Sentencia - Violencia Del Padre A La Madre
Sentencia - Violencia Del Padre A La Madre
De folios 168 a 171, obra la apelación interpuesta por el demandante Denis Christian Gutiérrez
Conislla, a fin de que la sentencia sea revocada y declara infundada en todos sus extremos,
señalando básicamente lo siguiente:
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3.1. El artículo 364° del Código Procesal Civil, prescribe que: “El recurso de apelación tiene por
objeto que el órgano jurisdiccional superior examine, a solicitud de parte o de tercero legitimado,
la resolución que les produzca agravio, con el propósito de que sea anulada o revocada, total o
parcialmente”; asimismo, en su artículo 366° se señala: “El que interpone apelación debe
fundamentarla, indicando el error de hecho o de derecho incurrido en la resolución,
precisando la naturaleza del agravio y sustentando su pretensión impugnatoria”1. El recurso de
apelación tiene por objeto que el órgano jurisdiccional superior examine, a solicitud de parte o de
tercero legitimado, la resolución que le cause agravio, con el propósito de que sea anulado o
revocado, total o parcialmente; pero se tiene en cuenta que si bien es verdad que el Juez
Superior tiene la facultad de poder revisar y decidir sobre todas las cuestiones propuestas y
resueltas por el Juez inferior, sin embargo la extensión de sus poderes solo alcanza a conocer
los agravios que afecten al apelante.
Análisis: antecedentes
3.2. Mediante escrito de fojas 18 a 34, subsanado a fojas 40, el señor Denis Christian Gutiérrez
Conislla interpone demanda contra Yomar Faviola Maldonado Tapia, sobre tenencia compartida,
solicitando como pretensión principal que se ordene la tenencia compartida de sus menores hijos
Dylan Gael Gutiérrez Maldonado y Leandro Eugenio Gutiérrez Maldonado, con su progenitora
Yomar Faviola Maldonado Tapia, fundamentándola básicamente en los siguientes hechos:
Señala que inició una relación de convivencia con la demandada, Yomar Faviola Maldonado
Tapia, en septiembre de 2017, de la cual nacieron sus dos hijos, Dylan Gael y Leandro
Eugenio. Manifiesta que en octubre de 2022 se retiró del domicilio familiar, pero afirma que
nunca desatendió sus obligaciones como padre.
Sostiene que, en marzo de 2023, la demandada se presentó en su domicilio con la intención
de dejar a los menores a su cuidado. A raíz de esto, intentaron formalizar la situación en un
centro de conciliación; sin embargo, alega que la Sra. Maldonado se retractó del acuerdo
cuando se mencionó que ella debería aportar una pensión de alimentos, y 15 días después
se llevó a los niños nuevamente. Tras este evento, él continuó proveyendo para sus hijos,
primero mediante transferencias de dinero y luego, al notar que supuestamente los fondos no
1 Debe tenerse presente que: “En virtud del aforismo brocardo (sic) tantum devolutum quantum appellantum, el órg ano judicial revisor que
conoce de la apelación sólo incidirá sobre aquello que le es sometido en virtud del recurso. En la segunda instancia, la pretensión del apelante
al impugnar la resolución, es la cuestión sobre la que debe versar el recurso.” Cfr. Casación No. 1203-99-Lima, Publicada en El Peruano el 06
de diciembre de 1999, pág. 4212. En: Código Civil y Otros. Exposición de Motivos, Concordado, Sumillado, Jurisprudencia, Notas. Jurista
Editores, Cuarta Edición, Lima (Junio) 2004, pág. 577.
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se destinaban a la alimentación, optó por comprar él mismo los víveres, lo que, según él,
incomodó a la demandada.
Afirma que, en marzo de 2024, la madre le entregó nuevamente a los niños para que él
asumiera su cuidado y todos sus gastos, argumentando que no podía con ellos y que los
víveres no eran suficientes. Durante este período, el demandante describe haber establecido
una rutina diaria para los menores, que incluía llevarlos por la mañana a casa de su madre
para que su hermana los cuidara, luego al jardín de niños, y por la tarde recogerlos para
realizar actividades recreativas y deportivas, como la inscripción de su hijo Dylan en una
academia de fútbol.
Un punto central de la demanda es el incidente de salud de su hijo Dylan, quien fue
hospitalizado del 11 al 15 de julio de 2024. El demandante alega que la madre se mostró
desinteresada durante la hospitalización, visitándolo poco y argumentando motivos laborales.
Afirma que, tras el alta, le informó a la Sra. Maldonado sobre una cita de control médico para
el niño el 22 de julio, a la cual ella no lo llevó, hecho del que se enteró por llamadas del
propio hospital.
Finalmente, el demandante relata que el 16 de julio de 2024, al ir a recoger a sus hijos, la
demandada se negó a entregárselos, manifestando su derecho como madre a tenerlos
consigo. Este hecho lo motivó a buscar nuevamente una conciliación, que resultó infructuosa,
y posteriormente a interponer la presente demanda de tenencia compartida, argumentando
que es deber del Estado fomentarla y que la presencia de la figura paterna es fundamental
para el desarrollo emocional y de identidad de los niños.
3.3. Admitida la demanda mediante resolución N° 02 de fecha 21 de agosto de 2024, obrante a fojas
41, se corrió traslado de la demanda, con conocimiento del Ministerio Público, misma que fue
absuelta por la demandada mediante escrito de fojas 75 a 84, subsanado a fojas 89, contestando
la demanda solicitando que se declare infundada, fundamentando básicamente en lo siguiente:
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Niega rotundamente haber entregado a sus hijos de forma permanente. Aclara que el
período en que los niños estuvieron con su padre fue por "solamente quince (15) días" y
se debió a una solicitud de ayuda por razones "estrictamente de trabajo", ya que ella se
encontraba en proceso de mudanza de su local comercial. Afirma que durante ese breve
lapso los niños se enfermaron, uno fue mordido por un perro y mostraron "notables
cambios de comportamiento", lo que denota un cuidado deficiente por parte del padre.
Uno de los fundamentos centrales de la defensa es el presunto comportamiento violento
del demandante. La Sra. Maldonado afirma que durante la convivencia sufrió "agresiones
físicas y Psicológicas las que han sido denunciados en su oportunidad". Más importante
aún, sostiene que su hijo mayor, Dylan, le manifestó de manera expresa que no quería ir
con su padre porque "lo pega, lo grita fuerte, y lo asusta". Basa su negativa a entregar a
los niños en estas ocasiones en la propia voluntad de ellos, para proteger su bienestar.
Cuestiona la capacidad del padre para cuidar a los menores, señalando que durante el
tiempo que estuvieron con él, quien realmente "los atendía era su hermana". Argumenta
que el demandante no tenía tiempo para atenderlos personalmente, generando
inestabilidad al tener que trasladarlos "a diario del domicilio del demandante hasta la casa
de su señora madre". Sostiene que este arreglo no es favorable para los niños, quienes
siempre han vivido y se han desarrollado en su hogar materno.
Legalmente, la defensa invoca el Artículo 97° del Código de los Niños y Adolescentes, el
cual establece que "El demandado por alimentos no puede iniciar un proceso posterior de
Tenencia, salvo causa debidamente justificada", argumentando que el demandante no ha
probado dicha causa. Pese al conflicto, la Sra. Maldonado manifiesta su disposición a que
el padre mantenga el vínculo con sus hijos y propone un acuerdo: que los menores
permanezcan bajo su custodia de lunes a viernes, y que pasen con el demandante los
sábados, domingos y las vacaciones escolares.
3.4. Mediante resolución N° 05 de fecha 16 de setiembre de 2024, obrante a fojas 96, se tiene por
contestada la demanda y se fijó fecha para la audiencia única, siendo que dicha diligencia fue
llevada a cabo el 21 de octubre de 2024, conforme se aprecia del acta de fojas 104 a 110,
posteriormente, se remitieron los actuados a despacho fiscal para emitir el dictamen
correspondiente, mismo que se encuentra contenido en el escrito remitido por la Primera Fiscalía
Provincial de Familia de Ucayali a fojas 144 a 152, opinando que se declare fundada, acto
seguido, mediante resolución N° 11 de fecha 04 de marzo de 2025, se ingresaron los autos a
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despacho para sentenciar, emitiéndose sentencia que declara, entre otros, desestimar la
demanda, contenida en la resolución N° 12, de fecha 17 de marzo de 2025, obrante a fojas 157
a 164, resolución que fue recurrida por la parte demandante y que hoy es materia de
pronunciamiento cuya fundamentación se detalla a continuación.
3.5. Como punto de partida, de la revisión del recurso de apelación se advierte que el recurrente,
sostiene como principal agravio que la sentencia de primera instancia le otorga un valor
determinante a una declaración de su menor hijo obtenida en otro proceso. Según alega, dicha
declaración fue consecuencia de una denuncia formulada por la demandada con la única
finalidad de obtener un resultado favorable en este caso. Alega que la decisión de declarar
infundada su pretensión se basa en este hecho, dejando de lado el interés superior del niño y sin
valorar adecuadamente las pruebas ofrecidas por su parte. En consecuencia, corresponderá a
esta Sala Superior examinar si, efectivamente, la resolución recurrida incurre en los errores de
hecho y vicios de motivación que se le atribuyen.
3.6. Que, conforme al artículo 139°, inciso 5, de la Constitución Política del Perú, toda resolución
judicial debe encontrarse debidamente motivada, siendo un deber ineludible del juzgador emitir
un pronunciamiento razonado, lógico y coherente, que no solo aborde los hechos alegados por
las partes, sino que también valore de manera conjunta y razonada los medios probatorios
válidamente actuados en el proceso. Esta exigencia constitucional se encuentra intrínsecamente
vinculada a los principios del debido proceso, la tutela jurisdiccional efectiva y el derecho
fundamental a la prueba, garantizando que las decisiones judiciales no sean fruto de la
arbitrariedad, sino de una aplicación racional del derecho. Precisamente, la función revisora de
esta instancia superior consiste en verificar el cumplimiento de este deber, asegurando que la
valoración de los hechos y las pruebas se haya realizado con arreglo al interés superior del niño,
principio rector en la materia.
3.7. En el caso de autos, la decisión del Juez A-quo de declarar infundada la demanda de tenencia
compartida y, en consecuencia, mantener la tenencia exclusiva a favor de la madre, no es una
conclusión arbitraria. Por el contrario, es una aplicación motivada de la excepción prevista en la
regla general establecida en el artículo 81° del Código de los Niños y Adolescentes, modificado
por la Ley N° 31590. Dicho artículo establece textualmente que:
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"Cuando los padres estén separados de hecho, la tenencia de los niños, niñas o
adolescentes es asumida por ambos padres, excepto que no sea posible o resulte
perjudicial para el menor. Los padres en común acuerdo y tomado en cuenta el parecer
del niño, niña o adolescente determinarán la forma de la tenencia compartida, de ser el
caso, se formalizará con una conciliación extrajudicial. De no existir acuerdo, el juez
especializado debe otorgar, como primera opción, la tenencia compartida, dictando las
medidas necesarias para su cumplimiento, pudiendo excepcionalmente disponer la
tenencia exclusiva a uno de los padres, salvaguardando en todo momento el interés
superior del niño, niña y adolescente".
3.8. Esta Sala reconoce que la reciente modificación del artículo 81° del Código de los Niños y
Adolescentes, que establece la tenencia compartida como regla general, constituye un avance
significativo. Sin embargo, este Colegiado considera imperativo establecer que el derecho de un
progenitor a la tenencia compartida no es un fin en sí mismo, ni puede ser interpretado como un
derecho absoluto e incondicional. Dicho derecho se encuentra subordinado al derecho
fundamental y prevalente de todo niño a un desarrollo integral en un entorno libre de violencia,
temor y coacción. La tenencia compartida es una herramienta para materializar el bienestar del
niño, no un derecho de los padres que pueda ser ejercido a costa de la seguridad emocional y
física de sus hijos. Por ello, cuando, como en el presente caso, existen elementos probatorios
objetivos -y no meras suposiciones- que configuran un factor de riesgo (como rasgos de
agresividad validados pericialmente y el propio testimonio del menor), la labor del juzgador no es
forzar una coparentalidad disfuncional, sino ejercer su rol tuitivo y activar los mecanismos de
protección que la propia ley prevé.
3.9. En este escenario, la tenencia exclusiva no es un castigo para un progenitor, sino la garantía de
paz para el niño. En el presente caso, a diferencia de un escenario de meras alegaciones
contrapuestas, se encontraron elementos probatorios objetivos y preocupantes, tales como: (i) El
Informe Psicológico N° 13, a fojas 136 a 138, practicado al demandante Denis Christian
Gutiérrez Conislla, que concluye que este "es un hombre con rasgos de agresividad e
impulsividad"; (ii) La declaración referencial del menor Dylan Gael, a fojas 91 a 92 , quien afirmó
que su padre "me gritaba y me pegaba"; y (iii) El historial de conflicto, siendo el primer elemento
objetivo que desvirtúa la existencia de un entorno cooperativo es la Denuncia por Abandono de
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Hogar del 13 de septiembre de 2022, obrante a fojas 49, en dicha acta, la demandada dejó
constancia policial de que el demandante se retiró del domicilio convivencial, un hecho que
marca el inicio fáctico de la ruptura familiar y que contradice la narrativa de una separación
puramente cordial, el segundo indicio y más grave aún, es la Denuncia por Violencia Física y
Psicológica del 22 de diciembre de 2022,a fojas 50 a 51, según consta en el acta, la
demandada denunció haber sido víctima de una agresión en la que el demandante "le lanza un
golpe de puño en su nariz que hizo que saliera sangre, seguido de ello le empujo (...) hacia la
cuneta". Este antecedente no puede ser minimizado, pues constituye un indicio razonable del
entorno de conflicto al que estarían expuestos los menores y se alinea directamente con los
"rasgos de agresividad e impulsividad" advertidos posteriormente en la pericia psicológica del
apelante. Por lo tanto, la resolución recurrida no ignora la ley, sino que aplica razonadamente la
excepción que esta contempla.
3.10. El apelante, don Denis Christian Gutiérrez Conislla, alega que la Juez A-quo valoró de forma
indebida las pruebas, favoreciendo la tesis de la demandada. Sin embargo, un análisis de la
sentencia recurrida revela que la decisión no se basó en meras afirmaciones de la madre, sino
en una valoración conjunta y razonada de medios probatorios objetivos que resultaron
determinantes para la Juez.
3.11. Si la A-quo hubiese desestimado sin más los argumentos del padre, no habría procedido a un
análisis tan detallado de las pericias psicológicas ni de las declaraciones de los menores. Por el
contrario, la sentencia demuestra haber ponderado los argumentos de ambas partes, pero
concluyó que la evidencia que apuntaba a un riesgo para los niños era contundente.
3.12. Un criterio fundamental que esta Sala considera para resolver la presente controversia, es la
conducta procesal de las partes, la cual puede ser indicativa de su disposición para priorizar el
bienestar de los hijos por encima de sus intereses personales. En ese sentido, de lo actuado en
el proceso se observa que la postura de la demandada, doña Yomar Faviola Maldonado Tapia,
ha sido consistente en la protección de la estabilidad y seguridad de los menores. Su negativa a
aceptar una tenencia compartida en la etapa de conciliación extrajudicial y durante el proceso, no
se fundamentó en un derecho maternal personalísimo, sino en una preocupación concreta por el
bienestar de sus hijos, basada en el presunto maltrato que el menor Dylan le manifestó ("su papá
lo pega, lo grita fuerte, y lo asusta") y en el historial de conflicto familiar previamente indicado.
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3.13. Esta Sala considera que dicha postura, lejos de ser un obstáculo injustificado, fue una
manifestación de su rol protector como madre, dicha preocupación encontró posterior
corroboración en los resultados de las pericias ordenadas por el juzgado, específicamente en el
citado Informe Psicológico N° 13, antes glosado que advirtió "rasgos de agresividad e
impulsividad" en el demandante. En consecuencia, no se enfrentaron a una simple divergencia
de voluntades, sino que se presentó una situación donde la negativa de una de las partes a la
tenencia compartida se sustentaba en indicios de riesgo que el propio proceso judicial terminó
por objetivar, esto hizo imperativa una decisión que, en aplicación de la excepción legal,
garantizara la seguridad y estabilidad emocional de los niños por sobre la regla general de la
tenencia compartida.
3.14. Si bien el Ministerio Público, en su rol de garante de los derechos del niño, emitió un dictamen
inicial en primera instancia, a fojas 144 a 152, opinando que se declarara fundada la demanda de
tenencia compartida, empero esta Sala advierte que dicha opinión se basó en un análisis
preliminar de los escritos postulatorios. El A quo, en cambio, formó su convicción tras la
actuación de pruebas determinantes que no habían sido valoradas en ese momento, como las
pericias psicológicas y la opinión directa de los menores, la correcta ponderación del Juez se ve
reforzada por el hecho de que, una vez que el proceso fue elevado en apelación, la Primera
Fiscalía Superior de Familia, con una visión completa de todos los actuados, emitió un dictamen
con una conclusión diferente. En su pronunciamiento final, la Fiscalía Superior obrante a fojas
194 a 198, opinó que la sentencia que declara infundada la demanda debía ser confirmada,
dicha Fiscalía Superior fundamentó su postura en la misma evidencia que la Juez A-quo: el perfil
psicológico del demandante que denota "rasgos de agresividad e impulsividad", el claro apego
de los menores a su madre, y el historial de conflicto familiar. Por tanto, lejos de existir una
contradicción, lo que se aprecia es una evolución del criterio fiscal que, al contar con la totalidad
de las pruebas, termina por validar la decisión del Juez de proteger el interés superior de los
niños mediante la tenencia exclusiva.
3.15. Respecto a la opinión del menor, el artículo 85° del Código de los Niños y Adolescentes
establece que "El juez especializado debe escuchar la opinión del niño y tomar en cuenta su
parecer". Lejos de obviar este mandato, el A-quo fue particularmente meticuloso en recabar y
valorar la perspectiva de los menores Dylan Gael (de 6 años) y Leandro Eugenio (de 4 años), en
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ese sentido, el A quo no basó su decisión en las percepciones contrapuestas de los padres, sino
que fundamentó su convicción en prueba objetiva y directa obtenida a través de dos canales
cruciales. En primer lugar, los Informes Psicológicos que son concluyentes, el informe de
Leandro Eugenio, obrante a fojas 130 a 131, donde en su apartado “Personalidad” se consignó
que el menor manifiesta un "evidente apego hacia su figura materna", mientras que el de Dylan
Gael, véase fojas 126 a 128, donde en su apartado “Personalidad” se consignó que manifiesta
su "apego hacia su figura materna", también se verifica que en el apartado “Conclusiones”
precisa que, si bien disfruta el tiempo con su padre, "desea pasar más tiempo en su casa
materna". En segundo lugar, esta evidencia pericial fue corroborada directamente, en la
entrevista reservada durante la Audiencia Única, obrante a fojas 104 a 110. En ella, Leandro
Eugenio (04), descrito como un niño con "mucho apego a su mamá”, expresó que siente "mucho"
cariño por parte de su madre y solo "poquito" por parte de su padre. Por su parte, Dylan Gael
(06), con mayor capacidad para expresarse en su informe psicológico N° 512 obrante a fojas 126
a 128, en la parte pertinente “antecedentes familiares”, señala que al ser preguntado
directamente con quién le gustaría estar más, respondió de forma inequívoca: "mi mamá".
3.17. Finalmente, los argumentos del apelante sobre su idoneidad parental, como el haber establecido
una rutina o inscrito a su hijo en una academia deportiva, no logran desvirtuar los elementos de
riesgo que se han identificó en autos. La controversia en este caso no radica en la capacidad
económica o en la existencia de una red de apoyo familiar, sino en la idoneidad conductual
para ejercer una coparentalidad saludable. La tenencia compartida exige una capacidad de
amor, cuidado y, fundamentalmente, de autocontrol y respeto mutuo. Al haberse demostrado en
autos, como se ha desarrollado en los considerandos precedentes, una situación de riesgo y
perjuicio concreto para los menores —sustentada en el perfil psicológico del padre, la
declaración del niño y los antecedentes de conflicto—, la decisión de la Juez de aplicar la
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3.18. El apelante se agravia al considerar que la sentencia minimiza su rol como padre. Sin embargo,
un análisis del fallo revela que el A quo no invalidó su figura paterna, sino que ejerció un rol
protector ante una situación de riesgo, toda vez que si el A-quo hubiese ignorado las pruebas
actuadas, habría amparado la tenencia compartida solicitada o la opinión inicial del fiscal de
primera instancia, al desestimar dicha opción y optar por la tenencia exclusiva a favor de la
madre, la Juez implícitamente reconoce que, si bien ambos progenitores son importantes, el
entorno que actualmente provee la madre es el que mejor garantiza la seguridad y estabilidad de
los niños, por tanto, la decisión, lejos de castigar al padre, prioriza la protección de los menores y
valida el rol de la madre como figura de principal apego y seguridad en el presente contexto.
3.19. Es imperativo señalar que esta decisión se enmarca en normas de mayor jerarquía. El artículo 4°
de la Constitución Política del Perú y el artículo IX del Título Preliminar del Código de Niños y
Adolescentes consagran el Principio del Interés Superior del Niño. Este principio obliga al
juzgador a adoptar la decisión que garantice el entorno más favorable para el desarrollo integral
del niño. En el presente caso, dicho entorno no se traduce en forzar la presencia continua de
ambos padres en un régimen compartido, sino en asegurar un ambiente libre de conflicto,
temor y agresión, por ello, garantizar la integridad física y psicológica de los niños,
manteniéndolos en el hogar que reconocen como seguro, es la correcta materialización de este
principio.
3.20. Finalmente, esta Sala considera que la finalidad de un proceso de tenencia es sentar las bases
para una coparentalidad responsable; sin embargo, esta no puede imponerse a costa de la
seguridad de los menores, la decisión de mantener la tenencia exclusiva materna, con un
régimen de visitas claro para el padre, es la medida idónea para garantizar el vínculo paterno-
filial en un marco de seguridad. En conclusión, los agravios expuestos por el apelante carecen
de sustento fáctico y jurídico. La sentencia recurrida se encuentra debidamente motivada,
habiendo valorado las pruebas presentadas por ambas partes y aplicado correctamente la
excepción prevista en la normativa vigente que, si bien privilegia la tenencia compartida,
antepone siempre la seguridad y el Interés Superior del Niño. La decisión se sustenta en
evidencia contundente —pericial, testimonial y documental—, concluyendo de manera razonable
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que el régimen de tenencia exclusiva a favor de la madre es la medida que mejor garantiza el
derecho fundamental de los niños Dylan Gael y Leandro Eugenio a crecer en un entorno estable
y seguro. Esta opinión es compartida por el Ministerio Público.
IV. DECISIÓN
Fundamentos por los cuales la Sala Especializada en lo Civil y Afines de la Corte Superior de Justicia
de Ucayali, RESUELVE:
2. Notifíquese y Devuélvase.
Sres.
BERMEO TURCHI (PDTE.)
MEDINA NAVARRO
CHIPANA DIAZ
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