UNIVERSIDAD KENNEDY
Psicopedagogía
Catalina Guerra
LEGAJO N° 232515
Fecha de entrega:
18/04/2023
Materia: Psicología del desarrollo Profesora: María Soledad de Angelis
Un desarrollo saludable de los infantes, promete un futuro
exitoso.
Los primeros años de vida del niño son de suma importancia porque marcan
precedente en la vida adulta. El desarrollo del ser humano es un proceso
complejo que consta de cuatro dimensiones básicas (desarrollo físico,
cognoscitivo, emocional y social) donde intervienen tanto factores biológicos,
psicológicos como socioculturales. Si bien cada dimensión se ocupa de un
aspecto en particular, para que se produzca un desarrollo óptimo es necesario
que exista integración e interdependencia entre ellas para dar lugar a la
construcción de un sujeto único.
Existen varias perspectivas teóricas que intentan dar luz a los diferentes
comportamientos que se suscitan a lo largo del desarrollo, enfocándose en
áreas particulares del mismo. Ninguna teoría del desarrollo es lo
suficientemente abarcativa para explicar de forma exhaustiva y precisa todos
los aspectos involucrados en la constitución del hombre por lo tanto se
considera que todas se relacionan entre sí para poder ir estableciéndose.
En este caso en particular nos enfocaremos en aquellas teorías psicodinámicas
que describan o expliquen las características en el desarrollo del niño entre
cero y 2 años.
En primer lugar, haremos referencia a la teoría freudiana ( Sigmund Freud)
donde se estipula el concepto de libido, “la fuerza impulsiva que representa al
instinto sexual”. Cabe destacar que en la teoría psicoanalítica lo sexual no hace
solo referencia al aspecto genital, sino que abarca todas las actividades
instintivas, manifestadas en diversas formas y que tienen como objeto la
obtención del placer. La libido sigue una evolución desde el nacimiento hasta el
desarrollo emocional completo. Durante el transcurso de ese proceso, el niño
pasa por diversas etapas psicosexuales bien definidas, en las que los impulsos
instintivos orientan su energía, o libido, a determinadas zonas erógenas.
La organización libidinal se compone de las siguientes fases: narcisismo, oral, f
anal, fálica, latencia y genitalidad.
Narcisismo primario: el bebé dirige su libido hacia sí mismo.
Fase oral: toda la energía libidinosa está concentrada en la boca. Esta fase se
subdivide en dos: oral de succión, relacionada con la alimentación y como
forma de reconocer objetos una vez adquirida la capacidad para manipularlos;
y oral canibalística que coincide con las primeras denticiones, el placer lo
produce el morder.
Fase anal: desde el año hasta los 2 años y medio aprox. La libido se desplaza
hacia el ano, coincide con el control de esfínteres. El niño siente placer en
controlar y expulsar. Podemos especificar dos subfases: anal expulsiva donde
el placer radica en expulsar y jugar con las heces; y anal retentiva, el placer
consiste en retener.
Según Freud, las experiencias del niño durante estas fases condicionan la
personalidad adulta, si en alguna no consigue resolver los conflictos
psicosexuales, hay probabilidades que se fije es esa etapa aunque el desarrollo
psicológico continúa.
En relación con la franja etaria abordada, podemos mencionar los aportes de
René Spitz quien se destacó por sus investigaciones basadas en
observaciones directas de la relación complementaria madre-hijo (díada) donde
explica el desarrollo en términos de la relación objetal, lo que llevará a la
independencia tanto orgánica como psíquica del lactante. Para ello estipula tres
etapas:
Etapa preobjetal o sin objeto (0-3 meses): comienza con el nacimiento y
culmina con la aparición del primer organizador del psiquismo, “la sonrisa
social”. La etapa sin objeto coincide con el narcicismo primario, ya que la
percepción, la actividad y las funciones de un recién nacido no están lo
suficientemente organizadas, es decir existe un indiferenciación, el lactante no
puede distinguir una cosa (externa) de su propio cuerpo y no experimenta algo
separado de él, por ello también percibe el pecho de su madre como una parte
de sí mismo.
Etapa del objeto precursor (3 – 7 meses): el objeto precursor es el rostro
humano, en tanto este de frente y en movimiento. El niño percibe la forma en
que se compone (frente, ojos, nariz y todo en movimiento), es decir no realiza
una percepción completa y responde a esta a través de la sonrisa social.
Comienza el balbuceo.
Etapa del objeto libidinal propiamente dicho (8 – 12 meses): se desarrolla
la capacidad perceptiva de diferenciar lo familiar de lo extraño por lo tanto el
llanto ante desconocidos indica que el niño ya diferencia a la madre de otras
personas. Spitz lo denomina angustia del octavo vez, segundo organizador
psíquico. Sabe que ella es quien lo cuida, lo protege de los demás, le da
alimento, y lo ama. Se ha establecido una relación de objeto con la madre, ésta
constituye su objeto libidinal.
Una vez adquirida la movilidad (gateo, bipedestación y posterior
deambulación), el niño tiene acceso para descubrir el mundo y surgen las
primeras prohibiciones frente a los peligros que puede llegar a correr. Si bien el
pequeño no comprende la palabra “No”, logra identificar el movimiento que
realiza la madre con la cabeza, al igual que el cambio del tono de voz al decir la
palabra, al mismo tiempo que coarta su accionar. Esta identificación, la
adquisición del no, es el tercer organizador del psiquismo. El niño avanza en el
desarrollo cognitivo y emocional adquiriendo la capacidad para el juicio y la
negación.
Otro referente de la teoría psicodinámica, al igual que Freud y Spitz, es Erick
Erikson, quien discrepa con Freud ya que considera que la personalidad se
forja durante toda la vida y no queda determinada por completo en la niñez.
Sostiene que el desarrollo de la personalidad se realiza en ocho etapas
psicosociales donde en cada una se produce una “crisis” específica originando
un conflicto entre los impulsos personales y el mundo social. Los progenitores y
otras personas podrían favorecer o no el buen desarrollo. En cada una de las
etapas propuestas por Erikson, el niño afronta una crisis decisiva que tiene dos
soluciones: una positiva y la otra negativa. La resolución exitosa de dichas
crisis conlleva a un desarrollo sano y una vida gratificante, en cambio los
resultados negativos dificultan el manejo de crisis futuras causando un
estancamiento en el crecimiento personal.
Las ocho etapas de Erikson sobre el desarrollo Psicosocial son: Confianza
básica versus desconfianza básica (de 0 a 1 año), autonomía versus vergüenza
y duda (de 1 a 3 años), iniciativa versus culpa (de 3 a 6 años), industriosidad
versus inferioridad (de 6 hasta la adolescencia), identidad versus confusión de
papeles (de 12 a 18 años), intimidad versus aislamiento ( joven adulto),
creatividad versus estancamiento (edad mediana), e integridad versus
desesperación (vejez).
De acuerdo a la temática que nos concierne, explicaremos brevemente:
Confianza básica versus desconfianza básica (de 0 a 1 año): se relaciona
estrechamente con la relación madre-hijo. La confianza y seguridad en el
propio accionar como madre posibilita que el niño construya confianza en el
mundo para que desee desplazarse, manipular objetos y explorar el espacio.
Autonomía versus vergüenza y duda (de 1 a 3 años): el niño adquiere
movilidad, lenguaje y control de esfínteres por lo tanto posee mayor autonomía.
Los padres deben de acompañar dicha independencia sin condicionar ya que
frente a cualquier inconveniente, el niño buscará la mirada aprobatoria del
adulto y de no encontrarla le generará vergüenza.
Según Margaret Mahler (representante de la escuela vienesa del psicoanálisis)
sostiene que en el desarrollo humano existen dos partos, uno bilógico
(nacimiento) y otro psicológico que es un proceso lento intrapsíquico que
consiste en la separación-individuación. Este implica el establecimiento de un
sentimiento de separación por parte del lactante respecto de su propio cuerpo y
el mundo real, y al principal representante de dicho mundo, su primer objeto de
amor: la madre. Los principales logros psicológicos de este proceso ocurren
alrededor del cuarto y quinto mes, y los precursores de dicho proceso son la
fase autística normal (0 a 2 mese) y la fase simbiótica normal (2 a 4
meses). La primera sirve para la consolidación del desarrollo fisiológico
extrauterino. La segunda, el bebé vivencia a su madre como una misma unidad
carente de límite, experimenta una indiferenciación entre el yo y el no-yo y
donde además lo interno y lo externo solo llegarán gradualmente a ser
percibidos como diferentes.
Si bien el conocimiento de las diferentes teorías no garantiza un desarrollo
exitoso, existen ciertas acciones destinadas a buscar el bienestar del niño que
los padres y familiares, como agentes responsables de la crianza, pueden
incorporar con el fin de lograrlo. De esta manera se enfatiza la importancia de
las vivencias durante los primeros años de vida del niño. El cuidado, la
atención, la buena alimentación, el amor, la contención son primordiales para
fortalecer el desarrollo físico, psicosocial e intelectual, como base de un futuro
próspero.