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Capítulo 5: "La Revolución Industrial en Gran Bretaña" pp.

119-147

5.1. Los primeros procesos históricos de industrialización

Desde el siglo XVIII, Europa Occidental se transformó en la cuna de la industria moderna. La


Revolución

Industrial comenzó en Inglaterra y desde allí se difundió hacia el continente. Ciertos rasgos
comunes a

los países de Europa Occidental, explican que el proceso de industrialización se haya iniciado en
Europa,

y que el caso de Inglaterra debe ser visto dentro de este contexto.

ERIC JONES afirma que Gran Bretaña estuvo afectada por unas fuerzas que estaban actuando en
el

conjunto del continente europeo, y a partir de las cuales se destacó ligeramente como la
primera

potencia industrial sobre la base del cambio tecnológico en la manufactura del algodón y del
hierro.

A la hora de explicar la especificidad europea, las razones esgrimidas son múltiples y diversas.

Para DAVID LANDES, la clave debe ser buscada en ciertos rasgos culturales y políticos como la
función de

la iniciativa económica privada, los derechos de propiedad y por la consolidación de unidades


políticas

en competencia entre sí. Favoreciendo la actividad comercial y el desarrollo de una clase


mercantil. El

segundo elemento es "el alto valor atribuido a la manipulación racional del medio natural",
sostiene que

"la voluntad de dominio, el enfoque racional de los problemas al que llamamos método
científico, la

competencia por la riqueza y el poder, consiguieron eliminar la resistencia impuesta por las
formas
tradicionales de comportamiento e hicieron del cambio un valor positivo". Agrega que estas
ventajas se

vieron reforzadas por la conquista de territorios extraeuropeos, y el ejercicio de la violencia y el


poder.

JONES considera que la industrialización tuvo lugar en primer término en las economías de
mercado,

donde productos y factores de producción podían comprarse y venderse libremente. También


atribuye

un rol significativo al papel del poder político a la hora de explicar la génesis de la economía
moderna.

Insiste que Europa se vio favorecida por las condiciones de producción que, no pueden
generarse a sí

mismas, características tan especiales como el emplazamiento, localización y dotación de


recursos.

La fructífera variedad política como la acumulación de capital y el comercio pueden explicarse


como

ajustes al emplazamiento y a los recursos concretos de Europa. Señala que la geografia


contribuyó a la

conformación de los Estados nacionales y que la variedad topogeográfica, climática y geológica


supuso

un amplio abanico de recursos, lo cual generó el desarrollo del comercio multilateral.

JONES indica que el contexto cultural de Europa, contribuyó asimismo a la acumulación de


capital y la

clevación de los niveles de vida, o que los Estados nacionales europeos fueron más adecuados
para el

crecimiento económico que los imperios despóticos de Oriente, ya que favorecieron el


intercambio y la

competencia, y respetaron más la propiedad privada. En este sentido destaca que el crecimiento
a muy

largo plazo de Europa "no fue tanto el resultado de una conjunción de fuerzas que promovieron
el

desarrollo como la consecuencia de la eliminación de los impedimentos"


PAUL BAIROCH enumera ocho respuestas posibles, del porqué fue Inglaterra la primera. Dichos
factores

son la religión y las mentalidades, la estructura política, la dotación de recursos naturales, el


comercio

internacional, la colonización, la existencia de grandes núcleos urbanos, un nivel avanzado de


desarrollo

y un crecimiento demográfico rápido. Que no son excluyentes de Inglaterra, sino que se


encuentran en

diversos países europeos, a partir de lo cual sostiene que la pregunta "¿por qué Europa?". Para

BAIROCH, los elementos decisivos serían cuatro: el espíritu europeo abierto cambio, las
características

geográficas del continente (incluyen la localización, el clima templado y la disponibilidad de


energía), el

fraccionamiento político (que favore ció, a su vez, la competencia entre Estados, y a partir de
ella, el

desarrollo del comercio y la innovación tecnológica) y, por último, la existencia de ciudades de

dimensiones más modestas que las de los grandes imperios asiáticos (que absorben una
proporción

demasiado alta de los excedentes agrícolas).

5.2. La Revolución Industrial en Gran Bretaña

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

Ciertas condiciones específicas de Gran Bretaña y la combinación de todas ellas dieron como
resultado

la primera Revolución Industrial.

5.2.1. La economía británica en el siglo XVIII

LA POBLACIÓN

En las primeras décadas del siglo XIX, la población creció más deprisa que en cualquier período
anterior

o posterior de la historia inglesa. El crecimiento demográfico tuvo como causa inmediata


principal el
aumento de la fecundidad, y en menor medida, el descenso de la mortalidad. Debido a las
condiciones

favorables de la economía era promovido el matrimonio mediante la reducción de edad, la


presión

social y otros frenos que disminuyeron a medida que las rentas reales crecían.

En los siglos precedentes, cuando el crecimiento demográfico superaba la capacidad productiva,


el

precio de los alimentos se elevaba. Generando un desequilibrio que desembocaba en un


aumento de la

mortalidad, una reducción de la fecundidad y el posterior descenso de la población. Por esta


razón, los

economistas ingleses que escribieron a fines del siglo XVII, como ADAM SMITH O ROBERT
MALTHUS,

veían el crecimiento demográfico de su época como un proceso que terminaría en un desastre o


en una

contracción económica. MALTHUS Sostenía que la capacidad de crecimiento de la población era

infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre. El
problema

que él veía era que la mejora de las condiciones económicas generaba un aumento de
población, pero

que la población crecía más deprisa que la producción. Según MALTHUS, el desequilibrio podía

resolverse por dos caminos; el incremento de la mortalidad como o lo que él proponía, era la
reducción

de la natalidad, a través del matrimonio tardío y del control de la reproducción.

Las previsiones de MALTHUS no se cumplieron, y el crecimiento de la población, no desembocó


en un

período de hambre y mortalidad. El incremento de la producción agrícola había posibilitado


satisfacer la

creciente demanda generada por el aumento de la población.

LAS TRANSFORMACIONES EN LA AGRICULTURA


La principal actividad económica en la Inglaterra del siglo XVIII era la agricultura, cuya
productividad

creció de modo constante en los siglos XVII y XVIII gracias a la introducción de mejoras en las
técnicas de

cultivo.

Precedente de la "revolución agrícola" o "nueva agricultura", las innovaciones en las técnicas


agrícolas

fueron muy graduales. El proceso se inició en los Países Bajos a fines de la Edad Media, y los
cambios se

fueron incorporando, lentamente, en Inglaterra y Europa continental. La agricultura tradicional


tenía

una serie de rasgos que hacían muy difícil lograr incrementos en la productividad. El sistema de
rotación

que se utilizaba desde la Edad Media dejaba en cada estación un tercio de la tierra en barbecho
(sin

cultivar) para evitar su agotamiento. Como los rendimientos eran bajos, la cantidad de animales
que

podían alimentarse era reducida, dando una escasez de abonos, que impedía un uso más
intensivo del

suelo.

La nueva agricultura consistió en la combinación de tres elementos que se reforzaron


mutuamente: la

introducción de cultivos novedosos, la alimentación de la ganadería en establos y la supresión


del

barbecho. El resultado fue que los campesinos pudieron tener más ganado y alimentarlo mejor,
lo cual

aumentaba el suministro de productos animales. Se obtenía más abono, lo que contribuía a


aumentar la

producción de cereales. Las nuevas cosechas de forraje, como la alfalfa, el trébol, los pastos
artificiales,

los nabos y la remolacha, resultaron ser cultivos útiles para alternar con los cereales en los
sistemas de
rotación. Algunos de estos cultivos servían para fijar el nitrógeno y para acabar las plagas y

enfermedades de las plantas. Gracias al mayor uso de abonos y a la rotación de cultivos fue
posible

incrementar la superficie de tierra cultivable. A los nuevos sistemas de rotación se agregaron


mejoras en

las herramientas, en la se lección de semillas y en los sistemas de cría de ganado, comenzaron a

utilizarse arados de hierro y fue inventada la primera sembradora, aunque fue poco utilizada
hasta

principios del siglo XIX. La nueva agricultura permitió romper con el círculo vicioso de la
contraposición

entre agricultura y ganadería. El desarrollo de este proceso fue lento e irregular, no todos los
suelos

eran aptos para los nuevos cultivos, pero la difusión de las innovaciones se veía también
trabada por la

falta de capitales, la dispersión de las parcelas y la resistencia de los campesinos a las prácticas

innovadoras.

Los cercamientos

A principios del siglo XVIII la producción de las tierras era con el sistema de campo abierto. Los
cultivos

se llevaban a cabo en franjas discontinuas, y los campesinos tenían derechos de pastura, de


recolección

de leña y de caza en las tierras comunales incultas. Hacia 1830, se llevó a cabo las leyes de

cercamientos, que establecían la obligatoriedad de cercar tierras. En el siglo XVIII se


multiplicaron por

presión de los grandes propietarios y de alza de los precios del grano.

El resultado de los cercamientos fue que una proporción muy alta de los pequeños propietarios
se vio

obligada a vender sus tierras, que fueron compradas por grandes propietarios. Perjudicando
campesinos

sin tierras que ocupaban campos comunales transformándose en jornaleros o arrendatarios


con
contratos de corto plazo.

La concentración de la propiedad de la tierra generó una mayor desigualdad social. Algunos


empresarios

agrarios aplicaron a sus tierras las nuevas técnicas agrarias, otros dejaron esta decisión manos
de los

arrendatarios, y algunos ni siquiera las explotaron.

KARL MARX lo llamo el "proceso de acumulación originaria", el punto de partida del régimen
capitalista

de producción, que consistía en la separación de los trabajadores de la propiedad de los medios


de

producción. Para MARX, al perder los trabajadores la propiedad de los medios de producción se
ven

obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado, en un sistema de producción basado en


una

relación salarial entre propietarios del capital y trabajadores.

LAS INDUSTRIAS: La actividad industrial tuvo en Gran Bretaña un crecimiento sostenido a lo


largo del

siglo XVIII. Gran parte del avance industrial consistió en la expansión de las industrias
artesanales a

través del sistema de industria a domicilio que tenía principal ventaja su flexibilidad. El capital
fluía

libremente de una industria a otra, era una ocupación parcial para las familias que viven de la

agricultura, la minería o la pesca (aunque los salarios eran muy bajos debido a que era un
ingreso

suplementario). Permitió la capacitación de los trabajadores, y la acumulación de capital y de

experiencia empresarial por parte de los comerciantes empresarios. Favoreció el desarrollo de


una

infraestructura comercial en el mercado nacional e internacional, y ayudó a sostener el


crecimiento

demográfico, al ofrecer mayores oportunidades de trabajo a la población rural.


Otra forma de producción era la manufactura centralizada, difundida en la minería, la
metalurgia,

algunas ramas de las industrias textil, del vidrio, de la cerveza, del papel, de la sal y otros rubros.
En

general, se basaba en técnicas de trabajo intensivo, en la disciplina de los trabajadores y en la

maximización de las habilidades como resultado del trabajo artesanal. Una de las causas de la

centralización de la actividad eran los requerimientos de capital, muy elevados debido a la


escala de la

producción. En otras circunstancias, la centralización se debía a necesidades técnicas, como en


el caso

del papel o del vidrio. Las formas tradicionales de producción industrial sobrevivieron a la
Revolución

Industrial y se combinaron con el sistema de fábrica. También fueron el punto de partida para la

acumulación de capital, para la capacitación de la mano de obra, para la constitución de un


sector

empresario y para la conformación de redes comerciales.

EL MERCADO

El mercado interno: La conformación de un mercado interno se vio favorecida por una serie de
factores:

el crecimiento de la población, por la ausencia de fronteras aduaneras internas y de cargas


feudales, el

sistema de transportes y comunicaciones. Desde mediados del siglo XVII se habían destinado
fuertes

inversiones públicas y privadas a la extensión del sistema fluvial (a través de la construcción de


canales)

y a la construcción de nuevos puentes y carreteras. En la Inglaterra del siglo XVI, los transportes
eran

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

relativamente fáciles y baratos. Los mercados urbanos en gran escala de bienes de consumo
barato se
desarrollaron tempranamente debido a las necesidades y pautas de las clases medias. Los
cambios en

los gustos de las clases medias del siglo XVII se vieron fomentados por el comercio
internacional. Parte

de la demanda de nuevos artículos manufacturados en el siglo XVI fue determinada por la


moda, dictada

por la aristocracia, que era imitada por los otros sectores sociales. Algunos empresarios
fabricaban

artículos para la realeza y la aristocracia, y luego producían artículos parecidos, en materiales


diversos,

que estaban al alcance de todos los niveles de la sociedad.

El mercado externo: Juntamente con el mercado interno, Inglaterra contaba con la ventaja de
poder

acceder a un amplio mercado externo. Desde el siglo XVI, el Estado había sustentado, mediante
su

política exterior, la expansión económica y comercial. De su participación en las guerras,


Inglaterra había

obtenido territorios coloniales y tratados de comercio preferenciales. Las Actas de Navegación


del siglo

XVII, que establecieron privilegios para los barcos ingleses en el comercio de ultramar, habían
servido

para proteger a la flota inglesa y para debilitar el poderío naval holandés.

¿Consumo interno o consumo externo? El mercado interno jugó el papel decisivo, ya que el
comercio

exterior tomo rumbo una vez en marcha el proceso de cambio, una proporción creciente de la

producción de los sectores más modernos de la industria estuvo destinada al mercado externo,
tanto al

de Europa continental como a los territorios de ultramar. Una de las ventajas mayores que tenía
la

industria textil del algodón era que fabricaba un producto de demanda muy amplia y elástica,
adecuado
para todo tipo de climas y fácilmente colocable en los mercados ultramarinos.

UNA SOCIEDAD ABIERTA AL CAMBIO:

Se trataba de una sociedad abierta a los cambios y a las innovaciones. LANDES destaca que se
distinguía

por una extraordinaria sensibilidad a las oportunidades económicas, y por una legitimación de
las

innovaciones y de la búsqueda de riqueza como modo de vida. Señala que la aristocracia inglesa
tenía

rasgos peculiares; los hijos menores de las familias de abolengo se dedicaran a actividades
mercantiles,

y que los nobles propietarios de tierras fueran proclives a las innovaciones en la producción
agrícola y a

la inversión en otros negocios. Ello contribuía a legitimar el comercio y la búsqueda de


ganancias. En

general, las barreras a la movilidad social eran más bajas que en el continente, y la distribución
de la

renta, más equitativa. Eso incidía en las pautas de consumo y creaba condiciones favorables
para la

producción de bienes de consumo masivo, pero también favorecía la versatilidad y el


movimiento de las

personas hacia nuevas ocupaciones. Gran Bretaña no poseía una superioridad científica, técnica
o

educativa, pero para la primera Revolución Industrial estas condiciones no fueron decisivas ya
que la

realización de los primeros inventos se encargó, en su mayoría, a los artesanos, y las nuevas
máquinas

eran sencillas de construir y de fácil uso.

5.2.2. La primera Revolución Industrial

LA PERIODIZACIÓN: La periodización puede a su vez distinguirse dos fases: En la primera etapa


(1760-
1800) tuvo lugar un acelerado de innovación en la industria textil y la metalúrgica. Este proceso
generó

cambios en la organización y un rápido aumento de la producción, a partir de los cuales la


economía

inglesa comenzó a diferenciarse de las economías de Europa continental. La segunda etapa


(1800 y

1830-1850) fue el período de difusión de la mecanización y del sistema de fábrica. El incremento


del uso

del vapor como fuente de energía permitió que la industria se concentrara cada vez más en las
ciudades.

El proceso de innovación tecnológica continuó en la industria metalúrgica y en la de


maquinarias. Al final

de esta fase comenzó la construcción de los primeros ferrocarriles. Para mediados del siglo XIX,
Gran

Bretaña se había transformado en el taller del mundo. La producción de muchos bienes, como
el carbón,

el hierro o los textiles, había alcanzado niveles sin precedentes. Los costos de producción se
habían

reducido, convirtiendo a la industria británica en la más competitiva del mundo. Al mismo


tiempo, las

rentas reales de la población se habían elevado, gracias a la creciente disponibilidad de bienes y

servicios.

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

Fue el modo de medición de la revolución. La década de 1780 es considerada como punto de


inflexión

para el inicio de la Revolución Industrial. El crecimiento del producto nacional aumenta a lo largo
de

todo el siglo XVIII, así como una aceleración en las dos últimas décadas, período en el que el
producto
industrial evolucionó más rápido que el de la agricultura. Al mismo tiempo, las estimaciones de
CRAFTS

señalan que entre 1780 y 1830 la expansión fue menos rápida. Para aquellos historiadores que
ponen el

énfasis sólo a la aceleración del crecimiento la comprobación de que las tasas de crecimiento de
la

economía británica en las últimas décadas del siglo XVI fueron más bajas que lo que hasta ahora
se

había supuesto, bastaría para considerar la industrialización como un proceso evolutivo,


negando la

existencia de la Revolución Industrial, pero es un proceso que es mucho más complejo. Al


mismo

tiempo, diversos historiadores han insistido en que las tasas de crecimiento menos aceleradas
pueden

explicarse por distintas razones. En primer lugar, porque se trató de un proceso interno, basado
en

recursos domésticos, sin procedentes. En segundo lugar, debe establecerse con fundamentos
sólidos

que se considera un crecimiento rápido, y con qué se lo compara. En relación con las tasas de

crecimiento del siglo XX, las de la Revolución Industrial fueron bajas. Sin embargo, fueron altas si
se las

confronta con el período preindustrial. Por último, como ya hemos señalado, la industrialización

comenzó en determinadas ramas (textil, metalurgia) y en determinadas regiones


(principalmente

Lancashire). La medición del crecimiento, en términos agregados a nivel de toda Gran Bretaña,
oculta

los cambios que se estaban produciendo en los sectores y regiones clave, desde los cuales el
proceso se

fue difundiendo al conjunto del territorio.

EL CAMBIO TECNOLÓGICO: Consistió en una fuerte aceleración del proceso de innovación se


combinaron dos factores: los inventos y la iniciativa de los empresarios para adoptarlos. os
inventores

respondieron a la necesidad de resolver problemas muy concreto por técnicos sin formación
científica o

universitaria. Algunos inventos consistieron en mejoras a máquinas ya existentes. Hubo dos


sectores

que experimentaron los primeros cambios revolucionarios en la tecnología y en la organización

económica: la industria del algodón y la industria del hierro.

La industria del algodón: Esta industria pasó, de tener un papel insignificante a ser la principal
actividad

industrial, y fue el primer sector que utilizó máquinas en gran escala. LANDES afirma que para
que

tuviera lugar la Revolución Industrial debían conjugarse diversos factores. Por un lado,
máquinas que no

sólo sustituyeran al trabajo manual, sino que impusieran la concentración de la producción en


las

fábricas. Por el otro, era imprescindible una gran industria que produjese una mercancía sujeta
a una

demanda amplia y elástica, en la cual la mecanización de cualquiera de sus procesos de


manufactura

creara fuertes tensiones en los otros y en la que el efecto de las mejoras introducidas
repercutiese en

toda la economía. Desde el punto de vista tecnológico, se prestaba mejor que la lana a la
mecanización,

porque era más resistente. Tenía un mercado de consumo más amplio, por la diversidad de
usos que se

le daba y por ser adecuada para todo tipo de clima, y la elasticidad de oferta de materia prima
era

mayor que la de la lana.

La primera gran innovación tuvo lugar en el tejido, con la invención de la lanzadera volante de
JOHN KAY
en la década de 1730. Desde ese momento la mecanización del hilado incrementó la producción
en

forma notable. Ello puede medirse con Ias importaciones de algodón, que entre 1780 y 1800 se

multiplicaron por ocho. La innovación en el tejido fue más tardía. El primer telar mecánico fue
inventado

en 1787, pero se difundió muy gradualmente, y recién a partir de la década de 1820 comenzó a

utilizarse en gran escala.

El sistema de fábrica no suplantó rápidamente a la industria doméstica, con la cual convivió por
mucho

tiempo. La mecanización de la industria algodonera concluyó recién hacia 1850. Una de las

características del sector textil es que se trataba de una industria trabajo intensiva, que no
requería

altas inversiones de capital. Ello facilitó el proceso de innovación, en la medida en que los
empresarios

pudieron disponer de capitales suficientes, provenientes de su actividad en la industria a


domicilio, de

las utilidades obtenidas en las fábricas o del crédito comercial.

La industria metalúrgica: Cumple un papel muy significativo. Desde principios del siglo XVI
fueron

introduciéndose importantes innovaciones tecnológicas en la metalurgia del hierro. La industria


del hierro se divide naturalmente en dos ramas principales: una comprende la extracción y el
tratamiento

del mineral; la otra, el trabajo del metal en todas sus formas. Los productos que se obtienen del

tratamiento del mineral son el hierro fundido, el hierro forjado y el acero. El hierro fundido es el
que

posee más carbono y menos resistencia, y el acero, el que tiene menos carbono y más
resistencia.

Tradicionalmente, para la fundición del hierro se usaban la madera y el carbón vegetal, hasta
que en

1607 ABRAHAM DARBY, comenzó a utilizar con éxito un nuevo combustible, el coque. La
utilización del
coque fue fundamental para el desarrollo de la industria metalúrgica por diversas razones; la

disponibilidad de hulla era mucho mayor que la de madera, y porque el coque genera una
cantidad de

energía superior a la del carbón de leña, lo cual facilita el proceso de fusión del mineral. Por
último, la

difusión del uso del coque exigió y estimuló el uso de hornos de fundición cada vez mayores, lo
cual

redundó en economías de escala que permitieron abaratar los costos. Otras dos innovaciones
clave en la

metalurgia del hierro fueron el pudelado y el laminado, y ambas tuvieron lugar en la última
década del

siglo XVIII. El metal obtenido por la fundición (el hierro fundido) debía ser sometido a una serie
de

procesos que eliminaran las impurezas, para convertirlo en un producto moldeable y resistente
(el

hierro forjado). En los sistemas de producción tradicionales se lo golpeaba con martillos,


manuales o

hidráulicos. En 1784. HENRY CORT patentó un nuevo sistema, llamado pudelado, que permitió
eliminar

las impurezas de carbono mediante el uso de un tipo especial de homo, el horno de reverbero.
El mismo

CORT inventó para esa época el proceso de laminado del metal, con el que se terminaba de
purificar el

metal por martilleo y se lo moldeaba utilizando cilindros. El laminado permitió producir de


manera más

rápida y en grandes cantidades, e hizo posible obtener una serie de formas estandarizadas
vigas, barras,

rieles que fueron la base de la industria, la construcción y el transporte.

De acuerdo con los cálculos de BAIROCH', la producción de hierro en Inglaterra en menos de


cien años

se multiplicó por 100. En 1760, Inglaterra producía poco más de un tercio del hierro que
consumía, e
importaba los casi dos tercios restantes. Un siglo más tarde, exportaba una tercera parte de su

producción.

Debido al abaratamiento del precio hierro, su consumo se incremento en proporciones que no


tenían

precedentes. Parte de la producción se destinó a la fabricación de instrumentos agrícolas, sirvió


también

de base para la fabricación de la maquinaria industrial; en primer término, las máquinas de


vapor, y

luego, la maquinaria textil, a medida que ésta se fue perfeccionando (las primeras máquinas
textiles

tenían una alta proporción de madera). Desde las décadas iniciales del siglo XIX se fue
ampliando el uso

del hierro en la construcción -por ejemplo, de puentes-y fue esencial para el desarrollo de los
nuevos

sistemas de transporte, en primer lugar, los ferrocarriles.

LAS NUEVAS FUENTES DE ENERGÍA: la Revolución Industrial se basó en el uso de dos fuentes de
energía:

la energía hidráulica y la del vapor. En ambos casos se trataba de energía inanimada, que
permitió

multiplicar la productividad de la industria. La energía hidráulica era un recurso que se había


utilizado

desde muchos siglos atrás, pero desde el siglo xix comenzaron a ser usados en actividades
industriales,

sobre todo en el sector textil y en el metalúrgico. Las primeras fábricas que nacieron a fines del
siglo XVII

para la producción de hilado de algodón usaron la energía hidráulica. Ello explica por qué en
inglés la

palabra "mill" significa a la vez molino y fábrica. Por mucho tiempo la energía del agua siguió
teniendo

un rol primordial en la producción manufacturera. Una de las innovaciones tecnológicas más


importante
fue la turbina hidráulica, que abrió a su vez el camino para el nacimiento de la energía
hidroeléctrica. La

otra gran fuente de energía de la Revolución Industrial fue el vapor, que se utilizó tanto para la

producción manufacturera como para los medios de transporte: los ferrocarriles y los barcos.
Las

primeras máquinas a vapor comenzaron a emplearse desde principios del siglo XVII en la
minería, para

bombear el agua de las galerías. La pionera fue construida por THOMAS NEWCOMEN en 1712,
fue

perfeccionada por JAMES WATT, que resolvió gran parte de los problemas técnicos que
presentaba y

adaptaria a nuevos usos. WATT patentó su propia máquina a vapor en 1769 y se asoció con un

fabricante de herramientas, JOHN BOULTON, para producirla comercialmente. A diferencia de la

máquina de NEWCOMEN, que se utilizaba sólo como máquina de bombeo, la de WATT comenzó
a

usarse como fuente de energía para la producción manufacturera. Fue adoptada primero en las

hilanderfas de algodón (desde 1785), y más tarde, en otros sectores de la industria. Aunque su
difusión

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

no haya sido inmediata, la máquina a vapor fue uno de los inventos que transformó más
profundamente

a la industria. Permitió que ésta pudiera desarrollarse en forma creciente en las ciudades, era
más

barata porque al utilizar como combustible el carbón mineral hacía uso de un recurso
abundante y

ofrecía la posibilidad de librarse de las fuentes orgánicas de materias primas, que comenzaban
a ser

escasas. El uso más intensivo de la energía hidráulica y, sobre todo, el uso del vapor
proporcionaron
enormes incrementos en la productividad. El carbón tuvo una importancia decisiva en la
Revolución

Industrial inglesa, ya que se lo utilizó como combustible en las máquinas a vapor y como fuente
de calor.

Es paradójico que la utilización de un recurso no renovable -el carbón de piedra- permitiera a la

industria liberarse de los límites de un recurso renovable -la madera pero, por cierto, renovable
a un

ritmo muy lento. WRIGLEY presenta como característica distintiva de la Revolución Industrial el
paso una

economía orgánica avanzada a una economía basada en la utilización de energía de origen


mineral, y

habla de una "revolución energética" en la industria manufacturera. Considera que en la


Revolución

Industrial inglesa hubo una cuota de azar, proporcionada por la riqueza mineral con la que
contaba el

territorio británico. El impacto del uso del carbón fue muy amplio. Al ser un producto con costos
de

transporte elevados, generó una fuerte presión para el mejoramiento de las comunicaciones.
Más

adelante, el carbón cumplió un papel decisivo en el desarrollo de un nuevo y revolucionario


medio de

transporte: el ferrocarril. Los primeros ferrocarriles fueron construidos des de principios del
siglo XIx

justamente para transportar el carbón, y gracias a las mejoras que se introdujeron en ellos fue
posible a

partir de 1830 inaugurar las primeras líneas ferroviarias para transporte de cargas y de
pasajeros.

EMPRESAS Y EMPRESARIOS: El proceso de industrialización requería empresarios dispuestos a


adoptar

el uso de las nuevas tecnologías y a introducir nuevas formas de organización del trabajo. Por
una parte,

debían enfrentarse problemas de orden estratégico, como el de adoptar un nuevo método de


producción o de organización, fabricar un nuevo tipo de bien o penetrar un nuevo mercado. Por
otra, se

presentaban problemas concretos de management, de gestión cotidiana de la empresa, que en


muchos

en esos eran completamente nuevos. Con la Revolución Industrial nació también el


management

moderno, fundamentalmente, a partir de la difusión del sistema de fábrica y de la ampliación de


la

dimensión de las empresas. Sin empresarios dispuestos a introducir innovaciones, el cambio no


hubiera

sido posible. La pregunta sigue siendo si lo hicieron porque eran personalidades fuera de serie o
porque

las condiciones ambientales eran sumamente favorables. Entre los factores favorables se
destaca, el

bajo costo de las inversiones ya que las máquinas eran, en general, sencillas y poco costosas, a
que se

podían utilizar edificios ya existentes para instalar las fábricas y, también, a que la mano de obra
era

barata, y las condiciones de contratación, muy flexibles. Al mismo tiempo, los beneficios eran
muy

elevados, y permitieron que la autofinanciación fuera una práctica muy extendida. Más difícil
que reunir

el capital necesario era probablemente lograr el reclutamiento, la organización y el control de


los

trabajadores. Con la expansión del sistema de fábrica fue surgiendo un nuevo tipo de
empresario, el

capitalista industrial. La burguesía industrial pasó a ocupar un lugar destacado en la sociedad,


junto a la

burguesía comercial y financiera. Su poder radicaba esencialmente en su riqueza. En las


primeras etapas

del proceso de industrialización, el modelo de organización era la empresa personal, en la que el


propietario del capital ejercía tanto las funciones empresariales como las gerenciales. Las
empresas eran

mayoritariamente individuales o compuestas por un número reducido de socios, que se dividían


las

tareas. Aunque existían algunas empresas de grandes dimensiones sobre todo, en la minera y la

metalurgia, la mayor parte de las firmas era de tamaño reducido, y no había requisitos de
escala,

fundamentalmente, en el sector textil, que fue el sector de punta duran te décadas. En general,
lo que

diferenciaba a las grandes empresas de las pequeñas y medianas no era el tipo de máquinas
que

usaban, sino la cantidad, y una gran empresa era una yuxtaposición de empresas pequeñas.

LOS RECURSOS FINANCIEROS: La financiación de la Revolución Industrial británica, no presentó


grandes

desafíos. La demanda de crédito fue limitada, y pudo cubrirse con la oferta disponible. La
industria se

financió, con capitales propios de los empresarios (solos o asociados) , con reinversión de
utilidades y

con crédito de corto plazo, otorgado por bancos o por comerciantes. La proporción de la
inversión en

capital fijo era reducida con respecto a la inversión total, y que el crédito se destinaba

fundamentalmente a capital circulante. Aún las inversiones más costosas eran bajas con
respecto a

otros gastos. En 1809-10 el total de inversión en capital fijo en toda la industria del algodón
representó

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

menos de un 1% de los gastos militares (Gran Bretaña estaba en guerra con Francia). Gran
Bretaña

contaba con suficiente capacidad de ahorro, y el principal desafío consistió en trasladar los
capitales
desde las zonas agrícolas, hacia las áreas industriales en las cuales se utilizaba. Dada la
importancia de la

inversión en capital circulante, el crédito comercial siguió cumpliendo un rol decisivo. Los
bancos

funcionaron no sólo como intermediarios entre ahorristas y prestatarios, sino también como
creadores

de crédito, y otorgaron más crédito a largo plazo que lo que se suponía, actuando incluso como

accionistas en compañías.

LAS REGIONES Y LA INDUSTRIALIZACIÓN: Los sectores industriales evolucionaron a ritmos


diversos, y

sólo algunas áreas geográficas sufrieron el impacto de los cambios. Desde antes de la
revolución

industrial, había localización en la industrialización dependiendo en donde se encontraban. Ya


sea por

los recursos naturales o por la mano de obra. Una vez comenzada la Revolución Industrial, la

diferenciación regional se mantuvo, la industria textil del algodón, estaba concentrada en el


condado de

Lancashire. Aún a mediados del siglo XIX el impacto del nuevo industrialismo era limitado.
SIDNEY

POLLARD propone la imagen de un mar de sectores preindustriales masivos, que formaban un


océano

en torno a las pequeñas islas de industrialización. Sólo en algunas ramas de la industria textil
había una

mayoría de trabajadores empleados en fábricas, en otros sectores eran sólo una minoría, y en
otros su

presencia era excepcional. En la construcción, en la producción de muchos bienes de consumo o


en

buena parte de las minas y canteras, todavía no había tenido lugar una "revolución industrial".

5.2.3. Las consecuencias sociales de la industrialización

La industrialización fue modificando profundamente a la sociedad británica. Entre 1751 y 1851,


la
población de Inglaterra y Gales pasó de 6,5 millones de habitantes a casi 18 millones. Dos
factores que

influyeron significativamente en el incremento de la población fueron el crecimiento de la


economía y

las nuevas posibilidades de empleo, que favorecieron el matrimonio temprano y el aumento de


la

natalidad. Las consecuencias de la industrialización no fueron uniformes en todos. Si bien la


economía

creció a un ritmo sostenido, la nueva riqueza se repartió en forma muy desigual, la renta real
per cápita,

se encontraba estancada entre 1770 y 1820 más que en cualquier otro período desde las
primeras

décadas del siglo XVII, y los salarios reales mejoraron recién a partir de 1820.

El carácter de largo plazo del crecimiento de la industria de fábrica debió permitir un cierto
ajuste frente

a los cambios y la posibilidad de elaborar algún tipo de respuesta a las nuevas condiciones. El
sistema de

fábrica conllevó, un nuevo tipo de disciplina y largas jornadas de labor con bajos salarios y gran

inestabilidad. Que implicó también cambios muy grandes en el trabajo femenino e infantil, todo
ello con

altísimos costos sociales. El debilitamiento de los antiguos mecanismos de protección social


redundó en

un empeoramiento de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables. Con el desarrollo
urbano

y la expansión de los servicios privados y públicos fue creciendo también la clase media urbana,
otro de

los sectores característicos de los nuevos tiempos. La expresión "clases medias" engloba a
diversos

grupos sociales, y en Inglaterra suele usarse como sinónimo de burguesía. Junto a los
propietarios de

empresas y a los profesionales fue creciendo el número de empleados, que se diferencian de los
obreros
industriales porque no desempeñan trabajos manuales. Son los trabajadores "de cuello blanco",
por

oposición a los trabajadores de "cuello azul". Su número no era muy elevado en los primeros
tiempos de

la Revolución Industrial, pero para fines del siglo XIX habían adquirido un peso significativo.

LA URBANIZACIÓN: Este proceso tuvo lugar a lo largo del siglo XIX, pero en forma más
acentuada en la

segunda mitad. A mediados del siglo xix, menos del 12% de los trabajadores estaba empleado
en

fábricas, y todavía en 1871 el tamaño promedio de los establecimientos industriales era de


menos de 20

personas empleadas. Las actividades artesanales y los trabajos no mecanizados eran los más
numerosos.

En 1851 había más zapateros que mineros, y en la minería el uso de la energía mecánica se
combinaba

con el trabajo manual. La proporción de población empleada en la agricultura fue descendiendo


desde

principios del siglo xix, pasando del 35,9% en 1800 al 21,7% en 1851 y a aproximadamente el 8%
en

1901. La población rural excedente emigró hacia las ciudades o hacia destinos transoceánicos. A

mediados del siglo XVIII, Londres -con 675.000 habitantes- era la única ciudad inglesa con una
población

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

que superaba los 50.000 y a fines del siglo XIX, casi el 80% de la población británica vivía en
áreas

urbanas.

Las nuevas ciudades industriales: las ciudades que más crecieron fueron aquellas en las que se
llevaban

a cabo actividades industriales. Entre 1770 y 1830, Manchester, centro de producción textil, pasó
de
27.000 habitantes a 180.000. Al mismo ritmo se incrementó la población de los centros de la
industria

metalúrgica, como Birmingham, Sheffield y Leeds. La industria y la minería eran también la


actividad

principal de una multitud de ciudades menores, que tenían entre 3.000 y 5.000 habitantes. La
industria

modificó el paisaje urbano, a medida que las fábricas ganaban terreno. En general, las nuevas
ciudades

industriales se caracterizaron por el deterioro de la calidad de vida y del medio ambiente


urbano. El

hecho de que crecieran rápidamente, sin una infraestructura adecuada, creó condiciones de
vida muy

precarias para los trabajadores, con fuertes déficit en lo relativo a la vivienda y a la sanidad. En
otros

centros urbanos, en cambio, la industria se desarrolló en forma más gradual, sin que los costos
sociales

fueran tan elevados. En un caso o en el otro, el crecimiento urbano implicó un incremento de la


escala

de las ciudades y una mayor densidad de población, y fue transformando las relaciones sociales,
que se

hicieron más complejas y anónimas.

LA FORMACIÓN DE LA CLASE OBRERA: Junto con las fábricas nació un nuevo tipo de trabajador,
el

obrero industrial o proletario. El proletariado industrial se caracteriza por no ser propietario de


los

medios de producción y por vender su fuerza de trabajo en el mercado, a cambio de un salario.

Desarrolla su actividad en las fábricas, trabajando con máquinas y sometido a una estricta
disciplina. La

formación de la nueva clase obrera fue gradual. Todavía en 1830 el obrero industrial
característico no

trabajaba en una fábrica, sino (como artesano o trabajador manual) en un pequeño taller o en
su propia
casa, o (como peón) en empleos más o menos eventuales. Durante la primera mitad del siglo XIX
los

empleos tradicionales estuvieron permanentemente amenazados por la innovación tecnológica


y la

competencia del trabajo no calificado. Ello generó la radicalización política de artesanos y


trabajadores a

domicilio, así como movimientos de resistencia contra las nuevas formas de producción, que
incluyeron

la destrucción de máquinas, en la década de 1810. Más allá de la supervivencia de los oficios

tradicionales, la extensión del sistema de trabajo de fábrica constituye uno de los rasgos más
destacados

de la Revolución Industrial.

Las nuevas condiciones de trabajo: El sistema de fábrica implicó una nueva forma de
organización del

trabajo, caracterizada por la concentración de gran número de trabajadores en un mismo


espacio para

cumplir sus tareas bajo vigilancia y según una estricta disciplina. En palabras de LANDES, "la
fábrica era

un nuevo tipo de prisión, y el reloj, un nuevo tipo de carcelero". Los trabajadores habituados a
otras

formas de trabajo, con horarios irregulares y sin supervisión directa, debieron adaptarse a las
nuevas

condiciones. La resistencia de los obreros a aceptar la nueva disciplina explica que las normas

establecidas por los patrones de las fábricas fueran tan estrictas, y que se castigaran
severamente

cualquier error. El uso de maquinarias fue modificando también el grado de calificación


requerido a los

obreros para realizar su trabajo. Al mismo tiempo, surgieron nuevos trabajadores calificados, los

mecánicos, encargados de la reparación y el mantenimiento de las máquinas. El sistema de


fábrica
también modificó las condiciones de trabajo de los obreros que seguían realizando oficios
manuales.

EL TRABAJO DE LAS MUJERES Y LOS NIÑOS: Con el sistema de fábrica se incrementó el trabajo de
las

mujeres y los niños, para quienes se reservaban las tareas menos calificadas y que recibían una
paga

menor que la de los hombres adultos, con respecto a los cuales eran además más disciplinados.
Lo que

cambió radicalmente con la industrialización fueron las condiciones laborales. Las mujeres
pasaron a

trabajar en otras industrias rurales o en los nuevos oficios urbanos que florecieron desde la
década de

1830. La división sexual del trabajo había estado relacionada, con las diferencias físicas entre
hombres y

mujeres. Los oficios específicamente femeninos, que requerían una habilidad característica en
las

manos, eran considerados por los hombres como inferiores, y ésta es una razón por la cual las
mujeres

recibían una paga menor. Aun las mujeres que realizaban trabajos calificados eran
infravaloradas.

Cuando comenzaron a utilizarse máquinas accionadas por energía inanimada, la situación se


modificó

parcialmente. Las mujeres pudieron desempeñar tareas antes reservadas a los hombres, pero
siguieron

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

percibiendo salarios menores. En la primera mitad del siglo XIX, la mayor parte de las mujeres
trabajaba

en la industria textil y la del vestido, que eran las principales ocupaciones junto con el servicio

doméstico. En la industria del hierro y en la minería las mujeres trabajaban muy poco. En
general,

estaban excluidas de los oficios artesanales y de las organizaciones de trabajadores masculinos


calificados. El trabajo de las mujeres en las fábricas tuvo un fuerte impacto sobre la vida familiar
porque

implicaba la ausencia del hogar por larguísimas horas y la imposibilidad de cuidar de los hijos
durante

ese tiempo. Desde comienzos del siglo XIX se incrementó el número de hogares en los que junto
a un

matrimonió y sus hijos vivía alguna persona anciana que se ocupaba de las tareas domésticas y
del

cuidado de los niños mientras la mujer trabajaba en la fábrica. Al igual que en el caso de las
mujeres, en

la época preindustrial los niños trabajaban, y había muchos casos de abuso y explotación, pero
en

comparación con los primeros tiempos de la industrialización, la brecha es enorme. Con la


Revolución

Industrial, los niños comenzaron a trabajar masivamente en las fábricas. Eran más dóciles que
los

adultos, recibían una paga mucho menor e incluso eran más adecuados para algunas tareas.
Una

enorme cantidad de testimonios entre ellos, los informes gubernamentales confirman que las

condiciones solían ser inhumanas. Para hacer posible el trabajo infantil se redujo la edad
mínima del

ingreso en el mercado de trabajo y se disminuyó la importancia del aprendizaje. Los niños


comenzaban a

trabajar desde muy pequeños, a partir de los 6 u 8 años. El horario de trabajo era el mismo que
el de los

adultos, entre 14 y 16 horas por día. Los salarios eran irrisorios: la remuneración de los niños de
era 6

veces menor que la de un adulto no calificado, y con lo obtenido por un niño en una jornada de
trabajo

se podía comprar menos de un kilo de pan. La disciplina era muy dura, recurriéndose en
muchos casos a
los castigos corporales. Además de todo ello, las condiciones insalubres del trabajo en las
fábricas tenían

efectos muy negativos sobre la salud y el desarrollo infantiles. Aunque ya en 1802 el Parlamento
aprobó

una ley para proteger a los niños que trabajaban como aprendices en las fábricas, recién a partir
de la

década de 1830 el Estado comenzó a penalizar en forma efectiva los abusos cometidos por los

propietarios de las fábricas y a poner en vigencia nuevas reglamentaciones, dirigidas a regular el


trabajo

infantil. Al avanzar el siglo XIX, la situación fue mejorando paulatinamente, aunque pasaron
muchas

décadas hasta que se prohibió el trabajo de los menores en las fábricas.

EL DEBATE SOBRE EL NIVEL DE VIDA DE LOS TRABAJADORES:

Lo que se discute fundamentalmente son los efectos de la Revolución Industrial sobre el nivel
de vida

de las clases populares (lower classes). También se debate, acerca del efecto neto de la
Revolución

Industrial sobre los niveles de vida y si hubieran podido evitarse costos sociales mediante
políticas

económicas adecuadas. El espacio geográfico considerado es Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y


Gales).

El período considerado es el que transcurre entre 1780 y 1850; hay consenso en que la
situación

mejoró. JOEL MOKYR divide a los pesimistas en "blandos" (aquellos para quienes los niveles se

mantuvieron constantes) y "duros" (los que sostienen que los niveles de vida declinaron). Los
primeros

trabajos publicados sobre la Revolución Industrial se centraban en sus consecuencias sociales, y

brindaban una imagen fuertemente crítica. Veían a la industrialización como un proceso que
había

generado un empobrecimiento creciente de la población y una degradación de grandes grupos


de
productores, y consideraban que el resultado final había sido muy negativo.

En 1926, J. H. CLAPHAM discutió la visión pesimista desde una nueva perspectiva. Por una parte,

sostenía que la si uación de los trabajadores no había empeorado durante la Revolución


Industrial,

basado en estadísticas. En la base de su argumentación utilizaba datos sobre salarios que


habían sido

compilados por distintos autores, a partir de los cuales afirmaba que entre 1790 y 1850 el poder

adquisitivo medio de los obreros industriales había aumentado aproximadamente en un 60%.


En los

años cuarenta, T. S. ASHTON continuó la línea inaugurada por CLAPHAM. Utilizó nuevos datos

estadísticos porque consideraba que los que había usado CLAPHAM no eran confiables, pero
coincidió

con él en sostener una posición optimista, afirmando que en 1830 los miembros de las clases

trabajadoras que habían salido beneficiados con el advenimiento de la industria fabril


superaban en

número a los que no habían experimentado mejora alguna”.

Historia Económica Mundial del Paleolítico a internet, Barbero y Saborido. Resumen: Maia
Velazquez.

Hasta la década de 1950, las respuestas de los pesimistas se basaron en apreciaciones sobre la
calidad

de vida de la población trabajadora: unos se situaban en el terreno de la cuantificación, y otros,


en el del

impacto cualitativo de la industrialización

En 1957, ERIC HOBSBAWM fue el primero que fundamentó la posición pesimista con datos

cuantitativos, tratando de demostrar que la industrialización había tenido un impacto negativo


también

en el nivel material de existencia de las clases trabajadoras. En un artículo sobre el nivel de vida
en Gran

Bretaña entre 1790 y 1850, sostenía que debían utilizarse otros indicadores, como la mortalidad,
la
salud, el desempleo y el consumo. Consideraba que el aumento de la mortalidad entre 1810 y
1840, y

los datos disponibles sobre desempleo apuntalaban la posición pesimista, y que la información
sobre

consumo arrojaba bastantes dudas con respecto a la posición optimista. Como conclusión,
afirmaba que

para el período comprendido entre 1790 y mediados de la década de 1840, los niveles de vida
habían

descendido, y que para dicha etapa la posición optimista carecía de toda base sólida.

El trabajo de HOBSBAWM provocó la respuesta de R. M. HARTWELL, que asumió la posición


optimista

argumentado por el aumento de la renta media per cápita, que no hubo en la distribución una

tendencia en contra de los trabajadores, que desde 1815 bajaron los precios pero se
mantuvieron

constantes los salarios nominales, que se incrementó el consumo per cápita de alimentos y
otros bienes,

y que el Estado intervino crecientemente para proteger o elevar los niveles de vida, "hay que
concluir

que en los años que van de 1800 a 1850 se produjo un aumento en los salarios reales de la
mayoría de

los trabajadores ingleses.

La polémica adquirió a partir de entonces una gran intensidad. Se habían puesto en marcha tres
líneas

básicas de investigación: el nivel de los salarios reales, las pautas de consumo y la distribución
de la

renta nacional. El enfrentamiento entre HOBSBAWM y HART WELL se acentuó, y otros autores

intervinieron en la contienda. En la discusión se combinaron la evidencia empírica y las


posiciones

ideológicas, así como el desacuerdo acerca de cuáles eran los datos más relevantes a la hora de
medir el

impacto de la industrialización sobre el nivel de vida.


THOMPSON retomó en los años sesenta la senda de los HAMMOND. Sostuvo que los problemas
más

acuciantes de los primeros tiempos de la industrialización no se reflejan necesariamente en una

estadística sobre el costo de vida y tienen que ver, en cambio, con la puesta en juego de valores
como

las costumbres tradicionales, la justicia, la independencia, la seguridad o la economía familiar.

Considerando los estudios sobre el consumo, THOMPSON insiste en que si bien la renta per
capita

aumentó, es enormemente difícil evaluar cómo estaba distribuida. Destaca también que los
cambios en

ciertos hábitos de con sumo - por ejemplo, la disminución del consumo de cerveza y el paralelo

aumento del consumo de té, o el incremento del consumo de papas eran vividos por los

contemporáneos como una degradación.

Para THOMPSON, "en conjunto, los logros no fueron demasiado brillantes. Tras cincuenta años
de

Revolución Industrial, la clase obrera tenía una participación en el producto nacional que, casi
con toda

seguridad, había descendido en relación con la participación de los propietarios y profesionales.


El

trabajador medio siguió estando muy próximo al nivel de subsistencia, en una época en que
estaba

rodeado de testimonios evidentes del aumento de la riqueza nacional. Gran parte de ella era, a
todas

luces, fruto de su propio trabajo y pasaba, también con toda transparencia, a manos de sus
patronos. En

términos psicológicos, esto se vivía en forma muy parecida a un descenso de los niveles.

Desde los años setenta el debate se hizo menos virulento, pero aún continúa, sin que una
posición haya

triunfado sobre la otra en forma definitiva. PETER LINDERT y JEFFREY WI LLIAMSON, dos
historiadores
cuantitativistas norteamericanos, han propuesto una nueva periodización a partir de sus
cálculos sobre

los salarios. Afirman que entre 1790 y 1820, los salarios reales permanecieron estancados, y que
para

este período sus conclusiones están a mitad de camino entre las de los pesimistas y las de los

optimistas. Al mismo tiempo, sostienen que entre 1820 y 1850, los salarios reales prácticamente
se

duplicaron, y que ello consistió en un incremento mucho mayor que lo que cualquiera de los
optimistas

hubiera supuesto hasta ahora. CRAFTS ha calculado tasas de salarios reales menores para 1820
1850,pero superiores para el período previo y en promedio similares a las de LINDERT y
WILLIAMSON, si bien

todos estos autores consideran sólo la situación de los hombres adul tos que trabajaban en
fábricas, los

que sólo constituían una porción de las clases populares. FEINSTEIN Y CRAFTS afirman que el
consumo

per cápita creció desde 1820, pero no analizan si hubo cambios en la distribución del ingreso.
Las

posiciones pesimistas también han encontrado nuevos defensores. JOEL MOKYR ha demostrado

mediante un análisis econométrico que las tendencias en el consumo de ciertos bienes


importados

como el tabaco, el azúcar y el té no parecen respaldar la tesis de un aumento de los salarios


reales y que

aparentan sugerir mejoras muy limitadas en el nivel de vida de la mayoría de los obreros hasta

mediados del siglo XIX. Otras investigaciones recientes han resaltado que los salarios pudieron

aumentar pero el ingreso de las familias disminuyó por la desocupación, que los salarios
femeninos

aumentaron más lentamente y que aunque aumenten los salarios, las condiciones de vida
pueden

empeorar. También se ha argumentado que no subió el consumo de productos alimentarios,


sino que
sólo el de tejidos de algodón aumento significativamente. Por último, los indicadores biológicos
parecen

respaldar las tesis pesimistas, ya que la esperanza de vida creció hasta 1820 pero luego se
detuvo, al

igual que la mortalidad infantil, y la nutrición no mejoró. Mientras que durante fines del siglo
XVIII y

comienzos del xIx los reclutamientos en el ejército habían crecido, disminuyeron en el segundo y
tercer

cuarto del siglo XIx, lo que reflejaría un status nutricional menos satisfactorio. Por otra parte,
diversos

autores coinciden en afirmar que hubo fuertes variaciones regionales, y que también deben

considerarse las fluctuaciones económicas de corto plazo, así como el impacto de las guerras a
la hora

de hacer el balance de las consecuencias de la Revolución Industrial en el nivel de vida de los

trabajadores. Los optimistas han enfatizado que, en el largo plazo, la industrialización permitió
un

incremento del bienestar para el conjunto de la sociedad: no sólo una mayor abundancia y
variedad de

bienes, sino también mejores condiciones sanitarias y educativas, y un aumento sostenido de la

expectativa de vida. Desde este punto de vista, no puede negarse que un obrero inglés del siglo
xx vive

mejor que un noble del siglo XVII. Los pesimistas, en cambio, aun reconociendo esta realidad,
sostienen

que ella no pue de ocultar ni hacemos olvidar los altísimos costos sociales que se pagaron en los

primeros tiempos de la industrialización, costos pagados por personas de carne y hueso


durante va rias

generaciones

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