Mi Maestro.
¡Qué bueno es el día!
Así lo siento, me levanto ya pensando en que tanta elaboración tendrá mi
desayuno, y siempre lo mismo, termino haciendo un café negro sin azúcar,
y a todos, cada que me preguntan les digo: “lo que pasa es que el café se
degusta mejor sin ese dulzor”, después dentro mío me rio, y arrugo la
nariz a cada sorbo de ese café, obvio, me doy cuenta de que no era tan
agotador como se veía el sacar el frasco con azúcar, la cuchara, ensuciarla
y lavarla. Bueno, en fin, hace casi un año que el café lo tomo amargo, y
quizás no me guste, pero aprendí a tolerarlo, porque a veces somos así,
vamos por la vida suprimiéndo acciones para ganar tiempo que no
disfrutamos, eso me pasa a mí, pero tampoco soy tan único como pensé, y
eso me suele consolar.
El día empieza leve, o podría ser que mis fuerza paras solucionar los
problemas tardan un poco más en despertar, pero parece ser que el día
pasa más rápido. A veces el tiempo ha sido desde pequeño una gran
incógnita.
Desde niño me costó entender el concepto de tiempo, mi padre,
empedernido en su ansias de que comprenda algunas cosas, cada día
encontraba un nuevo ejemplo que darle a ese niño curioso. Uno de los
que más recuerdo, es su explicación en la que un segundo equivale a un
latido del corazón, con 5 años lo asimile, pero tiempo después, meses o un
poco más, llega la muerte de una mascota, que longevo para su condición,
nos dio grata compañía en aquellos años. Entonces al momento de
enterrarlo, pregunto:
-Papá, ¿cómo sabes que está muerto? Tal vez solo tenía mucho sueño dije
con la última gota de esperanza al no saber de la muerte.
-Entonces mi padre dijo: tócale aquí en su pecho, su corazón se detuvo, ya
no late.
Entendí en aquel instante que la vida se acaba cuando el corazón deja de
latir, quede tranquilo, al tener a alguien que pudiera sanear mis dudas,
aunque ese mismo día, seguí pensando, y vuelvo con mi padre, para
explicarle una de las primeras conclusiones que tuve gracias a la razón, y
le dije:
- Me habias contado que los segundos se igualaban a los latidos, que mi
corazón podía medir el tiempo. Hoy me mostraste que el corazón deja de
latir con la muerte, entonces, ¿la muerte extingue el tiempo para aquellos
que se quedan sin latidos?
- Parece ser que así es, contesto el viejo con una seguridad dudosa.
- De nuevo, me nace otra pregunta, ¿papá, cuando mi corazón se detenga,
el tiempo dejara de existir?
-Me respondió que no, que por más que yo carezca de algo, no significa
que todos carecerán.
Esta última respuesta, dejo convencido por unos días aquel pequeño,
aunque cada año, fui convirtiéndome en un creador de dudas, que mi
padre se encargaba de erradicar. Muchas de las pláticas que tuvimos, sigo
pensando que fueron bastante crueles, o demasiado crudas y realistas,
platicas que, antes de acabar, yo corría para terminar con un llanto en los
brazos de mi madre, que por cierto, la rabia inundaba su rostro, mientras
mi padre, se deleitaba riéndose de la situación.
Pero ni el dolor de la verdad es tan cruel como el tiempo, que cuando lo
deseamos más calmado, se llena de locura para llevarnos a un futuro que
al parecer, siempre encuentra un atajo cuando no lo necesitamos.
Por cada año que se perdía en el horizonte, dejaba con él, alguna que otra
duda que con el tiempo se fueron acumulando, y provocaban, en
ocasiones, que yo evitase encontrarme solo conmigo mismo, porque me
autodestruía, me había acostumbrado a que con una pregunta,
razonamiento o lectura, se extinguiera la incertidumbre, y renaciera la
seguridad, pero había algo diferente esta vez, algo que me decía a solas,
que era un bruto sin sentido.
Algo que también me angustiaba pero era tan torpe para darme cuenta,
era que los diálogos con mi padre ya no eran los mismos, la rebeldía de mi
adolescencia solo me dejaba oírlo, pero no lo escuchaba. Mi egoísmo me
decía que solo yo tenía razón, me decía que el viejo ya estaba viejo, y que
yo, ya lo había superado. Él por su parte, solo se limitaba a escucharme,
asintiendo con la cabeza para darme la razón, contestando solo cuando su
opinión era compartida con la mía. Una de las pocas que recuerdo durante
esa época era que el solo puede enseñarme el significado de las palabras
bien y mal, y que se debe promover el bien. Sostenía la idea de que sería
capaz de distinguir y separar las acciones buenas de las males, porque él
no puede dedicar su vida a explicarme acción por acción cual es la mala y
cuál es la buena, pero que cuando por alguna razón, yo no las sepa
diferenciar, el estará allí para contarme de nuevo, sobre lo bueno y lo
malo.
No paso tanto hasta que mi euforia puberataria desapareció, y las pláticas
con el viejo no tardaron en reaparecer, ya más calmado, pude darme
cuenta de lo tan lejos que estaba alcanzar a mi padre, al maestro.
Mientras tanto, en mi mente había una risa burlona por lo idiota que soy,
volví a intentar construirme, porque además de ser mi progenitor, es mi
amigo, y culpa de esto, mis palabras no reflejan el respeto que se merece,
aunque mis actos me demuestran que hay algo más allá de las palabras,
que él no es un menso más esperando que la demagogia que a veces
pregono, lo alague para crear una farsa.
En una de esas platicas hace unos años, concluimos con él que mis dudas,
que llegaron a formar parte de él, quizás nos las llevaríamos a la tumba, y
que solo, si yo decidiera sacrificar una vida de tranquilidad para hundirme
en mis tormentos, solo quizás, con una probabilidad remota, pudiera
algún día encontrar respuestas que generaran una calma duradera, sigo
pensando si valdrá la pena, él insiste en que no, y mi terquedad no
termina, pero seguiré escuchándolo hasta exprimir su última gota de
experiencia.
Al final del dia trato de aprender de cada persona con la que hablo, de
cada cosa que percibo, de cada animal que me brinda su presencia, del
carisma de este mundo, y de un Dios que a veces nos destruye, quizás no,
tal vez la naturaleza sea tan incontrolable, incluso para aquel ser
todopoderoso.
También suelo delirar, pienso que no existe cosa alguna de lo que no
podamos adquirir algo nuevo. Lo mas triste que siento es que el tiempo
me ha ido privando de curiosidad por algunas cosas, mas que nada de
aquellas cuestiones que son fáciles de aprender, o por lo menos son
conocimientos ya forjados por otras mentes, y que solo se encuentran al
alcance de una lectura y comprensión, esas cosas a veces las paso por
alto, e intento hablar sobre lo que no podemos hallar en un libro,
formando así un sinfín de disgustos con aquellos que deciden debatir
sobre algo que a mi parecer ninguna podría estar teniendo la razón, para
asi llegar entre ambos a una verdad que para nadie mas que nosotros
existirá.
Entender y enseñar sobre lo que no esta escrito tal vez sea uno de las
actos mas imprudentes del hombre, aunque también, uno de los mas
necesarios. Siendo sincero, nunca encontraré una regla general para el
actuar del hombre, y cada vez que mi psiquis me engaña pensando que la
tengo, entonces ahí aparece el destino para demostrar el tan gran
desacierto en cual me estoy incurriendo.
Después de todo, somos tan injustos con la vida, como cuando decidimos
estudiar después de un examen, o exhibimos nuestros sentimientos al
presenciar la muerte, puedo estar errado, capaz, la injusta sea la vida
misma que siempre quiere estar un paso al frente, que nos priva de
conocimiento sin antes haber experimentado su crueldad.
Podríamos mejorar, para cada vez que decidimos anticiparnos el destino
cambia de manera imperceptible su curso, y seguimos errantes.
Años atrás me encontraba en una encrucijada, por un lado gente de mi
entorno, pidiendo un aura de seguridad en mis palabras, por el otro, mi yo
interno, queriendo ahogarse en las dudas para seguir aprendiendo, en fin,
sigo con la duda, y si aquella vez hubiera decido asentarme en una suerte
de certeza, hoy mis dudas se habrían dado por vencidas, pero no, lo que
hoy siento es que cada vez que intento asesinar mis dudas, ellas renacen y
se reproducen, la curiosidad de nuevo toma el mando, navegando por
aguas sin tierra a la vista, lo mejor de todo es que cada vez el barco se
agranda, se perfecciona, lo peor, que el maldito mar que no deja de
crecer.
La incertidumbre es mi motor en este viaje sin retorno, y al parecer,
tampoco tiene destino, aun asi seguiré, viajando y observando, robando
sabiduría a los mas aptos, espero que mi vigor siga vigente porque el
infinito camino que deseo recorrer me dejara sin ansias para poder estar
satisfecho de mi.
Algunos días, como hoy por ejemplo, decido descansar, guardo el mapa en
el cajón y me ahogo en mis vicios, y que actitud tan absurda que tengo,
porque al retomar el crucero, me encuentro mas perdido…
Estos días de ocio siempre son útiles, me vuelvo a encontrar, mantienen la
armonía de mi vida, eso creo, o por lo menos mi sistema de recompensa
asi me lo dice.
Seguiré abordo hasta el final del camino, cuando mi brújula enloquezca,
sacare el mapa viejo y mal visto por mis ojos rebeldes, aquel mapa que
con amor y sabiduría supo entregarme mi padre, mi maestro.
La regla general que nunca descubriremos.-
Desde que he empezado a forjar mi conciencia, recuerdo haber escuchado
cientas de voces, alguna que otra vez, aquellas brindaban un consejo, que
por lo habitual solian funcionar bien, me decían, que si leia todos los días
en menos de lo esperado podría leer de corrido, que la practica hace al
maestro y variadas frases que seguro ustedes, también las han escuchado.
En si muchos de estos consejos fueron poco a poco fusionándose con mis
acciones, permitiendo obtener alguna recompensa por haber obrado
correcto y soportar las consecuencias de mis errores.
Voy por la vida escuchando respuestas de otros, sobre las preguntas que
yo hago. Interrogo sobre como amar, sobre como ser un buen hijo, padre,
madre, sobre lo que es la amistad y lo que es ser realmente un buen
amigo. Por unos segundos me detengo y suelo creer que mis
pensamientos no son mas que una amalgamación de opiniones ajenas,
que nada ha salido de mi, y nunca analice que tan cierto podría llegar a ser
esta afirmación.
Una de las tantas palabrerías que oí, fue: “siempre di lo que piensas” y por
otro lado “en todo momento, debes pensar lo que dices”. Cada dia me
sigo equivocando, me molesto y la verdad sale atada a un puñal que solo
genera molestias sin soluciones, aunque en contrapartida, hay veces que
moldeo tanto en mi mente lo que voy a decir que cuando lo suelto, no
genera el impacto que hubiese deseado.
He atrapado en mi, tantos consejos, tantas reglas, tantas pseudas leyes de
vida relatadas por hombres en sus días postreros, que al intentar concluir
no puedo decir que tienen razón o que están equivocados. En esta misma
línea continue, y pude darme cuenta que las reglas de vida, a veces son
acertadas y otras, por supuesto que no.
Y claro, a veces las cosas no poseen una verdad absoluta pero si relativa,
en ocasiones el contexto, el ambiente, son tan importantes, que en
nuestra desatinada sabiduría, decidimos pasarlos por alto.
A mi parecer, podemos ir por la vida aplicando consejos ajenos a
situaciones semejantes, pero nunca sin prescindir de la observación del
contexto.
Incluso, llegara el día en el que, la parafernalia del alrededor será
desconocida, los consejos se agotaran, quedaremos atónitos ante tan
innovador escenario, nos veremos inmóviles, pero quédense tranquilos,
que cada vez que el caos se presente en forma de cambios, la inteligencia
hará lo suyo, y seremos seres en la elite de la adaptación.