AYACUCHO, EPÍLOGO DE TRES SIGLOS DE DOMINACIÓN
IMPERIAL (*)
Nelson Gutiérrez
[Link].53n@[Link]
Cumaná, 30 de Noviembre de 2024
8 de diciembre de 1824, es de noche. La oscuridad es muy densa y lo
cubre todo, el verdor del lugar se vistió de luto, la cordillera del
Condorcunca se refleja en la oscuridad como un gigante apostado
cerca de ambos campamentos esperando para ser testigo de la
epopeya del día siguiente. Ya hace rato que cesaron las bandolas, los
tambores y los granaderos que alegraron la velada en el campamento
patriota como un regalo previo al combate, para unos sería un premio
por adelantado a la victoria, para otros tal vez una despedida honrosa
ante el más grande sacrificio de amor al que se someterían por la
patria y la libertad, entregar sus propias vidas. El silencio sobrevino a
la orden del General Sucre, orden que se dio con voz suave pero que
se interpretó con la severidad del caso “la tropa hace silencio hasta el
toque de diana, quien contravenga la orden será sancionado
severamente”
Se distribuyeron los centinelas en los puestos de guardias estratégicos
y el resto de la tropa se echó a dormir sobre sus fardos cubriéndose
con algunos restos de trapos por cobijas, otros se echaron sobre sí
algunas ramas para combatir el frío de la cordillera andina que los
helaba drásticamente, el campamento estaba ubicado a más de 3.400
metros de altura sobre el nivel del mar, el murmullo de la tropa fue
cesando y se hizo un silencio profundo solo cortado tenuemente por el
ulular de las aves nocturnas o la brisa cantarina al chocar con la
vegetación que ponía más gélido el ambiente, cuando de pronto en la
espesura de la noche el silencio fue roto por el rasgueo de una
bandola y casi simultáneamente la copla emitida por un soldado que
resumía melancolía y añoranza por su pueblo lejano.
“Ay Cumaná quien te viera
y por tus calles paseara y
a San Francisco fuera
a misa de madrugada”
La voz del General se deja escuchar en medio de la oscuridad, “Quien
es ese insolente que se atreve a quebrantar la orden de silencio” otra
voz responde “es el sargento cumanes Juan Pinto, mi General” “que lo
detengan, atenlo y mañana se sanciona” Juan Pinto fue arrestado y
por esa razón no combatió el día siguiente.
La mañana del 9 de diciembre de 1824, se presentó para ambos
bandos como el estudio de dos fieras desafiantes entre sí, ambas
buscando el flanco débil del contrario para embestir y lograr su
acometido, el ejército patriota hambriento de triunfo y esperando
consolidar su racha triunfadora desde Pichincha y acabar con la tiranía
española tricentenaria en suelo americano. El ejército realista a tratar
de conservar su invicto de 14 años de continuos triunfos, aunque
arrastran el desaliento de las derrotas de Pichincha y Junín esta última
muy deshonrosa.
Las 10 de la mañana de ese día es el inicio de la batalla, un juego
voraz de movimientos rápidos de caballería e infantería,
envolvimientos y tácticas guerreras acaban drásticamente con la
calma tensa de la mañana, luego de un tiempo se inclina la balanza
favorablemente a los patriotas, y a eso de la 1 de la tarde el triunfo se
consolidaba a favor del ejercito unido de Colombia al mando de
Antonio José de Sucre nuestro cumanés inmortal, el Abel de Colombia
Nos refiere el cronista cumanés Don Alberto Sanabria, que ese día 9
de diciembre ante la euforia del triunfo liberaron a Juan Pinto y este
volvió cantar la copla de la noche anterior y el general Sucre con la
emoción del triunfo se olvidó de la sanción.
A grossomodo, mis estimados graduandos de esta IX Promoción
UNEM – Sucre, esa fue la escena titánica que, en la pampa de
Ayacucho al mando de Antonio José de Sucre, acabó con 300 años de
dominación militar española en tierras americanas del sur.
Valga esta reseña épica al mejor estilo de Homero o de Eduardo
Blanco, para expresar a ustedes que los esfuerzos de nuestros
libertadores no fueron poca cosa para legarnos patrias y repúblicas
constituidas y soberanas y mucho más aun un ramillete de países
hermanados por una misma historia y los mismos sueños, libertad,
independencia soberanía e integración y hermandad para ser fuertes y
evitar el retorno del despotismo y la tiranía viniese de donde viniese.
Cuanta tristeza sentimos en la actualidad cuando estamos
conmemorando los doscientos años de aquella gesta emancipadora
de Ayacucho, sin desestimar a Junín, Pichincha, Carabobo, Bomboná,
Boyacá, y otros tantos triunfos, ver como esos pueblos que ganaron su
libertad e independencia juntos, y al calor de una misma lucha, guiada
por un mismo ideal, hoy envilecidos por intereses mezquinos y tiranos
se encuentran tan distanciados, en especial Perú, a expensas de un
gobierno defacto que no sólo confronta al Estado y al gobierno
venezolano sino que desconoce a Bolívar y a Sucre como sus
libertadores y en su lugar reconoce a otros, así mismo colombia, en
virtud de eso y las vandalizaciones de estatuas y emblemas
bolivarianos en Perú, Ecuador, Colombia incluso en la propia cuna de
Bolívar (Venezuela), comprendo y emulo a Martí cuando expresa “Es
que Bolívar tiene mucho que hacer en América porque lo que él
no hizo sin hacer está todavía”
Hermanos graduandos primeramente, hermanos de la UTGU Sucre
que plenan el presídium, hermanos coordinadores regionales de área,
hermanos docentes investigadores, apreciados familiares e invitados a
este acto académico, sea propicio este momento en que
conmemoramos el Bicentenario de Ayacucho para reflexionar lo que
significó y significa para nuestramérica la libertad, la soberanía y la
unión de sus países. Es preciso renovar desde nuestros corazones
nuestro compromiso con el incesantes llamado del Libertador a la
Unidad, unidad, unidad. Hagamos un hecho vivo cada día la letra de
nuestro himno nacional en su ultimas estrofa “Unida con lazos que
cielo formó, la américa toda existe en nación” Óigase bien, en
naciones libres y soberanas unidas por voluntad de sus hijos, no en
colonias de ningún imperio ni de nadie.
Compatriotas, Ayacucho no es un recuerdo del pasado. Ayacucho es
la permanencia de un sentimiento sagrado de independencia que
inició con nuestros ancestros originarios, con Atahualpa, con Tupac
Katari, con nuestro Libertador Bolívar, con Antonio José de Sucre
nuestro cumanes inmortal, pero sobre todo con nuestros bravos
guerreros americanos de diversos pueblos que sintieron la necesidad
de unirse para lograr lo más grande y hermoso LA LIBERTAD Y LA
INDEPENDENCIA a un acosta de sus vidas que era lo único que le
habían dejado los invasores asesinos.
Ayacucho, como Carabobo son llamas perpetuas y clarines que nos
siguen convocando a sumar nuestras voluntades y esfuerzos para la
construcción y la consolidación de la patria grande latinoamericana y
caribeña que Bolívar soñó y que logramos rescatar con el comandante
Chávez, pero que el enemigo imperial con injuria aunado a la soledad
y la debilidad de gobernantes complacientes nos la arrebató de nuevo.
Es pues necesario reivindicar el sueño de Bolívar de llevar a nuestros
países americanos unidos a la cúspide como lo ideó allá en Angostura
en la creación de Colombia cuando vaticinó “Al contemplar la reunión
de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que
exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso.
Volando por entre las próximas edades mi imaginación se fija en los
siglos futuros y observando desde allá con admiración y pasmo la
prosperidad y el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región,
me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del
universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas…”
Compatriotas graduandas y graduandos este triunfo que consolidan
hoy con el recibimiento de sus títulos académicos, no es una lucha de
hoy, es una lucha que ustedes iniciaron hace mucho tiempo atrás, por
tanto hoy ganan una batalla más y aunque en escenarios distinto es
comparable su triunfo al del Mariscal Sucre allá en las pampa de
Ayacucho por cuanto tanto hoy como ayer tuvieron que organizarse,
hubo que acelerar en algunos momento y bajar la velocidad en otros,
pero nunca se rindieron como nuestras tropas en la campaña del sur
pese a muchas dificultades tampoco se rindieron.
Sepan ustedes compatriotas que la Campaña del sur y Ayacucho los
está llamando nuevamente, claro que merecen celebrar este triunfo
disfrutarlo, pero en lo inmediato hay que replanificar para la
continuidad de la lucha, porque la campaña de Ayacucho que convoca
ahora tanto a ustedes como a nosotros, es para combatir a un
enemigos que no se rinde, el enemigo que está en los planteles y en
las aulas, ese enemigo es la neocolonización de la educación que se
expresa de muchas maneras, entre ellas: deficiencia de lectura,
deficiencia de escritura, los mal llamados retos virales de las Redes
Sociales y la desmotivación continua de nuestros estudiantes al
estudio, la desmotivación de nuestros estudiantes y docentes a la
investigación.
Disculpen ustedes que en medio de la emoción yo les hable de
trabajos, de compromisos y de tareas cuando ya tienen bastante, pero
es que en este momento coyuntural donde el enemigo multiforme no
desiste y nos embiste en todos los escenarios, nosotros no podemos
darnos el lujo de descansar, además es preciso que todos tengamos
en cuenta aquella célebre frase “Vacilar es perdernos” por tanto si
titubeamos hoy nos tendremos que arrodillar mañana.
Reitero mis felicitaciones a todas y tos los graduandos y graduandas,
vaya un saludo y un abrazo a sus familiares
Compatriotas del presídium, hermanos coordinadores regionales,
docentes investigadores, invitados especiales.
Muchas Gracias
Que tengan todos, un excelente día
(*) Discurso en la IX Promoción de la UNEM “Bicentenario de la
Batalla de Ayacucho”, en el Auditórium del Palacio Episcopal, Cumaná
el 30 de Noviembre de 2024.