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Máster en Psicología General Sanitaria

Terapia de Familia y Problemas de Pareja

Unidad didáctica 5. La familia ante situaciones específicas


UD 5. La terapia familiar ante situaciones específicas ........................................................... 3

5.1. La familia ante la pérdida ........................................................................................ 4

5.1.1. Retos en la elaboración del duelo en el sistema familiar ......................................... 4

5.1.2. Estrategias en el proceso de duelo ...................................................................... 6

5.2. Los secretos familiares ............................................................................................ 8

5.2.1. Tipos de secretos ............................................................................................ 10

5.2.2. Estrategias para el manejo de los secretos en terapia familiar .............................. 11

5.3. Familia, enfermedad crónica y discapacidad............................................................. 13

5.3.1. Retos para la familia ante la enfermedad y discapacidad ...................................... 14

5.3.2. Aspectos de la intervención familiar .................................................................. 17

5.4. Familias en proceso de separación o divorcio ........................................................... 19

5.4.1. La repercusión sobre el menor .......................................................................... 21

5.4.2. Algunos aspectos de la intervención terapéutica ................................................. 23

5.5. La familia de transacción esquizofrénica .................................................................. 24

5.5.1. La triangulación desconfirmatoria ...................................................................... 25

5.5.2. Estrategias de intervención .............................................................................. 27

5.6. La familia multiproblemática .................................................................................. 30

5.6.1. El concepto de familia multiproblemática ........................................................... 31

5.6.2. Notas sobre la intervención con familias multiproblemáticas ................................. 32

5.7. Violencia y maltrato familiar .................................................................................. 34

Resumen ...................................................................................................................... 37

Mapa de contenidos ....................................................................................................... 38

Recursos bibliográficos ................................................................................................... 39

2
UD 5. La terapia familiar ante situaciones específicas

Esta unidad se centra en algunas de las situaciones específicas que se pueden presentar ante el
terapeuta familiar en los diferentes contextos de actuación. En la unidad abordaremos el trabajo
con la familia ante la pérdida, planteando de forma introductoria las tareas del duelo en el sistema
familiar. Continuaremos analizando la importancia de los secretos familiares dentro de la dinámica
familiar, analizando sus distintos tipos y algunos aspectos para el trabajo con las familias en las
que dichos secretos determinan parte de la dinámica familiar.

Otras áreas que exploraremos serán la familia ante la enfermedad crónica y la discapacidad,
reflexionando sobre los aspectos más importantes y recogiendo varias anotaciones para tener en
cuenta en el trabajo con estas familias. Además, abordaremos una situación común en la consulta
del terapeuta familiar, la ruptura familiar, ya sea como resultado de la separación o el divorcio, y
veremos algunas de las repercusiones sobre los menores y aspectos de la intervención en esos
momentos de transición no normativa.

Para finalizar la unidad propondremos analizar dos situaciones específicas, la familia de transición
esquizofrénica y las familias multiproblemáticas, que, por la dificultad de intervenir con ellas,
merecen una especial mención en la unidad.

Como apunte adicional, se plantea una breve conceptualización de la violencia y el maltrato


familiar, profundizando en su estudio a través del material complementario.

3
5.1. La familia ante la pérdida

A lo largo de la vida, convivimos con numerosos tipos de pérdidas (materiales, relacionales,


evolutivas, intrapersonales), pero en especial la muerte es la que más conmoción a nivel
individual y familiar genera. En este apartado abordaremos la vivencia de pérdida dentro de la
familia, tomando en consideración algunos matices del duelo vivido por la familia y exponiendo
algunas de las estrategias para intervenir con el sistema familiar en su conjunto.

Tal y como presenta Walsh (1998), la muerte de un miembro del sistema familiar provoca
numerosas pérdidas, la de la persona en concreto, la de los roles y relaciones que desempeñaba
en la familia, la de la integridad de la familia como unidad y la de las esperanzas sobre cómo
podía haber sido el futuro.

Figura 1. Reacción ante la pérdida familiar.

La muerte activa el temor de la posible ruptura del sistema familiar, generando mecanismos de
protección para garantizar su supervivencia. Una forma de protección podría ser la búsqueda de
apoyo ante el sentimiento de vulnerabilidad (Bowlby, 1997); otra, generar mayor unión entre sus
miembros y disminuir el contacto con el exterior, modificando temporalmente los límites y la
permeabilidad con el mundo exterior hasta que se pase la crisis provocada por la pérdida
(Minuchin, 2009), incluyendo a la familia extensa que tenderá a aproximarse, dejando de lado
los posibles conflictos (Pereira Tercero, 2023).

5.1.1. Retos en la elaboración del duelo en el sistema familiar

Walsh y McGoldrick (2004) señalan cuatro retos a los que se enfrenta la familia en el proceso de
duelo:

4
Reconocimiento compartido de la realidad de la muerte

Es importante la claridad en la información sobre las circunstancias del fallecimiento y la


aceptación de las diferencias en la expresión del dolor por la pérdida (dependiendo de las
características personales, edad, sexo, el lugar que ocupa dentro de la familia, etc.).

Bowen (1979) destaca la importancia del acompañamiento de los miembros de la familia (en
las visitas al hospital, tanatorio, etc.), para poder trabajar con la familia, y la expresión de sus
relatos y experiencias en el contacto con la pérdida, ya que uno de los aspectos que más
perturba y afecta a la evaluación del duelo dentro de la familia es el contacto con la ansiedad
de los que sobreviven.

En esta primera tarea, es importante que la familia realice los ritos que hagan visible la muerte
y que, además, permitan sentir el apoyo por parte de la familia extensa y los allegados de la
familia (por ejemplo, los ritos fúnebres, misa por el difunto, etc.).

Compartir la experiencia del dolor ante la pérdida

El proceso de compartir los sentimientos ayuda a prevenir que aquellos cuya expresión no es
tan aceptada por la familia sean delegados a un miembro del sistema familiar (por ejemplo,
«una madre que sienta solo tristeza y no enfado ante la pérdida de su pareja, mientras que el
hijo permanezca iracundo todo el tiempo, sin poder llorar la muerte de su padre») (Moreno,
2018, p. 288). También puede pasar que, en una familia, quien exprese el dolor acabe siendo
el «chivo expiatorio» o que se expresen de manera disfuncional los sentimientos (por ejemplo,
a través de drogas, infidelidades u otras conductas de riesgo).

Si esta tarea no se puede realizar por parte de la familia, hay peligro de que se produzca un
aislamiento entre los miembros del sistema familiar, sin recibir apoyo de los demás. El sistema
corre el riesgo de bloquearse y no poder seguir hacia adelante.

Reorganización dentro del sistema familiar

En función del rol que ocupe la persona fallecida dentro de la familia, su muerte deja
descubiertas sus funciones. El sistema familiar, para continuar, deberá delegar las funciones
en otro de los miembros, en alguien externo, o dejarlas sin cubrir, con el consiguiente costo
para el funcionamiento familiar. En este proceso de restablecimiento de funciones y de
resiliencia familiar es importante que la familia presente una estructura clara, estabilidad,
cohesión y protección por parte de sus miembros.

Establecimiento de otras relaciones y metas en la vida

El hecho de incorporar nuevas relaciones o proyectos a la familia es un proceso normal


(necesario) propio de la evolución del sistema familiar, pero que puede generar sentimientos
de deslealtad hacia la persona fallecida. Se puede generar una gran carga o culpa que puede
dejar paralizada o inmóvil a la familia a la hora de dar respuesta a esta última tarea.

Walsh y McGoldrick (2004) señalan que cuando la familia no se enfrenta satisfactoriamente a


estas situaciones, se producen adaptaciones disfuncionales como:

5
• Paralización del tiempo. Se produce un bloqueo que deja a la familia atrapada en el
pasado, en los sentimientos y emociones de la pérdida. La familia queda paralizada y a los
miembros les cuesta establecer nuevas vinculaciones o bien se vinculan para evitar el
dolor.
• Rigidez en las relaciones. Bloqueo de relaciones con el exterior de la familia. Se
mantiene la dinámica familiar sin cambios ni evolución a lo largo del tiempo, por ejemplo,
no tocar las pertenencias o mover las cosas de la habitación del familiar fallecido. Si se
incorpora una nueva relación es en sustitución del fallecido, que será rechazado si hace
cualquier intento de individuación.
• Negación (a través de actividad frenética, drogas, alcohol). El silencio en las interacciones
es la principal forma de negación dentro de la familia tras la pérdida. Surgen mitos y
secretos que protegen desadaptativamente de la pérdida, generándose síntomas que se
perpetúan incluso en generaciones posteriores. El fallecido se mitifica haciendo imposible
hablar de la pérdida real y los asuntos que quedaron pendientes.

5.1.2. Estrategias en el proceso de duelo

En función del proceso de duelo que lleve a cabo la familia, pueden aparecer pautas relacionales
disfuncionales mediante las cuales se intente negar o evitar el contacto con la pérdida, llegando
a transmitirse de generación en generación junto con sus consecuencias (Moreno, 2018).

La familia no puede cambiar su pasado, solo su relación con él. El objetivo es intervenir
terapéuticamente con toda la familia para que la pérdida no deje paralizado al sistema y
dañe el fluir de su historia a lo largo del tiempo (Moreno, 2018, p. 301).

Algunas de las estrategias específicas que puede utilizar el terapeuta familiar para favorecer
la elaboración de la pérdida en el sistema familiar serían las siguientes (Moreno, 2018):

Preguntas

Si la familia está en el primer estadio (aceptar la pérdida), independientemente del tiempo que
haya pasado desde el fallecimiento del familiar, será importante establecer una sólida
adaptación a la familia (joining). Tras esta fase de adaptación, y habiendo construido una buena
alianza con la familia, se realizan las preguntas necesarias para recordar y hacer presente la
muerte del familiar.

Se trabaja en la construcción de la historia familiar en torno a la pérdida y la dinámica relacional


(pautas relacionales), previas y posteriores a la muerte.

Ejemplo:

¿Cuándo y cómo sucedió?, ¿quién estaba presente en ese momento?, ¿dio tiempo a
despedirse?, ¿cómo?, ¿hubo ritos fúnebres?, ¿cuáles?, ¿quiénes acudieron?, etc.

A través de estas preguntas, el terapeuta permitirá que todos los miembros de la familia lleguen
a compartir con claridad cómo fue la muerte y el efecto que tuvo en la familia.

6
Lenguaje evocador

Es necesario utilizar un lenguaje apropiado (tiempos verbales) y términos evocadores, para que
la familia tome contacto con la realidad de la pérdida. El terapeuta incorporará palabras como
«muerte», «entierro», «viudo», etc., dentro del contexto del pasado familiar. Se empleará
también un tono de respeto que contribuya a que el relato de la muerte del familiar sea
integrado y aceptado por la familia.

Rituales

Los rituales pueden facilitar la realidad de la muerte. Los ritos fúnebres y de despedida deben
ser adaptados a la cultura de la familia. Es importante que el ritual «dé forma» a la
irreversibilidad de la muerte, como en un entierro o una incineración. En los casos en los que
los miembros de la familia no pueden asistir a estos rituales fúnebres, es necesario que la
familia cree su propio ritual que honre y permita la despedida.

Objetos de vinculación

Se trata de la despedida de los objetos del difunto, desde el reparto de la herencia hasta la
ropa, la música, los libros… En el proceso de terapia apoyamos a la familia para que, llegado el
momento, se desprendan de los llamados objetos de vinculación (objetos por medio de los
cuales mantienen viva la relación con el difunto; son objetos con un alto nivel de simbolismo).

Expresión emocional compartida

Si la familia se ha quedado anclada en la segunda tarea (compartir y expresar el dolor de la


pérdida), es necesario ayudar a cada uno de los miembros a hacerlo. Una manera podría ser
que cada miembro de la familia se exprese compartiendo algo respecto a la muerte y sus
circunstancias, además de las vivencias con el fallecido.

Generar una nueva narrativa

Se trata de construir narrativas que ayuden a la integración de la pérdida, reconociendo lo que


se ha perdido y también lo que se ha aprendido o incorporado de la persona que ya no está
para poder, así, dejar de estar en lucha o volviendo al pasado (Fernández Liria et al., 2006).

Elaboración del genograma familiar ante la pérdida

Construcción del genograma de tres generaciones y reconocimiento de las estrategias de


afrontamiento empleadas por la familia, identificación de las personas significativas fallecidas
y sus muertes con el objetivo de afrontar con la familia las heridas del pasado, permitiéndoles
la expresión de emociones, heridas, miedos hacia el futuro y la herencia o legado transmitido,
por ejemplo, a través de frases como «cuida de tu hermana», «sé bueno», «no abandonemos
nunca esta casa». Exponer abiertamente estos mandatos permite cuestionarlos por parte de
toda la familia, liberando al portador, redistribuyendo roles y creando una nueva estructura y
jerarquía.

7
Línea de vida familia

Se realiza una línea de vida con la familia, donde se señalarán en orden cronológico los
acontecimientos más importantes vividos por la familia, incluyendo las pérdidas con algún
símbolo. Este ejercicio permite integrar los acontecimientos vividos, abordando los
acontecimientos dolorosos, dando salida a las emociones y resignificando positivamente estos
acontecimientos.

Actualizar los proyectos pendientes

En algunas ocasiones puede ser importante que los miembros de la familia, juntos o por
separado, puedan cumplir alguno de los planes que se quedaron en el pasado sin cumplir, por
ejemplo, un viaje que no pudieron realizar y que soñaban con hacer. En otras ocasiones se
trata de promesas que es importante cumplir, por ejemplo, darle una carta a un familiar.

5.2. Los secretos familiares

Los secretos familiares son un tema de estudio importante en el trabajo sistémico con familias;
son situaciones muy frecuentes para tener en cuenta en la intervención, ya que es muy fácil que
el terapeuta familiar los pase por alto si no está concienciado de su importancia. Los secretos han
estado siempre presentes en las familias, siendo elementos que pueden a veces enturbiar las
relaciones y la comunicación familiar (Alonso-Carriazo, 2020).

Nota

No debemos confundir un secreto familiar con aquella información de índole personal que
pertenece a la propia intimidad y que no tienen por qué saber los demás miembros (p. ej., si
una joven tiene novio).

Importante:

Un enfoque terapéutico que ignora la presencia del secreto familiar corre


el riesgo de no abordarlo, lo que dificulta la oportunidad de establecer una
nueva dinámica de comunicación y relación (Ausloos, 2018).

8
Bradshaw (2008) señala que los secretos surgen como defensa ante la amenaza de ruptura
del núcleo familiar o ante la posibilidad de expulsión de un miembro de la familia. Según Ausloos
(2018), un secreto se establece cuando una ley (formulada o no por la familia) ha sido
amenazada o transgredida. En el origen del secreto habría sentimientos de culpa arraigada
con su deuda asociada, generándose desvalorizaciones que atacan a la imagen propia o de la
familia.

Ejemplo:

Veamos los secretos familiares a través de un caso real.

Acude a consulta una familia compuesta por el padre, la madre y sus tres hijas. El padre es
camionero y pasa mucho tiempo fuera de casa. La madre es ama de casa y se ha dedicado
toda la vida al cuidado de la familia y el hogar. Las hijas tienen 21, 17 y 14 años.

Llegan a consulta por el mal comportamiento de la hija mediana. Según los padres, la hija
se escapa de casa, se relaciona con gente problemática y no cumple las normas.

Cuando el terapeuta empieza a recabar información, ve que el padre casi nunca está en casa
(debido a su profesión) y que es la madre la que se encarga de poner las normas y de velar
por su cumplimiento. Asimismo, comprueba que las normas son excesivamente estrictas,
que la madre controla constantemente a sus hijas (ha llegado incluso a espiarlas en alguna
ocasión por la calle) y no les deja intimidad (en alguna ocasión ha rebuscado en sus cajones
o cotilleado su móvil). Es por ello por lo que las hijas en ocasiones reaccionan mostrando
rebeldía.

Conforme avanzan las sesiones sale a la luz un secreto de la madre. Esta había sido violada
por un amigo cuando tenía 18 años. La madre nunca había contado ese suceso a nadie, pero
la había marcado hasta tal punto que estaba repercutiendo en el funcionamiento familiar, ya
que ella tenía miedo de que eso le pudiera pasar a alguna de sus hijas.

Las situaciones más frecuentes que se ocultan y que dan lugar a convertirse en secretos dentro
de las familias abarcan eventos significativos estresantes y traumáticos como violaciones, incesto,
abuso sexual en la infancia, periodos de encarcelamiento, maltrato físico o psicológico, robos,
abortos, suicidios, adicciones, infidelidades, participación en la prostitución, orientación sexual no
aceptada, homicidios y enfermedades mentales, entre otros (Mansilla, 2019).

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Figura 2. Eventos ocultos en la familia.

Los acontecimientos ocultados no podrán ser expresados verbalmente y no se elaboran de un


modo adecuado, por lo que estarán presentes en la familia a través de comportamientos o
actitudes. Estos comportamientos o actitudes pueden llegar a convertirse en «síntomas»,
ocupando el centro de la angustia familiar (Alonso-Carriazo, 2020).

5.2.1. Tipos de secretos

Imber-Black (1999) clasifica los secretos en cuatro categorías según su propósito, duración y
resultado:

Secretos placenteros

Tienen una duración definida y buscan proporcionar diversión y sorpresa, contribuyendo a


expandir nuestra identidad. Un caso común sería ocultar la preparación de una fiesta sorpresa.

Secretos esenciales

Son aquellos que delimitan una separación o límite en nuestras relaciones, siendo
imprescindibles para nuestro bienestar, perduran en el tiempo y estimulan el desarrollo
personal. La autora los denomina los «acuerdos» en nuestras relaciones y transgredirlos podría
ser considerado una traición. Por ejemplo, un secreto entre hermanos que ocultan a sus padres
que han roto un jarrón.

Secretos nocivos

Están relacionados con sucesos familiares que permanecen ocultos e inaccesibles. Estos
secretos debilitan las relaciones familiares, perturbando a su vez la identidad individual de la
persona (son mantenidos de forma prolongada). El mantenimiento del secreto provoca aspectos
negativos en casi todas las esferas de funcionamiento de la familia (la comunicación y resolución
de conflictos, la interacción dentro de la familia, el bienestar emocional), generan emociones
negativas en aquellos miembros de la familia que son conocedores y confusión en quienes
permanecen ajenos a ellos.

10
Cuando estos secretos se revelan, dada la tensión o ansiedad, lo hacen de forma impulsiva,
dañando la relación entre quienes los guardan y quienes no están al tanto. La revelación de un
secreto mantenido largo tiempo debe realizarse con sumo cuidado, ya que provocará una
situación de crisis que deberá resolverse en función de los recursos de la familia.

Secretos peligrosos

Se refieren a secretos que se mantienen a pesar de que la vida de alguien esté en riesgo
inminente, lo que exige una acción rápida para revelarlos. Quienes mantienen estos secretos a
menudo lo hacen por temor o coerción, llegando a sentir que revelar la verdad podría causar
un daño aún mayor. Aquella persona que detenta el poder y exige silencio suele justificarlo en
nombre de la «privacidad», confundiendo de manera retorcida la distinción entre secreto y
privacidad. Por ejemplo, el abuso sexual infantil es un caso ilustrativo de esto.

Los tipos de secretos que perturban las relaciones familiares, que serán objeto de intervención
dentro de la terapia familiar, serán en la mayoría de las ocasiones los secretos nocivos y
peligrosos, ya que pueden alterar la dinámica familiar, la individuación del miembro o miembros
afectados por el secreto, y la evolución de la familia.

Es esencial considerar que el secreto familiar afecta a todos los miembros del sistema familiar
(tanto los conocedores como los que quedan al margen) al condicionar su funcionamiento de
forma negativa (Imber-Black, 1999). Dentro de estos sistemas familiares las reglas se vuelven
cada vez más rígidas, «está prohibido saber el secreto y prohibido no saber que hay un secreto
del que no se puede hablar»; dentro de este contexto las reglas de los «no dichos» se extienden
como una mancha de aceite que se ensancha a otras áreas relacionadas con el secreto.

5.2.2. Estrategias para el manejo de los secretos en terapia familiar

Trabajar con familias con secretos implica la necesidad de abordar tanto el pasado como el
presente, elaborando las consecuencias que han tenido y tienen en la vida de la familia (Sánchez
Rengifo y Escobar Serrano, 2009).

Sabías que:

Aunque sea obvio, el profesional que trabaja con secretos debe ser capaz de guardar la
confidencialidad del secreto, con compresión, y evitando juicios valorativos, ya que el
paciente que guarda secretos suele ser muy sensible a la comunicación no verbal.

Ausloos (2018) señala la importancia de no «atacar» de frente a los secretos, no intentar


revelarlos a cualquier precio y sin tener en cuenta las consecuencias de «sacarlos a la luz» dentro
de la familia. El descubrir los secretos en la terapia no tiene por qué servir en todos los casos a
la familia. El atacar el secreto puede hacernos correr el riesgo de hacer, entre otras cosas, peligrar
la alianza del terapeuta con la homeostasis familiar.

11
La desvelación del secreto es algo que el terapeuta familiar debe plantear valorando si se
posibilitaría una crisis que permita desbloquear el sistema familiar, mejorando los síntomas y las
relaciones en el futuro (Ausloos, 2018). Cuando la persona o personas involucradas en el secreto
deciden hablar, el terapeuta debe reconocer, respetar y seguir el ritmo, siendo esto especialmente
importante ante secretos peligrosos, como los presentes en las dinámicas de maltrato y el abuso
sexual (Sánchez Rengifo y Escobar Serrano, 2009).

En resumen, para desvelar un secreto es necesario que los miembros del sistema familiar puedan
asumir las consecuencias de la revelación. Siendo importante en el trabajo con la familia abordar
los miedos, fantasías y temores sobre las consecuencias de la revelación, poniendo palabras a lo
que impide revelarlo.

¿Quién dijo…?

Cyrulnik: «[…] cuando el secreto está encubierto, desprende una turbación que altera las
relaciones. Pero cuando se lo revela, impone transformaciones difíciles de soportar»; «[…] el
efecto del secreto revelado depende de aquel que lo escucha y lo que siente ante la
confidencia» (2001, pp. 163 y 172).

En las familias con secretos es importante intentar rodear y delimitar los secretos.
Considerarlos como «manchas de aceite» que podemos absorber poco a poco en el diálogo
con la familia. El terapeuta, haciendo circular información indirectamente relacionada con el
secreto activará el sistema, provocando, en muchas ocasiones, la desvelación espontánea de la
información oculta y una reorganización del sistema familiar.

En el trabajo con secretos, es necesario evitar que la familia nos convierta en confidentes de un
secreto familiar a expensas de otros, ya que lo único que esto provoca es bloquear al terapeuta
y dejarlo atado.

Sánchez Rengifo y Escobar Serrano (2009) proponen los siguientes objetivos terapéuticos en el
trabajo con familias que tienen secretos:

• Facilitar un entorno receptivo que propicie la revelación de secretos y la contemplación de


las posibles consecuencias de compartir algo que ha sido guardado durante un periodo
específico.
• Ayudar en el afrontamiento de la vergüenza, fomentando la búsqueda de aceptación,
empatía y nuevas fuentes de apoyo para el desarrollo individual.
• Contribuir a reconstruir la confianza y a definir de manera nueva los conceptos de
intimidad, privacidad y lo público.
• Analizar el estilo de comunicación familiar y colaborar en la construcción de un enfoque
de comunicación libre de mistificaciones y secretos dañinos.
• Promover relaciones más flexibles, fomentando tanto las interacciones triangulares como
las relaciones uno a uno.
• Revisar y modificar las reglas que obstaculizan la búsqueda de ayuda externa, facilitando
la consecución de la libertad y la honestidad, para cultivar relaciones auténticas.

12
• Identificar y examinar los procesos de transmisión transgeneracional y los fenómenos de
repetición familiar, como las «lealtades invisibles» y los mitos familiares.
• Analizar los roles familiares, así como las normas y creencias que los sustentan, junto con
los patrones interactivos y comunicativos de la familia y sus métodos de transmisión
predominantes.
• Investigar la historia tanto de la familia nuclear como de la familia de origen, para
comprender las raíces y diferencias que conforman la identidad de cada miembro.
• Identificar los lemas y creencias familiares, como el de «la ropa sucia se lava en casa»,
que contribuyen a mantener los secretos dentro de la familia.

5.3. Familia, enfermedad crónica y discapacidad

En este apartado analizaremos el efecto de la enfermedad y la discapacidad en el sistema familiar


y sus consecuencias, teniendo en cuenta para ello que la terapia familiar puede servir para
reactivar la funcionalidad del sistema familiar en estas situaciones.

La enfermedad trae consigo experiencia de estrés, miedo y, sobre todo, sobrecarga del sistema
familiar. Cualquier enfermedad crónica implica un impacto que afecta a la totalidad del sistema,
pudiendo provocar la alteración de los roles dentro de la familia, así como el cambio en las
interacciones, las expectativas de futuro y la estructura familiar. Además de influir en las
relaciones familiares, estas situaciones generan en la familia una necesidad de apoyo o
dependencia de los sistemas de ayuda, para lo cual se generarán relaciones con instituciones o
profesionales de forma más o menos permanente (Rolland, 2009).

Figura 3. La enfermedad como organizador del sistema familiar.

Sabías que:

Cuando es el paciente identificado el que necesita encontrar un apoyo externo para elaborar
la experiencia y consecuencias de la enfermedad, será más indicado que realice un proceso
individual (Moreno, 2018).

13
En las familias que está presente un hijo con enfermedad crónica aparecen experiencias como
(Long y Marsland, 2011):

• Ajuste del funcionamiento familiar (alteración de las rutinas familiares) tras el diagnóstico.
• El proceso de equilibrar las necesidades de la persona enferma con las del resto de la
familia, especialmente en el caso de los hermanos si uno de ellos es el enfermo.
• Afrontar la salud psicológica del sistema familiar.
• Manejar adecuadamente las dificultades en el establecimiento de límites y normas dentro
del sistema familiar, particularmente en casos de diagnóstico en hijos.
• Abordar las dificultades a nivel del subsistema conformado por la pareja.

Nota

Los profesionales deben tener cautela a la hora de colocar el cartel de familias patológicas o
disfuncionales a las familias afectadas por enfermedades graves o discapacidad, ya que no
les son aplicables los mismos criterios de normalidad o disfunción que en otras situaciones
familiares (Rolland, 2009).

Estos retos traen consigo el incremento del estrés y la incertidumbre en la familia de forma
considerable, lo cual exigirá (Moreno, 2018):

• La flexibilidad suficiente para adaptarse a las nuevas circunstancias, reorganizarse y


modificar algunos patrones de funcionamiento.
• Una búsqueda y aprovechamiento de los recursos de apoyo social y de la familia extensa.
• El mantenimiento o aumento de la competencia parental.
• La comunicación y la compresión entre los miembros hacia la nueva situación.
• El mantenimiento de la cohesión familiar junto con la aceptación y la paciencia.

Las familias, ante la presencia de un niño con dificultades, no solo se enfrentan a la angustia del
futuro, sino que, además, corren el riesgo de quedar atrapadas en dos posiciones (Pereira y
Linares, 2022):

• Considerar al niño un enfermo al que hay que cuidar, lo que no permitirá que este
desarrolle todo su potencial.
• Valorarlo como un niño de forma permanente, dificultando o a veces imposibilitando su
proceso de integración y crecimiento.

5.3.1. Retos para la familia ante la enfermedad y discapacidad

Tal y como recoge Moreno (2018), son cuatro los aspectos a los que debe hacer frente la familia
ante la enfermedad de uno de sus miembros. Tomando como ejemplo el cáncer pediátrico,
señalan:

14
Distribución de roles y patrones de funcionamiento familiar

Hace referencia al proceso que se desencadena desde el momento en que aparece la


enfermedad o se realiza su diagnóstico. En este proceso, surgen preguntas como: ¿quién debe
o puede cuidar a la persona enferma?, ¿quiénes tienen voz en las decisiones importantes
relacionadas con el tratamiento médico?, ¿quiénes se encargan de interactuar con los servicios
médicos?, ¿quién puede expresar quejas y en qué momento?, ¿cómo se distribuyen las tareas
en el hogar entre los miembros de la familia (por ejemplo, las tareas domésticas)?

A medida que la rigidez en las familias aumenta, hay menos espacio para cuestionar los roles
y mandatos establecidos, lo que limita la libertad para proponer alternativas o sugerir cambios.
La adaptabilidad familiar se ve comprometida si esta rigidez impide tanto la renegociación de
los roles asignados como la expresión libre de las experiencias emocionales asociadas.

El terapeuta familiar deberá explorar el reparto de roles que se ha realizado, cómo de


explícito se ha realizado y en qué medida está abierto al cambio.

Será importante observar cómo la enfermedad o la discapacidad provocan cambios en cada


miembro de la familia: ¿a quién y de qué manera?, ¿qué otros conflictos enmascaran o cuáles
provocan?, ¿quién gana poder e influencia?, ¿quién queda sobrecargado de tareas?, etc.

Comunicación y afrontamiento de malestar

Nota

En situaciones donde no se permite hablar o expresar las emociones relacionadas con la


enfermedad, se crea un ambiente propicio para que proliferen fantasías negativas sobre la
gravedad de la situación, como el pensamiento de que si no se puede hablar es porque es
muy grave.

La enfermedad trae situaciones que varían en función del avance del tratamiento o de la propia
enfermedad y que pueden generar un nivel considerable de malestar.

La familia negocia o impone patrones de comunicación y de expresión emocional que responden


a preguntas implícitas como: ¿se puede hablar de la enfermedad y sus consecuencias?, ¿cuáles
son las emociones permitidas dentro de la familia?, ¿qué se puede expresar y qué no?, ¿quién
o quiénes pueden hacerlo?, ¿quiénes pueden mostrarse vulnerables y quiénes deben
permanecer fuertes?, ¿cuál es la fantasía o realidad sobre la expresión de emociones?, ¿qué
implicaciones tiene para cada miembro de la familia? Es importante que la cantidad de
expresión y de información sobre la enfermedad tenga en cuenta el nivel de
preparación de la persona enferma y su familia.

15
Moreno (2018) sugiere que tanto el exceso de silencio como la revelación indiscriminada de
información sobre la enfermedad pueden causar inseguridad y, en ocasiones, incluso terror en
niños diagnosticados con cáncer pediátrico. Las emociones que no se expresan suelen
manifestarse de otras formas, lo que las hace menos manejables y difíciles de entender para
los niños.

Construcción de significados en torno a la enfermedad

El significado que se construye sobre la enfermedad es algo dinámico, está influido por procesos
que se dan en múltiples niveles (fantasías, miedos, expectativas, mitos heredados, constructos
personales, etc.) que pueden variar de una persona a otra y, con el tiempo, en la misma.

El significado sobre la enfermedad está influido por las creencias del individuo, lo que aporta la
familia nuclear, la familia extensa, el grupo de amigos, el equipo de médicos o asistenciales, la
cultura, etc. Estos significados compartidos sobre la enfermedad pueden condicionar la
disposición de la familia y la organización de esta ante la enfermedad.

Los sistemas de creencias funcionan como un mapa que orienta a la familia y a sus miembros
en la toma de decisiones y la acción, es decir, influyen en la manera de interpretar la
enfermedad y, por lo tanto, orientan su comportamiento en la búsqueda de la salud, influyendo
en la adaptación de la familia a las enfermedades crónicas o la discapacidad de uno de sus
miembros.

Ejemplo:

Los valores o creencias familiares que permiten a la familia padecer una enfermedad o
discapacidad en uno de sus miembros, sin autodenigrarse por ello, constituyen un factor
protector para la familia, ya que permiten utilizar la ayuda externa y conservar una
identidad positiva.

Enfermedad y ciclo vital

Dentro de los desafíos a los que se enfrenta una familia ante la enfermedad, muchos de ellos
tienen que ver con la capacidad de equilibrar dentro de su funcionamiento tres dinámicas
evolutivas que pueden no darse en sincronía:

• El desarrollo de la enfermedad.
• El desarrollo o evolución de la familia.
• El desarrollo del niño o la persona enferma.

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En relación con esto, la enfermedad implica un aumento de la carga o tensión dentro de la
familia, generando nuevas tareas, monopolizando la atención y recursos de la familia en
detrimento de las tareas evolutivas que corresponden al desarrollo familiar o al desarrollo
individual de la persona enferma, pudiendo provocar una dificultad para la integración de los
procesos evolutivos de la familia, la enfermedad y el paciente.

Ejemplo:

En una familia en la que los procesos de individuación, el desarrollo de la identidad del


adolescente, emancipación o independencia pueden verse bloqueados como consecuencia
de una organización familiar en la que la enfermedad se ha convertido en el centro,
(monopolizando los recursos familiares), algunas de las funciones que podrían verse
bloqueadas en el desarrollo de la familia podrían ser el ejercicio de funciones básicas como
el cuidado y el desarrollo de la pareja, la atención y cuidado del resto de los hijos ante la
enfermedad de uno de los hermanos, el desarrollo de patrones familiares de
sobreprotección o permisividad, pero también otros como el desapego o la falta de
cohesión dentro de la familia.

Para Góngora (2004), la familia tiene el reto de «poner la enfermedad en su sitio» sin
minimizar su impacto, pero no dejándose congelar por ella, atendiendo las tareas evolutivas
básicas de los distintos miembros de la familia.

Las familias necesitan adquirir, con el apoyo de los profesionales, una comprensión precisa de
cómo, con el paso del tiempo, la enfermedad (o discapacidad) les planteará desafíos
previsibles a los que deberán responder de manera efectiva. Esta comprensión les permitirá
prepararse mejor para afrontar estas situaciones (Rolland, 2009).

Un objetivo terapéutico importante es «ayudar a las familias a encontrar el ajuste que


permita, en la medida de lo posible, un cierto equilibrio entre los objetivos del desarrollo
normativo y lo que la enfermedad permite en cada fase del ciclo vital» (Rolland, 2009, p.
212).

5.3.2. Aspectos de la intervención familiar

El modelo sistémico ante la enfermedad presenta buenos resultados cuando se utiliza de manera
preventiva, por ello es importante contar con la presencia de la familia en la fase inicial del
diagnóstico o tratamiento (antes de que las tensiones puedan superar a la familia). Con ello se
podrá garantizar la comunicación flexible entre todos los profesionales y familiares que participan
del cuidado.

Las enfermedades crónicas o la discapacidad afectan a todo el sistema familiar. Las modalidades
de terapia más adecuada pueden variar entre la terapia de pareja o la terapia familiar e
incluir terapias individuales, grupos multifamiliares o de autoayuda. La interacción entre
los ciclos de vida de la enfermedad, del individuo y la familia determinará el momento y el tipo
de intervención necesaria.

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Sabías que:

Los grupos multifamiliares surgen de la terapia multifamiliar. Constituyen un modelo de


intervención basado en un marco terapéutico que integra elementos de la terapia grupal y
familiar, congregando a varias familias simultáneamente, junto con los miembros
sintomáticos incluidos (Sempere y Fuenzalida, 2017).

Dentro de la intervención familiar, el profesional tendrá en cuenta las pautas de comunicación,


sobre todo en lo relativo a la enfermedad. También será importante encontrar cuáles son las
pautas de protección del familiar afectado y sus implicaciones dentro del sistema familiar y para
cada uno de sus miembros. De forma resumida, algunos de los objetivos de la intervención
familiar serían los siguientes (Pereira y Linares, 2022):

Sabías que:

En las enfermedades crónicas, especialmente en las que implican la posibilidad de la pérdida,


existe una fuerte tendencia a la comunicación protectora y a la presencia de secretos (Rolland,
2009).

• Facilitar una comunicación flexible entre todos los profesionales y familiares que
participan del cuidado.
• Incorporar al sistema familiar en el cuidado de la forma más adaptativa posible, teniendo
en cuenta el desarrollo psicosocial de la familia, la evolución de la enfermedad, y el
desarrollo individual.
• Proporcionar un contexto de apoyo para el sistema familiar.
• Abordar la sobrecarga familiar teniendo en cuenta el frágil equilibrio entre las
necesidades individuales y las derivadas del cuidado de la enfermedad o discapacidad.
• Abordar los patrones de comunicación disfuncionales dentro del sistema familiar.
• Encontrar un contexto de apoyo desde donde encontrar nuevas formas de dar respuestas
más adaptativas a las situaciones derivadas de la enfermedad y la discapacidad.

Con respecto a la discapacidad, Sorrentino (1990) plantea que la intervención familiar deberá
tener en cuenta:

• Evitar que la discapacidad se convierta en un factor determinante que justifique


cualquier conducta o evento en la interacción con la persona discapacitada, lo que podría
dificultar su recuperación y llevar a la familia a una sensación de resignación frente a las
posibilidades de mejora.

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• Contribuir a romper el ciclo de expectativas limitadas. Es fundamental evitar que una
limitación en una habilidad se perciba como un impedimento para otras áreas, evitando
así una visión negativa y conformista que se propague como una bola de nieve.
• Fomentar la creación de redes de apoyo, no solo dentro de la familia extendida o con
profesionales, sino también con otros familiares que puedan ofrecer su experiencia para
acompañar y brindar tranquilidad a los recién llegados, transmitiendo un espíritu de
esfuerzo y perseverancia.
• Buscar áreas de competencia tanto en la persona con discapacidad como en la familia,
centrándose en lo positivo y trabajando desde una perspectiva apreciativa que se base en
las capacidades en lugar de las limitaciones.
• Otro objetivo importante es abordar y trabajar las repercusiones que la discapacidad
puede tener en otros miembros o subsistemas de la familia, como a nivel conyugal,
entre hermanos, abuelos, etc.
• Es crucial también atender el proceso de duelo en la familia, tanto en lo que respecta a
las expectativas de los padres como en las de los hermanos, abuelos y demás miembros
familiares.

5.4. Familias en proceso de separación o divorcio

El proceso de ruptura (divorcio o disolución de la pareja) se considera como uno de los estresores
vitales más destacados que afectan a las parejas y, por ende, a los miembros que componen el
sistema familiar. En este proceso, las familias pueden carecer de modelos para un buen divorcio,
así como de reglas claras o rituales de transición, con lo que es probable que sobrevenga una
crisis (Ahrons, 1999).

Ahrons (1999) señala cuatro fases que atraviesa una familia en el proceso de divorcio o
separación. Estas fases estarán marcadas por cambios en los roles familiares y las tareas dentro
del sistema familiar.

Figura 4. Ruptura de pareja.

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Proceso de toma de decisión

Comúnmente el proceso de separación empieza siendo una decisión individual como resultado
de la ambivalencia en torno a la relación de pareja. Esta fase suele estar acompañada por
obsesiones, angustia y las dudas sobre la posibilidad de la separación. Además, en esta fase
de la ruptura no es infrecuente que la persona se debata en otras relaciones de mayor o menor
importancia.

Cuando uno de los miembros de la pareja comienza a cuestionarse sus sentimientos, empieza
a darse un proceso de salida emocional que normalmente implica un mayor nivel de
conflictividad que se manifiesta ante situaciones que antes no generaban tanto malestar en la
pareja.

Si hay hijos en el sistema, puede que aparezcan síntomas que hagan que la familia acuda a
terapia, donde de fondo se sitúa la posibilidad de ruptura. Otra razón para consultar a un
profesional puede relacionarse con la necesidad de aliviar la culpa en el proceso de separación.

La persona que decide la separación puede elaborar antes las emociones, frente al otro
miembro de la pareja que puede no haber tenido tiempo para adaptarse, generándose
probablemente una crisis.

Proceso de comunicación

Esta fase suele ser una de las más difíciles y puede presentar cursos diferentes, una vez
comunicada la intención de separación. Cuando se produce, se activan tres posibles caminos
(algunas parejas se quedan en ese paso, sin avanzar más, otras inician una serie de
confrontaciones y reconciliaciones, otras inician el proceso de separación).

• El abandonado tiene que afrontar no solo el rechazo, sino encontrar una explicación,
vivenciando sobre todo sentimientos de ira y enfado.
• El que abandona la relación experimenta sobre todo culpa.

La separación está marcada por pérdidas relacionadas con el estilo de vida actual y sobre todo
con los planes de futuro (los hijos que iban a tener, la casa donde iban a vivir, etc.).

Esta fase es crucial para el resto del proceso de ruptura. La terapia familiar puede ser fructífera
si consigue rebajar los sentimientos de ira, ayudar a hacer frente a la incertidumbre ante los
cambios que se avecinan y elaborar la ruptura teniendo en cuenta a los hijos y su bienestar en
el proceso.

Separación del sistema: la ruptura del núcleo familiar

El momento en el que se produce la separación física marca la toma conciencia realmente de


la separación por parte de los miembros del sistema. Esta fase comienza con un momento de
desorganización al romperse las rutinas y los roles, generando un futuro incierto.

Considerando las separaciones en un continuo, podríamos hablar de separaciones ordenadas y


desordenadas.

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Las separaciones ordenadas son menos destructivas, ayudan a los niños en el proceso de
entender lo que ocurre y poder elaborarlo con ambos padres. Presentan dos características:

• Implican una planificación y elaboración de la transición, y disminuyen la tensión y el


estrés dando suficiente tiempo para que todos se adapten.
• Los límites relacionales son claros, marcando las pautas a través de las cuales
interactuará la pareja. Ambos miembros de la pareja son conscientes del cambio en la
relación y en los roles. Se han de generar nuevas reglas, roles y rituales.

Las separaciones repentinas (desordenadas) producen crisis, no dando tiempo para que
los miembros de la familia elaboren la pérdida y se adapten al cambio.

Reorganización del sistema familiar: la familia binuclear

Cuando se produce la separación o el divorcio es necesaria una reorganización, de forma que


los hijos puedan continuar la relación con ambos padres. La manera en la que se reorganiza el
sistema familiar influirá en el desarrollo y bienestar de los hijos. El desarrollo adecuado de los
hijos tras la separación depende de:

• que las necesidades de los hijos estén garantizadas (económicas y psicológicas),


• que se mantengan las relaciones importantes, no únicamente con los padres, sino
también con la familia extensa, y
• que los hijos se beneficien de una relación de apoyo y cooperación entre los
progenitores.

Estos tres elementos facilitan que los hijos superen la separación sin secuelas. La familia tras
la separación sigue siendo una familia, lo que ha cambiado es la estructura de esta, siendo muy
diferente a la que había antes de la separación.

Uno de los retos a los que se enfrenta la familia tras la separación es el cambio de relación
entre los cónyuges, siendo importante que en esta transformación cada progenitor encuentre
de forma separada nuevas formas de relación con los hijos, a la vez que los progenitores
establecen un nuevo tipo de relación basada en la función parental.

5.4.1. La repercusión sobre el menor

Figura 5. El menor ante la decisión de ruptura.

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La mayoría de los menores tienden a recuperar su nivel de funcionamiento dentro del primer año
tras la separación o el divorcio de sus padres (Hetherington y Kelly, 2002), siendo el factor más
importante que predice cómo los niños funcionarán tras la ruptura si mantienen el funcionamiento
parental a través de una buena relación y la forma en la que se produce la separación tanto en
la comunicación a los hijos como en el proceso de reajuste posterior (Caplan, 1993).

Viaja

Consulta la guía de separación Guía para familias en situación de separación o divorcio para
padres, elaborada por el Servicio Municipal de Infancia y Familia del Ayuntamiento de Vitoria-
Gasteiz.

Algunos de los factores por los que una ruptura puede generar efectos negativos en los menores
serían los siguientes (Caplan, 1993):

La experiencia de la pérdida

Esta pérdida puede ser mayor si hay una pérdida de contacto con uno de los padres.

La dificultad para entender la separación de ambos padres

Es importante para los hijos elaborar una historia coherente que dé un sentido a la separación.

El mensaje de separación que reciba por parte de los padres

Los padres deben insistir en los siguientes mensajes hacia los hijos en el proceso de
separación/divorcio:

• Es cosa de adultos, no es culpa del menor (disminuye el riesgo de culpabilización).


• Nada de lo que pueda hacer hará que los padres vuelvan a estar juntos (descarga de
responsabilidad).
• Ambos progenitores seguirán siendo padres del menor y su amor hacia él no ha
cambiado (disminuye los temores de abandono).

El conflicto entre adultos y su repercusión en el cuidado de los hijos

A veces los padres quedan absorbidos por el conflicto, priorizando su sufrimiento y sus propias
necesidades y, como consecuencia, perdiendo la dedicación al niño, el cuidado o la empatía.
Estas situaciones generan de forma directa consecuencias negativas para el funcionamiento del
menor, entre ellas las ocasionadas por desatención o la negligencia de las necesidades de los
hijos.

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El sufrimiento vicario de ambos padres

El proceso de separación puede generar en el menor un sentimiento negativo similar a la


angustia que están sintiendo los padres. Por ejemplo, un niño que continuamente presencia los
llantos del padre corre el riesgo de aumentar su tristeza ante la separación. Presenciar el
sufrimiento de los padres puede provocar la sensación de indefensión que haga que los hijos
adopten un rol de protección o asuman la culpabilidad por el sufrimiento de los padres.

La posición o el rol que el niño ocupa entre los padres

Es decir, cuando al niño se le hace partícipe del conflicto entre los padres, asumiendo un rol
dentro de este. Por ejemplo, una hija que es utilizada como confidente y consuelo de su madre
correrá el riesgo de quedar desbordada o deprimida.

5.4.2. Algunos aspectos de la intervención terapéutica

En los casos de ruptura familiar por separación o divorcio que normalmente llegan a la consulta,
la estrategia seguida por el profesional deberá ser la empatía, apostando desde un primer
momento por la posibilidad de recuperar los sentimientos perdidos y, en los casos en los que no
se plantee la reconciliación, intervenir a favor de una ruptura pactada, siendo una de sus
funciones principales ser el portavoz de las necesidades emocionales de los miembros del sistema
familiar, sobre todo de los hijos pequeños, si los hay (Góngora y Miragaiga, 2011).

Aspectos de la intervención (Góngora y Miragaiga, 2011):

• Inicialmente, el terapeuta debe ayudar a la pareja a entender si uno de los miembros de


la misma trata de coger distancia, mientras el resto del sistema responde a la falta de
disponibilidad del primero. Es importante que se identifiquen los primeros síntomas de
desequilibrio de roles en la pareja y en los hijos, como la falta de atención a la pareja y
desatención de los hijos.
• En el proceso donde se habla de la separación como una posibilidad, el terapeuta debe
identificar los movimientos que uno u otro hace para desequilibrar la situación. Junto con
estos movimientos se producen realineamientos como, por ejemplo, con la familia de
origen. El terapeuta debe estar atento a detectar nuevas lealtades y movimientos tanto
de separarse de los hijos como de incluirlos en coaliciones contra el otro cónyuge.
• Si se ha decidido ya la separación, el terapeuta debe actuar en primer lugar de forma
educativa, identificando con ambos padres los efectos en los hijos, padres y amigos,
además de cómo proceder a informarles. Es importante ayudar a resolver los problemas
prácticos de la separación (momento de separarse, cuándo comunicarlo, trabajar las
expectativas, etc.) (Carpenter y Treatcher, 1993).
• En los casos en los que ya se esté produciendo la separación físicamente, el terapeuta
debe ganar cierto control sobre la situación. Inicialmente, debe ayudarles a exponer sus
necesidades y a planificar la continuidad y objetivos de la terapia. Es fundamental
descubrir las alianzas con la familia de origen en esta etapa. Pasadas unas semanas desde
la separación se puede valorar invitar a los hijos a sesión (bien con los padres o solos),

23
pudiendo servir esto para expresar y elaborar los miedos y las expectativas frente a la
separación.
• En todo este proceso de separación o ruptura, el terapeuta funcionará conteniendo la
reactividad de ambos miembros de la pareja, ayudándoles a tomar decisiones sobre el
divorcio, y ayudándoles a manejar los sentimientos de rabia y/o culpa junto con la posible
depresión en el subsistema parental y el de los hijos.
• Tener en cuenta otros tipos de ayuda que pueden necesitar durante el divorcio, como los
abogados, manejando los sentimientos que pueden ir surgiendo a medida que se
materializa el proceso de divorcio.

5.5. La familia de transacción esquizofrénica

La terapia familiar surgió a partir del trabajo con familias con un miembro con esquizofrenia o
«familia de transacción esquizofrénica». En sus inicios, el modelo sistémico desarrolló conceptos
para reflejar la etiología familiar dentro de las teorías comunicacionalistas como la teoría del
doble vínculo (comentada en la Unidad didáctica 1), según la cual la esquizofrenia constituiría
una forma de respuesta adaptativa (Bateson et al., 1956).

Recuerda

La teoría del doble vínculo describe una situación ineludible, donde conviven dos mensajes
contradictorios, emitidos en niveles lógicos diferentes, sin posibilidad de metacomunicar
(hablar sobre el mensaje o la comunicación), que se da en un contexto de dependencia (con
la familia de origen) en una secuencia continua de acontecimientos.

Otro concepto importante en las explicaciones a nivel familiar de la esquizofrenia es la


pseudomutualidad (Wynne, 1970), siendo valorada esta como una característica de la familia
de la persona que padece esquizofrenia, en la que los vínculos están sometidos a la ley de «sí,
pero no», produciéndose un sacrificio de la identidad individual del paciente con esquizofrenia a
favor de la pertenencia a la familia, donde el paciente evita la confrontación emocional o el
desacuerdo a expensas de su individuación.

Watzlawick et al. (1965) se centraron en el concepto de desconfirmación, siendo considerado


este como un patrón de comunicación característico en la esquizofrenia que equivaldría a negar
o ignorar la existencia de alguien: tú no existes como emisor de este mensaje.

Haley (1967), en relación con la esquizofrenia, destaca el concepto de triangulación, donde se


involucra al hijo en el conflicto de los padres, y donde la presencia del síntoma resultaría de un
sacrificio personal para ayudar a la homeostasis familiar.

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Estos conceptos presentan importantes limitaciones para explicar por sí mismos un cuadro tan
complejo como el de la esquizofrenia. Ante estas limitaciones, Selvini et al. (1995) plantearon la
teoría «de los juegos psicóticos», introduciendo dos conceptos clave: el bloqueo de la pareja
(que recoge conceptos tradicionales como pseudomutualidad, el conflicto central de la pareja,
etc.) y el embrollo, consistiendo este en una desconfirmación en la que se ve atrapado el hijo,
es decir, una coalición con uno de sus progenitores que luego será negada.

Figura 6. La desconfirmación en la psicosis.

5.5.1. La triangulación desconfirmatoria

Pereira y Linares (2022), con base en las ideas expuestas anteriormente (triangulación y
desconfirmación), proponen el modelo de la triangulación desconfirmadora como pauta
relacional que se da de forma más específica en la psicosis. Algunos ejemplos de estas
triangulaciones serían los siguientes:

Pareja parental bloqueada

Los progenitores se encuentran atrapados en una relación con un alto nivel de intensidad
emocional, en la que aparecen sentimientos ambivalentes (de amor y odio) junto con un alto
nivel de dependencia entre ambos. El hijo entra en el conflicto dentro del juego de coaliciones
para después ser traicionado o abandonado. Resultado de esta experiencia surge la vivencia de
no ser relevante.

Hermano prestigioso

En relación con los hermanos, surge la figura del hermano prestigioso (Selvini et al., 1995), en
la que aparece la sensación de que la existencia del miembro con esquizofrenia carece de valor.

Las características propias de estas familias en las que aparece la triangulación desconfirmadora
serían las siguientes (Pereira y Linares, 2022):

25
La adaptabilidad

La adaptabilidad es contradictoria, apareciendo simultáneamente pautas relacionales, rígidas


y caóticas. Entre los ejemplos de rigidez estarían las dificultades para atravesar o realizar el
cambio en las etapas del ciclo vital, sobre todo en la etapa de la adolescencia de los hijos
(cuando frecuentemente se manifiestan los síntomas). A su vez, coexisten pautas que pueden
dar lugar a reacciones caóticas frente a pequeños cambios en aspectos que rodean a la familia.

La cohesión

La cohesión es ambigua. En este tipo de familias coexisten patrones aglutinados y desligados,


dándose situaciones o dinámicas familiares en las que se comparte o vivencia «todo lo familiar»
entre todos los miembros (aglutinamiento), con otros aspectos en los que se expulsa a un
miembro de la familia por aspectos poco relevantes (desligamiento).

Estas dos dinámicas contrapuestas coexisten al mismo tiempo en la dinámica familiar.

La jerarquía

La jerarquía es incongruente, en función de las coaliciones establecidas en ese momento. Por


ejemplo, uno de los hijos se puede imponer en un momento dado y tomar decisiones que
impliquen a toda la familia, dejando fuera a un progenitor y/o al miembro con síntomas.

La mitología familiar desconfirmatoria: componentes

Ejemplo:

La familia se queda con un mensaje reduccionista sobre la condición biológica y genética


del trastorno, anulando cualquier implicación relacional de la enfermedad, generando un
mito desconfirmador de la persona, que se mantiene en el tiempo como definitorio de su
identidad.

La mitología familiar se establece sobre la base de la desconfirmación, donde la familia adopta


de manera determinista el diagnóstico biologicista de la esquizofrenia.

Dentro de esta mitología, podríamos encontrar:

• Valores y creencias desconfirmantes hacia el paciente, que van entrando dentro de


la mitología familiar, evolucionando a lo largo del ciclo vital a través de etiquetas que
van invisibilizando al paciente hasta que la sintomatología eclosiona, instalándose en la
cronicidad.

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Ejemplo:

«[…] frente al mito (o la creencia) del “buenecito insignificante”, se puede desarrollar la


idea a través de las intervenciones del terapeuta de que el paciente es alguien importante,
alguien, a quien vale pena conocer y escuchar, no solo introduciendo nuevos elementos,
sino bloqueando cuando aparecen estos valores en el discurso e integración de la sesión».
Otros ejemplos de mitos de este tipo podrían ser «el raro desastroso» y el «enfermo
invisible» (Pereira y Linares, 2022, p. 97).

• Clima emocional, característico de la mitología psicótica, implica el contraste entre un


elevado nivel de conflictividad ante aspectos banales frente a la indiferencia de temas
que deberían provocar mayor intensidad. Este modelo se corresponde con el de las
emociones expresadas que han descrito autores como Leff (1997).

Ejemplo:

Un ejemplo de este tipo de clima emocional desconfirmatorio sería el mantenido por una
familia que presenta expresiones hostiles y peleas por motivos de poca relevancia (como
pueda ser qué cenan esa noche), mientras que se ignora el sufrimiento de uno de los
miembros que ha sufrido un percance grave.

Rituales desconfirmatorios

En función de si están fundamentados en una dinámica de desligamiento, serán rituales


excluyentes (por ejemplo, en una familia en la que sus miembros se reúnen los domingos en
casa de los padres para comer, mientras que el paciente permanece en su habitación dejando
pasar el tiempo), o, por el contrario, fundamentándose en dinámicas de aglutinamiento,
aparecerán rituales constrictivos, como, por ejemplo, aquellos en los que los padres para
mantener un control sobre el paciente permanecen en casa sin atreverse a dejarle solo.

En este tipo de familias es frecuente observar ambos tipos de rituales conviviendo


simultáneamente.

5.5.2. Estrategias de intervención

Teniendo en cuenta que en las familias con un miembro con esquizofrenia podemos encontrar un
entramado familiar sostenido por la desconfirmación, la terapia tendrá que plantearse
principalmente como un proceso reconfirmador. Será necesario abordar la mitología que
sostiene esta desconfirmación y el medio a través del cual se desarrolla la triangulación, por lo
que será importante centrar la otra parte de la intervención en la organización familiar.

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El primer paso se centra en establecer una buena alianza con el paciente identificado;
además, como resultado de convocar a toda la familia a terapia, se traslada la mirada del paciente
identificado a toda la familia. Dada esta variación en la intervención (del paciente identificado a
todo el sistema familiar), esta alianza será un proceso que deberá ser negociado con la familia e
incluso autorizado por ella por las posibles implicaciones, por lo que ayuda trasladar mensajes
tranquilizadores a la familia (Pereira y Linares, 2022).

Ejemplo:

«Perdonen las molestias, trabajamos para ustedes»; «disculpen si en algún momento los
parece que estemos contra ustedes; no es así y, al contrario, ustedes serán los primeros
beneficiarios» (Pereira y Linares, 2022, p. 329).

El proceso de intervención estaría centrado en (Pereira y Linares, 2022):

Intervención sobre la mitología

Consiste en deconstruir los mitos desconfirmadores perjudiciales, dado que la intervención


familiar no se puede realizar sobre la base conceptual de la psicosis como una enfermedad
biológicamente determinada, ya que esta posición genera mensajes invalidantes en la familia
hacia el paciente, entorpeciendo el proceso de cambio de la dinámica desconfirmatoria. En esta
intervención se plantea confrontar los mensajes invalidantes acerca de la enfermedad, para lo
cual será útil el prestigio del profesional, siendo mejor la intervención realizada en el ámbito
hospitalario o desde el espacio de la psiquiatría (en colaboración con la intervención
psicoterapéutica) que dote a la confrontación de un rigor médico para la familia. Se puede
plantear a la familia la psicosis como un fenómeno complejo y multicausal, en el que no se
puede hablar desde una causalidad lineal, reduccionista, y donde la familia juega un papel
esencial en el camino hacia la recuperación.

• La medicación se planteará como un elemento necesario, al igual que unas muletas


que se deben usar para generar el apoyo suficiente para favorecer la autonomía del
paciente en las distintas esferas de su vida: laboral, social, pareja, etc., salvaguardando
al paciente de ser descalificado por su uso.
• Valores y creencias desconfirmadoras desarrollados en la familia. El terapeuta debe
estar atento a las interacciones descalificadoras (interrupciones, menosprecios, subidas
de cejas o de hombros, o manifestaciones explícitas), generando, más que una
confrontación hacia ellas, los valores y creencias de signo contrario, por ejemplo,
reconociendo el sentido de la posición del paciente: «Veo que te cuesta mucho confiar
en los demás y me imagino que tendrás tus razones» (Pereira y Linares, 2022, p. 333).
• Redefiniciones de la conducta del paciente, alejándolas de calificaciones como
maldad, irresponsabilidad o egoísmo, sin dejar de matizar la necesidad de cambiar esas
conductas, ya que el paciente es el principal damnificado por las consecuencias que el
trastorno implica en su vida.

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• Intervenir sobre las emociones expresadas, ya que el clima familiar, como hemos
planteado antes, está marcado por la hostilidad, la sobreimplicación y la crítica
constante, a través de una psicoeducación dirigida a fomentar la expresión de emociones
positivas para generar un cambio en la dinámica familiar.

Los rituales desconfirmatorios deben ser replanteados a través de rituales integradores y


permisivos (rituales de signo contrario a los excluyentes y constrictivos). Un ejemplo de rituales
integradores en la familia serían aquellos que fomenten el prestarle atención al paciente, por
ejemplo, invitarle a fiestas o reuniones familiares y contar con su presencia. Los rituales
permisivos rompen con la rigidez del control y favorecen la expresión de afectos, por ejemplo,
poder incluir expresiones como «te quiero», «eres importante», etc.

Un ejemplo de ritual confirmatorio podría ser la reorganización de las tareas dentro de casa
donde contemos con el paciente, rompiendo su aislamiento e inactividad.

Intervención sobre la organización

La acción más importante sobre la organización familiar se centra en desmontar las


triangulaciones y sus efectos. Dentro de las estrategias más utilizadas para lograrlo podemos
plantear aquellas que buscan la consolidación de subsistemas, sobre todo las que se centran
en el subsistema parental y en el subsistema fraterno. Algunas estrategias útiles serán las
siguientes:

• Realizar convocatorias separadas por subsistemas: este tipo de convocatorias ayuda


a realinear la estructura y los límites entre subsistemas. En estas convocatorias un
objetivo de trabajo será el refuerzo de los vínculos entre los miembros, estableciendo,
además, las unidades funcionales diferenciadas a través de tareas o prescripciones
diferentes.
• Otra técnica de utilidad para trabajar la organización o estructura familiar, redefiniendo
y consolidando los límites entre subsistemas, es la prescripción invariable (tal y como
la planteamos en la Unidad didáctica 4, en las técnicas de la escuela de Milán), donde
se prescribía una tarea a los padres que debían mantener en secreto pese al interés de
sus hijos. Como vimos, su cumplimiento genera una transformación en la familia,
consolidando la pareja parental (participando en actividades e incrementando la
complicidad) y facilitando el desarrollo de las relaciones entre los hermanos al estar del
mismo lado en la organización familiar (Selvini et al., 1995).
• Fomento de las diadas: el objetivo ideal sería que se puedan establecer relaciones
entre todos los miembros de la familia de forma diádica, con naturalidad y de forma
relajada (lejos de suspicacias o sospechas), a diferencia de la dinámica fomentada por
las coaliciones.
• Clarificar la función parental: definiendo claramente los roles y posiciones de la
familia extensa, diferenciando la función parental que se sitúa de nuevo dentro de la
familia nuclear. En este tipo de dinámicas familiares, las funciones parentales pueden
quedar repartidas entre la familia extensa de forma poco clara; es necesario, por tanto,
redefinir y clarificar los roles, permitiendo que esas figuras adopten otras funciones
menos ambiguas, lo que puede ayudar a que se clarifique la jerarquía, transformando
las coaliciones desconfirmadoras.

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Intervención sobre la narrativa individual

Replanteamiento de la identidad del paciente con base en conversaciones que fomenten


temas propios. Este tipo de intervención se realizará a través de sesiones individuales. El poder
plantear este tipo de conversaciones permite el redimensionamiento de su identidad a través
de vías indirectas no basadas en la confrontación directa. Como parte de estas intervenciones,
se espera ayudar al paciente a destriangularse, no dejándose incluir en los juegos de alianzas
y coalianzas familiares para pasar a pensar y creer en sí mismo.

5.6. La familia multiproblemática

En este apartado vamos a abordar los aspectos más señalados de las familias multiproblemáticas
desde la perspectiva de la terapia familiar. Este tipo de familias, por sus problemáticas y crisis
continuas, forman parte destacada de las principales áreas de intervención en servicios sociales.
Son familias en las que destaca la presencia de problemas graves de diversa índole. Estas familias
acaban siendo asistidas por un gran número de profesionales que terminan formando parte de la
homeostasis familiar (Pereira y Linares, 2022).

Figura 7. La familia multiproblemática.

Tal y como la describen Pereira y Linares (2022, p. 119):

La familia multiproblemática es un cliente difícil, muy difícil. Parecen tener una violenta
aversión a cambios estructurales. Parece que quieren evitar a los profesionales y las
instituciones. Al mismo tiempo, piden continuamente apoyo y ayuda. Son difíciles no solo
porque son rígidas (en cuanto a estilos de vida y comportamientos no normativos, sino
también porque desaparecen repentinamente y sin razón aparente. Para luego reaparecer
igual de repentinamente con otras solicitudes.

Se han utilizado diferentes terminologías para referirnos a estas familias: familias


«multiproblema», familias «excluidas», familias «asociales», familias «desorganizadas y
caóticas», familias «suborganizadas», etc.

30
5.6.1. El concepto de familia multiproblemática

Lo que caracterizaría a las familias multiproblemáticas es lo siguiente (Cancrini et al., 2001, pp.
52-53):

a. Presencia simultánea, en dos o más miembros de la misma familia, de comportamientos


problemáticos estructurados, estables en el tiempo y lo bastante graves como para
requerir intervención externa.
b. Insuficiencia grave, sobre todo por parte de los padres, de las actividades funcionales
y expresivas necesarias para asegurar un correcto desarrollo de la vida familiar.
c. Refuerzo recíproco entre a y b. Labilidad de los límites, propios de un sistema caracterizado
por la presencia de profesionales y figuras externas que sustituyen parcialmente a los
miembros incapaces.
d. Estructuración de una relación crónica de dependencia de la familia respecto de los
servicios de asistencia de diversa índole (homeostasis intersistémica).
e. Desarrollo de algunas modalidades características no usuales de comportamientos
sintomáticos en los pacientes identificados; por ejemplo, toxicomanías, comportamientos
delincuenciales, etc.

En las familias disfuncionales, las conductas sintomáticas suelen contribuir al equilibrio de las
dificultades emocionales de los miembros familiares y del sistema en su totalidad. Sin embargo,
en las familias multiproblemáticas, estas mismas conductas sintomáticas actúan como un factor
adicional que aumenta las dificultades y promueve la desintegración entre los miembros del
sistema familiar (Cancrini, 1997).

En las familias multiproblemáticas, los síntomas suelen manifestarse y aumentar de manera


constante durante las etapas iniciales del ciclo vital (la formación de la pareja, el nacimiento de
los hijos y la adolescencia de estos). En estas familias, los síntomas no solo dificultan la
transición a las siguientes fases del ciclo, sino que también son familias con dificultades para
mantener el equilibrio en la fase anterior. En ellas, los síntomas contribuyen a la desorganización
y desintegración del sistema familiar, adoptando así un papel que se caracteriza por:

• Una falta de capacidad de la familia para satisfacer adecuadamente las tareas


organizativas, como proveer recursos económicos suficientes, alojamiento, educación,
crianza y cuidado de los hijos, así como proteger a los miembros más vulnerables del
grupo. Además, esta incapacidad se extiende a las responsabilidades afectivas, como
manejar las tensiones, proveer nutrición emocional a los hijos, garantizar la intimidad de
las personas y parejas, y mantener la estabilidad emocional de los miembros.
• Una búsqueda constante y desesperada de personas u organizaciones externas que
puedan abordar los problemas mencionados o algún aspecto derivado o generador de
estos.

Estas familias muchas veces son «obligadas a colaborar» ya sea por un juez o institución
(colegio, servicios sociales, etc.). En ellas los comportamientos sintomáticos pueden ser de
diversa índole, como violencia intrafamiliar, comportamiento psicótico, consumo de drogas y
alcohol, prostitución, abuso sexual y físico, problemas para obtener y mantener actividades
laborales estables, incapacidad o negativa a respetar a las autoridades e instituciones, conductas
ilícitas como hurto y atraco, etc.

31
5.6.2. Notas sobre la intervención con familias multiproblemáticas

Atender a las familias multiproblemáticas representa un desafío significativo tanto para


terapeutas como para profesionales de servicios sociales. Estas familias generalmente no buscan
tratamiento terapéutico debido a que no reconocen la necesidad de ayuda psicológica, incluso
cuando presentan síntomas evidentes y están experimentando sufrimiento. Esta falta de
reconocimiento dificulta la identificación y el abordaje de sus problemas (Rodríguez, 2003).

Tal y como plantea Magdalena Rodríguez (2003), a menudo son los niños y adolescentes quienes
generan las solicitudes de asistencia y, en la mayoría de los casos, estas solicitudes provienen de
instituciones externas, como escuelas, jueces, etc. Las carencias y situaciones graves son tan
frecuentes que muchos profesionales tienden a asumir parcial o totalmente el rol de los familiares
que no pueden hacerlo. Es esencial brindar el apoyo necesario a las familias sin intentar
reemplazarlas. Uno de los principales objetivos es evitar la dependencia de los profesionales,
ya que esto agrava el proceso de desorganización que ya ha comenzado.

Algunos aspectos claves para tener en cuenta en la intervención según Pereira Tercero (2023)
serían los siguientes:

La interacción familia-profesional

En estas familias es importante incluir la red social amplia para poder entender la situación
familiar. Dentro de esta red, debemos tener en cuenta las relaciones de la familia con los
servicios de asistencia, ya que suelen estar en intervención con varios servicios de
profesionales, por lo que será conveniente la colaboración interprofesional para maximizar la
intervención con la familia (Imber-Black, 2000).

Trabajar con la motivación de la familia

Estas familias tienen poca o nula motivación para pedir ayuda psicológica. Seguramente estas
familias hayan desarrollado sentimientos y actitudes hacia la ayuda de los profesionales que
dificulten la relación de colaboración. La familia puede mostrar las resistencias hacia la
intervención con intentos de triangulación, intentos de control del espacio terapéutico o a través
de la descalificación del terapeuta. En estas familias, generar la motivación pasa por lograr una
alianza terapéutica que se base en la claridad, transparencia y directividad del profesional a
través de reglas mínimas que determinen el tipo de relación con la familia. Será necesario
analizar la demanda y la derivación, ya que serán aspectos importantes para generar cambios
en la familia.

Evitar el juicio hacia la familia

En estas familias será importante tener en cuenta cómo la cultura del profesional (muy alejada
de la de la familia) puede llevarle a realizar juicios. Como profesionales es crucial tener en
cuenta el impacto del contexto cultural en la dinámica familiar al evaluar su funcionamiento.
Debemos examinar los aspectos relacionados con este contexto que afectarán a la intervención,
al pronóstico y a la percepción que la familia tiene de sí misma (Briones, 2023).

32
Las emociones del profesional que trabaja con estas familias

Durante la interacción con las familias, los profesionales pueden enfrentarse a relatos
emocionalmente impactantes y, en ocasiones, algún miembro de la familia puede generar
sentimientos de rabia, antipatía o dificultades para el profesional (Campanini y Luppi, 2012).

El profesional deberá anticipar los desafíos que puedan surgir durante la sesión y así desarrollar
estrategias que faciliten la gestión de la influencia emocional en favor del cambio (Pereira
Tercero, 2023). Por ejemplo, si se toma conciencia de que uno de los miembros de la familia le
genera pena, el profesional tendrá que ser cuidadoso con la neutralidad y no descuidar la
alianza con ningún miembro de esa familia. La formación y la supervisión son elementos
fundamentales para garantizar la protección del profesional que trabaja en la asistencia a las
familias (Pereira Tercero, 2023).

Triángulos relacionales en el proceso de intervención

En estas familias se establecen normalmente relaciones triangulares (Carl y Jurkovik, 1983),


incluyendo, por parte de las familias, a los nuevos servicios de atención cuando aparecen
tensiones entre los profesionales actuales y la familia. Estas familias tienden a establecer
alianzas con nuevos profesionales a la vez que dan la espalda a los que no responden con base
en sus intereses o no favorecen el equilibrio actual de la familia intentado cambiar su dinámica.

Los profesionales que no comprenden la dinámica relacional entre la familia y los servicios de
ayuda pueden sentirse confundidos y traicionados. La mejor manera de abordar esto es
asegurarse de que la familia mantenga su identidad y colaborar con ellos para que asuman su
parte en el proceso de cambio (Pereira Tercero, 2023).

Lograr incrementar la autonomía de las familias

El objetivo con estas familias pasa por lograr que adquieran una mayor autonomía para
gestionar sus dificultades sin requerir del abanico de profesionales que intervienen con ellas.
Es necesario respetar los tiempos de la familia y tolerar la angustia de la espera, para que sea
la familia la protagonista de su proceso de cambio. Será necesario reforzar las capacidades y
competencias de la familia, así como establecer objetivos a corto plazo y metas realistas para
que la familia se sienta competente para lograr el éxito.

Minuchin (2009) propone un cambio en la relación entre los servicios profesionales y las familias
multiproblemáticas, centrándose en la participación de la familia otorgándole poder. En su
enfoque es crucial permitir que la familia tenga un papel activo y no intervenir en aquello que
la familia puede manejar por sí misma (reforzando sus capacidades). La terapia estructural de
Minuchin (2009) centrada en intervenciones concretas orientadas a la acción, resaltando las
capacidades y fortalezas de las familias en lugar de centrarse únicamente en la patología
presente, resulta apropiada para intervenir con este tipo de familias.

33
5.7. Violencia y maltrato familiar

En el contexto de la familia como sistema, cuando planteamos violencia familiar o violencia


intrafamiliar, estamos señalando todas aquellas formas de abuso de poder que se dan en el
contexto de las relaciones familiares, provocando un daño a sus miembros, pudiendo ser violencia
en la pareja, violencia filioparental, parentofilial, o maltrato hacia las personas mayores de la
familia (por ejemplo, a los abuelos) o dentro del subsistema fraternal (violencia entre hermanos)
(Pereira Tercero, 2023).

Dado lo extenso del tema, en este apartado estableceremos un marco conceptual sobre el
fenómeno de la violencia familiar y el maltrato, realizando varias propuestas de lecturas
complementarias para que el alumno pueda profundizar en su estudio e intervención.

A, B, C…

La Organización Mundial de la Salud conceptualiza la violencia como toda acción u omisión


intencional que, dirigida a una persona, tiende a causarle daño físico, psicológico, sexual o
económico (OMS, 2002).

En el modelo sistémico se conceptualiza la violencia desde una perspectiva intrafamiliar,


transgeneracional y ecosistémica. Como aspecto importante dentro de este modelo está el
construir una hipótesis relacional de la violencia para, desde ahí, poder plantear
intervenciones específicas para cada tipo de violencia dentro de cada configuración familiar. Para
ello es necesario tener en cuenta aspectos como la intencionalidad, el nivel de conciencia del daño
que se ha producido, la frecuencia del episodio de violencia (puntual, episódico, habitual o de
carácter cíclico), y si se utiliza como forma de resolver conflictos o como forma de comunicarse.
También es importante, ya sea violencia en pareja, parentofilial o filioparental, observar la pauta
de interacción construida (relación simétrica, complementaria, bidireccional, etc.) (Pereira
Tercero, 2023).

A, B, C…

Dentro del contexto de la violencia familiar hay que hacer también mención a la incorporación
de los hijos dentro del contexto de los conflictos de la pareja. En estos casos la violencia
adquiere la forma de triangulaciones, que dejan atrapados a los hijos en posiciones que no
les corresponden, comprometiendo, entre otros, su correcto desarrollo y evolución.

34
En el ámbito intrafamiliar el enfoque sistémico identifica dos categorías de familias que
experimentan maltrato: a) como manifestación de una crisis en el ciclo vital familiar y b) como
resultado de disfunciones en la estructura familiar, como conflictos de poder y jerarquía, alianzas,
y problemas en la comunicación, entre otros, los cuales, en conjunto con el ambiente
organizacional y físico, influyen en el surgimiento, persistencia y continuación de la violencia
(Barudy, 1998).

Figura 8. Violencia en pareja.

Si bien la violencia familiar adopta múltiples formas, las más estudiadas son la violencia en la
pareja y el maltrato infantil, aunque en los últimos tiempos aparecen casos más frecuentes
de violencia física y verbal por parte de los hijos a los padres o adultos que cumplen funciones
parentales, lo que se conoce como violencia filioparental (Pereira, 2011).

Viaja

Te proponemos la lectura de este trabajo de Lorena Bertino Menna y Roberto Pereira Tercero
(2020), donde se expone un caso clínico que se encuadra dentro del nuevo perfil de violencia
filioparental.

En lo que respecta al maltrato infantil, se puede describir como acciones tanto activas como
pasivas, intencionadas o negligentes, ya sean esporádicas o prolongadas en el tiempo, que
afecten la integridad física o emocional de los niños, su libertad y seguridad sexual o, en términos
generales, a su desarrollo adecuado (Pereira Tercero, 2023).

35
Viaja

En este artículo se analizará con detalle el maltrato infantil y sus características, además, se
plantearán las diferentes posibilidades terapéuticas desde un modelo sistémico.

Viaja

Completa la información sobre «violencia en pareja» en terapia sistémica con este capítulo
en el que podrás encontrar una descripción de los tipos de pautas en la violencia de pareja
junto con una propuesta de intervención con parejas en situaciones de violencia.

36
Resumen

En esta unidad hemos planteado algunas de las situaciones específicas en terapia familiar. En el
primer apartado hemos profundizado en la familia ante la pérdida, planteando varios de los
retos ante los que se enfrenta el sistema familiar en la elaboración del duelo, junto con algunas
de las estrategias que puede utilizar el terapeuta familiar ante dichas situaciones. La siguiente
situación descrita han sido los secretos familiares, donde hemos analizado los distintos tipos
de secretos y algunos aspectos para el trabajo con las familias con secretos. Por otro lado, hemos
introducido los aspectos básicos sobre la familia ante la enfermedad crónica y la discapacidad.

Otras situaciones específicas tratadas en la unidad han sido la familia en situación de ruptura
(separación o divorcio) junto con otras dos situaciones específicas: la familia de transición
esquizofrénica y las familias multiproblemáticas.

En el último apartado se ha recogido un marco conceptual de la violencia y el maltrato familiar,


haciendo varias propuestas a través de material complementario para que los alumnos puedan
profundizar en su estudio.

37
Mapa de contenidos

38
Recursos bibliográficos

Bibliografía básica

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