Fósiles
¿Qué es un fósil?
Definición: Los fósiles son restos orgánicos que han dejado animales y plantas hace millones de años y aún perduran hasta nuestros
días. Un fósil es capaz de guiarnos a través del tiempo para dar sentido a la historia de la Tierra.
Estos restos de organismos de épocas pasadas tienden a conservarse adheridos a rocas sedimentarias y nos muestran cómo eran los
habitantes de la Tierra hace millones de años e incluso cuáles eran sus costumbres gracias a los fósiles en los que se ha dejado
grabado el rastro de actividad en ellos. Por tanto, la pregunta de qué es un fósil sirve para dar respuesta a ¿de dónde venimos?
¿Cómo se forma un fósil?
Lejos de lo que pueda parecer por la gran cantidad de fósiles que se conservan hoy día, la formación de un fósil es un suceso muy
sorpresivo ya que un animal o una planta al morir tiende a ser alimento para otros, no a conservarse durante millones de años. La
naturaleza siempre intenta retroalimentarse, por lo que conseguir que un animal se conserve durante millones de años en lugar de
servir de sustento a los que vienen después es una característica de lo más remota, entonces, ¿cómo se forma un fósil?
Hay varias maneras por las que puede darse la formación de un fósil.
Sedimentación. Cuando un animal o un insecto muere los sedimentos acaban enterrando sus restos, especialmente su
exoesqueleto, que es lo más resistente al tiempo. Para que este exoesqueleto se conserve sin modificaciones a lo largo de
millones de años será menester que la sedimentación se produzca lo antes posible. Un desplazamiento de tierra temprano
es una buena opción para que esto suceda.
Fundición. Esta forma de fosilización origina sobre todo moldes de impresiones en negativo de los organismos. Estas
impresiones pueden ser exteriores o interiores y sobre todo han conservado conchas de distintos animales hasta nuestros
días.
Mineralización. El agua también puede conservar un cuerpo, para ello lo ideal sería que el ser vivo al morir se precipitara
al agua o desfalleciera ya en ella. Muchos de los organismos habitantes en el agua pueden comerse las partes exteriores
del cuerpo, pero no el duro esqueleto.
Carbonización. Por todos es sabido que la vida se basa en carbono, por lo que esta también es una forma de fosilización.
Las sustancias volátiles como el oxígeno y el hidrógeno que acumulan los cuerpos de los seres vivos se pierden y perdura
una capa de carbono que será la encargada de conservar los restos del organismo en forma de huella.
Tipos de fósiles
Son denominados como fósiles los restos de animales y plantas que se conservan en buen estado hasta nuestros días después del
paso de millones de años, pero también se conoce como fósiles a los restos de actividades que se conservan de estos individuos. Así
pues y aunque se documenta una extensa clasificación estos son los dos tipos de fósiles principales que aglomeran todos los distintos
subtipos:
Fósiles de individuo. Son aquellos formados por un animal o planta. En la mayoría de los casos no estarán constituidos por
un organismo entero, sino que es una parte de este la que ha sido fosilizada, como puede ser un hueso, hoja, la mandíbula
o la piel.
Fósiles de actividad. Se trata del rastro de la actividad que han dejado los seres vivos y se ha mantenido hasta la
actualidad en forma de huellas o nidos impresas en diferentes moldes, por lo que se tratan de fósiles de fundición.
El descubrimiento de fósiles cambia y ha cambiado nuestra manera de ver la vida. La cantidad de información que agrupa un fósil
dentro de él nos ha hecho descubrir datos de nuestro planeta de épocas pasadas que no podríamos haber descubierto de otra
manera.
Fósiles de dinosaurios
Quizá los fósiles más famosos y que más han trascendido a la opinión público son los fósiles de huesos de dinosaurios. Te invitamos a
descubrir mucho más acerca de qué fósiles de dinosaurio se han encontrado en diversas partes del mundo en este post.
Cómo se forman los fósiles
Aunque el comienzo del proceso de fosilización es simple, los eventos que cada resto experimenta hasta convertirse en fósil son muy
complejos.
1. El primer paso importante es la muerte del organismo o un fragmento de este.
2. A continuación, suceden los procesos fisicoquímicos dominantes que socaban la integridad del material. Los procesos más
comunes tienen que ver con la descomposición de la materia orgánica, reacciones químicas o con la acción carroñera de
otros animales. Después, pueden sucederse una serie de enterramientos parciales hasta que acontece el enterramiento
final.
3. A partir de este punto, los procesos fósiles más comunes contribuyen o dilapidan la litificación del sedimento y la
preservación del fósil. Su complejidad puede ser muy variable y vendrá dada por la evolución del ambiente en cuestión. En
términos generales, los procesos de mineralización producen cambios químicos significativos protegiendo su estructura o
impronta.
4. En ocasiones, puede producirse un reemplazamiento del mineral original por otro como en el caso de la recristalización de
esqueletos formados por ópalo a calcedonia. Como es natural, las partes duras son más propensas a resistir procesos
de carbonización o disolución. Los materiales especialmente permeables permiten una circulación de fluidos más sencilla,
incrementando las reacciones químicas. Por otro lado, las litologías más impermeables ayudarán a la preservación fósil.
5. Al final, diversos eventos se superponen en el tiempo hasta que los procesos diagenéticos consiguen convertir el sedimento
en roca. Aunque el límite entre diagénesis y metamorfismo no está perfectamente definido, es posible encontrar fósiles
fuera del complejo sedimentario. Sin embargo, no se debe olvidar que una presión y temperatura elevada destruyen el
fósil.
Para enriquecer en litologías los registros fósiles se deben dar unas condiciones especiales. Ejemplos de esto, son el bosque del
Pérmico encontrado en China y enterrado en cenizas volcánicas con 300 Ma, o los restos microbianos fosilizados hallados en rocas
metamórficas con una datación de 3.700 Ma, siendo la evidencia biológica más antigua del planeta. En general, estos
acontecimientos no suelen aplicarse a los fósiles más comunes.
Tipos de fósiles
Existen numerosas clasificaciones para facilitar el estudio de los fósiles dependiendo del tipo de residuo, su disposición o los
elementos que contiene. A continuación, te facilitamos una agrupación de los nombres de fósiles más comunes.
Fósiles directos: corresponden a organismos completos e incompletos dependiendo de las condiciones del hallazgo. Si no
pueden separarse de la roca original se habla de ejemplares en matriz. Los restos aislados son ejemplos de individuos
solitarios. Otros aparecen agrupados ya que son organismos coloniales como los corales. Por último, los acúmulos de
individuos presentan diferentes seres vivos reunidos después de su muerte.
Fósiles indirectos: son los llamados icnofósiles, los cuales reflejan la actividad del organismo o su existencia, pero del que no
se conservan registros fósiles tangibles. En este grupo los gastrolitos; piedras ingeridas por el animal para facilitar la
digestión, y los coprolitos; heces fosilizadas, también se incluyen como evidencias indirectas. Por último, los huevos
petrificados también se consideran dentro del grupo, aunque no sean los fósiles más comunes.
Moldes: estos reproducen total o parcialmente la forma del fósil preservado. De esta manera, el pseudomorfo presenta la
impronta exterior del organismo original, pero no sus estructuras internas. Esto se debe a que el resto original se ha disuelto
por completo y el hueco original se ha rellenado, con anterioridad, por un material adicional. En otras ocasiones, se
producirá el molde externo quedando solo los detalles exteriores o un molde interno donde el sedimento se ha compactado
dentro del organismo original, que posteriormente, se ha disuelto.
Una era geológica es una unidad geocronológica formal de la escala temporal geológica que representa el tiempo
correspondiente a la duración de un eratema, la unidad cronoestratigráfica equivalente que comprende todas las rocas
formadas en ese tiempo. Las eras son una de las divisiones mayores del tiempo geológico, son subdivisiones de
los eones y se dividen a su vez en períodos.1
Las tres eras del eón Fanerozoico reflejan, simplificando mucho, las tres divisiones clásicas de la historia de la vida del
planeta, así el Paleozoico representa la «era de los peces», el Mesozoico la «era de los reptiles» y el Cenozoico la «era
de los mamíferos». Tradicionalmente habían sido denominadas como Era Primaria, Era Secundaria, Era Terciaria y Era
Cuaternaria (actualmente el Cuaternario es un período más de la era Cenozoica). El paso de una era a otra está definido
por eventos de extinciones masivas globales, que suponen una renovación significativa de las biotas del planeta, tanto
marinas como terrestres; así el paso del Paleozoico al Mesozoico está marcado por la extinción masiva del Pérmico-
Triásico y el paso del Mesozoico al Cenozoico por la extinción masiva del Cretácico-Terciario.
Las siete eras de los eones Arcaico y Proterozoico, definidas mucho más recientemente, suelen reflejar grandes cambios
ambientales (como el aumento del oxígeno en la atmósfera) o climáticos (caracterizados por largos e intensos periodos
glaciales).
La duración de las eras es muy variable, así las del eón Arcaico tienen una duración de 300 o 400 millones de años cada
una, las del Proterozoico de unos 450 a 900 millones de años, mientras que las del Fanerozoico duraron: 290 millones de
años el Paleozoico, 186 Ma el Mesozoico y 65.5 Ma, la actual, el Cenozoico. El eón Hádico, el más antiguo, no está
dividido en eras, puesto que no se conservan rocas de ese tiempo, tan solo algún mineral reciclado conservado relicto en
rocas más recientes.
Ninguna de las eras del Arcaico y del Proterozoico procede de una unidad cronoestratigráfica equivalente, y sus límites
cronológicos se han establecido como unidades geocronométricas, con edades absolutas más o menos arbitrarias
consensuadas internacionalmente.
Las eras en la escala de tiempo geológico
Se han establecido diez eras geológicas, agrupadas en tres eones y divididas en veintidós periodos (el eón Hádico no
está dividido en eras y las eras del eón Arcaico no están divididas en periodos):2
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Las siguientes líneas de tiempo muestran la escala del tiempo geológico: la 1.ª muestra el tiempo completo desde la
formación de la Tierra hasta el presente; la 2.ª muestra una vista ampliada del eón más reciente; la 3.ª la era más
reciente; la 4.ª el período más reciente; y la 5.ª la época más reciente. Los colores son los estándares para representar
las rocas según su edad de formación en los mapas geológicos internacionales.3
Escalas en millones de años (1.ª a 4.ª) y miles de años (5.ª)
Como ejemplo: el eón Fanerozoico se divide en tres eras: Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico. La era Cenozoica se
divide en tres periodos: Paleógeno, Neógeno y Cuaternario. El periodo Paleógeno se divide en
tres épocas: Paleoceno, Eoceno y Oligoceno. La época Paleoceno se divide en
tres edades: Daniense, Selandiense y Thanetiense.
Historia
Las tres eras del Fanerozoico son las
primeras grandes divisiones temporales
de la historia de la Tierra que los
pioneros de la geología y la
paleontología usaron para agrupar los
diferentes «terrenos» o «sistemas» que,
basados en los registros fósil y
estratigráfico, empezaban a identificar y
correlacionar entre regiones distantes.
En su tratado Elementos de geología de
1833, Lyell ya divide los dieciocho
conjuntos de «estratos fosilíferos» que
reconoce en tres secciones, a las que denomina grupos primario, secundario y terciario. 4 Pocos años después se
propusieron los términos Paleozoico (Sedgwick, 1838), Mesozoico y Cenozoico (Phillips, 1841) —nombres aún vigentes
—, y que se entendían como etapas sucesivas reales de la historia de la vida («fauna antigua» o «Era de
los invertebrados y peces», «fauna intermedia» o «Era de los reptiles» y «fauna reciente» o «Era de los mamíferos»
respectivamente).5
En los inicios de la geología histórica, se usaron estos nombres (y los de sus subdivisiones), para identificar tanto a los
cuerpos de roca formados durante un tiempo determinado, que eran reconocidos por su contenido fósil y su posición
estratigráfica (hoy se definen como unidades cronoestratigráficas), como para identificar los propios intervalos de tiempo
en que estas rocas se formaron (hoy unidades geocronológicas), conceptos que variaban según diferentes escuelas y
países. Con este estado de confusión, en 1880 durante el II Congreso Geológico Mundial, se tomó la decisión de
distinguir entre ambos sistemas de referencia (rocas y tiempo), momento del que procede la diferenciación entre pisos y
edades, sistemas y períodos, eratemas y eras, etc.