Segunda Cruzada.
Tuvo lugar entre 1147 y 1149, a partir de la caída del condado
de Edesa (el primer Estado latino) ante los turcos selyúcidas en 1144. Los
ejércitos cristianos del rey Luis VII de Francia y del emperador Conrado III
de Alemania marcharon por toda Europa alentados por la predicación del monje
cisterciense Bernardo de Claraval. Cruzaron Anatolia, donde debieron afrontar
ataques turcos. Intentaron tomar Damasco en Siria pero fracasaron y se retiraron
con grandes pérdidas humanas. Al comienzo de esta Cruzada en 1147, los
cruzados que marchaban hacia oriente habían pasado por la península ibérica y
habían recuperado Lisboa, Almería y Tarragona de manos de los musulmanes.
Tercera Cruzada. Ocurrió entre 1189 y 1192 y fue conocida como la Cruzada
de los Reyes, pues participaron en ella el rey de Inglaterra Ricardo I “Corazón de
León”, el rey de Francia Felipe II y el emperador del Sacro Imperio Romano
Germánico Federico I Barbarroja. Tuvo el objetivo de recuperar Jerusalén, que
había caído en manos del sultán de Egipto y Siria Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub
(conocido en occidente como Saladino) tras la batalla de Hattin en 1187. Si bien
los cruzados no pudieron reconquistar Jerusalén, una serie de victorias costeras
favorecieron la firma del Tratado de Ramla entre Ricardo I y Saladino por el que el
primero reconocía el control musulmán de la ciudad y el segundo se comprometía
a permitir la peregrinación cristiana.
Cuarta Cruzada. Comenzó en 1202 y culminó en 1204, pero no se dirigió
contra musulmanes sino contra otros cristianos. La intención inicial de esta
Cruzada era avanzar sobre Egipto para debilitar el control que ejercían desde allí
los musulmanes sobre Tierra Santa. Sin embargo, los cruzados tuvieron
dificultades para sufragar el viaje y fueron convencidos por las autoridades de la
República de Venecia, que habían reunido una onerosa flota para la expedición,
de conquistar la ciudad cristiana de Zara (en la actual Croacia) con la que
rivalizaban por el control del Adriático. También movidos por el interés de
asegurarse la predominancia comercial en el Mediterráneo oriental, los venecianos
persuadieron a los cruzados de atacar Constantinopla, la capital del Imperio
bizantino, cuyo emperador Alejo IV no había cumplido, además, su compromiso de
financiamiento de la expedición original. Los cruzados asediaron y conquistaron
Constantinopla en 1204 y la saquearon durante varios días. Luego proclamaron en
su lugar el Imperio latino de Constantinopla, que perduró hasta 1261.
Quinta Cruzada. Inició en 1217 y culminó en 1221. Se proponía derrotar al Estado
ayubí de Egipto, como vía hacia la reconquista de Jerusalén. Se reunió un gran ejército y se
lo puso al mando del rey Andrés II de Hungría y del duque Leopoldo VI de Austria por
iniciativa del papa Inocencio III y su sucesor Honorio III. Luego de capturar Damieta, en la
desembocadura del Nilo, los cruzados intentaron atacar El Cairo pero las fuerzas
musulmanas y las inundaciones del Nilo los obligaron a retirarse y a abandonar las
conquistas anteriores.
Sexta Cruzada. Tuvo lugar entre 1228 y 1229 a cargo de Federico II Hohenstaufen,
emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien había sido excomulgado por el
Papa por no haber marchado antes a Tierra Santa y, por lo tanto, emprendió la campaña sin
el aval papal. Las tensiones internas del Islam le permitieron al emperador germano
entablar negociaciones con el sultán de Egipto y Siria, al-Kamil, quien enfrentaba
conflictos políticos dentro de su vasto territorio. Así Federico II obtuvo Jerusalén, Belén,
Nazaret y otras ciudades a condición de permitir la permanencia y el libre tránsito de los
musulmanes.
Séptima Cruzada. Tuvo lugar entre 1248 y 1254, a cargo de Luis IX de Francia, una
vez que la tregua firmada al término de la Sexta Cruzada había vencido y los musulmanes
habían reconquistado Jerusalén en 1244. Los cruzados fueron derrotados en Egipto, al igual
que en la Quinta Cruzada, y fueron hechos prisioneros. Luis IX y sus tropas fueron luego
rescatados.
Octava Cruzada. En 1270, Luis IX reintentó la conquista de tierras musulmanas
desembarcando en Túnez con la intención de avanzar luego sobre Egipto, donde gobernaba
ahora el sultán mameluco Baibars. Pero contrajo disentería y murió a los pocos días.
Entonces el príncipe Eduardo de Inglaterra se sumó a los esfuerzos del fallecido Luis IX y
dirigió sus tropas hacia Palestina en lo que algunos consideran una Novena Cruzada, pero
este también fracasó en 1272. En adelante, los Estados cruzados fueron perdiendo
territorios frente al avance mameluco y dejaron de existir en 1291 (por esta razón, algunos
historiadores sitúan en este año el fin de las Cruzadas). El último reducto cruzado en la
región fue la isla de Arwad que fue conquistada por los mamelucos en 1302.
Desde que las universidades dan sus primeros pasos, quedan marcadas por
una serie de rasgos que van a definirlas durante los primeros siglos de su
experiencia. Dentro de dichos rasgos, podemos diferenciar entre aquellos que
determinan y explican su nacimiento y constitución, y aquellos otros
que delimitan y perfilan su ordenación y organización.
En el nacimiento y constitución de las universidades medievales hay
dos factores de primera importancia: como factor desencadenante, el movimiento
asociacionista que impulsa a profesores y alumnos a unirse, para luchar juntos
`por conseguir unos derechos que se les negaban, para defender
unos intereses comunes; pero también, y en segundo lugar, la
intervención de autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, que tuvieron la
clarividencia de apoyar a profesores y alumnos en aquella lucha por cambiar y
mejorar su situación.
Igualmente, la universidad medieval se caracteriza por poseer una organización
institucional interna específica, que se desarrolla sobre la base de dos grandes
modelos; el de la universidad de París, y el de la universidad de Bolonia. Dicha
organización se va a repetir con muy pocas variantes en la mayor parte de las
instituciones universitarias del Medievo
Las universidades medievales eran comunidades de los maestros y los
estudiantes (universitas) que, aunque tenían como principal función la enseñanza,
también se dedicaban a la investigación y producción del saber, generando
vigorosos debates y polémicas.
Las universidades medievales nacieron para formar profesionales
como teólogos, abogados y médicos
gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y
música.
Durante la Edad Media, la Iglesia actuó también como un referente cultural, guardando en
los monasterios todo el saber de la época, con la copia de libros por parte de los
monjes medievales, fundando las escasas escuelas que existían y, también, con su
inversión en arte para predicar la Palabra.
Bibliografía
Alcivar, M. (11 de Noviembre de 2020). Prezi. Obtenido de Prezi:
https://prezi.com/p/swqbmflaupzv/expansion-cultural-artistica-arquitectonica-y-
cientifica/
cedec. (13 de junio de 2016). cedec. Obtenido de cedec:
https://descargas.intef.es/cedec/proyectoedia/PMAR/contenidos/viaje_plena_edad_medi
a/La_iglesia_en_la_Edad_Media_y_el_arte_romanico.pdf
Gayubas, A. (1 de Agosto de 2018). Enciclopedia Humanidades. Obtenido de Enciclopedia
Humanidades: https://humanidades.com/cruzadas/#ixzz8ymvFqVpd
Los orígenes del islam se remontan al siglo VII en la península arábiga.
Según la tradición islámica, fue en esa época cuando el profeta Mahoma comenzó
a difundir su mensaje religioso entre los pobladores de la región. En esta región
vivían mayormente tribus y comunidades nómadas o seminómadas, como los
beduinos, y pequeñas poblaciones de agricultores que ocupaban los oasis del
norte o las zonas más fértiles del sur.
Estas poblaciones árabes tenían sus propias religiones politeístas, y compartían
en general como lugar de culto una ciudad sagrada, La Meca, donde veneraban el
pozo sagrado de Zamzam y el santuario de la Kaaba.
Durante sus primeras décadas, el islam se extendió rápidamente desde el noreste hasta
Mesopotamia y Persia; y al oeste hasta Siria, Palestina y Egipto (las provincias más ricas
del Imperio bizantino). El islam impactó en el mundo cristiano y greco-romano poco
después de la muerte de Mahoma.
La religión islámica tuvo su origen en la península de Arabia, situada en Oriente Medio.
Sus habitantes se dedicaban a la agricultura, a la gana- dería y al comercio. Adoraban a
muchos dioses y su principal centro religioso era La Meca. Mahoma nació en La Meca.
Al-Ándalus, como los invasores llamaron a los territorios que
habían conquistado y que comprendió, en un momento
determinado, casi toda la Península Ibérica, se convirtió en una
provincia del Califato Omeya con su capital en Damasco, Siria.
La conquista (711-722): A partir de la derrota de Guadalete, Tarik, y Muza, gobernador de
Ifriqiya, recorrieron la Península y conquistaron sin esfuerzo las grandes ciudades: Écija,
Jaén, Sevilla, Mérida y Toledo (713), Zaragoza (714) y la zona de Cataluña (716-719).
En 711 superan el estrecho de Gibraltar y logran llegar a la
península ibérica. Los musulmanes son detenidos en la batalla de
Covadonga en el año 722 en Covadonga, Asturias y en la batalla
de Poitiers, en el 732 en Poitiers, Francia.
Al-Ándalus se define como el complejo y cambiante sistema (político, económico,
social y cultural) instaurado en distintas partes de la Península como consecuencia
de la entrada de grupos árabes y bereberes en el siglo VIII (y hasta su disolución
definitiva en 1492), con la religión islámica como religión oficial.
La primera fase fue la conquista (711-714). La religión islámica llega a la
Península, a través del norte de África, como parte de un proceso de expansión
desde su fundación en Arabia en el siglo VII. Es introducida desde 711 por un
contingente reducido de árabes y bereberes (se calcula que en torno a 50 mil
personas en todo el siglo VIII) dirigido por Tarik, que derrota con sus tropas en la
batalla de Guadalete al rey visigodo Don Rodrigo, enfrascado y debilitado por una
lucha de poder con otros nobles visigodos. A partir de entonces se inicia un rápido
avance por toda la Península, a base de enfrentamientos y pactos con los nobles
locales. Otros nobles visigodos huyeron a las zonas montañosas del norte en las
que no habían entrado las tropas islámicas.
La segunda fase es la del emirato dependiente (714-756). Los territorios ganados
por las tropas islámicas pasan a ser una provincia o emirato del imperio islámico
(con capital en Damasco) y se sientan las bases de Al-Ándalus. Gran parte de la
población indígena se convierte al Islam [muladíes], aunque algunas mantienen su
religión (cristiana y judía) a cambio del pago de tributos [mozárabes]. Se producen
distintos enfrentamientos, sobre todo entre árabes y bereberes a la hora de
repartirse las tierras. En esta fase los caudillos islámicos intentan atacar a las
poblaciones de la Cordillera Cantábrica, en un encuentro poco claro llamado la
“batalla de Covadonga” (722), y además penetran en territorio franco, donde son
frenados por los que se convertirán poco después en carolingios.
La tercera fase fue el emirato independiente (756-929). Una parte de la familia que
dirigía el imperio islámico hasta 750, los Omeyas, huye de Damasco por una
guerra civil y se refugia en Al-Ándalus. La figura principal fue Abd-al-Rahman I,
convertido en emir independiente políticamente del nuevo imperio islámico (con
capital en Bagdad), si bien dependiente espiritualmente. Instauró la capital en
Córdoba, desde donde construye un estado fuerte.
Finalmente, la fase del califato de Córdoba (929-1031) supone la culminación de
ese proceso. Abd-al-Rahman III se proclama independiente en todos los terrenos
del califato de Bagdad, convirtiendo Al-Ándalus en una potencia económica y
cultural; muestra de ello son la mezquita de Córdoba y Madinat-al-Zahra. A fines
del siglo X, sin embargo, el poder de los califas se debilita en favor de caudillos
militares como Almanzor, temido en el territorio cristiano del norte por sus
saqueos. Tras su muerte se inicia un irreversible debilitamiento de la autoridad
central de Córdoba que conduce al final del primer gran ciclo de Al-Ándalus y que
se conoce con el nombre de fitna.
Bibliografía
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (s.f.). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Obtenido de
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-
invasin-rabe-los-rabes-y-el-elemento-rabe-en-espaol-0/html/00b64db8-82b2-11df-acc7-
002185ce6064_2.html#:~:text=La%20conquista%20(711%2D722)%3A,Catalu%C3%B1a
%20(716%2D719).
Gayubas, A. (1 de Agosto de 2018). Enciclopedia Humanidades. Obtenido de Enciclopedia
Humanidades: https://concepto.de/islam/#ixzz8ymzS9fy5