“Del caudillismo a la inestabilidad: las lecciones que el
Perú aún no aprende”
Hoy revisamos la historia del Perú entre 1822 y 1847, y nos encontramos con un escenario que parece repetirse
una y otra vez. Presidentes que duraban meses, caudillos militares que competían por el poder y un país que
no lograba encontrar un rumbo claro. Figuras como Agustín Gamarra, Felipe Santiago Salaverry o Ramón
Castilla se convirtieron en protagonistas de guerras internas, mientras la población veía pasar gobiernos sin
sentir cambios reales en su vida diaria. El historiador Jorge Basadre describió ese periodo como una
“República sin ciudadanos”, porque los intereses de las élites militares estaban muy por encima de las
necesidades de la mayoría de indígenas, campesinos y afrodescendientes, quienes seguían excluidos del
proyecto republicano.
Esa inestabilidad tuvo un costo altísimo que terminó en un Estado débil, incapaz de garantizar servicios
básicos, y una ciudadanía desconectada de la política. No era raro que la gente viera al gobierno como algo
lejano o ajeno, que solo servía para competir por el poder. La democracia no podía consolidarse porque, en
realidad no se hallaba rastro alguno de democracia, había líderes, pero no instituciones, tan solo habitaban
ambiciones propias, pero no un proyecto nacional.
Si trasladamos esta mirada al presente, entre los años 2016 y 2025, las similitudes son inevitables. Hemos
tenido seis presidentes en menos de diez años: Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino,
Francisco Sagasti, Pedro Castillo y Dina Boluarte. Aunque ahora no son caudillos armados los que se imponen,
sí existen conflictos constantes entre el Congreso y el Ejecutivo. No se lucha con armas, pero sí con
destituciones, vacancias y enfrentamientos que terminan paralizando al país. La sensación de un gobierno sin
estabilidad, un gobierno que no responde, y un pueblo que cada vez queda aún más devastado por los
hechos.
El “vacío de poder” que en el siglo XIX se llenaba con pronunciamientos militares, hoy se expresa en
presidentes con baja legalidad y un Congreso que la mayoría desaprueba. La diferencia es que vivimos en
democracia, pero una democracia que parece frágil y poco representativa. Mientras tanto, la gente siente
que los problemas urgentes (educación, salud, inseguridad, trabajo digno) no son prioridad para sus
gobernantes. Esa ausencia alimenta la desconfianza, la indiferencia y la informalidad de nuestro país actual.
Lo más preocupante es que arrastramos un mismo problema desde los primeros años de la República: un
Estado que nunca logró integrar a todos los peruanos. Al igual que en el siglo XIX, todavía existen brechas
enormes entre las élites políticas y la población. La exclusión y la desigualdad siguen siendo heridas abiertas
que debilitan la democracia.
La gran lección que nos deja la historia es que no podemos seguir esperando “salvadores de la patria”. En el
siglo XIX fueron los caudillos; hoy, algunos creen que un líder fuerte puede solucionar todo. Pero lo que
realmente necesitamos son instituciones estables que representen seguridad, partidos responsables y
ciudadanos comprometidos. Un país no se construye con nombres, sino con reglas claras, justicia
independiente y un Estado que considere a cada uno de nosotros.
El futuro del Perú depende de romper ese círculo de inestabilidad que nos persigue desde hace dos siglos.
Solo podremos superarlo cuando entendamos que la democracia no es un espectáculo de políticos, sino un
pacto colectivo donde cada ciudadano habla y demuestra parte de sí mismo. Y ahí está la clave. Más que
esperar líderes beneficiosos, debemos exigir instituciones que nos representen y que respondan a nuestras
necesidades reales aplicando un gobierno justo y democrático, que inspire confianza y seguridad de
expresión.
LECCIONES PARA LA
DEMOCRACIA
El Congreso fue disuelto y se concentró el poder en una sola persona.
Hecho histórico del pasado
En abril de 1992, el entonces presidente Alberto
Fujimori dio un Golpe de Estado: disolvió el Congreso,
intervino el Poder Judicial y asumió un poder absoluto.
Este hecho marcó un retroceso democrático y generó
división en la sociedad peruana.
Consecuencia
Debilitamiento de la democracia: se rompió el
equilibrio entre poderes del Estado.
Vulneración de derechos ciudadanos: se restringieron
libertades individuales y colectivas.
Corrupción y autoritarismo: el poder sin control
facilitó abusos y falta de transparencia.
Desconfianza social: gran parte de la población perdió
fe en las instituciones.
Lecciones para la democracia actual
Hoy sabemos que:
La democracia necesita instituciones sólidas que no
dependan de una sola persona.
Los ciudadanos deben vigilar al poder mediante la
participación política y la protesta pacífica.
La educación cívica es esencial para que las nuevas
generaciones valoren la libertad y la justicia.
El respeto a la Constitución es la base para evitar
abusos y preservar la paz social.
“Los golpes de Estado destruyen, la democracia construye.”
Cuadro de doble entrada
1822 – 1847 (Primeros
2016 – 2025 (Gobiernos
Aspectos gobiernos de la
actual
República)
Elecciones
Forma de acceso al Golpes militares, rebelión
democráticas, pero con
poder y caudillos.
crisis de validez.
Alta rotación y 6
Inestabilidad Presidentes derrocados o
presidentes en menos
política de muy corta duración.
de 10 años.
Enfrentamientos entre
Guerras civiles,
Congreso y Ejecutivo,
Tipo de conflicto enfrentamientos armados
vacancias, y protestas
entre caudillos.
sociales.
Presidentes elegidos,
Liderazgos impuestos por
Legitimidad del pero con baja
la fuerza, y poca
gobierno aprobación y escasa
aceptación ciudadana.
confianza.
Muy limitada de Voto universal, mayor
Participación indígenas, campesinos, participación, pero con
ciudadana afrodescendientes y crisis de
mujeres excluidos. representación.
Frágiles, recién formadas, Existen, pero debilitadas
Instituciones
sin continuidad. y con poca credibilidad.
Estado con más
País empobrecido tras la
Contexto social y recursos, pero con
independencia, sin unión
económico desigualdad, corrupción
social.
y desconfianza.
A pesar de la crisis,
Duración y Gobiernos inestables, y
existe unión
continuidad del ausencia de proyecto
institucional y un
Estado nacional.
marco constitucional.