.
Todas responden a la idea que se tenía en la época de la mujer seductora.
En torno a la piscina, numerosos jóvenes, todos hombres,
giran montados sobre animales, lo que indica que están a merced de sus pasiones.
Dentro de la esfera azul que hay en un lago,
en la parte alta de la escena,
vemos a varias figuras en actitudes que parecen sexuales.
Las relaciones amorosas que contemplamos no producen hijos, no hay ningún niño en
la escena.
En la esquina inferior derecha un hombre nos mira y señala a una mujer que tiene
una manzana en la mano.
La mirada del hombre sugiere que quizás sea un autorretrato del propio pintor.
Parece culpar a la mujer de algo,
quizá ella sea Eva.
Son muchísimas las figuras y las acciones que se ven en el cuadro,
la mayor parte de ellas no las podemos explicar. Miradlo con cuidado.
En la parte alta por ejemplo, se ven personas en actitudes acrobáticas que parecen
propias de un circo.
No sabemos por qué están aquí.
En el panel de la derecha vemos el infierno y los castigos que aguardan a quienes
han preferido el placer efímero a la fe.
Un ser azul, con cabeza de pájaro, parece señor de este reino.
Sentado sobre una silla, mitad trono, mitad retrete, devora una persona.
Debajo vemos un diablo que abraza a una mujer desnuda.
Ella se observa en un espejo que otro monstruo lleva sobre las nalgas.
Más abajo, en la esquina,
un cerdo vestido de monja seduce a un hombre para que este firme un testamento en
su favor.
Unos gigantescos instrumentos musicales parecen herramientas de tortura.
Vemos a dos personas crucificadas sobre un instrumento que es mitad arpa, mitad
laúd.
En el centro de la escena vemos un hombre medio cascarón, medio árbol.
Su rostro tal vez sea un autorretrato,
nos mira con actitud irónica, como diciendo que no toma partido,
que simplemente nos enseña cómo somos nosotros, cómo es el mundo.
En la parte alta de esta escena vemos que el infierno es oscuro.
En él hay guerra, muerte y demonios.
Este es otro cuadro de El Bosco, El carro del heno.
Como el anterior, está en el Museo del Prado.
Su tema es similar,
ilustra una idea que encontramos en el libro de Isaías, en el Antiguo Testamento.
Toda carne es hierba, dice y todo su esplendor como la flor del campo.
La hierba se seca, la flor se marchita,
mas la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.
La idea es que todos perseguimos una riqueza perecedera
en lugar de la fe cristiana.
Vemos un carro lleno de heno.
Un grupo de monstruos lo conduce desde el lado de la creación, a la izquierda
hacia el lado del infierno, a la derecha.
El Bosco es un gran pintor de estados de ánimo.
A pesar de su fantasía, sus personajes son muy creíbles.
En la parte inferior, junto a su firma,
vemos a varios personajes que consiguen heno a cambio de sus actividades
fraudulentas.
Algo más arriba, un hombre le corta el cuello a otro que yace con los brazos en
cruz.
Más arriba aún, un grupo de personas pelea por acercarse al heno;
uno de ellos tiene la pierna entre los radios del carro:
pronto se le romperá.
Encima del carro de heno, un diablo que toca una extraña trompeta guía la actitud
de las dos parejas.
Como el cuadro anterior,
la música se usa como metáfora de la seducción y de la tentación.
Un hombre mira desde detrás de un arbusto,
tal vez sea el artista o nosotros, los espectadores.
El ángel contrasta con las demás figuras,
parece inocente, sereno,
su mirada hacia el cielo nos revela el significado de toda la escena:
aquí encontramos a Cristo, el único camino hacia la salvación.
En el arte de El Bosco hay una paradoja,
su idea del mundo es terriblemente negativa, muy pesimista,
y sin embargo, sus cuadros resultan divertidos.
Los colores que usa y muchas actitudes de las figuras son alegres.
La explicación de esta aparente contradicción es que El Bosco es un pintor
satírico:
crítica al mundo a través del humor, de la exageración y del ridículo.
Por último, fijaos en el paisaje que se extiende hacia el horizonte.
Este tipo de paisaje de El Bosco inspiró al siguiente artista que veremos en este
curso,
Patinir.