0% encontró este documento útil (0 votos)
54 vistas4 páginas

"Muchos Corren Pero Pocos Llegan": Introducción

J

Cargado por

tatiana guerrero
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
54 vistas4 páginas

"Muchos Corren Pero Pocos Llegan": Introducción

J

Cargado por

tatiana guerrero
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

👉 “Muchos corren… pero pocos llegan” 👑

📖 Hebreos 12:1-2 – “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor


nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del
pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos
por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.”

Introducción
La vida cristiana no es un juego, es una carrera. Pero no cualquier carrera: es la única
que conduce a Cristo, la única que vale la pena correr.

Muchos jóvenes empiezan con entusiasmo, pero a mitad de camino se cansan, porque en
lugar de correr con propósito, corren distraídos, cargados o desviados. Otros aún ni
siquiera han decidido correr, porque piensan que el mundo es más atractivo. Pero déjame
decirte algo: este mundo es pasajero… todo se acaba, solo Cristo permanece.

👉 Frase inicial:
“El mundo te ofrece caminos cortos, pero solo Cristo te lleva a la meta.”

🧳 Las cargas que nos hacen más lento el correr


Cuando pensamos en una carrera, la imagen es clara: el corredor viste lo más ligero
posible. No lleva un maletín, no corre con abrigos pesados, no tiene nada que le reste
velocidad. Sabe que cada gramo de peso extra puede significar perder la competencia.

Sin embargo, en la vida cristiana muchos intentamos correr con cargas que nunca fueron
diseñadas para acompañarnos en este camino. Llevamos mochilas emocionales,
espirituales y hasta relacionales que no solo nos hacen más lento, sino que en ocasiones
nos detienen por completo.

📌 Entre esas cargas están:

 La culpa no entregada: errores del pasado que ya pediste perdón, pero que aún
cargas como si Dios no hubiera perdonado. Esa es una trampa del enemigo,
porque la Biblia dice: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para
perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9).

 Las heridas sin sanar: recuerdos de traiciones, rechazos, palabras que te


marcaron. Corres, pero a cada paso la herida duele y te hace más lento. Cristo no
sólo perdona pecados, también sana corazones rotos.
 Las amistades que enfrían la fe: caminar con personas que no tienen a Cristo en
su centro puede convertirse en un lastre que te arrastra. En vez de impulsarte, te
hacen perder ritmo en la carrera.
 Los hábitos que enfrían tu vida espiritual: horas enteras en distracciones, falta
de oración, pecado tolerado. Todo eso funciona como una cadena en los pies que
no te deja avanzar.Lo que el hombre cree que controla, tarde o temprano lo
controla a él. Son como piedras pequeñas en el zapato: parecen inofensivas, pero
después de kilómetros terminan hiriendo hasta hacer imposible correr.
 El rencor y la falta de perdón: Nada pesa más que cargar con el pasado. El que
no perdona lleva siempre sobre sus hombros la ofensa y el dolor, y eso lo frena en
su caminar con Dios. Un corredor atado al pasado nunca llegará al futuro que Dios
preparó.
 El amor al mundo y sus placeres: Muchos corren con un pie en la pista de Cristo
y otro en el mundo. Pero Santiago dice que el que quiere ser amigo del mundo se
constituye enemigo de Dios (Santiago 4:4). No podemos correr hacia el cielo
mientras abrazamos lo que nos ata a la tierra.
 Las preocupaciones excesivas: Jesús nos advirtió: “El afán de este siglo y el
engaño de las riquezas ahogan la palabra” (Marcos 4:19). Vivir pensando solo en
lo material es como correr con un costal de arena en la espalda: agota, desgasta y
quita la visión de lo eterno. El corredor que mira demasiado al piso nunca verá la
meta que está delante de él.
 La tibieza espiritual: El que corre sin pasión no llega. La tibieza es peor que el
frío, porque es engañosa: creemos que estamos bien cuando en realidad estamos
a punto de ser vomitados (Apocalipsis 3:16). La rutina sin fuego apaga la carrera.
Sin oración, sin Palabra, sin búsqueda, no hay fuerza para llegar al final.
 El orgullo y la autosuficiencia: Correr creyendo que no necesitamos a Dios es la
peor trampa. Jesús dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). El
orgulloso corre fuerte al principio, pero tarde o temprano se desploma porque no
hay fuerzas humanas que aguanten toda la carrera de la fe. Solo en la
dependencia de Cristo hay victoria.
 La falta de consagración: Un corredor que no entrena no soporta la pista. La
oración, la Palabra, la santidad, el servicio son nuestra preparación. Sin disciplina
espiritual, nos agotamos rápido. La carrera cristiana no se gana con entusiasmo
momentáneo, sino con constancia diaria.
 La amargura y el desánimo: La amargura seca el alma, roba la alegría de servir,
y nos hace sentir que la meta ya no vale la pena. Pero Hebreos 12:15 advierte que
la raíz de amargura contamina a muchos. El desánimo nos hace sentarnos a mitad
de la pista, pero Dios nos llama a levantar la mirada, porque la meta sigue en pie y
la corona nos espera.

El gran problema de las cargas es que no se sienten pesadas de inmediato. Al principio


pensamos: “esto no me afecta, yo lo controlo, yo sigo adelante.” Pero con el tiempo, ese
peso acumulado nos desgasta hasta que la carrera se vuelve insoportable. Y ahí es
donde muchos se rinden, no porque no tuvieran fuerzas, sino porque nunca soltaron lo
que no debían cargar.

Para entenderlo mejor, vamos a hacer un ejercicio sencillo....


La diferencia que vimos es clara: el que cargaba peso se cansó más rápido y no podía
avanzar con libertad. Así mismo pasa en la vida cristiana: esas cargas que arrastramos
—el pecado, la culpa, las distracciones, las heridas no sanadas— no solo nos hacen más
lento el camino… sino que pueden impedirnos llegar a la meta de la salvación.

Podemos esforzarnos mucho, pero si seguimos corriendo con la mochila llena, tarde o
temprano nos agotaremos. La meta no se alcanza con fuerza humana, sino corriendo
ligeros en Cristo.

Hoy Dios nos dice: “Entrégame tu carga, suéltala, porque quiero que llegues a la meta y
no te pierdas en el camino.”

Jesús conocía esa realidad y por eso dijo:


👉 “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
(Mateo 11:28)

Él no quiere verte corriendo con cadenas, sino libre. No quiere verte agotado, sino
fortalecido. La clave está en aprender a soltar. Soltar el rencor, soltar la culpa, soltar el
pecado oculto, soltar aquello que te resta más de lo que te da.

💡 Pregúntate hoy:

 ¿Qué cargas están haciendo que mi carrera sea lenta y pesada?

🏁 Conclusión: No te rindas, sigue corriendo


Amada iglesia, esta carrera no es fácil. Es cierto, hay cansancio, hay tropiezos, hay
tentaciones que quieren apartarnos y atajos que parecen más cómodos. Pero hay algo
que debes llevar en tu corazón: vale la pena correrla hasta el final.

Quizás llegaste hoy con el corazón cansado, sintiendo que tus fuerzas no alcanzan. Tal
vez reconoces que te desviaste en el trayecto, que buscaste un camino más fácil, que
cediste a una distracción, o que incluso pensaste en abandonar. Pero escúchalo bien:
Dios no te ha descalificado. Él sigue creyendo en ti, Él sigue llamándote a la pista,
porque todavía hay una meta que alcanzar.

Jesús mismo está en la línea de llegada, esperándote con los brazos abiertos y con una
corona incorruptible. No importa cuántas veces caíste, importa que te levantes. No
importa cuánto tiempo perdiste, importa que hoy decidas volver a correr. No importa lo
lejos que crees estar, importa que pongas tu mirada en Cristo y avances paso a paso
hacia Él.

Hoy es un día de decisiones. El Espíritu Santo te pregunta:

 ¿Quieres seguir corriendo con tus propias fuerzas o con las fuerzas de Dios?

 ¿Vas a quedarte en la orilla, o te vas a levantar y volver a la pista?


💡 Joven y hermano, no te rindas. Vuelve a correr. Vuelve a creer. Vuelve a poner tu
mirada en Jesús. Porque el que persevera hasta el fin, ese será salvo.

La Biblia dice en Hebreos 12:1: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos
asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en
Jesús.”

Hoy vamos a hacer justo eso: despojarnos de los pesos. Cuando lleguemos al altar,
quiero que vengas con ese papel en tu mano y que lo presentes delante del Señor como
un acto de fe, diciendo: “Señor, ya no corro con esta carga. Hoy la suelto. Hoy decido
correr ligero, con mis ojos puestos en Ti.”

💡 Joven, no importa cuántas veces caíste, lo importante es que hoy te levantes. No


importa cuánto tiempo perdiste, lo importante es que hoy decidas volver a correr. No
importa el peso que traes, lo importante es que hoy lo entregues y corras hacia la meta.

Jesús está aquí, en la pista, esperándote. Él no te condena, Él te extiende la mano y te


dice: “Levántate, vuelve a correr, porque contigo voy hasta el final.”

También podría gustarte