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CAPITULO 5 - Geografía

La cantidad de nombres geográficos que aparecen en el Antiguo Testamento—centenares de nombres de ciudades y países, montañas y valles, ríos y mares, y demás accidentes geográficos— lo distinguen del resto de la literatura religiosa.

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CAPITULO 5 - Geografía

La cantidad de nombres geográficos que aparecen en el Antiguo Testamento—centenares de nombres de ciudades y países, montañas y valles, ríos y mares, y demás accidentes geográficos— lo distinguen del resto de la literatura religiosa.

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GEOGRAFIA

La can%dad de nombres geográficos que aparecen en el An%guo Testamento—centenares


de nombres de ciudades y países, montañas y valles, ríos y mares, y demás accidentes
geográficos— lo dis%nguen del resto de la literatura religiosa. Según la Biblia, la revelación
de Dios se llevó a cabo en el espacio y en el %empo y, por lo tanto, una correcta
interpretación requerirá prestar atención a los datos geográficos e históricos del texto.

EL MUNDO BIBLICO
Aquella región en la que convergen Europa, Asia y Africa se caracteriza por diversos
rasgos Isico-geográficos significa%vos. Desde el Océano Atlán%co hasta el sudeste asiá%co
se ex%ende una cadena montañosa casi con%nua: las cordilleras de los Pirineos, los
Balcanes, el Cáucaso, los montes Elburz, Hindu Kush y el Himalaya. Al retener los vientos
fríos, estas montañas otorgaron a las %erras del sur un clima favorable para el desarrollo de
las civilizaciones en los %empos an%guos. Asimismo contenían las invasiones del norte. En
el sur también existe un límite natural, que es básicamente desér%co (los desiertos del
Sahara, de Siria y de Arabia). Además de servir de barrena contra la invasión desde el sur,
juntamente con los límites naturales del norte mantenía dentro de la región a los pueblos
que habitaban entre las montañas y el desierto. En consecuencia, el mundo del
Mediterráneo, la región mesopotámica, las estribaciones de la meseta iraní y el valle del río
Indo se convir%eron en «la cuna de la civilización», la zona en la cual el hombre progresó y
dejó de ser un cazador y pescador salvaje para conver%rse en un productor de alimentos,
un hombre civilizado. Una vez que pudo permanecer en su %erra y producir alimentos, el
hombre pudo aplicar sus energías en el cul%vo de las artes, las artesanías y los oficios:
construir ciudades, dedicarse a la alfarería, crear instrumentos musicales, descubrir
procesos para la metalurgia, inventar la escritura, y desarrollar todas las demás facetas que
componen el amplio concepto de «civilización».

La región que se ex%ende entre las montañas y los desiertos puede ser llamada el
«mundo bíblico» (ver mapa). Todos los acontecimientos registrados en la Biblia se
desarrollaron en esa región o bien tuvieron como protagonistas a los pueblos de la región.
Los personajes centrales del An%guo Testamento vivían principalmente en Pales%na, pero
en determinados momentos estuvieron en la Mesopotamia y en Egipto. Cada tanto
aparecen en la historia otros pueblos de Persia, Arabia del Sur, E%opía (Cus, quizá Nubia),
Asia Menor, las islas del Mediterráneo (Chipre y Creta), Grecia y otras regiones.
PALESTINA
El nombre. A principios del siglo XII a.C., algunos «pueblos del mar» de algún lugar
cercano a Creta o Grecia intentaron invadir Egipto. Ante el fracaso de este intento, algunos,
entre los que se contaba un pueblo llamado «filisteo», desembarcaron en la costa sur de
Pales%na. En el siglo V Herodoto, el «padre de la historia», se refiere a la región como «Siria
Filistea»5 y posteriormente los griegos trazan la diferenciación entre «Siria Filistea» y
«Celesiria». De la palabra griega [Link] se derivó la palabra la%na [Link].
El nombre Pales%na, que sólo comenzó a emplearse después del siglo V a.C., no aparece
en el An%guo Testamento. En cambio, a menudo se la denomina «la %erra de Canaán», dado
que sus principales habitantes eran los cananeos. También se la conoce como «la %erra
prome%da», por la promesa que Dios hizo a Abraham (Gn. 17:7s.) y que reiteró a sus
descendientes. Luego de la ocupación israelita, se la denomina «Israel» o «la %erra de
Israel» (1 S. 13:19, etc.). La expresión «Tierra Santa» (cf. Zac. 2:12) se popularizó en la Edad
Media.
Extensión y significado. En el uso popular, Pales%na se refiere a la %erra que va desde
Dan hasta Beerseba (Jue. 20:1, etc.). Este territorio se ex%ende desde la ladera sur del
monte Hermón hasta la orilla del desierto del sur (el Neguev); limita al oeste con el Mar
Mediterráneo o (Mar Occidental) y al este con el valle del Jordán. En el %empo de los griegos
y romanos, el término incluía el territorio que se ex%ende al este del Jordán o Transjordania.
La «promesa» de Dios a Abraham abarcaba mucho más que Pales%na. En Génesis 17:8
se menciona simplemente «toda la %erra de Canaán», pero en otros lugares la %erra se
ex%ende hacia el norte hasta «la entrada de Hamat» (en la Siria moderna) y hacia el sur
«hasta el torrente de Egipto» (Wâdī ̄ el-‘Arîsh al norte del Sinaí; cf. Nm. 34:1–12). En el
%empo de David y Salomón, Israel alcanzó su extensión máxima, pues ocupaba la mayor
parte del territorio mencionado, además de buena parte de Transjordania, aunque esa
%erra no se incluía en la promesa (Nm. 34:12).
J.H. Breasted denominó «medialuna fér%l» a la franja de %erra cul%vable colindante del
desierto de Siria, que comprende las %erras del sistema mesopotámico Eufrates-Tigris y de
la costa oriental del Mediterráneo (el Levante). En el extremo sudoeste abarca Pales%na y
se ex%ende hasta el valle del Nilo (ver mapa).
Mucho %empo antes de que exis%eran los registros históricos, a juzgar por los objetos
naturales y por los implementos hechos por la mano del hombre que se hallaron a cientos
y miles de kilómetros de su lugar de origen, la gente iba y venía vía Pales%na, «el puente
terrestre de la historia» que conectaba Europa, Asia y Africa. Mercaderes, migrantes,
peregrinos y soldados transitaron los caminos y cruzaron los ríos de ese territorio. Dios
escogió aquellas %erras para Abraham y sus descendientes, y además allí manifestó la
mayor parte de su revelación redentora.
Divisiones norte-sur. Las divisiones polí%cas varían con rela%va rapidez, pero los
accidentes Isicos permanecen casi intactos durante milenios. Pales%na forma parte de una
formación terrestre que abarca varios centenares de kilómetros del Levante. D. Baly ha
propuesto de manera convincente que la estructura geológica de esta región del Levante
se ex%ende fundamentalmente en dirección nordestesudoeste, pero aquí resulta más
importante señalar los accidentes más obvios con dirección norte-sur. Los cinco accidentes,
que se observan claramente en la mayor parte del Levante, son los siguientes de oeste a
este: la llanura marí%ma, la cordillera occidental (en Pales%na, la cordillera «central»), el
sistema del valle de fractura, la cordillera o al%planicie oriental y el desierto.
Pales%na se ensancha considerablemente (en dirección este-oeste) en el extremo sur
de su territorio, y por lo tanto puede exis%r alguna variación de esta distribución general.
La llanura marí%ma es angosta en el norte y desaparece a la altura de la escalera de Tiro (la
actual frontera libanesa-israelí) y del pie del Monte Carmelo. En el extremo sur, la llanura
marí%ma se dilata. Por consiguiente, esta llanura costera ha sido dividida en regiones,
conocidas en %empos del An%guo Testamento como llanura de Aser (entre la escalera de
Tiro y el Monte Carmelo), la llanura de Sarón (al sur del Carmelo hasta Jope o Tel Aviv) y la
llanura Filistea (al sur hasta Gaza). Entre los pocos puertos naturales de la llanura de la costa
de Pales%na, Aco (Acre), Dor y Jope eran los principales en la an%güedad. Una importante
ruta norte-sur corría paralela a la costa a varios kilómetros %erra adentro, debido a los
pantanos y dunas caracterís%cos de la llanura marí%ma.

Al sur, entre la llanura de la costa y la cordillera se ex%ende una región baja amplia y
fér%l, la Sefela. En el %empo de los jueces y a comienzos de la monarquía, esta región era el
foco de una guerra casi constante entre los israelitas (de las montañas) y los filisteos (de la
llanura marí%ma).
La cordillera occidental (que en Pales%na más específicamente se llama «central»)
cons%tuye la columna vertebral de la región. Se interrumpe sólo en la llanura de Jezreel
(Esdraelón) en la Baja Galilea, donde una estribación de la cadena central se proyecta en
dirección noroeste hacia el mar y forma la cordillera del Carmelo. El camino troncal paralelo
a la costa se internaba por el sur del Carmelo, recorría el estrecho paso de Wâdī ‘Ara
bordeando Meguido, cruzaba el valle de Jezreel, atravesaba la Baja Galilea y finalmente
llegaba a Damasco. A esta sección de la ruta se la llamaba «el camino del mar» (ViaMaris;
cf. Is. 9:1). Exissa un camino norte-sur más corto pero más intrincado que recorría la cadena
central serpenteando por los valles entre los picos montañosos.
La llanura de Esdraelón marca una separación clara entre las colinas del norte y la región
montañosa del sur. La región norteña generalmente se conoce como Galilea. La región del
sur no %ene un límite natural bien definido antes de la estepa o el Neguev. De acuerdo con
la división polí%ca del territorio durante la época del reino israelita, el norte se denominaba
Samaria y el sur, Judea. Al sur del Neguev se encuentra la península del Sinaí.
1) Galilea. Al norte, el límite natural de Galilea lo forman el cañón del Río Litani al
noroeste y el Monte Hermón al nordeste. El límite sur está formado por la cordillera del
Carmelo al sudoeste y Gilboa al sudeste. La Alta Galilea, al norte, es montañosa con
elevaciones que superan los novecientos metros. La Baja Galilea presenta colinas y amplios
valles que van en declive hacia el sur para formar la vasta llanura de Esdraelón.
La palabra «Galilea» proviene de una voz hebrea que significa «la región de», y sin duda
forma parte de una frase como «los territorios de los filisteos» (Jos. 13:2) o «los límites del
Jordán» (22:10). Es posible que el nombre original fuese «la región de los gen%les» (Is. 9:1).
2) Samaria. La llanura de Esdraelón demarca bien el límite norte de Samaria. El límite
este es el Jordán. El Mediterráneo cons%tuye el límite oeste, si bien las llanuras costeras
rara vez estuvieron en manos de los israelitas. Samaria no %ene un claro límite natural al
sur, pero se sabe que Bet-el se encontraba en las cercanías del límite (1 R. 12:29s.). La mayor
parte de Samaria es montañosa, con elevaciones de unos seiscientos metros. Los amplios
valles se regaban principalmente con las lluvias estacionales. Al oeste de Samaria, el terreno
va en declive hacia la llanura marí%ma, que hasta hace poco %empo la formaban en gran
parte dunas y pantanos. La zona árida del este desciende en pronunciada pendiente hacia
el Jordán.
El término «Samaria» proviene del nombre de la montaña en la que Omri estableció la
capital en la época de la división del reino (1 R. 16:24). De acuerdo con su tác%ca habitual,
después de la conquista de Samaria los asirios desterraron a los probables revolucionarios
israelitas—los líderes polí%cos y religiosos—, y a la vez introdujeron a los cau%vos de otras
naciones para que se establecieran en Samaria. El entrelazamiento de estos cau%vos con
los israelitas que permanecieron en el territorio dio origen a la población mixta postexílica,
llamada más tarde «samaritanos» (cf. 2 R. 17:6, 24; Neh. 4:2). En el %empo del Nuevo
Testamento los judíos no tenían trato con los samaritanos (Jn. 4:9).
3) Judá. La región que se ex%ende entre el límite sur de Samaria y el Neguev por lo
general se denomina Judea, aunque este nombre corresponde al período
neotestamentario. El nombre se deriva de Judá, la tribu principal, de la cual descendía la
dinassa de David.
La zona montañosa es, en general, algo más elevada y más rocosa que las montañas de
Samaria; los valles son estrechos, a menudo áridos y cubiertos de rocas. Al este, la región
que desciende abruptamente hacia el Mar Muerto es «el desierto de Judá». Por el contrario,
al oeste, en la Sefela, zona de suave ondulación con colinas y valles que producen frutas y
verduras en abundancia, el descenso es gradual. Más allá de la Sefela se ex%ende la amplia
llanura marí%ma.
4) El Neguev. El Neguev de la Biblia por lo general se circunscribe a la región que se
encuentra inmediatamente al sur de Beerseba. El Neguev es una región alta de estepa, con
tal escasez de lluvias que es casi imposible la supervivencia de la vegetación. Con la
perforación de pozos de agua y métodos para el mejoramiento del suelo hubo pueblos que
habitaron el Neguev, como los nabateos (ca. siglo V a.C.-siglo II d.C.) y, en menor medida,
las tribus del relato de los patriarcas.
5) Sinaí. La península, con montañas colosales y un vasto desierto, nunca se consideró
como parte de Pales%na. Por el lugar destacado que ocupa al comienzo de la narración (en
par%cular, en Exodo, Leví%co y Números), cabe mencionar tres elementos cons%tu%vos: (a)
El «desierto de Zin» es una región árida del norte del Sinaí. Los lugares más importantes,
Quirbet el-Cudeirát y ‘Ain Qedeis, se sugieren como la posible ubicación de Cades-barnea,
donde los israelitas acamparon la mayor parte de los treinta y ocho años que pasaron en el
desierto. (b) El «torrente de Egipto» es Wâdī el-‘Arish (y no el Nilo), formado por los arroyos
que descienden de las montañas del Sinaí. Corre aproximadamente hacia el norte y
desemboca en el Mediterráneo a la altura de la actual el-‘Arish. (c) El gran macizo
montañoso en el extremo sur de la península, la ubicación más probable del Sinaí (u Horeb),
es una región de picos escarpados que superan los dos mil metros de altura.
TRANSJORDANIA
Nombres de la región. La región que se ex%ende entre el valle del Jordán y el desierto
de Siria al parecer nunca tuvo nombre. El que a menudo se emplea en el An%guo
Testamento, ‘ēḇer hayyardēn, significa literalmente «al otro lado del Jordán», equivalente
aproximado de «Transjordania». Es evidente que quienes le dieron el nombre vivían al oeste
del Jordán. Perea, nombre neotestamentario, significa lo mismo. En la época del Imperio
Persa, la satrapía que comprendía Siria, Pales%na y Transjordania se denominaba «Más allá
del Río», con referencia al Eufrates.
Descripción general. Transjordania es una al%planicie que puede describirse como la
con%nuación hacia el sur de la cordillera oriental del sistema de fractura. Se eleva
abruptamente desde la falla del Jordán hasta superar los seiscientos metros sobre el nivel
del mar, y luego desciende en declive gradual hacia los desiertos de Siria y Arabia. Bien
irrigada por un complejo sistema de ríos y arroyos, se ha destacado siempre por su
producción. Los sistemas de arroyos forman una serie de ríos que han abierto profundas
gargantas en su descenso hacia el valle del Jordán y cons%tuyen así límites naturales.

Regiones de Transjordania. (1) Hacia el norte de la quebrada de Yarmuk y al este del


Alto Jordán y del Mar de Galilea se encontraba Basán, región formada en gran medida por
roca volcánica en descomposición y, por lo tanto, poseedora de una fer%lidad excepcional.
En el %empo de los romanos esta región se conocía con el nombre de Gaulani%s (cf. las
colinas de Golán, en el mundo moderno) y era una importante fuente de trigo para el
Imperio Romano.
(2) Galaad, al sur de Yarmuk, era una región con numerosos valles y buenas pasturas,
además de cerros escarpados con bosques de robles y otras especies. El proverbial
«bálsamo de Galaad» (Jer. 8:22; 46:11), destacado por sus propiedades medicinales y
cosmé%cas, se exportaba a Tiro y a Egipto. Jacob luchó con el ángel (Gn. 32:24–32) y se
reconcilió con Esaú (33:1–17) en Galaad; Elías era natural de Tisbe (1 R. 17:1). El límite sur
de Galaad no está bien definido. Algunos eruditos consideran que era el Arnón (Wâdī el-
Môjib), pero en general el valle de Jaboc (Wâdī Zerqa) es el límite más aceptado.
(3) Amón estaba ubicada entre los valles de Jaboc y Arnón, más específicamente en la
zona bañada por los afluentes del Jaboc, bien al este del Jordán. La capital, Rabá-amán,
coincide con el actual emplazamiento de Amán. El reino de Sihón en el siglo XIII estaba
situado entre Amón y el Jordán.
(4) Moab por lo general abarcaba las %erras entre el Arnón y el Zered (Wâdī el-Ḥesā),
pero en determinados momentos el límite norte se extendía más allá del Arnón. Los
«campos de Moab», entre Wâdī Nimrin y el Mar Muerto, ascienden gradualmente hacia
Hesbón (Ḥesbân) y Medeba. Rut, la nuera de Noemí y antepasada de David, era moabita.
Moisés llegó a ver la %erra prome%da desde los montes de Moab y murió allí (Dt. 34:1–5).
Un importante hallazgo arqueológico, la inscripción de Mesa, está escrita en lengua
moabita.
(5) Edom suele ser iden%ficada con la región al este del Arabá entre el Zered y la
cabecera del Golfo de Acaba. Durante la mayor parte de la época veterotestamentaria
Edom se extendía a ambos lados del Arabá. La elevada cadena montañosa denominada
Monte Seir era el centro del territorio edomita, cuya capital era Sela (en gr. Petra; 2 R. 14:7).
(6) Madián, que no pertenece a Transjordania, se hallaba al sur de Edom, al este del
Golfo de Acaba y frente al Sinaí. Jetro, el suegro de Moisés, era madianita. Algunos eruditos
sos%enen que el monte en el cual Moisés recibió la ley se encuentra en Madián, pero las
descripciones bíblicas del peregrinaje de los israelitas no confirman esta teoría.

LA FALLA DEL JORDAN


La falla del Jordán es parte de la Gran Falla, un fenómeno geológico que se ex%ende
desde el valle de Kara Su en Turquía hasta las Cataratas de Victoria en el extremo sur de
Zambia. En la parte más profunda de la Gran Falla se encuentra el Mar Muerto. La falla del
Jordán comprende los afluentes del Alto Jordán, el Mar de Galilea, el río Jordán, el Mar
Muerto y el Arabá.
El Alto Jordán. De los escalones del Monte Hermón brotan caudalosos manan%ales que
van a formar los afluentes del Alto Jordán. En los %empos bíblicos, formaban una región
pantanosa que desaguaba en el Lago Hula, un lago de unos seis kilómetros de largo. En la
actualidad, los pantanos y el lago han sido desecados, y el Alto Jordán con%núa en el Jordán
Medio, cañón de unos quince kilómetros de largo en cuyo trayecto el río desciende de unos
setenta metros sobre el nivel del mar, para verter las aguas al Mar de Galilea, a doscientos
ocho metros por debajo del nivel del mar.
El Mar de Galilea. De mayor importancia en el Nuevo Testamento, el Mar de Galilea
recibe el nombre de Cineret («arpa») en Números 34:11 y luego Genesaret (Lc. 5:1) y
Tiberias (Jn. 21:1). El lago, en forma de arpa, mide vein%ún kilómetros de largo y trece
kilómetros de ancho. Situado entre los montes de Galilea y las colinas de Golán del al%plano
de Transjordania, goza de un clima subtropical, aunque soporta intensas tormentas
repen%nas. La costa noroeste, la fabulosa llanura de Genesaret, era de una fer%lidad
increíble.
El río Jordán. Desde el Mar de Galilea hasta el Mar Muerto la distancia en línea recta es
de unos cien kilómetros. Sin embargo, a causa del serpenteo la longitud de este río supera
los trescientos veinte kilómetros. Debido a la salinidad del valle del Jordán, las aguas
arrastran una can%dad considerable de sal al Mar Muerto.
En un corte transversal del valle del Jordán se observa que en realidad se trata de un
valle dentro de otro. El valle mayor, que se ex%ende desde los montes de Samaria hasta el
borde de la al%planicie de Transjordania, se conoce con el nombre árabe Ghôr. El Ghôr mide
alrededor de ocho kilómetros de ancho inmediatamente al sur del Mar de Galilea, pero más
de veinte kilómetros de ancho en Jericó. Dentro del Ghôr se halla el Zôr, la «espesura» o la
«gloria» del Jordán (Zac. 11:3), un valle de unos tres a seis metros de profundidad y hasta
cincuenta metros de ancho, con pendientes casi perpendiculares. El Zôr está recorrido por
el cauce del Jordán propiamente dicho, río cuyo ancho oscila entre cinco y ocho metros.
Debido a que el Jordán se desborda en la época de la inundación, el Zôr está cubierto de
una densa vegetación (ver diagrama).

Algunos eruditos han sugerido que la obstrucción del Jordán, que se produjo cuando los
israelitas debían cruzar de Moab a Gilgal, se debió a que un terremoto causó el derrumbe
de los acan%lados de greda que cayeron al Zôr a la altura de Adam (actual Damiya; cf. Jos.
3:13, 16). En el año 1267 d.C. efec%vamente sucedió esto y el Jordán permaneció bloqueado
durante varias horas; después volvió a suceder a consecuencia del terremoto de 1927.
El Mar Muerto. La masa de agua más baja del mundo es el Mar Muerto, que se
encuentra a trescientos noventa y cinco metros por debajo del nivel del mar; en el punto
de mayor profundidad, el fondo está a setecientos sesenta y cinco metros por debajo del
nivel del mar. Este mar mide setenta y siete kilómetros de largo y catorce kilómetros de
ancho máximo. Se lo denomina «Mar Salado» (Gn. 14:3), «mar de la Arabá» (Jos. 3:16 BJ) y
«mar oriental» (Zac. 14:8). Josefó lo llamó «mar de asfalto» (Guerra iv. 8.4, párr. 476), y los
árabes lo llaman en la actualidad el «Mar de Lot». No se lo menciona en el Nuevo
Testamento. Puesto que la evaporación es la única vía de escape de los seis millones de
toneladas de agua que el Jordán vierte por día en el Mar Muerto, la concentración de sales
es de alrededor del vein%séis por ciento. Toda forma de vida es imposible en este mar; de
allí el nombre que primeramente le dieron los griegos.
El Arabá. Ubicado al sur del Mar Muerto, es un valle árido que se eleva a doscientos
metros sobre el nivel del mar y luego desciende hasta el mar, y se ex%ende hasta el Golfo
de Acaba, a doscientos noventa y ocho kilómetros al sur. En la actualidad se da a este valle
el nombre hebreo «Arabá» que equivale aproximadamente al nombre árabe. En el An%guo
Testamento, «Arabá» se emplea para designar el valle del Mar Muerto y el valle del río
Jordán.
El Golfo de Acaba. La prolongación de la falla del Jordán hacia el Mar Rojo se denomina
Golfo de Acaba. En la an%güedad, «Mar Rojo» no sólo se refería a aquella masa de agua
sino también al Golfo de Acaba, el Golfo de Suez y aun abarcaba el Mar de Arabia y el
Océano Indico. El Mar Rojo, por el que cruzaron los israelitas en el Exodo (Ex. 13:18; 15:22),
no es ninguno de éstos, por cierto.
Descripción general. Toda la zona del Mediterráneo oriental está bajo la influencia de
los vientos etesios, que en el invierno traen humedad, por lo general del noroeste, y, en el
verano, %empo seco del sudoeste. De tanto en tanto, se ven interrumpidos por vientos
desér%cos del este o del sur, el hamsîn o siroco, que trae calor sofocante y seco durante
unos pocos días.
Estaciones. En consecuencia, existen dos estaciones: lluviosa (de diciembre a marzo
aproximadamente) y seca (de mayo a sep%embre). Hacia el final de la estación seca algunos
años se dan aguaceros, la «lluvia temprana» del An%guo Testamento. Asimismo, ciertos
años la estación de lluvias se prolonga algunas semanas, con la «lluvia tardía». Los israelitas
consideraban ambas «lluvias» como una bendición especial.
Lluvias. Como los vientos predominantes son del oeste, toda la humedad que traen se
deposita en forma de lluvia en la ladera occidental de la cordillera central de Pales%na y de
la al%planicie de Transjordania. Estas laderas, por lo tanto, reciben bastante agua y son
rela%vamente fér%les. La ladera oriental, en cambio, es árida y los vientos que soplan del
este y del sur con facilidad secan los árboles y plantas, con el consiguiente daño.
Periódicamente traen también plagas de langostas que en cues%ón de horas deshojan y
descortezan por completo la vegetación (cf. Jl. 1–2).
Cambio climá.co. Según cierta teoría, el clima ha cambiado en forma significa%va desde
el %empo de los patriarcas hasta nuestros días: se ha secado gran parte de la %erra, lo que
provocó la deforestación y otros males. Pero los datos disponibles no confirman esta teoría.
La can%dad de lluvia, la temperatura media y otros factores climatológicos de Pales%na y
regiones circundantes se han mantenido rela%vamente constantes durante los pasados seis
mil años. Los cambios en la densidad de la vegetación quizá deberían atribuirse a dos
elementos comunes de inusitada hos%lidad para la ecología de una región: el hombre y las
cabras. Entre los dos han logrado despojar a las montañas de los árboles y han hecho que
el suelo se erosione con las lluvias, lo cual acarrea un aparente cambio de clima. No se trata
de un fenómeno natural, sino que es obra del hombre.

IMPORTANCIA DE LA GEOGRAFIA
Importancia polí.ca. Pales%na era el puente terrestre entre las civilizaciones de Europa,
del sudoeste de Asia y del norte de Africa. Por consiguiente, los mercaderes y militares del
an%guo Cercano Oriente aparecen a menudo en el An%guo Testamento. Pero, la historia no
se acaba allí. Los ejércitos sólo emprenden la marcha cuando hay un gobernante que está
seguro de la superioridad de sus fuerzas con relación a las de su enemigo (o enemigos).
Había épocas de equilibrio militar, por lo general como consecuencia de la debilidad de
todas las naciones vecinas. En esas épocas en las que reinaba el vacío de poder, Pales%na
servía de valla entre los rivales. Esa era la situación imperante en el momento en que los
israelitas entraron en Canaán, y se mantuvo durante gran parte de la monarquía y hasta el
surgimiento del Imperio Asirio. Naturalmente, hubo momentos en que los egipcios
mantuvieron líneas de defensa exteriores en Pales%na o entraron en una alianza
matrimonial con algún rey de Israel; también hubo momentos en que las pequeñas naciones
vecinas, como los filisteos, amonitas, moabitas y edomitas, decidieron invadir algunas
ciudades israelitas.
Los caracteres Isicos también explican el «espléndido aislamiento» en que vivieron los
israelitas durante buena parte de su historia. Las principales rutas de tránsito de los
ejércitos y mercaderes recorrían la llanura marí%ma del oeste o bordeaban la al%planicie de
Transjordania al este. Un rey extranjero podría burlarse diciendo que el Dios de Israel era
«Dios de los montes, y no Dios de los valles» (1. R. 20:28), lo cual no hace más que afirmar
que los israelitas estaban rela%vamente seguros en la fragosidad de la montaña. Este era el
caso de Judá, con estrechos valles rocosos, más que de Samaria, caracterizada por las
amplias llanuras. De modo que para los asirios fue rela%vamente fácil conquistar el reino
del norte, mientras que tomar Jerusalén resultaba más problemá%co.
La observación del aspecto Isico permite comprender la frecuente desunión de Israel.
El territorio era más propicio para la existencia de dominios tribales o ciudades-estado que
para una nación sólidamente unida. En este sen%do, Israel se parecía a Grecia. Sin embargo,
las ciudades-estado arameas eran más como oasis en el desierto.
Por carecer de litoral, Israel no se desarrolló como pueblo marí%mo. La navegación del
Mediterráneo en el Levante era de dominio casi exclusivo de los fenicios, y además los
mejores puertos se encontraban hacia el norte de Aco. Los israelitas nunca tuvieron el
dominio de la llanura costera. El único desarrollo marí%mo que emprendieron tenía como
centro Ezión-geber sobre el Golfo de Acaba, por medio del cual comerciaban con los puertos
del Mar Rojo (y quizá de la costa oriental del Africa).
Importancia teológica. A lo largo de toda la Biblia, los accidentes geográficos %enen
connotación teológica. El Señor afirmó la %erra y detuvo los mares. Hizo que la %erra diera
frutos o envió el hambre. Envió las lluvias o las retuvo. Si no enviaba la lluvia temprana, el
suelo no estaba listo para la siembra; si no enviaba la lluvia tardía, los frutos no maduraban.
Dios envió el viento arrasador del este o las devastadoras plagas de langostas. Fijó los límites
naturales. Todos los ríos van al mar y este no se llena. El Señor afirmó las montañas. Llevó
a las naciones de un lugar a otro: tomó a Israel de Egipto, a los filisteos de Ca}or y a los
arameos de Kir (Am. 9:2).
Quizá el significado teológico de la geograIa se comprenda mejor en relación con la
lucha de los profetas de Yahvéh contra el culto de Baal. Cuando los israelitas llegaron a la
%erra entraron en contacto con la religión cananea, una forma de naturalismo centrada en
Baal. Las creencias fundamentales de esta religión son incompa%bles con el concepto de
mundo natural inherente al «Yahvehismo», en el cual Yahvéh y no Baal daba la fruta, el
aceite, el vino y el aumento de los rebaños (cf. Os. 2:8). Baal era un Dios muy «terrenal», y
como parte del culto que se le rendía se prac%caba la pros%tución sexual para conseguir
que la %erra diera frutos. Por lo tanto, los profetas de Yahvéh se oponían enérgicamente al
culto de Baal, pues sotenían que Yahvéh es el Dios que creó el mundo y quien da o re%ene
el fruto. Los elementos geográficos y climá%cos formaron parte fundamental del mensaje
profé%co. La comprensión de la palabra de Dios tal como la proclamaron sus siervos, los
profetas, requiere, pues, un conocimiento básico de la geograIa Isica de aquellas %erras,
pues los detalles de los factores geográficos y climá%cos son parte integral del lenguaje de
la revelación.1

1
William Sanford LaSor, David Allan Hubbard, y Frederic William Bush, Panorama del
[Link] Testamento: Mensaje, forma y trasfondo del [Link] Testamento (Grand Rapids
MI: Libros DesaIo, 2004), 39–52.

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