El Lobizón.
La leyenda dice que el lobizón es el séptimo
y último hijo de Tau y Kerana, en quien
sobrecayo la mayor maldición que pesaba
sobre sus progenitores (esto último, según
la Mitología Guaraní), que en las noches de
luna llena de los Viernes; y/o Martes se
transforma en un “animal” que mezcla las
características de un perro muy grande y un
hombre (otras veces, también, mezcla las
características de un cerdo).
Para la transformación, el maldecido, comienza sintiéndose un poco
mal; por ejemplo comienza sintiendo dolores y malestares, luego ,
presintiendo lo que va a venir, busca la soledad de un lugar apartado,
como la partes frondosas del monte, se tira al suelo y rueda tres
veces de izquierda a derecha, diciendo un credo al revés. El hombre-
lobisón se levanta con la forma de un perro inmenso, de color oscuro
que va del negro al marrón bayo (dependiendo del color de piel del
hombre portador de “la maldición” ), ojos rojos refulgentes como dos
brasas encendidas, patas muy grandes que son una mezcla de manos
humanas y patas de perro, aunque otras veces, también tienen forma
de pezuñas y que despide un olor fétido, como a podrido. Luego se
levanta para vagar hasta que caiga el día. Cuando los perros notan su
presencia le siguen aullando y ladrando, pero sin atacarlo, por donde
vaya. Se alimenta de las de heces de gallinas (por eso se dice que
cuando el granjero ve que el gallinero está limpio, es porque el
lobizón anda acechando por el lugar), cadáveres desenterrados de
tumbas y de vez en cuando come algún bebé recién nacido que no
haya sido bautizado. El lobizón es reconocido porque:
Son hombres flacos y enfermizos, que desde niños, fueron personas
solitarias y poco sociables
Cae siempre en cama enfermo del estómago los días después de su
transformación.
El hechizado vuelve a su forma de hombre al estar en presencia de su
misma sangre, así, al ser cortado, recuperará su verdadera forma.
Pero se vuelve enemigo a muerte de quien descubre su sagrado
secreto y no se detendrá hasta verlo muerto.
La Leyenda de la Flor del Ceibo
Según cuenta la leyenda la flor del ceibo nació cuando Anahí fue
condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate
entre su tribu y los guaraníes.
Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los
rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las
flores. Amaba con pasión aquel suelo silvestre que bañaba las aguas
oscuras del río Barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una
voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al
cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las
islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba.
Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado,
¡tanta era la belleza de su canto!.
Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río,
más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte
estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y
hombres extraños de piel blanca remontaron las aguas y se
internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los
invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo.
Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan
pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para
seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se
adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río.
Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio,
fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus
esfuerzos por librarse aunque era ágil.
La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que
huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y
valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela.
Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero
no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña
Anahí volvió a caer en sus manos.
La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un
soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La
indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron
leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente
envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que
pareció también una roja llamarada.
Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó
de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a
la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima
estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su
llamada.
Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían
Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado
quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se
había transformado en un manojo de flores rojas como las llamas que
la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña,
maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su
tierra, adornando el árbol que la había sostenido.
Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la
mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y
altiva de una raza que ya no existe.
Fue declarada Flor Nacional Argentina, por el 23 de diciembre de
1942. Su color rojo escarlata es el símbolo de la fecundidad en este
país.
La Llorona
Desde hace mucho tiempo atrás, a lo largo y ancho de
montañas, valles, ríos y paisajes de nuestro país, se dice
que hay una mujer fantasma deambulando de aquí para
allá, le llaman La Llorona. Quienes la han visto, cuentan que
viste con un vestido de muchos colores que le tapa todo su
cuerpo hasta los pies descalzos.
Esta mujer tiene el cabello muy largo en una mezcla de colores negro,
plateado y dorado. En su cabeza se paran grillos, luciérnagas y
mariposas. Causa mucha impresión, miedo y espanto ver a La
Llorona, pues su cara es como la de una calavera.
La Llorona tiene las manos muy grandes, y en ellas carga un bebé
muerto, su hijo, por quien llora todo el tiempo desconsoladamente. La
gente comenta que fue ella misma quien lo mató y por eso su llanto
interminable y el arrepentimiento que lleva. Esta mujer ataca sólo a
las parteras, médicos y enfermeras que ayudan a las mujeres
embarazadas a acabar con la vida de sus bebés antes de nacer.
También ataca a los hombres que dejan embarazadas a mujeres
jóvenes solteras y que luego las abandonan cuando nace su bebé.
Cuando La Llorona habla, sólo pide que se respete la vida, sobretodo
la de los que están por nacer...
EL MINOTAURO
Se da el nombre de Minotauro a una criatura abominable que moraba en la
isla Creta, en el centro de un laberinto y que tenía cabeza de toro y cuerpo
de hombre.
Cuando nació, su padre, asustado y avergonzado al ver tan extraña
criatura, mandó a construir un laberinto tan complejo que solo su
constructor era capaz de encontrar la salida. En el encerró al Minotauro.
Los atenienses debían soportar un castigo, cada nueve años, siete
muchachos y siete muchachas jóvenes debían viajar a Creta entrar en el
laberinto donde vivía el Minotauro. Los desafortunados jóvenes se
extraviaban entre tantos pasillos que se ramificaban y cruzaban Sin Cesar.
Todos morían, incapaces de hallar la salida y en cuanto el Minotauro los
encontraba uno a uno inmediatamente las devoraba.
La maldición acabó cuando la hija del Rey Tebas, Ariadna, entregó un ovillo
de hilo al valiente Teseo. Este ató un extremo del ovillo en la entrada y se
introdujo en el laberinto. Una vez en el interior lucho hasta matar al feroz
Minotauro y, siguiendo el hilo logrón hallar la salida. De esta manera libero a
todos los atenienses del terrible castigo para siempre.