Resumen Final Economia
Resumen Final Economia
Robbins definía la economía como la ciencia que estudia el comportamiento humano como una
relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos. Según este punto de vista, la
economía se define por su enfoque teórico antes que por su contenido, es decir, por el objeto del cual
se ocupa. La economía es el estudio de la elección racional, esto es, la elección hecha sobre la base
de un cálculo deliberado y sistemático para obtener el máximo provecho de los fines utilizando
medios inevitablemente escasos. El objeto del cálculo puede ser cualquier cosa y no solo los temas
«económicos» (así los definirían los no economistas), como el empleo, el dinero o el comercio
internacional. Su propósito era señalar, sin ninguna intención hiperbólica por su parte, que la
economía versa sobre todo.
Otra definición de los clásicos es que es el estudio de las actividades económicas (producción,
distribución y consumo). Cuando decimos que la actividad económica tiene que ver con el dinero, en
realidad no estamos aludiendo al dinero físico. El dinero es un símbolo de lo que otros, en nuestra
sociedad, nos deben, de nuestro derecho a cantidades particulares de los recursos de la sociedad.
La manera más común de obtener dinero —a menos que usted haya nacido rico— es tener trabajo
(incluido ser su propio jefe) y ganar dinero con él. Por ende, gran parte de la economía tiene que ver
con los empleos. Además de conseguir empleo, usted puede obtener dinero mediante transferencias,
es decir, porque simplemente se lo dan. Ese dinero puede llegar en forma de efectivo o «en
especie», esto es, mediante el suministro de bienes (alimentos, por ejemplo) o servicios (educación
primaria, por mencionar uno), ej cuota alimentaria. El estado también realiza transferencias al
redistribuir dinero de los impuestos como la renta. Una vez que accedemos a recursos los
consumimos. Consumimos para cubrir necesidades físicas y después para satisfacer necesidades
mentales “más elevadas”. Por eso también la economía se dedica al estudio del consumo. Para
consumir hay que producir, un ámbito de la economía bastante descuidado desde que la escuela
neoclásica, que enfatiza el intercambio y el consumo, comenzó a dominar la disciplina en la década
de 1960.
La economía, según Chang, no debe definirse según metodología (como afirman los neoclásicos) o
su enfoque teórico sino en función de su objeto de estudio, como en todas las otras disciplinas. El
objeto de estudio de la economía debe ser la actividad económica —el dinero, el trabajo, la
tecnología, el comercio internacional, los impuestos y otras cuestiones relacionadas con nuestra
manera de producir bienes y servicios, distribuir los beneficios generados durante ése proceso y
consumir lo producido— y no «la vida, el universo y todo (o casi todo) lo demás», como piensan
muchos economistas.
Al definir la economía según su objeto de estudio, este libro resalta que existen muchas maneras
diferentes de hacer economía, cada una de ellas con sus énfasis, sus puntos ciegos, sus fortalezas y
sus debilidades. Después de todo, lo único que le pedimos a la economía es la mejor explicación
posible de los diversos fenómenos económicos, no una «prueba» constante de que una teoría
económica particular puede explicar no solo la economía, sino todo lo demás.
Texto Ferullo
La economía se ocupa de la producción, del intercambio, de la distribución y del consumo de bienes
y servicios relacionados básicamente con los aspectos materiales de la vida humana en sociedad.
Esta es una definición material de la economía. Frente a esta, muchos autores prefieren una
definición más formal de los asuntos económicos: el dominio de lo económico se centra en este caso
en el análisis de un aspecto especial de la acción humana, relacionado con las elecciones racionales
en condiciones de escasez.
Entonces, lo que la economía provee es un estilo de razonamiento que puede servir de base para
una discusión racional acerca de la elección de reglas e instituciones llamadas a regular las
relaciones económicas entre sujetos libres y autónomos, enfrentados a visiones alternativas de lo
que cada uno considera bueno para la vida en sociedad. Se trata de pensar los problemas que
surgen de la tensión económica elemental, aquélla que relaciona la infinitud de deseos (fines) con la
finitud (escasez) de medios disponibles.
Toda esta concepción parte del “homo economicus”, un modelo abstracto del ser humano que actúa
como fundamento del pensamiento económico moderno. Este modelo, lejos de representar al ser
humano real, es una construcción metodológica usada para facilitar el análisis económico.
El homo economicus es el núcleo del enfoque microeconómico de la escuela neoclásica. Esto se
basa en un individuo idealizado, guiado por unos pocos supuestos, que actúa en función de su propio
interés racional. Al reducir la complejidad del individuo real y centrarse casi exclusivamente en el
intercambio, se deja de lado la distribución de lo producido y las relaciones sociales en el ámbito de
la producción.
En el campo de lo económico, la preocupación del científico puede lícitamente concentrarse de
manera exclusiva en el homo economicus, cuya conducta se reduce a la búsqueda de riqueza
material y que, para lograr este fin, cuenta con toda la capacidad necesaria para juzgar la ventaja
comparativa de los medios a su alcance.
Presupuestos metodológicos
1. Individualismo Metodológico: El modelo dominante de la economía moderna de mercado parte,
entonces, del supuesto de que el poder supremo de decisión de sus propios actos está en el
individuo mismo, y no en la autoridad política como presunto guardián del bien común. Esto equivale
a suponer que los fenómenos sociales sólo se pueden explicar cabalmente en términos de la
conducta o comportamiento de los individuos. De esta manera, la tarea esencial de los modelos
económicos modernos es explicar los fenómenos sociales más complejos a través de la suma de los
comportamientos individuales, lo que pone a la economía a tono con el ideal de la ciencia de tipo
experimental y la exime de la necesidad de apelar a ningún sistema general de explicación de
fenómenos históricos, sociales y culturales.
Entonces, todas las decisiones que tienen que ver con la vida económica en su conjunto están
basadas en las preferencias de los individuos: es el individuo quien elige los fines que vale la pena
perseguir, y quien tiene que esforzarse para conseguirlos a través del uso racional de los medios
disponibles. No es necesario apelar a ninguna autoridad para que las interacciones se ordenen hacia
el bien común.
Esta tarea de coordinación la provee el mecanismo de mercado, cuyo funcionamiento es
esencialmente el resultado de consecuencias involuntarias de la acción conjunta de todos los
individuos, cuando cada uno de estos se comporta como un homo economicus (acá se puede
explicar la mano invisible).
Esta visión no implica que la conducta egoísta sea una virtud, sino que incluso los aspectos
negativos de la naturaleza humana pueden ser útiles dentro de un marco institucional adecuado. La
economía convierte la conducta humana en algo predecible, una vez especificado un orden
institucional que permite el funcionamiento ideal de los mercados. Esta simplificación se basa en
cuatro puntos: (1) todo individuo tiende a aumentar su riqueza mediante el intercambio voluntario, (2)
cada uno sabe mejor que nadie cómo usar sus recursos, (3) la riqueza nacional se calcula sumando
la riqueza individual, y (4) la libertad individual para gestionar sus propios asuntos económicos
impulsa el crecimiento de la riqueza nacional.
Para el modelo económico fundamental, que el sujeto maximice su “utilidad” significa sencillamente
que, entre las alternativas posibles, elige la preferida. Entonces, lo que verdaderamente interesa al
análisis económico es la forma de elección del individuo, cuyas preferencias pueden ser
consideradas como algo “exógeno” a lo estrictamente económico, en cuyas decisiones no interviene
otro determinante que sus propios deseos.
2. Racionalidad Instrumental: Esta teoría se ocupa simplemente de caracterizar la manera particular
que tiene el homo economicus para elegir racionalmente. Se trata de una teoría que pretende tener
no sólo un alcance empírico, mostrando cómo la gente se comporta realmente en el mundo de lo
económico, sino también una dimensión esencialmente normativa, prescribiendo cómo los agentes
tienen que elegir si pretenden resguardar su racionalidad.
En el modelo económico básico, la noción de elección hace referencia a las restricciones,
preferencias y expectativas (o creencias) que el sujeto tiene cuando actúa en la vida económica. La
racionalidad queda reducida, en el campo de lo económico, a su dimensión meramente instrumental,
es decir, a la dimensión que relaciona medios eficientes para conseguir fines determinados. Elegir
fines es para la economía un derecho exclusivo del individuo que, se supone, sabe mejor que nadie
lo que quiere. Lo que el pensamiento económico investiga es la mejor manera de conseguir lo que
los individuos desean, esto es: la manera más eficiente o menos costosa (en términos de los
recursos disponibles, que son escasos).
Una vez que el individuo define sus propios fines (en función de sus preferencias), se comporta como
un sujeto económico racional cuando utiliza de la mejor manera posible los medios de que dispone
para lograr su finalidad. En este marco, la elección económica del individuo es racional cuando está
determinada por expectativas y preferencias racionales. En este mundo simplificado de los modelos
económicos tradicionales, hablar de un índice de preferencias de un individuo equivale a referirse a
lo que los economistas llaman “utilidad”. En este marco de análisis, cuando se dice que las
elecciones de los individuos sólo son racionales en la medida en que maximizan la utilidad, lo que se
está diciendo es simplemente que el individuo está decidiendo y actuando racionalmente de acuerdo
a su propio ranking de preferencias o, dicho de manera más simple, está haciendo lo que prefiere
hacer.
La elección de los individuos se hace sobre la base de un cálculo deliberado y sistemático para
obtener el máximo provecho de los fines utilizando medios inevitablemente escasos (las preferencias
no son valoradas en términos de racionalidad). La racionalidad se manifiesta en el uso eficiente de
los medios disponibles.
3. Interés Individual: Para el pensamiento económico moderno, la vida social se desarrolla como un
inmenso sistema de cooperación mutua entre individuos autónomos, donde cada uno no tiene por
qué producir lo que necesita para sí mismo, sino que puede reclamarlo del intercambio con los
demás. Este mecanismo social de cooperación (que conduce al crecimiento económico) se pone en
marcha a partir del propio interés individual. Esto significa que todo individuo busca mejorar la
condición de cada uno y aumentar su fortuna.
Al ahorrar, el individuo crea las bases para la abundancia del capital, lo que permite la extensión del
mercado; y esta expansión ayuda a la división del trabajo, lo que condiciona al aumento de su
productividad. Desde este punto de vista, todo el funcionamiento de la economía moderna reposa, en
última instancia, en el interés individual. El interés funciona como móvil de una acción individual que
resulte razonable, sin ser impotente, y que contenga la fuerza de la pasión, sin ser destructiva. El
interés que motoriza la conducta del homo economicus nos reenvía al deseo de alentar en el hombre
las virtudes del cálculo, de la prudencia y del cuidado por la eficiencia en el uso de los recursos
escasos.
Entonces, según Adam Smith, el interés público no es nunca mejor servido que cuando se permite a
los individuos que trabajen libremente en la satisfacción de sus propios intereses. La economía
muestra a la cooperación que los hombres se brindan entre sí, a través de las transacciones
económicas de mercado, como fruto de una asociación implícita entre sujetos individuales que nace
del interés propio de cada uno.
La búsqueda del propio interés no lleva necesariamente, de acuerdo al pensamiento económico
moderno, al aislamiento antisocial ni al vicio del egoísmo, que conducen al individuo a desentenderse
de toda responsabilidad social. El interés sirve de lazo social privilegiado en la práctica del
intercambio y el comercio, acciones de la que todo hombre depende para subsistir. En estos
intercambios, la gente no sólo obtiene una ventaja en términos de placer o ganancia estrictamente
individual; los intercambios económicos sirven también para aprender a tratar con otros y para
conocer sus necesidades y sentimientos.
Cuando Smith apela al interés individual, lo hace pensando sólo en la órbita del intercambio
económico simple, en el marco de una evaluación global de los arreglos institucionales capaces de
hacer efectiva la competencia y la adecuación del interés individual con el interés más amplio de toda
la sociedad. Es en este sentido que puede decirse que, en el mundo de la economía, el resultado de
las acciones humanas resulta de un mecanismo que no requiere de ningún plan que tenga en cuenta
las virtudes morales, y la predicción de este resultado puede ser objeto de análisis con pretensiones
científicas análogas a las que tienen las ciencias de la naturaleza.
Capítulo 1 Cachanosky
Los recursos son escasos y las necesidades de las personas son ilimitadas. Es el gran problema con
el que se enfrenta la economía: ¿Cómo asignar los recursos, que son escasos, para satisfacer la
mayor cantidad de necesidades? Si los recursos se asignan de un modo ineficiente, la economía
estará produciendo bienes que los consumidores no demandan o que no demandan a los precios y
calidades que podrían producirse en condiciones de libre competencia. Los consumidores tienen
diferentes necesidades y valoran de forma diferente los bienes y servicios que están en el mercado.
Pero también cada uno va cambiando la valoración de los bienes en la medida en que va
satisfaciendo sus necesidades. Las necesidades de los consumidores cambian según las personas,
y además cada consumidor va cambiando constantemente la prioridades satisfacer sus necesidades:
a estos permanentes cambios se enfrentan la economía que tiene que ir asignando los recursos de
acuerdo con las nuevas demandas de los consumidores. Entonces, la economía es un proceso
dinámico porque la gente va modificando sus prioridades y porque surgen nuevas tecnologías que
cambian la forma de producir. esto significa que los recursos productivos deben reasignarse
permanentemente para poder satisfacer las nuevas demandas de los consumidores o para
adecuarse a las nuevas condiciones tecnológicas.
La importancia de la teoría del valor
Solo se produce intercambio cuando lo que se entrega tiene menos valor de lo que se recibe. De
esto se desprende que el valor es algo subjetivo: las cosas tienen valor para determinada persona y
en determinadas circunstancias. Entonces, las personas van cambiando sus valoraciones en la
medida en que van satisfaciendo sus necesidades y las personas valoran las cosas de diferentes
formas. Al satisfacer una necesidad, el bien que satisface reduce su valor para esa persona y
comienza a tener más valor otro bien que le permita satisfacer una nueva necesidad no satisfecha en
ese momento.
Existen dos grandes teorías del valor: la objetiva, y la subjetiva. la teoría objetiva sostiene que el
valor está en las cosas, mientras que la subjetiva sostiene que el valor lo da el propio individuo. es
decir, las cosas no tienen valor por sí mismas sino que se lo adjudica cada persona.
Otra corriente muy difundida es la que considera la teoría del valor trabajo. los clásicos y los
Marxistas sostenían que el valor de las cosas estaba dado por la cantidad de trabajo incorporado. A
mayor trabajo mayor costo. Otros economistas buscaron explicar la teoría del valor a través de la
escasez. Es decir, las cosas tenían más valor Cuanto más escasas eran. Pero los que desarrollaron
una buena teoría del valor fueron los economistas austriacos que explicaron que el valor de las cosas
estaba dado por su utilidad y por su escasez, pero la escasez está determinada por la persona y en
determinadas circunstancias.
Entonces el valor no es intrínseco a las cosas independientemente de las personas, sino que el valor
se le otorgan las personas a determinados bienes, según las circunstancias y según la escasez de
ese momento. Este mismo concepto puede ser entendido como el de utilidad marginal. A medida que
una persona va consumiendo mayores cantidades de un bien determinado, su utilidad marginal
disminuye.
Entonces, como un valor del bien no está determinado constantemente en el tiempo y va cambiando
tanto las valoraciones de los bienes y servicios como las personas, El Secreto del crecimiento
económico y el bienestar están en encontrar un mecanismo de asignación de los recursos
productivos, que son escasos, de manera tal de satisfacer las necesidades de los consumidores.
necesidades que a su vez son cambiantes y diferentes para cada uno.
Curva de transformación
El texto utiliza el ejemplo de Robinson Crusoe en una isla para explicar el concepto de curva de
transformación. Crusoe puede dedicar su tiempo a pescar o a descolgar cocos. Según cómo
distribuya su trabajo entre ambas actividades, obtendrá distintas combinaciones posibles de
producción.
La curva de transformación representa todas las combinaciones posibles entre dos bienes dadas sus
habilidades, el tiempo disponible y los recursos de capital (como herramientas). La curva esta
determinada por los recursos naturales que tiene un país: stock de capital y la capacidad de trabajo
de su población.
Supongamos que tenemos 2 islas:
En la Isla 1, hay abundancia de cocos pero escasez de peces.
En la Isla 2, hay abundancia de peces pero escasez de cocos.
Esto muestra que los recursos son limitados y que, para obtener más de un bien, hay que renunciar a
parte del otro.
A partir del ejemplo anterior, se introducen tres conceptos fundamentales:
● El país crece cuando la curva de transformación se amplia. Esto se logra aumentando el
capital e invirtiendo.
● Eficiencia: se da cuando se produce en la frontera de la curva. Si se produce por debajo de la
curva, estaría subutilizando su capacidad de producción.
● Bienestar: surge de producir la combinación eficiente de bienes según las necesidades. No se
trata solo de producir más, sino de producir lo que más valoran los consumidores.
De todas formas, la curva de transformación real de un país es imposible de representar
gráficamente, porque hay una infinitud de bienes y servicios que se producen simultáneamente.
Cachanosky Capítulo 10
Muchas veces, el análisis económico se reduce a aspectos puramente técnicos, pero lo cierto es que
la economía está profundamente influida por el contexto institucional en el que se desenvuelve, es
decir, por el marco político, jurídico y normativo que define las reglas de juego.
Un claro ejemplo de esto es lo que ocurrió en Argentina hacia el año 2000 con la popularización del
concepto de riesgo país. Este indicador mide la diferencia entre el rendimiento de un bono emitido
por un país emergente y el de un bono del Tesoro estadounidense. Cuando este indicador sube,
indica que la cotización de los bonos nacionales cae, lo que a su vez eleva el rendimiento exigido por
los inversores para comprarlos. Esta situación genera incertidumbre y frena las inversiones, ya que
quienes tienen capitales prefieren instrumentos financieros más seguros y líquidos, en lugar de
arriesgarse en proyectos del sector productivo que exigen mayor compromiso y están sujetos a
riesgos más altos.
Además de esta dimensión financiera del riesgo país, existe una dimensión institucional que es
igualmente perjudicial para la inversión: la falta de seguridad jurídica. Cuando los derechos de
propiedad no están debidamente resguardados, los inversores temen que sus activos puedan ser
confiscados o expropiados, por lo cual exigen una rentabilidad más alta y rápida para compensar ese
riesgo. Pero el mercado no siempre puede ofrecer esas condiciones, y como resultado, muchos
proyectos directamente no se realizan. Esto implica una caída en la tasa de inversión general, menor
creación de empleo y un estancamiento en la mejora de la productividad, lo que deriva en más
desocupación y en la reducción de los salarios reales. Por eso, incluso si un país mantiene equilibrio
fiscal, puede no lograr un crecimiento económico sostenido si no cuenta con instituciones sólidas que
garanticen el respeto por los derechos individuales.
En una economía de mercado, lo que se intercambian son derechos de propiedad, y si estos no
están garantizados, los costos y riesgos del intercambio aumentan, y la inversión se retrae. A esto se
suma que, en ocasiones, el deterioro institucional se da cuando el gobierno reemplaza los
mecanismos institucionales democráticos y republicanos por acuerdos entre dirigentes sindicales,
empresarios y el Estado. Aunque a veces se los presenta como logros, estos pactos corporativos
significan que un pequeño grupo decide cómo repartir los ingresos y qué sectores se verán
beneficiados o perjudicados, lo que genera un sistema autoritario y socialmente conflictivo.
Expoliación legal ocurre cuando el Estado utiliza el poder que la sociedad le ha delegado para violar
los derechos de unos en beneficio de otros. Bastiat sostenía que hay que observar si una ley hace
legal una acción que sería criminal si la hiciera un particular por su cuenta; si esto ocurre, la ley
debería ser derogada.
Si un grupo presiona al gobierno para sancionar una ley que obligue a todos los trabajadores a ceder
ese 10%, estamos frente a un caso de expoliación legal, porque la ley transfiere compulsivamente
algo que pertenece a unos hacia otros que no tienen derecho legítimo sobre ello. Este tipo de
transferencias obligatorias de ingresos o patrimonios son comunes en las economías modernas y,
cuanto más frecuentes son, más se deteriora el respeto por los derechos individuales, incluido el
derecho de propiedad, lo que impide el desarrollo económico sostenible.
Cuando un grupo social ejerce presión sobre el gobierno para obtener ingresos que no le pertenecen,
lo que genera es una transferencia de recursos de un sector a otro. Esto se traduce en una mejora
de la situación de ese grupo a costa de otro. En este contexto, el sector afectado reacciona y también
ejerce presión sobre el gobierno para que compense la pérdida que ha sufrido. Este proceso se
repite continuamente, con cada grupo luchando por una mayor porción del ingreso nacional, lo que
genera un ciclo de conflictos y luchas permanentes entre los diferentes sectores. En lugar de buscar
mejorar sus ingresos mediante la competitividad o la creación de productos de mejor calidad y
precios más bajos, los sectores se centran en cómo influir sobre el Estado para que les otorgue
mayores ingresos de forma compulsiva.
Este escenario de conflicto social permanente se caracteriza por la lucha constante entre todos los
sectores, sin que ninguno se enfoque en la mejora de la competitividad, la eficiencia o la satisfacción
de las necesidades de los consumidores. En este sistema, la inversión en el sector productivo
disminuye, ya que las empresas no están motivadas a innovar o mejorar su competitividad, sino a
buscar favores políticos y económicos. Como consecuencia, la productividad de la economía cae, los
salarios reales disminuyen y el ingreso global se reduce, lo que empeora la situación económica de
la sociedad en su conjunto. En este tipo de organización institucional, el Estado se convierte en un
árbitro que no facilita el progreso económico, sino que estimula la confrontación entre sectores
sociales.
Por otro lado, existe otro tipo de organización institucional donde la mejora de los ingresos depende
de la capacidad de cada sector para ofrecer productos y servicios que los consumidores valoren, a
través de la innovación y la eficiencia. En este sistema, el Estado no redistribuye de manera
compulsiva los ingresos, sino que crea un entorno favorable para que los sectores puedan prosperar
a través de la competencia y la satisfacción de las necesidades del mercado. Aquí, la inversión
aumenta, la productividad crece, la tasa de desocupación se reduce, y el salario real de los
trabajadores mejora. A su vez, este sistema favorece la innovación y la creación de valor, ya que los
sectores buscan ganar la preferencia de los consumidores en lugar de presionar al Estado para
obtener beneficios económicos.
En este segundo modelo, al no existir la redistribución compulsiva de ingresos, también se reducen
considerablemente las posibilidades de corrupción pública, ya que no hay dinero que se redistribuya
de manera artificial que pueda ser utilizado para sobornar a funcionarios públicos. De esta manera, el
sistema se mantiene más limpio, con mayor transparencia y con incentivos para la competitividad y el
progreso económico.
El valor de los activos también depende de la solidez de las instituciones. En países donde los
derechos individuales no están bien protegidos, como el derecho a la propiedad, la vida y la libertad,
los activos pierden valor. Las empresas que antes generaban riqueza y utilidades, comienzan a ver
cómo su valor cae debido a la inestabilidad política, la inseguridad jurídica o la presión fiscal del
Estado. Las empresas que sufren estas condiciones ven caer sus flujos de ventas y sus utilidades, lo
que afecta a sus accionistas y hace que sus patrimonios disminuyan. Esto, a su vez, tiene efectos
negativos en la economía general, ya que la menor capacidad de compra de los ciudadanos reduce
la demanda de bienes y servicios, lo que agrava aún más la caída de las empresas.
Cuando las políticas fiscales son confiscatorias, el equilibrio fiscal puede alcanzarse a costa de la
estabilidad económica a largo plazo, ya que las altas tasas impositivas y la inseguridad jurídica
afectan negativamente la capacidad productiva del país. Es importante señalar que el crecimiento
económico no depende únicamente de un sistema fiscal equilibrado, sino de un entorno institucional
y legal adecuado que respete los derechos individuales y fomente la inversión y la innovación.
Capítulo 1 Mankiw
La palabra economía proviene del griego oikonomos, que significa “el que administra una casa”. Esto
es importante porque en la casa los recursos son escasos y se deben distribuir según esfuerzos,
habilidades y deseos.
Escasez, significa que la sociedad tiene recursos limitados y, por tanto, no puede producir todos los
bienes y servicios que las personas desearían tener. La sociedad no puede proporcionar a todos sus
miembros el máximo nivel de vida al que cada uno aspira.
La economía es el estudio de cómo la sociedad administra sus recursos que son escasos. Los
economistas estudian la manera en que las personas toman sus decisiones, cuánto trabajan, qué
compran, cuánto ahorran y en qué invierten sus ahorros. Los economistas también estudian la
manera en que las personas se interrelacionan. Finalmente, los economistas también analizan las
fuerzas y las tendencias que afectan a la economía en su conjunto, incluyendo el crecimiento del
ingreso promedio, la porción de la población que no encuentra trabajo y la tasa a la que se
incrementan los precios.
Diez Principios
1. Las personas enfrentan disyuntivas: para obtener lo que queremos, en general tenemos que
renunciar a algo que también nos gusta. Tomar decisiones significa elegir entre dos objetivos.
Cuando las personas se agrupan en sociedades enfrentan diferentes disyuntivas.
La disyuntiva más común es entre “pan y armas”. Entre más gaste la sociedad en defensa nacional
(armas), menos dinero tendrá para gastar en bienes de consumo y así mejorar el nivel de vida. Otra
disyuntiva que la sociedad enfrenta es entre la eficiencia y la equidad. La eficiencia significa que la
sociedad extrae el máximo beneficio de sus recursos escasos. La equidad significa que la sociedad
distribuye igualitariamente esos beneficios entre sus miembros. En el momento en que las políticas
públicas se diseñan, estos dos objetivos entran en conflicto.
Eficiencia productiva: Una economía productivamente eficiente produce tantos bienes y servicios
como le es posible.
Eficiencia asignativa: Se explica con la eficiencia de Pareto. Es toda situación en la que no se puede
beneficiar a una persona sin perjudicar a otra.
El hecho de reconocer que las personas enfrentan disyuntivas no indica por sí solo qué decisiones
tomarán o deberían tomar.
2. El costo de una cosa es aquello a lo que se renuncia para obtenerla: Debido a que al tomar
decisiones los individuos enfrentan disyuntivas, es necesario comparar los costos y los beneficios de
los diferentes cursos de acción que pueden tomar.
El costo de oportunidad de una cosa es aquello a lo que renunciamos para conseguirla. Cuando
tomamos una decisión debemos estar conscientes de los costos de oportunidad que acompañan
cada una de nuestras posibles opciones.
3. Las personas racionales piensan en términos marginales: Una persona racional, dadas las
oportunidades, sistemática y deliberadamente hace todo lo posible por lograr sus objetivos. Los
economistas utilizan el término cambio marginal para describir los pequeños ajustes que realizamos
a un plan que ya existía. Es importante resaltar que aquí margen significa “borde”, y por eso los
cambios marginales son aquellos que realizamos en el borde de lo que hacemos. Las personas
racionales a menudo toman decisiones comparando los beneficios marginales y los costos
marginales. La toma de decisiones marginales ayuda a explicar algunos fenómenos económicos que,
de lo contrario, sería difícil entender.
La disposición de una persona a pagar por un bien se basa en el beneficio marginal que generaría
con una unidad más de ese bien. Así, el beneficio marginal depende del número de unidades que
posea esa [Link] tomador de decisiones racional emprende una acción si y sólo si el beneficio
marginal de esta acción es mayor al costo marginal.
4. Las personas responden a los incentivos: Un incentivo es algo que induce a las personas a actuar
y puede ser una recompensa o un castigo. Las personas racionales responden a los incentivos
debido a que toman sus decisiones comparando los costos y los beneficios.
Los incentivos son fundamentales cuando se analiza cómo funcionan los mercados. La influencia de
los precios en el comportamiento de los consumidores y los productores es de vital importancia para
determinar cómo distribuye una economía de mercado los recursos escasos. Las autoridades no
deben olvidar los incentivos, pues muchas de las medidas que toman alteran los costos o los
beneficios que enfrentan los individuos y, por tanto, su conducta.
Al analizar cualquier medida es necesario considerar no sólo los efectos directos, sino también los
indirectos que en ocasiones son menos obvios y repercuten sobre los incentivos.
5. El comercio puede mejorar el bienestar de todos: el comercio entre dos países puede mejorar el
bienestar de las naciones participantes. El comercio permite a cada persona especializarse en las
actividades que mejor realiza, ya sea cultivar el campo, coser o construir casas. El comerciar permite
a las personas comprar una mayor variedad de bienes y servicios a un menor precio. Los países,
como las familias, se benefician del comercio entre sí, ya que les permite especializarse en lo que
hacen mejor, y disfrutar así de una mayor variedad de bienes y servicios.
6. Los mercados normalmente son un buen mecanismo para organizar la actividad económica: En
una economía de mercado, las decisiones que antes se tomaban de manera centralizada son
sustituidas por las decisiones descentralizadas de millones de empresas y familias. Las empresas
son las responsables de decidir a quién contratar y qué fabricar. Las familias, por su parte, deciden
dónde trabajar y qué desean comprar con su ingreso. Las empresas y las familias interactúan en el
mercado, en donde los precios y el interés personal orientan sus decisiones. Es una economía que
asigna sus recursos mediante las decisiones descentralizadas de numerosos hogares y empresas
que interactúan en el mercado para conseguir bienes y servicios. Aquí se puede explicar la teoría de
la mano invisible.
Cuando el gobierno impide que los precios se ajusten naturalmente a la oferta y la demanda, impide
también que la habilidad de la mano invisible funcione para coordinar las decisiones de millones de
hogares y empresas. Este corolario también explica por qué los impuestos afectan negativamente la
asignación de los recursos y distorsionan los precios y, por ende, las decisiones de los hogares y las
empresas. Por medio del corolario también se explica el gran daño que causan medidas como el
control de los precios del alquiler, ya que controlan directamente los precios.
7. El gobierno puede mejorar algunas veces los resultados del mercado: Una de las razones por las
cuales necesitamos al gobierno es porque la mano invisible de la economía sólo funciona cuando
aquél hace valer las reglas y mantiene las instituciones que son clave para el libre mercado pero,
más importante aún es el hecho de que las economías de mercado necesitan instituciones que
hagan valer los derechos de propiedad de las personas para que éstas puedan ejercer propiedad y
control sobre los recursos escasos.
Todos dependemos de la policía y el sistema de justicia que el gobierno proporciona, ya que estas
instituciones hacen que los derechos de propiedad sobre las cosas que producimos se respeten, y la
mano invisible confía en nuestra capacidad de hacer respetar nuestros derechos. Esto provoca:
incentivo a la acción humana; tomar decisiones sobre los recursos; incentivar al cuidado de los
recursos.
Pero existe otra razón por la que necesitamos al gobierno. La mano invisible es muy poderosa, pero
no omnipotente. Promover la eficiencia y la equidad son las dos grandes razones por las cuales el
gobierno debe intervenir en la economía para cambiar la manera en que las personas asignarían los
recursos.
Los economistas utilizan el término falla del mercado para referirse a una situación en la cual el
mercado, por sí solo, no asigna eficientemente los recursos. Una de las causas posibles de esta falla
del mercado puede ser una externalidad, que es el impacto que las acciones de una persona tienen
sobre el bienestar de otra. Otra posible causa de una falla del mercado es el poder de mercado, que
se refiere a la habilidad que tiene una persona, o un pequeño grupo de personas, para influir
indebidamente en los precios del mercado.
En presencia de las externalidades o del poder de mercado, una política bien diseñada puede
mejorar la eficiencia económica.
Una economía de mercado recompensa a las personas según su habilidad para producir bienes por
los que otros están dispuestos a pagar. La mano invisible no garantiza que todos tengan comida
suficiente, ropa digna o atención médica adecuada. Estas inequidades, dependiendo de la filosofía
política de cada cual, exigen la intervención gubernamental. En la práctica, muchas de las políticas
públicas, como el impuesto sobre la renta y la seguridad social, están encaminadas a lograr una
distribución más equitativa del bienestar económico.
8. El nivel de vida de un país depende de la capacidad que tenga de producir bienes y servicios: Casi
todas las variaciones de los niveles de vida pueden atribuirse a las diferencias existentes entre los
niveles de productividad de los países; esto es, la cantidad de bienes y servicios producidos por cada
unidad de trabajo. En los países donde los trabajadores son capaces de producir una gran cantidad
de bienes y servicios por unidad de tiempo, la mayoría de las personas disfruta de un alto nivel de
vida. Al mismo tiempo, en los países donde los trabajadores son menos productivos la mayoría de la
población lleva una existencia más precaria. Asimismo, la tasa de crecimiento de la productividad de
un país determina la tasa de crecimiento del ingreso promedio.
Con objeto de incrementar los niveles de vida, los diseñadores de políticas deben incrementar la
productividad, asegurando que los trabajadores tengan un buen nivel de estudios, dispongan de las
herramientas necesarias para producir los bienes y servicios, y puedan tener acceso a la mejor
tecnología existente.
10. La sociedad enfrente a corto plazo una disyuntiva entre inflación y desempleo: La mayoría de los
economistas describe los efectos a corto plazo de un incremento de dinero de la siguiente manera:
● En la economía, un incremento en la cantidad de dinero estimula el nivel total de gasto y, por
ende, estimula también la demanda de bienes y servicios.
● Con el tiempo, un incremento en la demanda puede ocasionar que las empresas incrementen
sus precios, pero antes de que esto suceda, este incremento en la demanda estimula a las
empresas para que produzcan más bienes y contraten más trabajadores.
● Un incremento en el número de trabajadores contratados reduce el desempleo.
Este tipo de razonamiento lleva a la economía, a corto plazo, a enfrentar una disyuntiva entre
inflación y desempleo. Esto significa que, en un periodo de uno o dos años, varias de las políticas
económicas influyen en la inflación y el desempleo en sentidos contrarios.
A corto plazo, la disyuntiva entre desempleo e inflación desempeña un papel clave en el análisis del
ciclo económico, el cual consiste en fluctuaciones irregulares y en gran medida impredecibles de la
actividad económica, medida ésta por la producción de bienes y servicios, o por el número de
personas empleadas. Los cambios en la demanda, a su vez, influyen en la combinación de inflación y
desempleo que la economía experimenta a corto plazo. Debido a que estos instrumentos de política
económica son muy poderosos en potencia, la manera en que los diseñadores de las políticas
económicas deben usarlos para controlar la economía, si acaso deben usarlos, es tema de
incontables debates.
Capítulo 2 Mankiw
Todos los campos de estudio tienen su propio lenguaje y forma de pensar. la economía utiliza
términos como oferta, demanda, elasticidad, ventaja comparativa, excedente del consumidor y
pérdida de peso muerto.
El método científico
La relación entre observación y teoría también ocurre en el campo de la economía. los economistas
usan la teoría y la observación y se encuentran con obstáculos que dificultan su tarea Ya que en la
misma es casi imposible conducir [Link] economistas no pueden manipular la política
monetaria de un país y tienen que conformarse con los datos que la realidad les proporciona. Por
ejemplo, si se imprime mucho dinero, habrá una alta tasa inflacionaria. Con el fin de encontrar algún
sustituto de los estudios del laboratorio como las ciencias naturales, los economistas estudian los
experimentos que la historia misma proporciona: los efectos de las guerras en los precios, por
ejemplo. El acontecimiento brinda una oportunidad para estudiar los efectos que un recurso natural
produce en la economía mundial.
El papel de los supuestos
Los economistas hacen supuestos debido a que esto simplifica en el mundo complejo y lo hacen más
fácil de comprender. Por ejemplo se pone la situación de que existen únicamente dos países en el
comercio internacional.
El arte del pensamiento científico es decidir qué supuestos deben hacerse. Los economistas usan
supuestos distintos dependiendo de si lo que se estudia son los efectos a corto plazo o a largo plazo
de alterar la cantidad de dinero circulante en la economía.
Los modelos económicos
Los economistas utilizan modelos para facilitar la enseñanza y el aprendizaje del funcionamiento del
mundo. Estos se componen de diagramas y ecuaciones. Al igual que los modelos del cuerpo
humano, los economistas omiten detalles, lo cual permite visualizar aquello que es realmente
importante. Es decir no se incluyen todas las variables que intervienen en la realidad. Existen
muchos detalles en la economía que son irrelevantes al estudiar ciertas cuestiones y los omiten. Los
modelos sirven para simplificar la realidad y comprenderla mejor.
Microeconomía y Macroeconomía
El campo de la economía se divide en dos grandes ramas: la macroeconomía y la microeconomía.
La microeconomía es el estudio de cómo las familias y las empresas toman decisiones y cómo
interactúan en mercados específicos. Estudia variables individuales. Por ejemplo: Producción de una
empresa. Deuda de una empresa. Gasto de una empresa. Consumo de un hogar. Salario de un
trabajador. Gustos del consumidor. Ahorro personal.
La macroeconomía se encarga del estudio de los fenómenos de toda la economía como el
desempleo, la inflación y el crecimiento económico. Estudia variables agregadas como PBI,
desempleo, inflación, déficit público.
Estos dos campos están estrechamente relacionados entre sí. Debido a que los cambios de la
economía son el resultado de las decisiones de millones de personas, resulta imposible entender los
fenómenos macroeconómicos sin tomar en cuenta las decisiones microeconómicas que están
relacionadas con estos cambios. A pesar de esta relación, las dos ramas de estudio son distintas
porque intentan responder diferentes preguntas y cada campo tiene sus propios modelos.
La comunicación y la globalización
La globalización está avanzando rápidamente gracias a los medios de comunicación al mismo tiempo
estos medios no serían conocidos mundialmente si no fuera por el fenómeno de la globalización. El
principio que impera en el tema de la globalización es el de un mundo interrelacionado con estrechez
de vínculos económicos, políticos y sociales, producto de las tecnologías de la información y la
comunicación (TIC), particularmente Internet.
Los clásicos
Adam Smith, considerado el principal referente de la escuela Clásica, es conocido por su obra “La
Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones”. En esta obra, captó el espíritu del capitalismo
moderno y justificó el libre mercado que dominó el pensamiento económico del siglo XIX y sigue
vigente en la actualidad. Smith se opuso al pensamiento de Thomas Hobbes, quien en el “Leviatán”
caracterizaba al hombre como un ser inseguro que debía ceder su libertad al Estado para protegerse;
en cambio, Smith proponía que el ser humano es empático y sociable. También criticó la visión
utilitarista de Hume, que atribuía los principios morales a su utilidad, y planteó una naturaleza
humana orientada a la colaboración. Esta escuela plantea que mediante la competencia, el mercado
mantiene a todos los productores en estado de alerta para que no interfieran con él.
En “La Riqueza de las Naciones”, Smith estudia los factores que determinan el crecimiento
económico, resaltando que el ingreso real per cápita y su crecimiento dependen de la aptitud,
destreza y sensatez con que se ejerce el trabajo. Además, señala que la división del trabajo depende
del capital disponible y del tamaño del mercado, por lo que el libre comercio impulsa la productividad,
mientras que las restricciones al comercio internacional la limitan. También enfatizó la importancia de
un entorno legal e institucional favorable para fomentar la inversión y el crecimiento. Smith creía que
el mercado, actuando libremente, asignaría los recursos de manera óptima, maximizando el
bienestar social a pesar de que los individuos persiguieran su propio interés. Su doctrina fue
revolucionaria, oponiéndose al mercantilismo, que confundía dinero con riqueza y veía la actividad
económica como un fin en sí mismo, olvidando que su propósito real era la satisfacción de las
necesidades humanas.
La escuela Clásica se distingue de la Neoclásica por su objeto de estudio: mientras la primera
analizaba la producción, el comercio y la distribución de la riqueza (economía política), la segunda se
enfocó en el comportamiento racional del individuo (economía a secas), alejándose de la
macroeconomía y centrando su análisis en los precios y el valor de cambio.
Smith marcó el inicio de un análisis económico más profundo e independiente, pasando de la
preocupación por el “precio justo” al “precio de equilibrio”. Un tema central en la escuela clásica fue la
teoría del valor y los precios: los clásicos sostenían una teoría objetiva del valor basada en el trabajo,
donde el precio natural de un bien dependía del costo de tierra, trabajo y capital. Entre los otros
representantes de la escuela clásica se encuentran David Ricardo, Thomas Malthus y Jean-Baptiste
Say. Dentro del pensamiento clásico destacan tres grandes teorías: la mano invisible, la ley de Say y
el libre comercio. Así, la escuela clásica sentó las bases de la economía moderna, defendiendo
principios como el libre comercio, la mínima intervención estatal, la cooperación social basada en el
interés individual y la importancia de instituciones sólidas para el crecimiento económico.
Según la escuela clásica, la persecución de intereses propios por parte de actores económicos
individuales produce un resultado socialmente beneficioso: la máxima riqueza nacional. Este
resultado paradójico es posible gracias al poder competitivo del mercado. Para obtener beneficios,
los productores se empeñan en abastecer al mercado con productos más baratos, pero también
mejores; en otras palabras, fabrican sus productos al menor coste posible, maximizando de ese
modo la producción nacional.
A diferencia de lo que a veces se interpreta, Smith no promovía un egoísmo absoluto, ya que
valoraba principios como la generosidad y la justicia para el buen funcionamiento social.
Los hombres, dice, actúan como guiados por una mano invisible que los lleva a promover fines que
no son los perseguidos originalmente. Además, reconocía el rol del Estado en áreas como la
educación y la asistencia a la pobreza. La escuela clásica sostenía que la búsqueda del interés
propio por parte de los individuos genera, gracias al poder competitivo del mercado, un resultado
beneficioso para la sociedad: la máxima riqueza nacional.
La ley de Say se refiere a la cual la oferta crea su propia demanda. Esto permite distinguir dos
aspectos claves: preferencia y poder de compra. Desear algo, no significa poder tenerlo, para eso
hace falta ofrecer algo a cambio. De modo tal que la demanda depende del poder de compra de su
oferta. Aquel que quiera demandar algo sin ofrecer nada a cambio no tendrá éxito. Toda actividad
económica genera ingresos y por esto no podría haber recesión debido a la escasez de demanda.
Las causas de una recesión se deben atribuir a factores exógenos al mercado y cualquier acción del
gobierno para contrarrestar perturbaba el orden natural. Los individuos necesitan dinero para
consumir y para conseguir dinero debo trabajar. Es decir, el trabajo es anterior al consumo y la
producción es anterior a la distribución.
David Ricardo formuló la teoría de la ventaja comparativa, que defendía el libre comercio incluso si
un país no era el más eficiente en producir ningún bien. Según esta teoría, cada país debería
especializarse en aquello en lo que tuviera una ventaja relativa o donde el costo de oportunidad es
menor a otros, permitiendo que todos maximicen su producción.
Para la escuela clásica, la economía estaba compuesta por tres clases sociales: capitalistas,
trabajadores y terratenientes. Ricardo argumentaba que lo mejor era que la mayor parte de la renta
nacional quedara en manos de los capitalistas, ya que son quienes invierten y generan crecimiento.
Los trabajadores no podían ahorrar y los terratenientes gastaban en lujos improductivos. Además, el
crecimiento demográfico llevaba a cultivar tierras de mala calidad, elevando los arriendos y
reduciendo los beneficios, lo cual amenazaba la inversión. Por eso, Ricardo proponía eliminar las
leyes de cereales y fomentar la importación de alimentos más baratos.
Algunas ideas de la escuela clásica eran erróneas. Su confianza en la ley de Say le impedía tratar los
problemas macroeconómicos. Además, su teoría del mercado no podía explicar por qué la
competencia irrestricta puede generar resultados socialmente negativos. Otras ideas, si bien
lógicamente válidas, resultan hoy obsoletas por haber sido pensadas para un mundo muy distinto,
como la creencia de que el crecimiento demográfico limitaría el desarrollo económico, sin prever
avances en tecnología alimentaria o control de natalidad.
Escuela neoclasica
La escuela neoclásica surge en la década de 1870 como una transformación sustancial respecto a la
economía clásica. Sus primeros impulsores fueron William Jevons (1835-1882) y Léon Walras
(1834-1910), aunque su máximo exponente fue Alfred Marshall, con su obra Principios de Economía
(1890). A partir de esta escuela, la “Economía Política” deja de lado su antigua denominación y pasa
a llamarse simplemente “Economía”, marcando un cambio metodológico: se excluyen de su objeto de
estudio los juicios de valor y se enfatiza una aproximación más formal y matemática. Esta escuela
sostiene que los individuos saben lo que hacen y hay que dejarlos hacer, excepto cuando el mercado
funciona mal.
Uno de los principales aportes de la escuela neoclásica es el desarrollo de la teoría de la utilidad
marginal. A diferencia de los clásicos, que sostenían que el valor de un bien dependía de sus costos
de producción y del trabajo incorporado (teoría del valor-trabajo), los neoclásicos propusieron que el
valor está determinado por la utilidad que el consumidor otorga a cada unidad adicional del bien: su
utilidad marginal.
Los economistas neoclásicos subrayaban que el valor (para ellos, el precio) de un producto también
depende de cuánto y cómo valoren ese producto los consumidores potenciales. En otras palabras:
que algo sea difícil de producir no necesariamente significa que sea más valioso. Este enfoque
invierte la lógica clásica: no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios,
guiados por las valoraciones marginales de los consumidores, los que determinan los costos. Así, los
bienes de consumo adquieren su precio en función de su utilidad marginal, y este precio influye en la
demanda de factores productivos y en las decisiones de producción. La ley de la demanda, derivada
de este principio, sostiene que a menor precio, mayor cantidad demandada, pues el esfuerzo
económico para adquirir el bien es menor y más individuos lo consideran accesible.
La escuela neoclásica desplazó el foco de la economía de la producción al consumo y el intercambio.
La economía neoclásica concibe el sistema económico como una red de intercambios, que en última
instancia depende de las elecciones que hagan los consumidores «soberanos». No analizaba cómo
se organizan y se modifican los procesos de producción reales
La escuela neoclásica basa sus modelos en el individualismo metodológico, es decir, analiza los
fenómenos económicos a partir del comportamiento de individuos racionales, egoístas y
maximizadores de utilidad. El marginalismo no se concentra solo en la teoría del valor sino además
en todo el análisis de ingresos, costos y producción. Permitió explicar con claridad el valor y precio
de los bienes. El sistema económico es concebido como una red de intercambios voluntarios entre
agentes que buscan optimizar su bienestar.
Las teorías centrales de esta escuela son: los factores de demandas, los individuos y los
intercambios. En estas teorías se observa el abandono del objeto de estudio de la economía y se
pone al individuo en el centro de la atención y el estudio de sus demandas y deseos y el uso racional
de los recursos. El individuo sigue siendo descripto como ideal frente al uso de los recursos: racional,
egoísta y maximizado de beneficios. El mercado sigue siendo el sistema que permite los
intercambios libres y voluntarios permitiendo alcanzar resultados óptimos.
Para ambas escuelas, los actores económicos se mueven por interés personal, la competencia en el
mercado asegura que sus acciones produzcan colectivamente un resultado socialmente benigno. La
segunda idea es que los mercados se autoequilibran. La conclusión, es que el capitalismo es un
sistema al que conviene dejar en paz, puesto que tiende por sí solo a volver al equilibrio. La escuela
Neoclásica considera al mecanismo de mercado como un mecanismo natural que no debe ser
alterado a través de mecanismos intervencionistas del mercado ya que considera que este se puede
autorregular y alcanzar resultados socialmente positivos (Laissez faire).
El neoclasicismo introduce el concepto de eficiencia de Pareto, según el cual un cambio social es
considerado una mejora si al menos una persona se ve beneficiada sin que nadie resulte
perjudicado. Sin embargo, en la práctica, pocas políticas logran beneficiar a todos sin generar
perdedores, lo que tiende a consolidar el statu quo y justifica la inacción estatal ante desigualdades
estructurales. Este concepto solo es aplicable para casos en que la economía se encuentre en
permanente crecimiento.
A comienzos del siglo XX, el economista Arthur Pigou retoma estas limitaciones y desarrolla la
Economía del Bienestar, reconociendo la existencia de fallos de mercado (externalidades,
monopolios, asimetría de información) que justifican la intervención estatal. Pigou argumentaba que
en ciertas ocasiones los precios del mercado no reflejan los verdaderos costes y beneficios sociales.
Pigou propone el principio de compensación que propone que un cambio pueda ser considerado una
mejora social aun cuando viole la eficiencia de Pareto si los beneficios totales para los ganadores
son lo suficientemente elevados como para compensar a todos los perdedores y todavía sobra algo.
Dicha compensación rara vez ocurre en la realidad
Aunque la escuela neoclásica se presenta como heredera del pensamiento clásico, sus fundamentos
son radicalmente distintos. Se la critica por su visión reduccionista del ser humano, al que representa
como una “máquina de placer”, racional y aislada, despojada de emociones, contexto social e
histórico. También se le cuestiona su tendencia a naturalizar el orden existente, al no problematizar la
propiedad, la distribución del ingreso o el poder, y al ignorar las instituciones, el Estado y las leyes
laborales.
La crítica a la centralidad del consumo es clave: al minimizar el rol de la producción y la distribución,
la escuela neoclásica tiene dificultades para explicar crisis económicas o desigualdades
estructurales. Incluso el economista Ronald Coase ironizó que esta visión parecía diseñada para
analizar a individuos intercambiando “nueces y bayas en el bosque”, en lugar de representar la
complejidad de los sistemas económicos reales.
Sin embargo, la heterogeneidad dentro de la escuela también ha sido una de sus fortalezas. No es
una corriente unificada, sino un marco flexible que ha permitido desarrollos tanto conservadores
como progresistas.
A partir de la década de 1980, se produce una contrarrevolución neoclásica, impulsada más por
motivaciones ideológicas que por avances teóricos. Mientras algunos economistas como Stiglitz,
Akerlof y Spence desarrollan la economía de la información para explicar fallos del mercado
vinculados a la asimetría informativa, otros promueven enfoques que niegan incluso la posibilidad de
esos fallos. Ejemplo de ello son la hipótesis del mercado eficiente o la teoría de las expectativas
racionales, que suponen que todos los individuos actúan racionalmente y poseen información
perfecta, reduciendo al mínimo la justificación para la intervención estatal. En esta etapa también se
introduce el concepto de fallo del gobierno, con el argumento de que las acciones del Estado pueden
generar efectos aún más distorsivos que los propios fallos del mercado.
Sus modelos basados en agentes racionales y aislados, su despreocupación por las condiciones
sociales e históricas y su escaso interés por la producción o las instituciones la vuelven incapaz de
explicar fenómenos macroeconómicos complejos. La crítica contemporánea subraya la necesidad de
una economía más realista, que incorpore lo social, lo político y lo institucional en su análisis.
Escuela Marxista
La escuela marxista nace a partir de las obras de Karl Marx, especialmente El Manifiesto Comunista
(1848) y El Capital (1867). Aunque toma elementos de la economía clásica, Marx propone una
ruptura importante al desplazar el foco del análisis desde los individuos aislados hacia las clases
sociales como verdaderos sujetos históricos. Considera que la sociedad está construida sobre la
base de su sistema de producción y de sus instituciones. Esta Base está compuesta por dos
aspectos claves: 1) las fuerzas de producción (factores productivos como tecnología, capital, RRHH)
y 2) las relaciones de producción que corresponde a las formas de contracción, la división del trabajo,
los derechos de propiedad es decir el marco institucional. Encima del sistema de producción está lo
que denomina la Superestructura que está formada por todo aquello que contribuye al desarrollo de
la sociedad como la política y la cultura.
El marxismo sostiene que el capitalismo es un poderoso vehículo para el progreso económico, pero
se vendrá abajo cuando la propiedad privada se transforme en un obstáculo a un mayor progreso. El
capitalismo es visto apenas como una etapa más del desarrollo humano antes de llegar al estadio
último del comunismo. Este reconocimiento de la, naturaleza histórica de los problemas económicos
marca un profundo contraste con la escuela neoclásica, que considera universal el problema
«económico» de la maximización de la utilidad
Marx desarrolla su teoría como la lucha de clases constituye un motor para la humanidad. Los
considera, a los trabajadores, agentes activos del cambio social y esto llevaría a derrocar al
capitalismo siempre que se dieran las condiciones. Mientras que los Clásicos veían en los
trabajadores individuos pasivos, inclinados solo a la búsqueda de la procreación, lo que redundaría
en una disminución de los niveles de vida de estos, Marx consideraba que una vez que el capitalismo
se hubiera desarrollado completamente, esto generaría contradicciones entre los dos aspectos
claves, es decir entre los factores de la producción y las relaciones ya que la alta competencia y
dependencia entre las empresas para sobrevivir al sistema necesitaría de una vinculación mayor
entre ellas y la propiedad privada se volvería un obstáculo para el logro de los objetivos. Esto
desencadenaría una tendencia hacia un sistema socialista con una autoridad centralizada de toda la
actividad económica para luego desaparecer y quedar todo en manos de los trabajadores.
En relación a la teoría del Valor-trabajo, coincidió con Adam Smith y la teoría de los clásicos en que
el valor de los bienes está vinculado al trabajo necesario para la producción de los mismos.
Consideraba que la economía estaba integrada por clases antes que por individuos. Marx distinguió
las dos instituciones claves del capitalismo: las empresas y el mercado, mostrando las diferencias,
donde las empresas constituyen un orden jerárquico y planificado frente al orden libre y espontáneo
del mercado, donde las empresas de responsabilidad limitada o las sociedades anónimas se
convertirían en la expresión del desarrollo capitalista.
Para Marx, el trabajo era considerado una expresión de creatividad más allá de las relaciones de
producción donde la especialización y la división de tareas significaban un deterioro en la calidad de
vida de los trabajadores, aunque no desconoció el impacto en la productividad. Otro aspecto
importante fue su interés en el impacto de la tecnología en el desarrollo capitalista.
La escuela marxista tiene numerosos defectos. Por encima de todos ellos, la predicción de que el
capitalismo colapsaría bajo su propio peso no se hizo realidad.
Tradición Desarrollista:
Comenzó a finales del siglo XVI y comienzo del XVII, con el nombre de MERCANTILISTAS, que
vimos al comienzo. El nombre de tradición se debe a que no se dieron las condiciones para
desarrollarse como escuela. Esta corriente del pensamiento económico comprendió los cambios en
los sistemas de producción material que tienen influencia en la ley y en las instituciones sociales.
Esta tradición sostiene que las economías atrasadas no podrán desarrollarse si lo dejan
absolutamente todo en manos del mercado.
La tradición desarrollista se centra en ayudar a los países económicamente atrasados a desarrollar
sus economías y alcanzar el nivel de los países más avanzados. El desarrollo económico no es
simplemente cuestión de aumentar la renta, algo que podría ocurrir en momentos de bonanza. Se
trata de adquirir capacidades productivas más sofisticadas, es decir, la facultad de producir utilizando
(y desarrollando nuevas) tecnologías y organizaciones.
La tradición sostiene que algunas actividades económicas, como las industrias manufactureras de
alta tecnología, son mejores que otras con vistas a posibilitar que los países desarrollen sus
capacidades productivas. Sin embargo, estas actividades no se desarrollan de modo natural en las
economías atrasadas porque las empresas ya las están desarrollando en las economías más
avanzadas. Al tratarse de una economía atrasada, a menos que intervenga el gobierno —con
aranceles, subvenciones y regulaciones— para promover esas actividades, los mercados libres
intentarán constantemente retrotraerla a lo que ya sabe hacer; es decir, a las actividades de baja
productividad basadas en recursos naturales o mano de obra barata. Las políticas adecuadas de
intervención dependerán del tiempo ya que los cambios ocurren cada vez con mayor velocidad,
mayor profundización y mayor impacto.
La tradición desarrollista se centró más claramente en la producción. Se interesaron por la economía
real y su impacto, es decir el crecimiento, el empleo y la producción. El desarrollo de las capacidades
productivas como mejoras tecnológicas, capacitación de los RRHH, entrenamiento, mejoras en los
procesos productivos era una condición necesaria pero no suficiente para garantizar el crecimiento y
desarrollo, hace falta políticas distributivas adecuadas. Esta corriente fue la que ideó la
industrialización por sustitución de importaciones como solución al deterioro de las economías de
América latina. Fallaron por proponer una fuerte intervención estatal para el desarrollo industrial.
Escuela Austriaca:
De las tres escuelas que produjeron la revolución marginalista esta es la menos divulgada. Esto se
debió al idioma alemán, poco conocido y en parte a la persecución Nazi que obligó a las principales
figuras a abandonar Viena a mediados de 1930, provocando de esta manera su dispersión. Esta
escuela surge de la mano de exponentes como Menger, Von Mises y Hayek. Hayek escribe una obra
denominada “Camino a la Servidumbre”, donde advierte los peligros de la intervención estatal, lo que
conduciría a la pérdida de libertad individual. Esta escuela sostiene que nadie sabe lo suficiente, de
modo que dejadnos en paz a todos.
Los seguidores de la escuela austríaca son unos defensores incluso más fervorosos del libre
mercado que la mayoría de los seguidores de la escuela neoclásica. La escuela austríaca defiende
hoy en día el mismo enfoque laissez faire que el ala libremercadista (actualmente mayoritaria) de la
escuela neoclásica, y sus conclusiones son similares si no incluso más extremas, respecto de las
políticas que sería necesario poner en práctica.
Afirma que la racionalidad humana es muy limitada. Sostiene que el comportamiento racional solo es
posible porque los humanos limitamos voluntaria, aunque subconscientemente nuestras elecciones
aceptando las normas sociales sin ponerlas en duda. La escuela austríaca también arguye que el
mundo es sumamente complejo e incierto.
Los diversos y siempre cambiantes planes de los numerosos actores económicos —que a su vez
responden a los cambios del mundo, impredecibles y complejos— solo pueden reconciliarse a través
del orden espontáneo del mercado competitivo. Así pues, la escuela austríaca sostiene que el libre
mercado es el mejor sistema económico, no porque seamos perfectamente racionales y lo sepamos
todo (o al menos capaces de saber todo lo que necesitamos saber), como sostienen las teorías
neoclásicas, sino precisamente porque no somos muy racionales y porque existen infinidad de cosas
intrínsecamente «incognoscibles* en el mundo.
Sostienen que el mercado mismo es un orden construido (en lugar de espontáneo). Está basado en
reglas y normativas diseñadas ex profeso que prohíben ciertas cosas, desalientan otras y estimulan
unas terceras.
La postura de la escuela austríaca contra la intervención estatal es demasiado extrema. Sus adalides
piensan que cualquier intervención gubernamental—salvo la encaminada a garantizar la ley y el
orden, especialmente la protección de la propiedad privada— lanzará a la sociedad por una
pendiente resbaladiza hacia el socialismo.
Otra contribución importante fue el tema monetario y su relación con los ciclos económicos. Su tesis
es que cuando se expande la cantidad de dinero y crédito se producen distorsiones en los precios
relativos lo que lleva a asignar recursos en forma ineficiente. Esta idea es contraria a la tesis de
Keynes.
Escuela Neoschumpeteriana
Consideraban a la tecnología como impulsora del capitalismo. Para esta escuela, el capitalismo es
un poderoso vehículo de progreso económico, pero se atrofiará cuando las empresas se vuelven
más grandes y más burocráticas.
Para esta escuela el capitalismo se desarrolla a través de innovaciones de los emprendedore, es
decir, mediante la creación de nuevas tecnologías de producción, nuevos productos y nuevos
mercados. Las innovaciones permiten que los emprendedores monopolicen temporalmente los
mercados, que les traerá ingresos extraordinarios de manera temporal, pero luego los “imitadores”
atraídos por los beneficios entraran como nuevos jugadores, haciendo caer las ganancias
extraordinarias. El círculo era invención, innovación e imitación. La riqueza está en la innovación a
diferencia de la escuela neoclásica que está en la demanda y en los precios.
La teoría principal es la “destrucción creativa”, para esta escuela ninguna empresa por más
afianzada que parezca está a salvo de “los vientos de destrucción creativa”, sin embargo, no fue
optimista en cuanto al futuro del capitalismo, ya que las empresas terminarían gestionadas por sus
CEO´s o ejecutivos quienes no tienen la capacidad de innovación que el empresario. Esta idea no
prosperó ya que en la actualidad todas las empresas deben innovar para competir. Gran parte del
progreso tecnológico en las complejas industrias modernas tiene lugar a través de innovaciones
progresivas que tienen su origen en intentos pragmáticos de resolver problemas surgidos durante el
proceso de producción. Esto significa que hasta los trabajadores de la cadena de montaje participan
en la innovación.
Cuando innovan, las empresas se sirven de investigaciones y fondos de investigación
proporcionados por diversos actores no comerciales, como el gobierno, las universidades y las
fundaciones filantrópicas. La sociedad en su conjunto está hoy involucrada en la innovación.
Escuela Keynesiana
Esta escuela tiene como su líder máximo a Keynes, quien supo diferenciarse de los Neoclásicos
pues sus análisis y teorías no partieron de suponer que los mercados son competitivos ni tampoco
que la economía funciona sin problemas, es decir no supone que las economías están en constante
crecimiento y pleno empleo, tampoco que la demanda es igual a la oferta. Keynes buscó explicar
cómo es posible que haya trabajadores desempleados, fabricas, ociosas y productos sin vender
durante largos períodos cuando supuestamente existe un equilibrio entre la oferta y la demanda en
los mercados.
Considera que los resultados individuales óptimos no conducen a resultados socialmente óptimos.
Otra diferencia con la escuela Neoclásica fue su interés por el estudio de la macroeconomía a
diferencia de los neoclásicos que centraron su análisis en el estudio de las decisiones individuales
(microeconomía).
El gasto de un individuo es el ingreso de otro, entonces el deduce en sus teorías que si hay
desempleo es porque la oferta 13 (es decir lo que se produce) no es igual a la demanda (es decir lo
que se gasta), entonces si la economía no consume todo lo que produce, es necesario reinvertir la
diferencia (es decir reinvertir los ahorros), en esto se diferencia de las teorías neoclásicas que
suponen que el ahorro es igual a la inversión
Keynes deduce en sus teorías que, si no se consume todo lo que se produce, entonces el ahorro no
es igual a la inversión pues el excedente de producción no generara incentivos para la reinversión y
si esto sucede, la producción tiende a disminuir y los trabajadores a quedarse sin empleo.
La inversión depende de las expectativas futuras y que esas expectativas son inciertas ya que el
contexto de baja productividad genera incertidumbre que propicia la especulación y se hace difícil
contabilizar el riesgo de una inversión. Para esto propone aplicar políticas fiscales (esto significa
aumentar el gasto publico y/o disminuir los impuestos) y monetarias expansivas que estimulen el
pleno empleo. Cuando la inversión disminuye el gasto total también y por lo tanto el ingreso también
lo hará y si disminuye el ingreso disminuirá el ahorro y la inversión se igualará al ahorro, pero en
niveles muy bajo del mismo. Si el ahorro baja, la tasa de interés no tendrá incentivos a disminuir y los
proyectos de inversión no serán lo suficientemente rentables como para tomar el riesgo. Keynes
propone a través de políticas fiscales activas, estimular la inversión. Estas políticas estimularían el
pleno empleo a través de un fuerte gasto público y esto haría aumentar los niveles de demanda
efectivos o necesarios para un crecimiento económico.
La teoría macroeconómica keynesiana se basa en el reconocimiento de que la separación estructural
entre ahorristas e inversores surgida a finales del siglo XIX produjo un igualamiento del ahorro y la
inversión, y por consiguiente dificultó la consecución del pleno empleo.
En relación al dinero, Keynes lo considero un medio para proporcionar liquidez y especular en los
mercados a diferencia de los clásicos y neoclásicos que lo consideraron un medio de cambio. Así
pues, el mercado financiero no es solamente un medio de proveer dinero para invertir, sino también
un lugar donde ganarlo aprovechando las discrepancias sobre los rendimientos de los mismos
proyectos de inversión; en otras palabras, un lugar para la especulación. La especulación pone en
riesgo a la economía y propicia la contracción de la economía real (producción y empleo).
La tesis Keynesiana sostenía que una expansión de la oferta monetaria cuando hay recursos ociosos
pone estos recursos en actividad, con lo cual se logra una disminución en la desocupación y un
aumento del ingreso real. Para Keynes esta expansión monetaria no es inflacionaria, ya que la mayor
producción de bienes neutraliza los efectos inflacionarios de la creación de dinero.
Escuela Conductista
Esta escuela puso énfasis en el estudio de las conductas humanas y extendieron sus análisis al
estudio de las instituciones y organizaciones. Un referente importante de esta escuela es Simón.
Esta escuela sostiene que no somos lo bastante inteligentes y por eso necesitamos reglas para
restringir deliberadamente nuestra libertad de elección
Simón considera que los individuos son racionales y que obtienen la información necesaria para
tomar decisiones, pero no cuentan con la capacidad suficiente para analizar y lidiar con toda la
información, la capacidad es limitada para procesar la información con la cuentan por la complejidad
e incertidumbre del mundo que nos rodea y esto se transforma es una restricción. La solución es que
construimos rutinas de organización o desarrollamos instituciones que nos ayudan a disminuir la
complejidad y hacer mejores elecciones y de esta manera compensar la racionalidad acotada. Estas
rutinas nos permiten también predecir la conducta de los otros.
Desarrolla la idea de “racionalidad acotada”, que nos lleva a construir “atajos mentales” (que
denomina heurísticas o pensamiento intuitivo) que lleva a adoptar distintas formas a la que denomina
“regla de oro”, “sentido común, u “opinión de expertos”. A todos estos dispositivos mentales subyace
la capacidad de reconocer pautas, que nos permite descartar un amplio espectro de alternativas y
centramos en una serie pequeña y manejable, pero al mismo tiempo más prometedora, de
posibilidades.
Construimos rutinas de organización, así como instituciones sociales, para compensar nuestra
racionalidad acotada. Al igual que la heurística a nivel individual, estas reglas organizativas y sociales
restringen nuestra libertad de elección, pero también nos ayudan a realizar mejores elecciones
porque reducen la complejidad del problema. Se resalta particularmente el hecho de que estas reglas
hacen que nos resulte más fácil predecir la conducta de otros actores que también seguirán las
reglas y se comportarán de determinadas maneras.
Esta escuela considera que el mercado es solo una parte de la economía.
La escuela conductista también aporta argumentos persuasivos sobre la importancia de cualidades
humanas como las emociones, la lealtad y la justicia. Consideraron que las emociones no
representan un obstáculo para las decisiones racionales, sino que pueden ser útiles en la toma de
decisiones basadas en un proceso racional acotado. Para Simón la lealtad es fundamental para que
las organizaciones funcionen eficientemente. Si las personas perciben un ambiente justo esto
propiciara la lealtad. Una de las debilidades que se le atribuye a esta escuela fue no estudiar al
entorno macroeconómico y su vinculación con la tecnología.
Escuela Institucionalista
Esta escuela surge hacia finales del siglo XIX, con fuertes críticas a las escuelas clásica y neoclásica
por subestimar la naturaleza social de las personas. Un referente de esta escuela es Thorstein
Veblen (1857-1929), también cuestionó al individuo racional y egoísta. Esta escuela sostiene que los
individuos son productos de la sociedad, aun cuando puedan cambiar sus reglas. Estos
argumentaban que era necesario analizar las instituciones, o reglas sociales, que afectan e incluso
configuran a los individuos
Considera que la racionalidad no es atemporal, sino que está vinculada a los ambientes sociales y a
las instituciones (reglas formales e informales). Veblen considera que las instituciones afectan el
comportamiento de las personas (crean incentivos de cambio en sus conductas) y lo modifican y que
estas a su vez transforman a las instituciones (es un cambio bidireccional).
El momento de esplendor de esta escuela fue el New Deal, es decir a las políticas intervencionista. El
New Deal está vinculado a cambios institucionales en relación a la regulación financiera, seguridad
social, sindicatos y regulaciones administrativas y no a políticas macroeconómicas propiamente
dichas. Es por eso que los Institucionalistas se atribuyen las ideas del New Deal.
El declive de esta escuela estuvo vinculado a ciertos aspectos como: el avance de la escuela
Neoclásica, la falta de teorías respecto al surgimiento y cambio en las instituciones y al excesivo
énfasis en la naturaleza social de las personas llegando a considerarla un determinismo estructural,
donde esta escuela considera a las instituciones como resultados de decisiones formales, colectivas
(leyes) o como producto de la historia (cultura).
La economía institucional es, en esencia, un estudio contractual tanto político como económico, que
sirve de puente entre teoría y observación. En el mundo real, se analizan contratos específicos como
asuntos legales, reglas de decisión política y derechos de propiedad. La teoría utiliza estas
observaciones para comprender los procedimientos institucionales y analizar el cambio institucional.
Las instituciones son regularidades en las interacciones repetitivas entre individuos, que brindan un
marco de confianza sobre los resultados posibles. Además, ofrecen incentivos y desincentivos, y
mecanismos para hacer cumplir los contratos, ya sea mediante códigos de comportamiento o a
través de terceros que supervisan, lo cual finalmente involucra al Estado como fuente de coerción.
Por eso, la teoría institucional también analiza las estructuras políticas y su capacidad para hacer
cumplir las normas.
Las instituciones se originan y evolucionan a partir de la interacción entre individuos. La creciente
división y especialización del trabajo es la base de esta evolución. Dentro de este marco institucional,
los individuos forman organizaciones para apropiarse de los beneficios de la especialización.
Establecen contratos, de forma voluntaria o coercitiva, que definen los términos del intercambio.
La libertad de los mercados no garantiza eficiencia: requieren un sistema legal bien definido, un
gobierno imparcial que haga cumplir los contratos, y actitudes sociales que fomenten el intercambio a
bajo costo. Por ello, se necesita desarrollar teorías que contemplen estos aspectos.
En la década de 1980, un nuevo grupo de economistas influenciados por las escuelas neoclásica y
austríaca fundaron la Nueva Economía Institucional (NEI), con figuras clave como Douglass North,
Ronald Coase y Oliver Williamson. A diferencia de la escuela institucionalista original, que subrayaba
el papel determinante de las instituciones en el comportamiento individual, la NEI se centró en cómo
las instituciones surgen a través de elecciones deliberadas de los individuos.
El concepto central de la NEI es el coste de transacción, que amplía el concepto de coste más allá de
la producción. En la NEI se reconoce que existen costes asociados con la organización de las
actividades económicas, como los costes de información, el cumplimiento de contratos, la aplicación
de la ley, e incluso la supervisión en las fábricas.
La NEI ha desarrollado teorías e investigaciones valiosas, como la organización de actividades
económicas dentro de las empresas. En lugar de depender del mercado, las empresas internalizan
muchas actividades debido a los altos costes de transacción, como la búsqueda de productos
alternativos y el cumplimiento de contratos. También estudia cómo los derechos de propiedad afectan
las decisiones económicas, como las inversiones y las tecnologías de producción.