Tribunal: Corte Suprema de Justicia de la Nación
Fecha: 04/05/2000
Partes: Acosta, Leonardo y otros
Publicado en: , La Ley Online;
Cita Fallos Corte: 323:929
TEXTO COMPLETO:
Dictamen del Procurador Fiscal
La sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y
Correccional de la Capital Federal, confirmó -en lo que aquí interesa-,
la decisión de primera instancia que dispuso la nulidad de la
declaración indagatoria de Leonardo Acosta y de todos los actos
procesales posteriores, convalidando, en consecuencia, la absolución
del nombrado en la causa que se le sigue por el delito de robo en
poblado y en banda, en grado de tentativa (fs. 337/341).
Contra dicho pronunciamiento, el fiscal interpuso recurso
extraordinario, el que fue concedido a fs. 359.
I. El fundamento central sobre el que se apoyó en ambas instancias la
declaración de invalidez, radica en la falta de constancia extendida en
el acta de indagatoria, acerca del derecho constitucional que asiste a
toda persona de negarse a declarar sin que ello constituya presunción
en su contra.
Asimismo, se sostuvo que no resulta suficiente para subsanar tal
vicio, la mera aceptación del procesado de no oponerse al acto, ya
que no puede inferirse de ello que se le hicieron conocer sus
garantías, ni discernir si las explicaciones brindadas son producto de
su libre determinación o de su ignorancia de que podía guardar
silencio.
II. El recurrente intenta descalificar la decisión del a quo, con respaldo
en la doctrina de la arbitrariedad, pues considera que carece de
sustento normativo en la medida que el Código de Procedimientos en
Materia Penal -bajo cuyas disposiciones se tramitó la causa-, en modo
alguno imponía la obligación de hacerle saber al procesado su
derecho a negarse a declarar, y menos aún que tuviera que dejarse
constancia de ello en el acta de indagatoria.
Agregó, que tampoco resulta razonable derivar una exigencia ritual
de los claros términos de la cláusula constitucional, pues ésta, no
impone que se le haga conocer ese derecho al imputado, sino que lo
que pretende, es que los sometidos a un procedimiento penal no sean
obligados de ninguna manera a decir cosas que los perjudiquen.
Por último, sostuvo que lo resuelto por el a quo conlleva otra causal
de arbitrariedad, pues al fallar como lo hizo se apartó de la doctrina
sentada por V.E. en los autos "Schoklender" (Fallos: 311:340), donde
al plantearse la nulidad de la declaración indagatoria del procesado -
sobre la base de que no constaba en el acta que se le hubiera hecho
conocer su derecho de negarse a declarar-, el tribunal sostuvo que
".el magistrado actuante dio cumplimiento en dicha ocasión con el
mandato constitucional de que nadie debe ser obligado a declarar
contra sí mismo, toda vez que en la citada actuación consta que el
procesado no se opuso a que se le tomara declaración indagatoria".
III. No desconozco que la doctrina de la arbitrariedad no atiende a las
discrepancias de los recurrentes con la forma en que los jueces
aprecian las pruebas o aplican el derecho, ni tiene por objeto corregir
en tercera instancia sentencias que se estimen equivocadas, sino a
los desaciertos de gravedad extrema que descalifican un fallo judicial
(Fallos: 286:212, 301:1218; 302:588, sus citas y otros).
Es por esta razón, que he de mantener el recurso extraordinario
deducido por el Fiscal General, pues en mi opinión se ha dado un
alcance y aplicación irrazonable a la prohibición de la
autoincriminación.
La debida tutela de la mencionada garantía constitucional, en
necesaria relación con el debido proceso legal, requiere un examen
exhaustivo de las circunstancias que rodearon cada situación en
concreto -como el efectuado por V.E. al pronunciarse en los autos
"Schoklender" (Fallos: 311:340 y 345)-, para arribar a una conclusión
acerca de la existencia de vicios que hayan podido afectar la voluntad
del imputado.
En el "sub examine", dicha tarea fue omitida por el a quo, pues no
tuvo en cuenta que el procesado Leonardo Acosta al comparecer ante
el juez de instrucción a prestar declaración indagatoria, no sólo no se
opuso en un principio a la realización del acto, sino que estando
asistido personalmente por su defensor de confianza, se negó a
prestar la mencionada declaración, según da cuenta el acta de fs. 53.
Cabe recordar, que desde antiguo V.E. ha seguido el principio de que
lo prohibido por la Ley Fundamental es compeler física o moralmente
a una persona con el fin de obtener comunicaciones o expresiones
que debieran provenir de su libre voluntad (Fallos: 255:18), situación
que en mi opinión no cabe ni siquiera mínimamente presumirla,
desde que Leonardo Acosta se negó a contestar preguntas
relacionadas con el hecho investigado en autos.
En tales condiciones, no resulta razonable, ni menos compatible con
el orden constitucional vigente, entender que en las circunstancias
comprobadas de este proceso, se hubiese visto comprometida la
garantía de la prohibición de autoincriminación, pues ello exige una
afectación sustancial que no ha sido alegada por el imputado, ni
invocada por la defensa y tampoco demostrada por el tribunal a quo.
Por lo expuesto, mantengo el recurso extraordinario interpuesto.
Buenos Aires, junio 16 de 1998. - Luis S. González Warcalde.
Buenos Aires, mayo 4 de 2000.
Considerando: 1°. Que contra la resolución de la sala VI de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, que confirmó
la sentencia de primera instancia en cuanto había declarado la
nulidad de la declaración indagatoria de Leonardo Acosta
instrumentada a fs. 53 y de todo lo actuado en consecuencia, y lo
absolvió en orden al delito de robo en poblado y en banda, en grado
de tentativa, el fiscal de Cámara interpuso recurso extraordinario, que
fue concedido y mantenido en esta instancia por el Procurador Fiscal.
2°. Que el a quo fundó su decisión en que en el acta respectiva -
realizada a partir de un formulario impreso-, no constaba que se
hubiera hecho saber al imputado su derecho a negarse a declarar sin
que ello causare presunción en su contra. Lo expuesto, según
sostuvo, provocó una lesión irreparable a las garantías de defensa en
juicio y de debido proceso, considerando irrelevante el hecho de que
Acosta se hubiera negado a declarar así como también la
circunstancia de que su defensora particular lo hubiera asistido
durante el acto. Asimismo, con fundamento en los principios de
progresividad y preclusión, como consecuencia de la nulidad
decretada confirmó la absolución dictada respecto del nombrado
(fs. 337/341).
3°. Que el recurrente intenta descalificar la decisión con respaldo en
la doctrina de la arbitrariedad, en cuanto el fallo recurrido se habría
apartado del precedente de Fallos: 311:340, sin argumentos
valederos para hacerlo. Sostiene además, que la fundamentación del
fallo es sólo aparente y que el tribunal ha incurrido en un excesivo
rigor formal, puesto que presupone la existencia de obligaciones
rituales para recibir declaración indagatoria a un imputado que ni la
ley adjetiva aplicable -2372- ni el texto constitucional prevén.
4°. Que asiste razón al recurrente cuando afirma que el a quo ha
efectuado una interpretación irrazonable del sistema de nulidades
previstos por la ley procesal, anomalía que ha impedido la búsqueda
de la verdad que resulta esencial para un adecuado servicio de
justicia (Fallos: 307:622; 308:1790 -disidencia de los jueces Nazareno,
Moliné O'Connor, López y Vázquez-, entre varios otros).
La idea de justicia impone que el derecho de la sociedad a defenderse
contra el delito sea conjugado con el del individuo sometido a
proceso, de modo que ninguno de ellos sea sacrificado en aras del
otro. Tan delicado equilibrio se malogra cuando la facultad de anular
actos procesales excede la finalidad que ésta protege, lo que se
manifiesta evidente en aquellos casos en que su ejercicio resulta
innecesario para preservar la garantía de la defensa en juicio, lo que
puede tornar en la práctica, estéril, la persecución penal de graves
delitos (doctrina de la causa "Tripodoro", Fallos: 315:677).
5°. Que, asimismo, resulta conveniente recordar que los jueces tienen
el deber de resguardar dentro del marco constitucional estricto "la
razón de justicia, que exige que el delito comprobado, no rinda
beneficios" (caso "Tibold", Fallos: 254:320, consid. 13). En el
procedimiento penal tiene excepcional relevancia y debe ser siempre
tutelado "'el interés público que reclama la determinación de la
verdad en el juicio', ya que aquél no es sino el medio para alcanzar
los valores más altos: la verdad y la justicia" (S.C. de [Link]., "Stone
v. Powell", 428 U.S. 465, 1976, p. 488 y la cita de D. H. Oaks, nota 30,
p. 491, citados en Fallos: 313:1305 y 320:1717).
6°. Que el Código de Procedimientos en Materia Penal -ley 2372- no
impone obligación de hacerle saber al imputado su derecho de
negarse a declarar sin que ello implique presunción en su contra, ni
que ello deba asentarse en el acta respectiva. Por otra parte,
tampoco puede derivarse esa exigencia ritual de la cláusula
contenida en el art. 18 de la Constitución Nacional, cuya finalidad es
impedir la autoincriminación coactiva de quien se encuentra sometido
a proceso penal.
7°. Que, en el "sub lite", al imputado se le recibió declaración
indagatoria a fs. 53, diligencia en la que expresamente consta "... No
habiéndose opuesto a ello y héchosele saber el derecho que le asiste
de nombrar defensor...". En tal oportunidad, hizo uso de la
prerrogativa de negarse a declarar y estuvo asistido durante el acto
por su letrada defensora, circunstancias que surgen de las
constancias del acta respectiva.
8°. Que es doctrina reiterada de este tribunal que en materia de
nulidades debe primar un criterio de interpretación restrictiva y sólo
cabe pronunciarse por la anulación de las actuaciones cuando exista
un derecho o interés legítimo lesionado, de modo que cause un
perjuicio irreparable, mas no cuando falte una finalidad práctica en su
admisión. En efecto, la nulidad por vicios de forma carece de
existencia autónoma dado el carácter accesorio e instrumental del
derecho procesal. Su procedencia exige, como presupuesto, que el
acto impugnado tenga trascendencia sobre las garantías esenciales
de la defensa en juicio o se traduzca en la restricción de algún otro
derecho. De otro modo, la sanción de nulidad aparecería
respondiendo a un formalismo vacío, que va en desmedro de la idea
de justicia y de la pronta solución de las causas, en lo que también
está interesado el orden público.
9°. Que la diligencia de cuya legitimidad se trata, tuvo lugar en
presencia del juez de la causa, y con asistencia de la letrada de
confianza designada por el imputado, quien se negó a declarar. Más
allá de que la ley entonces vigente no exigía hacerle saber
formalmente que le asistía tal derecho y que su ejercicio no habría de
traducirse en consecuencias desfavorables para su defensa, lo cierto
es que la omisión en consignar que tal advertencia se hubiese
efectuado no se tradujo, en el caso, en agravio constitucional alguno.
En efecto, mediante la negativa a declarar, el imputado concretó el
ejercicio de la garantía consagrada en el art. 18 de la Constitución
Nacional, en el 8°, inc. 2g de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos -de rango constitucional-, así como también en el
art. 239 del Cód. de Procedimientos en Materia Penal -ley 2372-.
10. Que, en tal sentido, es evidente que la eventual afectación de las
garantías protegidas por la Constitución Nacional y las restantes
normas mencionadas, sólo podría producirse si el imputado, al
declarar, por omisión de ponerlo en conocimiento de sus derechos,
hubiera confesado una conducta reprochable, susceptible de
configurar una autoincriminación que conduzca a su condena en
mérito a los hechos inconstitucionalmente admitidos (conf. "Miranda
v. Arizona", 384 U.S. 463, 1966). Desde esa perspectiva, sería un
contrasentido lógico atribuir al silencio -estrategia de defensa
libremente asumida en el caso- el carácter de declaración con aptitud
para lesionar los derechos del imputado, puesto que -por definición-
es una abstención de hablar, en un contexto legal en que esa actitud
carece de efectos negativos para el imputado.
11. Que no debe confundirse el respeto a los recaudos que tienden a
asegurar la protección del ejercicio de una garantía constitucional con
la incolumidad de la garantía misma, pues suponer que una hipotética
omisión formal, que no ha afectado la libre determinación del
imputado a guardar silencio, podría causar la nulidad del acto,
implicaría convertir a los medios tendientes a proteger el ejercicio de
aquella garantía, en una garantía en sí misma, en desmedro del
carácter meramente instrumental que tales medios revisten.
12. Que, en los términos expuestos, la apelación extraordinaria
resulta procedente pues asiste razón al fiscal en cuanto aduce que la
sentencia recurrida carece del fundamento suficiente que este
tribunal exige como condición de validez de las decisiones judiciales
(Fallos: 298:373); ya que no se ha precisado en manera alguna cuál
sería el agravio que la supuesta irregularidad habría ocasionado al
imputado, ni cuál habría sido el derecho o garantía que se habría
visto impedido de ejercer, todo lo cual impone la descalificación del
fallo por aplicación de la doctrina de esta Corte en materia de
arbitrariedad de sentencias.
Por ello, y oído el Procurador Fiscal, se declara procedente el recurso
extraordinario y se deja sin efecto el pronunciamiento apelado.
Hágase saber y devuélvanse los autos para que, por intermedio de
quien corresponda, se dicte nuevo pronunciamiento con acuerdo a
derecho. - Julio S. Nazareno. - Eduardo Moliné O'Connor. - Carlos S.
Fayt. - Augusto C. Belluscio. - Enrique S. Petracchi (en disidencia). -
Antonio Boggiano. - Guillermo A. F. López. - Gustavo A. Bossert (según
su voto). - Adolfo R. Vázquez.
Voto del doctor Bossert
Considerando: 1°. Que contra la sentencia de la sala VI de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional que confirmó el
pronunciamiento de primera instancia en cuanto había declarado la
nulidad de la declaración indagatoria de Leonardo Acosta y de todo lo
actuado en consecuencia, y lo absolvió en orden al delito de robo en
poblado y en banda en grado de tentativa, el fiscal de Cámara
interpuso el recurso extraordinario de fs. 344/350 que fue concedido
a fs. 359 y mantenido en esta instancia por el Procurador Fiscal a
fs. 365/366.
2°. Que para invalidar el acta de la que surge que el nombrado se
negó a prestar declaración indagatoria, el a quo adhirió a los
fundamentos del pronunciamiento de primera instancia en cuanto
aquél había hecho hincapié en que del texto del formulario impreso
obrante a fs. 53 no surgía que se le hubiese hecho saber el derecho
que le asistía de negarse a declarar, omisión que había lesionado el
derecho de defensa en juicio del procesado (fs. 337/341).
3°. Que la apelación extraordinaria es procedente pues asiste razón al
fiscal en cuanto aduce que la sentencia recurrida carece del
fundamento suficiente que este tribunal ha exigido como condición de
validez de las decisiones judiciales (Fallos: 298:373; 301:177), toda
vez que no ha precisado de manera alguna el agravio que aquella
irregularidad habría ocasionado. Tal extremo resultaba insoslayable
frente a la doctrina de esta Corte que considera que la nulidad
procesal requiere un perjuicio concreto para alguna de las partes,
pues no procede su declaración en el solo interés del formal
cumplimiento de la ley (conf. doctrina de Fallos: 295:961; 298:312,
entre otros).
Por ello y oído el Procurador Fiscal, se declara procedente el recurso
extraordinario y se deja sin efecto la sentencia apelada. Hágase saber
y devuélvanse los autos para que, por quien corresponda, se dicte un
nuevo fallo. - Gustavo A. Bossert.
Disidencia del doctor Petracchi
Considerando: 1°. Que contra la decisión de la sala VI de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional que confirmó la
sentencia de primera instancia en cuanto había declarado la nulidad
de la declaración indagatoria de Leonardo Acosta y de todo lo
actuado en consecuencia, y lo absolvió en orden al delito de robo en
poblado y en banda en grado de tentativa, el fiscal de Cámara
interpuso recurso extraordinario a fs. 344/350 que fue concedido a
fs. 359 y mantenido en esta instancia a fs. 365/366 por el Procurador
Fiscal.
2°. Que el a quo convalidó los fundamentos de la sentenciante para
considerar nula la declaración indagatoria de fs. 53, sobre la base de
que del acta correspondiente -realizada en un formulario preimpreso-
no surgía expresamente que se le hubiera hecho saber al imputado
su derecho de negarse a declarar sin que ello causara presunción en
su contra. En tales condiciones, sostuvo que los defectos en la
protocolización del acto habrían provocado una lesión irreparable a
las garantías de defensa en juicio y de debido proceso, y restó
relevancia a las circunstancias de que Acosta se hubiera negado a
declarar y que su defensora se encontrara presente. Como
consecuencia de la nulidad decretada, por aplicación de los principios
de progresividad y preclusión, confirmó la absolución dictada
respecto del nombrado (fs. 337/341).
3°. Que la recurrente afirma que tal decisión es arbitraria, puesto que
ni del ordenamiento procesal ni de la Constitución Nacional es posible
derivar la exigencia formal de que se deje constancia expresa de
cuáles son los derechos del declarante. Por lo tanto, en su opinión, lo
resuelto por el a quo representa la consagración de un ritualismo
vacuo, carente de apoyo normativo, y cuya irrazonabilidad sería aún
más evidente en un caso como el presente, en que la negativa a
declarar de Acosta, así como la presencia de su defensa, habrían
tornado abstracta toda posible afectación de la libertad de
autoincriminación. Por otra parte, la Cámara se habría apartado de la
doctrina de Fallos: 311:340 sin dar razón alguna para hacerlo.
4°. Que en tanto la sentencia apelada se apoya en que la elaboración
deficiente de las actas que deben dar cuenta de cómo fue llevada a
cabo la declaración indagatoria impide a la alzada, o en su caso, al
juez de sentencia, ejercer las funciones de control de los actos
procesales que le son propias, el agravio del Ministerio Público Fiscal
se refiere a una cuestión de derecho procesal común, resuelta con
fundamentos jurídicos suficientes, y por lo tanto, ajena a la materia
propia del recurso extraordinario (Fallos: 264:301; 292:564; 301:909;
317:176, entre muchos otros).
5°. Que con relación a la tacha de arbitrariedad, cabe señalar,
además, que la decisión impugnada no se apoyó en el perjuicio
directo del derecho del ciudadano a no declarar contra sí mismo, sino
en la imposibilidad denunciada por los jueces intervinientes de dar
cumplimiento a su misión de tutelar que el acto de defensa se realice
en las condiciones que la ley procesal y la Constitución Nacional
prevén. En este sentido, la afirmación de la alzada en cuanto a que si
no se ha dejado constancia expresa de que el imputado tomó
conocimiento efectivo de la naturaleza y efectos posibles de su
declaración no es factible un control efectivo en modo alguno puede
ser considerada irrazonable. Idéntica valoración merece lo
argumentado con respecto a la irrelevancia de que en el acto
concreto el imputado se haya negado a declarar, pues, en efecto, de
ello no se deriva necesariamente que haya conocido las implicancias
de la indagatoria y que haya estado en condiciones de ejercitar la
mejor defensa posible frente a la imputación que se le formulara. En
contra de lo sostenido por el fiscal, ello tampoco resulta
automáticamente garantizado por la presencia de la defensora en el
acto, en tanto no surge que haya podido tomar contacto con ella con
anterioridad a él. En tales condiciones, pretender, como lo hace la
recurrente, que la alzada presuma, sin más ni más, que los jueces de
instancias anteriores han asegurado el debido desarrollo de la
audiencia desvirtuaría en forma intolerable el sistema de control de
los actos procesales previsto por el legislador. Lo decidido en este
sentido, por lo tanto, no puede ser descalificado por la vía de la
arbitrariedad.
6°. Que el agravio del fiscal con relación a la no aplicación al "sub
lite" de la doctrina de la causa "Schoklender" carece de sustancia,
puesto que en dicho precedente el planteo procedía de la defensa del
encausado, y por ello, allí sí se cuestionaba la afectación directa del
derecho a no declarar consagrado por el art. 18 de la Constitución
Nacional, que sólo se vincula al caso en forma mediata.
7°. Que, del mismo modo, tampoco han sido suficientemente
refutados los fundamentos de la cámara con relación a la aplicación
de los principios de progresividad y preclusión derivada de
Fallos: 272:188. Pues si bien el apelante critica la decisión sobre la
base de que tales principios sólo juegan cuando no existe nulidad,
nada dice acerca de cuáles son las razones que autorizarían en el
caso -y en contra del citado caso "Mattei"- a retrotraer las
actuaciones en perjuicio del imputado cuando, si se hiciera lugar a su
petición, los actos deberían ser considerados válidamente cumplidos.
8°. Que con relación a este punto, y en la medida en que lo solicitado
por el recurrente se traduce en la pretensión de que se dicte una
nueva sentencia que resuelva sobre el fondo del asunto, resultan
aplicables, "mutatis mutandis", las consideraciones efectuadas en
Fallos: 321:1173 (disidencia de los jueces Petracchi y Bossert). Al
igual que en dicho caso, la revocación del fallo en recurso "significaría
otorgar al Estado una nueva chance para realizar su pretensión de
condena, en franca violación al principio constitucional del 'non bis in
ídem' y sus consecuencias, la progresividad y la preclusión de los
actos del proceso" (conf. loc. cit. consid. 13). Aun cuando aquí no
fuera necesaria la nueva realización del debate, parece claro que la
no convalidación de la sentencia absolutoria como consecuencia del
recurso fiscal implicaría para el imputado un riesgo procesal que ya
había superado válidamente con éxito y que, por aplicación del
precedente señalado y sus citas, no puede ser obligado a soportar
nuevamente, cualesquiera fuera la naturaleza de los errores que el
Estado hubiera cometido en su intento anterior por provocar una
condena.
9°. Que por las razones expuestas, en tanto el acusador público
pretende la revocación de una sentencia absolutoria y el dictado de
un nuevo pronunciamiento sobre el fondo de la imputación, el objeto
del recurso "sub examine" no puede encontrar amparo ante este
tribunal.
Por ello, oído el Procurador Fiscal, se declara inadmisible el recurso
extraordinario interpuesto. Hágase saber y, oportunamente,
devuélvase. - Enrique S. Petracchi.