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Mardones

El documento aborda la epistemología y la filosofía de la ciencia, destacando su importancia en la comprensión de la génesis y estructura de las ciencias. Se discuten las interacciones entre la ciencia y factores sociales, ideológicos e históricos, así como la necesidad de un enfoque interdisciplinario en la epistemología. Además, se enfatiza que los científicos a menudo no son plenamente conscientes de los factores que influyen en su trabajo, lo que sugiere que la epistemología tiene un papel crucial en la reflexión sobre la práctica científica.

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El documento aborda la epistemología y la filosofía de la ciencia, destacando su importancia en la comprensión de la génesis y estructura de las ciencias. Se discuten las interacciones entre la ciencia y factores sociales, ideológicos e históricos, así como la necesidad de un enfoque interdisciplinario en la epistemología. Además, se enfatiza que los científicos a menudo no son plenamente conscientes de los factores que influyen en su trabajo, lo que sugiere que la epistemología tiene un papel crucial en la reflexión sobre la práctica científica.

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José M.

ª Mardones

Filosofía de las ciencias


humanas y sociales
Materiales para
una fudamentación cientifica

ANTHROPOS
A esta finalidad están orientados estos textos, cuya selección trata de
ofrecer los contrastes y angulosidades de las diversas posturas con claridad y
hasta rudeza. En algún caso también ofrecemos posiciones intermedias,
conciliadoras, sintéticas, para que el lector se habitúe a un ejercicio menos
rotundo, pero no por ello menos problemático.

1. FILOSOFÍA DE LA CIENCIA O EPISTEMOLOGÍA:


P. THUILLIER

Nacido en 1932, P. Thuillier enseña epistemología e historia de las cien-


cias en la Universidad de Nanterre (París). Pertenece a la redacción de la
revista La Recherche y colabora en la revista Atomes. En castellano se puede
leer su libro La manipulación de la ciencia, Madrid, Fundamentos, 1975.
La ciencia se ha convertido en la gran vedette de la sociedad occidental.
Se la estudia desde diversos ángulos: la epistemología o filosofía de la cien-
cia, la historia de la ciencia, la sociología de la ciencia, la psicología de la
ciencia, la politología de la ciencia, etc. Aquí, en estas lecturas, vamos a abordar
un soló aspecto: el de la epistemología o filosofía de la ciencia. Es la
ciencia de la ciencia más antigua. Pero, ¿qué estudia, analiza, observa la
epistemología o filosófia de la ciencia? De la mano de P. Thuillier, epistemó-
logo él mismo, tratamos de obtener una respuesta a la tarea que ocupa a los
diversos autores del libro.

¿Cómo se constituye una teoría científica? ¿Cuál es el papel,


en la práctica científica, del contexto ideológico y social? A pre-
guntas de este, género tratan de responder los epistemólogos; su
fin es estudiar la génesis y la estructura de las ciencias, desde
un punto de vista lógico y también histórico y sociológico. Es-
tas investigaciones conocen desde hace algunos decenios un
importante desarrollo. Pero no existe un cuadro común donde
se articulen armónicamente todos los trabajos lógicos, de histo-
riadores y de sociólogos de las ciencias. Su colaboración, pese a
que ciertas dificultades tienden a desaparecer, se enfrenta a di-
versos obstáculos.
A este estado de cosas se le dan variadas explicaciones. En
, primer lugar, la epistemología está considerada como una dis-
ciplina filosófica y con un estabas marginal en relación con las

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ramas «nobles» de la filosofía (metafísica, ética, etc.); de la mis-
ma manera, la historia de las ciencias es marginal en relación
con la «gran» historia. Esto repercute sobre el plano intelectual
y sobre el plano institucional: estas enseñanzas tienen un inse-
guro lugar con los «literatos» y casi ninguno con los científicos.
A lo que es necesario añadir, naturalmente, que el mundo cien-
tífico en general sufre de numerosas . dudas no solamente sobre
su utilidad para la investigación (lo que se comprende), sino
sobre su interés intrínseco y sobre su valor.
Los dos temas presentados a continuación corresponden a
dos grandes categorías de investigaciones, las unas más lógicas
(teoría y experiencia), las otras más históricas (los div ersos con-
de las ciencias). Su idea directriz es la siguiente: es cada
día más difícil de aceptar que puedan ser separadas la anato-
mía y la fisiología de las ciencias de su ecología. La evolución
incluso
• de la epistemología lógica la conduce a tener en cuenta
preferentemente la historia y la sociología de las ciencias. Pero
como existe un cierto número de malentendidos, trataremos en
primer lugar de responder a algunas cuestiones preliminares:
¿Qué es la epistemología? ¿Cuál es su estatus en relación con la
i'filosofiii-y en relación con lasiencias?

¿Qué es la epistemología?

El simple hecho de que dudamos entre dos denominaciones


es revelador: ora decimos epistemología (que es una palabra
con aspecto serio, «científico»), ora hablamos de filosofía de las
ciencias (que parece más «literario» y despierta la desconfian-
za). El concepto de epistemología es de hecho empleado de
diversas maneras: según el país y para lo que se use, sirve para
designar una teoría general del conocimiento (de naturaleza fi-
losófica), o bien para estudfoS" rn-ás porm—
énorizados sobre la
génesis y la estructura de las ciencias. Sin entrar en una discu-
sión detallada, precisemos, al menos, lo que la epistemología
no es o no quiere ser, o más exactamente, lo que nos parece
que la epistemología no puede ser... Es evidente que esta sim-
plificación no se beneficiará de la aprobación de todos los epis-
temólogos. No es el reflejo de una ortodoxia; no pretende des-

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cubrir «la verdad» de la epistemología. Es únicamente un in-
tento de análisis.

La epistemologí no quiere imponer dogmas a los científicos...

La epistemología no quiere ser un sistema a priori, dogmáti-


co, que dicte autoritariamente lo que debe ser el conocimiento
_
científico . Esta tentación es corriente en losefilósofog.) Es así .
como(iegefjhablando de la luz, la polarización descubierta por
Malus, nd suministra más que «un nuevo galimatías metafísi-
co»; y, tranquilamente, en el mismo capítulo de su Filosofía de
la naturaleza, define lo oscuro de la siguiente manera: «Es lo
que está individualizado en sí para serlo por sí, que, sin embar-
go, no existe como estado, sino solamente como fuerza hostil a
la claridad y pudiendo existir por esta razón en una perfecta
homogeneidad». Más aún, sin estar apoyado en el «empirismo»
de los científicos que distinguen electricidad positiva y electrici-
dad negativa, Hegel considera como demostrado «el carácter
superficial del proceso eléctrico y la cantidad de naturaleza físi-
ca del cuerpo que pueda entrar en él». Por otra parte, se opone
al evolucioniasmo,
.. que juzga como «una representación torpe».
Augusto Comte_ quiso también coordinar las diferentes ciencias
e indicarles los camínos a seguir. Pese a que sus análisis sean a
menudo de un gran interés, creyó oportuno excluir la astrofísi-
ca de los estudios astronómicos y oponerse al empleo de las
.matemáticas
_ . en la química: se enfrenta'a la ley - de proporciones
definidas de Proust, que orientaba las investigaciones en una
dirección particularmente fecunda, y reserva sus ánimos para
, la química clasificadora y cualitativa. En biología considera que ,
la experimentación es imposible, así como la moderación; la
,'investigación debe utilizar solamente el método comparativo.
También hay que decir que, en numerosos puntos, el positivis­
mo de Comte constituía un obstáculo ideológico para las inves-
tigaciones, una especie de atadura dogmática. Muchos otros fi-
texto de Jacques Maritairi que sigue a continuación es particu-
larmente claro: «Es de este modo [...] como el principio de
inercia [...] surge de la filosofía natural; y si esta última está

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forzada a declarar inaceptablemente este principio en el sentido
que lo entendían Descartes y Galileo, será a la ciencia positiva
la que le corresponda revisar el lenguaje en el cual se expresa y
ponerse de acuerdo con la filosofía».

... sino estudiar la génesis y la estructura de los conocimientos


científicos
Delante de este propósito, se comprende que los científicos
tengan una actitud de desconfianza; el imperialismo de la filo-
sofía les parece insoportablé. Es mejor entonces no hablar de
«filosofía de las ciencias»; esta expresión puede reforzar ciertos
contrasentidos. Debe estar claro que los epistemólogos no quie-
ren luchar contra los científicos en su terreno: no es su papel el
imponer a los físicos - o a los biólogos unos métodos y, menos
todavía, unos resultados... En' una primera aproximación, la
epistemología general se propone estudiar la producción de co-
. nocimientos científicos bajo todos sus aspectos: lógico, lingüís-
tico, histórico, ideológico, etc. Este proyecto es quiiá demasia-
do ambicioso -y difícil de realizar, pero corresponde a objetivos
específicos que no son aquellos de las ciencias ya constituidas.
De este modo, el epistemólogo puede analizar la noción de «ex-
plicación científica». Nada dice, evidentemente, que las modali-
dades de la «explicación» sean las mismas en todas las discipli-
nas: No es seguro, a priori, que el microfísico constituya un
saber que «funcione» como el de un paleontólogo, el de un
ecólogo o el de un demógrafo. Pero es esto, precisamente, lo
que corresponde investigar. De la misma manera, es posible
interrogarse sobre los usos (implícitos o explícitos) de las nocio-
nes de «ley», de «teoría», de «observación», de «experimenta-
ción», de «verificación». Dado que las ciencias nacen y evolu-
cionan en circunstancias históricas determinadas, el epistemó-
logo se preguntará también cuáles son las relaciones que pue-
den existir entre la ciencia y la sociedad, entre la ciencia y las
instituciones científicas, entre laciencia y las religiones, o entré
las diversas ciencias.
Más generalmente, los científicos, ¿poseen una definición
precisa de lo que es una ciencia? Nada es menos seguro. Los

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científicos hacen las ciencias; y, después . de
. discusiones, se po-
nen de acuerdo en el valor determinados
de resultados. Pero
«la ciencia» no está definida de una vez por todas. No solamen-
te hay incertidumbres, en una época determinada, sobre la
ciéntificidad de ciertos enunciados, sino que la lista de «verda-
deras» ciencias está por determinar. Así, el valor del,p- sico anál i-'
sis es muy diversamente apreciado, igual que el de la historia.
En un reciente estudio epistemológico, Paul Veyne declara: «la
historia no es una ciencia y no tiene mucho que esperar de las
ciencias; la historia no explica y no tiene método». Incluso en
las ciencias «fuertes» encontraríamos diferentes estatus. La fisi-
ca, por ejemplo, parece beneficiarse de un prestigio particular
(históricamente muy comprensible); de manera más o menos
confesada, la física ha servido y sirve todavía de «ciencia mode-
lo». Por consiguiente sería necesario analizar todos los índices
y documentos con el fin de proponer un balance provisional
pero razonado.
Investigaciones de este género son eminentemente interdis-
ciplinares. Incluso si es verdad que la epistemología ha tomado
prestadas de [Link]›; un conjunto de cuestiones relativas a la
«naturaleza» y al «valor» de la ciencia, recurre ya (y recurrirá
todavía más) a los servicios de lógico, lingüisticas, historiadores;
sociólogos, y de psicólogos, así como a los de auqellos cientifi­
cos cuyas actividades son tomadas directamente como objeto
-
.•. . Seguramente, hasta la ep isiemolog ía considerada
de estudio.
«general» exige una cierta competencia en materia de ciencia;
pero la epistemología no pretende ni repetir ni reemplazar a la
ciencia. En un sentido accesorio, conviene decidir si la episte-
mología debe' estar hecha por «literatos» que tengan un míni-
mo de formación científica, o por «científicos» en posesión de
una formación filosófica. Con una enseñanza realmente pluri-
disciplinar donde «literatos» y «científicos» no estuvieran sepa-
rados por barreras de todas Clases (mentales y también institu-
cionales), esta cuestión perdería mucha de su importancia.
Sucede que representantes de la filosofia tradicional repro-
chan a sus colegas epistemólogos al adherirse a una responsa-
bilidad que no es la suya: «La epistemología misma, la episte-
mología de los filósofos, no hará, muy pronto, a los oídos de los
sabios, más que un ruido de mosquito». Es muy posible; y es

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incluso deseable que un número cada vez mayor de científicos
participe en la formulación y el estudio de problemas epistemo-
lógicos. Este deseo está, por otra parte, parcialmente realizado,
puesto que muchos fisicos y biólogos por ejemplo, han refle-
xionado y escrito sobre sus propias actividadeso sobre la cien-
cia en general, de Pascal, Newton y Claude Bernard a Poincaré,
Einstein, Heans, Heisenberg y Franwis Jacob. No queda me-
nos demostrado que la epistemología general no se reduce a
una simple repetición de lo que han dicho y dirán los microfisi-
cos, los genéticos, los geólogos y los paleontólogos en tanto que
especialistas. Hacen falta también trabajos de epistemología
comparada, un estudio de conceptos estructurados («ley»,
«confirmación», «experimentación», etc.), de investigaciones
sistemáticas sobre la manera en que las ideologías repercuten
sobre las actividades científicas, etc.
Es innegable que los científicos encuentran en sus ciencias
problemas epistemológicos a veces extremadamente importan-
tes y que les conciernen muy directamente. Pero admitamos
que estos problemas sean resueltos (por ejemplo aquellos que
plantea la mecánica cuántica); todas las cuestiones generales
que se plantean los epistemólogos no serían resueltas del mis-
mo modo. Una comparación con el trabajo del lingüista o del
gramático puede esclarecer esta distinción: de la misma mane-
ra que un excelente escritor no es necesariamente capaz de ex-
plicitar correctamente todas las «reglas» gramaticales que utili-
za, un investigador no es necesariamente el único (o el más)
competente para explicitar todas las normas a las cuales obede-
cen sus investigaciones.

La ciencia no es un edificio totalmente transparente

Para mantener que la epistemología • no tiene objeto, sería


necesario admitir que los científicos son conscientes de todos
los factores (sociales, políticos, culturales, ideológicos) implica-
dos en sus prácticas. Ahora bien, hay excelentes razones para
pensar que no es así [...] El científico no es un ser «racional»
y «consciente» en su totalidad, de quien todos los propósitos y
gestos senan «objetivos», de quien todos los presupuestos se-
.

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rían
... perfectamente conocidos y explícitos, cuyo «método" se-
ría transparente y protegido contra toda influencia pertur-
badora.
Por grande que sea su deseo de objetividad, el investigador
no se desembaraza de una vez por todas de sus creencias y de
sus prejuicios, de todas las imágenes o hábitos transmitidos y,
más o menos directamente impuestos por la sociedad. (La idea
de un «partir de cero» es sin duda, como veremos, un mito.)
Copérnico opera una revolución en astronomía, pero permane-
ce convencido de que el movimiento circular es el movimiento
natural de los cuerpos celestes. (Lavoisier - crea la química mo-
derna, pero él cree en lo calórico. Y, en lo que concierne al
«método científico», el mismelewtori'ha dado de sus propias
actividades de investigación una -irite-r15 -retación inadecuada. Por
, retomar los términos de Feyerabend, Newton formuló una
ideología dogmática que no corresponde a la práctica de la in-
vestigación, que es crítica. Prácticamente, las ciencias ponen en
obra normas y criterios que son más complejos y menos explí-
citos, que no dejan entender las «metodologías» abiertamente
encomiadas o aceptadas por los científicos.
El filósofo Ayer, por ejemplo, parece tener razón al apuntar
que las resistencias encontradas por las teorías deBohr 'eran
«tan filosóficas como científicas». Mario Bunge, que es a la vez
profesor de física teórica y de filosofía, insiste por su lado sobre
las diferentes clases de tests que sufren las teorías, y entre otros
sobre los tests filosóficos: «Si no los mencionamos siempre, es
por pudor filosófico: porque lafilossofíadeclarada de los sabios
es el e my ii-rám o, -tanque la traicionen
• desde que comienzan a
construir teorías y aplicarlas a la planificación de experiencias,
-
ya que toda • teoríaes un conjunto infinito (y ordenado) de pro:.
posiciones que excede a la experiencia».
S ería posible, con ejemplos de Galileo, de Darwin, de Wege-
ner y de Einstein, formular observaciones análogas. Esperamos
haber dicho bastante para que los científicos, sin ver en los
epistemólogos rivales o profanadores, admitan que sus propias .
prácticas son susceptibles de ser sometidas 21 diversas investiga-
ciones. Esto no deduce de ninguna manera que la epistemolo­
gía sea una «ciencia de las ciencias», intrínsecamente superior.
Sobre todo si tenemos en cuenta las dificultades que hemos

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evocado, la modestia se impone: del mismo modo que el psi-
coanalista se hace psicoanalizar, el epistemólogo sabe que debe
estar sometido a la crítica...

[P. THUILLIER*La manipulación de la ciencia, Madrid,


Fundamentos, 1975, pp. 13-21 (sin notas)]

CUESTIONARIO

I. ¿A qué preguntas trata de responder la epistemología?


2. ¿Qué estudia la epistemología?
3. ¿Cómo se denomina, también, la epistemología?
4. ¿Con qué ciencias mantiene relaciones la epistemología?
5. ¿Por qué cree el autor que es mejor hablar de epistemología que de
«filosofía de las ciencias»?
6. ¿Qué aspectos de la ciencia estudia la epistemología general?
7. La epistemología, ¿posee una definición precisa de la ciencia? ¿Por
qué?
8. ¿Por qué las investigaciones epistemológicas tienen un carácter in-
terdisciplinar?
9. ¿Qué aporta la epistemología al científico?
10. ¿La ciencia es un edificio transparente? Justifica la respuesta.
11. ¿Cuál es el criterio al que se somete la epistemología?

2. EL PROBLEMA DE LA AUTONOMÍA DE LAS


DISCIPLINAS CIENTÍFICAS (TESIS DE WÓHES Y MYRDAL)

De hecho nos encontramos desde el bachillerato con una ciencia que


aparece dividida en trozos o disciplinas: la física, química, geografía, histo-
ria, gramática... Ante esta realidad cabe hacerse algunas preguntas sobre su
fundamento y, sobre todo, consecuencias. Aquí ofrecemos dos tesis que pue-
den servir para plantearse preguntas como:
1) ¿Toda ciencia tiene un objeto específico e incambiable?
2) ¿Hay problemas propios de una determinada ciencia, de la sociolo-
gía, psicología, economía, pedagogía, por ejemplo?
3) ¿Cada ciencia tiene un instrumental metodológico exclusivo?
Wóhes, metodólogo alemán, y G. Myrdal, economista sueco, premio No-

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bel, interesado en la investigación social y su metodología (cfr. Objetividad
en la investigación social, México, FCE, 1970), responden a estas cuestiones
desde perspectivas que tienen una larga historia en la tradición científica.

A) Postura de . Wlihes

Si las disciplinas científicas tienen cada una su propio obje-


to de conocimiento, no es porque sus autores se hayan creado
su propio objeto de conocimiento mediante un acto de pensa-
miento o a través de diversos modos de consideración o aplica-
ción de diferentes métodos, sino porque los diversos aspectos
del objeto de investigación están dados realmente y cada aspec-
to exige su tratamiento adecuado.

B) Postura de Myrdal

Los hechos científicos no existen per se (= por sí mismos),


ni esperan para ello ser descubiertos por los científicos. Un he-
cho científico es una construcción abstraída de una realidad
desarrollada y compleja con ayuda de fijaciones y clasificacio-
nes arbitrarias. El éxito de los métodos para la elección de un
problema y de una hipótesis fundamental, para la delimitación
del ámbito de la investigación, y la definición de los datos rele-
vantes del trasfondo del problema, significa que el investigador
ha acertado en su elección. La elección ha sido un hallazgo
efectuado a partir de un número ilimitado de posibilidades.

[Plum Y TILMAN: Gnindlagen einer kritisch-rationalen Sozialwissenschaft,


Heidelberg, Quelle/Meyer, 1974, p. 24 (trad. mía)]

CUESTIONARIO

1. Determinar las principales diferencias en la concepción de uno y


otro autor.
2. Toma de postura reflexionada frente a cada texto.

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