PORQUE SER AMABLES
Las personas amables lo tienen más fácil en la vida.
La amabilidad abre puertas. Una persona amable
tiene más facilidades que una persona que no lo es,
simplemente por el hecho de que resulta más
agradable para su círculo social y puede tener más
oportunidades y beneficios de él.
Hoy vamos a ver las claves para aprender cómo ser
AMABLES
¿Cómo ser más amable en tus relaciones personales?
Las relaciones son fuente de satisfacción y bienestar,
motivo por el cual debemos mantenerlas y mimarlas.
Nuestra red de apoyo social, conformada por amigos,
familiares y otras personas importantes, nos sirve
para confesarles nuestras emociones y opiniones,
liberando estrés. No contar con esa red social es un
problema dado que nos guardamos nuestras
emociones que pueden degenerar en mucha
inestabilidad emocional, agravada por un sentimiento
de soledad e incomprensión.
La amabilidad es una actitud personal positiva tanto
para nosotros como individuos como para aquellos
que nos rodean. Es esa energía que nos mantiene
conectados al resto de la sociedad, que nos protege
de la soledad y del malestar asociado. La amabilidad
es aquello que fortalece nuestras relaciones
interpersonales, fundamentales para nuestra salud
mental teniendo en cuenta que pasamos la mayor
parte de nuestro tiempo interactuando con otras
personas.
Dependemos de los demás y por eso debemos ser
amables. Todo el mundo influye de alguna forma en
nuestras vidas: padres, hijos, hermanos,
subordinados, jefes, el de la gasolinera… Haciendo
que los demás se sientan cómodos nos traerá muchos
beneficios y ventajas. Las personas son más
propensas a hacer favores a aquellos que les caen
bien, aquellas personas que sienten que los respetan.
Por eso vamos a ver algunos consejos para ver cómo
ser más amable:
1. Llámale por su nombre
Si sabes cómo se llama esa persona, llámala por su
nombre. Casi todo el mundo prefiere ser llamado por
su nombre antes que por algún apelativo genérico.
Llamar por el nombre fortalece la relación y
personaliza el trato, y es muchísimo más educado que
llamar a alguien “chica/o”, “oye, tú”, “guapa”,
“macho”, “tío” y demás
Siempre puede haber alguna excepción, pero por
regla general esas frases suelen ser bastante
humillantes e, incluso, cosificantes. Si se trata de una
persona a la que vemos casi cada día, lo mínimo es
aprenderse su nombre después de tanto tiempo. Si se
ha dado la casualidad de que ella sí se ha aprendido el
tuyo y tú todavía no te sabes el suyo puedes quedar
como un completo cretino.
Puede darse la casualidad de que la otra persona
tenga un nombre poco común o que te suena
“étnico”. Quizás hayas usado esa excusa para no
molestarte en aprenderte su nombre, a pesar de que
la otra persona te ha repetido una y otra vez cómo se
pronuncia perdiendo su valioso tiempo, paciencia y
salud mental. Puedo asegurar que tener que repetir a
alguien día sí y día también cómo me llamo porque no
se ha molestado en prestar atención y memorizarse
cuatro fonemas no me invita a perder mi tiempo con
esa persona.
2. Usa siempre las palabras mágicas
La educación es algo que, en mi humilde opinión, se
está extinguiendo en este nuestro siglo XXI.
¿Tanto cuesta ser educado con los demás? Nuestro
idioma dispone de palabras y expresiones mágicas
que suavizan las peticiones, convirtiendo órdenes
imperativas en amables solicitudes. No cuesta nada
empezar las peticiones con frases como “por favor”,
“serías tan amable...”, “te importaría...” y demás. Son
expresiones de amabilidad, respeto y consideración
hacia los demás. Da igual que sea un compañero de
trabajo, tu familia o un camarero del bar de la
esquina. Habla de forma educada. Los demás lo
apreciarán mucho.
3. Devuélvele los detalles
En este mundo hay personas más detallistas que
otras, y eso no es nada malo. A algunos no nos sale de
forma natural hacer pequeños regalos a los demás, y
eso no significa que seamos unos desconsiderados o
mala gente, simplemente que no sale de nuestro
interior ser así.
4. Sonríe, que abre puertas
La mirada, la sonrisa, los gestos… es decir, el lenguaje
corporal es una comunicación que, aunque silenciosa,
transmite muchos significados. No es lo mismo decir
algo con la cara seria que decir lo mismo sonriendo.
Dependiendo de cómo las acompañemos, nuestras
palabras se pueden convertir en el más ofensivo de
los insultos o en auténticos halagos. Las sonrisas
abren puertas, puesto que vemos a las personas
sonrientes como más alcanzables, más abiertas a
mantener una conversación y a escuchar.
Ser más amable en las relaciones personales
5. Escucha activamente
Si alguien nos habla, lo mejor es dejarle acabar antes
de dar nuestra opinión. Este principio que parece tan
básico es muy pocas veces respetado. Es difícil
considerar a una persona como amable si no para de
interrumpirnos, no nos deja decir todo lo que le
tenemos que decir.
Ten paciencia, deja que acabe, no te adelantes a lo
que esté comentando y ni se te ocurra acabar tú la
frase. Las interrupciones generan inseguridad y
frustración a tu interlocutor, emociones que no le
invitarán a mantener más conversaciones contigo.
6. No desconfíes tanto
Puede sonar muy inocente, pero es bueno esperar
cosas positivas de los demás. Las personas que
desconfían de los demás suelen tener más problemas
para establecer relaciones de calidad. El miedo a que
los demás lo traicionen les impide ser completamente
honestos con ellos, les cuesta compartir y no se
atreven a mantener relaciones profundas.
Es cierto que en el mundo hay gente poco honesta,
mentirosa y desleal, pero no es la regla general.
Protegerse todo el tiempo de los demás solo nos
traerá aislamiento y negatividad. Hay que abrirse
hacia los demás, por ello no desconfíes tanto y espera
cosas buenas. La mayoría de la gente no alberga mal
en su interior.
7. Pregunta qué tal su día
Una de las formas de demostrar verdadera
amabilidad es mostrar interés por la vida de los
demás. Todo el mundo tiene su propia historia que
contar, pero a veces no la pueden compartir.
No obstante, si alguien le pregunta, si alguien muestra
interés por saber qué le ha pasado y cómo se siente,
la persona siente que a alguien le importa, que
alguien valora cómo ha ido su día. Por ello es muy
buena idea preguntar qué tal ha ido el día a nuestros
conocidos, seguro que nos lo agradecerán y les
haremos sentirse mejor.
8. Alegría para todos
El sentido del humor es un potente imán que atrae a
las buenas relaciones. Si bien no es sinónimo de
amabilidad, sí que contribuye a que los demás nos
vean como personas accesibles, personas con las que
es agradable pasar un tiempo. No debemos confundir
esto con ser el gracioso de la oficina o burlarse de los
demás, sino con ver la parte divertida de la vida. Ser
alegre, divertido y desenfadado es una forma muy
prosocial de comportarse.
En cambio, las personas de apariencia seria aparentan
difícil accesibilidad, personas con las que parece que
va a ser difícil relacionarse. No sabes muy bien de qué
humor se encuentran hoy ni tampoco sabes muy bien
cómo dirigirte a ellas. Esto hace muy complicado
interactuar con ellas, además de que la incertidumbre
y el miedo a cómo puedan reaccionar nos provoca
estrés. Nos puede llegar a intimidad, y una persona
que intimida, aunque no sea mala persona ni nos
haya hecho nada malo, no nos parece amable.