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Sobre La Noción de Estructura y Desarrollo

El documento aborda las nociones de estructura y desarrollo en la psicología del desarrollo desde una perspectiva psicoanalítica, destacando la incompatibilidad entre el concepto de desarrollo evolutivo y el inconsciente. Se critica la interpretación biologicista del desarrollo libidinal y se enfatiza que la pulsión es contingente, no predeterminada, lo que desafía la idea de un progreso lineal hacia la madurez sexual. Lacan introduce la noción de estructura en el psicoanálisis, sugiriendo que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo que implica una visión del sujeto que se aleja de la concepción tradicional de un individuo completo y adaptado.
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Sobre La Noción de Estructura y Desarrollo

El documento aborda las nociones de estructura y desarrollo en la psicología del desarrollo desde una perspectiva psicoanalítica, destacando la incompatibilidad entre el concepto de desarrollo evolutivo y el inconsciente. Se critica la interpretación biologicista del desarrollo libidinal y se enfatiza que la pulsión es contingente, no predeterminada, lo que desafía la idea de un progreso lineal hacia la madurez sexual. Lacan introduce la noción de estructura en el psicoanálisis, sugiriendo que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, lo que implica una visión del sujeto que se aleja de la concepción tradicional de un individuo completo y adaptado.
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FICHA DE CATEDRA PSICOLOGIA DEL DESARROLLO III

Prof. Lauriti, Sandra


Prof. Carioli, Carlos

SOBRE LAS NOCIONES DE ESTRUCTURA Y DESARROLLO

¨ Las relaciones entre los seres humanos se establecen


verdaderamente más acá del campo de la conciencia.
Es el deseo el que consuma la estructuración
primitiva del mundo humano, el deseo en cuanto inconciente.
Tenemos que apreciar desde este ángulo la dimensión del paso de Freud ¨
J. Lacan, Seminario 2

En primer lugar trataremos de ir ubicando las implicancias de abordar la materia desde

un punto de vista evolutivo, a partir del concepto de desarrollo y cuáles serían las que se

desprenden de un planteo estructural de lo psíquico. Partiremos de la siguiente

afirmación: la noción de desarrollo planteada en términos evolutivos es incompatible

con el concepto de inconciente; afirmación que iremos desarrollando a lo largo de la

clase y del recorrido del programa.

El desarrollo lleva implícitas las categorías de una temporalidad lineal, cronológica que

progresa en función de una madurez, que se define, por la adquisición de ciertos ideales

reunidos bajo la égida de una supuesta adaptación. Es así como podría hacerse una

lectura del planteo freudiano del llamado desarrollo libidinal, y como de hecho lo

hicieron la psicología evolutiva y algunos seguidores de Freud. Veremos como el

concepto mismo de pulsión (en su distinción con la noción de instinto) hace

incongruente dicha lectura. Ya en Tres ensayos sobre una teoría sexual, al plantear la

concepción psicoanalítica de sexualidad, la distingue de la apreciación vulgar, la cual

sostiene que: no hay sexualidad en la infancia, que hay un objeto predeterminado al que

ella se dirige (el sexo opuesto ) y que la misma tiene como finalidad la reproducción.

A este ideal de maduración sexual, congruente con una fundamentación biologicista

basada en el instinto, Freud le opone una concepción de sexualidad ampliada, que ya no

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será equivalente a genitalidad y que subvierte a la vez la noción de objeto y meta. Entre

la pulsión y el objeto no hay una relación de co-naturalidad, en todo caso lo que se da es

una soldadura. La meta no es la reproducción, sino la satisfacción cuyas modalidades

particulares se irán configurando. Lejos de sostener un ideal de madurez sexual, iremos

viendo como el eje freudiano es mostrar la similitud entre la sexualidad infantil y la

adulta.

El concepto de pulsión que se diferencia del concepto de instinto en el sentido de que

no tiene que ver con un saber predeterminado, heredado genéticamente, ni tampoco

implica un objeto predeterminado, el objeto de la pulsión, dice Freud, es contingente.

De todas maneras se han hecho lecturas de Freud, tanto la psicología evolutiva como los

postfreudianos, por ejemplo la Psicología del yo de Hartman, en EEUU, en donde se

entiende el psicoanálisis desde una perspectiva genética que da cuenta de la progresión

graduada de un desarrollo, basándose en una teoría del desarrollo libidinal.

Se piensa, entonces, este desarrollo libidinal como etapas evolutivas de la libido, esto

es, que tiende hacia una meta u objetivo, en donde alcanzarían la maduración

pretendida, y la finalidad de este desarrollo tiene que ver con un ordenamiento regulado

de las corrientes pulsionales, sexuales, inicialmente independientes, que van a

coordinarse bajo el primado de la genitalidad, en su relación con la reproducción.

Entonces, desde este punto de vista, el desarrollo libidinal infantil tiene un fin: la

organización genital, o la etapa genital, que en principio se alcanza definitivamente en

la adolescencia. Aunque Freud nunca habló de una etapa genital madura, como la

llaman los postfreudianos. Dentro de esta concepción, cada etapa libidinal designa el

dominio de un régimen pulsional que es preciso dejar atrás para alcanzar esa primacía.

Se trata de la trilogía de los estadios infantiles: oral, anal y fálica. La etapa fálica se

convierte, luego, por medio del complejo de Edipo en el bosquejo de lo que podrá

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retomarse como la verdadera organización genital en la adolescencia. Esta lectura de

Freud conduce a una concepción del desarrollo muy acabada, homogénea en su

principio. Cada uno de los estadios que ella distingue se encuentra caracterizado por la

zona erógena que domina en la cronología pulsional, la boca en la fase oral, el esfínter

anal en el estadio anal, y el sexo en la etapa fálica. A esto corresponde una progresión,

más o menos coincidente, que distingue en la puesta en obra de la elección de objeto

los momentos autoeróticos y narcisista, homosexual y finalmente heterosexual.

De modo que existe sin duda una perspectiva que acentúa la idea de un desarrollo, y

este será también el caso cuando haya que tomar en cuenta la instauración del yo, o el

pasaje del principio de placer al principio de realidad.

Esta perspectiva del desarrollo no nos parece posible hacerla congruente con aquello de

que se trata en lo psíquico, por lo menos desde que en lo psíquico, con la libido, se

reconoce el deseo. Y quizá la expresión ¨ desarrollo libidinal ¨ demuestre ser

contradictoria en sí misma. Basta para demostrarlo la noción de fijación que, después

de todo, corresponde a lo que resiste intrínsecamente al despliegue del supuesto

¨programa¨, y que manifiesta la dimensión del inconciente.

Ahora bien, toda concepción de desarrollo o de evolución implica al concepto de

instinto, lo que madura o evoluciona es el instinto, el instinto como un saber

predeterminado y heredado y en donde el objeto sexual viene dado, hay un objeto

sexual natural y heredado. Desde esta perspectiva se toma a la sexualidad, en el sentido

de que esta evoluciona hacia un fin o una meta que sería la fase genital madura ligada a

la reproducción. Para el psicoanálisis, para Freud, en cambio, el objeto no viene dado

sino que se le adjunta a la pulsión y es totalmente contingente.

Es Lacan quien hace una lectura de Freud y denuncia este desvió teórico incitando a los

analistas a ¨ Volver a la verdad freudiana ¨, cuestión que le costo su expulsión de la

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Internacional de Psicoanálisis (I.P.A). Lacan realizó esta relectura de Freud en una

época en la que la noción de desarrollo había llegado a adquirir un giro categóricamente

normalizador, donde se consideraba el acceso a la genitalidad como la evolución

máxima del desarrollo libidinal. Lacan dio prueba de la posibilidad de entender de una

manera radicalmente distinta el discurso freudiano, desprendiéndolo de sus

contigüidades somaticistas, biológicas. Esto le permite denunciar a aquellos analistas

que habían realizado una lectura psicologizante del discurso de Freud. Como por

ejemplo lo plantea en ¨ La dirección de la cura ¨ : Han vuelto al redil de la psicología

general.

Ahora bien, el concepto de desarrollo o de evolución nos lleva indefectiblemente a

hablar de algo que se desarrolla o evoluciona y esto es el instinto, y nos llevaría a

pensar en un individuo que solo tiene que encontrar su objeto (objeto de la necesidad)

en el medio y así se produciría la pretendida ¨ adaptación al medio ¨. Si Freud

desestima el concepto de instinto, ya que este no le servía para dar cuenta de la

sexualidad humana, y propone en 1905 el concepto de pulsión es justamente porque no

hay nada que evoluciona en el ser humano, ni nada parecido a una adaptación al medio,

ya que el objeto no tiene que ver con el objeto de la necesidad, sino con el objeto de la

pulsión, que al ser contingente, puede ser cualquier cosa, (una parte del cuerpo propio,

un zapato rojo, un hombre, una mujer o un animal), esto es, que si puede ser cualquier

cosa no hay un objeto. Por otro lado el concepto de inconciente también rompe con

toda idea de progreso o evolución , ya que el Yo deja de ser el sujeto más genuino

(como lo es para la psicología) y aparece una conciencia lacunar, esto es un yo que no

implica una unidad o una individualidad, algo indivisible, así como tampoco tiene una

función de síntesis respecto de las funciones psíquicas, sino que estamos frente a un

aparato psíquico dividido sin ninguna función de síntesis. Es por ello que Lacan ubica a

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un sujeto que no es el sujeto de la conciencia y que es un sujeto dividido, dividido por la

falta de objeto.

Entonces en contraposición a cualquier teoría evolucionista y biologicista el

psicoanálisis propone un sujeto dividido y un objeto que falta (objeto a desde Lacan),

con lo cual se nos hace imposible teóricamente pensar en una evolución, en un

desarrollo que tenga como meta u objetivo la adaptación al medio y la completud del

sujeto.

Es Lacan quien introduce el concepto de estructura en el psicoanálisis. Destacaremos

de entrada que cuando Lacan habla de estructura, en singular, se refiere a la estructura

del lenguaje. También están las estructuras, pero del término estructura Lacan no hace

sino un empleo en singular.

El estructuralismo que toma Lacan es el que tiene su fuente en F. de Saussure, con su

curso de Lingüística General y que luego tomaran Jakobson y Lévi Strauss.

¿Qué del estructuralismo toma Lacan para dar cuenta de la experiencia analítica?

En primera instancia, podríamos decir, que el estructuralismo es un anti- sustancialismo.

El sustancialismo es una doctrina que se funda en la diferencia de las propiedades

intrínsecas de los seres, implica entonces que existen sustancias, sustancias concretas,

dotadas de propiedades, que pueden ser consideradas en sí mismas. La hipótesis

estructuralista propone que se definan las magnitudes por las relaciones y no a la

inversa. Lo importante, para el estructuralismo no son las magnitudes sino las

relaciones (no los cuerpos, volúmenes, capacidades, sino las relaciones). Saussure

planteaba que en la lengua no hay más que oposiciones: Ej.: si yo digo ¨mesa ¨, no me

estoy refiriendo a la sustancia de la mesa, sino a la oposición con todas las otras

palabras. Dice Saussure: Si digo ¨ Mesa ¨ estoy diciendo todo lo que no es mesa.

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Ahora bien, si pensamos entonces, que en la lengua no hay más que diferencias y nos

interesamos en la combinación de los elementos, sin suponerles sustancias, vemos que

uno remite al otro y esto es ya una estructura de cadena.

La innovación que aporta la hipótesis estructuralista es que obliga a esta elección, a esta

disyunción entre lo que es del orden simbólico, donde no hay más que diferencias sin

términos positivos (sin sustancias) y la dimensión de las imágenes. La elección primera

de Lacan es de entrada esta: el inconciente es vacío. No es reserva de imágenes.

Lacan plantea entonces, sobre la base de esta noción de estructura ¨el inconciente está

estructurado como un lenguaje¨. Esto ya determina su vacío, no es reserva. Esto

determina de entrada un inconciente no sustancial. Y la escritura del Sujeto lacaniano

con una S mayúscula barrada, escribe ese vacío del inconciente.

Ahora bien, para los estructuralistas, la estructura es incompatible con el sujeto. Está

hecha para evacuarla subjetividad del campo de las ciencias del hombre y para hacer a

las ciencias humanas dignas de las ciencias naturales.

Lo que hace Lacan es introducir al sujeto en la hipótesis estructuralista, por ello el

psicoanálisis no es estructuralista. Aquí divergen los caminos del estructuralismo y del

psicoanálisis.

Este sujeto no tiene nada en común con la conciencia o con un yo que sería allí

completado, a tal punto que Lacan construye el deseo como ese sujeto mismo que

transporta la cadena significante. Es una concepción a la que hay que acostumbrase y

que separa, por cierto, al sujeto de la apariencia del individuo.

En el seminario 5, Lacan dice en relación al análisis lo siguiente: Eso de lo que se trata

es de significantes. Lo que llamamos fases oral, anal es la manera en que el sujeto

articula su demanda por la aparición en su discurso de todas las formas en que su

neurosis se presenta, los significantes que se han formado en tal o cual etapa del

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desarrollo, que eran los significantes que le sirvieron en esas fases, los más recientes o

los más antiguos, para articular su demanda.

Esto es que el mundo freudiano no es un mundo de cosas, no es un mundo del ser, es un

mundo del deseo como tal (con el concepto de instinto estaríamos en un mundo del ser).

Y en ese mundo del deseo la relación no es a un objeto sino a la falta, desde esta

perspectiva no hay en el horizonte ninguna armonía pre-establecida, sino toda clase de

tropiezos. La noción de aprendizaje es , dirá Lacan , indiscernible de la maduración del

instinto: el animal reconoce a su semejante, a su pareja sexual, a su medio y lo modela

también e incluso se inscribe él allí. Esto es, el animal se encaja en su medio, hay

adaptación; ésta tiene su fin , su término. Por su parte en el hombre lo que encontramos

es el deseo de insistir, el privilegio por las cosas inconclusas y la memoria de lo que ha

salido mal. Es justamente esto lo que muestra la experiencia clínica: ¨en el hombre la

mala forma es lo prevalerte. El sujeto vuelve a una tarea en la medida en quedó

inconclusa. El sujeto recuerda mejor un fracaso en la medida en que fue doloroso ¨.

Para concluir, pensar la propuesta freudiana como un desarrollo que apunta a la

madurez sexual, no es lo que se desprende de su clínica y de su formulación. No existe

ninguna metamorfosis natural de la pulsión oral, en pulsión anal. No se trata de un

proceso orgánico por el cual se pasaría , en consonancia con una dialéctica en espiral, de

un estadio libidinal al otro. Dirá Lacan, en el Seminario Los cuatro conceptos

fundamentales del psicoanálisis, ¨ El paso de la pulsión oral a la anal no se produce por

un proceso de maduración, sino por la intervención de algo que no pertenece al campo

de la pulsión – por la intervención, la inversión de la demanda del Otro¨. Los estadíos

libidinales no deben ser referidos entonces a ninguna pseudos-maduración natural; éstos

se organizan en torno de la angustia de castración. La introducción de la copulación

sexual en la sexualidad es traumatizante y tiene una función organizadora. Pero se trata

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entonces de una organización y un orden que sólo es pensable a partir de un mal

encuentro. Es esto lo que trataremos de bordear con el desarrollo del programa que

hemos propuesto.

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