II.
Características de la Buena Redacción
1. Claridad
- Meta principal: Ser entendido por el lector desde la primera lectura.
- Cómo lograr claridad: Utilizar un lenguaje sencillo, sin tecnicismos
innecesarios, frases breves y bien estructuradas, y conectar ideas mediante
conectores lógicos (por ejemplo, “por lo tanto”, “en consecuencia”).
- Evitar confusiones: Si un texto requiere relectura para entenderse, indica falta
de claridad. Sin embargo, si el lector decide releerlo por interés, refleja un éxito
comunicativo.
2. Concisión
- Consiste en decir más con menos palabras, eliminando lo superfluo.
- Características: Evitar redundancias y repeticiones, usar verbos dinámicos y
activos, y trabajar con frases cargadas de significado, evitando el exceso de
adjetivos o ideas secundarias.
- Beneficios: Mejora la velocidad de lectura y comprensión, y aporta vigor al
estilo.
3. Sencillez
- Usar palabras de uso común y estructuras simples.
- Distinción importante: Sencillez no equivale a vulgaridad; es posible y
recomendable expresar ideas profundas con un lenguaje cotidiano.
- Evitar: Lenguaje rebuscado o adornado excesivamente, así como la
complejidad innecesaria que dificulte la lectura.
4. Otras Virtudes de la Buena Redacción**
- Naturalidad: Expresar ideas como si se estuviera en una conversación fluida.
- Densidad: Cada palabra o frase debe tener un propósito claro.
- Exactitud y Precisión**: Selección precisa de términos y datos.
- Originalidad: Proponer enfoques únicos o creativos.
- Brevedad: Lograr impacto sin extenderse innecesariamente.
En resumen, escribir bien implica valorar la relación entre contenido (lo que se
dice) y forma (cómo se dice), poniendo en práctica estas características para
comunicar de manera efectiva.
III. Fases o Momentos de la Redacción
1. Planeación o Pre-escritura
- **Recopilación de Información:
- Leer y seleccionar materiales relevantes, subrayando ideas importantes.
- Hacer fichas de trabajo que ayuden a organizar las ideas, ya sean textuales
(citas) o de comentario (ideas propias).
- Organización de Ideas:
- Realizar una "lluvia de ideas" o una lista inicial de conceptos para reunir y
clasificar las ideas.
- Jerarquizar la información usando esquemas como árboles conceptuales que
faciliten la visualización de las relaciones entre las ideas.
- Elaboración del Esquema:
- Decidir el orden en que se presentarán las ideas y crear un índice preliminar
que guíe el proceso de escritura.
- Identificar las partes principales del texto: introducción, cuerpo y conclusión.
2. Escritura
- Introducción:
- Plantear el tema, justificar su importancia y establecer los objetivos del texto
(qué se busca lograr).
- Describir la metodología o enfoque utilizado y anticipar el contenido del
cuerpo del texto.
- Cuerpo:
- Desarrollar las ideas principales en párrafos organizados, asegurando que
cada uno aborde una idea central con claridad y cohesión.
- Estructura sugerida para cada párrafo: idea principal, desarrollo y
argumentos, y conclusión del párrafo.
- Conclusión:
- Resumir los hallazgos principales y reflexionar sobre los resultados.
- Señalar problemas pendientes o preguntas abiertas que podrían dar lugar a
futuras líneas de investigación.
3. Revisión o Post-escritura
- Revisión del Contenido:
- Detectar errores de contenido y lógica, ajustando las partes del texto para
mejorar su cohesión y coherencia.
- Edición y Corrección:
- Corregir gramática, ortografía y estilo, asegurando que la introducción y las
conclusiones sean consistentes con el contenido del cuerpo del texto.
- Descanso y Revisión Final:
- Dejar reposar el texto para ganar perspectiva y objetividad antes de realizar
una última revisión.
Conclusión: Concisión como Meta de la Redacción
La concisión es esencial para la comprensión rápida y efectiva de un texto.
Consiste en la expresión precisa y directa de ideas, eliminando lo innecesario sin
sacrificar la elegancia del estilo. Escribir de manera concisa no significa renunciar
a la creatividad o al detalle, sino aprovechar cada palabra para aportar valor al
texto.
Recomendaciones Prácticas:
1. Usar un esquema previo para organizar las ideas antes de escribir.
2. Revisar y reescribir varias veces hasta lograr un texto pulido y efectivo.
3. Alternar frases cortas y largas para mantener la fluidez del texto.
4. Evitar términos técnicos o complejos si no son estrictamente necesarios.
5. Practicar constantemente la escritura para mejorar el estilo y la técnica.