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Mariela Partes

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Tercera Parte

Tema: El conocimiento de María

Días 20 al 26

Los actos de amor, afectos piadosos hacia la Santísima Virgen, imitación de


sus virtudes, especialmente su humildad profunda, su fe viva, su obediencia
ciega, su continua oración mental, su mortificación en todas las cosas, su
pureza incomparable, su caridad ardiente, su paciencia heroica, su dulzura
angelical y su sabiduría divina: <> como dice san Luis María Grignion de
Montfort, las diez virtudes principales de la santísima Virgen.

Tenemos que unirnos a Jesús por María, ésta es la característica de nuestra


devoción; por tanto, San Luis María Grignion de Montfort nos pide que nos
empleemos a fondo para adquirir un conocimiento de la Santísima Virgen.

María es nuestra soberana y nuestra medianera, nuestra Madre y nuestra


Señora.

Esforcémonos, pues, en conocer los efectos de esta realeza, de esta


mediación, y de esta maternidad, así como las grandezas y prerrogativas que
son los fundamentos o consecuencias de ello.

Nuestra Santísima Madre también es perfecta –un molde en donde podemos


ser moldeados para poder hacer nuestras, sus intenciones y disposiciones.

Esto no lo conseguiremos sin estudiar la vida interior de María, o sea, sus


virtudes, sus sentimientos, sus acciones, su participación en los misterios de
Jesucristo y su unión con El.

Cuarta Parte

Tema: Conocimiento de Jesucristo

Días 27 al 33

Actos de amor a Dios, acción de gracias por las bendiciones de Jesús,


contrición y resolución

Durante este período nos emplearemos en estudiar a Jesucristo. ¿Qué se


tiene que estudiar de Jesucristo?
Primero: El Hombre- Dios, su gracia y gloria, después sus derechos en el
dominio soberano sobre nosotros; ya que, habiendo renunciado a Satanás y
al mundo, tomamos a Jesucristo como Nuestro Señor.

Segundo: Su vida interior; las virtudes y los actos de su Sagrado Corazón; su


asociación con María y los misterios de la Anunciación y Encarnación.
Durante su infancia y vida oculta en la fiesta de las bodas de Caná y en el
Calvario…

Ven, ¡Oh, Jesús!, que vives en María; ven a vivir y reinar en nosotros, que tu
vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti. Forja en nuestra
alma, ¡Oh, Cristo!, tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas
perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad.

Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar; tú que eres
Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de Ti podremos caminar. Reina, Cristo,
en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu
nombre soberano, para la gloria del Padre celestial. Amén.

Oración de San Luis María Grignon de Monfort a Jesucristo

Permíteme, amadísimo Jesús, dirigirme a Ti para agradecerte la gracia que


me has concedido con la devoción de la esclavitud, dándome a tu Santísima
Madre para que sea Ella mi abogada ante tu Majestad y en mi inmensa
miseria, mi ayuda universal.

¡Ay, Señor! Soy tan desdichado que sin esta buena Madre, sin duda me
hubiera perdido. Sí, necesito a María, ante Ti y en todas partes; la necesito
para calmar tu justa ira, pues tanto te he ofendido y cada día te ofendo; la
necesito para detener los castigos eternos y merecidos con los que tu justicia
me amenaza, para pedirte, para acercarme a Ti y para agradarte; la necesito
para salvar mi alma y la de otros; la necesito, en una palabra, para cumplir
siempre tu voluntad y buscar en todo tu mayor gloria.

¡Ah, si pudiera proclamar por todo el universo esta misericordia que has
tenido conmigo! ¡Si pudiera hacer que todo el mundo supiera que si no fuera
por María, estaría condenado! ¡Si pudiera agradecerte dignamente tan gran
beneficio!

María está en mí. HAEC FACTA EST MIHI ¡Qué tesoro! ¡Qué consuelo! Y de
ahora en adelante, ¿no seré todo para Ella? ¡Qué ingratitud! Prefiero la
muerte, mi queridísimo Salvador, a que permitas tal desgracia; prefiero
morir a vivir sin ser todo de María.
Mil y mil veces, como San Juan Evangelista al pie de la cruz, la he tomado en
vez de todas mis cosas. ¡Cuántas veces me he entregado a Ella! Pero si
todavía no he hecho esta entrega a tu gusto, la hago ahora, mi querido Jesús,
como Tú quieres que la haga. Y si en mi alma o en mi cuerpo, ves algo que no
pertenezca a esta augusta Princesa, arráncalo, te ruego, échalo lejos de mí;
pues no siendo de María, es indigno de Ti.

¡Oh, Espíritu Santo! Concédeme todas las gracias, planta, riega y cultiva en
mi alma, el verdadero árbol de la vida, que es la amadísima María, para que
crezca, florezca y dé con abundancia el fruto de vida. ¡Oh, Espíritu Santo!
Dame mucha devoción y gran afecto por María; que me apoye mucho en su
seno maternal y recurra continuamente a su misericordia, para que en ella
formes dentro de mí a Jesucristo, tal cual es, crecido y vigoroso hasta la
plenitud de su edad perfecta. Amén.

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