UNIDAD II
SOCRATES (469-399a.c)
INTRODUCCION
En el contexto de este florecimiento cultural ateniense, la
emergencia de la figura de Sócrates (470-399 a.C.) ocupa un lugar
central para comprender la transformación de la filosofía griega en
particular, y la de la historia del pensamiento de Occidente en general.
Constituye un caso singular en la historia de la ideas, su vida es un
autentico misterio. Se sabe que nació cerca de Atenas sobre el año 470
a.C., procedente de una familia humilde. Tras recibir una educación
tradicional en literatura, música y gimnasia, el joven Sócrates se
familiarizó con la dialéctica y la retórica de los sofistas, probablemente
bajo el amparo de su maestro Arquelao. Durante aquel camino
formativo participó también como hoplita –soldado de infantería– en
algunas de las batallas decisivas contra Esparta en el marco de la
Guerra del Peloponeso. A su regreso, decidió entregar su vida entera a
la investigación filosófica, entendida como examen de sí mismo y de los
demás, y a la enseñanza gratuita de los jóvenes atenienses, o de
cualquier interlocutor que estuviera dispuesto a conversar con él en
mercados, palestras o tiendas atenienses. Gran conversador y paseante,
apasionado de la palabra, uno de sus discípulos, nadie menos que
Jenofonte, rememorará su talante en los siguientes términos:
Sócrates siempre estaba en público. Muy de mañana iba a los paseos y
gimnasios, y cuando la plaza estaba llena, allí se le veía, y el resto del
día siempre estaba donde pudiera encontrarse con más gente. Por lo
general, hablaba, y los que querían podían escucharle. Nadie vio nunca
ni oyó a Sócrates hacer o decir nada impío o ilícito.
METODO FILOSOFICO
Según Maritain, cumplió una tarea de enderezamiento,
impulsando a los helenos a apartarse del relativismo y del
nihilismo de los sofistas.
Al igual que los sofistas enseñaba en la vía publica, pero no
buscaba el éxito ni el aplauso, su enseñanza se encaminaba hacia
la búsqueda de la verdad, incitaba a sus discípulos a la reflexión,
procuraba que estos alcanzaran el conocimiento de las esencias.
Para Sócrates no había lugar para un relativismo, de ahí que buscara
un saber universalmente válido que rigiera en igual medida para todos
los seres humanos. En cierto modo, esa búsqueda remitía a preguntas
que, desde entonces, se han convertido en fundamentales e
irrenunciables en el seno del oficio filosófico, por ejemplo: ¿Hay algo
que sea permanente y común en las representaciones de los individuos?
O bien: ¿Existe un conocimiento estable de las cosas, que no dependa ni
de los sujetos, ni de sus cambiantes percepciones y opiniones?
*Su método filosófico, llamado IRONICO, se desarrollaba en forma de
dialogo, consistía en interrogar, hacer preguntas a su interlocutor,
sobre temas corrientes, de la vida, o casos particulares, de forma tal
que hagan descubrir al otro su propia ignorancia, o sea, demostraba al
otro que, en realidad, ignora lo que alardea de saber., y asi llegaba a la
MAYEUTICA; es decir conseguir que su oponente encuentre la verdad
por si mismo.
Por “mayéutica” debe entenderse, en líneas generales, el arte de
ayudar a dar a luz la verdad, de enseñar a alumbrar, a través del
camino compartido del diálogo, la verdad que siempre poseemos
de forma latente en nuestro interior
Mi arte es, en general, como el de las parteras, la única diferencia es
que mis pacientes son hombres, no mujeres y que mi trato no es con el
cuerpo sino con el alma, que está en trance de dar a luz (...) Algunos de
quienes frecuentan mi compañía parecen al principio muy poco
inteligentes; pero a medida que avanzamos en nuestras discusiones,
todos los que son favorecidos por el cielo hacen progresos a un ritmo
tal que resulta sorprendente tanto a los demás como a sí mismos, si
bien esta claro que nunca han aprendido nada de mí: las numerosas y
admirables verdades que dan a luz las han descubierto por sí mismos
en sí mismos. (Platón)
Con este método, expuso a muchos a vergüenza, por lo que fue
creándose enemigos, llegando a considerarle peligroso y revolucionario.
Según Aristóteles dos cosas se pueden atribuir a Sócrates: los
razonamientos inductivos y la definición de lo universal.
Inductivo, ya que partía de conceptos y definiciones particulares para
remontarse a lo general, esto es, a la búsqueda y al descubrimiento de
aquellas definiciones o conceptos universales que habitaban ya en el
interior de todo hombre, en el fuero interno –de su “alma”–, eso es algo
que Sócrates asumió como programa de sabiduría y de responsabilidad
individual en la célebre máxima inscrita en el frontispicio del templo de
Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”.
Resulta importante recalcar que los fines de este método socrático
siempre fueron de naturaleza ética y educativa, de modo que nos
encontraríamos, en última instancia, ante una indagación de naturaleza
moral comprometida con las instituciones y la realidad política de
Atenas. Prueba de ello sería su innegable interés por aquel discurso
filosófico que tenía por objeto el conocimiento de lo bueno y de lo malo,
de la justicia y de la virtud, etc. ¿Por qué? Porque alcanzar conceptos
morales de rango universal –intentar definir, por ejemplo, qué es la
justicia– no era sino la condición necesaria para saber conducirse de
una forma justa y, en consecuencia, vivir en una polis donde, más allá
de todo relativismo ético, pudieran compartirse ciertos criterios de
validez racionalmente consensuados para estar en condiciones de
juzgar desde un código moral imperante hasta una acción individual
concreta. Apostar por la constancia de los valores éticos y tratar de
fijarlos en definiciones universales que pudieran tomarse como guías y
normas del actuar humano implicaba que el bien individual y el bien
colectivo eran coincidentes, de ahí que la indagación sobre la esencia
de las cosas mediante el diálogo y el examen de sí mismo sumase
siempre en esa misma dirección convergente.
Su forma de morir también elevaría a la categoría de mito a este
enigmático personaje. Fue condenado a muerte. Aunque lo consideró
injusto, no quiso escapar cuando sus alumnos le prepararon la huida
y bebió la cicuta, demostrando una gran serenidad y poniendo en
práctica su teoría de que el primer deber del ciudadano es la
obediencia de la ley, aunque sea injusta.
El porqué de esta condena ha sido motivo de discusiones frecuentes, sin
haberse llegado a una conclusión definitiva. Hasta el siglo XIX se pensó
que fue víctima de los sofistas, sus enemigos más directos. Después se
creyó que Sócrates había suscitado la ira de los más reaccionarios,
acusándole de corruptor de la juventud y también que le pudieron
exigir cuentas por su colaboración con los aristócratas. Otros han visto
en su muerte una conducta fracasada. Con su muerte, se convirtió en
un mito, en un símbolo. Ha pasado a la historia como la representación
del sabio por excelencia.
Sócrates y los sofistas
Es conocido el antagonismo que hubo entre los filósofos sofistas y el
célebre Sócrates, primero de los grandes pensadores de la tradición
griega (y maestro, entre muchos, de Platón). Esta diferencia se
manifestaba en diferentes puntos de vista, y fue el pilar del
descrédito que después se les tendría a los sofistas. Entre dichas
diferencias podemos destacar:
Los sofistas cobraban por la enseñanza de sus saberes y el acceso
a “la verdad”, mientras que Sócrates pensaba que la verdad no po-
día enseñarse, y conversaba con cualquier ateniense que estuviera dis-
puesto.
Los sofistas poseían un saber enciclopédico y empleaban el
debate como método de enseñanza, mientras que Sócrates creía en
el diálogo (especialmente caminando, por eso se le apodaba el peripa-
tético), y las preguntas y respuestas orientadas como método de ense-
ñanza.
Para los sofistas, el cometido primordial era la persua-
sión del otro, mediante argumentos lógicos o argucias destinadas a
emocionar a su audiencia; mientras que Sócrates estaba firmemente
comprometido con la obtención de la verdad, por impopular que ésta
fuera.
En general, los sofistas eran críticos de la tradición religiosa
griega; mientras que Sócrates era devoto de la ley y se sentía fuer-
temente vinculado a Atenas y a sus tradiciones.
BIBLIOGRAFIA
1)Bonetto de Scandogliero- Juárez Centeno- Temas de Historia de las Ideas Políticas
2) Alberto Rodríguez Varela- Historia de las Ideas Políticas