ÁREA DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES ESRN N°35 1
- TRABAJO PRÁCTICO N° 3 -
PRIMER CUATRIMESTRE - AÑO 2025
TRABAJO PRÁCTICO N°4 5TO AÑO
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Segundo Cuatrimestre 2024
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Agrupamientos: 5TO AÑO TM Y TT
Docentes: CAZON,
Salinas Daiana;
Tania, Orellana Rebeca,
TEJERINA, Alfredo Tejerina
I; RICCI, Alfredo, Mariana Moroni,
Paola; GONZALEZ, Miguel; Anabella
SALINAS,Codina,
Tania; Erika
Forman, Sandra
PAEZ,Ramírez,
Carolina;González
FORMAN,Miguel, Páez Carolina.
Erika; RAMIREZ, Sandra.
Saberes:
● El análisis y la interpretación de las redes y flujos de transporte y circulación de bienes, servicios,
personas, capitales e información en el contexto de la economía globalizada y de los procesos de
integración regional (atendiendo a su vinculación con el aumento de la desigualdad en términos
globales y a la problemática de los refugiados y migrantes).
● El análisis de los procesos de producción y consumo cultural, atendiendo a las nuevas formas de
socialización y subjetivación que generan las redes materiales e inmateriales en la sociedad de la
información y control.
Propósitos: Propiciar situaciones de aprendizaje que promuevan:
● El análisis crítico del texto “Comiendo Papas Fritas Baratas” reconociendo los conceptos más
importantes que plantea.
● La identificación de las ideas principales del texto
● La comprensión de las diferentes consecuencias de la globalización.
● La comparación de las condiciones laborales del país asiático con la situación laboral en
Argentina.
Criterio de corrección (esto es lo que vamos a tener en cuenta cuando te corrijamos):
● Que hayas desarrollado la actividad completa de manera individual, usando tu propia redacción y
el material que nosotros te aportamos.
● Que puedas explicar, definir, relacionar, sintetizar, comparar a partir de las ideas centrales del
texto.
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Comiendo papas fritas baratas1Michael W. Apple2
El sol se reflejaba en el techo del pequeño automóvil mientras recorríamos la ruta de mano única. La idea del
invierno parecía muy remota en este pequeño país asiático por el cual tengo un gran aprecio.
A medida que avanzábamos por aquella carretera rural, mi mirada fue atraída hacia un costado de la ruta. De
repente, en uno de aquellos acontecimientos casi accidentales que aclaran y cristalizan lo que la realidad es
realmente, mi mirada se detuvo sobre un objeto aparentemente sin importancia. A intervalos regulares había
pequeñas placas de señalización clavadas en la tierra a escasos metros de la carretera. La imagen de las placas
me era mucho más familiar. Llevaban la insignia de uno de los restaurantes más famosos de FAST FOOD
(comida rápida) de los Estados Unidos. Transitamos muchos kilómetros pasando por terrenos aparentemente
desiertos a lo largo de una planicie hirviente. Los carteles se sucedían uno tras otro, cada uno de ellos era la
réplica del precedente: todos tenían, más o menos, medio metro de altura. No se trataba de outdoors. Ellos
difícilmente existen en esas pobres regiones rurales. Por el contrario, eran exactamente (¡exactamente!)
iguales a las pequeñas placas que se pueden encontrar cerca de los campos del Medio Oeste norteamericano y
que indican el tipo de semilla de maíz que cada agricultor sembró en su propiedad.
Formulé a la conductora —una amiga cercana y ex alumna mía en Wisconsin— una pregunta que se reveló
de cierta ingenuidad, aunque crucial para mi propia educación. ¿Por qué esos carteles del **** están allí? ¿Hay
uno de esos restaurantes aquí cerca? Mi amiga me miró sorprendida. “Michael, ¿no sabes lo que esos carteles
significan? No hay restaurantes occidentales en un radio de ochenta kilómetros a la redonda. Estas placas
representan exactamente la injusticia de la educación en este país. Escucha, por favor, lo que voy a contarte”.
Y yo la escuché.
Se trata de una historia que dejó en mí una marca indeleble porque
condensa, en un único conjunto importante de experiencias históricas, las
relaciones entre nuestras luchas como educadores/as y militantes y las
formas a través de las cuales el poder actúa de forma diferencial en la
vida cotidiana.
A pesar de todo, resulta crucial escuchar esta historia. Escúchenla.
El gobierno nacional decidió que la atracción de capitales extranjeros
era fundamental para su propia sobrevivencia3. Traer norteamericanos,
alemanes, británicos, japoneses y otros inversores externos permitiría la
creación de empleos, inyectaría un importante volumen de capitales
disponibles para inversiones y transformaría a la nación, tornándose más
competitiva para ingresar rápidamente en el siglo XXI. Una de las formas
mediante las cuales el gobierno, dominado por los militares, había planificado hacer esto, fue colocar parte de
sus esfuerzos en el reclutamiento de agro-business (negocio agrario). Orientado por este objetivo, el gobierno
ofreció vastas extensiones de tierra a muy bajo costo, de acuerdo con intereses internacionales, en el área
1
Adaptación para 5to año de nivel secundario del texto “Comiendo papas fritas baratas” (2003) de Michael Apple.
En Cultura, política y Currículo.
2
Profesor de la Escuela de la Educación de la Universidad de Wisconsin, Madison. Estados Unidos. Ha seguido la
línea de la pedagogía crítica. Entre sus principales obras se encuentran Ideología y Currículo; Educación y poder,
Cultural Politics and Education.
3
Reconozco que al no nombrar el país de esta historia corro el riesgo de esencializar “Asia”. Esto puede hacernos
creer que todos los países “asiáticos” están unidos en una única representación, sin que exista ninguna diferencia
entre ellos. De hecho, este riesgo ideológico existe. Sin embargo, dada la precariedad de la situación política en aquel
país y la posible amenaza a los/las colegas que han cuestionado políticas gubernamentales como las que describo
aquí, pienso que, en este caso, es mejor equivocarse con la cautela y dejar en el anonimato tanto a la nación como a
su pueblo.
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de los negocios agrícolas. De particular importancia para la zona que atravesábamos era el hecho de que gran
parte de esta tierra había sido ofrecida al proveedor de una gran empresa norteamericana de restaurantes de
FAST FOOD (comida rápida). En esta tierra se plantaban y cosechaban las papas que, fritas, constituían una de
las marcas registradas de esta cadena de restaurantes, y uno de los secretos de su gran éxito en todo el
mundo.
Aquella empresa estaba ansiosa por aprovechar la oportunidad de transferir parte de su producción de papas
de los Estados Unidos a Asia. Dado que muchos/as trabajadores/as rurales en los Estados Unidos están
actualmente sindicalizados/as (por lo cual exigen salarios razonables), y ya que el gobierno de esta nación
asiática niega oficialmente cualquier tipo de organización sindical, el costo de plantar papas allí sería
bastante menor. Por otro lado, la tierra en aquella planicie era perfecta para la cosecha de papas con un
número considerablemente menor de trabajadores/as. La rápida incorporación de máquinas fue sustituyendo
a los seres humanos. Finalmente, el gobierno estaba muy poco preocupado con las leyes sobre protección del
medio ambiente. Todo esto llevaba a considerar que dicha región era un buen negocio para la inversión de
capital.
Obviamente, un número importante de personas vivían de esa tierra, la cultivaban para su propio consumo y
vendían el excedente luego de satisfacer sus, relativamente mínimas, necesidades. Esto “no detuvo a los
interesados en el agro-business ni al gobierno. En definitiva, el pueblo podría ser desplazado para dejar espacio
al “progreso”. Los campesinos, ciertamente, no tenían los documentos de posesión de aquella tierra (habían
vivido allí tal vez por centenas de años, bastante antes de la invención de los bancos, las hipotecas y las
escrituras). No sería difícil trasladarlos de la planicie hacia otra área: y así dejar “libre” la región para la
producción intensiva de papas y para la “creación de empleos”, quitando, con ello, el sustento de millares y
millares de pequeños agricultores.
Escuchaba con atención la historia. A medida que mi amiga la
iba contando atravesamos campos (con los carteles de la referida
empresa) y pueblos abandonados. Naturalmente, las personas
cuya tierra había sido tomada por tan poco, tuvieron que
mudarse. Así como en tantos otros lugares similares, en
aquellos países que los grupos dominantes denominan “Tercer
Mundo”, los campesinos debieron migrar hacia la ciudad.
Tomaron sus escasas posesiones y se mudaron a los
asentamientos periféricos, siempre en expansión alrededor del
único lugar que podía ofrecer alguna esperanza de encontrar
trabajo para poder sobrevivir (esto, claro, si todos, incluyendo los
niños, trabajaran).
El gobierno y los segmentos importantes de la elite empresarial oficialmente boicoteaban estos
desplazamientos, a veces contratando bandidos para quemar las ciudades miserables. En otras ocasiones
mantenían las condiciones de adversidad, simplemente para que nadie “quisiera” vivir allí. Sin embargo, los
desposeídos se trasladaban en decenas de millares hacia las ciudades.
En definitiva, las personas pobres no son irracionales. La pérdida de la tierra tenía que ser compensada de
alguna forma, y si esto implicaba ser amontonados en lugares infernales, ¿qué otra alternativa tenía? Se
estaban construyendo fábricas en y alrededor de las ciudades. En ellas se pagaba salarios increíblemente
bajos (algunas veces menos que lo suficiente para comprar el alimento necesario para reponer las calorías
quemadas por los/as trabajadores/as en el proceso de producción), pero, si la persona tenía suerte, al menos
podía conseguir allí un empleo.
Mientras gigantescas máquinas comenzaron a cosechar las papas, las personas eran transferidas a las
ciudades.
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El gobierno militar dio a todas estas grandes empresas internacionales veinte años de exención impositiva
(privilegio de no pagar impuestos) para facilitar las condiciones de su localización en el país. De esta forma,
actualmente, hay muy poco dinero para financiar los servicios de salud, vivienda, agua, cloacas, electricidad
y escuelas para millares de personas que buscaron su futuro en las ciudades o fueron literalmente
empujadas hacia ellas. El mecanismo para no ofrecer esos servicios era realmente hábil. Tomemos como
ejemplo la falta de escuelas y colegios en dichos barrios marginados. Para que el gobierno construyera
escuelas debía demostrarse la existencia de una “legítima” necesidad que justificase el gasto. Las estadísticas
producidas oficialmente tenían que expresar dicha demanda, y esto podía realizarse sólo a través de la
decisión oficial del número de nacimientos registrados. Sin embargo, el propio proceso de registro oficial hacía
imposible que millares de niños estuvieran reconocidos como realmente existentes.
Para matricular a un niño en la escuela, la madre o el padre tenía que registrar el nacimiento en el hospital
local o en alguna institución del gobierno, los cuales no existían en esas áreas periféricas (pobres). El
gobierno, que desalentaba oficialmente los desplazamientos hacia la ciudad, se rehusaba a reconocer la
legitimidad de los mismos tratando de impedir a los/as agricultores/as que se trasladasen a las áreas urbanas y
aumentaran su población. Los nacimientos de las personas que no tenían el derecho “legítimo” de estar allí
no eran considerados, de hecho, en la estadística oficial.
Así, no existían escuelas, ni maestros, ni hospitales, ni infraestructura. Las causas profundas que explican
semejante situación no pueden reconocerse de forma directa e inmediata. Ellas sólo pueden ser comprendidas
si reconocemos la compleja cadena de formación del capital (internacional y nacionalmente), las necesidades
contradictorias de clase y las relaciones entre el campo y la ciudad que organizan y desorganizan aquel país.
Ya hacía un buen tiempo que estábamos circulando por aquella ruta. Me había olvidado del calor. Mi amiga
concluyó su narrativa de una forma nada estruendosa: “Michael, estos campos son la razón por la cual no
existen escuelas en mi ciudad. No hay escuelas porque hay mucha gente a la que le gustan las papas fritas
baratas”.
Sobre la blanquedad (whiteness)4
No sería inadecuado terminar este ensayo con la última frase del párrafo precedente. Sin embargo, me
propongo realizar algunas reflexiones adicionales sobre el significado de la historia que conté. Pienso que el
tema de las papas fritas baratas brinda un ejemplo extremadamente importante sobre la política del sentido
común y sobre las intersecciones entre las políticas de clase, la blanquedad, la raza, el colonialismo y el
neocolonialismo.
En la historia que conté, raza y clase forman una intersección con relaciones coloniales y neocoloniales tanto
nacional como internacionalmente. Destaqué las conexiones entre las prácticas de consumo en Estados
4
Siguiendo la equivalencia del portugués (y según el criterio establecido por Tomaz Tadeu da Silva en la edición
brasileña de este ensayo) usamos aquí la palabra “blanquedad” para traducir whiteness, concepto que remite “a la
condición o cualidad de ser blanco” (American Heritage Dictionary). Hemos descartado “blanquitud”, a pesar de ser el
equivalente morfológico de “negritud”, dado que este concepto suele ser utilizado con una connotación positiva asociada
a ciertas políticas específicas del movimiento negro (procesos de concientización, construcción de la subjetividad negra,
mecanismos de resistencia a las diversas formas de colonialismo y neocolonialismo sufridos por esas comunidades,
luchas contra los mecanismos de dominación cultura blanca, etc.). La acepción que Apple atribuye a whiteness es,
obviamente, negativa. De allí que hayamos elegido “blanquedad” y no “blanquitud”. Tal como afirma T. T. da Silva en su
traducción portuguesa del presente capítulo: “no es de extrañar que no tengamos un término corriente para referimos al
significado expresado por whiteness, dada la invisibilidad de la norma blanca por la cual las personas de otro color de
piel son definidas simplemente como el otro. Es el otro el que es definido como étnico o racial. La supremacía de la
blanquedad es tan avasalladora que permanece invisible como una norma que no se nombra. Parte de su poder deriva
precisamente de esta invisibilidad, como destaca el propio Apple en este texto”.
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Unidos y el empobrecimiento progresivo de ciertos grupos, claramente identificables, en una nación
asiática. Pienso que las relaciones de clase que emergen y son creadas en este proceso son evidentes. El
empobrecimiento de miles y miles de personas, en un país como ése, no pueden separarse de la capacidad de
consumo del pueblo de otra nación.
Aquí se recrean estructuralmente relaciones de blanquedad. No constituye un accidente histórico que estas
relaciones internacionales sean creadas y toleradas entre un “centro” arrogante y una “periferia” que —
cuando llega a ser vista— es considerada por los del “centro” como si estuviera habitada por personas
“descartables”. ¿Por qué esto no es obvio?
John Fiske ha discutido con precisión que nuestros significados cotidianos están igualmente implicados en
relaciones de poder:
La producción de cultura (y la cultura está siempre en proceso, nunca
acabada) es un proceso social: está relacionada con el sistema social, en
nuestro caso, el capitalismo blanco, patriarcal. Todo sistema social
necesita un sistema cultural de significación que sirva para mantenerlo,
para desestabilizarlo o hacerlo más receptivo al cambio.
Y continúa diciendo:
El conocimiento nunca es neutro. Conocimiento es poder y la
circulación del conocimiento es parte de la distribución social del
poder. La capacidad discursiva para construir un sentido común que
pueda insertarse en la vida cultural y política es central en las relaciones
sociales de poder (Fiske, 1989: 149-150).
Estas son afirmaciones genéricas pero que, cuando se aplican a la
especificidad de la situación que relaté anteriormente, se vuelven todavía más convincentes. Plantean la
necesidad de discutir y conocer las condiciones de aquella verde planicie dentro de su contexto sociocultural
más amplio. Cristalizan en una única historia diferentes mecanismos de construcción de significados que
separan lo que en “Occidente” puede ser visto simplemente como comer papas fritas y en aquella nación
asiática como la destrucción de las posibilidades de un futuro mejor para miles de niños.
La historia habla de la circulación continua de formas coloniales de comprensión asociadas de manera
compleja y siempre cambiante a los modos de producción económica, de distribución y de consumo a que
estamos acostumbrados/as. Tal como afirma Edward Said: “Sin excepciones importantes, los modernos
discursos universalizantes de Europa y los Estados Unidos suponen el silencio voluntario o no del mundo no-
europeo. Hay incorporación, hay inclusión, hay dominio directo, hay coerción. Pero difícilmente existe el
reconocimiento de que el pueblo colonizado debería ser oído, tener sus ideas conocidas” (Said, 1993: 50).
Las ideas de Said nos hablan de la relación entre las formas de comprensión que dominan “nuestra” sociedad
y del silenciamiento de las voces del mundo “no europeo”, “no occidental”. Sin embargo, no son sólo las
voces las que son silenciadas (y conscientemente empleo la palabra silenciada en lugar de silenciosa para
significar que existe un proceso activo en el cual los grupos dominantes tienen que hacer un esfuerzo para
mantener el poder de sus significados hegemónicos- predominantes-) (Apple, 1996). Son las conexiones
determinadas entre las formas de vida en los países del “centro” y las de los países de la “periferia” —una
clasificación en sí misma arrogante e infeliz— las cuales se tornan invisibles en ese mismo y exacto momento.
Esta invisibilidad es crucial. Existe una biografía social de la blanquedad. Bajo muchos aspectos, el
concepto de blanquedad es espacial. En este caso, significa vivir una vida íntimamente relacionada —de
manera identificable— con la dinámica internacional que ha alterado de manera radical las relaciones
económicas, políticas y culturales en muchas naciones. No está necesariamente basada en una elección
consciente. Al contrario, está profundamente construida en nuestras comprensiones del sentido común, de la
vida cotidiana. Compramos nuestra ropa, comemos nuestra comida y hacemos lo que hacemos de una forma
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que naturaliza las relaciones sociales y económicas que realmente crearon las condiciones para la
producción y el consumo de esa ropa y esa comida. La blanquedad es, pues, una metáfora del privilegio, de
la capacidad de comer papas fritas baratas.
Obviamente, este no es un argumento nuevo ni original. Existe una larga tradición en economía política que
nos hace recordar que cada objeto manufacturado no es simplemente una “cosa”. De hecho, esta visión es
más que cosificante (reificante5). Contrariamente, un objeto manufacturado o procesado —desde
automóviles a zapatillas e incluso comida— es la corporificación concreta del trabajo humano y de las
relaciones sociales productivas y destructivas que resultan de él o son el resultado de su realización. Así,
comer papas fritas baratas significa poner la comida en nuestra boca, masticarla y tragarla. Sin embargo, en
ese mismo y exacto momento, es también y profundamente un acto social pleno. Significa estar inmersos en el
punto final de una larga cadena de relaciones que expulsaron a decenas de miles de personas de la tierra,
obligaron su establecimiento en la periferia de las ciudades y negaron a miles de niños la posibilidad de
cuidados médicos y de escuelas. De forma más inmediata, significa estar en una relación con los/las
trabajadores/as que prepararon las papas fritas y las sirvieron en el restaurante de fast food, trabajadores/
as que usualmente ganan muy poco, no tienen ningún beneficio, ningún sindicato y deben fatigarse en dos o
tres empleos de tiempo parcial para poder llevar comida a su propia mesa. Estoy intentando decir que
comer papas fritas baratas es una de las expresiones máximas de la blanquedad.
De forma similar, casi todos los beneficios económicos que hoy disfrutan los ricos —e incluso los no tan
ricos— en un país como Estados Unidos, dependen del desarrollo histórico de una infraestructura económica
cuya base es el trabajo no remunerado o de bajo costo. Trabajo que frecuentemente se sustentó en la raza
como una dinámica constitutiva. Así, no sería exagerado decir que las fábricas textiles del norte industrial han
sido alimentadas con el trabajo no remunerado de los esclavos que cultivaban la materia prima en el sur
(obviamente, toda la economía dependía del trabajo no remunerado de las mujeres en la casa o en el campo).
Durante centenas de años, capitalismo y esclavitud estuvieron vinculados en una relación tensa.
De este modo, la blanquedad como privilegio no es sólo una metáfora espacial sino también temporal. Las
condiciones de existencia a partir de las cuales se desarrolló nuestra economía actual, tienen sus raíces en el
desarrollo histórico de este tipo de trabajo, cuyas ventajas “nosotros” actualmente aprovechamos.
Mi objetivo es discutir sobre la naturaleza del sentido común. “Nuestros” (me refiero aquí a grupos blancos y
económicamente privilegiados) modos habituales de comprender la actividad cotidiana, pueden tornar muy
difícil la apreciación completa de las relaciones sociales de las cuales participamos.
Mi intención básica es que pensemos críticamente lo social, reconozcamos que vivimos inmersos en procesos
de dominación y subordinación que son muy ocultos. Comprender esto puede exigir que nos desprendemos
del sentido común. Esto requiere que veamos a la blanquedad en sí misma como un término relacional. Lo
blanco se define no como un estado, sino como una relación con lo negro o lo marrón, lo amarillo o lo rojo.
El centro se define como una relación con la periferia.
Pensamientos finales a modo de conclusión
Para mí, la experiencia que tuve significó un momento educativo sobre lo que significa “ser blanco” en un
contexto internacional; me sirvió para clarificar las modalidades acerca de cómo el privilegio penetra en los
actos humanos más básicos, por ejemplo, la acción de comer. Como ustedes podrían esperar, y estoy seguro
5
Reificante: es considerar a un ser humano o viviente consciente y libre como si fuera un objeto o cosa no consciente ni
libre; también se refiere a la reificación o cosificación de las relaciones humanas y sociales, que se transformarían al
reificarse en meras relaciones de consumo de unas personas respecto a otras. Este concepto está vinculado a las nociones
de Marx de alienación y fetichismo de la mercancía. También implica atribuirle a las cosas caracteres o propiedades
humanas o sociales (sin reconocerlos como humanos).
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de que muchos/as lo harían si hubieran tenido una experiencia similar, estoy ahora comprometido de una
forma más consciente con el apoyo a las acciones de los movimientos democráticos en aquel país asiático.
Como ustedes podrían también esperar, no como papas fritas baratas.
ACTIVIDADES
1. ¿Qué representan los carteles al costado de la ruta según Apple?
2. ¿Cuáles eran algunas de las políticas (medidas) estatales del gobierno asiático? ¿Cuáles eran sus
objetivos?
3. ¿Cuáles fueron las consecuencias tras la llegada de las empresas extranjeras?
4. ¿Por qué el texto se titula “Comiendo papas fritas baratas”? Para responder debes tener en cuenta la
cuestión de los costos de producción6 en el país asiático en comparación con los costos en EE.UU.
5. Desarrollar en el cuadro las consecuencias que genera el agro bussines en las comunidades del país
asiático en cuanto a lo territorial, ambiental, social, económico y laboral.
Aspectos Consecuencias
Territoriales
Ambientales
Sociales
Económicas
Laborales
6. Explicar por qué no hay escuelas en las ciudades donde se trasladan las personas que se ven obligados
a irse de los campos.
7. En base al fragmento del texto “La destrucción de las relaciones de producción y el correspondiente
empobrecimiento de miles y miles de personas, en un país como ése, no pueden separarse de la
capacidad de consumo del pueblo de otra nación.” ¿Por qué el autor plantea que la blanquedad es una
metáfora de privilegio?
8. Describa la relación del texto “Comiendo Papas Fritas Baratas” con los conceptos que vimos en el TP
de “Globalización” realizado en el Primer Cuatrimestre.
6
Los costos de producción incluyen la materia prima utilizada, los envases, transporte, mano de obra.
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9. Relaciona las siguientes imágenes con las problemáticas planteadas en el texto “Papas fritas baratas”.
Imagen Relación con el texto
Bibliografía:
● Cultura, política y currículo. Ensayos sobre la crisis de la escuela pública. Pablo Gentili (comp.) Michael
Apple/ Tomaz Tadeu da Silva. Editorial Losada, S.A. Buenos Aires, 1997. Capítulo 1. Educación,
identidad y papas fritas baratas.