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Hilbert (2020)

El documento analiza la evolución de la tecnología digital y su impacto en la transformación social desde una perspectiva histórica, destacando tres metaparadigmas: la transformación de materiales, la revolución industrial centrada en la energía y la actual transformación de la información. Se enfatiza cómo la digitalización ha llevado a una sobrecarga de información y a la fusión de la inteligencia biológica con la inteligencia artificial, generando tanto oportunidades como desafíos sociales. Finalmente, se discute la desigualdad persistente en el acceso a la tecnología y las implicaciones de esta nueva era digital en la sociedad.
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Hilbert (2020)

El documento analiza la evolución de la tecnología digital y su impacto en la transformación social desde una perspectiva histórica, destacando tres metaparadigmas: la transformación de materiales, la revolución industrial centrada en la energía y la actual transformación de la información. Se enfatiza cómo la digitalización ha llevado a una sobrecarga de información y a la fusión de la inteligencia biológica con la inteligencia artificial, generando tanto oportunidades como desafíos sociales. Finalmente, se discute la desigualdad persistente en el acceso a la tecnología y las implicaciones de esta nueva era digital en la sociedad.
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Tecnología digital y cambio social: la transformación digital de la sociedad desde

una perspectiva histórica*

Autor: Dr. Martin Hilbert


Traducción: Mgter. Christian Zonzini

La tecnología digital, incluida su omnipresente conectividad y su poderosa inteligencia


artificial, es la onda larga más reciente de la evolución socioeconómica de la humanidad.
Las primeras revoluciones tecnológicas se remontan a las edades de Piedra, Bronce y
Hierro, cuando la transformación de la materia era la fuerza motriz del proceso
schumpeteriano de destrucción creativa. Un segundo metaparadigma de modernización
de la sociedad se dedicó a la transformación de la energía (también conocida como
“revolución industrial”), incluida la energía hidráulica, de vapor, eléctrica y de
combustión. El metaparadigma actual se centra en la transformación de la información.
Menos del 1% de la información almacenada tecnológicamente en el mundo estaba en
formato digital a finales de la década de 1980, superando más del 99% en 2012. Cada 2,5
o 3 años, la humanidad es capaz de almacenar más información que desde el comienzo
de la civilización. La era actual se centra en algoritmos que automatizan la conversión de
datos en conocimiento procesable. Este artículo revisa el marco teórico subyacente y
algunos datos que lo acompañan desde la perspectiva de la teoría de la innovación.

Palabras clave: inteligencia artificial; destrucción creativa; era digital; revolución


digital; información; sobrecarga de información; sociedad de la información;
innovación; tecnología

Afiliaciones de los autores: Departamento de Comunicación, Cátedra DE Ciencias


Sociales Computacionales, DataLab; GG Ciencias de la Computación, Universidad de
California, Davis, California, EE. UU. Dirección de correspondencia: Martin Hilbert,
Prof., Kerr Hall 370, One Shields Ave, Davis, CA, 95616 US. (correo electrónico:
[email protected])

*
Hilbert, M. (2020). Digital technology and social change: the digital transformation of society from a
historical perspective. Dialogues in Clinical Neuroscience, 22(2), 189–194.
https://doi.org/10.31887/DCNS.2020.22.2/mhilbert
Nuevo vino digital en los viejos odres de la teoría de la innovación

El debate sobre la tecnología digital y el cambio social forma parte de la literatura más
amplia sobre la teoría de la innovación.1 La teoría de la innovación suele basarse en la
noción de Schumpeter de la evolución socioeconómica a través del cambio tecnológico.2,3
El propio “profeta de la innovación” le dio un nombre ilustrativo: “destrucción creativa”.4
La destrucción creativa funciona en distintos niveles, desde los ciclos de los productos,
pasando por los ciclos de vida de la moda y la inversión (incluidos los llamados ciclos de
Kitchin y Juglar), hasta los llamados ciclos empresariales. El resultado es “un número
indefinido de fluctuaciones ondulatorias que se producirán simultáneamente y se
interrelacionarán en el proceso… de diferente duración e intensidad... superpuestos unos
a otros”.2 Los ciclos económicos de alto nivel (también conocidos como grandes oleadas
u ondas largas) son fenómenos emergentes vinculados a paradigmas tecnológicos5,6 que
modernizan el modus operandi de la sociedad en su conjunto, incluida su organización
económica, social, cultural y política.7,8

Schumpeter amplió, teorizó y generalizó9 el trabajo del economista soviético Nikolai


Kondratieff, quien ya había identificado dos ciclos de expansión, estancamiento y
recesión.10 Identificó la tecnología portadora clave de su primera revolución industrial
(1770-1850) como la mecanización impulsada por el agua (incluidos los molinos y los
sistemas de irrigación, véase la Figura 1). La siguiente gran ola (1850-1900) fue posible
gracias a la tecnología del vapor (incluidos los trenes y la maquinaria industrial).
Kondratieff especuló con que hacia 1900 se había iniciado un nuevo ciclo, que
Schumpeter denominó más tarde el “Tercer Kondratieff”.2 Se caracterizaba por la
electrificación de la organización social y productiva, incluida la industria manufacturera
(1900-1940). Los economistas schumpeterianos añadieron más tarde la larga ola de
motorización (1940-1970), seguida por la era de la información y las
telecomunicaciones.8,11

Obsérvese que este esquema específico de clasificación histórica promovido


principalmente por los economistas industriales podría complementarse con otras
perspectivas, incluyendo avances históricos en medicina,12 tecnología militar,13
evolución institucional o cultural,14,15 o la propia naturaleza de la comunicación en sí.16
Con independencia del detalle sobre qué tecnología transforma la sociedad exactamente
cuándo, es práctica común en teoría de la innovación nombrar paradigmas de largo plazo
de la historia humana en honor al conjunto de herramientas tecnológicas dominantes. Esta
práctica está tomada de los historiadores, que suelen subdividir la periodización
arqueológica de las primeras civilizaciones en la secuencia descendente de Edad de
Piedra, Edad de Bronce y la Edad de Hierro (Figura 1). La noción general es que “la
civilización avanza ampliando el número de operaciones importantes que podemos
realizar sin pensar en ellas”.17 Para desencadenar una gran oleada en forma de onda larga,
la automatización debe estar impulsada por una tecnología denominada de propósito
general.18 Ella reúne “las siguientes condiciones: (i) un coste relativo claramente
percibido como bajo -y decreciente-; (ii) un suministro ilimitado a todos los efectos
prácticos; (iii) una potencial omnipresencia; (iv) la capacidad de reducir los costos del
capital, la mano de obra y los productos, así como de cambiarlos cualitativamente”.19

El hecho de que las ondas largas consecutivas hayan tendido a acortarse a lo largo de la
historia (nótese que la Edad de Piedra duró 2.000.000 años, y la Edad de Bronce 2.000
años) se debe a la lógica combinatoria de las innovaciones tecnológicas20 (Schumpeter
definió la innovación como “la realización de Nuevas Combinaciones”).2 Un repertorio
de posibilidades acumulativamente mayor conduce a un progreso exponencial.21-23

Figura 1. Presentación esquemática de las ondas largas schumpeterianas.


GDP (PIB), producto interior bruto
El proceso creativo de modernización de la sociedad es al mismo tiempo destructivo e
inseparablemente entrelazado con las burbujas financieras, la recesión y la crisis social.

Cada revolución tecnológica, originalmente recibida como una nueva y brillante serie de
oportunidades, pronto es reconocida como una amenaza para la forma establecida de
hacer las cosas en las empresas, las instituciones y la sociedad en general. El nuevo
paradigma tecno-económico toma forma gradualmente como un “sentido común”
diferente para la acción eficaz en cualquier área de actividad. Pero mientras que las
fuerzas de la competencia, el afán de lucro y las presiones de supervivencia ayudan a
difundir los cambios en la economía, las esferas sociales e institucionales más
amplias -donde el cambio también es necesario- se ven frenadas por una fuerte inercia
derivada de la rutina, la ideología y los intereses creados. Es esta diferencia de ritmo de
cambio, entre las esferas tecno-económica y socio-institucional, la que explicaría el
periodo turbulento.11

En resumen, a la euforia inicial por las oportunidades (a menudo económicas) le sigue en


cada ciclo un posterior y aleccionador descubrimiento de las desventajas (a menudo
sociales). Es bien sabido que las revoluciones industriales han aportado mucha riqueza,
pero también mucha desigualdad y muchos problemas económicos. Lo mismo puede
decirse del actual periodo de tecnología digital y cambio social.

La difusión del paradigma digital

El periodo más reciente de esta antigua e incesante lógica de transformación de la


sociedad recibió muchos nombres entre la década de 1970 y el año 2000, entre ellos (por
orden cronológico) sociedad postindustrial,24 economía de la información,25 sociedad de
la información,26 quinto Kondratieff,19 revolución de la tecnología de la información,27
era digital,28 y era de la información.29 Aunque solo el tiempo proporcionará la evidencia
empírica requerida para asentar sobre una base sólida cualquier categorización de este
periodo actual, los últimos acontecimientos han sugerido que estamos viviendo diferentes
olas largas dentro de la era de la información en continua evolución. A partir de la
conceptualización de “digital” por Shannon en 1945 en el ámbito de las
telecomunicaciones (también conocido como el “bit”),30 el proceso kuhniano de
resolución de rompecabezas científicos31 comenzó centrándose en el problema de la
comunicación. La búsqueda del límite de Shannon de la máxima capacidad de
comunicación mantuvo ocupados a los ingenieros durante casi medio siglo, pero
finalmente se resolvió a principios de la década de 1990 (a todos los efectos prácticos).32
Desde entonces, la comunicación de banda ancha ha estado enviando información
entrópica a través de ondas de radio y cables de fibra óptica a la velocidad de la luz, lo
que parece ser un límite fundamental a la velocidad de transmisión de información en
nuestro universo.

La fusión entre inteligencia biológica e inteligencia artificial ya ha superado


cualquier punto de retorno, al menos desde la perspectiva de las ciencias sociales
de la sociedad en su conjunto.
Como siempre en los paradigmas tecnológicos, el proceso de innovación tecnológica
exitosa fue seguido de cerca por un proceso de difusión tecnológica.33,34 El mundo se
inundó de conexiones a Internet y teléfonos móviles en un tiempo récord.35 El resultado
fue la resolución de las limitaciones espacio-temporales en la comunicación global29 y la
acumulación de enormes cantidades de datos almacenados, lo que más recientemente se
ha denominado “big data”.36 Estimamos que la “era digital” comenzó en 2002, cuando el
mundo pudo almacenar por primera vez más información digital que analógica en sus
herramientas tecnológicas (Figura 2).37 A finales de la década de 1980, todavía menos
del 1% estaba en formato digital, mientras que en 2012, el 99% de la información
almacenada en el mundo era digital.38 Durante estas décadas, la capacidad tecnológica
del mundo para comunicar y almacenar información ha crecido entre un 25% y un 35%
anual (duplicándose cada 2,5-3 años – véase el eje logarítmico de la izquierda en la Figura
2).38-40

Como siempre, la difusión de un nuevo paradigma nunca es instantánea, sino que se


produce a través de las redes sociales a lo largo del tiempo, lo que inevitablemente crea
una brecha entre los que tienen y los que no tienen.34 La Figura 2 también muestra que la
brecha digital resultante se ha ido cerrando cada vez más a escala internacional. Los países
sin ingresos altos proporcionaban el 16% de la capacidad de ancho de banda instalada a
finales de la década de 1980, pero en 2015 albergaban más ancho de banda que los países
con ingresos altos (encabezados por China). Es una buena noticia que la brecha entre
países se haya reducido. Al mismo tiempo, dentro de los países y entre las personas de
todo el mundo, independientemente de su nacionalidad, la capacidad de ancho de banda
sigue estando fuertemente correlacionada con los ingresos.41,42 Dado que la desigualdad
de ingresos es notoriamente persistente, es de esperar que la brecha del ancho de banda
digital se haya convertido en una característica sistemática y permanente de las
sociedades modernas, especialmente a medida que su foco de atención migra de la
conectividad mínima al ancho de banda.

Figura 2. Capacidad tecnológica mundial para almacenar y telecomunicar información.


Non-high income telecom (Telecomunicaciones de renta no alta) se refiere a la proporción de
capacidad de ancho de banda instalada entre los países de renta no alta y los de renta alta.

EB, exabytes; ZB, zetabytes; Tb/s, terabits por segundo

El crecimiento digital de la información y la comunicación condujo a la tan lamentada


sobrecarga de información para los seres humanos, cuyas capacidades mentales se ven
aplastadas por las ambiciones de la economía de la información.43,44 Al mismo tiempo,
condujo a la tan celebrada “eficacia razonable de los datos”45 en el descubrimiento de
conocimientos procesables a través de máquinas artificialmente inteligentes. La
capacidad computacional del mundo ha crecido tres veces más rápido que nuestra
capacidad de almacenamiento y comunicación de la información (un 80% por año37,39),
lo que nos ha permitido analizar los datos proporcionados de forma automatizada. Para
muchos profesionales, la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en sinónimo de
aprendizaje automático basado en datos, incluidas las redes neuronales de arquitecturas
de aprendizaje profundo.46

Los avances en el campo de la IA han sido deslumbrantes. La IA no solo ha superado a


los humanos en muchas tareas intelectuales, como varios tipos de diagnóstico del cáncer47
y el reconocimiento del habla (reduciendo la tasa de errores de la IA del 26% al 4% solo
entre 2012 y 2016),48 sino que también se ha convertido en un pilar indispensable de los
componentes más cruciales de la sociedad. A estas alturas, la mayoría de los humanos no
solo confían ciegamente a la IA sus vidas cotidianas a través de los sistemas antibloqueo
de frenos en los coches (ABS) y los pilotos automáticos en los aviones, sino también el
filtrado de sus opiniones culturales, económicas, sociales y políticas.49 La red eléctrica
está en manos de la IA50; tres de cada cuatro transacciones en los mercados bursátiles
estadounidenses son ejecutadas por ella51; y uno de cada tres matrimonios en América
comienza en línea.52 Si estudiáramos cualquier otra especie que haya externalizado casi
todas sus decisiones de distribución de energía, tres cuartas partes de sus decisiones de
distribución de recursos y una media de un tercio de sus decisiones de procreación a algún
tipo de sistema inteligente y proactivo, es poco probable que los tratáramos como dos
sistemas distintos e independientes. Los consideraríamos como un sistema socio-
tecnológico inseparable y orgánicamente entretejido. Desde una perspectiva histórica del
cambio social, la fusión entre lo biológico y la IA ya ha traspasado cualquier punto de
retorno, al menos desde la perspectiva de las ciencias sociales de la sociedad en su
conjunto. Actualmente, las desventajas de esta fusión están empezando a hacerse
evidentes, incluyendo la pérdida de privacidad, la polarización política, la manipulación
psicológica, el uso adictivo, la ansiedad social y la distracción, la desinformación y el
narcisismo masivo.53,54

El tercer metaparadigma

En resumen, podemos distinguir tres metaparadigmas diferentes a largo plazo, cada uno
con diferentes ondas largas (Figura 1). La primera se centraba en la transformación de
materiales, como la piedra, el bronce y el hierro. La segunda, a menudo denominada
revolución industrial, se dedicó a la transformación de la energía, incluida el agua, el
vapor, la electricidad y la combustión. Finalmente, el metaparadigma más reciente tiene
como objetivo transformar la información. Comenzó con la proliferación de las
comunicaciones y los datos almacenados y ahora ha entrado en la era de los algoritmos,
cuyo objetivo es crear procesos automatizados para convertir la información existente en
conocimiento procesable.

Agradecimientos/Divulgaciones: El autor no ha recibido financiación externa para este


trabajo y no tiene ningún conflicto de intereses.

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