REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE EL SURGIMIENTO DEL SISTEMA
INTERAMERICANO DE PROTECCIÓN DE DERECHOS HUMANOS:
AVANCES, DESAFÍOS Y FUNDAMENTOS JURÍDICOS DESDE EL DERECHO
INTERNACIONAL
DIEGO PUERTO RODRÍGUEZ
FACULTAD DE DERECHO, POLITÉCNICO GRANCOLOMBIANO
24 de Junio de 2025
Introducción
La dignidad humana, como núcleo esencial del ordenamiento jurídico internacional,
exige estructuras efectivas de protección frente a violaciones sistemáticas de derechos
fundamentales. En este marco, el surgimiento del Sistema Interamericano de Protección
de Derechos Humanos (SIDH) constituye una de las respuestas más contundentes del
hemisferio occidental a las atrocidades cometidas por regímenes autoritarios, conflictos
armados internos y estructuras de impunidad profundamente arraigadas. Más allá de un
proceso político, el nacimiento del SIDH tiene un origen jurídico claro: la necesidad de
asegurar mecanismos regionales vinculantes de responsabilidad estatal y reparación
efectiva para las víctimas. Esta reflexión expone una postura académica sobre su
surgimiento y evolución, desde una mirada crítica, jurídica y constructiva, reconociendo
sus aportes transformadores al Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH),
así como los retos que persisten en el contexto latinoamericano.
1. Fundamento jurídico del surgimiento del SIDH
Desde la entrada en vigor de la Carta de la Organización de Estados Americanos
(OEA) en 1948 y, posteriormente, de la Declaración Americana de los Derechos y
Deberes del Hombre en el mismo año —incluso anterior a la Declaración Universal de
Derechos Humanos—, se evidenció una voluntad política y jurídica por parte de los
Estados americanos de institucionalizar mecanismos de protección más allá de sus
fronteras nacionales. La creación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH) en 1959 y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) de 1969
—también conocida como Pacto de San José— fueron hitos determinantes en la
consolidación del SIDH. El principio de jurisdicción internacional subsidiaria, recogido
en el artículo 46 de la CADH, establece que los mecanismos del sistema actúan en
defecto de una protección adecuada por parte del Estado nacional, permitiendo el acceso
a la Comisión y, en determinados casos, a la Corte Interamericana.
Este principio está íntimamente ligado al ius cogens en materia de derechos
humanos y al principio de responsabilidad internacional del Estado por hechos ilícitos. Es
decir, cuando el aparato estatal viola, permite o no previene la vulneración de derechos
reconocidos por tratados internacionales, incurre en responsabilidad jurídica
internacional, lo que activa mecanismos como los previstos en el SIDH. La Corte
Interamericana, en el caso “Velásquez Rodríguez vs. Honduras” (1988), estableció con
claridad esta doctrina, al señalar que el Estado no solo debe abstenerse de violar derechos
humanos, sino también adoptar medidas positivas para protegerlos y garantizar su
cumplimiento. Este estándar se ha replicado en numerosos fallos posteriores y ha sido
internalizado por muchas cortes constitucionales nacionales.
2. Rol transformador del SIDH en los ordenamientos nacionales
Uno de los aspectos más destacables del SIDH es su capacidad de incidencia
normativa y jurisprudencial en los sistemas jurídicos internos. No se trata de un simple
observador internacional, sino de un órgano interpretativo con autoridad moral y jurídica.
El desarrollo del control de convencionalidad, propuesto inicialmente por el juez García
Ramírez y luego consolidado por la Corte Interamericana en el caso “Almonacid
Arellano vs. Chile” (2006), obliga a los jueces nacionales a interpretar las normas
internas conforme a los tratados de derechos humanos ratificados por el Estado,
incluyendo la jurisprudencia internacional. Este principio es revolucionario, pues
introduce un mecanismo interno de armonización entre el derecho nacional y el derecho
internacional, sin necesidad de reformas constitucionales formales.
Además, el SIDH ha sido determinante en la ampliación y especificación de los
derechos protegidos. Por ejemplo, ha desarrollado estándares específicos para la
protección de pueblos indígenas (caso Saramaka vs. Surinam), personas LGBTI+,
mujeres víctimas de violencia de género (Campo Algodonero vs. México), niños y
adolescentes y víctimas del conflicto armado interno, adaptando el DIDH a las
particularidades sociales y estructurales de América Latina. La Corte ha reconocido el
derecho a la verdad, el deber de memoria histórica, la imprescriptibilidad de crímenes de
lesa humanidad, y ha declarado incompatibles con la CADH ciertas amnistías e indultos.
Así, el SIDH actúa como un mecanismo de justicia transicional, de reparación integral y
de consolidación del Estado constitucional de derecho.
3. Críticas y desafíos contemporáneos
A pesar de sus importantes logros, el SIDH enfrenta desafíos que no pueden ser
ignorados. Varios Estados han cuestionado su legitimidad, acusándolo de injerencia y
politización. Venezuela denunció la CADH en 2012 y otros países como Nicaragua y El
Salvador han puesto en entredicho la actuación de la CIDH, alegando sesgos ideológicos.
Estas críticas deben analizarse con cautela: muchas veces provienen de regímenes
autoritarios que buscan evadir el escrutinio internacional frente a graves violaciones. Sin
embargo, también existen críticas académicas serias que señalan problemas estructurales
como la falta de cumplimiento efectivo de las sentencias, retrasos procesales, duplicación
de funciones entre Comisión y Corte, y la dependencia financiera del sistema.
No obstante, considero que estos retos no deslegitiman al SIDH, sino que invitan a
una reforma progresiva y no regresiva. Es necesario fortalecer su independencia, dotarlo
de mayor capacidad ejecutiva y fomentar una cultura jurídica interna donde la protección
de los derechos humanos no dependa exclusivamente del ámbito internacional. Como ha
señalado Piovesan (2020), el SIDH no puede sustituir a los Estados, pero sí puede y debe
ser un factor de presión, acompañamiento y mejora estructural en las democracias
latinoamericanas. Su existencia constituye un recordatorio permanente de que ningún
poder es absoluto y que la dignidad humana no conoce fronteras.
Conclusión
Desde una perspectiva jurídica, el surgimiento del Sistema Interamericano de
Protección de Derechos Humanos fue no solo necesario, sino jurídicamente inevitable
ante el contexto histórico de violencias sistemáticas y negación de derechos en América
Latina. Su creación respondió al imperativo internacional de garantizar una protección
efectiva y subsidiaria frente a la insuficiencia de los sistemas judiciales nacionales. A lo
largo de su evolución, el SIDH ha transformado el panorama jurídico regional,
fortaleciendo el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y consolidando
estándares jurisprudenciales que obligan a los Estados a armonizar sus normativas con los
tratados suscritos. Si bien enfrenta tensiones, cuestionamientos y desafíos institucionales,
su existencia sigue siendo vital para la defensa de la dignidad humana, la lucha contra la
impunidad y la consolidación del Estado de derecho. Como estudiante de derecho y
futura abogada, mi postura es firme: el SIDH es una de las mayores conquistas jurídicas
del hemisferio, y su defensa es, a su vez, la defensa de los principios fundantes del
Derecho Internacional contemporáneo.
Bibliografía
García Ramírez, S. (2021). Control de convencionalidad y evolución del SIDH.
Anuario Mexicano de Derecho Internacional, 21(1), 97–122.
[Link]
Piovesan, F. (2020). Los derechos humanos en el siglo XXI y el futuro del SIDH.
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González, F. J. (2016). El Sistema Interamericano de Derechos Humanos: Avances
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Buergenthal, T. (2015). The Evolving International Human Rights System.
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Basch, F., & Bovino, A. (2022). Las reparaciones en el Sistema Interamericano:
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